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¿Es posible la filosofía de la religión?

Abstract

Sádaba, Javier

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¿Es posible la filosofía de la religión?

Author: Sádaba, Javier
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1981
DOI: 10.5565/rev/enrahonar.886
Source: https://ddd.uab.cat/pub/enrahonar/0211402Xn2/0211402Xn2p5.pdf
¿ES POSIBLE LA
FILOSOFÍA
DE LA
RELIGIÓN?
Ja ie
SÁDABA
De ás de las palab as ((Filoso ía de la
Religión)) se esconden no pocas di icul a-
des. Pasa emos lis a a algunas de ellas
y
es o
nos se i á pa a i de echos a nues o ema.
¿De qué iloso ía se a a? ¿De qué eli-
gión? Si un enomenólogo -imaginemos-
aplica la enomenología al mahome ismo o
un ilóso o anali ico de la p ime a ho a -si-
gamos imaginando- analiza el lenguaje de
los Nue , ambos, en p incipio, pa ece que
ha ían iloso ía de la eligión. En al caso, lo
único que queda cla o es la ampli ud que la
ase ((Filoso ía de la Religión)) con iene.
¿Es, po an o, cualquie ac i idad ilosó ica
sob e cualquie eligión Filoso ía de la Re-
ligión?
No malmen e, jus o es deci lo, ((Filoso-
ía de la Religión)) posee unos lími es más
es echos. La Filoso ía de la Religión se ía
una más en e las ((Filoso ías
de))
y
sabemos
que (( iloso ía de)) es el signo de una de e -
minada ac i ud ilosó ica. La de aquellos que
c een que lo undamen al del iloso a con-
sis e en el
análisis concep lal
y
dado que el
acceso a los concep os se ha ía, p imo dial-
men e, a a és de sus
exp esiones,
la iloso ía
de cualquie cosa no se ía sino la iloso ía
del lenguaje, de la é ica, de la ísica, de la
lógica o de lo que sea. Cada una de es as
iloso ías es udia á, de modo adje i o, sin
da sus ancia al campo que in es igue, qué
es lo que hace que al cosa sea é ica, biolo-
gía, sociedad e c. La (( iloso ia de» en suma,
se educe al es udio del lenguaje que usa la
ciencia o ac i idad en cues ión. Pasa, pues, a
se , un me alenguaje. Así, en mo al o é ica
po e e i nos a una ma e ia p óxima a la
eligión, se ha ia me aé ica
y
en nues o caso
lo que es a ía haciendo un ilóso o de la e-
ligión se ía me a eligión en el sen ido ex-
pues o.
El enomenólogo an es imaginado es u-
dian e del su ismo, po ejemplo, ha ia Filo-
so ía de la Religión
siemp e
y
cuando
al es u-
dio se lle a a a cabo en unción de un mejo
conocimien o
de la eligión. Dos obse acio-
nes son con enien es a es e espec o. La
p ime a es que el que es o esc ibe, al es a
más ce ca del ilóso o anali ico que del e-
nomenólogo
y
más del enomenólogo que
del escolás ico, ende á a hace
ln @o
de Fi-
loso ía de la Religión
y
no o o. La segunda
es que, dada la imposibilidad p ác ica de da
con una de inición uni e sal de eligión, el
que es o esc ibe poco habla á de los Nue
y
se cen a á en aquella o aquellas eligiones
que pe enecen a nues o ámbi o cul u al.
Y
es o nos lle a a o a de las di icul ades ini-
.-
ciales.
¿De dónde ex ae su ma e ial un ilóso o
de la eligión? ¿Dónde ha de ija se pa a
es ablece es e supues o conocimien o ace -
ca de la eligión? Nó ese que es as p egun-
as son dis in as a aquellas que ienen que
e con la jus i icación o no del conocimien-
o eligioso
y
que pe enecen al campo de la
epz's emologzá
-y
en la que en a emos más
adelan e-. Pues bien, el luga adecuado pa a
que
noso os
iloso emos sob e la eligión, es
aquel en donde és a se encuen a codi icada,
allí donde un cue po de especialis as se se-
g ega pa a undamen a las c eencias en
cues ión. Es ob io que pa a
noso os
al luga
es la eología
y
que la budología, po ejem-
plo, po in e esan e que sea, nos queda más
lejana.
