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Días de convalecencia : colección de poesías y novelas originales / de Manuela Cambronero

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Días de convalecencia : colección de poesías y novelas originales / de Manuela Cambronero

Author: Cambronero de la Peña, Manuela María
Publisher: [A Coruña] : [editor non identificado], (Imp. de Domingo Puga)
Year: 1852
Source: https://minerva.usc.es/bitstreams/73c92d8e-0050-425d-8872-86d0b4923fde/download
GA.
45.
768
BIBLIOTECA
UNIVERSITARIA
DE
SANTIAGO
01337503
u

DIAS
DE
ODVAlECENCU.
DIAS
DE
COmLECEHia
Colección
de
poesías
y
no elas
o iginales
DE
D/
MANEELA
■(■,
CORT iÁ
IMMD TA
DE
DON
DOMINOO
PÜGA,
1852.
A
Don
Ixo enzo
Caballe o
en
p ueba
de
su
ca iíío,
su
esposa,
a
^u o i.
—
7
—
CAPITULO
I.
E
l
eloj
del
cas illo
de
T emblay
acababa
de
da
las
doce,
la
noche
es aba
se ena
y
Ja
luna
con
su
luz
dulce
y
melan

cólica
alumb aba
las
cues as
y
las
llanu as
en
donde
einaba
el
mas
p o undo
silencio.
El
cas illo
de
T emblay
y
el
de
U ol
elé anse
á
media
legua
de
dis ancia
ambos
en
la
cima
de
una
mon aña,
semejando
á
dos
jigan es
'gua dado es
de
los
pueblos
inmedia os.
Los
habi an es
de
T emblay
es aban
en egados
al
sueño
menos
uno;
elaba
en
un
o eón
E -
minia
que
de
pie
y
con
los
b azos
c uzados
enia
la
is a
lija
en
U ol .
Cualquie
obse ado
que
di igiese
los
ojos
hacia
el
mismo
obje o
hab ía
is o
una
somb a
á
la
libia
luz
de
la
luna;
mo íase
de
ez
en
cuando
apa eciendo
de
di e sa
o ma,
colosal
algunas
eces,
pequeña
é
in o me
o as,
no
podia
adi ina se
á
pun o
lijo
si
e a
homb e
ó
muge
;
inmó il
á
alos
como
la
es a ua
de
un
sepulc o,
ápida
como
el
elám

pago
o as
andaba
sin
di ección
como
una
pe sona
dis aída
y
ago iada
de
un
pensamien o
que
abso e
oda
su
a ención
sin
deja
lib e
paso
á
ninguna
o a
idea.
E minia
de
T em

blay,
la
encan ado a
E minia,
obje o
de
admi ación
po
su
belleza
y
i udes,
obse aba
con
dolo
aquella
somb a
ó
ea-
se
UXJVERS1DADE
DE
SANTIAGO
u

—
8
—
Jidad
y
sin
sabe
po que
no
podía
apa a
sus
mi adas
de
U ol
y
eco daba
su
in ancia
con
lodos
sus
hechizos;
la
in

ancia
que
an
g a os
ecue dos
nos
deja
y
que
se
p esen a
a
nues a
imaginación
como
un
sueño
delicioso.
¡Cuan as
e

ces
había
eco ido
aquellos
desie os
salones
.
Aquel
cas illo,
es igo
de
sus
juegos
in an iles,
e a
en onces
obje o
de
mil
conje u as
á
cual
mas
a as,
y
aun
ella
misma
pensaba
en
el
con
cu iosidad;
sí,
pensaba,
po que
c eía
que
den o
de
sus
mu os
había
algún
sé
que
padecía
........
al
ez
su
co azón
es aba
despedazado
como
el
suyo
.....
¡pob e
Jo^
en.
apenas
con aba
diez
y
ocho
años
,
en
su
pasado
nada
eco daba
que
pudie a
halaga la,
y
en
su
po eni
solo
eía
el
sepu
e o:
íc ima
de
un
amo
que
nunca
había
sido
co espondido,
ab asada
po
el
uego
de
los
celos,
i ía
sola
como
la
lo
que
nace
en e
la
a ena;
indi e en e
a
odo
pa ecía
una
hoja
desp endida
del
á bol
que
se
mue e
a
impulso
del
Men ó
es

pe ando
el
momen o
de
se
pisada
y
hecha
pol o;
pe o
en
medio
de
su
ma i io
nadie
había
conocido
lo
que
pasaba
en
su
co azón,
el
mismo
obje o
de
su
ca ino
lo
igno aba,
espe

aban
su
melancolía
y
nadie
p ocu aba
sabci
sus
pesa es...
La
in eliz
du an e
el
día
enia
que
ahoga
su
Jolo y
apa ecei
i
an-
quila
a
que
no
podía
se
eliz,
pe o
po
la
noche
¡ah!
cuan as
eces
en
an o
que
lodos
do mían
ella
sola
con
una
lampa a
en
la
mano
c uzaba
la gas
gale ías
sin
di ección
alguna,
olías
sen ada
en
una
o e
con emplaba
el
pu ísimo
cielo
y
los
pom

posos
á boles
del
bosque
que
odeaba
el
cas illo.....
alh
sola
daba
cu so
á
sus
lág imas
y
medi aba,
si,
medi aba
sob e
su
unes ísimo
po eni .
¡Ay
!
cuando
nos
op ime
una
pena
que
po
é güenza
ó
emo
no
podemos
con ia ,
cuando
nos
emos
odeados
de
pe sonas
elices
que
no
comp enden
nues os
pesa

es
los
su imos
en
silencio
y
los
ocul amos
en
lo
mas
p o un

do
de
nues o
co azón.
E minia
no
enia
mas
amigas
que
su
he mana
;
siemp e
jun as
y
de
buen
ca ác e
las
dos,
se
amaban
con
un
es emo
que
ayaba
en
locu a
;
pe o
Isau a
anquila,
eliz,
no
no aba
el
aba imien o
de
E minia,
y
la
in eliz
jo en
pasaba
su
exis encia
en egada
á
la
is eza
mas
p o unda.
CAPZTUI.O
11.
E
n iq u e
,
conde
de
U ol ,
que
apenas
con aba
ein e
años,
debia
casa se
con
Isau a,
hija
del
ba ón
de
T emblay
y
he e

de a
de
sus
inmensas
iquezas
,
cuando
u ie a
algunos
años
mas,
pues
en onces
había
cumplido
los
diez;
debiendo
po
es a
causa
e asa se
el
casamien o
algunos
años
y
deseando
el
conde
uni
la
glo ia
al
lus e
de
su
nacimien o,
dispuso
i
á
Je usalen
con
a ios
caballe os
de
las
ce canías
:
ma chó
después
de
habe
ecibido
la
bendición
de
su
u u o
sueg o
y
dejó
en
su
pode
á
su
he mano
A u o,
de
la
misma
edad
que
Isau a.
En
ano
espe ó
el
ba ón
los
cua o
años
que
ha

bía
dado
de
é mino
á
En ique,
en
ano
p egun ó
á
algunos
de
los
que
con
él
pa ie on
,
nadie
sabia
cual
habia
sido
su
sue e
;
po
úl imo
,
á
los
ocho
años
de
su
ma cha
se
p esen

ó
el
paje
de
un
caballe o
y
ajo
la
no icia
de
su
mue e.
El
ba ón
llo ó
mucho
é
Isau a
ambién
,
pe o
como
odo
en
es e
mundo
es
pe ecede o
p on o
seca on
las
lág imas
;
y
iendo
que
A u o
amaba
á
Isau a
con
odo
el
a do
que
hay
á
los
diez
y
nue e
años
y
habia
en ado
en
posesión
de
los
bienes
del
condado
de
U ol ,
se
dispuso
su
enlace
pa a
el
año
si

guien e
,
época
que
el
enamo ado
jo en
espe aba
con
impa-
2
u
—
10
—
ciencia.
Isau a
no
le
amaba,
pe o
acos umb ada
á
e le
desde
su
in ancia
y
admi ado a
de
sus
i udes,
eiaace ca se
el
día
sin
place
es
cie o,
pe o
ambién
sin
pesa .
Po
aquel
iempo
un
suceso
en
es emo
a o
llamó
la
a en

ción
de
odos.
Un
caballe o
de
a en ajada
es a u a
es ido
de
neg o
con
las
a mas
del
mismo
colo
y
acompañado
de
un
page
llegó
á
U ol
p egun ando
po
el
conde;
así
que
es

u o
en
su
p esencia
sin
que e
alza se
la
ise a
en egó
á
A u o
una
ca a
de
su
he mano
esc i a
es
años
an es
y
concebida
en
es os
é minos:
«He mano
mió;
cuando
ecibas
es os
englones
azados
con
mano
émula,
ya
no
exis i é;
el
dado
es
un
caballe o
desg aciado
sin
bienes
de
o una
á
quien
le
he
debido
la
exis encia
en
mas
de
una
ocasión
;
le
dejo
en
pago
mi
cas i

llo
de
U ol ,
el
cual
le
en ega ás,
debiendo
aslada e
al
de
nues os
abuelos,
media
legua
mas
allá.
Te
se
p esen a á
cubie o
el
os o
,
pe o
no
le
p egun es
nada
,
espe a
su
si

lencio
y
su
dolo
;
en
el
ejé ci o
le
conocemos
po
el
Caballe o
neg o.
Si
Isau a
es
an
bella
como
lo
e a
al
iempo
de
mi
pa ida,
deseo
que
sea
u
esposa.
Adios
he mano
que ido
,
no
me
ol ides
en
us
o aciones.»
En ique
de
U ol .
La
úl ima
olun ad
de
En ique
se
cumplió
con
exac i ud,
se
asladó
A u o
á
o o
cas illo
y
U ol
ué
habi ado
po
el
caballe o
desconocido.
Va ias
hablillas
co ie on
po
aque

llos
con o nos
ela i as
al
nue o
pe sonage;
decían
unos
que
e a
un
jo en
he moso
y
desg aciado
que
llo aba
la
mue e
de
su
que ida
;
asegu aban
o os
se
un
homb e
mal

ado
que
i ía
de
aquel
modo
en
espiacion
de
sus
c ímenes;
nadie
iba
á
su
cas illo
,
con
nadie
hablaba
y
solo
le
eian
los
pob es
en
cuyas
mise ables
chozas
ecibían
mil
soco os
que
mandaba
con
el
c iado
;
si
el
caballe o
se
p esen aba
e a
pa a
p epa a
algunas
d ogas
siemp e
saludables
ó
pa a
de ama
u
—
11
—
la
paz
en
medio
de
las
amilias
que
se
hubie a
in oducido
la
disco dia;
pocas
palab as
empleaba,
pe o
e an
an
pe

suasi as
,
an
dulcísimo
su
acen o
,
que
los
sencillos
aldeanos
no
podían
esis i
á
él.
Al
p incipio
llamó
mucho
la
a ención
y
esci ó
la
cu iosi

dad
de
los
nobles;
mas
e an
an os
los
bienes
que
hacia,
an o
el
en usiasmo
que
inspi aba
en e
los
necesi ados,
que
o en

de le
en
lo
mas
mínimo,
hubie a
sido
causa
de
a ales
con

secuencias;
ademas,
odo
lo
bo a
el
iempo,
y
al
cabo
de
seis
meses
apenas
se
hablaba
de
él,
y
su
exis encia
pasaba
desape

cibida
á
no
se
po
los
muchos
que
a o ecía
y
un
co o
nú

me o
de
pe sonas
en usias as
po
lodo
lo
que
lle a
un
iso
mis e ioso
y
no elesco.
,
.
En
un
p incipio
se
le
había
espiado
en
sus
paseos
soli a

ios;
po
odas
pa les
se
eia
seguido
de
mil
cu iosos
que
deseaban
en abla
con e sación,
pe o
él
sabia
desen ende se
pe ec amen e.
En e
los
caballe os
de
aquellas
ce canías
Al

edo
de
Gis ie na
e a
el
mas
o gulloso
y
c uel
pa a
sus
súbdi os
;
sabiendo
que
algunos
habían
ecibido
soco os
del
gene oso
desconocido,
se
encole izó
esl emadamen e
y
les
ame

nazó
de
mil
mane as
,
pe o
no
le
hicie on
el
meno
caso
;
ué
á
U ol
y
le
nega on
la
en ada;
u ioso
como
un
león
an

du o
e an e
po
las
inmediaciones
del
cas illo
has a
que
la
sue e
le
depa ó
la
sa is acción
de
e
sali
á
su
enemigo;
pa óse
delan e
de
él
y
le
impidió
el
paso
;
o endido
el
caba

lle o
le
p egun ó:
—
¿Pod é
sabe
po que
mo i o
no
me
dejais
con inua
mi
camino?
,
—
Po que
me
acomoda
así,
le
espondió.
_Hacéis
mal
,
pues
cuando
me
es o ba
algún
obje o
lo
des

ío
con
mi
lanza.
Y
al
mismo
iempo
la
puso
en
acción
de
he i .
—
;Me
amenazáis?
—
Y
os
cas iga é
si
no
me
dais
esplicacion
de
la
causa
que
os
hace
ob a
así.
—
Yo
soy
Al edo
de
Gis ie na.
—
12
—
—
Me
lo
igu é
po
ues os
modales
nada
co eses.
1
os
p ohíbo
la
en ada
en
las
casas
de
mis
asallos,
ellos
no
necesi an
ecibi
ues as
limosnas,
soy
su
amo
y
á
nadie
mas
que
á
mí
deben
ecu i
en
odos
sus
apu os.
—
i
o
soco o
á
odo
el
que
es á
necesi ado
;
si
isi aseis
sus
casas
y
ie ais
la
mise ia
en
que
se
hallan
me
da ías
g acias
en
ez
de
ep ende
mis
acciones;
y
si
ue ais
pa a
ellos
me

nos
mezquino
no
end ían
que
ecibi
algunos
bocados
de
pan
de
manos
de
un
desconocido
como
yo
y
.........
—
¡Callad!
dijo
Al edo
ciego
de
cóle a;
sois
un
insolen e
y
me
dan
impulsos
de
cas iga os
cual
me eceis.
—
¿Y
qué
cas igo
os
pa ece
que
me ezco?
—
El
de
co a os
la
lengua
,
seño
mió
,
pa a
que
no
ol

áis
á
insul a
á
ningún
caballe o.
—
C eo
que
quien
ha
insul ado
el
p ime o
habéis
sido
os;
y
c eo
ambién
que
si
una
lengua
se
co lase
es a
la de
se ia
la
ues a
,
seño
de
Gis ie na.
—
Valien e
es áis
po
demas;
y
ya
que
an o
habíais
de

endeos.
—
No
puedo,
hay
una
in eliz
que
padece
ho iblemen e,
en
es e
momen o
me
es á
espe ando,
si
po
casualidad
me
ma

abais
ya
no
pod ía
sal a la;
con
que
así
pe donad.
y
me iendo
espuelas
al
caballo,
pa ió
con
la
elocidad
del
ayo.
,
Gis ie na
a ibuyó
la
e i ada
del
caballe o
al
miedo
que
le
había
in undido
su
p esencia
y
así
lo
con aba
en
odas
pa les.
Muchas
semanas
pasa on
cuando
una
noche
en
que
ol ía
del
cas illo
de
T emblay
,
al
sali
del
bosque
encon ó
al
ca

balle o
que
lo
espe aba;
púsose
delan e
de
él
y
en is ando
su
lanza
le
dijo:
—
Seño
de
Gis ie na
,
hoy
no
engo
ninguna
palab a
que
cumpli
,
hoy
la
ida
ó
la
mue e
me
es
igual
;
con
que
así
disponeos
y
nos
da emos
algunas
es ocadas
si
os
place.
Gis ie na
se
so p endió
un
poco
po que
no
con aba
con
aquel
encuen o;
mas
eponiéndose
al
pun o
espondió:
i

—
15
—
—
Yo
siemp e
es oy
dispues o
á
cas iga
osados
...
cuan

do
gus éis.
A eme ie on
los
dos
con
igual
u ia
,
pe o
sea
po
la
es-
ao dina ia
ue za
del
desconocido
ó
po que
la
sue e
quiso
a o ece le
en
aquel
ins an e,
lo
cie o
es
que
al
empuje
de
su
lanza
lo
le an ó
de
la
silla
y
ué
odando
po
el
suelo.
Su
cabeza
he ida
con a
una
pied a
p incipió
á
b o a
sang e,
el
Caballe o
neg o
se
apeó,
y
ace cándose
le
dijo:
—
Ya
eis
lo
que
puedo,
seño
de
Gis ie na;
ya
eis
qüe
hoy
no
os
engo
miedo,
me
pa ece
que
pa a
p ueba
es
bas

an e
,
es a
a en u a
queda á
gua dada
en e
los
dos
,
ningún
es igo
nos
ha
obse ado,
soy
caballe o
y
sab é
cumpli
mi
palab a.
Dijo;
y
subiendo
lije o
sob e
su
caballo
pa ió
á
odo
esca

pe
pa a
U ol .
Al edo
no
ol idó
nunca
aquel
lance
y
lomó
un
odio
es emado
á
su
encedo
;
desde
aquel
ins an e
dia
y
noche
es aba
medi ando
el
modo
de
enga se.
u
ijNi .KMunu
OH
SAN
IIACC
—
14
—
CAPITULO
ML
G
a n d e s
ies as
se
p epa an
en
T emblay;
los
salones
es

án
pe ec amen e
iluminados
;
desde
la
mañana
no
dejan
de
llega
caballe os
en
age
de
ies a
;
c uje
el
puen e
le adizo
al
sen i
el
paso
de
belicosos
caballos
y
den o
se
oye
g an
mo imien o;
al
cae
el
sol
se
iluminan
las
o es
con
luces
de
mil
colo es,
y
a ios
o ado es
al aidos
po
la
ies a
llegan
al
cas illo
pulsando
sus
melodiosas
a pas.
El
salón
p incipal
es aba
lleno
de
he mosas
y
caballe os
;
ób ense
las
pue as
,
y
acompañadas
de
algunos
pages
apa ecie on
las
dos
bijas
del
ba ón,
Isau a
y
E minia.
Lle aba
la
p ime a
un
es ido
de
gasa
blanca
bo dado
de
o o,
los
b azos
descubie os
y
la
o neada
ga gan a;
sus
ca

bellos
de
un
cas año
oscu o
es aban
pe ec amen e
izados
y
odeaba
su
cabeza
una
co ona
de
espigas
de
o o
y
de
diaman

es;
e a
de
es a u a
ele ada,
magesluosa
p esencia
y
nobles
mo imien os
;
la
ez
blanca
y
aspa en e
,
y
en
las
megillas
enia
el
colo
delicado
de
la
osa
;
sus
ojos
de
un
azul
u quí
e an
esp esi os
,
sus
labios
de
ca mín
dejaban
e
al
son ei -
se
unos
dien es
blancos
y
pe ec amen e
iguales
;
sus
modales
e an
imponen es
y
algo
se e os
;
de
modo
,
que
al
e la
ade-
u
—
la
—
lan a se
po
medio
del
salón
,
al
e
la
a ención
con
que
odos
la
saludaban,
cualquie a
la
hab ía
omado
po
una
eina.
E minia
lle aba
un
es ido
de
seda
mo ado
semb ado
de
es ellas
de
pla a,
y
sus
cabellos
neg os
como
el
ébano
no
enían
mas
ado no
que
una
pequeña
lo
na u al
de
colo
blanco
que
ella
misma
había
cul i ado
en
una
linda
ma

ce a.
Su
es a u a
e a
colosal
pe o
bien
p opo cionada
aunque
un
poco
inclinada
hácia
el
suelo
,
sea
po
su
ele ación
ó
e ec

o
de
su
aba imien o
con inuo;
su
os o
de
un
blanco
ma e,
sus
ojos
neg os
y
dulces
,
las
cejas
del
mismo
colo
y
pe ec

amen e
a queadas;
en
su
semblan e
habia
an a
dulzu a,
an a
bondad,
e a
su
oz
an
ie na,
an
esp esi a,
que
ins

pi aba
un
in e és
es emado;
e a
(le
un
alen o
muy
supe io
al
de
su
he mana,
pe o
ca ecía
de
aquella
desen ol u a,
aque

lla
acilidad
en
p egun a
y
esponde
al
mismo
iempo;
aquella
animación
y
g acia
con
que
Isau a
cau i aba
en
sus
edes
(pe mí asenos
es a
esp esion)
á
odo
el
que
la
eía.
E

minia
enia
descon ianza
en
lodo
lo
que
hacia,
emblando
á
la
meno
palab a;
eme osa
de
disgus a ,
no
lucia
el
delica

do
alen o
con
que
la
na u aleza
la
habia
ado nado;
disgus

ada
has a
el
es emo
de
su
exis encia
huia
de
oda
di e sión
y
a a
ez
se
p esen aba
en
público.
Asi
que
en a on
en
el
salón,
las
músicas
esona on
es e

pi osamen e;
a ios
caballe os
odea on
á
Isau a
en
an o
que
E minia
ué
á
sen a se
al
lado
de
una
gó ica
en ana;
la
in

