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Hojas y flores : poesías originales / de Ángel del Arco y Molinero

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Hojas y flores : poesías originales / de Ángel del Arco y Molinero

Author: Arco y Molinero, Ángel del, 1862-1925
Publisher: Granada : Imprenta de D. F. de los Reyes
Year: 1884
Source: https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/51772/1/C-001-051%20%2837%29.pdf
HOJAS
FLORES
POESÍAS ORIGINALES
DE
ÁNGEL DEL ARCO Y MOLINERO.
P ecio: 6 eales,
$
GRANADA
I m p e n a d e D. F. d e lo s R e y e s
IMPRESOR DE LA REAL CASA
1884
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,
HOJAS y FLORES.
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HOJAS y FLORES.

FLORES
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DE
ÁNGEL DEL ARCO Y MOLINERO.
g a n a d a
I m p e n a d e D. F. de lo s R ey es
IMPRESOR DE LA REAL CASA
Es p opiedad del au o .
Senado del 'Reino, Ex-Dipu ado á Co es, Je e supe
io hono a io de Adminis ación ci il, Caballe o Co
mendado de la Real y dis inguida O den española de
Ca los III, Sec e a io hono a io de S. 31., Ex-Rec o
de la Uni e sidad de G anada, Ca ed á ico de é mino
de la Facul ad de De echo, Abogado y Ex-Decano del
Ilus e Colegio de dicha Ciudad, P esiden e de la Aca
demia de Bellas A es de ella, Académico co espon
dien e de la de His o ia, P esiden e hono a io del Liceo
cien í ico, a ís ico y li e a io de G anadaP esiden e
de la Asociación Abolicionis a de la misma, e c. e c.,
S) chica e o 'Hmnilbo noayo, como una pzuc a be
ca ino y, zeapa o,
ÁNGEL DEL ARCO
AMOR DE MADRE.
Cuando el niño ie,
cuando el niño goza,
la mad e le a ulla
anquila y dichosa
con dulce can a .
Cuando el niño su e,
cuando el niño llo a,
la mad e suspi a,
y el dolo la ahoga
de oi le llo a .
Si el niño es á malo,
mali o en su cuna,
la mad e no goza
de paz ni en u a
de e le su i ;
y llo a mi ando
la mue e sañuda,
oza con sus alas
la en e an pu a
del hijo in eliz.
Sen ada la mad e
del lecho á la e a,
se pasa llo ando
las noches en ela
su iendo con él;
y c uza las manos
y á la Ví gen eza,
y el lecho del niño
con lág imas iega
de llan o c uel.

HOJAS Y FLORES
El niño se mue e,
la mad e suspi a,
y émula cuen a
sus ho as de ida
po siglos de a an...
le coje, le op ime
las blancas mani as,
y luego le besa
las is es mejillas,
y o na á llo a .
Y el niño la mi a
con lánguidos ojos,
y le e son isa
dibuja su os o
de cándido amo ...
y o na á su llan o,
des uyendo el gozo
de la pob e mad e,
que al e le animoso
calmó su dolo .
Y luego el pequeño
las manos c uzadas,
aboga un gemido
que el ánimo exbala
de an o su i ...
y dando un suspi o
su ida se acaba,
olando á los cielos
pu ísima, el alma
del niño eliz...
Y en onces la mad e
mi ando sin ida
el cue po del ángel
que an o que ía,
no puede llo a ...
y mi a al pequeño
con son isa ia,
14 ÁNGEL DEL ARCO
y luego le can a,
y la cuna agi a
con ue e compás...
¡La pob o es á loca!
huyó su en u a!...
y al e á su hijo
ya mue o en la cuna,
pe dió la azón...
Dejadla que can e
sin pena ninguna;
que al ez si acaba
su in ensa locu a,
la ma e el dolo !
EL mOGREm
S O N E T O .
C uza la ie a con po en e b io
silbando la eloz locomo o a;
su ca el ma en ca e a a e ado a,
dejando a ás las playas, el na io.
Co e á lo lejos mu mu an e, el io
que la áb ica impulsa gi ado a,
y que el pan de los pueblos a eso a
con su indus ia y c ecien e pode ío.
Rompe el aplauso que el alen o aclama
del sábio que co ona la expe iencia
ó al o ado ené ico p oclama....
Y es os ecos del a e y de la ciencia
o man oz que en los ai es se le an a,
y es el p og eso que en su li a can a.
HOJAS Y FLORES 15
LOS CÁRMENES DEL MURO.
«A los cá menes de Ta o
engo de i me á i i ,
po que dicen que se goza
la glo ia an es de mo i .»
(Can o popula .)
El sol. y a se despide
de ás de las mon añas,
do ando débilmen e
las o alezas de la he mosa Alhamb a.
La silenciosa a de
que de los mon es baja,
los cá menes del Dau o
llena de encan os y de somb as yagas.
Las a es ugi i as
que habi an la en amada,
ensayan sus go geos
despidiendo la. a de soli a ia.
La b isa aga osa
gi ando en e las amas,
las hojas a mo iendo
o mando un eco que mu mu a ó can a;
Y el Dau o que di ige
su cu so hácia G anada,
emeda es os gemidos
con el blando mu mullo de sus aguas...
¡Qué aleg es son las a des;
qué he mosas las mañanas
en aquellos e geles,
mansión e e na de la dulce calma!
