El
pesimismo de Schopenhaue
Volke
Spie ling
ABSTRACT
(Schopenhaue 's pessimism)
Schopenhaue has acqui ed, no un easonably, he ame o being a
pessimis hinke . To him,
in
opposi ion o Leibniz, his wo ld is he wo s o al1
he possible wo lds. «We e i wo se -he says- i could no keep exis ing)). This
a icle exposes, h ough an analysis o his wo k oge he wi h a ic i ious ak
wi h he Ge man hinke , he ounda ions o ha pessimism and i s
philosophical implica ions.
PARTE
1
Pa a Schopenhaue la admi ación es el pun o de pa ida del iloso a , como
ya a i ma on Pla ón y A is ó eles. «No es o o el comienzo de la iloso ía sino la
admi ación))
(Tee e o,
155c). «Fue la admi ación lo que p ime o impulsó a los
homb es a iloso a »
(Me a ísica 1,
2, 982 b 13). Pa a Schopenhaue la admi a-
ción es la «mad e de la me a ísica»
(W,
11,
p. 176).
Más en conc e o, es la mue e el e dade o genio que inci a a iloso a .
«La me a de nues a ida es la mue e; nos es obligado mi a hacia ella)), esc ibe
a semejanza de Mon aigne en su ensayo
Filoso a es ap ende
a
mo i (1,
19,
p.
52).
Schopenhaue es á con encido de que en una ida sin dolo an e la expe-
iencia del mal y sin la a e ado a ce eza de la mue e, no habna iloso ía
(W, 11,
pp. 528 SS.). «El asomb o ilosó ico es en el ondo cons e nación
y
desconsue-
lo», pues la iloso ía p ocede «de la con emplación del mal
y
de la mise ia en el
mundo»
(W,
11,
p.
190).
Sin duda, es la ce eza de la mue e, y jun o a ello la con emplación del su-
imien o y de la mise ia de la ida, lo que impulsa a la medi ación ilosó ica y a
la in e p e ación me a ísica del mundo. Si nues a ida ca ecie a de lími es y de
dolo , quizá a nadie se le ocu i ía p egun a po qué exis e el mundo
y
po que
es como es: odo sena e iden e po sí mismo (W,
11,
176
SS.).
A
excepción del homb e, ningún se i o se asomb a de su p opia exis encia.
Po es a azón, pa a Schopenhaue la admi ación es algo más que un mo i o psi-
cológico de la ac i idad ilosó ica: es la si uación undamen al en la que se en-
cuen a el homb e, la que lo de ine como animal me a ísico.
Con es a conciencia y es a admi ación su ge en el homb e la necesidad, pe-
culia suya, de me a ísica: el homb e es un
animul
ne aphysicunz
(W
11,
p.
176).
Que el nundo sea como es, no es pa a el homb e algo e iden e po sí mismo.
La admi ación sob e la enigmá ica ac icidad del mundo lle a al homb e a p e-
gun a si no se ía posible que es e mundo no exis ie a en absolu o. La conciencia
de es e p oblema es pa a Schopenhaue la inquie ud que man iene en ma cha
con inua el eloj de la me a ísica
(W
II,
p. 189).
Ocasiones pa a la admi ación u o Schopenhaue bas an es en su ida. Una
de ellas ue el g an iaje de ec eo po Eu opa que emp endió con sus pad es en
1803, du an e 18 meses (Schopenhaue enia en onces 15 años). En la isi a a la
p isión de Toulon u o opo unidad de con empla 6.000 condenados a gale as.
La si uación desespe ada de es as pe sonas p odujo en su ánimo compasi o un
ue e impac o. Además, ue es igo de una ejecución. En su dia io esc ibe:
Me es emecí cuando les a a on la soga al cuello; ue el peo momen o: su
alma pa ecía ya es a en o o mundo, e a como si no no a an nada. Un cu a es a-
ba con ellos en el pa íbulo; hablaba con uno de ellos con inuamen e: e a penoso
e con
qué
angus ia que ían eza aquellos homb es en sus úl imos momen os.
Uno de ellos agi aba sin pa a sus manos ex endidas amba
y
abajo; aún hizo un
pa de mo imien os después de habe caído
...
(R
43
SS.).
