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Hojas y flores : poesías originales / de Ángel del Arco y Molinero

Arco y Molinero, Ángel del, 1862-1925

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HOJAS FLORES POESÍAS ORIGINALES DE ÁNGEL DEL ARCO Y MOLINERO. P ecio: 6 eales, $ GRANADA I m p e n a d e D. F. d e lo s R e y e s IMPRESOR DE LA REAL CASA 1884 R - 9G '$ S 6- , HOJAS y FLORES. 4 ' ■X /} í - ; i • /V S¡ 9 ■) m *** ? í : R -se - HOJAS y FLORES. FLORES m m mmkm DE ÁNGEL DEL ARCO Y MOLINERO. g a n a d a I m p e n a d e D. F. de lo s R ey es IMPRESOR DE LA REAL CASA Es p opiedad del au o . Senado del 'Reino, Ex-Dipu ado á Co es, Je e supe io hono a io de Adminis ación ci il, Caballe o Co mendado de la Real y dis inguida O den española de Ca los III, Sec e a io hono a io de S. 31., Ex-Rec o de la Uni e sidad de G anada, Ca ed á ico de é mino de la Facul ad de De echo, Abogado y Ex-Decano del Ilus e Colegio de dicha Ciudad, P esiden e de la Aca demia de Bellas A es de ella, Académico co espon dien e de la de His o ia, P esiden e hono a io del Liceo cien í ico, a ís ico y li e a io de G anadaP esiden e de la Asociación Abolicionis a de la misma, e c. e c., S) chica e o 'Hmnilbo noayo, como una pzuc a be ca ino y, zeapa o, ÁNGEL DEL ARCO AMOR DE MADRE. Cuando el niño ie, cuando el niño goza, la mad e le a ulla anquila y dichosa con dulce can a . Cuando el niño su e, cuando el niño llo a, la mad e suspi a, y el dolo la ahoga de oi le llo a . Si el niño es á malo, mali o en su cuna, la mad e no goza de paz ni en u a de e le su i ; y llo a mi ando la mue e sañuda, oza con sus alas la en e an pu a del hijo in eliz. Sen ada la mad e del lecho á la e a, se pasa llo ando las noches en ela su iendo con él; y c uza las manos y á la Ví gen eza, y el lecho del niño con lág imas iega de llan o c uel. HOJAS Y FLORES El niño se mue e, la mad e suspi a, y émula cuen a sus ho as de ida po siglos de a an... le coje, le op ime las blancas mani as, y luego le besa las is es mejillas, y o na á llo a . Y el niño la mi a con lánguidos ojos, y le e son isa dibuja su os o de cándido amo ... y o na á su llan o, des uyendo el gozo de la pob e mad e, que al e le animoso calmó su dolo . Y luego el pequeño las manos c uzadas, aboga un gemido que el ánimo exbala de an o su i ... y dando un suspi o su ida se acaba, olando á los cielos pu ísima, el alma del niño eliz... Y en onces la mad e mi ando sin ida el cue po del ángel que an o que ía, no puede llo a ... y mi a al pequeño con son isa ia, 14 ÁNGEL DEL ARCO y luego le can a, y la cuna agi a con ue e compás... ¡La pob o es á loca! huyó su en u a!... y al e á su hijo ya mue o en la cuna, pe dió la azón... Dejadla que can e sin pena ninguna; que al ez si acaba su in ensa locu a, la ma e el dolo ! EL mOGREm S O N E T O . C uza la ie a con po en e b io silbando la eloz locomo o a; su ca el ma en ca e a a e ado a, dejando a ás las playas, el na io. Co e á lo lejos mu mu an e, el io que la áb ica impulsa gi ado a, y que el pan de los pueblos a eso a con su indus ia y c ecien e pode ío. Rompe el aplauso que el alen o aclama del sábio que co ona la expe iencia ó al o ado ené ico p oclama.... Y es os ecos del a e y de la ciencia o man oz que en los ai es se le an a, y es el p og eso que en su li a can a. HOJAS Y FLORES 15 LOS CÁRMENES DEL MURO. «A los cá menes de Ta o engo de i me á i i , po que dicen que se goza la glo ia an es de mo i .» (Can o popula .) El sol. y a se despide de ás de las mon añas, do ando débilmen e las o alezas de la he mosa Alhamb a. La silenciosa a de que de los mon es baja, los cá menes del Dau o llena de encan os y de somb as yagas. Las a es ugi i as que habi an la en amada, ensayan sus go geos despidiendo la. a de soli a ia. La b isa aga osa gi ando en e las amas, las hojas a mo iendo o mando un eco que mu mu a ó can a; Y el Dau o que di ige su cu so hácia G anada, emeda es os gemidos con el blando mu mullo de sus aguas... ¡Qué aleg es son las a des; qué he mosas las mañanas en aquellos e geles, mansión e e na de la dulce calma! 