16 An g el d e l a co
Allí pasó las ho as
más dulces de mi in ancia;
allí me aca icia on
con su beso pu ísimo las au as.
Allí uó donde un dia
mi inspi ación b o a a;
allí can ó mi li a
el p ime pensamien o de mi alma.
Allí odo es mu mullo
que el ánimo emb iaga;
la b isa allí es un himno,
allí el a oyo ó nase en cascada.
A llí los limone os
cuando de lo se cuajan,
sa u an el ambien e
con sus pe umes, que el sen ido emba gan.
Allí con las iole as
el ai e se embalsama,
y nó ase una uen e
doquie a se di ige la mi ada.
Allí la adel a c ece;
allí ienden sus amas
los almend os lo idos
sob e las uinas de mo isca apia.
De pi as y chumbe as
odéase la casa;
allí ege a el olmo
donde pasa el e ano la ciga a.
Allí la en edade a
el ojo mu o escala,
y la ondosa yed a
al onco añoso del nogal se enlaza.
HOJAS Y FLORES
Al en e se di isan
los mu os de la Alhamb a,
que o ecen un paisaje
lleno de luz, de inspi ación y galas....
Y odo allí es g andioso,
y odo nos emba ga,
po que ex año lenguaje
habla allí odo al co azon y al alma.
¡Bendi os los ecue dos
que el pecho de elLos gua da!
que son un pa aiso
los cá menes del Dau o de G anada.
XJls BESO.
Es un háli o ie no y p o undo
que pu ísimo b o a del alma;
es el lazo eliz que á dos sé es
de uel e la calma.
Es el sello de amo que se imp ime
en la en e del sé que se ama;
es quizá de una his o ia de amo es
an sólo una página.
Es el úl imo adiós de dos sé es
que en el mundo el des ino sepa a;
es un ie no ibu o al ca iño
que llo an con ansia.
Es la dulce expansión de una mad e
que en el hijo sin pa idola a,
y á exp esa su aspo e amo oso
le al an palab as.
Es el ósculo, en in, con que sella
de aquel hijo la en e an cas a,
pa a da le el inmenso ca iño
que encie a su alma.

18 ÁNGEL DEL ARCO
LA FE.
ODA (1)
Suspi o del C eado , pe ume san o
Que llena elco azon y emba ga el alma;
Sac osan a i ud, mís ico encan o
Que descendió del cielo
En alas del amo , como la palma
Des inada á o ece paz y consuelo;
Bendi a é, bande a á cuyo ampa o
C ece la eligión, á bol di ino;
Fúlgida au o a, e ulgen e a o
De luz y de en u a
Que ilumina al mo al en su camino:
Es a es la i a llama
Que me ilumina con su lumb e pu a,
Y de uego y amo el pecho in lama.
¿Qué es el homb e sin é, sin esa guia
que le señale el anhelado pue o?
_ Pa a el homb e es la é la luz del dia;
Sin ese i o a o
Halla la ie a lób ega, somb ía...
Y en la lucha po en e
Que sos iene en el mundo emen ido,
Como lucha sin é, sin con ianza,
Ol idado el alo , siemp e es encido.
Y no halla á una mano p o ec o a
Que le pueda sal a ; la é an sólo
Puede da le la paz que luego implo a;
Po que pe dido en el e o y el dolo,
Sin luz y sin c eencias,
Es un náu ago is e, abandonado,
(1) Composicion leída po su au o en la sesión solemne de ape u a de la
Academia de la Ju en ud Ca ólica, en 1.* de No iemb e de 1882.
HOJAS Y FLORES 19
En el ma de la ida,
Que no halla á la o illa ape ecida
Si la luz de la é no le ha guiado.
Hoy que el o pe a eísmo
Busca en el co azon la ansiada p esa;
Que la pe idia lanza en el abismo
Al cansado mo al, y despiadada
Su ie a ga a ceba en la conciencia.
Hoy que el men ido o gullo se engalana
Con ico man o que a eba a á Flo a,
Y la ana icción, y la alsía,
Y la ambición i ana
Lucen su aje que el e o colo a;
Hoy que en ca ozas de alo sin cuen o
Con lábio dulce, as u o, pe suasi o,
La in ame hipoc esía se p esen a;
Hoy que el alma embo ada
Po goces mundanales
Pie de su é, la joya más p eciada
Que ha de o ma sus bellos ideales;
Hoy, que o pe y c uen a
La p eci a impiedad con also halago
La é quie e aba i , y que sedien a
La sociedad se agolpa deslumb ada
En pos de una ilusión; hoy que se mi a
Hollado el sen imien o,
Y que el homb e ené ico se lanza
En pos de la e dad que nunca alcanza:
Es p eciso lucha lle ando el lema
De la bendi a é, lazo sag ado
Que une el homb e á su Dios, y le conduce
A la empí ea egión, al bien soñado.
Es p eciso lucha ; enga el a eo,
Yenga á os en a sus pálidas e dades
Con que al homb e seduce;
Yenga á os en a su émulo egoísmo
Fal o de eligión y de c eencias
Con a la é, bande a del c is iano;
Que en comba e an udo y sobe ano,
20 ÁNGEL DEL ARCO
A su ampa o el ca ólico acogido,
Se e á de los dos quién es encido...
Venga, enga el a eo,
Alma sin é, sin sen imien o humano,
Venga y exclame a epen ido c eo
An e la .Fé endido,
O que niegue ambién que no ha nacido.
