NOTA SOBRE
EL
ORDEN PRECATEGORIAL
Y
CATEGORIAL DEL DISCURSO
(1)
Ri o imagina io ea al- ascendend (aumen o oca1 de una ca ego ía)
Joaquim
MARISTANY
(Homenaje c i ico a René Gi a d)
El obje o de es a pa e p ime a no es o o que
el medi a lib emen e sob e dos ascinaciones, al
pa ece con adic o ias, que, siendo ascinacio-
nes ambas, deben solda se.
1.
El ascenden al
es una pieza noble en iloso ía, una ca ego ía; se
pasea con di e en es os os a a és de la his o ia
bajo acepciones di e sas. Hoy nos dicen que el
ascenden al
ha mue o
y
así se p oclama mos-
ándolo cual jubiloso o eo: ca ego ía achada
( éase PH. D'ARCY en
e ledn,
1972).
2.
Un
au o , René Gi a d, a quien se ubica con descon-
cie o en los géne os mix os, ascina ambién en
es ob as que se suceden década as década; él
ha supues o pa a algunos en Eu opa, posible-
men e, uno de los más ue es impulsos cul u a-
les ecibidos de un con empo áneo. Li e almen e
R. Gi a d cancela la ca ego ización ilosó ica con-
sag ada eemplazándola po ca ego ías insóli as
-c ee él que son más p imi i as o explica i as-
ales cual
mimesis, doble, cniM sacn icial
(c isis
del o den i ual), e c.
l.
Me odeemos la di ícil ca ego ía
ascenden al.
Usualmen e e e imos esa ca ego ía al
co pus
kan iano. «Llamo ascenden al a odo conoci-
mien o que se ocupa no an o de los obje os co-
mo del modo de conoce los en cuan o es posible
ap io l.
El sis ema de ales concep os puede se
llamado iloso ía ascenden al» (C.R.P., A 12,
B 25). También nos dice Kan que solamen e
puede se cali icado como ascenden al el cono-
cimien o de que es as ep esen aciones no ienen
o igen empí ico
y
la posibilidad de que, a pesa
de ello, puedan e e i se
apno i
a obje os de ex-
pe iencia. Re lexiona, po an o, Kan sob e el
modo de conoce ( ascenden al o mal)
y
del co-
noce necesa io con apues o a empí ico. Remi-
iéndose al obje o (obje o ascenden al), más
allá de la si uación espacio- empo al, Kan lo
aboca a su noción de
noumenon
o «cosa en sí»
y,
a la ez, emi iéndolo al suje o (suje o ascen-
den al) d ma que el «yo pienso» no nos pe mi e
-él sólo- asi ealidad alguna. Con más p eci-
sión, el
yo ascenden alacompaña
a odas las e-
p esen aciones
y
no es suscep ible de se ep e-
sen ado. Podemos conclui -ob iando la discu-
sión de la iloso ía analí ica sob e el é mino
(c .
P.F. S awson en
Los lzjni es del sen ido)-
que
el
ascenden al
posee en Kan una sue e de la-
encia necesa ia, la en e pe o on al. El
ascen-
den al
es el p o agonis a ocul o -¿necesa ia-
men e ocul o?; muchos ilóso os pos e io es a
Kan p e ende án ap esa lo- del sis ema
y
¿po
qué no? de la «peculia » expe iencia kan iana del
conoce 1. Aquí, o sea, en la «peculia » mane a
de i i o a on a el
ac um
cognosci i o, p e io
al
quidiuns,
se cumpli ía en Kan aquello que
Be gson aplica a la génesis de cualquie -ca ego ía
en
L
'in ui ion philosophique:
lo indecible es di-
cho
y
alguna huella de lo no dicho eposa en lo
dicho (conocida limi ación o malis a del
as-
cenden al
kan iano, no po ópica menos e da-
de a).
Kan he edaba un é mino añejo ca gado ya
de his o ia. De los
ascenden ales
escolás icos
-aquellos a ibu os, indecibles aisladamen e
(p oblema de su dis inción), e e idos de lo eal
ya que sólo en Dios ienen cumplimien o
y,
ex-
p esando, no log an uni ocidad- podemos e-
mon a nos a Pla ón. Reco demos
El so is a
No
encon amos allí el é mino
ascenden al:
ya
que és e es la ino pe o sí su equi alencia en el e-
eno ón ico (nos hallamos en el ealismo
g iego). Pla ón pe sigue enazmen e los a ibu-
os comunes del
se ,
más allá de los a ibu os
pa icula es,
~oi a nepi na w
,
o los p ime-
os géne os,
npo a ye e
,
los géne os sup emos
de las cosas,
peyia a e e
(se , igualdad, di-
e encia o al e idad, eposo, mo imien o),
SOL,
254
a-d
El es ue zo pla ónico, en cie o modo,
acasa. Los a ibu os comunes se imb ican mu-
uamen e
y
no son ca ego izables: el
se
no es un
géne o.
C eo que debe des aca se al indecibili-
dad del
ascenden al
pla ónico, como, sal adas
las di e encias, epe i á A is ó eles en la
Me a i-
sica
y,
pos e io men e, desde di e sa pe spec i-
a, Tomás de Aquino
y
los g andes escolás icos.
