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HISTORIA AGRARIA ·n.º 43 · Diciemb e 2007 ·pp. 531-553 ·© SEHA
Nues o p opósi o en las siguien es páginas es da a conoce la no ma i a labo al
ag a ia elabo ada du an e la Gue a Ci il y la p ime a e apa del égimen anquis a.Y ello
po que a excepción de la nue a «clase de se icio» ins i uida en el mundo u al po la
dic adu a, del e oceso expe imen ado po los jo nales ag ícolas, y de algunas conside-
aciones gené icas sob e las la gas jo nadas de abajo que e i ie on campesinos y jo -
nale os1, poco más sabemos de la legislación sociolabo al ap obada pa a el campo po
el égimen anquis a en el pe íodo au á quico2. El análisis de las disposiciones ap oba-
das en e 1936 y 1948 e ela á que la polí ica labo al ue indispensable, al igual que
o os componen es de la polí ica ag a ia del p ime anquismo, pa a que se es ablecie-
a en el mundo u al la «dominación de clase de la g an p opiedad»3.
Además de la con ención sala ial y del clima de e o ins i uido po la Gue a y la
dic adu a en el ámbi o u al, el anquismo puso en pie oda una maquina ia legisla i a, y
c eó nue as ins i uciones, como las He mandades de Lab ado es y Ganade os, des ina-
das a ela , como se a anaba en di undi el nue o Es ado, po los «in e eses de la
nación» (Fuen es I u ozqui, 1947). Pe o es e in no e a más que un eu emismo. Aquella
Las mise ias del ascismo u al.
Las elaciones labo ales
en la ag icul u a española, 1936-1948
Te esa Ma ía O ega López
Fecha de ecepción del o iginal: 19/09/2006. Comunicación de la e aluación al au o : 07/01/2007.
Ve sión de ini i a: 04/03/2007.
Te esa Ma ía O ega López es p o eso a de His o ia Con empo ánea. Di ección pa a co espondencia:
Depa amen o de His o ia Con empo ánea, Facul ad de Filoso ía y Le as, Uni e sidad de G anada,
Campus Uni e si a io de Ca uja s/n, 18071 G anada. mo ega@ug .es
1MORENO GÓMEZ (1987: 289-298) y COBO ROMERO (1993: 480-490).
2Sólo con amos con la ob a clásica de ESPINOSA POVEDA (1949) y la más ecien e de PÉREZ RUBIO
(1995a).
3Sob e el es ablecimien o, po pa e del anquismo, de las condiciones sociopolí icas que gene a-
on la «dominación de clase de la g an p opiedad», MARTÍNEZ ALIER (1968: 27); SEVILLA GUZMÁN
(1979: 125-176), SEVILLA GUZMÁN Y GONZÁLEZ DE MOLINA (1989: 135-187), y COLLIER (1997: 198-220).
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legislación labo al ue p emedi adamen e diseñada pa a p o ege y a o ece los in e e-
ses de los p opie a ios ag ícolas. Pa a log a lo, la dic adu a u o que liquida oda la polí-
ica e o mis a que en ma e ia ag a ia había in oducido la II República, así como las
p ác icas con lic i as sos enidas con p o usión po los asala iados ag ícolas du an e el
quinquenio 1931-1936, y muy especialmen e, du an e la expe iencia e oluciona ia que
había ep esen ado la Gue a Ci il4.
Jun o a la ágica conclusión del con lic o, la implan ación del égimen anquis a
y la imposición de polí icas económicas aislacionis as y au á quicas se aduje on en el
es ancamien o del sec o ag a io y en la pa álisis padecida po la p oduc i idad de los
ac o es y el endimien o po unidad de supe icie cul i ada. En e ec o, as la coyun u a
alcis a expe imen ada de o ma casi inin e umpida po la ag icul u a española a pa i de
comienzos del siglo XX y has a el inicio de la gue a ci il5, el ciclo expansionis a se io
uncado de mane a ab up a. Debido, sob e odo, a la adopción po pa e de las nue as
au o idades anquis as, desde al menos 1939, de modelos de egulación económica
ue emen e in e encionis as, que si ua on al sec o p ima io en una c í ica si uación de
la que no se ecupe a ía has a los úl imos años cincuen a (Ba ciela, 1986; Simpson,
1997). El acaso o undo del aislacionismo económico y del eglamen ismo as ixian e
que impe ó sob e los p incipales me cados ag ícolas –ce eales y leguminosas, acei e de
oli a, ino, e c.–, ocasiona on una educción acusada de los ni eles de en abilidad de la
mayo ía de las explo aciones ag a ias, inculada a la caída gene alizada de los endi-
mien os de sus cul i os p imo diales. Resul ado es o úl imo de la d ás ica disminución
su ida po las impo aciones de e ilizan es químicos y las eno mes di icul ades pa a la
ob ención de maquina ia de labo (Abad y Na edo, 1997: 251-254). Asimismo, el es able-
cimien o de p ecios de asa insu icien emen e emune ado es sob e de e minados p o-
duc os básicos pa a la sa is acción de las necesidades alimen a ias de la población
omen ó la disminución de las labo es p es adas a nume osos ap o echamien os ag íco-
las adicionales, el abandono de algunas supe icies cul i adas y la caída es epi osa de
los endimien os medios de casi odas ellas.
An e an ne as a polí ica ag a ia ¿cómo iba a consegui el nue o Es ado anquis-
a que los p opie a ios ag ícolas se man u ie an a su lado y le siguie an b indado su
apoyo? El anquismo les compensó de los as o nos ocasionados po la polí ica au á -
quica6poniéndoles al en e de ins i uciones como las He mandades de Lab ado es y
Ganade os, decisi as en el con ol de la con a ación de la mano de ob a, de los sala ios
y de las equisas de igo y o os p oduc os (O iz He as, 1992: 70-76). Asimismo la dic-
adu a asegu ó las ganancias de los g andes p opie a ios con el ecu so ei e ado a las
polí icas de con ención sala ial, y sob e odo, con la ap obación de una p o usa legisla-
ción que desampa aba o almen e a la mano de ob a jo nale a y la abocaba a su sob e-
explo ación.