Vi encias impac an es como és a son las que dan pie a la iloso ía, las que
obligan a pensa . El que expe imen a es o ya no puede deshace se del «espec-
áculo del mal y del dolo en el mundo)) (W
11,
190, p. 222). Pa a el Schopen-
llaue ya adul o sólo
es
e dade o ilóso o aquél cuyas p egun as me a ísicas su -
gen «de la isión del mundo, y
110
de los lib os, de un sis ema p e io» a la ida
(W,
1,
PP. 38
Y
68).
Las conside aciones de Schopenhaue ace ca de los su imien os de la ida,
a a iesan como una ib ación cons an e an o sus emp anas expe iencias como
su pos e io ob a ilosó ica. Po o o lado, ya de jo en se quedó a óni o an e la
capacidad de los ho nb es pa a des ia Ia mi ada del a e ado espec áculo del
mundo y en ega se a supe iciales dis acciones. A di e encia de lo que expe i-
men ó an e los escla os en Toulon, Schopenhaue se admi a aho a de la al a de
adnli ació i en los homb es indi e en es. Allí donde empieza la indi e encia, aca-
ban pa a Schopenhaue la iloso ía hon ada y la mo al i a. El animal me a ísico
es capaz de sepul a su necesidad de me a ísica y malog a su esencia.
Años mas a de, Schopenhaue esc ibe alo ando posi i amen e es e g an
iaje, que le enseñó a p e e i el conocimien o su gido de la expe iencia conc e a
al cálculo concep ual an asioso y alejado de la ida. Concep os como Absolu o,
Subs ancia Absolu a, Dios, In ini o, Se , Bien, son sólo an asías o, como dice
Nie zsche
-
en es o discípulo de Schopenhaue - «sepul u a de las in uiciones))
(111,
p. 319). Sólo la in uición i a median e los sen idos p opo ciona di ec a o
indi ec amen e concep os sólidos. Po in uición en iende aquí Schopenhaue
con emplación del mundo ex e io
y
del p opio in e io . La iloso ía debe pe ma-
nece unida a la expe iencia. Puede exp esa sus esul ados en concep os abs ac-
os, pe o no pa i de ellos dogmá icamen e como lo dado en p ime luga . La a-
zón no puede conoce a p io i, con ayuda de concep os gene ales
y
eglas
lógicas, la esencia del mundo o la «cosa en sí». Ello no es á en su pode . La a-
zón no puede anscende las in uiciones que dependen de las sensaciones co po-
ales. En es o Schopenhaue es á ce cano a los esul ados gnoseológicos de la
C í ica
de
la
azón pu a
de Kan . El e eno de juego del conoce humano es
muy limi ado.
La p imacía de la in uición sob e el concep o es un asgo undamen al de la
iloso ía de Schopenhaue . En su é ica con ie e a es e asgo su signi icado más
decisi o: el pensamien o concep ual es á necesa iamen e ligado al mundo pe ci-
bido
y
con ello al dolo . Si ya es p oblemá ico. desde una pe spec i a gnoseoló-
gica, p e ende supe a las in uiciones conc e as con concep os especula i os,
desde un pun o de is a mo al es más pelig oso pe de se en abs aciones. Sólo
quien cie a los ojos puede p escindi en iloso ía de las expe iencias i ales de
su imien o que se dan en las in uiciones p ima ias. Schopenhaue in en a co a
el paso a oda jus i icación ilosó ica del su imien o. La iloso ía ha de en en-
a se con el dolo co po al.
Schopenhaue encuen a enojosas odas las o mas adicionales de op imis-
mo, eligioso o ilosó ico. Aunque al p incipio no sea más que en el inde enso
g i o desga ado, odo se i o se ha de a icula en su ealidad al como és a es,
sin embellecimien os de ningún ipo. Pa a ello es á la e alo ización de la in ui-
ción, la conside ación me ódica del mundo pe cibido po los sen idos.
Reco dando su iaje de 1803. Schopenhaue esc ibe, casi ein a años después:
A
los diecisie e años, oda ía sin esme ada o mación, me sob ecogió la
mise ia de la ida, de modo semejan e a Buda cuando pe cibió la en e medad.
la ejez, el dolo
y
la mue e. La e dad que hablaba cla a
y
diá anamen e des-
de el mundo me hizo abandona los dogmas judíos an imp esos en mí. Ya
no
pude c ee que es e mundo ue a la ob a de un se bondadoso, sino más bien la
de un demonio, que llama a las c ia u as a la exis encia pa a complace se en su
dolo . Los da os es aban a a o de es a opinión, que así consiguió con ence -
me.