Es p eciso lucha pa a! ence le;
Y encido se á su in en o ano,
Po que su ó lle ando po egida
T iun o en la ie a log a á el c is iano.
Es p eciso lucha ; que es e comba e
Luchando con alo conquis a un cielo;
Y alcanzando la palma de ic o ia,
La Pó nos lle a á con san o uelo
A las egiones de la e e na glo ia.
HISTORIA VULGAR.
_ —Adiós mi mad e!—con a an p olijo
dice el soldado que á la gue a á.
Y la mad e con es a:—Adiós mi alma!
Cuando ¡ay! ol e ás!
—Adiós, mi dulce amo !—dice el soldad o.
—Adiós mi amada ¡que me gua des é!
Y la amada con es a:—Adiós mi aman e..!
J amás e ol ida é!
Y pasa un año; y á la pob e aldea
lle a la ama la unes a oz,
de que el hijo y aman e ha allecido
en ale osa acción.
HOJAS Y FLORES 21
Lág imas is es su can las mejillas
de la mad e y amada con dolo ,
y dobla on del pueblo las campanas
con une a io son.
Y es ama que la amada del soldado,
poco despues sus lág imas secó;
pe o la mad e que pe dió á su bijo
¡jamás se consoló!
SUEÑOS Y ESPERANZAS.
A MI HIJO LUIS.
I.
Cuando yo e mi o,
cuando yo e beso,
yo no sé lo que pasa en mi alma,
yo no sé lo que sien o.
Si es de dia su o,
si es de noche elo,
y si al cabo me due mo endido
me asal an los sueños...
¡Fa al pesadilla!
De p on o despie o,
y los ojos ab iendo azo ado
e busco en el lecho
....
Tú due mes anquilo,
¡bendi o es u sueño!
Yo en e an o emblando al mi a e
la en e e beso.
ÁNGEL DEL ARCO
LA CRUZ DEL VALLE.
CUENTO DEL HOGAR.
I.
En ús ica i ienda
de un pueblo de Cas illa,
babi a humilde anciana
de ya a anzada edad.
Modelo de i udes,
pací ica y sencilla,
p ac ica cuando puede
la san a ca idad.
Endulzan su exis encia
dos pob es pequeñuelos,
que quie en á la abuela
con inocen e amo ;
y ienen con su apoyo
dulcísimos consuelos,
i iendo humildemen e
ajenos al emo .
Volaban del o oño
los cé i os alados;
las a des son he mosas
el as o al declina ...
en o no de la abuela,
cabe el hoga sen ados,
se enios pequeñuelos
oyéndola eza .
—¿Po qué, di, no nos cuen as,
abuela, alguna his o ia,
de esas que nos encan an
y llenan de place ?...

HOJAS Y PLORES
¿No sabes algún cuen o
que gua de u memo ia,
y en iempos ya pasados
pudie a sucede ?
Así hablaba uno dellos
á la de o a anciana,
haciendo que un ins an e
deja a su o ación.
Y ella, que á sus pequeños
po complace se a ana,
con la siguien e his o ia
obóles la a ención:
II.
— «Muy ce ca de es os alles
hay una e mi a,
donde exis e una Vi gen
pu a y bendi a;
que el pueblo ado a
con el mismo en usiasmo
que á la pa ona.
Cuen an que en o o iempo
jun o á ese si io,
una c uz se ele aba
de osco pino;
muy ene ada
po odos los lab iegos
de la coma ca.
Vi ían po en onces
en es e pueblo,
dos jó enes llamados
Rosa y Eugenio;
que se ado aban
ajenos á las penas
con oda el alma.
ÁNGEL DEL ARCO
Todas las a des ambos
allí se ian,
oyendo sus p o es as
la c uz bendi a;
y ella, cons an e,
odas las espe anzas
puso en su aman e.
Una a de que Rosa
ie na espe aba,
á su ado ado Eugenio
llena de ánsias,
pasó un lab iego
que amó á la he mosa jo en
en o o iempo.
Y diz que al e la sola
jun o á aquel leño,
p e endió con ence la
con sus a ec os;
mas ella en onces,
echazó del lab iego
las p e ensiones.
Y cuen an que el mancebo
cogiendo á Rosa,
p e endió iolen a la
con ánsias locas;
y ella azo ada,
en la c uz, su de ensa
buscó ab azada.
Y añaden que al impulso,
la c uz de pino
cayó sob e la en e
del campesino;
y aquel in ame
quedó sob e la ie a
mudo y exánime.
HOJAS Y FLORES 31
Cundióse en los con o nos
con uelo ápido,
la oz y los de alles
de aquel milag o;
que lib ó á Rosa
al ab aza se al leño,
de la deshon a.
Y diz que desde en onces
iene esa e mi a
la Vi gen, donde es u o
la c uz bendi a;
do las doncellas
le piden á la Vi gen
que las de ienda.»
III.
Tal es, que idos hijos,
la his o ia epe ida,
del hecho milag oso
que ha iempo sucedió.
Y es ama que de en onces
la Vi gen bendecida,
p o eje á la doncella
que humilde le ogó.
DOS LÁGRIMAS.
D O L O R A .
Nace pa a su i , es un ma i io;
mo i pa a goza , una espe anza;
el umb al de la ida, una dolo a;
su in, nuncio de calma.