4COBO ROMERO (2004) y TÉBAR HURTADO (2006).
5Especialis as como BRINGAS (2000) o TORTELLA (1994) coinciden en el dinamismo ag a io español
en el pe íodo de en egue as.
6Pa a NAREDO (1996: 118 y ss) la ag icul u a española de los años inmedia amen e pos e io es a la
Gue a Ci il se insc ibe en el llamado
sis ema adicional,
ca ac e izado po el empleo de écnicas
a asadas, escasa u ilización de maquina ia ag ícola y abundancia de mano de ob a ba a a.
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1. UNA NUEVA POLÍTICA LABORAL PARA LA GUERRA Y LA POSGUERRA
El anquismo impuso al conjun o de los abajado es españoles un nue o o den
labo al7. Si u ié amos que de ini el nue o sis ema de elaciones labo ales de la España
anquis a end íamos que u iliza , en e o os, los cali ica i os de ep esi o y eacciona-
io. En e ec o, los obje i os p ime o y úl imo de los alzados en a mas con a el égimen
epublicano ue on acaba con los ins umen os de esis encia y ei indicación ob e os.
Así se cons a ó desde los p ime os meses del inicio de la Gue a Ci il. La ‘Jun a de
De ensa Nacional de España’ en Bu gos, a a és de los Dec e os de 13 y 25 de sep-
iemb e de 1936, decla aba ue a de la ley a odos los pa idos y ag upaciones polí icas
que habían o mado pa e del F en e Popula . Pe o el bando ebelde ue mucho más allá.
Las nue as au o idades emp endie on emp anamen e en el mundo del abajo una igu-
osa depu ación pa a sepa a de sus pues os de abajo al pe sonal
«indeseable»
y
«pelig oso»
al Mo imien o Nacional8. Se c eó así, en el in e io de los cen os de aba-
jo, un clima de e ancha y de cas igo, que se asen ó con eno me c udeza en el campo.
Nume osos jo nale os que bajo el égimen epublicano habían exigido a sus pa onos el
cumplimien o de la legislación
p ojo nale a
9ap obada po el Minis e io de T abajo, cuyo
i ula e a el uge is a F ancisco La go Caballe o, ue on ma ginados sis emá icamen e, lo
que obligó a muchos a ija su esidencia en o a localidad, o a ma cha se a la ciudad,
p oduciéndose de es e modo en los años cua en a una p ime a emig ación mo i ada po
causas exclusi amen e «sociopolí icas» (Puig, 1990).
Pe o aquella polí ica labo al enía ambién in es eacciona ios. La Gue a Ci il
acabó con el e o mismo socio-labo al in oducido po la II República, y lo sus i uyó po
o o que mezclaba elemen os del adicionalismo ca lis a, de la e ó ica alangis a, y del
ca olicismo social, e incluso inco po aba aspec os esenciales impo ados del ascismo
i aliano y del nacionalsocialismo alemán (Ruiz Resa, 2000: 8-23). El núcleo cen al de
ese discu so híb ido no ue o o que el a monicismo y la iden idad de in e eses en e
capi al y abajo. Dos ideas- ue za que queda on plasmadas el 9 de ma zo de 1938 en el
Fue o del T abajo10, y más adelan e en la Ley de Reglamen aciones de T abajo de 16 de
oc ub e de 194211, en la Ley del Con a o de T abajo de 26 de ene o 194412, y en la Ley
de Unidad Sindical y la Ley de Bases de la O ganización Sindical ambas de 1940. Es as
7 MONTOYA MELGAR (1992: 325-350) y SOTO CARMONA (2003: 217-246).
8En el caso de la adminis ación pública, po Dec e o de 8 de no iemb e de 1936 se c ea on las
Comisiones Depu ado as. Pa a la ag icul u a, la indus ia y los se icios se ap oba on el Dec e o-
ley de 5 de diciemb e de 1936, las Ó denes de 9 de ma zo y de 17 de agos o de 1937, y de 5 de
mayo de 1938.
9La legislación a la que nos e e imos es la siguien e: Dec e o de 28 de ab il de 1931, conocido
como la
Ley de Té minos Municipales,
que p ohibía la con a ación de ob e os ag ícolas p o enien-
es de o os é minos municipales. La Ley el 23 de sep iemb e de 1931 sob e
Labo eo Fo zoso,
que obligaba a los emp esa ios u ales a con a a a jo nale os en pa o pa a que ealiza an aenas
conside adas necesa ias en sus incas. La
Ley de Colocación Ob e a de 27 de no iemb e de 1931,
po la cual se cons i uye on «bolsas de abajo», dec e ándose un igu oso o den de con a ación
según la echa de insc ipción.Y la Ley de 9 de sep iemb e 1931 que c eaba los
Ju ados Mix os
y
aco daba la negociación conjun a de abajado es y emp esa ios ag ícolas de las condiciones
labo ales y la ijación de los sala ios.
10 B.O.E. de 10 de ma zo de 1938.
11 B.O.E. de 23 de oc ub e de 1942.
12 B.O.E. de 24 de eb e o y 11 de ab il de 1944.
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leyes con igu a on los p esupues os ju ídico-ideológicos que de inie on las elaciones de
p oducción del nue o Es ado anquis a.Y que no e an o os que la comunidad de in e-
eses en la emp esa; la negación de la exis encia di e enciada de las pa es; el echazo
del con lic o de clases; la elación indi idual del abajo en e a los pac os colec i os; el
monopolio es a al en la egulación de las elaciones labo ales, y los p incipios de obe-
diencia y disciplina en el in e io de la áb ica o el ajo.
