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Flores y nubes : ensayos poéticos

Jiménez Verdejo, Antonio

Abstract

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4 - / é - S ' - S b --------------— — > BIBLIOTECA HOSPITAL REAL GRANADA Sala: E s a n e : _ J ^ ------- .. O C ? ( i idiú iio;. M = O ” NJ FLORES Y NUBES. UNIVERSITARIA. BIBLIOTECA HOSPITAL REAL GRANADA Sala: FOan a: ^ ------- y - od? ( i l FLORES Y NUBES. UNIVERSITARIA] DB A N A i FLORES Y NUBES. ENSAYOS POÉTICOS 1876, Donado á la Biblio eca Uni e si a ia de G anada, en memo ia del m alo g ado p oe a BALTASAR MARTINEZ DÚRAi , RONDA. TIPOGRAFÍA DE LA SRA. VIUDA DE GUTIERREZ j^ 'íoH dR Q 's í k ?l á ó Q ■ ism -ip úh jehBJi a IiiU oUm lab shoi*?«>m nss b ís o c j o b í n i A MI MADRE, A*, FRENTE GE TOBOS MIS TRABAJOS NO Y A TU NOMBRE, MADRE MIA, PERO ENCABEZA MI LIBRO, Y ESE SERÁ SU MEJOR ESCUDO, ^Acép alo ca iñosa, y qu eda á n sa is echas TODAS LAS ASPIRACIONES DE TU HIJO, B isas que besáis su en e idos de mí: callad mi gemi dolien e, decidla... que soy eliz! (i) La oz se es ingue, se apaga el ien o, sigue do mida la empes ad; c ece lo oscu o del i mamen o; no se oye ni un acen o; el mundo sigue sin despe a . Tu bio el o en e, ya se desliza sin que se no e solo un umo ; ni un enue soplo las hojas iza, ni una sola ceniza se mue e en el espacio a e ado . Mas ya á apun ando el dia y allá en la cumb e b a ia á apa eciendo la luz. Y desde la al a mon aña que ibio e lejo baña se ompe el neg o capuz, Y como iel cen inela la campana de la Vela dá á los ai es su clamo ; y anuncia al mundo do mido que hab á ya eapa ecido sob e los ma es el sol. (i) Música del jo en composi o D. F ancisco de P. Vallada . Y se disipan las somb as, y el cielo cub en al omb as de gualda, azul y ca mín: y de la Alhamb a en el hueco se escucha cual ago eco «decidla que soy eli » Adiós Elisa, luz de mis ojos, no me a o men es con us enojos, con u i onía: y ya que sabes lo que padezco é que us quejas yo no me ezco, Elisa mia! Tu alma es an pu a como las álas de los que ubes; ¡ay he mosa c ia u a! yo bajo hácia el in ie no, ú al cielo subes, Tú as mos ando un alma bella y do mida, yo ya escondo la mia ye a y pod ida; ú as can ando, yo oy gimiendo: ú al cielo as olando, yo po el mundo ago su iendo. Si la que llo a con mis des elos si la que sien e pu os anhelos e habla de mí; ú ya que has is o mi is e can o, nunca le digas que ie o llan o, dila... que soy eliz! o . ■ ■ ; ■ AYER Y HOY. A SOFÍA. ¿Me mi as9 en us ojos a de una llama de implacable sed: ¿son place es ó enojos? ¿es amo ese uego ó es desden? No me mi es, mi ida, que ó nase mi pecho en un olcán y el alma desp endida hácia us ojos á quema se [ á. ¿No me mi as? ¿ us ojos, el alma que e ado a, ya no en? ¿mudos us labios ojos no me dicen ni aun ases de desden! Mí ame, ida mia, mí ame un solo ins an e, po piedad, que mi alma es á ya ia y helado el co azón mu iendo es á. Donado á la Biblio eca Uni e si a ia de G anada, en memo ia del m alo g ado poe a BALTASAR MARTINEZ P IBM, ¡ADIOS-' SERENATA. Ya la mañana con sus colo es de u en ana pin a las lo es; iembla la luz. Tú en blando lecho due mes en calma, mas en u pecho se agi a u alma con inquie