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La traducción en la metodología del latín

Abstract

El siguiente artículo, "La traducción en la metodología del latín", es el trabajo que el humanista Eduardo Valentí Fiol presentó en la reunión de catedráticos celebrada en Santander en 1949. Publicada posteriormente en la revista "Estudios Clásicos" en 1950, la recuperamos en nuestra revista (2004) al considerar que los ejes sobre los que versa el artículo, a saber, la importancia de la gramática, la educación humanística (que incumbe a todo el profesorado de las disciplinas llamadas de letras), la traducción (en tanto que sirve para expresar dos conceptos distintos: la traducción en sí misma y la lectura), y por último (y no por ello menos importante ) la retroversión, son aún plenamente vigentes. Edición y resumen a cargo de María Goretti Díez (IES Vall d'Arús).

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La traducción en la metodología del latín

Author: Valentí Fiol, Eduard
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2011
Source: https://ddd.uab.cat/pub/methodos/methodos_a2011n0/methodos_a2011n0a9.pdf
LA TRADUCCIÓN EN LA METODOLOGÍA DEL LATÍN
Po Edua do Valen í Fiol
La enseñanza de las lenguas clásicas culmina en la aducción. La sol u a
adqui ida en ella es la más segu a pied a de oque pa a juzga de la bondad de un
mé odo o la pe icia de un p o eso . Y el a gumen o que más con incen e pa ece,
en boca de los que p oclaman su desencan o an e los u os ob enidos en un
decenio de bachille a o clásico, es el educido núme o de alumnos que e minan
sus sie e años de la ín pudiendo lee sin opiezos a los au o es básicos, Cice ón o
Vi gilio. Pocos deja án de es a de acue do, pues, en de ini aducción como
p incipal obje i o de una clase de la ín o g iego; pe o quizá sean menos los que se
esignen a saca la ine i able consecuencia y a elega la g amá ica a un pues o
secunda io. Pues p ecisamen e po se an menguados los esul ados alcanzados
en la aducción, el p o eso se sien e en ado a insis i sob e la g amá ica, o
ap o echando los conocimien os an labo iosamen e adqui idos pa a cimen a
nociones gene ales de lenguaje, o iniciando a los muchachos en la lingüís ica
cien í ica, o simplemen e en egándose a la p ác ica de aquella amosa «gimnasia
in elec ual», que no eo sea supe io a la eje ci ada en o as disciplinas ni que
jus i ique un dispendio an g ande de iempo y ene gías. Pe o po es imables que
sean es os log os, sob e odo los dos p ime os, no c eo que ellos bas en pa a
jus i ica el p edominio concedido a nues os es udios en el ac ual bachille a o. No
pe damos de is a que, en g an pa e, el la ín sob e i e en nues os planes como
es igio de un es ado de cosas ya p e é i o. Na u al e a que el es udio gene al del
lenguaje se ci a a en el la ín cuando es e e a ap endido poco menos que como
una lengua i a. Pe o hoy el es udio «no ma i o» del lenguaje (el único que
in e esa en un ciclo de o mación gene al como es el bachille a o) ha pasado como
he encia del la ín a la lengua ma e na espec i a. Y la lingüís ica, po aliosa que
sea, no c eo que pueda supli las i udes de la g amá ica no ma i a. Pues no es
acen uando su ca ác e cien í ico como deben de ende se los es udios
humanís icos an e el emba e de las ciencias mode nas, sino des acando
p ecisamen e su condición de elemen o co ec i o de un cien i ismo a ul anza, po
la subo dinación que imponen a la ciencia con espec o a o os alo es más
especí icamen e humanos. No me compe e aquí de ini lo que en el mundo
eu opeo se en iende hoy po educación humanís ica; bas e eco da que és a
pos ula el econocimien o de un sis ema de alo es mo ales, sociales, in elec uales,
es é icos. Es os alo es pueden acep a se o no, pe o sólo ellos son capaces, de
jus i ica que en nues o siglo las ciencias isicona u ales sean sac i icadas como lo
han sido en la enseñanza media española; si no se acep an, g iego y la ín no son
sino las e y u ina.
