LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA,
DE ASTURIANOS Y MONTAÑESES, DE GRANADA
(1702-1810)*
MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
RESUMEN
La He mandad de Nues a Seño a de Co adonga, de na u ales de As u ias y la Mon aña,
cons i uye un ejemplo de co adía g upal con conno aciones sociales especí icas. Nació es a
he mandad a comienzos del siglo XVIII, época de cie a p esencia as u iana y cán ab a en
G anada. A lo la go del siglo, se con i ió en núcleo cohesionado de un educido núme o de
amilias, a la ez que gozaba de un saneamien o económico que e idencia su escasa ac i i
dad. T as es e p oceso de ago amien o, desapa eció en la época de la in asión ancesa. Su
exis encia es el es imonio de la olun ad asocia i a de pe sonas nacidas en una misma e
gión, que se aduce en una ó mula de amplio desa ollo en el siglo XVIII: la co adía
ce ada.
SUMMARY
The B o he hood o Ou Lady o Co adonga, whose membe s we e o iginally om As u
ias and La Mon aña (San ande ), cons i u es an example o a common b o he hood wi h
speci ic social conno a ions. This a e ni y was ounded in G anada a he beginning o he
18 h cen u y, a ime when he e was a conside able As u ian/Can ab ian popula ion in G a
nada. Th oughou he 18 h cen u y, his communi y became he cohesi e nucleus o a small
numbe o amilies; howe e , i s limi ed ac i i y e idences he B o he hood’s g owing lack o
economic esou ces. A e his pe iod o deple ion, he B o he hood disappea ed al oge he
du ing he F ench occupa ion o Spain. I s exis ence is none heless a es imony o he com
muni y spi i o pe sons bo n in he same egion, and exempli ies a social uni which would
de elop widely in he 18 h cen u y: he closed b o he hood.
En la elig esía de San a Ma ía Magdalena de G anada, “en lo mejo
de ella y más poblado po a e se aumen ado mucho aquella pa e y se au
men a cada día”1, se habían a ecindado nume osos cas ellanos, pues los
conquis ado es y epoblado es p e i ie on habi a en la llanu a, acen uan-
* El p esen e es udio es u o de la labo ealizada pa a la edacción del T abajo de Doc
o ado, p esen ado en 1990 bajo el í ulo de “Las Co adías de la Pa oquia de San a Ma ía
Magdalena de G anada en los siglos XVII y XVIII”.
1. HENRIQUEZ DE JORQUERA, F ancisco: Anales de G anada. Ed. de A. Ma ín
Oce e en 1934 (ed. acsímil en G anada, 1987), ol. I, p. 220.
Ch onica No a, 18 (1990) 237-266
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do el ca ác e c is iano de la “ciudad baja”, lo que con i man ambién los
ela os de iaje os ex anje os2.
En el siglo XVII, po ejemplo, la pa oquia abso bió el 15% de la inmi
g ación o al egis ada en la ciudad (ocupando el e ce luga en e las pa
oquias, as Las Angus ias y San Ilde onso), con un o al de 1.309 inmi
g ados, de las siguien es p ocedencias: 40,7% del es o de la p o incia de
G anada, 30,2% del es o de Andalucía, 21,6% del es o de las egiones es
pañolas y 7,5% del ex anje o3.
En esa época el ba io o ecía una cla a con igu ación en dos ámbi os:
el p ime o, de poblamien o más an iguo, colindan e a la plaza de Bib-
Rambla y con cen o en la calle de Mesones, p esen aba un azado u ba
no i egula con e lejo de la es uc u a g emial (calles con nomb es como
Bo e os, Cuchille os, Mon e e os), siendo el cen o económico del conjun
o; el segundo, a con inuación del an e io , desde al calle de Alhóndiga en
di ección a la Vega, de poblamien o más ecien e y con calles más anchas
azadas en cuad ícula, e a la zona de expansión, donde abundaban los
ho nos y los co ales. Hacia 1717 la elig esía con aba con 4.412 habi an es,
que aumen a on has a 4.913 en 1752, 5,047 en 1768 y 6.868 en 17874.
Desde el pun o de is a económico, el ba io se sus en aba sob e cua o
ejes: los p oduc os ex iles, especialmen e la seda, que se come cializaba en
la ce cana Alcaice ía; los almacenes de ma e ias p imas, como la made e
ía; las unciones de abas o de p oduc os comes ibles: alhóndigas, ca nice
ía y ma ade o, y las ocupaciones dedicadas a hospedaje y di e sión, pola
izadas en los mesones y abe nas, el co al de comedias y la Mancebía. De
los cua o pila es, los dos úl imos (abas o y hospedaje/di e sión) debie on
se los más impo an es.
La mo ilidad de dine o a o eció a las co adías. La de Nues a Seño a
y Animas, po ejemplo, solici aba en 1642 licencia pa a demanda de
noche, como ya hacía alguna o a, po que e a “de mucha edi icación,
exemplo y debocion... y en pa icula en la dicha pa ochia, donde (h)ay
muchos mesones donde los o as e os es án ecoxidos y, como se hallan
2. And és Na age o esc ibe en 1527 que “la pa e de la ciudad que es á en lo llano iene
buenas casas, y es donde habi an los españoles de a ios luga es, que han acudido allí des
pués de la conquis a”. An onio de Lalaing añade que los eyes “obliga on a los habi an es a
hace casas g andes, a la mane a de las casas de España” (en GARCIA MERCAD AL, José:
Viajes de ex anje os po España y Po ugal Mad id, 1952, ol. I. pp. 856 y 474, espec i amen e).
3. SANCHEZ-MONTES GONZALEZ, F ancisco: La población g anadina del siglo XVII.
G anada, 1989, pp. 128-150.
4. Según los da os censales elabo ados po SANZ SAMPELAYO, Juan: G anada en el
siglo XVIII G anada, 1980, p. 307.
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ue a de sus casas, haçen bien po las ánimas de pu ga o io dando limosna
pa a la mejo disposición de sus negocios y caminos”5.
Pa oquia y co adías
La Pa oquia de San a Ma ía Magdalena se cuen a en e el g upo de
las p ime as e igidas en la ciudad, el día 15 de oc ub e de 1501, po dec e o
del a zobispo de Se illa don Diego Hu ado de Mendoza. Se hallaba suje
a, como oda la Iglesia g anadina, al pa ona o eal, consag ado po las
bulas uDum ad illam idei” y “O odoxae idei” de 1486.
El dec e o ci ado es ablecía la do ación humana: “en la Iglesia pa o
quial de San a MARIA MAGDALENA de la dicha Ciudad, con la de S.
Láza o, que le es anexa, ins i uimos un Bene icio simple y una Sac is ía” 6.
Más a de se le asignó un cu a pá oco7. A inales del siglo XVIII, el cu a
o enía una en a de 4.375 eales y los bene icios de. 5.415 eales cada uno,
po lo que el a zobispo Jo ge y Galbán decidió uni a las en as del cu a o
las del p ime bene icio que quedase acan e8. La do ación pa oquial se
inc emen ó con la exis encia de “ enien es” y de a iados o icios subal e
nos en el siglo XVIII.
Al pá oco co espondían las a eas p opias de la “cu a de almas”, es
deci , asis i a la iglesia pa oquial, adminis a los sac amen os (sob e
odo con esión y euca is ía), p eocupa se de la mo alidad y de las necesi
dades de sus elig eses y, an e odo, deci misa odos los domingos9. A los
bene iciados co espondía la a ención a las co adías ( a ea encomendada
5. En A( chi o) E(clesiás ico de la) C(u ia de) G( anada), leg. 16 F(A), pza. 3(2),
ol. 4.
