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La Hermandad de Nuestra Señora de Covadonga, de asturianos y montañeses, de Granada (1702-1810)

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La Hermandad de Nuestra Señora de Covadonga, de asturianos y montañeses, de Granada (1702-1810)

Author: López-Guadalupe Muñoz, Miguel Luis
Publisher: Universidad de Granada
Year: 1990
Source: https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/50372/1/Lopez_hermandad.pdf
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA,
DE ASTURIANOS Y MONTAÑESES, DE GRANADA
(1702-1810)*
MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
RESUMEN
La He mandad de Nues a Seño a de Co adonga, de na u ales de As u ias y la Mon aña,
cons i uye un ejemplo de co adía g upal con conno aciones sociales especí icas. Nació es a
he mandad a comienzos del siglo XVIII, época de cie a p esencia as u iana y cán ab a en
G anada. A lo la go del siglo, se con i ió en núcleo cohesionado de un educido núme o de
amilias, a la ez que gozaba de un saneamien o económico que e idencia su escasa ac i i
dad. T as es e p oceso de ago amien o, desapa eció en la época de la in asión ancesa. Su
exis encia es el es imonio de la olun ad asocia i a de pe sonas nacidas en una misma e
gión, que se aduce en una ó mula de amplio desa ollo en el siglo XVIII: la co adía
ce ada.
SUMMARY
The B o he hood o Ou Lady o Co adonga, whose membe s we e o iginally om As u
ias and La Mon aña (San ande ), cons i u es an example o a common b o he hood wi h
speci ic social conno a ions. This a e ni y was ounded in G anada a he beginning o he
18 h cen u y, a ime when he e was a conside able As u ian/Can ab ian popula ion in G a
nada. Th oughou he 18 h cen u y, his communi y became he cohesi e nucleus o a small
numbe o amilies; howe e , i s limi ed ac i i y e idences he B o he hood’s g owing lack o
economic esou ces. A e his pe iod o deple ion, he B o he hood disappea ed al oge he
du ing he F ench occupa ion o Spain. I s exis ence is none heless a es imony o he com
muni y spi i o pe sons bo n in he same egion, and exempli ies a social uni which would
de elop widely in he 18 h cen u y: he closed b o he hood.
En la elig esía de San a Ma ía Magdalena de G anada, “en lo mejo
de ella y más poblado po a e se aumen ado mucho aquella pa e y se au
men a cada día”1, se habían a ecindado nume osos cas ellanos, pues los
conquis ado es y epoblado es p e i ie on habi a en la llanu a, acen uan-
* El p esen e es udio es u o de la labo ealizada pa a la edacción del T abajo de Doc
o ado, p esen ado en 1990 bajo el í ulo de “Las Co adías de la Pa oquia de San a Ma ía
Magdalena de G anada en los siglos XVII y XVIII”.
1. HENRIQUEZ DE JORQUERA, F ancisco: Anales de G anada. Ed. de A. Ma ín
Oce e en 1934 (ed. acsímil en G anada, 1987), ol. I, p. 220.
Ch onica No a, 18 (1990) 237-266
238 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
do el ca ác e c is iano de la “ciudad baja”, lo que con i man ambién los
ela os de iaje os ex anje os2.
En el siglo XVII, po ejemplo, la pa oquia abso bió el 15% de la inmi
g ación o al egis ada en la ciudad (ocupando el e ce luga en e las pa
oquias, as Las Angus ias y San Ilde onso), con un o al de 1.309 inmi
g ados, de las siguien es p ocedencias: 40,7% del es o de la p o incia de
G anada, 30,2% del es o de Andalucía, 21,6% del es o de las egiones es
pañolas y 7,5% del ex anje o3.
En esa época el ba io o ecía una cla a con igu ación en dos ámbi os:
el p ime o, de poblamien o más an iguo, colindan e a la plaza de Bib-
Rambla y con cen o en la calle de Mesones, p esen aba un azado u ba
no i egula con e lejo de la es uc u a g emial (calles con nomb es como
Bo e os, Cuchille os, Mon e e os), siendo el cen o económico del conjun
o; el segundo, a con inuación del an e io , desde al calle de Alhóndiga en
di ección a la Vega, de poblamien o más ecien e y con calles más anchas
azadas en cuad ícula, e a la zona de expansión, donde abundaban los
ho nos y los co ales. Hacia 1717 la elig esía con aba con 4.412 habi an es,
que aumen a on has a 4.913 en 1752, 5,047 en 1768 y 6.868 en 17874.
Desde el pun o de is a económico, el ba io se sus en aba sob e cua o
ejes: los p oduc os ex iles, especialmen e la seda, que se come cializaba en
la ce cana Alcaice ía; los almacenes de ma e ias p imas, como la made e
ía; las unciones de abas o de p oduc os comes ibles: alhóndigas, ca nice
ía y ma ade o, y las ocupaciones dedicadas a hospedaje y di e sión, pola
izadas en los mesones y abe nas, el co al de comedias y la Mancebía. De
los cua o pila es, los dos úl imos (abas o y hospedaje/di e sión) debie on
se los más impo an es.
La mo ilidad de dine o a o eció a las co adías. La de Nues a Seño a
y Animas, po ejemplo, solici aba en 1642 licencia pa a demanda de
noche, como ya hacía alguna o a, po que e a “de mucha edi icación,
exemplo y debocion... y en pa icula en la dicha pa ochia, donde (h)ay
muchos mesones donde los o as e os es án ecoxidos y, como se hallan
2. And és Na age o esc ibe en 1527 que “la pa e de la ciudad que es á en lo llano iene
buenas casas, y es donde habi an los españoles de a ios luga es, que han acudido allí des
pués de la conquis a”. An onio de Lalaing añade que los eyes “obliga on a los habi an es a
hace casas g andes, a la mane a de las casas de España” (en GARCIA MERCAD AL, José:
Viajes de ex anje os po España y Po ugal Mad id, 1952, ol. I. pp. 856 y 474, espec i amen e).
3. SANCHEZ-MONTES GONZALEZ, F ancisco: La población g anadina del siglo XVII.
G anada, 1989, pp. 128-150.
4. Según los da os censales elabo ados po SANZ SAMPELAYO, Juan: G anada en el
siglo XVIII G anada, 1980, p. 307.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 239
ue a de sus casas, haçen bien po las ánimas de pu ga o io dando limosna
pa a la mejo disposición de sus negocios y caminos”5.
Pa oquia y co adías
La Pa oquia de San a Ma ía Magdalena se cuen a en e el g upo de
las p ime as e igidas en la ciudad, el día 15 de oc ub e de 1501, po dec e o
del a zobispo de Se illa don Diego Hu ado de Mendoza. Se hallaba suje
a, como oda la Iglesia g anadina, al pa ona o eal, consag ado po las
bulas uDum ad illam idei” y “O odoxae idei” de 1486.
El dec e o ci ado es ablecía la do ación humana: “en la Iglesia pa o
quial de San a MARIA MAGDALENA de la dicha Ciudad, con la de S.
Láza o, que le es anexa, ins i uimos un Bene icio simple y una Sac is ía” 6.
Más a de se le asignó un cu a pá oco7. A inales del siglo XVIII, el cu a
o enía una en a de 4.375 eales y los bene icios de. 5.415 eales cada uno,
po lo que el a zobispo Jo ge y Galbán decidió uni a las en as del cu a o
las del p ime bene icio que quedase acan e8. La do ación pa oquial se
inc emen ó con la exis encia de “ enien es” y de a iados o icios subal e 
nos en el siglo XVIII.
