UNM
RSID
’
DICOMPOSIIIA
u
CARTA
PASTORAL
DEL
EXCMO.
Y
REVMO.
SEÑOR
SOBRE
LA
DEVOCIÓN
DEL
SANTÍSIMO
ROSARIO.
SANTIAGO:
I
mp
.
y
E
n c
.
d el
S
emina io
C
o n c il ia
C
en a l
1892
se
UNIVERSIDAI
DE
SANTIAGO
DE
COMPOST
u
u
se
UNIVbRSlDA
jh
Oh
SAN
I
IA<
0
d i
.COMPO
'
>:i
A
CARTA
PASTORAL
NOS
EL
DOCTOR
DON
JOSE
MARTÍN
DE
HERRERA
Y
DE
LA
IGLESIA,
POR
LA
GRACIA
DE
DlOS
Y
DE
LA
SANTA
SEDE
APOSTÓ
LICA
A
zo bispo
d e
S
a n ia g o
d e
C
o mpo s el a
,
C
a pe
l l á n
M
a y o
d e
S.
M.,
J
u ez
O
d in a io
d e
su
R
ea l
C
a pil l a
,
C
a sa
y
C
o e
,
N
o a io
M
a y o
d el
R
ein o
d e
L
eó n
,
C
a ba l l e o
G
a n
C
u z
d e
l a
R
ea l
y
d is in
g u id a
O
d en
d e
C
a l o s
III,
S
en a d o
d el
R
ein o
,
d el
C
o n sejo
d e
S.
M.,
e c
.,
e c
.
^.1
"VQaa.e a.Tsle
ZDeázx
-y
CaToild-o
ele
xiiies a
Saa a
^.yos-
ólíca
y
^ Ce oyoli ana
Ig lesla
d.e
San iago
5.e
Compos e
la,
al
"Veme alole
-A-Toad.
3T
Ca lláo
d.e
la
Colegia a
d.e
la
Co nna,
á
nues os
A cip es es,
Pá ocos
y
d-ezmás
Cle
o,
á
los
ESelig-iosos
y
Zíellg'losas,
y
á
los
deles
od.os
d.e
nues a
^. clxld.iócesis:
PAX
VOBIS.-PAZ
Á
VOSOTROS
C
*
o n
singula
egocijo
damos
á
Dios
nues o
Seño
_
las
más
endidas
acciones
de
g acias
po
los
se
ñalados
a o es,
que
Nos
ha
o o gado
du an e
la
San a
Pas o al
isi a,
que
acabamos
de
p ac ica .
Ven ajoso
concep o
eníamos
ya
de
la
le
y
de
la
piedad
del
Cle o
y
u
-
4
—
pueblo,
que
el
Seño ,
en
sus
inesc u ables
juicios,
ha
pues o
bajo
nues a
solici ud
Pas o al;
pe o
los
hechos
ecien es,
que
han
enido
luga
en
las
pa oquias,
que
he
mos
isi ado,
han
enido
á
co obo a
y
a i ma
más
y
más
ese
mismo
juicio,
y
á
demos a
que
los
abajos
del
Após ol
San iago
en
es a
a o unada
ie a
de
Gali
cia
con inúan
p oduciendo
muchos
y
abundan es
u os.
En
el
mon e
que
lle a
su
nomb e,
jun o
á
la
illa
del
Pad ón,
hemos
is o
milla es
de
ieles
asis iendo
á
la
San a
Misa,
ecibiendo
la
Sag ada
Comunión,
oyendo
la
di ina
palab a
y
en onando
himnos
sag ados
con
el
ma
yo
ecogimien o
y
compos u a.
Las
au o idades,
el
Cle
o
y
el
pueblo
concu ie on
en
solemne
p ocesión
al
mon e,
donde
según
la
adición
p edicó
San iago
la
di
ina
palab a,
y
allí
apiñados,
pe o
con
el
mayo
o den
y
silencio,
escucha on
de
nues os
labios
aquella
misma
palab a,
y
ecibie on
la
semilla
e angélica,
que
segu a
men e
cayó
en
ie a
buena,
es o
es,
en
co azones
dó
ciles
y
sumisos.
Sin
más
a ac i o
que
el
de
su
e
y
su
piedad,
acudie on
allí
en
nume osísima
muchedumb e,
como
en
los
años
p eceden es;
y
con
la
mayo
espon a
neidad
hicie on
una
he mosa
y
pública
p o es ación
de
la
san a
e
ca ólica.