6. En E ección de la Iglesia Me opoli ana de la Ciudad de G anada... G anada, 1803,
p. 40.
7. En un in o me de 1757 se daba cuen a de dicho aumen o: “en las —pa oquias— de
San Ma ías, San a Ma ía Magdalena, San And és, San Jus o, San iago, San a Ana, y San Ilde
onso, puso el E ec o un bene icio, y al p esen e ienen dos, sin a e se podido a e igua ,
quien aumen ó es os sie e bene icios, ni pa a que si en” (en A( chi o de la) Qa ed al de)
G( anada), lib. 81, pza. 9).
8. “Plan y dec e o... pa a la do ación y e ección de los Cu a os de su A zobispado...”,
con echa de 10 de mayo de 1787, p. 11 (en A( chi o de la) P(a oquia de S a. Ma ía) Magda
lena), Caja 63). Se ei e aban además las unciones del cu a, o aleciendo su p imacía sob e
los bene iciados.
9. MORGADO GARCIA A u o: Iglesia y Sociedad en el Cádiz del siglo XVIII Cádiz,
1989, p. 131. En ealidad, la enseñanza de la doc ina e a la obligación p incipal de los pá o
cos, según los dec e os en inos, las cons i uciones sinodales, la bula “Apos olici minis e »”
y, en gene al, el de echo posi i o (MESTRE SANCHIS, An onio: “Religión y cul u a en el
siglo XVIII español”, en el ol. IV de GARCIA VILLOSLADA, R. (d o .): His o ia de la Iglesia
en España. Mad id, 1979, p. 628).
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po lo gene al al de mayo an igüedad), así como el cumplimien o de me
mo ias, undaciones y capellanías.
El emplo se le an ó sob e una e mi a ya exis en e; ue ampliado a pa
i de 1508; y p o undamen e emodelado desde 1626. La pa oquia se as
ladó inalmen e a la iglesia del con en o de las Agus inas en 1843.
El p imi i o sola ue p ecisamen e la e mi a cons uida po los mon a
ñeses, “en los mismos iempos que se ganó es a Cuidad”, con el í ulo de
Nues a Seño a y San Roque10. Los as u ianos (el colec i o se designa in
dis in amen e como as u ianos o como mon añeses), in eg ados en una pu
jan e co adía, emp endie on las ob as, que u ie on luga en e 1508 y
152011. La emodelación de ini i a, po el con a io, signi icó la imposi
ción de la es uc u a pa oquial sob e el “pa onazgo” de los as u ianos,
as un la go li igio cuyo esul ado ue que “la au o idad eclesiás ica dispu
so que la pa oquia uese pa a odos los habi an es de la collación”12
El i mo de la ida co idiana de la ciudad se de inía en g an medida
po la ies a. El núme o de es i idades e a conside ablemen e ele ado, si
uándose en o no a los 90 días (incluyendo los domingos). Si a ello se
unen las celeb aciones ex ao dina ias, como oga i as, es ejos públicos,
e c... nos encon amos con una ex ensión de la ies a “que amenazaba con
el abandono de las más u gen es e imp escindibles obligaciones públi
cas”13. Las co adías y he mandades del ba io ue on ambién p o ago
nis as de las es i idades eligiosas.
¿Cuán as co adías hubo en la iglesia de La Magdalena? Hen íquez de
Jo que a (a mediados del siglo XVII) si úa en el emplo pa oquial es he
mandades “bien se bidas: la co adía del San ísimo Sac amen o y ánimas
del Pu ga o io y la g andiosa escla i ud y la de nues a Seño a de la Can
dela ia”14. El Pad e Lachica menciona pa a su época (1764) un o al de
cua o: la He mandad de Ánimas Bendi as, la del S mo. C is o de la Salud,
la del San ísimo Sac amen o y la de Nues a Seño a de Co adonga15.
La documen ación de a chi o pe mi e p ecisa con mayo exac i ud:
cua o co adías pa a el siglo XVII (añadiendo a las ci adas la Conco dia
de la Na i idad de N a. Seño a) y un núme o muy supe io , en e cinco y
10. LACHICA BENAVIDES, F ay An onio de: Gaze illa cu iosa o Semane o g anadino,
papel XXXII (12-XI-1764), hoj. 1 a.
11. GALLEGO BURIN, An onio: G anada. Guía a ís ica e his ó ica de la ciudad. G ana
da, 1982, p. 206.
12. LAPRESA MOLINA, Eladio de: “El ba io de la Magdalena. Sede de la Facul ad de
Filoso ía y Le as de la Uni e sidad de G anada”, en Miscelánea de Es udios dedicados al P o e
so An onio Ma ín Oce e, G anada, 1974, ol. I. p. 427.
13. MARAVALL, José An onio: La cul u a del Ba oco. Ba celona, 1981 (2.a ed.), p. 487.
14. HENRIQUEZ DE JORQUERA, F.: Op. ci ., ol. I, p. 220.
15. LACHICA BENAVIDES, F . A. de: Op. ci .. Papeles IX, X, XV y XXXII.
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ocho según las épocas, pa a el XVIII (conside ando las del S mo. C is o de
la Espe anza, N a. S a. de la Candela ia, N a. S a. de la Concepción y Es
cla i ud del San ísimo, no mencionadas po Lachica)16.
En gene al, las co adías es ablecidas en emplos pa oquiales conocie
on un g an auge en el siglo XVIII, cuando la polí ica eclesiás ica de los
Bo bones omen ó el desa ollo de la ins i ución pa oquial en de imen o
del peso de los egula es. En la pa oquia de San a Ma ía Magdalena se
unda on cinco nue as he mandades en esa cen u ia.
Pe du a po en onces la co adía ba oca, dedicada p incipalmen e a la
celeb ación "p ocesional, es i a y has a iun al, en la que se ienen en
cuen a casi exclusi amen e los aspec os ex e nos y o males, an o en las
imágenes y sus ade ezos, como en los co ades”17. La ex e io ización del
cul o público alcanza po en onces su culmen.
Pe o la co adía había en ado en un p oceso de desna u alización o
incluso de especialización. Mien as la he mandad de soco os se olcaba
en el plano asis encial p eludiando el mu ualismo y las p ác icas de las
compañías de segu os, la co adía gene al o “popula ” conocía una deca
dencia p og esi a, has a el pun o de que en muchos luga es “se había
ans o mado en asociación es i a, que escondía bajo la apa iencia eli
giosa el e dade o mó il que eunía a los co ades, que e a una semi a e -
nidad pagana de banque es y libaciones so colo de ies as y ome ías”18.
Las medidas de con ol se inc emen a on po pa e de la adminis a
ción eal, a la ez que desplegaba un p og ama de asis encia y bene icen
cia públicas, capaz de supe a la a omización exis en e. En el equipo e o
mis a del einado de Ca los III puede as ea se una ac i ud en g an medi
da hos il (especialmen e po pa e de A anda y Campomanes). Po inicia i
a del Consejo de Cas illa se elabo ó un abul ado expedien e sob e las co
adías del eino, as lo cual se sup imie on muchas, de mane a especial
las g emiales. Los a gumen os ideológicos es aban expues os, sólo al aba
un b azo ejecu o y és e apa eció en la coyun u a de inal del siglo y co
mienzo del siguien e: más mode ado p ime o, como ue la polí ica iscal
del P íncipe de la Paz, y más in lexible después, como ocu ió con las con
iscaciones de bienes po las au o idades napoleónicas.
En la isi a a la pa oquia de 1812, ealizada po el gobe nado ecle
16. Según cons a en el “Lib o de dec e os de isi as” de la pa oquia, en A. P.
Mag., Caja 45.
