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Sobre unos versos de Hegel a su novia

Abstract

Valverde, José María

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Sobre unos versos de Hegel a su novia

Author: Valverde, José María
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1984
DOI: 10.5565/rev/enrahonar.1009
Source: https://ddd.uab.cat/pub/enrahonar/0211402Xn7-8/0211402Xn7-8p173.pdf
SOBRE UNOS VERSOS
DE
HEGEL
A
SU NOVIA
José
Ma ía
VALVERDE
Jocep Calsamiglia ue uno
-y
el mejo - de
los oyen es
y
comen ado es de cie a cha la que
di hace «un pa o es» de años, a p opósi o de
unos e sos dedicados po Hegel a su nouia: en
hono al ecue do siemp e p esen e de ese amigo
quie o ano a aquí, a la lige a, algunas de las co-
sas que dije, o pude deci , en aquella ocasión.
Empiezo po o ece el ex o del poema,
y
una
e sión
adhoc,
de pedes e li e alidad, con esan-
do que no he sabido eco da de dónde lo he sa-
cado -en odo caso, es e iden e que no pod ía
habe in en ado yo es e poema en pu o alemán
omán ico-: lo conse o copiado en las gua das
de un lib o sob e Hegel, pe o no lo he encon a-
do, po ejemplo, en la edición Suh kamp.
Y
ampoco ecue do aho a dónde he leído -no es-
á
en Lowi h ni en Kau mann- la inol idable
his o ia de cómo su gió es e poema: el ya cua en-
ón di ec o de
Gymnasz'um,
al p epa a su ma-
imonio con una muchacha de ein e años, no
pudo menos de «deduci lo» lógicamen e, dicien-
do, en una ca a a un amigo, que la muje es la
g an
Mz' le z'n,
la «mediado a» espec o a la eali-
dad. Ma ie, la p ome ida de Hegel, se en e ó de
aquella opinión,
y,
conscien e de su dignidad e-
menina e indi idual, se sin ió g a emen e o en-
dida po e se educida a un «momen o» dialéc-
ico
y
amenazó con abandona la p oyec ada bo-
da. (Mayo galan e ía me a ísica, es o es, mayo
espe o, mos a ía el Abel Ma ín machadiano
en su copla-pi opo:
«La muje
-
es el an e so
del
se ))).
Hegel, en onces, ecu ió a la única o ma
posible,
a
la poé ica, pa a p esen a sus excusas
y
da explicaciones: con éxi o, como es sabido.
Veamos los ex os:
AN
MARIE,
den
13.
ApnJ
1811
T i mi mi au Be geshohen,
eiss Dich on den Wolken los:
lass uns hie im Ae he s ehen,
in des Lich es a belosem Schoss.
Sieh den Al a hie au Be geshohen,
au dem Phonix in de Flamme s i b ,
um in ew'ge Jugend an angehen,
die i,hm seine Asche nu e wi b .
Au sich wa gekeh sein Sinnen,
ha e sich zu eigen es gespa ,
nun sol1 seines Daseins Punk ze innen,
und de Schme z des Op e s wa d ihm ha .
Abe ühlend ein unendlich S eben,
eib 's ihn übe sich hinaus:
mag die i dische Na u e beben,
üh e es in Flammen aus.
Fall so, enge Binden, die uns scheiden.
nu ein Op e is des He zens Lau :
mich zu Di , u mi Dich e wei en,
geh'in Feu' , was uns e einzel , au !
T i de Geis au eie Be geshohen,
e behal om Eignen nich s zu ück:
leb'ich, mich zu Di , Du Dich in mi zu sehen
so geniessen wi de Himmel Glück.
Y
aho a es a e sión me amen e auxilia :
Sube conmigo a cumb es de mon es,
desp énde e de las nubes:
quedémonos aquí en el é e ,
en el seno incolo o de la luz.
Mi a el al a aquí en cumb es de mon es,
en que el Fénix pe ece en las llamas,
pa a comenza en ju en ud e e na
que sólo le depa a
su
ceniza.
Hacia sí es aba uel o su pensa ;
si se lo había ese ado pa a posee se,
aho a ha de desga a el plin o de su exis i ,
y
el dolo del sac i icio se le ha hecho du o.
Pe o sin iendo un es ue zo in ini o,
eso le empuja más allá de sí:
po más que iemble la na u aleza e ena,
él lo lle a adelan e en llamas.
Caed así, es echos ínculos que nos sepa an,
la ca e a del co azón es sólo un sac i icio:
pa a ensancha me hacia i,
y
ú hacia mí,
ideshágase en uego lo que nos indi idualiza!
Si el Espí i u sube a lib es cumb es de mon es
no se ese a nada de lo p opio:
si i o yo pa a e me en i,
y
ú pa a e e en
mí,
dis u amos la dicha de los cielos.
La p ime a es o a encon a ía pocos años des-
pués una posible ilus ación pic ó ica:
El cami-
nan e sob e
el
ma de nubes,
de C.D. F ied ich.
Pe o con la g an di e encia de que Hegel pa e
del «dos» amo oso pa a llega al «uno» del con-
emplado ne eliba a
(Con
el
nzíme o Dos nace
la pena,
así acaba cie o sone o amo oso de Leo-
poldo Ma echal). El poe a- ilóso o se desp ende
aquí de las nubes como ompiendo un elo que
oda ía le e u ie a, pa a a as a a su a.mada a
lo más inde e minado, al «é e », can ado po
Holde lin, pu a luminosidad celes e,
y,
según la
ciencia aún eñida de
iYa u philosophie
omán-
ica, pa adsjico luido a la ez impalpable
y
sus-
en ado , que no desapa ece ía de la imagina-