La inde e minación espec o a cuán a
budología ha de sabe el ilóso o de la eli-
gión es á empa en ada con lo que an es diji-
mos ace ca de la eligión. Indudablemen e,
un acopio de his o ia de la eligión
y
de
an opología cul u al nada desp eciable se-
ía necesa io pa a que pudié amos ex ende
nues os concep os más allá de nues as li-
mi aciones cul u ales. Aho a bien, la p e-
gun a aquí es po qué el ilóso o de la eli-
gión ha de cen a se en las cons ucciones
eó icas
y
no en las mani es aciones espon-
áneas de la c eencia. Pues bien, po las mis-
mas azones que el ilóso o mo al -que no
el cien í ico mo al- no se ocupa an o de la
sicología o sociología mo al sino de la de-
ma cación del á ea é ica
y
de las di e sas
eo ías jus i ica o ias que la eco en.
O
de
una mane a más in ui i a: el ilóso o de la
ciencia no es udia
di ec amen e
el núcleo a ó-
mico o la pé dida de ene gía que libe an los
elec ones al sal a de ó bi a a ó bi a sino
los p oblemas que a añen al ipo de conoci-
mien o cien í ico, sus cambios, los c i e ios
de alidez, e c. Puede ocu i , no obs an e
lo dicho, que la elación en e c eencia
y
eología no enga la misma es uc u a que la
que se da en e el sen ido común
y
las cien-
cias empí icas más ep esen a i as -y de
hecho pienso que es dis in a- pe o eso ya
es o a cues ión en la que de momen o no
amos a en a .
Lo expues o has a el momen o espe o
que enga, al menos, la i ud de e i a cual-
quie simplismo. En nues a ma e ia se ía
una e dade a mons uosidad. Po o o lado,
nos pe mi i á pasa ya al núcleo de lo que
amos a deci . En p ime luga , nos e e i-
mos a dos pos u as ex emas en la concep-
ción de la Filoso ía de la Religión. Después
de c i ica las, expond emos nues él opinión
in e media. Finaiimc e, di emos algo es-
pec o a la Filoso ía de la Religión en un
sen ido menos académico y más aco de con
nues a si uación i al conc e a.
Sin mucha a i icialidad, se pod ía deci
que hay dos pos u as o endencias -desde
aho a endencia A y endencia B- en Filo-
so ía de la Religión. La una es sumamen e
p e enciosa. La o a a uina la Filoso ía de la
Religión. Pa a la p ime a odo es Filoso ía de
la Religión. Pa a la segunda nada es Filoso ía
de la Religión. Digamos, de en ada, que
ambas me pa ecen deso bi adas. Pe o pase-
mos ya a ellas.
Según A odo se ía Filoso ía de la Reli-
gión. Su a gumen ación, explíci a o implíci-
a, es la siguien e: la eligión es el ances o
de la Filoso ía. Es a no es sino una abs ac-
ción de aquélla (dicho hegelianamen e y sin
que ello implique de oción o seguimien o
de Hegel, la eligión exp esa ía en imágenes
la misma e dad que la iloso ía dice en con-
cep os). En ende , pues, la his o ia de la i-
loso ía es comp ende , p e iamen e, la his-
o ia de la eligión. Una e sión más so is i-
cada de la endencia A la encon amos en
aquellos sociólogos pa a los que la concien-
cia colec i a y el conjun o de ins i uciones
sociales son o un asun o de la eligión o la
eligión, sin más.
Y
una e sión más débil y
acep able de A es aquélla pa a la que la ilo-
so ía occiden al se comp ende de mane a
p i ilegiada si uno iene como ans ondo la
mi ología eligiosa que la sus en a. (Así, po
ejemplo, Feu bach quie e cons ui su nue-
a iloso ía pasando p ime o po una c í ica
eligiosa que obe a és a odo aquello que le
ha sido qui ado al homb e y que el ilóso o,
ingenuamen e, no hab ía hecho sino san-
ciona con
seudo acionalizaciones).
¿Qué deci de es o? La endencia A, y
como en seguida comen a emos, es en bas-
an es aspec os emp icamen e sos enible. Tie-
ne, no obs an e, algunos de ec os de bul o.
En p ime luga , amplía la noción de eli-
gión de al mane a que és a lo engulle odo.
Se hace muy di ícil sabe qué es lo
no
eligio-
so. En segundo luga , se p i ilegia el alo
explica i o de la eligión en de imen o de
o as ins ancias. La eligión es, sin duda, im-
po an e pe o se ía absu do educi odo a
la eligión. Tan a bi a io como educi odo,
po ejemplo, a la ecologia.