16 An g el d e l a co Allí pasó las ho as más dulces de mi in ancia; allí me aca icia on con su beso pu ísimo las au as. Allí uó donde un dia mi inspi ación b o a a; allí can ó mi li a el p ime pensamien o de mi alma. Allí odo es mu mullo que el ánimo emb iaga; la b isa allí es un himno, allí el a oyo ó nase en cascada. A llí los limone os cuando de lo se cuajan, sa u an el ambien e con sus pe umes, que el sen ido emba gan. Allí con las iole as el ai e se embalsama, y nó ase una uen e doquie a se di ige la mi ada. Allí la adel a c ece; allí ienden sus amas los almend os lo idos sob e las uinas de mo isca apia. De pi as y chumbe as odéase la casa; allí ege a el olmo donde pasa el e ano la ciga a. Allí la en edade a el ojo mu o escala, y la ondosa yed a al onco añoso del nogal se enlaza. HOJAS Y FLORES Al en e se di isan los mu os de la Alhamb a, que o ecen un paisaje lleno de luz, de inspi ación y galas.... Y odo allí es g andioso, y odo nos emba ga, po que ex año lenguaje habla allí odo al co azon y al alma. ¡Bendi os los ecue dos que el pecho de elLos gua da! que son un pa aiso los cá menes del Dau o de G anada. XJls BESO. Es un háli o ie no y p o undo que pu ísimo b o a del alma; es el lazo eliz que á dos sé es de uel e la calma. Es el sello de amo que se imp ime en la en e del sé que se ama; es quizá de una his o ia de amo es an sólo una página. Es el úl imo adiós de dos sé es que en el mundo el des ino sepa a; es un ie no ibu o al ca iño que llo an con ansia. Es la dulce expansión de una mad e que en el hijo sin pa idola a, y á exp esa su aspo e amo oso le al an palab as. Es el ósculo, en in, con que sella de aquel hijo la en e an cas a, pa a da le el inmenso ca iño que encie a su alma. 18 ÁNGEL DEL ARCO LA FE. ODA (1) Suspi o del C eado , pe ume san o Que llena elco azon y emba ga el alma; Sac osan a i ud, mís ico encan o Que descendió del cielo En alas del amo , como la palma Des inada á o ece paz y consuelo; Bendi a é, bande a á cuyo ampa o C ece la eligión, á bol di ino; Fúlgida au o a, e ulgen e a o De luz y de en u a Que ilumina al mo al en su camino: Es a es la i a llama Que me ilumina con su lumb e pu a, Y de uego y amo el pecho in lama. ¿Qué es el homb e sin é, sin esa guia que le señale el anhelado pue o? _ Pa a el homb e es la é la luz del dia; Sin ese i o a o Halla la ie a lób ega, somb ía... Y en la lucha po en e Que sos iene en el mundo emen ido, Como lucha sin é, sin con ianza, Ol idado el alo , siemp e es encido. Y no halla á una mano p o ec o a Que le pueda sal a ; la é an sólo Puede da le la paz que luego implo a; Po que pe dido en el e o y el dolo, Sin luz y sin c eencias, Es un náu ago is e, abandonado, (1) Composicion leída po su au o en la sesión solemne de ape u a de la Academia de la Ju en ud Ca ólica, en 1.* de No iemb e de 1882. HOJAS Y FLORES 19 En el ma de la ida, Que no halla á la o illa ape ecida Si la luz de la é no le ha guiado. Hoy que el o pe a eísmo Busca en el co azon la ansiada p esa; Que la pe idia lanza en el abismo Al cansado mo al, y despiadada Su ie a ga a ceba en la conciencia. Hoy que el men ido o gullo se engalana Con ico man o que a eba a á Flo a, Y la ana icción, y la alsía, Y la ambición i ana Lucen su aje que el e o colo a; Hoy que en ca ozas de alo sin cuen o Con lábio dulce, as u o, pe suasi o, La in ame hipoc esía se p esen a; Hoy que el alma embo ada Po goces mundanales Pie de su é, la joya más p eciada Que ha de o ma sus bellos ideales; Hoy, que o pe y c uen a La p eci a impiedad con also halago La é quie e aba i , y que sedien a La sociedad se agolpa deslumb ada En pos de una ilusión; hoy que se mi a Hollado el sen imien o, Y que el homb e ené ico se lanza En pos de la e dad que nunca alcanza: Es p eciso lucha lle ando el lema De la bendi a é, lazo sag ado Que une el homb e á su Dios, y le conduce A la empí ea egión, al bien soñado. Es p eciso lucha ; enga el a eo, Yenga á os en a sus pálidas e dades Con que al homb e seduce; Yenga á os en a su émulo egoísmo Fal o de eligión y de c eencias Con a la é, bande a del c is iano; Que en comba e an udo y sobe ano, 20 ÁNGEL DEL ARCO A su ampa o el ca ólico acogido, Se e á de los dos quién es encido... Venga, enga el a eo, Alma sin é, sin sen imien o humano, Venga y exclame a epen ido c eo An e la .Fé endido, O que niegue ambién que no ha nacido. Es p eciso lucha pa a! ence le; Y encido se á su in en o ano, Po que su ó lle ando po egida T iun o en la ie a log a á el c is iano. Es p eciso lucha ; que es e comba e Luchando con alo conquis a un cielo; Y alcanzando la palma de ic o ia, La Pó nos lle a á con san o uelo A las egiones de la e e na glo ia. HISTORIA VULGAR. _ —Adiós mi mad e!