Pla ón cons a a que el
se
es lo
mismo
y
lo
o o,
lo cual equi ale a aplica al se una p e oga i a
que c eíamos debe a Hegel: lo eal es á en sí
mismo
y
ue a de sí mismo. Vemos que, sin o -
cejeo excesi o, an o el
ascenden al
g iego
y
es-
colás ico como el
ascenden al
kan iano con ie-
san, uno en el o den ón ico
y
el o o en el gno-
1
Sob e la expe iencia del conoce subyacen e en la
C í i-
ca de la Razón Pu a,
éase la comunicación
Es abilidad e
ines abilidad de la e olución copemicana
(p imado del
a
p ion'
y
de la o ma, co ola ios
y
e lexiones sob e al p ima-
cía) en colabo ación con
PERE
MART~,
Segones Jomades de
Filoso a: Kan ,
Ba celona,
1981.
seológico, que lo más ino
y
hondo del pensa
y
del se se nos escapan, siendo su es uc u a es-
qui a -aquí mi ascinación p ime a- cons i u-
i a, sea del pensa , sea del se . (Véase como Zu-
bi i en
Sob e la esencia
o
G.
Ma in, in e p e an-
do a Kan , ela i izan las up u as en e los
as-
cenden ales
clásicos
y
mode nos). Cuando Hus-
se l, ab e iando siglos, insis a en las
in enciones
aciás
epe i á
lei mo i
ilosó ico, epe i á el
ascenden al.
Conside emos al
ascenden al
e icalmen e
-a isbamos lejanías, Di ino T ascenden e-, o
p e i amos una conside ación ho izon al
y
gno-
seológica, el esul ado es el mismo. El ascen-
den al
ma e ial
de los an iguos
y
el ascenden al
o mal
de Kan o Husse l cons a an una ausen-
cia, una ausencia expe imen able p e ia a oda
aducción o mal. Sólo quedaban dos posibili-
dades
y
las dos se in en a on: da un con enido
eal al
ascenden al
inmanen e de Kan o, sim-
plemen e, nega lo. C eo que los dos in en os,
po caminos an i é icos, pe siguen lo mismo: ne-
ga el escándalo acional
y
p e iamen e i al de
las «ausencias». Los dos in en os o u a on geo-
g a ías di e sas -ol ida alguna de ellas en be-
ne icio de la o a, como sucede en cie a iloso ía
ancesa ac ual, simpli ica ex ao dina iamen e
el p oblema. El idealismo alemán p e endió e-
llena la «ausencia» del
ascenden al
al o o ga le
una p opiedad que ni Pla ón ni Kan le o o ga-
on jamás. A i mó el idealismo que el ascen-
den al
p oduciá.
Véase el i ánico es ue zo de
Schelling en una ob a que i ula:
Sis ema del
idealismo ascenden al.
Que Hegel
y,
más a -
de, Maní o F eud (posiblemen e ía Schopen-
haue o Von Ha mann) culminan el p oyec o de
Fich e
y
Schelling -idealis a eliminación del
ascenden al-
no pa ece dudoso. Podemos, en
cambio, habla de una au oco ección en el úl i-
mo Schelling cuando cues ionó el p imado del
concep o
o
géne o
inclusi o de los
géne os
y
su-
pe ación del o den
ep esen a i o
-ope ación
és a que Hegel se a ibuye espec o a la an igua
ca ego ización g iega-; éanse las
Lecciones so-
b e la his o la de la íoso iá
(cap. «Pla ón
y
A is-
ó eles»). No ol idemos que el idealismo hege-
liano, al igual que los dos idealismos p eceden es
(Fich e
y
Schelling), hubo de ecu i a la au o-
gene ación de la ida di ina. Hegel pensó su
«posi i idad» en el en amado de la
Lógica
y
ambién en la
Enciclopedia.
A
Koy é ha desa o-
llado el p eceden e mís ico- eológico del idealis,.
mo en su in e esan e ob a sob e Bohme. K.
Lo-
wi h ha des acado la impo ancia de la «posi i i-
dad» eológica en Hegel
y
la he encia hegeliana,
así como su llama i a desapa ición, con la conse-
cuen e up u a del sis ema, en el con empo áneo
e o no a Hegel que Dil hey inicia
y
sigue A.
Koje e, e c. Ciñéndonos a Hegel dobla és e el
ema eológico o lo iden i ica, en cie o modo,
con un «pe dón de los pecados» o « econocimien-
o his ó ico» donde, e iden emen e, anidan
o os ing edien es socio-polí icos2; di ina
«ausencia», sin emba go, en con ag abado del
ascenden al.
Aludo aquí an sólo, e i ando odo desa ollo,
a la inci an e cues ión de cómo pudo da se, cuá-
les ue on sus eales condiciones de posibilidad o
complicidad del idealismo alemán como enó-
meno ác ico. S. Boulgako en la
T agedia de la
loso iá,
en la
Luz sin c epzísculó;
W.
Lossky en
su monumen al es udio sob e Eckha
y
la mís i-
ca alemana, así como los ilóso os eligiosos usos
de las pos ime ías de siglo
y
comienzos del ac-
ual se p egun a on, se ia
y
posi i amen e, sob e
el ema. U s on Bal hasa ha medi ado sob e
ello a lo la go de una ob a cohe en e que culmi-
na en su g an esco inacabado, la ilogía: Es é-
ica
(La
glo la y la c uz), Teod amá ica
y
Lógica.
A endamos al á ea ancesa. Deshaciéndose
con cie a b u alidad de las acilaciones de Hus-
se l -el deba ido ema de si el
yo ascenden al
e a
educible
o no
(In es igaciones lógicas, Ideas
1)-
y
ap o echando bas an e de F eud, aun
hos igándole, Sa e niega an o el ascenden al
o mal
como el ascenden al
ma e ial
en la
T as-
CendanCe de IJego3.
