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La ética en la cruz del presente

Muguerza, Javier

Abstract

Muguerza, Javier

Full text

LA ÉTICA EN LA CRUZ DEL PRESENTE Ja ie MUGUERZA A Ge a d Vila , de qui an hau ia d'es- pe a la iloso ia ca alana si li os donada I'opo uni a de eballa pe ella a la Uni e si a del seu pais. Desde Sóc a es, po lo menos, la é ica pa ece habe enido algo que e con la azón, siquie a sea en esa a ian e de la misma -llamada, andando el iempo, (( azón p ác- ica»- po cuyo ase o acos umb amos a medi la acionalidad de nues os ac os. Y, más o menos desde en onces, se admi e comúnmen e que a la é ica no le incumbe an o la ocupación con lo que «hacemos» -es o es, con el modo como especí icamen- e ac uamos- cuan o con lo que ((debe ía- mos hace )), es o es, con el modo comodebié- amos ac ua . Desde Sóc a es, sin emba go, ha llo ido bas an e. Los ilóso os mo ales con empo- * El ex o de es e a ículo p ocede de una con e encia p onunciada en San Sebas ián hace algún iempo y con la que a aba de esponde , un an o a diamen e, a una encues a de la e is a He ia2.000 Eliza sob e el p oble- ma de la iolencia en el País Vasco. Como u e ocasión de deci allí, esa demo a en mi espues a obedecía a una compleja se ie de azones, en e las que con aba-pese a mi since o in e és po la cues ión- mi ela i o desco- nocimien o de la ealidad asca del momen o. Pe o la azón decisi a e a sin duda o a y end ía, más o menos, a consis i en lo siguien e. Cuando a uno le p egun an po el p oblema de la iolencia, en Euzkadi o en cualquie o a pa e de es e mundo, hay una mul iplicidad de pe spec i as desde las que abo da ese p oblema. El p oblema de la iolencia puede se abo dado sociológi- camen e, o polí icamen e, o eológicamen e; y cual- quie a de esos en oques pudie a se , a un iempo, legí imo y ecundo. Pe o, de en e odos ellos, el que a mí más me in e esaba -y no p ecisamen e po mo i a- ciones p o esionales- e a su en oque é ico. Y ahí e a jus amen e donde adicaba mi di icul ad, a sabe , en el hecho de que la é ica no conseguía saca me de la pe plejidad, lo que p esumiblemen e iene que e bas an e con la concepción que uno sus en e de la é ica y le obliga a e lexiona sob e es a úl ima. Es de esas e lexiones -y, po supues o, de esa pe plejidad- de lo que se ocupa es e abajo. Si al inal del mismo, y as un la go iaje que apa en emen e quizás no enga que e mucho con sus p egun as, consiguie a que los edi o es de aquella e is a se diesen po espondidos (y disculpa- sen, de pasada, mi a danza), pe sonalmen e me da ía a mi ez po sa is echo. áneos, po ejemplo, no sólo no se mues an p opensos a da consejos -cosa en sí lauda- ble (al in y al cabo, nadie a a hace les caso)- sino ni an siquie a a p onuncia se sob e aquellas cues iones, las cues iones mo ales, a las que en un ob io sen ido deben su p opia iden idad p o esional. Pa a deci lo con pala- b as de uno de esos ilóso os, ((no hay que con undi al ilóso o con un cu a pá oco)), lo que sin duda cons i uye una buena coa a- da pa a abs ene se de opina sob e cues io- nes enojosas. Pe o si cabe ep ocha a los ilóso os que en nues os días ehuyan cuan- o puedan el a o con el ((debe se )), no es oy en cambio an segu o de que quepa asimismo ep ocha les que no se eno gullez- can demasiado del come cio con la « azón» que es adición a ibui les como o icio. En e ec o, la dis ancia en e esa supues a e le- xión acional que es la iloso ía y la dudosa acionalidad del mundo que nos ha ocado i i pa ece habe llegado a se an a que cualquie desalien o es comp ensible. Y aun cuando ello al ez no jus i ique la dese ción de los ilóso os (bien mi ado, ¿po qué hab ía de hace lo?), lo cie o es que en un mundo en el que la azón omnipo en e de la ue za -con su co ejo ine i able de iolencia, su imien os y mue e- ha suplan ado a la impo en e ue za de la azón, odo lo que a cualquie a se le ocu e p egun a a la é ica es, como en la película, «¿Qué hace una chica como ú en un si io como és e?)). Aho a bien, el ilóso o con empo áneo a que an es me e e ía y que ehusaba, según imos, deja se sindica con los cu as pá o- cos es un dis inguido p o eso inglés de É ica, Pa ick Nowell-Smi h, alineado den- o de esa co ien e ilosó ica con empo á- nea -la llamada (( iloso ía analí ica))- cuyas modes as p e ensiones especula i as con- as an, yo no sab ía deci si a o ablemen e o no, con las ambiciosas sín esis de la iloso- ía sis emá ica del pasado.' Y el caso es, sin emba go, que -al esc i- bi aquella ase que yo ci aba hace un ins an e- Nowell-Smi h se hallaba, p oba- Veáse como bo ón de mues ala E hics del p opio P. H. Nowell-Smi h, Ox o d, 1954 (hay aducción al cas ellano de Gilbe o Gu ié ez, Es ella, 1977). blemen e sin sabe lo, en una compañía an so p enden e como ilus e. En compañía, conc e amen e, del más ambicioso cons- uc o de sis emas ilosó icos de oda la his o ia de la iloso ía, que acaso sea como cuad a a desc ibi a Hegel. En e ec