¡Qué
espec áculo
an
edi ican e
y
an
sublime
o ecían
á
Dios,
á
los
Angeles
y
á
los
hom
b es
aquellos
milla es
de
ca ólicos,
que
con es aban
uná
nimes
c eo
á
cada
una
de
las
p egun as,
que
les
hacíamos
sob e
los
mis e ios
de
nues a
e!
¡Con
qué
ene gía
e
chaza on
odos
los
e o es
opues os
á
la
misma
e!
A
odo
es o
enemos
que
añadi
la
con inua
asis en
cia
á
las
iglesias
pa oquiales
de
San iago
de
Pad ón,
y
de
San a
Ma ía
de
los
Angeles
en
los
días
de
la
San a
Pas o al
Visi a,
pa a
oi
nues a
p edicación,
acudi
al
ibunal
de
la
Peni encia,
eza
el
San o
Rosa io
y
p ac
ica
o os
ac os
de
piedad.
Bendi o
sea
el
Seño ,
Pad e
de
las
mise ico dias
y
Dios
de
odo
consuelo
(1),
que
así
nos
a o ece
en
es os
iempos
de
an a
inc edulidad
é
indi e encia.
E a
de
e ,
no
sólo
en
las
pa oquias
co
espondien es
á
los
cen os
de
Pad ón,
de
los
Angeles
y
de
es a
ciudad
de
San iago,
la
pun ual
asis encia
del
(i)
2.*
Co .
c.
i,
.
3.
u
-
5
—
Cle o,
la
nume osa
concu encia
de
los
ieles,
los
cen e
na es
de
pe sonas
de
uno
y
o o
sexo
pues as
de
odi
llas,
al
iempo
mismo
de
nues a
llegada,
en
los
A ios
y
con o nos
de
las
iglesias
pa oquiales,
os en ando
mu
chas
el
escapula io
del
Sag ado
Co azón
de
Jesús,
ó
el
de
la
San ísima
Vi gen
Ma ía;
la
mul i ud
de
olado es
dis
pa ados
en
nues o
obsequio,
pa a
demos a
el
júbilo
y
con en o,
con
que
los
pueblos
ecibían
á
su
P elado,
y
los
milla es
de
pe sonas
de
odas
edades,
que
ecibie on
el
Sac amen o
de
la
Con i mación.
Jus o
es
que
consignemos
aquí
es os
hechos,
no
po
lo
que
ienen
de
hono í ico
á
nues a
humilde
pe sona,
sino
pa a
demos a
nues a
g a i ud
á
nues
os
amados
colabo ado es
en
el
minis e io
de
la
cu a
de
almas,
y
á
los
ieles
que
les
es án
encomenda
dos,
así
como
ambién
pa a
da
un
público
y
solemne
men ís
á
los
a iliados
á
sec as
diabólicas,
que
i en
del
odio
al
Ca olicismo,
y
se
alen
de
libelos
in ama o ios
pa a
calumnia
y
hace
gue a
á
los
Minis os
de
una
Religión,
que
condena
sus
maquinaciones
in e nales,
es
ellándose
és as
en
la
sensa ez
del
pueblo
ca ólico,
y
quedando
al
descubie o
los
impíos
p ocedimien os
de
los
enemigos
de
la
Iglesia.
A
nues o
eg eso
de
la
San a
Pas o al
Visi a,
hemos
enido
el
consuelo
de
lee
la
úl ima
E
n c íc l ic a
,
que
nues
o
San ísimo
Pad e
el
Papa
León
XIII
acaba
de
da
al
o be
ca ólico,
ecomendando
de
nue o
la
de oción
del
San o
Rosa io,
y
con i mando
la
concesión
de
indulgen
cias,
hecha
en
años
an e io es.
Con
es e
mo i o,
y
des
pués
de
habe
dispues o
el
iel
cumplimien o
del
manda o
de
Su
San idad,
Nos
pa ece
opo uno
di igi os,
Vene a
bles
He manos
y
amados
hijos,
es a
C
a a
P
a s o a l
,
con
el
in
de
cumpli
po
nues a
pa e
los
piadosísi
mos
deseos,
que
ya
dejó
consignados
el
Sumo
Pon í ice
en
su
B e e
de
24
de
Diciemb e
de
1883
po
es as
pala
b as:
u
Es
pues,
en
g an
mane a
con o me,
no
sólo
á
la
piedad
de
los
pa icula es,
sino
ambién
á
lo
que
exi
gen
las
públicas
calamidades,
que
es e
modo
de
o a
uel a
á
ocupa
aquel
luga
dis inguido,
que
hace
mucho
iempo
ob u o,
cuando
cada
una
de
las
amilias
c is ianas
p ocu aba
no
deja
pasa
un
sólo
día
sin
-
6
-
eza
el
Rosa io.