ud. Es que ha sen ido, que el alma mía agando es á jun o á u labio que dulce en ía sua e pe ume, g a a amb osía, ibio azaha . Al in u pecho lanza un suspi o y en e su a oma con audo gi o se unen las dos; y en una nube blanca se unden, y en aga o ma ya se con unden, y las bendice Dios. ¡Ay dulce momen o de amo y en u a! ¡cuán ápido ue! ¡que ya de la au o a la luz no ulgu a! ¡lle óse en e somb as su enue blancu a ¡mi dicha ambién! Y en e las lo es de u en ana, luce adian e, mués ase u ana la luz del sol, Y al sepa a se, con agonía, iemblan y llo an u alma y la mia y se dicen «¡adiós!» ¡UNA LÁGRIMA-' A LA MEMORIA DE... E a yo niño y con p ecoz ehemencia ama ansiaba en mi eb il locu a; sueños o jé que me lle a on p on o an e una umba. Vi la muje que adi inó mi men e, loco deli io conmo ió mi alma, y de mis labios escuchó in anquila dulces palab as. Y ella me amó como el gilgue o al bosque la osa al sol, al hu acán la b isa; ¡me amó! al ez po que, aunque niño, e a mi en e al i a. Resbala on eloces nues as ho as cual esbalan las] áu as en e lo es; ella, dichosa al pa ece , yo, ciego, lleno de goces. Mas ¡ay! que p on o se o nó mi dicha en ma ugien e que se alzó b amando, del dolo la inago able copa llegó á mis labios. / Vi en sus mejillas el ca mín süa e pe de muy p on o sus osadas in as, y la e nu a que b illó en su os o la i ma chi a. ¿Qué ocul o mal su co azón gua daba? ¿po qué cuando mi mano en e las suyas con a an es echó, emblaba inquie a? ¡pob e c ia u a! En las calladas ho as de la noche en que la luna po la ez pos e a jun os nos ió, su alma que e a mia en un sollozo me con ó sus penas. Ella mu ió como las pob es osas que apenas i en lo que el sol, un dia: ¡ángel de amo ! el hado u camino semb ó de espinas. Nadie us penas conoció en el mundo, nunca u labio se quejó de nada, solo al mo i , de us ma chi os ojos b o ó una lág ima. Len a i-odó po u mejilla mus ia; yo la enjugué con dolo oso anhelo, y de us ojos el ulgo es año quemó mi pecho. Ruja b amando el hu acán b a io, c uce el espacio ab asado a llama, nada me Impo a, si al pe de u ida, pe dí mi alma! ¿Se á que ú me condenas á es e ho o oso cas igo po que dudo de un ángel que su e con mis dudas injus as, Dios mió! Y en onces ¿po qué sollozo? en onces ¿po qué deli o? si no ienen mo i o mis penas, apa a de mí es e ma i io. ¿Mas y si su pensamien o no ue a del odo mió? y si su alma buscase o a alma? ay! apaga Seño mis gemidos! Que apa ado de su lado, con el co azón acío, en e dudas, amo es y celos no sé lo que sien o, Dios mió! LOS OJOS Y EL ALMA. Tiene Rosa unos ojos mas azules que el azul de los cielos; y lle a en su mi a no sé qué cosa, que e ela la calma de su pecho. Apenas con sus lábios quince eces ozó la p ima e a; ella es he mosa y ica y p e endida; ¿qué muje más desea? Todos dicen al e la:—¡ángel do mido, bendi o sea u sueño!— y ella le an a en onces con dulzu a sus ojos hácia el limpio i mamen o. Yó que la i llo a en cie o dia, le p egun é admi ado: —¿po qué el anquilo cielo de us ojos iene á empaña el llan o? ¡Tú! ¡una niña an buena, an dichosa! ¿Llo an ambién los ángeles? ¿Po qué ha de se ama go ese ocío, que has a la lo de us mejillas cae?