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La ética en la cruz del presente

Abstract

Muguerza, Javier

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La ética en la cruz del presente

Author: Muguerza, Javier
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1981
DOI: 10.5565/rev/enrahonar.876
Source: https://ddd.uab.cat/pub/enrahonar/0211402Xn1/0211402Xn1p7.pdf
LA ÉTICA EN LA CRUZ DEL PRESENTE
Ja ie
MUGUERZA
A
Ge a d Vila , de qui an hau ia d'es-
pe a la iloso ia ca alana si li os donada
I'opo uni a de eballa pe ella a la
Uni e si a del seu pais.
Desde Sóc a es, po lo menos, la é ica
pa ece habe enido algo que e con la
azón,
siquie a sea en esa a ian e de la misma
-llamada, andando el iempo, (( azón p ác-
ica»- po cuyo ase o acos umb amos a
medi la acionalidad de nues os ac os.
Y,
más o menos desde en onces, se admi e
comúnmen e que a la é ica no le incumbe
an o la ocupación con lo que «hacemos»
-es o es, con el modo como especí icamen-
e ac uamos- cuan o con lo que ((debe ía-
mos hace )), es o es, con el modo comodebié-
amos
ac ua .
Desde Sóc a es, sin emba go, ha llo ido
bas an e. Los ilóso os mo ales con empo-
*
El ex o de es e a ículo p ocede de una con e encia
p onunciada en San Sebas ián hace algún iempo y con la
que a aba de esponde , un an o a diamen e, a una
encues a de la e is a
He ia2.000
Eliza
sob e el p oble-
ma de la iolencia en el País Vasco. Como u e ocasión
de deci allí, esa demo a en mi espues a obedecía a una
compleja se ie de azones, en e las que con aba-pese a
mi since o in e és po la cues ión- mi ela i o desco-
nocimien o de la ealidad asca del momen o. Pe o la
azón decisi a e a sin duda o a y end ía, más o menos, a
consis i en lo siguien e. Cuando a uno le p egun an po
el p oblema de la iolencia, en Euzkadi o en cualquie
o a pa e de es e mundo, hay una mul iplicidad de
pe spec i as desde las que abo da ese p oblema. El
p oblema de la iolencia puede se abo dado sociológi-
camen e, o polí icamen e, o eológicamen e; y cual-
quie a de esos en oques pudie a se , a un iempo,
legí imo y ecundo. Pe o, de en e odos ellos, el que a
mí más me in e esaba -y no p ecisamen e po mo i a-
ciones p o esionales- e a su en oque é ico.
Y
ahí e a
jus amen e donde adicaba mi di icul ad, a sabe , en el
hecho de que la é ica no conseguía saca me de la
pe plejidad, lo que p esumiblemen e iene que e
bas an e con la concepción que uno sus en e de la é ica
y le obliga a e lexiona sob e es a úl ima. Es de esas
e lexiones -y, po supues o, de esa pe plejidad- de lo
que se ocupa es e abajo. Si al inal del mismo,
y
as un
la go iaje que apa en emen e quizás no enga que e
mucho con sus p egun as, consiguie a que los edi o es
de aquella e is a se diesen po espondidos (y disculpa-
sen, de pasada, mi a danza), pe sonalmen e me da ía a
mi ez po sa is echo.
áneos, po ejemplo, no sólo no se mues an
p opensos a da consejos -cosa en sí lauda-
ble (al in y al cabo, nadie a a hace les caso)-
sino ni an siquie a a p onuncia se sob e
aquellas cues iones, las cues iones mo ales, a
las que en un ob io sen ido deben
su
p opia
iden idad p o esional. Pa a deci lo con pala-
b as de uno de esos ilóso os, ((no hay que
con undi al ilóso o con un cu a pá oco)),
lo que sin duda cons i uye una buena coa a-
da pa a abs ene se de opina sob e cues io-
nes enojosas. Pe o si cabe ep ocha a los
ilóso os que en nues os días ehuyan cuan-
o puedan el a o con el ((debe se )), no
es oy en cambio an segu o de que quepa
asimismo ep ocha les que no se eno gullez-
can demasiado del come cio con la « azón»
que es adición a ibui les como o icio. En
e ec o, la dis ancia en e esa supues a e le-
xión acional que es la iloso ía y la dudosa
acionalidad del mundo que nos ha ocado
i i pa ece habe llegado a se an a que
cualquie desalien o es comp ensible.
Y
aun
cuando ello al ez no jus i ique la dese ción
de los ilóso os (bien mi ado, ¿po qué hab ía
de hace lo?), lo cie o es que en un mundo en
el que la azón omnipo en e de la ue za
-con su co ejo ine i able de iolencia,
su imien os y mue e- ha suplan ado a la
impo en e ue za de la azón, odo lo que a
cualquie a se le ocu e p egun a a la é ica es,
como en la película, «¿Qué hace una chica
como ú en un si io como és e?)).
Aho a bien, el ilóso o con empo áneo a
que an es me e e ía y que ehusaba, según
imos, deja se sindica con los cu as pá o-
cos es un dis inguido p o eso inglés de
É ica, Pa ick Nowell-Smi h, alineado den-
o de esa co ien e ilosó ica con empo á-
nea -la llamada (( iloso ía analí ica))- cuyas
modes as p e ensiones especula i as con-
as an, yo no sab ía deci si a o ablemen e
o no, con las ambiciosas sín esis de la iloso-
ía sis emá ica del pasado.'
Y
el caso es, sin emba go, que -al esc i-
bi aquella ase que yo ci aba hace un
ins an e- Nowell-Smi h se hallaba, p oba-
Veáse como bo ón de mues ala
E hics
del p opio
P.
H.