o, y como con i mación de que, a la pos e, no hay nada nue o bajo el sol (o de que lo que no es adición es plagio), Hegel siemp e sos u- o que la iloso ía debía cuida se mucho de que e se edi ican e; y, ya en uno de sus ju eniles <(A o ismos» de Jena, nos p e ino li e almen e con a la en ación de los ilóso- os de ((dedica se a la edi icación y sus i ui al pá oco)). De ahí que, en su madu ez, epu- diase ené gicamen e la p e e encia ilosó ica po lo que debe se en e a lo que es, p e e en- cia que p i a a los ilóso os de suelo eal en que asen a se pa a abisma los en la ensoña- ción. Mas lo que, pc mi pa e, quie o aho a sub aya no es an o esa apa en e coinci- dencia de Hegel con la iloso ía mo al con- empo ánea cuan o su apa en e disco dan- cia con es a úl ima a p opósi o del luga que hay que asigna a la azón en la iloso íay, po lo p on o, en la iloso ía mo al. Pues, pa a Hegel, la enuncia a la ensoñación del debe se equi alía p ecisamen e a la a i mación de la pleni ud de la azón, cuya undamen al iden idad con la ealidad al cual es end ía que se demos ada po la iloso ía. Es e es el sen ido de un céleb e pasaje hegelian~,~ del que en úl ima ins ancia me he se ido pa a i ula es e abajo: ((Reconoce a la Razón como la osa en la c uz del p esen e y, de es e modo, goza de él, en esa pene ación acio- nal es iba la econciliación con la ealidad ga an izada po la iloso ía)). La in e p e ación de aquel pasaje es com- plicada y su con ex o, cie amen e, abona la c eencia en la in ención de descali ica cual- quie es ue zo ilosó ico po ascende el mundo p esen e, lo que -habida cuen a de que el con ex o de ma as es nada menos que un a ado ace ca de la ciencia del Es ado- hab ía de esul a an anquilizado pa a los pode es de ese mundo como i i an e pa a cuan os se empeñen en sub e i los o, po lo Hegel, G undhien de Philosphie des Rech s ode Na u ech und S aa swi~senscha z n G und isse, Vo ede. menos, cues iona los. Aunque, po lo de- más, ampoco han al ado in é p e es que ad ie an que semejan e consag ación dels a us quo encie a una i onía p o unda, pues o que -dado que la iloso ía, como el buho de Mine a, únicamen e alza su uelo en el c epúsculo según el p opio Hegel- el p e- sen e con el que la iloso ía nos econcilia esul a se o zosamen e pasado, de sue e que la misión de la iloso ía se ía más bien la de ce i ica la de unción de lo es ablecido que no la de in i a nos a a~ep a lo.~ Como quie a que sea, uno se halla a cien leguas de pode se conside a especialis a en la ob a de Hegel, lo que sob adamen e me excusa de in e na me en la exégesis del pasado ci ado. En su sen ido más pedes e, que es el que aquí ha é mío, el pasaje sencillamen e nos anima a aga a el o o po los cue nos. Como el p opio Hegel nos di ía, Hic Rhodus, hicsal us; o, ambién, ((Aquí es á la osa, baila Lo que hay, pues, es es o y con es o nos hemos de en en a . Esa osa espinosa que es pa a noso os la azón, la azón p ác ica, la é ica, hay que coge la como es y aunque sus púas nos pinchen sin emedio. Que la c uz del p esen e haya de emi i nos luego a la ememo ación del pasado -y has a, quién sabe, a la u opía de la u u i- ción-, nada de eso nos saca de la c uz del p esen e, es o es, de la necesidad de p egun- a nos «¿Qué puede hace la é ica en un mundo como és e?)). Sin duda la espues a a esa p egun a no hab ía que encomenda la a los p o eso es de É ica, comenzando, po descon ado, po el au o de es e abajo. Pe o, en in, yo engo aquí que p osegui con es e úl imo y no oy a deja me desola po semejan e ci cuns an- cia; la ci cuns ancia, a sabe , de que ampoco las espues as de colegas ha o más compe- en es que uno pa ezcan habe ido muy allá. Pensemos, po ejemplo, en las espues as de los que an es llamamos ilóso os mo ales ((analí icos)). Si la é ica, según ellos, no pue- de dic a no mas -no puede da consejos como los cu as pá ocos-, si la é ica, pues, Esa es al menos la conocida, e indulgen e, in e - p e ación de Shlomo A ine i en Hegeh Theo y o he Mode n S a e, Camb idge, 1972, pp. 123-55. Hegel, loc. ci . no es pa a ellos é ica no ma i a y no hay que con undi ya po más iempo al ilóso o mo al con un con eccionado de códigos mo ales, con un mo alis a, ¿qué puede hace la é ica? En su opinión, ya que el ilóso o mo al -a di e encia del mo alis a- no nos dice lo que enemos que hace , pod ía al menos dedica se a es udia qué es lo que dicen aquellosque nosdicen lo que enemos que hace . Es deci , pod ía dedica se a examina (a ((analiza )), po echa mano de la ó mula consag ada) el lenguaje mo al. Pa a amplios sec o es de la p oducción ilosó ica con em- po ánea, «é ica>> y ((análisis del lenguaje mo al)) han enido, así, a esul a sinónimos, lo que a no duda lo ha dado o igen a un de oche de su ilezas y asimismo ha gene a- do no poco abu imien o (los a ados de é ica analí ica son a un iempo, en e ec o, su iles y abu idos). Pe o el p incipal ca go con a la é ica analí ica no es, po desg acia, que és a