Po
es a
causa,
Nos
exho amos
y
ogamos
á
odos,
que
man engan
con
eligiosidad
y
cons ancia
la
cos umb e
de
eza
odos
los
días
el
Rosa
io:
y
asimismo
decla amos,
que
nues os
deseos
son,
que
se
ece
dia iamen e
en
el
emplo
p incipal
de
cada
una
de
las
diócesis,
y
odos
los
días
es i os
en
los
em
plos
pa oquiales.
u
Bien
conocida
es
la
his o ia
del
San o
Rosa io
á
los
ca ólicos
españoles,
pues o
que
nos
cabe
la
hon a
de
que
un
compa icio
nues o,
San o
Domingo
de
Guzmán,
haya
sido
el
que
lo
ins i uyó,
p edicó
y
p opagó,
como
a ma
pode osísima
con a
los
enemigos
de
nues a
san
a
e.
Pe o
Nos
place
consigna
aquí
es a
in e esan e
his o ia
con
las
mismas
palab as
de
nues o
San ísimo
Pad e
el
Papa
León
XIII:
“
Nadie
de
oso os
igno a,
ene ables
he manos,
cuán os
abajos
y
duelos
aca ea on
á
la
Iglesia
de
Dios,
á
p incipios
del
siglo
XII,
los
he ejes
albigcnses
que,
descendien es
de
los
maniqueos,
llena on
de
abo
minables
e o es
las-coma cas
me idionales
de
F ancia
y
o as
egiones
del
nomb e
la ino;
y
lle ando
po
odas
las
ie as
el
e o
de
las
a mas,
p e endían
sobe bios,
con
es ago
y
desolación,
es ablece
el
iun o
de
su
i
anía.
“
Con a
semejan es
b a ísimos
enemigos,
le an ó,
como
es
sabido,
el
Dios
de
las
mise ico dias
un
a ón
san ísimo,
el
íncli o
Pad e
y
undado
de
la
O den
Domi
nicana.
G ande
po
la
pu eza
de
su
doc ina,
po
la
san
idad
de
su
ida,
po
las
p oezas
de
su
apos olado,
omó
sob e
sí
la
de ensa
de
la
Iglesia,
iando
el
suceso,
no
en
la
ue za,
ni
en
las
a mas,
sino
sob e
odo
en
la
de oción
del
Rosa io,
que
él
mismo
ins i uyó,
y
po
sí
y
po
los
alumnos
de
su
O den
po
doquie a
p opagó,
como
quien
es aba
pe suadido,
y
po
di ina
luz
asegu ado,
que
los
enemigos
de
la
e,
encidos
y
desba a ados
po
la
ue za
de
aquella
o ación,
como
po
a ma
pode osísima,
se
e
ían
o zados
á
ceja
en
sus
impíos
y
sa ánicos
in en os.
Lo
cual
sabemos
cuán
pun ualmen e
en
hecho
de
e dad
se
cumplió.
Po que,
á
medida
que
los
pueblos
adop a
ban
y
epe ían
aquella
mane a
de
o a ,
según
el
Pa ia
ca
San o
Domingo
había
undado,
ecob aban
nue o
i-
u
—
1
—
go
la
e,
la
piedad,
la
conco dia;
y
caían
po
el
suelo
las
a e ías
y
iolencias
de
los
he ejes;
además
de
que
mu
chos
ue on
los
ex a iados,
que
ol ie on
al
buen
cami
no,
de
sue e,
que
las
a mas
omadas
po
los
ca ólicos
pa a
echaza
los
asal os,
si ie on
pa a
ep imi
la
u
ia
de
los
impíos.
u
La
e icacia
y
pode
de
semejan e
plega ia
cen elleó
con
i as
luces
en
el
siglo
XVI,
cuando
las
hues es
mu
sulmanas
amenazaban
some e
casi
oda
Eu opa
al
yugo
de
la
supe s ición
y
de
la
ba ba ie.
En onces
el
Sumo
Pon í ice
Pío
V,
después
de
exho a
á
los
p íncipes
c is ianos
á
oma
como
p opia,
y
de ende
la
causa,
que
e a
común
á
odos,
es o zó
su
empeñado
celo
mandando
in oca
con
el
San o
Rosa io
el
soco o
de
la
pode osa
Mad e
de
Dios.
