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El vértigo y la guerra: densos hilos pretéritos para tejidos posmodernos

Author: Castro de Paz, José Luis
Publisher: Associació Cinefòrum L'Atalante
Year: 2018
Source: https://minerva.usc.es/bitstreams/005b8754-970c-46f1-93ee-f4200d430276/download
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L’ATALANTE 25 ene o - junio 2018
CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
PREÁMBULO 1.
AUSENCIA PATERNA Y HERIDAS
DEL DESEO: DE LA GUERRA CIVIL
A LA POSTRANSICIÓN
En nues as in es igaciones sob e el cine espa-
ñol de la posgue a obse ábamos cómo algunos
de los ilms más ele an es del pe iodo 1939-1950
cons uían un nudo semán ico y o mal que a a-
esaba, como dolo osa he ida, la ca ne diegé ica
de odos ellos: la pé dida i emediable del obje o
amo oso y la soledad y la melancolía esul an es
podían se leídas como me á o as de un país de-
solado, angus iado, poblado de agobian es y som-
b íos ecue dos, sopo ando un complejo de culpa
que b o aba incon olable. Huellas de la gue a y
he idas del deseo se soldaban y con undían así,
inex icablemen e, has a da a nues o más des-
conocido cinema su ai e densísimo y espec al, su
a la ez desean e y desolada a mós e a (Cas o de
Paz, 2002 y 2012).
Pues bien, si esa pé dida omaba me a ó ica
o ma en dichas películas en un pe sonaje eme-
nino asesinado, p ohibido, desapa ecido o aido ,
lo hacía en ocasiones (casi pod íamos deci que de
mane a p og esi a, ganando peso con el paso de
los años) en elazándose muy densamen e con
la apa ición de pe sonajes in an iles, de niños/as
que, de o ma simbólica o eal, su ían una o an-
dad pa e na —mo i ada na a i amen e en oca-
siones po esa con lic i a p esencia/ausencia e-
menina— que les abocaba a una ida las ada po
la soledad, la locu a y la mue e. In an es, pues,
psíquicamen e mu ilados, obsesionados po una
igu a pa e na ausen e, acallada o a asada po
la gue a, a apados en una melancólica búsque-
da del iempo pe dido, de la in ancia pe dida, y a
menudo condenados a na a la, en angus iosos
ecue dos-imágenes que eapa ecen, sinies a-
men e ci cula es, en los e icue os de la memo-
ia. Pe o el pasado no puede eencon a se ni el
iempo se de enido, y los duelos imposibles de
JOSÉ LUIS CASTRO DE PAZ
EL VÉRTIGO Y LA GUERRA:
DENSOS HILOS PRETÉRITOS PARA
TEJIDOS POSMODERNOS
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CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
Ca los Du án (niño y adul o en Vida en somb as
[Lo enzo Llobe -G àcia, 1948]), del hué ano Ma -
celino (Ma celino, pan y ino [Ladislao Vajda, 1955])
o, más a de, de Gab iela (la «española en el exi-
lio» de En el balcón acío [Jomí Ga cía Asco , 1962])
conclui án en deli io, del mismo modo que lo ha á
el de la pequeña Ana de El espí i u de la colmena
(Víc o E ice, 1973) con la inol idable alucinación
del mons uo de F ankens ein, mons uo is e y
español, cons uido a pa i de los miles de cadá-
e es bélicos.