17. SANCHEZ HERRERO, José: “Las co adías de Semana San a de Se illa du an e la
Mode nidad. Siglos XV a XVII”, en VV. AA.: Las co adías de Se illa en la Mode nidad. Se illa,
1988, p. 95.
18. Así, al menos, lo denuncia on los ilus ados. Rumeu de A mas concluye con un con
unden e: “es e es un hecho eal e ineludible” (RUMEU DE ARMAS, An onio: His o ia de la
p e isión social en España. Ba celona, 1981 (1.a ed. en 1944), p. 388).
242 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
siás ico don Pablo de Andey o y Aldao, no se encon ó ningún lib o de
he mandades, “po es a odas sup imidas”. La cen u ia decimonónica
se á es igo de un nue o esu gi , pe o ya sob e bases y p esupues os di e
en es.
O igen y e olución de la co adía. Ca ac e ización ipológica
Once co adías en o al se con abilizan du an e la Edad Mode na en la
pa oquia de La Magdalena. En e ellas se es ablece un p oceso de con i
nuidad a pa i de un núcleo común. Nos e e imos a la más an igua de
odas: la de Nues a Seño a y San Roque. En la segunda mi ad del siglo
XVI se con i ió en la de N a. S a. de la Pu i icación y Animas del Pu ga
o io, es ando muy ligada a la del San ísimo Sac amen o. Sucumbió a ina
les del siglo XVII, con una escisión que dio o igen a dos nue as co adías:
la de N a. S a. de Co adonga y la de Animas del Pu ga o io. Miemb os de
és a, inalmen e, da ían o igen a la Escla i ud del San ísimo a ines del
siglo XVIII.
La He mandad de N a. Seño a y San Roque es el núcleo o igina io de la
He mandad de Co adonga. “En los mismos iempos que se ganó es a Ciu
dad —nos ela a el Pad e Lachica—, muchos de sus poblado es de nación
“Mon añeses”, e igie on en el si io donde es á hoi la Pa oquia una He mi-
a, donde es ablecie on una He mandad, omando po Abogados a N a.
S a. y a San Roque”19.
En 1567, según el mismo au o , pe ecciona on la he mandad “y die-
onla el í ulo de Pu i icación, y Animas del Pu ga o io, dandola nue as, y
a egladas Cons i uciones”. La pos ación de la p imi i a he mandad debe
elaciona se con el es ablecimien o de la iglesia pa oquial en la e mi a
undada po los mon añeses y con la dispu a subsiguien e sob e la i ula i
dad o pa ona o de la misma, de la que salió encedo a la pa oquia. Po
o o lado, la He mandad de la Pu i icación y Animas con ó no solamen e con
miemb os mon añeses, sino ambién con abajado es de la Plaza Bib-
Rambla y de las Alhóndigas Zaida y de G anos. Tenía al a (que después
pasó a la He mandad de Co adonga) en el cola e al del E angelio de la
iglesia pa oquial, con un e ablo adqui ido en 1665, que p esidía la ima
gen i ula de la Vi gen con el Niño y ema aba un lienzo de C is o C uci i
cado.
En el seno de es a co adía se pe ila on dos sec o es. Uno de ellos (¿los
abajado es?) pa ece aboga po el cul o a las Animas del Pu ga o io,
19. LACHICA BENAVIDES, F . A. de: Op. ci ., Papel XXXII, hoj. 1 a.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 243
cuyas demandas epo aban g andes bene icios, a la ez que p e endía de
sen ende se de un plei o (con a la He mandad de la Candela ia), an
la go como cos oso, cuyos esul ados son e iden emen e des a o ables
pa a la he mandad. El o o, in eg ado po los mon añeses, cada ez con
mayo au onomía, no pa ece dispues o a declina sus de echos, a la ez
que exige una posición de p eeminencia, po su an igüedad.
La si uación desembocó en up u a hacia 169920. Desde ese momen o,
la He mandad de Nues a Seño a y Animas deja de exis i , dando paso a
dos nue as he mandades: la de Animas y la de N a. Seño a de Co adonga.
La apa ición de és a debe elaciona se con la impo an e p esencia de pe
sonas o iundas de As u ias y Can ab ia en la G anada del siglo XVIII,
muy supe io a la es imada en el siglo an e io . Sanz Sampelayo cons a a,
a a és de las ac as de desposo ios de los egis os pa oquiales, la p esen
cia de un o al de 315 as u ianos y 49 mon añeses en G anada du an e odo
el siglo21.
Sepa ados ya de la he mandad ma iz, “a 24 de eb e o de 1702 aco da
on los Mon añeses hace Cong egación apa e, en la que log a on se les
diesse la p eeminencia de se la p ime a He mandad de es a Pa oquia”22
Así cons a del p ime cabildo celeb ado en la ci ada echa, en el que se ob
se a el deseo de con inuidad con la he mandad an e io , po lo que la
nue a se es ablece “baxo de las Cons i uciones que ienen del í ulo de
Candela ia, obse ándose en odo según y como en ella se decla a y especi
ica, sin ignoba en ninguno de sus capí ulos en odo ni en pa e”, y p e en
de dis u a de “las (h)on as, g acias, an igüedad, asien os y odo lo demás
que (h)an gozado de iempo inmemo ial a es a pa e con el í ulo de Can
dela ia, sin pe mi i que ninguna o a (h)e mandad que después de las di
chas Cons i uciones se (h)ubie e undado en es a iglesia le p esidan ni em-
ba azen de mane a alguna”23.
Des aca es a he mandad po su ca ác e “nacional”, que se obse a
an o en la p ocedencia de sus co ades cuan o en la ad ocación i ula ,
espec o a la que hace Lachica la siguien e e lexión: “más ellos aco dán
dose de su Pa ia, y de que ue la Res au ado a de España N a. S a. de Co
adonga, le quisie on da aquel í ulo, pa a digna memo ia de la milag osa
20. Según ALVAREZ, Tomás A.: Excelencias de G anada..., 1787 (ms.), p. 270.
21. SANZ SAMPELAYO, J.: Op. ci ., p. 408. Se ca ece de da os ela i os a su
dis ibución pa oquial.
22. LACHICA BENAVIDES, F . A. de: Op. ci ., Papel XXXII, hoj. 1 a.
23. En el Lib o de Cabildos (1702-1820), en A. P. Mag., Caja 48. En algunos cabildos
(como los de 1723 y 1725) incluso apa ece el í ulo de “Nues a Seño a de Co adonga y Ani
mas Bendi as”, e o zando la con inuidad en e a posibles aspi aciones de la He mandad de
Animas. Pe o sob e odo p e endía impone se a la He mandad de la Candela ia.
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Ba alla, que en el Valle de Cangas log ó la Ch is iandad Española de las
Lunas Mahome anas”24.
Una economía desahogada les pe mi ió adqui i ense es y obje os de
cul o (cañones de pla a en 1723, c uz pa a el es anda e en 1724, paño de
sob emesa en 1745...). En 1743 esuci a el plei o con la he mandad de la
Candela ia. La dispu a concluyó con una esc i u a de conco dia, sanciona
da po au o del p o iso don José Agus ín de U ia e con echa de 20 de
no iemb e de 1744. Según ella, de las cua o es i idades sob e las que se
discu ía la p eeminencia de una u o a co adía, a los mon añeses co es
ponde ía la p ecedencia en las “ unciones de ceniza, oma de palmas y
p ocesión de ellas”25.