(HN
IV,
p.
96).
El concep o «demonio» se ha de in e p e a aquí con cau ela, po supues o.
Apun a a la con icción de Schopenhaue de que la esencia del mundo es algo no-
di ino, mo almen e malo.
En es a ac i ud exis encia1 se en aiza el pesimismo de Schopenhaue : no
en lib os o cues iones académicas i esuel as. De un amplio espec o de expe-
iencias su ge la p egun a cuya espues a es el pesimismo: la p egun a po el
o igen del mal, incalculable
y
sin nomb e, del emendo dolo que desga a el
mundo
(N
143).
Pa a ace camos a la espues a de Schopenhaue y comp ende de un modo
i o su pensamien o, conio hemos in en ado expone su o igen, hemos osado da
un sal o al eino de la an asía e imagina a Schopenhaue edi i o hoy, en 1989,
un a io después de la celeb ación del bicen ena io de su nacimien o. 129 años
después de su mue e. ¿Qué pasa ía si Schopenhaue se le an a a de su umba en
nues o mundo ac ual? ¿Cómo eacciona ía an e un pe iodis a que le salie a al
paso? Imaginemos po un momen o la con e sación
...
Aunque la en e is a que
o ece nos a con inuación es ic icia, hemos p ocu ado apoya la en ci as o igina-
les de Schope ihaue .
PARTE
11
(Los e~i ecomillados son ci as li e ales de Schopenhaue )
Pe ioclis u: Seño Schopenhaue , us ed i ió en egado al abajo. Sus con-
empo áneos
110
se lo ag adecie on. La mayo pa e de su ida pasó desape cibi-
da po comple o pa a ellos. Us ed se denominó a sí mismo el «Kaspa Hause de
los p o eso es de iloso ía». ¿Qué opina sob e la ama de que goza ac ualmen e,
en 1989, un año después de la celeb ación del bicen ena io de su nacimien o, que
le ha apo ado incluso un sello de comeos y una moneda o icial con su e a o?
Schopenhaue ( e un uña con aspe eza): Lo que el «ganado bípedo» no supo
an es, ampoco lo sab á después. «Pa a se ap eciado po lo homb es, hab ía que
se semejan e a ellos. ¡Po odos los diablos!)) Ya es oy ha o de es a comedia en
omo a mi ama.
P.: Pe done, no le he en endido bien.
Sch.: «Mis con empo áneos e an como odos los con empo áneos. No ene-
nos nada e i comú i, no 110s conocemos, pasamos de la go unos al lado de o os.))
P.: En onces, j io esc ibió us ed pa a el g an público?
Sch.: «Esc ibí pa a los únicos semejan es a mí, pa a aquellos que aquí
y
allá
i en y piensan, que sólo se comunican en e sí a a és de la ob a que han deja-
do y que así se consuelan mu uamen e.»
P.: La p ime a edición de su ob a
El
mundo como olun ad
y
ep esen ación
ue u ilizada como papel de eciclaje, po que no u o lec o es. En cambio, hoy
sale una edición de ás de o a. ¿En e ió alguna ez que llega ía a se amoso?
Sch.:
«Mis ob as ienen un éxi o que da gus o. Y lo mejo es á po llega : mi
ama c ece á du an e muchos años con la apidez de un incendio. Mis ob as co-
noce án oda ía muchas ediciones.»
P.: Tu o azón con sus osadas p o ecías al a i ma que su ob a p incipal se-
ía uno de los lib os sob e los que se esc ibinan más a de cien os de o os.
Sch.: Es mejo que no hablemos más de esas «ob as de pigmeos». Unos me
copia i, al ne ios
pe manecen
con ello ieles a la e dad. Los o os me in e p e-
an co no les pa ece. Al lee la mayo ía de esos «pan le os» se me e uel e el es-
ómago. «iVulga es esc ibien es! Tipos an ulga es como las moscas en la pa-
ed; ipos salidos de un cualquie a
y
una cualquie a. Su nomb e es Legión.
Noso os andamos soli a ios a a és de los siglos.»
P.
(en ono anquilizado ): Sí. sí, segu o
...
Sch.:
Que «el público alemán es asque oso» es e iden e:
110
iene más que
comp oba cómo se edi an lib os ca en es de odo alo . (Con én asis) ¡No es po-
sible supe a mi iloso ía!
