scieee Open visual document viewer

¿Es posible la filosofía de la religión?

Sádaba, Javier

Abstract

Sádaba, Javier

Full text

¿ES POSIBLE LA FILOSOFÍA DE LA RELIGIÓN? Ja ie SÁDABA De ás de las palab as ((Filoso ía de la Religión)) se esconden no pocas di icul a- des. Pasa emos lis a a algunas de ellas y es o nos se i á pa a i de echos a nues o ema. ¿De qué iloso ía se a a? ¿De qué eli- gión? Si un enomenólogo -imaginemos- aplica la enomenología al mahome ismo o un ilóso o anali ico de la p ime a ho a -si- gamos imaginando- analiza el lenguaje de los Nue , ambos, en p incipio, pa ece que ha ían iloso ía de la eligión. En al caso, lo único que queda cla o es la ampli ud que la ase ((Filoso ía de la Religión)) con iene. ¿Es, po an o, cualquie ac i idad ilosó ica sob e cualquie eligión Filoso ía de la Re- ligión? No malmen e, jus o es deci lo, ((Filoso- ía de la Religión)) posee unos lími es más es echos. La Filoso ía de la Religión se ía una más en e las ((Filoso ías de)) y sabemos que (( iloso ía de)) es el signo de una de e - minada ac i ud ilosó ica. La de aquellos que c een que lo undamen al del iloso a con- sis e en el análisis concep lal y dado que el acceso a los concep os se ha ía, p imo dial- men e, a a és de sus exp esiones, la iloso ía de cualquie cosa no se ía sino la iloso ía del lenguaje, de la é ica, de la ísica, de la lógica o de lo que sea. Cada una de es as iloso ías es udia á, de modo adje i o, sin da sus ancia al campo que in es igue, qué es lo que hace que al cosa sea é ica, biolo- gía, sociedad e c. La (( iloso ia de» en suma, se educe al es udio del lenguaje que usa la ciencia o ac i idad en cues ión. Pasa, pues, a se , un me alenguaje. Así, en mo al o é ica po e e i nos a una ma e ia p óxima a la eligión, se ha ia me aé ica y en nues o caso lo que es a ía haciendo un ilóso o de la e- ligión se ía me a eligión en el sen ido ex- pues o. El enomenólogo an es imaginado es u- dian e del su ismo, po ejemplo, ha ia Filo- so ía de la Religión siemp e y cuando al es u- dio se lle a a a cabo en unción de un mejo conocimien o de la eligión. Dos obse acio- nes son con enien es a es e espec o. La p ime a es que el que es o esc ibe, al es a más ce ca del ilóso o anali ico que del e- nomenólogo y más del enomenólogo que del escolás ico, ende á a hace ln @o de Fi- loso ía de la Religión y no o o. La segunda es que, dada la imposibilidad p ác ica de da con una de inición uni e sal de eligión, el que es o esc ibe poco habla á de los Nue y se cen a á en aquella o aquellas eligiones que pe enecen a nues o ámbi o cul u al. Y es o nos lle a a o a de las di icul ades ini- .- ciales. ¿De dónde ex ae su ma e ial un ilóso o de la eligión? ¿Dónde ha de ija se pa a es ablece es e supues o conocimien o ace - ca de la eligión? Nó ese que es as p egun- as son dis in as a aquellas que ienen que e con la jus i icación o no del conocimien- o eligioso y que pe enecen al campo de la epz's emologzá -y en la que en a emos más adelan e-. Pues bien, el luga adecuado pa a que noso os iloso emos sob e la eligión, es aquel en donde és a se encuen a codi icada, allí donde un cue po de especialis as se se- g ega pa a undamen a las c eencias en cues ión. Es ob io que pa a noso os al luga es la eología y que la budología, po ejem- plo, po in e esan e que sea, nos queda más lejana. La inde e minación espec o a cuán a budología ha de sabe el ilóso o de la eli- gión es á empa en ada con lo que an es diji- mos ace ca de la eligión. Indudablemen e, un acopio de his o ia de la eligión y de an opología cul u al nada desp eciable se- ía necesa io pa a que pudié amos ex ende nues os concep os más allá de nues as li- mi aciones cul u ales. Aho a bien, la p e- gun a aquí es po qué el ilóso o de la eli- gión ha de cen a