Del «mal de la osa)) a la ((en e medad de la
mise ia»:
La
e iología social de la pelag a en
la bibliog a ía médica as u iana de los siglos
XVIII
y
XIX
(>$)
SUMARIO
1 .-In oducción. 2.-La e iología social de la pelag a. 2.1 .-Pelag a y alimen ación. 2.2.-
El papel de la mise ia. 2.3.-E1 ac o he edi a io. 3.-La lucha an ipelag osa y la medicina so-
cial. 3.
l
.-La pos u a ins i ucional. 3.2.-Pelag a y medicina social.
RESUMEN
Tomando como pun o de pa ida la desc ipción del
mal de la osa
po pa e de Gaspa
Casal, se es udian'en es e abajo di e sas con ibuciones de médicos as u ianos que, a lo
la go del siglo XIX, se ocupa on de la e iología de la pelag a, en especial de aquellos aspec os
que la con igu an como en e medad social. En los in en os de su e adicación se ponen de e-
lie e dos ipos de espues as: en e a quienes, de endiendo una ansmisión he edi a ia, p o-
pugnan medidas eugenésicas, se si úan los que la conside aban como ((mal de la mise ia,
cuya desapa ición exigía necesa iamen e mejo a las condiciones de ida de los campesinos.
Es e abajo es un esumen de los es úl imos capí ulos de nues a monog a ía
Lep a
As u iensis: As u ias en la his o ia de la pelag a,
ac ualmen e en p ensa.
Unidad docen e de His o ia de la Medicina. Depa amen o de Medicina. Facul ad de
Medicina.
C/
Julián Cla e ía, s./n. 33006-O iedo.
~e~ha de acep ación: 25 de mayo de 1991.
DYNAMIS
Ac a Hispanica ad Medicinae Scien ia umque His o iam Illus ~andam.
Vol.
1
1,
1991, pp. 197-238.
ISSN: 021 1-9536
,
.
198
DELFÍN GARCÍA GUERRA
y
V~CTOR ALVAREZ
ANmA
Cuando Sau ages
(1)
incluyó en su
Nosologia me hodica,
la
lep a as un'ensis
como una nue a especie mo bosa, el nomb e de As u ias se inco po ó a la
nosog a ía a a és del
mal de la osa,
una en e medad que po en onces se
conside aba peculia del P incipado. Toda ía no había is o la luz el a ado
de Gaspa Casal
His o ia Na u al, y Médica del Pn'nczpado de As un'as,
publicado
el año 1762, es años después de'la mue e de su au o (2). Como es bien
sabido, ue F anqois Thié y
(3)
el enca gado de ansmi i a
J.
B.
L.
Cho-
me1
(4),
decano po en onces de la Facul ad de Medicina de.Pa ís, la no icia
de la desc ipción casaliana, in o mación
que
pasa ía poco después
al
sis e-
ma noso áxico del médico de Mon pellie .
La a ea nosog á ica de o os médicos eu opeos acaba ía demos ando
que la nue a en e medad no e a p i a i a de la egión as u iana. Poco des-
pués de la publicación de la ob a de Casal, An onio Puja i obse ó en e los
campesinos de Fel e, en la egión i aliana del Véne o, lo que denominó
es-
(1)
F ancois Boissie de Lac oix de Sau ages
(1
706-1 767),
médico de la Escuela de Mon -
pellie , lle ó a su exp esión más acabada la noso axia
mo e bo anico.
Su ob a más conoci-
da y di undida ue la
Nosologia me hodica sis ens mo bo um classes, gene a el species, jus a
Sy-
denhami men em e bo anico um o dinem
(1
760).
Eii ella de ini á a la
lep a as u iensis
diciendo
que
es
lep a sco bu ica cum emo e pe pe uo capi is e unci supe io is apud As u es endemiap.
Fue el p opio Casal quien a i mó que el
mal de la osa
e a una o ma de ((lep a esco bú-
icm.
(2)
Gaspa Casa1
(1680-1759),
médico ge undense a incado en O iedo, nos legó la descnp-
ción
p inceps
del mal de la osa en su
His o ia a ec ionum qua umdam egionis hujus amilia-
um,
compues a en
1735
si bien, al igual que sus demás manusc i os, pe maneció iné-
di a has a la edición pós uma de odas sus ob as ealizada en
1762
po su compañe o
y
amigo Juan José Ga cía Se illano. El olumen apa eció bajo el i ulo
His o ia Na u al
y
Medica del P zncipado de As unas.
Mad id,
1762,
O icina de Manuel Ma in.
(3)
F ancois Thié y
(1 719-?),
acompañando en España al Embajado Du as, ab6 amis ad
con Casal en Mad id en
1755
cuando és e ya e a médico de Cáma a de Fe nando
VI.
T as conoce di ec amen e la exis encia del
mal de la osa,
en ió de inmedia o un ex ac-
o al decano Chomel pa a se leído en una de las solemnes euniones de
p ima mensis
celeb adas en la Facul ad de Medicina de Pa ís. Su comunicación ue publicada ese
mismo año: THIÉRY, F.
(1755).
((Descnp ion &une maladie appelée 'mal de ose' aux
As unes: Recueil pé iodique d'obse a ions de médecine, de chi u gie e de pha ma-
cie».
Jou nal de Vandennonde,
II
(mai,
1755),
pp.
337-346.
C :
MAJOR, R. H.
(1944).
«Don
Gaspa Casal, F ancois Thié y and Pellag a.
Bull. His . Med.,
16,
pp.
351 -361.
(4)
Jean-Bap is e-Louis Chomel, miemb o de una p es igiosa dinas ía de médicos ance-
ses, nació en Pa ís a comienzos del siglo
XVIII,
alleciendo en dicha ciudad en
1765.
Fue Decano de la Facul ad de Medicina.en el bienio
1755-56.
.
co bu o alpino. El é mino pellag a, p oceden e del lenguaje popula , se in o-
dujo en la li e a u a médica a pa i de la publicación de F ancesco F apolli,
médico del Hospi al Mayo de Milán, Animad e siones in mo bum ulgo pela-
g am (Mediolani,
177
1). Desde que, en 1789, F ancesco-Luigi Fanzago seña-
ló la unidad nosológica del esco bu o alpino del Véne o y lapellag a de Lomba -
día, end án que pasa casi cincuen a años has a que Jean-Bap is e-Vic o -
Théo ile Roussel(18 16-1903) publique una impo an e monog a ía
(5)
en la
que puso de elie e que el mal
de
la osa de Casal y lapellag a de los i alianos
-desc i a ambién en F ancia bajo di e sos nomb es-- cons i uían en eali-
dad una misma especie mo bosa
(6).
La nue a en e medad i umpió en la nosog a ía inculada a una peculia
dis ibución social.
Al
discu i sob e las posibles causas del mal de la osa,
Casal señaló de pasada que la dolencia apenas a ec aba a la gen e acomoda-
da y que los en e mos e an en su g an mayo ía pob es lab ado es. Es a inci-
dencia, aunque gene almen e acep ada, se á mo i o de con o e idas in e -
p e aciones causales a lo la go del siglo
XIX.
Los posicionamien os an e es a
cues ión exp esa án, además de los plan eamien os cien í icos, dis in as ac i-
udes ideológicas.
Aunque el hecho que acabamos de menciona no es p i a i o de la pela-
g a, la e ien e social de es a úl ima p esen a una se ie de singula idades de
g an in e és his ó ico-médico. Pues o que los hechos no abonaban que se
a ase de una en e medad ansmisible, nada iene de so p enden e que se
in en ase implica a la nu ición, la más inmedia a exp esión de
la
si uación
socioeconómica, como ac o explica i o de su peculia dis ibución social.
De
ahí
que, aunque la e iología ca encial de la pelag a no se ie a con i ma-
da has a nues o siglo
(7),
la elación en e la en e medad y la alimen ación
(5)
ROUSSEL, T.
(1
845).
De la pellag e, de son o igine, de ses p og és, de son
exis en e
en F unce, de
ses causes el de son ai emen cu a i e p ese a i :
Pa ís,
1845,
Hennuye e Tu pin.
(6)
Pa a la his o ia de la pelag a, . ROE, D. A.
(1973).
A
plague
o
Con. The Social His o y
o/
Pellag e.
I haca-London; DE BERNARDI, A.
(1 984).
11 mal della Rosa. Denu izione e pella-
g a nelle campagne i aliana a '800 e '900.
Milano; ARNOULD, J.
(1886),
oz: «Pellag e»
en: DECHAMBRE, A. (di .).
Dic ionnai e Encyclopédique des Sciences Médicales.
Pans. Tomo
XXII,
pp.
310-92;
ROUSSEL,
T.
(1845),
op. ci .
no a
5.
(7)
Joseph Goldbe ge demos ó en
1914
po ez p ime a, de mane a indudable, su na u-
aleza ca encial. Fue en
1938
cuando El ehjem descub ió el papel del ácido nico inico.
C .
GOLDBERGER, J.
(1914),
«The E ioiogy o Pellag e: The signi icance o Ce ain
Epidemiological Obse a ions
...
».
Publ. Hl h. Rep. (Wash.) 29.
pp.
1.684-1.686;
ELVEH-
JEM, C. A.,
e al.
(1938),
«The Isola ion and Iden i ica ion o
he
an i-black ongue Fac-
o ».
J.
Biol. Chem,
123,
pp.
1.684-1.686.
200 DELFÍN GARC~A GUERRA
y
V~CTOR
~VAREZ
ANTUÑA
comenza a a plan ea se desde la desc ipciónp inceps de Casal. Su ob a cons-
i uye el pun o de pa ida de una discusión que acaba á cen ándose, ya en
el siglo XIX, en el papel e iológico del consumo del maíz. Algunos au o es
incluso llega on a conside a la una ((nue a en e medad)), lo cual explica ía
su inexis encia en la bibliog a ía médica an e io a la ob a de Casal
(8).
Pa a
quienes así pensaban, su apa ición ue la consecuencia de la impo ación del
maíz desde el Nue o Mundo y la gene alización ul e io de su cul i o como
ce eal pani icable en de e minadas á eas geog á icas. Ello explica ía su ca-
ác e endémico en cie as egiones y que a ec ase exclusi amen e al p ole a-
iado campesino, al como ocu ía en As u ias, cuyos ag icul o es i ían en
una es echa dependencia nu i i a de la bo ona o pan de maíz.
Aunque es a esis alimen icia no ue a unánimen e acep ada, di ícilmen-
e se podía discu i la peculia dis ibución social de la pelag a, que lle ó a
algunos au o es a cali ica la como el ((mal de la mise ia))
(9).
Su in e és his ó-
ico adica en que, a di e encia de o as en e medades sociales como la isis
pulmona , que a ec aba de un modo especial a los ((nue os pob es)) c eados
po la e olución indus ial, el mal de la osa pa ecía p i a i o de los ((pob es
adicionales)), los jo nale os del campo. Po o o lado, la isis y o as en e -
medades sociales no dejaban de a ec a a las clases al as, po más que se ce-
basen especialmen e en los mise ables subu bios de las g andes concen a-
ciones u banas. La pelag a, po el con a io, se con igu aba como una en e -
medad asociada siemp e
a
la pob eza
(10).