P.:
Seño Schopenhaue , no se lo pone us ed p ecisamen e ácil a sus lec o-
es. La co esía no pa ece se su ue e. Us ed iene ama de pesimis a. Po lo que
sé, pa a us ed el homb e es una ie a egoís a y lasci a,
y
poco más.
Sch.:
«No se puede se i al mundo
y
a la e dad a la ez. Un animal es en lo
esencial lo mismo que noso os.» La di e encia consis e sólo en lo acciden al. en
el in elec o, no en lo p incipal, la olun ad. «El undamen o de nues a esencia es
nues a na u aleza animal. La con inuidad del géne o humano es simplemen e
una p ueba de su endencia a la lasci ia.»
P.:
¿Acaso la Na u aleza no ha des inado al homb e a pensa ?
Sch.:
«Si la na u aleza hubiese des inado al homb e a pensa , en onces no le
habna dado oídos, o bien se los habna p o egido col1 espesos ca íiagos, como a
los mu ciélagos (a quienes en idio po ello). Pe o en ealidad el homb e es un
pob e animal, cuyas ue zas pa a man ene se en la exis encia es án con adas.»
Po eso necesi a oídos abie os, que le a isen de la «ce canía de sus pe seguido-
es día
y
noche».
P.:
Según us ed, el homb e es á obligado a lucha pa a subsis i
y
es á impul-
sado po sus necesidades como odo animal.
Sch.:
«El homb e es el más indigen e de odos los se es: es deseo conc e o
y
necesidad conc e a. Es á abandonado a sí mismo sob e la ie a con miles de ne-
cesidades, en medio de la más absolu a ince idumb e. De odas pa es le amena-
zan con inuamen e pelig os, pa a e i a los necesi a man ene se igilan e.
Camina con paso cau eloso
y
espía con miedo: mil aza es
y
enemigos le acechan.
Así pasó en el es adio sal aje, y lo mismo pasa en la ida ci ilizada: no hay pa a
el homb e segu idad alguna. Y sin emba go, nos empeñamos en man ene nos i-
os an o como podamos, igual que los niños hinchan sus pompas de jabón has a
el lími e, aun sabiendo que an a es alla . La ida es su imien o.»
P.:
¿Tan somb ía ha de se nues a ida? ¡También nos gus a i i ! ¿Y
110
hemos p og esado en la lucha con a el su imien o?
Sch.:
«Los con inuos es ue zos pa a elimina el su imien o no consiguen
sinó cambia su o ma ex e na. Su o ma p imi i a es la ca encia, la necesidad, la
p eocupación po man ene se en la exis encia. Si con sue e se consigue -lo
cual es di ícil- con ene en sus lími es es a o ma de dolo , en onces eapa ece
en o as mil o mas, según edades y ci cuns ancias, como impulso sexual, amo
pasional, celos, en idia, odio, angus ia, o gullo, en e medad, e c. Si no encuen a
mane a de en a en ellas, en onces se is e con el aje g is
y
is e del has ío y el
abu imien o)).
P.
(imp esionado, a ec ado): Nunca me lo había plan eado así. Pe o, aunque
u ie a us ed azón, el dolo ha de ene algún sen ido. ¿NO c ee us ed en que
C is o sal ó al mundo?
Sclz.
( iéndose): Ja, ja, ja, «el buen Dios ha omado o ma humana
y
se ha de-
jado ma a en Je usalén: g acias a ello el mundo ha sido sal ado y el diablo ex-
pulsado. Es o sí que es di e ido...)). (O a ez se io). «La eligión es la pieza
maes a pa a adocena la capacidad de pensa .» En ella alcanzan las de o macio-
nes del homb e casi los
90".
«No hay o o dispa a e an manejable pa a pode se
implan ado ijamen e en las cabezas de odos los homb es» desde la más ie na
in ancia median e la educación.
P.:
¿En qué dispa a e piensa us ed?
Sch.:
En «la es úpida his o ia de que el mundo ue c eado de la nada po un
ipo pe sonal. jBah, qué asco! P e ie o la e dad al buen Dios. Pe o és e ayuda a
los suyos».
P.:
¿Qué opinión le me ece la Biblia? ¿No iene el c is ianismo ninguna im-
po ancia pa a us ed?
Sch.:
«El Jesús his ó ico ue sólo un demagogo que quena hace se ey de los
judíos. Cuando las espe anzas ue on de audadas, o os elaciona on con la pe -
sona de Jesús ideas budis as. El con enido é ico del c is ianismo es budis a»,
con enido que yo he conse ado en mi iloso ía. Lo demás son his o ie as de mi-
lag os. Cuando se es udia el budismo, «la men e se ilumina».