— Sus lábios desplegó is e son isa, y enjugando sus lág imas, ella me con es ó:—me llamo Rosa y lle o las espinas ..... en el alma!— ST D onaJo 1 ¿ Uni e si a ia c j ^ anada, en m em o ia del m a lo  g ado poe a BALTASAR MARTINEZ DÚRAN. ANTES Y DESPUES. Si an e el al a di ino, donde al cielo nues o o o ele amos, hinca as la odilla y me dije as: ■■ ompí mis ju amen os; no eamo;» An e Dios, an e el cielo y nues as almas, de i a y dolo emblando oi ías de mi lengua "¡calla, impía; men i a es lo que dice aho a u labio!» Y si ie an mis ojos que á o o homb e u exis encia enlazabas y ju abas se suya en los al a es y mi alma y mis oidos lo escucha an; «Men i a, me di ia yo á mi mismo, es una duda ana:.» y an es que da me c édi o, e ju o, me a anca ia mis ojos y mi alma. Mas, ¡ay! i mucho menos, mucho menos, y po mi sue e in aus a sin luz desde aquel dia es án mis ojos; mue a pa a goza es á mi alma. X- ' ; . ■ . POR UNA LÁGRIMA. E a una niña como una osa, e a mas pu a que un cielo azul, y en su on isa dulce y g aciosa gua daba ansiosa un eso o de amo y i ud. Mas una noche, ¡noche de llan o! cuando la luna nace en el ma , sin ió en su pecho udo queb an o y su alma en an o una lág ima ino á ab asa . Y desde en onces la niña llo a cuando con neg o y is e c espón iende sus somb as, a e ado a noche aido a; que un ecue do le quema el co azón. ■ (•' A VICENTE ESPINEL AL ERIGIRLE RONDA UN MONUMENTO. ¡Espinel, p ecla o sol, la glo ia á u osa llega: sus do adas alas plega; despie a, ingenio español. Luce mas pu o a ebol el cielo, que en o os dias; pueblan el ai e a monías; u oscu a umba queb an a y un monumen o le an a sob e us cenizas ias. El Incendio de G anada, su llama inmensa ha p endido en un pueblo, que al ol ido dio u memo ia sag ada. Sob e un má mol, co onada hoy u en e es de lau el: los Ingenios, en opel, quie en sali dn su umba po que has a allí un eco zumba, que dice: «¡glo ia á Espinel!» El Guadál in, o gulloso po que pisas e su a ena, con mas empuje esuena bañando el Tajo escab oso. Alza mu mullo espan oso, y po que el mundo se asomb e quie e uni á u enomb e su oz que se oye deci : «¡su cue po pudo mo i , mas no mo i á su nomb e!» B illas, Vicen e, en la his o ia como un sol de nues a España, y hoy en luz pu a se baña u enomb ada memo ia. Has a í llega la Glo ia, yá su lado acilan es e ás dos somb as gigan es eno ando us lau eles, y se án us gua das ieles; Lope de Vega y Ce an es. PARALELO. Nace en el ma la llu ia, sube al cielo, y en c is alinas pe las que e lejan del i is los colo es cae b illan e á la ie a. esas go as diá anas y pu as, lág imas de los cielos al cae en el pol o se con ie en en asque oso cieno. B o an del co azón las ilusiones, y á los espacios suben en busca de los mundos donde habi an los alados que ubes. El hu acán iolen o Jas des oza y hácia la ie a bajan; ocan la ealidad y se deshacen en sollozos y en lág imas. £ hizo un incapié en el suelo, y al que e oca al cielo pe dió su base el peñón. Bajó al abismo odando, de pol o y sang e cubie o, y yo que lo i gozando, al ace ca me emblando solo me hallé ..... con un mue o. ¿Qué es es o, dije, Dios mió? quién su al i o pode ío de ibó en es a Ocasión? y un eco is e y somb ío me con es ó: «la ambición». ¡NO ES VERDAD! ¿No