Nowell-Smi h, Ox o d, 1954 (hay aducción al
cas ellano de Gilbe o Gu ié ez, Es ella, 1977).
blemen e sin sabe lo, en una compañía an
so p enden e como ilus e. En compañía,
conc e amen e, del más ambicioso cons-
uc o de sis emas ilosó icos de oda la
his o ia de la iloso ía, que acaso sea como
cuad a a desc ibi a Hegel. En e ec o, y
como con i mación de que, a la pos e, no
hay nada nue o bajo el sol (o de que lo que no
es adición es plagio), Hegel siemp e sos u-
o que la iloso ía debía cuida se mucho de
que e se edi ican e;
y,
ya en uno de sus
ju eniles <(A o ismos» de Jena, nos p e ino
li e almen e con a la en ación de los ilóso-
os de ((dedica se a la edi icación y sus i ui al
pá oco)). De ahí que, en su madu ez, epu-
diase ené gicamen e la p e e encia ilosó ica
po lo que debe se en e a lo que es, p e e en-
cia que p i a a los ilóso os de suelo eal en
que asen a se pa a abisma los en la ensoña-
ción. Mas lo que, pc mi pa e, quie o aho a
sub aya no es an o esa apa en e coinci-
dencia de Hegel con la iloso ía mo al con-
empo ánea cuan o su apa en e disco dan-
cia con es a úl ima a p opósi o del luga que
hay que asigna a la azón en la iloso íay, po
lo p on o, en la iloso ía mo al. Pues, pa a
Hegel, la enuncia a la ensoñación del debe
se equi alía p ecisamen e a la a i mación de
la pleni ud de la azón, cuya undamen al
iden idad con la ealidad al cual es end ía
que se demos ada po la iloso ía. Es e es el
sen ido de un céleb e pasaje hegelian~,~ del
que en úl ima ins ancia me he se ido pa a
i ula es e abajo: ((Reconoce a la Razón
como la osa en la c uz del p esen e
y,
de es e
modo, goza de él, en esa pene ación acio-
nal es iba la econciliación con la ealidad
ga an izada po la iloso ía)).
La in e p e ación de aquel pasaje es com-
plicada y su con ex o, cie amen e, abona la
c eencia en la in ención de descali ica cual-
quie es ue zo ilosó ico po ascende el
mundo p esen e, lo que -habida cuen a de
que el con ex o de ma as es nada menos que
un a ado ace ca de la ciencia del Es ado-
hab ía de esul a an anquilizado pa a los
pode es de ese mundo como i i an e pa a
cuan os se empeñen en sub e i los o, po lo
Hegel,
G undhien de Philosphie des Rech s ode
Na u ech und S aa swi~senscha
z n
G und isse, Vo ede.
menos, cues iona los. Aunque, po lo de-
más, ampoco han al ado in é p e es que
ad ie an que semejan e consag ación dels a us
quo
encie a una i onía p o unda, pues o
que -dado que la iloso ía, como el buho de
Mine a, únicamen e alza su uelo en el
c epúsculo según el p opio Hegel- el p e-
sen e con el que la iloso ía nos econcilia
esul a se o zosamen e pasado, de sue e
que la misión de la iloso ía se ía más bien la
de ce i ica la de unción de lo es ablecido
que no la de in i a nos a a~ep a lo.~ Como
quie a que sea, uno se halla a cien leguas de
pode se conside a especialis a en la ob a de
Hegel, lo que sob adamen e me excusa de
in e na me en la exégesis del pasado ci ado.
En su sen ido más pedes e, que es el que
aquí ha é mío, el pasaje sencillamen e nos
anima a aga a el o o po los cue nos.
Como el p opio Hegel nos di ía,
Hic Rhodus,
hicsal us;
o, ambién, ((Aquí es á la osa, baila
Lo que hay, pues, es es o
y
con es o
nos hemos de en en a . Esa osa espinosa
que es pa a noso os la azón, la azón
p ác ica, la é ica, hay que coge la como es y
aunque sus púas nos pinchen sin emedio.
Que la c uz del p esen e haya de emi i nos
luego a la ememo ación del pasado -y
has a, quién sabe, a la u opía de la u u i-
ción-, nada de eso nos saca de la c uz del
p esen e, es o es, de la necesidad de p egun-
a nos «¿Qué puede hace la é ica en un
mundo como és e?)).
Sin duda la espues a a esa p egun a no
hab ía que encomenda la a los p o eso es de
É ica, comenzando, po descon ado, po el
au o de es e abajo. Pe o, en in, yo engo
aquí que p osegui con es e úl imo
y
no oy
a
deja me desola po semejan e ci cuns an-
cia; la ci cuns ancia, a sabe , de que ampoco
las espues as de colegas ha o más compe-
en es que uno pa ezcan habe ido muy allá.
Pensemos, po ejemplo, en las espues as de
los que an es llamamos ilóso os mo ales
((analí icos)). Si la é ica, según ellos, no pue-
de dic a no mas -no puede da consejos
como los cu as pá ocos-, si la é ica, pues,
Esa es al menos la conocida, e indulgen e, in e -
p e ación de Shlomo A ine i en
Hegeh Theo y o he
Mode n S a e,
Camb idge,
1972,
pp.
123-55.
Hegel,
loc. ci .
no es pa a ellos é ica no ma i a
y
no hay que
con undi ya po más iempo al ilóso o
mo al con un con eccionado de códigos
mo ales, con un mo alis a, ¿qué puede hace
la é ica? En su opinión, ya que el ilóso o
mo al -a di e encia del mo alis a-
no
nos
dice
lo que enemos que hace , pod ía al
menos dedica se a es udia
qué es lo que dicen
aquellosque nosdicen
lo que enemos que hace .