Podemos a i ma , de hecho, que el ágico si-
lencio pa e no a a cons i ui , oscu o y pe sis en-
e, el núcleo semán ico sob e el que se cons ui-
án las más densas esc i u as ílmicas que, en la
ansición polí ica, apun en al mi o —El espí i u de
la colmena, cla o, pe o ambién Fu i os (José Luis
Bo au, 1975) o Elisa ida mía (Ca los Sau a, 1977)—,
p esen ando una a día1, malsana, ba oca, ágica
y espe pén ica e sión en Mad egilda (1993, coes-
c i a, como el ilm de E ice, po Ángel Fe nández
San os), úl imo í ulo has a la echa de F ancisco
Reguei o, uno de los más g andes cineas as de
la gene ación del Nue o Cine Español, dispues o
aquí, li e almen e, a da emenino cue po ílmico
al ho o cons i u i o sob e el que se undaba esa
ei e ada y casi siemp e me a ó ica y ambigua u-
sión gue a/mad e/ ijación imagina ia/ausencia
pa e na que la ía en muchos de los í ulos a los
que acabamos de hace e e encia. En ella, cuya
his o ia se si úa en 1946, o o niño sin pad e dia-
loga deli an e con su mad e, que le habla imagi-
na ia y ascinan e desde la pan alla de la mí ica
Gilda (1946) de Cha les Vido (Imagen 1). Hijo eal
de una compañía en e a del ejé ci o anquis a
cuyos miemb os poseye on a la muje du an e la
gue a —y, al pa ece , se nos dice, po o den del
p opio Caudillo—, nacido sin pa o, sacado a cuchi-
llo del ien e ma e no po el homb e acoba dado
que no pudo e i a lo sucedido, ella enca na eal-
men e la España anquis a, la mad e a e ado a
al que el in an ilizado iudo, co onel cuya misión
es igila la basu a y ecicla la pa a alimen a a
los españoles, ado a en una blas ema imagen de la
Vi gen, odeada de elas y abalo ios. Pe o ella, si-
nies a, e o na á oda ía pa a mos a la cica iz
a su hijo, pa a mos a se an e él como obje o de
deseo, pa a que el niño la oque, la ab ace y se pos-
e a sus pies, pa a que eciba su leche, ambigua
e inces uosa, sob e su os o hamb ien o, descon-
ce ado y dolo ido.
Insis amos, empe o, en cómo dicha o andad
simbólica p o agonizaba ya en buena medida la
c eación li e a ia y cinema og á ica de la España
nacida de la gue a y su gía en el mismo cine pos-
bélico en ilms de ex ao dina ia ele ancia como
los ci ados, algunos de los cuales, no po casuali-
dad, pe enecen al g upo de aquellos que González
Requena (1989) y Zunzunegui (2002) as ea on
en su día como con o mado es de una «es iliza-
ción mí ica» ( o mas que buscan la usión en e la
his o ia y el mi o, ecu encia del ac o de na a ,
ce emoniosidad, simbolismo, melancolía, papel
del cine como ope ado mí ico…) cen al en la e o-
lución his ó ica y es é ica del cinema hispano. Nos
e e imos, al menos, y además de Vida en somb as,
Ma celino, pan y ino y En el balcón acío, a o os
como Las inquie udes de Shan i-Andía (A u o Ruiz
Cas illo, 1946) y Obsesión (Ruiz Cas illo, 1948), La
si ena neg a (Ca los Se ano de Osma, 1947) o Un
homb e a po el camino (Manuel Mu O i, 1949),
Imagen 1. Vida en somb as (Lo enzo Llobe -G àcia, 1948)
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CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
ilms melod amá icos que no solo p esen an siem-
p e algunos de los asgos o males ci ados, sino
que, algunos de ellos, dadas las e lexiones que
p oponen y su al u a es é ica y semán ica, alcan-
za án de lleno, incluso más allá del ascenden al
anclaje his ó ico en el iempo de su ealización, a
las he idas psíquicas del deseo masculino incula-
das al con lic o edípico y al complejo de cas ación
desc i os po Sigmund F eud y e o mulados po
Jacques Lacan (Cas o de Paz y Gómez Becei o,
2015).
Y, siendo así, con segu idad debe ía epensa -
se con calma la lúcida o undidad con la que el
p opio Luis Buñuel, en ese inaudi o ilm-c isol que
es Vi idiana, usión de las más densas adiciones
cul u ales hispanas (el A cip es e, Ce an es, cos-
umb ismo, Pica esca, Goya, Galdós, Vallé-Inclán)
y po encial mo o —a la pos e allido, céleb e es-
cándalo en Cannes y censu a median e— pa a un
nue o cine español mode no y popula , ecu e
como dispa ade o de su complejo discu so a la
e ien e melod amá ica (Ma zal, 1996), al duelo
no sa is echo y al deseo de Don Jaime (Fe nando
Rey) po su muje mue a ( allecida du an e o poco
después de la Gue a Ci il) y a su obsesi o in en o
e ichis a de e i i la en su sob ina, ecu iendo
a planos semisubje i os de acecho deli an e que —
como ya hicie a en Él (1952), y con acie o incula-
a en onces F ancesco Case i con el pos e io ilm
de Hi chcock (Case i, 1989: 113)— pa ecen coinci-
di con las o mulaciones isuales po medio de
las cuales la mi ada de Sco ie a apa/es a apada
po la imagen de Madeleine desde la secuencia del
es au an e E nie’s en Vé igo (De en e los mue -
os) (Ve igo, Al ed Hi chcock, 1958).
