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La peña de los enamorados : leyenda tradicional del siglo XV

Abstract

Rúst.

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La peña de los enamorados : leyenda tradicional del siglo XV

Author: Rojas y Rojas, Trinidad de
Publisher: Granada : Imprenta de Francisco Ventura Sabatel
Year: 1862
Source: https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/69040/1/C002073-25.pdf
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LA PEÑA
E
LOS ENAM ORADOS,
LEYENDA TRADICIONAL DEL SIGLO XV,
POR
D. T inidad de R ojas y R ojas.
Donado á la
Uni e si a ia de G anada,
e n m e m o H a _ d e l ^ a l 0 '
g a d o p o s a
BALTASAR MARTINEZ
GRANADA.
IMPRENTA 1)E D. FRANCISCO VENTURA Y SABATEL.
1862.
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A L L E C T O R .
Sin iempo pa a e o ma la y co egi la, que
ha o, po cie o, lo equie e, y con encidos de su
absolu a ca encia de mé i o li e a io, damos á la
es ampa es a leyenda, po ci cuns ancias especia
les que á ello nos impulsan. Es o, cie amen e,
ni jus i ica, ni disculpa el a e imien o; pe o es
pe amos que, al menos, se á omado en cuen a
como una p o es a since a, que e i e se nos c ea
animados de a uas p e ensiones.
Sin emba go (y pe dónese es e a anque de
inmodes ia), algo bueno hay en ella: la e aci
dad del ela o, apoyada en impo an es y cu iosos
manusc i os que hemos enido ocasión de consul
a , en an iquísimos omances casi desconocidos,
'
.
‘ ;. ? -

CAPITULO II.
D onde se e á cóm o u o lu g a el c o m b a e ,
y lo que desp ués sucedió.
Loo á los alien es :
bien hayan los gue e os,
que miden sus ace os
sin odio ni enco ;
é impá idos luchando
cual b a os campeones,
os en an sus acciones
la glo ia po blasón.
T anquilos se saludan,
endiéndose la mano,
el mo o y el c is iano
dispues os á lucha
sin ampa ni alsía ,
cual cumple á dos gue e os
y nobles caballe os
de ama y p obidad.
6—
— ¿Cómo e llamas c is iano?
—Tello Aguila , es mi nomb e.
—Y an niño....
—Niño ú homb e....
e emos quien ence á quien.
—Esa a ogancia impo una
disculpan los pocos años.
—Luchemos, pues, sin amaños.
—La lucha á mue e ha de se .
—Con enidos: al comba e :
p es o, que la noche a anza.
—Al p ime bo e de lanza,
D. Tello, as á mo i .
—Poco me impo a la ida,
si llego á mo i con glo ia,
que el homb e iene en la His o ia
mas glo ioso po eni .—
Así dicen, colocados
ya en sus pues os espec i os:
se a i man en los es ibos,
y echados sob e el a zón
de la mon u a, al escape
se encuen an: se hacen as illas
las lanzas, y de las sillas
al suelo uedan los dos.
Espesa nube de pol o
se le an a y los en uel e •
pe o apenas se esuel e,
en medio de ella se en
I
desmon ados y á pié i me,
e guidos los os os ie os,
y agi ando los ace os
que buscan po donde hende .
Y ajos, có es, e eses
y mandobles y es ocadas,
á iempo siemp e pa adas,
se epi en con u o .
Y i mes en su ie eza,
ni e oceden ni a anzan,
ni sus es ue zos alcanzan
á queb an a su igo .
Mas al in e a p eciso
que uno de ellos sucumbiese,
y algún é mino u iese
aquella lucha c uel.
Y así ué; que de D. Tello
la bien esg imida espada,
de una eloz es ocada
á A abella hizo cae .
En onces el de Aguila ,
al mo o alzando del suelo,
bálsamo puso en la he ida
del encido caballe o.
—8—
Y an noble y compasi o,
cual an es b illa a in épido,
— lib e es ás,— le dijo al mo o,
que yo cau i os no quie o.
—Es aba esc i o, c is iano:
hoy po p ime a ez uel o
sin el iun o de un comba e.
—Yo po p ime a ez enzo.
—Mi alo ue espe ado
po los mejo es gue e os;
y ú an jó en.... mas.... oye:
¿no pe cibes allá lejos
so do umo de pisadas
de caballos, que lige os
se ap oximan al galope
hácia noso os
__
?
—Es cie o.
—Pues bien.- leal enemigo
yo e aconsejo, D. Tello,
que huyas de aquí sin a danza,
si no quie es queda p eso.
—Ag adézco e el a iso,
y mi pelig o comp endo:
mas, sabe, que no ha exis ido
de mi sang e algún gue e o,
que al pelig o dé la espalda
en ez de mos a el pecho.
—Es que la gen e que escuchas
son soldados de mi deudo
el alcaide de An eque a,
—9—
y es inú il u denuedo
pa a e i a ....
