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BIBLIOTECA HOSPITAL REAL
GRANADA
Sala:
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FLORES Y NUBES.
UNIVERSITARIA.
BIBLIOTECA HOSPITAL REAL
GRANADA
Sala:
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FLORES Y NUBES.
UNIVERSITARIA]
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A N A
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FLORES Y NUBES.
ENSAYOS POÉTICOS
1876,
Donado á la Biblio eca
Uni e si a ia de G anada,
en memo ia del m alo
g ado p oe a
BALTASAR MARTINEZ DÚRAi ,
RONDA.
TIPOGRAFÍA DE LA SRA. VIUDA DE GUTIERREZ
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■ ism -ip úh jehBJi a IiiU
oUm lab shoi*?«>m nss
b ís o c j o b í n i
A MI MADRE,
A*, FRENTE GE TOBOS MIS TRABAJOS NO Y A
TU NOMBRE, MADRE MIA, PERO ENCABEZA MI LIBRO,
Y ESE SERÁ SU MEJOR ESCUDO,
^Acép alo ca iñosa, y qu eda á n sa is echas
TODAS LAS ASPIRACIONES DE
TU HIJO,
B isas que besáis su en e
idos de mí:
callad mi gemi dolien e,
decidla... que soy eliz! (i)
La oz se es ingue, se apaga el ien o,
sigue do mida la empes ad;
c ece lo oscu o del i mamen o;
no se oye ni un acen o;
el mundo sigue sin despe a .
Tu bio el o en e, ya se desliza
sin que se no e solo un umo ;
ni un enue soplo las hojas iza,
ni una sola ceniza
se mue e en el espacio a e ado .
Mas ya á apun ando el dia
y allá en la cumb e b a ia
á apa eciendo la luz.
Y desde la al a mon aña
que ibio e lejo baña
se ompe el neg o capuz,
Y como iel cen inela
la campana de la Vela
dá á los ai es su clamo ;
y anuncia al mundo do mido
que hab á ya eapa ecido
sob e los ma es el sol.
(i) Música del jo en composi o D. F ancisco
de P. Vallada .
Y se disipan las somb as,
y el cielo cub en al omb as
de gualda, azul y ca mín:
y de la Alhamb a en el hueco
se escucha cual ago eco
«decidla que soy eli »
Adiós Elisa, luz de mis ojos,
no me a o men es con us enojos,
con u i onía:
y ya que sabes lo que padezco
é que us quejas yo no me ezco,
Elisa mia!
Tu alma es an pu a
como las álas de los que ubes;
¡ay he mosa c ia u a!
yo bajo hácia el in ie no, ú al cielo subes,
Tú as mos ando un alma bella y do mida,
yo ya escondo la mia ye a y pod ida;
ú as can ando,
yo oy gimiendo:
ú al cielo as olando,
yo po el mundo ago su iendo.
Si la que llo a con mis des elos
si la que sien e pu os anhelos
e habla de mí;
ú ya que has is o mi is e can o,
nunca le digas que ie o llan o,
dila... que soy eliz!
o
.
■
■ ;
■
AYER Y HOY.
A SOFÍA.
¿Me mi as9 en us ojos
a de una llama de implacable sed:
¿son place es ó enojos?
¿es amo ese uego ó es desden?
No me mi es, mi ida,
que ó nase mi pecho en un olcán
y el alma desp endida
hácia us ojos á quema se [ á.
¿No me mi as? ¿ us ojos,
el alma que e ado a, ya no en?
¿mudos us labios ojos
no me dicen ni aun ases de desden!
Mí ame, ida mia,
mí ame un solo ins an e, po piedad,
que mi alma es á ya ia
y helado el co azón mu iendo es á.
Donado á la Biblio eca
Uni e si a ia de G anada,
en memo ia del m alo
g ado poe a
BALTASAR MARTINEZ P IBM,
¡ADIOS-'
SERENATA.
Ya la mañana con sus colo es
de u en ana pin a las lo es;
iembla la luz.
Tú en blando lecho due mes en calma,
mas en u pecho se agi a u alma
con inquie ud.