PREÁMBULO 2.
ANTES Y DESPUÉS DE VÉRTIGO
En elación con la ci ada película de Hi chcock, de-
cisi a pa a nues os in e eses, en ex emo sin o-
má ico esul a el hecho de que, pa a cualquie es-
pec ado cul o que acceda a es os ilms ealizados
en la posgue a española después de habe is o
la cin a hi chcockiana, pa ezca en e dad di ícil
no incula a sus p o agonis as (Ca los Du án y
Gaspa de Mon eneg o, ambos in e p e ados po
Fe nando Fe nán-Gómez en Vida en somb as y La
si ena neg a espec i amen e, pod ían muy bien
ejempla iza los) con el melancólico Sco ie Fe -
guson enca nado po James S ewa . Si en el ilm
de Llobe -G àcia —di ec amen e in luido po el
Hi chcock de Rebeca (Rebecca, 1940)— el homb e,
des uido po el dolo , acude solemne a la umba
de su amada, como ha á Sco ie una década des-
pués, en La si ena neg a Se ano de Osma pa e-
ce an icipa se igualmen e —an es de Hi chcock,
pe o ambién de Buñuel— a la solución o mal
ideada po el cineas a b i ánico a la ho a de da
o ma a la mi ada masculina que, econociendo el
cue po al que no puede e i a di igi se, se lanza
hacia él, a aída y eme osa. Ambos pa en de un
plano semisubje i o que su ge de la mi ada de los
p o agonis as pa a, en pano ámica, encuad a
el os o de la Muje ; en onces, dejando los ojos
a ás, un a elling de ap oximación señala el ini-
cio mismo de ese p oceso i e e sible de ensam-
blaje en e el cue po elegido y los agmen os de
imágenes p imo diales que ejen nues o deseo
inconscien e pa a da nue a (y no menos ugaz)
ida al an asma.
Sin omá ico, decíamos, po que si la cen al p e-
sencia de la ob a maes a de Hi chcock condiciona
VIRIDIANA (...) RECURRE COMO
DISPARADERO DE SU COMPLEJO
DISCURSO A LA VERTIENTE
MELODRAMÁTICA (…), AL DUELO NO
SATISFECHO Y AL DESEO DE DON JAIME
(FERNANDO REY) POR SU MUJER MUERTA
(FALLECIDA DURANTE O POCO DESPUÉS
DE LA GUERRA CIVIL) Y A SU OBSESIVO
INTENTO FETICHISTA DE REVIVIRLA
EN SU SOBRINA
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CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
la mi ada del espec ado con empo áneo — al es
su peso en el canon c í ico y analí ico ac ual— no
menos hab á de modula la de los cineas as que
desde su es eno y pos e io encumb amien o se
han en en ado a la pues a en imágenes de la i-
jación masculina en La Muje , esplandecien e
y ugi i o obje o de amo , siemp e ágicamen e
desapa ecido (po inexis en e).
ALMODÓVAR (Y AMENÁBAR)
Sin duda jun o a muchos o os, en p opo ciones
lógicamen e del odo cambian es y a iables en
unción de la his o ia na ada y del es ilo, el a-
lan e y el alen o del cineas a del que se a e, el
con lic o bélico español y sus consecuencias psí-
quicas, (muchas eces oda ía) inex icablemen e
unidos na a i amen e a la pé dida del obje o de
deseo, o malizada a menudo con e iden es in-
luencias del Vé igo hi chcockiano, cons i uyen
quizás el más llama i o e híb ido sus a o — o mas
hollywoodienses de o madas y oceadas en cue -
pos españoles, al modo del F ankens ein de la niña
Ana— de algunos de los más densos y ele an es
melod amas del cine español con empo áneo, o,
po mejo deci , de las e ien es melod amá icas
que, en e o as (del e o a la ciencia- icción, del
h ille a la comedia), con o man esos singula es y
ex a agan es a e ac os mul igéne o a los que en-
seguida amos a e e i nos.