se en las cons ucciones eó icas y no en las mani es aciones espon- áneas de la c eencia. Pues bien, po las mis- mas azones que el ilóso o mo al -que no el cien í ico mo al- no se ocupa an o de la sicología o sociología mo al sino de la de- ma cación del á ea é ica y de las di e sas eo ías jus i ica o ias que la eco en. O de una mane a más in ui i a: el ilóso o de la ciencia no es udia di ec amen e el núcleo a ó- mico o la pé dida de ene gía que libe an los elec ones al sal a de ó bi a a ó bi a sino los p oblemas que a añen al ipo de conoci- mien o cien í ico, sus cambios, los c i e ios de alidez, e c. Puede ocu i , no obs an e lo dicho, que la elación en e c eencia y eología no enga la misma es uc u a que la que se da en e el sen ido común y las cien- cias empí icas más ep esen a i as -y de hecho pienso que es dis in a- pe o eso ya es o a cues ión en la que de momen o no amos a en a . Lo expues o has a el momen o espe o que enga, al menos, la i ud de e i a cual- quie simplismo. En nues a ma e ia se ía una e dade a mons uosidad. Po o o lado, nos pe mi i á pasa ya al núcleo de lo que amos a deci . En p ime luga , nos e e i- mos a dos pos u as ex emas en la concep- ción de la Filoso ía de la Religión. Después de c i ica las, expond emos nues él opinión in e media. Finaiimc e, di emos algo es- pec o a la Filoso ía de la Religión en un sen ido menos académico y más aco de con nues a si uación i al conc e a. Sin mucha a i icialidad, se pod ía deci que hay dos pos u as o endencias -desde aho a endencia A y endencia B- en Filo- so ía de la Religión. La una es sumamen e p e enciosa. La o a a uina la Filoso ía de la Religión. Pa a la p ime a odo es Filoso ía de la Religión. Pa a la segunda nada es Filoso ía de la Religión. Digamos, de en ada, que ambas me pa ecen deso bi adas. Pe o pase- mos ya a ellas. Según A odo se ía Filoso ía de la Reli- gión. Su a gumen ación, explíci a o implíci- a, es la siguien e: la eligión es el ances o de la Filoso ía. Es a no es sino una abs ac- ción de aquélla (dicho hegelianamen e y sin que ello implique de oción o seguimien o de Hegel, la eligión exp esa ía en imágenes la misma e dad que la iloso ía dice en con- cep os). En ende , pues, la his o ia de la i- loso ía es comp ende , p e iamen e, la his- o ia de la eligión. Una e sión más so is i- cada de la endencia A la encon amos en aquellos sociólogos pa a los que la concien- cia colec i a y el conjun o de ins i uciones sociales son o un asun o de la eligión o la eligión, sin más. Y una e sión más débil y acep able de A es aquélla pa a la que la ilo- so ía occiden al se comp ende de mane a p i ilegiada si uno iene como ans ondo la mi ología eligiosa que la sus en a. (Así, po ejemplo, Feu bach quie e cons ui su nue- a iloso ía pasando p ime o po una c í ica eligiosa que obe a és a odo aquello que le ha sido qui ado al homb e y que el ilóso o, ingenuamen e, no hab ía hecho sino san- ciona con seudo acionalizaciones). ¿Qué deci de es o? La endencia A, y como en seguida comen a emos, es en bas- an es aspec os emp icamen e sos enible. Tie- ne, no obs an e, algunos de ec os de bul o. En p ime luga , amplía la noción de eli- gión de al mane a que és a lo engulle odo. Se hace muy di ícil sabe qué es lo no eligio- so. En segundo luga , se p i ilegia el alo explica i o de la eligión en de imen o de o as ins ancias. La eligión es, sin duda, im- po an e pe o se ía absu do educi odo a la eligión. Tan a bi a io como educi odo, po ejemplo, a la ecologia. Pasemos ya a la segunda endencia, a la endencia B. Según és a, no exis e la iloso- ía de la eligión en sen ido es ic o. Nos amos a ex ende un poco más que en A ya que es una ac i ud con muchos y po en es de enso es en nues os días. Su modo de a - gumen a , además, e ela que enemos