J. Jablonskio kalbos kultūros teorija
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LIETUVIŲ KALBOS SANDAROS TYRINĖJIMAI
LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI, XXVI (1987)
ALDONAS PUPKIS
TEORÍA DE LA CULTURA LINGÜÍSTICA DE J. JABLONSKIS
La personalidad más destacada en la historia de la cultura de la lengua lituana y de la lengua estándar, así como en toda la lingüística lituana, es Jonas Jablonskis (1860—1930). «En toda la historia del desarrollo de la lengua literaria no hubo lingüista comparable a Jablonskis»¹. Las circunstancias históricas determinaron que se convirtiera en el mayor y más eminente creador y normalizador de la lengua estándar actual, codificador y guardián del sistema de esa lengua, así como promotor de su uso.
Jablonskis comprendía perfectamente la esencia, la finalidad y las particularidades de la creación de la lengua estándar. En el prólogo de su obra histórica, la «Gramática de la lengua lituana» de 1901, escribió: «Las normas de la lengua escrita siempre las adquiere algún dialecto; los demás dialectos le aportan únicamente sus mejores pequeñas aportaciones, esos granos que, por alguna razón, han desaparecido o han dejado de usarse en el dialecto escrito. Si en la lengua escrita falta alguna palabra que solo se conoce en otros dialectos, el escritor debe usar esa palabra, sin importar dónde la encuentre. (…) Así pues, la lengua de esta gramática será “el dialecto suvalkiano común”, pero, cuando sea necesario, también se verá reforzada y sustentada por otros dialectos»².
Además de la lengua hablada viva del pueblo, las fuentes de la lengua estándar para Jablonskis eran también el folclore, los escritos de escritores lituanos destacados, los trabajos de lingüística y los diccionarios. Sin embargo, en todas esas fuentes el gran lingüista también veía elementos inaceptables por principio, como los basados «en lenguas extranjeras» y que «contaminan por completo la lengua de nuestro pueblo»³. En palabras de los lingüistas de «La lengua materna», en términos generales, la fuente de la lengua estándar es el uso lituano, regido por «las leyes de la lengua del pueblo».
Sin embargo, Jablonskis no copiaba ese uso lituano de manera ecléctica, sin selección ni principios rigurosos. Quizá el mayor mérito de toda la labor normativa de Jablonskis sea haber conciliado hábilmente la variedad de la lengua estándar de Prusia Oriental con el dialecto de los aukštaitianos occidentales de Kaunas; es decir, haber aprobado el sistema de la lengua estándar lituana y codificado este en su gramática de 1901. Al parecer, en sus obras Jablonskis nunca operó con el término «sistema». Pero percibía perfectamente ese sistema y lo comprendía de manera semejante a la lingüística actual⁴, —
1 Vosylýtė B. Jablonskio vaidmuo lietuvių literatūrinės kalbos istorijoje. – Kn.: Literatūra ir kalba, 1956, t. 1, p. 63.
2 Jablonskis J. Rinktiniai raštai (toliau RR)/Sud. J. Palionis. – V., 1957, t. 1, p. 60.
3 Jablonskis J. RR, t. 1, p. 60.
4 Galima sutikti su A. Piročkinu (Prie bendrinės kalbos ištakų. – V., 1977, p. 100), teigiančiu, kad Jablonskis kalbos sistemą įvardijo terminu „kalbos dvasia“.
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esto aportaría numerosos ejemplos. Así, en el ámbito de la fonética, comprendió de manera muy moderna la función distintiva de los elementos lingüísticos. Una vez adoptado el sistema fonético occidental, era necesario conservar la cualidad de las vocales largas ū, y, o, ė, uo, ie independientemente de su posición. Tras señalar que los hablantes del este odėlė y uodelis, vietelė y vėtyklė, al comienzo de palabra, «muy a menudo oyen sonidos idénticos», Jablonskis escribe a continuación: «Para ajustarse a las normas de la lengua escrita, deberían saber cómo suena entonces la sílaba en la lengua escrita, es decir, cuándo recae sobre ella el acento de la palabra»⁵. Por esa razón exigía que en la ortografía se distinguieran las vocales largas de las breves, que se respetaran las reglas occidentales de combinación de consonantes, etc. Cabe añadir que también comprendía perfectamente la función distintiva del acento y de la entonación acentual en la lengua estándar⁶.