— I Oh! ya es a de
pa a adop a o o medio.—
Así dice el do Aguila ,
siemp e animoso y esuel o,
sal ando sob e el caballo
y desnudando el ace o;
mas unos ein a jine es
á abes en el momen o
se p esen an, y le in iman
que se inda p isione o.
—No me indo, mise ables: —
con es a e oz D. Tello;
mo i é; pe o ma ando.
—No mo i ás ¡ i e el cielo!
que yo lucha é á u lado
si no bas a mi espe o
á con ene es a opa
mal mandada po mi deudo;
que es acción ha o illana,
indigna de noble pecho,
al a así á la leal ad,
que igualmen e nos debemos
los alien es musulmanes
y los b a os naza enos.
Alá maldice al aido :
Alca men no puede se lo.
Escla os, id y decidle
que mi encedo D. Tello,

— 10—
á mí me dejó la ida,
y yo la suya de iendo.—
Así el mo o gene oso,
libe a del cau i e io
á su alien e enemigo,
in en aba con es ue zo.
Mas los soldados sumisos
al e minan e p ecep o
de su alcaide, á desis i
no se encon aban dispues os.
Discu e en once A abella,
y, no encon ando o o medio
de libe a al c is iano,
a ójase en medio de ellos,
y noble, al i o, a ogan e,
mos ando enaz empeño
de iun a ó de mo i ,
así les dice al ane o.
— Ó me ma ais ó el c is iano
no a con oso os p eso.
Bajo mi palab a, yo
solemnemen e os p ome o
que ha de en a en An eque a;
mas lib e: cual caballe o,
que, iado en la leal ad
del pu o nomb e aga eno,
bajo sus pendones busca
nue os imb es y o eos;
una aición an indigna
no sospechando po cie o.
—11—
Dime, ú , si e es bas an e
mi palab a, naza eno,
pa a en a en esa plaza,
de cuyo alcaide e o ezco
consegui cuan o le pida,
que al in y al cabo es mi deudo
y en ama has a aho a pu a
que no se manche yo espe o.
■—Con u palab a me sob a,
y sin emo es pene o;
mas ha de se como huésped:
jamás como humilde p eso.
He de lle a yo mis a mas,
mi caballo y mi escude o,
y camina á u lado.
Tan solo así me some o
á en a i o donde acaso
me hon a an en ando mue o.
—En ma cha, pues: á An eque a :
cuando den o do ella es emos,
e ás si A abella cumple
lo que o ece.
■Así lo espe o.
CAPITULO III.
D onde se e á en lo que se en e enía A lca m en m ien as lleg ab an
los co m b a ien es, con lo que después pasó.
En mi ad de una es ancia sun uosa,
la cáma a mas ica del cas illo,
inmó il, silenciosa,
una humana igu a pa o osa
des ácase en la somb a. El enue b illo,
que despide la luz amo iguada
de una lámpa a is e, suspendida
de la echumb e alzada,
apena alumb a con su luz do ada
el opaco con o no
de la humana igu a, que adelan a,
y que al mo e su plan a
sob e la ica al omb a,
ni el umo mas lige o en o no suena.
Sil a po ue a el hu acán b amando,
el onco ueno los espacios llena,
y po la somb a ápida c uzando
b illan e exhalación, el denso espacio
—20
la bá ba a cabeza
del ie o Alca men, que le causa espan o.
En onces despe ando de su ensueño
ecue da lo pasado:
e á A abella ambién con os o ai ado,
y con dolo comp ende
que aquel suspi o po su mal lanzado
en medio su impaciencia,
lia sido una imp udencia
que de segui soñando le ha p i ado.
Y e a e dad: que al esona ib an e
en la sobe bia es ancia,
el alcaide e uel e amenazan e
la adus a az con bá ba a a ogancia,
y op ime de imp o iso
el lige o eso e, que sumiso
á su iolen o empuje iel esponde,
y en el cónca o jnu o
la imágen bella con p es eza esconde.
— ¿Quién es— p egun a— el o pe naza eno,
que en su alo segu o
an sin espe o has a mi es ancia sube?
¡ Ay de la ágil nube
que jun o al sol impá ida se os en a,
y descub i in en a
su esencia mis e iosa!
Un ayo de ese sol, que uego alien a,
hundi á su sobe bia cap ichosa.
¿Quién e es? Dime:
—El noble cas ellano,

_
21
—A abella esponde y ie o a anza; —
cuya e ible mano
ha sido la p ime a
que ha log ado ence con su pujanza
á m í, que no encon é quien me encie a.
Pe dona ú, D. Tello, si e exijo
me agua des un momen o
en eso o aposen o,
po que quie o p olijo
con mi pa ien e Alóá men un asun o
anquilo discu i pun o po pun o. —
Re i óse en e ec o el cas ellano,
y A abella y Alca men mano á mano
acalo ada discusión emp enden,
y blas eman, y ju an,
y la azón y la amenaza apu an,
y ni amenaza ni azón a ienden.