Po los lib os de la he mandad conocemos las isi as ealizadas, que, a
pa i de 1730, son las siguien es: 1736, 1744, 1751, 1761, 1763, 1764, 1776,
1784, 1787 y 1790, lo que pe mi e a isba la impo ancia de es e mecanismo
de con ol26. Du an e la p ime a mi ad de la cen u ia el núme o de he ma
nos c eció paula inamen e, aunque la he mandad a a esó momen os in
cie os, como lo a es igua la ausencia de cabildos en 1707-1709, 1711, 1713-
1715 y 1717.
En la segunda mi ad del siglo, la educida asis encia a los cabildos y los
escasos y es ables gas os, dejan en e e una ida lánguida, en pa e po el
co o núme o de he manos. En 1790 el Visi ado don An onio Muñoz
Pa ón animaba a los co ades, esal ando “el mucho celo que se mani ies a
en es os e ien es de o os”. Más a de, los acon ecimien os de 1810 la
a as a on consigo, como a las o as de la pa oquia. En 1813 sólo queda
ban doce co ades (dos de ellos muje es). El úl imo cabildo, con asis encia
de diez pe sonas, u o luga el 1 de no iemb e de 1820, con la in ención de
“ es ablece dicha (h)e mandad, que desde el año 1813 quedó uynada
(h)as a el p esen e”. El in en o ue e íme o y la co adía desapa eció
de ini i amen e.
Las co adías son ins i uciones in eg adas po laicos, suje as a la au o i
dad del o dina io (en i ud de su ap obación), au o idad e o zada po el
Concilio de T en o, una ez supe adas las abas que la ju isdicción epis
copal encon aba en la au onomía de cabildos, comunidades y asociacio-
24. LACHICA BENAVIDES, F . A. de: Op. ci ., Papel XXXII, hoj. 1 a. Con inúa ela
cionando As u ias con G anada, como p incipio y in de la emp esa es au ado a, po lo que
“ ue un se io, y juicioso acue do el ha e le dado a es a Seño a aquel í ulo”.
25. En A. P. Mag., Caja 48. La Candela ia la p ecede ía en la ies a de la Pu i icación y
en la ado ación de la C uz el Vie nes San o.
26. P ecisamen e las “inspecciones ocasionales po pa e de las au o idades ci iles y eli
giosas” me maban la au onomía de las co adías, que “no e an, en p ime a ins ancia, ins i u
ciones eclesiás icas”, según CALLAHAN, William J.: Iglesia, pode y sociedad en España. Ma
d id, 1989, p. 64.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 245
nés27. La de Co adonga ue ap obada po el a zobispo don Ma ín
de Asca go a.
Sánchez He e o ha de inido la co adía como “una asociación de pe
sonas, homb es y muje es, pe enecien es o no a una misma p o esión, g e
mio o es amen o social, en núme o mayo o meno , aunque gene almen e
limi ado, que se unen mo idas po di e en es causas o ines: piadosos, be
né icos, p o esionales, sociales, ec ea i os, polí icos, e c..., bajo la ad oca
ción de o cul o a un san o pa ón o p o ec o , no necesa iamen e con es a
u os, con o sin la ap obación o is o bueno eal o episcopal”28. El cul o
público y la ayuda mu ua son sus ca ac e ís icas dis in i as.
A endiendo a la p ime a, la He mandad de Co adonga es una co adía
ma iana, obse ándose en la ayec o ia p e ia a su undación una paula i
na pos e gación de la ad ocación de san o (S. Roque) y de ánimas, que ha
bían cen ado ambién la de oción del colec i o de as u ianos y mon añe
ses. Desde el pun o de is a de la p e isión social, Rumeu de A mas dis in
gue dos ó mulas: la co adía eligioso-bené ica (de o igen medie al), que
puede se a su ez gene al, p o esional, g emial..., y la he mandad de soco
os (con mecanismos mu uales a anzados), que ambién admi e esas sub
ca ego ias29. La que nos ocupa es del p ime ipo. El mismo au o cons a ó
la exis encia de co adías ca ac e izadas po ac o es ex ínsecos a su na u
aleza (é nicas, de na u ales, de ex anje os...), en los que ha p o undizado
más ecien emen e la An opología. La He mandad de Co adonga, al
compone se de pe sonas de una misma p ocedencia, es una co adía
g upal.
La Regla: o ganización y uncionamien o de la He mandad
El alo de la Regla es undamen al, pues, además de da a conoce la
na u aleza p opia de cada he mandad, diseña un modelo de unciona
mien o, p oponiendo incluso pau as de compo amien o pe sonal a sus co
ades30. Aunque se a a de un ex o legal, sin emba go su cumplimien o
27. SANCHEZ DE LAMADRID, R.: “El de echo iden ino”, en VV. AA.: El Concilio de
T en o. Exposiciones e In es igaciones. Mad id, 1945, p. 235.
28. SANCHEZ HERRERO, José: “Las co adías se illanas. Los comienzos”, en VV. AA.:
Las co adías de Se illa. His o ia, an opología, a e. Se illa, 1985, p. 10.
29. RUMEU DE ARMAS, A: Op. ci ., pp. 204-206. Clasi icación elabo ada conc e amen
e pa a los siglos XVI y XVII.
30. La Regla u ilizada es la de la He mandad de N a. S a. de la Pu i icación y Animas
del Pu ga o io, ap obada o igina iamen e el 16 de diciemb e de 1566 y con pos e io idad en
1643 y en 1657 ( id. su Lib o de Reglas en A P. Mag., Caja 92, y un aslado echado en 1673
en A E. C. G., leg. 15F, pza. 2(3)). En el cabildo undacional de la He mandad de Co adonga,
como ya se indicó, se aco dó adop a dicha Regla.
252 MIGUEL LUIS LOPEZ MUNOZ
se a en las unciones de la Pu i icación de Ma ía, Mié coles de Ceniza,
Domingo de Ramos y Vie nes San o, unciones li ú gicas en las que los lai
cos jugaban cie o p o agonismo en las ce emonias de las candelas, impo
sición de la ceniza, p ocesión de palmas y amos y ado ación de la C uz,
espec i amen e. En o no a es a concu encia se susci ó el plei o de 1743.
Había ambién celeb aciones ex ao dina ias, como la acaecida en
1740 en hono de la imagen de N a. Seño a de Co adonga, asladada a la
iglesia as su es au ación, po inicia i a del mayo domo José Na io. Ade
más ealizaban cie as p ác icas de ocionales, especialmen e la o ación,
que e a p omo ida en dis in as ci cuns ancias, como en la elección (“nie
guen odos a N a. Seño a les dé g acia y encamine y ponga en la olun ad
a quién (h)an de da el ca go de He mano Mayo ”).
En elación con la asis encia al he mano en sus necesidades, “las co a
días ecogie on un espí i u c is iano de he mandad y solida idad mu ua y
log a on plasma lo de una o ma cla a y sencilla”42. Los lazos de solida i
dad que se buscan en es as y en o as asociaciones se explican en un socie
dad ma cada po la p eca iedad de la exis encia, suje a al i mo que impo
nían las c isis de subsis encia, las gue as y las epidemias43, y po la insu i
ciencia y a omización de la es uc u a hospi ala ia y de las medidas sani a
ias en gene al44
Las acciones asis enciales que o ece a los he manos la co adía
eligioso-bené ica p esen an un al o g ado de inde inición. La asis encia se
p es a a eno de las necesidades, sin una eglamen ación p e ia y exhaus
i a, siendo ecibida “más a í ulo de g acia que de de echo pleno, y siemp e
supedi ado a la pob eza del co ade... sin cuan ía ija o de e minada”45. Se
42. GARRIDO AGUILERA, Juan Ca los: Religiosidad popula en Jaén du an e los siglos
XV y XVI. Las co adías. Jaén, 1987, p. 81.