2. LA GUERRA CIVIL (1936-1939): EL TRABAJO AGRÍCOLA EN LA ESPAÑA
«REBELDE»
Los ebeldes ue on ápidos en ija las nue as condiciones de abajo que egi-
ían en el campo. En mayo de 1937 el T ibunal P o incial de T abajo de Se illa ap obaba
el nue o
«Reglamen o pa a los abajos ag ícolas en la p o incia»
13.Y an es de e mina
la gue a, con echa de 11 de junio de 1938, ue on dic ados, po pa e del e íme o
Minis e io de O ganización y Acción Sindical al en e del cual se encon aba el alangis-
a Ped o González Bueno, los eglamen os de abajo del campo pa a el es o de las p o-
incias españolas que habían quedado bajo la «zona nacional»14. La nue a no ma i a
labo al ap obada pa a la egulación de las aenas ag ícolas du an e la con ienda signi icó
una eacción o unda con a los log os ju ídico-labo ales in oducidos po los Ju ados
Mix os cons i uidos du an e la II República. Las Bases P o inciales de T abajo Ag ícola
elabo adas po los Ju ados Mix os del T abajo Ru al no sólo habían dado espues a a
iejas aspi aciones de las o ganizaciones sindicales, campesinas y jo nale as, sino que
habían desa iculado el sis ema social de dominación y explo ación de mano de ob a
que se había o jado en el mundo u al desde el siglo XIX15.
Es e pano ama se ans o mó adicalmen e en la p ime a mi ad de los años ein-
a. En e 1931 y 1936, las elaciones en e pa onos y ob e os ag ícolas cambia on de
o ma sus ancial. La elación de dependencia y, en algunos casos, de sumisión, dio paso,
cuando menos, a un equilib io de ue zas. Si uación inacep able y ue emen e comba i-
da po buena pa e de la pa onal ag a ia, que eía cómo la legislación social
la gocaba-
lle is a
queb aba los eso es sob e los que se habían undado has a ese ins an e su
pode económico y su secula sis ema de dominación social. No ex aña, en es e sen i-
do, el deslizamien o p og esi o hacia posiciones an ipa lamen a ias de la pa onal u al
(Cobo Rome o, 2003: 313-320), o sus cada ez más ecuen es incendia ias decla acio-
nes en las que abogaba po una solución iolen a de la coyun u a abie a po la
República16.
13
Bole ín O icial de la P o incia de Se illa
de 6 de mayo de 1937.
14 CENTRAL NACIONAL SINDICALISTA (1938-1939) y TOHARIA CÁTEDRA (1945: 787).
15 GRUPO DE ESTUDIOS AGRARIOS (1995: 56).
16 Valga como ejemplo la i a que deja en e e el comen a io ealizado, al poco de comenza la
Gue a Ci il, po uno de los ocales conse ado es de la Jun a P o incial de Re o ma Ag a ia de
Cáce es, y undado de la De echa Regional Ag a ia:
«la economía ag a ia de es a p o incia ue
obje o p e e en e de la acción demoledo a de la canalla ma xis a du an e los años anscu idos
desde la p oclamación de la epública»
(RIESCO, 2006b). Sob e el e aimien o y la o ensi a pa o-
nal con a la polí ica ag a ia epublicana, RIESCO (2006a: 96-97 y 130-135).
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La jo nada máxima labo al de ocho ho as y las medidas con a el pa o y la disc i-
minación ue on algunos de los elemen os de mayo alcance de las Bases de T abajo
Ru ales epublicanas (Rod íguez Labandei a, 1991: 344-349). Los Reglamen os de
T abajos Ag ícolas pa a las aenas del campo ap obados po los ebeldes en junio de
1938 liquida on los log os alcanzados po los Ju ados Mix os. Fue anulada po comple o
la capacidad de in e ención de la mano de ob a en la ijación de las condiciones de a-
bajo con enidas en ales Reglamen os, que inie on impues as po las nue as au o ida-
des designadas po el gobie no de Bu gos. Del mismo modo, la impa cialidad que pa a
la con a ación impusie on las Bases de T abajo de la República ue eliminada. De los
nue os Reglamen os desapa eció la cláusula del con a o de ob e os po o den de ins-
c ipción en la bolsa de abajo. Se ab ió así el camino pa a la ma ginación, el boico , y
los chan ajes de los p opie a ios sob e los jo nale os.
Pe o los Reglamen os de T abajos Ag ícolas de 1938 in oducían más no edades.
Los Ju ados Mix os del T abajo Ru al habían elado an e odo po a ende los in e eses
de los jo nale os y campesinos más pob es. Pa a ello soca a on los cimien os de la
has a en onces indiscu ida au o idad de los p opie a ios ag ícolas. Los nue os
Reglamen os acaba on con aquella «sub e sión del o den na u al», y eins au a on las
adicionales elaciones de supe io idad y dominio de los pa onos espec o a sus emple-
ados. E a és a la o ma que los ebeldes enían de p emia la leal ad de los p opie a ios
ag ícolas al alzamien o mili a . La nacien e no ma i a labo al elaba aho a po los in e e-
ses de la pa onal ag a ia. Las eglamen aciones ag ícolas elabo adas en plena Gue a
Ci il au o izaban el abajo a des ajo. Es a p ác ica, a dien emen e de endida po los
pa onos, había sido limi ada, e incluso p ohibida, po los Ju ados Mix os pa a educi en
lo posible la penu ia que padecían los jo nale os po causa del pa o es acional17. Con el
inicio de la con ienda ci il se es ableció el des ajo18, y los jo nale os ol ie on a la si ua-
ción an e io a ab il de 1931, en que los p opie a ios, g acias a esa modalidad con ac-
ual, aho aban un impo an e núme o de jo nales en la ejecución de las dis in as ae-
nas19. Las la gas empo adas de pa o acechaban, o a ez, a la masa jo nale a.
Pe o el d ama no e minaba aquí. La jo nada de abajo en las aenas ag ícolas
su ió una con unden e modi icación con el inicio de la con ienda. Los ma ices in oduci-
dos po los Ju ados Mix os a la jo nada labo al de ocho ho as20 ue on sup imidos de las
17 En julio de 1933 el Minis e io de T abajo ealizó po p ime a ez una es imación de la magni ud del
pa o en España. El mayo olumen de pa o se concen aba en el sec o ag a io, con 341.018 pa a-
dos (el 63 po 100 del o al), de los que 187.714 (el 55,04 po 100 de los pa ados ag ícolas) e an
pa ados pa ciales o es acionales (
Anua io Es adís ico,
1934: 772).