Con inúa
y
p enuncia así
Sa e una se ie in e minable de mue es: mue -
e de Dios, mue e del homb e -mue e del su-
je o
y
del
cogi o
y,
ob io en onces, «discu so del
AGUST~N
DE
&ANA,
Pe dón
y
concienciajdzgan e en la
«Fenomenologúl del Espíniuu de Hegel
( esis de licencia u-
a inédi a, Ba celona, 1979)
y
el p oyec o de esis doc o al:
Hegely los Fundamen os de la Economúl Poli ica
(65
pági-
nas en manusc i o inédi o, Ba celona, 1981).
3
Remi o a es es udios que ealicé sob e al en cla e sa -
iana: «La Fan asía en Sa e, F eud
y
Be gson~,
Con i-
uium,
1972; «La Con on ación Sa e-Ba aille . (implicacio-
nes di e sas de lo imagina io),
En ahona ,
1981;
Sa e en
el C culo Imaginano
(inédi o
y
en ías de publicación):
ein e p e o la ob a de Sa e a pa i de
L'Imaginai e
con-
on ándolo con no as de la esina de Sa e que se conse a
en los
A chi es Sa e
de Pa ís.
loco)). Los pensado es anceses no a i man en
modo alguno que el
ascenden al
sea ellenable
o
p oduc i o.
P e e i án nega lo
y,
en su nega-
ción, e i ican pa adójicamen e la ca a in e sa,
el sec e o úl imo de lo que niegan. Ya en Sa e
se epi e un e bo ancés muy signi ica i o al
espec o:
han e , Z e han é, han ise
(es a poseí-
do
-
Ü i
-).
El
ascenden al
ancés, su elimi-
nación, adqui i á p o ei o mes p esencias an as-
males. Sa e, Lacan, Ba aille, Foucaul o, más
ecien emen e, Se es hablan de
nean
(acepción
sa iana de imagen en endida és a como i eal),
lacune, ansg ession, epis eme, melange
o
b ui ,
e c. Es as ca ego ías de nue o cuño, aun
ecogiendo
y
o mulando incones é iles de lo
eal, no ob ienen la ni idez
y
anspa encia o -
males de ca ego ías más an iguas como la que
nos ocupa. La dimensión imagina i a o me a ó-
ica de sus o mulaciones, po una pa e, p i a
sob e la ca ego ización o mal. Po o a pa e, se
me an oja que sus es ue zos ma an su in en o
-me e ie o, na u almen e, a su «pa s des-
uens)) o ex apolado a- ya que no ad ie en
po p ecipi ados a anes «discon inuos» que los
é minos consag ados poseen eno mes i uali-
dades; no ad ie en, po ejemplo, que en
El So-
i a
y, enigmá icamen e, en
ElPoli ico,
en e ió
Pla ón con o a o mulación las posibilidades in-
e idas o e anescen es
y,
sin emba go, consis-
en es, sea del pensa sea del se . De o o modo,
p egun emos kan ianamen e, (cuáles son las
condiciones de posibilidad de que el homb e o el
signi ican e sean, en g an pa e, educibles a
i ealidad, llámese és a como se quie a? Me a e-
o a a i ma que ausencia obje i a o p esencia
an asmal son, más o menos, dos ca as de la mis-
ma moneda. E. Le inas, en su p ecioso lib o
To-
al é e In ini,
si úa muy bien el p oblema en el
a amien o que e ec úa de
L'au ui
y
I'Au e;
ce e amen e se e ie e Le inas al ex o ya in oca-
do de
El So is a.
La ealidad en el o den ón ico
y
en el o den gnoseológico es cons i u i amen e lo
mismo
y
lo
o o,
lo
uno
y
lo
o o
(dos pa es
que e eb an la ob a de Le inas). No caben
con iscaciones de una dimensión espec o a su
co ela i a.
2.
Es p eciamen e al ilo de ales cons a aciones
en el á ea ancesa del
ascenden al
donde p e-
endo yo asi mi segunda ascinación co ela i a:
René Gi a d. En
Mensonge oman ique e enjé
omanesque
(1961),
el au o nos b inda una a-
diog a ía cul u al de la mode nidad a pa i de
un b illan e excu so his ó ico sob e la no ela (gé-
ne o es e especí ico de la mode nidad al desha-
ce se la épica
y
ab i se en onces un acío de legi-
imidades). Resumo. El homb e mode no i e
en en e medad me a ísica, i e i oalmen e.
Cuando su
deseo
apun a hacia un obje o, en ea-
lidad apun a al obje o de su
i al,
siendo és e
mediacgn
del deseo. El
i al
-acen úa Gi a d
la espi al mediado a- es él ambién suje o de-
sean e, ya que la
mimesis
o igina ia se da siem-
p e en e suje os; llegamos así a la
mediación e-
cg oca
y
a la i ealización, po an o, doble
y
i-
ple del suje o, del obje o
y
de los dos suje os i-
ales
y
desean es al unísono. Se ía la go ehace
la diac onía o las icisi udes del
doble
que lee
Gi a d en la his o ia de la no ela, ag a ándose
más
y
más la en e medad me a ísica de la con-
ciencia. Gi a d ap o echa, en su es udio de los
clásicos de la no ela, suge encias de
Max
Schele
en
Elhomb e del esen imien o
y
del impo an e
y
discu ible lib o de D. de Rougemon ,
L
'amou
e
l'occiden .