P.:
Su iloso ía a ea no cuen a en absolu o con se es pu amen e espi i uales.
¿No exis e un espí i u pu o y absolu o?
Sch.:
Ni Dios ni alma. Sólo conocemos se es pensan es que ienen un cue po
y un ce eb o. «Habla de espí i us inco pó eos, en con a de los p og esos de la
isiología ac ual, según los cuales un se pensan e sin ce eb o sena como un
u-
mian e sin es ómago, se ía muy osado. Toda psicología es absu da, pues no hay
ninguna psique o espí i u indi idual.» Lo que denominamos «alma» es una
unión empo al de olun ad e in elec o. La conciencia indi idual es una lámpa a
que se apaga con la mue e, después de habe ealizado su a ea en es a ida.
P.:
¿Nada pe manece en onces?
Sch.:
jC1a 0 que sí! La olun ad es lo que pe manece. La olun ad es la esen-
cia del mundo, no Dios, ni ningún espí i u absolu o. «Los ilóso os so is izan es
desconocen en absolu o el p oblema de la iloso ía. Ellos opinan que es Dios:
pa en de él como de un da o, del cual a an cons an emen e, sob e si es á en el
mundo o ue a de él, si iene conciencia p opia o si iene que se i se de la del
homb e, y on e ías como ésas. El mundo, el mundo jes úpidos! Ese es el p oble-
ma de la iloso ía, el mundo y nada más. Mi iloso ía nunca se en e iene en esas
an asiosas cons ucciones, sólo se ocupa del mundo.»
P.:
Quien le oye a habla . pensana que es us ed ma e ialis a.
Sch.:
Un ec o juicio sob e el ma e ialismo no es ácil, igual que sob e el
c is ianismo. En ambos hay que di e encia en e e dad y e o . «La ma e ia es
un absolu o, sin o igen ni in. De su seno sale odo y odo uel e a ella.» Pe o
es o no es odo.
P.:
¿Qué quie e deci ?
Sch.:
La esencia in isible del mundo, que yo denomino olun ad, apa ece a
nues os in elec os como mundo isible. El mundo ma e ial obje i o es la isibi-
lidad de la olun ad. No podemos quedamos simplemen e al ni el de lo ma e ial.
Pe o aquí sólo quien haya leído la
C í ica de la azón pu a
de Kan
y
mi ob a
Sob e la olun ad
en
la nu u alezu
pod á en ende algo.
P.:
No odo el mundo puede ene en men e es os di íciles esc i os. Pa a los
lec o es no males es hoy imposible lee odo lo impo an e en su o iginal. Ha de
pensa en las publicaciones que apa ecen cons an emen e
...
Sch.:
«El g an público oma los lib os po hue os: han de se consumidos
escos. Po eso a siemp e en busca de no edades. Po que la gen e, en luga de
escoge lo mejo de odos los iempos, sólo lee lo más nue o; los esc i o es pe -
manecen en el es echo cí culo de las ideas que ci culan; po eso nues a época
se hunde cada ez más en su p opia suciedad.
>>
P.:
Vol amos al p oblema del ma e ialismo.
Sch.:
Si us ed iden i ica ingenuamen e la ma e ia con el mundo que no mal-
men e e, y c ee que es o es ya lo esencial, en onces us ed se adsc ibe a un c aso
y es úpido ma e ialismo. «Los cien í icos na u alis as es án p esos de su p opio
empi ismo.» Como alguien que mi a a a és de un c is al azul
y
c ee que el
mundo mismo es azul.
P.:
C eo habe lo en endido. El ma e ialismo no iene en cuen a sus p esu-
pues os gnoselógicos, ¿no es así?
Sch.:
Eso es. Oiga a en amen e: «El ma e ialismo es la iloso ía del suje o
que se ol ida de sí mismo mien as hace sus cálculos». Después de la C í ica de
la azón pu a de Kan , eso ya no debena ocu i , pe o mala hie ba nunca mue e.
P.;
En onces su iloso ía no pa e ni de algo espi i ual ni de algo ma e ial.