En e an o D. Tello e i ado,
á len o paso el co edo midiendo,
con semblan e anquilo y eposado
en su aman e ilusión se a embebiendo ,
y al in su ex aña si uación ol ida,
y del alcaide la amenaza ie a,
y cual si nada que eme u ie a,
an en pelig o hallándose su ida,
de la dispu a el esul ado espe a.
Al in un ho a ascu ida escasa
pa a el b a o Aguila en el sosiego ,
ugiendo se p esen a
con el semblan e que le b o a uego
—22
co no encendida b asa
el alcaide ondeño, y— amos: — g i a,
y seguido del noble cas ellano
eloz se p ecipi a
po la escale a oscu a,
do se pie de de en ambos la igu a.
CAPITULO IV.
E n que se e ñ e e la his o ia de D. T ello , y la em p esa
en que se h a llab a em peñad o.
G aneles, espesas, con usas,
de mil cap ichosas o mas
pa duzcas nubes del cielo
la e sa az embo onan.
Fugi i as al ocaso
de la noche eneb osa
an e la lumb e del dia
an caminando las somb as:
y po las pue as de o ien e
mis e ioso y ago asoma
el ma u ino c epúsculo
nuncio eliz de la au o a.
Susu a el ien o en los á boles,
y len as, is es, monó onas,
del onco que les dió ida
desp endiéndose las hojas,
de seco y mus io colo
el húmedo suelo al omb an.
—24—
En e ellas de echo en echo
algunas lucien es go as
de la pasada o men a
ibios cambian es a ojan,
como b illan es pe didos
en medio de alsas joyas.
Poco á poco los celajes
del o ien e se a ebolan ,
y en e sus lo an es gasas
el sol espléndido asoma:
y los obje os con usos
y pe didos en las somb as
de la noche, an e su luz
se de allan y colo an
y en p o usa a iedad
adquie en i eza y o ma.
Mas nada de es o epa an
dos igu as silenciosas,
que en mo unos alquiceles
has a las cejas se embozan,
po esgua da se del ien o
que sus semblan es azo a,
y que, si bien les egala
con los campes es a omas
que de las úl imas plan as
del o oño se e apo an,
ambién el os o les hiela
con el hielo de la a mós e a.
En andaluces co celes,
nacidos allá en la Loma,
—25—
ai osamen e cabalgan,
y acompasados galopan
del isueño Guadalho ce
po las má genes e dosas,
do mansamen e mu mu an
a opelladas las ondas,
y ci cula la e eda
descuidada y o uosa,
que alejándose del io
se encamina hácia A chidona.
Po es a e eda es echa
los dos caballe os oman,
mas ya ce ca de la illa
aquel camino abandonan,
y dejándolo á la dies a
po la sinies a se emboscan
en un mon e asaz espeso
de encinas g andes y añosas;
mas po el cual a ambién,
aunque mala y abajosa,
o a senda p ac icable
cuyo é mino es á en Loja.
Sin habla una palab a
han caminado dos ho as
el buen D. Tello Aguí la
y el noble alcaide de Ronda;
pues no e an o os los dos,
que la ega deliciosa
de An eque a a a esaban
al nace la bella au o a.
A.

—26
Mas ya an la go silencio
á ambos gue e os enoja,
y co ándolo A abella
á Aguila el os o o na.
—D. Tello, dice el adagio
que las palab as aco an
el camino....
—Es la e dad.
— Hablemos, pues.
— Sea en buen ho a
comienza.
—Pensaba en ello,
pues me p eocupa una cosa,
que si bien no me in e esa,
á í D. Tello e impo a:
y pues me con emplo en deuda
po u acción an gene osa,
yo quisie a....
— No p osigas,
que pagado es oy de sob a:
si yo e dejé la ida,
ú encido me pe donas,
y luego la mia de iendes
y la libe as aho a,
pues sin u ie a ene gía
y u decisión he óica
mue o me halla ía ó p eso
del cas illo en las mazmo as;
que bien lo indicaba anoche
de Alca men la az aido a.
—27—
P egún ame lo que quie as,
y los elogios aco a.
—Con enidos: dime, pues,
¿po qué u ie a abandonas?
¿po qué con aje mo uno,
eca ando u pe sona,
á G anada e di iges
con in ención cau elosa?
Yo comp endo que en u pecho
de amo se encie a una his o ia,
y espe o me la con ies,
pues mi palab a e abona
el sec e o.
—En ella lo:
con ella me bas a, y sob a:
escucha, pues, mi sec e o
y sab ás lo que me ago ia;
lo que sume ge mi alma
en la is eza mas honda.
La his o ia iel de mi ida
as á escucha de mi boca.
Nací en Se illa: á la má gen
del Bé is las bellas ho as
de mi niñez ascu ie on
dulces, anquilas y he mosas.
Mis pad es (no se po que),
su ca a pa ia abandonan,
y en Écija se es ablecen,
donde oscu ecidos mo an
á pesa de sus iquezas
28—
y posición en ajosa.