Digamos, in e p e ando lib emen-
e a Gi a d, que lo
mismo
pla ónico, no log an-
do ubica lo
o o
de sí mismo po pa e alguna,
lo a despa amando en obsesi os agabundeos
po odas pa es. La búsqueda e abunda del de-
seo e i ica en R. Gi a d que la mue e cul ual-
cul u al del
ascenden al
obje i o, en su acep-
ción p ekan iana de eal (lo
o o),
compo a una
sue e de bas a día o pé dida de ealidad de lo
mismo.
A
és e enómeno lo cali ica Gi a d de
en e medad me a isica
o
doble
ísico; en e mo
en cuan o
dobh
y
me a ísico ya que su pe dida
es á su
physis.
No nos obs inemos demasiado
aquí en el escandaloso as ueque de é minos
consag ados como el é mino me a ísica en la es-
pecial óp ica de Gi a d. La
en e medadme a ú-i-
ca
se pa en iza, según el au o , en la icción, en-
endida és a como necesidad de i ealiza se; se
pa en iza la en e medad en la necesidad de
men i ,
Mensonge oman ique.
Gi a d e esuel-
o el con lic o de < al» icción -no de la icción
en gene al- a e ec os in eg a i os, en los g an-
des no elis as y, especialmen e, en quienes em-
piezan
y
acaban el g an cí culo de la no ela mo-
de na: Ce an es
y
Dos oie sky. Pa alelamen e
R. Gi a d en un es udio, diabólicamen e lúcido,
mos aba, median e análisis compa a i o, el des-
conocimien o p o undo de sí que e leja el ea o
sa iano,
A
p opos de J.P. Sa e, up u e e
c éa ion lz e ai e
(1967). Sa e, como él con ie-
sa de sí en
Les mo s
o en su au obiog a ía mimé-
ica,
L'idio e la amille,
se ía un a san e
-co ijamos- de a sa cuali a i a. Gi a d, en el
coloquio que siguió a su comunicación, dis in-
guió con cuidado en e a san es no cuali a i os,
a san es cuali a i os
y
clásicos. Es os úl imos ob-
ienen ango p eeminen e en Gi a d po que e-
conocen su p opio mal; acceden al an i omán ico
desengaño de los ojos de nues o Ce an es,
Ve-
dé
omanesque.
Dos p egun as p epa an, quizá,
a
es as al u-
as, un p ime solda se las dos ascinaciones que
mo i an la p ime a pa e de es a no a: ¿Cuáles
son las condiciones de posibilidad del
ascen-
den al,
de la «ausencia» como expe iencia ác ica
i e u able? ¿Cuáles son las condiciones de posi-
bilidad de
imagina
en cuan o al, «se o o sin
log a se lo»? En iendo, con Sa e, po
imagi-
na ,
an o el cap a imágenes como el p oduci -
las -i ealizándose p e iamen e de modo análo-
go a como debe i ealiza se quien con empla las
imágenes. Véase el clásico
L 'imag na e
comple-
ado con
Sain Gene comédien e ma y
y
o os
esc i os.
Mi a amien o de la. segunda ob a de R. Gi-
a d,
La
iolence e le sac e'
(1972) se á suma io
pa a no ala ga demasiado es a p ime a pa e.
Gi a d p osigue su indagación sob e la
mimes s
y
no espe a la di isión usual de los géne os es a-
blecidos. Asis imos a un co imien o del c í ico
li e a io ans o mado en e lexi o de da os p e-
ios a la icción li e a ia en su acepción mode na.
El au o pe sigue su ema po los de o e os del
mi o- i o, la agedia g iega, la e nología, el psi-
coanálisis o la mode na e ología en su úl imo li-
b o ecien emen e publicado. Los o ígenes es-
uc u ales de la
mimesis
son e o aídos a su lu-
ga o igina io, el
sac i icio,
y
al enmudecimien o
de ese luga , la
c z'sis sacn icial;
és a se ac ecien a
as la pé dida de igencia conscien e del o den
i ual (ajus amien o pa es- odo) -necesa io,
po o a pa e, en oda sociedad pa a su uncio-
namien o no mal. Recien emen e su úl imo li-
b o,
Des choses cachées depuis la onda ion du
monde
(1978), el au o oma en conside ación el
ema sac i icial
y
i ual en el judaísmo
y
c is ia-
nismo, el ema de la imagen o
mimesis
en ellos,
con adis inguiendo cuidadosamen e
mi o
y
e-
elación.
(Nos hallamos an e un in en o que
gua da cie as analogías con el del úl imo Sche-
lling.) No es udio aquí el con enido de la e ce a
ob a del au o
y,
una ez más, comen o lib e-
men e a Gi a d. Pla ón insis ía en que la eali-
dad se cons i uye median e el complemen o de
lo
mismo
y
lo
o o
(su noción de
mezcla).
Con
ello exp esaba Pla ón ca ego ialmen e el impo -
an e ema de la elación
pa es- odo
es udiado
en
La
Repziblica
a un ni el de dicu so
y,
apo é i-
camen e, en el
Pa ménides
y
Filebo,
median e la
elabo ación de un ni el ul e io de discu so:
pa -
icipación
de las
&as.