sea abu ida. Como en el caso de Hegel, y aun si po muy o as azones, el análisis del lenguaje mo al iende ambién a ci cunsc ibi nos al p esen e, es o bándo- nos como an es la mi ada e ospec i a hacia el pasado y edándonos igualmen e la isión p ospec i a del u u o. Conside emos un ejemplo. Una de las mane as más e icaces como el lenguaje mo al pod ía log a que nos sin ié amos mo almen e obligados a ea- liza una de e minada acción -supongamos, la de e ibui sa is ac o iamen e a alguien po un abajo del que somos bene icia ios- consis i ía en aplica a dicha acción el cali i- ca i o de acción ((jus a)). Y una de las a eas que, en consecuencia, compe en al ilóso o mo al consis i ía, a su ez, en p egun a se qué es lo que que emos deci cuando deci- mos que algo es «jus o», pa a lo que el ilóso o en cues ión ca ece en p incipio de o a guía que el egis o del modo como la gen e emplea de hecho esa al ab a.^ Desde luego, se pod ía pensa que esa a ea no es en mane a alguna nue a en la his o ia de la é ica. En la República de Pla ón, pongamos Como Da id Miile sub aya in eligen emen e en su «In oducción» a SociuIJus ice, Ox o d, 1976, pp. 1- 14, la cláusula «en p incipio)) se des ina a a isa nos de que semejan e egis o no ago a en modo alguno la cues ión. po caso, Sóc a es se pasaba odo el a o p e- gun ando a sus di e sos in e locu o es qué es lo que unos y o os que ían deci cuando decían que algo e a ((jus o)). Pe o se ía un e o pe de de is a la pe spec i a his ó ica y igu a se que lo que aquellos g iegos en en- dían po dikaiosyne signi ica lo mismo que noso os en endemos po (<jus icia)).6 Hace - lo así equi ald ía, como alguna ez se ha señalado, a incu i en un anac onismo se- mejan e al de aquel aduc o que - as habé sele hecho e la imp opiedad de a- duci ie es po ((buque de apo ))- espon- día anquilamen e que, en e ec o, las ideas de los g iegos en ma e ia de buques de apo e an bas an e pe eg inas. Con a lo que mu- chos ilóso os mo ales analí icos dan la sen- sación de pensa , el ocabula io mo al no se halla e es ido de una sue e de inmu abili- dad o in empo alidad que lo sus aiga de oda conexión con la ida social de que se nu e cualquie mo alidad. Y de ahí que ampoco sea acep able la in e p e ación que usualmen e hacen esos ilóso os de la cono- cida sen encia wi gens einiana según la cual «la iloso ía (en es e caso, el análisis del lenguaje mo al) lo deja odo al como es á)). Pues Wi gens ein ambién dijo que « odo lo que noso os podemos desc ibi pod ía am- bién se de o o modo)). Y los ilóso os mo ales, incluidos los analí icos, pod ían al menos hace algo po ayuda nos a comp en- de que eso es lo que sucede -de nue o y po de p on o- con el ocabula io mo al. Ima- ginemos que, en una sociedad como la nues- a, alguien sos enga que « al o cual sala io es jus o como e ibución de al o cual aba- jo)). ¿Pod ía deci lo mismo en una sociedad en la que -en luga del p incipio ((A cada quién según su abajo))- igiese el p inci- pio ((A cada quién según sus necesidades)), o . en una sociedad, p e- o pos indus ial, a la que uese ajena la idea de p oduc i idad, igiendo en ella lo que La a gue llamó «el Al lib o de Alasdai MacIn y e, A Sho His o y o E hics, Nue a Yo k, 1966, cap. I(hay aducción cas ella- na de Robe o Juan Wal on, Buenos Ai es, 1970), le co esponde el mé i o, his ó ico ambién, de habe sido el p ime o en llama la a ención sob e el pelig o de ahis o icismo que acecha a la p ác ica con encional del análisis del lenguaje mo al. de echo a la pe eza))? En in, si me he omado la moles ia de añadi es as p ecisiones a la concepción usual de la é ica analí ica es po que dicha é ica nos a a se i aquí de pun o de pa ida -quizás no de llegada- y deseaba e me lib e de sus incon enien es usuales, comenzando po el g a ísimo in- con enien e de su o al ca encia de sensibi- lidad pa a la his o ia. Pe o sen ado es o, y emiéndome que las disquisiciones que aho- a siguen abu an al lec o (y no sólo po causa de la é ica analí ica), no se me ocu e o a disculpa que pedi le que o ezca su p opio edio como un ibu o más a la c uz del p esen e. Pa a empeza po algún lado, pues, quizás no haya ocablo de uso an pe sis en e a odo lo la go de la his oiia del ocabula io mo al como el ocablo ((bueno)), desde el aga hós g iego al good de Geo ge Edwa d Moo e en nues o siglo. Na u almen e, y como ya an- es insinué, el signi icado de esos ocablos no ha pe sis ido inal e able con el paso del iempo: pa a se bueno en é minos de Ho- me o hacía al a la uda alen ía, la as ucia y la des eza de los hé oes de sus poemas; mien as pa a se bueno en é minos de Moo e acaso bas a ía con el e inamien o decaden e de sus habi uales con e ulios en el G upo de Bloomsbu y. Y en e uno y o o hab ía que con a , na u almen e, con la in- omisión de la adición judeoc is iana, pa a la que algo es bueno si así lo quie e Dios (lo que plan ea el a duo p oblema de si es bueno po que lo quie e Dios o más bien Dios lo