Los plan eamien os de
J.
P.
(8) Fue Roussel el más conocido de enso del papel e iológico del maíz, así como de que
la pelag a e a una en e medad nue a: «La pelag a es, pues, una en e medad nue a en
-
-
Eu opa, su o igen no desciende más alIá del siglo
XVIII
aun en los paises p i ni i a-
men e a ec ados; en odas pa es ha seguido sus p og esos e in luencia en elación con
el égimen alimen icio de los pueblos occiden ales con una cul u a de o igen ame ica-
no, la cul u a del maíz)). Ci amos po la aducción que hizo Ma ínez de la pa e his ó-
ica de la ob a de Roussel. [MARTÍNEZ,
1.1
(1848).
V.
e e encia bibliog á ica en no a
12.
(9)
La exp esión «mal de la mise ia)) es ablece la conc eción en la pelag a del conocido
a o ismo de
J.
P.
F ank de que «la mise ia del pueblo es la mad e de las en e meda-
des». Fue u ilizada po di e sos au o es: Ma oni, Mugna, Fes le , Sch eibe , Lan-
douzy, Boudin, Boucha d y Ha dy. Tan o Ilde onso Ma ínez como Roe1 la pe soni i-
can en Léon Ma chand, a quien la Académie de Medicine enca gó en 1836 un es udio
sob e la en e medad en los depa amen os de la Gi onde y las Landas.
C :
ARNOULD,
J.
op.
ci .
en no a
6,
p. 365.
(10) Rosen u iliza la pelag a como ejemplo de la elación en e en e medad y condición
socio-económica, poniendo de elie e que, en las p ime as décadas de nues o siglo,
en las aldeas algodone as del su de los EE.UU., exis ía una inequí oca elación in e sa
Del «mal de la osa)) a la ((en e medad de la mise ia))
20
1
F ank sob e el papel e iológico de la mise ia encon a on en la en e medad
de Casal una exp esión pa adigmá ica.
La epidemiología social de la pelag a no dejaba de p esen a aspec os
p oblemá icos. La en e medad, en e ec o, no a ec aba a
odos
los campesinos
que se alimen aban a base de maíz, lo cual obligaba a alo a la impo ancia
de o os ac o es causales, bien ex e nos o disposi i os. De es e modo, las
ideas e iológicas de la pasada cen u ia encuen an una exp esión muy escla-
ecedo a en las discusiones sob e la en e medad que nos ocupa. Hay que
sub aya de un modo especial que la eo ía i opa asi a ia, que de endía que
el agen e e iológico e a el maíz con aminado po el
e de
o ((ca denillo)), en-
con ó en la segunda mi ad del siglo
XIX
un e eno abonado po dos mo i-
os undamen ales. Po una pa e, a ibui la en e medad a un agen e espe-
cí ico sin onizaba a la pe ección con el pensamien o e iológico de la época,
que había asis ido a la c is alización de una oxicología apoyada en el mé o-
do cien í icona u al y es aba siendo es igo de la de ini i a cons i ución de la
mic obiología médica
(1
1).
En es e ma co se insc iben la p e ensión de aisla
un (( eneno)) esponsable de la supues a in oxicación pelag osa, que se llegó
a a ibui a un ((ácido pelag ozoico)),
y
los in en os de ep oducción expe i-
men al de la en e medad en animales. Hay que sub aya , además, que la
eo ía pa asi a ia eludía la objección de que no odos los consumido es de
maíz padeciesen la en e medad
y,
al
p opio iempo, e o zaba su es echa
elación con la mise ia.
La con o e sia e iológica, po o o lado, end á una p oyección, suma-
men e in e esan e en las medidas de lucha pa a la e adicación de la pelag a,
iel espejo de la ideología de los dis in os au o es. F en e a quienes, alineán-
dose en los pos ulados de la nacien e ((medicina social)), de endían la necesi-
dad de mejo a las condiciones de ida de los campesinos, se alza on oces
en e los ing esos amilia es y la incidencia de la pelag a. El abas ecimien o de alimen-
os
y
los hábi os die é icos jugaban ambién un papel muy impo an e. La p ác ica de-
sapa ición de la en e medad a mediados de siglo se hab ía debido, más que a la aplica-
ción de.conocimien os cien i icos, al desa ollo socioeconó~mico. ROSEN,
G.
(1973)
((Heal h, his o y and he social sciences.
Social Science and Medicine,
7,
pp. 233-248, in-
cluido en ROSEN (1974),
F om medical police o social medicine. Essays on he his o y o heal h
cu e.
Las e e encias
a
la pelag a en pp.
56-57
de la e sión española [Mexico, 19851 de
es a ecopilación.
(1 1)
C'
OLAGUE,
G.
(1987). La en e medad en la men alidad e iopa ológica. En: ALBA-
RRACÍN TEULON, A. (coo d.)
His o ia de la en e medad.
Mad id, pp. 31 1-323, así como
la bibliog a ía que le acompaña.
202
DELF~N
GARCÍA
GUERRA
y
V~CTOR
~VAREZ
ANTUÑA
que, apos ando po su o igen he edi a io, p opugna on una polí ica de ipo
eugenésico pa a p e eni la di usión del mal. A la p e ensión de que a los
pelag osos se les p ohibie a lo que algún médico de la época llama á eu e-
mís icamen e ((los place es de Himeneo)), se añadie on ocasionales p opues-
as de p i a les de la libe ad con su ing eso o zoso en una ins i ución hos-
pi ala ia o asila .
Aunque el es udio his ó ico de la pelag a susci a una se ie de cues iones
de g an in e és, el obje i o de es e abajo se cen a en analiza las pos u as
que adop a on algunos médicos as u ianos an e el p oblema de su e iología,
cuyo ma co gene al acabamos de diseña suma iamen e. Hay que señala
que, a lo la go del siglo XIX, la en e medad con inua á mos ando una p e-
sencia impo an e en As u ias -un hecho que jus i ica que los anceses
Roussel y Landouzy la isi asen pe sonalmen e pa a es udia
de
isu
la
endemia-
y
de ahí las impo an es con ibuciones de algunos au o es que,
a lo la go de la pasada cen u ia, con inua án la labo iniciada po Gaspa
Casal. Jun o a o os nomb es de meno en idad que i án su giendo en las
páginas que siguen, dos de ellos, Ma ínez y Roel, me ece án nues a a en-
ción de un modo especial, no sólo po la impo ancia de sus ob as sino po -
que enca na on dos modos muy dis in os de en en a se con la e ien e so-
cial del
mal
de la
osa.
Ilde onso Ma ínez Fe nández (1821-1855) y Faus ino Ga cía Roel (1821-
1895) se nós mues an, en e ec o, como dos pe sonalidades o almen e dis-
in as al igual que lo se án sus monog a ías sob e la en e medad de Casal.
Ma ínez ino al mundo en la localidad as u iana de Benia (Onis) en el seno
de una amilia humilde, asladándose a Mad id a los nue e a ios con un ío
ma e no. En la capi al u o que abaja como mozo en una abe na amilia
al iempo que cu saba los es udios de Medicina en San Ca los, inalizados
en 1842. Au o de un núme o de publicaciones que, eniendo en cuen a su
emp ana mue e, podemos es ima conside able, nues o in e és debe cen-
a se en su impo an e monog a ía sob e la pelag a, publicada en 1848
(1
2).
(12)
[MART~NEZ, 1.1
(1848).
De la pelag a
y
mal de la osa de As u ias,
Mad id, Imp en a del
Colegio de So do-Mudos
y
Ciegos,
325
pp. El nomb e de Ma inez no igu a en la po -
ada de la ob a, que suele a ibui se a los edac o es de la e is a
La Ve dad,
si bien el
médico as u iano ealizó pe sonalmen e la aducción de los ex ensos agmen os de
las ob as de Casal
y
Roussel, seleccionó
y
comen ó los ex os de los di e sos au o es,
i mando como au o las conclusiones inales que cons i uyen la pa e mas o iginal de
la ob a. Su papel se co esponde con lo que en la bibliog a ía ac ual se denomina
Del «mal de la osa» a la «en e medad de la mise ia))
203
Ma ínez alleció en O iedo a la edad de
34
años en plena lucha p o esional
con la epidemia' de cóle a que a ec aba po en onces a la ciudad
(13).
Muy dis in a es la biog a ía de Faus ino
G.
Roel, nacido en Ceceda, am-
bién en ie as as u ianas. T as sus es udios de medicina en Mad id, se es a-
bleció en la capi al del P incipado llegando a adqui i g an p es igio y una
conside able o una, que in i ió en g an pa e en u na as uosa mansión en
los aledaños de O iedo. Fallecido ocasionalmen e en Mad id, en su es a-
men o dispuso que sus bienes se des inasen a la c eación de una Fundación
en e cuyos ines, además de o os obje i os ilan ópicos, igu aba la ins au-
ación de un p emio en la Real Academia de Medicina de Mad id pa a ga-
la dona opog a ías médicas, que es u o igen e has a el año de
1962 (14).
Es as dispa es ayec o ias biog á icas ienen su co ela o en las pos u as
adop adas an e la dis ibución social de la pelag a. Como amos a comp o-
ba inmedia amen e, en an o que Ma ínez la a a conside a explíci amen-
e como «mal de la mise ia)), la monumen al ob a de Roel
E iología de la pella-
g a
(15)
p e ende á en odo momen o eba i es a esis y demos a que la
en e medad, de ca ác e he edi a io, no e a p i a i a de lo que su au o lla-
maba ((clases subal e nas)) de la sociedad.
(13)
C
FUERTES ACEVEDO, M.
(1885).
Bosquejo ace ca del es ado que alcanzó en odas las épo-
cas la li e a u a de As u ias, seguido de una ex ensa bibliog a la de los esc i o es as u ianos.
Bada-
joz, pp.
339-343;
SUAREZ, C.
(1956).
Esc i o es
y
a is as as u ianos. Índice biobibliog á1;co,
O iedo, Ins i u o de Es udios As u ianos (I.D.E.A.), V, pp.
167-171;
FERNÁNDEZ
RUIZ, C.
(1 965).
His o ia Médica del P incipado de As u ias,
O iedo, I.D.E.A.; QUIRÓS
ISLA,
P.
(1967).
El D . D. Ilde onso Fe nández
y
Ma ínez. Una íc ima del cumpli-
mien o del debe . Un médico ilus e asis e a una epidemia de cóle a.
Medicina As u iana,
n.O
4,
pp.
75-99.
La igu a de Ilde onso Ma inez no ha despe ando has a el momen o
la a ención que me ece. Ello nos ha mo ido a ealiza un a nplio es udio sob e su ida
y
su ob a, que espe amos da a la luz p óximamen e.
(14)
C i
SUAREZ,
C.
(1955).
Esc i o es
y
a is as as u ianos. ndice biobliog á1;co.