18 Si el a ículo 2º de aquellos eglamen os ezaba que la con a ación de la mano de ob a pa a las
aenas del campo podía ene las ca ac e ís icas de
«a jo nal, a des ajo, o po empo ada»,
el a í-
culo 17º imponía el des ajo:
«Se pod á conce a con a os a des ajo pa a odas las aenas en que
sea suscep ible».
Y cla o es á, sin que el ob e o pudie a elegi el ipo de con a ación que más le
con enía.
19 En la siega, el aho o llegaba has a el 50 po 100 (RODRÍGUEZ LABANDEIRA, 1991: 185-187).
20 Todas las Bases inspi adas po los Ju ados Mix os del T abajo Ru al econocían pa a odos los
ob e os del campo, ue a cual ue a su o ma de con a ación y e ibución, el p incipio legal de la
jo nada máxima de ocho ho as. Pe o es ableciendo ma ices inhe en es al abajo ag ícola que e-
nían sus compensaciones cuando la supe aban. Así po ejemplo, en Á ila la jo nada de ocho ho as
pa a los mozos de labo empezaba a con a desde el momen o en que se hacían ca go de las yun-
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no mas labo ales que comenza on a egi desde en onces. Así, el a ículo 4º disponía
que la jo nada de abajo ue a de
«ocho ho as e ec i as».
Su dis ibución en el día a en-
de ía a la ieja cláusula de
«usos y cos umb es de la localidad»
(que adicionalmen e
daba a pie a odo ipo de abusos), o si hubie a dudas, a la decisión, no mejo pa a los
in e eses de los jo nale os, del Delegado Local de la Cen al Nacional de Sindica os o el
Alcalde. Pe o lo cie o ue que el a ículo 5º despejó odas las dudas al es ablece que
«la jo nada empieza al da p incipio el abajo en el ajo y e mina, igualmen e, en él».
Es e sob ees ue zo no ue ecompensado. La educción de los sala ios ue dec e-
ada en echas emp anas po el gobie no de Bu gos. Todos los Reglamen os de 1938
ponen de mani ies o que, desde la con ienda, los sala ios pagados a los ob e os ag íco-
las ue on educidos. Del quinquenio epublicano, 1931-1936, las nue as subcomisiones
de abajo u al únicamen e conside a on las Bases de T abajo ap obadas en el año ag í-
cola 1934-1935, es deci , las dec e adas en el «bienio neg o» – adical-cedis a–, que
con enían los sala ios más bajos de los es ablecidos pa a el campo po la II República21.
CUADRO 1. SALARIOS NOMINALES AGRÍCOLAS EN LA PROVINCIA DE
SEVILLA (EN PESETAS DE LA ÉPOCA)
Se illa 1932 Se illa 1937
Ta ea P s. Índice P s. Índice
Faenas de siega
Segado 11,00 100 8,00 72,72
Ama ado 13,00 100 9,00 69,23
Conduc o segado a 13 100 9,00 69,23
T illa e a pequeña 7,25 100 6,25 86,20
T illa e a g ande con sábana 7,75 100 6,75 87,09
T illa e a g ande sin sábana 6,75 100 6,00 88,88
Empacado 7,25 100 7,00 96,55
Algodón
Ob e o 5,75 100 5,50 95,65
Oli a
Ca a de oli os 7,00 100 6,25 89,28
Fuen e:
Bole ín O icial de la P o incia de Se illa
de 13 de mayo de 1932 y de 6 de mayo de 1937.
Elabo ación p opia.
as y no al llega al ajo.Y en Don Beni o y Có doba los ayec os has a llega al ajo se con abiliza-
ban siemp e como jo nada labo al (RODRÍGUEZ LABANDEIRA, 1991: 344-349).
21 En e o as, si ie on de modelo pa a la con ección de las nue as ablas sala iales las Bases con-
enidas pa a las aenas de ecolección de 1935 en las p o incias de Se illa y Cádiz; la aco dada
pa a la misma labo pa a la p o incia de Badajoz po o den de 17 de junio de 1935; las que igie-
on pa a las aenas de siega y cie e de g ano y paja en Palencia, elabo adas po el Ju ado Mix o
de aquella capi al en sesión de 25 de mayo de 1934 y ap obadas po el Minis e io de T abajo el
12 de julio de 1935, y inalmen e, la es ablecida en la p o incia de Se illa pa a la ecolección de
la acei una, ap obada el 19 de no iemb e de 1935. La excepcionalidad de es os sala ios no se
debió a la si uación de gue a que i ía el país, po que a su é mino se man u ie on (ESPINOSA
POVEDA, 1949: 32).
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Los sala ios pe cibidos po los ob e os e en uales pa a la ealización de aenas
especiales ambién su ie on una no able « ebaja», si bien su e ibución es aba po
encima de la es ipulada pa a los ob e os ijos22. La di e encia en e unos y o os sala ios
supe ó en muchas ocasiones el 50 po 100, po cen aje que podía aumen a oda ía más,
ya que las Reglamen aciones pe mi ían que el p ecio pagado po las a eas especiales
se inc emen a a has a un 10 po 100
«al obje o de e i a una compe encia pe judicial al
bien gene al, en la con a ación de la mano de ob a»
(a ículo 21º). Y odo es o ocu ía
mien as los sala ios de los con a ados ijos no podían se modi icados bajo ningún con-
cep o, sal o au o ización de la máxima au o idad labo al.
Con la a i a de los sala ios se ponía in al p ime ac o de es a « agedia» jo nale-
a. En menos de un año miles de jo nale os españoles ie on cómo las espe anzas sus-
ci adas po las Bases de T abajo epublicanas sucumbie on bajo las a mas. La Gue a
Ci il liquidaba las mejo as labo ales y sala iales conseguidas po los Ju ados Mix os, y
les dejaba inde ensos an e una pa onal á ida de enganza y con una au o idad e o za-
da. Aho a, la palab a del p opie a io ag ícola e a sag ada, no se cues ionaba. Sin más
comp obación que su denuncia, el p opie a io podía
«despedi a sus abajado es po
no o ia al a de endimien o»
(a ículo 20º). Pe o es a agedia enía un segundo ac o, el
inal de la gue a y el inicio de la dic adu a anquis a.