eliz
no
bailaba
nunca
,
la
e a
e gonzoso
e se
siemp e
an
al a
ó
mas
que
su
pa eja
;
algunas
eces
habia
oido
en
oz
baja
a ias
palab as
alusi as
á
su
c ece
desmesu ado,
y
la
pob e
jo en
habia
sen ido
asga se
su
co azón.
Desde
su
asien o
habia
is o
á
su
he mana
lanza se
en
medio
del
baile
con
A u o
de
U ol ,
el
ba ón
de
T emblay
habia
anunciado
que
den o
de
es
meses
se
e ec ua ía
su
boda
:
E minia
oyó
aquellas
palab as
con
la
son isa
pálida
que
la
e a
habi ual,
pe o
su
co azón
habia
la ido
con
iolencia;
ella
ado aba
á
U ol
y
su
he mana
se
lo
obaba,
enia
que
se
es igo
de
su
elicidad
y
es a
idea
la
asesinaba
........
¡ay!
si
Isau a
le
bu-
u
—
1G
—
hie a
amado
como
ella
al
ez
no
hab ía
sido
an
c uel
su
ma i io
,
pe o
no
le
que ía
y
sin
amo
no
podía
hace le
e

liz.
-
Sen ada
E minia
en e
los
apices
que
medio
ocul aban
la
en ana,
mi aba
is emen e
an os
obje os
que
eian
y
gozaban
;
pensaba
que
solo
ella
su ia,
mas
no
e a
asi
:
al
lado
de
o a
en ana
es aban
con e sando
Al edo
de
Gis ie na
y
Hugo
de
Aseli.
J
—
Ya
lo
o ís
,
Al edo,
decía
Hugo,
pasados
es
meses
Isau a
se
casa á
con
A u o.
lo
Ae emos,
espondió
Al edo:
es
meses
ienen
mu

chos
días
y
¡se
puede
discu i
an o!
.........
e
ju o
que
no
se
casa á;
¡oh,
es oy
loco
de
celos!
Déja e
de
on e ías,
¿no
halla ás
en e
an a
he mosa
o a
que
e
ag ade
mas?
—
No;
y
luego
es
pun o
de
hono ;
se
la
he
pedido
es
eces
al
ba ón
y
siemp e
me
la
ha
negado;
una
po que
e a
demasiado
jo en
,
o a
po que
pensaba
casa la
con
A u o
y
la
úl ima
diciendo
que
Isau a
no
me
p o esaba
el
meno
a ec

o.
¡Y
he
de
su i
que
sea
su
dueño
ese
muñeco,
que
hace
un
ano
jugaba
oda ia
con
un
caballi o
de
made a!
—
Si
ella
le
p e ie e
.........
—
Isau a
no
es
capaz
de
ama
á
nadie.
—
¿Po qué
no
e
di iges
á
E minia?
1
o
no
soy
a icionado
á
gigan es.
¿Sabes
pa a
lo
que
me
gus a ía
esa
muchacha?
pa a
coloca la
en
el
pan eón
de
mi
cas illo
sob e
la
umba
de
mi
mad e.
*
—
Es
he mosa.
—
Ya
se
que
la
amas
un
poco.
—
Con
oda
mi
alma;
¡es
an
dulce,
an
bella!
i
ue
haces
que
no
se
la
pides
á
su
pad e?
no
e es
conde
ni
ba ón
,
pe o
e es
noble
y
ico.
—
Me
desp ecia ía.
—
¿Po qué?
—
Po que
ha
desai ado
á
o os
de
mas
mé i o
que
yo.
—
¿Y
si
e
amase
en
sec e o?
—
No
lo
c eas,
en
ano
he
enido
a ias
eces
á
T emblay,
u
—
25
—
po
dis acción
uya
ó
poco
cuidado
al
oma la
;
si
se
desho

jó
la
he mosa
lo
que
co as e,
al
ez
ha ía
algunos
dias
que
es aba
abie a,
y
aunque
conse ase
el
colo
esco
y
he moso
,
sus
hojas
medio
desp endidas
caye on
al
meno
mo imien o,
es
cosa
na u al.
—
Tú
lo
c ees
así
,
pe o
yo
..
¿qué
quie es?
engo
miedo
y
no
se
po qué
.
—
Vamos
,
no
seas
niña
,
en
con
noso os.
—
Pe dona,
Isau a,
no
i é.
E minia
e a
an
i me
en
odas
sus
esoluciones
que
su
he

mana
no
quiso
insis i ;
sabia
po
espe iencia
que
no
había
de
alcanza
nada.
Una
y
o a
gua da on
silencio
,
Isau a
ha

bló
la
p ime a.
—
Y
bien
E minia,
la
dijo,
hace
pocas
noches
mi
pad e
anunció
mi
enlace
con
A u o
de
U ol
y
oda ía
no
me
has
dado
la
enho abuena:
¿acaso
no
e
ag ada
es a
boda?
E minia
hizo
un
es ue zo
pa a
son ei se
y
se
son ió
lige

amen e,
al
cabo
de
un
momen o
espondió.
—
¿Y
qué
he
de
deci e,
he mana
mia?
hace
an o
iempo
que
es á
dispues a
esa
unión
y
he
oido
habla
de
ella
an as
eces
......
—
Con
odo,
quisie a
sabe
si
e
ag ada
ó
no.
—
¿Po qué
ha
de
desag ada me,
que ida
Isau a?
A u o
es
un
jo en
amable,
ico,
bondadoso,
de
un
alen o
esqui-
si o,
que ido
de
sus
asallos,
en idiado
de
las
he mosas...
¿Qué
mas
cualidades
ap eciables
ha
de
euni
pa a
hace
eliz
á
la
ica
he ede a
de
T emblay?
ademas,
e
ama
con
un
deli io,
dijo
dejando
escapa
á
pesa
suyo
un
suspi o
,
que
aya
en
locu a;
y
si
ú
le
co espondes
con
igual
pasión
u
ida
se á
muy
eliz.
—
¿Lo
c ees
asi?
■
—
Lo
c eo.
—
Yo
ambién
augu o
bien
de
es e
ma imonio
,
es oy
an

quila
espec o
á
mi
po eni .
El
uido
de
la
pue a
que
se
ab ía
co ó
la
con e sación;
ol ie on
la
cabeza
y
ie on
al
ba ón
y
al
conde
de
U ol .
u

—
24
—
.
—
Vamos,
hijas
mías,
dijo
el
p ime o;
A u o
nos
ha
he

cho
espe a
un
alo,
ap o échenlos
las
ho as
de
sol
que
nos
quedan.
.
Isau a
se
le an ó
con
lige eza;
E minia
pe maneció
sen ada.
—
¿Qué
haces?
la
dijo
el
seño
de
T emblay,
¿nonos
acompañas
?
—
No,
pad e
mió.
—
¿Po
qué?
.
,
—
Es oy
algo
indispues a,
sabéis
ambién
mi
poca
a ición
á
sali
del
cas illo
;
mas
si
lo
mandáis
,
que ido
pad e
,
os
da

é
gus o
sin
i ubea .
—
¿Os
pa ece,
seño
de
U ol ,
que
se
puede
iolen a
en
lo
mas
mínimo
á
una
c ia u a
an
bondadosa
como
mi
E minia?
Vamos
,
quéda e
pues
si
asi
lo
quie es.
Los
es
se
despidie on
de
E minia
y
se
di igie on
á
la
sa
lida
del
cas illo;
el
ba ón
y
el
conde
mon aban
dos
caballos
neg os
como
el
ébano
,
y
en
medio
iba
Isau a
sob e
o o
an
blanco
como
la
nie e;
dos
c iados
caminaban
de ás
de
ellos.
Después
de
c uza
el
puen e,
el
paso
de
los
caballos
ya
no
ué
an
igual
como
en
un
p incipio
;
Isau a
y
el
conde
se
sepa

a on
un
poco
del
ba ón;
A u o
bajando
la
oz
dijo:
—
Me
espe abais
con
impaciencia,
Isau a?
—
Si,
A u o.
—
Yo
no
podia
es a
sin
e os
,
¡
se
me
hacen
an
la gos
los
a os
que
paso
lejos
de
os!
¡deseo
an o
que
llegue
el
momen o
en
que
nos
unamos
pa a
no
sepa a nos
nunca!....
Decidme,
que ida,
¿os
animan
los
mismos
deseos
que
á
mi?
¡ah!
eo
que
no,
isau a;
en
ano
ues a
boca
me
ha
ju a

do
amo
mil
eces,
ues o
co azón
no
lo
ha
sen ido.
—
¿Tenéis
mal
humo ,
que ido
mió?
—
No
,
pe o
es oy
is e.
—
¿Os
he
dado
algún
mo i o
de
enojo
desde
aye ?
decidme.
—
Vos
no
me
dais
mo i o
de
enojo
y
es o
es
lo
que
me
de

sespe a;
siemp e
os
encuen o
anquila,
sosegada...
en
una
palab a
nunca
habéis
enido
celos
po que
no
me
amais
como
jo
os
amo.
S(
UNIVTRSIT
di
;
san u
u
—
25
—
—
Vos,
A u o,
enéis
celos
de
odo,
po que
sois
algo
cap i

choso
y
siemp e
es áis
descon en o;
¡comp endéis
el
amo
de
un
modo
an
a o!...
¿No
habéis
dicho
mil
eces
(pie
no
hay
mayo
elicidad
que
ama
y
se
amado?
pues
yo
no
com

p endo
po
elicidad
osla
siemp e
azo ado
,
en idioso
de
lo

do
el
que
se
ace ca
al
obje o
que ido,
descon iando
de
sus
palab as,
obse ando
sus
mo imien os
y
siemp e
emblando
po
el
emo
de
pe de le
.....
Vos
sois
asi,
A u o,
pe o
á
mí,
que
la
na u aleza
me
dio
mas
calma
,
mas
aleg ía
,
dejadme
goza
y
no
me
ma i icéis.
¿C eéis
que
si
no
os
amase
me
casa ía
con
os?
¿c eéis
que
el
espe o
que
engo
á
mi
pad e
me
ha
a ancado
mi
p omesa?
pues
os
engañáis,
aho a
mis

mo,
si
po
un
acciden e
cualquie a
conociese
yo
que
es e
en

lace
nos
pe judicaba
á
uno
de
los
dos,
con
la
misma
se eni

dad
que
os
hablo
en
es e
momen o
di ia:
seño
A u o
de
L
ol ,
nopuedo
se
ues a
esposa;
y
no
lo
se ia,
podéis
c ee lo.
—
Callad,
callad
po
el
cielo,
dijo
A u o
poniéndose
pá

lido;
os
me
ma a eis.
—
No
lo
c eáis.
—
¡Oh,
Isau a!
su o
mucho;
cuan o
mas
sé
ace ca
el
ins

an e
de
nues a
unión
mas
iemblo
.....
engo
un
p esen i

mien o
ho ible,
que
me
des oza
el
co azón;
en
ano
p ocu o
pensa
en
la
elicidad
que
me
agua da,
sien o
una
oz
in e

io
que
me
epi e
á
odas
ho as
es a
palab a
:
jamás.
Tan
is e
ué
el
acen o
con
que
la
p onunció
que
Isau a
se
es emeció
lige amen e,
le
ala gó
la
mano
con
ca iño
y
le
dijo
son iendo:
—
Callad,
A u o,
padezco
cuando
os
eo
asi,
no
que áis
con
ues a
is eza
p i a me
del
place
que
engo
en
es a
con
os.
A u o
la
dió
g acias
po
aquellas
palab as
con
una
mi a

da
llena
de
e nu a
y
gua dó
silencio
algunos
momen os;
después
dijo
mas
anquilo.
—
Pe donadme,
que ida
Isau a,
pe donadme
po
lo
mucho
que
os
amo....
¡ay!
ojalá
os
quisie a
un
poco
menos,
al
ez
se ia
mejo
pa a
ambos.
.
4
se
U'JIVhUSlDAl)
di
:
samiiag c
di
:
COMiX
’
iS'ii
.
•
—
26
—
Habían
llegado
al
in
del
bosque
cuando
el
ba ón
les
dijo.
—
¿Vol emos,
hijos
mios?
—
Lo
que
gus éis
,
espondie on
los
dos.
—
Vol amos,
la
pob e
E minia
es á
sola
y
deseo
e la
ya,
su
melancolia
me
desconsuela.
Se
di igie on
hacia
el
cas illo,
el
ba ón
iba
diez
ó
doce
pa

sos
delan e
pa a
que
los
jó enes
hablasen
con
libe ad
y
los
c iados
caminaban
de ás
á
bas an e
dis ancia.
La
noche
se
ace caba
y
apenas
había
cla idad
en
medio
de
aquella
espe

su a
;
pe o
acos umb ados
á
c uza
aquel
si io
casi
odos
los
dias,
caminaban
anquilos
y
sin
emo
.....
mas
¿qué
uido
les
so p ende
y
les
hace
es emece ?
¿po
qué
se
de ienen
de
p on o?
ocho
gue e os
salen
po
medio
de
las
amas.
A u

o
sacó
la
espada
y
la
di igió
al
pecho
de
uno
que
se
le
había
pues o
al
en e,
mas
pa ó
el
golpe
con
el
escudo
y
oló
po
los
ai es
hecha
pedazos;
ápido
como
el
elámpago
cogió
la
lanza,
pe o
al
mismo
iempo
su
caballo
cayó
al
suelo,
un
aido
le
habia
dado
un
hachazo
en
las
pa as
y
el
noble
ani

mal
ino
á
ie a
op imiendo
á
su
amo
con
su
peso.
Su
de

sespe ación
llegó
á
su
é mino,
Isau a
desmayada
habia
sido
colocada
en
un
caballo
y
un
gue e o
de
a en ajada
es a u a
la
sos enía
con
un
b azo
mien as
con
el
o o
se
de endía
del
ba ón
que
le
a acaba
con
la
abia
del
ig e
he ido;
aquella
lucha
e a
desigual,
A u o
cogido
del
suelo
habia
sido
a ado
ue emen e,
los
c iados
íos
espec ado es
de
aquella
escena
es aban
de
acue do
con
los
ap o es,
de
sue e
que
el
desg a

ciado
ba ón,
ab umado
de
a iga
y
cubie o
de
he idas
aun

que
le es,
u o
que
cede
al
núme o
y
ió
aleja se
á
los
in ames
que
le
obaban
su
idola ada
hija.
Asi
que
pa ie on
desa ó
al
pob e
A u o
que
pálido
/le
abia,
ené ico,
desespe ado
y
sin
escucha
al
ba ón,
mon ó
en
el
caballo
de
és e
y
pa ió
á
escape
en
busca
de
su
que ida.
Pocos
minu os
habia
caminado
cuando
dis inguió
en
el
suelo
dos
bul os
á
un
lado
del
camino,
es emecióse
de
espan o
y
echó
pie
á
ie a,
pe o
¡cuál
ué
el
ho o
que
se
apode ó
de
él!
al
econoce
los
cadá e es
de
los
c iados
que
u
—
27
—
les
habían
sido
aido es
!
que
en
ez
del
o o
que
les
o ecie

on
solo
ecibie on
en
pago
de
su
maldad
la
mue e!
Pa ió
o a
ez
con
la
espe anza
de
alcanza
p on o
á
Isau a
y
li

b a la
ó
mo i .
Hi ió
sus
oidos
el
paso
de
un
caballo
que
enia
hacia
él,
ol ió
la
cabeza
y
no
pudo
dis ingui
al
gine e
,
pe o
pasado
un
momen o
se
llenó
de
so p esa
al
econoce
al
Caballe o
neg o.
De
epen e
le
ino
el
pensamien o
de
que
quizá
se ia
cómplice
del
ap o
al
e le
i
en
aquella
di ección,
pa óse
delan e
de
él
y
le
p egun ó
colé ico.
—
¿Dónde
ais?
—
A
busca os
,
con es ó
co esmen e.
—
¿A
busca me?
me
aleg o
mucho,
asi
como
asi
engo
gana
de
e e
sang e
y
p incipia é
po
e e
la
ues a.
—
No
pe mi a
Dios,
noble
A u o,
que
comelaisuna
acción
an
illana
;
pe o
no
gas emos
el
iempo
en
palab as
inú iles,
se
donde
ais
,
acabo
en
es e
ins an e
de
habla
con
el
ba ón
y
engo
pa a
ayuda os;
ened
con ianza
en
mí,
A u o,
no
c eáis
que
soy
un
aido ,
pa amos
y
lib emos
del
pelig o
«n
que
se
halla
ues a
p ome ida
esposa.
—
Pa amos,
dijo
medio
ascinado
po
la
oz
mágica
del
Caballe o.
La
noche
e a
oscu a
y
ia,
oian
hacia
a o
el
uido
de
sus
-enemigos
pe o
no
los
dis inguían;
A u o
y
su
compañe o
iban
ápidos
como
dos
me eo os,
los
caballos
no
podían
mas.
—
Animo,
ánimo,
decia
el
Caballe o
neg o,
ya
los
alcan

zamos.
El
ai e
lle ó
has a
sus
oidos
los
g i os
de
Isau a
que
había
ecob ado
los
sen idos
;
el
conde
al
oi la
dió
un
dolo oso
ge

mido.
—
¡
La
an
á
ma a
!
esclamó
con
desespe ación
¡
la
an
á
ma a
y
no
puedo
de ende la
!
Los
ap o es
hicie on
al o
cuando
ie on
an
ce ca
de
ellos
sus
pe seguido es.
A u o
se
abalanzó
al
que
lle aba
su
que ida,
pe o
ué
de enido
po
o os
dos
que
le
es o ba on
el
paso.
Resonaban
los
golpes
en
la
oscu idad,
el
conde
había
se
U'JIVhKSlDAI):
DK
SAN
I
b GO
di
:
COMPOSTI
u
—
28
—
he ido
mo almen e
á
dos
cuando
acome ido
po
la
espalda
iba
á
ecibi
un
emendo
golpe
á
no
se
po
el
Caballe o
ne

g o
que
lige o
como
el
ien o
y
semejan e
al
genio
del
bien
llegó
á
su
soco o
;
del
p ime
ajo
de ibó
uno
al
suelo
y
dando
un
e és
al
segundo
le
co ló
la
dies a
que
cayó
en
ie a
con
la
espada
empuñada
oda ía.
Ho ible
e a
aquel
comba e
en
medio
de
las
inieblas,
he ían
algunas
eces
sin
sabe
á
quien;
(al
esa
la
oscu idad
de
aquella
unes a-
noche.
Seis
homb es
es aban
ya
ue a
de
comba e,
g acias
al
alo
he

oico
del
habi an e
mis e ioso
de
U ol ,
solo
quedaban
dos
comba ien es;
a ojóse
el
Caballe o
neg o
sob e
el
que
enia
á
Isau a,
alien e
e a
po
demás;
con
los
dien es
sos enía
la
b ida,
con
un
b azo
á
la
jo en
y
con
el
o o
se
de endía
de

sespe adamen e.
Al
ace ca se
á
él
el
caballe o
le
i ó
un
ajo,
pe o
esbaló
en
la
co aza
y
no
ecibió
el
meno
daño;
mas
dies o
el
desconocido
le
apun ó
hacia
el
cos ado
y
encon an

do
la
jun u a
de
la
a madu a
le
cla ó
la
espada.
El
in eliz
ab ió
los
b azos
y
sol ó
á
su
p isione a
que
cogió
como
po
encan o
el
Caballe o
neg o;
al
cae
el
he ido
dió
un
g i o
so

do
y
mu mu ó:
—
Maldi o
seas,
homb e
ó
demonio
,
el
diablo
me
conse e
la
ida
has a
enga me
de
i.
—
Muy
a
a ia
es
la
o una,
Gis ie na,
con es ó
el
descono

cido
;
y
al
ez
le
se
cumpli án
us
deseos.
El
con a io
con
quien
se
de endía
A u o
había
huido
co

ba demen e,
el
Caballe o
neg o
le
en egó
la
desmayada
seño

a
diciendo:
—
Es a
jo en
os
pe enece
,
lle adla
os.
A u o
iba
á
coge la
cuando
ab ió
ella
los
ojos,
di igió
en
de edo
suyo
una
mi aba
aga
y
esclamó:
—
¡Vi gen
san a!
¿dónde
es oy?
—
Al
lado
de
ues o
aman e,
la
espondió
el
Caballe o.
¡Ah
!
os
no
sois
mi
A u o,
dijo
que iendo
sepa a se
de
su
libe ado .
¿Dónde
es á
A u o?
A u o,
lle adme
al
lado
de
mi
pad e
y
de
mi
he mana.
Su
oz
e a
en
es emo
débil
,
el
conde
la
puso
en
su
caba-

—
SO

llo
y
ya
iban
á
camina
cuando
ol iéndose
Isau a
hacia
ei
Caballe o
dijo
esl emadamen e
agi ada.
—
¿Quién
es
ese
homb e?
—
El
amigo
de
mi
he mano
En ique,
el
que
os
ha
dado
la
libe ad
y
me
ha
sal ado
la
ida.
,
—
¡El!...
¡oh
Dios
mió!...
g acias,
g acias,
con inuó
mi