Es deci , pod ía dedica se a examina (a
((analiza )), po echa mano de la ó mula
consag ada) el lenguaje mo al. Pa a amplios
sec o es de la p oducción ilosó ica con em-
po ánea, «é ica>>
y
((análisis del lenguaje
mo al)) han enido, así, a esul a sinónimos,
lo que a no duda lo ha dado o igen a un
de oche de su ilezas
y
asimismo ha gene a-
do no poco abu imien o (los a ados de
é ica analí ica son a un iempo, en e ec o,
su iles
y
abu idos). Pe o el p incipal ca go
con a la é ica analí ica no es, po desg acia,
que és a sea abu ida. Como en el caso de
Hegel, y aun si po muy o as azones, el
análisis del lenguaje mo al iende ambién
a ci cunsc ibi nos al p esen e, es o bándo-
nos como an es la mi ada e ospec i a hacia
el pasado
y
edándonos igualmen e la isión
p ospec i a del u u o. Conside emos un
ejemplo. Una de las mane as más e icaces
como el lenguaje mo al pod ía log a que
nos sin ié amos mo almen e obligados a ea-
liza una de e minada acción -supongamos,
la de e ibui sa is ac o iamen e a alguien
po un abajo del que somos bene icia ios-
consis i ía en aplica a dicha acción el cali i-
ca i o de acción ((jus a)).
Y
una de las a eas
que, en consecuencia, compe en al ilóso o
mo al consis i ía, a su ez, en p egun a se
qué es lo que que emos deci cuando deci-
mos que algo es «jus o», pa a lo que el
ilóso o en cues ión ca ece en p incipio de
o a guía que el egis o del modo como la
gen e emplea de hecho esa
al ab a.^
Desde
luego, se pod ía pensa que esa a ea no es en
mane a alguna nue a en la his o ia de la
é ica. En la
República
de Pla ón, pongamos
Como Da id Miile sub aya in eligen emen e en
su «In oducción» a
SociuIJus ice,
Ox o d,
1976,
pp.
1-
14,
la cláusula «en p incipio)) se des ina a a isa nos de
que semejan e egis o no ago a en modo alguno la
cues ión.
po caso, Sóc a es se pasaba odo el a o p e-
gun ando a sus di e sos in e locu o es qué
es lo que unos
y
o os que ían deci cuando
decían que algo e a ((jus o)). Pe o se ía un
e o pe de de is a la pe spec i a his ó ica
y
igu a se que lo que aquellos g iegos en en-
dían po
dikaiosyne
signi ica lo mismo que
noso os en endemos po (<jus icia)).6 Hace -
lo así equi ald ía, como alguna ez se ha
señalado, a incu i en un anac onismo se-
mejan e al de aquel aduc o que - as
habé sele hecho e la imp opiedad de a-
duci
ie es
po ((buque de apo ))- espon-
día anquilamen e que, en e ec o, las ideas
de los g iegos en ma e ia de buques de apo
e an bas an e pe eg inas. Con a lo que mu-
chos ilóso os mo ales analí icos dan la sen-
sación de pensa , el ocabula io mo al no se
halla e es ido de una sue e de inmu abili-
dad o in empo alidad que lo sus aiga de
oda conexión con la ida social de que se
nu e cualquie mo alidad.
Y
de ahí que
ampoco sea acep able la in e p e ación que
usualmen e hacen esos ilóso os de la cono-
cida sen encia wi gens einiana según la cual
«la iloso ía (en es e caso, el análisis del
lenguaje mo al) lo deja odo al como es á)).
Pues Wi gens ein ambién dijo que « odo lo
que noso os podemos desc ibi pod ía am-
bién se de o o modo)).
Y
los ilóso os
mo ales, incluidos los analí icos, pod ían al
menos hace algo po ayuda nos a comp en-
de que eso es lo que sucede -de nue o
y
po
de p on o- con el ocabula io mo al. Ima-
ginemos que, en una sociedad como la nues-
a, alguien sos enga que « al o cual sala io es
jus o como e ibución de al o cual aba-
jo)). ¿Pod ía deci lo mismo en una sociedad
en la que -en luga del p incipio ((A cada
quién según su abajo))- igiese el p inci-
pio ((A cada quién según sus necesidades)), o
.
en una sociedad, p e- o pos indus ial, a la
que uese ajena la idea de p oduc i idad,
igiendo en ella lo que La a gue llamó «el
Al lib o de Alasdai MacIn y e,
A
Sho His o y o
E hics,
Nue a Yo k,
1966,
cap. I(hay aducción cas ella-
na de Robe o Juan Wal on, Buenos Ai es,
1970),
le
co esponde el mé i o, his ó ico ambién, de habe sido
el p ime o en llama la a ención sob e el pelig o de
ahis o icismo que acecha a la p ác ica con encional del
análisis del lenguaje mo al.
de echo a la pe eza))? En in, si me he omado
la moles ia de añadi es as p ecisiones a la
concepción usual de la é ica analí ica es
po que dicha é ica nos a a se i aquí de
pun o de pa ida -quizás no de llegada-
y
deseaba e me lib e de sus incon enien es
usuales, comenzando po el g a ísimo in-
con enien e de su o al ca encia de sensibi-
lidad pa a la his o ia. Pe o sen ado es o,
y
emiéndome que las disquisiciones que aho-
a siguen abu an al lec o (y no sólo po
causa de la é ica analí ica), no se me ocu e
o a disculpa que pedi le que o ezca su
p opio edio como un ibu o más a la c uz
del p esen e.
Pa a empeza po algún lado, pues, quizás
no haya ocablo de uso an pe sis en e a odo
lo la go de la his oiia del ocabula io mo al
como el ocablo ((bueno)), desde el aga hós
g iego al good de Geo ge Edwa d Moo e en
nues o siglo. Na u almen e, y como ya an-
es insinué, el signi icado de esos ocablos
no ha pe sis ido inal e able con el paso del
iempo: pa a se bueno en é minos de Ho-
me o hacía al a la uda alen ía, la as ucia
y
la des eza de los hé oes de sus poemas;
mien as pa a se bueno en é minos de
Moo e acaso bas a ía con el e inamien o
decaden e de sus habi uales con e ulios en
el G upo de Bloomsbu y.