es e dad, niña he mosa, qus us ojos e a an de u alma la bondad, y á mí solo di ijes sus mi adas? ¡ay! ¡no es e dad! ¿No es e dad que us labios se án mios, que u alien o en mi alien o bebe ás, y que iel, siemp e iel, sab ás ama me? ¡ay! ¡no es e dad! ¿No es e dad que si sueñas es conmigo, que pensando, en mí solo pensa ás, y que se en mi se an solo quie es: ¡ay! ¡no es e dad! ¿Y no es e dad que ya en mi pecho gua do un co azón cansado de llo a , que apenas sé si i e ó si es á mue o? ¡ESO SÍ QUE ES VERDAD! m a a a ¿ ■ o , D o n a d o á la B Uni e si a ia de G anab a, en memo ia de! Malo g ado poe a - T TASAR MARTINEZ DÚRAN. ¡i'- ííiO 'J.V J ¿ .UOii?. ¡c hl:hV J7 K> , ' i. i'j d d n 'j q o W > . ; ■ i¡% l'.i ü’I ¡< '■ ¡ i : (/ ! / ! íjíí. ' Í I I .. RECUERDO. C uzábamos el lago, blandamen e mecidos en la ba ca po las olas: el sol, que se ocul aba en Occiden e, con nues o amo dejábamos á solas. Mis b azos odeaban su cin u a y la b isa agi aba sus cabellos, y en su en e con ímida dulzu a la a de e lejaba sus des ellos. Silenciosos los dos nos con emplamos, de aman e enesí con embeleso, y an o nues os lábios ace camos que escuchóse el umo de un ie no beso. Y la luz se pe dió: bo óse el lago y las aguas iza on sus espumas; en sus b azos do míme con alhago pe dido de la noche en e las b umas. ¡Ay noche de place ! ¿po qué no hundis e nues os do midos cue pos en u somb a? ¿Po qué con us encan os es endis e á nues os piés esbaladiza al omb a? ¿Y ú, plácido lago, que se eno e lejas en us ondas la campiña, po qué no gua da u p o undo seno el cue po del aman e y de la nina. ¿Si mu ió pa a mí, cómo espi o eniendo el co azón hecho pedazos^ y aun esbala en mis lábios su suspi o, y aun es echan mi pecho sus ab azos? Aun quema aquel ecue do mi memo ia; ocóse aquel place en duelo e e no; que dejamos el lago de la Glo ia pa a en a en los ma es del In ie no. RIMAS. Es e es el p ado que nos dió sus lo es; es e el a oyo que escuchó sus quejas; es a la acacia que nos daba somb a; es as huellas... ¿se án al ez sus huellas? Ese cielo sin nubes es el mismo; igual es á la a de; y esa es ella es aquella ambién con que ella en onces compa aba su amo y su i meza. Nada ha cambiado: pája os y uen es, el a oyo, ese bosque, esa a boleda... sí; odo es á lo mismo que aquel día menos mi ¡co azón y su conciencia. Ella es a á al ez en o o p ado, oyendo de o o aman e nue as quejas y haciendo ju amen os que me hizo... ¡si me ue a posible abo ece la! Á GRANADA. EN EL DIA DEL SEÑOR. Reina de los ja dines y las lo es, pa a esc ibi us glo ias pob e es la inspi ación de us can o es, po que son an gigan es us memo ias que al as ya de espacios y de suelo con u Sie a se ele an has a el cielo. Mas hoy, que el pecho llena de pá iay eligión el uego san o y su nomb e en us ámbi os esuena, depongo el miedo y u g andeza can o. Mo iscos o eones de u Alhamb a desc iben el ecin o gua dando las c eaciones del genio colosal de Cá los Quin o. Anciano cen inela de noble aspec o y de cano a en e, Sie a Ne ada, ela us glo ias y us sueños y desa a audales bullido es donde bebe el Genil olas de pla a y can a es de amo los uiseño es. Tus cá menes somb íos al alma inspi an mis e ioso encan o: en sus