en en e una ecien e y poblada concepción de lo que es iloso a . Y comencemos señalan- do que pa a B el suje o de examen no ha de se alguna cues ión sob e la e dad o no de los i ems u obje os undamen ales de la eli- gión como es po ejemplo, el de la exis en- cia de Dios. La cues ión, po el con a io, es a ía en sabe si se da o no un discu so eligioso que sea un discu so como los de- más. Si no, es a íamos, más bien, an e un pu o espejismo. De ahí que las p egun as que se hacen en B engan es e ono: ¿hay ealmen e conocimien o eligioso? ¿Cómo unciona el lenguaje de la c eencia eligiosa? ¿En qué ni el se mue en los concep os de la eligión?, ¿son au ónomos o pa ási os de o os que ya no ienen que e con los p ime os?, e cé e a. Un buen núme o de ilóso os, una ez que se han ace cado con el bis u í analí ico, sacan una consecuencia nada alen ado a: no hay posibilidad de da cuen a, zlos8 icamen e hablando, del lenguaje del c eyen e y po an o es imposible cualquie Filoso ía de la Religión. Y es que la eligión no se ía an o una c eencia ace ca de alguna si uación ác- ica (y po an o e dade a o alsa en algún g ado) sino que depende de la decisión de una de e minada pe sona. De ahí que no se pue- da es udia el lenguaje eligioso sepa ado de las azones que los indi iduos dan pa a apo- ya y jus i ica las decisiones adop adas po ellos. Po eso, lo que sea la eligión o cómo haya de jus i ica sep econdiciona ya -y no a la in e sa- aquello que acep a á la pe sona en cues ión. Su in e p e ación a ec a decisi- amen e su decisión de c ee o no c ee . Como Hump y-Dump y, es á siemp e al ab i- go de odo golpe po que su e eno es inal- canzable. Dicho de o a mane a, el esquema del c eyen e se ía ap oximadamen e és e: si es o es eligión, en onces c eo es o. Y se su- pone que al an eceden e de es e condicional solo puede llega el c eyen e (es ob a suya). Más aún, si alguien llega a a comp ende de e dad al c eyen e acaba ía i emisiblemen- e siendo un c eyen e más. Con inuemos con la exposición de la endencia B. Si la in e p e ación, que una pe - sona hace espec o a lo que c ee, no se pue- de dis ingui su icien emen e de su misma decisión en onces el lenguaje eligioso es su- mamen e especial, unciona de un modo ex- año: sólo unciona ía en elación a aquél que i e po medio de él. Po an o, si las a- zones que la gen e da pa a adop a su e sIlponen ya cie as in e p e aciones, en onces el análisis ilosó ico lo único que puede ha- ce es limi a se a cons a a una inmensa a- iedad de pun os de is a que'no ienen po qué ene nada en común (unos a i ma án que c een po que ienen a gumen os acio- nales, o os po la au o idad i esis ible de una pe sona, o os po la con ianza en sus expe iencias in e nas, o os po que pu a y simplemen e les da la gana y así se sien en absolu amen e lib es, e c.). Lo que impo a señala , en in, es que el ilóso o que in en a p oba que el lenguaje eligioso unciona de una de e minada mane a, nega á necesa iamen e que algunas de las azones de los c eyen es sean las ap opiadas. Pe o, ¿puede ealmen e hace es o el i- lóso o? ¿Con qué c i e ios? El ilóso o, cie - amen e, se encuen a sumido en un dilema a enazado . Po un lado, no puede deci que las azones ap opiadas pa a la c eencia son las que usan los c eyen es pa a jus i ica la ya que, como es ob io, no se sigue que los c i e ios impl ci os de la c eencia sean los mismos que el c eyen e explíci amen e a i - ma. Po o o lado, ¿qué ocu i ía si el ilóso- o die a sus p opias azones? Si se limi a a ep oduci y endosa las azones del c eyen- e no es un ilóso o sino un apologis a. Si las niega hace de apologis a en sen ido in e so ya que no puede apela a azón independien- e alguna que es é po encima de las dis in- as azones que dan los c eyen es. Es a es la si uación. Has a