Y
en e uno
y
o o
hab ía que con a , na u almen e, con la in-
omisión de la adición judeoc is iana,
pa a la que algo es bueno si así lo quie e Dios
(lo que plan ea el a duo p oblema de si es
bueno po que lo quie e Dios o más bien Dios
lo quie e po que es bueno). Comoquie a
que sea, se econoce de o dina io que la é ica
se ocupa po o icio de suminis a nos c i e-
ios de bondad y que, po an o, se ocupa del
bien como su obje o p opio. Pe o, po lo demás,
no odos los c i e ios de bondad end ían po
qué se mo almen e ele an es ni, en conse-
cuencia, de la incumbencia de la é ica. No es
lo mismo, en e ec o, deci de alguien que es
un «buen p o eso )) (es o es, que es compe-
en e en su ma e ia) que deci de ese alguien
que es un ((p o eso
bueno)) (en el sen ido de
una buena pe sona, independien emen e de
su compe encia p o esional). Pe o la dis in-
ción en e uno
y
o o sen ido -el mo al y el
ex amo al- del adje i o ((bueno)) no siem-
p e es ní ida ni, po lo an o, pa ece habe lo
sido his ó icamen e hablando. Es muy p o-
bable que, o igina iamen e, no u ie a sen-
ido habla de ((bueno)) más que pa a cali i-
ca a un «buen gue e o)) o a un ((buen
o ado )).
Y
que incluso el sen ido de se
((bueno)) en el sen ido de una ((buena pe so-
nan se ie a cons eñido al de se un «buen
pad e)) o, a lo sumo, un ((buen ciudadano)).
Cuando A is ó eles hablaba de ((homb es
buenos)) -es o es, de buenos «en cuan o
homb es))
y
no en cuan o gue e os u o ado-
es-, no es á del odo cla o que hablase de
o a cosa que de aquellos a los cuales enía
po ciudadanos ejempla es.
Y
es de nue o
p obable que se necesi ase el paso de la
es uc u a g ecoan igua de lapólis a la cosmo-
poli ezá helenís ica
y
el ul e io mundo oma-
no pa a que esa noción de ((biieno en cuan o
homb e)) cob ase odas sus i ualidades, las
i ualidades que luego el c is ianismo c ee-
ía consag a al concebi a
(( odo)) homb e como
hijo de Dios. Pe o en cualquie caso,
y
aun si
de un modo balbucien e, alp e ensión de uni-
e salidad se hallaba ya seminalmen e en el
legado del p opio Sóc a es y no pa ece exa-
ge ado a ibuí sela a la é ica como condición
de su misma posibilidad. Pues o que si, en
e ec o, la palab a ((bueno)) sólo es usada
mo almen e cuando su aplicación alcanza a
odo homb e en cuan o homb e, o la é ica
legislapa a odo homb e o sencillamen e no hay
é ica posible.
Al llega a es e pun o, sin emba go, se
impone hace un al o, pues quisie a e i a
que la his o ia que es oy aquí con ando -o,
pa a se exac os, que es oy a ando de
econs ui un an o abs ac amen e- esul a-
se, al cabo, demasiado bella. La exis encia
misma de la é ica,
y
po ende ambién su
p e ensión de uni e salidad, ha sido is a
como sospechosa po esos maes os de la
(( iloso ía de la sospecha)) que ue on Ma x,
Nie zsche
y
F eud. Po e e i nos a és e en
p ime é mino, yo he dicho hace un mo-
men o que la cons i ución de la é ica p esu-
pone la noción de géne o humano, pe o
en endido, cla o, como comunidad social y
no como simple géne o na u al. Lo que la
humanidad haya sido en un supues o y p i-
mi i o ((es ado de na u aleza)) nunca pod ía-
mos sabe lo con exac i ud, es o es, nunca
sab emos si aquel es ado e a más bien un
pa aíso o una gue a de odos con a odos.
Mas, pa a sospecha de que la é ica haya
cons i uido un buen in en o, bas a ía con
pone se, en cualquie caso, en la peo de
ambas hipó esis, pues siemp e alguien pod á
deci que el más mise able es ado na u al del
homb e pa ece p e e ible a la más a anzada
de sus ci ilizaciones. La mo alidad, como
oda o ma de cul u a, compo a esencial-
men e la inhibición de las inclinaciones na-
u ales de los homb es; y hab ía que p egun-
a se si el p ecio pagado po su imposición
en ep esión -y, en de ini i a, en insania
men al- no es demasiado al o, cualesquie a
que sus en ajas puedan se . ¿No ob a íamos
cue damen e, en consecuencia, ol idándo-
nos del adje i o ((bueno))
-y,
sob e odo, de
su con a io, el adje i o «malo»-, a ando
de ecupe a de es a mane a la inocencia
pe dida? Puede que eso nos lle a a a es au-
a un mundo c uel, pe o el nues o, de
cualquie modo, lo es bas an e;
y
la c ueldad
inocen e pudie a acaso se más lle ade a que
la que no lo es. Pudie a se , pe o el p oblema
es que -como el iejo F eud sabía mejo que
nadie- la acul u ación es un iaje al cas illo
de i ás y no ol e ás. No hay posibilidad de
da ya ma cha a ás.
Y
pensa en la ecupe a-
ción de la inocencia se ía como a a de
de ol e a una ex-doncella la pe dida i gi-
nidad. Pe o si la sospecha ace ca de la é ica
no nos libe a de ella, ¿qué pod íamos deci
de la sospecha ace ca de su p e ensión de
uni e salidad? La sospecha de Nie zsche
y
la
de Ma x pa ecen i en esa di ección cuando
el p ime o apun a que la mo alidad pod ía no
se , después de odo, más que un ecu so de los
débiles pa a e i a po medio de ella se
sojuzgados po los ue es; o cuando el se-
gundo la denuncia como un aude, haciendo
e que -aun si pudie a habla se de p inci-
pios mo ales uni e sales- su pues a en eje -
cicio den o de una sociedad conc e a acaba-
ía de modo ine i able des i uándolos y po-
niéndolos al se icio de la es a egia de la
clase dominan e, que iende a la p ese a-
ción de su dominio, y ello an o más audu-
len amen e cuan o más hincapié se haga en
la supues a uni e salidad de esos p incipios.
