En ahona
16,
1990, 11-39
Huizinga-Caillois: Va iaciones sob e
una isión an opológica del juego
Ca los Mo illas González
«Madu ez del homb e: signi ica habe eencon ado la se iedad que de niño se enia
al juga .)) FRIEDRICH NIETZSCHE
ABSTRACT (Huizinga
-
Caillois: Va ia ions o an An h opological View o Play)
Huizinga's aim in «Ho no Ludens)) was o e eal he p esence o play
in social li e as he p ima y nucleus o cul u e, as an an h opological phe-
nomenon, unde i ed and signi ican in i sel . Wha is cha ac e is ic o play
is i s powe o change hings: I cancels e e y-day eali y and c ea es an
un eal wo ld eigned by an au a chic o de o e en s. Howe e , play does
ín ac simul aneously pene a e eal li e, gi ing us models, expec a ion and
s yle, and inspi ing bo h social communi y and cul u al c ea ion. Wi h his
an h opological in e p e a ion o play Huizinga explains he di e en o ms
o cul u e as ha ing hei o igin in man's impulse o play.
In his «Les Jeux e les Hommes)) Caillois in his u n akes up his des-
c ip ion o he phenomenon o play as an e e -p esen ac o in cul u e.
I means up u e wi h eali y and a he same ime cul u al and social c ea-
ion. Caillois es ablishes an ex ensi e classi ica ion o games, adding any
aspec ha may ha e been omi ed by Huizinga. I we conside he com-
mon poin o depa u e hese wo au ho s ake and make a comp omise
on hei di e ences, we will ind ha hey gi e us an impo an an h opo-
logical iew o he phenomenon o cui u e.
La in ención de Johan Huizinga, con su
Ho no
Ludens,
ue dela a la p e-
sencia del juego en
la
ida social como un núcleo p ima io de la ac i idad
humana. Ello suponía sub e i la idea que, en gene al, se poseía sob e el
juego en las ciencias humanas de la época, es deci , no ya explica se el juego
en unción de o as necesidades i ales (po qué y pa a qué juga ) sino com-
p ende lo en su p opia esencia. Empezamos a aden a nos en la in ención
misma: Que e sabe lo que es el juego lle a al au o a desc ibi el enómeno
lúdico, a hace que se mani ies e el juego mismo ci cunsc ibiéndolo en el uni-
e so humano, y descub i con es o su ca ác e inde i able, independien e,
p ima io. Así se dispone la ope ación que se lle a á a cabo en el es o de
la ob a y que e ela una au é ica in e sión de los é minos: a icula a ias
o mas cul u ales desde su o igen en el impulso lúdico; cons a a la sobe a-
nía del juego en la eme gencia misma de la cul u a. Es a segunda desc ipción
enomenológica lle a en su seno esa olun ad: des ela que la cul u a, al o i-
gina se, se juega, o dicho con mayo con undencia, que la cul u a es juego.
De ini el enómeno lúdico desde una pe spec i a an opológica y en su
inmedia ez social hace que apa ezca una dico omía de consecuencias com-
plejas. En e ec o, Huizinga indica, como uno de los asgos p incipales, el
ca ác e de al e idad del juego: el juego no es la ida co ien e, és a se halla
suspendida mien as se juega. El juego es o a cosa. Ahonda en ello desen-
cadena una se ie de ca ac e ís icas que, explíci a o implíci amen e, su gen
como elemen os de con aposición en e la ac i idad lúdica y el discu i co-
idiano. El juego c ea su p opio mundo, donde exis e o o o den, o o espa-
cio, o o iempo, un o den sin in ni in ención ex e na al p opio juego, una
ac i idad e e sible, que puede ol e a empeza siemp e, eliminando los ine-
i ables encadenamien os y consecuencias inexo ables del sen ido lineal y acu-
mula i o de los ac os; el juego sepa a, delimi a, e i o ializa; al o o lado
queda el cu so habi ual de la ida p eocupado po su p opia conse ación
y po la ob ención de bienes ú iles, some ido a la necesidad ma e ial de so-
b e i i . F en e a la desp eocupación aleg e, la se iedad ci cunspec a; en e
a un mundo posible, un mundo eal; en de ini i a, en e a la i ealidad, la
ealidad.
Quien iene hamb e no juega, quien ex e mina una población du an e
la gue a, ampoco. Eso es eal.
Y,
sin emba go, se puede juga eniendo
hamb e, y juga con el hamb e (po ejemplo en un i o de iniciación, en un
ayuno eligioso, o en una huelga de hamb e) y, como el p opio Huizinga mues-
a, ambién la gue a puede se un juego eglamen ado en cuyas leyes con-
ienen los con endien es, acep ándolas con nobleza y co esía. El juego es
lo o o, sepa ado, inú il, i eal; c eencia de se iedad san a, sob ecogedo a,
como cuando alguien ((se juega la ida)), o simulación pa ódica como cuan-
do es «solo un juego)); y sin emba go, p oli e a en los impulsos que exci a
y desa olla, pene ando la ida eal misma: p opo cionándole modelos e
ideales, imp imiéndole ensión y mo imien o, apo ando es ilo. El juego mo-
iliza, ans o ma, en en a y po ello mismo eúne: inspi a comunidad. Se
con ie e, así, en au én ica in aes uc u a social. He aquí la ambigüedad
esencial.
El
juego es lo sepa ado insepa able. I ealiza la ealidad,
y
en es e
sen ido la hace juga . Inú il po esencia, se con ie e en c eado , en eso e
p imo dial de ci ilización al imp egna anímicamen e la p opia exis encia
ma e ial.
Roge Caillois e oma la a ea de desc ibi el ca ác e lúdico de los im-
pulsos que o ien an
y
de inen a las sociedades en su e olución, exp esando
con ello, a lo la go de su ob a1, la misma pa adoja. P ocede el au o , des-
pués de una de inición, a clasi ica los juegos, p oponiendo
y
mos ando que
el despliegue lúdico se ope a desde di e sos p incipios o ipos i educ ibles,
pe o sí combinables. Aho a bien, odos ellos, en su núcleo, mani ies an algo
que habíamos obse ado an e io men e: in en an una ealidad, disimulan
la ealidad, sub ie en la ealidad; odos ellos suponen una ac i idad pa ale-
la en e a la ida co ien e,
y
en e a la ((b u alidad de la na u aleza));
y
sin emba go, man iene el au o la idea cen al de Huizinga de que el juego
es consubs ancial a la cul u a,
y
mani ies a su p opósi o de pode ca ac e i-
za una época po sus juegos
y
de es ablece una sociología a pa i de los
juegos. La ipología
y
combina o ia que esul an pe mi en a Caillois expli-
ca ipos
y
ans o mación de di e en es sociedades como consecuencia del
p edominio
y
del cambio en el p edominio de de e minadas combinaciones
lúdicas.
La in ención de Caillois
a ía
sob e la de Huizinga po su «poli eísmo»,
el cual p e ende subsana las omisiones del au o de
Ho no
Ludens
en cuan-
o a cie o ipo de juegos,
y
p ecisa , po o o lado, sus peculia idades. La
clasi icación descub e a Caillois ipos ecundos
y
ipos de as ado es, pe o
siendo odos ellos, en su elación
y
equilib io, ((inspi ado es de comunidad)),
algo esencial del espí i u lúdico. Aquí uel e a conec a con Huizinga, su-
me giéndose ambos en la ambigüedad esencial an es señalada, ambigüedad
a la que no se concede oda su
i upción.