Las pa es son pa es en
cuan o miemb os del odo
y
pueden no se ellas
mismas negando lib emen e el odo. Aho a
bien, la posi i idad de la acción nega i a o des-
uc i a de la pa e le end á dada, pa adójica-
men e, desde la igencia in e ida del odo; ne-
ga se á algo así como un exis i pa ási o. El es u-
dio de la ealidad nega i a caza, así, el esqui o
pseudo
de
El So is a
y
el es udio del
no-se
ilu-
mina indi ec amen e el es udio del
se .
La medi-
ación sob e
El So is a
me pe mi e oma dis an-
cias
y
disc epa de la educción p ecipi ada que
hace Gi a d con Pla ón in e p e ando li e al-
men e la descali icación de la
mimesis
e ec uada
en
La
República.
Pienso, con a Gi a d, que
exis en en la ob a pla ónica los elemen os nece-
sa ios pa a una p odigiosa eo ía de la
mimesis
y
la icción. Me e ie o conc e amen e a es luga-
es es a égicos
:
La
Repziblica, El So is a
y
C a i-
lo.
La p o undización de es os ex os pe mi i ía
una ein e p e ación del du o a aque de Pla ón a
la icción ho ne o- ágica
y
pod ía se compa ible
-el asun o desg aciadamen e nos aleja ía dema-
siado- con la c í ica de Gi a d a Pla ón. (Gi a d
ap o echa en su es udio el p eceden e, bas an e
discu ible e ingenioso, de
J.
De ida,
La
Pha ma-
cia de Pla on).
La en e medad me a ísica coincide, según Gi-
a d, con el nacimien o mismo de la iloso ía en
cuan o supone és a una c isis del o den i ual,
iden i icable con la c isis del o den sac i icial e,
incluso, con los p ime os a a a es c í icos de la
agedia. Aun siendo Pla ón, como señala ce e-
amen e Gi a d, un au o pos sac i icial o pos i-
ual que in en a es au a un nue o o den polí i-
co -en al es au ación los mo i os ó ico-
pi agó icos, po o a pa e, pa ecen se cada día
más decisi os (S. Pe emen )-, Pla ón e i ica
la ampli ud de la hipó esis gi a diana, e i-
ica indi ec amen e (Rep.,
IIIy
X)
la gene alidad
de la hipó esis mimé ica; acen úa él con insis en-
cia (Rep.,
II y II/?
la solida idad alma-polis. La
polis, en e ma o sana,
y
el alma, sana o en e ma,
son pa a Pla ón sinónimos; nos encon amos en
ni eles es uc u ales elemen ales: pa es- odo o,
emá icamen e, mul iplicacidad-unidad no ex-
cluyen e~ (la pa icipación del Pa ménides)
.
Se á
la pa e, dislocada del odo, la que «en idia on-
ológicamen e»
y
enloquece en los mecanismos
mimé icos del deseo (Rep.,
IX
o Go gias). Ve i-
iquemos el enómeno en expe iencias de hoy
que es emece con empla en La Repzíblica
(A.
Koy é así lo e): ¿Qué sociedad ac ual se encuen-
a bien en su p opia piel?, o ¿qué pa e del con-
jun o no i e en Males a en la cul u a? No es di-
ícil ad e i cómo la insolida idad de la pa e
en e a su condición de al
y
en e al odo ( up-
u a de la di isión de abajo) desencadena me-
canismos mimé icos
y
iolen os que aducen los
imagina ios pe sonales
y
colec i os (en Pla ón,
La Repúbha, el mi o de Giges del lib o 11 o el
sueño p e eudiano del lib o IX).
Dos ascinaciones soldables
?
Demos un paso ul e io gene alizando más
aún la hipó esis sac i icial e incluyendo en ella
explíci amen e el &o
y
ambién el ea o siendo
ambos, i o
y
ea o, suscep ibles de una ci cula
inclusión en la mimesi . Rese ando jus i icación
más de allada en la segunda pa e de es a no a,
ap oximo -sólo ap oximo- pa alelamen e,
alejándome de Gi a d, i o
y
ascenden aí. (Re-
cué dese odo el apa ado p ime o sob e el as-
cenden al en cualquie a de sus di ecciones allí
es udiadas). La pa e no se esigna a se pa e, al-
e a la di isión de abajo (La Repzíblica)
y
desea
se odo. Aho a bien, siendo el odo inasible
( ascenden al), la pa e con inuamen e hi a.
Puede imi a sac i icialmen e, si en endemos la-
xamen e la noción de m'mesis, en el i o (léase el
p ecioso lib o de Cazeneu es, Sociologiá del i o
o S. Lé i
,
La doc ine du sacn ice dans les b aha-
manas, en e o os buenos lib os sob e el ema).
La pa e encuen a un ep esen an e o analogon
en la ú ima emisaG (noción cen al de Gi a d)
pa a su inculación con el odo. Jeammai e
y
o os han demos ado su icien emen e que la
agedia g iega nació a pa i del i o; el hé oe
ágico es la íc ima emi a ia -la espléndida ci -
cula idad de Edipo ey
y
Edipo en Colono- aun
cuando en los ágicos ya empiece a esqueb aja -
se el o den i ual
y
se inicie una c isis sacn icial o
nacimien o de la c í ica.