ondosas, e des espesu as aun pa ecen b illa las a madu as de c is ianos gue e os; y cuando uge el endabal, semeja an ás icos gemidos de agonía y el áspe o c ugi de los ace os: se en c uza pesados escuad ones ic o iosos alzando en us al os y ue es o eones la enseña de Isabel y de Fe nando. ¡G anada! ¡joya al i a de aquel genio indomable, cuyo acen o log ó endi us mu os, ¿quién u impe io a asalla si el co azón an e u Vega es alla de o gullo y sen imien o? Cada llano ecue da una ba alla y encie a cada zanja un monumen o. Las ojas amapolas de us alles, las ocas de u Sie a, aun gua dan los de alles de la sang ien a gue a, que henchida de ic o ias, con la Fé po di isa, sol ecundo, g abó en u suelo inma cesibles glo ias y le dió á u nación un nue o mundo. El soplo des uc o de las edades con saña desmo ona esa anciana co ona de o es esmal ada que e ciñes: u Alhamb a se de umba; y al oda ol eando en el espacio cada pied a del á abe palacio, un eco is e en sus salones zumba. ¿Qué son ya us g andezas musulmanas? Ma mó eos esquele os que baña el sol con su ojiza lumb e: us p oezas c is ianas lozanas siemp e, i i án esc i as del Sac o Mon e en la esca pada cumb e.' Can a al Seño , G anada; de Isabel y Fe nando e a la C uz el encedo enblema y á su sag ada somb a g aba on de us glo ias el poema: y sí esmal ó de lo es us ja dines, y dió á u Sie a pla eada al omb a, y o o dió á las a enas de us ios, yá us bosques somb íos el can a de las a es a monioso, y á us o es g andeza sobe ana, aun,, e dió un monumen o mas he moso: llenó u co azón de é c is iana. ¡SOMBRAS! x. Las in as mas dulces el cielo colo an: la b isa mu mu a gimiendo en las hojas; se a as a el a oyo bañando las osas, y su úl imo can o las a es en onan. En ago concie o de émulas no as un himno de amo es los mundos p egonan. La a de declina, el cielo se en olda y á las o aciones las campanas ocan. Y en an o que is es a oyos y hojas, pája os y uen es, con oz a moniosa luz piden al cielo, mi alma g i a «¡somb as!» x i . Empieza la noche: sus in as med osas en uel en al mundo; del bosque en las hojas se apagan los ecos, y al sueño abandonan los homb es sus cui as, las a es sus no as. Rendido, en el lecho mi cue po se a oja buscando el ol ido que el sueño a eso a: ¡en ano; que al alma llegan b amado as, en uel as en llan o, pasadas memo ias! Y mien as los homb es del descanso gozan y due men las a es y callan las hojas, mi alma g i a al cielo "¡Dios mió, más somb as!» D on ad o á * T 5J:o¿?-n U ni e sí a ñTcle G ab  en memo ia dal ¡o g ado poe a P 1 TASAR MARTINEZ DÜRAIi ¡YA ES TARDE! x. En e una alameda que se alza gigan e ozando del cielo los blancos encajes; al pié de un cas illo de ma mó ea base y jun o á un a oyo que baña ja ales y sal a en e ocas y ueda has a un alle, O elia, la niña de is e semblan e, espe a con ánsia á aquel que una a de pa ió de su lado, al pecho dejándole amo es que i en, ecue dos que nacen. Su az hechice a pa ece inquie a se; espe a al que ado a, espe a ab aza le: se suya, en sec e o, ju ó en los al a es, po eso mu mu a «¡no iene,..! ¡y ya es a de!» xx. Allá en la colina a anza ondulan e un bul o, una somb a que ocul an los sauces: mas ¡ay! que ya llega y áuda se aba e; ¡es