O iedo, I.D.E.A.,
Tomo IV, pp.
167-171;
FERNANDEZ
RUIZ, C.
(1965).
His o ia médica del P incipado de
As u ias.
O iedo, pp.
171-184;
CABAL, M.
(1985).
Doc o F'aus ino Ga cía Roel, ilh-
opo
y
eminen e medico as u iano injus amen e ol idado.
Bole ín del Ins i u o de Es udios
As u ianos (B.I.D.E.A.),
114,
pp.
59-101.
(1
5)
GARC~A
ROEL,
F.
(1 880).
E iología de la pellag a, o sea de la plu alidad de en e medades que
a lijen al linaje humano.
O iedo, Vicen e Bnd. Se a a de una ex ensa ob a
(676
páginas
en olio), que inco po a con enidos de abajos an e io es
de
Roel, como sus
Memo ias
sob e pelag a
y
esco bu o desai olladas en la casa de ca idad de San Lúza o de O iedo,
edac ada a
ins ancias del gobe nado de la p o incia en
1854,
la
Memo ia sob e lep a, pelag a
y
ac odi-
nia,
in o me p esen ado
al
Minis o de la Gobe nación en
1862,
y
La
pelag a en España,
di igida a los médicos di ec o es de manicomios
y
publicada. en la
C dnica Médica
de Se-
illa en
1864.
204
DELFIN
GARCÍA GUERRA
y
VÍCTOR
ÁLVAREZ
ANTUÑA
Las nonog a ías que Ma ínez y Roel dedica on a la pelag a p esen an
ambién ca ac e ís icas muy dis in as. El p ime o se p opond á da a cono-
ce ((una en e medad que se padece en España; aduci una memo ia la ina
de Casal; discu i sus doc inas; analiza las que después han is o la luz pú-
blica, así en España como en el ex anje o; pone , en in, en con ibución,
cuan o se ha dicho de la
Pelag a))
(1
6).
Hay que señala que Ma ínez, que se
p opone hace una ((his o ia li e a ia)) de la en e medad, con iesa en su lib o
que no ha is o pelag osos en su p ác ica p o esional
(1
7).
La ob a de Roel,
po el con a io, p e endió en odo momen o apoya sus plan eamien os
eó icos en su expe iencia a la cabece a de los en e mos. Esc i a bajo el lema
Scien ia medica, o a in obsema ionibus,
se a i ma en su po ada que se a a de
un
Es udio basado en p uebas his ó icas, documen os ehacien es
y
hechos clínicos
(1
8).
Tend emos ocasión de comp oba si los esul ados se co esponden con
es os p esupues os.
2.1.
Pelag a
y
alimen ación
Como es bien sabido, el papel de la nu ición como ac o e iológico del
mal de la osa
iene su pun o de pa ida en la ob a de Gaspa Casal. Reco de-
mos las palab as del médico ge undense:
(16)
MART~NEZ,
op.
ci .en no a
12,
p. ViI. He aquí el mé odo que se p opone segui Ma í-
nez:
((1
.O
Ha emos la his o ia li e a ia de es a en e medad;
2.0,
inse a emos el ipo sin-
oma ológico de la pelag a;
3.0,
aduci emos a Casal;
4.0,
discu i emos las cues iones
p opues as po la Academia de Pa ís; y
5.0
y úl imo, o mula emos en p oposiciones
nues os dic amen)) (p. ViII). Además de la aducción de amplios agmen os de las
ob as de Casal y Roussel, Ma ínez incluye una ca a de Rod iguez Villa goi ia sob e la
pelag a, así como ex ensos esúmenes de los abajos de Eximeno, An onio del Valle e
Higinio del Campo, pa a inaliza con la exposición de sus eo ías e iológicas pe sona-
les.
(17) Con iene acla a que Ma ínez desa olló su ida p o esional en Mad id. Su alleci-
mien o en O iedo u o su o igen en el hecho de so p ende le la epidemia de cóle a al
inal de la empo ada de baíios, cuando eg esaba de eje ce como médico-di ec o del
Balnea io de Buye es (Na a).
(18) A pesa de que Roel a i ma ei e adamen e que p e ende apoya se en los hechos, su mé-
odo cien í ico se man iene a no able dis ancia del Posi i ismo, mos ándose su pensa-
mien o mucho más p óximo a la especulación omán ica.
Del ((mal de la osa)) a la ((en e medad de la mise ia)) 205
((El
p incipal alimen o de casi odos los que padecen es a a ección es el maíz
y
el mijo,
pues de su ha ina hacen el pan
y
con eccionan ambién las papas que,
mezcladas con leche o man eca de leche, cons i uyen su comida o dina ia.
También se alimen an de hue os, cas añas, habas, nabos, be zas, leche,
man eca, queso, manzanas, pe as, nueces, a ellanas, y o as u as dc los
á boles. Ra ísima ez comen ca ne esca, y pocas eces salada, pues
casi
odos los que padecen es a en e medad son pob es
lab a don?^,
po lo cual no sólo no
ienen ca ne salada de ce do, ni de ningún o o animal, pa a cada uno de
los días, que ni pa a cada diez días. El pan de mijo es gene almen e ázimo,
sin e men o,
y
cocido en un pequeño ho no. Su bebida es el agua, sus es-
idos, sus camisas, sus lechos y sus habi aciones, son iguales a sus alimen-
os»
(1
9).
Hay que eco da que el maíz u o en As u ias una di usión emp ana,
habiendo quien sos iene (20) que ya se cul i aba a inales del siglo XVI, si
bien las in es igaciones ealizadas al espec o an sólo pe mi en a i ma con
ce eza que dicha in oducción u o luga en los p ime os años del
XVII (21). La di usión ue muy ápida, inco po ándose de inmedia o
a
la
die a alimen icia de la población campesina, esul ando que a mediados del
siglo XVIII (22) ya se había gene alizado el cul i o in ensi o en la zona de la
ma ina y en los alles de As u ias. Después de una cosecha de ce eales de in-
ie no - igo, escanda o cen eno-, seguía o a de maíz
y
alubias que p o-
po cionaba los dos p oduc os undamen ales (bo ona y abes) de la alimen-
ación campesina, pudiendo p oduci se así es cosechas en dos años.
p~
(19) CASAL, G. (1762)
His o ia na u al,
y
médica del P incipado de As u ias,
Mad id. Ci amos po
la edición de Buylla y Sa andeses (O iedo, 1900), eedi ada po la Dipu ación P o in-
cial de O iedo, O iedo, 1959, 368 pp. (p. 275). Los sub ayados son nues os.
(20)
CJ
GONZÁLEZ LLANA,
J.
(1889).
Manual de ag icul u a p ác ica pa a la p o incia de O ie-
do.
Mad id. Se dice que, al pa ece , las p ime as semillas de es a plan a, jun o con las
ins ucciones p ecisas pa a su cul i o, ue on aídas del Nue o Con inen e po Don
Gonzalo Méndez de Cancio, de la Casa de Sa iego, gobe nado y capi án gene al de la
p o incia de La Flo ida.
(21) BOUZA BREY, F. (1952). ((In oducción al cul i o del maíz en As u ias en el siglo
XVIID.
B.I.D.E.A.,
16.
pp. 159-1 73:
id.
ambién: GÓMEZ TABANERA,
J.
M.a (1973).
«En o no a la in oducción del Zea mays y su adopción po As u ias
y
el No oes e His-
pánico)).
B.I.D.E.A.,
78;
GARC~A
FERNÁNDEZ,
J.
(1976).
Sociedad
y
o ganización adicio-
nal del espacio en As u ias.
O iedo; ANES, G. (1988).
Econo nía
y
Sociedad en la As u ias del
An iguo Régimen.
Ba celona, p. 34 y SS.; OCAMPO SUÁREZ-VALDÉS,
J.
(1990).
Campesi-
nos
y
a esanos en la As u ias p eindus ial
(1
750-1850).
Gijón
(22) MARTÍNEZ CACHERO,
L.
A. (1961). La ciudad de O iedo y su concejo en 1749.
B.I.D.E.A.,
43,
pp. 326-328.
212
DELF~N
GARCÍA
GUERRA
y
V~CTOR ~VAREZ ANTL6IA
Como apun ábamos en el apa ado an e io , Higinio del Campo consi-
de aba al
mal
de
la osa
una en e medad p o esional de los lab ado es. Com-
pa ándola con o os ejemplos de pa ología labo al, comen a que en la e-
gión as u iana ((es de al modo aneja es a en e medad al abajo de la ag i-
cul u a, cuan o que en ca o ce años que p óximamen e hace que e.je zo en
ella, no ecue do habe la obse ado en o a clase de p o esiones))
(38).
Hemos is o que, en opinión de Casal, las causas del mal de la osa esi-
dían en la acción conjun a de la alimen ación y unas de e minadas condicio-
nes a mos é icas. Es e ac o ambien al a a adqui i un especial p o agonis-
mo en boca de Higinio del Campo, que des aca á el papel causal de los
ocíos ma u inos enjugados sob e la piel bajo el e ec o del sbl, la in luencia
di ec a de la insolación, las al e na i as de ío y calo ,
y
los cambios a mos-
é icos epen inos, an ecuen es en As u ias aun den o del mismo día y a
la misma ho a. De ahí que la pelag a gua dase una elación muy es echa
con las condiciones de ida de sus ca ipesinos. Se ían és os, po la índole de
su abajo, quienes su i ían de un modo especial dicha in luencia a mos é-
ica ya que ((desde el alba has a el ocaso es án suje os al in lujo de es os
agen es los sallado es y sallado as en los la gos días de mayo
y
junio, época
en que se ejecu a es a ope ación ag icola, manan ial ecundo de la pela-
g a
(39).
El médico de Pola de Sie o nos dejó una i a es ampa del abajo
del campesinado as u iano:
«En aquellos días se en en odas las ie as semb adas de maíz, la gas ilas
de homb es y muje es, jó enes y adul os, has a ancianos, que desa iando la
es ación, los unos en mangas de camisa, con el calzón an solo ceñido a la
cin u a y la cabeza de endida po una mala mon e a y paño aido, las mu-
je es lojas de opa, con los b azos desnudos, un pañuelo iejo a la cabeza;
y ambos sexos descalzos, y enco bados sob e la ie a, especialmen e las
muge es a causa de la co edad del has il o mango de los za cillos, sudan y
se a anan, acaso en ayunas y des alleciendo, o sus en os con una escasa a-
ción de pan du o de maíz, no ha os de ino, sino bebiendo con ecuencia
pa a apaga la sed la gos agos de agua, caldeada po odo un e e no
día
(40).
--
onso Ma inez, echada en 15 de ma zo de 1848,
y
que es e úl imo ansc ibe in eg a-
men e. [MART~NEZ,
1.1,
op.
ci .
en no a 12, pp. 58-72.
(38) DEL
CAMPO,
H.
(1 847). Es udios sob e la pelag a.
Bol.
Med.
Ci .
Fa mac. II,
n.O
97
y
98,
pp. 363-366
y
371-373. Nues a ci a en p. 363.