—con a an p olijo dice el soldado que á la gue a á. Y la mad e con es a:—Adiós mi alma! Cuando ¡ay! ol e ás! —Adiós, mi dulce amo !—dice el soldad o. —Adiós mi amada ¡que me gua des é! Y la amada con es a:—Adiós mi aman e..! J amás e ol ida é! Y pasa un año; y á la pob e aldea lle a la ama la unes a oz, de que el hijo y aman e ha allecido en ale osa acción. HOJAS Y FLORES 21 Lág imas is es su can las mejillas de la mad e y amada con dolo , y dobla on del pueblo las campanas con une a io son. Y es ama que la amada del soldado, poco despues sus lág imas secó; pe o la mad e que pe dió á su bijo ¡jamás se consoló! SUEÑOS Y ESPERANZAS. A MI HIJO LUIS. I. Cuando yo e mi o, cuando yo e beso, yo no sé lo que pasa en mi alma, yo no sé lo que sien o. Si es de dia su o, si es de noche elo, y si al cabo me due mo endido me asal an los sueños... ¡Fa al pesadilla! De p on o despie o, y los ojos ab iendo azo ado e busco en el lecho .... Tú due mes anquilo, ¡bendi o es u sueño! Yo en e an o emblando al mi a e la en e e beso. ÁNGEL DEL ARCO LA CRUZ DEL VALLE. CUENTO DEL HOGAR. I. En ús ica i ienda de un pueblo de Cas illa, babi a humilde anciana de ya a anzada edad. Modelo de i udes, pací ica y sencilla, p ac ica cuando puede la san a ca idad. Endulzan su exis encia dos pob es pequeñuelos, que quie en á la abuela con inocen e amo ; y ienen con su apoyo dulcísimos consuelos, i iendo humildemen e ajenos al emo . Volaban del o oño los cé i os alados; las a des son he mosas el as o al declina ... en o no de la abuela, cabe el hoga sen ados, se enios pequeñuelos oyéndola eza . —¿Po qué, di, no nos cuen as, abuela, alguna his o ia, de esas que nos encan an y llenan de place ?... HOJAS Y PLORES ¿No sabes algún cuen o que gua de u memo ia, y en iempos ya pasados pudie a sucede ? Así hablaba uno dellos á la de o a anciana, haciendo que un ins an e deja a su o ación. Y ella, que á sus pequeños po complace se a ana, con la siguien e his o ia obóles la a ención: II. — «Muy ce ca de es os alles hay una e mi a, donde exis e una Vi gen pu a y bendi a; que el pueblo ado a con el mismo en usiasmo que á la pa ona. Cuen an que en o o iempo jun o á ese si io, una c uz se ele aba de osco pino; muy ene ada po odos los lab iegos de la coma ca. Vi ían po en onces en es e pueblo, dos jó enes llamados Rosa y Eugenio; que se ado aban ajenos á las penas con oda el alma. ÁNGEL DEL ARCO Todas las a des ambos allí se ian, oyendo sus p o es as la c uz bendi a; y ella, cons an e, odas las espe anzas puso en su aman e. Una a de que Rosa ie na espe aba, á su ado ado Eugenio llena de ánsias, pasó un lab iego que amó á la he mosa jo en en o o iempo. Y diz que al e la sola jun o á aquel leño, p e endió con ence la con sus a ec os; mas ella en onces, echazó del lab iego las p e ensiones. Y cuen an que el mancebo cogiendo á Rosa, p e endió iolen a la con ánsias locas; y ella azo ada, en la c uz, su de ensa buscó ab azada. Y añaden que al impulso, la c uz de pino cayó sob e la en e del campesino; y aquel in ame quedó sob e la ie a mudo y exánime. HOJAS Y FLORES 31 Cundióse en los con o nos con uelo ápido, la oz y los de alles de aquel milag o; que lib ó á Rosa al ab aza se al leño, de la deshon a. Y diz que desde en onces iene esa e mi a la Vi gen, donde es u o la c uz bendi a; do las doncellas le piden á la Vi gen que las de ienda.» III. Tal es, que idos hijos, la his o ia epe ida, del hecho milag oso que ha iempo sucedió. Y es ama que de en onces la Vi gen bendecida, p o eje á la doncella que humilde le ogó. DOS LÁGRIMAS. D O L O R A . Nace pa a su i , es un ma i io; mo i pa a goza , una espe anza; el umb al de la ida, una dolo a; su in, nuncio de calma. El llan o del que nace, es el p incipio de ese dolo inmenso que le agua da; el llan o del que mue e, es el p eludio del place que en el cielo espe a al alma, 32 ÁNGEL DEL AECO LA CAMPABA DE LA ALDEA. ¡Qué he mosas son las a des en el Es ío, cuando el sol ya aspone los al os iscos, y sus ulgo