aquí las dos endencias que hemos llamado A y B y que conside amos ex e- mas. Las dos, sin emba go, ienen buenas azones aunque no odas sus azones sean buenas. Una ápida c i ica nos dis ancia á de ambas y nos ayuda á, además, a si ua nues- a pos u a. Comencemos po A. P ime o con lo que es amos de acue do, después con lo que es amos en desacue do. O o an o ha emos, después, con B. La concepción según la cual e e y hing goes en Filoso ía de la Religión amplía de al mane a a és a que, como indicamos ya, al inal la acaba sup imiendo. La Filoso ía de la Religión es a ía an p esen e en cada uno de los discu sos humanos que esul a ía inú il habla de Filoso ía de la Religión en cuan o al. Tan despa amada se encon a ía en o- das las o mas del sabe que se con e i ía en la sus ancia ocul a de los sabe es pe o en insus ancia mani ies a de la eligión. A lo sumo se pe mi i ía (según es a concepción), ene una especie de cosmo isión en la que se uni ica an los conocimien os desde una pe spec i a úl ima eligiosa. La Filoso ía de la Religión se ía así como la me a ísica a- dicional. No hace al a que nos de engamos en p oba lo insensa a que esul a ía al p o- pues a. No sólo el ((espí i u de la época)) no a po ahí sino que iene en con a a los a ances de la epis emología, el lenguaje, la an opología, e c., e c. ¿Cuáles se ían, no obs an e, las i udes de A? Insinúa al menos algo que es muy cie o: mucho del pensamien o y de la con- duc a humana en nues a cul u a se en ien- de solo si se iene una buena dosis de cono- cimien os del suelo eligioso. Así, nociones como la de iempo, his o ia, mediación, ans o mación del mundo, sal ación, des- ino, e c., si no son de o igen eligioso, ¿de ' qué lo son? Decía Bo ges que se un homb e cul o es semejan e a se un eólogo. Es una mane a de esal a las i udes de A. Pe o demos algún ejemplo pa a insis i más en dichas i udes. Supongamos que es his o iado es de la iloso ía -X, Y, Z- quie en busca un hilo conduc o ap opiado pa a en ende el de- cu so que a de A is ó eles a nues os días. X escoge el componen e cien í ico-expe i- men al de la ob a de la iloso ía a in es iga . Y se ija undamen almen e en la ac i ud o pasión me a ísica y Z, inalmen e, en sus es- c i os sob e eligión. Las igu as ele an es pa a X se án, en e o as, Demóc i o, A is- b eles, Bacon, Kan , Russell, Ca nap, e c. Y, po su pa e, end á p esen es de modo especial a Pla ón, Plo ino, San Agus ín, San- o Tomás, Wol , Hegel, Heidegge e c. 2, inalmen e, a Pla ón, Plo ino, San Agus ín, San o Tomás (cu iosamen e los nomb es se epi en), Hume, Vol ai e, Kan , Feu ebach, Kie kegaa d, Nie szches, F eud, Wi gen- s ein, e c.' ¿Quién de los es end ía una idea más cabal ace ca de lo que ha sido y es la his o ia de la iloso ía? Es e iden e que Z cuen a con an os mé i os como X o como Y e incluso con an os mé i os como X e Y jun os. De ahí que sea na u al a i ma que la Filoso ía de la Religión (al ma gen del p o- blema de su posibilidad in ínseca) ha de ocupa se de los au o es ci ados y de las e- laciones ele an es en e sus esc i os sob e eligión y o os campos que, como el poli- ic0 o el é ico, le son ce canos. Es ho a de es udia ya los de ec os y las en ajas de la o a endencia, la B. Todos los que compa en es a ex endida noción de i- loso ía y eligión es án de acue do en lo siguien e: la c eencia eligiosa es un enó- meno an singula , o ma un juego de len- guaje an p opio que quien no pa icipa en él no lo en iende; ni es in e subje i o, po an o, ni iene, un es a u o epis emológico mínimo como pa a ocupa se de él. Nunca nos enseña sus ca as, nunca nos da sus e- glas. Y como el ilóso o no iene po qué pa icipa en nada, lo mejo que puede ha- ' Nos limi amos a lo que suele en ende se po iló- so os. Ni que deci iene que nues a esis se sus en