Es que ha sen ido, que el alma mía
agando es á
jun o á u labio que dulce en ía
sua e pe ume, g a a amb osía,
ibio azaha .
Al in u pecho lanza un suspi o
y en e su a oma con audo gi o
se unen las dos;
y en una nube blanca se unden,
y en aga o ma ya se con unden,
y las bendice Dios.
¡Ay dulce momen o de amo y en u a!
¡cuán ápido ue!
¡que ya de la au o a la luz no ulgu a!
¡lle óse en e somb as su enue blancu a
¡mi dicha ambién!
Y en e las lo es de u en ana,
luce adian e, mués ase u ana
la luz del sol,
Y al sepa a se, con agonía,
iemblan y llo an u alma y la mia
y se dicen «¡adiós!»
¡UNA LÁGRIMA-'
A LA MEMORIA DE...
E a yo niño y con p ecoz ehemencia
ama ansiaba en mi eb il locu a;
sueños o jé que me lle a on p on o
an e una umba.
Vi la muje que adi inó mi men e,
loco deli io conmo ió mi alma,
y de mis labios escuchó in anquila
dulces palab as.
Y ella me amó como el gilgue o al bosque
la osa al sol, al hu acán la b isa;
¡me amó! al ez po que, aunque niño, e a
mi en e al i a.
Resbala on eloces nues as ho as
cual esbalan las] áu as en e lo es;
ella, dichosa al pa ece , yo, ciego,
lleno de goces.
Mas ¡ay! que p on o se o nó mi dicha
en ma ugien e que se alzó b amando,
del dolo la inago able copa
llegó á mis labios. /
Vi en sus mejillas el ca mín süa e
pe de muy p on o sus osadas in as,
y la e nu a que b illó en su os o
la i ma chi a.
¿Qué ocul o mal su co azón gua daba?
¿po qué cuando mi mano en e las suyas
con a an es echó, emblaba inquie a?
¡pob e c ia u a!
En las calladas ho as de la noche
en que la luna po la ez pos e a
jun os nos ió, su alma que e a mia
en un sollozo me con ó sus penas.
Ella mu ió como las pob es osas
que apenas i en lo que el sol, un dia:
¡ángel de amo ! el hado u camino
semb ó de espinas.
Nadie us penas conoció en el mundo,
nunca u labio se quejó de nada,
solo al mo i , de us ma chi os ojos
b o ó una lág ima.
Len a i-odó po u mejilla mus ia;
yo la enjugué con dolo oso anhelo,
y de us ojos el ulgo es año
quemó mi pecho.
Ruja b amando el hu acán b a io,
c uce el espacio ab asado a llama,
nada me Impo a, si al pe de u ida,
pe dí mi alma!
¿Se á que ú me condenas
á es e ho o oso cas igo
po que dudo de un ángel que su e
con mis dudas injus as, Dios mió!
Y en onces ¿po qué sollozo?
en onces ¿po qué deli o?
si no ienen mo i o mis penas,
apa a de mí es e ma i io.
¿Mas y si su pensamien o
no ue a del odo mió?
y si su alma buscase o a alma?
ay! apaga Seño mis gemidos!
Que apa ado de su lado,
con el co azón acío,
en e dudas, amo es y celos
no sé lo que sien o, Dios mió!
LOS OJOS Y EL ALMA.
Tiene Rosa unos ojos mas azules
que el azul de los cielos;
y lle a en su mi a no sé qué cosa,
que e ela la calma de su pecho.
Apenas con sus lábios quince eces
ozó la p ima e a;
ella es he mosa y ica y p e endida;
¿qué muje más desea?
Todos dicen al e la:—¡ángel do mido,
bendi o sea u sueño!—
y ella le an a en onces con dulzu a
sus ojos hácia el limpio i mamen o.
Yó que la i llo a en cie o dia,
le p egun é admi ado:
—¿po qué el anquilo cielo de us ojos
iene á empaña el llan o?
¡Tú! ¡una niña an buena, an dichosa!
¿Llo an ambién los ángeles?