3. LA CONTRARREVOLUCIÓN FRANQUISTA (1939-1948): LA LEGISLACIÓN
LABORAL AGRARIA DE POSGUERRA
Te minada la Gue a Ci il las nue as au o idades anquis as comenza on a des-
a olla , a a és de una p o usa legislación, los p incipios ideológicos, polí icos y socia-
les con enidos en el Fue o del T abajo. En e ellos aquél que o o gaban al Es ado la
acul ad de ija las bases egulado as del abajo, po es ad con enida en la Ley de
Reglamen aciones de T abajo de 1942, con la que se p e endía, además de soslaya la
lucha de clases y ma ca las pau as de la polí ica social, sen a las bases del di igismo
económico anquis a y del dominio pa onal.
3.1. Los Reglamen os del T abajo Ag ícola
El p ime paso del égimen anquis a ue p omulga Reglamen aciones de
T abajo Ag ícola pa a las p o incias que habían pe manecido du an e la Gue a bajo
con ol de la República. Las eglamen aciones ag ícolas de posgue a emanaban di ec-
amen e del Minis e io de T abajo o de las Delegaciones P o inciales de T abajo, ins i u-
22 Po ejemplo el «Reglamen o de T abajo Ag ícola pa a las aenas de ecolección y e ano» de la
p o incia de Có doba (1938) es ablecía un sala io dia io pa a el ob e o ijo de Campiña de 6 pese-
as. Mien as que el jo nal medio dia io es ipulado pa a los abajado es e en uales enca gados de
los abajos especiales ue el siguien e: siega de ce eales 10,50 pese as, siega a máquina 10,70
pese as, aenas de egadío 8,08 pese as, y abajo en los iñedos 7,32 pese as. CENTRAL NACIONAL
SINDICALISTA (1938-1939: 15-18).
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ciones es as úl imas que man u ie on du an e oda la dic adu a una es echa colabo a-
ción con la pa onal (O ega López, 2003: 271).
Las nue as eglamen aciones p esen aban la misma es uc u a y los mismos con-
enidos que las dic ados en 1937 y 1938. Sin emba go, los Reglamen os ag ícolas de
1939 p o undizaban en algunos emas que simplemen e habían sido enunciados con
an e io idad, e in oducían aspec os no edosos, como es el caso de los endimien os.
La posgue a se p esen aba pa a la dic adu a y pa a el conjun o de los españoles
ancamen e di ícil. Sin en a en el iejo deba e sob e la olun a iedad o in olun a iedad
del ensayo au á quico (Ca alán, 1995: 72-73), lo cie o ue que el égimen anquis a u o
que apela cons an emen e al «espí i u de sac i icio», al «se icio a la Pa ia» y al «in e-
és gene al» pa a man ene i mes y sin menoscabo los endimien os de los abajado-
es. Comenza on a inse a se en las no mas labo ales ag ícolas cuad os e e idos a los
endimien os que debían p oduci los ob e os pa a la buena ma cha de la economía
nacional, cuyo incumplimien o se ía du amen e cas igado. En e ec o, los Reglamen os de
T abajo Ag ícola ahonda on en los p incipios de disciplina y obligación. Es a égicamen e
si uados, jus amen e a con inuación de lo es ablecido pa a los endimien os, los
Reglamen os in oduje on un a ículo en el que se «in i aba» al abajado a pone en su
labo
«el máximo de compe encia y ac i idad desa ollada con la subo dinación y espe-
o al emp esa io».
No había luga pa a la indisciplina y la mengua olun a ia de la ac i i-
dad, que pasa on a se conside adas ac os delic i os23.
Es os Reglamen os de 1939, dic ados en p incipio pa a una empo ada, ue on
p o ogados pa a los años siguien es, conse ando p ác icamen e oda su igencia has a
el inal de la década de los cua en a, momen o en el que se ab ió una nue a ase en la
ap obación de o denanzas pa a las aenas ag ícolas. Pe o an es de que es o sucedie a,
po O den de 14 de mayo de 1941, se publicó un úl imo Reglamen o pa a el T abajo
Ag ícola, co espondien e a las p o incias andaluzas de Cádiz, Có doba, Huel a y
Se illa24. Su apa ición ue capi al y de g an calado. P ime o, po que ue el úl imo de una
p ime a ase de o denanzas que egulaban las elaciones labo ales en el campo.
Segundo, po que comple aba, y supe aba en muchos aspec os, los eglamen os ap oba-
dos du an e la Gue a Ci il y los ijados pa a la empo ada 1939-1940.Y e ce o, y como
consecuencia de lo an e io , po que se con i ió en el e e en e de las u u as eglamen-
aciones de abajo p omulgadas pa a el campo español a pa i del segundo imes e
de 1947.
El nue o Reglamen o p esen aba impo an es no edades. E a mucho más amplio
que las eglamen aciones p eceden es, lo cual se debía a que comen aban con de alle
23 Pa a asegu a se de que pa onos y ob e os ecibían el mensaje con cla idad, las
Reglamen aciones inco po a on en su a iculado el pá a o 3º del Capí ulo XI del Fue o del T abajo:
«la disminución dolosa del endimien o hab á de se obje o de sanción adecuada»,
y el a ículo 1º
del Dec e o de 5 de ene o de 1939 sob e
«Responsabilidad po al as come idas en el abajo»
(B.O.E. de 13 de ene o de 1939).