Comencemos po la que pod íamos llama la
oscu a ilogía almodo a iana sob e el deseo mas-
culino, la Muje obje o de ese deseo y sus desola-
do es a a a es. Si, como señaló Vic o Fuen es, el
suje o del inconscien e es «el au én ico suje o de
su cine como lo es sin duda de los de Luis Buñuel
y Al ed Hi chcock» (Fuen es, 2005: 93-107), a la
búsqueda de comp ende el compo amien o del
homb e y su desalen ado y esencialmen e me-
lancólico des ino desean e, e incluso de ac i a
ó mulas pa a un hipo é ico a ón econs uido
(con p obabilidad an igu osas discu si amen e
como a la ez bienin encionadas e ingenuas en
igo psicoanalí ico), nada más lógico que Almo-
dó a plan ee en Hable con ella (2002) su p ime a,
ní ida y singula ísima ap oximación a la cues ión
masculina a pa i de dos de las g andes ob as hi -
chcockianas sob e el ema: Vé igo y Psicosis (Psy-
cho, 1960) aunque no al en ampoco e e encias
—incluso muy e iden es— a o os dos í ulos que
ab en y cie an, además y espec i amen e, el
ascenden al pe iodo manie is a de la ilmog a-
ía del ealizado b i ánico: La en ana indisc e a
(Rea Window, 1954), y Ma nie, la lad ona (Ma nie,
1964). De hecho, si como a i mó Almodó a «Vé -
igo es una película mad e de muchas películas»
(S auss, 1995: 160), no debe so p ende que, so-
b e odo, uel a su mi ada al ilm de 1958, el más
p o undo y desga ado melod ama hi chcockia-
no sob e el deseo del homb e y ágica me á o a
sob e la pulsión escópica y la mi ada masculina ( e-
ichis a) que se halla en la base misma del place
cinema og á ico ins i ucional2.
Y es que sus p o agonis as, Benigno (Ja ie
Cáma a) —un nue o No man Ba es, benigno, i -
gen, ca iñoso y hablado , ejempla men e edípico,
con una mad e, posesi a y pos ada en la cama,
de la que sólo escuchamos su oz en o y a la que
el jo en dedica sus p ime os ein i an os años de
ida; enamo ado a su ez de una Imago emenina
(Alicia, Leono Wa ling) a la que obse a, como el
oyeu S ewa de La en ana indisc e a a a és de
la en ana y que, lógicamen e, se pe i ica como es-
a ua an e su p oximidad, al modo de una nue a y
no menos bella Madeleine— y el melancólico Ma -
co (Da ío G andine i), digno pe sonaje de bole o,
doblemen e abandonado (capaz de eñi de me-
lancolía, en un ípico juego almodo a iano, has a
la más epulsi a culeb a), hab án de conjuga se y
undi se —li e almen e supe pues os en la con-
e sación inal en la p isión— pa a da au én ica
ida a la Muje (c eada, en magis al me á o a, po
la pan alla en blanco: la cáma a, ceni al, nos mues-
a la impolu a sábana —que ocupa la o alidad del
encuad e—; bajo ella, poco a poco dibujada, su ge
la o ma emenina...). A Ma co queda á la di ícil
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CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
pe o sin duda g a i ican e misión que Benigno no
ue capaz de log a en su locu a (sus bienin en-
cionadas palab as, pese al í ulo, no despie an a
Alicia, sino ese en e mizo y b u al coi o con su
cue po ine e, ejempla y lúcidamen e me a o-
izado en el ilm mudo El aman e menguan e y su
g an agina-pan alla que engulle al minúsculo
p o agonis a): comp ende y asumi que la Figu a
(Alicia) que ha enido a apa el acío que a su lado
ha dejado su p ime amo (el lado de echo de ese
encuad e de p o unda belleza en el que dos iem-
pos se unden dolo osamen e mien as escucha-
mos a Cae ano Veloso) es ambién un se humano,
de exis encia eno ada, al que habla y que e . Es
p ecisamen e de ese lado de echo del encuad e de
donde su gi á, en un plano de pun o de is a de
Ma co que ci a de o ma explíci a pe o ex ao di-
na iamen e la su il apa ición de Madeleine en la
lo is e ía en Vé igo, la imagen con la que, po do-
lo oso que esul e, hab á que ap ende a con i i .
En la más somb ía Los ab azos o os (2009),
Ped o Almodó a p osigue su indagación en los
con lic os edípicos y las azones y las consecuen-
cias psíquicas de la cegue a simbólica del homb e.