ándole
,
mi
pad e
os
ecompensa á.
—
Mi
ecompensa,
seño a,
con es ó
is emen e,
es á
en*la
buena
acción
que
he
hecho;
nada
mas
quie o
ni
deseo.
—
¿Nues a
amis ad
ampoco?
Isau a
no
u o
espues a
y
siguie on
el
camino.
De
epen

e
el
Caballe o
se
pa ó,
A u o
le
llamó
y
pasados
pocos
mo

men os
le
ie on
llega
á
pie.
¿Qué
os
ha
sucedido?
—
He
pe dido
mi
caballo,
le
es
imposible
da
un
paso
mas
y
lo
sien o...
¡pob e
animal!
he
co ido
con
él
muchas
le

guas
y
muchos
paises
y
al
in
le
eo
espi a ...
disimulad
mi
sen imien o,
pe o
el
(pie
i e
como
yo
la
compañía
de
un
animal
an
noble
como
mi
Rayo
es
ap eciable
po
demas.
Vol ió
la
cabeza
pa a
mi a le
aun
o a
ez
y
dió
un
p olon

gado
suspi o.
A u o
echó
pie
á
ie a
,
se
puso
á
su
lado
y
los
dos
ca

minaban
jun os
escol ando
á
la
ica
he ede a
de
T emblay.
Al
llega
al
in
del
bosque
que
odeaba
el
cas illo
halla on
a ios
c iados
con
luces
que
caminaban
en
odas
di ecciones;
en
un
g upo
iba
el
ba ón
pálido,
desencajado,
con
la
cabeza
y
un
b azo
endado.
Imposible
se ia
que e
da
una
idea
del
gozo
an
e dade o
que
sin ió
aquel
noble
anciano
al
ab aza
á
su
hija
que ida
que
c eia
pe dida
pa a
siemp e.
Después
que
pasa on
los
p ime os
aspo es
se
di igie on
á
T emblay;
pocos
pasos
habían
andado
cuando
Isau a
mi

ando
en
de edo
no
ió
al
Caballe o
neg o;
ol ió
la
ca

beza
y
le
ió
á
bas an e
dis ancia
apoyado
en
el.
onco
de
un
á bol
:
la
hija
del
ba ón
sepa ándose
de
la
comi i a
ué
há-
cia
él
p ecipi adamen e
y
le
dijo
conmo ida
:
—
Noble
caballe o,
di éis
y
con
azón
que
somos
unos
in-
UMIVHHSIDADI
di
:
sam
i
iag
<
>
di
:
cOMPClSn
u
—
50
—
g a os,
pe o
de
buena
é
c eimos
que
nos
seguíais
ambién.
¿No
que éis
hon a
nues o
cas illo
con
ues a
p esencia?
¿no
que éis
que
mi
he mana
ea
al
noble
jo en
á
quien
le
debo
la
libe ad
y
el
hono ?
Nada
me
debeis,
seño a,
no
me
deis
g acias,
yo
me
uel

o
á
U ol .
'
—
¿Con
que
nos
dejais?
—
Ya
no
es
necesa ia
mi
p esencia...
si
algún
dia
es áis
en
pelig o
con ad
con
mi
b azo,
Isau a,
po
os
e e é
la
úl ima
go a
de
mi
sang e...
Adios.
Iba
á
pa i
cuando
ace cándose
el
ba ón
le
dijo:
¿Os
ais
asi
sin
da me
ues a
mano?
—
Tomadla.
Y
la
ala gó
con
galan e ía.
—
¿Y
no
sab emos
siquie a
ues o
nomb e?
—
¡
Mi
nomb e!.,
seño
ba ón,
yo
no
engo
nomb e,
y
ha

ce
muchos
años
que
solo
me
conocen
po
el
Caballe o
neg o.
Hizo
una
espe uosa
co esía
y
se
ma chó;
en
ano
le
su

plica on
que
admi iese
un
caballo,
no
pudie on
log a lo
y
p on o
se
pe dió
en e
los
á boles
del
bosque.
—
51
—
CAPITULO
V.
Ya
había
desapa ecido
el
ba ón
de
T emblay
con
su
hija,
ya
no
se
oia
el
mas
lige o
uido
,
odo
pe manecía
en
absolu o
silencio,
silencio
que
solo
e a
in e umpido
po
el
le e
susu o
de
las
hojas
que
se
mecian
á
impulso
de
la
blanda
b isa
de
la
noche.
El
Caballe o
neg o
seguia
caminando
ápidamen e
pisando
malezas
y
sal ando
su cos,
pe o
nada
sen ía
al
pa ece :
pa

óse
de
epen e,
se
qui ó
el
pesado
casco
y
espi ó
con
es-
pansion,
di igió
después
una
mi ada
hacia
T emblay,
dió
un
suspi o
y
se
encaminó
á
U ol .
La
pue a
p incipal
es aba
ce ada
de
con inuo,
el
Caballe o
y
su
c iado
en aban
po
o a
cons uida
en
la
mu alla
é
inmedia a
á
ella
enian
su
modes a
habi ación;
el
es o
del
edi icio
pe manecía
desie o.
Cuando
llegó
á
la
pue a
que
hemos
dicho
an es,
ocó
una
pequeña
co ne a
que
siemp e
lle aba
consigo
é
inmedia a

men e
se
p esen ó
en
el
umb al
de
ella
el
neg o
Ali,
el
Ca

balle o
le
habló
algunas
palab as
en
un
idioma
desconocido
y
se
e i ó
el
c iado
ol iendo
á
los
pocos
ins an es
con
un
co ecilo
de
me al
que
en egó
á
su
amo;
en
seguida
ce ó
la
pue a
y
los
dos
oma on
dis in os
caminos,
el
Caballe o
u
—
52
—
en
busca
del
he ido
Gisüe na
,
Ali
á
a isa
á
sus
c iados
pa

a
que
ue an
po
él.
Nues o
hé oe
echó
á
anda
con
elocidad,
pe o
al aba
media
legua
pa a
llega
al
si io
del
comba e;
buscaba
sin
emba go
las
sendas
que
pudie an
conduci le
mas
p on o
al
luga
deseado
sin
hace
caso
del
mal
camino;
po
úl imo
y
después
de
co e
bas an e
a o,
las
muchas
pisadas
de
los
caballos,
la
ie a
humedecida
con
la
sang e
le
anunció
que
había
llegado
al
é mino
de
su
iaje.
La
luna
saliendo
en
aquel
momen o
alumb ó
con
su
luz
pla eada
es
cue pos
que
yacían
inanimados
y
en e
ellos
no
la do
en
econoce
al
o

gulloso
Gis ie na;
inclinóse
hacia
el,
le
qui ó
el
casco
y
la
co aza
y
sin ió
su
espi ación
len a
y
congojosa;
alzóle
la
cabeza
,
le
colocó
en
una
posición
mas
cómoda
y
le
descub ió
la
he ida;
ab ió
en onces
el
co eci o
y
sacó
de
él
a ios
bál

samos
desconocidos
en
aquellos
países
y
blancas
endas
de
inísimo
lino.
La ó
la
he ida
con
una
agua
que
lle aba
en
un
pomo
de
pla a,
aplicó
después
el
jugo
de
unas
ye bas
y
co

locó
el
endaje
con
la
mayo
habilidad
y
sol u a
cual
si
oda
su
ida
hubie a
p ac icado
aquella
ocupación.
Al
cabo
de
pocos
momen os
ab ió
el
he ido
los
ojos,
mi ó
en
de edo
con
asomb o
y
dijo
con
una
oz
en
es emo
débil:
—
Tengo
ió.
Dejó
cae
la
cabeza
sob e
el
homb o
del
Caballe o
y
se
apode ó
de
él
un
ue e
desmayo;
en onces
su
libe ado
sa
có
una
bo ellila
de
c is al
aída
de
Si ia
y
la
aplicó
á
la
na

iz
del
en e mo
que
ab ió
de
nue o
los
ojos,
se
inco po ó
con
el
mayo
abajo
y
epi ió:
—
Tengo
ió.
Hizo
una
pausa
y
con inuó.
—
¿Qué
si io
es
es e?
pa éceme
que
no
es oy
en
mi
do mi

o io.
Gulna o,
Gulna o,
(es e
e a
el
nomb e
de
su
paje
a

o i o)
¿dónde
es á
Isau a?
¿la
has
conducido
á
mi
cas illo?
Viendo
que
nadie
le
espondía
ol ió
el
os o
con
aba

jo,
pe o
e a
an a
su
debilidad
que
no
conoció
al
homb e
que
enia
á
su
lado.
El
Caballe o
se
apa ó
pa a
examina
á
—
59
—
CAPITULO
VI.
Sen ado
en
un
sillón
con
la
en e
apoyada
en
ambas
ma

nos,
hallábase
el
anciano
ba ón
de
T emblay;
Isau a
delan e
<le
él
le
mi aba
con
e nu a,
y
la
melancólica
E minia
á
al

gunos
pasos
de
dis ancia
de amaba
ama gas
lág imas
que
o

daban
silenciosas
po
sus
pálidas
megillas.
Ya
hacia
a o
que
gua daban
p o undo
silencio,
cuando
el
ba ón
cla ando
sus
ojos
en
Isau a,
la
dijo
en
es emo
conmo ido:
—
¡
Pob e
hija
mia
!
¡
cuán o
debes
su i
en
es e
ins an e!
—
Si,
pad e
mió,
padezco
mucho;
pues
aunque
•
no
os
ha

béis
esplicado
con
demasiada
cla idad
,
c eo
que
la
he ida
de
A u o
que
an
sencilla
pa eció
en
un
p incipio
se
p esen a
pelig osa,
al
ez
mo al:
—
Has
ace ado,
si
no
mue e
pe de á
el
b azo
de echo
y
es o
es
ho ible.
—
Mien as
él
se
sal e,
dijo
E minia
sollozando,
¿qué
im

po a
que
enga
un
b azo
de
menos?
el
que
le
ame
de
e as
lo
mismo
le
que á
aho a
que
después.
Isau a
no
espondió
,
quizá
no
pensaba
como
su
he mana.
Después
de
un
ins an e
dijo:
—
¡Pe o
po
qué
no
han
de
sal a le!

—
40
—
—
No
pod án
,
hija
mia
,
homb es
muy
hábiles
es án
á
su
cabece a
y
con
odo
no
pueden
cu a le.
—
¡Ah!
dijo
E minia,
¡si
lo
ie a
el
Caballe o
neg o
!
Isau a
exhaló
un
gemido
y
esclamó:
—
Mi
he mana
iene
azón,
es
p eciso
i
á
busca le.
—
He
es ado
ya
dos
eces
pe o
en
ano
,
nadie
ha
espon

dido
á
mis
oces;
y
ademas,
a ios
caballe os
délos
que
odean
el
lecho
del
mo ibundo
no
han
ap obado
mi
acción.
—
¿Y
que
nos
impo a
eso?
esclamó
E minia,
¿po
da les
gus o
le
deja emos
mo i ?
-
—
Tiene
azón
,
dijo
Isau a
,
es
p eciso
que
ea
al
en e mo.
—
¿Y
si
se
obs ina
en
no
esponde ?
—
No
deja emos
de
llama .
—
Vol e é,
hija
mia,
pe o
se á
inú il.
—
Yo
os
acompaña é
y
es oy
segu a
que
á
mi
oz
no
se á
insensible.
—
Bendi a
seas
,
Dios
se
apiade
de
i.
E minia
ahogó
algunos
sollozos,
ambién
hubie a
que ido
acompaña los
pa a
uni
sus
uegos
á
los
de
su
pad e
y
he

mana...
mas
¡ay!
no
se
a e ió
á
deci lo
y
les
ió
pa i
con
el
alma
despedazada
po
el
dolo .
Pocos
minu os
después
de
la
con e sación
que
acabamos
de
ci a ,
el
ba ón
de
T emblay,
su
hija
y
un
c iado
caminaban
sob e
es
he mosos
caballos
con
di ección
á
U ol .
P on o
se
apa ecie on
á
los
es
ia-
ge os
sus
gigan escas
o es
alumb adas
po
un
sol
cla o
y
b illan e
,
Isau a
dió
un
suspi o
y
dijo
enjugando
una
lág i

ma
que
humedecía
sus
pá pados:
—
Pad e
mió,
he
aqui
una
ho a
semejan e
á
aquella
en
que
inimos
á
U ol
pa a
despedi
á
En ique.
—
Es
e dad
,
es aba
cla o
y
apacible
como
es e
;
aquel
dia
imos
po
úl ima
ez
á
su
ilus e
seño
y
al
ez
hoy
sea
ambién
el
úl imo
del
único
ás ago
que
queda
de
an
an i

gua
amilia...
me
lo
dice
el
co azón.
—
Pe mi id
que
os
diga
que
en
es e
momen o
no
es án
aco des
nues os
co azones,
yo
c eo
que
el
ángel
u ela
de
nues a
casa
le
lib a á
de
la
mue e.
—
41
—
—
El
cielo
quie a
que
acie es.
—
Es oy
segu a
de
ello,
si,
muy
segu a,
él
le
da á
la
sa

lud
y
¡cuán o
le
debe emos!
¿qué
ecompensa
se á
bas an e?
¡ah
ninguna,
ninguna!
Dejo
de
habla ;
pe o
su
agi ación
e a
lanía
que
u o
que
pone
la
mano
sob e
el
pecho
po qué
la
ahogaban
los
iolen

os
lalidos.de
su
ag adecido
co azón;
su
pad e
se
aleg aba
in e io men e
del
uego
con
que
había
p onunciado
aquellas
palab as
c eyendo
descub i
en
ellas
un
iolen o
amo
hacia
A u o.
¿Se
engaña ía
en
aquel
ins an e
el
hon ado
ba ón?
Es aban
ya
al
pie
del
cas illo,
baja on
de
los
caballos
y
dándoselos
al
c iado
se
apoyó
Isau a
en
el
b azo
de
su
pad e
y
se
di igie on
á
la
pue a,
pe o
es aba
ce ada;
el
ba ón
dió
dos
golpes
y
se
ab ió
epen inamen e
apa eciendo
as
ella
un
neg o
de
acciones
ho ibles
;
Isau a
dió
un
paso
hacia
él
y
p egun ó:
—
Tu
amo,
¿es á
en
el
cas illo?
El
neg o
se
encogió
de
homb os
y
la
mi ó
con
a ención,
después
p onunció
a ias
palab as
inin eligibles
pa a
el
ba ón
y
su
bija.
—
¿Tu
amo?
ol ió
á
p egun a
le an ando
mas
la
oz.
El
c iado
hizo
un
ges o
de
disgus o
y
se
disponía
á
ce a
la
pue a
;
ie o
Isau a
que
conoció
su
acción
pasó
el
umb al
de
un
sallo
y
le
dijo
casi
sin
alien o:
—
Si
es
que
comp endes
nues as
palab as
di
po
Dios
á
u
amo
que
dos
desg aciados
desean
habla le
y
( ue
no
se
aleja

án
de
aqui
sin
e le.
Ln
uido
de
pasos
se
pe cibió
en
aquel
momen o
y
el
ha

bi an e
de
U ol
se
p esenló
á
su
isla.
—
¡Vos
pó
aqui!
dijo
conmo ido;
he
conocido
ues a
oz
y
salgo
ia a
que
dic éis
ó denes
á
ues o
humilde
c iado.
Isau a
iba
á
habla le,
ie o
enmudeció
á
su
is a
y
solo
pensaba
en
con empla
su
galla da
igu a
y
oi
aquella
oz
<¡ue
conmo ía
odo
su
sé .
El
ba ón
omó
la
palab a
y
le
dijo:
—
Noble
caballe o
,
enimos
á
suplica os
que
ya
que
os
de
bemos
el
hono
nos
deis
la
anquilidad
que
hemos
pe dido.
G
se
UNIVCRSIDAT
¡
DI.
SANTIAGO
DJÍCOMPOS'I
u
—
42
—
—
¿Y
puedo
acaso,
seño
ba ón?
—
¡
Oh
!
si
podéis
,
si
;
sal ad
la
ida
al
noble
conde
de
U ol
que
se
halla
p óximo
al
sepulc o.
—
¿Tan
pelig osa
es
su
he ida?
—
Mo al.
—
¿Desea
él
que
yo
le
ea?
—
No
es
el
quien
en ia
á
busca os
;
hace
dos
dias
que
ie

ne
un
deli io
espan oso,
pe o
mis
hijas
y
yo
que
conocemos
el
mé i o
de
las
d ogas
que
aplicáis
en
las
he idas,
os
pedimos
enca ecidamen e
que
engáis
á
U ol .
—
Se
el
pelig o
de
A u o,
seño
de
T emblay;
y
se
am

bién
que
odean
su
lecho
a ios
enemigos
mios
aunque
en
nada
les
he
o endido
;
hace
dos
dias
ui
al
cas illo
y
me
nega

on
la
en ada,
insis í
en
e le
y
me
a oja on
de
alli
lla

mándome
loco
y
cha la án
y
me
dige on
que
gua dase
mis
b ebages
pa a
los
pob es,
pues
el
conde
de
U ol
no
los
había
menes e .
—
¡Bá ba os
!
dijo
Isau a
sin
pode
ocul a
su
cóle a.
Igno aba
esa
a en u a,
obse ó
el
de
T emblay,
pe o
no
engáis
cuidado,
yo
ha é
que
enmudezcan
los
insolen es
que
os
han
a ado
de
un
modo
an
desco és;
enid
y
si
le
sai-
ais
dais
la
ida
á
un
hijo
mió,
ya
sabéis
que
es
el
esposo
u u o
de
es a
desconsolada
doncella
que
os
implo a.
El
Caballe o
cla ó
sus
ojos
en
Isau a
y
es a
bajó
los
su

yos
a e gonzada
de
las
palab as
de
su
pad e
,
como
si
ue a
un
c imen
ama
al
amigo
de
su
in ancia.
El
desconocido
en

ó
en
el
cas illo
,
dió
una
oz
y
al
momen o
se
p esen ó
el
neg o
ayendo
de
la
b ida
al
alien e
Rayo,
subió
sob e
él
ápidamen e
y
dijo
mi ando
al
anciano:
—
Vamos
á
e
al
conde.
—
No,
le
con es ó,
p ime o
deja emos
á
mi
hija
en
T em

blay.
Y
siguie on
la
senda
que
conducía
á
su
cas illo.
Isau a
y
el
Caballe o
neg o
iban
delan e
y
gua daban
si

lencio;
su ía
la
jo en
cie o
emba azo
y
mal
es a
que
no
podía
esplica se
asi
misma,
que ía
habla
y
no
enia
oz
ni
palab as
;
po
úl imo
al
llega
al
medio
del
bosque
dijo:
u
-
—
45
¡Que
ecue dos
an
dolo osos
iene
es e
si io
pa a
mi!
aquí
ué
donde
me
oba on.
—
i is es
deben
se
con
e ec o,
dijo
él
en
ono
que
pa i

cipaba
de
lúgub e
y
de
i ónico;
po que
en
aquella
noche
e

cibió
A u o
la
he ida
que
an
pos ado
le
iene.
Isau a
sin ió
el
calo
que
subía
á
su
os o,
después
un
io
glacial
se
apode ó
de
odo
su
cue po
y
un
emblo
ne io

so
agi ó
sus
miemb os
un
ins an e,
el
caballe o
con inuó:
—
Mucho
pasás eis
aquella
noche
aunque
ué
compensado
con
la
dicha
de
ol e
al
cas illo
en
compañía
de
ues o
u
u o
esposo.
—
Y
la
ues a,
con es ó
con
p es eza.
—
Poco
os
impo oba
la
mía
y
en
p ueba
de
ello
que
me
dejas eis
solo
y
desampa ado.
Cada
palab a
del
desconocido
e a
un
puñal
que
pene aba
has a
el
co azón
de
Isau a
,
bajó
la
cabeza
y
á
pesa
suyo
sin ió
que
caían
dos
lág imas
de
sus
ojos.
—
leneis
azón,
dijo
después
de
una
pausa,
pe o
debeis
eco da
que
os
pedí
pe dón
de
mi
al a.
Lo
ecue do
,
seño a
,
y
i i é
e e namen e
ag adecido.
—
¡Ojalá
pudie a
hace os
un
se icio
igual
al
queme
ha

béis
hecho
os
!
—
¿Quién
sabe
si
end é
que
pedi os
algo?
—
En onces
e eis
como
no
he
ol idado
cuan o
os
debo.
—
No
me
ol idéis,
Isau a,
no
anhelo
po
hoy
o a
ecom

pensa
,
aco daos
del
pob e
soli a io
que
pa a
odo
el
mundo
s
indi e en e.
—
No
lo
c eáis,
hay
muchos
que
os
es iman.
—
No,
Isau a,
nadie
me
ama,
los
mismos
á
quien
soco

o
me
desp ecian
y
es oy
condenado
á
pasa
mi
exis encia
so

lo.
aislado,
sin
mas
compañía
que
la
somb a
del
iempo
que
pasó
cuyos
ecue dos
me
siguen
á
odas
ho as...
¡ah!
po que
he
sido
eliz
en
mi
ju en ud.
—
Luego,
¿ya
sois
iejo?
—
Tengo
pocos
años,
pe o
puedo
deci
que
he
en ejecido
y
que
se
han
ma chi ado
pa a
siemp e
las
lo es
de
mi
p ima e a,
u
_
44
—
—
Si
supie a
ues as
penas
al
ez
pod ía
da os
algún
con

suelo;
¿po
qué
no
me
coní ais
los
acciden es
desag adables
que
han
ama gado
ues a
exis encia?
,
,
—
Temed
el
dia
en
que
sepáis
mi
his o ia,
po que
se á
inuy
a al
pa a
los
dos.
—
Me
hacéis
embla ,
yo
quisie a
e os
eliz.
—
No
se
p esen a
á
odos
an
isueño
el
des ino
como
á
os.
—
No
soy
an
eliz
como
imagináis.
—
Aho a
no,
mas
en
pasando
el
pelig o
de
A u o...
—
Hab á
o o
mayo ,
caballe o,
o o
que
me
espan a
mas
que
la
mue e.
—
¡In eliz!
mu mu ó
él
po
lo
bajo.
Dios
lo
ha
dispues

o
asi.
¿
Que eneis,
con inuó
mas
al o,
os
que
sois
ado aba
de
odo
’
el
que
llega
á
e os,
que
se
dispu an
has aMues as
mi adas
y
que
no
hay
caballe o
en
las
ce canías
que
no
haya
pedido
ues a
ihano
á
pesa
del
comp omiso
que
enéis
con
el
conde
de
U ol ?
—
Pues
á
pesa
de
odo
su o
mucho...
mi
co azón
p esien

e
desg acias
muy
g andes
y,
no
lo
dudéis,
llega án.
Es aban
p óximos
á
T emblay;
E minia
(|iie
desde
una
o e
los
había
is o
eni
es aba
ya
al
o o
lado
del
puen e
>
se
ace có
I
su
he mana
pa a
ayuda la
á
baja
;
pe o
se
quedó
admi ada
de
la
palidez
que
enia
en
el
os o
y
al
o

ca
su
mano
la
halló
a dien e
como
un
olcan.
—
¡Con
que
a!
la
dijo
albo ozada;
¡ay!
en onces
se
sal

a á.
Isau a
se
ol ió
hácia
el
caballe o,
que ía
habla le
y
no
hallaba
palab as
pa a
esp esa se,
mi ó
á
su
pad e
y
después
de
un
momen o
de
silencio
le
dijo:
—
¿Vohe eis
p on o,
que ido
pad e?
—
Tan o
como
me
sea
posible.
—
Pues
no
os
de engáis,
esclamó
E minia
impacien e.
—
Vamos,
dijo
el
ba ón
al
Caballe o.
Ace cóse
es e
á
Isau a
y
en
oz
baja
de
modo
que
ella
sola
pudiese
oi le,
—
No
ol idéis,
la
dijo,
que
oy
á
e
al
conde
solo
po que