Pasemos ya a la segunda endencia, a la
endencia B. Según és a, no exis e la iloso-
ía de la eligión en sen ido es ic o. Nos
amos a ex ende un poco más que en A ya
que es una ac i ud con muchos
y
po en es
de enso es en nues os días. Su modo de a -
gumen a , además, e ela que enemos en
en e una ecien e
y
poblada concepción de
lo que es iloso a .
Y
comencemos señalan-
do que pa a
B
el suje o de examen no ha de
se alguna cues ión sob e la e dad o no de
los i ems
u
obje os undamen ales de la eli-
gión como es po ejemplo, el de la exis en-
cia de Dios. La cues ión, po el con a io,
es a ía en sabe si se da o no un discu so
eligioso que sea un discu so como los de-
más. Si no, es a íamos, más bien, an e un
pu o espejismo. De ahí que las p egun as
que se hacen en
B
engan es e ono: ¿hay
ealmen e conocimien o eligioso? ¿Cómo
unciona el lenguaje de la c eencia eligiosa?
¿En qué ni el se mue en los concep os de la
eligión?, ¿son au ónomos o pa ási os de o os
que ya no ienen que e con los p ime os?,
e cé e a.
Un buen núme o de ilóso os, una ez
que se han ace cado con el bis u í analí ico,
sacan una consecuencia nada alen ado a: no
hay posibilidad de da cuen a, zlos8 icamen e
hablando, del lenguaje del c eyen e y po
an o es imposible cualquie Filoso ía de la
Religión.
Y
es que la eligión no se ía an o
una c eencia ace ca de alguna si uación ác-
ica (y po an o e dade a o alsa en algún
g ado) sino que depende de la decisión de una
de e minada pe sona. De ahí que no se pue-
da es udia el lenguaje eligioso
sepa ado
de
las azones que los indi iduos dan pa a apo-
ya y jus i ica las decisiones adop adas po
ellos. Po eso, lo que sea la eligión o cómo
haya de
jus i ica sep econdiciona
ya
-y no a
la in e sa-
aquello
que acep a á la pe sona
en cues ión. Su in e p e ación a ec a decisi-
amen e su decisión de c ee o no c ee .
Como Hump y-Dump y, es á siemp e al ab i-
go de odo golpe po que su e eno es inal-
canzable. Dicho de o a mane a, el esquema
del c eyen e se ía ap oximadamen e és e: si
es o es eligión, en onces
c eo
es o.
Y
se su-
pone que al an eceden e de es e condicional
solo
puede llega el c eyen e (es ob a suya).
Más aún, si alguien llega a a comp ende de
e dad al c eyen e acaba ía i emisiblemen-
e siendo un c eyen e más.
Con inuemos con la exposición de la
endencia
B.
Si la
in e p e ación,
que una pe -
sona hace espec o a lo que c ee, no se pue-
de dis ingui su icien emen e de su misma
decisión
en onces el lenguaje eligioso es su-
mamen e especial, unciona de un modo ex-
año: sólo unciona ía
en elación a aquél
que
i e po medio de él. Po an o, si las a-
zones que la gen e da pa a adop a su e
sIlponen
ya cie as in e p e aciones, en onces
el análisis ilosó ico lo único que puede ha-
ce es limi a se a cons a a una inmensa a-
iedad de pun os de is a que'no ienen po
qué ene nada en común (unos a i ma án
que c een po que ienen a gumen os acio-
nales, o os po la au o idad i esis ible de
una pe sona, o os po la con ianza en sus
expe iencias in e nas, o os po que pu a y
simplemen e les da la gana y así se sien en
absolu amen e lib es, e c.). Lo que impo a
señala , en in, es que el ilóso o que in en a
p oba que el lenguaje eligioso unciona de
una de e minada mane a, nega á
necesa iamen e
que algunas de las azones de los c eyen es
sean las ap opiadas.
Pe o, ¿puede ealmen e hace es o el i-
lóso o? ¿Con qué c i e ios? El ilóso o, cie -
amen e, se encuen a sumido en un dilema
a enazado . Po un lado, no puede deci que
las azones
ap opiadas
pa a la c eencia son las
que
usan
los c eyen es pa a jus i ica la ya
que, como es ob io, no se sigue que los
c i e ios
impl ci os
de la c eencia sean los
mismos que el c eyen e explíci amen e a i -
ma. Po o o lado, ¿qué ocu i ía si el ilóso-
o die a sus p opias azones? Si se limi a a
ep oduci y endosa las azones del c eyen-
e no es un ilóso o sino un apologis a. Si las
niega hace de apologis a en sen ido in e so
ya que no puede apela a azón independien-
e alguna que es é po encima de las dis in-
as azones que dan los c eyen es. Es a es la
si uación.