És e es el momen o de señala que la educación humanís ica no puede i
exclusi amen e a ca go de los p o eso es de la ín y g iego; y es a obse ación
a oja nue a luz sob e el ema, an es apun ado, del desencan o exp esado po
muchos c í icos. Las lenguas an iguas son solo el u illaje de las humanidades. En
un plan o gánico y comple o, y con un cuad o de p o eso es c eado con a eglo a
un c i e io uni a io, nues a unción se limi a ía a adies a a los jó enes en el uso
de es os ins umen os; la labo educa i a o al incumbi ía no sólo al p o eso de
la ín y g iego, sino a los de li e a u a, his o ia y iloso ía; en una palab a, al conjun o
de disciplinas llamadas de le as. Sal a a la is a, en los momen os ac uales, lo
u ópica de es a p e ensión. Se ha implan ado un bachille a o humanís ico sin
o ma p e iamen e un cuad o de p o eso es o mados en las humanidades.
Reconozcamos, sin emba go, que el cí culo icioso e a inescapable: los p o eso es
no pueden ansmi i a los discípulos lo que ellos no ecibie on a su debido iempo.
Aho a bien, un cí culo así sólo es insoluble en lógica; en la p ác ica que da siemp e
el ecu so de ompe lo iolen amen e y acep a de an emano un pe íodo de
impe ecciones y ozamien os. El cí culo se ha co ado po el bachille a o y el peso
de la e o ma ha caído sob e el la ín y el g iego. Nos oca, pues, jus i ica en la
medida de lo posible no sólo nues a exis encia, sino el nue o umbo o nado po la
enseñanza. Si c eemos que el enacimien o humanís ico iniciado en España es
in ínsecamen e alioso, hemos de acep a de buen g ado la a ea suplemen a ia
que nos impone la ue za de las ci cuns ancias. Y no nos dejemos lle a po la
impaciencia de los que desde aho a dic aminan el acaso de es os es udios en
España. Una e o ma como és a no puede da sus u os plenos; has a al cabo de
a ias gene aciones, cuando odas las pa es del o ganismo docen e hayan sido
i i icadas po las nue as ideas y en odos los g ados p edominen ya los maes os
o mados en los nue as p incipios.
Y po o a pa e, los indicios de que es a e o ma no a a se inú il exis en ya.
Sal a a la is a el enacimien o de los es udios clásicos, en las es e as uni e si a ias
po lo menos; los abajos sob e emas de ilología clásica publicados en los úl imos
años supe an ya en núme o y calidad a los apa ecidos en odo un siglo, al mismo
iempo que en la éli e in elec ual española se mul iplican los sín omas de un in e és
eno ado hacia las humanidades. El ca ác e limi ado de es os p ime os u os no
nos au o iza a desp ecia los; po a iba y no po abajo empiezan a mani es a se los
mo imien os cul u ales.
* * *
Pe o ol amos a nues o ema de la aducción en clase. En la p ác ica es e
é mino se usa pa a exp esa dos concep os dis in os: aducción p opiamen e dicha
y lec u a. Con iene ija desde aho a es a di e encia, aunque en una clase no sea
siemp e ácil obse a la: en la lec u a no ponemos de nues a pa e más que el
es ue zo necesa io pa a comp ende al au o ; aduci , en cambio, es some e un
ex o a una labo de asposición a un sis ema exp esi o dis in o.
En los eje cicios de aducción (o lec u a) dis ingui emos es g ados: 1.°,
aducción o al p epa ada; 2.°, aducción o al imp o isada; 3.°, aducción esc i a.
La a ea p incipal incumbe a la aducción o al, p e ia p epa ación en casa o en
las ho as de es udio. Di e sas cues iones su gen a p opósi o de ella: ex ensión del
ozo a aduci ; ayuda que debe acili a se al alumno; ampli ud del análisis
g ama ical; adquisición de ocabula io; manejo del dicciona io. Los es p ime os
pun os se en elazan ín imamen e y no pueden a a se po sepa ado.
