DESEO
P eocupa se po la educación consis e, en
buena medida, en e lexiona sob e lo que
me ece se conse ado y, po an o, ans-
mi ido. Se ía ano e lexiona sob e la ela-
ción educa i a si no se de inen p e iamen e
el es a u o del educado
y
del educando. En
es e sen ido, el a o ismo a is o élico: «el hom-
b e desea po na u aleza sabe )), no nos dice
más que «el homb e desea po na u aleza
sa is ace su hamb e)) o «el homb e iene
po na u aleza ape i o sexual)); es deci , oda
undamen ación de las elaciones humanas
-la educa i a es, sin duda, una de ellas
y
no
p ecisamen e la peo - que se in en e de i-
a de necesidades na u ales, o zosamen e
en a á en colisión con las di e sas o mas
que exis en,
y
han exis ido, de sa is ace las.
Pe o esas o mas que coexis en en cada pe-
íodo his ó ico pa a sa is ace las necesida-
des na u ales son, a menudo, con apues as
y nos obligan, de nue o, a o mula la p e-
gun a inicial: iqué me ece se conse ado
y
ansmi ido?
La p egun a desbo da el ámbi o de lo po-
lí ico en la medida que su o mulación su ge
de las en añas de la sociedad
y
p esupone
una eleccción en e é minos conmensu a-
bles (iqué homb e ac ual, en en ado a una
in ección, escoge ía al b ujo en ez de los
an ibió icos?). Pe o si desde ese pun o de
is a la elección pa ece cla a, al examina la
desde o os no nos esul a an diá ana.
El homb e occiden al ha abandonado los
sabe es p e é i os po los nue os sabe es (a
la magia y al chamanismo po la ciencia),
pe o no ha a iado sus ancialmen e su ela-
ción con el sabe ; al con a io, cuan o más
pode oso se hacía el nue o sabe , más su-
cumbía an e él: más «c eía» en él.
Y
en es o
adica el impulso que pe mi e el e o no de
la b uje ía, de la magia, de la as ología, del
oscu an ismo en de ini i a, sin que se pe ci-
ba la con adicción con el sabe ac ual. El
desc eimien o no conduce o zosamen e al
escep icismo; al con a io, lle a a la acep a-
ción ac í ica de odo ipo de sabe , al caos.
El mundo que la ciencia y la ecnología ha-
bían c eado pa a p o ege al homb e de la
na u aleza, se o na an opaco
y
mis e ioso
como la misma na u aleza; la c ia u a de o-
a a sus p ogeni o es. Desde luego no se
puede esponsabiliza a la ciencia de al de-
saguisado, pe o sí a las ideologías
y
a los
hom ) es que pe mi ie on, que pe mi en, la
pe i encia de las iejas ac i udes; que no
supie on, o no quisie on, o ja los nue os
sis e nas de alo es que eque ían los nue-
os iempos, en de ini i a, que no ayuda on
a alumb a al nue o homb e.
Un epaso a las endencias en boga, desde
los aíios sesen a de es e siglo has a nues os
días, nos o ece un espec áculo cuando me-
nos so p enden e: el auge de los mis icis-
mos, el inc emen o de la demanda social de
soluc.iones i acionales. Es el acaso de la
ciencia como eligión, como nue a e; anun-
ciado ya en el acaso de la eligión según
Com e. El inc emen o de la in o mación, de
los medios de comunicación en e países y
cul u as, no ha podido acaba con el anal a-
be ismo mo al en los países ci ilizados. La
ciencia ha dispa ado sus p e ensiones y se ha
elegado a un papel secunda io en la o ma-
ción del nue o concep o de homb e, y pa a-
lelamen e, al hace se más inaccesible al pú-
blico medio, ha hecho el uego a las ue zas
que se le oponen.
La educación, las ins i uciones educa i as,
han sido íc imas de las ilusiones que, desde
el Renacimien o, han impe ado en la cul u-
a occiden al. La escuela se ha hecho eco de
la « e» en la ciencia y ha inoculado el i us
del op imismo del conocimien o cien í ico
en e los jó enes. Pe o, y po ello, ha hecho
del acaso la me a de oda educación. Po -
que la escuela o ece el espec áculo del mun-
do del conocimien o y les p ome e que él
sacia á su deseo; les p esen a un banque e
con al can idad de manja es que es imposi-
ble - oma los odos y cuando se ape cibe de
al imposibilidad, les condena a la igno an-
cia. El paso po .la escuela les deja aún peo
de lo que habían en ado, les deja esen idos
con a un sabe que se mues a o gulloso y
no puede menos que egocija se cuando no-
an cualquie debilidad o allo en él. La
ex-
ensión de la enseñanza ha sido, en es e sen-
ida, la ex ensión de la igno ancia y pa a
con ence se de ello bas a epasa las es a-
dís icas o iciales sob e el acaso escola en
los ni eles de enseñanza p ima ios, secun-
da ios y uni e si a ios. Así, la escuela,
al
o e-
ce un e o al cual nadie puede esponde , y
omi i cualquie o o alo que no sea la
inges ión de conocimien os, se cons i uye
en el p incipal cen o deseduca i o.
La ci ilización del especialis a, del écni-
co, de las pa celas del conocimien o (co e-
la o ineludible de la imposibilidad de sabe -
lo odo, que impone la escuela), nos een ía
al oscu an ismo y cuan o más a ancemos en
la exal ación de la especialidad y en el es e-
cho pa celismo in elec ual, más a anza e-
mos hacia el e o no al es ado de segunda
na u aleza que es el de la ci ilización deg a-
dada. Pe o si la ciencia
y
sus necesidades
in e nas se mues an ine icaces al in en a
o ganiza , incluso en su p o echo, la educa-
ción humana, debe emos apela a o os a-
lo es que, asumiendo el alo obje i o de la
ciencia, si an pa a cons i ui la guía ec o a
de la educación. De nue o ol emos al pun-
o inicial al a ibui la aíz del p oblema no a
la ciencia, sino a la e absolu a en ella.
La necesidad de absolu os, de c ee en
ellos, es analizada po F eud en un magis al
ensayo:
El male~ a
en
la cul a a.
En él F eud
a i ma el escaso pode que el conocimien o
cien í ico ha enido pa a la e o ma cul u al
de la humanidad,
y
asocia el apego o la nece-
sidad de absolu o con la si uación de pos a-
ción e inde ensión en que se encuen a el
niño y que le impele a demanda segu idad y
p o ección de sus pad es; sólo, pues, cuando
el adul o enga al niño que hay en el indi-
iduo, se pod á es a azonablemen e segu-
o de que los absolu os han dejado de se
ú iles. Así, al homb e con empo áneo se le
p esen a un e o aún más impo an e
y
deci-
si o que ence a la na u aleza: ence se a si
mismo. Que esa ba alla debe se lib ada, lo
pe cibimos al compa a la ob a desplegada
po la ciencia con un indi iduo en an o que
ob a de la humanidad. Si la lucha con a la
na u aleza iene algún signi icado es po que
en cada ba alla que se gana su ge la posibi-
lidad del indi iduo, del alo del indi iduo.
La elación en e educado
y
educando
se ía, en su pleni ud, la ba alla que se lib a
po el nacimien o del indi iduo; nacimien o
que sólo se puede auspicia y anuncia desde
las uinas del an iguo sis ema de alo es,
pues si has a aho a la máquina, me á o a del
sabe cien í ico
y
écnico, ha sido la p olon-
gación del homb e, en un u u o no lejano
puede se la imagen misma del homb e y al
igual que a Do ian G ey, a la humanidad
puede ho o iza le su p opio e a o.