Ello hace que las dos ob as inali-
cen en medio de cie o silencio pendien e. Así, es signi ica i o que Roge Cai-
llois, después de aplicaciones es uc u ales a campos de análisis pa ciales
y
dispe sos, mani ies e que el juego es enómeno o al, p oblema cen al que
deben econoce las dis in as disciplinas en su p e ensión de acceso. Sob e
odo es o ol e emos más adelan e.
La in ención de es e es udio es sin e iza lo desc i o po los au o es
y,
en cie a medida, desc ibi su in ención misma (una desc ipción de la des-
c ipción), pa a, una ez ealizado, pone en juego a ambos, conjun a los en
sus a iaciones
y
a ia sob e ellos c í icamen e.
'
R.
CAILLOIS,
Les
jeux
el
les
hommes.
Ed. Galli na d, Pa ís,
1977
Huizinga: La cul u a, «sub specie ludi))
Inicia Huizinga su ob a de e minando el ca ác e espi i ual e i educ ible
del juego. El juego ebasa el ins in o inmedia o de conse ación, y p opone
un sen ido más allá de la ocupación me amen e biológica o ísica; hay en
él algo supe abundan e, supe luo, inma e ial, po eso ningún análisis bio-
lógico explica su in ensidad, esa capacidad de ((hace pe de la cabeza»; po
eso «al conoce se el juego se conoce el espí i w2. Pe o dicho ca ác e espi-
i ual no se con unde con la acionalidad; en p ime luga , po que ambién
los animales juegan, y, en segundo luga , po que el juego cae ue a de las
oposiciones acionales undamen ales: sensa ez-necedad, e dad- alsedad,
bondad-maldad. Llegados a es e pun o, se p egun a el au o si cae á acaso
en el dominio de lo es é ico. La p egun a indica ya una cie a insegu idad,
pues la posibilidad de esponde a i ma i amen e no es ex aña (ya Schille
había hablado del ((ins in o de juego)) que busca lo bello). La espues a no
es con unden e y a lo la go de la ob a se obse a á cie o deslizamien o y
ósmosis con lo es é ico, en odo caso queda pa en e su p oximidad: «La cua-
lidad de "se bello" no es inhe en e al juego como al, pe o és e p opende
a hace se acompaña de oda clase de elemen os de belleza. Ya en las o mas
más p imi i as del juego se enga zan desde un p incipio la aleg ía y la
g acia3».
Todo ello indica la inde i abilidad del juego, el cual no puede se de e -
minado, po comple o, ni lógica, ni biológicamen e. Una ez mos ada su
independencia de lo que no es, queda el camino despejado pa a de ini lo en
su peculia idad, pa a sabe lo que es. El au o se dedica en onces a enume a
las ca ac e ís icas que cons i uyen el enómeno lúdico. Obse émoslas: ((Todo
juego es, an es que nada, una ac i idad
lib e^^;
inmedia amen e después de
es a a i mación e i a Huizinga cae en las complejidades que supone el uso
del é mino <<lib e» (discusión libe ad-de e minismo) y lo educe a al a de
cons eñimien o, espon aneidad y el
gozo p opio
que p ocede de su ejecu-
ción, el niño y el animal juegan po que encuen an gus o en ello. ((El juego
no es la ida co ien e o la ida p opiamen e
dicha^^,
el niño ya sabe que
cuando juega hace «como si»; señala a con inuación Huizinga el ca ác e
desin e esado del juego ( ue a del p oceso de la sa is acción di ec a de nece-
sidades), pe o que, sin emba go, da sa is acción a ideales de exp esión y con-
i encia, así po ejemplo, cuando signi ica o celeb a algo pe enece a la es e-
a de la ies a o del cul o, a la es e a de lo sag ado. Ello ma ca el ca ác e
*
J.
HUIZINGA,
Ho no
Ludens.
Alianza Ed., Mad id,
1972,
p.
14.
Ibid.,
p.
18.
'
Ibid.,
p.
19.
Ibid.,
p.
20.
cul u al del juego. Se p egun a en onces el au o si po el hecho de se cul u-
a pie de su ca ac e ís ica de desin e és; la espues a es b e e an e al asal o:
no, los ines a los que si e es án más allá del campo de in e eses di ec amen-
e ma e iales. De engámonos un momen o pa a señala como han eme gido
ya dos aspec os undamen ales: en p ime luga , la conexión juego-sag ado,
an signi ica i a como abundan e en el es o de la ob a, y signi ica i a am-
bién en cuan o al segundo aspec o: Huizinga esponde con la misma b e e-
dad olá il con que mues a la ambigüedad esencial, pues a de mani ies o
en la in oducción a es e es udio: el juego es desin e esado, «o a cosa)), pe-
o hace cul u a po que sus ines son ambién ((o os)) que los pu amen e ma-
e iales, sag ados, pod íamos deci ; en e ec o, sabemos que lo sag ado es
esa zona de exceso de la ida colec i a, sepa ada y en en ada a lo p o ano,
pe o que le con ie e un sen ido comuni a io supe io ; Huizinga deja implíci-
a es a conexión que mues a la misma oposición, pe o e i a la elación com-
pleja de las pa es opues as. Ope a i amen e es lo adecuado, es el momen o
de deslinda .
P osigamos. El juego se encie a en sí mismo, y en su in e io hay un i
y eni , un cambio, un enlace y desenlace: p oceso suscep ible de se epe i-
do siemp e desde el inicio. El cie e del juego sob e sí pe mi e al au o mos-
a nue amen e la conexión con la acción sag ada (és a ambién supone un
campo de juego, un luga en el que igen de e minadas eglas, consumándo-
se la acción en sí misma).
El juego c ea o den, exige un o den absolu o (las eglas del juego). Su
desa ollo (su pues a en p ác ica) lle a aho a a la conexión con el dominio
es é ico; los elemen os que apa ecen así lo mani ies an: ensión, equilib io,
oscilación, con as e, a iación, aba
y
libe ación, desenlace. ((Es á lleno
de las dos cualidades más nobles que el homb e puede encon a en las cosas
y exp esa las: i mo
y
a monía6».
La desc ipción acaba con las siguien es ca ac e ís icas: la ensión p opia
del juego p es a cie o con enido é ico: se ponen a p ueba las acul ades del
jugado ; las eglas del juego son obliga o ias
y
no pe mi en duda alguna (el
agua ies as deshace el mundo del juego y, en de ini i a, se uel e sob e el
ca ác e de excepción de la ac i idad lúdica
al
ema ca la acilidad con que
se odea de mis e io, de que sea algo pa a noso os
y
no pa a los demás, ex-
p esándolo, en su mayo in ensidad, el dis az, que hace se «o o».
Así, llegamos a una p ime a de inición que conjuga los ca ac e es mos-
ados: «El juego, en su aspec o o mal, es una acción lib e ejecu ada «co-
mo si» y sen ida como si uada ue a de la ida co ien e, pe o que, a pesa
de odo, puede abso be po comple o al jugado , sin que haya en ella nin-
gún in e és ma e ial ni se ob enga en ella p o echo alguno, que se ejecu a
Ibid.,
p.