El sentido de sistema es muy marcado, sobre todo en sus consideraciones y correcciones sobre la acentuación y la formación de palabras y de sus formas. Al negarse a recomendar para la lengua estándar la acentuación pagunda², Jablonskis escribió: «En los dialectos occidentales de los aukštaitis solo se dice aquí pagūnda, -dos. Si M. Daukša acentuó realmente así esta palabra p r e f i j a d a[…], entonces aquí se le debió de ir un poco la cabeza: compárese pagálba, -bos, -ba, pagúoda, -dos, pakar̃pà, -põs, pašal̃pà, -põs, pašálpà, Palangà, -gõs, Pãlangą…»⁷ (cursiva de J. J.). O, al censurar la forma lietuvys, que aparece aquí y allá en algunos escritos, recurre a la analogía: lietuvīs – lietuviškas, liežūvis – liežūviškas y vyturýs – vytūriškas, gyvulýs – gyvuliškas. «Junto al sustantivo “lietuvỹs”, el adjetivo debería formarse en la lengua como “lietuviškas”»⁸. Al no recomendar para la lengua estándar el adverbio balsiai, el lingüista razona: «¿Qué enseña aquí, a decir verdad, el autor al lector con esta indicación de tres localidades [Kėdainiai, Surviliškis, Krekenava — A. P.]? Pues de esas localidades, al parecer, tomamos muy pocos ejemplos lingüísticos para cuestiones de la lengua escrita (vocabulario, reglas). […] Al no tener en mi lengua el adjetivo b ū d v a r d ž i o balsus, -si, tampoco sé usar en ella el a d v e r b i o balsiai»⁹ (cursiva de J. J.).
Encontraríamos muchísimos ejemplos semejantes en los escritos de Jablonskis (véase, en particular, su trabajo de 1928, «Cuestiones del vocabulario de nuestra lengua»). La exigencia de atenerse al principio de coherencia¹⁰, el recurso constante a las analogías entre hechos lingüísticos —es decir, el enfoque sistemático de los fenómenos de la lengua estándar— se aprecia en todas las reflexiones de Jablonskis y caracteriza todas sus recomendaciones. Al comprender que el sistema de la lengua estándar es un fenómeno vivo y autónomo, cada vez más alejado de su base dialectal, Jablonskis, ya en 1914, cuando la lengua estándar lituana actual estaba aún en su infancia, sus normas eran muy inestables y se hallaba fragmentada y era heterogénea, pronunció palabras proféticas sobre su creación y su futuro: «la lengua escrita es producto del propio pueblo y de los escritores que conocen su lengua, no de los lingüistas»¹¹ y: «Al crecer, la lengua escrita debe perfeccionarse por sí misma»¹² (cursiva de A. P.). Repite lo mismo 14 años después, en 1928: «dejémosla crecer a su manera, conforme a las reglas propias del pueblo, sin imponerle a la fuerza…»
5 Jablonskis J. RR, t. 1, p. 66.
6 Ten pat, p. 190.
7 Jablonskio raštai/Sud. J. Balčikonis. — K., 1936, t. 5, p. 174.
8 Ten pat, p. 172.
9 Ten pat, p. 181.
10 Ten pat, t. 3, 1935, p. 17; t. 4, 1935, p. 276, 278 ir kt.; plg.: Piročkinas A. Jablonskis — bendrinės kalbos kūrėjas. — V., 1978, p. 201.