ción has a poco más de medio siglo después, con
el expe imen o de Michelson-Mo ley. Acaso el
mejo e so de es e no muy inspi ado poema sea
el úl imo de la p ime a es o a:
in des Lich es
a belose Schoss,
«en el seno incolo o de la luz».
Y
aquí se me iene a la memo ia, po dialéc ica
no del odo hegeliana, el e e so complemen a-
io -an i omán ico, an iidealis a- de es e e -
so, en aquel o o de Unamuno, en
El C is o de
Velázquez
:
Ti iieblas es la luz donde hay luz sola
Aquí las cumb es, bíblicamen e, si en pa a
ele a un al a donde a da el sac i icio
-Ab aham-: pe o el se que a de es el Fénix,
aquella a e, en ejempla único, que sólo podía
mo i cuando se la odeaba de uego, pe o en-
onces pa a enace a con inuación de sus ceni-
zas. El Fénix hegeliano, cie amen e, es muy pe-
culia : se quema como dual pa a enace como
uni a io. «El Fénix Mu uo)): un amigo
y
colega se
eía mucho de ese nomb e de una emp esa de se-
gu os, una
con adzc io zn a4ec o
que yo no me
con encí de que no ue a in ención suya, has a
que la i con i mada con mis p opios ojos. Bajo
al denominación, esa a e, única po hipó esis,
end ía que se bicé ala, si es que no bico pó ea,
con las cabezas mi ándose amis osamen e, al e-
és que el águila aus ohúnga a -que, po cie -
o, como obse aba Musil, debía habe enido de
-
di e so amaño sus cabezas, la del impe io aus-
iaco
y
la de la mona quía húnga a
(&.u.&.
de
Kakania)
.
El Fénix hegeliano, «en el P incipio», no e a la
Palab a, sino la Idea, el Dios a pun o de comen-
za su g an enajenación, saludable a la la ga, co-
mo Hijo P ódigo de sí mismo, en la as a
Bil-
dungs oman
que -a a és de sus goe hianos
«años de pe eg inación» en Na u aleza
y
«años
de es udio» en Espí i u- culmina ía su «Vie nes
San o especula i o» en su Pascua inal de ple ii i-
cado eencuen o consigo mismo:
su
Pascua,
110
la nues a: alguien a icionado a los chis es malos
decía que el Dios de Hegel no es el Dios que nos
edime, sino el Dios que «nos hace la Pascua».
Ese Dios, inicialmen e sa is echo
y
abso o pen-
sándose a sí mismo, en cie o momen o. en el
p ime «momen o», pie de su unidad
y
se desga-
a - ambién en el iejo sen ido del muchacho
que se «desga aba», escapándose de su pad e
y
su casa. Es un desga ón dolo oso -aunque pa a
el Hegel sis emá ico, no an o el ju enil, ocu e
po pu a necesidad lógica-: Dios se queda si i
su concen ada unidad, su «condición de pun o»
- é mino és e que ya había apa ecido, sob e o-
do, en un alucinan e apun e de los llamados
Was ebooks
de Jena, que empieza así (en a-
ducción mía. a al a de o a):
Dios, habiéndose hecho Na u aleza, se ha ex-
endido en el esplendo
y
el mudo gi a de o -
maciones, se da cuen a de la expansion. de la
pe dida condición de pun o
(Pz1 2R zl li n j
p
se
encole iza po eso. La cóle a es esa o nació i,
ese concen a se en-el pun o acío.
[.
..]
Esa
có-
le a, en an o que
El
es ese sali ue a, es la des-
ucción de la Na u aleza
[.
.
.]
de o a
sus
o -
maciones, haciéndolas en a en
sí.
Todo ucs-
o eino ex enso debe pasa a a és de ese
pun o cen al: ues os miemb os quedan así
des ozados
y
ues a ca ne aplas ada
en
esa
luencia. La i a de Dios po
sí
nismo en su
O edad, el Luci e caído. aquí ijado, se ebela
con a Dios, y su belleza le hace a ogan e
...
Según es a ené ica isión, que pod ía se ilus-
ada con el -poco pos e io - Sa u no-C onos
de Goya, de o ando a sus hijos, en e1 o igen del
p oceso hubo un
big bang
me a ísico, el es alli-
do de un pun o in ini amen e denso, que lo i ía
o mando odo: en «expansión del Uni e so», se-
gún é minos de la ísica ac ual, pe o con su
cuen a
y
azón.
El homb e iene su e dade o
des ino en imi a ,
y
aun con ibui a ealiza en
cuan o «momen o» in ini esimal, ese eno me
p oceso eológico
y
lógico: lo cual equie e «des-
hace en uego lo que le indi idualiza» -según
es e poema,
y
aquí es donde Hegel, como an as
eces, in oduce un poco de as ucia pe sonal en-
e las «as ucias de la Razón», aho a pa a con en-
a a su p ome ida: los « ínculos que nos sepa-
an» caen, pa a «ensancha me hacia i.
y
ú hacia
mí». El Espí i u «no se ese a nada de lo
p opio»,
y
ese Espí i u es el pa adigma en que se
abso be el espí i u de cada cual. ¿Cuál es la mo-
aleja del poema: «Po el ma imonio hacia
Dios»?
Sí,
pe o más aún: nada es acional ni eal
sino en cuan o que es
ad maio em
Dei
g/o?-iam.
Lo malo es que, po muy abnegadamen e que
a imemos el homb o al inmenso desa ollo de la
di ina Idea, de noso os, al inal, no se aco da á
«ni Dios», (ni el Dios de Hegel, cla o).
. .
En odo
caso, Hegel
y
Ma ie se casa on
y
ue on elices.