(39)
Idem,
p. 365.
(40)
Ibidem.
Del «mal de
la
osa» a la ((en e medad de la mise ia))
Ve emos en nues o úl imo apa ado que es a eo ía e iológica se exp e-
sa á en la p opues a de unas medidas pa a mejo a las condiciones de aba-
jo. Hay que señala , po o o lado, que del Campo conside a que el
mal
de
la
osa
enía una se ie de causas p edisponen es: escasez o mala calidad de los
alimen os, i iendas insalub es, inmundicia e i i ación de la piel. De
ahí
que ponga de elie e las mise ables condiciones de ida de los campesinos
as u ianos, cuya g an mayo ía ((lle a las ie as a endadas, siendo su exis-
encia penosa
y
desg aciada. Su alimen ación se educía, además del pan de
maíz, a las alubias, pa a as, nabos, calabaza
y
e du a, consumiendo única-
men e la ca ne ((po ca na al, cuando hay boda y cuando es án en e mos)).
La i ienda y la higiene pe sonal ampoco e an saludables:
((Habi an, gene almen e hablando, en casas pequeñas y aglome ados en
los do mi o ios, po lo común mal en ilados; o os, más pob es, se cons-
uyen mise ables chozas, en las que due men en amigable compañía con
los ganados y demás animales domés icos. [...] En o as pa es due men en
eunión en los paja es y sob e la ceniza en algunios pa ajes mise ables y
mon uosos. Has a
la
edad del amo y la coque e ía no es la limpieza su i -
ud a o i a: c iados en e mocos y basu a, algún iindi iduo hay que desde
el agua del bau ismo no usó es e líquido pa a la a se has a que el deseo de
ag ada le di igió a la uen e o al a oyo))
(41).
En cuan o a Ilde onso Ma ínez, a pesa de su echazo del papel del
maíz, sus plan eamien os sob e la elación en e la pelag a y la pob eza p e-
sen an un g an in e és. Su pun o de pa ida es la e iología mul i ac o ial de
la pelag a, cuyas causas adica ían «en la mise ia, en el desaseo, e* el clima y
la a mós e a, en la escasa alimen ación, en la ansmisión he edi a ia))
(42).
En elación con es a úl ima, e emos más adelan e que Ma ínez p opond á
unas medidas eugenésicas que, aisladas de su con ex o, pudie an esul a
engañosas en cuan o a sus plan eamien os ideológicos. Hay que señala , sin
emba go, que Ma ínez p opugna es as medidas después de pone de elie-
e la necesidad de o os medios encaminados a mejo a las condiciones de
ida de los pelag osos. Aunque a i me como p io i a ia la ansmisión gené-
ica, no deja de des aca que la p edisposición indi idual p ecisaba la concu-
encia de la mise ia pa a que la en e medad se mani es ase. La denuncia de
una es uc u a social injus a y explo ado a asoma en su concepción de
la pelag a,
(41)
Idem,
p.
364.
(42)
[MARTÍNEZ,
1.1,
op.
ci .
en
no a
12,
p.
313
DELFIN
GARC~A
GUERRA
y
~CTOR
~VAREZ
ANTUNA
(([
...]
e dade o azo e de los hijos del pueblo, de los a anosos p ole a ios,
que no encuen an después de su abajo sino una mansión mal en ilada
y llena de mise ia, una ida aza osa, agos ada po el cansancio y la a iga,
po la abyección y ahe ojamien o en que se encuen an sumidos po
aquellos que cuidan más de las bes ias que de sus semejan es))
(43).
De ahí que Ma ínez con enga con Ma chand en que la pelag a es el
((mal de mise ia»:
«Si
cie amen e, mal de mise ia, mal del pob e, del homb e que enco ado
po odo un día en e o cho eando a oyos de sudo , alcapza po p emio
de su a án un zoque e de bo ona y una escudilla de leche; mal del jo nale-
o in eliz, cuyo desayuno es una escudilla de cas añas, cuya comida se e-
duce a un po e de coles, sin sal ni ocino, cuya bebida es el agua, que no
siemp e es de buena calidad, o la sid a ácida y poco e men ada; mal de
mise ia, po que uel e del campo lleno dc sudo y a iga, icnc quc do mi
en una simple a ima, escaño o je gón de capulla, o al ez en un paja pe -
cibiendo los áli os del ganado que es á en los es ablos del ico ag icul o ;
mal de mise ia, po que solo se p oduce en las clases más desg aciadas de
las coma cas, pe o mal de muchas mise ias eunidasa
(44).
En es a línea de pensamien o, Ma ínez insis e en que la mala nu ición
no es el único condicionan e de la mise ia; en e ec o, «la mise ia no sólo
nace de la alimen ación, sino de la habi ación, del desaseo, de
la
desnudez,
del aba imien o mo al))
(45).
Es o se exp esa á en las medidas que p opone
pa a comba i la pelag a que, además de mejo a la nu ición, end ían que
aba ca las condiciones de ida en su globalidad, al como e emos en nues-
o úl imo apa ado.
El echazo de la eo ía alimen icia es solamen e una de las e ien es de
la ac i ud de Faus ino Ga cía Roe1 an e la e iología social de la pelag a. En
an o concede un papel p io i a io a la he encia, elega á una
y
o a ez a un
(43)
Idem, p.
323.
(44)
ldem, pp.
313-314.
La p opues a de cali ica a la pelag a como «mal dc mise ia)) am-
bién la encon amos en o os au o es españoles de mediados dc siglo. Josí. Ma íncz,
médico de G á alos, a i maba
que
la pelag a «es el pa imonio de la misc ia,
y
que
cl
sol de la p ima e a le da, como a los mise ables ep iles, su ep il dcscn ol imicn o»,
añadiedo más adelan e «que debie a llama se mal de mise ia)). MART~NEZ, J.
(1853)
Obse ación sob e la pelag a.
Bol.
Med. Ci . Fa mac.
III,
2.a
ep., n.o
105, 2
ene o
1853,
pp.
4-5
(45)
[MART~NEZ,
1.1,
op.
ci . en no a
12,
pp.
314-315.
Del ((mal
de
la osa»
a
la ((en e medad de la mise ia))
215
segundo plano el p o agonismo causal de las condiciones de ida. De
ahí
que, desde los p ime os pá a os del apa ado dedicado al ema, adop e una
pos u a inequí oca. Señala Roel que desde que los au o izados labios de
Casal p onuncia on la palab a
mise ia
como una causa del mal de la osa,
había ci culado es a idea e ónea, que los hechos enían a desmen i .
Como e emos en el apa ado siguien e, an o Ilde onso Ma ínez como
Faus ino Roel sos enían que el
mal de la osa
e a la consecuencia de un ac o
he edi a io que se mani es aba bajo el in lujo de de e minadas causas ex e -
nas. Sin emba go, a di e encia con los plan eamien os de Ma ínez, en la ac-
i ud de Roel es muy pa en e, po una pa e, el in en o de minus alo a la
impo ancia de las causas sociales. Más aun, la pelag a pod ía p esen a se
con ca ác e exclusi amen e he edi a io, sin que concu iesen ac o es e io-
lógicos ex e nos. Ya e emos que, en consecuencia, las medidas p opugna-
das po Roel pa a lucha con a la en e medad se limi a án casi exclusi a-
men e a p opone una polí ica eugenésica, en an o que la mejo a de las
condiciones de ida se nos mues a muy ímidamen e esbozada y con escasa
con icción de éxi o.
Pues o que la casuís ica que igu a en la
E iología de la pellag a
p e ende
desca a que la en e medad mos ase una es echa elación con la pob eza,
se plan ea la necesidad de e isa su con enido desde una doble pe spec i a.
Po una pa e, el alo p oba o io de las his o ias clínicas con que Roel p e-
ende demos a que la pelag a se p esen aba ambién en gen e acomodada.
Po o o lado, el papel que a ibuye a la mise ia en aquellas his o ias, p oce-
den es de la p ác ica hospi ala ia, en que el en e mo es aba some ido a la in-
digencia y la malnu ición.
Hay que señala de un modo especial que las ideas nosológicas de Roel
en o no a la pelag a p opo cionaban una sólida cobe u a a su echazo de
la e iología social. La e isión del caso de su p ime a obse ación es su i-
cien emen e demos a i a. Se a a de un en e mo de
20
años,
((bien con o ma-
do
y
nu ido, es udian e, de uzda a eglada, buena higzene'y alimen o con exclusión de
maíz))
(46).
Es as ci cuns ancias dan ocasión a que Roel se pueda p onuncia
sob e el papel de las- condiciones de ida sob e la en e medad:
¿(La mediana o una de es a amilia excluye la idea de la
mise ia,
po habe -
les pe mi ido el uso
de
saludables alimen os, higiene, aseo y comodidades
ela i as. Sus buenas cos umb es, paz domés ica, egula es condiciones de
(46)
ROEL.
F,
op.
ci .
en
no a
15,
p.
51.
216
DELF~N GARCIA GUERRA
y
VÍCTOR
ÁLVAREZ
ANTUÑA
i ienda
y
población, alejan oda p esunción de
causas
po dichos concep-
os; deduciéndose necesa iamen e que
no
han podido de e mina ni aun
coadyu a
al
desa ollo de la mis e iosa apa ición de
al
pellag a))
(47).
Pa a Roel, es e caso, al igual que o os muchos de su casuís ica, desca a-
ba que la pelag a se asociase necesa iamen e a la ida mise able. Aho a
bien, su alo p oba o io no puede p escindi del hecho de que el en e mo
de e e encia no p esen a los signos del
mal de la osa
sino los de una ic iosis.
No es necesa io pa a a i ma lo ecu i a un diagnós ico e ospec i o a a-
és de los sín omas o de la imagen iconog á ica que acompaña a la his o ia.
Es el p opio Roel quien e ique a como ic iósico a su en e mo. Sus e lexio-
nes sob e el caso comienzan con la a i mación de que «el e a o de es a
ic iosis no endna azón de se
[...]
a no in e eni
lapellag a
como pa e in-
eg an e y cons i uyen e a la ez del á bol genealógico que a ojó an ex a-
ño u o))
(48).
No se ía di ícil demos a que, cada ez que Roel incluye en su casuís ica
en e mos de pelag a que han lle ado una ida acomodada, iene que ecu-
i sis emá icamen e a casos de las más a iadas de ma osis, o almen e
aje-
nas no sólo a la en e medad ca encial que hoy conocemos como pelag a,
sino ambién al cuad o que había delimi ado Casal como ca ac e ís ico del
mal de la osa.
An e es e hecho, hay que eludi la ácil in e p e ación de que
Roel con undía,
e óneamen e,
la pelag a con o as de ma osis o que, de una
o ma delibe ada, elige casos que con i man sus plan eamien os, aun a sa-
biendas de que no se a a de e dade os pelag osos. Toda su casuís ica en-
caja pe ec amen e en el ma co concep ual en que delimi a la pelag a como
((especie mo bosa)) o, u ilizando sus p opias palab as, como (( o ma nosoló-
gica))
(49).