11 Jablonskio raštai, t. 4, p. 189.
12 Ten pat, p. 188.
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introducir en ella, sin ninguna necesidad, toda clase de neologismos13 (ret. J. J.). Así pues, la labor de los lingüistas consistía en establecer y codificar el sistema de la lengua estándar; por lo demás, la lengua estándar es producto de la creación de toda la nación, de sus miembros más avanzados. La tarea de los lingüistas es velar por que se respete el sistema adoptado: «A medida que crece la lengua escrita, la labor de los lingüistas consiste en sacar a la luz las leyes de la lengua del pueblo y procurar que nuestros escritores, especialmente los periodistas […] no empiecen a veces ellos mismos a quebrantar esas leyes lingüísticas»14.
Al trabajar con datos de la lengua popular, el folclore, los textos escritos y la ciencia lingüística, Jablonskis observó la diversidad de los usos lituanos y la multitud de formas dobles, tanto en el léxico como en la formación de palabras y la gramática. Diríamos que Jablonskis comprendía bien el problema de la variación de los fenómenos lingüísticos y entendía los límites de esa variación en la lengua estándar. «Siempre hay que tener presente que incluso en las gramáticas de otros pueblos, aunque su tradición escrita esté mucho más desarrollada, hay no pocas vacilaciones de todo tipo», escribió en el prólogo a su gramática de 1901. «Entonces, ¿qué se puede esperar de nuestra gramática?»15 Por tanto, cabe preguntarse qué principios guiaban a Jablonskis al seleccionar, de diversas fuentes, las normas para la lengua estándar.
En primer lugar, como hemos visto, el factor decisivo era el carácter sistemático del fenómeno lingüístico. Todo lo que no concordaba con el sistema de la lengua estándar, lo que contravenía las posibilidades de ese sistema, se rechazaba sin concesiones y no se admitía en la lengua estándar. Así se renunció a muchas variantes dialectales de fonética y acentuación, a ciertos tipos de formación de palabras y a algunos dobletes de formas morfológicas. Sin embargo, incluso los fenómenos que caben dentro del sistema presentan a veces variación: ¿cómo procedía entonces Jablonskis y en qué se basaba al admitir algunos fenómenos en la lengua estándar y rechazar otros?
La misma pregunta surge al estudiar las opiniones de Jablonskis sobre los extranjerismos. Jablonskis fue el gran purista de la lengua lituana, y el criterio de pureza lingüística era muy importante para él. «En realidad, este principio se manifestaba siempre que se intentaba normativizar conscientemente la lengua»16. Sin embargo, Jablonskis se distinguía de todos los puristas lingüísticos anteriores, ante todo, porque exigía pureza no solo léxica, sino también sintáctica17. Por otra parte, su labor se caracterizaba por tener especialmente en cuenta no solo el extranjerismo censurado, sino también sus sustitutos. Prestaba particular atención a estos y sostenía que para la lengua estándar era más adecuado un préstamo que un neologismo desacertado, incompatible con el sistema lingüístico: «si no se tiene una palabra propia, sería mucho mejor decir, como otros pueblos, redaktuoti, redaktorius, en vez de introducir en la lengua, sin razón ni fundamento alguno, neologismos inadecuados»18. Pero incluso en los casos en que parecía haber en lituano palabras propias perfectamente buenas para sustituir un extranjerismo, Jablonskis a veces lo dejaba intacto. Por ejemplo, sobre el polonismo boti escribió: «Cuando haga falta, yo mismo seguiré usando esa palabra (boti); si la encuentro en el texto de otra persona, me parece que no la corrijo sustituyéndola por žiūrėti, paisyti»19.