¿Po qué ha de se ama go ese ocío,
que has a la lo de us mejillas cae?—
Sus lábios desplegó is e son isa,
y enjugando sus lág imas,
ella me con es ó:—me llamo Rosa
y lle o las espinas
.....
en el alma!—
ST
D onaJo 1 ¿
Uni e si a ia c j ^ anada,
en m em o ia del m a lo
g ado poe a
BALTASAR MARTINEZ DÚRAN.
ANTES Y DESPUES.
Si an e el al a di ino, donde al cielo
nues o o o ele amos,
hinca as la odilla y me dije as:
■■ ompí mis ju amen os; no eamo;»
An e Dios, an e el cielo y nues as almas,
de i a y dolo emblando
oi ías de mi lengua "¡calla, impía;
men i a es lo que dice aho a u labio!»
Y si ie an mis ojos que á o o homb e
u exis encia enlazabas
y ju abas se suya en los al a es
y mi alma y mis oidos lo escucha an;
«Men i a, me di ia yo á mi mismo,
es una duda ana:.»
y an es que da me c édi o, e ju o,
me a anca ia mis ojos y mi alma.
Mas, ¡ay! i mucho menos, mucho menos,
y po mi sue e in aus a
sin luz desde aquel dia es án mis ojos;
mue a pa a goza es á mi alma.
X- '
;
.
■
.
POR UNA LÁGRIMA.
E a una niña como una osa,
e a mas pu a que un cielo azul,
y en su on isa dulce y g aciosa
gua daba ansiosa
un eso o de amo y i ud.
Mas una noche, ¡noche de llan o!
cuando la luna nace en el ma ,
sin ió en su pecho udo queb an o
y su alma en an o
una lág ima ino á ab asa .
Y desde en onces la niña llo a
cuando con neg o y is e c espón
iende sus somb as, a e ado a
noche aido a;
que un ecue do le quema el co azón.
■ (•'
A VICENTE ESPINEL
AL ERIGIRLE RONDA UN MONUMENTO.
¡Espinel, p ecla o sol,
la glo ia á u osa llega:
sus do adas alas plega;
despie a, ingenio español.
Luce mas pu o a ebol
el cielo, que en o os dias;
pueblan el ai e a monías;
u oscu a umba queb an a
y un monumen o le an a
sob e us cenizas ias.
El Incendio de G anada,
su llama inmensa ha p endido
en un pueblo, que al ol ido
dio u memo ia sag ada.
Sob e un má mol, co onada
hoy u en e es de lau el:
los Ingenios, en opel,
quie en sali dn su umba
po que has a allí un eco zumba,
que dice: «¡glo ia á Espinel!»
El Guadál in, o gulloso
po que pisas e su a ena,
con mas empuje esuena
bañando el Tajo escab oso.
Alza mu mullo espan oso,
y po que el mundo se asomb e
quie e uni á u enomb e
su oz que se oye deci :
«¡su cue po pudo mo i ,
mas no mo i á su nomb e!»
B illas, Vicen e, en la his o ia
como un sol de nues a España,
y hoy en luz pu a se baña
u enomb ada memo ia.
Has a í llega la Glo ia,
yá su lado acilan es
e ás dos somb as gigan es
eno ando us lau eles,
y se án us gua das ieles;
Lope de Vega y Ce an es.
PARALELO.
Nace en el ma la llu ia, sube al cielo,
y en c is alinas pe las
que e lejan del i is los colo es
cae b illan e á la ie a.
esas go as diá anas y pu as,
lág imas de los cielos
al cae en el pol o se con ie en
en asque oso cieno.
B o an del co azón las ilusiones,
y á los espacios suben
en busca de los mundos donde habi an
los alados que ubes.
El hu acán iolen o Jas des oza
y hácia la ie a bajan;
ocan la ealidad y se deshacen
en sollozos y en lág imas.
£
hizo un incapié en el suelo,
y al que e oca al cielo
pe dió su base el peñón.
Bajó al abismo odando,
de pol o y sang e cubie o,
y yo que lo i gozando,
al ace ca me emblando
solo me hallé
.....
con un mue o.