Yo soy decididamen e pa ida io de las aducciones ex ensas. Ap ende el la ín,
como ap ende una lengua mode na, signi ica adqui i la acul ad de lee lo de
co ido. La di icul ad de alcanza es e obje i o en el bachille a o no es azón pa a
que lo pe damos de is a; po lo menos, hemos de enca ila al alumno po el
camino que a él conduce. El alumno debe pa i siemp e de la con icción, que
pa ece una pe og ullada, pe o en la p ác ica lo es menos, de que el pasaje que se
ha de aduci iene siemp e un sen ido comple o, cohe en e, en elación con el
asun o del capí ulo o subdi isión a que pe enezca y con el ema gene al de la
ob a. És a idea se oscu ece ácilmen e cuando la aducción se a omiza. La
conexión con el conjun o se es uma ambién cuando se consag a una a ención
excesi a al análisis; es deci , cuando sis emá icamen e se desmon an las ases en
odas sus piezas, a ándolas poco menos que como un ompecabezas. En lo
posible, el abajo de análisis me iculoso y sin descuida de alle debe á deja se
pa a los eje cicios que son complemen o inmedia o de las lecciones eó icas y
deben dis ingui se de la aducción p opiamen e dicha. En la in eligencia de un
pasaje en a un an o po cien o de in uición que no puede se eemplazado pa
ningún análisis. G amá icas y dicciona ios son en a i as muy impe ec as de cap a
y educi a esquemas sis emá icos los enómenos del lenguaje i o. No debe
engaña nos el hecho de que pa a las lenguas clásicas exis an g amá icas y léxicos
que cub en casi en su o alidad los usos a es iguados en los au o es; es os
ins umen os se han cons uido aquí a pos e io i y sob e una masa de lenguaje
es á ica y muy educida. Pe o el alumno, que no puede maneja los mismos ú iles
de abajo que el p o eso , se encuen a an e las lenguas mue as en la misma
si uación que an e una i a.
No p e endo con es o elimina el análisis, sino simplemen e ija sus lími es.
Como no ma gene al, el análisis palab a po palab a debe ía ese a se a los
p ime os cu sos; a pa i del e ce o, debe a ende se sob e odo al análisis de
o aciones compues as y pe íodos. Pe o las ci cuns ancias señala án en cada caso
la minuciosidad con que debe p ac ica se en elación siemp e con la co ección del
abajo pe sonal de los es udian es. Es a co ección es, en e ec o, una de las más
delicadas a eas en la enseñanza del lenguaje. An e una aducción e ónea, el
mejo mé odo consis i á en hace que el alumno econs uya el camino que ha
seguido y que le ha lle ado a un esul ado also; ello sólo es posible en la co ección
o al, y de aquí su supe io idad sob e la esc i a, po impo an e que és a sea
ambién. El p o eso debe limi a se a llama la a ención del es udian e en el
momen o en que és e o se ha desca iado o no ha ad e ido una bi u cación de
caminos; en es e momen o c í ico, lo adecuado no es apun a le soluciones, sino
empuja le insensiblemen e hacia la solución e dade a. El mayo incon enien e del
sis ema consis e en que el p o echo pleno sólo lo saca el alumno conc e o a quien
se es á co igiendo o, a lo sumo, los que han incu ido en el mismo e o . Po ello es
an impo an e que en una clase de lenguas el núme o de asis en es sea limi ado.
Después de los p ime os cu sos, yo di ía casi son los e o es e impe ecciones de
las aducciones p esen adas los que deben ija los lími es al análisis (apa e,
na u almen e, del cuidado de i sub ayando los ejemplos de las eglas g ama icales
que con empo áneamen e se ayan es udiando en las clases eó icas).
Todo es o supone que el alumno ha abajado po su cuen a y con muy escasa
ayuda, pues la clase se basa en ealidad en los de ec os de su abajo. Sin
emba go, si acep amos la con eniencia de que la aducción sea ex ensa, se á
indispensable alguna ayuda. És a puede consis i , o en una p epa ación p e ia de
la aducción, hecha en la clase misma, en la que se e isen las di icul ades
p incipales que han de encon a se en el ex o en cues ión, o bien u ilizando ex os
ano ados. Yo no soy con a io a las no as, con al de que eúnan cie as
condiciones. Apa e de las e e en es al comen a io eal (que conside o
indispensables y no c eo que signi iquen una limi ación del abajo del p o eso ni
puedan supli jamás las explicaciones o ales de és e), las no as g ama icales o de
auxilio di ec o a la aducción con iene que se limi en a simples indicaciones, que
no eximan al alumno de su abajo p opio; po ejemplo, en una cons ucción di ícil,
que hagan e e encia a la egla pe inen e, o den una aducción muy lib e que
acla e el sen ido gene al sin p ejuzga la posibilidad de una e sión más ajus ada,
e c. Las no as si en, además, pa a supli una g adación de ex os que se hace
casi imposible en el momen o en que el alumno se en en a con los clásicos
au én icos, dejando ya los ex os de la ín a i icial, de los que soy pa ida io en los
p ime os g ados, pe o que hay que abandona an p on o como sea posible.