Pasa on algunos años,
y de la mue e aido a
dos eces b illó en diez dias
la neg a cuchilla co a,
y á mis pad es desg aciados
el uno as o o inmola.
Solo me quedé en el mundo:
del dolo en e las olas
náu aga el alma gemía,
cual golond ina med osa,
que, del des ino empujada,
en el o oño abandona,
po busca emplados climas,
de nues a pa ia las cos as;
y al c uza los anchos ma es,
u bia bo asca la acosa,
y la hace pe de el umbo,
y el ecio ien o la azo a,
y los uenos la anonadan,
la llu ia sus plumas moja,
y ya pe dida no encuen a
espe anza que la aco a ,
has a que al in a á cae ,
cuando sus ue zas se ago an
del Á ica que la espe a
en las playas a enosas.
Templóse al in mi dolo :
el iempo odo lo ago a,
—29—
y yo es aba en esa edad,
en que al co azón se agolpan
de la a dien e ju en ud
las pasiones b amado as.
Sen í del amo el uego,
sen í la sed de la glo ia,
y en pos de glo ia y amo
lancéme al mundo: la somb a
hallé solo de la dicha;
mas nunca oqué la o ma:
y ama gaban mis place es
el has ío y la sozob a.
Una a de, cuando el sol
en e nubes aga osas
se ocul aba en el ocaso,
dejando la ie a en somb as,
en la ibe a del io,
y en uel o en míse a opa,
me encon é con un anciano,
es ido á la usanza mo a.
P egun ándole quién e a,
me con ó su is e his o ia;
me dijo que habia gemido
diez años en las mazmo as
del e ible Aben-Abó,
pad e de Fá ima he mosa,
cuya g acia y gen ileza
pe dido Alca men ado a.
Sucedió (no se po que
coincidencia milag osa),
—56—
Es ya mas de media noche
has a las a es noc u nas
escondidas pe manecen
y silenciosas y mudas.
Mas del cá men al ex emo
el le e umo se escucha
de unos pasos eca ados
sob e la a ena menuda,
que deslizándose al io,
sus cla as ondas en u bia.
Po un asgón del celaje
asoma su az la luna,
y á su ibia cla idad
dudosa, aga, con usa,
en e los úl imos álamos,
de una muje la igu a
se descub e, que anhelan e
á paso ápido c uza,
has a que inquie a se pa a,
y en e a ayanes se ocul a.
La go a o pe manece
inmó il, abso a, muda,
con la mi ada en las aguas,
sin a ia de pos u a;
mas de epen e á su espalda
oye pasos, y se u ba:
le án ase p esu osa,
mi a hácia a ás, y la adus a
az de Alca men la so p ende,
que celoso la p egun a.

—37—
— ¿Á al ho a y en al si io
á quién mi gacela busca ?
¿Po qué esqui a mi p esencia
de mi co azón la única
eina y seño a ? ¿ po qué
con an o esón me ocul as
un sec e o que en u pecho,
aunque bien lo disimulas,
han descubie o mis celos
pa a aumen o de mi angus ia?
Yo bien pudie a exigi e
amo y obediencia suma,
pues cediendo al in u pad e
de mi ca iño á las súplicas,
me ha concedido u mano;
mas yo no quie o que nunca
digas hizo la iolencia
lo que debió la e nu a.
— Alca men: ¿ ú no comp endes
que algunas eces se lucha
con un an asma in isible,
que nues a azón con u ba,
que no emos, ni ocamos,
pe o que pe enne zumba
allá en el ondo del alma,
y cuyas oces asus an,
como el eco del o en e
que á un abismo se de umba ?
Yo no comp endo el amo ,
pe o lo sien o: se adunan
I
58—
en el ondo de mi pecho
sensaciones an p o undas ,
an encon adas, an a as,
an ex añas y con usas,
que o a en mi oido esuenan
cual sen ida y ie na música,
o a sua es palab as
con eco blando mu mu an;
ya emedan el es uendo
de una sang ien a dispu a;
ya del ue e simoun,
que las a enas empuja
en el desie o ab asado,
la iolen a y auda u ia.
Quie o y no quie o á la ez;
y acilan e y en duda,
lo que ho a mismo me ag ada,
mas a de ya me epugna:
y loco, i o, exci an e,
el alma is e me ab uma
un anhelo incomp ensible:
cie z’o la is a, y ulgu a
en ho izon e lejano
una luz que me deslumb a:
hácia ella iendo los b azos
po coge la; mas se bu la,
y huye de m í, como el uego
a uo que aga en las umbas.
Yo no en iendo....
—Yo sí , Fá ima
—39
eso es que el iempo ecunda
el g’é men pu o de amo
en u pecho : sí, no hay duda:
solo al a que á un aman e ,
que e ado a con locu a
y que es á á us piés, he mosa,
en egues u amo .
— ¡Oh! nunca.,
es deci .... ho a no puedo....
mas a de quizás....