Al pá oco co espondían las a eas p opias de la “cu a de almas”, es
deci , asis i a la iglesia pa oquial, adminis a los sac amen os (sob e
odo con esión y euca is ía), p eocupa se de la mo alidad y de las necesi
dades de sus elig eses y, an e odo, deci misa odos los domingos9. A los
bene iciados co espondía la a ención a las co adías ( a ea encomendada
5. En A( chi o) E(clesiás ico de la) C(u ia de) G( anada), leg. 16 F(A), pza. 3(2),
ol. 4.
6. En E ección de la Iglesia Me opoli ana de la Ciudad de G anada... G anada, 1803,
p. 40.
7. En un in o me de 1757 se daba cuen a de dicho aumen o: “en las —pa oquias— de
San Ma ías, San a Ma ía Magdalena, San And és, San Jus o, San iago, San a Ana, y San Ilde
onso, puso el E ec o un bene icio, y al p esen e ienen dos, sin a e se podido a e igua ,
quien aumen ó es os sie e bene icios, ni pa a que si en” (en A( chi o de la) Qa ed al de)
G( anada), lib. 81, pza. 9).
8. “Plan y dec e o... pa a la do ación y e ección de los Cu a os de su A zobispado...”,
con echa de 10 de mayo de 1787, p. 11 (en A( chi o de la) P(a oquia de S a. Ma ía) Magda
lena), Caja 63). Se ei e aban además las unciones del cu a, o aleciendo su p imacía sob e
los bene iciados.
9. MORGADO GARCIA A u o: Iglesia y Sociedad en el Cádiz del siglo XVIII Cádiz,
1989, p. 131. En ealidad, la enseñanza de la doc ina e a la obligación p incipal de los pá o
cos, según los dec e os en inos, las cons i uciones sinodales, la bula “Apos olici minis e »”
y, en gene al, el de echo posi i o (MESTRE SANCHIS, An onio: “Religión y cul u a en el
siglo XVIII español”, en el ol. IV de GARCIA VILLOSLADA, R. (d o .): His o ia de la Iglesia
en España. Mad id, 1979, p. 628).
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po lo gene al al de mayo an igüedad), así como el cumplimien o de me
mo ias, undaciones y capellanías.
El emplo se le an ó sob e una e mi a ya exis en e; ue ampliado a pa 
i de 1508; y p o undamen e emodelado desde 1626. La pa oquia se as
ladó inalmen e a la iglesia del con en o de las Agus inas en 1843.
El p imi i o sola ue p ecisamen e la e mi a cons uida po los mon a
ñeses, “en los mismos iempos que se ganó es a Cuidad”, con el í ulo de
Nues a Seño a y San Roque10. Los as u ianos (el colec i o se designa in
dis in amen e como as u ianos o como mon añeses), in eg ados en una pu
jan e co adía, emp endie on las ob as, que u ie on luga en e 1508 y
152011. La emodelación de ini i a, po el con a io, signi icó la imposi
ción de la es uc u a pa oquial sob e el “pa onazgo” de los as u ianos,
as un la go li igio cuyo esul ado ue que “la au o idad eclesiás ica dispu
so que la pa oquia uese pa a odos los habi an es de la collación”12
El i mo de la ida co idiana de la ciudad se de inía en g an medida
po la ies a. El núme o de es i idades e a conside ablemen e ele ado, si
uándose en o no a los 90 días (incluyendo los domingos). Si a ello se
unen las celeb aciones ex ao dina ias, como oga i as, es ejos públicos,
e c... nos encon amos con una ex ensión de la ies a “que amenazaba con
el abandono de las más u gen es e imp escindibles obligaciones públi
cas”13. Las co adías y he mandades del ba io ue on ambién p o ago
nis as de las es i idades eligiosas.
¿Cuán as co adías hubo en la iglesia de La Magdalena? Hen íquez de
Jo que a (a mediados del siglo XVII) si úa en el emplo pa oquial es he 
mandades “bien se bidas: la co adía del San ísimo Sac amen o y ánimas
del Pu ga o io y la g andiosa escla i ud y la de nues a Seño a de la Can
dela ia”14. El Pad e Lachica menciona pa a su época (1764) un o al de
cua o: la He mandad de Ánimas Bendi as, la del S mo. C is o de la Salud,
la del San ísimo Sac amen o y la de Nues a Seño a de Co adonga15.
La documen ación de a chi o pe mi e p ecisa con mayo exac i ud:
cua o co adías pa a el siglo XVII (añadiendo a las ci adas la Conco dia
de la Na i idad de N a. Seño a) y un núme o muy supe io , en e cinco y
10. LACHICA BENAVIDES, F ay An onio de: Gaze illa cu iosa o Semane o g anadino,
papel XXXII (12-XI-1764), hoj. 1 a.
11. GALLEGO BURIN, An onio: G anada. Guía a ís ica e his ó ica de la ciudad. G ana
da, 1982, p. 206.
12. LAPRESA MOLINA, Eladio de: “El ba io de la Magdalena. Sede de la Facul ad de
Filoso ía y Le as de la Uni e sidad de G anada”, en Miscelánea de Es udios dedicados al P o e
so An onio Ma ín Oce e, G anada, 1974, ol. I. p. 427.
13. MARAVALL, José An onio: La cul u a del Ba oco. Ba celona, 1981 (2.a ed.), p. 487.
14. HENRIQUEZ DE JORQUERA, F.: Op. ci ., ol. I, p. 220.
15. LACHICA BENAVIDES, F . A. de: Op. ci .. Papeles IX, X, XV y XXXII.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 241
ocho según las épocas, pa a el XVIII (conside ando las del S mo. C is o de
la Espe anza, N a. S a. de la Candela ia, N a. S a. de la Concepción y Es
cla i ud del San ísimo, no mencionadas po Lachica)16.
En gene al, las co adías es ablecidas en emplos pa oquiales conocie
on un g an auge en el siglo XVIII, cuando la polí ica eclesiás ica de los
Bo bones omen ó el desa ollo de la ins i ución pa oquial en de imen o
del peso de los egula es. En la pa oquia de San a Ma ía Magdalena se
unda on cinco nue as he mandades en esa cen u ia.
Pe du a po en onces la co adía ba oca, dedicada p incipalmen e a la
celeb ación "p ocesional, es i a y has a iun al, en la que se ienen en
cuen a casi exclusi amen e los aspec os ex e nos y o males, an o en las
imágenes y sus ade ezos, como en los co ades”17. La ex e io ización del
cul o público alcanza po en onces su culmen.
Pe o la co adía había en ado en un p oceso de desna u alización o
incluso de especialización. Mien as la he mandad de soco os se olcaba
en el plano asis encial p eludiando el mu ualismo y las p ác icas de las
compañías de segu os, la co adía gene al o “popula ” conocía una deca
dencia p og esi a, has a el pun o de que en muchos luga es “se había
ans o mado en asociación es i a, que escondía bajo la apa iencia eli
giosa el e dade o mó il que eunía a los co ades, que e a una semi a e -
nidad pagana de banque es y libaciones so colo de ies as y ome ías”18.
Las medidas de con ol se inc emen a on po pa e de la adminis a
ción eal, a la ez que desplegaba un p og ama de asis encia y bene icen
cia públicas, capaz de supe a la a omización exis en e. En el equipo e o 
mis a del einado de Ca los III puede as ea se una ac i ud en g an medi
da hos il (especialmen e po pa e de A anda y Campomanes). Po inicia i
a del Consejo de Cas illa se elabo ó un abul ado expedien e sob e las co
adías del eino, as lo cual se sup imie on muchas, de mane a especial
las g emiales. Los a gumen os ideológicos es aban expues os, sólo al aba
un b azo ejecu o y és e apa eció en la coyun u a de inal del siglo y co
mienzo del siguien e: más mode ado p ime o, como ue la polí ica iscal
del P íncipe de la Paz, y más in lexible después, como ocu ió con las con
iscaciones de bienes po las au o idades napoleónicas.