La
Republica in en a á
o o ajus amien o pa es- odo iniciando (Eu i-
ón) una p ime a Religión en los lz'mi es
de
la
simple azón, si bien el ajus amien o sigue sien-
do eligioso, el o ismo. La c í ica de ~ia ón (Ri-
coeu
,
Fini ud e culpabili é) puede bien consi-
de a se como una que ella domés icamen e
eligiosa. Si, dejando la con inuidad discon inua
agedia-o ismo, a endemos a la con inuidad
discon inua agedia- ea o, el ea o he eda a la
agedia, aunque e ele especialmen e el con lic-
o o, mejo , la lejanía, de las pa es en e al o-
do o de las pa es en e sí - abulosas posibilida-
des del «ac o »-. El ea o es un índice es a égi-
co en la obse ación con lic i a po su na u aleza
es uc u almen e mimé ica -de nue o el «ac o »
y
su complicidad con el «público»
y
el «pe sona-
je» que quie e ep esen a - o in e ida incula-
ción imagina ia de las pa es con el odo
y
po la
na u aleza agonal de esa inculación.
Sin di imi po aho a la di icul ad de las cau-
as ap oximaciones que amos e ec uando -ha-
b é de ecu i en la segunda pa e a una consi-
de ación más global
y
p ecisa sob e el o den p e-
ca ego ial
y
su elación con el o den ca ego ial-,
dibujo mínimamen e qué en iendo po i o. En-
iendo po do, acép ese a í ulo nominal, una
ep esen ación (mi o) jugada e, incluso, co -
po al-a ec i amen e jugada. El l o es una pa i-
cipación o, siguiendo mi e lexión, un luga sin
luga (a ópico) donde se es «o o de sí mismo» o
donde las dis inciones usuales: Dios-homb e-
na u aleza
y
homb e-sociedad pe manecen inde-
cisas. Aho a bien, el do, en igencia cul ual-
cul u al, « ealiza» o log a esa ope ación; el do,
sin igencia. la « ealiza en su no ealización», la
«imagina» en sen ido es ic o. C eo, po an o,
que la con inuidad en e el ea o po an ono-
masia, la agedia g iega,
y
el ea o en gene al
posee se ias azones a su a o de modo análogo
a las que mili an po la de i ación i o- agedia.
Pa icipación ealizada: &o o agedia, pa ici-
pación imi ada: ea o, poseen la ca ac e ís ica
común de posesión o, si se quie e, negación de
ex e io idad o al en e las pa es
y
el odo, nega-
ción de la ex e io idad de su con lic o. Digamos
en e pa én esis que la pa icipación o posesión
en cuan o ealizada o, simplemen e, imi ada,
aducen dos ó denes pa icipa i os: el o den
simbólico (pa icipación ealizada)
y
el o den
imagina io (pa icipación imi ada). Al menos, lo
dicho pa ece cie o en Pla ón, a iculándose así
en él la
mímeszj.
denig ada en
La
Repzíblzca
y
la
pa ic2;jación
alo adas del
Pa ménzdes.
(Pa a
meand os más icos
y
complejos sob e el mo i o
ea al léase el complejo desa ollo de U s on
Bal hasa consag ado a la cues ión
Teod amá z
cal
ol.
1).
¿Y
qué pensa de la iloso ía en cuan o nos
b inda una ca ego ía an o malizada como el
ascenden al?
A en u o una espues a p o isio-
nal
y
pa alela o pu amen e análoga (H. Gouhie
es udió ilosó icamen e la elación ea o- i-
loso ía:
Le hé2 e e l1em> ence
y
L'essence du
héa e).
Pensemos en el diálogo pla ónico, en
su mo imien o au o -lec o
y
el con enido de lo
leido: el diálogo «sus di e en es pe sonajes o i-
gu as de conciencia»; el diálogo «leído% p esen a
cu iosas analogías con el
do-mz o
y
su ci cula i-
dad. La comp ensión de los diálogos pla ónicos
en su escena io in e no, pe sonajes,
y
en su esce-
nog a ía in isible, au o -lec o ( esis de A. Koy-
é), pos ula una ans o mación el lec o . Vaya-
mos a o o ejemplo,
La
enomenologiiz del espí-
nPu
o, en gene al, el mo imien o que Hegel pi-
de
y
acili a, cuando in i a al lec o a ele a se de
la
conciencia
o la
au oconciencia,
ealiza una
sue e de i ual laico o sac i icio empí ico. Po ú1-
imo, nue o ejemplo o pa alelismo, Kan
y
mu-
chos más -Kan de modo especial- piensa que
la ep esen ación asciende a a i mación
nou-
ménica
sólo as los pos ulados é icos
y
lo que en
ellos subyace: la libe ad en eje cicio. Los es
ejemplos p opues os: Pla ón, Hegel, Kan , no
p e enden más que una incoac i a p esen ación
del p oblema.
Pongo in a es a p ime a pa e a en u ando
cua o hipó esis conclusi as pese a que sus enun-
ciados sean oda ía elíp icos, yux apues os cada
uno espec o al o o
y,
decididamen e, p o isio-
nales. P e endo, an sólo, « igu a » sin jus i ica-
ción p ecisa -se á el ema de la segunda pa e-
cómo en ende ía yo el p oblema eó ico
y
didác-
ico de a icula el o den p eca ego ial
y
ca ego-
ial. El
ascenden al
y
sus aledaños ea o
y
i o
no son sino un caso ejempla , de ango ejempla ,
de algo más as o.
Las hipó esis son las siguien es:
(A) El
ascenden al
« o mal»
y
«ma e ial» ca-
ego iza en discu so ilosó ico el pe enne as on-
do mí ico- i ual sin elimina lo. La con inuidad
y
ela i a au onomía epis emológica de es os dos
ó denes del discu so ha sido es udiada po Paul
Ricoeu en
La
mé apho e i e.
Los con empo á-
neos -es una especialidad mágica de
R.