13 Ten pat, t. 5, p. 216.
14 Ten pat, t. 4, p. 188—189.
15 Jablonskis J. RR, t. 1, p. 61.
16 Piročkinas A. Prie bendrinės kalbos ištakų, p. 101.
17 Jablonskio raštai, t. 4, p. 101.
18 Ten pat, p. 15.
19 Ten pat, t. 5, p. 182.
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El principio que guio a Jablonskis en su labor por la lengua estándar habría sido el objetivo del uso lingüístico y la conveniencia del uso de fenómenos lingüísticos concretos que de él se deriva. Aunque, al parecer, en sus escritos no aparece en ningún lugar el término «conveniencia», ese principio puede advertirse en muchas de sus reflexiones sobre cuestiones lingüísticas concretas.
Jablonskis entendía la lengua no solo como un fenómeno fisiológico y psicológico, sino también como un producto social. En cuanto fenómeno social, la lengua caracteriza a la sociedad que la habla («En la lengua, la nación declara quién es y cuánto vale»20). Su dominio o falta de dominio revela el grado de identidad nacional de una persona («la repetición inútil de palabras y la incapacidad de expresarse mediante “nusikalti” demuestran que muchos de nuestros escritores, de un modo u otro, se han desnacionalizado»21; al «no dominar la lengua, no podemos ser realmente útiles ni siquiera a nuestra propia gente»22).
La lengua estándar está destinada a toda la nación y es un factor que la une y cohesiona. Escribir en lengua estándar significa escribir para todo el pueblo, escribir de manera clara y comprensible. Por eso se evitan en ella los dialectalismos restringidos (las formas kalbė, žiūrė, turė «no son propias del uso habitual de la lengua y los demás no las entienden»23), así como los neologismos inusuales, pues solo dificultarían el aprendizaje de la lengua: «Nosotros, al menos la mayoría de nuestros intelectuales, no sabemos y por ahora tampoco tenemos tiempo para aprender debidamente ni siquiera nuestro manual de lengua; ¿cómo vamos a aprender después “moksnį” junto a “etiudo”, y “tarą, tyrą, tyravimą, matą”..., junto a “teorijos, tardymo, tyrimo (tardymo), matavimo”?»24. Jablonskis criticó duramente los neologismos de A. Vireliūnas25 y las formas reflexivas deformadas de los verbos propuestas por P. Vaičiūnas26. En su opinión, también dificultan la comprensión de la lengua «los extraños rasgos de afectación o erudición lingüísticas»27.
A lo largo de toda su vida, Jablonskis procuró alcanzar la unidad y estabilidad de las normas de la lengua estándar. Le preocupaba «la extraordinaria diversidad de la lengua de los escritores en otras literaturas: las ideas más sencillas se expresan de una manera en el cuaderno por unos escritores y de otra por otros; no se aprecia en absoluto la uniformidad lingüística de los escritores, en la medida en que la exigen las leyes más sencillas de toda lengua escrita […]»28. Todo ello perjudica el trabajo escolar y, en última instancia, no aporta «ningún alivio real a la materia social que se enseña en esa lengua»29. Luchó por esa unidad no solo mediante su actividad de cultivo de la lengua, sino también al codificar las normas: prestaba especial atención al sistema y a la coherencia en la formación de neologismos, y tenía en cuenta si las normas propuestas resultarían comprensibles para toda la sociedad. No cabe sino coincidir con A. Piročkin en que, tanto al condenar los extranjerismos como al admitirlos, Jablonskis se guiaba por el principio de conveniencia. «Las palabras de origen no lituano conocidas por todos y ampliamente utilizadas…»
20 Ibíd., t. 4, p. 191.
21 Ibíd., p. 41; véase también p. 57.
22 Ibíd., p. 191.
23 Ibíd., p. 232.
24 Ibíd., p. 308.
25 Ibíd., t. 5, p. 212 y ss.
26 Ibíd., p. 121 y ss.
27 Ibíd., p. 75.
28 Ibíd., t. 4, p. 50–51; compárese también con p. 133, 197 y t. 5, p. 121.
29 Ibíd., t. 5, p. 214.
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«Jablonskis no expulsaba de la lengua literaria las palabras para las que generalmente no había equivalentes en la lengua popular o para las que resultaba difícil crear un neologismo adecuado»30.