—
45
—
os
me
lo
mandáis,
soy
muy
a a o
y
al
ez
p on o
os
pida
la
ecompensa
de
es e
a o .
Dijo,
y
sin
da la
iempo
pa a
esponde
pa ió
como
un
ayo
con
el
anciano
ba ón.
Las
dos
jó enes
en a on
en
el
cas illo
y
se
di igie on
silenciosas
á
la
sala
de
labo ,
las
dos
se
sen

a on
á
un
bas ido
en
el
cual
se
eia
una
ica
banda
á
me

dio
bo da ;
abajaban
con
indi e encia,
pues
ambas
enían
ocupada
la
imaginación
po
di e sos
pensamien os
que
las
ba-
cian
ol ida
su
labo ;
po
úl imo
apoyando
Isau a
la
en e
en
las
manos
esclamó
con
es emada
agi ación:
—
¡Dios
mió,
cuan o
padezco!
—
¡Que!
¿descon ías
de
la
cu a?
—
¿De
la
cu a?
con es o
dis aída
,
¡ah!
si,
con inuó
en

cendiéndose
como
una
amapola
,
debía
pensa
en
A u o
pe o
en
es e
momen o
es aba
muy
lejos
de
mi
memo ia.
'
—
¿Es
posible
(pie
e
ol ides
de
él
en
un
momen o
en
que
es a á
luchando
en e
la
idayla
mue e?
¿cuando
puede
se
que
no
ol amos
á
e le
nunca
ce ca
de
es e
bas ido
en
don

de
an as
eces
nos
ha
en e enido
con
bellísimas
his o ias?
—
llenes
azón
,
quizá
no
le
e emos
mas.
Y
las
dos
he

manas
echa on
á
llo a
ama gamen e.
Al
cabo
de
un
alo
deja on
los
asien os,
cogié onse
de
la
mano
y
subie on
á
una
o e
pa a
e
el
camino
que
debia
ae
su
pad e
ya
que
no
podía
e se
el
cas illo
que
habi aba
A u o,
la
hacia
un
cua o
de
ho a
que
espe aban
y
nadie
asomaba
po
el
camino,
el
sol
se
ocul aba
de as
de
los
mon

es...
el
dia
iba
á
conclui .
Eyminia
dió
un
suspi o.
-
—
¡Que
la de
es
a!
sí
pad e
no
iene
p on o
nos
se á
im

posible
dis ingui le;
y
con
odo
no
puedo
aleja me
de
aqui...
¡ah
!
si
es u ie a
alli,
dijo
señalando
á
U ol ,
le
e íamos
des=
de
que
salie a
del
cas illo
y
pod ía
hace
una
seña
que
sig

ni ícase
(*l
es ado
del
pob e
A u o.
—
¡Oh!
yo
es oy
anquila
espec o
á
su
es ablecimien o.
—
¡Ay!
si
yo
es u ie a
segu a
de
que
no
mo i ía,
dijo
E -
minia
in é io men e,
no
de ama ía
lág imas...
¿Se á
posible
que
mi
he mana
le
ame
mas
que
yo?...
¡oh!
no
puede
se .
S(
UNIVERSID?
di
:
samia
<
o
COMPOS
u
—
46
—
Un
caballe o
apa eció
en
el
camino.
—
¡Mi
pad e!
g i ó
E minia
le an ándose,
Isau a
la
siguió
y
pensaba
al
mismo
iempo:
—
¡Viene
solo!
Llega on
al
puen e
como
dos
lechas
y
se
a oja on
en
b a

zos
de
su
pad e
,
él
las
cub ió
de
besos
y
las
dijo
con
aleg ia:
—
¡
Buena
nue a
!
—
¿Se
ha
sal ado?
esclama on
las
dos.
—
No
se
da
la
ida
an
de
epen e
á
un
mo ibundo
,
pe o
con
ayuda
de
Dios
le
sal a á.
—
¡Ah!
dijo
E minia
le an ándolos
ojos
al
cielo
,
g acias.
Dios
mió,
g acias.
Y
su
he mana
inclinando
la
cabeza
sob e
el
pecho
mu

mu ó:
—
¡Como
no
ha
de
es a
en
mi
memo ia
,
si
es
el
ángel
sal

ado
de
mi
amilia
!
•
Y
los
es
en a on
en
el
cas illo.
!
-
.
S
'
■
<4
*
M
.a-..,:
i"
'
‘
Y?»
'
u
—
47
—
G an
mo imien o
hay
en
T emblay,
álzase
en
la
plaza
de
a mas
una
inmensa
g ade ía
cons uida
de
made a,
solo
al

aban
quince
dias
pa a
las
bodas
de
Isau a
y
A u o
y
los
a

lien es
jó enes
de
las
ce canías
que ían
luci
su
alo
en
un
o neo;
odos
los
asallos
del
ba ón
es aban
ocupados,
el
buen
anciano
de
una
pa e
á
o a
los
animaba
con
sus
dulces
palab as
y
algún
lige o
egali o
que
los
ope a ios
omaban
con
aspo e.
Concluyé onse
los
abajos
la
íspe a
del
dia
señalado
pa a
la
ies a
y
odos
se
ue on
á
descansa
pensan-
<|o
en
el
siguien e.
Llegó
po
lin,
ya
es aban
ocupadas
las
g adas
cuando
un
ey
de
a mas
leyó
el
siguien e
p egón.
En

a ían
en
el
ci co
odos
los
caballe os
que
quisie an,
A u o
de
U ol
de endía
el
campo;
si
de ibaba
á
es
se ia
p e

miado
como
encedo
,
mas
si
e a
encido
po
o o
caballe o
en onces
aquel
end ía
que
de iba
igual
núme o
si
se
p e

sen aba,
y
en
caso
de
que
no
compa eciese
se ia
p emiado
el
úl imo
que
encie a.
■
Isau a
,
eina
de
la
ies a
,
ibu a ia
el
p emio
que
consis ia
en
una
banda
de
seda
ca mesí
p eciosa

men e
bo dada
po
las
dos
he mosas
hijas
del
ba ón.
Llegó
la
ho a
:
en
una
g ada
un
poco
sepa ada
de
las
o as
u
—
48
—
se
p esen ó
el
ba ón
de
T emblay
con
sus
dos
hijas
y
a ias
seño as
de
aquellas
inmediaciones
odas
en uel as
en e
sedas
y
ped e ías.
Isau a,
elegan emen e
es ida
de
gasa
de
pla a
con
un
iquísimo
elo,
es aba
algo
pálida
y
no
b illaban
sus
ojos
como
o as
eces
adian es
de
elicidad
;
E minia,-
es ida
de
gasa
azul
con
una
co ona
en
la
cabeza
de
llo es
blancas,
es aba
débil
y
aba ida:
su
son isa
e a
mas
is e
que
de
cos

umb e
y
su
mi ada
agaba
po
odas
pa es
sin
lija se
en
ningún
obje o,
Se
oyó
una
co ne a
y
en ó
en
la
plaza
el
conde
A u o
con
a mas
do adas,
una
banda
blanca
bo dada
de
pla a
se

mejan e
al
es ido
de
su
que ida,
plumas
blancas
y
enca

nadas
y
un
caballo
neg o
y
b illan e
como
el
azabache.
Po
di isa
aia
en
el
escudo
un
cupido
á
quien
una
bella
iba
á
encadena
con
es e
le e o:
Me
indo
solo
con
e le.
Dió
una
uel a
al
ci co
con
ai e
ma cial
en
medio
de
las
aclamaciones
que
ibu aban
á
su
gen il
p esencia,
Isau a
sin ió
un
mo i

mien o
de
o gullo
al
e
el
en usiasmo
que
escilaba
y
la
po

b e
E minia
abogó
en
su
pecho
un
p olongado
suspi o.
Ya
hacia
algunos
minu os
que
paseaba
y
el
público
comenzaba
á
impacien a se
cuando
sonó
de
nue o
el
cla ín
y
en ó
el
jo en
Hugo
de
Aseli
pe ec amen e
es ido.
Sus
a mas
ambién
do

adas
bollaban
como
el
o o,
aía
una
banda
de
seda
azul
bo dada
de
blanco,
un
penacho
de
plumas
blancas
y
azules
y
po
di isa
se
eia
en
el
escudo
sob e
ondo
azul
un
amo
de
osas
blancas
y
po
debajo
el
siguien e
mo e:
Blanca
ij
pu a
cual
noso as.
Mon aba
un
caballo
cas año
lige o
como
el
ien o.
Así
que
en ó
esona on
g i os
de
aleg ia,
el
jo en
dió
una
uel a
po
la
plaza,
saludó
con
inu a
á
Isau a
y
E minia
y
ino
á
encon a
al
conde
de
U ol
que
ya
lo
espe aba.
Des

pués
de
habe se
pues o
á
una
dis ancia
egula
baja on
las
lanzas
y
a eme ie on
con
u ia
;
las
dos
ola on
po
los
ai es
hechas
pedazos.
A u o
quedó
inmó il
sob e
la
silla,
pe o
Hugo
mas
débil
que
su
con a io
no
pudo
esis i
an
emen

do
golpe
y
cayó
en
la
a ena.
Salió
del
ci co,
die on
á
U ol
DI
-
SAN
HA<
u
—
55
—
es año
y
oy
á
da
al
ins an e
una
cla a
esplicacion.
Hace
mucho
iempo
que
ino
á
habi a
el
cas illo
de
U ol
un
a en u e o
á
quien
odos
conocemos
po
el
Caballe o
neg o;
nadie
ijó
en
él
su
a ención
po que
c eimos
que
se ia
un
des

g aciado
que
buscaba
la
soledad
,
en
su
consecuencia
no
se
le
causo
moles ia
alguna;
hace
iempo
que
po
mo i os
que
mi
delicadeza
no
me
pe mi e
descub i
p incipié
á
sospecha
de
él
,
a é
de
espia le
y
no
a dé
en
descub i
pa e
de
sus
ho ibles
amas;
él
se
había
g angeado
la
amis ad
de
nues

os
asallos
po
medio
de
mil
bajezas
que
es
inú il
deci
y
les
in undía
el
.odio
con a
noso os
po que
asi
con enia
pe

ec amen e
á
sus
pé idos
planes
;
pe o
como
yo
no
lo
pe dia
de
is a
y
pasaba
noches
en e as
al
ededo
de
su
cas illo,
obse é
que
con a
lo
que
dice
el
ulgo
de
que
nadie
ha
pe

ne ado
en
el
in e io
de
su
i ienda
,
llegaban
a ios
hom

b es
á
pie
y
á
caballo
,
es idos
exac amen e
como
nues o
hé oe
y
pe manecían
con
él
has a
que
enia
el
dia;
cuando
pasaban
ce ca
de
mí
me
escondía
con
cuidado
,
pe o
anoche
que
á
pesa
del
ió
ambién
ui
,
me
habia
ace cado
an o
que
pude
oi
es as
palab as
,
dichas
po
el
Caballe o
neg o,
al
iempo
que
despedia
es
ó
cua o.
«Con
que,
amigos,
si

lencio
y
con ianza
;
el
mayo
núme o
de
esos
ús icos
aldea

nos
es
nues o,
p eciso
es
que
demos
una
lección
á
los
no

bles
que
se
bu lan
del
Caballe o
neg o
;
has a
pasados
cua o
dias
á
media
noche.»
A e ado
quedé
de
espan o
al
oi lo,
po
un
ins an e
c eí
que
soñaba,
pe o
después
i
cla amen e
una
ho ible
cons

pi ación
que
se
amaba
con a
noso os
y
es
p eciso
e i a la
á
odo
ance
haciendo
izas
á
ese
homb e
que
nos
abo ece
sin
sabe
po
qué.
A óni os
queda on
los
oyen es,
pe o
ninguno
pa ecía
ani

mado
de
los
mismos
deseos
que
Al edo
,
asi
es
que
gua da

on
un
absolu o
silencio;
u ioso
al
e
an a
ialdad
esclamó:
—
¡
Nadie
quie e
segui me
!
pues
bien
yo
solo
qui a é
pie

d a
á
pied a
has a
que
no
quede
del
cas illo
de
U ol
ni
si

quie a
los
cimien os.
se
U'JIVKUSlDADh
u

—
56
—
—
No,
dijo
un
pa ien e
de
Gis ie na
(pie
es aba
u ioso
desde
(pie
le
había
encido
en
el
o neo
,
yo
le
segui é
y
aun

que
mi
b azo
es
débil
siemp e
e
o ece
un
apoyo.
—
G acias,
le
con es ó,
nunca
había
dudado
de
i.
¿No
hay
mas
que
nos
acompañen?
—
¿Yo,
dijo
un
jo en
que
dependía
absolu amen e
del
pa

ien e
de
Gis ie na;
es oy
p on o
á
segui os
y
ansiaba
es a
ocasión
,
de es o
al
Caballe o
neg o
po
azones
muy
pode o

sas,
pe o
yo
solo
¿qué
podía
hace ?
nada,
su i
y
calla .
Aunque
lodos
igno aban
las
in amias
que
Al edo
había
es-
pues o
como
segu as
e a
mo i o
pa a
que
dudasen
;
ademas,
en
es e
mundo,
mejo
nos
inclinamos
á
c ee
el
mal
que
el
bien,
y
aunque
ninguno
de
ellos
había
ecibido
del
Caballe o
neg o
la
meno
o ensa,
decían
es
que
e a
un
in ame
y
an

es
de
un
cua o
de
ho a
mas
de
la
mi ad
habian
ju ado
en

ga se
;
pe o
en e
los
que
no
se
habian
decidido
es aba
Hugo
de
Ascli.
No
dejó
de
choca
su
silencio
á
su
amigo
y
le
p e

gun ó:
—
¿Que
dices
ú,
mi
buen
amigo?
—
Que
poco
cu ado
oda ía
de
la
dislocación
no
me
hallo
á
p opósi o
pa a
gue ea .
La
ialdad
con
que
p onunció
es as
palab as
le
deja on
helado,
no
obs an e
epi ió:
—
¿
Tú
(pie
siemp e
me
has
acompañado
me
deja ás
aho a?
—
Te
he
acompañado
es
e dad
y
al
ez
en
emp esas
an
absu das
como
es a
,
pe o
aun
cuando
no
dejo
de
c ee
lo
que
has
dicho,
ampoco
quie o
asegu a lo
ciegamen e;
y
luego
hubo
un
dia
en
que
el
Caballe o
neg o
me
p es ó
un
a o
y
yo
no
lo
ol ido
nunca;
ojalá
que
odos
u ie an
an a
me

mo ia
como
yo.
Al
conclui
es as
palab as
ijó
sus
ojos
en
Al edo
que
no
pudo
menos
de
baja
los
suyos
algo
con uso.
El
ono
de
Hugo
dió
algo
que
cabila
á
a ios
de
los
p esen es
y
uno
de
ellos
obse ó:
—
Ve dade amen e
seño es
nos
amos
á
me e
en
una
em

p esa
de
la
cual
no
sabemos
el
esul ado;
el
Caballe o
neg o
u
—
57
—
decís,
seño
de
Gis ie na,
que
es
un
conspi ado ,
y
hay
am

bién
quien
asegu a
que
es
un
san o;
yo
no
quie o
ni
c ee
lo
uno
ni
lo
o o,
pe o
como
á
mí
di ec amen e
nada
me
ha
hecho
ni
en
p ó
ni
en
con a,
no
quisie a
ampoco
me e me
con
él.
—
¿Le
enéis
miedo?
p egun ó
Al edo.
—
No,
caballe o,
yo
no
emo
á
nadie
y
he
dado
de
ello
ha as
p uebas,
eso
es
un
insul o
del
cual
no
omo
sa is ac

ción
po que
lo
desp ecio.
Va ios
caballe os
a a on
de
apacigua los
y
con
e ec o
lo
log a on,
pues
Gis ie na
no
enia
gana
de
desa íos
en
una
ocasión
en
que
eía
ce cana
su
enganza:
algunos
de
ellos
se
disculpa on
y
no
en a on
en
aquel
pac o,
pe o
la
mayo
pa e
enojados
con
las
palab as
de
Gis ie na
ju a on
loma
enganza.
Después
de
habla
del
asun o
mas
de
una
ho a
,
queda on
con enidos
que
i ían
á
los
dos
días
y
al
oque
de
o aciones
y
le
in ima ían
la
ó -
den
de
abandona
el
cas illo
an es
de
media
noche;
y
de
no
hace lo
loma ian
las
medidas
que
pa ecie an
mas
con enien

es
al
seño
de
Gis ie na.
Aco dado
es o
se
e i a on
odos
y
solo
quedó
en
el
salón
Hugo
de
Aseli.
Al edo
le
mi ó
con
ojo
escud iñado ,
mas
iendo
que
el
os o
de
su
amigo
es

ada
anquilo
le
dijo
asi:
—
Y
bien
¿pod é
sabe
el
mo i o
de
habe e
e elado
con

a
mí?
—
¡Yo
e ela me
con a
i!
¡que
dispa a e!
has
hecho
una
p oposición
que
no
me
gus a
,
no
he
que ido
admi i la
y
na

da
mas.
—
Pe o
¿no
e
opond ás
á'ella?
—
No-po
cie o.
—
Quie o
echa
de
aqui
á
ese
homb e.
—
Haces
mal.
—
¿Po
qué?
—
Po que
es
qui a
un
pad e
á
los
pob es,
mi
encedo
á
los
alien es.
—
Mucho
en usiasmo
ienes
po
él.
8
se
U'JIVHUSlDADh
di
:
^
amiia
GO
u
—
58
—
—
Le
admi o
y
le
espe o.
,
,
—
Ese
es
un
insul o
di igido
á
mí
;
¿lo
oyes?
á
mí
que
e
he
p e e ido
á
odos
mis
amigos.
—
No,
Gis ie na,
si
has
enido
conmigo
alguna
de e encia
es
po que
e
he
se ido
como
un
jugue e,
po que
siemp e
he
es ado
sumiso
al
meno
de
us
manda os
;
pe o
hoy
que
e
conozco
bien
y
que
eo
que
u
co azón
no
sabe
ag adece
los
a o es
que
ecibe
,
he
decidido
deja
del
odo
u
amis ad:
es a
misma
noche
pa o
de
aqui
,
he
de e minado
hace
un
la go
iage
y
es
p obable
que
en
mucho
iempo
no
me
uel

as
á
e .
Adios,
seño
de
Gis ie na;
y
sin
hace
caso
de
Al

edo
que
lo
llamaba
salió
co iendo
del
salón.
Echó
á
co e
su
amigo
as
él,
pe o
no
pudo
alcanza le,
mandó
ensilla
su
caballo
y
salió
del
cas illo,
pe o
la
noche
e a
ho ible
y
no
pudo
halla
en
aquellas
soledades
la
senda
que
seguía
Hugo.
se
UNIVURSIDADI
DI.SANTLAG
u
—
59
—
CAPITULO
IXe
Asi
que
salió
Hugo
del
cas illo,
dejó
á
un
lado
el
camino
y
después
de
anda
algunos
ins an es
se
pa ó
al
pié
de
un
á bol
;
senlia
á
co la
dis ancia
el
paso
de
"Un
caballo
y
no
dudó
uese
su
amigo
que
lo
seguía
abioso
de
e
que
no
había
que ido
de ene se
á
pesa
de
sus
uegos
;
caia
la
nie e
an
espesa
que
e a
imposible
e
ningún
obje o
á
la
dis ancia
de
dos
pasos,
de
mane a
que
Al edo
es u o
muy
ce ca
de
él
sin
imagina
siquie a
que
se
hallaba
an
p óximo
al
obje o
de
sus
pesquisas:
después
de
algunos
minu os
sin ió
que
ol