¿Qué es es o, dije, Dios mió?
quién su al i o pode ío
de ibó en es a Ocasión?
y un eco is e y somb ío
me con es ó: «la ambición».
¡NO ES VERDAD!
¿No es e dad, niña he mosa, qus us ojos
e a an de u alma la bondad,
y á mí solo di ijes sus mi adas?
¡ay! ¡no es e dad!
¿No es e dad que us labios se án mios,
que u alien o en mi alien o bebe ás,
y que iel, siemp e iel, sab ás ama me?
¡ay! ¡no es e dad!
¿No es e dad que si sueñas es conmigo,
que pensando, en mí solo pensa ás,
y que se en mi se an solo quie es:
¡ay! ¡no es e dad!
¿Y no es e dad que ya en mi pecho gua do
un co azón cansado de llo a ,
que apenas sé si i e ó si es á mue o?
¡ESO SÍ QUE ES VERDAD!
m a a a ¿ ■ o ,
D o n a d o á la B
Uni e si a ia de G anab a,
en memo ia de! Malo
g ado poe a
- T TASAR MARTINEZ DÚRAN.
¡i'- ííiO 'J.V J ¿ .UOii?. ¡c hl:hV J7 K>
, ' i. i'j d d n 'j q o W > . ;
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RECUERDO.
C uzábamos el lago, blandamen e
mecidos en la ba ca po las olas:
el sol, que se ocul aba en Occiden e,
con nues o amo dejábamos á solas.
Mis b azos odeaban su cin u a
y la b isa agi aba sus cabellos,
y en su en e con ímida dulzu a
la a de e lejaba sus des ellos.
Silenciosos los dos nos con emplamos,
de aman e enesí con embeleso,
y an o nues os lábios ace camos
que escuchóse el umo de un ie no beso.
Y la luz se pe dió: bo óse el lago
y las aguas iza on sus espumas;
en sus b azos do míme con alhago
pe dido de la noche en e las b umas.
¡Ay noche de place ! ¿po qué no hundis e
nues os do midos cue pos en u somb a?
¿Po qué con us encan os es endis e
á nues os piés esbaladiza al omb a?
¿Y ú, plácido lago, que se eno
e lejas en us ondas la campiña,
po qué no gua da u p o undo seno
el cue po del aman e y de la nina.
¿Si mu ió pa a mí, cómo espi o
eniendo el co azón hecho pedazos^
y aun esbala en mis lábios su suspi o,
y aun es echan mi pecho sus ab azos?
Aun quema aquel ecue do mi memo ia;
ocóse aquel place en duelo e e no;
que dejamos el lago de la Glo ia
pa a en a en los ma es del In ie no.
RIMAS.
Es e es el p ado que nos dió sus lo es;
es e el a oyo que escuchó sus quejas;
es a la acacia que nos daba somb a;
es as huellas... ¿se án al ez sus huellas?
Ese cielo sin nubes es el mismo;
igual es á la a de; y esa es ella
es aquella ambién con que ella en onces
compa aba su amo y su i meza.
Nada ha cambiado: pája os y uen es,
el a oyo, ese bosque, esa a boleda...
sí; odo es á lo mismo que aquel día
menos mi ¡co azón y su conciencia.
Ella es a á al ez en o o p ado,
oyendo de o o aman e nue as quejas
y haciendo ju amen os que me hizo...
¡si me ue a posible abo ece la!
Á GRANADA.
EN EL DIA DEL SEÑOR.
Reina de los ja dines y las lo es,
pa a esc ibi us glo ias
pob e es la inspi ación de us can o es,
po que son an gigan es us memo ias
que al as ya de espacios y de suelo
con u Sie a se ele an has a el cielo.
Mas hoy, que el pecho llena
de pá iay eligión el uego san o
y su nomb e en us ámbi os esuena,
depongo el miedo y u g andeza can o.
Mo iscos o eones
de u Alhamb a desc iben el ecin o
gua dando las c eaciones
del genio colosal de Cá los Quin o.