Dada de nue o la es echa elación del ilm con
Vé igo —en la que, según Eugenio T ías, Sco ie
e a «el cine mismo andando» (T ías, 1982: 99-100),
pe siguiendo sin pode a apa más que como
ob a de a e a la Muje , obje o único
de la mi ada—, no debe ex aña nos
que, as la mue e de su Madelei-
ne (Magdalena es ambién el nom-
b e del pe sonaje in e p e ado po
Penélope C uz), el p o agonis a sea
un di ec o ciego, emocional y p o-
esionalmen e incapaci ado. Con
odo, si una película la e en el co a-
zón de Los ab azos o os es Vida en
somb as, a su ez —como ya seña-
lamos— ue emen e in luenciada
po Hi chcock. Como en la no me-
nos me acinema og á ica película
de 2009, pe o sesen a años an es, el
p o agonis a de Vida en somb as es un cineas a e-
i ado (del cine y del mundo) po la incu able he i-
da psíquica p o ocada po la pé dida a comienzos
de la Gue a Ci il de su p ime —y esencialmen e
inalcanzable— obje o de deseo. Y es en el ilm de
Llobe -G àcia donde debe busca se el o igen úl-
imo de la pode osísima, inol idable imagen que
condensa el dolo p o ocado po la imposibilidad
del suje o de undi la Imago pedes al (li e almen-
e cegado a, c eada con es os de imágenes p i-
mo diales) y la muje co idiana». Como Du án en
Vida en somb as, y como el Sco ie hi chcockiano,
Ma eo Blanco (Lluís Homa ) es, o a ez, el cine
mismo enca nado, gi ando su angus ia y su deseo
al i mo mismo de la bobina de celuloide, y solo
po medio de las imágenes pod á comp ende ,
aunque ya no eludi , los lími es de sus imagina-
ias pasiones. Po que Lena (Penélope C uz) es, de
nue o, imagen cinema og á ica, pu amen e ima-
gina ia, y aunque Almodó a concede a Ma eo la
insensa a posibilidad de posee la, la pé dida se á,
como siemp e, inmedia a: Bella Du mien e, única-
men e i a en el ecue do y en el ilm. Y si en Vida
en somb as el p o agonis a puede ol e a oda
inalmen e as con on a se, ca a a ca a, p ime o
con la imagen i a de su esposa mue a (p esen e
en las películas amilia es) (Imagen 2) y luego con
la deli an e imagen eanimada de aquella cuando
Imagen 2. Mad eGilda (F ancisco Reguei o, 1993)

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CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
su cáma a ilma la o og a ía enma cada, insc i-
biendo así la ausencia en celuloide, Ma eo Blanco
solo ecupe a su nomb e as aca icia la úl ima
imagen i a, apenas en e is a y descompues a
en píxeles de pasado, de Lena, lo que le pe mi e
emon a su malog ada película (Imagen 3).
Pe o epa emos, oda ía, en cómo una e sión
dis o sionada y mons uosa de esa imagen ue e
p o enien e de la posbélica Vida en somb as p esi-
de la sal ajemen e ní ida pesadilla psicoanalí ica
que esconde la desasosegan e ob a maes a, e-
neb oso y a oz é igo neg o, i ulada La piel que
habi o (2011), aunque aquí —al modo del oyeu
Je e ies hi chcockiano mi ando po la en ana—
Robe Ledga d, el eminen e in es igado y ci u-
jano plás ico enca nado po An onio Bande as,
se limi e a obse a la imagen de su «c eación» (la
he mosísima Ve a (Elena Anaya), « econs uc-
ción» ansgénica de Gal, su esposa mue a, en el
cue po de un jo en, al que secues a y cambia de
sexo po medio de una b u al aginoplas ia) en di-
ec o, a a és de una g an pan alla que la igila
en odo momen o en la es ancia en la que es á en-
ce ada (Imagen 4). Insóli a mezcolanza de h ille ,
an ás ico, e o y (lo que aquí nos in e esa) me-
lod ama, dos son los í ulos ci ados —po la c í ica
y po el p opio Almodó a (2012: 160-161)— como
in luencias ílmicas p incipales: Los ojos sin os o
(Les yeux sans isage, Geo ges F anju, 1960) y, de
nue o, la omnip esen e Vé igo, como se sabe ba-
sada en una no ela, quizás esc i a exp esamen e
pa a Hi chcock, de Pie e Boileau y Thomas Na -
cejac, guionis as a su ez de la película ancesa.