ía
con
di ección
al
cas illo,
en onces
ol ió
á
subi
en
su
caballo
y
siguió
andando
sin
sabe
la
di ección
que
lle aba.
Mi aba
á
odos
lados,
pe o
le
e a
imposible
descub i
nada;
con inuamen e
es aba
cayendo
en
hondos
ba ancos
y
emien

do
espone
su
ida
ol ió
á
apea se
y
andaba
sumamen e
despacio,
lle ando
al
caballo
de
la
b ida;
hacia
un
ió
in

enso,
la
nie e
e a
cada
ez
mas
espesa
y
en
ano
Aseli
al

zaba
los
ojos
al
cielo
pues
solo
se
p esen aban
á
su
is a
los
blancos
copos
que
caian
sin
in e upción.
Al
cabo
de
es
cua os
de
ho a
de
camino
la
nie e
p incipió
á
cae
con
me

nos
abundancia,
y
pasados
pocos
momen os
descub ió
á
un
se
ijWVKKSlDADK
u
—
60
—
lado
las
alias
o es
de
T emb ay;
en onces
ol ió
á
subi
en
el
caballo
y
como
podía
ya
dis ingui
algo
el
camino
an

daba
con
mas
apidez.
Con inuamen e
ol ía
la
cabeza
eme

oso
de
que
le
siguie an
y
desba a asen
sus
planes,
pe o
con
una
noche
an
c uel
¿quién
había
de
a e e se
á
lanza se
en
medio
de
aquellos
caminos
soli a ios?
el
mismo
Gis ie na
á
pesa
de
su
alo
había
enido
miedo
y
ya
es aba
agi ándose
en
su
blando
lecho
y
medi ando
los
planes
de
su
enganza;
Ilugo
en
medio
de
la
nie e
y
la
soledad
no
padecía
an o
co

mo
él.
.
Después
de
un
a o
llegó
al
pié
de
los
mu os
de
U ol ,
buscó
la
pequeña
pue a
po
la
cual
se
comunicaba
el
Caba

lle o
neg o
y
su
c iado
y
dió
dos
golpes
con
la
lanza,
pe o
nadie
le
espondió
;
ya
espe aba
es o
Aseli
y
no
se
so p endió
po
aquel
silencio,
bajó
del
caballo
y
llamó
mas
ue e
que
la
ez
p ime a,
mas
ampoco
ob u o
espues a;
espe ó
un
ins an e
pe o
aquel
edi icio
pa ecía
desie o
,
en
su
in e io
no
se
oia
el
mas
le e
uido.
Cansábase
de
espe a
y
sen ía
que
sus
miemb os
se
iban
en umeciendo,
se
ace caba
lo
mas
que
podia
á
su
caballo
pa a
ecibi
el
calo
de
su
cue po,
pe o
á
pesa
de
odo
conocía
que
se
hallaba
en
un
pelig o
inminen e....
y
¿qué
habia
de
hace ?
habe
pasado
aquella
noche
pa a
ol e se
sin
cumpli
el
o o
que
se
habia
impue o
e a
imposible;
Hugo
mas
que ia
mo i
que
e ocede .
Lla

mó
o a
ez
con
an
ue es
y
epelidos
golpes
que
e umba

ban
con
es uendo
po
el
in e io
y
es e io
del
edi icio,
el
jo en
c eyó
oi
una
pue a
que
se
ab ía
y
una
oz
que
eco

noció
al
momen o
le
p egun ó:
—
¿Quién
iene
á
es as
ho as
á
u ba me
el
sueño?
—
Un
amigo,
espondió
Aseli.
—
¿Su
nomb e?
p egun ó
el
de
aden o.
—
Hugo
de
Aseli.
—
¿Y
que
me
quie e
el
caballe o
Hugo?
—
Po
de
p on o
un
poco
de
lumb e
pa a
no
espi a
de
ió,
después
da os
un
a iso.
—
¿Venís
solo?
u

—
61
—
—
Con
mi
leal
caballo.
—
¿Lo
ju áis?
—
Po
la
c uz
de
mi
espada.
En onces
sin ió
habla
en
oz
baja,
y
después
de
algunos
segundos
desco ie on
los
ce ojos
y
apa eció
en
el
umb al
de
la
pue a
el
Caballe o
neg o
a mado
de
pun a
en
blanco
y
su
neg o
pago
;
se
die on
las
manos
con
ca ino
y
iendo
el
es

ado
en
que
se
hallaba
el
jo en
,
lo
condujo
dé
la
mano
has a
una
sala
en
an o
que
él
c iado
lle aba
al
caballo
á
hace
compañía
al
alien e
Rayo.
La
sala
en
que
en o
Hugo
e a
g ande
y
ia
,
no
habia
mas
muebles
que
un
lecho
sencillo
y
algunos
asien os
oscos
de
made a;
en
un
incón
se
eia
o

da ía
la
lumb e
á
medio
apaga ,
ace co
á
Hugo
y
después
de
habe le
ayudado
á
sen a
el
mismo
Caballe o
echó
en
el
hoga
algunos
ozos
de
made a
que
po
lo
seca
p incipia on
á
a de
con
p on i ud;
el
desconocido
cogió
de
un
apa ado
un
aso
de
id io
,
lo
llenó
de
un
lico
espi i uoso
y
se
lo
dió
á
Hugo
que
lo
bebió
sin
descansa
,
lo
ace có
mas
á
la
lumb e
y
el
pob e
jo en
conoció
que
se
eanimaban
sus
ue

zas
y
que
debia
o a
ez
la
ida
al
Caballe o
neg o;
di igióle
una
mi ada
llena
de
g a i ud
y
le
dijo:
—
¡Cuan o
os
debo!
¿cómo
pod é
paga os
an o
a o ?
—
Pa éceme,
le
dijo
el
Caballe o,
que
habéis
dicho
an es
de
en a
que
eníais
que
da me
un
a iso.
—
Es
e dad.
—
¿Y
po
eso
solo
os
habéis
pues o
en
camino
con
un
iem

po
an
malo?
—
Si
,
amigo
mió
,
po
eso
nada
mas.
—
¡
Y
me
dais
g acias
cuando
soy
yo
quien
debe
i i
e e

namen e
ag adecido!
—
Sabed
que
Al edo
de
Gis ie na
os
iende
un
lazo,
en
el
cual
hubie ais
caído
si
no
hubie a
es ado
yo
en
el
sec e o.
—
Y
¿po
qué?
Al edo
me
abo ece
y
en
ano
ca ilo
po
a e igua
la
causa
que
ha
dado
o igen
á
ese
odio.
—
Pasado
mañana
al
sona
la
o ación
end á
á
ü ol
con
a ios
caballe os
que
se
han
unido
á
él
,
os
in ima án
la
ó -
u
—
62
—
den
de
ma cha
de
aqui
an es
de
media
noche
y
si
no
lo
eje

cu áis
emo
que
os
suceda
alguna
desg acia.
—
¿Y
os
ha
pa icipado
sus
planes?
—
Si
,
pe o
no
he
que ido
se
de
su
pa ido
y
engo
á
p e

eni os
de
odo.
—
Pe o
de
cualquie
modo
que
se
mi e
siemp e
hacéis
una
aición
á
ues o
amigo.
—
No
es
mi
amigo
quien
os
pe sigue.
—
G acias,
jo en
,
es imo
ues o
a iso,
no
me
encon a án,
po que
pasado
mañana
habia
pensado
no
es a
aqui...
p on

o
queda á
anquilo.
—
¿Qué,
dejais
á
U ol ?
—
¿Y
qué
he
de
hace
en
él?
ese
homb e
hace
iempo
que
me
pe sigue
y
conclui ia
po
asesina me.
—
¡Ah,
si!
enéis
azón,
os
asesina ía
si
pudie a.
Aqui
no
es áis
bien
,
lo
conozco
;
enios
á
mi
cas illo
,
él
es
ue e
,
ie

ne
al ísimas
mu allas
y
si
nos
a acan
le
de ende emos
has a
pe de
la
úl ima
gola
de
sang e:
sino
os
ag ada
es e
plan,
mi ad
,
he
de e minado
hace
un
iage
,
enid
y
i i emos
como
dos
he manos.
—
¡Cuan
bueno
sois!
esclamó
el
Caballe o
neg o
cogiéndo

le
una
mano
¡y
que
noble
es
ues o
co azón!
es imo
mucho
ese
o ecimien o,
no
lo
admi o
po que
he
omado
una
eso

lución
y
no
e ocedo
nunca;
me
hon áis
demasiado
o ecién

dome
una
amis ad
de
he manos;
yo,
Aseli,
es oy
condenado
á
i i
siemp e
solo,
á
no
ene
un
amigo
en
quien
pode
deposi a
mis
pesa es.
Inclinó
la
cabeza
y
exhaló
un
suspi o,
Hugo
le
mi aba
en

e necido,
después
ace cándose
mas
á
él
le
dijo
ubo izándose:
—
¿Habéis
su ido
mucho?
¡ay!
yo
ambién
a as o
una
exis encia
muy
penosa,
si,
sabedlo,
amo
desespe adamen e
y
no
soy
co espondido.
—
¿Vos,
Hugo?
¿y
qué
co azón
es
an
c uel
que
no
palpi

a
al
con empla
esa
en e
an
pu a
y
an
he mosa?
—
La
hija
del
.
ba ón
de
T emblay.
—
¡Isau a!
p egun ó
p ecipi adamen e.
—
65
—
—
No,
E minia,
que
es
mas
bella
que
la
espe anza
y
an
ándida
como
una
paloma.
—
¿Y
sabe
ues o
amo ?
,
,
—
Demasiado
,
caballe o
,
pe o
la
es
de
odo
pun o
indi e

en e.
—
¡
Desg aciado
!
—
Quie o
hui
de
ella,
el
iempo
y
la
ausencia
lo
bo a
odo.
—
Si,
amigo
mió,
el
iempo
es
un
magní ico
a is a
que
odo
lo
des igu a...
pienso
lo
mismo
que
os.
—
Me
aleg o
que
seáis
de
mi
diclámen,
pe o
obse o
que
se
ace ca
el
día,
la
nie e
del
odo
ha
cesado
y
os
es oy
p i

ando
del
sueño
.....
Adios,
con inuó
le an ándose,
os
doy
g acias
po
la
dulce
hospi alidad
que
me
habéis
dado.
—
El
cielo
os
guie,
dijo
el
Caballe o
ap e ándole
la
mano,
no
os
ol idéis
de
mí
,
Hugo
,
que
yo
ambién
me
aco da é
de
os,
po que
sois
bueno,
po que
debiais
se
eliz
y
el
des ino
jío
I
o
os
ha
legado
sinsabo es.
—
Espe o,
dijo
Hugo,
que
cuando
uel a
de
mi
iage
cul i

a é
mas
ues a
amis ad.
Si
,
le
espondió
con
melancólico
acen o
;
siemp e
el
Caba

lle o
neg o
end á
de
os
un
dulcísimo
ecue do.
Hugo
le
con empló
en
silencio
algunos
ins an es,
después
subiendo
con
lige eza
sob e
su
caballo
pa ió
como
un
ayo
po
aquellas
sendas
soli a ias.
se
UNIVERSIDADC
o
SAN
HAGO
u
—
64
—
CAPITULO
E a
una
noche
empes uosa
,
el
ien o
silbaba
con
es uen

do
y
los
pomposos
á boles
de
los
bosques
se
desgajaban
con
inc eible
u o .
En
un
espacioso
salón
donde
se
eian
inmensidad
de
e a

os,
hallábase
E minia
de
T emblay
con emplando
con
embe

leso
uno
que
ep esen aba
á
una
seño a
elegan emenle
es ida;
en
sus
acciones
se
no aba
mucha
semejanza
con
la
he mosa
jo en
y
como
á
su
lado
es u iese
el
ba ón,
desde
luego
se
adi inaba
se
la
di un a
condesa
mue a
en
la
lo
de
su
edad.
Ra o
hacia
que
mi aba
aquel
os o
pálido
y
melancólico
,
cuando
ace cándose
mas
al
lienzo
dijo
y
al
mismo
iempo
b illó
en
sus
ojos
una
lág ima.
—
Mad e
mia
;
ú
e es
la
única
que
escucha
mis
suspi os
y
mis
quejas,
yo
he
implo ado
u
a o
con
el
in
de
que
me
die as
ánimo
pa a
su i
mi
sue e
;
conozco
mad e
que ida
que
mi
alo
se
acaba
y
no
pod é
ocul a
mi
angus ia
,
en
ano
p o

cu o
es a
anquila
y
son eí
.....
¡a i!
la
son isa
se
hiela
en
mis
labios
y
sien o
en
mi
co azón
un
o cedo
ho o oso
;
yo
amo
mas
que
nunca
,
no
es
culpa
mia
,
demasiadas
eces
lie
que ido
des e a
de
mi
men e
la
memo ia
de
A u o,
¡ay
S(
UN1VERSII&DE
DE
5 iQ»E
O
u
—
71
—
espondedme
po
piedad
á
las
p egun as
que
oy
á
hace os.
—
¿Sois
lib e?
—
Tan o
como
el
pája o
que
c uza
el
ien o.
—
¿Noble?
—
Como
os.
—
Pues
en onces,
qué
mo i o
nos
impide
ama nos?
—
Vos
no
me
conocéis.
—
¿Y
qué
impo a?
si
la
na u aleza
no
os
do ó
de
un
os

o
in e esan e
en
pago
eneis
muy
bello
el
co azón
y
yo
no
busco
mas
;
si
sois
pob e
quizá
no
hab á
en
el
mundo
o a
he ede a
mas
ica
que
yo
,
y
á
menos
que
en
ues a
ida
haya
de ec os
de
aquellos
que
no
se
bo an
nunca,
os
ama é
como
os
amo
en
es e
ins an e.
—
No
ecue do
habe
come ido
ninguna
acción
e gonzosa,
he
hecho
odo
el
bien
que
he
podido,
hace
algunos
años
que
esa
ha
sido
mi
sola
elicidad.
—
¡Oh!
cada
ez
es oy
mas
anquila
espec o
á
os,
mi
pad e
no
desap oba á
mi
elección,
se
lo
descub i é
o

do
y
......
—
Gua daos
de
hace lo,
Isau a,
y
ya
que
os
empeñáis
sea
lo
queque eis;
pe o,
amiga
mia,
con inuó
hincando
en
ie a
una
odilla,
no
me
maldigáis
nunca
y
pensad
en
que
os
he
amado
mucho.
Escuchad,
dijo
le an ándose,
mañana
á
es a
ho a
enid
á
la
capilla
que
yo
os
espe a é
en
ella,
mañana
conoce éis
al
Caballe o
neg o
y
sab éis
su
his o ia,
y
después...
—
¿Pod émos
lib emen e
ama nos?
—
Ño,
después
nos
sepa a emos
pa a
no
ol e
á
e nos
jamás.
—
¡
Me
hacéis
ol e
loca
!
.
—
Bas a
ya,
os
es oy
haciendo
padece
y
yo
ambién
engo
el
alma
pa ida
de
dolo ;
nunca,
nunca
comp ende eis
los
ma i ios
que
he
su ido
desde
que
os
amo
,
pe o
lodos
jun os
no
pueden
iguala
á
lo
que
padezco
en
es e
momen o.
Adios,
has a
mañana.
—
Adios,
ened
espe anza,
oda ía
nos
es án
ese ados
dias
de
paz
y
de
en u a.

—
72
—
—
Jamás,
mu mu ó
él;
y
cogiendo
una
mano
á
la
jo en
la
op imió
con a
su
pecho
y
se
pe dió
en e
las
columnas
de
la
capilla.
Isau a
se
e i ó
á
su
cua o
deseando
y
emien

do
el
ins an e
de
conoce
al
Caballe o
neg o.
u
S(
UNIVCRSID
'
—
75
CAPITULO
XL
¡Cuán
ápidas
pasan
las
ho as
elices
y
cuán
la gas
y
peno

sas
son
aquellas
en
que
espe amos
un
suceso
que
ha
de
deci
di
del
es o
de
nues a
exis encia!
Isau a,
ab asada
po
una
a dien e
calen u a,
se
agi aba
en
su
lecho
sin
pode
halla
un
ins an e
de
eposo;
con inuamen e
enia
en
su
memo ia
al
Caballe o
neg o,
algunas
eces
se
llenaba
de
emo
al
e

co da
sus
palab as
y
o as
las
c eia
alsas
y
p e eía
un
de

senlace
eliz.
Le an óse
an es
de
ompe
el
dia,
agó
como
una
somb a
po
odo
el
cas illo
y
cuando
se
ace có
al
lecho
de
su
pad e
pa a
da le
los
buenos
días
se
admi ó
el
buen
an

ciano
de
su
es emada
palidez.
En
ano
la
hicie on
mil
p e

gun as
sob e
su
salud,
á
odos
espondió
que
es aba
buena
y
se
es o zó
du an e
el
dia
po
son ei y
es a
es i a,
pe o
de

masiado
conocían
lodos
lo
cambiado
que
es aba
su
os o
y
su
ca ác e .
Cuando
llegó
la
noche
una
agi ación
ho ible
des ozaba
su
pecho,
las
ho as
e an
insopo ables,
cada
mi

nu o
la
pa ecía
un
siglo...
pe o
odo
llega,
ino
el
momen o
de
e i a se,
en ó
en
su
cua o,
se
acos ó
y
asi
que
se
ma

chó
la
doncella
is ióse
p ecipi adamen e
y
con
acilan e
pa-
*
so
se
di igió
á
la
capilla.
AI
en a
un
es emecimien o
10
—
74
■
—
ne ioso
agi ó
odos
sus
miemb os
y
po
un
mo imien o
in

olun a io
dió
algunos
pasos
pa a
e ocede ,
mas
pasado
aquel
momen o
de
espan o
siguió
con
paso
i me
has a
el
al

a :
ya
la
espe aba
el
Caballe o
neg o.
—
¿Hace
mucho
que
es áis
aqui?
p egun ó
albo ozada.
—
Algunas
ho as.
—
¡Cómo
an o
iempo!
—
Me
he
is o
p ecisado
á
hui
de
U ol ,
seño a,
u e
se

c e o
a iso
de
que
Gis ie ua
y
o os
caballe os
pensaban
ha

ce me
una
isi a;
si
no
hubie a
dado
palab a
de
eni
es a
noche
le
hab ía
espe ado
,
pe o
me
ué
imposible
y
el
camino
sub e áneo
de
que
os
he
hablado
me
dió
paso
anco
y
es a
capilla
segu o
asilo.
,
—
¡Ah!
siemp e
Gis ie na
con a
os;
y
¿qué
os
que ían;
—
Sin
duda
ma a me.
—
¡Que
ho o !
—
Solo
han
hallado
el
cas illo
desie o.
—
¿Y
ues o
c iado?
—
Mi
c iado
y
mi
caballo
en
el
bosque
me
espe an.
—
¿Y
á
donde
habi a eis
desde
mañana?
po que
en
U ol
no
es áis
segu ó.
—
El
mundo
es
muy
g ande
,
seño a
;
y
dos
homb es
y
un
caballo
ocupan
poco
luga .
—
¿Os
aco dáis,
dijo
Isau á
deseando
a ia
de
con e sa

ción
,
del
obje o
que
nos
ha
aído
á
es e
si io?
—
Si
,
p ome í
con a os
mi
his o ia
;
pe o
conociendo
que
me
al a ía
el
alo
os
aigo
un
pequeño
esúmen
de
ella;
y
al
mismo
iempo
la
en egó
un
ollo
de
pe gamino.
Los
dos
gua da on
silencio
algunos
ins an es
,
Isau a
pade

cía
mucho.
.
—
Y
bien,
le
dijo,
me
p ome is eis
que
hoy
os
conoce ía
El
caballe o
no
dió
espues a.
—
¿Qué
enéis?
esclamó
ella
jun ando
sus
manos
,
es oy
emblando.
—
Isau a
,
epuso
él
con
is e
acen o
,
yo
os
amo
con
locu

a
y
eo
que
oy
á
pe de os.
—
75
—
—
Siemp e
lo
mismo;
¿no
enéis
con ianza
en.mí?
¿á
qué
iene
ese
emo
cuando
yo
os
quie o
an o
ó
mas
que
os
me
que éis
á
mí?
—
Es a
posición
es
penosísima, espondió,
no
se
puede
i i
asi,
os
es oy
ma i izando...
concluyamos
de
una
ez.
¿ojió
á
la
jo en
po
el
b azo
y
la
ace có
á
la
lámpa a,
Isau-
a
emblaba
como
la
hoja
en
el
á bol
y
es aba
pálida
como
la
ce a.
—
Ju adme,
la
dijo
sollozando,
ju adme,
Isau a,
que
os
aco

da eis
de
mí
sin
ho o ;
no
pido
que
me
améis
po que
es o
es
imposible
,
pe o
cuando
alguna
ez
c uce
po
ues a
ima

ginación
la
memo ia
del
Caballe o
neg o
,
de amad
alguna
lág ima
po
él.
Y
ap oximándose
mas
á
la
luz
con inuó:
Pues o
que
así
lo
que éis,
mi ad.
Alzó
la
ise a
que
ol ió
á
baja
inmedia amen e,
Isau a
dió
un
g i o
espan oso
y
cayó
des allecida
en
el
suelo;
el
Ca

balle o
dió
un
p o undo
suspi o,
enjugó
una
lág ima
que
b o a on
sus
ojos
y
después
de
coloca
á
su
amada
sob e
una
al omb a
se
alejó
diciendo:
—
Adios
ilusiones
y
espe anzas,
adios
pa a
siemp e.
Al
llega
á
la
pue a
sec e a
,
ol ióse
o a
ez
pa a
da le
un
e e no
adios
,
púsose
de
hinojos
y
dijo
con
desga ado
acen o:
—
¡Dios
mió!
hacedla
an
eliz
como
yo
soy
desg aciado.
Y
á
paso
len o
se
alejó.
Cuando
Isau a
ol ió
á
la
ida
se
halló
en
su
lecho
;
su
pad e
y
su
he mana
es aban
á
la
cabece a,
el
ba ón
llo oso
y
E minia
pálida
como
un
cadá e .
Isau a
se
inco po ó
en
el
¡echo
y
ala gó
los
b azos
á
su
he mana;
p ecipi óse
en
ellos
y
esclamó
conmo ida:
.
'
—
¡
Cuán o
has
su ido,
alma
mia,
y
cuán o
hemos
penado
iéndo e
!
Aco dóse
en onces
de
los
papeles
que
la
die a
el
Caballe o
y
en
es emo
asus ada
p egun ó:
'
—
¿Quién
me
ha
encon ado?
1)1.
(
OMPOMI
u
—
76
—
—
Yo,
hija
mía,
espondió
el
ba ón,
yo
que
impacien e
po
e e
me
le an é
emp ano;
oy
á
u
cua o
y
no
e
encuen

o,
p egun o
y
odos
igno aban
donde
es abas!...
ené ico
e
busqué
po
odas
pa les
y
po
úl imo
e
encon é
en
la
capilla
desmayada
á
los
pies
del
al a .
—
¿No
había
ninguna
o a
pe sona?
—
No,
Isau a,
solamen e
hallé
ce ca
de
i
un
pe gamino
en ollado.
—
¿Lo
habéis
leído?
—
Si,
bija
mía,
si.
—
¡Po
Dios
decidme
lo
que
con iene!
—
¿No
los
has
leido
ú?
—
No,
pad e
mió.
—
¡O o
o men o
mas!
¿con
que
igno as
quién
es
el
Caba

lle o
neg o?
—
Lo
igno o
absolu amen e.
—
¿No
ecue das
habe le
is o
nunca?
—
Jamás
,
anoche
po
p ime a
ez
se
alzó
la
ise a
,
su
ho ible
os o
causó
mi
des anecimien o...
me
acue do
como
si
ue a
un
sueño
,
en
su
os o
no
hay
nada
que
se
aseme

je
al
homb e
,
es
una
cosa
in o me
y
asque osa
que
no
se
puede
esplica .
—
En
o o
iempo,
dijo
E minia
llo ando,
le
imos
muy
he moso.
—
¡Quién
es!
p egun ó
Isau a,
dímelo,
mi a
que
sino
oy
á
mo i ...
no
me
bagas
padece
es e
suplicio.
—
Pues
escucha
su
his o ia.
Isau a
gua dó
silencio
y
E minia
leyó
asi:
«Isau a,
os
p ome í
un
es ac o
de
mi
ida
y
poco
puedo
añadi
á
lo
que
sabéis:
soy
el
conde
En ique
de
U ol .
—
¡En ique
de
U ol !
esclamó
Isau a,
y
un
la go
desma

yo
se
apode ó
de
ella.
Vuel a
en
sí,
suplicó
á
su
he mana
con inuase
la
lec u a
y
siguió
de
es a
mane a.
a
Ya
sabéis
mi
iage
á
Tie a
San a,
pe o
igno áis
po
que