Anciano cen inela
de noble aspec o y de cano a en e,
Sie a Ne ada, ela
us glo ias y us sueños y desa a
audales bullido es
donde bebe el Genil olas de pla a
y can a es de amo los uiseño es.
Tus cá menes somb íos
al alma inspi an mis e ioso encan o:
en sus ondosas, e des espesu as
aun pa ecen b illa las a madu as
de c is ianos gue e os;
y cuando uge el endabal, semeja
an ás icos gemidos de agonía
y el áspe o c ugi de los ace os:
se en c uza pesados escuad ones
ic o iosos alzando
en us al os y ue es o eones
la enseña de Isabel y de Fe nando.
¡G anada! ¡joya al i a
de aquel genio indomable, cuyo acen o
log ó endi us mu os,
¿quién u impe io a asalla
si el co azón an e u Vega es alla
de o gullo y sen imien o?
Cada llano ecue da una ba alla
y encie a cada zanja un monumen o.
Las ojas amapolas de us alles,
las ocas de u Sie a,
aun gua dan los de alles
de la sang ien a gue a,
que henchida de ic o ias,
con la Fé po di isa, sol ecundo,
g abó en u suelo inma cesibles glo ias
y le dió á u nación un nue o mundo.
El soplo des uc o de las edades
con saña desmo ona
esa anciana co ona
de o es esmal ada que e ciñes:
u Alhamb a se de umba;
y al oda ol eando en el espacio
cada pied a del á abe palacio,
un eco is e en sus salones zumba.
¿Qué son ya us g andezas musulmanas?
Ma mó eos esquele os
que baña el sol con su ojiza lumb e:
us p oezas c is ianas
lozanas siemp e, i i án esc i as
del Sac o Mon e en la esca pada cumb e.'
Can a al Seño , G anada;
de Isabel y Fe nando
e a la C uz el encedo enblema
y á su sag ada somb a
g aba on de us glo ias el poema:
y sí esmal ó de lo es us ja dines,
y dió á u Sie a pla eada al omb a,
y o o dió á las a enas de us ios,
yá us bosques somb íos
el can a de las a es a monioso,
y á us o es g andeza sobe ana,
aun,, e dió un monumen o mas he moso:
llenó u co azón de é c is iana.
¡SOMBRAS!
x.
Las in as mas dulces
el cielo colo an:
la b isa mu mu a
gimiendo en las hojas;
se a as a el a oyo
bañando las osas,
y su úl imo can o
las a es en onan.
En ago concie o
de émulas no as
un himno de amo es
los mundos p egonan.
La a de declina,
el cielo se en olda
y á las o aciones
las campanas ocan.
Y en an o que is es
a oyos y hojas,
pája os y uen es,
con oz a moniosa
luz piden al cielo,
mi alma g i a «¡somb as!»
x i .
Empieza la noche:
sus in as med osas
en uel en al mundo;
del bosque en las hojas
se apagan los ecos,
y al sueño abandonan
los homb es sus cui as,
las a es sus no as.
Rendido, en el lecho
mi cue po se a oja
buscando el ol ido
que el sueño a eso a:
¡en ano; que al alma
llegan b amado as,
en uel as en llan o,
pasadas memo ias!
Y mien as los homb es
del descanso gozan
y due men las a es
y callan las hojas,
mi alma g i a al cielo
"¡Dios mió, más somb as!»
D on ad o á * T 5J:o¿?-n
U ni e sí a ñTcle G ab
en memo ia dal ¡o
g ado poe a
P 1 TASAR MARTINEZ DÜRAIi
¡YA ES TARDE!
x.
En e una alameda
que se alza gigan e
ozando del cielo
los blancos encajes;
al pié de un cas illo
de ma mó ea base
y jun o á un a oyo
que baña ja ales
y sal a en e ocas
y ueda has a un alle,
O elia, la niña
de is e semblan e,
espe a con ánsia
á aquel que una a de
pa ió de su lado,
al pecho dejándole
amo es que i en,
ecue dos que nacen.
Su az hechice a
pa ece inquie a se;
espe a al que ado a,
espe a ab aza le:
se suya, en sec e o,
ju ó en los al a es,
po eso mu mu a
«¡no iene,..! ¡y ya es a de!»
xx.