Aunque el hecho de que los en e mos mise ables no cons i uyesen un
componen e mayo i a io e a ya un a gumen o pode oso, Roel lo e o za á
con las pe inen es explicaciones e iopa ogénicas encaminadas a demos a
que la mise ia
y
la desnu ición cons i uían unicamen e causas ocasionales.
De
ahí
que aquellos en e mos que, en o as manos, pod ían a ala la e iolo-
gía social, sean u ilizados pa a apoya sus doc inas e iológicas. En opinión
(47)
Idem,
p.
58.
(48)
Idem,
p. 57.
(49) Jules A naud ya señaló en iempos de Roe1 las peculia idades de su casuís ica, exp e-
sión de sus ideas nosológicas. Después de eco da que, pa a el médico o e ense, la pe-
lag a es una degene ación
y
me amo osis de las lep as y que la sí ilis, ambién de i a-
Del «mal de la osa» a la ((en e medad de la mise ia))
de Roel, la ida mise able no jugaba o o papel que la p epa ación del e e-
.
no pa a que ac uase la e dade a causa e icien e de la pelag a, el ac o he e-
di a io. La elación en e el mal de la osa
y
la mise ia, queda ía en su jus o
luga en el siguien e axioma:
((La mayo iolencia de lapellag a es á en azón di ec a de la calidad y quizá
can idad de los p incipios mo bí icos ansmi idos, y la meno en azón in-
e sa de los mismos; la pob eza debe es ima se como el ehículo di usi o
de es os gé menes, pe o nunca como su causa e icien e))
(50).
Pa a co obo a es e plan eamien o, Roel señala que, si bien en el asilo
de mendigos de O iedo se podía e ecuen emen e la pelag a ((en unes o
ma idaje con el hamb e, desnudez e inmundicia)), se p esen aba
((siemp e
como exp esión de la he encia)) (5
1).
De
ahí
que, po más que una buena alimen-
ación, la higiene
y
la medicación ónica mejo asen a los en e mos, has a el
pun o de hace desapa ece las mani es aciones de la en e medad, su segui-
mien o ul e io pe mi ía comp oba que «al ab igo de las causas del paupe-
ismo)), bajo un buen égimen alimen icio e higiénico, e a acome ido pos-
e io men e du an e los equinocios o bien del e i eina o de los sín omas
uncionales de la pelag a. No menos elocuen e sena la apa ición de pelag a
espo ádica en niños
y
adul os de ambos sexos, expósi os en el Hospicio P o-
incial de O iedo, ((donde la al a de alimen o, higiene
y
demás causas ima-
ginadas no exis en,
y
donde sola la ansmisión congéni a esponde e minan emen e
al llamamien o e iológicon (52).
No pa ece e osímil que las condiciones de ida
en un cen o bené ico del siglo
XIX
se co espondiesen con las a i maciones
de Roe1
(53).
La pelag a, po consiguien e, no se podía ci cunsc ibi a una sola clase
social; se podía obse a , al ma gen de la mise ia, en e la gen e ica o me-
da del mal de San Láza o, podía ans o ma se en pelag a, añade no sin cie a i onía
que en sus obse aciones
y
en los g abados que las acompañan (( ou e- -on un peu de
ou , de l'ich yose, de l'elephan iasis, du i iligo, des éphélides, peu -e e meme de la
pellag e)). ARNAUD,
J.,
op. ci .
en no a
6,
p.
319.
(50)
ROEL,
F.
op. ci .
en no a
15,
pp.
445-46.
(51)
Idem,
p.
447.
(52)
Idem,
p.
447.
(53)
De hecho, a excepción de algunas es i idades,
el
menú co idiano del Hospicio de
O iedo consis ía en un po e de habas, pa a as
y
e du as.
C :
JUNCEDA AVELLO, E.
(1
984).
His o ia del Real Hospicio y Hospi al Real de la Ciudad de O iedo.
O iedo, I.D.E.A.,
p.
143.
-
-
218
DELF~N
GARC~A
GUERRA
y
V~CTOR ~VAREZ ANTUÑA
dianamen e acomodada que, en una es adís ica adecuada, comp ende ía
posiblemen e más de la mi ad de los a ec ados. Hay que señala que el ca-
ác e p o ei o me que p esen aba la en e medad en la concepción de Roel,
y las an ecuen es o mas de la
pelag a sine pelag a
cons i uía una excelen e
cobe u a pa a sos ene que no espe aba a las clases icas
(54).
En opinión
del médico as u iano, el día en que los médicos de odos los países hiciesen
el diagnós ico de la pelag a sin e i ema y supiesen ap ecia debidamen e sus
nume osas mani es aciones, el con ingen e de pelag osos se ía so p enden e
an o en las capas sociales al as como en las ablas de mo alidad.
La co nclusión de Roel es que la pelag a no se pod ía achaca a la mise-
ia, que sólo debía en ende se como una de las concausas. Cali ica, en
suma, de ((solemne idiculez)) el achaca la al consumo de maíz o ce eales
a e iados, a la mala y escasa alimen ación, in empe ancia, abuso de alcohó-
licos, al a de luz y en ilación en las i iendas, desaseo, pasiones de ánimo
dep imen es, abajos o zados o in luencias a mos é icas
(55).
2.3.
El
ac o he edi a io
Como queda señalado, la idea de que la pelag a obedecía a causas ex e -
nas, en especial alimen icias, u o una g an acep ación ue a de nues as
on e as. Los ac o es in e nos indi iduales juga ían, a lo sumo, el papel de
causa disposi i a, que explica ía su apa ición alea o ia en una población so-
me ida a la acción de las mismas ci cuns ancias exógenas. La en e medad,
po lo an o, no se ía he edi a ia, si bien los pad es pod ían ansmi i a los
hijos la p edisposición a padece la.
Si es o es así en é minos gene ales, la he encia ocupa en los au o es as-
u ianos que enimos es udiando un luga muy especial. En los apa ados
(54)
El concep o de
pelag a sine pelag a,
acuñado po Landouzy, exp esa elocucn cmcn c las
di icul ades de'delimi a la especie mo bosa «pelag a», un p oblema nosológico que,
en gene al, no plan eaban o as en e medades sociales como la isis pulmona , pc ec-
amen e iden i icable con c i e ios ana omoclínicos, o las en e medades epidémicas,
po la especi icidad de su cuad o clínico.
(55)
Dos anos después de la publicación de su ob a, Roel p esen ó al Cong eso Médico de
'
Se illa una ponencia en la que ei e aba que ((causa asomb o e acep ada en los a ícu-
los
y
discu sos de la p ensa
y
academias ex anje as la e ónea idea de que
el maiz
y
mi-
se ia cons i uyen la causa e lcien e de la pellag a».
C :
ROEL,
F.
(1
882).
Tesis
sob e
la palogenia de
las p incipales en e medades gue an icipan la mue e del géne o humano.
Mad id, Imp en a de la
Co espondencia, pp.
30-3
1.
Del «mal de la osa» a la «en e medad de la mise ia))
219
an e io es asoma on los plan eamien os de An onio del Valle e Ilde onso
Ma ínez, que de endían, con di e sos ma ices, la ansmisión he edi a ia.
Un caso especial es el de
F.
G.
Roel, que edi ica á oda su eo ía in e p e a i-
a, y a pa i de ella su ex ensa ob a, en la ansmisión a a és de la he en-
cia.
Hay que señala que el papel e iológico de la he encia que, en p incipio,
pa ece enma ca se en la dimensión biológica de la en e medad, con ibuye
de o ma no menos impo an e que las condiciones ma e iales de ida a
con igu a la pelag a como en e medad social. Po uina pa e, quienes de-
endían la ansmisión he edi a ia no u iliza án únicamen e a gumen os ba-
sados en los conocimien os cien í icos sob e la he encia, apenas desa olla-
dos po en onces. De un modo simila a quienes esal aban los ac o es ex-
e nos, end án que ecu i a hechos epidemiológicos, elacionados con la
dis ibución social, pa a sos ene sus eo ías. Po o o lado, los medios euge-
nésicos pa a e adica la pelag a, obligada p oyección de la eo ía en la p ác-
ica médica, se insc iben necesa iamen e en la e ien e social de la medi-
cina.
Lo p ime o que hay que señala es que el ca ác e he edi a io del
mal
de
la
osa
enía su co ela o en una c eencia a aigada en la cul u a popula . An-
onio del Valle señala que es a e dad es an e iden e, común y gene alizada
que ((nadie quie e enlaza se, no digo con un pelag oso o pelag osa, sino sos-
pechoso que sea, a no se el que se halla a ec ado del mismo icio, algún mi-
se able, o alguno que igno e los an eceden es de las amilias))
(56).
También
Rod íguez Villa goi ia a i ma que ((común c eencia es en el pais que la en-
e medad se ansmi e po la ía he edi a ia))
(57).
La espues a de An onio del Valle a la oc a a cues iión de la encues a de
la Academia de Pa ís
-((<Qué
debe pensa se de las p opiedades he edi a ias
y con agiosas de la pelag a?»- es concluyen e: ((Es de igo osa y cons an e
obse ación que la de ma osis pelag osa sólo se comunica o ansmi e po la
gene ación; es al amen e he edi a ia y nada con agiosa)
(58).
La e idencia la
p opo cionaba el hecho de que, en opinión de del Valle, no se obse aba un
solo a ec ado cuyo pad e o mad e, o alguno de sus abuelos pa e nos o ma-
(56)
DEL VALLE, A.
(1848), a iculo ci ado en no a
27,111
(3.a se ie), n.O 109, (30 de ene o
de 1848),
p.
34.
(57)
[MARTINEZ,
1.1,
op.
ci .
en na a 12,
p.
69.
(58)
DEL VALLE, A.
(1848), a ículo ci ado en no a
27,
111
(3.a se ie), n.o 109 (30 de ene o
de 1848),
p.
34.
220
DELFÍN
GARCÍA GUERRA
y
VÍCTOR ÁLVAREZ ANTUÑA
e nos no hubie an p esen ado signos más o menos mani ies os de la pela-
g a. Pa a el médico de Gijón, en suma, la exclusi a ansmisión he edi a ia
e a una de las pocas cosas que se podían a i ma posi i amen e en el con o-
e ido ema de la e iología della pelag a que, en su opinión, no e a pa i-
monio exclusi o de los pob es: «si es cie o que los más de los pelag osos
son in elices mise ables, ambién lo es que a ios de ellos no se hallan en
ci cuns ancias an a lic i as))
(59).
También desca a de o ma o unda la po-
sibilidad del con agio: «Ni el más ecuen e oce; ni el es i una misma
opa; ni el do mi jun os po muchos años; ni el uso epe ido del coi o en e
los esposos ansmi en o comunican la pelag a en As u ias)) (60).
Ilde onso Ma ínez acep a ambién la he encia de la pelag a, si bien de-ja
en e e la posibilidad de que se ansmi a únicamen e la p edisposición.