a- ía aun más si u ié amos p esen es a los sociólogos. ce es abs ene se y ol ida se de la eligión. Sólo los cien í icos end ían algo que deci desde sus pa icula es pa celas desc ip i as. ¿Qué deci de es o? Una ez más ayamos con los de ec os y i udes. Es muy poco lexible, desde luego, la ac i ud que supone que uno ha de da cuen- a del enómeno eligioso de la misma ma- ne a que se ha de da cuen a de las c eencias del sen ido común o de la ciencia. La eli- gión, en cuan o que se a a de la más exage- ada de las c eencias, se escapa al análisis po encima incluso de la é ica o el a e. De ahí no se sigue sin emba go que no haya nada que analiza . Como mucho, se segui á que es p ác icamen e imposible da con las condiciones su icien es y necesa ias pa a pode habla con p opiedad de c eencia eli- giosa. Que hemos de se eno memen e p u- den es y con en a nos con ap oximaciones más o menos elices. Ya A is ó eles ad e a en su É ica a Nicómaco que es una máxima ineludible busca en cada cosa la ce eza p opo cional. Po o a pa e, la endencia B es p obable que no haga jus icia ni a la ilo- so ía ni a la eligión. Tan o de una como de o a iene una noción bas an e es echa y pa cial. Es lógico, insis imos, pensa que pa a que haya iloso ía, y ambién pa a que haya eligión, es una condición necesa ia que haya algunos concep os analizables al modo habi ual. Pe o no es, desde luego, una con- dición su icien e. Recu amos de nue o a un ejemplo. Fijémonos en la idea de ((sal o)) eligioso kie kegaa diana. El sal o, la ecupe ación del ins an e, la e e nidad, la absolu ización de la elección, e c., pueden sona a absu do a un ilóso o de la endencia B. Kie kegaa d no lo nega ía. La sus ancia de la eligión es -pa a é1- el absu do, la pa adoja y no o a cosa. Lo que se en iende, lo ácil, se ía, pa a el kie kegaa diano, lo i ial e inin e esan e que siemp e iene una po encial espues a a mano. En es e pun o, el ilóso o B puede deci adiós y acha de i acional a odo el que piense como Kie kegaa d. Pe o es o es injus o. Y es que pa a conoce a Kie kegaa d no es su icien e analiza el lenguaje de és e y despacha lo como absu do (en un sen ido de absu do bien dis in o al absu do de Kie - kegaa d) po el hecho de que no se con o - me al sac osan o Lenguaje O dina io o no sa is aga los p incipios de una de e minada lógica o mal. Si el ilóso o B u ie a azón, Kie kegaa d se ía un comple o idio a. Pa e- ce en onces que es más azonable a güi con el modas ollens, «no es un idio a, luego, se con unde el ilóso o BH. Recue da es o a lo que decía Wi gens ein del sal aje in e p e- ado po el an opólogo adicional: ¡Qué di ícil es que los homb es, excep uados los an opólogos, sean an imbéciles! Cuando uno se hace con el con ex o en el que se insc ibe la ob a kie kegaa diana, sus echazos del sis ema hegeliano, de la é ica uni e sal del buen ciudadano y pad e de amilia, e c., nos encon amos con que el ilóso o B ma a de la siguien e mane a: lo que él llama conocimien o es o no lo niega Kie kegaa d y lo que el ilóso o B niega es o no es conocimien o pa a Kie kegaa d. Tie- nen alo aciones dis in as, ac i udes an e la ida di e en es. Siendo es o así, lo p oce- den e no es dedica se a con ecciona áciles lis as de inconsis encias (además, es o es muy abu ido), sino que lo in e esan e se ía cons- a a cómo alo an unos y o os aquello que no se puede conoce . Y es o nos lle a a las i udes de B. La c í ica del conocimien o es un paso indispensable pa a sabe qué es lo que no po- demos conoce . Po eso la c í ica concep- ual, y po an o, del lenguaje es equisi o p e io o «noche oscu a)) de quienquie a que haga iloso ía a la al u a de su iempo. Mu- cha de la con usión gene ada po ilóso os o eólogos iene su aíz en la al a de espe o a esa legenda ia di isión en e lo que