43. La pob eza eal e a g ande, pe o la pob eza po encial a ec aba a un núme o mucho
mayo de pe sonas, pues o que “cualquie caso que a ec e al no mal desen ol imien o de la
misma — ida—, amenaza con hace le aspasa el umb al de la pob eza y cae en la indigen
cia” (LOPEZ ALONSO, Ca men: “La acción social medie al como p eceden e”, en VV.AA:
De la bene icencia al bienes a social Cua o siglos de acción social Mad id, 1988. pp. 47-48).
44. “La elación o e a-demanda asis encial —esc ibe J. I. Ca mona en elación a la Se i
lla de inales del siglo XVI— se hallaba desequilib ada cla amen e en con a de aquellos que
necesi aban hospi alidad y cuidados sani a ios, de lo que enía a signi ica una ela i a ine i
cacia del sis ema de bene icencia pública impe an e” (CARMONA GARCIA, Juan L: El sis e
ma de la hospi alidad pública en la Se illa del An iguo Régimen. Se illa, 1979, p. 163). Además,
las condiciones de los hospi ales y cen os simila es no e an nada sa is ac o ias, p oduciendo
pa o a g an pa e de la población, siendo ecuen e “el miedo al hospi al como luga donde
se iba a mo i ” (SANZ SAMPELAYO, J.: Op. ci ., p. 192). En el siglo XVIII, los hospi ales, y
sob e odo los hospicios, ac úan en la on e a en e la ayuda al necesi ado y la eclusión ca
cela ia ( id. En TRINIDAD FERNANDEZ, Ped o: “Asis encia y p e isión social en el siglo
XVIII”, en VV. AA.: De la bene icencia..., op. ci ., p. 93).
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 253
dis inguen di e sos ipos de “auxilios”: en e medad, acciden e, in alidez y
ejez, pa o, mue e, supe i encia ( iudas y hué anos), e c...
El disposi i o asis encial es b e e en la he mandad que nos ocupa. El
auxilio de en e medad se educía a la compañía del he mano en e mo: “si
algún he mano es ubie e en e mo y llega e a el a ículo de la mue e, el
he mano mayo que ue e nomb e a dos he manos pa a que asis an allí y
le ele(n). Y es os se puedan emuda has a que Dios disponga del dicho
en e mo o le conozca mejo ía”46.
Mayo ascendencia enía la ac i ud an e la ealidad angus iosa de la
mue e, que cons i uye el pun o nuclea de la eligiosidad en la Edad Mo
de na. La obsesión ba oca po el más allá encuen a una pe ec a exp e
sión en el i ual une a io. La asis encia al he mano di un o cons i uye una
ob a de mise ico dia que asumen los co ades en dos e ien es: asegu a
un en ie o digno y o ece misas y o aciones en su agio de su alma. Pa a
Sánchez López, es “la máxima de las sie e ob as de mise ico dia de inidas
po el c edo iden ino, eco dándonos que las undaciones de He manda
des y Hospi ales de la Ca idad po oda Andalucía se debie on, en e o os
ines piadosos, a es a subs ancial concepción de la p esencia eal de la
mue e en las conciencias”47.
Mue e y sepul u a se odeaban de un complejo i ual, que comp endía
la mo aja, el ela o io, el doble de las campanas, la conducción del cadá
e y su acompañamien o, la unción eligiosa, la sepul u a y los ciclos de
misas. Las co adías ue on p o agonis as de ese i ual, asegu ando un en
ie o digno a los he manos con meno capacidad económica y o eciendo
misas y plega ias po su alma.
La Regla es ablece las siguien es a enciones: misa can ada, en ie o, no
ena io y cua o misas de ánimas. A p incipios del siglo XIX la He man
dad de Co adonga o ecía a sus co ades la mo aja (po alo de 4 eales),
una misa can ada (6 eales), un no ena io (36 eales) y el pago de los de e
chos de colec u ía (5 eales), desembolsando en cada en ie o la can idad
de 51 eales48.
Se con emplan cie as ci cuns ancias especiales. La Regla es ablece los
45. RUMEU DE ARMAS, A: Op. ci ., p. 127.
46. En el capí ulo 12 de la Regla (A. P. Mag., Caja 92).
47. SANCHEZ LOPEZ, Juan An onio: Mue e y Co adías de Pasión en la Málaga del siglo
XVIII. Málaga, 1990, p. 106. El au o habla de las co adías como ins i uciones ga an izado as
del “ ánsi o al más allá”. Un ejemplo de esa ac i ud es la g anadina Co adía del S mo. Cue
po de C is o y Mise ico dia (Hospi al del Co pus Ch is i), des inada a acompaña “a los ajus
iciados y los en ie a y ansi mesmo haçe el domingo de Láza o una solenisima p ocesión o
en ie o a los que (h)an hecho qua os o (h)an asae eado, cuyas caxas lle a la mayo nobleza
y ca alle ía de G anada” (HENRIQUEZ DE JORQUERA, F., Op. ci ., ol. I. p. 258).
48. Según el cabildo de 8 de sep iemb e de 1807, en A P. Mag., Caja 48.
254 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
mismos bene icios pa a los he manos que mue an en un hospi al. En
cuan o a los co ades ausen es, caso bas an e común en es a he mandad,
gozaban de los mismos su agios, siemp e que u ie an una an igüedad
mínima de es años en la co adía. La asis encia une a ia es ex ensi a a
la muje del co ade, con la condición de que és e haga dos demandas (en
luga de una) o, en su de ec o, pague es lib as de ce a.
Algunas eces los su agios de i an de una ac i ud de co esía. La con
co dia en e las he mandades de la Candela ia y Co adonga en 1744 con
emplaba es a medida de buena olun ad: “se (h)aya de celeb a una misa
ezada po cada uno de los he manos que allezcan de la de N a. Seño a
de la Candela ia po la de Co adonga en su al a y capilla, y igualmen e
po el con a io”49. La mue e adquie e, en de ini i a, la doble dimensión
de i o eligioso y ac( o de solida idad.
Los co ades: núme o y obligaciones
El núme o de co ades e olucionó con el paso del iempo, ad i iéndose
en los p ime os años una endencia ascenden e. Al p ime cabildo asis ie
on 31 pe sonas (10 con ocan es y 21 nue os he manos)50. Hacia 1723
e an ya 57 los miemb os, pasando a 50 en 1729 y a sólo 41 en 174951. La
asis encia a los cabildos, ya compu ada, no es a menudo signi ica i a del
núme o de he manos. Al cabildo ex ao dina io de elección (po mue e
del mayo domo) celeb ado en no iemb e de 1723 asi ie on 18 he manos y
33 al de 1729, es deci , espec i amen e el 31,5% y el 66% de los
he manos 52.
El ing eso en la co adía e a olun a io y no se encon aba al p incipio
suje o a equisi os (sal o el luga de p ocedencia). En cabildo celeb ado en
1748 se aco dó, sin emba go, no admi i ningún he mano sin acue do de la
49. En A. P. Mag., Caja 48. Con es a conco dia concluyó el plei o.
50. Los con ocan es (es o es, los undado es), odos co ades de la He mandad de N a.
Seño a y Animas, ue on: Domingo Fe nández, F ancisco Ga cía, Domingo de Mie , Cosme
González, Ped o Con ado, Juan de O e o, Juan de Hue as, Ped o Posadas, F ancisco Fe
nández y Cosme Ga cía (en A. P. Mag., Caja 48).