Aun pa iendo del hecho de que ((la pelag a es he edi a ia en una misma a-
milia
y
en sus ás agos sucesi os» (61), Ma ínez concede á una impo ancia
especial a los ac o es ex e nos como causas desencadenan es sob eañadi-
das. En su opinión, si la en e medad es he edi a ia pe o no con agiosa, «no
podemos admi i a lo más sino una p edisposición inna a, es deci , no po-
demos deja de econoce una diá esis he edi a ia que, que como odas las
diá esis, pe manece ocul a has a que una causa ex e na o in e na iene a po-
ne la de mani ies o))
(62).
Es o explica ía que los hijos de los pelag osos no
llegasen a padece la en e medad si abandonaban pa a siemp e la mo ada
pa e na
y
su país na al. La diá esis pelag osa, en e ec o, «no ep esen a más
que la disposición o gánica, la p opensión a a ec a se, siemp e que sean
bas an e pode osas las causas ocasionales)) (63).
En e los au o es as u ianos del siglo
XIX
es Higinio del Campo el que
concede un meno p o agonismo a la he encia. Su polémica con An onio
del Valla sob e la e iología, en la que de iende el papel de la exposición
al
sol como causa e icien e, le da ocasión de en en a se con la eo ía he edi a-
ia. Sin echaza que en oda en e medad exis e una causa disposi i a, del
Campo nega á que la he encia sea la causa e icien e de la pelag a. El hecho
empí ico de que sólo se p esen ase en e los campesinos cons i uía pa a él
un a gumen o muy pode oso. Señala del Campo que, a lo la go de los siglos
(59)
Idem. II
(3.a se ie),
n.o
103 (19 diciemb e 1847),
p.
411.
(60)
Idem, III
(3.a se ie),
n.o
109 (30 ene o 1858),
p.
34.
(61)
[MARTÍNEZ,
l.],
op.
ci .
en no a 12,
p.
263.
(62)
Idem,
pp.
274-75.
(63)
Idem,
p.
276.
Del «mal de la osa» a la ((en e medad de la mise ia))
22
1
en que el mal dela osa se enía mos ando como un padecimien o endémi-
co en As u ias, hab ía que admi i que necesa iamen e algunos pelag osos, a
causa de la mo ilidad social, hab ían ascendido de clase, bien po aumen o
de o una o po enlaces ma imoniales:
((Pues bien, supues a la única causa que admi e el S . Valle, es a amilia
debió con amina a las con ella enlazadas
y
la pelag a ascende en la escala
social: es así que lo segundo no sucedió, pues la pelag a es en e medad p i-
a i a
y
peculia del ag icul o ; luego además de la disposición he edi a ia
es p ecisa una nue a causa, que eduzca a ac o la po encia de con ae -
la»
(64).
Cuando Faus ino Ga cía Roel abo de las ((causas e icien es e in ínsecas)),
de la pelag a pa e de es a a i mación inicial, a cuya demos ación dedica á
g an pa e de su ob a:
((Nadie pone en duda hoy la asmisibilidad he edi a ia de la
pellag a, y es uno de los hechos mejo comp obados po la obse ación y es adís ica»
(65).
Po o o lado, p ecisa á que es o almen e alsa la opinión de que no se he-
edan las en e medades sino solamen e la disposición a con ae las.
La
E iología de la pellag a
es el esul ado de es a con icción del ca ác e he-
edi a io de la en e medad. A pesa de sus epe idas a i maciones de que
p e ende apoya se en los
hechos
e i ando oda especulación, los esul ados se
man end án muy alejados de sus p oclamadas in enciones. Di ícilmen e se
pod á encon a un au o en que el peso de la eo ía sob e los hechos ad-
quie a una mayo ele ancia. Es o esul a especialmen e llama i o si ene-
mos en cuen a la época en que apa eció su ob a, cuando el posi i ismo
cien í ico-na u al había c is alizado plenamen e, y al cual p e ende a ene se
con oda idelidad el médico as u iano.
Ex ac a en un puñado de páginas las e e encias cle Roel al papel de la
he encia no cons i uye una emp esa ácil. En oda sus his o ias clínicas, en
las
e lexiones
que las acompañan, en sus di agaciones his ó icas, a lo a una y
o a ez la a i mación de que la pelag a es un icio he edi a io, cuyo o igen
se emon aba a las p ime as poblaciones humanas, y que había sido ans-
mi ido,
a.
a es de una se ie de ans o maciones, de gene ación en gene a-
(64) DEL CAMPO,
H.
(1848). B e es obse aciones a la con es ación que ha dado el seño
de Valle al p og ama que sob e la PELAGRA comunicó la Academia de Medicina de
Pa ís al doc o ~ouise~.
Bol.
de
Med.
Ci .
y
Fa mac.
III
(3.a
se ie),
n.O
119 (9 de ab il de
1848), p. 114.
(65) ROEL,
F.
op.
ci .
en no a 15, p.
359.
Sub ayado nues o.
I
228
DELF~N
GARCIA
GUERRA
y
V~CTOR ÁLVAREZ
ANTUNA
abandono del consumo de maíz, quienes de endían o os ac o es e iológi-
cos ex e nos, lle ando al ex emo una op imis a in e ención sob e los mis-
mos, ((desa endían lo p incipal po ija se en lo acceso io)). He aquí la enu-
me ación que hace Roel de odo lo
acceso io
que p opugnaban quienes son
cali icados po él de op imis as:
((Solici an un manan ial de iqueza
p ospe idad cn cada oco dc a cc a-
dos; case íos modelos, econs ucción dc las habi acioncs con a eglo a
és os, epa ación de las húmedas
nialsanas; cscuclas g a ui as; obliga a
los hijos de los en e mos a que adop en p o csioncs
di e sas,
hace los ali-
men a se con leche, a o ecc la cxpo ación dcl niaiz c inipo ación dc
o os ce eales,
(...]
p ohibi la en a dcl niaiz al e ado, p cmia a los que
cul i en igo, igila la expedición dc sus ancias ali ncn icias))
(85).
Resul a signi ica i o que, aun admi iendo que las condiciones de ida ac-
úan como ((concausas)) de la pelag a, Roel no se mues e pa ida io de
pone en ma cha es e ipo de medidas. Jus o es econoce que ampoco con-
side a la necesidad de aisla los pelag osos en un
((ghe o)),
medida elaciona-
da p obablemen e con la c eencia en el con agio de la pelag a. Según su es-
imonio,
J.
F ank
(86)
p oponía la depo ación de los pelag osos a una isla
i aliana pa a con ina en ella la en e medad, en an o que Ghe a dini pos u-
laba la emig ación o zosa de los pelag osos a los desie os, «ni más ni
menos que se p ac icaba en los p imi i os iempos con los lep osos»
(87).
Roel señala que, al ac ua sin conocimien o de causa, la exage ación de las
p ecauciones de unos
y
la incon eniencia de las p oposiciones de o os es a-
ban condenadas al acaso, añadiendo a con inuación:
«iCuál es la causa e icicn c de la pellng a, ga an ida po
la
dcnios a-
ción? La lep a degene ada.
;Cuál es el medio de ansmisión
y
pe pe uidad de es os gí. nicncs
mo bí icos? La he encia.
He aquí los dos polos sob c que deben gi a odas las in es igacioncs
del médico
y
la pied a angula donde han de cnc asien o
u1
g an
edgcio
hi-
gzénico, la
p o ilaxis
más
acional, los acue dos cienl$cos
Y
adn inisl c ii os))
(88).
(85)
ROEL, F.
op.
cil.
en no a
15,
p. 656.
(86) C eemos que Roel alude
a
Joseph F ank (1771-1842), hijo dcl an~oso higic iis a
Jo-
hann Pe e F ank.
(87) ROEL, F.
op.
ci .
en no a 15, p. 657.
(88)
Idem,
p. 657.
Del
«mal
de
la
osa»
a
la
«en e medad de
la
misena))
229
Roel, como emos, no desca a la necesidad de una polí ica sani a ia
pa a en en a se con la pelag a. Sus eo ías e iológicas ienen una cla a ex-
p esión en las medidas que p opone, que oman como pun o de pa ida la,
pa a él indiscu ible, na u aleza he edi a ia de la en e medad. De ahí la u -
gencia de disposiciones económico-polí icas capaces de lib a a los ciudada-
nos de los males que les amenazaban:
((Si
los gobie nos no llenan su misión sal ado a legislando el conso cio, ha-
ciendo obliga o ias la cu ación e higiene de un modo conducen e a la ex-
inción de la plaga en los g andes cen os donde se halla domiciliada, e e-
mos e e namen e en es as localidades u bas de ag icul o es inhábiles pa a
esis i la meno a iga, masas de ob e os depaupe ados que ansmi i án a
las gene aciones
u u as,
en cambio de salud
y
igo ,
mise ia isiológica,
que
es el complemen o de odas las
mise ias;
aglome ación de caquéc icos
en
los
Hospi ales, des inados a o ma el censo de la bene icencia
y
eng osamien-
o
de los cemen e ios))
(89).
El pá a o pod ía suge i , en una lec u a p ecipi ada, que Roel se alinea
con quienes conside an a la pelag a como «mal de la mise ia)). La lec u a de
su ob a deja muy pa en e, sin emba go, que la ideología de Roel le lle a a
en ende de un modo peculia la elación en e la pelag a
y
la ida mise a-
ble. No es es a úl ima la que p oduce la en e medad, de acue do con los
pos ulados de la medicina social. Cambiando el sen ido del ec o e iológi-
co, Roel sos iene que es la en e medad la que p oduce la mise ia; la ((mise ia
isiológica)), exp esión de un icio humo al he edi a io, no es pa a él la con-
secuencia sino la causa de la ((mise ia social)). De ahí sus medidas p o ilác i-
cas, que esponde án a dos ipos: las que llama medidas di ec as, ((encaminadas a
a aca de en e las causas conocidas de lapellag a», que se ían las eugenési-
cas,
y
medidas indi ec as, des inadas a ((hace desapa ece las concausas de es a
en e medad))
(90).
Es as úl imas gua da ían elación con las mejo as en las
condiciones de ida. El obje i o inmedia o de las medidas p e en i as debía
se ((ex i pa la aiz del padecimien o, secando la uen e p incipal de la p o-
pagación, que es la he encia, y neu alizando su unes o in lujo en los p o-
duc os exis en es de és a»
(91).
Es e plan eamien o explica que la medida p io i a ia p opues a po Roel
uese la p ohibición del ma imonio de los a ec ados, ((secundando
el
ins in o
(89)
Idem,
pp.
657-58.
(90)
Idem,
p.
658.
(91)
Idem,
p.
659.
230
DELF~N
GARC~A
GUERRA
y
V~CTOR
~VAREZ
ANTUÑA
p ese oado de a ios pueblos que lanzan hoy del emplo de himeneo a los pellag osos,
cual se hacía en siglos p óximos con los lep osos))
(92).