es cono- cimien o empí ico y aquellas ((ilusiones de la azón)) que sin se conocimien o en el sen ido habi ual de la palab a pueden, no obs an e, ecoge el conjun o de anhelos, el ho izon e de las p eocupaciones que suele e ique a se como ((sen ido de la ida)). La Filoso ía de la Religión, pues, sí equie e la p opedeú ica de la iloso ía analí ica de B. Llegamos así a la e ce a pa e de nues- o abajo. Después de lo dicho es ácil adi- ina que cons ui emos nues a pos u a po- si i a siguiendo los pasos de lo expues o p eceden emen e. Si mi amos hacia a ás, con iene no a lo, e emos que hemos a an- zado bas an e. Así, hemos is o cómo ha- b ía que sali de un plan eamien o es é il an o po oma se muy en se io a los c eyen- es como po oma se se isimamen e el pa- pel e apéu ico de la iloso ía. Los p ime os -los c eyen es- ((pasan)) de Fiioso ía de la Religión (pa a los ca ólicos, es posible po - que se ha hecho ealidad lo posiblejpa a los lu e anos, es imposible po que se ha hecho ealidad lo imposible) Po eligiosos. Los se- gundos ((pasan)) de Filoso ía de la Religión po FiZóso os2. Unos y o os, como imos, anscenden alizan en exceso. Noso os, desde la exis encia misma de la c eencia eli- giosa como una más, pe o más in ensa, de las c eencias que gene a el homb e, amos a da ya dos ca ac e ís icas que han de acsm- paña a lo que conside amos que puede se una Filoso ía de la Religión. Son las siguien- es: a) la Filoso ía de la Religión ha de es a en pe manen e au ocues ionami~n o y b) ha de p olonga se in e disciplina iamen e. Co- mencemos con la p ime a de es as ca ac e- ís icas. Es cie o que oda ciencia o in es iga- ción que se p ecie de al, y que no es é a ec- ada del euma dogmá ico, es, po p incipio, p o isional. La Filoso ía de la Religión, po su pa e, iene mo i os pa a se lo mucho más. Lo es, en p ime luga y como lo hemos indicado ya, po la misma na u aleza de la c eencia eligiosa. Es a, como expec a i a y p oyección que no encuen a an e sí sino los hechos mudos del mundo, iene oda la mo- ilidad de lo simbólico, se hace impe mea- ble a las con aa gumen aciones lógico-em-- pí icas y cuando se conside a llena de con e- nido es á p on a a cae en las mayo es ulga- idades. Es, pues, ((po esencia)), p o isional. Po eso ambién sus me amo osis suelen oma una elocidad y unas o mas de lo más so - p enden es. Hume y Feue bach (po ci a dos ejemplos de ilóso os de p ocedencias Hay una mane a simple de obliga a odo el mun- do a hace Filoso ía de la Religión. Consis e és a en u iliza el dilema cons uc i o de A is ó eles. Según és e pod íamos azona así: O hay que hace Filoso ía de la Religión o no hay que hace Filoso ía de la Reli- gión. Si lo p ime o, en onces se hace Filoso ía de la Religión. Si lo segundo, en onces hay que hace Filoso- ía de la Religión pa a demos a que no se puede hace Filoso ía de la Religión. Un au o , al menos, Blacks o- ne, esuel e así el p oblema. dis in as) en endie on muy bien el asun o. Si la eligión es aquella ac i idad con la que más ue emen e se (( i a de las o ejas el homb e pa a ele a se del suelo)), c eando así esa imp esión de es abilidad y sos eni- mien o, base de las cons ucciones ideoló- gicas humanas, en onces la in es igación de la c eencia eligiosa es un auxilia iniguala- ble pa a conoce la génesis y mu aciones de aquellas nociones básicas que uncionan como sopo e de la é ica, del de echo, de la poli i- ca y de oda la iloso ía en gene al. La au o- conciencia del homb e end ía una an esala en el conocimien o de la eligión. Se ía la an esala, al menos, de p egun as ales como po qué la é ica occiden al se ha basado de una u o a mane a -como dice Ho khei- me - en la eligión o po qué se han as- pasado al Es ado los magni icados a ibu os que en o o momen o poseyó Dios, o po qué el