En la isi a a la pa oquia de 1812, ealizada po el gobe nado ecle
16. Según cons a en el “Lib o de dec e os de isi as” de la pa oquia, en A. P.
Mag., Caja 45.
17. SANCHEZ HERRERO, José: “Las co adías de Semana San a de Se illa du an e la
Mode nidad. Siglos XV a XVII”, en VV. AA.: Las co adías de Se illa en la Mode nidad. Se illa,
1988, p. 95.
18. Así, al menos, lo denuncia on los ilus ados. Rumeu de A mas concluye con un con
unden e: “es e es un hecho eal e ineludible” (RUMEU DE ARMAS, An onio: His o ia de la
p e isión social en España. Ba celona, 1981 (1.a ed. en 1944), p. 388).

242 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
siás ico don Pablo de Andey o y Aldao, no se encon ó ningún lib o de
he mandades, “po es a odas sup imidas”. La cen u ia decimonónica
se á es igo de un nue o esu gi , pe o ya sob e bases y p esupues os di e
en es.
O igen y e olución de la co adía. Ca ac e ización ipológica
Once co adías en o al se con abilizan du an e la Edad Mode na en la
pa oquia de La Magdalena. En e ellas se es ablece un p oceso de con i
nuidad a pa i de un núcleo común. Nos e e imos a la más an igua de
odas: la de Nues a Seño a y San Roque. En la segunda mi ad del siglo
XVI se con i ió en la de N a. S a. de la Pu i icación y Animas del Pu ga
o io, es ando muy ligada a la del San ísimo Sac amen o. Sucumbió a ina
les del siglo XVII, con una escisión que dio o igen a dos nue as co adías:
la de N a. S a. de Co adonga y la de Animas del Pu ga o io. Miemb os de
és a, inalmen e, da ían o igen a la Escla i ud del San ísimo a ines del
siglo XVIII.
La He mandad de N a. Seño a y San Roque es el núcleo o igina io de la
He mandad de Co adonga. “En los mismos iempos que se ganó es a Ciu
dad —nos ela a el Pad e Lachica—, muchos de sus poblado es de nación
“Mon añeses”, e igie on en el si io donde es á hoi la Pa oquia una He mi-
a, donde es ablecie on una He mandad, omando po Abogados a N a.
S a. y a San Roque”19.
En 1567, según el mismo au o , pe ecciona on la he mandad “y die-
onla el í ulo de Pu i icación, y Animas del Pu ga o io, dandola nue as, y
a egladas Cons i uciones”. La pos ación de la p imi i a he mandad debe
elaciona se con el es ablecimien o de la iglesia pa oquial en la e mi a
undada po los mon añeses y con la dispu a subsiguien e sob e la i ula i
dad o pa ona o de la misma, de la que salió encedo a la pa oquia. Po
o o lado, la He mandad de la Pu i icación y Animas con ó no solamen e con
miemb os mon añeses, sino ambién con abajado es de la Plaza Bib-
Rambla y de las Alhóndigas Zaida y de G anos. Tenía al a (que después
pasó a la He mandad de Co adonga) en el cola e al del E angelio de la
iglesia pa oquial, con un e ablo adqui ido en 1665, que p esidía la ima
gen i ula de la Vi gen con el Niño y ema aba un lienzo de C is o C uci i
cado.
En el seno de es a co adía se pe ila on dos sec o es. Uno de ellos (¿los
abajado es?) pa ece aboga po el cul o a las Animas del Pu ga o io,
19. LACHICA BENAVIDES, F . A. de: Op. ci ., Papel XXXII, hoj. 1 a.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 243
cuyas demandas epo aban g andes bene icios, a la ez que p e endía de
sen ende se de un plei o (con a la He mandad de la Candela ia), an
la go como cos oso, cuyos esul ados son e iden emen e des a o ables
pa a la he mandad. El o o, in eg ado po los mon añeses, cada ez con
mayo au onomía, no pa ece dispues o a declina sus de echos, a la ez
que exige una posición de p eeminencia, po su an igüedad.
La si uación desembocó en up u a hacia 169920. Desde ese momen o,
la He mandad de Nues a Seño a y Animas deja de exis i , dando paso a
dos nue as he mandades: la de Animas y la de N a. Seño a de Co adonga.
La apa ición de és a debe elaciona se con la impo an e p esencia de pe 
sonas o iundas de As u ias y Can ab ia en la G anada del siglo XVIII,
muy supe io a la es imada en el siglo an e io . Sanz Sampelayo cons a a,
a a és de las ac as de desposo ios de los egis os pa oquiales, la p esen
cia de un o al de 315 as u ianos y 49 mon añeses en G anada du an e odo
el siglo21.
Sepa ados ya de la he mandad ma iz, “a 24 de eb e o de 1702 aco da
on los Mon añeses hace Cong egación apa e, en la que log a on se les
diesse la p eeminencia de se la p ime a He mandad de es a Pa oquia”22
Así cons a del p ime cabildo celeb ado en la ci ada echa, en el que se ob
se a el deseo de con inuidad con la he mandad an e io , po lo que la
nue a se es ablece “baxo de las Cons i uciones que ienen del í ulo de
Candela ia, obse ándose en odo según y como en ella se decla a y especi
ica, sin ignoba en ninguno de sus capí ulos en odo ni en pa e”, y p e en
de dis u a de “las (h)on as, g acias, an igüedad, asien os y odo lo demás
que (h)an gozado de iempo inmemo ial a es a pa e con el í ulo de Can
dela ia, sin pe mi i que ninguna o a (h)e mandad que después de las di
chas Cons i uciones se (h)ubie e undado en es a iglesia le p esidan ni em-
ba azen de mane a alguna”23.
Des aca es a he mandad po su ca ác e “nacional”, que se obse a
an o en la p ocedencia de sus co ades cuan o en la ad ocación i ula ,
espec o a la que hace Lachica la siguien e e lexión: “más ellos aco dán
dose de su Pa ia, y de que ue la Res au ado a de España N a. S a. de Co
adonga, le quisie on da aquel í ulo, pa a digna memo ia de la milag osa
20. Según ALVAREZ, Tomás A.: Excelencias de G anada..., 1787 (ms.), p. 270.
21. SANZ SAMPELAYO, J.: Op. ci ., p. 408. Se ca ece de da os ela i os a su
dis ibución pa oquial.
22. LACHICA BENAVIDES, F . A. de: Op. ci ., Papel XXXII, hoj. 1 a.
23. En el Lib o de Cabildos (1702-1820), en A. P. Mag., Caja 48. En algunos cabildos
(como los de 1723 y 1725) incluso apa ece el í ulo de “Nues a Seño a de Co adonga y Ani
mas Bendi as”, e o zando la con inuidad en e a posibles aspi aciones de la He mandad de
Animas. Pe o sob e odo p e endía impone se a la He mandad de la Candela ia.
244 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
Ba alla, que en el Valle de Cangas log ó la Ch is iandad Española de las
Lunas Mahome anas”24.
Una economía desahogada les pe mi ió adqui i ense es y obje os de
cul o (cañones de pla a en 1723, c uz pa a el es anda e en 1724, paño de
sob emesa en 1745...). En 1743 esuci a el plei o con la he mandad de la
Candela ia. La dispu a concluyó con una esc i u a de conco dia, sanciona
da po au o del p o iso don José Agus ín de U ia e con echa de 20 de
no iemb e de 1744. Según ella, de las cua o es i idades sob e las que se
discu ía la p eeminencia de una u o a co adía, a los mon añeses co es
ponde ía la p ecedencia en las “ unciones de ceniza, oma de palmas y
p ocesión de ellas”25.