24 B.O.E. de 19 de mayo de 1941.
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cues iones que habían sido educidas a la mínima exp esión, cuando no omi idas, y que
habían gene ado nume osas «dudas» a la ho a de aplica lo es ablecido en las o denan-
zas labo ales25. En e ec o, la Reglamen ación pa a el T abajo Ag ícola de 1941 dedicaba
una mayo a ención, en e o as cosas, a la de inición y al obje o de la con a ación (a í-
culos 1º y 3º), y a la clasi icación de los abajado es en ijos, empo e os, y e en uales
(a ículo 9º). Asimismo aumen ó las obligaciones de los emp esa ios. Les exigió da
cuen a de odos los con a os, esc i os y e bales, en las O icinas de Colocación de la
localidad o del é mino municipal (a ículo 2º), con el in de que siemp e hubie a cons an-
cia o icial de la elación con ac ual con aída po ambas pa es. La nue a disposición
endu ecía además el despido.Y obligaba al pa ón a indemniza al abajado de los pe -
juicios que le ocasiona a el despido imp oceden e (a ículo 11º). El Reglamen o ambién
se p onunciaba sob e el uso de maquina ia po pa e del pa ón en su inca y la consi-
guien e «economía de mano de ob a», y con emplaba la posibilidad de que el Delegado
de T abajo, p e io in o me de los Se icios Ag onómicos, señala a al emp esa io el
núme o de abajado es que debía emplea en la inca (a ículo 17º). Y inalmen e, la
o denanza labo al inse aba, en su capí ulo V, medidas p ecisas pa a ga an iza la
«Higiene y p e ención de acciden es»
en el ajo.
A pesa del cúmulo de obligaciones que la disposición labo al imponía a los
emp esa ios ag ícolas, és os no pe die on un ápice de su au o idad, y sus in e eses pe -
manecie on, asimismo, in ac os. Aquel Reglamen o ijaba los pila es pa a la legi imación
del pode de los p opie a ios ag ícolas. Las obligaciones exigidas a los p opie a ios e an
un me o espejismo y o maban pa e de la « iloso ía pa e nalis a» del nue o Es ado.
Además, la conside ación mani es ada hacia los abajado es le se ía pa a calma el
males a social ac ecen ado po el endu ecimien o de las condiciones de abajo y de
ida. Así cabe deduci se si enemos en cuen a que los c i e ios u ilizados po los
Se icios Ag onómicos pa a la colocación y edis ibución de la mano de ob a en las in-
cas se adop a on en conni encia con los e a enien es. Los g andes p opie a ios se opu-
sie on siemp e a la con a ación de abajado es que no en a an en sus cálculos (Pé ez
Rubio, 1995b: 101). Del mismo modo, e an ellos quienes de e minaban el comienzo de
las ope aciones ag ícolas. Si los abajado es no acudían de inmedia o a la «llamada del
pa ón», és os no sólo e an despedidos au omá icamen e sino que no pod ían se admi-
idos pa a abaja en ningún o o si io (a ículo 13º).
Los emp esa ios ie on igualmen e cómo la nue a disposición con inuaba p o e-
giendo, explíci amen e, sus in e eses. La ó mula a bi ada pa a ello ue la in ensi icación
de la jo nada labo al y la educción, al máximo posible, de los cos es de i ados de la
con a ación de mano de ob a. El a ículo 16º au o izaba el abajo a des ajo. Aunque la
inicia i a pa a la ealización de es e abajo podía pa i del pa ono o del abajado , la
o ma en la que se dilucidó la Gue a Ci il y la na u aleza ep esi a, au o i a ia y je á qui-
ca del égimen que encumb ó, no deja on mucha libe ad de elección a los jo nale os y
campesinos. Más aún si enemos en cuen a lo económico que les esul aba a los emp e-
25 La ampliación de los con enidos de los Reglamen os de T abajo Ag ícola se decidió en el
II Consejo
Sindical de Falange
, dedicado ín eg amen e a la «Polí ica ag a ia», y cuyas conclusiones ue on
dadas a conoce po Ge a do Sal ado Me ino.
II Consejo Sindical de la Falange
(1941: 27-29).
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inc emen o en un 20 po 100, esul an e de la aplicación de los po cen ajes de aumen o
es ablecidos po la O den de diciemb e de 194148. Es os aumen os o «apo aciones
sociales di ec as», como se los ha denominado, a pesa de se ápidamen e abso bidos
po el aumen o del cos e de la ida, se con i ie on en i ales pa a el conjun o de la
población campesina, po cuan o llega on a ep esen a , al inal del pe íodo (ma zo de
1947), ce ca del 50 po 100 del jo nal mínimo pe cibido po el ob e o ag ícola49.
P on o se comp obó que el cos e de la ida, y especialmen e los p oduc os de p i-
me a necesidad, a anzaban en una p og esión inalcanzable pa a unos sala ios ag íco-
las menguados y congelados po dec e o. En ales ci cuns ancias, el hamb e adqui ió un
p o agonismo ex ao dina io (Cobo Rome o y O ega López, 2004: 1.103). Las cons ic-
ciones en la p oducción, la galopan e in lación y los p ohibi i os p ecios de un me cado
neg o cada ez más gene alizado de e io a on las condiciones de ida de los sec o es
más humildes de la población u al (Ba ciela, 1998: 84-95).
An e las ine icaces soluciones gube namen ales, los jo nale os y campesinos
u ie on que a icula es a egias con las que a on a la si uación impues a po el an-
quismo. El ca iz que p esen aba la polí ica labo al de la dic adu a abocó a cien os de jo -
nale os y campesinos a la sob eexplo ación. Aunque el abajo a des ajo se dejaba, en
ocasiones, al lib e acue do en e emp esa ios y abajado es, muchos jo nale os u ie on
que op a po aquel sis ema de con a ación pa a in en a equipa a sus ing esos al ni el
de ida. La salud en el medio u al comenzó a esen i se. Los pe juicios que pa a los
campesinos u o aquella o zada decisión de e mina on que, desde o ganismos o iciales,
se p opusie an soluciones « adicales» al espec o. En 1946 el P ime Cong eso Nacional
de T abajado es solici aba a la máxima au o idad labo al, el Minis o de T abajo,
«que el
abajo a des ajo como sis ema e ibu i o sea des e ado o almen e de nues a p ác ica
labo al, debiendo inicia se su paula ina sup esión de o ma al, que en lo sucesi o no se
conceda au o ización pa a abaja a des ajo».