—
77
—
acciden e
me
he
pues o
de
un
modo
an
espan oso.
No
quie o
cansa os
con
la
elación
de
mis
iages,
solo
os
di é
que
en
un
encuen o
que
u imos
con
los
sa acenos
caí
he ido,
una
po ción
de
caballos
pasa on
po
encima
y
me
mu ila on
ho

o osamen e;
ecogido
po
unos
á abes
luí
aspo ado
á
su
ienda
y
po
medio
de
los
mayo es
cuidados
me
de ol ie on
la
salud.
Ya
me
igu aba
lo
ho ible
que
es a ía
mi
semblan

e
po
lo
que
me
habían
dicho
los
que
me
cuidaban
,
mas
nunca
pude
igu a me
que
llegase
á
an o
es emo.
El
p i

me
dia
que
dejé
el
lecho
,
débil
y
eslenuado
me
di igí
á
la
o illa
de
una
uen e,
pe o
al
mi a me
en
su
pu ísima
onda,
al
con empla
mi
os o
capaz
de
causa
pa o ,
al
homb e
mas
in épido,
di
con
mi
cue po
en
el
suelo
y
allí
me
halla on
al

gunas
ho as
después.
Desde
en onces
la
idea
del
suicidio
me
pe seguía
á
odas
ho as
,
pe o
habiéndolo
conocido
los
á abes
en
cuya
casa
es aba
no
me
pe dían
de
is a
y
á
ue za
de
bue

nos
consejos
me
hicie on
desis i
de
al
empeño:
me
dediqué
á
conoce
las
plan as
medicinales
y
hacia
una
ida
is e
y
soli a ia.
Poco
después,
el
deseo
de
e
o a
ez
mi
pa ia,
de
pisa
el
an iguo
cas illo
de
U ol ,
en
donde
había
is o
la
p ime a
luz
y
descansaban
las
cenizas
de
mis
pad es,
me
hizo
aban

dona
aquel
clima
y
me
p esen é
en
T emblay.
¡Cuán as
eces
pasé
ce ca
de
mi
he mano
con
el
co azón
desga

ado
po
la
pena!
¡cuán as
eces
u e
impulsos
de
a

oja me
en
sus
b azos
y
deci le:
soy
u
he mano,
soy
el
que
cuidó
de
u
in ancia;
pe o
después
de
an os
años
¿quién
me
hab ía
econocido?
ademas,
al
mismo
A u o
le
hab ía
causado
ho o
y
epugnancia.
Yo
ape

nas
conse aba
idea
de
os,
oas
desde
que
os
i
po
p ime a
ez
no
pude
aleja os
de
mi
memo ia;
la
sue e
me
p opo

cionó
se i os
a ias
eces
el
cielo
os
inspi ó
hácia
mi
una
pasión
que
solo
os
ha
p opo cionado
sinsabo es;
si.
Isau a,
nues o
amo
nos
ha
hundido
en
un
abismo
sin
ondo
del
cual
yo
no
sald é
jamás.
Cuando
leáis
es os
englones
ya
es a é
lejos
de
os
.
no
me
—
78
—
busquéis
po que
se á
en
ano;
no
a en a é
con a
mi
exis en

cia,
os
lo
ju o;
y
deseo
que
me
ol idéis.
Adios,
Isau a,
ues o
has a
la
mue e.
E
n iq u e
d e
U
o l
.
Al
conclui
la
lec u aE minia
llo aba,
el
ba ón
es aba
su

mamen e
aba ido,
solo
Isau a
conse aba
su
se enidad.
—
Pad e
mió,
dijo
después
de
un
ins an e
de
silencio;
ya
sabéis
el
es ado
de
mi
co azón
,
yo
amaba
con
locu a
al
Ca

balle o
neg o,
juzgad
aho a
como
ama é
al
desg aciado
En

ique.
Mi
unión
con
A u o
es
imposible
pues
no
me
casa é
nunca.
Su
oz
e a
solemne
y
el
ba ón
conoció
que
no
había
éplica,
inclinóse
hacia
ella
y
la
dijo
conmo ido:
—
Tu
olun ad
se
cumpli á.
■
Salió
del
aposen o
y
mandó
eni
á
A u o
pa a
no icia le
odo
lo
ocu ido,
el
jo en
llo ó
con
ama gu a
po
su
pob e
he mano
y
el
ba ón
iendo
su
dolo
no
se
a e ió
á
deci le
la
nega i a
de
Isau a;
mas
él
adi inándolo,
dijo
con
se e

nidad:
,
—
Vues a
hija
hace
iempo
que
me
mi aba
con
ialdad,
sin
duda
desde
que
p incipió
su
pasión
po
En ique
;
él
es
mas
digno
que
yo
de
se
amado
y
la
pe dono
si
me
e i a
su
palab a.
—
¡Jo en
gene oso!
esclamó
el
ba ón;
¿cómo
paga os
an

a
nobleza?
—
¿No
eneis
o a
hija?
—
Si
,
E minia
que
es
un
ángel.
—
Pues
consul ad
su
co azón
y
si
es á
lib e
yo
ha é
su
e

licidad.
Cua o
meses
después
de
la
escena
que
acabamos
de
desc i

bi
se
celeb ó
la
boda
de
A u o
y
E minia;
el
lec o
juzga á
la
aleg ía
de
la
jo en
que
an
is e
po eni
espe aba.
A u

o
y
el
ba ón
hicie on
las
mayo es
pesquisas
pa a
busca
al
Caballe o
neg o,
pe o
odo
ué
inú il.
Isau a
pidió
po
g acia
que
la
pe mi iesen
i i
en
U ol ,
gua daba
como
una
eli-
Si
UN1VERSI
di
:
san
n
u
—
79
—
quia
cuan os
muebles
halló
que
hablan
pe enecido
á
su
ido

la ado
En ique
y
no
pasaba
un
dia
sin
oga
á
Dios
po
él:
mu ió
á
los
dos
años
en
b azos
de
A u o
y
E minia
que
se
amaban
con
deli io.
Hugo
de
Ascli
ol ió
de
su
iaje
y
cu ado
ya
de
su
pasión
po
E minia
se
casó
con
una
seño i a
de
la
amilia
de
T em-
blay.
Solo
nos
es a
deci
la
sue e
de
Gis ie na
que
no
ué
nada
dichosa,
pues
mu ió
en
un
desa io
poco
an es
de
la
mue e
de
Isau a.
FIN.
UNlVTRSlDADi:
DI.
SANTIAGO
u
se
UNIVLRSII
'DC
o
o
mMPí
sníÁ
u
Jo en
a e,
he mano
mió,
con
us
plácidos
can a es
disipas e
mis
pesa es,
y
de
espe anza
son io.
En usiasmada
escuché
los
acen os
de
u
li a,
y
á
la
musa
que
me
inspi a
con
humildad
in oqué.
¡Llo as
como
yo
ambién!
¡
no
halla
u
pena
consuelo
!
¿c uzas
es e
is e
suelo
sin
ampa o
y
sin
sos én?
¿Hallas e
en
u
camino
alsedades
po
amo es,
po
place es
sinsabo es,
y
en
ez
de
osa
un
espino?
¿Tan
desg aciada
es
u
his o ia,
an
o men osa
y
somb ia,
que
no
ecue das
un
dia
de
en u osa
memo ia?
E es
in elice,
si,
siemp e
su iendo
,
penando;
pasas
Ja
ida
llo ando
.....
yo
ambién
llo o
po
i.
Tu
ie na
amiga
se é;
y
en
la
noche
soli a ia
mi
eligiosa
plega ia
po
u
dicha
ele a é.
Sepa
yo
con
aleg ía
se
UNIVCRS1DADL
DL
SANTIAGO
u

—
8
—
que
si
es oy
po
i
ogando,
de
mí
e
es ás
aco dando
con
dulce
melancolía.
Si
á
goza
de
blanda
b isa
as
á
el
p ado
seduc o ,
co a
siquie a
una
lo
pa a
la
pob e
poe isa.
Sea
mi
sue e
c uel,
ó
en
place es
consecuen e
eje é
pa a
u
en e
mil
co onas
de
lau el.
—
-<Xxí^$.^yTK»-
—
u
—
9
—
A
mi
amiga
la
seño i a
^oña
^n onu
^ í o í i
Hoy
hace
cua o
años
que
ué
u
pa ida,
quedó
sin
consuelo
mi
alma
op imida
po
is es
ecue dos;
huye on
los
dias
de
paz
y
en u a
con igo,
que ida;
adios
ca a
An onia,
adios
ie na
amiga.
Si
acaso
paseo
po
la
esca
o illa
del
cla o
a oyuelo,
mi
pecho
se
agi a;
¡
ay
!
is e
epaso
en
la
men e
mia
ho as
de
con en o,
de
glo ia,
de
dicha,
que
dis u é
al
lado
de
mi
dulce
amiga.
Si
oy
po
el
p ado
12
se
UNIVCRS1DADC
DL
SANTIAGO
u
—
10
—
con emplo
aba ida
la
lo
pe umada
que
mece
la
b isa,
y
el
á bol
ondoso
dó
el
pája o
anida:
me
cansan
sus
pios,
su
g a a
a monía,
pues
no
me
acompaña
mi
que ida
amiga,
Si
el
cielo
se
cub e
de
nube
somb ía,
y
el
is e
elámpago
silencioso
b illa;
si
el
ien o
u ioso
con
es uendo
sil a,
iendo
á
odos
lados
mi
azo ada
is a,
e
llamo
,
y
no
ienes
ado ada
amiga.
Y
en
an o
que
llo o,
¿ ecue das,
mi
ida,
las
escas
mañanas,
las
noches
anquilas
que
unidas
gozamos
de
an a
delicia?
no
ol ides
e
uego
la
é
p ome ida,
y
exhala
un
suspi o
po
u
iel
amiga.
—
—
-------
S
UNIXTRSB
n
SAx ,
u
—
11
—
Cae
á
o en es
la
llu ia,
B ama
el
ien o
con
u o .
Vagan
pe didas
las
a es
Llenas
de
miedo
y
e o :
Co e
jo en
musulmán
Sob e
ogoso
b idón,
Y
sos iene
en e
sus
b azos.
Con
en usiasmo
y
amo ,
A
una
muge
cas ellana
Tan
he mosa
como
el
sol.
La
op ime
con a
su
pecho,
La
cub e
con
su
albo noz,
Y
maldice
á
la
o men a
Que
en
an
mal
iempo
llegó.
Le es
suspi os
exhala
La
c is iana,
él
los
oyó,
Y
con
oz
dulce
y
sono a
Es as
palab as
habló.
—
¡Llo as,
almamia,
llo as!
¡
Te
bu las
de
mi
pasión
!
No
sabes
con
qué
deli io
se
UNJVLRSIDADU
di
:
sax
hago
u
—
12
—
Te
ado a
mi
co azón.
Ven
á
Có doba
la
bella,
Enjuga
el
llan o
po
Dios,
Que
una
ida
de
place es
Sab é
p epa a e
yo:
Tend ás
escla as,
he mosas,
Que
desean
con
a do ,
Ceñi
u
en e
de
nie e
Con
pe las
de
g an
alo .
.
Ve ás
bosques
encan ados,
Flo es
de
célico
olo ,
A oyuelos
c is alinos
Que
con idan
á
el
amo .
—
Muy
deliciosa
es
sin
duda,
La
cau i a
espondió,
La
sue e
que
me
o ecéis
Mas
¿puedo
acep a la?
no.
Mi
eligión
me
p ohíbe
Que
admi a
ese
loco
amo .
—
Dame
al
menos
espe anza.
—
No
debo
ama os
seño .
—
Esa
es
mucha
c ueldad.
¡Ah!
sin
i,
¿qué
he
de
hace
yo?
—
Ol ida me.
—
Ol ida e
!
No
ol ida
quien
bien
amó:
Naza ena,
amada
mia,
Mí ame,
en
compasión.
—
¿Compadece os?...
¡ah
nunca!
—
Pe dóname.
—
Mi
pe dón
No
ecae á
sob e
el
mons uo
Que
causa
mi
pe dición.
—
E es
in lexible.
—
Mucho.
—
Y
o gullosa.
—
Mas
que
os.
—
Pues
yo
e
e é
humillada....,
—
P ime o
mue a
seño .
El
mo o
gua dó
silencio,
S(
UNMRSID
DE
SANTJA
u

—
15
—
Mas
de
epen e
ol ió
Las
iendas
á
su
caballo
Y
o o
camino
omó.
La go
a o
camina on,
Ya
la
o men a
cesó,
Huyen
las
nubes
somb ías
Y
asoma
pálido
el
sol.
El
musulmán
gene oso
Con
iolen a
agi ación,
Le
dijo
á
su
p isione a,
A
la
que
ama
con
a do .
—
Ya
e es
lib e
naza ena,
Te
de uel o
con
dolo
La
libe ad
que
deseas:
¿Qué
impo a.que
mue a
yo?
Huyo
al
á ido
desie o
Allí
ocul a é
mi
amo ;
No
quie o
que
me
maldigas,
P e ie o
u
compasión.
Mi
en u a,
mi
espe anza
En
un
momen o
acabó;
F
l u í
ápida
y
pasage a
Como
el
b illo
de
una
lo .
Calla
y
pa le
:
la
c is iana
Hácia
él
los
b azos
endió.
De en e,
espe a,
le
dijo,
Escucha
mi
con esión;
Yo
e
ado o,
¿á
qué
ocul a lo?
Solo
á
i
mi
pecho
amó:
¡Ay!
y
si
ue as
c is iano,
Mi
mano,
mi
co azón,
Tuyo
se ia
al
momen o.
Idola ado
Almanzo .
—
¡Me
amabas
y
lo
ocul abas!
Ya
mi
o men o
cesó.
—
Sepa émonos,
que ido,
se
UNIVERSIDADC
o
SAN
HAGO
u
—
14
—
Recibe
mi
úl imo
adios.
Almanzo
la
mi a
abso o.
Nó ase
algo
de
e oz
En
su
mi ada
de
uego
En
su
ai e
amenazado .
Po
in
en
llan o
p o umpe
,
Loco
á
sus
pies
se
a ojó.
—
T iun as
muge
ado ada,
Enagenado
esclamó.
De
qué
si en
los
palacios,
El
b illo
y
el
esplendo ,
Los
pe umes
de
la
A abia,
Las
al omb as
del
Mogol,
Si
sepa ado
de
i,
Sepa ado
de
u
amo ,
Riquezas,
pode
y
glo ia
Todo
me
causa á
ho o ?
Tú
e es
la
hou í
seduc o a
Que
á
mi
pecho
ascinó,
Se ás
mía....
es aba
esc i o.
El
des ino
se
cumplió:
Una
cabaña
á
u
lado
Se á
mi
dicha
mayo ,
No
mas
música
deseo
Que
u
acen o
encan ado ,
Ni
mas
glo ia
que
ado a e,
Se
u
esposo
y
p o ec o .
Pocas
semanas
después
El
bau ismo
ecibió,
Y
un
anciano
sace do e,
A
su
que ida
le
unió.
—
45
—
JIÍPROVISA ilON.
Se
ace ca
á
su
in
el
dia,
El
sol
ya
se
a
ocul ando.
Despa eció
la
aleg ía,
¥
las
somb as
an
llegando.
¡Ay!
cuando
u
luz
se
aleja
íen e
el
pecho
una
a liccion...
Falso
amigo
que
nos
deja
Angus iado
el
co azón.
B illa
con
us
esplando es
El
a oyo
su
c is al,
Que
se
esconde
en e
las
lo es
Cual
aspa en e
anal
Con
su
can o
Delicioso
El
g acioso
Ruiseño ;
C uza
el
campo
Dila ado
Pe umado.
Po
la
lo ,
u
—
16
—
‘
Sin
i
gime
en
la
espesu a
El
pin ado
colo in:
Pa a
él
pie de
la
he mosu a
El
balscámico
ja dín.
Y
al
dis ingui
los
e lejos
De
u
b illo
esplendo oso,
Te
saluda
desde
lejos
Con
su
ino
melodioso.
Deja
el
amage
ondoso
Que
de
lecho
le
si ió,
Y
en
un
dia
empes uoso
Del
hu acán
le
lib ó.
Vi e
aleg e
Y
es
dichoso,
Delicioso
Su
exis i ,
Sin
que
ama gue
Su
con en o
Ni
un
momen o
El
po eni .
u
—
25
—
e
llamaba
,
no
me
olas,
dime:
¿ ú
no
padecías?
—
Mucho
be
su ido
ambién.
Dos
años
en
el
ho o
de
la
gue a
¡ay
Dios!
sin
e le,
en
ano
llamé
á
la
mue e,
mas
¡ah!
no
oyó
mi
clamo .
Pe o
ya
soy
en u oso,
ya
no
deseo
mo i ,
po que
espe o
un
po eni
de
place es
y
eposo.
Espe emos:
end á
un
dia
que
esa
en e
celes ial,
ciña
co ona
ducal.
¿No
espondes
alma
mia?
—
Tengo
una
pena,
un
pesa ,
¡oh
!
si
ie as
que
aíliccion
op ime
á
mi
co azón,
di,
¿me
deja ás
de
ama ?
—
¡Ol ida e
yo!
jamas:
no
puede
se ,
Leono ;
e
lo
ju o
po
mi
hono ,
cada
ins an e
e
amo
mas.
—
Tu
ca iño
es
an
p ecioso,
que
sin
él
sucumbi ia;
pe o
an es
me
enga ía
del
modo
mas
ho o oso.
—
No
que ida,
no
mi
he mosa,
desecha
odo
emo ;
UNIVCRS1DADC
DL
SANTIAGO
u
se