23.
den o de un de e minado iempo
y
un de e minado espacio, que se desa o-
lla en un o den some ido a eglas y que da o igen a asociaciones que p open-
den a odea se de mis e io o a dis aza se pa a des aca se del mundo
habi ual7». Reunión compleja y con lic i a de aspec os. Ello pa ece deno-
a elíp icamen e el p opio «ambien e» de juego que man iene el con lic o
en su in imidad. Huizinga quie e segui iel a esa idea uni a ia, con e gen e,
y
aunque a con inuación bi u ca la ac i idad lúdica en dos ipos: el juego
es una lucha po algo o una ep esen ación de algo, inmedia amen e ecue -
da que ambas unciones pueden undi se: el juego puede ep esen a una lu-
cha po algo o se una pugna pa a e quien ep oduce mejo algo.
Y
es la
ep esen ación donde se inje an las p ime as o mas cul u ales obse adas.
Es e es el pun o de a anque pa a pode a i ma que la es e a de la cul u a
p imi i a es un juego sag ado. Así, el cul o
y
la ies a en an o que acciones
sac as que epi en un suceso cósmico, lo hacen bajo los aspec os o males
del juego: dema cación de espacio
y
iempo, ep esen ación; pe o no an só-
lo el modo de ejecu a se es lúdico, sino ambién la ac i ud y el ánimo con
que se e i ican: abandono y éx asis, mien as la ida co ien e se suspende.
Aho a bien, aquí apa ece un p ime con lic o: cómo la conciencia de se «co-
mo si» puede incula se con la acción sag ada, que se ejecu a con en ega
absolu a. La espues a an e ello es mos a que an o la acción sac a como
el juego unen los con a ios en una unidad an con lic i a como ín ima; en
a ios ejemplos ex aídos de ma e ial e nológico8 obse a Huizinga la simul-
aneidad en la es e a sag ada de simulación y en usiasmo, de media c een-
cia, de hace c ee y que e se engañado; el juego pa en iza así ese ca ác e
esencial de oscilación in e na: unidad e insepa abilidad de e e inc edulidad,
((alianza de g a edad sag ada con la simulación y la b oma9».
La desc ipción de los é minos que designan juego en di e en es lenguas
encauza, a con inuación, el p oceso de la ob a hacia un luga cen al: el sig-
ni icado del ocablo g iego agón en an o que lucha
(y
p oba ecíp oco de
la sue e) some ida
a
eglas y que, po an o, indica la o a o ma esencial
de juego, un juego p imo dial en la unción c eado a de cul u a.
Con la ep esen ación y la lucha nos encon amos ya, de ini i amen e,
en el é ice mismo de la c is alización cul u al; la uni e salidad de ambas
en su exp esión sac a mues an su ecundidad: «El espec áculo sag ado
y
la
ies a agonal son las dos o mas uni e sales en las que la cul u a su ge den-
o del juego y como juegolo». A pa i de aquí el au o ca ac e iza el agon
median e el ((ins in o)) de excede a los demás, de gana , de mos a se supe-
io ; y a con inuación obse a, p o usamen e, el ca ác e agonal de di e -
'
Ibid.,
p.
26.
Ibid.,
PP.
37-38.
Ibid.,
p.
39.
'O
Ibid.,
p.
66.
sas o mas cul u ales a caicas. Así, la es uc u a dual de la ida comuni a ia
en pe íodos p imi i os de la cul u a ( ibu di idida en dos a ias en en a-
das y exógamas) hace apa ece el ca ác e an i é ico y dinámico de la ida
social, an í esis que se ex iende al uni e so en e o (ying
y
yang chinos...);
las o mas de po ía se conec an con el cul o y se hacen imp escindibles pa a
el cu so a o able de las cosechas y pa a oda la p ospe idad del año: la ic-
o ia ac ualiza pa a el encedo la salud del g upo, su éxi o se ansmi e, ans-
ie e e icacia; la compe ición po aza iene ambién signi icación sac a: de-
e mina una acción di ina; el po lach, ies a que lle an a cabo los indios de
la Columbia b i ánica, y en la que uno de los g upos hace egalos al o o
sólo con la in ención de demos a su supe io idad, in ade su ida social,
y indica, de es e modo, el ca ác e nuclea en ella del ins in o agonal, los g u-
pos se man ienen unidos po un espí i u de enemis ad y comunidad a la ez;
la idea de i ud en e los g iegos (a e é, se conec a con la excelencia y el e-
conocimien o y a i mación del hono log ado en el cí culo de la compe i-
ción, e c. e c.; las o mas agonales en busca del p es igio, de la supe io idad,
de la ic o ia se mul iplican (ba allas, jac ancias, de oche, esca nio del con-
a io, co esía..
.);
la in ensidad del juego en es a e ien e lle a a Huizinga
a una nue a de inición del enómeno lúdico que ahonda en las ca ac e ís i-
cas que dicha e ien e des ela. El juego comp ende ía: ((acciones incula-
das a eglas y sus aídas a la ida co ien e y en las que se pueden desplega
necesidades congéni as de i mo, al e nancia, cambio egulado, ensión an-
i é ica y a monía1'». Las ue zas que dispone, su o denamien o y sen ido
pe mi en a i ma que «la unción congéni a po la que el homb e ac ualiza
el impulso hacia lo supe io es el juego12». El au o se ha colocado así en
el mismo cen o de la ob a al de e mina con solidez ese ((ins in o sup abio-
lógico)); el es o consis i á en obse a su despliegue, su a iación.
La p ime a á ea social obse ada, en cuan o a la o ma lúdica que p e-
sen a en sus o ígenes, es el de echo. Aquí se pa en iza de nue o su conexión
con lo sag ado: odo luga en que se p onuncia jus icia es un au én ico
eme-
nos, luga que ha sido eco ado y des acado del mundo habi ual. (Incluso
épocas más a anzadas de la cul u a man ienen elemen os de dis inción, co-
mo la peluca del juez.) O os aspec os inciden en ello. Así, en la mi ología
g iega, Zeus sos iene la balanza de la jus icia di ina y los i anes juegan a
los dados la sue e del mundo; los p opios dioses mues an po el esul ado
de una
p ueba
«po qué lado se halla la e dad o en qué di ección ma cha
el des ino13»; la p ueba es ambién pa a los homb es el elemen o de decisión
ju ídica, conec ada ue emen e, como hemos indicado, con el á ea sac a (así
"
Ibid.,
p.
94.
l2
Ibid.,
p.
95.
"
Ibid.,
p.
101.
po ejemplo en el juicio de Dios); pe o p ueba cuya ac icidad es lúdica: jue-
go de aza , compe ición o apues a y con ienda de palab as. Los ejemplos
son ambién aquí abundan es del ca ác e agonal que mani ies a la de e mi-
nación judicial14.
La gue a, como unción cul u al, se liga ambién es echamen e a la es-
e a de la sac alidad; el en en amien o se con ie e en una adi inación, pues
gana e ela el de echo o a o de los dioses. El ca ác e eglamen ado y el
luga p opio de ejecución (campo de ba alla) que los con endien es (di e en-
ciados y eunidos po su en en amien o) econocen, mues a su o ma ludi-
ca. Di e sas a ian es inciden en ello y exponen la ecundidad cul u al a que
la gue a lle a: la p ecisión i ual del duelo y la co esía que lo acompaña,
la lucha noble como ideal de ida, la leal ad, la en ega, es deci , el «juego
limpio)) que se man iene iel a las eglas.