Ninguna de ales objeciones es un g ano de
anís
y
no cabe, po an o, despacha las con
un pa de palab as. Pe o, po lo que a mi
espec a, me inclina ía a sospecha -en
odo caso, uno iene ambién modes amen e
de echo a la sospecha- que an a la una
como la o a se ende ezan a pone de elie e
que la p e ensión de uni e salidad de oda
é ica no es lo mismo que su uni e salidad
consumada más bien que a a uina la misma
p e ensión en sí de uni e salidad. Al in
y
al
cabo, an o el ((supe homb e)) nie zscheano
como el ((homb e gené ico)) ma xis a pe e-
necen a la misma amilia del «homb e en
cuan o homb e)).
Y
odo lo que Ma x
y
Nie zsche ad ie en es que las condiciones
pa a su espec i o su gimien o no es án
dadas cuando ambos esc iben, como po lo
demás la p opia his o ia de la é ica se había
enca gado ya de demos a cumplidamen e
pa a en onces.
Quizás sea aho a, en e ec o, el momen o
de ce a el pa én esis que ab imos hace un
a o
y
e o na al hilo de esa his o ia en el
pun o donde an es la dejamos, que e a -si
no ecue do mal- el del uni e so c is iano
medie al. Desde en onces acá nadie igno a
que han pasado cosas
y
cosas impo an es
pa a la his o ia de la é ica, como lo ue on la
Re o ma o la Ilus ación (po no habla del
Renacimien o, la Re olución Indus ial o el
su gimien o del Capi alismo). He aquí po
qué odo eso ue impo an e desde el pun o
de is a de la é ica. Como an es se dijo, la
p e ensión de uni e salidad de oda é ica se
deja conc e a en aquel uso del adje i o
((bueno)) que lo e ie e a odo homb e en
cuan o homb e. Pe o ¿quién de e mina en
dicho caso cuándo un homb e es bueno en
cuan o homb e? En sociedades ela i amen-
e cohesionadas, como quizás lo ue la me-
die al, podía eina un gene al acue do ace -
ca de es e pun o: el código mo al igen e
(po ejemplo, los Mandamien os de la Ley de
Dios) o la ins i ución enca gada de adminis-
a lo (el caso de la Iglesia o los pode es
ci iles po ella sancionados) se enca ga ían
de de e mina el con enido de la palab a
«bueno»;
y
el al o g ado de in eg ación del
indi iduo en esa sociedad ha ía luego el
es o. Pe o al si uación no pudo pe du a

cuando la sociedad se io co oida po lo que
alguien ha llamado ((los ácidos del indi idua-
lismo)). Semejan e indi idualismo cob a ía
aspec os muy di e sos -y an o posi i os
como nega i os-, desde el lib e examen de
los ex os sag ados has a el egoísmo in e e-
sado del
ho no oecononicus
en la
Fábula de las
Abejas
de Mande ille. Pe o lo decisi o, en
cualquie caso, e a la emisión a la concien-
cia indi idual de cualquie de e minación
del
bien mo al.
La é ica de Kan acaso cons i-
uya el mejo ejemplo
-y,
desde luego, el
más p o undo- de es o que acabo de deci .
Lo que sea bueno en un sen ido ex amo al
(pa a designa lo cual se si e Kan del
ocablo alemán
wohl)
pod ía se de e mina-
do po medio de c i e ios que nos engan
impues os desde ue a, como cuando acudi-
mos a un expe o en busca de c i e ios pa a
de e mina qué sea una «buena in e sión)).
Pe o pa a de e mina qué sea lo bueno en un
sen ido es ic amen e mo al (pa a designa
lo cual Kan se si e del ocablo alemánga ,
añadiendo a con inuación que lo único e -
dade amen e bueno en es e mundo es la
buena olun ad), cada uno de noso os nece-
si a ni más ni menos que ((au ode e mina -
se)). Ninguna au o idad -humana ni di i-
na- nos pod ía suplan a en ese come ido,
po ejemplo dic ándonos a qué hay que
llama ((bueno))
y
a qué no. Pa a ello end ía-
mos, en e ec o, que aca a esos dic ados,
y
semejan e aca amien o se ia ya él mismo
u o de nues a au ode e minación. Pa a
Kan
-y
desde él, según pienso, pa a el
homb e mode no en gene al- al
exigencia de
au ode e minación
end ía, po consiguien e,
a con e i se en una nue a condición de po-
sibilidad pa a la é ica. Pues o que si el uso
mo al de la palab a «bueno» nos implica del
modo inexcusable que hemos is o, o acep-
amos
au ode e mina nos
-es o es, ac ua
como
legislado es-
o oda legislación é ica
se o na ía, como an es, imposible.
Recapi ulando, en onces, cuan o has a
aquí lle amos is o, nues o análisis del len-
guaje mo al -un análisis, lo con ieso, más
bien desen adado de acue do con los cáno-
nes igen es al espec o- nos ha lle ado al
econocimien o de un pa de condiciones
que po igual pa ecen necesa ias pa a que sea
posible la é ica: la p e ensión de uni e sali-
dad
y
la exigencia de au ode e minación.