—
24
—
¡es
an
since o
mi
amo !
¿ oda ía
es ás
dudosa?
—
¡
Ay
!
es
p eciso
c ee e
pa a
pode
exis i ,
mas
ya
es
ho a
de
pa i .
—
Mañana
ol e é
á
e e.
Y
subiendo
con
p es eza
sob e
el
ogoso
b idón,
lleno
de
dulce
ilusión
ju ó
de
nue o
i meza.
Y
ápido
de
alli
huyó
en
an o
que
su
ado ada
es u o
inquie a,
agi ada,
mien as
su
ca e a
oyó.
11.
NUEVO
AMOR.
Po
un
salón
elegan e
Se
pasea
ap esu ado,
En ique,
el
enamo ado
De
la
bella
Leono .
Es á
is e,
pensa i o,
Padece
en
aquel
ins an e,
Y
es
que
es e a
deli an e
Nue as
de
su
nue o
amo .
Se
ab e
la
gó ica
pue a
Y
en a
un
page
espe uoso;
Se
ace ca
En ique
gozoso
se
UN1VERS)
'
DC
o
S4NTI
".$8^
i>
COM*"
'
A
—
25
—
Son iendo
de
place .
Po que
una
ca a
di isa
En
manos
de
su
c iado,
La
coje
p ecipi ado
Y
se
ap esu a
á
lee .
—
¡Qué
elice
soy
esclama:
Ella
me
quie e,
me
ado a,
P on o
se á
la
seño a
De
mi
mano
y
co azón.
Yo
la
ama é
e e namen e,
¡Ay
Fe an!
soy
an
dichoso!
¡Qué
exis i
an
delicioso!
Huyó
de
mí
la
aQiccion.
—
Seño
¿ya
no
os
aco dáis?
¿Habéis
al
ez
ol idado
Un
ju amen o
sag ado
Que
os
une
á
o a
muge ?
—
¿Leono
quizá?
¡qué
locu a!
Hace
un
año
no
la
eo.
—
Muchas
desdichas
p e eo.
—
Yo
no
la
puedo
que e .
Hubo
un
iempo,
lo
con ieso,
Me
deslumb ó
su
belleza;
Admi aba
su
e neza,
Su
cons ancia,
su
pasión,
Pe o
se
su
esposo
,
nunca:
Si
á
una
asalla
se
ama,
Solo
se
iene
po
dama
......
•
Aquello
ué
una
ilusión.
Quien
son
sus
pad es
,
se
igno a:
Su
nacimien o
es
oscu o;
Y
el
mió
Fe an
an
pu o
Que
nunca
encon ó
i al.
14
u
—
26
—
Yo
un
duque
¿y
pudo
c ee
Que
un
dia
su
esposo
ue a?
Ha
sido
sueño,
quime a,
Un
casamien o
ideal.
Que
pongan
en
las
almenas
Mil
bande as
de
colo es,
Gui naldas
de
escas
lo es,
Luces
en
g an
p o usión.
Ado nad
las
gale ías,
Gas a
Fe an
mucho
o o;
¡
Oh
El i a
mia
e
ado o
Con
odo
mi
co azón
!
Pa le
el
paje
:
queda
En ique
Esíasiado
en
su
en u a,
Todo
es
place
y
dulzu a
Si
piensa
en
el
po eni .
Goza
si
,
pob e
inocen e,
De
ese
mágico
beleño;
Po que
la
dicha
es
un
sueño,
La
ealidad
es
su i .
Pa a
encon a
un
ins an e
De
place
y
de
eposo
Que
el
pecho
anhela
angus ioso,
¡
Cuán o
es
p eciso
pena
!
¡Ay!
al
mundo
nos
lanzamos
Buscando
esa
dicha
he mosa,
Que
solo
es
somb a
engañosa......
Nacimos
pa a
llo a .
III.
BODA
Y
MUIRTE.
El
cielo
es á
encapo ado,
—
27
—
b ama
el
ien o
con
u o ,
un
elámpago
ha
b illado
del
ueno
iel
p ecu so .
Víc imas
del
hu acán
las
bande as
de
colo es,
en uel as
en
pol o
an
con
las
gui naldas
de
lo es.
Vuela
el
a e
eme osa,
huye
de
la
empes ad,
y
al
in
mue e
congojosa
......
ho ible
noche
en
e dad.
Del
ueno
el
onco
es ampido
no
se
escucha
en
el
salón,
donde
se
halla
eunido
el
lujo
y
la
con usión.
Y
en
noche
an
espan osa
se
con unde
en
el
es ín,
la
son isa
de
la
he mosa
y
la
oz
del
paladín.
En ique
se
ha
desposado
con
su
El i a
encan ado a,
á
quien
con empla
es asiado
epi iendo
que
la
ado a.
Huyendo
de
la
o men a,
lleno
de
miedo
y
e o ,
en
el
salón
se
p esen a
un
he moso
o ado .
Di ige
en
su
de edo
honda
y
u i a
mi ada,
se
UNIVCRS1DADC
DE
SANTIAGO
—
28
—
y
se
e a a
el
dolo
en
su
en e
ma chi ada,
Pe o
ápida
pasó
como
pasa
una
espe anza,
y
á
sus
lábios
asomó
una
isa
de
enganza.
—
Can a
jo en
o ado ,
muchas
oces
le
dije on.
—
Can a
una
canción
de
amo ,
o as
an as
epi ie on.
Cojió
la
p eciosa
li a,
sono
sus
cue das
eloz;
mi ando
á
En ique
y
El i a,
can o
con
célica
oz.
En
ano
de
mí
has
huido,
Femen ido,
Yo
u
ca e a
alcancé,
Y
en
el
colmo
de
u
dicha
La
desdicha
Con
aleg ía
lancé.
Ya
no
hay
piedad
en
mi
alma,
Dulce
calma
Nunca
á
goza
ol e é,
Y
solo
iendo
sin
ida
A
u
que ida,
Con
deli io
ei é.
Yo
aspasa é
su
pecho
A
despecho
De
u
o gullo
sin
igual,
Y
en
ez
de
a omas
y
lo es,
se
UN1VERSII
i
o saxi A
)
DI
1
COMPÍ'
1IA
u

—
29
—
De
dolo es
Se á
su
lecho
nupcial.
—
Cesa,
cesa,
o ado ,
g i ó
En ique
en u ecido;
cesa,
ó
eme
mi
u o ,
ese
can o
maldecido.
Huye
al
momen o
aido ;
ó
de
la
neg a
melena,
e
he
de
colga
de
una
almena,
y
allí
can a
u
dolo .
—
¡Ah!
si
no
es ás
sa is echo
dijo
el
can o
a lijido,
cla a
u
ace o
en
mi
pecho,
que
no
exhala é
un
gemido.
Un
dia
uis e
mi
aman e,
me
ju as e
e e no
amo .
¿No
ecue das
mí
semblan e?
mí ame,
soy
Leono .
En ique
compadecido
á
un
lado
la
az
ol ió,
y
el
o ado
a e ido
á
El i a
un
puñal
hundió.
Exhala
un
¡ay!
las ime o,
la
mi a
el
duque
asus ado,
y
é
el
mo í e o
ace o
en
su
seno
sepul ado.
Leono
ha
huido
al
momen o;
pe o
en
su
busca
se
lanzan;
odo
es
bulla
,
mo imien o,
u
se
UNIVTRSIDADE
DE
SAN
TIAGO
—
50
—
y
al
asesino
no
alcanzan.
Las
oces
de
uego
,
uego,
se
es ienden
po
el
salón,
y
desapa ece
luego
an
b illan e
eunión.
En ique
no
obse a
nada;
con
mudo
y
a oz
dolo ,
con empla
la
en e
pálida
del
obje o
de
su
amo .
Pe o
el
humo
le
acongoja;
le an ando
á
su
que ida,
desespe ado
se
a oja
á
busca
una
salida.
Pálida
y
llena
de
espan o
p esén ase
Leono ;
de aman
sus
ojos
llan o,
pe o
llan o
de
dolo .
—
¿Dónde
as
u ia
in e nal?
¿ e
has
sa is echo
c uel?
—
Causándo e
an o
mal
á
un
ju amen o
soy
iel.
Y
el
cielo
compadecido
de
mi
sue e
desg aciada,
con
un
ayo
ha
des uido
u
glo ia
que
e a
en idiada.
•'
En ique,
engo
á
sal a e
esponiendo
mi
exis i .
—
Vienes
si
,
pe o
á
sacia le
SI
UN1VERSII
o
SAXIl
—
51
—
¡en
mi
ho o oso
su i .
—
Ven
conmigo
,
deja
á
El i a,
mi a
que
as
á
mo i .
—
¿Deja la?,noque
espi a.
.
—
Ven
,
aun
podemos
hui .
—
Ve e,
e e,
Leono .
—
Se
ace ca
el
uego
¿lo
es?
—
Maldi o
sea
u
amo !
—
Pues
pe ezcamos
los
es.
Un
ins an e
se
mi a on,
En ique
después
huyó,
sus
pisadas
esona on
......
ningún
uido
mas
se
oyó.
u
—
52
—
¡La
Tengo
pe las
y
diaman es
Relumb an es,
Ciñe
co ona
mi
sien;
Tengo
sedas
y
bo dados
Delicados,
Amba
y
co al
ambién.
Cien
escla as
me
acompañan
Y
me
bañan
En
esencia
de
cla él,
Llamándome
esca
osa,
P imo osa,
Luz
y
encan o
del
e gel.
La
palme a
me
da
somb a;
Y
en
la
al omb a
Del
espléndido
ja dín,
Me
eclino
en e
las
lo es
De
colo es,
Y
el
blanquísimo
jazmin.
Aunque
no
soy
a icana,
Soy
sul ana,
Y
me
ado a
mi
seño ,
DI"
SANTIÁC
o coMPOsi
íá
u
—
59
—
De
ye ba
y
lo es
bo dado
Que
es iende
po
la
p ade a?
¿No
ienen
los
uiseño es
A
can a
en
el
pensil
Sus
desg aciados
amo es
Y
al
compás
de
sus
clamo es
Se
ab e
la
osa
gen il?
¡Quién
sabe!
p on o
al
ez
Vol e á
u
p ima e a
Con
su
he mosa
b illan ez:
Renace á
u
al i ez
Qu^há
dos
siglos
pe ecie a.
Pues
ápida
como
el
ien o
Suele
a ia
la
o una;
Y
al
que
llenó
de
con en o
A eba a
en
un
momen o
Sus
dichas
una
po
una.
Si
no
luces
cual
un
dia
Ni
p es as
ayos
á
el
sol,
Goza
de
paz
y
aleg ia.
Son
us
hijos
oda ia
Glo ia
del
suelo
español.

ROJAM
I
EL
RUISEÑOR.
Esliendo
Fe o
sus
ayos
Esmal ados
Po
el
ameno
e gel,
Luce
con
sus
esplando es
Los
colo es
El
jaspeado
cla el.
Paseando
es á
Rdjana
Mas
galana
Quela
acacia
y
el
jazmín
Y
deshoja
desdeñosa
Blanca
osa,
Que
ué
encan o
del
ja dín.
Cub e
su
hechice a
en e
T aspa en e
Lige o
elo
de
ul
,
De
pe las
y
o o
cuajado
;
Que
bo dado
En
la
opulen a
Es ambul.
Se
inclina
el
á bol
ondoso
Olo oso
An e
an
a a
beldad
,
En
an o
que
ella
a ligida
Y
aba ida
—
41
—
Llo a
su
in elicidad.
—
¿De
que
me
si e
la
ida
Si
op imida
Es á
el
alma
de
pesa ?
Pa a
mí
no
b illó
un
dia
De
aleg ía.
Es
mi
des ino
llo a .
Tengo
un
pad e
ca iñoso,
Bondadoso,
Me
hizo
dueña
de
es e
eden;
Soy
eina
del
bosquecillo
Y
el.
so illo
De
es e
magní ico
a en:
Cien
co onas
de
esme aldas
Y
gui naldas
Vi
ceñidas
en
mi
sipn,
Tengo
escla as
p imo osas
Que
a anosas
Desean
odas
mi
bien.
Mas
nada
ali ia
mi
pena
Ni
se ena
Mi
angus iado
co azón,
En
ano
he
pedido
al
cielo
Algún
consuelo,
Un
é mino
á
mi
adicción.
Di
pin ada
ma iposa,
Siemp e
he mosa,
Dime
dulce
uiseño ,
¿Qué
le
al a
á
mi
en u a,
A
mi
he mosu a?
Y
el
a e
esponde
—
Amo .
16
u
—
42
—
B isa
que
agas
po
el
p ado
he moso.
Pája os
que
can áis
en
la
en amada,
Ma iposa
eliz,
lo
pe umada,
A oyo
c is alino
y
bullicioso
:
Nin as
del
alle,
sol
esplendo oso,
Nubes
pu pú eas,
luna
pla eada,
Huid,
llegad
en
ma cha
ap esu ada
A
la
o illa
del
Be is
delicioso.
Y
si
halláis
á
el
amigo
que
amo
an o
Decidle
po
piedad
cuan o
he
su ido;
-
Que
po
él
de amé
copioso
llan o
C eyendo
su
ca iño
des uido.
Fué
en
o o
iempo
mi
amis ad
su
encan o..,.,
Hoy
yace
sepul ada
en
el
ol ido.
u
LA
BELLA
ZORA.
i.
Huyó
la
noche
somb ía
:
después
de
la
oscu idad
el
cla o
y
se eno
dia
,
inspi a
dulce
aleg ía,
consuelo,
elicidad.
Es á
en
la
ama
sal ando
el
aman e
uiseño
con
sono a
oz
can ando,
y
al
compás
de
su
eco
blando
ab e
su
cáliz
la
lo .
¿Quién
no
con empla
es asiado
an
deliciosa
mañana?
¿quién
no
mi a
en usiasmado
el
a oyo
pla eado
y
la
linda
lo
emp ana?
Insensible
á
al
belleza
—
44
—
jo en
gue e o
c uzó
aquel
edén
con
p es eza,
y
su
b idón
con
ie eza
el
ie no
li io
onchó.
En e
sus
b azos
lle aba
una
hechice a
beldad
que
ascinado
mi aba,
y
ella,
en e an o
llo aba
su
pe dida
libe ad.
La
he mosa
y
sensible
Zo a
ué
po
aición
sepa ada
del
aman e
á
quien
ado a:
la
in eliz
suspi a
y
llo a,
po
su
pa ia
idola ada.
No
se
le
ocul a
al
c is iano,
pues
conoce
po
su
mal;
un
amo
ciego
,
i ano,
que
le
pe sigue
inhumano
con
la
imágen
de
un
i al.
Dice
—
he mosa
,
enjuga
el
llan o,
cese
,
cese
,
u
a licción,
¡ ida
mia!
e
amo
an o,
¡
goza
á
u
lado
un
encan o
mi
llagado
co azón
l
Di
¿
suspi as
po
G anada
ó
po
u
jo en
seño ?
¿po
la
campiña
esmal ada
que
sin
i
es á
ma chi ada?
piensa
solo
en
mi
dolo .
No
e
acue des
del
c uel
u

—
45
—
que
á
mil
bellas
halagaba:
yo
se é
u
escla o
iel,
y
e
ama é
mas
que
él,
po que
Zaide
no
e
amaba.
Tengo
alcáza es
he mosos
que
se
ele an
en
León
con
mu allas
y
con
osos:
de
soldados
ale osos,
engo
un
lucido
escuad ón.
Y
e ás
con
que
b a u a
los
galla dos
caballe os,
con
que
g acia
y
que
sol u a
cubie os
de
su
a madu a,
dan
al
ai e
sus
ace os.
Y
ú
en
un
ono
sen ada
mas
he mosa
que
el
amo ,
de
cien
doncellas
odeada,
en ega ás
son osada
lindo
p emio
al
encedo .
Si
yo
alcanzá a
ese
hono ,
alma
mia
,
blanca
osa,
¡
y
en
p emio
de
mi
alo
ie a
una
isa
de
amo
en
u
boca
deliciosa
!
—
No
puede
inspi a me
amo
ni
mi
ca iño
me ece,
quien
me
sumió
en
el
dolo :
u
is a
me
causa
ho o ,
y
mi
des en u a
c ece.
¿Qué
me
impo an
us
cas illos.
—
46
—
us
alien es
caballe os?
son
mejo
mis
bosquecillos
poblados
de
paja illos,
acacias
y
limone os.
¡Ah!
mí ame
con
piedad,
no
me
lle es
á
León;
uél eme
la
libe ad;
que
ella
es
la
elicidad
de
mi
is e
co azón.
A
G anada
ol e é;
"
y
en
mi
ja dín
encan ado
bellas
lo es
co a é,
y
mil
amos
o ma é
pa a
mi
Zaide
ado ado.
—
Ese
Zaide
an
que ido
no
le
ol e ás
á
e :
es
un
necio,
un
a e ido,
y
á
San iago
he
p ome ido
que
su
sang e
he
de
e e .
Dejó
el
c is iano
de
habla
,
la go
silencio
gua da on:
uel e
la
he mosa
á
llo a ,
el
aman e
á
suspi a ,
y
el
camino
con inua on.
,11.
T is e
y
pálida
la
luna
os en a
su
débil
b illo:
no
se
e
nube
ninguna;
y
ha
sonado
ya
la
una
—
47
—
en
el
eló
de
un
cas illo.
Y
su
lugúb e
añido
en
los
ai es
se
pe dió
como
se
pie de
el
gemida,
del
in eliz
aüigido
.
que
al
ien o
sus
ayes
dió.
¿Quién
es
aquel
embozada
que
c uza
po
el
camino
al
pa ece
agi ado?
¿es
un
mendigo,
un
soldado,
ó
quizas
un
pe eg ino?
Le
cub e
la go
opage,
mas
se
é
su
noble
en e
po
en e
el
e de
amaje
que
abunda
en
aquel
pa aje,
y
su
al anje
elucien e.
A
el
cas illo
se
llegó;
un
pos igo
se
e
abie o;
,
con
un
homb e
alli
se
halló,
que
en
silencio
lo
lle ó
á
un
aposen o
en eabie o,
Una
dama
es á
sen ada
aspasada
de
dolo ;
is ísima
es
su
mi ada;
es
una
lo
ma chi ada
po
el
ien o
des uc o .
Al
es ange o
ha
mi ado
con
isible
agi ación;
y
al
e
á
su
Zaide
amado
á
sus
pies
a odillado,
—
48
—
le
op ime
en
su
co azón.
,
—
¡Bien
mió!
¿cómo
e
a e es?..
K
¿cómo
asi
espones
u
ida?
¡
si
e
ie an
los
ale es
!
¿Tiemblas?
¡ay!
la
is a
uel es?
—
T anquilíza e
que ida.
—
Mas
¿cómo
has a
aquí
llegas e?
—
Un
c iado
sobo né.
—
¿Y
nadie
á
u
paso
bailas e?
¿ eá
engañado
ó
le
engañas e?
dímelo
odo...
híiblame.
—
Andu e
e an e
y
pe dido
po
los
bosques
y
oli a es;
cuan o
,
¡
mi
ida
!
be
su ido
pe o
al
in
Alá
me
ha
oído,
y
in
pone
á
mis
pesa es.
Sígueme
agan e
osa;
maldigamos
al
c is iano,
azucena
cando osa:-
po que
e es
ú
an
p eciosa,
como
el
ha
sido
i ano.
En
sus
b azos
la
le an a
y
se
dispone
á
sali :
pocos
pasos
adelan a,
cuando
una
oz
que
le
espan a
de
p on o
se
deja
oí .
Un
gue e o
en a
u ioso,
desnuda
su
ino
ace o;
ella
da
un
g i o
ho o oso;
el
mo o
es á
silencioso
se
UNIVLRSin.
DE
DLSANIV
O
Dl.(
OMPÍV
U
IA
u
—
5
—
CAPÍTULO
PRIMERO.
E
n
una
noche
de
Agos o
de
1424,
salían
á
la
una
de
la
mad ugada
del
palacio
de
D.
Juan
II
dos
homb es
en uel os
en
la gas
capas
neg as.
El
cielo
es aba
cubie o
de
espesas
nubes
y
una
llu ia
menuda
humedecía
las
calles
de
alia-
dolid,
pe o
los
dos
pe sonages
de
que
hablamos
,
sin
que
el
agua
les
a ed ase,
caminaban
de
p isa
y
en
silencio,
bus

cando
los
si ios
mas
soli a ios
de
la
ciudad.
1
a
dis an e
de
palacio
dijo
el
que
enia
de ás
:
—
F esquila
es á
la
noche.
—
Si,
po
Dios,
con es ó
su
compañe o.
_
¡Qué
lodos
y
qué
oscu idad!
á
cada
ins an e
eme
uno
ompe se
la
cabeza
con a
una
esquina.
__
Mejo
que
ú
pudie a
ompé mela
yo
,
pues
oy
delan e.
—
¡
Locu a
ha
sido
po
cie o
sali
de
casa
con
es e
iempo.
—
Siemp e
es
bueno
cuando
hay
necesidad.
—
;Con
que
ya
no
e a
posible
espe a
un
dia
mas.
—
Ño,
ú
sabes
como
yo
el
cuidado
que
end á
Ines
con
mi
la ga
ausencia.
—
Quince
dias
......
.
,
•
—
Pa a
quien
ama
es
un
siglo.
Apos a ía
cualquie
cosa
UNIVCRSJDADC
Q
SANTIAGO
u