— ¿Rehúsas
co esponde á mi amo ?
Eso es, Fá ima, que ocul as
el ca iño de o o aman e
en el alma....
— ¡ Qué locu a!
Es un amo sin obje o,
es una ansiedad, en suma,
que sien o sin comp ende la:
po eso lánguida y mus ia
la soledad de la noche
con a an el alma busca.
Pe o, ámonos: es a de,
y si mi pad e me busca....
—Es e dad: amos andando.—
Y hácia la casa su u a
encaminan silenciosos
po medio de la espesu a.
Á poco el le e umo
que p oducen las pisadas
—40—
del enamo ado alcaide
y la desdeñosa dama,
al c uza po la alameda
al omb ada de hoja asca,
en p og esión descenden e
al in del odo se apaga.
En aquel ins an e mismo,
en eab iéndose las amas
de un bosquecillo de abe os
á dis ancia no lejana,
po medio de ellas asoma,
y, en o no mi ando, a anza
con ademan eceloso,
ie a y o a la mi ada,
la dies a mano escondida
en los pliegues de la aja,
aca iciando con ulsa
el mango de ue e daga,
un homb e po cuyo aje,
á pesa de su a ogancia,
su condición de cau i o
demues a bien á las cla as.
Imposible es conoce le
á quien an es le a a a,
que el aje mo o que is e
y su luenga y neg a ba ba
des igu an y en ejecen
has a el ex emo su ca a.
Mas no es o o que D. Tello,
el que al pié de las mu allas
—41
de An eque a comba ió
con A abella, el que en alas
de la amo osa locu a
de su pasión insensa a
as el log o de su amo
ino á ence a se en G anada.
Años la gos ha que si e
como cau i o en la casa
del alien e Aben-Abó
pad e de la bella Fá ima.
El cómo se hizo cau i o
la His o ia no lo ela a,
ni la oscu a adición
el hecho ampoco na a;
mas lo cie o es que allí i e,
que log a e á su amada
á odas ho as: que á eces
consigue ambién habla la,
y que no muy pocas noches,
cuando odo due me en calma
en de edo , y la luna,
del espacio sobe ana,
desde el al o i mamen o
su émula luz de ama,
se han is o c uza dos somb as,
como dos agos an asmas,
y eni ambas á uni se
en medio de la en amada,
en egándose un momen o
á amo osa y ie na plá ica.

*
—42—
También es cie o que exis e
en e los dos una ama,
y que en es a misma noche
debe queda conce ada.
Po eso, cuando engañado
ma chó Alca men con la dama,
D. Tello, que habia oido ,
lleno de celosa abia,
el diálogo an e io ,
ocul o en e aquellas amas,
conociendo su pelig o,
su si uación apu ada,
y lo expues o de la emp esa,
dudoso un pun o se pa a.
Aun no hab ía media ho a
quizás ascu ido escasa,
cuando eloz se p esen a
la mo a, y es as palab as
le di ige.
—En el momen o
huye de aquí— sin a danza,
que Alca men neg a sospecha
ab iga den o del alma.
—Pe o quedándo e ú ,
¿cómo p e endes que pa a?
A o me a e o.... e e.... e e....
—Escúchame a en a, Fá ima.
Po í mi Dios y mi ley,
po í mi ado ada pa ia,
mis pa ien es, mis amigos,
—43—
cuan o al co azón halaga
años hace, no muy pocos,
que abandoné: en ie a ex aña
el pan de la escla i ud
me alimen a : las pesadas
cadenas del cau i e io,
mal que pese á mi a ogancia,
a as o humilde y su ido,
po que u amo las ablanda.
Mas ya es o zoso que enga
mi si uación apu ada
p on o é mino, es p eciso
que pa a mi he mosa nazca
nue a au o a de en u a
as noche de malandanza.
La escla i ud me en ilece:
la sien o como una ca ga,
que me op ime y me a e güenza,
y no puedo ole a la;
que si has a aquí la he su ido,
es po que medio no hallaba
de hace e e mi ca iño,
mi loco amo , mi espe anza.
¿Qué opina án, cuando sepan
mis compañe os de a mas,
que mien as ellos alien es
con denuedo peleaban
en la oma de An eque a,
(que á pesa de las b a a as
de Álca men su ie o alcaide
—44—
cedió á sus ue zas biza as),
yo apa ado y e aído
del ago de las ba allas,
del camino do la glo ia
con noble o gullo se alcanza,
donde se cogen lau eles,
p emio de he óicas hazañas,
en mi amo embebecido,
de mi hono no me aco daba?
4 a no hay medio: si me quie es,
si es e dad que ú me amas,
huyamos de aquí....
—D. Telio,
si yo an o no e ama a,
no e dijese aho a mismo
que soy uya.... que ú mandas:
disponlo, pues, como quie as;
mas huye de aquí.
—Mañana
a la una en el pos igo
del ángulo de la apia
e espe o; odo es á p on o.