Po los lib os de la he mandad conocemos las isi as ealizadas, que, a
pa i de 1730, son las siguien es: 1736, 1744, 1751, 1761, 1763, 1764, 1776,
1784, 1787 y 1790, lo que pe mi e a isba la impo ancia de es e mecanismo
de con ol26. Du an e la p ime a mi ad de la cen u ia el núme o de he ma
nos c eció paula inamen e, aunque la he mandad a a esó momen os in
cie os, como lo a es igua la ausencia de cabildos en 1707-1709, 1711, 1713-
1715 y 1717.
En la segunda mi ad del siglo, la educida asis encia a los cabildos y los
escasos y es ables gas os, dejan en e e una ida lánguida, en pa e po el
co o núme o de he manos. En 1790 el Visi ado don An onio Muñoz
Pa ón animaba a los co ades, esal ando “el mucho celo que se mani ies a
en es os e ien es de o os”. Más a de, los acon ecimien os de 1810 la
a as a on consigo, como a las o as de la pa oquia. En 1813 sólo queda
ban doce co ades (dos de ellos muje es). El úl imo cabildo, con asis encia
de diez pe sonas, u o luga el 1 de no iemb e de 1820, con la in ención de
“ es ablece dicha (h)e mandad, que desde el año 1813 quedó uynada
(h)as a el p esen e”. El in en o ue e íme o y la co adía desapa eció
de ini i amen e.
Las co adías son ins i uciones in eg adas po laicos, suje as a la au o i
dad del o dina io (en i ud de su ap obación), au o idad e o zada po el
Concilio de T en o, una ez supe adas las abas que la ju isdicción epis
copal encon aba en la au onomía de cabildos, comunidades y asociacio-
24. LACHICA BENAVIDES, F . A. de: Op. ci ., Papel XXXII, hoj. 1 a. Con inúa ela
cionando As u ias con G anada, como p incipio y in de la emp esa es au ado a, po lo que
“ ue un se io, y juicioso acue do el ha e le dado a es a Seño a aquel í ulo”.
25. En A. P. Mag., Caja 48. La Candela ia la p ecede ía en la ies a de la Pu i icación y
en la ado ación de la C uz el Vie nes San o.
26. P ecisamen e las “inspecciones ocasionales po pa e de las au o idades ci iles y eli
giosas” me maban la au onomía de las co adías, que “no e an, en p ime a ins ancia, ins i u
ciones eclesiás icas”, según CALLAHAN, William J.: Iglesia, pode y sociedad en España. Ma
d id, 1989, p. 64.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 245
nés27. La de Co adonga ue ap obada po el a zobispo don Ma ín
de Asca go a.
Sánchez He e o ha de inido la co adía como “una asociación de pe 
sonas, homb es y muje es, pe enecien es o no a una misma p o esión, g e
mio o es amen o social, en núme o mayo o meno , aunque gene almen e
limi ado, que se unen mo idas po di e en es causas o ines: piadosos, be
né icos, p o esionales, sociales, ec ea i os, polí icos, e c..., bajo la ad oca
ción de o cul o a un san o pa ón o p o ec o , no necesa iamen e con es a
u os, con o sin la ap obación o is o bueno eal o episcopal”28. El cul o
público y la ayuda mu ua son sus ca ac e ís icas dis in i as.
A endiendo a la p ime a, la He mandad de Co adonga es una co adía
ma iana, obse ándose en la ayec o ia p e ia a su undación una paula i
na pos e gación de la ad ocación de san o (S. Roque) y de ánimas, que ha
bían cen ado ambién la de oción del colec i o de as u ianos y mon añe
ses. Desde el pun o de is a de la p e isión social, Rumeu de A mas dis in
gue dos ó mulas: la co adía eligioso-bené ica (de o igen medie al), que
puede se a su ez gene al, p o esional, g emial..., y la he mandad de soco
os (con mecanismos mu uales a anzados), que ambién admi e esas sub
ca ego ias29. La que nos ocupa es del p ime ipo. El mismo au o cons a ó
la exis encia de co adías ca ac e izadas po ac o es ex ínsecos a su na u
aleza (é nicas, de na u ales, de ex anje os...), en los que ha p o undizado
más ecien emen e la An opología. La He mandad de Co adonga, al
compone se de pe sonas de una misma p ocedencia, es una co adía
g upal.
La Regla: o ganización y uncionamien o de la He mandad
El alo de la Regla es undamen al, pues, además de da a conoce la
na u aleza p opia de cada he mandad, diseña un modelo de unciona
mien o, p oponiendo incluso pau as de compo amien o pe sonal a sus co
ades30. Aunque se a a de un ex o legal, sin emba go su cumplimien o
27. SANCHEZ DE LAMADRID, R.: “El de echo iden ino”, en VV. AA.: El Concilio de
T en o. Exposiciones e In es igaciones. Mad id, 1945, p. 235.
28. SANCHEZ HERRERO, José: “Las co adías se illanas. Los comienzos”, en VV. AA.:
Las co adías de Se illa. His o ia, an opología, a e. Se illa, 1985, p. 10.
29. RUMEU DE ARMAS, A: Op. ci ., pp. 204-206. Clasi icación elabo ada conc e amen
e pa a los siglos XVI y XVII.
30. La Regla u ilizada es la de la He mandad de N a. S a. de la Pu i icación y Animas
del Pu ga o io, ap obada o igina iamen e el 16 de diciemb e de 1566 y con pos e io idad en
1643 y en 1657 ( id. su Lib o de Reglas en A P. Mag., Caja 92, y un aslado echado en 1673
en A E. C. G., leg. 15F, pza. 2(3)). En el cabildo undacional de la He mandad de Co adonga,
como ya se indicó, se aco dó adop a dicha Regla.
252 MIGUEL LUIS LOPEZ MUNOZ
se a en las unciones de la Pu i icación de Ma ía, Mié coles de Ceniza,
Domingo de Ramos y Vie nes San o, unciones li ú gicas en las que los lai
cos jugaban cie o p o agonismo en las ce emonias de las candelas, impo
sición de la ceniza, p ocesión de palmas y amos y ado ación de la C uz,
espec i amen e. En o no a es a concu encia se susci ó el plei o de 1743.
Había ambién celeb aciones ex ao dina ias, como la acaecida en
1740 en hono de la imagen de N a. Seño a de Co adonga, asladada a la
iglesia as su es au ación, po inicia i a del mayo domo José Na io. Ade
más ealizaban cie as p ác icas de ocionales, especialmen e la o ación,
que e a p omo ida en dis in as ci cuns ancias, como en la elección (“nie
guen odos a N a. Seño a les dé g acia y encamine y ponga en la olun ad
a quién (h)an de da el ca go de He mano Mayo ”).
En elación con la asis encia al he mano en sus necesidades, “las co a
días ecogie on un espí i u c is iano de he mandad y solida idad mu ua y
log a on plasma lo de una o ma cla a y sencilla”42. Los lazos de solida i
dad que se buscan en es as y en o as asociaciones se explican en un socie
dad ma cada po la p eca iedad de la exis encia, suje a al i mo que impo
nían las c isis de subsis encia, las gue as y las epidemias43, y po la insu i
ciencia y a omización de la es uc u a hospi ala ia y de las medidas sani a
ias en gene al44
Las acciones asis enciales que o ece a los he manos la co adía
eligioso-bené ica p esen an un al o g ado de inde inición. La asis encia se
p es a a eno de las necesidades, sin una eglamen ación p e ia y exhaus
i a, siendo ecibida “más a í ulo de g acia que de de echo pleno, y siemp e
supedi ado a la pob eza del co ade... sin cuan ía ija o de e minada”45. Se
42. GARRIDO AGUILERA, Juan Ca los: Religiosidad popula en Jaén du an e los siglos
XV y XVI. Las co adías. Jaén, 1987, p. 81.