quie e po que es bueno). Comoquie a que sea, se econoce de o dina io que la é ica se ocupa po o icio de suminis a nos c i e- ios de bondad y que, po an o, se ocupa del bien como su obje o p opio. Pe o, po lo demás, no odos los c i e ios de bondad end ían po qué se mo almen e ele an es ni, en conse- cuencia, de la incumbencia de la é ica. No es lo mismo, en e ec o, deci de alguien que es un «buen p o eso )) (es o es, que es compe- en e en su ma e ia) que deci de ese alguien que es un ((p o eso bueno)) (en el sen ido de una buena pe sona, independien emen e de su compe encia p o esional). Pe o la dis in- ción en e uno y o o sen ido -el mo al y el ex amo al- del adje i o ((bueno)) no siem- p e es ní ida ni, po lo an o, pa ece habe lo sido his ó icamen e hablando. Es muy p o- bable que, o igina iamen e, no u ie a sen- ido habla de ((bueno)) más que pa a cali i- ca a un «buen gue e o)) o a un ((buen o ado )). Y que incluso el sen ido de se ((bueno)) en el sen ido de una ((buena pe so- nan se ie a cons eñido al de se un «buen pad e)) o, a lo sumo, un ((buen ciudadano)). Cuando A is ó eles hablaba de ((homb es buenos)) -es o es, de buenos «en cuan o homb es)) y no en cuan o gue e os u o ado- es-, no es á del odo cla o que hablase de o a cosa que de aquellos a los cuales enía po ciudadanos ejempla es. Y es de nue o p obable que se necesi ase el paso de la es uc u a g ecoan igua de lapólis a la cosmo- poli ezá helenís ica y el ul e io mundo oma- no pa a que esa noción de ((biieno en cuan o homb e)) cob ase odas sus i ualidades, las i ualidades que luego el c is ianismo c ee- ía consag a al concebi a (( odo)) homb e como hijo de Dios. Pe o en cualquie caso, y aun si de un modo balbucien e, alp e ensión de uni- e salidad se hallaba ya seminalmen e en el legado del p opio Sóc a es y no pa ece exa- ge ado a ibuí sela a la é ica como condición de su misma posibilidad. Pues o que si, en e ec o, la palab a ((bueno)) sólo es usada mo almen e cuando su aplicación alcanza a odo homb e en cuan o homb e, o la é ica legislapa a odo homb e o sencillamen e no hay é ica posible. Al llega a es e pun o, sin emba go, se impone hace un al o, pues quisie a e i a que la his o ia que es oy aquí con ando -o, pa a se exac os, que es oy a ando de econs ui un an o abs ac amen e- esul a- se, al cabo, demasiado bella. La exis encia misma de la é ica, y po ende ambién su p e ensión de uni e salidad, ha sido is a como sospechosa po esos maes os de la (( iloso ía de la sospecha)) que ue on Ma x, Nie zsche y F eud. Po e e i nos a és e en p ime é mino, yo he dicho hace un mo- men o que la cons i ución de la é ica p esu- pone la noción de géne o humano, pe o en endido, cla o, como comunidad social y no como simple géne o na u al. Lo que la humanidad haya sido en un supues o y p i- mi i o ((es ado de na u aleza)) nunca pod ía- mos sabe lo con exac i ud, es o es, nunca sab emos si aquel es ado e a más bien un pa aíso o una gue a de odos con a odos. Mas, pa a sospecha de que la é ica haya cons i uido un buen in en o, bas a ía con pone se, en cualquie caso, en la peo de ambas hipó esis, pues siemp e alguien pod á deci que el más mise able es ado na u al del homb e pa ece p e e ible a la más a anzada de sus ci ilizaciones. La mo alidad, como oda o ma de cul u a, compo a esencial- men e la inhibición de las inclinaciones na- u ales de los homb es; y hab ía que p egun- a se si el p ecio pagado po su imposición en ep esión -y, en de ini i a, en insania men al- no es demasiado al o, cualesquie a que sus en ajas puedan se . ¿No ob a íamos cue damen e, en consecuencia, ol idándo- nos del adje i o ((bueno)) -y, sob e odo, de su con a io, el adje i o «malo»-, a ando de ecupe a de es a mane a la inocencia pe dida? Puede que eso nos lle a a a es au- a un mundo c uel, pe o el nues o, de cualquie modo, lo es bas an e; y la c ueldad inocen e pudie a acaso se más lle ade a que la que no lo es. Pudie a se , pe o el p oblema es que -como el iejo F eud sabía mejo que nadie- la acul u ación es un iaje al cas illo de i ás y no ol e ás. No hay posibilidad de da ya ma cha a ás. Y pensa en la ecupe a- ción de la inocencia se ía como a a de de ol e a una ex-doncella la pe dida i gi- nidad. Pe o si la sospecha ace ca de la é ica no nos libe a de ella, ¿qué pod íamos deci de la sospecha ace ca de su p e ensión de uni e salidad? La sospecha de Nie zsche y la de Ma x pa ecen i en esa di ección cuando el p ime o apun a que la mo alidad pod ía no se , después de odo, más que un ecu so de los débiles pa a e i a po medio de ella se sojuzgados po los ue es; o cuando el se- gundo la denuncia como un aude, haciendo e que -aun si pudie a habla se de p inci- pios mo ales uni e sales- su pues a en eje - cicio den o de una sociedad conc e a acaba- ía de modo ine i able des i uándolos y po- niéndolos al se icio de la es a egia de la clase dominan e, que iende a la p ese a- ción de su dominio, y ello an o más audu- len