es el beso pos ime o dan á las lo es! ¡Cuán delei a esa ho a del cla o dia, en que espi a odo calma y poesía!... cuando en sus sones la campana del pueblo oca á o aciones!... El ús ico lab iego los campos deja, y en pos de la campana o na á la aldea; y en a en el emplo y pos ado de hinojos eza un momen o. Allí ecue da en onces oda su ida, que an len a ha pasado jun o á la e mi a; po que su his o ia se encie a en la campana que len a oca. HOJAS y FLORES Ella ae á su men e g a os ecue dos, de juegos in an iles de dicha llenos... po que en su aldea la in ancia del lab iego o ma un poema. Allí ecue da is e cómo pasa on sus años ju eniles llenos de encan os., cómo se ue on amo es en u osos, mágicos sueños... En onces e lexiona cómo han co ido los años, á pe de se as el ol ido; quedando aho a de an as ilusiones, sólo memo ias. Tal ez aquellos sones que len os pasan, hacen que de sus ojos b o e una lág ima, po que ecue da que su mad e en el cielo al ez le espe a... Y amo es ju eniles, is es ecue dos, lág imas ugi i as, agos acen os... odo se acaba cuando cesan los ecos de la campana. 34 ÁNGEL DEL ARCO Ella cuen a la his o ia del campesino, po que unido á sus sones á su des ino; ella es su alma... su hoga , su pa imonio, su dulce pa ial LA MUERTE DE UN ÁNGEL E a la niña Rosa ní ida pe la, que el ma de los amo es dejó en la a ena. Hija de he mosa concha donde i ie a, pa a luci sus galas buscó la ie a. B illó sólo un momen o cándida y bella, sin que el mundo ap ecia a su luz espléndida... Y ella, llo osa, no iéndose ap eciada o nó á su concha. HOJAS Y FLORES 35 ¡LÁGRIMAS! A LA. MEMORIA DE MI QUERIDA ESPOSA. I. La i espi a !... la luz de la exis encia en sus lánguidos ojos se ex inguia, como el pos e e lejo de la a de que el sol espa ce cuando mue e el dia... La i espi a , y el líl imo suspi o hi ió de mue e el co azon y el alma;. en el ance c uel de su ma i io hubie a mue o con place p o undo, pa a goza con ella de la calma que sin su amo me al a á en el mundo. II. ¡Pob e Me cedes!... cuán o laque ia!... Su ca iño jamás ol ida é; e a an buena pa a mí, an buena como la mad e que me die a el sé . No me pidáis que exp ese su ca iño; ue a débil y pob e mi exp esión... solamen e he podido con mis lág imas esc ibi lo en el is e co azon! E a su amo la ida de mi ida; yo la amaba con ie no enesí, y ella, que mi ca iño conocía, ella ambién me idola aba á mí. 36 ÁNGEL DEL AECO III. ¡Qué he mosa es aba mue a! pa ecía de osa y náca su anquila az... Más he mosa que i a es aba mue a, ¡y e a bella sin pa ! —Qué he mosa es! la gen e epe ía iendo despues el é e o pasa . —Qué colo es conse a en las mejillas! —Qué he mosa á! iy. Dos hijos ue on las ma e nas lo es que á la somb a nacie on del hoga ; dos lo es i ginales, que cuidábamos con ca iñoso a an... Hijos de nues o amo : ues a inocencia no puede es a desg acia comp ende ; ¡ ale an o el ca iño de una mad e! yo, hijos mios, lo sé!... Hij os del alma! lo que habéis pe dido nunca en el mundo ol e eis á halla ; el calo de los besos de una mad e no se puede comp a ! Y. Todo pasa en el mundo, odo se acaba; se acaban los pesa es, o na la calma; llegan ho as de angus ia que luego pasan... mas la pena de e se sin mad e ¡nunca se acaba! HOJAS Y FLORES 37 VI. Yo subo al cemen e io po habla la ya que e la no puedo; y descubie a la aba ida en e an e su umba ezo. Oigo un umo en onces ugi i o que has a mí lle a el ien o, y pa ece que es ella que me habla con ca iñoso a ec o... Yo pienso oi sus émulos sollozos y sus suspi os ie nos, y pa ece que llo a po sus hijos, po sus hijos pequeños... Y en onces me pa ece, que en la umba sien o c ugi sus huesos, cual si sus secos b azos se es echa an pa a ab aza un cue po!... Y luego sien o que el umo aumen a, y ab o los ojos y la is a iendo... y es el cip és que lanza sus gemidos al agi a lo el ien o! VIL Yo co o las umbas, yo mi o en los huecos, yo busco su alma po el cemen e io. P egun o á las ño es, p egun o á los mue os, y los mue os callan en sus umbas quie os. 44 ÁNGEL DEL ARCO m. Ya la au o a ubicunda cla a inunda los espacios con su luz; y la nocbe eneb osa, mis e iosa ecoge ya su capuz. Ya ba ce ado su en ana la sul ana, palpi an e de ilusión... ya el aman e se e i a, y en su li a así en ona