43. La pob eza eal e a g ande, pe o la pob eza po encial a ec aba a un núme o mucho
mayo de pe sonas, pues o que “cualquie caso que a ec e al no mal desen ol imien o de la
misma — ida—, amenaza con hace le aspasa el umb al de la pob eza y cae en la indigen
cia” (LOPEZ ALONSO, Ca men: “La acción social medie al como p eceden e”, en VV.AA:
De la bene icencia al bienes a social Cua o siglos de acción social Mad id, 1988. pp. 47-48).
44. “La elación o e a-demanda asis encial —esc ibe J. I. Ca mona en elación a la Se i
lla de inales del siglo XVI— se hallaba desequilib ada cla amen e en con a de aquellos que
necesi aban hospi alidad y cuidados sani a ios, de lo que enía a signi ica una ela i a ine i
cacia del sis ema de bene icencia pública impe an e” (CARMONA GARCIA, Juan L: El sis e
ma de la hospi alidad pública en la Se illa del An iguo Régimen. Se illa, 1979, p. 163). Además,
las condiciones de los hospi ales y cen os simila es no e an nada sa is ac o ias, p oduciendo
pa o a g an pa e de la población, siendo ecuen e “el miedo al hospi al como luga donde
se iba a mo i ” (SANZ SAMPELAYO, J.: Op. ci ., p. 192). En el siglo XVIII, los hospi ales, y
sob e odo los hospicios, ac úan en la on e a en e la ayuda al necesi ado y la eclusión ca 
cela ia ( id. En TRINIDAD FERNANDEZ, Ped o: “Asis encia y p e isión social en el siglo
XVIII”, en VV. AA.: De la bene icencia..., op. ci ., p. 93).

LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 253
dis inguen di e sos ipos de “auxilios”: en e medad, acciden e, in alidez y
ejez, pa o, mue e, supe i encia ( iudas y hué anos), e c...
El disposi i o asis encial es b e e en la he mandad que nos ocupa. El
auxilio de en e medad se educía a la compañía del he mano en e mo: “si
algún he mano es ubie e en e mo y llega e a el a ículo de la mue e, el
he mano mayo que ue e nomb e a dos he manos pa a que asis an allí y
le ele(n). Y es os se puedan emuda has a que Dios disponga del dicho
en e mo o le conozca mejo ía”46.
Mayo ascendencia enía la ac i ud an e la ealidad angus iosa de la
mue e, que cons i uye el pun o nuclea de la eligiosidad en la Edad Mo
de na. La obsesión ba oca po el más allá encuen a una pe ec a exp e
sión en el i ual une a io. La asis encia al he mano di un o cons i uye una
ob a de mise ico dia que asumen los co ades en dos e ien es: asegu a
un en ie o digno y o ece misas y o aciones en su agio de su alma. Pa a
Sánchez López, es “la máxima de las sie e ob as de mise ico dia de inidas
po el c edo iden ino, eco dándonos que las undaciones de He manda
des y Hospi ales de la Ca idad po oda Andalucía se debie on, en e o os
ines piadosos, a es a subs ancial concepción de la p esencia eal de la
mue e en las conciencias”47.
Mue e y sepul u a se odeaban de un complejo i ual, que comp endía
la mo aja, el ela o io, el doble de las campanas, la conducción del cadá
e y su acompañamien o, la unción eligiosa, la sepul u a y los ciclos de
misas. Las co adías ue on p o agonis as de ese i ual, asegu ando un en
ie o digno a los he manos con meno capacidad económica y o eciendo
misas y plega ias po su alma.
La Regla es ablece las siguien es a enciones: misa can ada, en ie o, no
ena io y cua o misas de ánimas. A p incipios del siglo XIX la He man
dad de Co adonga o ecía a sus co ades la mo aja (po alo de 4 eales),
una misa can ada (6 eales), un no ena io (36 eales) y el pago de los de e
chos de colec u ía (5 eales), desembolsando en cada en ie o la can idad
de 51 eales48.
Se con emplan cie as ci cuns ancias especiales. La Regla es ablece los
45. RUMEU DE ARMAS, A: Op. ci ., p. 127.
46. En el capí ulo 12 de la Regla (A. P. Mag., Caja 92).
47. SANCHEZ LOPEZ, Juan An onio: Mue e y Co adías de Pasión en la Málaga del siglo
XVIII. Málaga, 1990, p. 106. El au o habla de las co adías como ins i uciones ga an izado as
del “ ánsi o al más allá”. Un ejemplo de esa ac i ud es la g anadina Co adía del S mo. Cue 
po de C is o y Mise ico dia (Hospi al del Co pus Ch is i), des inada a acompaña “a los ajus
iciados y los en ie a y ansi mesmo haçe el domingo de Láza o una solenisima p ocesión o
en ie o a los que (h)an hecho qua os o (h)an asae eado, cuyas caxas lle a la mayo nobleza
y ca alle ía de G anada” (HENRIQUEZ DE JORQUERA, F., Op. ci ., ol. I. p. 258).
48. Según el cabildo de 8 de sep iemb e de 1807, en A P. Mag., Caja 48.
254 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
mismos bene icios pa a los he manos que mue an en un hospi al. En
cuan o a los co ades ausen es, caso bas an e común en es a he mandad,
gozaban de los mismos su agios, siemp e que u ie an una an igüedad
mínima de es años en la co adía. La asis encia une a ia es ex ensi a a
la muje del co ade, con la condición de que és e haga dos demandas (en
luga de una) o, en su de ec o, pague es lib as de ce a.
Algunas eces los su agios de i an de una ac i ud de co esía. La con
co dia en e las he mandades de la Candela ia y Co adonga en 1744 con
emplaba es a medida de buena olun ad: “se (h)aya de celeb a una misa
ezada po cada uno de los he manos que allezcan de la de N a. Seño a
de la Candela ia po la de Co adonga en su al a y capilla, y igualmen e
po el con a io”49. La mue e adquie e, en de ini i a, la doble dimensión
de i o eligioso y ac( o de solida idad.
Los co ades: núme o y obligaciones
El núme o de co ades e olucionó con el paso del iempo, ad i iéndose
en los p ime os años una endencia ascenden e. Al p ime cabildo asis ie
on 31 pe sonas (10 con ocan es y 21 nue os he manos)50. Hacia 1723
e an ya 57 los miemb os, pasando a 50 en 1729 y a sólo 41 en 174951. La
asis encia a los cabildos, ya compu ada, no es a menudo signi ica i a del
núme o de he manos. Al cabildo ex ao dina io de elección (po mue e
del mayo domo) celeb ado en no iemb e de 1723 asi ie on 18 he manos y
33 al de 1729, es deci , espec i amen e el 31,5% y el 66% de los
he manos 52.
El ing eso en la co adía e a olun a io y no se encon aba al p incipio
suje o a equisi os (sal o el luga de p ocedencia). En cabildo celeb ado en
1748 se aco dó, sin emba go, no admi i ningún he mano sin acue do de la
49. En A. P. Mag., Caja 48. Con es a conco dia concluyó el plei o.
50. Los con ocan es (es o es, los undado es), odos co ades de la He mandad de N a.
Seño a y Animas, ue on: Domingo Fe nández, F ancisco Ga cía, Domingo de Mie , Cosme
González, Ped o Con ado, Juan de O e o, Juan de Hue as, Ped o Posadas, F ancisco Fe 
nández y Cosme Ga cía (en A. P. Mag., Caja 48).