Gi a d
y
R.
Caillois el mos a lo- jugamos cada día a
no a e e e a.
Nues o imagina io colec i o e-
pi e o pa odia los i os
y
es bueno que los epi a e
incluso que los pa odie, ¿qué ha ían las pa es
sin el odo? Juga se la ida po la idea
y
juga la
po una idea o al se á siemp e
elpa hos
de cual-
quie iloso ía ambiciosa, y, al p opio iempo, el
pa hos
incesan emen e eno ado de la colec i i-
dad -se ab e paso po los caminos que encuen-
a,
y
si no los encuen a, busca á las más abe-
an es salidas. El nominalismo o ep esen ación
no jugada, el escep icismo académico, po más
elegan es
y
coque os que puedan pa ece , no e-
cogen ni uno ni o o enómeno e, in e mi en e-
men e incluso, pie de el escep icismo su ca. ác e
ansaccional
;
exis e, elizmen e, la incohe en e
locu a de los cue dos.
(B) Si el
ascenden al
-así lo p ueban en ne-
ga i o los dos in en os mencionados de elimina-
ción, especialmen e el que emp endió el idealis-
mo alemán
y
de i aciones an genuinas de su de-
cadencia como F eud o Thomas Mann4- es á se-
llado o esc i o en nues a adical es uc u a, eci-
be un os o co ec i o o pleni ican e desde las
p emisas de la e elación judeo-c is iana. Pod á
habla se, pues, desde ales p emisas, de un
as-
cenden al' c is ol'ógico.
«Exis iendo en o ma de
Dios, no epu ó como bo ín (codiciable) se
igual a Dios, an es se anonadó, omando la o -
ma de sie o
y
haciéndose semejan e a los hom-
b es;
y
en la condición de homb e se humilló,
hecho obedien e has a la mue e
y
mue e de
c uz, po lo cual Dios le exal ó.
. .
>>
(Filz$enses
11).
El asun o ha ocupado a impo an es eólogos de
nues o iempo; ciñéndome a la con esión ca óli-
ca pienso en el clásico lib o de H. De Lubac,
Le suma u el.
Hagamos, sin emba go, es p eci-
siones:
*
AGUS~N
DE
ARANA
en
In ini o
y
/o
Fini o en
Tho-
mas
Mana
(inédi o
y
en
ías
de publicación).
l.
His ó icamen e, con cie a simpli icación,
el ascenden al judeo-c is iano se asoció con el
ema de la
imagen
(ELKOV)
y
semejanza
(d~oi
-
ooic
)
- e sión judeo-c is iana de la
pa icipa-
ción-
y
con la dualidad
imago- es igium,
in-
cluida la segunda en la p ime a -en es a duali-
dad se inse a la ob a admi able de mi maes o
Jaume Bo ill. Aho a bien, la
imagen
y
semejan-
za,
pa imonio común del c is ianismo p imi i-
o, se bi u ca á a pa i de San Agus ín en dos
di ecciones: la ina
y
g iega. La
imagen
agus inia-
na espejea á simul áneamen e la ida in e na de
Dios
y
la c eación insis iendo en la dis inción
es igium-imago,
imágenes que econocen o no
econocen conscien emen e su condición de a-
les. En la adición g iega, po el con a io, la
imagen
espejea an sólo el o den
económico
de
la Re elación: Enca nación
y
C eación -«a Dios
nadie le ha is o»; no espejea, en cambio, la ida
di ina, no insis e demasiado en la discon inui-
dad Enca nación
y
C eación -«C is o es el p i-
mogéni o de oda la c eación». La mís ica alema-
na he eda la segunda adición pe o no espe a el
lími e pa ís ico igu oso que limi a la ep esen-
a i idad de la ida di ina (di e en es a ados
pa ís icos
Con a Eunomius
que eanuda á pos-
e io men e la
eologúz nega i a
de Dionisio
Ae opagi a). Tan o la adición g iega como la
mís ica alemana a ende án a la semejanza
en
la desemejanza o, con más p ecisión, i i án la
ensión en e dos «es ados», el ema del «exilio»
(el idealismo alemán es he ede o de es a emá ica).
2.
Lo dicho me lle a a una ul e io conside a-
ción «pos c is iana» en sen ido cul u al. Ka l Lo-
wi h
y
U s on Bal hasa , eólogos
y
ilóso os a i-
sados ( ue on mencionados an e io men e), se
han p egun ado po el en ec uzamien o emá i-
co en e iloso ía
y
eología en el paso
« is-
iandad-pos c is iandad»; conc e amen e, han
es udiado ambos la apa ición
y
desapa ición del
o den «posi i o» o ep esen a i o de la Re ela-
ción judeo-c is iana en el idealismo alemán
y
su
anspa encia acional en el concep o. No me
p onuncio aquí sob e la posibilidad o i nposibili-
dad de al anspa encia concep ual. Sólo p e-
endo insis i , ol iendo hacia a ás, en el hecho
escue o de que el ascenden al g iego pe mi ió,
ía neopla ónica, la concep ualización del da o
posi i o
y
és e, a la in e sa, o eció su ma e ia
posi i a a la concep ualización del idealismo ale-
mán. Kan , en cambio, pe maneció disc e a-
men e en
La
Religión en los Izíni es de la simple
azón,
(Aunque no sea ácil di imi si la «simple
azón» aducía ambién una expe iencia eligio-
sa: el pie ismo p o es an e, de una de e minada
mane a o mulado).
3.