Po o o lado, conside ando
indispensable la eno ación de la sang e en los ocos del mal, Roel hace una
se ie de p opues as que no debían, en su opinión, conside a se iolen as, al
es a legi imadas po su u ilidad bené ica. En e ellas igu an la (( es icción
del ma imonio en e pa ien es y con ecinos de las zonas donde haya lep a,
pellag a
u o as disc asias y diá esis de ma ósicas,
incluye ido la s ilis,
y
mucho
celo pa a e i a la p opagación de es a en e medad))
(93).
La medida com-
plemen a ia se ía a o ece el ma imonio de los poblado es sanos de di-
chos luga es con los de zonas dis in as que se hallasen en buenas condicio-
nes de salud y no p ocediesen de amilias a ec adas. Roel p opugna, además
el
a amien o obliga o io
de los pelag osos, ya en los Hospi ales o en sus p o-
pias casas, a a és de los acul a i os municipales y a expensas de los ecu -
sos a bi ados po los concejos.
Nos pa ece e iden e que el es ilo de pensamien o que inspi a es as medi-
das p e en i as se si úa más en la ó bi a de la ((policía médica)) de la Ilus a-
ción que en el ámbi o de la medicina social. Roel incluye unaci a de ~iza o
que hubie a i mado el más consecuen e de los ilus ados:
«La salud del pueblo es la iqueza nacional; sus b azos son los b azos de la
pa ia, que hacen uc i ica el suelo
y
abunda los p oduc os ag ícolas, sus
b azos sa is acen las necesidades sociales con los obje os de indus ia
y
a e. Ellos en e ienen el come cio, ellos acili an los goces a las clases acomoda-
das. En compensación, jus o es que di ijamos una mi ada de econoci-
mien o a ese pob e abajado , que ha ago ado sus ue zas en bene icio de
sus coasociados,
y
se encuen a endido-en el lecho del dolo sin medios
pa a a ende a la cu ación de la en e medad que le a o men a
(94).
Nues o sub ayado p e ende esal a un hecho signi ica i o. Las p o-
pues as de polí ica sani a ia de Roel no es án di igidas p io i a iamen e a pa-
lia las consecuencias de una es uc u a social injus a, sino a bene icia , en
úl ima ins ancia, a las clases más a o ecidas. De
ahí
que inmedia amen e a
con inuación comen e que ((pa a los icos se i á de ú il enseñanza el esul-
ado que se ob enga con los pob es; ellos ap ende án a p ese a se del mal,
(92)
Idein,
p. 659. Sub ayado nues o.
(93)
Idem,
p. 659.
(94)
Idem,
p. 658. Rep oducimos la e e encia que de su ci a nos p opo ciona Roe1 a pie de
página:
((Piza a;
O g. sani .,
p.
11)).
Del «mal de la osa» a la ((en e medad de la mise ia))
23
1
po muy , elado que se halle en e los p o ec o es pliegues del man o de su
g andeza) (95).
Roel in en ó que sus plan eamien os se exp esasen en medidas ins i u-
cionales conc e as. En
186
1
solici ó del Gobe nado ci il de O iedo que o-
mase las medidas pe inen es pa a la hospi alización en la capi al de los en-
e mos de lep a y pelag a. Como consecuencia, la au o idad p o incial di i-
gió un esc i o en
1862
a los egido es de odos los mu iicipios as u ianos, en
el que se pe cibe cla amen e la mano del au o de la
E iología de la pellag a.
Comienza señalando que enían ing esando po en onces en el Hospi al
P o incial nume osos en e mos de lep a y de
mal de la osa
y que había que
oma medidas con a dichos azo es. Pudie a pa ece , en p incipio, que el
Gobe nado asume la esis de que la pelag a es la consecuencia de la mise ia
y la suciedad, lo cual desca a ía su pqpel de po a oz de las ideas de Roel:
«El desampa o, la mala e incon enien e alimen ación, la pe manencia en
lób egas
y
húmedas chozas con escasa en ilación
y
pésima cama; el desa-
seo
y
emanaciones dele é eas en que es án sumidos, el hacinamien o
y
has a la con usión con los i acionales, en unión de las en e medades
apun adas, les conducen i emisiblemen e a la
más
lamen able decadencia
ísica
y
mo al, les o nan en e o í icos espec os, des inados a cons i ui el
censo de la bene icencia
y
alimen o del cemen e io))
(96).
El con ex o de es as palab as, sin emba go, es ablece cla amen e la con-
cepción conse ado a de que la mise ia cons i uye una degene ación o gánica.
El gobe nado , que asume explíci amen e en su esc i o el ca ác e he edi a-
io de la lep a
y
la pelag a, añade: «Es p eciso que de una ez pa a siemp e
desapa ezcan unos e o es, unas p eocupaciones, que deg adan al homb e,
que degene an su especie, en añando ho ibles males que en ano p e en-
den desecha , cuando su o ganización es á de e io ada en el más al o g a-
do» (97). De ahí que la ci cula del Gobe nado a i me que los Alcaldes, en
an o (( u o es esponsables de sus ep esen ados)), p es a ían un señalado
se icio si, en luga de opone obs áculos a la hospi alización de lep osos
y
pelag osos, o denasen su ing eso as el econocimien o del médico munici-
pal. Hay que señala , po o o lado, que la ci cula cjel gobe nado asumi á
explíci amen e la conside ación de que la mendicidad no es la consecuencia
de la desg acia o de una es uc u a social injus a, sino 9a exp esión de la al a
(95)
Idem,
p.
660.
(96)
Idem,
p.
23.
(97)
Ibidem.
232
DELFIN GARC~A GUERRA
y
VÍCTOR
AVAREZ
ANTUÑA
de mo alidad de los agabundos, cuya incu ia, pe eza y desc eimien o, jun-
amen e con el pue il e o a la es ancia en los hospi ales, les p i aba del
auxilio de la e dade a ca idad.
((De aquí el que a as ando gus osos su p eca ia ida mendican e, unos no
quie an abdica los hábi os de agancia en que se mecie an; mien as que
en egados los o os a cos umb es in empe an es o a la sa is acción de ca-
p ichosos ins in os, en en el eglamen o
y
uni o midad sani a ia de aque-
llos asilos un a en ado a su noci a libe ad, una aba al cumplimien o de
sus iciosos deseos))
(98).
3.2.
Pelag a
y
medicina social
Veamos aho a las ac i udes de quienes apues an po mejo a las condi-
ciones de ida de los pelag osos. Al p opone medidas p e en i as, Higino
del Campo comienza po señala que ((10 más u gen e se ia que el pueblo
usase co idianamen e mejo y más suculen a alimen ación y se le mo alizase
mejo )), labo que co espondía a los gobe nan es, cuya misión más impo -
an e consis ía en ((lab a la elicidad ela i a de odas las clases de la socie-
dad,
y
especialmen e la más ú il
y
p oduc i a, al paso que la más ilipendia-
da, ajada
y
desa endida». También el médico, en su calidad de higienis a,
pod ía con ibui a e adica la pelag a. Aunque los p o esionales de la me-
dicina no podían a ia a su an ojo el égimen die é ico de los ag icul o es ni
es ablece la jo nada de abajo, es aba en su mano aconseja que e i asen la
acción de las es an es causas. Nos encon amos así con la e sión campesi-
na de la higiene labo al:
((Si las pa es que gene almen e es án expues as a la acción sola se llenan
de una moles ísima
y
asque osa de ma osis, cub áselas aunque sea lige a-
men e. Si la acción sola se es ella sob e el. ce eb o mal de endido po una
aída mon e a o un pañuelo o o, cúb ase la cabeza con un son~b e o,
aunque sea de paja ab icado, pe o de anchas alas
al a copa. Si la posi-
ción del cue po es moles a
y
pelig osa mo bí icamen e hablando, especial-
men e en el sallado emenino, a causa del co o mango del ins umen o,
alá guese és e. Callen las p eocupaciones, enmudezca la u ina, cámbiense
los usos, modi iquese el hábi o
y
más o menos len amen e consegui emos
des e a del suelo as u iano an moles a plaga
(99).
--
(98)
Idem,
p.
23.
(99)
DEL
CAMPO,
H.
(1848).
Ibidem,
a iculo ci ado en no a 64.
Del «mal de la osa)) a la ((en e medad de la mise ia»
233
El médico de Sie o no se limi a á a es ablece es as medidas higiénicas
p e en i as, sino que insis i á en la necesidad de una adecuada asis encia
médico-social. Señala ambién que la pob eza de los campesinos les impe-
día acudi al médico en an o enían ue zas pa a abaja , ((su iendo he oi-
camen e sus dolo es y abajos con al de que puedan sa is ace el hamb e
de sus hijos con un poco de bo ona, u o ama go de sus sang ien os sudo-
es» (100). De ahí que acudiesen a de al médico y nunca se cu asen adecua-.
damen e. La igno ancia, compañe a habi ual de la pob eza, juga ía ambién
su papel: ((Su poca ilus ación les hace espe a mucho de Dios y de los san-
os y poco o nada de la medicina, a la que piden más de lo que puede da ,
es deci , cu aciones b e es sin gas o ni moles ia
[...]»
(101).
Resul a muy demos a i o conoce la espues a que dio Higinio del
Campo a las medidas eugenésicas p opues as po An onio del Valle. Pa ien-
do del p incipio de que ((no exis e en e medad alguna de las admi idas po
he edi a ias que se desa olle sin p e ia causa ocasional)), concluye del
Campo que
«se ía du ísimo el que la sociedad a acase la libe ad indi idual, p ecisa-
men e el goce del más dulce de echo con espec o a una clase an inde e -
minada
y
ya an enlazada con indi iduos sanos desde iempo inmemo ial;
pues a más de se muy di ícil de señala los pelag osos
inje i
pa a aplica -
les la pena en bien de la sociedad, es a se e ía p ecisada dia iamen e a
hace nue as lis as de p osc ipción, lanza y a oja nue as íc imas ue a
del emplo de Himeneo, así que la causa modi icado a y de e minan e se-
ñalase con su dedo de uego nue os indi iduos))
(102).
Del Campo apoya á su a gumen o en una conside ación que nos pa ece
de g an in e és, po gua da elación con una en e medad en la que las dis-
cusiones sob e la e iología se plan ea án en los mismos é minos que pa a la
pelag a y cuya p e alencia de e minó en g an medida el desa ollo de la me-
dicina social: la isis pulmona . Como es bien sabido, la acep ación de su
ansmisión he edi a ia con an e io idad al descub imien o de su e iología
especí ica, no impidió que los in en os pa a su e adicación se apoyasen en
medidas de ipo social, des inadas a mejo a las condiciones de ida. Del
Campo concluye su oposición a las medidas exclusi annen e eugenésicas se-
(
100) Ibide n.
(1 0 1
)
Ibide n.
(1 02) Ibidem.
234
DELFÍN GARC~A GUERRA
y
V~CTOR ÁLVAREZ
ANTUNA
ñalando que ni siquie a la isis ube culosa, el p o o ipo en e las he edi a-
ias, desapa ecena comple amen e aunque se p ohibiese el ma imonio a
los descendien es de los ísicos.