—También lo es a á u amada.—
Calla on, y un ie no beso
de los dos unió las almas,
y á poco a o, cual somb as
le es, in o mes y agas,
eloces despa ecie on
en o la oscu a en amada.
CAPITULO Y I,
D el esu l ad o q ue u o la ci a.
En ada a ya la noche
densa po demás y oscu a:
el colo del cielo augu a
b a a y ecia empes ad.
Descienden algunas go as,
las es ellas se oscu ecen,
y las inieblas ac ecen
al pa que la soledad.
Mas ijando la mi ada
en el luga de la ci a,
cuando el ien o audo agi a
los álamos, á a és
de la somb a, y pene ando
po el mó il co inaje
de su ondoso amaje,
se descub e un ajimez.
Den o de aquel aposen o
de una belleza di ina
pe las semejan, sá l os, b illan es
al e ac a se el sol con su des ío.
Es, en in, de la aleg e p ima e a
una bella mañana esplendo osa:
el sol su luz anquila e e be a
de G anada en la ega deliciosa.
Y audo cual la á aga de ien o
que ie a c uza po el ancho ma ,
un jine e al escape mas iolen o
la ex ensa ega a a esando a.
Lle a la izquie da en e la c in pe dida
de su alien e y co edo co cel;
y la de echa con amo asida
al alle i ginal de una muje .
Muje cuya belleza seduc o a,
cuya son isa y lánguido mi a ,
al alien e galan que la enamo a
ené ico le obligan á exclama .
— Fá ima he mosa, el po eni es mió :
in eliz quien se oponga á nues o amo ,
que p oba á de mi pujanza el b io.
— ¡Ay! Yo emo de Alca men el u o .
— De sus celos desp ecio la ie eza,
su aza oda comba ie a yo,
si oba me in en a a la belleza
que mi ca iño y mi alo ganó.
Que engan, á co a me la ca e a
de mi caballo que al escape a:

—55—
alle no encuen a, mon e ni lade a,
que no aspase en su iolen o a an.
Co e, co e, caballo del desie o,
al mismo simoun dejando a ás:
mien as haya á u is a campo abie o
co e, co e, co sa io, sin pa a .—
Así g i aba en su en usiasmo a dien e
el dichoso D. Telio de Aguila ,
y su caballo con e o c ecien e
c uzaba las llanu as sin cesa .
Mas ya en an la ga y an eloz ca e a
y en an as leguas su pujanza dió,
y de Loja en el áspe a lade a
se amo igua su empuje co edo .
Y opezando débil y cayendo,
y eco ando su eloz anda ,
con penosos es ue zos an siguiendo,
y log an á A chidona di isa .
Halágale de nue o la espe anza
al e se ce ca de An eque a ya;
mas eme, sin emba go; y poco a anza....
y po cañadas escondido a.
Que sob e el o eón de la mo una
illa, que os en a su pujanza allí,
la enseña odiosa de la media luna
á los ayos del sol se e luci .
¡ Ay! Teme que le oben el eso o
de amo y de belleza, que ascina
—54—
su co azón, como ascina el o o
aj o pe a a o que con él camina:
que es Fá ima la mo a mas he mosa,
que p oduje a el suelo g anadino:
la cándida, la bella, la g aciosa,
la de semblan e encan ado , di ino.
La eina de las zamb as y o neos,
la he mosa lo de i ginal a oma,
la que inspi a ené icos deseos
de aquellos ¡ay! que la azón no doma.
Mas siemp e la o una á los aman es
a de ó emp ano al in les aca icia;
y al ez es os no es a án dis an es
de halla la p on a y á su amo p opicia.
CAPÍTULO VIII.
E n el q ue se em pieza á com p end e , cu an ecu en e es que los
a m a n e s, p o no p e d e el ie m p o , lo p ie d an odo.
En un pa aje isueño,
(lisian e casi una legua
de An eque a y de A cliidona,
y di idiendo sus egas,
en medio de la llanu a
le an a iscosa sie a
su cúspide peñascosa,
que has a las nubes se ele a.
De almend ales y acebuches
co onada es á su c es a,
y po su alda endida
ie nos pas os e deguean.
Ilay un ajo, que pa ece
que al sol ponien e se incendia,
po los i idos colo es
de su desca nada pied a.
Pabellón de blancas nubes
ó su ilísima niebla
56—
suspendido en el al u a,
con inuamen e e esca
el ambien e pe umado
que sube de la lo es a.
El isueño Guadalho ce
á los piós de aques a peña
con susu an e mu mullo
a a as ando sus a enas,
lamiendo los e des oncos
de las gayombas y adel as,
los a ajes y espadañas
que c ecen en sus ibe as.
Hay si ios donde se pie de
en e e des alamedas,
que somb a dan á sus aguas,
y escondi e á las pa le as
y pin adas a ecillas,
que can ando an sus penas
al sal a de ama en ama
con galla da gen ileza.