Has a aquí las dos endencias que hemos
llamado A y
B
y que conside amos ex e-
mas. Las dos, sin emba go, ienen buenas
azones aunque no odas sus azones sean
buenas. Una ápida c i ica nos dis ancia á de
ambas y nos ayuda á, además, a si ua nues-
a pos u a. Comencemos po A. P ime o
con lo que es amos de acue do, después con
lo que es amos en desacue do. O o an o
ha emos, después, con
B.
La concepción según la cual
e e y hing
goes
en Filoso ía de la Religión amplía de al
mane a a és a que, como indicamos ya, al
inal la acaba sup imiendo. La Filoso ía de la
Religión es a ía an p esen e en cada uno de
los discu sos humanos que esul a ía inú il
habla de Filoso ía de la Religión en cuan o
al. Tan despa amada se encon a ía en o-
das las o mas del sabe que se con e i ía
en la sus ancia ocul a de los sabe es pe o en
insus ancia mani ies a de la eligión. A lo
sumo se pe mi i ía (según es a concepción),
ene una especie de cosmo isión en la que
se uni ica an los conocimien os desde una
pe spec i a úl ima eligiosa. La Filoso ía de
la Religión se ía así como la me a ísica a-
dicional. No hace al a que nos de engamos
en p oba lo insensa a que esul a ía al p o-
pues a. No sólo el ((espí i u de la época)) no
a po ahí sino que iene en con a a los
a ances de la epis emología, el lenguaje, la
an opología, e c., e c.
¿Cuáles se ían, no obs an e, las i udes
de A? Insinúa al menos algo que es muy
cie o:
mucho
del pensamien o y de la con-
duc a humana en nues a cul u a se en ien-
de
solo
si se iene una buena dosis de cono-
cimien os del suelo eligioso. Así, nociones
como la de iempo, his o ia, mediación,
ans o mación del mundo, sal ación, des-
ino, e c., si no son de o igen eligioso, ¿de
'
qué lo son? Decía Bo ges que se un homb e
cul o es semejan e a se un eólogo. Es una
mane a de esal a las i udes de A. Pe o
demos algún ejemplo pa a insis i más en
dichas i udes.
Supongamos que es his o iado es de la
iloso ía
-X,
Y,
Z-
quie en busca un hilo
conduc o ap opiado pa a en ende el de-
cu so que a de A is ó eles a nues os días.
X
escoge el componen e cien í ico-expe i-
men al de la ob a de la iloso ía a in es iga .
Y
se ija undamen almen e en la ac i ud o
pasión me a ísica
y
Z,
inalmen e, en sus es-
c i os sob e eligión. Las igu as ele an es
pa a
X
se án, en e o as, Demóc i o, A is-
b eles, Bacon, Kan , Russell, Ca nap, e c.
Y,
po su pa e, end á p esen es de modo
especial a Pla ón, Plo ino, San Agus ín, San-
o Tomás, Wol , Hegel, Heidegge e c.
2,
inalmen e, a Pla ón, Plo ino, San Agus ín,
San o Tomás (cu iosamen e los nomb es se
epi en), Hume, Vol ai e, Kan , Feu ebach,
Kie kegaa d, Nie szches, F eud, Wi gen-
s ein, e c.' ¿Quién de los es end ía una
idea más cabal ace ca de lo que ha sido y es
la his o ia de la iloso ía? Es e iden e que
Z
cuen a con an os mé i os como
X
o como
Y
e incluso con an os mé i os como
X
e
Y
jun os. De ahí que sea na u al a i ma que la
Filoso ía de la Religión (al ma gen del p o-
blema de su posibilidad in ínseca) ha de
ocupa se de los au o es ci ados
y
de las e-
laciones ele an es en e sus esc i os sob e
eligión y o os campos que, como el poli-
ic0 o el é ico, le son ce canos.
Es
ho a de es udia ya los de ec os y las
en ajas de la o a endencia, la
B.
Todos los
que compa en es a ex endida noción de i-
loso ía y eligión es án de acue do en lo
siguien e: la c eencia eligiosa es un enó-
meno an singula , o ma un juego de len-
guaje an p opio que quien no pa icipa en
él no lo en iende; ni es in e subje i o, po
an o, ni iene, un es a u o epis emológico
mínimo como pa a ocupa se de él. Nunca
nos enseña sus ca as, nunca nos da sus e-
glas. Y como el ilóso o no iene po qué
pa icipa en nada, lo mejo que puede ha-
'
Nos limi amos a lo que suele en ende se po iló-
so os. Ni que deci iene que nues a esis se sus en a-
ía aun más si u ié amos p esen es a los sociólogos.
ce es abs ene se
y
ol ida se de la eligión.