P o undizando en la llama i a des ilación
o mal que ca ac e izaba ya Los ab azos o os, así
como en una compleja y espesa es uc u a na a-
i a, compues a de iscosos bloques de iempo que
se en ec uzan y amalgaman, an in icada y enig-
má ica como el uncionamien o del inconscien e4,
La piel que habi o nos p esen a a un nue o Sco ie
Imagen 3. Los ab azos o os (Ped o Almodó a , 2009)
Imagen 4. La piel que habi o (Ped o Almodó a , 2011)
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CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
enloquecido y mal ado, a la ez Pigmalión y doc-
o F ankens ein, cuyo oscu o con lic o edípico y
cas ación simbólica oman aquí cue po na a i o
en un duelo no ealizado después del suicidio de
su bella e in iel esposa (Elena Anaya) a ojándose
al acío —después de meses de con alecencia bajo
la cons an e igilancia po su obsesi o ma ido,
pegado a su cama—, as e su e lejo mons uo-
samen e des igu ado a consecuencia de las que-
madu as su idas en un acciden e de au omó il
mien as escapaba con su aman e, el « ig e» Zeca
(Robe o Álamo), he manas o ma e no del p o a-
gonis a. Po si ue a poco el desquiciado dolo del
ci ujano, su hija No ma (Blanca Suá ez) —jo en
men almen e ágil desde que, de niña, en el ja -
dín de su casa, ecibie a a su lado el b u al impac o
de la caída del i econocible cue po de la mad e—
segui á el mismo ágico
camino, as c ee que es
su pad e quién la ha io-
lado, cuando en ealidad
és e acude a ayuda la as
encon a la inconscien e
después de su i abusos
sexuales5, p obablemen e
no consumados, po pa e
de Vicen e (Jan Co ne ),
un jo en luga eño, du an-
e una lujosa ies a nupcial en ie as gallegas.
T aspasando cualquie lími e é ico, el obse-
si o doc o Ledga d p e ende á da nue a ida
a su Gal pe dida (la Iseo, Gala ea o Madeleine de
mí icos ela os p eceden es) en el cue po de Vi-
cen e, al que ( e)conoce (¿?) en la ci ada ies a po
medio de un inad e ido pe o decisi o plano de
pun o de is a en el que —a di e encia del guion,
donde nada se dice al espec o (Almodó a , 2012:
77-78)— su mi ada, des inada a su hija, queda
p endida del os o del muchacho (cambio de oco
que bo a el es o), a la ez o malmen e incula-
do (nue o cambio de oco que des aca a No ma)
con el de la chica. Median e al solución o mal,
sin duda ambigua5, y dado que el lashback no deja
de se , en cie a o ma, un sueño de Ledga d, Al-
modó a da pie a bucea —más allá de un p ime
ni el na a i o en el que la ans o mación no de-
seada y en ex emo c uel y iolen a de Vicen e en
Ve a se explica en exclusi a como enganza po
la iolación de su hija—, en una lec u a ex ual del
ilm como pesadilla psicoanalí ica, como deli io o
alucinación, «como […] escena io en el que el pa-
cien e puede implica se en su sín oma» (Fa iña,
2011: 17), casi del mismo modo que el ela o i ual
y an aseado que el inconscien e del p o agonis a
de Ab e los ojos (Alejand o Amenába , 1997) o o
ilm sob e la iden idad y la esponsabilidad en e
a la ci ugía plás ica), a aba de diseña pa a esca-
pa de la angus ia, empe o con e ido en la pesa-
dilla donde a lo a án las e dade as causas é icas
de su «mons uosidad», y en el que la Muje Ideal
(Penélope C uz) solo e o -
na á imposible y momen-
ánea, ambién en exp esa
ci a de Vé igo, pa a sus i-
ui a la allecida.