A
con inuación conec a Huizinga juego y sabe . El o den del mundo ie-
ne su exp esión en di e sas adiciones bajo o ma de enigma; ello da luga
a la lucha po su desci amien o y és a se lle a a cabo de modo i ual en el
á ea sac a del cul o y la ies a15, el enigma es sag ado: lo que se juega es la
ida an e el p oblema adical que plan ea; la especulación cosmogónica ad-
quie e su ca ác e lúdico po cons i ui soluciones a enigmas i uales; los p o-
pios g iegos han enido conciencia de que «había una cie a elación en e
el juego de enigmas y los o ígenes de la iloso ía16». En odo caso, el que
busca la sabidu ía se con ie e en luchado en su a án po desen aña el p o-
blema que la ealidad le p opone, po esol e su enigma; y en ello compi e
con los o os.
Y,
así, pos e io men e, ese ámbi o inicial del sabe de la socie-
dad se ami ica po un lado en di e siones de sociedad y po o o en doc i-
nas eso é icas, e olución que ema ca aún más su ca ác e lúdico: el
desa io
agonal que el enigma p omue e oscila en e el pu o pasa iempo y el conoci-
mien o p o undo y sec e o; en ambos sen idos anida el mismo espí i u. Po
o o lado, no an sólo la o ma de acceso al sabe es la de lucha, sino que
el p opio con enido de és e apa ece en la p ime a iloso ía g iega mos ando
el ca ác e agonal de la ealidad, iendo en el p oceso cósmico una lucha e e na
de oposiciones p ima ias que adican en la na u aleza de las cosas (He ácli-
o, Empédocles).
La poesía se cons i uye ambién como ac i idad lúdica. En p ime luga ,
su p opia e n o ialización: la poesía «se desen uel e en un campo de juego
del espí i u, en un mundo p opio que el espí i u se c ea1'», en és e las cosas
ienen o o aspec o que en la ida co ien e y ((es án unidas po ínculos muy
dis in os de los lógicos1s»; en segundo luga
(y
siguiendo siemp e la misma
l4
Ibid.,
pp.
103-105.
''
Ibid.,
pp.
129
y
132.
l6
Ibid.,
p.
140.
''
Ibid.,
p.
143.
l8
Ibid.,
p.
143.
conexión esencial y pa adójica), su ecundidad, la unción cul u al que ad-
quie e, al se la o ma p opia de exp esión de odo lo ele ado en las socieda-
des a caicas, de ahí su inca dinación en la li u gia y su unidad p imi i a con
la sen encia sag ada; el poe a es un poseído de los dioses que inspi a comuni-
dad con la palab a p onunciada a a és suyo, y que inspi a a su comunidad
euniéndola bajo la comp ensión de su si uación en el mundo; el poe a es
un educado y un admoni o ; su unción social es eminen e sin luga a du-
das. Po o o lado puede obse a se ambién el elemen o agonal en la ejecu-
ción poé ica que lle an a cabo di e sas sociedades, donde el can o al e nado
y la pugna en e los can o es, con juegos de p egun as y espues as, de di i-
cul ades y soluciones imp o isadas, de alusiones bu lescas, o man pa e de
sus ies as19. Se añade a ello el ánimo que imp egna odos los momen os
donde la palab a poé ica domina el sen i i al: a eba o y en usiasmo, en-
sión que conduce a la aleg ía y al abandono. Todo co esponde con el p o-
pio juego. En la misma es uc u a in e na y con enido del lenguaje poé ico
eme ge su ca ác e lúdico. La poesía es un lenguaje peculia con sus p opias
eglas que no odo el mundo en iende y en el que apa ecen ((di isión simé i-
ca o, í mica del lenguaje hablado o can ado, la coincidencia de imas o aso-
nancia, el ocul amien o del sen ido, la cons ucción a i iciosa de la ase20)>.
Además, la inalidad de odo ello es la de ((p o oca , median e palab as, una
ensión que hace p esa en el oyen e o en el lec o 2'».
El
lenguaje, al poe iza , juega. El au o insis e en ello, pues dicho eco-
nocimien o se pa en iza de modo abundan e, in enso y cla o. Aún más, la
poesía es la exp esión p opia de las comunidades en su o igen: los mi os; es-
os pe soni ican lo inco pó eo y sin ida, lo
igu an;
pe o incluso cuando
pie den su ca ác e sag ado y la exigencia de c eencia absolu a, dichas pe -
soni icaciones siguen jugando y oscilan en e la con icción y la an asía, en-
e lo g a e y la b oma (San F ancisco
c eía
y
no c eía
en la Pob eza); la ac i-
ud lúdica pa ece en onces e eb al en ellas, pe manen e. Es o pe mi e inci-
di en la esis cen al: «la ac i ud lúdica ha debido exis i an es de que exis ie-
an cul u a humana o capacidad humana de exp esión y comunicación2*»
y en el ca ác e de comunidad del juego poé ico, el homb e poe iza po que
iene que juga en colec i idad: «El lenguaje mé ico su ge en el juego de
la comunidad, allí ealiza su unción, iene su sen ido y su alo , y lo
pie de en la medida en que el juego de comunidad se a despojando de su
ca ác e cul u al y solemne o es i o. La ima, el pa alelismo de la ase, el
dís ico ienen su sen ido en las igu as lúdicas a empo ales de golpe y con a-
golpe, ele ación y descenso, p egun a y espues a, enigma y solución. Se ha-
l9
Ibid.,
p.
150.
'O
Ibid.,
p.
157.
"
Ibid.,
p.
157.
''
Ibid.,
p.
167.
los esul ados acumulados. Es desg acia o al o a o absolu o4'». Mien as
en el agon el jugado sólo cuen a con él, en la alea cuen a con odo excep o
con él (el más mínimo índice ex e io puede oma lo como signo); el agon
ei indica la esponsabilidad pe sonal, la alea supone el abandono al des i-
no. La alea no hace gana a los mejo es sino que pone a odos en igualdad
absolu a delan e del (( e edic o ciego de la sue e42». (Escogemos la exp e-
sión po que deno a y acumula, en e al agon, un conjun o de ca ac e es si-
mé icos que lo con aponen cla amen e, pe o que hace apa ece una cues-
ión que se á a ada pos e io men e
y
es en qué medida es cie o el ep oche
de Caillois a Huizinga de no habe hablado de los juegos de aza , o si, po
el con a io, den o de una misma acción ambi alen e pa a el au o de Ho-
mo Ludens
ni
el agon hacía con a an sólo sob e el jugado , ni la decisión
de la sue e e a «ciega»). Agon y alea apa ecen como simé icos pe o con
una misma ley: c eación a i icial en e los jugado es de condiciones de igual-
dad pu a que la ealidad ehusa a los homb es; se e aden del mundo hacién-
dolo o o.
También es posible e adi se haciéndose o o. Es a lo que esponde la
mi-
mic y, é mino inglés que designa el mime ismo de los insec os. Ag upa ía
a aquellos juegos consis en es en simula se o o (como en la ep esen ación
ea al). La egla del juego es única: consis e pa a el ac o en ascina al es-
pec ado , e i ando que una al a conduzca a és e a echaza la ilusión ( i i-
da como algo más eal que la ealidad). De es e modo, ambién la icción
iene su egla: sos ene la ascinación; la libe ad de in ención, de ejecución
ienen sen ido en unción de ello. Ilinx es el nomb e en g iego del o bellino
de agua, e indica ía juegos consis en es en des ui po un ins an e la es abi-
lidad de la pe cepción
y
de in ligi a la conciencia lúdica «una especie de pá-
nico olup uoso43»; el ance o el a u dimien o que anonada la ealidad con
sobe ana b usquedad se ía el esul ado (un ejemplo, los apa a os de las e-
ias o pa ques de a acciones).