Sch.:
«Mi ob a
El
mundo como olun ad
y
ep esen ación
es un nue o sis e-
ma, nue o en el sen ido pleno del é mino: no es una nue a exposición de algo ya
exis en e, sino una se ie de ideas bien abadas que has a aho a ninguna men e hu-
mana había osado pensa . La humanidad ha ap endido de mí algo que no ol e á
a ol ida , ha le an ado el elo de la e dad más que ningún mo al an es que yo.»
P.;
No suena p ecisamen e a modes ia
...
Sch. (se íe como de un buen chis e): Ja, ja, ja
....
«Sólo los sin e güenzas son
modes os», buen amigo. Ja, ja, ja
....
«Los que exigen modes ia de los demás son
pob es diablos, ulga es p oduc os de la na u aleza, miemb os o dina ios de la
chusma de la humanidad.» Ja, ja, ja
....
No se moles e, homb e. No odos pueden
se como noso os. Hágase us ed mi após ol o a chi e mi ob a; y luego po lo
menos no caiga en el e o .
P.:
Vayamos al núcleo de su doc ina. No es mi a ea c i ica le.
Sch.:
¿A
mí? (Pausa. I i ado). En onces, ¿qué hab ía que c i ica ? (g uñen-
do). ¡Todo se ía dis in o si gen es como us ed empeza an de epen e a pensa po
sí mismas! ( ose lige amen e). Mi pensamien o hace el inmo al a o de ompe
con el e o undamen al de la iloso ía de odos los iempos. «Todos los ilóso-
os hacen del conocimien o lo p incipal y hacen su gi de él la olun ad.» És e es
el mayo de los engaños posibles. «Yo he emp endido una ans o mación adi-
cal del undamen o de la iloso ía», pues:
1)
he sepa ado la olun ad del conoci-
mien o; y
2)
he explicado el mundo a pa i de la omnipo encia de la olun ad.
La esencia in e na del mundo y del homb e es algo ciego y sin conocimien o. La
oscu idad odea nues a exis encia.
P.:
Eso suena inc eíble: odo ho izon e o ien ado se hunde en la nada.
¿Pod ía pone un ejemplo pa a cla i ica su esis de que la olun ad es lo o i-
ginal?
Sch.:
«Si se le co a la cabeza a un ca acol sin capa azón, sigue con ida,
y
después de una semana ya le ha c ecido una nue a cabeza,
y
con ella la concien-
cia
y
la ep esen ación. Ello mues a que en el animal exis e una olun ad ciega,
mani ies a en el mo imien o y en la exp esión del dolo , que es el e dade o ele-
men o de la olun ad.» A a és de es e ejemplo se hace e iden e que la olun ad
es lo p incipal
y
lo que pe manece, el in elec o, en cambio, es lo acciden al
y
pe-
ecede o. Lo que empuja al ca acol en lo más ín imo es lo mismo que nos impulsa
a noso os.
Y
es o no iene o igina iamen e nada que e con el conocimien o.
P.:
¡Pe o en onces el in elec o se debe a o a cosa que no iene conciencia!
T as el in elec o exis e algo pode oso que debe ene algo que e con el in elec-
o, pe o ¿qué?
Sch.:
Es e algo an po en e es la olun ad de i i . És a quie e i i cues e lo
que cues e. Es e impulso o iginal pe manece de ás de nues o in elec o
y
lo u i-
liza pa a sus ines. De ello nues o in elec o no iene en p incipio ni idea, no pue-
de pene a en el ocul o alle de nues a olun ad, pues es á di igido hacia a ue a
y
la p eocupación po la ida cap a oda su a ención.
P.:
Aho a en iendo el pe il de su nue a imagen del homb e. Lo acional del
in elec o humano es á de an emano de e minado y depende de algo que en sí no
es acional, ¿no es así?
Sch.:
Así es, en e ec o.
P.:
Pienso que debemos p o undiza más oda ía en es e aspec o.
Sch.:
«A
menudo desconocemos lo que deseamos o ememos. Podemos
man ene du an e años un deseo ocul o sin pe mi í noslo o hace lo conscien e.
Pues el in elec o no debe sabe nada de ello. Pe o eso sólo ocu e en la medida en
que la buena opinión que enemos de noso os mismos su ie a po ello. Cuando
ese deseo se cumple, expe imen amos en nues a aleg ía, no sin e güenza, que
eso e a lo que habíamos deseado: po ejemplo, la mue e de un amilia del que
amos a he eda .
Y
lo que ealmen e ememos, a eces lo igno amos po com-
ple o, po que nos al a
el
alo pa a ep esen ámoslo cla amen e.