La adecuación de los hechos lingüísticos exige percibir muy bien las necesidades lingüísticas de la sociedad. Jablonskis ha expresado en más de una ocasión sus ideas sobre esas necesidades. Así, sin estar de acuerdo con el parecer de V. Kamantauskas de renunciar a los derivados con el sufijo -uotė (en realidad, en la lengua popular solo se conoce una única palabra, važiuotė31), aconseja combinarlo con otros sufijos afines (-otė, -aulė), sin ver en ello ninguna contradicción con las reglas del habla de la gente. «Si ahora se evita algún sufijo, entonces, a juicio de los escritores, es innecesario o ya no es necesario en la lengua»32 (ret. A. P.).
Pero los alemanes distinguen las palabras das Deklinieren y die Deklination; Kamantauskas parece aconsejar aquí conformarse con una sola palabra, linksniavimas. «¿De verdad querría el autor que los alumnos, por evitar el sufijo -uotė, empezaran también a evitar todos los términos de uso (de los manuales) que llevan el sufijo -uotė (asmenuotė, linksniuote, vaizduotė, važiuotė...)?»33 Véase también: «Y, por supuesto, también necesitamos operar siempre con el sufijo -ūnas allí donde sea verdaderamente necesario en el habla humana»34 (ret. A. P.). «“Žemaitija” es un neologismo de la lengua escrita. Esa palabra y “kalvis” siguen vivas. Si esa palabra fuera necesaria para los escritores, podría, por supuesto, vivir también en la lengua escrita»35 (ret. A. P.). «Al escribir, debemos recurrir a palabras ajenas e incomprensibles para la gente solo allí donde no podemos prescindir de ellas»36 (ret. A. P.).
En sus escritos hay más afirmaciones de este tipo de Jablonskis; si leemos con atención, observaremos que aplica este principio en más de una corrección.
También se tienen en cuenta las necesidades de la lengua estándar al defender otras palabras corregidas por V. Kamantauskas. A Jablonskis no le parecía adecuado nivelar palabras aisladas y sus significados, por lo que recomendaba distinguir dáilę y dailę, turėti y turėti, jaunatvę, jaunybę y jaunystę, patarėjas y tarėjas37, entre otras, aunque algunas de ellas no cumplieran los requisitos de pureza lingüística o incluso de sistematicidad. Comprendía perfectamente que las necesidades de los usuarios de la lengua son el criterio supremo, al que deben someterse todos los demás, aunque procedan de la mejor teoría o de los esfuerzos codificadores más sinceros por «mejorar» la lengua estándar: «Si nuestra lengua fuera tal como nosotros mismos querríamos que fuera, al menos en teoría [es decir, teóricamente. — A. P.], y todas sus palabras fueran exactamente las que le proporcionan los “cultivadores de la lengua”, entonces nuestra lengua actual hace ya mucho que habría perdido su valor para las personas cultas, o al menos parte de él»38 (ret. J. J.).
Jablonskis debió de comprender bien la pluralidad estilística de la lengua. Escribió que el héroe de un drama o el filósofo de un relato no puede hablar la misma lengua que un guardia o un trabajador corriente39. A las personas con menos formación se les escribe de manera más sencilla, a las de mayor…
30 Piročkinas A. Jablonskio kalbos norminimo pagrindai ir principai. — Kalbos kultūros teorija ir praktika/Lietuvių kalbos sekcijos sąsiuvinis, 1970, Nr. 5(18), p. 9.
31 Lietuvių kalbos gramatika. — V., 1965, t. 1, p. 298.
32 Jablonskio raštai, t. 5, p. 206.
33 Allí mismo.
34 Allí mismo, p. 207.
35 Allí mismo, t. 4, p. 122.
36 Allí mismo, p. 144.
37 Allí mismo, t. 5, p. 170, 178, 185, 193.
38 Allí mismo, p. 216.
39 Allí mismo, p. 62.
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— es posible «operar con expresiones más complejas y elaboradas»40. Aunque el lingüista había subrayado en más de una ocasión que no le gustaba inmiscuirse en cuestiones de estilo («tiendo a dejar la cuestión del estilo en manos de los propios escritores»41), sí expresó varias ideas interesantes sobre cuestiones concretas de estilo.