La ca ego ización bina ia (paidia-ludus) es a ada po Caillois a con i-
nuación, en la e olución de uno a o o é mino, y en la complemen ación
que és e p opo ciona a aquél como el caldo de cul i o de los ipos de juegos
desc i os, como el hilo conduc o que lle a de la ene gía al ap endizaje, que
educa
y
disciplina pa a sabe
y
pode juga . Así: ((la po encia p ima ia de
imp o isación y aleg ía (paidia) se conjuga con el gus o de la di icul ad g a-
ui a (ludus) pa a desemboca en los di e en es juegos a los cuales una i ud
ci ilizado a puede se a ibuida sin e~age ación~~)). Es e ec o , de la espon-
aneidad al con ol, nos señala ya el ca ác e cul u al del juego. La paidia
4'
Ibid.,
pp.
56-57.
42
Ibid.,
p.
58.
41
Ibid.,
p.
67.
"
Ibid.,
p.
75.
es oda mani es ación espon ánea del ins in o de juego. Exube an e, eliz,
inmedia a y deso denada, es una ((necesidad elemen al de que
se e educada, en iquecida, o ien ada po el ludus; po eso es el ludus lo que
(( ep esen a en el juego el elemen o del cual la ecundidad cul u al apa ece
como lo más signi ica i o. No aduce una ac i ud psicológica como agon,
alea, mimic y e ilinx, pe o disciplinando la paidia, abaja indis in amen e
pa a da a las ca ego ías undamen ales del juego su pu eza y e~celencia~~)).
El au o mues a una a ian e a es e p oceso: la paidia di igida no hacia la
p oeza, el cálculo, la di icul ad encida, sino hacia la calma, la paciencia,
el sueño ano, la con emplación (lo que designa el é mino chino wan). Ello
implica una dis in a ac i ud i al y social, o o modo de ida, o a cul u a
que es pun o de pa ida pa a en ende los dis in os caminos seguidos po las
sociedades desde la ipología lúdica: «Es o mues a que el des ino de las cul-
u as se lee igualmen e en los juegos
(...).
Da la p e e encia al agon, a la
alea, a la mimic y o al ilinx con ibuye a decidi el po eni de una ci iliza-
ción. Del mismo modo, in lexiona la ese a de ene gía disponible que e-
p esen a la paidia hacia la in ención o hacia la ensoñación, mani ies a una
elección, implíci a sin duda, pe o undamen al4'». Los juegos e lejan a la
sociedad pe o p ecisamen e po que los juegos hacen sociedad; de ahí que
la p edilección lúdica co esponda, mani ies e, haga su gi la p opia p edi-
lección social, el ipo de sociedad.
Po eso el p ime ca ác e a mos a de odo ipo de juegos es su eque i-
mien o de comunidad, su ocación social: «Los juegos no encuen an gene-
almen e su pleni ud más que en el momen o en que susci an una esonancia
cómplice48». Juga solo no es p opiamen e juga , no malmen e ienen ne-
cesidad los juegos de p esencias a en as y simpá icas (agon y alea, compe i-
do es -y ambién espec ado es-; mimic y, espec ado es -uno se dis aza
pa a o o-; ilinx, e e escencia, ieb e colec i a). Po eso los juegos hacen
apa ece g upos de iniciados o a icionados, y susci an es uc u as pe manen es
e ins i uciones de ca ác e o icial (agon, el depo e; alea, casinos y lo e ía;
mimic y, a es del espec áculo; ilinx, ies a). Es as mani es aciones con i-
buyen a da a las di e en es cul u as algunos de sus usos más iden i icables.
Pe o es o de e mina o a posibilidad que es la de la co upción de los jue-
gos. Ello ocu e cuando las ac i udes psicológicas, los impulsos p ima ios
que p esiden las ac i idades lúdicas se deslizan y se mezclan con la ida o di-
na ia, pe diendo el e ugio que las eglas y el espacio p opio y sepa ado del
juego depa an. Así, la co upción del agon comienza allí donde sólo cuen a
la ambición, el iun o jus i ica los golpes bajos y, po an o, ningún á bi o
ni a bi aje es econocido; la alea se e co ompida en la supe s ición que
"
Ibid.,
p.
77.
Ibid.,
p.
87.
j7
Ibid.,
p.
90.
M
Ibid.,
p.
97.
supone que e concilia el a o de la sue e, o o gando el alo de signo a
cualquie ipo de enómenos y, además, aplicando a la ealidad habi ual el
p incipio del juego que hace que no se espe e nada de sí y odo del aza . La
mimic y
se co ompe cuando no se juega a se o o, sino que se es, pe dien-
do la iden idad en un p oceso de alienación (en la ep esen ación ((abando-
na la escena)) ma ca el in del juego, la p ecisión de los lími es e i a la alie-
nación). En el caso del
ilinx
la co upción ocu e cuando el a u dimien o no
es á sepa ado de la ealidad sino que o ma pa e de ella (como mues an
el alcoholismo y las d ogas). Po eso ((si los p incipios de los juegos co es-
ponden en e ec o a pode osos ins in os (compe ición, pe secución de la sue e,
simulac o, é igo) sólo pueden ecibi una pleni ud posi i a y c eado a en
las condiciones ideales y ci cunsc i as, las que p oponen en cada caso las e-
glas de los juego~~~». Los impulsos lúdicos alcanzan a juga , así, den o de
la cobe u a que o ece la eglamen ación en el p opio espacio y en el p opio
iempo. El juego con aminado es un juga sin juga , pues se e subyugado
po in enciones que diluyen la a ención lúdica, que cae en la
i e e sibilidad.
Con la co upción de los juegos (o quizás debe íamos deci de los juga-
do es) como con apa ida social nos si uamos ya de o ma decidida an e
la cues ión nuclea : la conexión juego-cul u a y la elación de i ada, di ícil
de p ecisa , juego-sociedad (en cuan o a la
ida co ien e
de és a).
Caillois uel e sob e la idea de Huizinga como esis con a ia a la con-
cepción einan e en su época: es la cul u a la que p ocede del juego
y
no es
el juego una deg adación de cosas que e an se ias en e apas an e io es de
la cul u a. An e ello el au o a a de es ablece una solución conciliado a
que, en odo caso, cae del lado de la idea que expone
Ho no Ludens.
El espí-
i u del juego es esencial a la cul u a, pe o juegos y jugue es, en el cu so de
la his o ia, son ambién esiduos de és a. Aho a bien, los casos de deg ada-
ción indican po esa ans o mación misma que lo que con enían no e a o a
cosa que la es uc u a de juego (como po ejemplo las másca as, sag adas
en épocas a caicas, el juego de cucaña elacionado en esas mismas épocas
con los mi os de conquis a del cielo, juegos de aza ligados a la adi inación,
juegos de ue za o des eza con alo p oba o io en los i uales de en oniza-
ción, e c.). Po o o lado, no hay deg adación, p opiamen e dicha, de una
ac i idad se ia en di e sión in an il, sino más bien p esencia simul ánea de
dos egis os di e en es, como lo mues an aquellos juegos de niños, p esen-
es en odos los es adios de las cul u as, que imi an ac i idades ac uales de
los mayo es, incluso sag adas. El juego no es, po an o, esiduo anodino
de una ocupación adul a, sino ((ac i idad pa alela, independien e, que se opo-
ne a los ges os y a las decisiones de la ida o dina ia po ca ac e es especí i-
cos que le son p opios50)>. Juego y ida co ien e son dominios an agonis-
49
Ibid.,
p.