Hemos apun ado ya que, sin pe juicio de lo dicho sob e la limi ación del
análisis, los ex os aducidos se u iliza án pa a mos a ejemplos i os de las
eglas g ama icales que se ayan ap endiendo. C eo que debe hace se lo an es
posible una dis inción en e los eje cicios supedi ados a la g amá ica y la
aducci6n p opiamen e dicha. Los eje cicios de ases pe mi en la adecuada
acumulaci6n de ma e ial pa a ejempli ica una egla de e minada, pe o esul an
una cosa mue a y á ida, compa ados con la lec u a de un ex o seguido, en el que
la inespe ada apa ición de un uso pe mi e cap a en un cue po i ien e la
aplicación de una doc ina g ama ical.
El ap endizaje del ocabula io no es un p oblema de solución ácil. Una de las
g andes di icul ades de las lenguas clásicas consis e en la al u a in elec ual y
li e a ia de los au o es que pasan po más elemen ales. Compa emos el léxico

usado en los p ime os g ados de es udio de una lengua mode na, e e ido casi
exclusi amen e a obje os de uso co ien e, con los ocablos cuya posesión esul a
indispensable ya en un p ime cu so de la ín: oces de la lengua mili a o polí ica,
é minos ilosó icos o mo ales que muchas eces el muchacho no posee aún en su
lengua ma e na; y la misma calidad es ilís ica de los ex os mul iplica las acepciones
que hay que conoce de una misma palab a. Na u almen e que en los p ime os
ex os, sob e odo en los de la ín a i icial, pueden a enua se algo es os
incon enien es. Pe o no c eo que sea aconsejable da a ap ende a los niños un
ocabula io ex año al que luego in e esa á, con el p e ex o de que co esponde a
nociones más simples.
Pa a la adquisición del ocabula io se ha ecomendado mucho el uso de
cuade nos. Beza d sob e odo, en un conocido lib o, decla ó la gue a a los
dicciona ios; cada palab a nue a debía se p e iamen e explicada en clase y
apun ada en un cuade no po el alumno, quien así se cons ui ía su p opio
dicciona io. Po pa e del maes o, es o supone ene con eccionado desde
p incipio de cu so su p opio cuade no, p e iendo con oda exac i ud los ex os que
se han de aduci y las palab as que se an a encon a , pues o que és as deben
ag upa se no sólo po o den al abé ico, sino e imológicamen e, po lo menos en los
casos de iliación cla a. Insis e mucho, y es e p incipio es sin duda acep able, en
que se haga siemp e e e encia a la signi icaci6n p imi i a y conc e a, deduciendo
de ella las de i adas y abs ac as. Lle ado a es e ex emo, el mé odo de Beza d no
ha enido g an acep ación. Sin emba go, la con ección de un cuade no que ag upe
las palab as y locuciones más in e esan es que se ayan encon ando en la
aducción es e iden emen e ú il.
En cuan o al dicciona io, aun sin cae en las exage aciones de Beza d, es
indudable que bas a los cu sos a anzados el alumno no puede u iliza lo. Al
p incipio bas a án ocabula ios sencillos, mejo aun si adap ados al ex o. A
medida que se a ance, pod á dedica se pa e de la labo de clase a adies a a
los muchachos en la écnica del manejo del dicciona io, que, como sabemos, no
es ácil.