su canción: «Adiós ya, sul ana mia, pues el dia a espa ciendo su ulgo . Due me y sueña descansada, con iada en mis p o es as de amo . No me ol ides un ins an e, mo a aman e, que yo no e ol ido á í; y piensa en u blando sueño, que u dueño e ado a con enesí. Piensa siemp e, mi eso o, que u mo o sólo sabe idola a ... Que e ado a un hijo incie o del desie o, que nunca sab á ol ida ..! HOJAS y FLORES Adiós, adiós, mo a mia, que ya el dia a espa ciendo su ulgo ... due me y sueña enamo ada, con iada en mis p o es as de amo ...» Cesó el can o; de epen e, débilmen e una á aga b illó.... luego oyóse un es ampido, y el silbido de una bala que c uzó... Y en el pun o el iel aman e, acilan e ióse en la ie a cae ; y un eunuco, que con en o daba al ien o ca cajada de place . Luego, nada; ie na queja en la eja las ime a se escuchó... Despues oyóse un gemido, y un quejido en la li a se apagó. 46 ÁNGEL DEL ARCO LA LOCA DEL DÁÜRO. «T is es son mis suspi os, is es mis lig imas; is es son mis can a es como mi alma... y po eso la loca del Dáu o odos me llaman. > I. Cuando del sol los émulos ulgo es se pie den as la al ísima mon aña, y del Dáu o los cá menes somb íos aún alumb an con lánguida mi ada... una muje , an asma melancólico, que pa ece e ocado de las aguas, se e en la o illa del inquie o io la co ien e segui con su mi ada. Jo en aún, no bo dan sus mejillas los colo es que dan aquellas áu as; no las plega siquie a una son isa, y la is eza en ellas se e a a. Todas las a des, al mo i el dia, bas a la o illa soli a ia baja, y allí con empla las izadas ondas que la co ien e lle a bas a G anada.. ¡Es á loca... in eliz!... Es una mad e á quien del Dáu o las inquie as aguas, a eba a on su que ido hijo una a de que el sol ya declinaba... Ella le ió cae en la co ien e, y cual la hoja que hu acan a as a, pe de se en e espumoso emolino... Despues, apa ece ... y despues, nada. En onces deli an e, hácia la o illa co ió cual a e que pe sigue el águila, y en pos del hijo que cayó en las ondas sume gióse ambién en e las aguas. HOJAS Y FLORES H. Desde en onces aquella is e mad e de las ondas a ídicas sal ada, pe dida la azón, émulo el os o, el hijo busca que ado ó su alma. Po eso baja á la desie a o illa y las olas co e mi a con ansia, y p egun a á los bosques po su hijo, y la maleza iega con sus lág imas... Sólo esponde á su dolien e uego el sono o mu mullo de las aguas, mien as el sol declina hácia su ocaso y se pie de de ás de las mon añas. Alguna ez, dejando la ibe a, con incie o mi a , con o pe ma cha, silenciosa se in e na en la espesu a sin eme el ho o de somb as agas. En onces melancólico se escucha un can a que esuena en la en amada, y es la loca, que dá su oz al ien o, epi iendo es as é icas palab as: ^ «T is es son mis suspi os, is es mis lág imas; is es son mis can a es como mi alma... y po eso la loca del Dáu o odos me llaman,» ÁNGEL DEL AECO Á CALDERON. Oye, genio, la canción que consag o á u memo ia, abismado an e u glo ia, bañado en u inspi ación. Mis no as débiles son y á mi oz le al a alien o; pe o el al o pensamien o que al alma asomb ada inspi a, can a é, aunque de mi li a se pie da el humilde acen o. Siendo aún muy niño, leí us dulces inspi aciones, y al eco de us canciones la i el pecho sen í. Pasando el iempo, c ecí, y al pa aquella ilusión, y b o ó en el co azon un i me y san o ca iño, y ene ó aman e el niño el nomb e de Calde ón. Despues, el niño c eció, siemp e ija en la memo ia del a e insigne la glo ia y las no as que ap endió. En onces ambién b o ó en mi men e placen e a, la dulce ilusión p ime a que al pecho obó la calma, y en onces comp endió el alma cuán inmenso ' el a e e a, HOJAS Y PLORES Genio al i o y colosal; a e po en e y sag ado: díme cómo ú has can ado u inspi ación sin igual; in úndeme el ideal que en u espí i u has sen ido, y can a é ag adecido u ingenio g ande y ecundo, y sab á en onces el mundo, a e insigne, lo que has sido. Díme, génio, donde halla esas bellezas igno as, que esal an en las no as de u sublime can a . Díme ú cómo llega al luga que ú has llegado; á ese luga ado ado, á esa glo ia que e encumb a, á ese ulgo que e alumb a, á ese númen an sag ado. Yo no acie o á comp ende al ingenio y an asía, ni la luz pu a, que un dia llegó á ilumina u sé . Ni ese mágico pode , ni esa as a inspi ación, de España la admi ación, glo ia y hono de su escena, donde aún inmenso esuena el nomb e de Calde ón. Po eso puedes es a u ano de que la his o ia, gua da á iel u memo ia como las pe las el ma . Eeliz ú, génio sin pa ; eliz ú, génio p o undo; 50 ÁNGEL DEL ARCO ú, que sueñas en el mundo; ú, que b illas en el cielo, lanzando ulgo al suelo cual as o de luz ecundo. Mayo.