Asimismo, p oponía que el des ajo, has a
que se sup imie a de ini i amen e, signi ica a un inc emen o del 40 po 100 de los sala-
ios ijos, y la pe cepción, po pa e del ob e o con a ado po es e sis ema, de odos los
bene icios y ga an ías sociales igen es50.
Pe o la decisión más du a ue consen i el abajo de muje es y meno es en unas
condiciones más in ole ables, si cabe, que las expues as pa a los a ones adul os.
Muje es y meno es, que o maban legión en los abajos del campo, comenza on a com-
pa i penas y a igas con los cu idos jo nale os y campesinos. Fue a lo único a lo que
les equipa ó el anquismo. La posgue a, imp egnada de la pa icula ideología y con-
cepción social que el anquismo enía de las muje es (Valien e Fe nández, 2003: 145-
180), acen uó la adicional disc iminación de és as en el abajo51. En las eglamen acio-
nes del campo se ija on sueldos pa a las ob e as ag ícolas en un 60 po 100 in e io es a
48 B.O.E. de 12 de ab il de 1947.
49 Lo que lle a a conside a las apo aciones sociales como una o ma de sala io encubie o, pues o
que su p incipal inalidad e a compensa el bajo ni el de los sala ios mone a ios (VILAR RODRÍGUEZ,
2005).
50 CONGRESO NACIONAL DE TRABAJADORES (1946) y ESPINOSA POVEDA (1949: 53-54).
51 La desigualdad y disc iminación sala ial de las abajado as del campo espec o a sus compañe-
os ue una cons an e a lo la go del p ime e cio del siglo XX (MARTÍNEZ SOTO, 2003: 79-107).
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CUADRO 2. EVOLUCIÓN DE LOS ÍNDICES SALARIALES, NOMINAL Y REAL, DE LOS OBREROS AGRÍCOLAS
ESPAÑOLES Y DEL COSTE DE LA VIDA (1936=100)
Núme os índices de los sala ios nominales, máximo y mínimo, Índice gene al Núme os índices de los sala ios eales, máximo y mínimo,
po jo nada, co espondien es a los ob e os ag ícolas (*) del cos e de la ida po jo nada, co espondien es a los ob e os ag ícolas (*)
Homb e Muje Ap endiz Homb e Muje Ap endiz
Años Sala io Sala io Sala io Sala io Sala io Sala io Sala io Sala io Sala io Sala io Sala io Sala io
máximo mínimo máximo mínimo máximo mínimo máximo mínimo máximo mínimo máximo mínimo
1939 116 115 120 133 135 144 153,6 76 75 78 87 88 94
1940 125 122 131 141 151 160 178,1 82 80 86 93 99 105
1941 145 136 145 155 177 175 231,5 73 69 73 79 89 88
1942 152 146 156 163 188 191 247,4 72 69 73 76 89 90
1943 157 156 161 173 196 207 246,0 74 74 76 82 93 98
1944 161 158 164 180 207 217 256,9 73 72 74 81 94 98
1945 171 166 170 190 210 222 274,8 72 70 71 80 88 93
1946 180 175 184 200 232 238 360,6 63 60 64 66 81 83
1947 197 191 214 230 277 284 424,4 61 59 70 72 85 87
1948 197 191 214 230 277 284 453,0 56 55 61 66 79 81
(*) P omedios sala iales
Fuen e:
Anua io es adís ico de España
(1943: 1.181), (1944-1945: 1.177 y 1.181), (1946-1947: 1.321, 1.323, y 1.327), (1949: 645), (1950: 599-600).
Elabo ación p opia.
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los de la mano de ob a masculina. Asimismo, la dic adu a adop ó medidas de ca ác e
coe ci i o que penalizaban a las amilias donde la esposa abajaba –po ejemplo la pé -
dida po pa e del ‘cabeza de amilia’ del plus o subsidio amilia , o la educción de las
apo aciones de ca ác e social–, lo que a o eció que el abajo emenino, además de
se pésimamen e emune ado, pe maneciese ocul o y suje o a mul i ud de abusos (Vila
Rod íguez, 2005: 26). E a impensable, dada la incapacidad del sala io del cabeza de
amilia pa a ga an iza la supe i encia de los hoga es y la p opia ep oducción social,
que las muje es no apo asen algún ecu so a las economías amilia es.Y lo mismo cabe
deci de los meno es. Los más jó enes se con i ie on en íc imas del cinismo de la p o-
pia dic adu a. És a asumió lo dispues o po la II República sob e el abajo de meno es
en la ag icul u a. El égimen epublicano se había mos ado ajan e en es a cues ión.Y
en ma zo de 1932 el Consejo de Minis os, a p opues a del Minis o de T abajo, some ía
a conside ación de las Co es un p oyec o de ley a i icando el Con enio ela i o a la
edad mínima de admisión de los niños al abajo de la ag icul u a, adop ado po la
Con e encia In e nacional del T abajo en 192152. El Con enio, que p ohibía el abajo de
los meno es de ca o ce años en las emp esas ag ícolas, ue ap obado po las Co es
epublicanas a los pocos días de su p esen ación53. Se e undió el ex o y en ningún
momen o se especi icó el lími e mínimo de edad pa a abaja , únicamen e se condicio-
nó el empleo de meno es en las a eas del campo a la au o ización pa e na o a la ce i i-
cación del maes o i ula . El p opio a ículo 171º de la Ley de Con a o de T abajo de
1944 anulaba cualquie posible p ohibición del abajo de los meno es de ca o ce años
en las a eas ag ícolas:
«Los meno es de ambos sexos que no hayan cumplido ca o ce
años no se án admi idos en ninguna clase de abajo. De es a p ohibición quedan excep-
uados el abajo ag ícola y el que se e i ique en alle es de amilia».
Es a «sua ización»
de las abas legales pa a la con a ación de meno es a o eció la salida de las aulas de
los escola es, algo a lo que se oponía el Con enio de 192154.