En
aquellos
días
p esenció
el
cielo
y
la
ie a
un
espec áculo
milag oso,
que
cau i ó
la
admi a
ción
del
uni e so.
Po que,
po uña
pa e,
los
ieles,
no
lejos
del
is mo
de
Co in o,
dispues os
á
da
la
ida
y
la
sang e
po
la
sal ación
de
la
Religión
y
de
la
pa ia,
mi
aban
y
agua daban
á
pie
quedo
á
sus
enemigos,
y
po
o a,
ine mes,-
o denados
en
piadosos
escuad ones
de
suplican es,
pedían
á
Ma ía,
saludándola
ei e adamen
e
con
las
p eces
del
San o
Rosa io,
que
se
dignase
co
ona
con
la
ic o ia
los
o os
de
los
comba ien es.
Res
pondió
ella
á
los
e ien es
uegos.
Po que
empeñada
en
las
aguas
de
Lepan o
la
pelea,
la
lo a
de
c is ianos,
sin
no able
pé dida
de
los
suyos,
a ollados
y
hundidos
los
enemigos,
alcanzó
cumplida
ic o ia.
Po
lo
cual,
el
mismo
San ísimo
Pon í ice,
deseoso
de
au o iza
la
memo ia
de
aquel
amoso
suceso,
dec e ó
que
el
día
ani
e sa io
de
an
escla ecida
ba alla
se
celeb ase
con
so
lemnidad
á
hon a
de
Nues a
Seño a
de
las
Vic o ias,
el
cual
día
consag ó
después
G ego io
XIII
con
el
í ulo
del
Rosa io.
“
Igualmen e
en
el
siglo
pasado
o as
ic o ias
se
al
canza on
sob e
los
u cos
en
Temeswa
de
Hung ía,
y
jun o
á
la
isla
de
Co ú,
en
los
días
dedicados
á
la
Vi
gen
San ísima
Nues a
Seño a,
después
de
habe
o e
cido
muchas
p eces,
según
el
piadoso
i o
del
Rosa io.
Po
cuyo
mo i o,
Clemen e
XI,
nues o
p edeceso ,
quiso
que,
pa a
pe pe ua
memo ia,
la
ies a
del
Rosa io
se
UNU'ERSIDADE
DE
SANTIAGO
u
pecados,
emedio
con a
nues a
sobe bia,
y
ma e ia
de
sa is acción
y
mé i o
pa a
la
ida
e e na.
En
el
e ce o
debemos
ponde a
la
ignominia
de
Je
sús,
cubie o
po
desp ecio
con
man o
de
pú pu a,
co
onado
de
espinas,
y
hecho
obje o
de
las
bu las
de
los
soldados,
que
se
a odillaban
an e
Él,
le
daban
bo e a
das,
y
le
he ían
con
la
misma
caña,
que
po
ce o
le
ha
bían
pues o
en
la
mano.
¡Cómo
condena
la
co ona
de
espinas
de
Jesús
las
co onas
de
lo es,
que
la
anidad
pone
en
la;
cabeza
de
los
homb es!
¡Cuán o
debe
con
undi nos
y
a e gonza nos
la
con emplación
del
Ecce
homo!
Condenado
Jesús
á
mue e
de
C uz
po
Pila o,
débil
é
inicuo
Juez,
que
con esó
no
hallaba
causa
alguna
pa a
condena
al
Jus o,
se
le
obligó
á
és e
á
UeDa
sob e
sus
homb os
el
ins umen o
de
su
suplicio,
y
cuando
endi
do
po
el
peso
de
la
c uz,
cayó
con
ella
en
ie a,
busca
on
los
e dugos
á
Simón
de
Ci ene
pa a
ayuda le
á
lle a la.
¡Cuán
eno me
es
el
peso
de
nues as
culpas!
Sob e
Jesús
puso
el
E e no
Pad e
las
iniquidades
de
o
dos
noso os,
y
al
con empla le
caminando
con
la
C uz
á
cues as,
no
sólo
debemos
a epen imos
de
nues os
p opios
pecados,
sino
ambién
nega nos
á
noso os
mis
mos,
oma
nues a
C us
y
segui le.
El
úl imo
de
los
mis e ios
dolo osos
es
la
c uci ixión
y
mue e
de
Jesús
sob e
el
mon e
Cal a io.