Como si la Muje ue a
cons uible, el doc o Led-
ga d, impo en e y simbó-
licamen e «cas ado» —sus
« elaciones» con Ve a, pese
al en enamien o al que la
some e con los consolado es, se limi a án a mi a la
en la g an pan alla desde el chaise longue mien as
uma opio, has a que apa ezca an e su is a en el
encuad e el « ig e», he manas o pe o ambién en
cie a o ma p oyección de la po encia sexual ab-
solu a pa a, de nue o y con undiéndola con la o i-
ginal, iola y des i ga a su c ia u a, encendien-
do en onces el deseo del ci ujano que, con odo,
choca á con la nega i a de la chica, ex enuada
as la b u al pene ación de Zeca—, pe o a la ez
endiosado cien í ico dispues o a odo pa a esceni-
ica / ab ica un pe ec o obje o de goce (goce a la
pos e siemp e pospues o, solo oyeu ís ico) que le
pe mi a apa su cas ación, llega á —cual Sco ie
e íme amen e eliz sen ado en la bu aca, segundos
TRASPASANDO CUALQUIER LÍMITE
ÉTICO, EL OBSESIVO DOCTOR
LEDGARD PRETENDERÁ DAR
NUEVA VIDA A SU GAL PERDIDA (LA
ISEO, GALATEA O MADELEINE DE
«MÍTICOS» RELATOS PRECEDENTES)
EN EL CUERPO DE VICENTE
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CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
an es de descub i el engaño de Judy/Madeleine
po medio del colla de Ca lo a— a enamo a se
de es a Muje -gadge , «me onimia de su hija y a
su ez allida esu ección de su esposa» (Fa iña,
2012: 20). Pe o lo o cluido insis e y la iden idad de
Vicen e —homb e al que el doc o y el ilm colocan
li e almen e en la piel de una muje -obje o, con-
i iéndolo en au én ico p o agonis a, homb e e-
cons uido, dolo osa y inalmen e iun an e, como
exp esa inequí oco el inaudi o úl imo plano de la
cin a— p e alece á pese a odo, más allá de la cien-
cia y de la piel, señalando, con sabidu ía, lo que el
semblan e no puede ela : que el se y su apa ien-
cia no son la misma cosa y que la unión o zada de
ambos solo puede aca ea , de as ado a, una mo -
í e a ac u a imagina ia (Cazalla, 2014: 273-277).
DE LA IGLESIA
Bien conscien e de la adición ílmica sob e la que
se asien a su e icacísima e o mulación espe pén-
ica (El día de la bes ia [1995]; La comunidad [2000];
C imen e pec o [2004]), con la espeluznan e, des-
medida, b u al, polémica y p emiada Balada is e
de ompe a (2010), Alex de la Iglesia pa ece deci-
dido —desde los excepcionales c édi os— a oma a
su ca go la i u ación de ini i a de las he idas del
hué ano bélico, del cine español y del p opio país,
de nue o empob ecido y acasado, eno me ci co
de o mado y g o esco.
En plena Gue a Ci il (1937), o igen del ni-
ño-«mons uo» (Pacheco Beja ano, 2014), Ja ie
es un in an e e aído y sin mad e cuando los a -
is as del ci co en el que i e —su pad e (San iago
Segu a) es el payaso on o— son obligados po un
o icial epublicano a epele un inminen e a aque
nacional. T as el iolen ísimo en en amien o,
p egnan e g abado goyesco, el pad e es de enido y
el niño, solo, sin p o ección alguna, c ece á incu-
bando la idea de enganza, única posibilidad pa a
él —en ágicamen e decisi as palab as de su pa-
d e, enca celado y más a de allecido du an e la
cons ucción del Valle de los Caídos— de se eliz.
T ein a y seis años después, en 1973, las he idas
no han cica izado. Ja ie (Ca los A eces), incapaz
de hace eí , es con a ado como payaso is e, en
un ci co le an ado sob e la más absolu a desola-
ción, a las ó denes de Se gio (An onio de la To e),
un payaso on o an b illan e sob e la pis a como
excesi o y b u al ue a de ella. La esplandecien e
apa ición de Na alia (Ca olina Bang), apecis a y
pa eja de Se gio, «la Muje glo iosa e inalcanzable»
(en palab as del p opio cineas a) y eminen emen e
in luida po Vé igo en su descenso «de los cielos»
ojo y cegado desde el pun o de is a del descon-
ce ado (y ya en egado) Ja ie , acompañado de la
he manniana pa i u a de Roque Baños, (Imagen
5), no solo supond á un i emediable shock pasio-
nal pa a el melancólico muchacho, sino que hace
que la película, pa oxís ica mezcolanza de géne os
(acción, e o , comedia) e in luencias de odo ipo
(Goya y Valle-Inclán, desde luego, pe o ambién
Ga as humanas [The Unknown, Tod B owning,
1927], con Lon Chaney, la comedia espe pén ica
de Fe e i, Be langa y Fe nán-Gómez, Los pa-
yasos asesinos del espacio ex e io [Kille Klowns
om Ou e Space, S ephen Chiodo, 1988], los su-
pe hé oes de Ma el, Moebius o el ebeo clásico
español), se decan e en buena medida hacia el
melod ama omán ico, p o undamen e edípico,
an in luido po Hi chcock como po la adición
his ó ica del más obsesi o y deli an e cine español
de la posgue a, como imos p o undamen e me-
lod amá ico, desolado y desean e.