Todos los b azos e an pocos pa a cub i las necesidades del g upo domés ico. La
p esión que causaban unos jo nales ín imos, p o ogados año as año, y la ue e inci-
dencia del pa o en el sec o 55, con i ió en una necesidad impe iosa la u ilización de oda
la ue za de abajo de la unidad amilia (Fon ana, 1946). De es a o ma, la pa icipación
de los niños en la ecolección de la acei una, de los u ales, de los ce eales y de las
leguminosas se con i ió en una es ampa habi ual de los campos españoles de posgue-
a. Máxime cuando sus sala ios ep esen aban, po é mino medio, el 50 po 100 del
52 B.O.E. de 26 de ma zo de 1932.
53 B.O.E. de 14 de ab il de 1932.
54 El a ículo 1º del Con enio señalaba:
«Los niños meno es de ca o ce años no pod án se emplea-
dos ni abaja en las Emp esas públicas o p i adas o en sus dependencias, sino ue a de las
ho as señaladas pa a la enseñanza escola , y dicho abajo, si ha luga , debe á se al que no
pueda pe judica a su asiduidad a la Escuela».
55 El p omedio mensual de pa ados en e 1940 y 1942 en la indus ia ag ícola y o es al ue de
120.723, ci a que ol ía a con e i a la ag icul u a en el sec o con mayo olumen de pa o (el
29,70 po 100 del o al). Un po cen aje, no obs an e, sub alo ado po cuan o las nue as au o ida-
des (SOTO CARMONA, 2003: 223), no con abilizaban el pa o es acional a la ho a de elabo a las
es adís icas o iciales. La ealidad debía se muy di e en e, más aún si enemos en cuen a que sólo
en 1941 el núme o de demandas de abajo solici adas dede el sec o p ima io ue de 451.250, el
59,51% del o al. C .
Anua io Es adís ico de España
(1943: 1.212 y 1.220).
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CUADRO 3. SALARIOS MEDIOS NOMINALES, MÁXIMOS Y MÍNIMOS, PERCIBIDOS POR LOS OBREROS AGRÍCO-
LAS ESPAÑOLES, 1939-1948 (EN PESETAS DE LA ÉPOCA)
Sala ios medios nominales máximos po jo nada Sala ios medios nominales mínimos po jo nada
Años H M Ap endices Sala io emenino Sala io del ap endiz H M Ap endices Sala io emenino Sala io del ap endiz
espec o al masculino espec o al masculino espec o al masculino espec o al masculino
(%) (%) (%) (%)
1939 9,67 5,45 4,13 56,36 42,71 6,26 4,01 2,75 64,05 43,93
1940 10,37 5,96 4,63 57,47 44,64 6,66 4,25 3,04 63,81 45,64
1941 12,05 6,59 5,42 54,68 44,98 7,42 4,67 3,33 62,93 44,87
1942 12,58 7,09 5,76 56,36 45,78 7,94 4,89 3,64 61,58 45,84
1943 13,05 7,31 6,00 56,01 45,97 8,48 5,19 3,94 61,20 46,46
1944 13,34 7,45 6,32 55,84 47,37 8,62 5,41 4,13 62,76 47,91
1945 14,15 7,75 6,42 54,77 45,37 9,04 5,70 4,23 63,05 46,79
1946 14,94 8,39 7,09 56,15 47,45 9,53 6,01 4,54 63,06 47,64
1947 16,30 9,75 8,45 59,81 51,84 10,40 6,90 5,40 66,34 51,92
1948 16,30 9,75 8,45 59,81 51,84 10,40 6,90 5,40 66,34 51,92
Ab e ia u as: H (homb es), M (muje es).
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pe cibido po los a ones adul os, un a ac i o incen i o pa a que los p opie a ios ag a-
ios se hicie an con sus se icios.
5. CONCLUSIONES
El iun o de las opas ebeldes en la Gue a Ci il ajo consigo la implan ación en
odo el e i o io nacional de un nue o égimen, mili a izado y dic a o ial. En el mundo
u al, el Nue o Es ado anquis a se impuso desde el p ime momen o ex i pa oda la
expe iencia e o mis a de la II República Española. Las nue as au o idades no sólo se
con o ma on con aboli la no edosa legislación que había pues o en ma cha el Minis e io
de T abajo desde 1931. Como si de un «esca mien o ejempla » se a a a, p ac ica on
una iolen a ep esión sob e aquéllos que un día aplaudie on el queb an o del «o den
na u al». Cien os de jo nale os y campesinos pob es paga on ca o al a e imien o.
Muchos ue on ejecu ados, y los que log a on sob e i i ue on condenados al desampa-
o más absolu o.
El anquismo a iculó oda una maquina ia legisla i a que adop ó la o ma de
Reglamen os de T abajo, Ó denes minis e iales y Dec e os-ley, pensando exclusi amen-
e en sus po enciales aliados, los p opie a ios ag ícolas. Po ellos y pa a ellos elabo ó
una compleja legislación labo al que les esa cía de las pé didas económicas su idas
du an e la República, pe o ambién de los as o nos ocasionados po la ne as a polí ica
au á quica. El monopolio es a al en la egulación de las elaciones labo ales y el absolu-
o in e encionismo en ma e ia sala ial sen a on las bases pa a es au a el dominio
pa onal. Recu sos como el abajo a des ajo, las ansc ipciones pa ciales de la ley, y la
comple a impunidad o o gada a los emp esa ios ga an iza on la ecupe ación de sus
ganancias y la pa alela sob eexplo ación de la mano de ob a jo nale a.
AGRADECIMIENTOS
La au o a quie e ag adece a los e aluado es anónimos de la Re is a sus comen-
a ios, que han con ibuido a mejo a la e sión inal del ex o, y a la p o eso a Ca men
Sa asúa el habe le suge ido la idea pa a la elabo ación de es e a ículo. Asimismo ag a-
dece el magis e io y la c í ica, siemp e cons uc i a, del p o eso F ancisco Cobo
Rome o.
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