Imposible
pa ece,
que
el
ánima
de o a
no
se
conmue a
p o unda
men e,
al
con empla
á
nues o
Seño
Jesuc is o
c uci i
cado.
Allí
le
e
lleno
de
op obio,
cla ado
de
piés
y
ma
nos,
insul ado
de
nue o
po
sus
enemigos,
de amando
po
sus
llagas
la
sang e,
que
aún
le
queda
en
el
cue po,
y
su iendo
con
al
p esencia
de
ánimo
y
an
a dien e
ca idad
sus
dolo es
é
ignominias,
que
allí
mismo
p o
nuncia
sie e
palab as
de
ida
e e na,
o a
ogando
po
sus
enemigos,
ya
p ome iendo
el
Pa aíso
al
lad ón
a e
pen ido,
ya
mani es ando
su
amo
á
Ma ía,
á
quien
hace
Mad e
de
los
homb es,
ya
decla ando
su
desampa o,
su
sed
y
su
en e a
con o midad
con
la
olun ad
del
E e no
Pad e,
en
cuyas
manos
encomienda
su
espí i u,
é
incli
nando
la
cabeza,
mue e
po
noso os,
después
de
habe
consumado
su
sac i icio.
-
15
-
Los
mis e ios
glo iosos
aspo an
al
alma
á
un
nue
o
mundo,
al
mundo
de
lo
sob ena u al,
di ino
y
e e no,
como
p emio
de
los
su imien os
en
lo
humano
y
em
po al.
Sale
Jesús
iunjan e
y
glo ioso
del
sepulc o,
se
apa ece
á
su
Mad e
San ísima,
y
d
los
Após oles,
o
cando
las
an e io es
penas
en
pu ísima
aleg ía.
Les
en
seña,
y
en
ellos
á
noso os,
que
Juép eciso
que
el
C is o
su iese,
y
así
en ase
en
su
glo ia,
y
que
noso os
no
debemos
aspi a
á
los
iun os
y
glo ia
de
la
esu ec
ción,
si
no
es amos
esuel os
á
mo i
y
i i
como
Él.
Consuela
á
los
Após oles
con
el
epe ido
anuncio
de
la
enida
del
Espí i u
San o,
y
á
los
cua en a
días
de
su
Resu ección
sube
glo ioso
y
iunjan e
d
los
Cielos,
y
oma
asien o
á
la
dies a
del
Pad e.
Con
lo
cual
nos
ase
gu a
de
que
ambién
subi emos
noso os
á
eina
con
Él
en
el
Cielo,
si
nos
despojá emos
de
odo
pecado
sob e
la
ie a.
Vino
el
Espí i u
San o
sob e
los
Após oles,
y
desde
luego
comenzó
á
mani es a se
la
exis encia
y
i alidad
de
la
Iglesia
de
C is o,
p opagándose
el
E angelio
con
apidez
ex ao dina ia
po
el
mundo
en onces
conocido.
De
donde
se
deduce
cla amen e,
que
la
Iglesia
es
ob a
de
Dios
mise ico dioso
,
y
que
noso os
debemos
i i
como
los
p imi i os
c is ianos,
admi ando
al
mundo
con
los
ejemplos
de
una
e
i a,
una
espe anza
incon as a
ble
y
una
ca idad
á
oda
p ueba.
La
San ísima
Vi gen
Ma ía,
que
an o
con ibuyó
á
la
ob a
de
la
p opagación
de
la
e,
y
es ablecimien o
de
la
Iglesia,
con
sus
o aciones,
ejemplos
y
i udes,
llegó
al
in
de
su
ca e a
mo al;
y
el
Seño ,
no
sólo
quiso
ha
ce
p eciosa
su
mue e,
sino
que
la
esuci ó,
y
la
lle-uó
en
cue po
y
alma
al
Cielo.
Donde
la
Bea ísima
T inidad
le
dió
el
p emio
debido
á
sus
mé i os,
co onándola
po
Rei
na
de
odo
lo
c iado.
Allí
enemos
á
Jesús
y
Ma ía,
mos
ándonos
el
úl imo
y
dichoso
é mino
de
nues a
pe e
g inación
sob e
la
ie a,
con
al
que
seamos
ieles
imi
ado es
de
sus
i udes.