—
4
—
á
que
e
Labia
dado
ci a
alguna
he mosa
dama
:
si
es
asi
puedas
ene
paciencia
po
es a
noche;
día
end á
qué
mien as
yo
epase
los
dulcísimos
e sos
del
desg aciado
Ma

clas
,
ú
es a ás
en
amo osa
plá ica
sin
que
me
o enda
po
ello.
'
‘
¿Qué
me
impo a
la
ci a
de
una
dama
cuando
se
a a
de
os
.
Ca los
,
habéis
juzgado
muy
mal
;
si
sien o
el
igo
de
es a
noche,
sabe
el
cielo
que
no
es
po
mí.
I anquilízale,
gene oso
amigo;
den o
de
pocos
momen

os
e e
b illa
«in e
mis
ojos
una
au o a
que
me
oscina
y
que
me
hace
ol ida
la
incomodidad
de
es e
camino.
Si
es
asi,
amos
mas
ap isa
pa a
halla
cuan o
an es
esa
cla idad
deslumb ado a.
-
Al
conclui
es as
palab as
se
de u ie on
;
es aban
en
la
calle
de
Ruiz
He nández,
en e
á
una
casa
de
achada
sen

cilla;
adelan óse
el
que
habló
p ime o
y
llamó
despaci o,
gua dando
en
cada
golpe
cie o
in e medio
es udiado.
Al
pun o
se
ab ió
la
pue a
con
sigilo,
y
apa eció
den o
del
zaguán
una
ma ona
de
os o
mo eno
y
ojos
neg os
de
es-
ao dina io
b illo.
Buenas
noches,
dijo,
y
ol ió
á
ce a
asi
que
es u ie

on
den o
los
dos
homb es.
Cá los
a ojó
la
capa
al
suelo,
sacudió
las
plumas
blancas
de
su
somb e o
y
poniendo
un
pie
en
el
p ime
peldaño
de
la
escale a,
dijo
á
la
dueña
:
—
Limpiadme
los
zapa os,
I ene;
es oy
pe dido
de
lodo.
—
-leneis
azón,
oy,
oy
al
ins an e;
y
con
su
p opio
" es ido
in ó
el
calzado
del
caballe o.
Paseábase
su
amigo
en
an o,
di igiendo
á
hu adillas
mi adas
bu lonas
al
e
al
solici ud,
y
de
ez
en
cuando
cla aba
su
mi ada
en
su
com

pañe o,
que
apenas
ep esen aba
ein e
años.
E a
de
ele a

da
es a u a,
os o
pálido
y
ojos
azules
llenos
de
bondad,
aunque
en onces
mani es aban
un
poco
de
impaciencia.
—
¡Acaba ás
con
mil
san os!
dijo
no
pudiendo
con ene se;
c eo
que
lo
que
has
hecho
es
ensucia me
mucho
mas.
—
¡Pues
ya!
¿Se
os
iigu a
que
no
lo
en iendo;
¡qué
genio
eneis!...
Ya
es án.
u
—
5
—
Bueno
>
espondió
con
mal
ono
;
y
como
homb e
acos

umb ado
á
eco e
aquella
casa
,
subió
de
dos
sal os
la
es

cale a,
aunque
sin
hace
el
meno
uido.
—
¡Válganme
las
once
mil
í genes!
esclamó
la
dueña
ace cándose
con
una
luz:
¡qué
p isa
lle a!
se
a
á
ompe
las
na ices
con a
algún
esquinazo.
—
Ya
pa a á,
con es ó
el
o o
ecogiendo
la
capa
de
Cáelos.
Después
embozándose
en
la
suya
de
modo
que
apenas
se
le
eia
el
os o,
en ó
en
una
sala
baja,
sen óse
en
un
iejo
sillón
,
apoyó
el
codo
en
una
mesa
y
ce ó
los
ojos
apa en

ando
do mi
pa a
e i a
así
las
p egun as
de
su
compa

ñe a.
Dejémosle
espe a
y
sigamos
al
jo en
ubio.
Después
de
subi
la
escale a
y
c uza
un
la go
pasadizo,
en ó
en
una
sala
alumb ada
solamen e
po
la
luz
que
salía
de
un
pequeño
gabine e
cuya
pue a
es aba
abie a
dejando
e
su
in e io .
En
el
ondo
habia
una
mesa
con
una
bugía,
y
al
lado
ecos ada
en
un
sillón
una
muge
de
17
á
18
años.
Lle aba
un
es ido
mo ado
con
mangas
co as,
que
dejaban
descubie os
los
b azos
de
es ao dina ia
blancu a
pe o
de

masiado
lacos;
su
os o
blanco
ambién,
e a
pálido
y
me

lancólico
,
y
sus
neg os
ojos
enian
una
esp esion
de
p o unda
is eza:
en
sus
mejillas
hundidas
y
los
labios
casi
blancos,
se
conocía
que
una
en e medad
len a
y
ho o osa
la
consu

mía.
Su
he mosa
ga gan a
no
enia
ningún
ado no,
y
su
es

palda
es aba
medio
cubie a
po
una
po ción
de
izos
cas a

ños
que
caian
descuidados
en
odas
di ecciones.
Con
un
b azo
apoyado
en
la
mesa
y
la
megilla
en
la
mano
,
es aba
con emplando
un
cuad o
que
ep esen aba
á
la
Vi gen
del
Cá men.
Desde
luego
se
conocía
que
el
os o
de
la
jo en
habia
se ido
de
modelo:
sin
emba go,
no ábase
alguna
di

e encia
:
el
de
la
Vi gen
es aba
animado
po
un
colo
de
osa
algo
débil,
y
en
su
boca
apa ecía
una
son isa
hechice a;
colo
y
son isa
habían
desapa ecido
del
o iginal
:
e a
una
lo
sin
a oma,
un
dia
sin
sol...
habia
sido
un
ángel,
pe o
solo
e a
ya
su
somb a.
48
u
—
G
—
Cá los
apa eció
en
el
umb al
de
la
pue a
,
la
he mosa
se
le an ó,
le
ala gó
su
mano
y
ol ió
á
deja se
cae
en
el
sillón
diciendo
con
oz
débil:
—
Cá los,
Cá los
mío,
¡cuán o
deseaba
e e!
El
es echó
en e
las
suyas
la
mano
calen u ien a
de
su
amada
y
se
sen ó
á
su
lado.
—
Inés,
la
dijo
con
ie no
acen o;
yo
ambién
deseaba
es

a
á
u
lado,
po que
aqui
es á
la
elicidad.
—
¡Quince
dias
sin
e le,
ing a o!
cuando
sabes
que
no
puedo
i i
sin
i.
—
¿C ees
que
yo
no
he
padecido
en
es e
iempo?
¿Dudas
de
mi
amo ?
—
No,
pe o
cuando
eo
que
pasan
semanas,
meses,
y
nada
dices
á
mi
p imo
de
nues a
elación
,
emo
que
algún
mo i

o
pode oso
le
lo
impida...
¡ah!
bien
sabes
cuán o
me
es-
pongo
ecibiendo
us
isi as:
si
él
llegase
á
descub i lo,
odo
el
ca iño
que
me
p o esa
no
se ia
bás anle
pa a
lib a me
de
su
u o .
—
Toda ía
es
p eciso
espe a
algunos
meses
,
bien
mió.
—
¿No
sabe
lu
mad e
que
me
amas?
—
Si.
—
¿Y
qué,
quie es
se
mi
esposo?
—
También.
—
Pues
luego
¿qué
e
de iene?
—
Asun os
de
amilia...
ya
le
lo
he
dicho
en
a ias
ocasio

nes;
pe o
no
emas,
yo
cumpli é
mi
palab a,
lo
ju o.
—
Si
me
ol idá as
mo i ia
de
dolo ;
y
mo i
an
jo en
y
amando
an o,
Cá los,
se ia
ho o oso.
—
Aleja
de
i
,
he mosa
mia
,
oda
idea
de
ama gu a.
¡
Co

e
el
iempo
an
eloz!
—
A
u
lado
si
,
pe o
lejos
es
insopo able.
—
Cuando
se
iene
espe anza
......
—
Algunas
eces
llo o,
pe o
o as,
si
ecue do
que
llega á
un
dia
en
que
á
la
az
del
mundo
di ás:
«es a
es
mi
esposa,
es
la
compañe a
que
he
elegido
pa a
mi
elicidad,»
en onces
mis
penas
se
mi igan
y
eo
b illa
un
ayo
de
consuelo.
.
u
—
1
—
—
Pues
bien,
en
siemp e
ese
pensamien o,
no
ol ides
el
po eni
que
e
espe a.
—
¡Si
ie as
(pie
place
end ia
en
conoce
á
u
mad e!...
¿Lo
desea
ella
ambién?
¿Dónde
pod é
halla la,
amigo
mió?
¡Con
que
deli io
la
es ecba ia
en e
mis
b azos!
¡ay!
yo
no
lie
conocido
á
la
mia,
Ca los,
el
cielo
me
p i ó
desde
mi
nacimien o
de
ecibi
sus
dulces
ca icias...
¡oh!
y
que
is e
es
pasa
la
in ancia
sin
una
mad e
que
nos
guie
y
nos
con

suele...
Do
quie a
que
ol amos
los
ojos,
encon amos
un
acío
inmenso
que
ningún
ca iño
puede
llena .
Feliz
ú
(pie
puedes
e
á
la
luya
,
con a la
us
amo es
y
do mi
sob e
su
seno.
¿Es
cie o?
•
Ca los
dió
un
suspi o,
y
echó
sob e
Inés
una
mi ada
ie

na
y
dolo osa.
Cogió
en e
sus
manos
su
he mosa
cabeza,
la
mi ó
ascinado
un
momen o,
imp imió
un
beso
en
su
en e,
y
quedó
abismado
en
p o unda
medi ación.
Tenia
la
is a
lija
en
el
suelo,
á
sus
labios
asomaba
una
son isa
ama ga
y
su
espi ación
e a
congojosa.
¿Le
op imen
emo dimien os,
ó
iene
deseos
de
enganza?
La
pasión
que
le
domina
es
io

len a
,
ab asado a...
¡oh,
cuán o
debe
padece !
y
¿quién
es
capaz
de
descub i
lo
que
se
encie a
en
aquel
co azón
de
pocos
años?
Inés
le
mi aba
ijamen e.
—
Qué
ienes?
le
dijo,
e
eo
dis aído,
aci u no...
¿Des

con en o
y
á
mi
lado?
ea,
uel e
hácia
mí
us
ojos,
ea
yo
en
ellos
pin ada
una
elicidad
igual
á
la
que
dis u o.
«Pien

sa
en
el
po eni »
me
decías
hace
un
ins an e,
y
yo
e
e

cue do
us
p opias
palab as.
—
Es
e dad,
he mosa,
ienes
mucha
azón...
Mi a,
p osi

guió
con
a do
,
yo
mo i ía
el
(ha
(pie
me
desp ecia as
,
po

que
le
ado o
;
u
amo
es
mi
ida
,
es
el
ai e
que
espi o
;
eo
u
amo
en
el
celes e
cielo,
en
las
lo es
que
me
dan
sus
pe

umes,
en
las
aguas
del
c is alino
a oyuelo,
en
el
á bol
(pie
me
cub e
con
sus
amas...
en
lodo,
en
in,
cuan o
se
p e

sen a
á
mi
is a.
—
Cá los,
yo
c eo
us
palab as,
y
al
oi le
ol ido
odas
mis
—
8
—
¡ enas,
has a
la
mue e
que
pálida
y
desca nada
eo
cons

an emen e
aga
á
mi
al ededo .
—
¡Tan o
me
amas!
epí elo
mil
eces.
—
Tú
lo
sabes
aunque
no
lo
p onuncien
mis
labios;
e
quie o
desde
que
e
i
po
p ime a
ez,
cuando
no
sabia
á
que
amilia
pe enecías;
solo
p ocu é
sabe
si
e as
lib e,
pa a
en ega e
mi
co azón.
•
—
Ese
amo
an
desin e esado
y
pu o
,
es
mi
mayo
eli

cidad,
ida
y
alma
mia.
¿Qué
sac i icio
me
pedi ías
que
dejá a
de
hace
po
i?
mi
espe anza,
mi
glo ia,
odo
e es
ú,
Inés,
y
sin
i
abo ezco
la
exis encia.
—
Lo
único
que
e
pido
,
Cá los
,
es
que
no
e a des
nues

a
unión;
lo
deseo
po que
no
hab á
en
el
mundo
o o
mas
eliz
que
ú;
se é
an
buena,
e
ama é
an o,
que
nunca
end ás
que
a epen i e
de
habe me
escojido
po
esposa.
Yo
á
u
lado,
eju enece é
como
las
lo es
con
el
ai e
y
el
sol
;
ma cha emos
de
aqui
á
o o
clima
mas
dulce
,
ecob a

é
mi
salud
,
ol e á
á
mi
semblan e
la
aleg ía
......
¡oh
qué
dichosos
se emos,
que ido
de
mi
co azón!
¿Ve dad
que
los
ángeles
en idia án
nues a
en u a?
—
C eo,
espondió
Cá los
con
ai e
somb ío
,
que
el
cuad o
que
has
azado
es
demasiado
he moso
pa a
es e
mundo
donde
caminamos
sob e
espinas
y
en uel os
siemp e
en
un
loco
o bellino.
¿Y
si
us
espe anzas
se
us asen?
—
Si
no
me
ol idas
odo
se
ealiza á.
—
¡Ol ida e
yo,
Inés!
¿ol ida
u
amo
an
pu o
como
el
pe ume
de
las
lo es?...
¡ah!
no,
no
puede
se
y
aun

que
el
des ino
alzase
en e
noso os
una
mu alla
cuya
al u

a
nos
uese
imposible
medi ,
siemp e
u
imágen
i i ía
en
mi
memo ia
como
el
mas
g a o
ecue do
de
mi
ju en

ud:
sí,
ú
me
segui ás
cons an emen e
has a
la
ho a
de
mi
mue e
,
y
pa a
i
se á
mi
pos e
suspi o.
Dejó
de
habla ,
inclinó
su
cabeza
has a
apoya la
en
el
homb o
de
su
que ida
y
gua da on
silencio
algunos
ins an

es;
después,
le an ándose
él
p ecipi adamen e
y
pasando
u

—
9
—
la
mano
po
su
en e
como
pa a
apa a
de
sí
ideas
is

es,
dijo
con
ono
algo
jo ial:
—
Y
bien,
que ida,
¿no
me
das
nada
es a
noche?
—
¡Oh,
sí!
ya
no
me
aco daba.
Y
ab iendo
una
pequeña
caja
que
habia
sób ela
mesa,
sacó
de
ella
un
cla el
enca nado.
—
Mi a,
un
cla el,
dijo
componiendo
las
hojas
algo
aja

das;
me
lo
ajo
I ene
es a
mañana,
y
po que
no
lo
ie a
mi
p imo
y
se
lo
lle a a,
le
gua dé
en
es a
caji a;
y,
el
pob ecilo,
iéndose
en
p isión
an
es echa,
ha
ecojido
sus
hojas
:
cuida
de
pone lo
en
agua
esca
y
áemelo
cuan

do
es é
ma chi o.
.
,
Al
acaba
la
úl ima
palab a
le
dió
un
beso
y
lo
deposi ó
en
manos
de
Ca los,
que
lo
puso
al
lado
de
su
co azón.
Un
eloj
dió
las
dos
en
aquel
momen o.
—
Las
dos,
dijo
él
le an ándose,
es
p eciso
que
nos
se

pa emos.
—
¡Tan
p on o!
—
No
hay
o o
emedio.
—
¿Cuándo
ol e emos
á
e nos?
—
En
pasando
ocho
dias.
Y
dándola
un
beso
en
la
en e,
salió
despaci o
de
la
sala.
Ya
le
espe aba
su
amigo
al
pié
de
la
escale a
,
le
puso
la
capa
sob e
los
homb os
,
la
dueña
ab ió
la
pue a
,
y
los
dos
se
aleja on
ápidamen e.
Pocos
minu os
hacia
que
caminaban,
cuando
Cáelos
ol

ió
la
cabeza
y
le
pa eció
que
un
homb e
los
seguía
:
no
hizo
caso
,
pe o
como
obse á a
que
iba
cons an emen e
de ás,
se
de u o,
y
io
con
so p esa
que
se
pa aba
ambién;
ya
no
pudo
calla
y
dijo
á
su
compañe o:
—
Una
pe sona
nos
sigue.
—
No
puede
se .
—
¿No
puede
se ,
y
camina
cuando
noso os
y
se
ha
de

enido
asi
que
nos
ha
is o
inmó iles?
¡Vi e
Dios!
que
es oy
po
ace ca me
á
él
y
acuchilla le.
—
Cá los
,
cuidado
,
no
hay
que
comp ome e se.
,
—
Es
e dad,
con es ó
con
acen o
is e,
es
p eciso
su i
y
calla .
Sígame
quien
le
dé
la
gana.
—
10
—
—
Tal
ez
sea
algún
i al.
—
¿Ri al?...
¡ah!
dices
bien;
Inés
es
demasiado
he mo

sa
pa a
i i
igno ada
y
end á
mil
ado ado es
......
—
A
los
cuales
desp ecia á.
—
También
es
cie o
;
la
desg aciada
me
ado a
con
deli

io
y
yo
en
pago
......
—
¡Qué!
¿no
la
co espondéis
con
igual
pasión?
—
¡Oh!
sí,
la
amo,
pe o
lab a é
su
e e na
des en u a
y
es a
idea
me
asesina.
—
¡A
qué
desconsola os
asi
po
una
cosa
que
p on o
la
ol ida eis
!
Cá los
no
espondió
,
po que
es aban
á
la
pue a
de
pa

lacio
,
y
en a on
sin
obse a
que
la
pe sona
que
los
habia
seguido
,
es aba
á
pocos
pasos
medio
ocul a
en
una
esquina,
y
que
sin
duda
supo
busca
un
camino
mas
co o,
pues
llegó
dos
minu os
an es.
Los
mi ó
con
a ención
,
y
asi
que
los
ió
desapa ece ,
dando
una
pa ada
en
el
suelo,
dijo
con
oz
medio
ahogada
po
la
abia:
—
¡El
es
,
no
me
habia
engañado
!
AI
conclui
es as
palab as
,
echó
á
anda
con
apidez
,
y
se
di igió
á
casa
de
Inés;
cuando
llegó
sacó
una
lla e,
ab ió
la
pue a
con
cuidado,
y
después
de
ce a la
po
den o,
subió
la
escale a
con
sigilo,
en ó
en
la
sala,
se
ace có
a
la
pue a
íel
gabine e,
mi ó
po
la
ce adu a,
y
con empló
un
momen o
á
Inés
do mida
en
el
sillón
:
después
exhalando
un
p olongado
suspi o,
buscó
á
ien as
o a
pue a
y
en ó
á
una
habi ación,
en
medio
de
la
cual
habia
una
mesa
con
a ios
lib os
abie os
y
papeles
en
deso den
:
apagó
una
bu-
gia
que
a dia
sob e
ella,
se
a ojó
es ido
en
el
lecho,
y
allí
de amó
lág imas
como
un
niño.
—
11
—
CAPÍTULO
SEGUNDO.
Pálida
y
débil
es aba
Inés
á
la
mañana
siguien e,
cuando
se
ab ió
la
pue a
del
gabine e
y
en ó
un
jo en
de
ele ada
es a u a
y
ai e
noble
:
su
os o
e a
mo eno
cla o
,
pe o
bas an e
pálido
,
y
sus
ojos
neg os
ascinado es
,
es aban
o
deados
de
una
oje a
colo
de
iole a
que
de amaba
en
odo
su
semblan e
un
in e
de
melancolia
;
enia
las
cejas
pe ec amen e
a queadas
y
en
su
en e
que
se
alzaba
al

ane a,
se
eían
algunas
a ugas
causadas
al
ez
po
pa
decimien os
mo ales:
el
conjun o
de
su
igu a
mas
bien
g acioso
que
lleno
de
pe ección
,
no
podía
menos
de
ag a

da ;
y
el
que
oía
su
oz
an
a moniosa
como
el
can o
de
los
uiseño es
y
o as
eces
lánguida
como
los
suspi os
de
la
b isa
,
no
le
ol idaba
nunca.
.
Adelan óse
con
paso
len o
hácia
la
jo en
que
se
son io
con
is eza
al
e le
,
la
omó
el
pulso
y
después
de
obse

a la
algunos
ins an es
dijo
sen ándose
á
su
lado:
—
Se
ha
aumen ado
la
lieb e.
—
¡Sí!
con es ó
ella
con
un
lige o
es emecimien o,
y-
me
sen ía
an
buena,
que
po
eso
me
he
es ido
muy
em

p ano.
—
12
—
—
¿De
e as,
Inés?
y
al
mismo
iempo
la
di igió
una
mi ada
escud iñado a
que
hizo
embla
á
la
pob e
niña.
—
¿Lo
dudas
Felipe?
—
Si
,
po que
cualquie a
conoce ia
que
has
pasado
la
no

che
sin
do mi .
—
Yo
......
—
T anquilíza e,
alma
mía,
no
e
al e es
po
Dios,
pe o
no
quie as
ocul a me
lo
que
yo
sé,
lo
que
yo
he
is o.
-¡Tú!
—
Sí,
yo;
anoche
á
la
una
en a on
en
casa
dos
hom

b es
y
salie on
después
de
una
ho a.
¿Te
a a e ás
á
des

men i me?
—
¡Pe dón!
dijo
cayendo
de
odillas
á
los
pies
de
su
p imo.
—
Alza
del
suelo
,
ángel
de
Dios
;
no
es
á
i
á
quien
debo
ep ende .
¿Ve dad
que
ú
no
que ías
que
inie a
á
casa
ese
homb e?
¿ e dad
que
uis e
seducida
po
I ene?
¡ah!
di-
me
que
e es
inocen e
y
odo
e
lo
pe dono.
—
Felipe
,
dijo
pasándole
el
b azo
al
ededo
de
su
cuello,
yo
no
sé
men i :
¿po
qué
he
de
culpa
á
o o?
yo
sola
soy
la
c iminal...
¡le
amo!
—
Bien
es á
,
con es ó
él
apa ando
con
desdén
el
b azo
de
Inés;
bien
es á,
pe o
déjame:
¡ah!
ú
no
sabes
el
daño
que
me
hacen
us
ca icias.
—
¿Desp ecias
mi
ca iño?
—
Tú
e es
la
que
desp ecia
el
mió.
—
Yo
e
quie o
mucho,
Felipe,
ú
e es
mi
he mano,
mi
p o ec o ,
mi
único
amigo.
—
Si
,
pe o
al
amigo
,
al
p o ec o
y
al
he mano
,
hay
que
deja les
pa a
segui
al
esposo.
—
¿Me
c ees
capaz
de
ene
alo
pa a
sepa a me
de
i?
no,
amigo
mió,
ú
es a ás
siemp e
á
mi
lado.
—
¿Pa a
se
es igo
de
la
elicidad
de
o o?
¿pa a
mo i
de
celos:
¡ay!
que
p on o
has
ol idado
us
p omesas.
—
¡
Po
piedad
!...
—
Te
acue das,
p osiguió
él
sin
escucha la,
de
aquella
no

u