El llan o del que nace, es el p incipio
de ese dolo inmenso que le agua da;
el llan o del que mue e, es el p eludio
del place que en el cielo espe a al alma,
32 ÁNGEL DEL AECO
LA CAMPABA DE LA ALDEA.
¡Qué he mosas son las a des
en el Es ío,
cuando el sol ya aspone
los al os iscos,
y sus ulgo es
el beso pos ime o
dan á las lo es!
¡Cuán delei a esa ho a
del cla o dia,
en que espi a odo
calma y poesía!...
cuando en sus sones
la campana del pueblo
oca á o aciones!...
El ús ico lab iego
los campos deja,
y en pos de la campana
o na á la aldea;
y en a en el emplo
y pos ado de hinojos
eza un momen o.
Allí ecue da en onces
oda su ida,
que an len a ha pasado
jun o á la e mi a;
po que su his o ia
se encie a en la campana
que len a oca.
HOJAS y FLORES
Ella ae á su men e
g a os ecue dos,
de juegos in an iles
de dicha llenos...
po que en su aldea
la in ancia del lab iego
o ma un poema.
Allí ecue da is e
cómo pasa on
sus años ju eniles
llenos de encan os.,
cómo se ue on
amo es en u osos,
mágicos sueños...
En onces e lexiona
cómo han co ido
los años, á pe de se
as el ol ido;
quedando aho a
de an as ilusiones,
sólo memo ias.
Tal ez aquellos sones
que len os pasan,
hacen que de sus ojos
b o e una lág ima,
po que ecue da
que su mad e en el cielo
al ez le espe a...
Y amo es ju eniles,
is es ecue dos,
lág imas ugi i as,
agos acen os...
odo se acaba
cuando cesan los ecos
de la campana.

34 ÁNGEL DEL ARCO
Ella cuen a la his o ia
del campesino,
po que unido á sus sones
á su des ino;
ella es su alma...
su hoga , su pa imonio,
su dulce pa ial
LA MUERTE DE UN ÁNGEL
E a la niña Rosa
ní ida pe la,
que el ma de los amo es
dejó en la a ena.
Hija de he mosa concha
donde i ie a,
pa a luci sus galas
buscó la ie a.
B illó sólo un momen o
cándida y bella,
sin que el mundo ap ecia a
su luz espléndida...
Y ella, llo osa,
no iéndose ap eciada
o nó á su concha.
HOJAS Y FLORES 35
¡LÁGRIMAS!
A LA. MEMORIA DE MI QUERIDA ESPOSA.
I.
La i espi a !... la luz de la exis encia
en sus lánguidos ojos se ex inguia,
como el pos e e lejo de la a de
que el sol espa ce cuando mue e el dia...
La i espi a , y el líl imo suspi o
hi ió de mue e el co azon y el alma;.
en el ance c uel de su ma i io
hubie a mue o con place p o undo,
pa a goza con ella de la calma
que sin su amo me al a á en el mundo.
II.
¡Pob e Me cedes!... cuán o laque ia!...
Su ca iño jamás ol ida é;
e a an buena pa a mí, an buena
como la mad e que me die a el sé .
No me pidáis que exp ese su ca iño;
ue a débil y pob e mi exp esión...
solamen e he podido con mis lág imas
esc ibi lo en el is e co azon!
E a su amo la ida de mi ida;
yo la amaba con ie no enesí,
y ella, que mi ca iño conocía,
ella ambién me idola aba á mí.
36 ÁNGEL DEL AECO
III.
¡Qué he mosa es aba mue a! pa ecía
de osa y náca su anquila az...
Más he mosa que i a es aba mue a,
¡y e a bella sin pa !
—Qué he mosa es! la gen e epe ía
iendo despues el é e o pasa .
—Qué colo es conse a en las mejillas!
—Qué he mosa á!
iy.
Dos hijos ue on las ma e nas lo es
que á la somb a nacie on del hoga ;
dos lo es i ginales, que cuidábamos
con ca iñoso a an...
Hijos de nues o amo : ues a inocencia
no puede es a desg acia comp ende ;
¡ ale an o el ca iño de una mad e!
yo, hijos mios, lo sé!...
Hij os del alma! lo que habéis pe dido
nunca en el mundo ol e eis á halla ;
el calo de los besos de una mad e
no se puede comp a !
Y.
Todo pasa en el mundo,
odo se acaba;
se acaban los pesa es,
o na la calma;
llegan ho as de angus ia
que luego pasan...
mas la pena de e se sin mad e
¡nunca se acaba!
HOJAS
Y
FLORES 37
VI.
Yo subo al cemen e io po habla la
ya que e la no puedo;
y descubie a la aba ida en e
an e su umba ezo.
Oigo un umo en onces ugi i o
que has a mí lle a el ien o,
y pa ece que es ella que me habla
con ca iñoso a ec o...
Yo pienso oi sus émulos sollozos
y sus suspi os ie nos,
y pa ece que llo a po sus hijos,
po sus hijos pequeños...
Y en onces me pa ece, que en la umba
sien o c ugi sus huesos,
cual si sus secos b azos se es echa an
pa a ab aza un cue po!...
Y luego sien o que el umo aumen a,
y ab o los ojos y la is a iendo...
y es el cip és que lanza sus gemidos
al agi a lo el ien o!
VIL
Yo co o las umbas,
yo mi o en los huecos,
yo busco su alma
po el cemen e io.