51. En A. P. Mag., Cajas 88 y 48. Las ci as globales pueden esul a engañosas si no se
conside a la g an mo ilidad de es e colec i o. De los 57 he manos de 1723, 8 habían allecido
y o os 17 se encon aban ausen es dos años más a de.
52. En las he mandades ce adas como és a, el índice de asis encia suele se ela i amen
e al o, pues o que el o al de co ades es a eces muy limi ado. El al o po cen aje de asis encia
en el cabildo de 1729, sin emba go, no pa ece usual, en pa e po que no ue un simple cabildo
de elecciones, ya que se oma on impo an es medidas en elación con las demandas y los su
agios pa a los he manos di un os.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 255
he mandad o de la mayo pa e de sus miemb os. En el ing eso in e ienen
mó iles di e sos: ines espi i uales y ma e iales, cohesión social..., así como
la adición, he edada de pad es a hijos53. También las muje es o maban
pa e de la he mandad, asis iendo a las unciones eligiosas, pe o nunca a
los cabildos. La sociabilidad que p omue en las co adías es inequí oca
men e masculina, pudiéndose aplica el concep o an opológico de “clubs
de a ones”54.
Las obligaciones de los co ades son asumidas lib emen e. El he mano
se obliga a su cumplimien o, pa a lo que se es ablecen los pe inen es me
dios coac i os. Las obligaciones pueden ag upa se en p elimina es o ini
ciales, espi i uales o mo ales, de asis encia pe sonal y económicas.
Las obligaciones p elimina es son inhe en es a la pe enencia a la he
mandad y pueden sob een ende se ácilmen e: conoce y gua da la Regla,
como guía de las ac uaciones de la he mandad, y di e sas cues iones
de p ocedimien o.
Las obligaciones mo ales emanan de la misma na u aleza de la co adía.
Con ellas se pe seguía mejo a la mo alidad de los he manos y se p opo
nían, con mayo o meno in ensidad, cie as p ác icas piadosas y espi i ua
les. En la Regla se es ablecen algunas: no hace ju amen os en ano (“nin
gún he mano ju e, en men i a ni en e dad —se lee en el cap. 9—, si posi
ble uese, y el que dije e ju o a Dios o a San a Ma ía o qualquie san o o
san a ociosamen e, sin se le pedido, sea obligado a haze una c uz en el
suelo y hinca se de odillas y besa la ie a y la c uz”), o posee bula pa a
oi misa en odo momen o (ya que, según el cap. 4, “po nues os pecados
suele (h)abe muchas eces en edicho y o os impedimen os ales”).
En cuan o a la asis encia a ac os o ganizados po la he mandad, se obli
ga a odos a asis i (sal o a aquellos ac os de pa icipación es ingida ya
ci ados) a: unciones eligiosas, en especial la ies a p incipal, pe o am
bién las demás celeb aciones e incluso la misa dominical55; en ie os y
hon as úneb es de los he manos allecidos, y cabildos y jun as gene ales.
F en e a la, a eces limi ada, asis encia a los cabildos, en las g andes ce
leb aciones eligiosas pa icipaba, jun o a la he mandad, g an pa e de la
elig esía, al adqui i las unciones cie o ca ác e pa oquial. La asis encia
53. La ac i idad labo al cons i uyó una es icción en la He mandad de N a. Seño a y
Animas: “ningún he mano mayo que ue e no pueda admi i po co ade a ningún he mano
que no sea de nues o abajo, po quan o somos pob es y pob es con pob es nos abenimos
bien” (cap. 10 de su Regla).
54. MORENO NAVARRO, I.: Op. ci ., p. 32.
55. “Todos los he manos engan obligación odos los domingos del año a acudi po la
mañana a la Iglesia de la Magdalena a oy una missa ezada... po las ánimas de pu ga o io”
(Regla, cap. 3).
256 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
a las hon as úneb es de los he manos debió se ambién des acada, pues
la solida idad an e la mue e cons i uye un mó il de mucho peso en e los
co ades. De odas o mas, en la p ác ica exis ían he manos cuya única
inculación a la co adía e a la sa is acción de las obligaciones económi
cas, en pa e po in e e i los ac os de la he mandad con sus ocupaciones
labo ales.
El cumplimien o de las obligaciones económicas es p imo dial pa a la
pe i encia de la co adía. Es a p ecisa unos ing esos su icien es, que de
pende án de la diligencia de los ca gos di ec i os y del es ue zo pe sonal
de cada uno de los co ades. Se obse an dos o mas p incipales de con i
bución económica: una di ec a, el pago de cuo as, bien sea en concep o de
en ada o como cuo a o dina ia; o a indi ec a, la demanda, que se con i
ió en la p incipal uen e de ing esos, si no la única.
E a obligación de odos los he manos “ eze i de buena bolun ad la
caja de dicha He mandad, que se en iende de la demanda, sin da escusa
pa a ello, pa a que aya en aumen o an san a ob a” al menos una ez al
año. La demanda se ealizaba gene almen e los días es i os, bien en la
iglesia o bien po las calles de la elig esía. Fue on ecuen es las dispu as
po el luga de colocación de las demandas. La obligación de demanda
e a a menudo incumplida, como lo mues an las disposiciones de los ca
bildos de 1726, 1729 y 1748, en los que se ijó una mul a de 16 eales y dos
lib as de ce a.
Esa obligación de los co ades se co esponde ambién con una ob a de
mise ico dia de los ieles, en una sociedad en que la limosna es aba ins i u
cionalizada, pues pa a pedi se eque ía una licencia eclesiás ica o una cé
dula municipal, lo que e idencia has a qué pun o “la ca idad cons i uía
una g an comodidad pa a odos den o de la sociedad del momen o”56.
O as o mas pa icula es de ob ene ondos son las limosnas canaliza
das a a és de cepos o cajas pe i o ias ubicadas en el in e io del emplo o
en o os luga es públicos (como la que ins aló la He mandad de Pu i ica
ción y Animas en la Alhóndiga Zaida), las de amas o con ibuciones o
lun a ias epa idas en e el conjun o de los co ades (o de los o iciales)
pa a a on a un gas o de e minado57, las donaciones de bienes, ense es o
56. Según exp esión de L. P andl, ci . en CARMONA GARCIA, J. I.: Op. ci ., p. 135. Man
enedo a de la injus icia social, la limosna e a, no obs an e, una pieza undamen al pa a la
supe i encia de nume osos indigen es y pa a la sal ación e e na de los indi iduos de odas
las clases sociales, pues “ enía a se conside ada, no ya como lla e, sino como un medio de
o za las pue as del eino de los cielos” (JIMENEZ SALAS, Ma ía: His o ia de la asis encia
social en España en la Edad Mode na. Mad id, 1958, p. 63). Pa a los co ades e a una uen e de
ing esos, a la ez que un ac o de humildad.
57. Como ocu ió con la p ocesión de aslado de N a. Seño a de Co adonga en 1740,
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 257
dine o po co ades y/o de o os, y los impo es sa is echos po los he ma
nos en concep o de mul as.
Las disposiciones puni i as cons i uyen mecanismos coe ci i os pa a el
exac o cumplimien o de las obligaciones de los he manos y, subsidia ia
men e, una uen e de ing esos a iable, aunque con una incidencia míni
ma. Las “penas que an pues as en es as Cons i uçiones, an pues as y
que emos y ho denamos sean pa a los gas os y cosas ocan es a la dicha
he mandad”, sanciona el cap. 14 de la Regla. Las mul as oscilaban en e
medio eal y dos ducados (cuan ía excepcional en es e ipo de sanciones) o
en e una y es lib as de ce a. A endiendo a la impo ancia de la pena
puede es ablece se la siguien e g adación: al as g a es (no acep a el nom
b amien o de He mano Mayo , con ae deuda con la co adía, no gua da
el sec e o del cabildo, con adeci la elección sin mo i o y ehusa la eali
zación de la demanda), con penas de dos ducados o dos lib as de ce a; al
as medianas (incumplimien o de la Regla o ausencia en las ies as de la
co adía), con penas de una lib a de ce a, y al as le es (deci o os a Dios
o al a a la misa dominical), con penas en e medio eal y ocho
ma a edís.