Pa a que sea posible la é ica es p eciso que
és a legisle pa a
odo
homb e y, a la ez, que
cada
homb e sea un legislado . Pe o, ¿no son
acaso an i é icas es as dos condiciones? Es o
es, ¿cómo hace conciliables un máximo de
uni e salidad
y
un máximo de au ode e mi-
nación? La iloso ía analí ica -en cuya ó bi-
a nos eníamos mo iendo, mejo o peo ,
has a el momen o- ca ece muy p obable-
men e de espues a pa a es e in e ogan e,'
con lo que -dicho sea en hono de una
iloso ía académica como ésa, apa en emen-
e sus aída a las u gencias de nues a ida
co idiana- no hace sino e leja la si uación
en que se encuen an la mayo pa e de
nues as sociedades con empo áneas, desga-
adas en e el con lic o disg egado de los
in e eses pa icula es
y
la in eg ación coac i-
a de los mismos impues a desde el Es ado.
Se pod ía alega que es e p oblema es, an e
odo, un p oblema polí ico. Pe o, po lo que
a mí espec a, no eo cla o cómo escapa a
sus implicaciones é icas.
Y
eso es ambién lo
que pa ecen pensa no pocos ilóso os con-
empo áneos, de en e los que que ía aho a
des aca a uno de ellos que -como Jü gen
Habe mas- se insc ibe en el ((gi o lingüís i-
co)) impues o al pensamien o con empo áneo
po la iloso ía analí ica, pe o a ando de i
un paso más allá de és a úl ima.8 En de ini i-
a, el lenguaje no es sino lo que los g iegos
llamaban
lógos;
y és a e a asimismo la palab a
de que los g iegos se se ían pa a da a
en ende lo que hoy noso os en endemos
po (( azón)). Hegel pudo esc ibi un día que
((la Razón gobie na el mundo)), pe o lasi ua-
ción del mundo -y, de modo muy especial,
su si uación polí ica- no nos pe mi e hoy
'
Con pos e io idad a la edacción de es e abajo,
he enido ocasión de lee el excelen e lib o de E ns
Tugendha ,
Selbs bewuss sein una' Selbs bes i nmung. Sp a-
chanaly ische In e p e a ionen,
F ac o del Main,
1979,
cuya mane a de enca a nues a emá ica excede no a-
blemen e de la habi ual inanidad de los
app oaches
analí icos a la misma.
Sob e es e pun o puede e se mi p ólogo «La so-
ciedad como lenguaje)) a la in oducción al pensamien o
de Habe mas de Raúl Gabás,
Dominaci6n écnica
y
comu-
nidad lingdis ica,
Ba celona, en p ensa, así como el in e-
esan e capí ulo
V
y
úl imo de la misma.
concede el meno c édi o a semejan e a i ma-
ción. Pues bien, el p oblema que le p eocu-
paba a Habe mas es un p oblema polí ico: la
desga ado a ensión que acabamos de seña-
la en e la a omización bu guesa de la so-
ciedad y su uni o mación o ali a ia. Pe o
ese desga amien o, como se hab á ya adi i-
nado, no es sino un asun o de la ensión
que en la é ica se daba en e uni e salidad y
au ode e minación. Y la p egun a que hoy,
desde la é ica, end íamos que hace nos es:
ya que la azón no gobie na el mundo, ¿qué
cab ía hace pa a que el mundo uese un día
gobe nado po la azón? Como es ácil ima-
gina , ni el indi idualismo libe al ni el o ali-
a ismo es a alis a pod ían con es a la según
Habe ma~,~ pe o lo in e esan e es cons a a
que no pueden hace lo po que ambos mane-
jan un concep o in ole ablemen e es ingi-
do de azón. Tan o pa a el indi iduo como
pa a el Es ado au o i a io (y hab ía que
p egun a se qué Es ado no lo es) la acionali-
dad es siemp e monológica: es o es, el
Zógos,
la azón, se educe a un
monólogo.
Pe o, así
en endidos, el indi iduo
y
el Es ado no son
sino abs acciones inhumanas, pues ni los
homb es se dan aisladamen e sino en in e-
acción comuni a ia los unos con los o os,
ni la comunidad humana necesi a iden i i-
ca se con el Es ado. Pa a Habe mas, esa
comunidad es an e odo una ((comunidad de
comunicación~~, pues el p incipal modo
como el homb e in e acciona con sus seme-
jan es es la in e acción po medio del lengua-
je, la in e acción lingüís ica. Y, en un con-
ex o así, la acionalidad pudie a se dialógi-
ca: es o es, el
Zógos,
la azón, pod ía se un
diálogo.
Más aún, sólo en un al con ex o dialógi-
co -el con ex o, epi o, de la
Kommunika-
ionsgemeinscha ,
de la comunidad de comuni-
caciónlO- pod ía, en igo , habla se de ali-
La cons a ación de esa imposibilidad cons i uye
uno de los obje i os de la ob a de Habe mas,
Legi ima-
ions p obleme im Spae kapi alismus,
F anc o del Main,
2.'
ed., 1973 (hay ad. cas . de José Luis E che e y,
Buenos Ai es, 1975).
'O
El a amien o habe masiano de es e ema es,
como econoce el p opio Habe mas, ampliamen e deu-
do del de Ka l-O o Apel, ((T ans o ma ion de T ans-
zenden alphilosophie. Das Ap io i de Kommunika-
dez de los p incipios é icos -po ejemplo,
de alidez de los c i e ios de bondad en
i ud de los cuales llamamos ((bueno)) a
algo-, pues o que el bien uni e sal, lejos de
se algo ya dado
y
que es é ahí delan e de
noso os, no se ía o a cosa que unacon ic-
ción lib emen e cons uida y compa ida
po los miemb os de la comunidad
y,
po lo
an o, el esul ado de un acue do en e és os
al que se llega al cabo de una discusión
acional, es o es, de una discusión en la que
cada cual apo a las azones que c ee más
ap opiadas en de ensa de su pun o de is a
y
las some e al juicio c í ico de los demás, así
como a la compe encia con las azones de
es os úl imos, sin que en semejan e a ea
coope a i a in e enga ni pueda in e eni
o a coacción que la del a gumen o. Cuan o
acabo de expone end ía a se el esumen de
la é ica comunica i a que Habe mas p opo-
ne como única ga an ía de que la aciona-
lidad p esida nues os asun os p ác icos. En
la ((si uación de diálogo)) desc i a no pod ía
habe limi aciones ni en cuan o a los pa ici-
pan es ni en cuan o a los emas obje o de
deba e; odo el mundo end ía el pode de
ab i discu sos y de pe pe ua los po la
locución y la éplica, po la p egun a y la
espues a; quienquie a con a ía con la mis-
ma opo unidad que los demás de es ablece
sus p opias in e p e aciones, a i maciones y
explicaciones, así como de p oblema iza las
ajenas; y nadie, en in, hab íade ese a se en
exclusi a el p i ilegio de egula la discu-
sión, es o es, de manda y de opone se, de
pe mi i
y
de p ohibi , de da azón
y
de
pedi la." Como en la ieja doc ina del
con a o social, que en cie o modo cons i-
uye un p eceden e de al é ica de la comu-
nicación, la azón -la azón p ác ica- en-
d ía aho a a plasma se en olun ad gene al,
.