P egun o á las ño es,
p egun o á los mue os,
y los mue os callan
en sus umbas quie os.
44 ÁNGEL DEL ARCO
m.
Ya la au o a ubicunda
cla a inunda
los espacios con su luz;
y la nocbe eneb osa,
mis e iosa
ecoge ya su capuz.
Ya ba ce ado su en ana
la sul ana,
palpi an e de ilusión...
ya el aman e se e i a,
y en su li a
así en ona su canción:
«Adiós ya, sul ana mia,
pues el dia
a espa ciendo su ulgo .
Due me y sueña descansada,
con iada
en mis p o es as de amo .
No me ol ides un ins an e,
mo a aman e,
que yo no e ol ido á í;
y piensa en u blando sueño,
que u dueño
e ado a con enesí.
Piensa siemp e, mi eso o,
que u mo o
sólo sabe idola a ...
Que e ado a un hijo incie o
del desie o,
que nunca sab á ol ida ..!

HOJAS y FLORES
Adiós, adiós, mo a mia,
que ya el dia
a espa ciendo su ulgo ...
due me y sueña enamo ada,
con iada
en mis p o es as de amo ...»
Cesó el can o; de epen e,
débilmen e
una á aga b illó....
luego oyóse un es ampido,
y el silbido
de una bala que c uzó...
Y en el pun o el iel aman e,
acilan e
ióse en la ie a cae ;
y un eunuco, que con en o
daba al ien o
ca cajada de place .
Luego, nada; ie na queja
en la eja
las ime a se escuchó...
Despues oyóse un gemido,
y un quejido
en la li a se apagó.
46 ÁNGEL DEL ARCO
LA LOCA DEL DÁÜRO.
«T is es son mis suspi os,
is es mis lig imas;
is es son mis can a es
como mi alma...
y po eso la loca del Dáu o
odos me llaman. >
I.
Cuando del sol los émulos ulgo es
se pie den as la al ísima mon aña,
y del Dáu o los cá menes somb íos
aún alumb an con lánguida mi ada...
una muje , an asma melancólico,
que pa ece e ocado de las aguas,
se e en la o illa del inquie o io
la co ien e segui con su mi ada.
Jo en aún, no bo dan sus mejillas
los colo es que dan aquellas áu as;
no las plega siquie a una son isa,
y la is eza en ellas se e a a.
Todas las a des, al mo i el dia,
bas a la o illa soli a ia baja,
y allí con empla las izadas ondas
que la co ien e lle a bas a G anada..
¡Es á loca... in eliz!... Es una mad e
á quien del Dáu o las inquie as aguas,
a eba a on su que ido hijo
una a de que el sol ya declinaba...
Ella le ió cae en la co ien e,
y cual la hoja que hu acan a as a,
pe de se en e espumoso emolino...
Despues, apa ece ... y despues, nada.
En onces deli an e, hácia la o illa
co ió cual a e que pe sigue el águila,
y en pos del hijo que cayó en las ondas
sume gióse ambién en e las aguas.
HOJAS Y FLORES
H.
Desde en onces aquella is e mad e
de las ondas a ídicas sal ada,
pe dida la azón, émulo el os o,
el hijo busca que ado ó su alma.
Po eso baja á la desie a o illa
y las olas co e mi a con ansia,
y p egun a á los bosques po su hijo,
y la maleza iega con sus lág imas...
Sólo esponde á su dolien e uego
el sono o mu mullo de las aguas,
mien as el sol declina hácia su ocaso
y se pie de de ás de las mon añas.
Alguna ez, dejando la ibe a,
con incie o mi a , con o pe ma cha,
silenciosa se in e na en la espesu a
sin eme el ho o de somb as agas.
En onces melancólico se escucha
un can a que esuena en la en amada,
y es la loca, que dá su oz al ien o,
epi iendo es as é icas palab as:
^ «T is es son mis suspi os,
is es mis lág imas;
is es son mis can a es
como mi alma...
y po eso la loca del Dáu o
odos me llaman,»
ÁNGEL DEL AECO
Á CALDERON.
Oye, genio, la canción
que consag o á u memo ia,
abismado an e u glo ia,
bañado en u inspi ación.
Mis no as débiles son
y á mi oz le al a alien o;
pe o el al o pensamien o
que al alma asomb ada inspi a,
can a é, aunque de mi li a
se pie da el humilde acen o.
Siendo aún muy niño, leí
us dulces inspi aciones,
y al eco de us canciones
la i el pecho sen í.
Pasando el iempo, c ecí,
y al pa aquella ilusión,
y b o ó en el co azon
un i me y san o ca iño,
y ene ó aman e el niño
el nomb e de Calde ón.
Despues, el niño c eció,
siemp e ija en la memo ia
del a e insigne la glo ia
y las no as que ap endió.
En onces ambién b o ó
en mi men e placen e a,
la dulce ilusión p ime a
que al pecho obó la calma,
y en onces comp endió el alma
cuán inmenso ' el a e e a,
HOJAS Y PLORES
Genio al i o y colosal;
a e po en e y sag ado:
díme cómo ú has can ado
u inspi ación sin igual;
in úndeme el ideal
que en u espí i u has sen ido,
y can a é ag adecido
u ingenio g ande y ecundo,
y sab á en onces el mundo,
a e insigne, lo que has sido.
Díme, génio, donde halla
esas bellezas igno as,
que esal an en las no as
de u sublime can a .