El mayo domo, enca gado de lle a las cuen as, ecoge los ing esos y
dispone los gas os, p esen aba los balances al cabildo pa a su ap obación
al inaliza el eje cicio. Su obligación e a no deja “alcanzada” la co adía;
en ese caso cub ía el dé ici a su cos a, lo que asegu aba cie o saneamien o
económico, a la ez que el in e és del mayo domo po e i a que los gas os
excedie an en g an medida a los ing esos. Po el con a io., si el eje cicio
económico e minaba con supe á i , és e quedaba en las a cas de la he
mandad, haciendo el mayo domo esa “g aciosa” cesión en bene icio
de la misma.
Los gas os excesi os no pe judicaban an o a la economía de la co a
día, como a la del mayo domo, ex emo és e du amen e c i icado po los
e o mis as ilus ados58. Se a endía en p ime luga a los gas os o dina ios,
des inados a la celeb ación de las unciones, incluyendo el gas o de ce a y
el cumplimien o pun ual de las hon as úneb es y los su agios po los di
un os, y a con inuación a o os gas os.
según cons a en el cabildo celeb ado el día dos de mayo de dicho año (en A. P.
Mag., Caja 48).
58. Muchos mayo domos —exponía el conde de A anda en 1773— consumen sus bienes
“posponiendo el bienes a de su amilia; y si no, se adeudan sac i icando sus posibilidades...,
espe anzados de ecompensa las con la es echez sucesi a o ende de sus aíces o ape os de
labo , con la e ciega de que Dios o el san o de la ies a p o ehe án” (A. H. N.,
Consejos, leg. 7090).
258 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
Con amos con los balances económicos de la he mandad du an e oda
su exis encia, que se esumen así po quinquenios59:
Años Ing esos/Media anual Gas os/Media anual Balance
1703-1705 1.034 . 517 1.651 . 825,5 - 617 .
1706-1710 1.305 . 326,2 1.727 . 431,1 - 422 .
1716-1720 1.147 . 382,3 1.375 . 458,3 - 228 .
1721-1725 4.782 . 956,4 3.809 . 761,8 + 973 .
1726-1730 7.152 . 1.430,4 4.279 . 855,8 +2.873 .
1731-1735 9.530 . 1.906 4.649 . 929,8 +4.881 .
1736-1740 4.905 . 981 3.658 . 731,6 + 1.247 .
1741-1745 9.705 . 1.941 10.332 . 2.066,4 - 627 .
1746-1750 7.7517 . 1.551,4 7.590 . 1.518 + 167 .
1751-1755 5.225 . 1.045 5.340 . 1.068 - 115 .
1756-1760 4.429 . 885,8 3.571 . 714,2 + 858 .
1761-1765 6.572 . 1.314,4 3.290 . 658 +3.282 .
1766-1770 9.491 . 1.898,2 2.731 . 546,2 +6.760 .
1771-1775 11.247 . 2.249,4 2.909 . 581,8 +8.338 .
1776-1780 12.276 . 2.455,2 3.343 . 668,6 +8.933 .
1781-1785 7.962 . 1.592,4 3.092 . 618,4 +4.870 .
1786-1790 8.520 . 1.704 3.508 . 701,6 +5.012 .
1791-1795 9.728 . 1.945,6 4.373 . 874,6 +5.355 .
1796-1800 11.022 . 2.204,4 3.782 . 756,4 +7.240 .
1801-1805 12.661 . 2.532,2 4.952 . 990,4 +7.709 .
1806-1809 11.035 . 2.758,7 3.380 . 845 +7.655 .
El balance ue casi siemp e posi i o, gozando de un anquilizado su
pe á i en los ex ensos pe íodos 1721-1740 (que oscila a menudo po enci
ma del 20% de los ing esos) y 1755-1809 (la go pe íodo en que el supe á i
acusa una endencia alcis a, si uándose desde 1763 po encima del 50% de
los ing esos, y ozando el 80% en 1774 o en 1778, época de cómodo eposo).
El dé ici sólo apa ece en es a he mandad en los años iniciales de su exis
encia y pos e io men e en algunos del incie o pe íodo 1741-1755. La
azón de es e compo amien o es iba en la buena ges ión económica de
los mayo domos, así como en el hecho de educi al mínimo los gas os ex
ao dina ios, comenzando po los sun ua ios, es deci la adquisición de
59. P oceden es de los Lib os de Cuen as de 1703-1731 (A. P. Mag., Caja 46), de 1732-
1805 (id., Caja 48) y de 1806-1810 (id., Caja 47). Hay escasas lagunas: 1704, 1710-1715 y 1719-
1720; en los espec i os quinquenios sólo se consignan los da os exis en es. Todas las can ida
des (incluidas las ci as medias de gas o anual po quinquenio) se exp esan en eales, p escin
diendo de las acciones en ma a edís. La columna “balance” con iene la di e encia en e los
ing esos y gas os de cada quinquenio.
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 259
nue os ense es, ya que he edó muchos ense es de la He mandad de N a.
Seño a y Animas.
Además, el sis ema de adminis ación con ibuía a la pe pe uación de
balances posi i os, a a és de la acumulación de los sob an es, lo que se
aduce, especialmen e en la segunda mi ad del siglo en un débil es ue zo
económico po pa e de los co ades60. Con olando el gas o, se log aba
man ene siemp e un emanen e e inc emen a lo p og esi amen e (el su
pe á i ebasó los 2.000 eales en 1807 y en 1809).
Ese saneamien o económico no implica au omá icamen e un auge de
la he mandad, sino únicamen e una cómoda labo de ges ión y una al a
de capacidad pa a inc emen a los ense es y ob as de a e o pa a do a a
las celeb aciones eligiosas de mayo pompa y solemnidad. Así, los años
en que la he mandad con ó con un núme o mayo de he manos (p ime
cua o del siglo), los balances son de ici a ios, lo que supone mayo es gas
os, algunos de ellos des inados a en iquece su pa imonio.
Conclusión: una co adía ce ada
Va iados ines se en ec uzan en la exis encia de las he mandades y co
adías; la de N a. S a. de Co adonga es un ejemplo de ello. ¿Po qué di e
encia en e ines explíci os e implíci os (la en es)?; ¿no se a a básica
men e de asociaciones de segla es o ien adas al cul o público y a la asis
encia bené ica? o ¿acaso es os “o os” ines añaden algo a la na u aleza de
ales asociaciones?
El ema es ha o complejo, la casuís ica eno me y la espues a p ecisa
análisis pa icula es. E iden emen e, si la na u aleza de odas las co adías
inie a de e minada po los ines explíci os, el mundo de esas co po acio
nes se ía muy homogéneo, y p obablemen e su núme o y a iedad bas an
e más limi ados. El mismo a án de las au o idades ci iles y eclesiás icas
po “ econduci ” el mundo de las co adías, po elimina de ellas adhe en
cias noci as, a án que se plasma en ei e adas quejas y a eces en a aques
i ulen os, pe mi e plan ea la hipó esis de que “algo” más que los ines ex
plíci os con igu aba su na u aleza.