amen e cuan o más hincapié se haga en la supues a uni e salidad de esos p incipios. Ninguna de ales objeciones es un g ano de anís y no cabe, po an o, despacha las con un pa de palab as. Pe o, po lo que a mi espec a, me inclina ía a sospecha -en odo caso, uno iene ambién modes amen e de echo a la sospecha- que an a la una como la o a se ende ezan a pone de elie e que la p e ensión de uni e salidad de oda é ica no es lo mismo que su uni e salidad consumada más bien que a a uina la misma p e ensión en sí de uni e salidad. Al in y al cabo, an o el ((supe homb e)) nie zscheano como el ((homb e gené ico)) ma xis a pe e- necen a la misma amilia del «homb e en cuan o homb e)). Y odo lo que Ma x y Nie zsche ad ie en es que las condiciones pa a su espec i o su gimien o no es án dadas cuando ambos esc iben, como po lo demás la p opia his o ia de la é ica se había enca gado ya de demos a cumplidamen e pa a en onces. Quizás sea aho a, en e ec o, el momen o de ce a el pa én esis que ab imos hace un a o y e o na al hilo de esa his o ia en el pun o donde an es la dejamos, que e a -si no ecue do mal- el del uni e so c is iano medie al. Desde en onces acá nadie igno a que han pasado cosas y cosas impo an es pa a la his o ia de la é ica, como lo ue on la Re o ma o la Ilus ación (po no habla del Renacimien o, la Re olución Indus ial o el su gimien o del Capi alismo). He aquí po qué odo eso ue impo an e desde el pun o de is a de la é ica. Como an es se dijo, la p e ensión de uni e salidad de oda é ica se deja conc e a en aquel uso del adje i o ((bueno)) que lo e ie e a odo homb e en cuan o homb e. Pe o ¿quién de e mina en dicho caso cuándo un homb e es bueno en cuan o homb e? En sociedades ela i amen- e cohesionadas, como quizás lo ue la me- die al, podía eina un gene al acue do ace - ca de es e pun o: el código mo al igen e (po ejemplo, los Mandamien os de la Ley de Dios) o la ins i ución enca gada de adminis- a lo (el caso de la Iglesia o los pode es ci iles po ella sancionados) se enca ga ían de de e mina el con enido de la palab a «bueno»; y el al o g ado de in eg ación del indi iduo en esa sociedad ha ía luego el es o. Pe o al si uación no pudo pe du a cuando la sociedad se io co oida po lo que alguien ha llamado ((los ácidos del indi idua- lismo)). Semejan e indi idualismo cob a ía aspec os muy di e sos -y an o posi i os como nega i os-, desde el lib e examen de los ex os sag ados has a el egoísmo in e e- sado del ho no oecononicus en la Fábula de las Abejas de Mande ille. Pe o lo decisi o, en cualquie caso, e a la emisión a la concien- cia indi idual de cualquie de e minación del bien mo al. La é ica de Kan acaso cons i- uya el mejo ejemplo -y, desde luego, el más p o undo- de es o que acabo de deci . Lo que sea bueno en un sen ido ex amo al (pa a designa lo cual se si e Kan del ocablo alemán wohl) pod ía se de e mina- do po medio de c i e ios que nos engan impues os desde ue a, como cuando acudi- mos a un expe o en busca de c i e ios pa a de e mina qué sea una «buena in e sión)). Pe o pa a de e mina qué sea lo bueno en un sen ido es ic amen e mo al (pa a designa lo cual Kan se si e del ocablo alemánga , añadiendo a con inuación que lo único e - dade amen e bueno en es e mundo es la buena olun ad), cada uno de noso os nece- si a ni más ni menos que ((au ode e mina - se)). Ninguna au o idad -humana ni di i- na- nos pod ía suplan a en ese come ido, po ejemplo dic ándonos a qué hay que llama ((bueno)) y a qué no. Pa a ello end ía- mos, en e ec o, que aca a esos dic ados, y semejan e aca amien o se ia ya él mismo u o de nues a au ode e minación. Pa a Kan -y desde él, según pienso, pa a el homb e mode no en gene al- al exigencia de au ode e minación end ía, po consiguien e, a con e i se en una nue a condición de po- sibilidad pa a la é ica. Pues o que si el uso mo al de la palab a «bueno» nos implica del modo inexcusable que hemos is o, o acep- amos au ode e mina nos -es o es, ac ua como legislado es- o oda legislación é ica se o na ía, como an es, imposible. Recapi ulando, en onces, cuan o has a aquí lle amos is o, nues o análisis del len- guaje mo al -un análisis, lo con ieso, más bien desen adado de acue do con los cáno- nes igen es al espec o- nos ha lle ado al econocimien o de un pa de condiciones que po igual pa ecen necesa ias pa a que sea posible la é ica: la p e ensión de uni e sali- dad y la exigencia de au ode e minación. Pa a que sea posible la é ica es p eciso que és a legisle pa a odo homb e y, a la ez, que cada homb e sea un legislado . Pe o, ¿no son acaso an i é icas es as dos condiciones? Es o es, ¿cómo hace conciliables un máximo de uni e salidad y un máximo de au ode e mi- nación? La iloso ía analí ica -en cuya ó bi- a nos eníamos mo iendo, mejo o peo , has a el momen o- ca ece muy p obable- men e de espues a pa a es e in e ogan e,' con lo que -dicho sea en hono de una iloso ía académica como ésa, apa en emen- e sus aída