51. En A. P. Mag., Cajas 88 y 48. Las ci as globales pueden esul a engañosas si no se
conside a la g an mo ilidad de es e colec i o. De los 57 he manos de 1723, 8 habían allecido
y o os 17 se encon aban ausen es dos años más a de.
52. En las he mandades ce adas como és a, el índice de asis encia suele se ela i amen
e al o, pues o que el o al de co ades es a eces muy limi ado. El al o po cen aje de asis encia
en el cabildo de 1729, sin emba go, no pa ece usual, en pa e po que no ue un simple cabildo
de elecciones, ya que se oma on impo an es medidas en elación con las demandas y los su
agios pa a los he manos di un os.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 255
he mandad o de la mayo pa e de sus miemb os. En el ing eso in e ienen
mó iles di e sos: ines espi i uales y ma e iales, cohesión social..., así como
la adición, he edada de pad es a hijos53. También las muje es o maban
pa e de la he mandad, asis iendo a las unciones eligiosas, pe o nunca a
los cabildos. La sociabilidad que p omue en las co adías es inequí oca
men e masculina, pudiéndose aplica el concep o an opológico de “clubs
de a ones”54.
Las obligaciones de los co ades son asumidas lib emen e. El he mano
se obliga a su cumplimien o, pa a lo que se es ablecen los pe inen es me
dios coac i os. Las obligaciones pueden ag upa se en p elimina es o ini
ciales, espi i uales o mo ales, de asis encia pe sonal y económicas.
Las obligaciones p elimina es son inhe en es a la pe enencia a la he 
mandad y pueden sob een ende se ácilmen e: conoce y gua da la Regla,
como guía de las ac uaciones de la he mandad, y di e sas cues iones
de p ocedimien o.
Las obligaciones mo ales emanan de la misma na u aleza de la co adía.
Con ellas se pe seguía mejo a la mo alidad de los he manos y se p opo
nían, con mayo o meno in ensidad, cie as p ác icas piadosas y espi i ua
les. En la Regla se es ablecen algunas: no hace ju amen os en ano (“nin
gún he mano ju e, en men i a ni en e dad —se lee en el cap. 9—, si posi
ble uese, y el que dije e ju o a Dios o a San a Ma ía o qualquie san o o
san a ociosamen e, sin se le pedido, sea obligado a haze una c uz en el
suelo y hinca se de odillas y besa la ie a y la c uz”), o posee bula pa a
oi misa en odo momen o (ya que, según el cap. 4, “po nues os pecados
suele (h)abe muchas eces en edicho y o os impedimen os ales”).
En cuan o a la asis encia a ac os o ganizados po la he mandad, se obli
ga a odos a asis i (sal o a aquellos ac os de pa icipación es ingida ya
ci ados) a: unciones eligiosas, en especial la ies a p incipal, pe o am
bién las demás celeb aciones e incluso la misa dominical55; en ie os y
hon as úneb es de los he manos allecidos, y cabildos y jun as gene ales.
F en e a la, a eces limi ada, asis encia a los cabildos, en las g andes ce
leb aciones eligiosas pa icipaba, jun o a la he mandad, g an pa e de la
elig esía, al adqui i las unciones cie o ca ác e pa oquial. La asis encia
53. La ac i idad labo al cons i uyó una es icción en la He mandad de N a. Seño a y
Animas: “ningún he mano mayo que ue e no pueda admi i po co ade a ningún he mano
que no sea de nues o abajo, po quan o somos pob es y pob es con pob es nos abenimos
bien” (cap. 10 de su Regla).
54. MORENO NAVARRO, I.: Op. ci ., p. 32.
55. “Todos los he manos engan obligación odos los domingos del año a acudi po la
mañana a la Iglesia de la Magdalena a oy una missa ezada... po las ánimas de pu ga o io”
(Regla, cap. 3).
256 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
a las hon as úneb es de los he manos debió se ambién des acada, pues
la solida idad an e la mue e cons i uye un mó il de mucho peso en e los
co ades. De odas o mas, en la p ác ica exis ían he manos cuya única
inculación a la co adía e a la sa is acción de las obligaciones económi
cas, en pa e po in e e i los ac os de la he mandad con sus ocupaciones
labo ales.
El cumplimien o de las obligaciones económicas es p imo dial pa a la
pe i encia de la co adía. Es a p ecisa unos ing esos su icien es, que de
pende án de la diligencia de los ca gos di ec i os y del es ue zo pe sonal
de cada uno de los co ades. Se obse an dos o mas p incipales de con i
bución económica: una di ec a, el pago de cuo as, bien sea en concep o de
en ada o como cuo a o dina ia; o a indi ec a, la demanda, que se con i 
ió en la p incipal uen e de ing esos, si no la única.
E a obligación de odos los he manos “ eze i de buena bolun ad la
caja de dicha He mandad, que se en iende de la demanda, sin da escusa
pa a ello, pa a que aya en aumen o an san a ob a” al menos una ez al
año. La demanda se ealizaba gene almen e los días es i os, bien en la
iglesia o bien po las calles de la elig esía. Fue on ecuen es las dispu as
po el luga de colocación de las demandas. La obligación de demanda
e a a menudo incumplida, como lo mues an las disposiciones de los ca
bildos de 1726, 1729 y 1748, en los que se ijó una mul a de 16 eales y dos
lib as de ce a.
Esa obligación de los co ades se co esponde ambién con una ob a de
mise ico dia de los ieles, en una sociedad en que la limosna es aba ins i u
cionalizada, pues pa a pedi se eque ía una licencia eclesiás ica o una cé
dula municipal, lo que e idencia has a qué pun o “la ca idad cons i uía
una g an comodidad pa a odos den o de la sociedad del momen o”56.
O as o mas pa icula es de ob ene ondos son las limosnas canaliza
das a a és de cepos o cajas pe i o ias ubicadas en el in e io del emplo o
en o os luga es públicos (como la que ins aló la He mandad de Pu i ica
ción y Animas en la Alhóndiga Zaida), las de amas o con ibuciones o
lun a ias epa idas en e el conjun o de los co ades (o de los o iciales)
pa a a on a un gas o de e minado57, las donaciones de bienes, ense es o
56. Según exp esión de L. P andl, ci . en CARMONA GARCIA, J. I.: Op. ci ., p. 135. Man
enedo a de la injus icia social, la limosna e a, no obs an e, una pieza undamen al pa a la
supe i encia de nume osos indigen es y pa a la sal ación e e na de los indi iduos de odas
las clases sociales, pues “ enía a se conside ada, no ya como lla e, sino como un medio de
o za las pue as del eino de los cielos” (JIMENEZ SALAS, Ma ía: His o ia de la asis encia
social en España en la Edad Mode na. Mad id, 1958, p. 63). Pa a los co ades e a una uen e de
ing esos, a la ez que un ac o de humildad.
57. Como ocu ió con la p ocesión de aslado de N a. Seño a de Co adonga en 1740,
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 257
dine o po co ades y/o de o os, y los impo es sa is echos po los he ma
nos en concep o de mul as.