121
'O
Ibid.,
p.
134
as
y
simul áneos, pe o el juego
es
consubs ancial a la cul u a (como lo mues a
po ejemplo la ans o mación de algo sag ado en jugue e). Aquí adica la
complejidad de la cues ión: la insepa abilidad del juego (sepa ado) de la i-
da social en su conjun o, la coincidencia de i mos en el ma cha pa alelo
con la ida co ien e, pues las mani es aciones más complejas de la sociedad
apa ecen es echamen e asociadas a es uc u as lúdicas (po ejemplo las e-
glas del juego social). Es a conco dancia, cuyo pelig o de con e gencia o al
es pa en e, obliga a pene a en la di e encia: «Las es uc u as del juego y
las es uc u as ú iles son a menudo idén icas, pe o las ac i idades espec i-
as que o denan son i educ ibles la una a la o a en un iempo y luga da-
dos. Se eje cen en dominios incompa ibless1>>. Los eso es que es posible
iden i ica en ambos casos son los mismos: necesidad de a i ma se, mos a -
se el mejo , gus o po el desa ío, e c., pe o en el mundo eal la acción del
juego no es jamás aislada, ni sobe ana, ni limi ada de p incipio: encadena
consecuencias ine i ables. El juego, cuando no se cie a sob e si, pie de su
sobe anía pe o no su inspi ación, la pene ación en impulsos y ac i udes, po
lo que ((10 que se exp esa en los juegos no es di e en e de lo que exp esa una
cul u as2)). Es e ai én en e la sepa ación y la in-cidencia apun a ya a la p e-
ensión global del au o : es ablece elaciones es echas de compensación
y
de conni encia en e los juegos, las cos umb es
y
las ins i uciones, pa a, en
de ini i a, cons i ui los undamen os de una sociología apa i de los jue-
gos: en qué medida la p e e encia de una sociedad po una ca ego ía de jue-
go ma ca su es ilo y su po eni .
De es e modo, Caillois p ocede en p ime luga a expone la complejidad
lúdica po combina o ia de las clases p imo diales; ello pe mi i á obse a
una je a quización de combinaciones en cuan o a la compene ación de los
elemen os y es ablece como in aes uc u a de los ipos cul u ales una en-
sión dual que implica dinamismo in e no.
Las combinaciones bina ias posibles, o madas con los cua o ipos un-
damen ales, son seis. Dos de ellas son conjunciones p ohibidas, dice Cai-
llois: agon-ilinx (el econocimien o de la egla
y
el queb an amien o po el
é igo son incompa ibles), alea-mimic y (ensaya el engaño, la simulación
con la sue e no iene sen ido); o as dos son con ingen es: alea-ilinx (el aban-
dono de la olun ad desa olla un es ado de posesión e hipnosis), agon-
mimic y ( oda compe ición es en sí misma un espec áculo);
y
las dos úl imas
se a iculan en e si esencialmen e: agon y alea son pa alelas y complemen a-
ias, una y o a equie en equidad absolu a, pe o el modo de designación
del encedo es es ic amen e in e so. En los juegos que combinan ambas
ac i udes el jugado ha de saca el mayo pa ido posible de una si uación
''
Ibid.,
p.
136.
52
Ibid.,
p.
136.
que no ha c eado; la sue e ep esen a la esis encia opues a po la na u ale-
za, po el mundo ex e io
o
po la olun ad de los dioses a la ue za, la des-
eza o el sabe del jugado . F en e al dominio de la egla en el que se desen-
uel en, agon y alea, mimic y e ilinx apa ecen sin egla, donde el jugado
imp o isa cons an emen e con iándose a la an asía; pe o el simulac o po
él mismo (en cuan o desdoblamien o) es gene ado de é igo, de pánico:
hace e que se es o o, aliena y anspo a. La alianza en e ascinación y
e o es an pode osa que pe enece po na u aleza, dice el au o , a la es e a
de lo sag ado.
En el in e io de las dos g andes coaliciones una sola ca ego ía de juegos
es c eado a: agon y mimic y; las o as dos son pasi as y uinosas.
Todo ello indica ya la línea de ci ilización, de e olución cul u al; las so-
ciedades donde p edomina la conjunción mimic y-ilinx, y se sume gen en
la conducción a al de la p ime a a la segunda, quedan a apadas en la pasi-
idad: su única salida es p i ilegia el p ime elemen o; po eso el p oceso
ci ilizado condena esa alianza y la sus i uye po la de agon-alea, donde ade-
más hay un es ue zo incesan e po aumen a la pa e de la jus icia en de i-
men o de la de aza ; «se llama a es e es ue zo el p og eso53».
Nos encon amos an e la cla e de la in e p e ación. Las sociedades se leen
en cla e lúdica, su desa ollo ambién. Veámoslo con mayo de enimien o.
Los juegos que p ac ica con p edilección una sociedad de e minan una a i-
nidad en e sus eglas y las cualidades y de ec os de los miemb os de esa co-
lec i idad; los juegos c ean cos umb es, e lejos, hacen espe a un cie o i-
po de eacciones; ambién apo an una compensación, una salida ic icia a
las endencias delic i as que la ley o la opinión ep ueba y condena, a la en-
sión imagina ia de la sociedad, pod íamos deci . Es o hace sospecha que
los p incipios de los juegos deben ma ca p o undamen e los ipos de socie-
dad
y
que, así, se a a de de e mina la pa e que conceden las di e sas so-
ciedades a la compe ición, al aza , a la mímica y al é igo.
En las sociedades p imi i as eina la másca a y el ance. Sus i os, sus
cul os, sus ies as lo demues an. Las másca as ans o man a los o ician es
en dioses, espí i us, animales-ances os: ue zas sob ena u ales, e o í icas
y ecundas. La simulación desemboca en una posesión que no es simulada
(después del deli io y el enesí, el ac o despie a a la conciencia ago ado).
En la ies a, luga de dilapidación e in e sión, se llega al pun o culminan e
del lazo de la exis encia colec i a, de su cohesión social: a a és del é igo
compa ido. O os ejemplos inciden en el mismo sen ido (chamanismo,
budú, p ocesos en los que siguiendo una li u gia p ecisa y con o me a una mi-
ología p e ia el simulac o lle a í micamen e al éx asis, la posesión, la co-
munión con los ances os y los dioses). Dichos enómenos e elan como las
sociedades p imi i as colocan su cen o de g a edad, su undamen o, en lo
(( emendo
y
ascinan e)), en aquello que abso be, anspo a
y
de as a; po
eso «cada ez que una cul u a consigue eme ge del caos o iginal se cons a a
una sensible eg esión de las po encias de é igo
y
simulac o54», se con ie -
en en ma ginales o di e siones, pe o sin demencia ni deli io.