a las u gencias de nues a ida co idiana- no hace sino e leja la si uación en que se encuen an la mayo pa e de nues as sociedades con empo áneas, desga- adas en e el con lic o disg egado de los in e eses pa icula es y la in eg ación coac i- a de los mismos impues a desde el Es ado. Se pod ía alega que es e p oblema es, an e odo, un p oblema polí ico. Pe o, po lo que a mí espec a, no eo cla o cómo escapa a sus implicaciones é icas. Y eso es ambién lo que pa ecen pensa no pocos ilóso os con- empo áneos, de en e los que que ía aho a des aca a uno de ellos que -como Jü gen Habe mas- se insc ibe en el ((gi o lingüís i- co)) impues o al pensamien o con empo áneo po la iloso ía analí ica, pe o a ando de i un paso más allá de és a úl ima.8 En de ini i- a, el lenguaje no es sino lo que los g iegos llamaban lógos; y és a e a asimismo la palab a de que los g iegos se se ían pa a da a en ende lo que hoy noso os en endemos po (( azón)). Hegel pudo esc ibi un día que ((la Razón gobie na el mundo)), pe o lasi ua- ción del mundo -y, de modo muy especial, su si uación polí ica- no nos pe mi e hoy ' Con pos e io idad a la edacción de es e abajo, he enido ocasión de lee el excelen e lib o de E ns Tugendha , Selbs bewuss sein una' Selbs bes i nmung. Sp a- chanaly ische In e p e a ionen, F ac o del Main, 1979, cuya mane a de enca a nues a emá ica excede no a- blemen e de la habi ual inanidad de los app oaches analí icos a la misma. Sob e es e pun o puede e se mi p ólogo «La so- ciedad como lenguaje)) a la in oducción al pensamien o de Habe mas de Raúl Gabás, Dominaci6n écnica y comu- nidad lingdis ica, Ba celona, en p ensa, así como el in e- esan e capí ulo V y úl imo de la misma. concede el meno c édi o a semejan e a i ma- ción. Pues bien, el p oblema que le p eocu- paba a Habe mas es un p oblema polí ico: la desga ado a ensión que acabamos de seña- la en e la a omización bu guesa de la so- ciedad y su uni o mación o ali a ia. Pe o ese desga amien o, como se hab á ya adi i- nado, no es sino un asun o de la ensión que en la é ica se daba en e uni e salidad y au ode e minación. Y la p egun a que hoy, desde la é ica, end íamos que hace nos es: ya que la azón no gobie na el mundo, ¿qué cab ía hace pa a que el mundo uese un día gobe nado po la azón? Como es ácil ima- gina , ni el indi idualismo libe al ni el o ali- a ismo es a alis a pod ían con es a la según Habe ma~,~ pe o lo in e esan e es cons a a que no pueden hace lo po que ambos mane- jan un concep o in ole ablemen e es ingi- do de azón. Tan o pa a el indi iduo como pa a el Es ado au o i a io (y hab ía que p egun a se qué Es ado no lo es) la acionali- dad es siemp e monológica: es o es, el Zógos, la azón, se educe a un monólogo. Pe o, así en endidos, el indi iduo y el Es ado no son sino abs acciones inhumanas, pues ni los homb es se dan aisladamen e sino en in e- acción comuni a ia los unos con los o os, ni la comunidad humana necesi a iden i i- ca se con el Es ado. Pa a Habe mas, esa comunidad es an e odo una ((comunidad de comunicación~~, pues el p incipal modo como el homb e in e acciona con sus seme- jan es es la in e acción po medio del lengua- je, la in e acción lingüís ica. Y, en un con- ex o así, la acionalidad pudie a se dialógi- ca: es o es, el Zógos, la azón, pod ía se un diálogo. Más aún, sólo en un al con ex o dialógi- co -el con ex o, epi o, de la Kommunika- ionsgemeinscha , de la comunidad de comuni- caciónlO- pod ía, en igo , habla se de ali- La cons a ación de esa imposibilidad cons i uye uno de los obje i os de la ob a de Habe mas, Legi ima- ions p obleme im Spae kapi alismus, F anc o del Main, 2.' ed., 1973 (hay ad. cas . de José Luis E che e y, Buenos Ai es, 1975). 'O El a amien o habe masiano de es e ema es, como econoce el p opio Habe mas, ampliamen e deu- do del de Ka l-O o Apel, ((T ans o ma ion de T ans- zenden alphilosophie. Das Ap io i de Kommunika- dez de los p incipios é icos -po ejemplo, de alidez de los c i e ios de bondad en i ud de los cuales llamamos ((bueno)) a algo-, pues o que el bien uni e sal, lejos de se algo ya dado y que es é ahí delan e de noso os, no se ía o a cosa que unacon ic- ción lib emen e cons uida y compa ida po los miemb os de la comunidad y, po lo an o, el esul ado de un acue do en e és os al que se llega al cabo de una discusión acional, es o es, de una discusión en la que cada cual apo a las azones que c ee más ap opiadas en de ensa de su pun o de is a y las some e al juicio c í ico de los demás, así como a la compe encia con las azones de es os úl imos, sin que en semejan e a ea coope a i a in e enga ni pueda in e eni o a coacción que la del a gumen o. Cuan o acabo de expone end ía a se el esumen de la é ica comunica i a que Habe mas p opo- ne como única ga an ía de que la aciona- lidad p esida nues os asun os p ác icos. En la ((si uación de diálogo)) desc i a no pod ía habe limi aciones ni en cuan o a los pa ici- pan es ni en cuan o a