Allá en la colina
a anza ondulan e
un bul o, una somb a
que ocul an los sauces:
mas ¡ay! que ya llega
y áuda se aba e;
¡es nube de pol o
que el ien o deshace!
Se escuchan umo es
que al ez p esagien
la eloz ca e a
de un b u o al escape:
O elia se agi a;
su calma enace;
mas... ¡nada! es el ien o
que azo a los á boles.
X I I .
El sol ya declina
y empieza la a de:
los can os aleg es
de esbel os zagales,
que bajan del mon e
y c uzan el alle,
con usos se mezclan
con o os iguales,
que can an los pája os
y gimen los á boles.
En an o, de O elia
el is e semblan e
inundan las lág imas
co iendo á audales.
En o no di ige
mi adas o aces
que aba can á un iempo
egiones dis an es;
y solo á sus ojos
iene á e leja se,
el sol que se hunde,
la somb a que nace;
y llo a y mu mu a
«¡Dios mió, ya es a de!»
I V .
Y cuando la noche
con neg os celajes
en olda el espacio
y op ime los alles
y aumen an los ecos
sus agos con as es,
que imi an á eces
mis e iosos a es,
plega ias que suben,
o en es que caen,
O elia, la he mosa
de is e semblan e,
la niñ^ di ina,
llo ando sus males
se inclina has a el suelo,
sus lábios se ab en,
y con un sollozo
da su alma á los ángeles.
Y can an los ecos
»¡ya es a de! ¡muy a de!»
.
En onces, muy lejos,
del ondo del alle
cada ez mas onco
se escucha ace ca se
un umo que c ece.
Rompiendo ja ales,
cual ueno que zumba
y es alla en el ai e,
endido en el cuello
de alazan pujan e
que baña en espuma
los neg os ija es,
y hundiendo has a el cubo
el é eo acica e,
a anza un gine e:
es él; el aman e
de la pob e O elia
que en e lo es yace.
Hácia ella se inclina,
ab aza su alle
y besa su en e,
mas... besa un cadá e !
y un eco is ísimo
epi e «¡ya es a de!»
EN LA MUERTE DE D.* MARÍA VICTORIA
REINA QUE FUE DE ESPAÑA.
Angel de ca idad, pálida es ella
que, al c uza nues o suelo,
de u bendi a huella
b o aba po doquie paz y consuelo:
eina y seño a de mi pa ia un dia,
si has a el cielo, mi can o
llega pudie a en is e melodía,
u alma con empla ía
mis e sos empapados con mi llan o.
Mi pob e li a, cuyo al i o acen o
nunca ensalzó la mundanal esco ia
y jamás al pode le dio sus onos,
hoy can a á u memo ia,
po que esa es á mas al a que los onos;
mucho mas que el pode , es á en la Glo ia.
La is e y noble y desg aciada España,
el bélico Mad id, que un dos de Mayo
g abó en su his o ia con he oica saña
y o men os p olijos,
Po úl ima ez habló
así á la pálida Ines
Jazmín: is e aciló
pe o se alejó después.
Con ulso y llo ando al in
ol iendo la is a a as,
dió a ios pasos Jazmin
pe o no pudo da más.
Y ya sin ai e y sin luz
dijo con loca pasión:
— ¡deja que bese esa c uz
y aunque es alle el co azón! —
á m ñ á 'ó á 'h B í b i í c ^ -
' ; 1 ’ s si a a W G a ,: • -
e ‘ m -©mo ía d e l
S' aao poe a
. ^T A SA R MARTINEZ EÜRAü
CONTRASTE.
Con in ención ale e
Lélia me dióá es echa su manoundia;
el con ac o ue b e e,
pe o su mano, helada cual la nie e
me pa eció que en e mi mano a día.
Po mis hinchadas enas,
masque sang e, co ió canden e la a;
llegó has a el co azón, nacie on penas,
é in isibles cadenas
á mi alma hicie on de la suya escla a.