—1883. SONETO. G acia y belleza; cándidas muj e es con los cabellos ubios como soles; un cielo azul, de pu os a eboles con un suelo que b inda á los place es. Nobleza y libe ad, san os debe es ab igados en pechos españoles, y ese he oísmo que el Sup emo dióles, y he mosos campos donde eina Oe es. Hon a y i ud; can a es de aleg ía, y pa io amo é ins in os belicosos, y espe o á las glo ias nacionales. Tal es la decan ada Andalucía: homb es con sen imien os gene osos, y muje es con ojos celes iales. HOJAS Y FLORES 131 MonUe ¿e Jo cos, ROMANCE. I. Un hijo iene Ismael el ey mo o ele G anada, an cumplido caballe o como b a o en las ba allas. Licencia pídele al ey; pues quie e con su mesnada, co e ie a á los c is ianos on e os de Loja y Málaga; con dos amosos alcaides que á la sazón gobe naban en An eque a y Osuna, iene el mancebo al saña, que ganoso de ence les gen e ga ida demanda. Síguenle es mil gine es que o man g an cabalgada, y á más cua o mil peones muy amosos en las a mas. Todos salie on un dia al despun a la mañana, y a ás dejando los mu os se aleja on de G anada. II. E an en onces alcaides de las ciudades nomb adas, Rod igo, conde de A cos, y Luis de .Pe nia, que gua dan cumplidamen e, las o es que el ey les encomenda a. ÁNGEL DEL ARCO Sabedo es de que el mo o po sus dominios en aba, con sus la gas co e ías a asando la coma ca; unidos ambos caudillos con a el in iel que adelan a, salie on con sus c is ianos animosos de alga ada. Ya los bandos se di isan; los nues os quie en ba alla, y no esqui an el encuen o con las hues es musulmanas. Es án en campo de Osuna sob e una ex ensa esplanada, mal luga pa a el comba e, que o ece al mo o en aja. Mas los nues os, que no emen del musulmán la celada, á la lucha se ape ciben y en pos del in iel a anzan. III. Buena sue e, buena sue e engan las hues es c is ianas, que son muy muchos los mo os y muy mucha su pujanza. Há yá iempo que los nues os no log an una ba alla, y pa ece que la sue e sus designios desampa a. Desque encie on los mo os con una sola alga ada al ejé ci o c is iano en la Áxa quía de Málaga, o gullosos los muslimes siemp e que luchan nos ganan, y encen á los alcaides y sus dominios des as an... HOJAS Y FLORES ¿Se á al ez, que ya el cielo no p o eje nues a causa?... ¿Se á que la media-luna lia de holla á la c uz san a?... Es a es la duda que acosa á las opas cas ellanas; mas nunca ceja pensa on ni un paso a ás en su ma cha; si iun an, suya es la glo ia, si mue en, suya es la palma. IV. Yá los bandos se acome en con iolencia inusi ada; ya se con unden las opas y se empeña la ba alla... Unos llaman al P o e a; o os al cielo demandan... ¿Quién log a á la ic o ia si son iguales las a mas? ¡B a o conde! ¡b a o conde! Qué bien maneja la espada; cómo a olla, cómo inde á las ho das'a icanas!... No hay b azo como su b azo... pujanza cual su pujanza; que es un ayo que di ide cada golpe que desca ga! ¡Buen alcaide! buen alcaide el de Osuna!., cómo a anza! cada ajo es una he ida que la exis encia a eba a. ¡Adelan e, cas ellanos, que ya el in iel se acoba da!... 60 An gel d e l a co Sigue al llega u expe iencia es e consejo cui ado, donde se encuen a ence ado odo el Lien de u exis encia. Conse a en u in eligencia los ecos de mi canción; ellos los suspi os son de un pad e que e ama an o, y que iene en í el encan o de su aman e co azon. LA CIENCIA Y EL ARTE. ODA. Al eminen e ju isconsul o D. Fabio de la Rada y Delgado. ¿Dó, a eba ada en su pujan e uelo lamen e ascinada se anspo a?... Dó me lle a mi anhelo, que de la ciencia el mis e ioso elo p e ende desco e el alma abso a?! ¡Can a la ciencia yo, que apenas piso al o de luz sus úlgidos umb ales, donde el E e no quiso implan a un he moso pa aíso de encan os mil, de a canos e e nales!... ¡Can a al a e yo, ímida a e que no acie a á deja el dulce