Díme ú cómo llega
al luga que ú has llegado;
á ese luga ado ado,
á esa glo ia que e encumb a,
á ese ulgo que e alumb a,
á ese númen an sag ado.
Yo no acie o á comp ende
al ingenio y an asía,
ni la luz pu a, que un dia
llegó á ilumina u sé .
Ni ese mágico pode ,
ni esa as a inspi ación,
de España la admi ación,
glo ia y hono de su escena,
donde aún inmenso esuena
el nomb e de Calde ón.
Po eso puedes es a
u ano de que la his o ia,
gua da á iel u memo ia
como las pe las el ma .
Eeliz ú, génio sin pa ;
eliz ú, génio p o undo;

50 ÁNGEL DEL ARCO
ú, que sueñas en el mundo;
ú, que b illas en el cielo,
lanzando ulgo al suelo
cual as o de luz ecundo.
Mayo.—1883.
SONETO.
G acia y belleza; cándidas muj e es
con los cabellos ubios como soles;
un cielo azul, de pu os a eboles
con un suelo que b inda á los place es.
Nobleza y libe ad, san os debe es
ab igados en pechos españoles,
y ese he oísmo que el Sup emo dióles,
y he mosos campos donde eina Oe es.
Hon a y i ud; can a es de aleg ía,
y pa io amo é ins in os belicosos,
y espe o á las glo ias nacionales.
Tal es la decan ada Andalucía:
homb es con sen imien os gene osos,
y muje es con ojos celes iales.
HOJAS Y FLORES
131
MonUe
¿e Jo cos,
ROMANCE.
I.
Un hijo iene Ismael
el ey mo o ele G anada,
an cumplido caballe o
como b a o en las ba allas.
Licencia pídele al ey;
pues quie e con su mesnada,
co e ie a á los c is ianos
on e os de Loja y Málaga;
con dos amosos alcaides
que á la sazón gobe naban
en An eque a y Osuna,
iene el mancebo al saña,
que ganoso de ence les
gen e ga ida demanda.
Síguenle es mil gine es
que o man g an cabalgada,
y á más cua o mil peones
muy amosos en las a mas.
Todos salie on un dia
al despun a la mañana,
y a ás dejando los mu os
se aleja on de G anada.
II.
E an en onces alcaides
de las ciudades nomb adas,
Rod igo, conde de A cos,
y Luis de .Pe nia, que gua dan
cumplidamen e, las o es
que el ey les encomenda a.
ÁNGEL DEL ARCO
Sabedo es de que el mo o
po sus dominios en aba,
con sus la gas co e ías
a asando la coma ca;
unidos ambos caudillos
con a el in iel que adelan a,
salie on con sus c is ianos
animosos de alga ada.
Ya los bandos se di isan;
los nues os quie en ba alla,
y no esqui an el encuen o
con las hues es musulmanas.
Es án en campo de Osuna
sob e una ex ensa esplanada,
mal luga pa a el comba e,
que o ece al mo o en aja.
Mas los nues os, que no emen
del musulmán la celada,
á la lucha se ape ciben
y en pos del in iel a anzan.
III.
Buena sue e, buena sue e
engan las hues es c is ianas,
que son muy muchos los mo os
y muy mucha su pujanza.
Há yá iempo que los nues os
no log an una ba alla,
y pa ece que la sue e
sus designios desampa a.
Desque encie on los mo os
con una sola alga ada
al ejé ci o c is iano
en la Áxa quía de Málaga,
o gullosos los muslimes
siemp e que luchan nos ganan,
y encen á los alcaides
y sus dominios des as an...
HOJAS
Y
FLORES
¿Se á al ez, que ya el cielo
no p o eje nues a causa?...
¿Se á que la media-luna
lia de holla á la c uz san a?...
Es a es la duda que acosa
á las opas cas ellanas;
mas nunca ceja pensa on
ni un paso a ás en su ma cha;
si iun an, suya es la glo ia,
si mue en, suya es la palma.
IV.
Yá los bandos se acome en
con iolencia inusi ada;
ya se con unden las opas
y se empeña la ba alla...
Unos llaman al P o e a;
o os al cielo demandan...
¿Quién log a á la ic o ia
si son iguales las a mas?
¡B a o conde! ¡b a o conde!
Qué bien maneja la espada;
cómo a olla, cómo inde
á las ho das'a icanas!...
No hay b azo como su b azo...
pujanza cual su pujanza;
que es un ayo que di ide
cada golpe que desca ga!
¡Buen alcaide! buen alcaide
el de Osuna!., cómo a anza!
cada ajo es una he ida
que la exis encia a eba a.
¡Adelan e, cas ellanos,
que ya el in iel se acoba da!...
60 An gel d e l a co
Sigue al llega u expe iencia
es e consejo cui ado,
donde se encuen a ence ado
odo el Lien de u exis encia.
Conse a en u in eligencia
los ecos de mi canción;
ellos los suspi os son
de un pad e que e ama an o,
y que iene en í el encan o
de su aman e co azon.
LA CIENCIA Y EL ARTE.
ODA.
Al eminen e ju isconsul o D. Fabio de la Rada y Delgado.
¿Dó, a eba ada en su pujan e uelo
lamen e ascinada se anspo a?...
Dó me lle a mi anhelo,
que de la ciencia el mis e ioso elo
p e ende desco e el alma abso a?!