es o es, aquella olun ad en que la olun-
ad de odos y la de cada cual hab ían de
coincidi siquie a sea endencialmen e,
pues o que los únicos in e eses pa icula es
ionsgemeinscha )>, en
T ans o na ion de ~bilosophie
(2
ols.), F anc o del Main, 1974, ol.
11,
pp. 155-436.
l1
C . Habe mas, ((Wah hei s heo ien)), en H. Fah-
enbach (ed.),
Wi klichkei und Re exion, Fes sch i ü
Wal e Schulz,
P ullingen, 1973, PP. 211-65, pp. 255 y
SS.
que se ab i ían camino en el diálogo se ían
los ((in e eses
gene alizables)), a sabe , aquellos
in e eses suscep ibles de con e i se en in e-
és común. Aho a bien, es á cla o que seme-
jan e si uación no es más que una icción,
como lo ue en su día la hipó esis del con a-
o social: la hipó esis de un con a o o igina-
io median e el cual los homb es decidie on
o ganiza se en sociedad es, en e ec o, una
icción e odic i a que emi e, en úl ima
ins ancia, a la Edad de O o; la de la si uación
de diálogo se ía, po su pa e, una icción
an icipa o ia que apun a a algo así como a la
ealización del Reino de Dios sob e la Tie a
o -como mo dazmen e se ha insinuado- a
la Comunión de los San os. El p opio Habe -
mas es conscien e de ello y de ahí que sólo
hable de
ideale Sp zchsi ua ion,
de si uación
ideal de diálogo,12 sin p e ende , ni po
asomo, que semejac e si uación enga que
e con las si uaciones eales de diálogo
conocidas, ni mucho menos con aquellas
si uaciones
-
a las que odos nos hallamos
sob adamen e acos umb ados- en las que
no exis e diálogo ni posibilidad siquie a de
que lo haya.
Pues, cie amen e, ¿cómo pensa que se-
mejan e si uación -que idealmen e con-
clui ía con un
consensus hominum,
con un acue -
do gene al en e los homb es- pudie a da -
se en nues as con lic i as sociedades, socie-
dades escindidas po la lucha de clases, su ca-
das de an agonismos i econciliables, blo-
queadas en sus mismas posibilidades de co-
municación po oda sue e de ba e as ideo-
lógicas?
Y,
sin emba go, hay que deci que la
é ica no pod ía con en a se con algo menos
que eso, es o es, con algo menos que una
si uación en la que su legislación alcance a
odos y cada cual sea un legislado ; con algo
menos que una si uación en la que su p e en-
sión de uni e salidad
y
la exigencia de au o-
de e minación de los suje os mo ales se
iesen igualmen e sa is echas; con algo me-
nos, en in, que
una si aación en la que la azón
gobie ne elmundo.
De ahí que, en la ac ualidad,
la é ica se nos p esen e como una ins ancia
desespe ada, quién sabe si imposible y, en
cualquie caso, inope an e, de la que lo más
bené olo que cab ía deci es que, e ec i a-
men e, su eino no es de es e mundo y no
cabe ap ehende la po lo an o en la c uz del
p esen e.
Lo que acabo de deci emo que sea
bas an e cie o, pe o no desea ía que nadie
me acusase de habe comenzado pidiéndole
a la é ica demasiado pa a e mina luego
con en ándome con demasiado poco. La
melancólica e idencia -si así puede llama -
se- a la que c eo habe llegado nada iene
que e con la ecuen e in alidación de la
é ica como algo pu amen e ideal, es o es,
como ((me a cues ión de ideas)). Cuando uno
oye in alida así a la é ica,
y
en gene al a la
iloso ía, siemp e se acue da del ep oche
qu? un homb e de negocios di igía a Ca lyle
as de escucha le: <<¡Ideas, M . Ca lyle, nada
más que ideas!)), a lo que Ca lyle espondía
con somb ío humo : «Hubo una ez unos
seño es, los enciclopedis as anceses, que
esc ibie on una ob a en ein a
y
an os
olúmenes que no con enía más que ideas.
La segunda edición ue encuade nada con la
piel de quienes se ie on de la p ime a)). Po lo
que a mi espec a, desde luego, no deplo o
que en nues os días la gen e pueda ei se
impunemen e de la é ica y conse a su piel
in ac a.
Y,
cualquie cosa que sea lo que
suceda con la indus ia de la encuade nación,
de lo que c eo pode es a segu o es de que
las eo ías de la comunidad de comunicación
y la si uación ideal de diálogo no an a da
luga a una segunda Re olución F ancesa.