nido; y aún el ino sua e mi o pe lengua modula no sabe del bosque en e las amas escondido!... HOJAS Y FLORES 61 Po eso iemblo, y al pulsa la li a es yago y lébil mi sencillo can o; mas al mimen que admi a mi oscu a men e, y que eliz me inspi a, be de ensalza con a do oso encan o. Rayo de luz lanzado sob e el mundo po el C eado Al ísimo, es la ciencia; en su anbelo p o undo, al homb e dió po manan ial ecundo ese cla o anal de su exis encia. El a e, es el des ello luminoso de o o a o sin pa que b illa en calma; es el númen p ecioso que Dios mandó sob e el mo al dichoso... es un ie no suspi o de su alma. Di áme el sabio que la doc a ciencia po sus alas lle ada en el espacio, ha hallado la exis encia de cien mundos de luz y e ulgencia, que c uzaban el célico palacio. Di áme que del sol con mano osada el ayo suje ó po e su esencia; que á la ie a cansada ha buscado el p incipio, has a la nada, donde lucha el sabe con la impo encia. Me di á que c uzando el ma ugien e en su as a ex ensión buscó o o mundo; que o ció del o en e el ancho cu so indómi o y po en e hacia o o campo que o nó ecundo. Di áme, en in, que so p endió en la ie a el me al que se ocul a en sus en añas, y con uido que a e a sacó el eso o que en su seno encie a, ola haciendo sel as y mon añas, An g el d e l a co Pe o yo le di é que el a e un dia ambién b illó con ní idos ulgo es; que la dulce poesía ambién llenó los mundos de a monía con sus plácidos ecos seduc o es. Que si Colon en iqueció la his o ia buscando un mundo con su ma cha osada, el a e una memo ia quiso deja de su esplenden e glo ia, y Home o ilus e nos legó su Iliada. Y si despues la ciencia sobe ana ciñóse un ce o de lucien e b illo con in ención u ana, ambién Alonso Cano un ce o gana y una diadema el inmo al Mu illo!... En pos de su deli io busca el sabio lo in ini o, lo g ande, lo imposible, y su p o ano labio suele duda con u ibundo ag a io del mis e io del alma, incomp ensible. El a e sueña en el edem que ido; en odo é á su Dios, en odo el alma, y en su ideal pe dido, ol ídase del mundo emen ido y anhela sólo la que ida calma. El sabio en su pensa busca la ie a; el poe a la glo ia, que es su anhelo; el sábio no se a e a, y aun el alma á nega llega, que encie a; el a e sueña y se emon a al cielo. HOJAS Y FLORES Á MI MADRE. Pe dona, mad e, si al pulsa mi li a en ono mi can a con o pe acen o; si es an débil mi oz como mi alien o... pe dona si me al a inspi ación. Es que al nomb a e, el co azon palpi a, y al pulsa el laúd iembla mi mano; es que u amo ensalzo, sobe ano; es que al in e dedico mi canción. Es que comp endo que debió en un dia se pa a í mi inspi ación p ime a; cuando agi ó mi men e placen e a con sus mágicos sueños la ilusión... Mas ¡ay! en onces yo no conocia cuán g ande, mad e mia, es u ca iño; e a jo en aún, e a muy niño pa a sen i mi pecho esa emocion. Mas hoy que al in con emplo ealizada la ilusión más isueña de mi ida; hoy que mi alma is e y aba ida halla en un hijo plácido sos én... Tu inmenso amo comp endo, mad e mia, au o a de mi dicha y mis amo es, cuyos pu os y límpidos ulgo es o nan la ie a pa a mí en edem. Po eso ensayo en mi modes a li a á u amo es os plácidos can a es, dulces como el gemido de los ma es, pu os como el que en ona el uiseño ... Son las no as nacidas en mi alma, humildes cual la cándida iole a; son los ecos del a pa del poe a que se ele an al ono del Seño . 64 áNGEL DEL ARCO ¡Mad e!... bendi o y sac osan o nomb e que llena el pecho de place p o undo; a o que b illas en el is e mundo pa a inunda de dicha el co azon!... Yo e bendigo al asoma la au o a de amando doquie luz y aleg ía; yo e bendigo al declina el dia cuando en uel en las somb as la c eación. Y al escucha en onces silencioso de la campana los pausados sones, que dan al ien o el oque de o aciones el alma pu a a eba ando en pos... Inclino e e en e la odilla; mi labio, el nomb e del Seño in oca, y al sali la plega ia de mi boca, que u ida conse e pido á Dios. HOJAS Y FLORES 65 L E Y E N D A . Á mi que ido amigo el dis inguido poe a ij o ado sag ado D. F ancisco Jimenez Campaña. <En Cala añazo , pe dió Almanzo su ambo .» I. Cómo co en, cómo co en los mo os as los c is ianos, como bandada de bui es eniendo po suyo el campo. Mal los