A
menudo nos
equi ocamos ace ca del mo i o eal po el cual hacemos o dejamos de hace
algo, has a que un aza nos descub e el mis e io y econocemos que lo que enía-
mos po e dade o mo i o no lo e a, sino que e a o o, que no nos habíamos que i-
do con esa , po que no co esponde a la buena opinión que enemos sob e noso os
mismos. Po ejemplo? abandonamos algo po mo i os pu amen e mo ales, o eso
c ee nos; pe o después nos en e amos de que sólo el miedo nos lo impedía, po que
lo hacemos an p on o co no el pelig o se ha des anecido. En algunos casos se pue-
de llega al ex emo de que un homb e no se a e a a conoce el e dade o mo i o
de su acción, incluso no se ea capaz de se mo ido po él,
y
con odo, sea ése el
que in e namen e lo impulsa a ac ua . Aquí enemos un buen comen a io al ase -
o dél ico "conóce e a í mismo" y sus di icul ades.»
P.:
Lo no-cognosci i o di ige el conocimien o. Es o duele. No odo el mundo
lo c ee á a gus o. ¿Quién quie e econoce que él no es seño ni siquie a en su p o-
pia casa, en su yo?
LO
que no sabe lo que hace, que no se conoce a sí mismo? Los
mo i os inconscien es de la acción de los que us ed habla los analizó después un
psiquia a ienés al que us ed no pudo conoce , pues enía sólo cua o años cuan-
do us ed mu ió. Po lo que yo sé, hace mención de us ed con
g an
espe o.
Sch.
(son iendo): iAh, sí? Ya, e a un homb e impo an e, segu o
...
( ose).
Nues o conocimien o es á o almen e co ompido po la anidad. «El amo y el
odio alsean nues o juicio po comple o. En nues os enemigos no emos más
que al as; en nues os amados, g andes cualidades, e incluso sus de ec os nos
pa ecen ado ables. Nues a capacidad de p ejuzga eje ce un pode oso in lujo so-
b e nues os juicios: lo que se adecúa a ella nos pa ece enseguida jus o, azona-
ble; lo que la con adice se nos an oja injus o o echazable, o inopo uno y absu -
do. De ahí odos los p ejuicios de clase, de he encia, nacionales, eligiosos, e c.
Un p ejuicio nos da ojos de lince pa a odo lo que lo con i ma, y nos hace ciegos
pa a odo lo que lo con adice. Lo que se opone a nues o p ejuicio, a nues os
planes, deseos, espe anzas, no lo podemos comp ende ni cap a : en cambio, lo
que a o ece nues as necesidades lo cazamos de lejos. Lo que con adice al co-
azón, la azón no lo acep a. Du an e oda nues a ida man enemos con i meza
e o es, e i ando examina alguna ez sus azones, po un emo incie o a des-
cub i que hemos a i mado y c eído du an e an o iempo algo also. De es e
modo nues o in elec o es dia iamen e engañado y deslumb ado po las a ima-
ñas del ins in o.»
P.:
En onces el in elec o es sólo una ma ione a de la olun ad, juna ma ione-
a que c ee se su p opio amoyis a!
Sch.:
Como us ed lo quie a e . La olun ad es el amo, el in elec o el escla-
o. «El in elec o es una p opiedad del animal», es sólo un u ensilio. como las ga-
as, las uñas, las alas, los cue nos o la den adu a.
Y
es a olun ad, es e «impulso
oscu o, ogoso», iene bien aga ado al in elec o po la espalda y lo u iliza pa a
su «lucha po la ida». Como dije al p incipio, «la base de nues a esencia es
nues a na u aleza animal». No somos di inos. Quien desp ecie a los animales y
sea pa ida io de la azón que se ap enda es a no ma de memo ia: «Si la na u ale-
za hubie a dado el úl imo paso hacia el homb e a pa i del pe o o del ele an e,
en ez de a pa i del mono, el homb e se ía muy di e en e. Sena un ele an e a-
cional o un pe o acional, y no un mono acional, como es aho a». El mundo es
una «pales a de se es dolo idos y asus ados, se es que sólo es án ahí pa a des o-
za se mu uamen e. Cada animal iolen o es la umba i a de miles de o os, su
pe manencia en la exis encia es una cadena de mue es. Es o es la na u aleza. El
que no sea hipóc i a, es a á poco dispues o a en ona aleluyas».
T aducción: Ma i'a
José
To es