La nos algia o el exilio del
Tmcenden al
Cn? ológico,
p e iamen e a su ca ego ización
o mal
-analogia en is, analogia Cb is i-,
hunde sus aíces en el
humus
eclesial. ¿Qué
quie e deci es o? Más o menos lo siguien e:
a)
Se in eg al, ambiciosamen e in eg al aun a ies-
go de se achado de in eg ismo;
6)
que hunda
sus aíces en el cul o
y
la ascesis (equi alen es
judeo-c is ianos del
mi o
y
del
i o
-es a no a
pod ía se leída in eg almen e como un elogio o
modes o comen a io a la li u gia judeo-c is iana,
a sus implíci os-)
y
no salga de ellos en de a-
neos subje i os;
c)
que sopo e pacien emen e su
soledad cul u al -es a soledad, ya p e is a en
los Documen os undacionales, la
Escn' u a,
y
pu i icada in e namen e po la his o ia (no
po «agio namen os» e gonzan es), no pe mi e
ol ida sin emba go, que
cul o
se p olonga en
cul u a.
(C) Una a ención a la magní ica escuela socio-
lógica ancesa de Du kheim
y
Mauss puede se
pe ec amen e compa ible con (A)
y
(B). Debe-
ían ein e p e a se en onces ilosó ica
y
eológi-
camen e los discu sos sucesi os
y
complemen a-
ios de esa adición que p e ende se más socio-
lógica
y
an opológica que ilosó ica. Pienso en
ob as an se ias, inspi adas en o ien ación socio-
i ual, como las de Dumézil (ins i uciones oma-
nas), Ge ne -Ve nan (ins i uciones g iegas),
Duby, Foucaul , o el p opio Gi a d. Es os au o-
es, eligiendo cada uno de ellos un e i o io aco-
ado, en ce e amen e co elaciones o discu sos
ela i amen e ce ados o clausos en o no a los
dos-ins i uciones
y
a las ep esen aciones de esas
ins i uciones, las
ca ego úzs.
C eo que un es udio
ca ego ial con p e ensión de igencia, sea ilosó-
ica o eológica, no puede ya p escindi en la ac-
ualidad de ese espacio p eca ego ial. La p i a i-
zación del
ascenden al
es un asun o ela i a-
men e ecien e
de ac o
y
de iu e.
Se hace siem-
p e más e os'mil una conside ación es uc u al
y,
po an o, social e ins i ucional; máxime si,
como p en endemos, hemos de asocia
i o
y
ascenden al.
El hecho de que el a amien o
ins i ucional se doble en alguno de es os au o es
de un a amien o lingük ico,
pos ac um,
o
sea, supues o que ya se ha in en ado, nos pa ece
casi una ob iedad. ¿Qué o o ecu so cab ía, pa-
a a on a , po ejemplo, la sob ede e minación
de cualquie es udio sec o ial de las
ins i llcio-
nes,
an iguas e, incluso, mode nas, que el análi-
sis lingüís ico al
y
como Ben enis e, en e o os,
ealiza ( g. en
Le
ocabulai e des ins i ucions
indo-eu opéenne )
?
La pe spec i a es uc u al, además, pe mi e
emon a la es é il
y
simpli ican e dis inción
in aes mc u a-sup aes uc u a,
la cual conside a
especializadamen e lo que nunca se especializó,
conc e amen e las ins i uciones económicas; éa-
se, a í ulo de ejemplo, Geo ge Ba aille en
La
pa maudi e.
¿No hunde sus aíces ambién en
esa adición
sociológico-ins i ucional,
la Escuela
his o i~g ~ca de
Annales
en su espléndida in-
de inición epis emológica que algunos desea ían
<pu i ica » ma xianamen e
?
(P.
Ricoeu ha con-
sag ado ecien emen e di e sos cu sos en C.N.R.
sob e la elación en e el
eci de @ion
y
el
e-
ci bis o iog apbique
omando como base los
Annales).
(D)
El
ascenden al ma e kzl
u ón ico de los
g iegos
y
la escolás ica medie ales no siemp e
a endie on a los mo i os cul ual-cul u ales de
Alma del mundo
como luga p i ilegiado de la
ma e h
o el
cue po,
la dualidad
masculino- e-
menino,
el subyacimien o on ológico de
lospue-
blos.
(Sólo el idealismo alemán
-y,
pos e io -
men e, la iloso ía eligiosa usa epensando la
adición pa ís ica
y
Schelling- uel e en
la mode nidad al iejo ema del
Alma del mun-
do,
supues amen e supe ado po la cuan i ica-
ción cien í ica o la exclusi a a ención a la eali-
dad con ac ual de la sociedad.
La
ex e io idad
cuan i icado a
y
el
Con a o Social
siemp e se án
penúl imos en la hipó esis, cla o es á, de una
pe i encia del o den
mí ico-n' ud,
único su-
pues o de odo lo dicho. El ol ido de esa eali-
dad elemen al se i e día a día en
Males a de la
Cul u a
cues ionando oda ilusión iluminis a5.
3
AGUST~N
DE
ARANA
Y
JOAQU~N
MARISTANY,
Hegel o
Dos oie ski: la mue e cul u al de la nación
y
el E~ ado co-
mo es o,
comunicación p esen ada
al
coloquio in e nacio-
nal
De Communibus Radicibus Cbnj ianis Na ionum
Eu opeamm,
Roma, no iemb e,
1981
(publicación p óxi-
ma en
las
ac as
del
Cong eso).