La salida del simulac o- é igo ma ca el nacimien o mismo de la ci iliza-
ción. En la cul u a indoeu opea ya apa ecen dos o mas de sobe anía: el dios
legalis a, p esidiendo el con a o exac o, ponde ado, me iculoso (co espon-
diendo con el agon),
y
el dios ené ico, e ible, imp e isible
y
pa alizan e
(co espondiendo con el ilinx). Es a concu encia indica la ansición, co-
obo ada po la desapa ición de la másca a como medio de me amo osis
que conduce al éx asis y como ins umen o de pode polí ico (signo po exce-
lencia de la supe io idad). El eino de la mimic y
y
el ilinx es á ((condenado
desde que el espí i u llega a la concepción del cosmos, es deci , de un uni e -
so o denado y es able, sin milag o ni me amo osis. Un al uni e so apa ece
como el dominio de la egula idad, de la necesidad, de la medida, en una
palab a, del núme oss)>. Cuando G ecia se aleja de las sociedades de más-
ca as, eemplaza el enesí de las an iguas ies as po la se enidad de las p o.,
cesiones, c ea los juegos del es adio, que in en an una i alidad limi ada y
eglamen ada, expandiendo al mismo iempo la cos umb e y el espe o del
a bi aje: se ha pasado a la impe ancia del agon-alea.
Los sis emas polí icos de las sociedades mode nas oscilan en e ambos
é minos, y ienden a ensancha el dominio de la compe ición eglamen ada
a expensas del de nacimien o o he encia, es deci , del aza .
De
odos modos,
el aza apa ece como compensación pa a los que econocen su in e io idad
pa a en en a se
y
como e ancha a la que aspi a cada uno, demasiado limi-
ado en cuan o a la p ospe idad po el agon.
Ci a Caillois a con inuación un modo subsidia io de compensación en
cuan o al dominio del agon-alea en la sociedad ac ual: la delegación; o ma
diluida de la mimic y, con apa ida imagina ia en e a la selección es ic a
a que dan luga el mé i o o la sue e. Es os a o ecen a muy pocos. Todos
quie en se el p ime o, pe o p ime o sólo hay uno; la solución es se ence-
do po pe sona in e pues a, po delegación; de ahí el cul o ca ac e ís ico
de la sociedad mode na a la es ella de cine y al campeón, y la ósmosis en e
los ídolos y la muchedumb e de admi ado es.
La sociedad mode na, mo iéndose sob e el ec o alea-agon, se di ige
p og esi amen e al ensanchamien o del elemen o ac i o en de imen o de la
sumisión al aza , a lo incon olable: es una sociedad calculado a
(su
ideal
úl imo se ía la eliminación del aza ), de con abilidad, en exp esión del au o .
''
Ibid.,
p.
1991.
''
Ibid.,
p.
208.
úl imo se ía la eliminación del aza ), de con abilidad, en exp esión del au o .
Pe o el juego jamás es unila e al, y po eso Caillois, a pesa de habe indica-
do el sen ido que sigue la ci ilización a a és de un sen ido lúdico (el paso
de unos ipos de juego a o os), se e obligado a econoce , inmedia amen e,
las con apa idas: compensación po la
alea
(complemen ado en un capí u-
lo pos e io i ulado «La impo ancia del aza ))), compensación po la dele-
gación, y la concesión de un luga a las o mas echazadas de la
mimic y-
ilinx.
Se uel e a descende , po an o, en sen ido in e so. Dicha e- e sión
sí es p opiamen e lúdica, aunque el au o la lle e a cabo de modo dispe so,
indicando elemen os y ejemplos pa ciales, los cuales pa ece que deban p o-
segui en co espondencia con o os, supe ando la debilidad del aislamien o
y consiguiendo la p o undidad de la cohesión.
Así, Caillois expone cómo la
mimic y-ilinx
son ins in os su icien emen e
amenazado es pa a que sea necesa io concede les algunas sa is acciones (pe o
limi ando su pelig o, sepa ándolos). La másca a iene su luga y su iempo
de inidos ( ies as de ca na al); y el é igo susci ado po máquinas que p o-
ocan sensaciones isce ales: elocidad, caída, gi o acele ado, es, de en a-
da,
medido
( an o en la du ación como en la in ensidad del a u dimien o).
Po o o lado, el ejemplo del payaso es especialmen e signi ica i o po cuan-
o mani ies a la p eocupación an igua de dobla oda mímica solemne con
una con apa ida g o esca ejecu ada po un pe sonaje idículo; ello equili-
b a el exceso de majes ad, lo comunica con su e e so.
La impo ancia de los juegos de aza se e leja en la concu encia de és-
os con el abajo en cie os pueblos, donde se con ie en en au én ica «se-
gunda na u aleza)); ejemplo de ello es la
RVa
Ch á
en Cuba, juego en el
que sus signos y conco dancias son p oyec ados sob e el conjun o del
sabe 56, y el
Jogo de Bicho
en B asil, el cual implica una p ác ica de la a i -
mé ica usual
y
de oni omancia5'. Es os juegos in aden la imaginación y las
espe anzas de las sociedades donde se p ac ican y a ellos conceden su a en-
ción y el máximo iempo posible. Po eso un mundo consag ado al p og e-
so, es deci , al c ecimien o de bienes, no puede po menos que a a de
educi el á ea de dichas ac i idades, que suponen un esca nio del abajo,
achándolas ideológicamen e de inmo ales y asociales (el ex emo de dicha
endencia lo ponen de mani ies o los egímenes socialis as). Po eso los polí-
icos gene almen e ole an has a cie o pun o las o as o mas de juego que
no son el
agon
(ac i idad és a a la que se anima sin lími es), ole ancia que
se en e é, sin emba go, como necesa ia, como elemen o equilib ado (es el
caso de la sue e a bi a ia, del aza ) de la compe ición eglamen a ia.
Concluye Caillois su ob a, a modo de apéndice, a ando some amen e
56
Ibid.,
p.
289.
Ibid.,
p.
292.
no subsidia ia de és e: el niño, al juga , no se en ena pa a una a ea de ini-
da, sino que adquie e, g acias al juego, una capacidad mayo de sob epasa
obs áculos o de en en a di icul ades, pe o el juego no iene po unción
p opia desa olla una capacidad, «el in del juego es el juego mismo58».
A
pa i de es o uel e
a
incidi el au o , desde su p opio análisis, sob e la idea
de Huizinga: és e desdeña los juegos de aza y de é igo pues no pa ece po-
sible a ibui les un alo pedagógico o cul u al, ((es os juegos pa ecen es é i-
les, si no unes oss9» y en de ini i a «la cul u a, en opinión gene al, consis-
e más bien en de ende se con a su seducción que en ap o echa sus discu i-
bles apo a~iones~~)).
Finalmen e, Caillois examina los análisis ma emá icos como cons i u i-
os de las eo ías de los juegos es a égicos, pa a indica que no es posible
un álgeb a
del
juego: las eo ías ma emá icas que de e minan con segu idad,
en odas las si uaciones que pueden exis i , la pieza que con iene desplaza
a uinan el espí i u del juego, pues eliminan la ince idumb e, consus ancial
al de eni lúdico. «Pues no se juega pa a gana con oda segu idad. El pla-
ce del juego es insepa able del iesgo de pe de 61».
Después de es as conside aciones pa ciales y complemen a ias, p opone
el au o la a ea cen al: accede al juego como enómeno o al. El sal o lle-
a implíci o más cohe encia de la apa en e: los apéndices han se ido pa a
con a es a en cie a medida el ca ác e unidi eccional del espí i u agónico
y
de su de i ación calculado a en el mundo mode no, pa a insinua la cues-
ión p oblemá ica de cómo las o as o mas lúdicas y su p ocede incalcula-
ble, incie o
y,
sob e odo, de as ado , oman su luga con lic i o en el seno
de la cul u a. La p oposición inal lle a la en e esa ince idumb e y esa en-
sión: en ese sen ido es lúdica.