mono eísmo e ue za y codi ica la idea de azón uni e sal, clausu ada, incapaz de con empla al e na i a alguna ue a de ella, o po qué la idea de p og eso en un iempo his ó ico sal i ico o po qué se nos ha escamo eado la noción de mal, e c. e c. La c eencia eligiosa, en in, al despega - se de al mane a de lo que usualmen e lla- mamos conocimien o (pocos hab án en en- dido mejo ese despegue a ni el de compo - amien o gene al de la c eencia que Wi - gens ein en sus lecciones sob e la c eencia eligiosa) oma igu as di e sas y has a con- apues as. Un ilóso o de la eligión lo me- nos que ha de se , po an o, es con iado. Es a á más ce ca de la desespe ación que de la segu idad an e un obje o an escu idizo en e al cual se encuen a muchas eces ine me y o as en ado de cae en el ácil expedien e de op a po c i e ios ígidos que de una ez po odas esuel an y anulen el p oblema. Si unimos a lo dicho la inde e minación de oda (( iloso ía de» (po la simple y con- incen e azón de que cada uno iene su p opia idea de lo que es iloso a ) se ha á cla o que la Filoso ía de la Religión es una a ea -in e esan e a ea si , duda- esba- ladiza, ondada po el desalien o y, sob e odo, p o isional. La p ime a ca ac e ís ica, de la de la p o- isionalidad máxima, nos lle a lógicamen e a la segunda; la Filoso ía de la Religión ha de nu i se y es a imp egnada de o os conoci- mien os. De la eligión se pod ía deci la in- e sa de lo que Quine dice de la lógica. Es a lo in adi ía odo. Pues bien, a la eligién odo la in ade (y es o po su p opia na u a- leza ines able). Po eso, la an opología cul u al y social se á, de modo especial, de una ayuda ex ao dina ia. Nos mos a á, po ejemplo, cómo en o as es uc u as sociales la eligión iene una se ie de unciones que, cuando menos, exci a án nues a imagina- ción occiden al. Y, desde un pun o de is a más ambicioso, se i á pa a ela i iza nues- os concep os, ompe los y así amplia los. O o an o debe íamos deci de la his o ia de las eligiones3, y ya den o de las eligio- nes cul u almen e ce canas el es udia de su lenguaje ( an o coloquial como so is icado) es imp escindible. Finalmen e, la 6 h y la iloso ía polí ica han de encon a se empa- en adas con la Filoso ía de la Religión. Pa pone un ejemplo ápido. El Con a o So- cial y la Ilus ación, desgajadas de la eli- gión, se pa ece ían a un cuad a de Chagall al que se le ha qui ado el colo . En amos ya en la cua a y úl ima pa e. Se á la más b e e. Has a el momen o he ha- blado de una Filoss ía de la Religión con halo académico. Pe o, ¿qué deci de los mi- os, cos umb es, modas, e i als, cue as e- ligiones de odos los días y, sob e odo, de nues os días? ¿Cómo se sien e el ilóso o de la eligión in e pelado po ales hechos? Y es que, en nues o mundo co idiano, de la calle, y en el mundo más en a ado de la ciencia suenan oces que abogan po o as adiciones, po una ecupe ación de la mi- ología, de la mís ica y un epudio de una azón ca cela ia que odo lo ni ele. Den o del impasse c ecien e y d amá ico que i imos (no quisie a cae en la alacia de deci que el iempo más impo an e que se i e es el p esen e po que ((p esen e)) aun- que iene un s gn$cado ijo cambia de e e en- Ap o echo la ocasión pa a deci que me pa ece ep ochable que en los planes de es udio de nues as uni e sidades no se incluya la His o ia de las Religiones. cia según a quien se aplique. No obs an e de noso os hemos de habla y no de o os) se ía una en ación el e o no de los b ujos. Cie amen e, se ía una en ación. Y es que el e o no pu o y simple de los b ujos, la i encia mecánica de una magia y un encan- o pasados, no es de espe a que enga mu- cho de in e esan e a no se po lo que iene de sin omá ico. Sí lo iene, sin emba go, la ecupe ación his ó ica de cie as cla es de nues a cul u a. La memo ia de lo pe dido. Así, po ejemplo, en un mundo mono- lí ico, mono eís a, de discu so ce ado, es saludable -y es lo menos que se puede de- ci - la c í ica p o unda que supone el ene p esen es, con oda su in ensidad, mane as de e el mundo que no ienen po qué com- plemen a se. Todo lo con a io: son al e - na i as eales en el sen ido de que ela i i- zan aquello que suele man ene se in ocado y úl imo. Pone al mismo ni el uni e sos de discu so dis in os y que pod ían e igi se en guías con los mismos de echos -el cien í- ico, el eligioso, el mágico, e c.