¡Can a la ciencia yo, que apenas piso
al o de luz sus úlgidos umb ales,
donde el E e no quiso
implan a un he moso pa aíso
de encan os mil, de a canos e e nales!...
¡Can a al a e yo, ímida a e
que no acie a á deja el dulce nido;
y aún el ino sua e
mi o pe lengua modula no sabe
del bosque en e las amas escondido!...

HOJAS Y FLORES 61
Po eso iemblo, y al pulsa la li a
es yago y lébil mi sencillo can o;
mas al mimen que admi a
mi oscu a men e, y que eliz me inspi a,
be de ensalza con a do oso encan o.
Rayo de luz lanzado sob e el mundo
po el C eado Al ísimo, es la ciencia;
en su anbelo p o undo,
al homb e dió po manan ial ecundo
ese cla o anal de su exis encia.
El a e, es el des ello luminoso
de o o a o sin pa que b illa en calma;
es el númen p ecioso
que Dios mandó sob e el mo al dichoso...
es un ie no suspi o de su alma.
Di áme el sabio que la doc a ciencia
po sus alas lle ada en el espacio,
ha hallado la exis encia
de cien mundos de luz y e ulgencia,
que c uzaban el célico palacio.
Di áme que del sol con mano osada
el ayo suje ó po e su esencia;
que á la ie a cansada
ha buscado el p incipio, has a la nada,
donde lucha el sabe con la impo encia.
Me di á que c uzando el ma ugien e
en su as a ex ensión buscó o o mundo;
que o ció del o en e
el ancho cu so indómi o y po en e
hacia o o campo que o nó ecundo.
Di áme, en in, que so p endió en la ie a
el me al que se ocul a en sus en añas,
y con uido que a e a
sacó el eso o que en su seno encie a,
ola haciendo sel as y mon añas,
An g el d e l a co
Pe o yo le di é que el a e un dia
ambién b illó con ní idos ulgo es;
que la dulce poesía
ambién llenó los mundos de a monía
con sus plácidos ecos seduc o es.
Que si Colon en iqueció la his o ia
buscando un mundo con su ma cha osada,
el a e una memo ia
quiso deja de su esplenden e glo ia,
y Home o ilus e nos legó su Iliada.
Y si despues la ciencia sobe ana
ciñóse un ce o de lucien e b illo
con in ención u ana,
ambién Alonso Cano un ce o gana
y una diadema el inmo al Mu illo!...
En pos de su deli io busca el sabio
lo in ini o, lo g ande, lo imposible,
y su p o ano labio
suele duda con u ibundo ag a io
del mis e io del alma, incomp ensible.
El a e sueña en el edem que ido;
en odo é á su Dios, en odo el alma,
y en su ideal pe dido,
ol ídase del mundo emen ido
y anhela sólo la que ida calma.
El sabio en su pensa busca la ie a;
el poe a la glo ia, que es su anhelo;
el sábio no se a e a,
y aun el alma á nega llega, que encie a;
el a e sueña y se emon a al cielo.
HOJAS Y FLORES
Á MI MADRE.
Pe dona, mad e, si al pulsa mi li a
en ono mi can a con o pe acen o;
si es an débil mi oz como mi alien o...
pe dona si me al a inspi ación.
Es que al nomb a e, el co azon palpi a,
y al pulsa el laúd iembla mi mano;
es que u amo ensalzo, sobe ano;
es que al in e dedico mi canción.
Es que comp endo que debió en un dia
se pa a í mi inspi ación p ime a;
cuando agi ó mi men e placen e a
con sus mágicos sueños la ilusión...
Mas ¡ay! en onces yo no conocia
cuán g ande, mad e mia, es u ca iño;
e a jo en aún, e a muy niño
pa a sen i mi pecho esa emocion.
Mas hoy que al in con emplo ealizada
la ilusión más isueña de mi ida;
hoy que mi alma is e y aba ida
halla en un hijo plácido sos én...
Tu inmenso amo comp endo, mad e mia,
au o a de mi dicha y mis amo es,
cuyos pu os y límpidos ulgo es
o nan la ie a pa a mí en edem.
Po eso ensayo en mi modes a li a
á u amo es os plácidos can a es,
dulces como el gemido de los ma es,
pu os como el que en ona el uiseño ...
Son las no as nacidas en mi alma,
humildes cual la cándida iole a;
son los ecos del a pa del poe a
que se ele an al ono del Seño .
64 áNGEL DEL ARCO
¡Mad e!... bendi o y sac osan o nomb e
que llena el pecho de place p o undo;
a o que b illas en el is e mundo
pa a inunda de dicha el co azon!...
Yo e bendigo al asoma la au o a
de amando doquie luz y aleg ía;
yo e bendigo al declina el dia
cuando en uel en las somb as la c eación.
Y al escucha en onces silencioso
de la campana los pausados sones,
que dan al ien o el oque de o aciones
el alma pu a a eba ando en pos...
Inclino e e en e la odilla;
mi labio, el nomb e del Seño in oca,
y al sali la plega ia de mi boca,
que u ida conse e pido á Dios.
HOJAS Y FLORES 65
L E Y E N D A .
Á mi que ido amigo el dis inguido poe a ij o ado sag ado
D. F ancisco Jimenez Campaña.
<En Cala añazo ,
pe dió Almanzo su ambo .»
I.