De aquella mano el ió,
(yo no sé po qué ué ni de qué modo)
un olcan encendió en el pecho mió,
que empezó po amo y des a ío
y concluyó po des oza lo odo.
Y ¡cap icho pue il! desde ese ins an e,
con uso muchas eces, deli an e,
ya que en mi co azón solo hay cenizas
en mi ce eb o izas,
doy mi mano con guan e.
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MI IDEAL.
A MI AMIGA C,
Me acusas de oluble, de incons an e,
de que, min iendo á odas,
ni busco amo es, ni ilusiones sien o,
y mis ases mas dulces son lisonjas.
Mis e ios iene el co azón del homb e
insondables á eces;
yo e descub i é los que en mí gua do
y e ás cómo en onces me comp endes.
Un sueño ex año de mi men e loca
g abado es á en mi alma,
de an absu das o mas e es ido
que es ángel y muje , demonio y hada.
En sus ojos azules a de el uego
del sol del mediodía;
Y en ese uego se columpia un alma
que can a al mismo iempo que suspi a.
Una no a is ísima de Schube ,
el ulgo de una es ella,
del a dien e Simoun el soplo ie o,
son, mezclados, su se , su amo , su esencia.
Y po que es un deli io, un imposible,
que no exis e en el mundo,
os amo á odas, po que en odas eo
algo, de ese imposible que yo busco.
EL LLANTO.
x.
—No llo es, hija mia;
¿po qué ie en us ojos
'esas ama gas lág imas de pena?—
— ¡Mad e! ¡si yo no llo o! —
Así decia, is e,
ahogando los sollozos,
á su mad e, Ma ía, y ocul aba
con las manos su os o.
Y mu mu aba en an o
con labio p esu oso:
—¿qué me impo a que aye no me mi ase?
¡Dios mió, po qué llo o?—
¡No sabia la niña
que, con es año encono,
al ab i el amo los co azones
pone llan o en los ojos!
I X .
Voló el iempo: una noche,
aquel ángel he moso,
p ocu aba llo a y no podía,
p esa de ho ible insomnio.
Ya no enia á nadie
que p egun a a ansioso,
po qué se ma chi aban y mo ian
las galas de su os o.
Su mad e había mue o:
su amo i ia, solo
pa a aumen a las penas que b o aban
de su pecho en el ondo.
Y en onces, solo en onces
supo Ma ía, como
llo an los co azones cuando al an
lág imas á los ojos.
RIMAS.
i.
Cuando del iempo la unes a mano
ma que la ho a del emendo juicio;
cuando los mundos desquiciados ueden
de los espacios hacia el hondo abismo;
Cuando c ujan los huesos desca nados
y á nues os c áneos secos y acíos
baje o a ez el alma, como baja
has a la lo la go a de ocío;
Doblando nues os es os la odilla,
an e la humanidad, an e Dios mismo,
qui a emos á un iempo: -■ ¡pe donadnos,
que ama nos ue nues o mayo deli o! —
x i.
Pa a hace me ol ida e a p eciso
a anca me el ce eb o,
y aun más, el co azón, el alma en e a,
que es donde es án g abados us ecue dos.
BNiíiádo é, la o l^IIo sca
• ú/‘i elia la de G an*,,
en m em o ia del m alo-
g ad o po e a
LTASAR MARTINEZ DÚRAl'
MI OFRENDA.
Á MIS PADRES EN EL DIA DE SU SANTO.
B illan del alba los ma ices ojos;
pin an el ho izon e sus e lejos
y ondas de luz se quieb an en mis ojos,
que en e las somb as buscan con enojos
algo que es á muy lejos.
El a igado pensamien o mió
de su míse a cá cel se desp ende;
mue e sus álas con po en e b io
y c uza deslizándose el acío;
con eloz ansiedad el ai e hiende.
Llega á ola ues o anquilo sueño
y al oza ues as en es, sin ag a ios,
ol éis en onces del le al beleño
y es ampa iel, con ca iñoso empeño
un beso en ues os labios.