Sólo los cien í icos end ían algo que deci
desde sus pa icula es pa celas desc ip i as.
¿Qué deci de es o? Una ez más ayamos
con los de ec os
y
i udes.
Es muy poco lexible, desde luego, la
ac i ud que supone que uno ha de da cuen-
a del enómeno eligioso de la misma ma-
ne a que se ha de da cuen a de las c eencias
del sen ido común o de la ciencia. La eli-
gión, en cuan o que se a a de la más exage-
ada de las c eencias, se escapa al análisis
po encima incluso de la é ica o el a e. De
ahí no se sigue sin emba go que no haya
nada que analiza . Como mucho, se segui á
que es p ác icamen e imposible da con las
condiciones su icien es y necesa ias pa a
pode habla con p opiedad de c eencia eli-
giosa. Que hemos de se eno memen e p u-
den es y con en a nos con ap oximaciones
más o menos elices. Ya A is ó eles ad e a
en su
É ica a Nicómaco
que es una máxima
ineludible busca en cada cosa la ce eza
p opo cional. Po o a pa e, la endencia
B
es p obable que no haga jus icia ni a la ilo-
so ía ni a la eligión. Tan o de una como de
o a iene una noción bas an e es echa y
pa cial. Es lógico, insis imos, pensa que pa a
que haya iloso ía,
y
ambién pa a que haya
eligión, es una condición necesa ia que
haya algunos concep os analizables al modo
habi ual. Pe o no es, desde luego, una con-
dición su icien e. Recu amos de nue o a
un ejemplo.
Fijémonos en la idea de ((sal o)) eligioso
kie kegaa diana.
El
sal o, la ecupe ación del
ins an e, la e e nidad, la absolu ización de la
elección, e c., pueden sona a absu do a un
ilóso o de la endencia
B.
Kie kegaa d no
lo nega ía. La sus ancia de la eligión es
-pa a é1- el absu do, la pa adoja y no o a
cosa. Lo que se en iende, lo ácil, se ía, pa a
el kie kegaa diano, lo i ial e inin e esan e
que siemp e iene una po encial espues a a
mano. En es e pun o, el ilóso o B puede
deci adiós
y
acha de i acional a odo el
que piense como Kie kegaa d. Pe o es o es
injus o. Y es que pa a conoce a Kie kegaa d
no es su icien e analiza el lenguaje de és e
y
despacha lo como absu do (en un sen ido
de absu do bien dis in o al absu do de Kie -
kegaa d) po el hecho de que no se con o -
me al sac osan o Lenguaje O dina io o no
sa is aga los p incipios de una de e minada
lógica o mal. Si el ilóso o B u ie a azón,
Kie kegaa d se ía un comple o idio a. Pa e-
ce en onces que es más azonable a güi con
el
modas ollens,
«no es un idio a, luego, se
con unde el ilóso o BH. Recue da es o a lo
que decía Wi gens ein del sal aje in e p e-
ado po el an opólogo adicional: ¡Qué
di ícil es que los homb es, excep uados los
an opólogos, sean an imbéciles!
Cuando uno se hace con el con ex o en
el que se insc ibe la ob a kie kegaa diana,
sus echazos del sis ema hegeliano, de la
é ica uni e sal del buen ciudadano y pad e
de amilia, e c., nos encon amos con que el
ilóso o
B
ma a de la siguien e mane a: lo
que él llama conocimien o es o
no
lo niega
Kie kegaa d y lo que el ilóso o
B
niega es o
no
es conocimien o pa a Kie kegaa d. Tie-
nen alo aciones dis in as, ac i udes an e la
ida di e en es. Siendo es o así, lo p oce-
den e no es dedica se a con ecciona áciles
lis as de inconsis encias (además, es o es muy
abu ido), sino que lo in e esan e se ía cons-
a a cómo alo an unos y o os aquello que
no
se puede conoce .
Y
es o nos lle a a las
i udes de
B.