Tan
abundan e
ma e ia
y
an
conmo edo as
escenas
o ecen
odos
es os
mis e ios
á
la
de o a
conside ación
de
los
ieles
c is ianos,
que
cada
A e
Ma ía
del
Rosa io
es
una
e dade a
lo
de
ilial
a ec o
á
Ma ía,
un
ac o
de
u
-
16
-
c is iana
i ud,
y
un
obsequio
ag adable
á
la
San ísima
Vi gen,
o eciéndole
con
las
decenas
una
he mosísima
gui nalda,
una
co ona
de
mís icas
osas,
que
ella
ecibe
con
ma e nal
a ec o,
y
p emia
conla ga
y
piadosamano.
Tiene
además
es e
o den
y
disposición
del
San o
Ro
sa io
la
en aja
de
acomoda se
á
odas
las
clases
de
la
sociedad,
siendo
ácil
ayuda
la
memo ia,
pasando
las
cuen as,
que
ma can
las
Aue
Ma ías
de
cada
decena,
a i a ,
du an e
el
ezo
de
la
misma,
el
ecue do
de
cada
Mis e io,
y
ija
pa icula men e
la
a ención
en
aquellas
palab as
del
A- e
Ma ía,
que
mejo
exp esan
el
sen i
mien o
p oducido
en
el
alma.
Ni
debe
oma se
en
sé io
la
objeción
de
los
que
dicen,
que
el
Rosa io
adolece
de
cie a
mono onía,
po que
en
él
se
epi en,
muchas
eces
unas
mismas
palab as.
Isaías
(1)
nos
dice,
que
ió
dos
Se a ines
jun o
al
T ono
de
Dios,
que
clamaban
el
uno
al
o o,
ó
al e na i amen e:
San o,
San
o,
San o,
Seño
Dios
de
los
ejé ci os,
llena
es á
la
ie a
de
su
glo ia.
Délos
cua o
animales
que
San
Juan
nos
dice
en
su
Apocalipsis
(2)
que
es aban
al
ededo
del
T o
no
de
Dios,
a i ma
que
no
cesaban
día
y
noche
de
deci :
San o,
San o,
San o,
el
Seño
Dios
omnipo en e
,
el
que
e a,
el
que
cs,^
el
que
ha
de
eni .
Da id
hace
el
elogio
de
la
ley
de
Dios
en
el
salmo
118,
y
de
los
cien o
se en a
y
seis
e sículos
de
dicho
salmo,
hace
mención
en
172
de
la
ley,
ya
bajo
su
p opio
nomb e,
ya
bajo
los
de
palab a,
es imonio,
senda,
juicio,
jus i icación,
manda o,
p e
cep o
y
e dad;
siendo
muy
de
no a ,
que
en
odos
los
e sículos,
menos
en
cua o,
habla
el
P o e a
con
el
Se
ño
en
segunda
pe sona.
Nues o
Seño
Jesuc is o,
o an
do
la gamen e
en
el
hue o
de
los
Oli os,
dijo:
Pad e
mío,
si
es
posible,
pase
de
mí
es e
cális,
más
no
como
yo
quie o
,
sino
como
ú
(3).
O ó
segunda
ez
dicien
do:
Pad e
mío,
si
no
puede
pasa
es e
cális
sin
que
yo
lo
beba,
hágase
u
olun ad
(4).
Y
de
nue o
ué
á
o a
e ce a
es
,
diciendo
las
mismas
palab as
(5).
A.
i)
Cap.
VI,
3.
(2)
Cap.
IV,
8.
(3)
Ma h.
XXVI,
3g.
(4)
Ibid.
42.
(5)
Ibid.
44.
-
17
-
cuyos
es imonios
de
la
Sag ada
Esc i u a,
dignos
del
mayo
espe o
y
ene ación,
debemos
añadi ,
que
en
la
Misa
se
epi en
los
Ki ies,
el
Sanc us
y
los
Agm s,
y
en
las
le anías
de
la
San ísima
Vi gen
y
de
los
San os,
la
Iglesia
epi e
muchas
eces
la
misma
dep ecación.
Lo
cual
no
se
epu a
como
una
á ida
mono onía,
sino
como
una
expansión
legí ima
de
los
a ec os
del
co azón,
que
no
se
desahoga
de
una
sola
ez,
ni
con
una
sola
pala
b a,
si iendo
ambién,
en
el
ezo
del
san o
Rosa io,
pa
a
de ene se
el
espí i u
en
la
conside ación
del
Mis e io
co espondien e
á
cada
decena,
uniendo
así
de
un
modo
sencillísimo
la
o ación
men al
á
la
ocal,
el
ezo
y
la
me
di ación.