El es la o enda mis e iosa y pu a,
emblema al pa de lu o y aleg ía,
i3
á o as egiones mas al as;
es un himno mis e ioso
que los ángeles a as an,
desde us labios al cielo,
en e el umo de sus alas,
¡Can a, que en us can os b illa
la pu eza de u alma!
¡Can a, que can ando llo as!
¡Can a, ángel mió, sí, can a!
©sJíiiadiQ á e
' e n a d e
s?*Tmo ,a dei w£
£ a d o P o e a
"ÁSAR MARTINEZ 'OÚP.
¡LLORA!
DESPEDIDA.
Adiós, adiós! ola on p esu osas
esas ho as de dichas y a an an o,
cual las del sueño somb as mis e iosas
que el pecho llenan de ine able encan o:
oba el ien o pe umes á las osas;
seca el calo en la megilla el llan o;
solo del alma el anhela p o undo
ni el iempo seca, ni lo apaga el mundo.
Ven: acé ca e á mí; al ez mañana
cuando al nace el sol el cielo alumb e
y pin e us ja dines de o o y g ana
yo lo e é asoma as o a cumb e
acaso cuando llegue á u en ana
has a mis ojos llega á su lumb e
y el mismo uego que alumb ó mi encan o
no bas a á á seca mi ama go llan o.
¿Oyes? pausado, mis e ioso y len o
suena el eloj en la ecina aldea
y el eco is e que conduce el ien o
con ago son en el espacio ondea:
símil ex año de a al lamen o
que al ai e ence en desigual pelea
y al es ingui se su pos e añido
ni aun huella queda de su son pe dido!
¿Quién sabe, sí, quién sabe si algún dia
se bo a á ambién de su memo ia
de nues a loca y ciega idola ía
la is e y la ga y dolo osa his o ia?
¿Quién sabe, si luchando el alma mia
llegue á oca el ono de la glo ia
y al baña se mis ojos en su uego
an e su inmensa luz queda é ciego!
¿Ves? la noche,., el silencio. . esa campana
cuyo med oso son has a aguí llega:
de la sie a en la cumb e mas lejana
la somb a que en los picos se eplega:
aho a el p ime albo de la mañana
que en el neg o ho izon e se desplega:
odo sí, ida mia, nos ad ie e
que luchan luz y somb as, ida y mue e.
Así den o del alma an luchando
en e uel o y con uso o bellino
mis e iosos ensueños que pasando
no dejan ni una huella en su camino;
así amos anciosos anhelando
as un an asma encan ado , di ino,
y al co e as sus pálidos e lejos
mien as olamos más es á mas lejos.
Adiós, adiós! Del sol el p ime ayo
las al as cumb es con su uego do a:
alza la lo el enco ado allo;
se ué la noche; se apagó la au o a:
si su alma ie e a e ado desmayo
llo a, bien de mi bien, mi ida, llo a!
¡llo a que el llan o nues as penas calma
cuando á los ojos sube desde el alma!
UN CONSEJO.
EN EL ABANICO DE MARÍA DE LOS REYES V1LCHES
El mundo, que a de
en celos y en idia,
se ie del que llo a y se enga
del que ie ma ando su dicha.
Escucha un consejo
en pocas palab as
p egun a si es bueno á u mad e
y g ábalo luego en u alma:
Si ies no mues es
us labios de osa,
que en onces el mundo, en el pecho,
de ama su hiel go a á go a.
Si llo as acaso
us ojos ocul a
que no sabe el mundo, Ma ía,
lo que ale una lág ima uya.
Adiós y pe dona
mis is es palab as:
en ez de esc ibi e con lo es
manché u abanico con lág imas.
A ELISA.
EN SU ABANICO. •
Mas he niosos qi e el cielo,
mas que la noche,
son Elisa us ojos,
que son dos soles;
¡ay pob e ángel!
quie a Dios que las lág imas
no los empañen.
Mas blanca que la espuma
de lo$ o en es,
más que las azucenas,
mas que la nie e, •
es u alma pu a:
pide á Dios que sus in as
no pie da nunca.
' - ' . ....
Ünl e sl'.
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íUVERSITABU.^
DE
¿uncu*
j anada
del mía?
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jíA íip‘-