nube de pol o que el ien o deshace! Se escuchan umo es que al ez p esagien la eloz ca e a de un b u o al escape: O elia se agi a; su calma enace; mas... ¡nada! es el ien o que azo a los á boles. X I I . El sol ya declina y empieza la a de: los can os aleg es de esbel os zagales, que bajan del mon e y c uzan el alle, con usos se mezclan con o os iguales, que can an los pája os y gimen los á boles. En an o, de O elia el is e semblan e inundan las lág imas co iendo á audales. En o no di ige mi adas o aces que aba can á un iempo egiones dis an es; y solo á sus ojos iene á e leja se, el sol que se hunde, la somb a que nace; y llo a y mu mu a «¡Dios mió, ya es a de!» I V . Y cuando la noche con neg os celajes en olda el espacio y op ime los alles y aumen an los ecos sus agos con as es, que imi an á eces mis e iosos a es, plega ias que suben, o en es que caen, O elia, la he mosa de is e semblan e, la niñ^ di ina, llo ando sus males se inclina has a el suelo, sus lábios se ab en, y con un sollozo da su alma á los ángeles. Y can an los ecos »¡ya es a de! ¡muy a de!» . En onces, muy lejos, del ondo del alle cada ez mas onco se escucha ace ca se un umo que c ece. Rompiendo ja ales, cual ueno que zumba y es alla en el ai e, endido en el cuello de alazan pujan e que baña en espuma los neg os ija es, y hundiendo has a el cubo el é eo acica e, a anza un gine e: es él; el aman e de la pob e O elia que en e lo es yace. Hácia ella se inclina, ab aza su alle y besa su en e, mas... besa un cadá e ! y un eco is ísimo epi e «¡ya es a de!» EN LA MUERTE DE D.* MARÍA VICTORIA REINA QUE FUE DE ESPAÑA. Angel de ca idad, pálida es ella que, al c uza nues o suelo, de u bendi a huella b o aba po doquie paz y consuelo: eina y seño a de mi pa ia un dia, si has a el cielo, mi can o llega pudie a en is e melodía, u alma con empla ía mis e sos empapados con mi llan o. Mi pob e li a, cuyo al i o acen o nunca ensalzó la mundanal esco ia y jamás al pode le dio sus onos, hoy can a á u memo ia, po que esa es á mas al a que los onos; mucho mas que el pode , es á en la Glo ia. La is e y noble y desg aciada España, el bélico Mad id, que un dos de Mayo g abó en su his o ia con he oica saña y o men os p olijos, Po úl ima ez habló así á la pálida Ines Jazmín: is e aciló pe o se alejó después. Con ulso y llo ando al in ol iendo la is a a as, dió a ios pasos Jazmin pe o no pudo da más. Y ya sin ai e y sin luz dijo con loca pasión: — ¡deja que bese esa c uz y aunque es alle el co azón! — á m ñ á 'ó á 'h B í b i í c ^ - ' ; 1 ’ s si a a W G a ,: • - e ‘ m -©mo ía d e l S' aao poe a . ^T A SA R MARTINEZ EÜRAü CONTRASTE. Con in ención ale e Lélia me dióá es echa su manoundia; el con ac o ue b e e, pe o su mano, helada cual la nie e me pa eció que en e mi mano a día. Po mis hinchadas enas, masque sang e, co ió canden e la a; llegó has a el co azón, nacie on penas, é in isibles cadenas á mi alma hicie on de la suya escla a. De aquella mano el ió, (yo no sé po qué ué ni de qué modo) un olcan encendió en el pecho mió, que empezó po amo y des a ío y concluyó po des oza lo odo. Y ¡cap icho pue il! desde ese ins an e, con uso muchas eces, deli an e, ya que en mi co azón solo hay cenizas en mi ce eb o izas, doy mi mano con guan e. 3 FB/oTP/100 . ;:ib Ui.