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en ancés, o la del la página
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en cas ellano) el asun o queda zanjado.
En ambos casos se ci a a Hegel:
«...
e ce e
nega i i é, ce e subjec i i é, ce Je, la libe -
é, son les p incipes du mal e du sou i .
Jakob Boehme a saisi l'ipséi é come la pei-
ne e le ou nzen (Qual), e comme la sou -
ce (Quelle) de la na u e e de l'esp i
(Encyclopédie, .
M.
de Gandillac, p. 422.
C . aussi n. 11)~.
O
sea que Tou men ( o -
men o)
=
alemán: Qual, y sou ce ( uen e)
=alemán: Quelle. ¿Se había en e ado el a-
duc o ? o ¿en qué pensa ía? Que Quelle
podía se el emenino de un que1 (cual) e-
mi iendo al céleb e Te1 que1 ( al cual) de
Vale y? Vayan us edes a sabe
...
En esumen, una e sión cas ellana que,
aunque sólo haya sido examinada en unas
cuan as páginas, deja bas an e que desea .
En algunas ocasiones, el anónimo aduc-
o pa ece que haya que ido ceñi se muy de
ce ca a la le a del ex o, u ilizando gi os
que suenan a galicismos. Pe o sob e ese
pun o, ya se sabe
...
y lo había dicho Vol-
ai e, con absolu a con undencia: «Malheu
aux aiseu s de aduc ions li é ales, qui en
aduisan chaque pa ole énemen le sens!
C'es bien la qu'on peu di e que la le e
ue, e que l'esp i i i ie
...
»
(Le esphilo-
sophiques, XVIII).
Manuel
A.
Tos Plane
1.
KAVT,
La eligión den o de los lími es
de la sola azón, aducción de José
Ma ía Quin ana Cabanas, PPU,
Ba celona, 1989.
La ca ac e is ica más gene al de la p e-
sen e aducción me pa ece se la de una
aducción esencialmen e li e al en el p o-
pósi o, lo cual no excluye el que, p ecisa-
men e debido a esa in ención, en muchas
ocasiones no lo sea, y en o as lo sea alsa-
men e. El co ejo del ex o aducido con el
o iginal me ha p oducido asimismo la im-
p esión de que el aduc o , po lo gene al,
ha en endido el ex o alemán mejo de lo
que ha sabido ep oduci lo en cas ellano.
En es a ap eciación globlal quedan exp e-
sadas, a mi juicio, las i udes y los icios
de la p esen e aducción.
An e odo hay que con esa que el len-
guaje de Kan no se des aca p ecisamen e
po la anspa encia de dicción. Su pensa-
mien o pa ece sin duda más cla o que sus
o mulaciones, ecuen emen e eca gadas
y p olijas. Po es o, una aducción li e al
de Kan no puede menos de esul a am-
bién eca gada y oscu a. ¿Es posible, en-
onces una aducción? Sin duda que sí,
aunque ello equie e la debida pe icia en el
aduc o . En es e aspec o, la p esen e a-
ducción me pa ece de icien e. El empeño
de ep oduci ielmen e el con enido -1egí-
imo y necesa io en odo caso- hace aquí
que la exp esión cas ellana discu a en mu-
chas ocasiones o zada y osca, agobiada
po las sob eca gas del ex o alemán. Todo
aduc o debe p ocede con segu idad,
an o cuando se a a de pe manece pega-
do a la le a, como cuando es p eciso des-
p ende se de ella. Es o úl imo es en ocasio-
nes ine i able al aduci del alemán; de lo
con a io, la edacción cas ellana esul a
pesada y ex aña. De es e de ec o adolece
g a emen e la aducción que eseñamos.
En ocasiones, más que li e almen e se a-
duce ma e ialmen e. También se echa de
menos la concisión. El aduc o emplea el
p ocedimien o habi ual de sus i ui los de-
mos a i os, muy ecuen es en el o iginal,
po el an eceden e a que se e ie en, epi-
iéndolo, con lo cual el ex o se ala ga in-
necesa iamen e.
P escindiendo de ci a luga es y casos
conc e os del ex o (lo cual ala ga ía ex-
cesi amen e es a eseña), el ecuen e
desacie o en la e sión se puede con em-
pla acumulado en el índice, y po consi-
guien e en los epíg a es de la-ob a. Aquí,
además de incohe encias en la elección
de é minos: abundan las inexac i udes,
po ejemplo en la aducción de palab as
y
exp esiones como és as: Ein ~ohni ng,
Rech sansp uch, Kamp .
..
mi ei iande ,
G iindung ( aducido una ez con acie o
po «ins au ación» y luego con menos
acie o -pues no pa ece habe mo i o- po
« undación»),
e hische Na u zus and,
Beg i eines e hischen gemeinen Wesens,
P a en hum, Tempeldiens , Ki chendiens
(exp esiones es as dos úl imas que no se
e ie en al «cul o de emplos)) y «cul o de
iglesias)), como dice el aduc o -p.
179-,
sino al cul o i ual, cuyo luga es el emplo,
y al cul o espi i ual en la comunidad de
c eyen es. Pa ece a o que no haya no ado
el aduc o el mal sonido de una exp esión
como és a: «Rep esen ación his ó ica de la
p og esi a undación de la dominación...)).
Y
és e no es el único ejemplo de exp esión
malsonan e.
Finalmen e, un enómeno cu ioso en
es a aducción (cosa que, yo c eo, no debe
pe mi i se un aduc o ): la in oducción,
en e co che es den o del ex o, de la pala-
b a alemana en casos en que, al pa ece , el
aduc o se ha c eído que la e sión dada,
o no exp esa lo su icien e el concep o, o
caben sen idos di e sos; pa a lo que, en
ocasiones, ha añadido una nue a e sión,
un nue o é mino cas ellano den o del
co che e. Es e p ocedimien o se epi e die-
ciocho eces. Un ejemplo, que ocu e en
dos ocasiones, «...se icio
[Diens ,
cul o]
que han de hace a Dios» (p.
11
1).
Si el a-
duc o hubiese caído en la cuen a de que
diciendo: cul o que han de endi o cul o
que han de ibu a a Dios, quedaba ya in-
cluída la idea de se icio y asallaje, no
hubie a necesi ado hace uso de al ecu -
so, que implica la con adicción de acla a
lo no bien aducido po lo no aducido.
po la palab a o iginal. En e an o, «hace
un se icio» es lo más manido que se pue-
de deci en cas ellano. La a ea del aduc-
o no es ilus a con glosas in e caladas
den o del ex o aducido el sen ido del
mismo. Sólo en ocasiones suelen pone se
algunas no as acla a onas al pie de página,
como no a del aduc o . Pues la
c uz
del
aduc o , y ambién su a e, es án en sabe
elegi .
J.
A.
Collado