los emas obje o de deba e; odo el mundo end ía el pode de ab i discu sos y de pe pe ua los po la locución y la éplica, po la p egun a y la espues a; quienquie a con a ía con la mis- ma opo unidad que los demás de es ablece sus p opias in e p e aciones, a i maciones y explicaciones, así como de p oblema iza las ajenas; y nadie, en in, hab íade ese a se en exclusi a el p i ilegio de egula la discu- sión, es o es, de manda y de opone se, de pe mi i y de p ohibi , de da azón y de pedi la." Como en la ieja doc ina del con a o social, que en cie o modo cons i- uye un p eceden e de al é ica de la comu- nicación, la azón -la azón p ác ica- en- d ía aho a a plasma se en olun ad gene al, . es o es, aquella olun ad en que la olun- ad de odos y la de cada cual hab ían de coincidi siquie a sea endencialmen e, pues o que los únicos in e eses pa icula es ionsgemeinscha )>, en T ans o na ion de ~bilosophie (2 ols.), F anc o del Main, 1974, ol. 11, pp. 155-436. l1 C . Habe mas, ((Wah hei s heo ien)), en H. Fah- enbach (ed.), Wi klichkei und Re exion, Fes sch i ü Wal e Schulz, P ullingen, 1973, PP. 211-65, pp. 255 y SS. que se ab i ían camino en el diálogo se ían los ((in e eses gene alizables)), a sabe , aquellos in e eses suscep ibles de con e i se en in e- és común. Aho a bien, es á cla o que seme- jan e si uación no es más que una icción, como lo ue en su día la hipó esis del con a- o social: la hipó esis de un con a o o igina- io median e el cual los homb es decidie on o ganiza se en sociedad es, en e ec o, una icción e odic i a que emi e, en úl ima ins ancia, a la Edad de O o; la de la si uación de diálogo se ía, po su pa e, una icción an icipa o ia que apun a a algo así como a la ealización del Reino de Dios sob e la Tie a o -como mo dazmen e se ha insinuado- a la Comunión de los San os. El p opio Habe - mas es conscien e de ello y de ahí que sólo hable de ideale Sp zchsi ua ion, de si uación ideal de diálogo,12 sin p e ende , ni po asomo, que semejac e si uación enga que e con las si uaciones eales de diálogo conocidas, ni mucho menos con aquellas si uaciones - a las que odos nos hallamos sob adamen e acos umb ados- en las que no exis e diálogo ni posibilidad siquie a de que lo haya. Pues, cie amen e, ¿cómo pensa que se- mejan e si uación -que idealmen e con- clui ía con un consensus hominum, con un acue - do gene al en e los homb es- pudie a da - se en nues as con lic i as sociedades, socie- dades escindidas po la lucha de clases, su ca- das de an agonismos i econciliables, blo- queadas en sus mismas posibilidades de co- municación po oda sue e de ba e as ideo- lógicas? Y, sin emba go, hay que deci que la é ica no pod ía con en a se con algo menos que eso, es o es, con algo menos que una si uación en la que su legislación alcance a odos y cada cual sea un legislado ; con algo menos que una si uación en la que su p e en- sión de uni e salidad y la exigencia de au o- de e minación de los suje os mo ales se iesen igualmen e sa is echas; con algo me- nos, en in, que una si aación en la que la azón gobie ne elmundo. De ahí que, en la ac ualidad, la é ica se nos p esen e como una ins ancia desespe ada, quién sabe si imposible y, en cualquie caso, inope an e, de la que lo más bené olo que cab ía deci es que, e ec i a- men e, su eino no es de es e mundo y no cabe ap ehende la po lo an o en la c uz del p esen e. Lo que acabo de deci emo que sea bas an e cie o, pe o no desea ía que nadie me acusase de habe comenzado pidiéndole a la é ica demasiado pa a e mina luego con en ándome con demasiado poco. La melancólica e idencia -si así puede llama - se- a la que c eo habe llegado nada iene que e con la ecuen e in alidación de la é ica como algo pu amen e ideal, es o es, como ((me a cues ión de ideas)). Cuando uno oye in alida así a la é ica, y en gene al a la iloso ía, siemp e se acue da del ep oche qu? un homb e de negocios di igía a Ca lyle as de escucha le: <<¡Ideas, M . Ca lyle, nada más que ideas!)), a lo que Ca lyle espondía con somb ío humo : «Hubo una ez unos seño es, los enciclopedis as anceses, que esc ibie on una ob a en ein a y an os olúmenes que no con enía más que ideas. La segunda edición ue encuade nada con la piel de quienes se ie on de la p ime a)). Po lo que a mi espec a, desde luego, no deplo o que en nues os días la gen e pueda ei se impunemen e de la é ica y conse a su piel in ac a. Y, cualquie cosa que sea lo que suceda con la indus ia de la encuade nación, de lo que c eo pode es a segu o es de que las eo ías de la comunidad de comunicación y la si uación ideal de diálogo no an a da luga a una segunda Re olución F ancesa. Aunque, si bien se mi a, dichas eo ías acaso no ca ezcan de cie a elación con algunos sucesos e oluciona ios que es án acon e- ciendo en nues a ida polí ica ac ual. Los sociólogos con empo áneos - an o conse - ado es, como Daniel Bell, cuan o adica- les, como T en Sch oye - no han podido po menos que egis a , como uno de los asgos del ad enimien o de la sociedad pos - indus ial o de la adap ación a es a úl ima del in en o de esis encia en e a la dominación, lo que se ha dado en llama «la e olución de la pa icipación)>,l3 una e olución mo ida l3 C . Daniel Bell, The Co ning o he Pos -Indus ial Socie y, Nue a Yo k, 1973, pp. 391 y SS. (hay ad. cas . de Raúl Ga cía y Eugenio Gallego, Mad id, 1976), y T en l2 Habe mas, Ibíd po la impe iosa necesidad que cada día más gen e a eniendo de in lui en las decisiones que con olan sus idas. Pe o las asambleas de áb icas, de ba ios o de Uni e sidades no son sino ((comunidades de comunicación)) cuyo modelo agua da a gene aliza se, si no has a el pun o de ex ende se a la humanidad en su conjun o, sí po lo menos has a el pun o de a ec a a o ganizaciones sociales cada ez más complejas. Aho a bien, si con las obse - aciones que an eceden a a a yo de co e- gi lo que pudie a pa ece una isión excesi- amen e melancólica del papel de la é ica en nues o mundo de hoy, con an a'o mayo ue za end ía aho a que in en a co egi lo que acaso dé la sensación de cons i ui una isión un an o iun alis a de ese mismo papel. La conc eción más ce cana de la ((si- uación ideal de diálogo)) a izo ada po la é ica comunica i a se ía, como an es imos, la de lo que se llama de o dina io la ((demo- c acia di ec a)). Y el p oblema a es e espec o es que la democ acia di ec a se halla casi an lejos de noso os como la p opia si uación ideal de diálogo. Cie o es que, en e an o, podemos con en a nos con alguno de esos sucedáneos a los que de o dina io se da el nomb e de ((democ acias indi ec as)), como se ía el caso, supongamos, de la democ acia pa lamen a ia. Y no he de se yo quien deje de econoce aquí y aho a -es o es, en nues o país y después de cua en a años de anquismo- que eso no es poco. Eso no es, desde luego, poco. Pe o no es ni puede se , na u almen e, la si uación ideal de diálogo: ningún Pa lamen o conocido pod ía hoy po hoy jac a se de ma e ializa la (( olun ad gene al)) ni de enca na a la (( azón)), y con undi la discusión acional con el chala- neo de los g upos polí icos (o el consenso con los pac os del gobie no y la oposición) Sch oye , The C i ique o Do nina ion, Nue a Yo k 1973, pp. 250 y SS., así como las obse aciones del p opio Habe mas sob e la (( ue za p oduc i a pa icipación)) en Legi i na ionsp oble ne i n Spae kapi alis nus, ci ., Ii, cap. 6. Sob e oda es a p oblemá ica, que hab ía que p egun- a se has a qué pun o se ha is o a ec ada po la ecesión económica y la c isis de la sociedad de la abundancia en los úl imos años, puede lee se con p o echo en cas ella- no el lib o de José En ique Rod íguez Ibáñez, Teo ía c í ica y sociolog u, Mad id, 1778. equi ald ía a ca ica u iza la bu damen e. Y eso po no habla ya de la imposibilidad de concebi a la humanidad con empo ánea como una pe ec a comunidad de comunica- ción. No hay al comunidad pe ec a de comunicación, ni a ésa ni a o as escalas más modes as. A lo sumo, y en el mejo de los casos, lo que encon a íamos se ía más bien una plu alidad de impe ec as comunidades de comunicación pe e amen e incomunica- das en e sí, en e las que el diálogo sólo pa ece se posible como un diálogo de so - dos, si es que no se e sus i uido po san- g ien os en en amien os. Y la agedia de la é ica, que en nues os días ex ae como hemos is o an o pa ido del lenguaje, es que no iene en ocasiones más emedio que pe manece muda an e es os hechos. En cualquie pa e del mundo, y en nues o país sin i más lejos, el impe a i- o sup emo de una é ica comunica i a-que, siguiendo a Ka l-O o Apel, cab ía ci a en la máxima ((A gumen a de al mane a que posibili es un consenso en ma e ias de in e- és común))14- ca ece, con ecuencia, de oda aducción posible a e ec os p ác icos. Quienes se hallen op imidos, po ejemplo, en sus de echos más elemen ales no siemp e pueden espe a pacien emen e has a que se es ablezcan las condiciones de un au én ico diálogo; ni mucho menos pueden, en e an- o, limi a se a dialoga en luga de lucha po sus de echos po medio de p ocedimien os un an o más expedi i os que el diálogo. En una si uación así, po consiguien e, la emo- ción de los obs áculos que se oponen al diálogo pa ece una p econdición de la aspi- ación misma al consenso. Y una de las mane as como, demasiado ecuen emen e y po desg acia, p e enden emo e se esos obs áculos es ecu iendo a la iolencia.15 l4 La p esen e o mulación, que modi ica lige a- men e la del p opio Apel (op. ci ., 11, pág. 425) aunque conse a in ac o su sen ido, p ocede de la esis doc o al La unidadde la azón en Habe mas, de la que es un ex ac o el lib o de Raúl Gabás ci ado en la no a 8 sup a. " Hablo aquí, insis o, de la iolencia como medio pa a la emoción de los obs áculos que se oponen al diálogo, come ido que a eces se a ibuye a sí misma la llamada (( iolencia e oluciona ia)) en o den a su au o- legi imación, pues de la iolencia enden e a obs aculi-