- y con em- pla con descon ianza las nociones básicas de « ealidad», ((in eligibilidad)) ... e c. no pue- de se , epi amos, sino saludable. En un mundo con símbolos pob es, que emi en de o ma aquí ica, la Filoso ía de la Religión ambién puede cumpli una mi- sión: e alo iza lo simbólico -y ya más aco de con nues as mane as, lo poé ico y lo a ís ico- lo plu i o me, lo imagina i o y ma ginal. El homb e p o oca i amen e eli- gioso pod ía con a se en e aquellos que Glucksmann llama «los menos se ido es del Es ado)) y en los que cab ía ci a alguna espe anza en un mundo menos medioc e y c uel. Llenos de gene alidades y abs ac- ción, con la impo encia de los indi iduos asmu ada en un pode acío, omnipo en- e, y dominado , la ei indicación co po al, dionísiaca, la ei indicación del goce es am- bién una de las a eas de la Filoso ía de la Religión. Como Heidegge cuando p egun- aba: «pa a qué poe as)), noso os podemos epe i ((pa a qué ilóso os de la eligión)). Y con es a ambién que pa a segui eco - dando lo que se quie e ol ida , pa a nega - nos a las icciones anquilizado as, pa a man ene nos i os. En es e pun o, más de uno pod ía obje- a de la siguien e mane a. O odo lo que de- cimos es una cues ión pu amen e e bal, es o es, es amos llamando eligión a lo que o os llaman poesía, a e o lo que sea, o es una cues ión eal, y ealmen e ambién se pod ía p oba que la misión que encomeTidamos a la Filoso ía de la Religión la cumplen mu- cho mejo y sin con usiones adicionales la poesía, el a e o lo que sea. Pues bien, si es una cues ión e bal, en onces la dispu a es i ele an e. El asun o no a de palab as. Lla- memos a las cosas lo que que amos siemp e que es o no aiga pé didas inú iles. Y si la cues ión es empí ica, en onces es á po p o- ba que la poesía, el a e o lo que sea cumple con lo que en es e abajo hemos enido p oclamando. Si así ue a, la Filoso ía de la Religión es a ía de más pe o dudo que al- guien nos demues e que ese campo es á bien cubie o po o as a es o ciencias. Has a que no nos con enzan podemos -y has a debemos- hace Filoso ía de la Religión. Acabamos ya. La Filoso ía de la Religión, además de se ú il desde el pun o de is a de la e icacia cien í ica, al y como lo imos más adelan e, iene un dinamismo especial. E a el dinamismo de lo so e ado, de lo e- p imido que uel e y e uel e, de lo enaje- nado que puja po su a monía pe dida, de lo oscu o que nos pone en gua dia con a la simplicidad de los mediodías. Rompe así unos lími es siemp e cues ionables. Es o es am- bién Filoso ía de la Religión. Su posibilidad, en es e caso, es á ue a de la u ina de las aulas. Como esc ibía Oma Khayyam la eo- logía se ha ía no en la Academia sino en la abe na y con ino. T aducido a nues o caso: una Filoso ía de la Religión empeñada en de ende nos de las apa iencias y de la impo- sición machacona de e el mundo solo de una mane a ha de alinea se en e los des- con en os an e lo que se nos o ece y con las expec a i as an e algo desconocido y en cuan o desconocido ambién abie o a la desespe ación. Sumidos en la p egun a. Así, al ez hagamos una ez más de conciencia desg aciada. No impo a. Po que como de- cía R. Bul mann no hay peo eología que aquella que se hace sin sabe que se hace.