Aspec os de
una
elación
En la enomenologia del juego a la que p oceden Huiziga y Caillois en
sus espec i as ob as apa ece és e, p ime amen e, como ac i idad lib e y se-
pa ada, inca dinada en impulsos p o undos e i educ ibles del alma humana.
Ya desde es a pe spec i a an opológica coinciden e, Caillois se en en a
a la concepción global de Huizinga, acusándola de pa cial
y
uní oca. Piensa
Caillois, como ya ha sido mos ado, que la plu i ocidad de signi icaciones
del é mino juego p ecede e indica lo que se á p opio de su mani es ación
"
Ibid., p.
321.
59
Ibid.,
p.
325.
Ibid., p. 325.
6'
Ibid.,
p.
332.
comple a: su disyunción y despliegue en di e en es ipos, espondiendo a ne-
cesidades di e en es e impulsos absolu amen e o iginales. Huizinga, po el
con a io, ha c eído que exis ía una misma ac i ud en el o igen de oda ac i-
idad lúdica, ol idando, po an o, una clasi icación imp escindible y ol-
cándose después en la desc ipción del ipo de juego al que más cla amen e
se le podía o o ga una unción ecunda de cul u a: el juego agonal.
La de inición de Huizinga, según Caillois, eúne en un solo conjun o ca-
ac e ís icas di e sas, sin epa a p ime amen e en que dos de ellas son mu-
uamen e exclusi as: icción y egla (y po an o o igen de clasi icación) y,
segundo, en que, al elimina el in e és ma e ial del juego, se elimina ambién
un ipo de juegos: los de aza . F en e a es o, Caillois de ine la ac i idad lib e
y sepa ada del juego como eglamen ada o ic icia, dando luga es a p ime a
disyunción a los cua o ipos de juego ya desc i os, co espondien es a di e-
en es ins in os lúdicos.
Es p eciso discu i la acusación, que quizás es menos jus a de lo que pa-
ece. Cie amen e, Huizinga obse a el juego de modo uni a io e incluyen e
en cuan o a sus ca ac e es,
y
p i ilegia la compe ición como o igen de cul u-
a; sin emba go, su isión es lo su icien emen e ambigua pa a no se o al-
men e uní oca y pa cial. En e ec o, la unidad del juego lle a en su seno la
oscilación y la ambi alencia, la oposición y la ensión, lo cual pe mi e a Hui-
zinga habla de juegos agonales pe o ambién de juegos de aza , pues ambos
coinciden en
p oba
una decisión de ipo supe io , sag ada (la búsqueda ma-
e ial no es p ima ia en los juegos de aza , sino más bien el some imien o
a los designios inesc u ables -no ciegos- de la sue e o el, des ino62), co-
mo ambién, y den o de la misma ó bi a, conside a la mímesis como ac-
ción igu a i a, que en el caso de la poesía puede adop a la o ma de lucha
y ensión ac i a, pe o que puede p o oca simul áneamen e la posesión,
el abandono
y
el éx asis en poe a y oyen es63 (el é igo en e minología de
Caillois). Ac i idad y pasi idad se imb ican indisolublemen e en ambos
casos po el p opio y único mo imien o lúdico.
Po o o lado,
y
a la in e sa, la disyunción básica de Caillois no pa ece
del odo concluyen e. Deci que cuando se juega, po ejemplo, al ajed ez
( eglamen ado) se juega de e dad y no se hace «como si», iene una alidez
in e na pe o no global
y
en cuan o al p incipio mismo del juego, pues sigue
siendo «como si» el es o de nues a ida no con a a, «como si» ac uá amos
y luchá amos en un mundo cuad iculado, donde sus habi an es espe an nues-
as ó denes pa a el en en amien o.
Al mismo iempo, el simulac o iene ambién una egla, como econoce
62
J.
HUIZINGA,
op.
ci .,
pp.
99-101.
Zbid.,
pp.
144
y
157.
el p opio Caillois: man ene la ascinación en el espec ado ;
y
el é igo, en
el caso, po ejemplo, del chamanismo, es p oducido como esul ado de un
i ual p eciso
y
eglamen ado.
Huizinga se man iene en la ambigüedad p olí ica de la unidad lúdica, que,
po o a pa e, como denuncia Caillois, no cla i ica su icien emen e sus a-
ios sen idos, haciendo posible el desliz hacia uno de ellos silenciando el ol i-
do del es o. Caillois, al sepa a
y
o dena , es ablece una dis inción ígida
que pe mi e el en endimien o analí ico, y el des elamien o de la exis encia
de juegos des uc o es, pe o que hace di ícil, a pesa de la combina o ia, la
in eg ación dinámica
y
con lic i a del ai én lúdico.
Sea que el juego p ocede de una misma necesidad múl iple como piensa
Huizinga o de a ias necesidades o impulsos según la concepción de Caillois,
ambos au o es uel en a coincidi en pone de mani ies o que ese (os) impul-
so (S) equie e
(n),
exige (n)
comunidad.
El juego
e-úne.
La cons a ación
es un enómeno simple: juga es juga con algo
y
con alguien;
y
al ejecu a se
necesa iamen e así, la cons i ución lúdica, según el au o de
Homo Ludens,
sa is ace ideales de con i encia:
comunica
y
o ien a.
En ese sen ido, el
agon
es ealmen e pa adigmá ico, pues el ins in o de excede a los demás lle a,
como eso es necesa ios pa a su ejecución, el i mo, la al e nancia, la en-
sión an i é ica; ello p oduce o den y dinamismo en la comunidad que juega
y, en de ini i a, la unión po el en en amien o, enemis ad
y
unidad a la ez:
a monía. El juego cosmologiza, de ahí su ecundidad cul u al, ex ae Hui-
zinga. Po su lado, Caillois comp ueba cómo la enomenologia
y
sociología
de los juegos mues an que és os son consubs anciales a la colec i idad
y
su
cul u a: sus pode osos ins in os comunica i os c ean ins i uciones, cos um-
b es, cualidades y de ec os, es ilo, la o ien ación misma de la sociedad; de
ese modo la sociología de los juegos deja paso a una sociología a pa i de
los juegos. Comunicación
y
o ien ación son dos elemen os cla es en los jue-
gos. Dos elemen os cla es en los que epa an ambos au o es, de ahí su coin-
cidencia en de e mina la es uc u a lúdica de la cul u a. Veámoslo en aspec-
os esenciales de las dos ob as, que en su conjunción o ecen una isión
complemen ada.
Huizinga, al mos a el impulso lúdico como ene gía que asciende lo
dado, p odigalidad que supe a el mundo de la escasez ma e ial, conec a el
juego con el dominio de lo sag ado y con el de la es é ica. T a emos de com-
p ende lo po lo que se explici a, y po aquello a lo que da luga implíci a-
men e; en una palab a, in e p e emos el hecho. Las o mas uni e sales del
agon
y el espec áculo mimé ico ponen de mani ies o dicha conexión: es p e-
ciso ahonda en ese des elamien o. La lucha agonal eúne a con endien es
y espec ado es
y
eclama su
a-sis encia
pa a di igi se a una p ueba, p ueba
que exige la supe abundancia, el exceso, el gas o de ue za; la supe io idad,
en cuan o exceso máximo, o o ga la e icacia, es deci , la comunicación con
el á ea supe io
y
excesi a que de e mina el sen ido: el á ea de lo sag ado;