Hay e des bosques somb íos
con sus apices de yed a,
su co inaje calado
y sus al omb as de ye ba.
Si io adecuado en e dad
pa a amo osas escenas,
pa a sua es deli ios
de halagado a e neza.
Á es e si io delicioso
desde el cual se e á An eque a ,
— 57 —
y al lado opues o do el ajo
su esca pada cumb e os en a,
llega on á descansa
de su penosa ca e a
D. Tello y la bella mo a,
que de gozo se enajenan.
C eyendo los dos incau os
que ya nadie los acecha,
que únicamen e los goces
de su pasión les espe an,
qui an al caballo el eno
pa a que pas e la ye ba,
y en el si io mas opaco
de la ondosa alameda,
do los pa dos uiseño es
can an sus is es endechas,
y del manso Guadalho ce
apena el mu mu io llega,
en su amo embebecidos,
anquilamen e pene an.

CAPITULO IX.
E n el cu al, el p oe a iloso an do , y los am an es equ eb á n d ose ,
odos pie d en el iem po.
Tiene momen os la ida
en que manda el co azón,
queda inmó il la azón,
y el alma aga pe dida
de ilusión en ilusión.
T as la somb a mis e iosa
de una dicha imagina ia
co e el alma p esu osa;
y su ca e a a anosa
da en la umba soli a ia.
Sueña la men e ec eos
que p e ende ealiza ,
y son solo de aneos:
a dien es, anos deseos,
que nunca log a alcanza .
¡ Mas es an g a o el i i
mecidos po la ilusión,
halagado el co azón
—60—
po el bello po eni
de su amo osa pasión,
que cuando en pos del place
p esu osos caminamos,
ó al amo nos en egamos
en b azos de la muje
á quien ie nos ado amos,
solo goces y en u a,
solo delei es y amo ,
sueña el alma en su locu a ;
mas iene al in la ama gu a
con su aguijón punzado .
Y en once el pecho op imido,
de dolo el alma llena,
exhala is e gemido;
débil y ama go la ido,
que el co azón en enena.
¡ Ay! que siemp e el desengaño
ó la desg acia c uel
conjú anse en nues o daño,
y del modo mas ex año
el alma inundan de hiel.
¡ Siemp e espinas en e lo es,
y is eza en la aleg ía,
y desdichas ó alsía
en los mas bellos amo es,
con que el alma se eng eía!
Que en el mundo que habi amos
mezclados el bien y el mal,
si hoy el uno dis u amos,
—61 —
de que al o o caminamos
es in alible señal.
Así la mo a en egada
al goce de su ilusión,
de su aman e enamo ada,
y en sus b azos eclinada,
deja es alla su pasión.
Y sin miedo á la o men a
que sus cabezas conju a,
emb iagados de en u a
de ilusiones se alimen a
cada cual en su locu a.
—Fá ima he mosa, e ado o,—
g i a el alien e Aguila ,
mas que el ico á su eso o,
mas que á su lia en ama el mo o,
mas que el pi a a á la ma .
Mas que la mad e amo osa
ado a al ecien nacido;
mas que el a e quie e al nido,
que iene en la sel a umb osa
de las amas suspendido.
Quié eme así, y dis u emos
del amo el dulce encan o:
nues o pasado ol idemos,
y al amo nos en eguemos
sin pesa es ni queb an o.
Que amo nos b inda la uen e
—68—
con odo su pode ío
de mis b azos a anca e.
Ag ia.... mala, es la subida.
Maldi os los peñascales,
que con su uda aspe eza
son causa de que esbales,
y , des ozando us piés,
e i an el que adelan es....
mas su e, Fá ima mia:
a iba, a iba.... no a des:
poco nos es a....
— No puedo:
no puedo, c is iano, sál a e:
déjame á mí abandonada:
al ez el Cielo me ampa e
y consiga halla piedad
en el pecho de mi pad e.
Sál a e, si puedes....
— Nunca.
A u lado han de encon a me,
si no me puedes segui ,
sin que de í me sepa e,
po í luche, y e de ienda,
con igo mue a, ó me sal e.
Y, si alguno eme a io
osa lige o ul aja e,
y con iado en su b ío
llega á pone se al alcance
de mi daga oledana

69—
ó mi damasquino al anje,
yo les p oba é bien p on o,
u de ensa cuan o ale.
— ¡Ay! c is iano, amado mió....
Alá piadoso e ampa e.
No e de engas.... ma chemos.
Tal ez la uga nos sal e;
y en llegando á aquella cumb e
co onada de almend ales,
alguna ácil huida
pod á lejos de su alcance
pone nos— ¿ es? ya e sigo
__
mas se me hiela la sang e
al pensa .... ¡ay!....
—No pensemos
sino el medio de sal a e,
pe o— mi a.... allá en el ondo
de enido es á u pad e,
y á su oz ambién se pa an
los que ma chaban delan e.
¡Oh! ¿Qué es a án esol iendo
con a í los mise ables?