Las disposiciones puni i as cons i uyen mecanismos coe ci i os pa a el
exac o cumplimien o de las obligaciones de los he manos y, subsidia ia
men e, una uen e de ing esos a iable, aunque con una incidencia míni
ma. Las “penas que an pues as en es as Cons i uçiones, an pues as y
que emos y ho denamos sean pa a los gas os y cosas ocan es a la dicha
he mandad”, sanciona el cap. 14 de la Regla. Las mul as oscilaban en e
medio eal y dos ducados (cuan ía excepcional en es e ipo de sanciones) o
en e una y es lib as de ce a. A endiendo a la impo ancia de la pena
puede es ablece se la siguien e g adación: al as g a es (no acep a el nom
b amien o de He mano Mayo , con ae deuda con la co adía, no gua da
el sec e o del cabildo, con adeci la elección sin mo i o y ehusa la eali
zación de la demanda), con penas de dos ducados o dos lib as de ce a; al
as medianas (incumplimien o de la Regla o ausencia en las ies as de la
co adía), con penas de una lib a de ce a, y al as le es (deci o os a Dios
o al a a la misa dominical), con penas en e medio eal y ocho
ma a edís.
El mayo domo, enca gado de lle a las cuen as, ecoge los ing esos y
dispone los gas os, p esen aba los balances al cabildo pa a su ap obación
al inaliza el eje cicio. Su obligación e a no deja “alcanzada” la co adía;
en ese caso cub ía el dé ici a su cos a, lo que asegu aba cie o saneamien o
económico, a la ez que el in e és del mayo domo po e i a que los gas os
excedie an en g an medida a los ing esos. Po el con a io., si el eje cicio
económico e minaba con supe á i , és e quedaba en las a cas de la he 
mandad, haciendo el mayo domo esa “g aciosa” cesión en bene icio
de la misma.
Los gas os excesi os no pe judicaban an o a la economía de la co a
día, como a la del mayo domo, ex emo és e du amen e c i icado po los
e o mis as ilus ados58. Se a endía en p ime luga a los gas os o dina ios,
des inados a la celeb ación de las unciones, incluyendo el gas o de ce a y
el cumplimien o pun ual de las hon as úneb es y los su agios po los di
un os, y a con inuación a o os gas os.
según cons a en el cabildo celeb ado el día dos de mayo de dicho año (en A. P.
Mag., Caja 48).
58. Muchos mayo domos —exponía el conde de A anda en 1773— consumen sus bienes
“posponiendo el bienes a de su amilia; y si no, se adeudan sac i icando sus posibilidades...,
espe anzados de ecompensa las con la es echez sucesi a o ende de sus aíces o ape os de
labo , con la e ciega de que Dios o el san o de la ies a p o ehe án” (A. H. N.,
Consejos, leg. 7090).

258 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
Con amos con los balances económicos de la he mandad du an e oda
su exis encia, que se esumen así po quinquenios59:
Años Ing esos/Media anual Gas os/Media anual Balance
1703-1705 1.034 . 517 1.651 . 825,5 - 617 .
1706-1710 1.305 . 326,2 1.727 . 431,1 - 422 .
1716-1720 1.147 . 382,3 1.375 . 458,3 - 228 .
1721-1725 4.782 . 956,4 3.809 . 761,8 + 973 .
1726-1730 7.152 . 1.430,4 4.279 . 855,8 +2.873 .
1731-1735 9.530 . 1.906 4.649 . 929,8 +4.881 .
1736-1740 4.905 . 981 3.658 . 731,6 + 1.247 .
1741-1745 9.705 . 1.941 10.332 . 2.066,4 - 627 .
1746-1750 7.7517 . 1.551,4 7.590 . 1.518 + 167 .
1751-1755 5.225 . 1.045 5.340 . 1.068 - 115 .
1756-1760 4.429 . 885,8 3.571 . 714,2 + 858 .
1761-1765 6.572 . 1.314,4 3.290 . 658 +3.282 .
1766-1770 9.491 . 1.898,2 2.731 . 546,2 +6.760 .
1771-1775 11.247 . 2.249,4 2.909 . 581,8 +8.338 .
1776-1780 12.276 . 2.455,2 3.343 . 668,6 +8.933 .
1781-1785 7.962 . 1.592,4 3.092 . 618,4 +4.870 .
1786-1790 8.520 . 1.704 3.508 . 701,6 +5.012 .
1791-1795 9.728 . 1.945,6 4.373 . 874,6 +5.355 .
1796-1800 11.022 . 2.204,4 3.782 . 756,4 +7.240 .
1801-1805 12.661 . 2.532,2 4.952 . 990,4 +7.709 .
1806-1809 11.035 . 2.758,7 3.380 . 845 +7.655 .
El balance ue casi siemp e posi i o, gozando de un anquilizado su
pe á i en los ex ensos pe íodos 1721-1740 (que oscila a menudo po enci
ma del 20% de los ing esos) y 1755-1809 (la go pe íodo en que el supe á i
acusa una endencia alcis a, si uándose desde 1763 po encima del 50% de
los ing esos, y ozando el 80% en 1774 o en 1778, época de cómodo eposo).
El dé ici sólo apa ece en es a he mandad en los años iniciales de su exis
encia y pos e io men e en algunos del incie o pe íodo 1741-1755. La
azón de es e compo amien o es iba en la buena ges ión económica de
los mayo domos, así como en el hecho de educi al mínimo los gas os ex
ao dina ios, comenzando po los sun ua ios, es deci la adquisición de
59. P oceden es de los Lib os de Cuen as de 1703-1731 (A. P. Mag., Caja 46), de 1732-
1805 (id., Caja 48) y de 1806-1810 (id., Caja 47). Hay escasas lagunas: 1704, 1710-1715 y 1719-
1720; en los espec i os quinquenios sólo se consignan los da os exis en es. Todas las can ida
des (incluidas las ci as medias de gas o anual po quinquenio) se exp esan en eales, p escin
diendo de las acciones en ma a edís. La columna “balance” con iene la di e encia en e los
ing esos y gas os de cada quinquenio.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 259
nue os ense es, ya que he edó muchos ense es de la He mandad de N a.
Seño a y Animas.
Además, el sis ema de adminis ación con ibuía a la pe pe uación de
balances posi i os, a a és de la acumulación de los sob an es, lo que se
aduce, especialmen e en la segunda mi ad del siglo en un débil es ue zo
económico po pa e de los co ades60. Con olando el gas o, se log aba
man ene siemp e un emanen e e inc emen a lo p og esi amen e (el su
pe á i ebasó los 2.000 eales en 1807 y en 1809).
Ese saneamien o económico no implica au omá icamen e un auge de
la he mandad, sino únicamen e una cómoda labo de ges ión y una al a
de capacidad pa a inc emen a los ense es y ob as de a e o pa a do a a
las celeb aciones eligiosas de mayo pompa y solemnidad. Así, los años
en que la he mandad con ó con un núme o mayo de he manos (p ime
cua o del siglo), los balances son de ici a ios, lo que supone mayo es gas
os, algunos de ellos des inados a en iquece su pa imonio.
Conclusión: una co adía ce ada
Va iados ines se en ec uzan en la exis encia de las he mandades y co
adías; la de N a. S a. de Co adonga es un ejemplo de ello. ¿Po qué di e
encia en e ines explíci os e implíci os (la en es)?; ¿no se a a básica
men e de asociaciones de segla es o ien adas al cul o público y a la asis
encia bené ica? o ¿acaso es os “o os” ines añaden algo a la na u aleza de
ales asociaciones?
El ema es ha o complejo, la casuís ica eno me y la espues a p ecisa
análisis pa icula es. E iden emen e, si la na u aleza de odas las co adías
inie a de e minada po los ines explíci os, el mundo de esas co po acio
nes se ía muy homogéneo, y p obablemen e su núme o y a iedad bas an
e más limi ados. El mismo a án de las au o idades ci iles y eclesiás icas
po “ econduci ” el mundo de las co adías, po elimina de ellas adhe en
cias noci as, a án que se plasma en ei e adas quejas y a eces en a aques
i ulen os, pe mi e plan ea la hipó esis de que “algo” más que los ines ex
plíci os con igu aba su na u aleza.