•
III
Los
e ec os
qué
p oduce
es a
de oción
del
San o
Rosa io
son
de
la
mayo
impo ancia,
no
solamen e
pa a
el
indi iduo,
sino
ambién
pa a
la
sociedad.
u
La
de
oción
del
Rosa io,
dice
un
au o
piadoso,
aplaca
la
cóle a
di ina,
des uye
la
he ejía,
con unde
la
impiedad,
disipa
la
igno ancia,
es ablece
el
cul o
del
e dade o
Dios,
hace
cesa
los
escándalos
y
colma
á
la
Iglesia
de
consuelo.
u
u
En
sus
p incipios
a ajo
an as
g acias
y
bendiciones
del
Cielo
sob e
los
pueblos,
que
no
se
eía
po
odas
pa es
sino
cambio
de
ida,
con e sión
del
co
azón
y
aus e a
peni encia
(i)
11
(1).
Se
hizo
an
popula
es a
de oción
del
Rosa io,
que
no
había
clase
de
la
sociedad
que
no
se
hon a a
con
lle a le,
y
ninguna
amilia
c is
iana
dejaba
pasa
un
sólo
día
sin
eza lo
(2).
Y
á
la
e dad,
la
expe iencia
ac edi a
la
mul i ud
de
buenos
y
excelen es
esul ados,
que
p oduce
el
ezo
del
San o
Rosa io,
cuando
se
hace
con
de oción;
y
conside-
(i)
Thiebau ,
Homelics
su
les
E angiles.
Tomo
IV.
(a)
B e e
de
León
XIII.
u
-
18
-
ancio
la
piedad
ma e nal
y
el
pode
g andísimo
de
la
San a
Mad e
de
Dios,
no
pueden
menos
de
segui se
an
a o ables
esul ados.
Quien
se
halla e
agobiado
po
el
peso
de
sus
culpas,
ácilmen e.se
mo e á
á
peni encia,
si
conside a
a en amen e
lo
que
el
Hijo
de
Dios
y
su
Mad e
San ísima
han
hecho
y
su ido
po
sal a le;
y
cuan o
más
insis a
en
el
ezo
del
Rosa io,
más
sen i á
los
impulsos
de
la
di ina
g acia
pa a
con e i se
de
e as.
Los
que
ya
dis u an
de
la
anquilidad
de
la
con
ciencia,
po
habe se
econciliado
since amen e
con
Dios
en
el
San o
T ibunal
de
la
peni encia,
encuen an
a
zada,
en
el
ezo
y
la
medi ación
del
San o
Rosa io,
la
ía
segu ísima
de
la
imi ación
de
Jesús
y
Ma ía,
po
el
eje
cicio
de
las
i udes
que
en
ellos
esplandecen;
y
ap en
den
á
nega se
á
sí
mismos,
oma
su
c us
y
segui
en
pos
del
Reden o
y
de
su
Mad e.
Y
los
que
han
llegado
á
ence
las
deso denadas
inclinaciones
de
la
ca ne,
y
elan
de
con inuo
con a
las
asechanzas
del
mundo
y
del
demonio,
me ced
al
hábi o
de
o a ,
que
ya
han
ad
qui ido,
mi an
el
ezo
y
medi ación
del
San o
Rosa io,
como
la
ocasión
más
p opicia
pa a
ele a se
á
la
con
emplación
de
las
g andezas
di inas,
y
sien en
un
acío
en
el
co azón,
cuando
po
cualquie
mo i o
no
han
po
dido
en ega se
á
an
piadosa
p ác ica.
O ece,
po
lo
mismo,
el
Rosa io
la go
espacio,
y
ca
mino
i me
á
los
que
ma chan
po
cualquie a
de
las
es
ías
de
san i icación,
la
pu ga i a,
la
ilumina i a
y
la
uni i a.
De
aquí
ha
p o enido
la
p ác ica
del
mismo
en
las
Comunidades
eligiosas,
en
las
amilias
c is ianas
y
en
las
g andes
euniones
de
los
ieles,
pa a
celeb a
las
ies as
más
solemnes
del
cul o
ca ólico.
De
aquí
el
em
pleo
del
San o
Rosa io,
como
a ma
pode osa
con a
los
enemigos
del
nomb e
c is iano,
como
medio
de
aplaca
la
i a
di ina
en
las
g andes
calamidades
públicas,
y
co
mo
o ación
siemp e
e icaz
pa a
log a
la
ex i pación
de
las
he ejías,
la
e o ma
de
las
cos umb es
y
la
san i ica
ción
de
las
almas.