Aunque, si bien se mi a, dichas eo ías acaso
no ca ezcan de cie a elación con algunos
sucesos e oluciona ios que es án acon e-
ciendo en nues a ida polí ica ac ual. Los
sociólogos con empo áneos - an o conse -
ado es, como Daniel Bell, cuan o adica-
les, como T en Sch oye - no han podido
po menos que egis a , como uno de los
asgos del ad enimien o de la sociedad pos -
indus ial o de la adap ación a es a úl ima del
in en o de esis encia en e a la dominación,
lo que se ha dado en llama «la e olución de
la pa icipación)>,l3 una e olución mo ida
l3
C . Daniel Bell,
The Co ning o he Pos -Indus ial
Socie y,
Nue a Yo k,
1973,
pp.
391
y
SS.
(hay ad. cas . de
Raúl Ga cía
y
Eugenio Gallego, Mad id,
1976),
y T en
l2
Habe mas,
Ibíd
po la impe iosa necesidad que cada día más
gen e a eniendo de in lui en las decisiones
que con olan sus idas. Pe o las asambleas de
áb icas, de ba ios o de Uni e sidades no son
sino ((comunidades de comunicación)) cuyo
modelo agua da a gene aliza se, si no has a
el pun o de ex ende se a la humanidad en su
conjun o, sí po lo menos has a el pun o de
a ec a a o ganizaciones sociales cada ez
más complejas. Aho a bien, si con las obse -
aciones que an eceden a a a yo de co e-
gi lo que pudie a pa ece una isión excesi-
amen e melancólica del papel de la é ica en
nues o mundo de hoy, con an a'o mayo
ue za end ía aho a que in en a co egi lo
que acaso dé la sensación de cons i ui una
isión un an o iun alis a de ese mismo
papel. La conc eción más ce cana de la ((si-
uación ideal de diálogo)) a izo ada po la
é ica comunica i a se ía, como an es imos,
la de lo que se llama de o dina io la ((demo-
c acia di ec a)).
Y
el p oblema a es e espec o
es que la democ acia di ec a se halla casi an
lejos de noso os como la p opia si uación
ideal de diálogo. Cie o es que, en e an o,
podemos con en a nos con alguno de esos
sucedáneos a los que de o dina io se da el
nomb e de ((democ acias indi ec as)), como
se ía el caso, supongamos, de la democ acia
pa lamen a ia.
Y
no he de se yo quien deje
de econoce aquí y aho a -es o es, en
nues o país
y
después de cua en a años de
anquismo- que eso no es poco. Eso no es,
desde luego, poco. Pe o no es ni puede se ,
na u almen e, la si uación ideal de diálogo:
ningún Pa lamen o conocido pod ía hoy po
hoy jac a se de ma e ializa la (( olun ad
gene al)) ni de enca na a la (( azón)),
y
con undi la discusión acional con el chala-
neo de los g upos polí icos (o el consenso
con los pac os del gobie no
y
la oposición)
Sch oye ,
The C i ique o Do nina ion,
Nue a Yo k
1973,
pp.
250
y SS., así como las obse aciones del p opio
Habe mas sob e la (( ue za p oduc i a pa icipación)) en
Legi i na ionsp oble ne i n Spae kapi alis nus, ci .,
Ii, cap.
6.
Sob e oda es a p oblemá ica, que hab ía que p egun-
a se has a qué pun o se ha is o a ec ada po la ecesión
económica y la c isis de la sociedad de la abundancia en
los úl imos años, puede lee se con p o echo en cas ella-
no el lib o de José En ique Rod íguez Ibáñez,
Teo ía
c í ica
y
sociolog u,
Mad id,
1778.
equi ald ía a ca ica u iza la bu damen e.
Y
eso po no habla ya de la imposibilidad de
concebi a la humanidad con empo ánea
como una pe ec a comunidad de comunica-
ción. No hay al comunidad pe ec a de
comunicación, ni a ésa ni a o as escalas más
modes as. A lo sumo,
y
en el mejo de los
casos, lo que encon a íamos se ía más bien
una plu alidad de impe ec as comunidades
de comunicación pe e amen e incomunica-
das en e sí, en e las que el diálogo sólo
pa ece se posible como un diálogo de so -
dos, si es que no se e sus i uido po san-
g ien os en en amien os.
Y
la agedia de la é ica, que en nues os
días ex ae como hemos is o an o pa ido
del lenguaje, es que no iene en ocasiones
más emedio que pe manece muda an e
es os hechos. En cualquie pa e del mundo,
y
en nues o país sin i más lejos, el impe a i-
o sup emo de una é ica comunica i a-que,
siguiendo a Ka l-O o Apel, cab ía ci a en
la máxima ((A gumen a de al mane a que
posibili es un consenso en ma e ias de in e-
és común))14- ca ece, con ecuencia, de
oda aducción posible a e ec os p ác icos.
Quienes se hallen op imidos, po ejemplo, en
sus de echos más elemen ales no siemp e
pueden espe a pacien emen e has a que se
es ablezcan las condiciones de un au én ico
diálogo; ni mucho menos pueden, en e an-
o, limi a se a dialoga en luga de lucha po
sus de echos po medio de p ocedimien os
un an o más expedi i os que el diálogo. En
una si uación así, po consiguien e, la emo-
ción de los obs áculos que se oponen al
diálogo pa ece una p econdición de la aspi-
ación misma al consenso.
Y
una de las
mane as como, demasiado ecuen emen e
y po desg acia, p e enden emo e se esos
obs áculos es ecu iendo a la iolencia.15
l4
La p esen e o mulación, que modi ica lige a-
men e la del p opio Apel
(op.
ci .,
11, pág.
425)
aunque
conse a in ac o su sen ido, p ocede de la esis doc o al
La
unidadde la azón en Habe mas,
de la que es un ex ac o
el lib o de Raúl Gabás ci ado en la no a
8
sup a.
"
Hablo aquí, insis o, de la iolencia como medio
pa a la emoción de los obs áculos que se oponen al
diálogo, come ido que a eces se a ibuye a sí misma la
llamada (( iolencia e oluciona ia)) en o den a su au o-
legi imación, pues de la iolencia enden e a obs aculi-