La pe enencia a una u o a he mandad no e a un ac o an lib e como
pod ía supone se. En nume osos casos exis ían es icciones pa a la admi
60. Po ejemplo, en 1776 se ob enía un supe á i de 1.963 eales y 4 ma a edís. Según la
cos umb e de los mayo domos de enuncia a los bene icios de su eje cicio en a o de la co
adía, esa can idad se acumuló a los ing esos de 1777, de mane a que de un o al de ing esos
de 2.560 eales y 11 ma a edís en ese año, an sólo 597 eales y 7 ma a edís (es deci al ededo
de un 23%) ue on de nue a adquisición.
260 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ
sión de he manos. Aún más, a lo la go de la Edad Mode na se obse a un
paula ino p oceso de “ce amien o”, como lo mues a la mul iplicidad de
mecanismos es ic i os, ales como la disuasión (bien po coacciones es a
blecidas po la Regla, po eque i amplia disponibilidad de iempo lib e o
po la necesidad de p esen a cie o ni el económico o cul u al), la selec
ción (median e in o maciones, p uebas, e c...), la exclusión (en unción de
la sang e o del s a us social) y la limi ación numé ica (o “nume as clausus”
de co ades)61.
Dichas medidas son emanación lógica de una sociedad que se en iende
es uc u ada en es amen os (sociedad ipa i a), g upos e indi iduos. El e
lie e social de és os se po encia, si no es que nace, median e la pe enencia
a un cue po o g upo. Es e concep o social, undamen al pa a en ende la
es uc u a del e ce es ado, ha sido poco es udiado, quizás po su gene ali
dad y a iedad, lo que ha ía necesa ias con inuas clasi icaciones y ma iza-
ciones. Sin emba go, su conside ación pa ece cla e pa a comp ende la so
ciedad del An iguo Régimen, así como los es ue zos pa a elimina u ho
mogeneiza ales g upos lo son pa a comp ende el ad enimien o de la so
ciedad libe al.
El é mino “co adía g upal” es una au ología o cuando menos una e
dundancia (ag upación de un g upo), aunque hay una e iden e di e encia
de ma iz, en a ención al g ado de o ganización. La co adía de es e ipo es
un ó gano p e ia ins i ucionalizado, que aglu ina a un g upo social con
una de inición no siemp e ní ida. Po eso, las co adías g emiales se consi
de a on po las au o idades como las más pe judiciales, pues o que en la
p ác ica enían a e o za la cohesión de un g upo ya ins i ucionalizado (el
g emio).
Aplicando como c i e ios la o ma de in eg ación (según pe enezcan
los asociados a la misma o dis in a ca ego ía social) y el modo de pe enen
cia (g ado de ape u a o exclusi ismo de la asociación), I. Mo eno ha es a
blecido, desde el ámbi o de la An opología, un modelo de clasi icación de
las co adías g upales, que con la debida p ecaución se puede e o ae en
61. Vid. po ex enso en CHAUCHADIS, C.: Op. ci ., pp. 83-105. Es os mecanismos es ic
i os no e an exclusi os de las co adías. Recué dese, po ejemplo, la p oli e ación de p uebas
de limpieza de sang e pa a el acceso a nume osos o ganismos eclesiás icos, ca gos adminis
a i os, cen os de enseñanza, e c... Un caso pa alelo al de las co adías es el de los g emios,
con mecanismos ales como el examen p e io, las p e e encias a los hijos de ag emiados, e in
cluso p uebas de limpieza de sang e y de o icios, cuya adopción no obedeció únicamen e “al
deseo de exclui a judeo-con e sos y mo iscos (bas an e di íciles de de ec a en el siglo XVIII)
sino que ue on u ilizados undamen almen e como un ins umen o pa a impedi la en ada
de nue as pe sonas en el g emio” (MOLAS RIBALTA, Pe é: “El exclusi ismo en los g emios
de la Co ona de A agón: limpieza de sang e y limpieza de o icios”, en Les socié és e mées..., op.
ci ., p. 78).
LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 261
el iempo. Dis ingue las modalidades: e ical abie a (pa imoniales, de
soco os), ho izon al abie a (he mandad de clase), e ical ce ada (g e
mial) y ho izon al ce ada (é nica o nacional)62. Los es úl imos g upos
son los que nos in e esan po aho a.
En la Se illa de comienzos de la Mode nidad, po ejemplo, además de
las nume osas g emiales (sob e un 32% del o al), había ambién co adías
de hidalgos (N a. S a. de la Asunción, S. He menegildo, S a. Ma ía del
Pila ...), é nicas (N a. S a. de los Angeles, de neg os y mula os...) o de pe
sonas p oceden es de un mismo luga (a agoneses con ad ocación del
Pila , ca alanes con í ulo de Mon se a , geno eses, e c...)63.
También en G anada abunda on. En e las g emiales y/o p o esionales
se encon a on las de al a is as, maes os zapa e os, zapa e os de iejo, pla
e os, me cade es de ope ía, de lino, de especias, palanquines, comedian
es, sas es, o cedo es de seda, abanique os, ca pin e os, lab ado es, es u
dian es, soldados de la Alhamb a, ciegos, esc ibanos, p ocu ado es de la
Chancille ía, ci ujanos y bo ica ios, e c.,. De clase (aunque no o almen e
ho izon ales) pueden conside a se las de Jesús Naza eno, Limpia y Pu a
Concepción, S ma. T inidad, Co pus Ch is i y Ca idad. Ca ác e é nico
(neg os) p esen an las de la Paciencia de C is o y San Beni o de Pale mo, y
ca ác e “nacional” las de S. An onio de Padua (po ugueses), S. Luis ( an
ceses) y N a. S a. de Co adonga (as u ianos y mon añeses)64.
La co adía g upal e ue za la cohesión de un g upo p eexis en e y, po
an o, acen úa la de ensa de sus in e eses. En el caso de la co a ia p o esio
nal esos in e eses son pa en es y se ci an an o en aspec os económicos
como de p es igio social. Po ejemplo, en 1733 la co adía de los coche os
de Se illa ob enía una ejecu o ia “decla ando la ap i ud de los hijos de co-
62. MORENO NAVARRO, I.: Op. ci ., pp. 42-55. La co adía nacional p esupone, pa a
Chauchadis, un ipo de exclusión po la sang e; además “il s’agi de mani es e l’honneu des
o igines géog aphiques sou en signi ié pa le choix du sain pa on”, cons i uyendo a eces
un mecanismo de cohesión en e a cie os sen imien os de xeno obia (CHAUCHADIS, C.:
Op. ci ., p. 95).
63. SANCHEZ HERRERO, José: “Las co adías se illanas. Los comienzos”, op. ci ., pp.
20-24.
64. Según se desp ende de las ci adas ob as de F ancisco Hen iquez de Jo que a y de
ay An onio de Lachica Bena ides. Las co adías de ex anje os e an muy ecuen es. En
Roma exis ía una de españoles bajo el í ulo de la Resu ección. En Mad id hubo de i alianos
(S. Ped o), po ugueses (S. An onio), lamencos (S. And és) y anceses (S. Luis), ci . en
RUMEU DE ARMAS, A.: Op. ci ., p. 205. En Cádiz, de geno eses (S a. Ma ía y S. Jo ge), la
mencos (S. And és), po ugueses (S. An onio) e i alianos (N a. S a. de Lo e o), según GAR-
MENDIA ARRUBARRENA, José: “La Co adía del S mo. C is o de la Humildad y Pacien
cia de los ascos en Cádiz de 1700 en adelan e”, en Bole ín de la Real Sociedad Bascongada de
los Amigos del País, 3-4, 1978, p. 376.