La c í ica del conocimien o es un paso
indispensable pa a sabe qué es lo que
no
po-
demos conoce . Po eso la c í ica concep-
ual,
y
po an o, del lenguaje es equisi o
p e io o «noche oscu a)) de quienquie a que
haga iloso ía a la al u a de su iempo. Mu-
cha de la con usión gene ada po ilóso os o
eólogos iene su aíz en la al a de espe o a
esa legenda ia di isión en e lo que es cono-
cimien o empí ico y aquellas ((ilusiones de
la azón)) que sin se conocimien o en el
sen ido habi ual de la palab a pueden, no
obs an e, ecoge el conjun o de anhelos, el
ho izon e de las p eocupaciones que suele
e ique a se como ((sen ido de la ida)). La
Filoso ía de la Religión, pues, sí equie e la
p opedeú ica de la iloso ía analí ica de B.
Llegamos así a la e ce a pa e de nues-
o abajo. Después de lo dicho es ácil adi-
ina que cons ui emos nues a pos u a po-
si i a siguiendo los pasos de lo expues o
p eceden emen e. Si mi amos hacia a ás,
con iene no a lo, e emos que hemos a an-
zado bas an e. Así, hemos is o cómo ha-
b ía que sali de un plan eamien o es é il
an o po oma se muy en se io a los c eyen-
es como po oma se se isimamen e el pa-
pel e apéu ico de la iloso ía. Los p ime os
-los c eyen es- ((pasan)) de Fiioso ía de la
Religión (pa a los ca ólicos, es posible po -
que se ha hecho ealidad lo posiblejpa a los
lu e anos, es imposible po que se ha hecho
ealidad lo imposible)
Po eligiosos.
Los se-
gundos ((pasan)) de Filoso ía de la Religión
po FiZóso os2.
Unos
y
o os, como imos,
anscenden alizan en exceso. Noso os,
desde la
exis encia misma
de la c eencia eli-
giosa como una más, pe o más in ensa, de
las c eencias que gene a el homb e, amos a
da ya dos ca ac e ís icas que han de acsm-
paña a lo que conside amos que puede se
una Filoso ía de la Religión. Son las siguien-
es:
a)
la Filoso ía de la Religión ha de es a
en pe manen e au ocues ionami~n o
y
b)
ha
de p olonga se
in e disciplina iamen e.
Co-
mencemos con la p ime a de es as ca ac e-
ís icas.
Es cie o que oda ciencia o in es iga-
ción que se p ecie de al, y que no es é a ec-
ada del euma dogmá ico, es, po p incipio,
p o isional. La Filoso ía de la Religión, po
su pa e, iene mo i os pa a se lo
mucho más.
Lo es, en p ime luga y como lo hemos
indicado ya, po la misma na u aleza de la
c eencia eligiosa. Es a, como expec a i a y
p oyección que no encuen a an e sí sino los
hechos mudos del mundo, iene oda la mo-
ilidad de lo simbólico, se hace impe mea-
ble a las con aa gumen aciones lógico-em--
pí icas y cuando se conside a llena de con e-
nido es á p on a a cae en las mayo es ulga-
idades.
Es, pues, ((po esencia)), p o isional. Po
eso ambién sus me amo osis suelen oma
una elocidad y unas o mas de lo más so -
p enden es. Hume y Feue bach (po ci a
dos ejemplos de ilóso os de p ocedencias
Hay una mane a simple de obliga a odo el mun-
do a hace Filoso ía de la Religión. Consis e és a en
u iliza el dilema cons uc i o de A is ó eles. Según
és e pod íamos azona así:
O
hay que hace Filoso ía
de la Religión o no hay que hace Filoso ía de la Reli-
gión. Si lo p ime o, en onces se hace Filoso ía de la
Religión. Si lo segundo, en onces hay que hace Filoso-
ía de la Religión pa a demos a que no se puede hace
Filoso ía de la Religión. Un au o , al menos, Blacks o-
ne, esuel e así el p oblema.

dis in as) en endie on muy bien el asun o.
Si la eligión es aquella ac i idad con la que
más ue emen e se (( i a de las o ejas el
homb e pa a ele a se del suelo)), c eando
así esa imp esión de es abilidad y sos eni-
mien o, base de las cons ucciones ideoló-
gicas humanas, en onces la in es igación de
la c eencia eligiosa es un auxilia iniguala-
ble pa a conoce la génesis
y
mu aciones de
aquellas
nociones básicas
que uncionan como
sopo e de la é ica, del de echo, de la poli i-
ca y de oda la iloso ía en gene al. La au o-
conciencia del homb e end ía una an esala
en el conocimien o de la eligión. Se ía la
an esala, al menos, de p egun as ales como
po qué la é ica occiden al se ha basado de
una u o a mane a -como dice Ho khei-
me - en la eligión o po qué se han as-
pasado al Es ado los magni icados a ibu os
que en o o momen o poseyó Dios, o po
qué el mono eísmo e ue za y codi ica la
idea de azón uni e sal, clausu ada, incapaz
de con empla al e na i a alguna ue a de
ella, o po qué la idea de p og eso en un
iempo his ó ico sal i ico o po qué se nos
ha escamo eado la noción de mal, e c. e c.