Los plan eamien os de la lucha an ipelag osa po pa e de Ilde onso
Ma ínez p esen an un g an in e és, sob e odo si enemos en cuen a que,
como hemos is o, admi ió el ca ác e he edi a io de la pelag a. Tal como
apun amos an e io men e, Ma ínez de iende que su e adicación no podía
log a se limi ándose a mejo a la alimen ación, sino que end ía que aba ca
las condiciones de ida en su globalidad. La higiene enía que se uno de los
elemen os undamen ales de la educación pública a in de que sus dic ados
pene asen en las i iendas más humildes. Ma ínez sub aya el papel de la
medicina como ins umen o pa a mejo a el o den social y las condiciones
de ida de los abajado es:
((Si
los
icos
po
su
p opio
in e és
cuidasen más de las
clascs
p ole a ias,
si
mien as los gobie nos gas an sumas inme isas en sos cnc holgazanes po-
lizon es, es imulasen las
indus ias,
alen asen
la
ag icul u a,
p emiasen
a
los médicos, ci ujanos
y
ayun amien os que me,jo ascn la salub idad públi-
ca
de las coma cas
en
que eje ciesen;
si
las
subdclcgacioncs
y
acadcmias
médicas uesen
lo
que
se
debie an, end íamos mucho adclan ado pa a
la
mejo a
y
condición de los pob es; end íamos la sa is acción dc c dismi-
nui
muchos males,
y
el
país
y
la nación en e a encon a ía cn
si
la
c dad
e
in e és
que
ienen
los
p ecep os médicos
en
la
mejo a dc la cspccic
hu-
mana
(103).
A
pesa de los esquemas e iológicos de Ma ínez, la p o ilaxis he edi a ia
cons i uye pa a él la úl ima de una se ie de medidas encaminadas a la e a-
dicación de la pelag a en el P incipado
y
que pasa ían po el p og eso socio-
económico. La p ime a de ellas, en endida como un debe pa a la adminis-
ación
y,
en especial, pa a los p opie a ios de la ie a, se conc e a en in o-
duci una mayo can idad de alimen ación animal en el égimen de los jo -
nale os, a in de que és os adquie an más igo . Es a p opues a pasa ía po
el omen o de la ganade ia de la egión, an o de acuno como de eses me-
no es. Una medida adecuada consis ina en es ablece p emios pa a los pas-
o es o p opie a ios que log asen más c ias
al
aiio, buscando un inc emen o
de la p oducción, una disminución del p ecio de la ca ne
y
el consiguien e
aumen o de consumo. Ma ínez ma iza que es e consejo no se basaba en la
(103)
[MARTINEZ,
1.1,
op.
ci .
en
no a
12,
pp.
315-16.
Del ((mal de la osa)) a la ((en e medad de la mise ia))
235
c eencia de que el maíz uese el esponsable de la pelag a, sino en la consi-
de ación de la mayo salub idad de la die a mix a, del (( égimen ege o-
animal)). La segunda medida que p opone Ma ínez es in oduci el cul i o
de la id en As u ias o acili a las comunicaciones de Cas illa con la inali-
dad de ene más ba a o el ino, «y da a los pob es jo nale os una o dos a-
ciones al día, con lo que adqui i ía nue o igo , y e i a ían las disen e ías y
caquexias an ecuen es)) (104). O a medida en elación con la alimen a-
ción es la p opues a de que los campesinos amasasen y cociesen an sólo el
pan necesa io pa a el consumo del día, o hace las piezas más pequeñas, en
azón de «la mayo acilidad de la diges ión de la bol ona en su es ado e-
cien e que la que se encanece o mohece en los a ma ios o mase as, po e ec-
o de la humedad, poniéndose como se pone en es e úl imo caso, ama ga y
de di ícil diges ión)) (105). También se pod ía mejo a el égimen alimen i-
cio de los campesinos con la p opagación del cul i o de la pa a a y la elabo-
ación de sid a más e men ada.
Las medidas p opues as po Ma ínez no se limi a án a una mejo ali-
men ación. Hab ía ambién que obliga a los ecinos
a
p epa a sus abonos
a cie a dis ancia de sus i iendas, y no ce ca de las casas, como hacían habi-
ualmen e, «a in de co a las emanaciones que cons an emen e se desp en-
den de es os ocos de inmundicia)). También se ían impo an es las medidas
de higiene p i ada: ((si los jo nale os se la asen después de sus aenas, si se
bañasen a menudo; si no espusiesen an ecuen em.en e los b azos y las
pie nas al calo ab asado del sol, c eemos que pod ían disminui se en
pa e los es agos del mal de la osa)) (106).
Las conclusiones de Ilde onso Ma ínez ei e an la impo ancia de medi-
das ins i ucionales pa a mejo a las condiciones de ida de los jo nale os.
Reco demos que an o la policía médica de la Ilus aciión como la medicina
social de la segunda mi ad del siglo XIX hicie on hincapié en la necesidad
de p omo e la salud de las clases abajado as. Aho a bien, aunque el obje-
i o sea el mismo, nos amos a encon a con una di e encia impo an e en
cuan o a las mo i aciones. Si en el p ime caso p ima sob e odo el in e és
es a al, el p og esismo social del siglo XIX, pene ado po los alo es que
puso en ci culación la Re oluci6n F ancesa, plan ea á el p oblema en el
ma co ideológico de la ((jus icia social)), que sus i uye
aL
la adicional ((bene-
(104)
Idem,
p.
318.
(105)
Idem,
p.
320.
(106)
Idem,
p.
322.
236
DELF~N
GARC~A
GUERRA
y
V~CTOR
ÁLVAREZ
ANTUNA
icencim. Desde es a pe spec i a, nos pa ece e iden e que la men alidad de
Ma ínez se si úa en los plan eamien os de la medicina social que po en on-
ces es á c is alizando. Ma cando una cla a dis ancia con lo que hemos is o
en Roel, en su ob a esuena cla amen e la denuncia de una es uc u a social
injus a
y
la necesidad de mejo a la sue e de aquellos a quienes «la desg a-
cia ha sumido en la deg adación
y
mise ia)). Rei e ando una pos u a que ya
nos es conocida, Ma ínez exho a á a los médicos a comp ome e se en los
p oblemas sociales:
«Y
oso os, médicos
y
ci ujanos que p ac icáis cn As u ias, cspccialmcn c
en los concejos en que la osa es endémica, en ese oco dc dcsolacioncs
y
mise ias, in e poned ues o sag ado minis e io en a o de los pob es
l...]
pa a que modi icándose el égimen
y
condiciones de las clases dcsg acia-
das, podáis e i a ese e ible azo e, que'consume con a oces o men os a
sus desg aciadas íc imas))
(1
07).
En la ob a de Ma inez nos encon amos, po consiguien e, con una
cla a exp esión del en en amien o con la pelag a desde los pos ulados de
una época en que, u ilizando el conocido i ulo de Rosen, se es á p oducien-
do el ánsi o «de la policía médica a la medicina social)) (108). Aunque es
e iden e que en su ob a pe sis en esabios de bene icencia pa e nalis a, se
mues a e iden e su sensibilidad an e la e iología social de la en e medad.
De ahí que denuncie el escaso in e és es a al po la salud pública, cuyos be-
ne icia ios más inmedia os end ían que se las clases abajado es: a la a i -
mación de que «de odo se ocupan los gobie nos, menos de la mejo a de las
clases desg aciadas)), añade que ((cuando se a a de la injluencia social de la me-
dicina, casi odos los gobie nos se son íen con la son isa del desp ecio)) (109).
La higiene pública, en suma, además de se una obligaczón es a al, debía ela
especialmen e po las íc imas de la pob eza
y
el abajo:
((Apenas se piensa en dedica una mínima can idad a la do ación dc hospi-
ales, a la igo ización de la indus ia
y
la ag icul u a, a emedia la dcpau-
pe ación sucesi a de la especie en al o cual coma ca; como si los gobic -
nos no u ie an el sag ado debe de ela po la salud pública; como si la
higiene uese una ciencia ociosa, o de pu o ado no. Tiempo es pues, que
cuando la ci ilización
y
las ideas ienden a la mejo a de la posición social
y
(107)
Idem,
pp.
324-25.
(108)
C'
ROSEN,
G.,
op.
ci .
en no a 10.
(109)
[MARTÍNEZ,
1.1,
op.
ci .
en no a
12,
p.
31
1
Del
«mal
de
la
osa))
a
la
«en e medad
de
la
mise ia))
237
polí ica de la especie humana, se apa e la is a de las luchas in es inas, de
la desigualdad de las azas
y
o unas,
pa a impone se el debe , la obligación de
ela po la salub idad pública
y
e i a la degene ación
y
mise ia de las desg aciadas
íc imas de la pob eza
y
del abajo.
En ningún momen o pudié amos le an a
mejo nues a débil oz, que ocupándonos de la pelag a, de esa
en e medad
e ible, ma idage ecuen e del excesi o abajo
y
escasa alimen ación»
(1
10).
En es e con ex o igu a la explíci a a i mación de Ma ínez de que la pe-
lag a es
mal
de
mise ia,
y
deja en su jus o luga las meldidas eugenésicas que
p opone, ales como ((impedi los ma imonios
de
los pelag osos con i ma-
dos, o apode a se de sus hijos y educa los a cuen a dlel es ado, haciéndolos
emig a ))
(1
1
1).
La p ohibición del ma imonio se ía no sólo ú il sino am-
bién azonable, y end ía como úl imo e e en e una dimensión social al ba-
sa se en ((el de echo que la sociedad iene sob e el indi iduo)). En cuan o a
los sanos, se les debía ad e i , sin que es o en añase una p ohibición, que
el ma imonio con los pelag osos con i mados e a pe judicial. De odos
modos, en las medidas eugenésicas p opues as po Ma ínez es á siemp e
p esen e la con icción de que la pelag a se pod ía e adica mejo ando las
condiciones de ida:
Tome el es ado, el ayun amien o de la coma ca los hijos de los pelag osos,
edúquelos, sáquelos de la mise ia
y
abyección; p ocu e en in, aleja las
causas ocasionales a in de que la p edisposición he edi a ia no es alle,
y
al
cabo de algunos años se hab á conseguido la comple a es i pación del mal,
o la disminución no able de
él»
(112).
An es de pone pun o inal, que emos ei e a que las peculia idades de
la pelag a le con ie en una especial ele ancia en la his o ia social de la en-
e medad humana. En an o en e medad ca encial, su1 es udio se inse a en
una emá ica an ac ual como la del papel de la nu ición en la his o ia de la
humanidad, con la peculia idad de si ua se al ma gen de los aspec os gene-
almen e abo dados, como pueden se el de la elación de las g andes ham-
b unas
y
la mo alidad o la inculación en e la subalimen ación
y
la inci-
dencia de las en e medades ansmisibles.
La
pelag a, como es sabido, aun-
que haya apa ecido episódicamen e en c isis alimen icias coyun u ales
- ecué dese su p esencia en el Mad id epublicano du an e la gue a
(1 10)
Idem,
pp.
31 1-12.
(111)
Ide n,
p.
320.
(1
12)
Idem,
pp.
321-22.