í o n í, ¡! ¡?i . í.:ü:!> ü'ü . . - - - ' - - ..... ... : b{ íjnubüB ) oí h ou ..: . , .i¡i ■ I ■ ;> ' ;' o a -j i ijlo lü '£ ■ . j -.i-lo J'.¡[y ■: í .ü. . -. ; í MI IDEAL. A MI AMIGA C, Me acusas de oluble, de incons an e, de que, min iendo á odas, ni busco amo es, ni ilusiones sien o, y mis ases mas dulces son lisonjas. Mis e ios iene el co azón del homb e insondables á eces; yo e descub i é los que en mí gua do y e ás cómo en onces me comp endes. Un sueño ex año de mi men e loca g abado es á en mi alma, de an absu das o mas e es ido que es ángel y muje , demonio y hada. En sus ojos azules a de el uego del sol del mediodía; Y en ese uego se columpia un alma que can a al mismo iempo que suspi a. Una no a is ísima de Schube , el ulgo de una es ella, del a dien e Simoun el soplo ie o, son, mezclados, su se , su amo , su esencia. Y po que es un deli io, un imposible, que no exis e en el mundo, os amo á odas, po que en odas eo algo, de ese imposible que yo busco. EL LLANTO. x. —No llo es, hija mia; ¿po qué ie en us ojos 'esas ama gas lág imas de pena?— — ¡Mad e! ¡si yo no llo o! — Así decia, is e, ahogando los sollozos, á su mad e, Ma ía, y ocul aba con las manos su os o. Y mu mu aba en an o con labio p esu oso: —¿qué me impo a que aye no me mi ase? ¡Dios mió, po qué llo o?— ¡No sabia la niña que, con es año encono, al ab i el amo los co azones pone llan o en los ojos! I X . Voló el iempo: una noche, aquel ángel he moso, p ocu aba llo a y no podía, p esa de ho ible insomnio. Ya no enia á nadie que p egun a a ansioso, po qué se ma chi aban y mo ian las galas de su os o. Su mad e había mue o: su amo i ia, solo pa a aumen a las penas que b o aban de su pecho en el ondo. Y en onces, solo en onces supo Ma ía, como llo an los co azones cuando al an lág imas á los ojos. RIMAS. i. Cuando del iempo la unes a mano ma que la ho a del emendo juicio; cuando los mundos desquiciados ueden de los espacios hacia el hondo abismo; Cuando c ujan los huesos desca nados y á nues os c áneos secos y acíos baje o a ez el alma, como baja has a la lo la go a de ocío; Doblando nues os es os la odilla, an e la humanidad, an e Dios mismo, qui a emos á un iempo: -■ ¡pe donadnos, que ama nos ue nues o mayo deli o! — x i. Pa a hace me ol ida e a p eciso a anca me el ce eb o, y aun más, el co azón, el alma en e a, que es donde es án g abados us ecue dos. BNiíiádo é, la o l^IIo sca • ú/‘i elia la de G an*,, en m em o ia del m alo- g ad o po e a LTASAR MARTINEZ DÚRAl' MI OFRENDA. Á MIS PADRES EN EL DIA DE SU SANTO. B illan del alba los ma ices ojos; pin an el ho izon e sus e lejos y ondas de luz se quieb an en mis ojos, que en e las somb as buscan con enojos algo que es á muy lejos. El a igado pensamien o mió de su míse a cá cel se desp ende; mue e sus álas con po en e b io y c uza deslizándose el acío; con eloz ansiedad el ai e hiende. Llega á ola ues o anquilo sueño y al oza ues as en es, sin ag a ios, ol éis en onces del le al beleño y es ampa iel, con ca iñoso empeño un beso en ues os labios. El es la o enda mis e iosa y pu a, emblema al pa de lu o y aleg ía, i3 á o as egiones mas al as; es un himno mis e ioso que los ángeles a as an, desde us labios al cielo, en e el umo de sus alas, ¡Can a, que en us can os b illa la pu eza de u alma! ¡Can a, que can ando llo as! ¡Can a, ángel mió, sí, can a! ©sJíiiadiQ á e ' e n a d e s?