Cómo co en, cómo co en
los mo os as los c is ianos,
como bandada de bui es
eniendo po suyo el campo.
Mal los c is ianos iñe on,
cuando encidos queda on,
que es e ible la mo isma
de Almanzo el es o zado.
Cómo co en, cómo co en
los gue e os cas ellanos;
los b a os de Co adonga,
los nie os de don Pelayo...
|Guay de los nues os caudillos!
cua o soles ya lucha on,
y no iun an de los mo os...
¡Guay de su o gullo ul ajado!
n.
Ya o na Almanzo á Có doba
con sus lau eles u ano;
Almanzo , el ic o ioso,
el isi más espe ado;

ÁNGEL DEL ARCO
el minis o del Cali a,
que ido del Sobe ano;
el más biza o caudillo
de los c is ianos espan o.
El que cuen a más ic o ias
que muslimes á su mando;
el de las dos alga adas,
el del más emido b azo.
Respé anle los in ieles
y le iembla el cas ellano,
que cuan as eces lucha a
o as an as ha iun ado.
Con él ienen los cali as
bien segu o el cali a o,
y aunque b a o, no es pe e so,
y quié enle sus asallos.
El u o de las apiñas
di ide en e sus soldados,
y en la paz llenan su alcáza
los de íses y los sábios;
pe o emp endida la gue a,
de las a es ol idado,
es un león del desie o
dispues o pa a el asal o.
Cansándole es á el o gullo
del biza o cas ellano,
que aunque encido cien eces
siemp e se encuen a ap on ado;
y dispues o áda un. golpe
que hunda po siemp e al c is iano,
á los nobles de la có e
en consejo ha con ocado.
m.
En un salón del alcáza
de Hixem,. cali a de Có doba,
se hallan eunidos los nobles
en consejo yahá dos ho as.
Almanzo , que los p eside
y que es a yez los con oca,
HOJAS Y FLORES 67
habla así á los del consejo
con la oz émula y onca:
—«Cumplo, es o zados a ones,
en con oca os ago a,
pa a con a os mis planes
y las cui as que me agobian.
Todos sabéis mi es ue zo,
odos mis nobles ic o ias,
y que me eme el c is iano,
y que Cas illa se asomb a.
Téngo os de p opone
que ya es llegada la ho a,
de da el pos e o golpe
á las cas ellanas opas;
y a inca ías á que indan
su libe ad y su glo ia,
y con a en a an g ande
nues a se á España oda.
Pídanse ue zas á Moez
el g an Emi de las cos as,
y concén ense las hues es
de San a én nume osas;
y con oda la mo isma
bajo mis auspicios p on a,
ju o endi á Cas illa
cuya al i ez me son oja.
Jú alo po el P o e a;
po Aláh que es nues a glo ia;
po el nomb e del Cali a;
po mi alo y mi hon a.»
Dice así Almanzo al i o,
la az encendida y o a,
y odo el consejo ap ueba
el plan, que su es ue zo abona.
Al pun o pa en las ó denes
pa a la mo isma oda,
y se ap es an los alíes,
y odo el mundo se ap on a.
68 ÁNGEL DEL ARCO
IV.
Ya las hues es sa acenas
se cong egan en Toledo,
a mados de odas a mas
in an es y caballe os.
Mo os acuden del Á ica
en las alga adas dies os;
mándalos Mohame -ben-Záid
y suman dos mil quinien os.
También llegan de Algeci as,
del país allende el Due o,
de Mé ida, Andalucía,
y Badajoz; lle an és os
á BenYusu po caudillo,
mo o ga ido y apues o.
Todos a ienden las ó denes
de Almanzo , je e sup emo,
que al in la ma cha dispone
cuando odo es á en su pues o.
Y ya llegada'la noche,
odos pa en en silencio,
animosos de comba e,
as el cas ellano ejé ci o.
V.
¡G-uay qué e ible es el golpe
que á los c is ianos agua da!
¡G-uay qué espan osa o men a
lasque Almanzo les p epa a!
Muy mucho eme don Sancho,
el cas ellano mona ca,
pues la mo isma se ace ca
hácia sus ie as osada.
Mas no desmaya y se ap es a
á conju a la a alancha,
pidiendo auxilio á los eyes
de León y de Na a a.
HOJAS Y FLORES
Es os espóndenle a en os
y á la lucha se p epa an,
pues á an noble de ensa
les lle a la p opia causa.
Cesan las enemis ades,
pác ase nue a alianza,
y con a el ue e enemigo
se o ganizó la c uzada.
YE.
Ya se ap es an los c is ianos,
ya los ejé ci os ma chan
hácia los campos de So ia,
jun o á la an igua Numancia.
Es el pun o de la ci a
pa a las hues es c is ianas,
y no al a á uno solo
á su empeñada palab a.
Llega p ime o el g an Conde
don Luis Menendo, que manda
á los biza os leoneses
y á los b a os de G aláica.
Luego apa ece don Sancho
el de Cas illa, que en ansias
a de de empeza la lucha;
y más a de el de Na a a.
Qué de biza os caudillos!...
Qué de odelas y lanzas!...
Cuán os a neses que b illan!...
Cuán os po os que pia an!...
Todos bullen, odos g i an,
y se animan y p epa an;
se e uel en los co celes,
óyense oces que mandan.
Se anubla el Sol con el pol o,
y la noche se adelan a,
y al in pa en los c is ianos
as de la lucha anhelada.