c is ianos iñe on, cuando encidos queda on, que es e ible la mo isma de Almanzo el es o zado. Cómo co en, cómo co en los gue e os cas ellanos; los b a os de Co adonga, los nie os de don Pelayo... |Guay de los nues os caudillos! cua o soles ya lucha on, y no iun an de los mo os... ¡Guay de su o gullo ul ajado! n. Ya o na Almanzo á Có doba con sus lau eles u ano; Almanzo , el ic o ioso, el isi más espe ado; ÁNGEL DEL ARCO el minis o del Cali a, que ido del Sobe ano; el más biza o caudillo de los c is ianos espan o. El que cuen a más ic o ias que muslimes á su mando; el de las dos alga adas, el del más emido b azo. Respé anle los in ieles y le iembla el cas ellano, que cuan as eces lucha a o as an as ha iun ado. Con él ienen los cali as bien segu o el cali a o, y aunque b a o, no es pe e so, y quié enle sus asallos. El u o de las apiñas di ide en e sus soldados, y en la paz llenan su alcáza los de íses y los sábios; pe o emp endida la gue a, de las a es ol idado, es un león del desie o dispues o pa a el asal o. Cansándole es á el o gullo del biza o cas ellano, que aunque encido cien eces siemp e se encuen a ap on ado; y dispues o áda un. golpe que hunda po siemp e al c is iano, á los nobles de la có e en consejo ha con ocado. m. En un salón del alcáza de Hixem,. cali a de Có doba, se hallan eunidos los nobles en consejo yahá dos ho as. Almanzo , que los p eside y que es a yez los con oca, HOJAS Y FLORES 67 habla así á los del consejo con la oz émula y onca: —«Cumplo, es o zados a ones, en con oca os ago a, pa a con a os mis planes y las cui as que me agobian. Todos sabéis mi es ue zo, odos mis nobles ic o ias, y que me eme el c is iano, y que Cas illa se asomb a. Téngo os de p opone que ya es llegada la ho a, de da el pos e o golpe á las cas ellanas opas; y a inca ías á que indan su libe ad y su glo ia, y con a en a an g ande nues a se á España oda. Pídanse ue zas á Moez el g an Emi de las cos as, y concén ense las hues es de San a én nume osas; y con oda la mo isma bajo mis auspicios p on a, ju o endi á Cas illa cuya al i ez me son oja. Jú alo po el P o e a; po Aláh que es nues a glo ia; po el nomb e del Cali a; po mi alo y mi hon a.» Dice así Almanzo al i o, la az encendida y o a, y odo el consejo ap ueba el plan, que su es ue zo abona. Al pun o pa en las ó denes pa a la mo isma oda, y se ap es an los alíes, y odo el mundo se ap on a. 68 ÁNGEL DEL ARCO IV. Ya las hues es sa acenas se cong egan en Toledo, a mados de odas a mas in an es y caballe os. Mo os acuden del Á ica en las alga adas dies os; mándalos Mohame -ben-Záid y suman dos mil quinien os. También llegan de Algeci as, del país allende el Due o, de Mé ida, Andalucía, y Badajoz; lle an és os á BenYusu po caudillo, mo o ga ido y apues o. Todos a ienden las ó denes de Almanzo , je e sup emo, que al in la ma cha dispone cuando odo es á en su pues o. Y ya llegada'la noche, odos pa en en silencio, animosos de comba e, as el cas ellano ejé ci o. V. ¡G-uay qué e ible es el golpe que á los c is ianos agua da! ¡G-uay qué espan osa o men a lasque Almanzo les p epa a! Muy mucho eme don Sancho, el cas ellano mona ca, pues la mo isma se ace ca hácia sus ie as osada. Mas no desmaya y se ap es a á conju a la a alancha, pidiendo auxilio á los eyes de León y de Na a a. HOJAS Y FLORES Es os espóndenle a en os y á la lucha se p epa an, pues á an noble de ensa les lle a la p opia causa. Cesan las enemis ades, pác ase nue a alianza, y con a el ue e enemigo se o ganizó la c uzada. YE. Ya se ap es an los c is ianos, ya los ejé ci os ma chan hácia los campos de So ia, jun o á la an igua Numancia. Es el pun o de la ci a pa a las hues es c is ianas, y no al a á uno solo á su empeñada palab a. Llega p ime o el g an Conde don Luis Menendo, que manda á los biza os leoneses y á los b a os de G aláica. Luego apa ece don Sancho el de Cas illa, que en ansias a de de empeza la lucha; y más a de el de Na a a. Qué de biza os caudillos!... Qué de odelas y lanzas!... Cuán os a neses que b illan!... Cuán os po os que pia an!... Todos bullen, odos g i an, y se animan y p epa an; se e uel en los co celes, óyense oces que mandan. Se anubla el Sol con el pol o, y la noche se adelan a, y al in pa en los c is ianos as de la lucha anhelada.