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Crítica de traduccions

Collado, J. A.

Abstract

I. Kant, La religión dentro de los límites de la sola razón.

Full text

página 338 en ancés, o la del la página 325 en cas ellano) el asun o queda zanjado. En ambos casos se ci a a Hegel: «... e ce e nega i i é, ce e subjec i i é, ce Je, la libe - é, son les p incipes du mal e du sou i . Jakob Boehme a saisi l'ipséi é come la pei- ne e le ou nzen (Qual), e comme la sou - ce (Quelle) de la na u e e de l'esp i (Encyclopédie, . M. de Gandillac, p. 422. C . aussi n. 11)~. O sea que Tou men ( o - men o) = alemán: Qual, y sou ce ( uen e) =alemán: Quelle. ¿Se había en e ado el a- duc o ? o ¿en qué pensa ía? Que Quelle podía se el emenino de un que1 (cual) e- mi iendo al céleb e Te1 que1 ( al cual) de Vale y? Vayan us edes a sabe ... En esumen, una e sión cas ellana que, aunque sólo haya sido examinada en unas cuan as páginas, deja bas an e que desea . En algunas ocasiones, el anónimo aduc- o pa ece que haya que ido ceñi se muy de ce ca a la le a del ex o, u ilizando gi os que suenan a galicismos. Pe o sob e ese pun o, ya se sabe ... y lo había dicho Vol- ai e, con absolu a con undencia: «Malheu aux aiseu s de aduc ions li é ales, qui en aduisan chaque pa ole énemen le sens! C'es bien la qu'on peu di e que la le e ue, e que l'esp i i i ie ... » (Le esphilo- sophiques, XVIII). Manuel A. Tos Plane 1. KAVT, La eligión den o de los lími es de la sola azón, aducción de José Ma ía Quin ana Cabanas, PPU, Ba celona, 1989. La ca ac e is ica más gene al de la p e- sen e aducción me pa ece se la de una aducción esencialmen e li e al en el p o- pósi o, lo cual no excluye el que, p ecisa- men e debido a esa in ención, en muchas ocasiones no lo sea, y en o as lo sea alsa- men e. El co ejo del ex o aducido con el o iginal me ha p oducido asimismo la im- p esión de que el aduc o , po lo gene al, ha en endido el ex o alemán mejo de lo que ha sabido ep oduci lo en cas ellano. En es a ap eciación globlal quedan exp e- sadas, a mi juicio, las i udes y los icios de la p esen e aducción. An e odo hay que con esa que el len- guaje de Kan no se des aca p ecisamen e po la anspa encia de dicción. Su pensa- mien o pa ece sin duda más cla o que sus o mulaciones, ecuen emen e eca gadas y p olijas. Po es o, una aducción li e al de Kan no puede menos de esul a am- bién eca gada y oscu a. ¿Es posible, en- onces una aducción? Sin duda que sí, aunque ello equie e la debida pe icia en el aduc o . En es e aspec o, la p esen e a- ducción me pa ece de icien e. El empeño de ep oduci ielmen e el con enido -1egí- imo y necesa io en odo caso- hace aquí que la exp esión cas ellana discu a en mu- chas ocasiones o zada y osca, agobiada po las sob eca gas del ex o alemán. Todo aduc o debe p ocede con segu idad, an o cuando se a a de pe manece pega- do a la le a, como cuando es p eciso des- p ende se de ella. Es o úl imo es en ocasio- nes ine i able al aduci del alemán; de lo con a io, la edacción cas ellana esul a pesada y ex aña. De es e de ec o adolece g a emen e la aducción que eseñamos. En ocasiones, más que li e almen e se a- duce ma e ialmen e. También se echa de menos la concisión. El aduc o emplea el p ocedimien o habi ual de sus i ui los de- mos a i os, muy ecuen es en el o iginal, po el an eceden e a que se e ie en, epi- iéndolo, con lo cual el ex o se ala ga in- necesa iamen e. P escindiendo de ci a luga es y casos conc e os del ex o (lo cual ala ga ía ex- cesi amen e es a eseña), el ecuen e desacie o en la e sión se puede con em- pla acumulado en el índice, y po consi- guien e en los epíg a es de la-ob a. Aquí, además de incohe encias en la elección de é minos: abundan las inexac i udes, po ejemplo en la aducción de palab as y exp esiones como és as: Ein ~ohni ng, Rech sansp uch, Kamp . .. mi ei iande , G iindung ( aducido una ez con acie o po «ins au ación» y luego con menos acie o -pues no pa ece habe mo i o- po « undación»), e hische Na u zus and, Beg i eines e hischen gemeinen Wesens, P a en hum, Tempeldiens , Ki chendiens (exp esiones es as dos úl imas que no se e ie en al «cul o de emplos)) y «cul o de iglesias)), como dice el aduc o -p. 179-, sino al cul o i ual, cuyo luga es el emplo, y al cul o espi i ual en la comunidad de c eyen es. Pa ece a o que no haya no ado el aduc o el mal sonido de una exp esión como és a: «Rep esen ación his ó ica de la p og esi a undación de la dominación...)). Y és e no es el único ejemplo de exp esión malsonan e. Finalmen e, un enómeno cu ioso en es a aducción (cosa que, yo c eo, no debe pe mi i se un aduc o ): la in oducción, en e co che es den o del ex o, de la pala- b a alemana en casos en que, al pa ece , el aduc o se ha c eído que la e sión dada, o no exp esa lo su icien e el concep o, o caben sen idos di e sos; pa a lo que, en ocasiones, ha añadido una nue a e sión, un nue o é mino cas ellano den o del co che e. Es e p ocedimien o se epi e die- ciocho eces. Un ejemplo, que ocu e en dos ocasiones, «...se icio [Diens , cul o] que han de hace a Dios» (p. 11 1). Si el a- duc o hubiese caído en la cuen a de que diciendo: cul o que han de endi o cul o que han de ibu a a Dios, quedaba ya in- cluída la idea de se icio y asallaje, no hubie a necesi ado hace uso de al ecu - so, que implica la con adicción de acla a lo no bien aducido po lo no aducido. po la palab a o iginal. En e an o, «hace un se icio» es lo más manido que se pue- de deci en cas ellano. La a ea del aduc- o no es ilus a con glosas in e caladas den o del ex o aducido el sen ido del mismo. Sólo en ocasiones suelen pone se algunas no as acla a onas al pie de página, como no a del aduc o . Pues la c uz del aduc o , y ambién su a e, es án en sabe elegi . J. A. Collado