En primer lugar, Jablonskis no aprobaba el uso de elementos de distintos dialectos en un mismo texto: «en las formas de las palabras y los nombres y, en general, en la gramática, no deberían mezclarse los diversos dialectos de nuestra lengua»42. Criticó el uso inconsistente de la construcción con infinitivo y preposición, la confusión entre singular y plural, etc. Tampoco aprobaba la promoción artificial de rasgos dialectales, sobre todo en escritos destinados a lectores menos instruidos: «aconsejo a los traductores (y a los correctores de lengua) que se esfuercen por no escribir en dialectos para la escuela: que no saquen a relucir rasgos suyos inusuales en los escritos. Los rasgos dialectales que no se pongan por escrito ni se saquen a relucir acabarán apareciendo por sí solos; basta con que sepamos aprovecharlos para la lengua hablada y escrita»43.
A Jablonskis también le preocupaban otros rasgos del estilo escrito. Alzó la voz contra la artificiosidad y la erudición aparente de la lengua escrita44, la artificialidad de la oración, la oscuridad y falta de claridad de su pensamiento45. «Cuando escribimos algo, ante todo debemos expresar nuestro pensamiento con claridad y de manera comprensible»46 (énfasis de A. P.). El pensamiento debe expresarse no solo con claridad y de manera comprensible, sino también con fluidez y facilidad47. Que no se trataba aquí de una frase vacía ni de exigencias generales e imprecisas sobre una buena lengua, sino de rasgos del estilo escrito bien entendidos, queda demostrado por el hecho de que Jablonskis distinguía claramente entre cuestiones de lengua y de estilo («Los escritores deben empezar por preocuparse ellos mismos de que nuestra lengua escrita sea a) fácil, hermosa, clara, ampliamente comprensible y b) correcta (debe seguir las reglas de la lengua de la gente, de los lectores)»48; y, finalmente, por esta afirmación de Jablonskis: «las oraciones, consideradas por separado, parecen correctas, pero esa corrección de las oraciones, me parece, perjudicó en cierta medida la fluidez y la facilidad de su lengua»49. ¡La corrección perjudicó la fluidez y la facilidad!.. ¿Acaso no es este el ejemplo más sutil de funcionalidad lingüística y adecuación social?
* * *
La reseña de las ideas de Jablonskis no debería dar la impresión de que fueron inmutables, rígidas y, por tanto, en última instancia —teniendo en cuenta sus largos 40 años de actividad en el ámbito de la cultura lingüística—, dogmáticas en cierto sentido. En realidad, Jablonskis se atuvo estrictamente durante toda su vida únicamente a los requisitos fundamentales para la creación y el desarrollo de la lengua estándar. Ante todo, estos eran los principios de sistematicidad lingüística y adecuación funcional, que aplicó de manera generalizada. Durante toda su vida, Jablonskis también procuró la pureza de la lengua, aunque subordinaba el criterio de pureza a la adecuación y, por eso, nunca se apartó ni un paso del camino de una valoración ponderada de los extranjerismos. Siempre fue un defensor de la sistematicidad lingüística…