El
Rosa io
ué
siemp e,
y
con inua á
siendo,
una
e dade a
p o esión
de
los
mis e ios
p inci
pales
de
nues a
e,
un
eje cicio
acilísimo
de
piedad,
y
una
mues a
de
de oción
á
Jesús
y
Ma ía.
Es,
po
úl
imo,
una
uen e
inago able
de
consuelo,
de
paz
y
de
espe anza
pa a
odos
los
que
lo
ezan
con
buenas
clis"
posiciones.
Nues o
San ísimo
Pad e
el
Papa
León
XIII,
siguien
do
ielmen e
la
conduc a
de
sus
ilus es
an eceso es,
ha
ecomendado
con
la
mayo
e icacia
el
ezo
del
San o
Rosa io,
y
ha
o o gado
nue as
indulgencias
pa a
los
que
lo
ecen
en
g acia
de
Dios,
y
medi en
sus
Mis e ios.
Pe
o
no
se
ha
con en ado
con
es o,
sino
que
ha
mandado,
que
odos
los
años
se
ece
dia iamen e
du an e
el
mes
de
Oc ub e,
mien as
du en
las
ac uales
y
is es
ci cuns
ancias,
an
ad e sas
pa a
la
Iglesia
y
su
Cabeza
isible,
el
Romano
Pon í ice.
¿Y
qué
signi ican
es a
ecomenda
ción
y
es e
manda o?
Que
el
Rosa io
es
un
medio
muy
á
p opósi o
pa a
con ene
las
u iosas
embes idas
de
los
enemigos
de
la
Iglesia,
y
pa a
man ene
en
los
hijos
de
és a
la
pu eza
é
in eg idad
de
la
San a
Fe
Ca ólica.
To
do
es o
demues a,
que
Ma ía
San ísima
iene
an
al os
pode es
en
el
Cielo
pa a
p ocu a nos
oda
clase
de
g a
cias
y
a o es,
que
en
ella
debemos
pone
nues a
más
i me
y
dulce
con ianza.
Ella
queb an ó
la
cabesa
de
la
se pien e
in e nal,
y
dió
mue e
á
odas
las
he ejías
en
el
uni e so
mundo.
Es
el
e ugio
de
los
pecado es
,
la
consolado a
de
los
a ligidos,
el
auxilio
délos
c is ianos,
y
la
que
saludamos,
llamándola
ida,
dulsu ay
espe an
za
nues a.
¿Qué
no
debemos
espe a
de
su
p o ección
y
de
sus
súplicas?
¿De
qué
no
es
capaz
su
ma e nal
co a
zón
en
a o
nues o?
Ella
es
Mad e
de
Dios
y
Mad e
de
la
di ina
g acia;
es
ambién
nues a
Mad e,
Mad e
de
mise ico dia.
Acudamos,
pues,
VV.
HH.
yaa.
hh.
á
nues a
Seño
a
del
Rosa io;
hon émosla
omando
en
nues as
manos
las
cuen as
del
mismo;
ecémoslo
con
de oción,
medi e
mos
sus
mis e ios,
epi amos
con
e o
las
ie nas
sú
plicas
á
la
San ísima
Vi gen,
y
es emos
segu os
de
que
se emos
oídos
po
su
in e cesión
pode osa.
Pa a
que
así
suceda,
os
damos
á
odos,
VV.
HH.
y
aa.
hh.,
nues a
Pas o al
Bendición:
En
el
nomb e
del
Pad e
y
del
©
Hijo
y
del
Espí i u
San o.
Amén.
Dada
en
nues o
Palacio
A zobispal
de
San iago
de
Compos ela,
i mada
po
Nos,
sellada
con
el
de
nues
as
a mas,
y
e endada
po
nues o
in asc ip o
Sec e-
-
20
-
a io
de
Cáma a
y
Gobie no,
en
la
Solemnidad
del
San
ísimo
Rosa io,
el
Domingo
dos
de
Oc ub e
de
mil
ocho
cien os
no en a
y
dos.
■¡■JOS]',
Axiobispo
áe.
San iago
Ae
Compos da.
Po
mandado
de
S.
E.
I.
el
A zobispo,
mi
Seño ,
Lie.
E
u g en io
d el
B
l a n c o
A
l a ez
,
Canónigo,
Sec e a io.
se
UNIVCRS1DADC
1)1.
SANTIAGO
•W.
COMPOSn
■