La c eencia eligiosa, en in, al despega -
se de al mane a de lo que usualmen e lla-
mamos conocimien o (pocos hab án en en-
dido mejo ese despegue a ni el de compo -
amien o gene al de la c eencia que Wi -
gens ein en sus lecciones sob e la c eencia
eligiosa) oma igu as di e sas
y
has a con-
apues as. Un ilóso o de la eligión lo me-
nos que ha de se , po an o, es con iado.
Es a á más ce ca de la desespe ación que de
la segu idad an e un obje o an escu idizo
en e al cual se encuen a muchas eces
ine me y o as en ado de cae en el ácil
expedien e de op a po c i e ios ígidos que
de una ez po odas esuel an y anulen el
p oblema.
Si unimos a lo dicho la inde e minación
de oda (( iloso ía de» (po la simple y con-
incen e azón de que cada uno iene su
p opia idea de lo que es iloso a ) se ha á
cla o que la Filoso ía de la Religión es una
a ea -in e esan e a ea si , duda- esba-
ladiza, ondada po el desalien o y, sob e
odo, p o isional.
La p ime a ca ac e ís ica, de la de la p o-
isionalidad máxima, nos lle a lógicamen e
a la segunda; la Filoso ía de la Religión ha
de
nu i se y es a imp egnada de o os conoci-
mien os. De la eligión se pod ía deci la in-
e sa de lo que Quine dice de la lógica. Es a
lo in adi ía odo. Pues bien, a la eligién
odo la in ade (y es o po su p opia na u a-
leza ines able). Po eso, la an opología
cul u al y social se á, de modo especial, de
una ayuda ex ao dina ia. Nos mos a á, po
ejemplo, cómo en o as es uc u as sociales
la eligión iene una se ie de unciones que,
cuando menos, exci a án nues a imagina-
ción occiden al.
Y,
desde un pun o de is a
más ambicioso, se i á pa a ela i iza nues-
os concep os, ompe los
y
así amplia los.
O o an o debe íamos deci de la his o ia
de las eligiones3, y ya den o de las eligio-
nes cul u almen e ce canas el es udia de su
lenguaje ( an o coloquial como so is icado)
es imp escindible. Finalmen e, la 6 h y la
iloso ía polí ica han de encon a se empa-
en adas con la Filoso ía de la Religión.
Pa
pone un ejemplo ápido.
El
Con a o So-
cial y la Ilus ación, desgajadas de la eli-
gión, se pa ece ían a un cuad a de Chagall al
que se le ha qui ado el colo .
En amos ya en la cua a
y
úl ima pa e.
Se á la más b e e. Has a el momen o he ha-
blado de una Filoss ía de la Religión con
halo académico. Pe o, ¿qué deci de los mi-
os, cos umb es, modas,
e i als,
cue as e-
ligiones de odos los días
y,
sob e odo, de
nues os días? ¿Cómo se sien e el ilóso o de
la eligión in e pelado po ales hechos?
Y
es que, en nues o mundo co idiano, de la
calle, y en el mundo más en a ado de la
ciencia suenan oces que abogan po o as
adiciones, po una ecupe ación de la mi-
ología, de la mís ica y un epudio de una
azón ca cela ia que odo lo ni ele.
Den o del
impasse
c ecien e y d amá ico
que i imos (no quisie a cae en la alacia de
deci que el iempo más impo an e que se
i e es el p esen e po que ((p esen e)) aun-
que iene
un s gn$cado
ijo cambia de
e e en-
Ap o echo la ocasión pa a deci que me pa ece
ep ochable que en los planes de es udio de nues as
uni e sidades no se incluya la His o ia de las Religiones.
cia
según a quien se aplique. No obs an e de
noso os hemos de habla y no de o os)
se ía una en ación el e o no de los b ujos.
Cie amen e, se ía una en ación.
Y
es que
el e o no pu o y simple de los b ujos, la
i encia mecánica de una magia y un encan-
o pasados, no es de espe a que enga mu-
cho de in e esan e a no se po lo que iene
de sin omá ico. Sí lo iene, sin emba go, la
ecupe ación his ó ica de cie as cla es de
nues a cul u a. La memo ia de lo pe dido.