Un complemen o de la aducción p epa ada es la aducción sin p epa a . Su
g an en aja consis e en que eje ci a a los alumnos en los p ocedimien os que
deben u iliza en la p ime a. No siemp e es posible, ni aconsejable, p ac ica la
sis emá icamen e, pe o puede se i pa a ap o echa el iempo que muchos días
queda una ez e minada la aducción p epa ada. Aquí se puede y se debe
ex ema el análisis, pues el alumno, cogido de so p esa, con ecuencia ha de
acudi a conocimien os que iene elegados en los escond ijos de su memo ia
con g an iesgo de se ol idados. En es e eje cicio el alumno debe a ende , an e
odo, a la es uc u a de la ase. No c eo, desde luego, en la llamada o denación
lógica; no es necesa ia pa a la comp ensión de la ase y, po o a pa e,
con iene que el es udian e se habi úe cuan o an es al i mo de la ase la ina.
Llegamos aho a al e ce ipo de aducción que p opongo: la esc i a, o sea, la
aducción p opiamen e dicha, en la acepción es ic a de inida más a iba. Pa a
que és a sea p o echosa, debe des aca se su ca ác e de eje cicio li e a io. Es un
eje cicio de cas ellano an o o más que uno de la ín, en el que se ad e i án los
esul ados ob enidos no s6lo en nues a clase, sino en odas !as de le as. En un
país como F ancia, de an honda adición humanís ica, la e sión esc i a es
conside ada como el más p ecioso de los ins umen os c eados po la me odología
de las lenguas clásicas, has a el pun o de que ella sola bas a ía pa a jus i ica la
p esencia de és as en los planes de enseñanza. La solución de las di icul ades
g ama icales es aquí lo secunda io; puede incluso u iliza se algún ex o ya
aducido en las clases o ales. En muchos casas no se á posible impone es e
eje cicio a la o alidad del cu so; puede limi a se a la pa e más a en ajada de la
clase, po ejemplo, a su e cio supe io , in oduciendo un p incipio de emulación.
Todo ello di igido a des aca el ca ác e de elabo ación o iginal que posee es e
abajo, análogo a los de edacción habi uales en las clases de li e a u a. Cada
ase se p esen a como un complejo de múl iples ac o es. No sólo hay que
ep oduci el sen ido, sino conse a en lo posible los e ec os es ilís icos, las
imágenes (ya es én desa olladas o en o ma emb iona ia, implíci as den o de una
sola palab a), a ende a las suges iones que cada ocablo despe aba en el lec o
an igua, a las alusiones ocul as en e líneas, al o den de impo ancia no lógico,
sino, po deci lo así, d amá ico, en que se p esen an las ideas y que se e leja en
el o den de las palab as... Y como sal a odos es os elemen os y ep oduci los en
la ase cas ellana se á, en la mayo ía de los casos, imposible, hab á que elegi
en e ellos a endiendo a su impo ancia, sac i icando lo que se c ea secunda io si
así es p eciso pa a conse a lo p incipal.
La noción de « idelidad», que debe p esidi oda aducción, cob a así una g an
complejidad, pues deja de se idelidad exclusi a al sen ido pa a con e i se en
idelidad a los alo es poé icos, es ilís icos y emocionales del o iginal. Es muy
ins uc i a, a es e p opósi o, la consul a de aducciones imp esas, que, hecha
abie amen e y a base de discu i las soluciones dadas, lejos de limi a el abajo
pe sonal, muchas eces lo es imula. Es e es el eje cicio adecuado pa a es udia
las peculia idades de géne os y es ilos; su ep oducción en cas ellano es, de
hecho, el p imo dial obje i o de la aducción esc i a.
Pa a e mina , quisie a dedica unas palab as a un eje cicio ancamen e
pasado de moda: la e o e sión. Desde el momen o en que el la ín dejó de se
cul i ado como lengua hablada o esc i a, la aducción in e sa había de decae
a almen e. De hecho es á abandonada, o lo es á siendo, en odos los países. Y no
obs an e, es indiscu ible su u ilidad, siemp e que no se ome como un in en sí
misma. Yo c eo adecuado conse a la como eje cicio de con ol. Su luga es a ía,
aunque pa ezca ex año, en los p ime os g ados, en los que impo a ija nociones
elemen ales, como el uso de los casos y las cons ucciones undamen ales,
o ación de in ini i o, cons ucciones de pa icipio, e c. En odo caso, los eje cicios
consis i án, o en e siones sencillas, cuya p epa ación no suponga una excesi a
pé dida de iempo, o en ases des inadas sólo a p ac ica sob e las
pa icula idades mo ológicas y sin ác icas.
E. VALENTI FIOL