40 Ibíd., p. 37.
41 Ibíd., p. 72.
42 Ibíd., vol. 4, p. 49.
43 Ibíd., p. 243.
44 Ibíd., vol. 5, p. 75.
45 Ibíd., p. 134.
46 Ibíd., vol. 4, pp. 133, 143.
47 Ibíd., p. 262, vol. 5, p. 92.
48 Ibíd., vol. 4, p. 144.
49 Ibíd., p. 262.
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…guotojas, en la segunda mitad de su actividad empezó a prestar cada vez más atención a la adecuación funcional, hasta que finalmente, en 1921, declaró que la corrección (es decir, el respeto del sistema) no lo era todo: ya no bastaba para la lengua estándar. Convencido de que desde comienzos de la década de 1920 ya podía hablarse de una lengua estándar formada, realmente existente y con un sistema firmemente codificado50, Jablonskis se dedicó principalmente a preservar las normas de esa lengua y a defender su estabilidad, aunque los asuntos de codificación siguieron siendo sumamente importantes para él (cf. su reseña de 1928 del vocabulario de V. Kamantauskas, «Cuestiones del vocabulario de nuestra lengua»). Exigía sin concesiones que los escritores y traductores respetaran la gramática, se oponía firmemente a la avalancha de neologismos innecesarios, discrepaba del principio de adaptación fonética y morfológica al lituano de las palabras internacionales, defendido por Būga, y defendía el uso de las formas de esas palabras ya establecidas.
Las opiniones de Jablonskis cambiaban más en lo relativo a normas lingüísticas concretas, y esto es perfectamente comprensible. Incorporaba a su práctica profesional todo lo que había descubierto la ciencia lingüística de la época (cf. su admisión pública de que se había equivocado al corregir derivados con el sufijo -imas51), así como lo que él mismo aprendía de las criadas (en este sentido, la edición del diccionario de Juška entre 1897 y 1906 le aportó mucho); también tenía en cuenta aquello hacia lo que tendía la práctica lingüística y lo que rechazaba. Por todas estas razones, más adelante Jablonskis abandonaba algunas de sus correcciones, pero casi cada vez sus artículos incluían también cuestiones nuevas, hasta entonces no tratadas52, por lo que algunas normas lingüísticas recibían una valoración algo distinta en sus gramáticas53. Sin embargo, esto no perjudicó en absoluto ni la estabilidad de las normas lingüísticas que exigía Jablonskis ni los principios generales de toda su labor de cultivo de la lengua.
En general, los méritos de Jablonskis para la lengua estándar lituana y su cultivo son inconmensurables y difícilmente pueden valorarse debidamente en un estudio o artículo panorámico. Sus obras aguardan nuevas investigaciones, pues generación tras generación extraerá de ellas sustento espiritual, y cada una encontrará allí valores inestimables también para sí, sin los cuales no es posible ningún progreso de la vida, la cultura y la propia lengua estándar.
TEORÍA DEL CULTIVO DE LA LENGUA DE J. JABLONSKIS
Resumen
El fundador de la lengua literaria lituana moderna, Jonas Jablonskis, no dejó trabajos teóricos específicos sobre el cultivo de la lengua lituana. Sin embargo, sus numerosas declaraciones sobre cuestiones prácticas de normalización del lituano permiten afirmar que su labor se guiaba por una teoría profundamente meditada, cuyos postulados fundamentales son los siguientes. Las fuentes de las normas de la lengua literaria lituana son la lengua popular y la lengua del folclore, la literatura de aquellos autores que conocían bien la lengua popular, y los trabajos lingüísticos (gramáticas y diccionarios). Al seleccionar las normas, J. Jablonskis tenía en cuenta ante todo la sistematicidad y la adecuación de los fenómenos lingüísticos; al principio de su actividad destacaba la sistematicidad, mientras que más tarde fue teniendo cada vez más en cuenta la adecuación.
50 Piročkinas A. Jablonskis – bendrinės kalbos kūrėjas, p. 191.
51 Jablonskio raštai, t. 4, p. 271–272.
52 Tai parodyta A. Piročkino darbuose (ypač kn.: Jono Jablonskio leksiniai taisymai. – K., 1970; Jono Jablonskio gramatiniai taisymai. – K., 1976).
53 Piročkinas A. Jablonskis – bendrinės kalbos kūrėjas, p. 219–221.
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