CAPÍTULO XI.
De lo que dijo el p ad e o endido, y de lo que hizo
el am an e desdeñado.
En mi ad de la pendien e,
po do caminaba ai ado,
Aben-Abó se lia pa ado
pensa i o de epen e.
Á su oz de mando ñe a
has a los mas a anosos
se de ienen p esu osos
en medio de su ca e a.
—Decidme,—p egun a is e: —
¿Ya Fá ima de buen g ado
con el il que la ha obado,
ó se de iene y esis e?
—Seño ,—con es ó inclinando
un escla o la cabeza: —
calculo que no a p esa,
pues a de ás caminando.—
Exhaló un gemido ie o
de ama ga pena p olija,
— 72—
con es óles:—no es mi hija:— (*)
y a ás ol ió el caballe o.
Cuen a la His o ia que en onces
casi odos se ol ie on,
y unánimes decidie on
á los aman es deja .
Mas no al ó algún osado
que, en idioso de su dicha,
quisiese en honda desdicha
su en u a as o ma .
Y ué el enco oso Alca men,
p e endien e de la dama,
que de o o amo en la llama
su co azón in lamó,
el que á impulso de los celos,
que le hie en en el pecho,
aguijado del despecho,
á pe segui los o nó.
Algunos amigos siguen
al u ibundo gue e o
que, desnudando su ace o,
á la cumb e oca ya;
do en e espesos ma o ales
los aman es escondidos,
(1) Re ie o uno de los manusc i os que hemos enido á la is a , que al comp ende Aben-Abó
que su hija no había sido obada, sino que olun a iamen e había huido , exclamó con ama gu a :
" Ya no es mi hija,» y se o nó á G anada.
— 73—
es án ambos decididos
á no deja se ap esa .
Mas ¡ay! an solo di isan
á la mue e en lon ananza:
ya no les es a espe anza
alguna de sal ación:
pues en ez de la e eda
que encon a allí pensa on,
an solo is es halla on
un esca pado peñón.
Tajo inmenso que colo a,
al mo i en occiden e,
el sol bello y e ulgen e
con su lumb e celes ial.
Mas hoy quizás al hundi se
ese sol en el ocaso,
pa a algunos se á acaso
is e an o cha une al.
Ya llega on á la al u a
los ñe os pe seguido es:
del ponien e á los ulgo es
se en ace os luci ,
y se escuchan con undidos
oces, g i os, maldiciones,
e oces imp ecaciones
y uido de comba i .
En el peñasco mas al o
de la esca pada pendien e
apa ece de epen e
el in épido Aguila ,

— 74—
que á pesa de sus es ue zos
y ex emada alen ía,
ugiendo e ocedía,
sin deja de pelea .
Á su lado, sollozando,
agi ada y emblo osa
a la mo a silenciosa,
iendo la mue e do quie .
Y han llegado á al ex emo,
á luga an esca pado,
que á ninguno les es dado
un pun o ceja el pié.
CAPÍTULO XII.
E n es e p o s e capí ulo se e á de lo q ue son capaces
dos enam o ados.
¿ Qué piensan silenciosos en lo al o del abismo
la bella con is ada y su aman e el de Aguila ?
¿Qué piensan, sume gidos en hondo pa asismoT
al sol que ya se ocul a mi ando con a an?
Quizá algún p esagio unes o, e ible
que inunda sus almas de ace bo dolo ,
les dice dolien e que ya es imposible
ecu so que sal e su ida y su amo .
Tan solo el os o de la mue e helada
do quie que o nan sus mi adas en:
y pálida la az desencajada
ambos la acep an cual sup emo bien.
En onces is es, desespe ados,
locos, se ab azan con enesí,
y , los semblan es o nando ai ados
á sus con a ios, g i an así.
—Seguid, seguid, mas es ano
ues o eme a io empeño:
— 76 —
de la mue e el o o ceño
no nos in unde pa o .
Allá abajo nos agua da
con los b azos ex endidos:
hénos aquí, decididos
á dis u a su a o .—
Y locos, deli an es,
de amo en un exceso
se dan el pos e beso
de su pasión a al
ne iosos, con ulsi os,
sus pechos palpi an es,
sus labios jadean es,
y su azón mo al.
Su is a anublada
allá en el ponien e
con empla demen e,
al sol que se a.
Mas ¡ ay! que al pe de se
del sol la lumb e a,
su ho a pos e a
ambién sonó ya.
Helos: se es echan
con mas locu a,
desde el al u a
sin compasión,
con ie o a ojo
locos se agi an,
se p ecipi an
en su u o .
— 77—
Y en su necio
des a ío
ya sin b ío
nada en,
y eloces
an cayendo,
maldiciendo,
y sin e.
Llega on
al ondo
del hondo
peñón.
Mu ie on,
y izas
se hicie on
los dos.
1 T is e
sue e!
¡ Mue e
il!
¡ Du a
pena!
¡ Jus o
FIN!
!