La pe enencia a una u o a he mandad no e a un ac o an lib e como
pod ía supone se. En nume osos casos exis ían es icciones pa a la admi
60. Po ejemplo, en 1776 se ob enía un supe á i de 1.963 eales y 4 ma a edís. Según la
cos umb e de los mayo domos de enuncia a los bene icios de su eje cicio en a o de la co
adía, esa can idad se acumuló a los ing esos de 1777, de mane a que de un o al de ing esos
de 2.560 eales y 11 ma a edís en ese año, an sólo 597 eales y 7 ma a edís (es deci al ededo
de un 23%) ue on de nue a adquisición.
260 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
sión de he manos. Aún más, a lo la go de la Edad Mode na se obse a un
paula ino p oceso de “ce amien o”, como lo mues a la mul iplicidad de
mecanismos es ic i os, ales como la disuasión (bien po coacciones es a
blecidas po la Regla, po eque i amplia disponibilidad de iempo lib e o
po la necesidad de p esen a cie o ni el económico o cul u al), la selec
ción (median e in o maciones, p uebas, e c...), la exclusión (en unción de
la sang e o del s a us social) y la limi ación numé ica (o “nume as clausus”
de co ades)61.
Dichas medidas son emanación lógica de una sociedad que se en iende
es uc u ada en es amen os (sociedad ipa i a), g upos e indi iduos. El e
lie e social de és os se po encia, si no es que nace, median e la pe enencia
a un cue po o g upo. Es e concep o social, undamen al pa a en ende la
es uc u a del e ce es ado, ha sido poco es udiado, quizás po su gene ali
dad y a iedad, lo que ha ía necesa ias con inuas clasi icaciones y ma iza-
ciones. Sin emba go, su conside ación pa ece cla e pa a comp ende la so
ciedad del An iguo Régimen, así como los es ue zos pa a elimina u ho
mogeneiza ales g upos lo son pa a comp ende el ad enimien o de la so
ciedad libe al.
El é mino “co adía g upal” es una au ología o cuando menos una e
dundancia (ag upación de un g upo), aunque hay una e iden e di e encia
de ma iz, en a ención al g ado de o ganización. La co adía de es e ipo es
un ó gano p e ia ins i ucionalizado, que aglu ina a un g upo social con
una de inición no siemp e ní ida. Po eso, las co adías g emiales se consi
de a on po las au o idades como las más pe judiciales, pues o que en la
p ác ica enían a e o za la cohesión de un g upo ya ins i ucionalizado (el
g emio).
Aplicando como c i e ios la o ma de in eg ación (según pe enezcan
los asociados a la misma o dis in a ca ego ía social) y el modo de pe enen
cia (g ado de ape u a o exclusi ismo de la asociación), I. Mo eno ha es a
blecido, desde el ámbi o de la An opología, un modelo de clasi icación de
las co adías g upales, que con la debida p ecaución se puede e o ae en
61. Vid. po ex enso en CHAUCHADIS, C.: Op. ci ., pp. 83-105. Es os mecanismos es ic
i os no e an exclusi os de las co adías. Recué dese, po ejemplo, la p oli e ación de p uebas
de limpieza de sang e pa a el acceso a nume osos o ganismos eclesiás icos, ca gos adminis
a i os, cen os de enseñanza, e c... Un caso pa alelo al de las co adías es el de los g emios,
con mecanismos ales como el examen p e io, las p e e encias a los hijos de ag emiados, e in
cluso p uebas de limpieza de sang e y de o icios, cuya adopción no obedeció únicamen e “al
deseo de exclui a judeo-con e sos y mo iscos (bas an e di íciles de de ec a en el siglo XVIII)
sino que ue on u ilizados undamen almen e como un ins umen o pa a impedi la en ada
de nue as pe sonas en el g emio” (MOLAS RIBALTA, Pe é: “El exclusi ismo en los g emios
de la Co ona de A agón: limpieza de sang e y limpieza de o icios”, en Les socié és e mées..., op.
ci ., p. 78).
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 261
el iempo. Dis ingue las modalidades: e ical abie a (pa imoniales, de
soco os), ho izon al abie a (he mandad de clase), e ical ce ada (g e
mial) y ho izon al ce ada (é nica o nacional)62. Los es úl imos g upos
son los que nos in e esan po aho a.
En la Se illa de comienzos de la Mode nidad, po ejemplo, además de
las nume osas g emiales (sob e un 32% del o al), había ambién co adías
de hidalgos (N a. S a. de la Asunción, S. He menegildo, S a. Ma ía del
Pila ...), é nicas (N a. S a. de los Angeles, de neg os y mula os...) o de pe 
sonas p oceden es de un mismo luga (a agoneses con ad ocación del
Pila , ca alanes con í ulo de Mon se a , geno eses, e c...)63.
También en G anada abunda on. En e las g emiales y/o p o esionales
se encon a on las de al a is as, maes os zapa e os, zapa e os de iejo, pla
e os, me cade es de ope ía, de lino, de especias, palanquines, comedian
es, sas es, o cedo es de seda, abanique os, ca pin e os, lab ado es, es u
dian es, soldados de la Alhamb a, ciegos, esc ibanos, p ocu ado es de la
Chancille ía, ci ujanos y bo ica ios, e c.,. De clase (aunque no o almen e
ho izon ales) pueden conside a se las de Jesús Naza eno, Limpia y Pu a
Concepción, S ma. T inidad, Co pus Ch is i y Ca idad. Ca ác e é nico
(neg os) p esen an las de la Paciencia de C is o y San Beni o de Pale mo, y
ca ác e “nacional” las de S. An onio de Padua (po ugueses), S. Luis ( an
ceses) y N a. S a. de Co adonga (as u ianos y mon añeses)64.
La co adía g upal e ue za la cohesión de un g upo p eexis en e y, po
an o, acen úa la de ensa de sus in e eses. En el caso de la co a ia p o esio
nal esos in e eses son pa en es y se ci an an o en aspec os económicos
como de p es igio social. Po ejemplo, en 1733 la co adía de los coche os
de Se illa ob enía una ejecu o ia “decla ando la ap i ud de los hijos de co-
62. MORENO NAVARRO, I.: Op. ci ., pp. 42-55. La co adía nacional p esupone, pa a
Chauchadis, un ipo de exclusión po la sang e; además “il s’agi de mani es e l’honneu des
o igines géog aphiques sou en signi ié pa le choix du sain pa on”, cons i uyendo a eces
un mecanismo de cohesión en e a cie os sen imien os de xeno obia (CHAUCHADIS, C.:
Op. ci ., p. 95).
63. SANCHEZ HERRERO, José: “Las co adías se illanas. Los comienzos”, op. ci ., pp.
20-24.
64. Según se desp ende de las ci adas ob as de F ancisco Hen iquez de Jo que a y de
ay An onio de Lachica Bena ides. Las co adías de ex anje os e an muy ecuen es. En
Roma exis ía una de españoles bajo el í ulo de la Resu ección. En Mad id hubo de i alianos
(S. Ped o), po ugueses (S. An onio), lamencos (S. And és) y anceses (S. Luis), ci . en
RUMEU DE ARMAS, A.: Op. ci ., p. 205. En Cádiz, de geno eses (S a. Ma ía y S. Jo ge), la
mencos (S. And és), po ugueses (S. An onio) e i alianos (N a. S a. de Lo e o), según GAR-
MENDIA ARRUBARRENA, José: “La Co adía del S mo. C is o de la Humildad y Pacien
cia de los ascos en Cádiz de 1700 en adelan e”, en Bole ín de la Real Sociedad Bascongada de
los Amigos del País, 3-4, 1978, p. 376.