Así, po ejemplo, en un mundo mono-
lí ico, mono eís a, de discu so ce ado, es
saludable -y es lo menos que se puede de-
ci - la c í ica p o unda que supone el ene
p esen es, con oda su in ensidad, mane as
de e el mundo que no ienen po qué com-
plemen a se. Todo lo con a io: son al e -
na i as eales en el sen ido de que ela i i-
zan aquello que suele man ene se in ocado
y úl imo. Pone al mismo ni el uni e sos de
discu so dis in os y que pod ían e igi se en
guías con los mismos de echos -el cien í-
ico, el eligioso, el mágico, e c.- y con em-
pla con descon ianza las
nociones básicas
de
« ealidad», ((in eligibilidad))
...
e c. no pue-
de se , epi amos, sino saludable.
En un mundo con símbolos pob es, que
emi en de o ma aquí ica, la Filoso ía de la
Religión ambién puede cumpli una mi-
sión: e alo iza lo simbólico -y ya más
aco de con nues as mane as, lo poé ico y lo
a ís ico- lo plu i o me, lo imagina i o
y
ma ginal. El homb e p o oca i amen e eli-
gioso pod ía con a se en e aquellos que
Glucksmann llama «los menos se ido es
del Es ado)) y en los que cab ía ci a alguna
espe anza en un mundo menos medioc e y
c uel. Llenos de gene alidades y abs ac-
ción, con la impo encia de los indi iduos
asmu ada en un pode acío, omnipo en-
e, y dominado , la ei indicación co po al,
dionísiaca, la ei indicación del goce es am-
bién una de las a eas de la Filoso ía de la
Religión. Como Heidegge cuando p egun-
aba: «pa a qué poe as)), noso os podemos
epe i ((pa a qué ilóso os de la eligión)).
Y
con es a ambién que pa a segui eco -
dando lo que se quie e ol ida , pa a nega -
nos a las icciones anquilizado as, pa a
man ene nos i os.
En es e pun o, más de uno pod ía obje-
a de la siguien e mane a. O odo lo que de-
cimos es una cues ión pu amen e e bal, es o
es, es amos llamando eligión a lo que o os
llaman poesía, a e o lo que sea, o es una
cues ión eal, y
ealmen e
ambién se pod ía
p oba que la misión que encomeTidamos a
la Filoso ía de la Religión la cumplen mu-
cho mejo
y
sin con usiones adicionales la
poesía, el a e o lo que sea. Pues bien, si es
una cues ión e bal, en onces la dispu a es
i ele an e. El asun o no a de palab as. Lla-
memos a las cosas lo que que amos siemp e
que es o no aiga pé didas inú iles.
Y
si la
cues ión es empí ica, en onces es á po p o-
ba que la poesía, el a e o lo que sea cumple
con lo que en es e abajo hemos enido
p oclamando. Si así ue a, la Filoso ía de la
Religión es a ía de más pe o dudo que al-
guien nos demues e que ese campo es á bien
cubie o po o as a es o ciencias. Has a
que no nos con enzan podemos -y has a
debemos- hace Filoso ía de la Religión.
Acabamos ya. La Filoso ía de la Religión,
además de se ú il desde el pun o de is a de
la e icacia cien í ica, al y como lo imos
más adelan e, iene un dinamismo especial.
E a el dinamismo de lo so e ado, de lo e-
p imido que uel e y e uel e, de lo enaje-
nado que puja po su a monía pe dida, de lo
oscu o que nos pone en gua dia con a la
simplicidad de los mediodías. Rompe así
unos lími es
siemp e cues ionables.
Es o es am-
bién Filoso ía de la Religión. Su posibilidad,
en es e caso, es á ue a de la u ina de las
aulas. Como esc ibía Oma Khayyam la eo-
logía se ha ía no en la Academia sino en la
abe na y con ino. T aducido a nues o caso:
una Filoso ía de la Religión empeñada en
de ende nos de las apa iencias y de la impo-
sición machacona de e el mundo
solo
de
una mane a ha de alinea se en e los des-
con en os an e lo que se nos o ece
y
con las
expec a i as an e algo desconocido y en
cuan o desconocido ambién abie o a la
desespe ación. Sumidos en la p egun a. Así,
al ez hagamos una ez más de conciencia
desg aciada. No impo a. Po que como de-
cía R. Bul mann no hay peo eología que
aquella que se hace sin sabe que se hace.