*Tmo ,a dei w£ £ a d o P o e a "ÁSAR MARTINEZ 'OÚP. ¡LLORA! DESPEDIDA. Adiós, adiós! ola on p esu osas esas ho as de dichas y a an an o, cual las del sueño somb as mis e iosas que el pecho llenan de ine able encan o: oba el ien o pe umes á las osas; seca el calo en la megilla el llan o; solo del alma el anhela p o undo ni el iempo seca, ni lo apaga el mundo. Ven: acé ca e á mí; al ez mañana cuando al nace el sol el cielo alumb e y pin e us ja dines de o o y g ana yo lo e é asoma as o a cumb e acaso cuando llegue á u en ana has a mis ojos llega á su lumb e y el mismo uego que alumb ó mi encan o no bas a á á seca mi ama go llan o. ¿Oyes? pausado, mis e ioso y len o suena el eloj en la ecina aldea y el eco is e que conduce el ien o con ago son en el espacio ondea: símil ex año de a al lamen o que al ai e ence en desigual pelea y al es ingui se su pos e añido ni aun huella queda de su son pe dido! ¿Quién sabe, sí, quién sabe si algún dia se bo a á ambién de su memo ia de nues a loca y ciega idola ía la is e y la ga y dolo osa his o ia? ¿Quién sabe, si luchando el alma mia llegue á oca el ono de la glo ia y al baña se mis ojos en su uego an e su inmensa luz queda é ciego! ¿Ves? la noche,., el silencio. . esa campana cuyo med oso son has a aguí llega: de la sie a en la cumb e mas lejana la somb a que en los picos se eplega: aho a el p ime albo de la mañana que en el neg o ho izon e se desplega: odo sí, ida mia, nos ad ie e que luchan luz y somb as, ida y mue e. Así den o del alma an luchando en e uel o y con uso o bellino mis e iosos ensueños que pasando no dejan ni una huella en su camino; así amos anciosos anhelando as un an asma encan ado , di ino, y al co e as sus pálidos e lejos mien as olamos más es á mas lejos. Adiós, adiós! Del sol el p ime ayo las al as cumb es con su uego do a: alza la lo el enco ado allo; se ué la noche; se apagó la au o a: si su alma ie e a e ado desmayo llo a, bien de mi bien, mi ida, llo a! ¡llo a que el llan o nues as penas calma cuando á los ojos sube desde el alma! UN CONSEJO. EN EL ABANICO DE MARÍA DE LOS REYES V1LCHES El mundo, que a de en celos y en idia, se ie del que llo a y se enga del que ie ma ando su dicha. Escucha un consejo en pocas palab as p egun a si es bueno á u mad e y g ábalo luego en u alma: Si ies no mues es us labios de osa, que en onces el mundo, en el pecho, de ama su hiel go a á go a. Si llo as acaso us ojos ocul a que no sabe el mundo, Ma ía, lo que ale una lág ima uya. Adiós y pe dona mis is es palab as: en ez de esc ibi e con lo es manché u abanico con lág imas. A ELISA. EN SU ABANICO. • Mas he niosos qi e el cielo, mas que la noche, son Elisa us ojos, que son dos soles; ¡ay pob e ángel! quie a Dios que las lág imas no los empañen. Mas blanca que la espuma de lo$ o en es, más que las azucenas, mas que la nie e, • es u alma pu a: pide á Dios que sus in as no pie da nunca. ' - ' . .... Ünl e sl'. ©n me." g ado ■.^jo eca íUVERSITABU.^ DE ¿uncu* j anada del mía? . ca jíA íip‘-