Así, como en La si ena neg a o en Vé igo, la
elección de Na alia como obje o de amo po pa e
Imagen 5. Balada is e de ompe a (Álex de la Iglesia, 2010)
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CUADERNO · LA PERVIVENCIA DE LA NOSTALGIA
del amed en ado y con oda p obabilidad i gen
payaso is e, encie a buena pa e de las ca ac-
e ís icas de ese ipo esencial de elección de obje o
po pa e del homb e de inidas po F eud en sus
«Apo aciones a la psicología de la ida e ó ica»
(F eud, 1967: 67-111). Aquí, el «pe juicio del e ce-
o» end ía enca nado —cla i icando al máximo el
o igen edípico de la elección— po Se gio, p oyec-
ción del pad e mal ado (es, como su p ogeni o , lo
que a él le es á edado: payaso on o; sus i uye al
pad e allecido en la pesadilla del muchacho), mal-
a ado y de po en osa po encia sexual. Na alia,
po su pa e, al e na i amen e ubia y mo ena,
no es solo «sexualmen e sospechosa» y de dudo-
sa «pu eza y idelidad», sino que, a sus ojos y sin
duda alguna, «necesi a se sal ada». Po si hubie a
dudas sob e lo dicho, el di ec o y guionis a hace
que, en su segundo encuen o du an e la cena con
el g upo, un chis e b u al con ado po Se gio so-
b e un niño sin mad e, nacido mue o, y iolen-
amen e golpeado con a el c is al po la en e me-
a, p o oque el p ime y desigual en en amien o
e bal en e los homb es y la paliza —inmise ico -
des pa adas incluidas—, de Se gio a su pa eja (que,
encendido su deseo po los golpes, se en ega á a
él sexualmen e ins an es después).
Sin opajes simbólicos que lo sus en en y as un
b e e simulac o de elación con la chica —que aca-
ba á lógicamen e con la escalo ian e ag esión que
su e po pa e de Se gio cuando es e lo encuen-
a con Na alia y que casi lo lle a a la mue e, y la
no menos b u al enganza de Ja ie des igu ando
el os o del payaso on o con una ompe a—, co-
mienza el i emediable p oceso de animalización del
muchacho. Escapando de la Gua dia Ci il, se cobi-
ja á desnudo en un hueco del bosque alimen ándo-
se de ca ne c uda, pe o se á inalmen e de enido y
con e ido en «pe o de caza» del co onel Salcedo,
con el que ya se ie a la ca as du an e el asal o al
ci co en la Gue a y, años después, en el a en ado
que el jo en lle a a cabo en el Valle de los Caídos,
p o ocándole al mili a la pé dida de un ojo (pe o
ambién la mue e de su p opio pad e). Ence ado
en un só ano aba o ado de cachi aches eligiosos
y mili a es as mo de a F anco du an e una cace-
ía, Ja ie —como o os de nues os p o agonis as
del pasado— deli a a la Vi gen Ma ía con el os o
esplandecien e y ulgu an e de Na alia (en pla-
nos de igu oso pun o de is a) (Imagen 6), que le
pide que se con ie a en su «Ángel de la Mue e»,
y, pos ándose an e ella como el pad e dolo ido in-
e p e ado po José Sac is án hacía con la suya en
Mad egilda —colocando cada uno el os o de su an-
asma en el luga del «obje o» al an e que la bélica
bala u i a había a ancado a la imagen i ginal
de Vida en somb as—, de ini i amen e pe u bado,
desga ado a epi anía del mons uo, se des igu a la
ca a quemándosela con ácido y una plancha y se
lanza enloquecido y a mado a la (imposible) bús-
queda de la Muje , des ozando cuan o encuen a a
su paso (aunque el comando de ETA le ayude en el
caso de Ca e o Blanco). El país se desang a.
Aunque como Ca los Du án, la Ana e iciana,
el niño de Mad egilda o los p o agonis as de Almo-
dó a , Ja ie busque ayuda simbólica en la imagi-
na ia pan alla cinema og á ica —y Álex de la Igle-
sia epi e, aunque ans o mando su sen ido, la
misma composición que eíamos nace en Vida en
somb as: el muchacho dialoga deli an e con el pa-
Imágenes 6 y 7. Balada is e de ompe a (Álex de la Iglesia, 2010)