Gramatikos norminimas „Gimtojoje kalboje“ (1958–1968 m.)
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LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI, XXXI (1994)
KALBOS NORMALIZACIJOS KLAUSIMAI
RITĄ MILIŪNAITĖ
NORMALIZACIÓN GRAMATICAL EN «GIMTOJI KALBA» (1958—1968)
La Sociedad de la Lengua Lituana (en adelante, LKD), fundada en Lituania antes de la guerra, y su revista Gimtoji kalba (1933—1941; en adelante, GK) impulsaron considerablemente el trabajo de normalización lingüística, que tras la muerte de J. Jablonskis (1930) había quedado algo estancado. Durante casi una década se debatieron colectivamente cuestiones teóricas sobre la normalización lingüística y se adoptó un programa; también se procuró incorporar las normas al uso. Sin embargo, en 1941 ese trabajo se interrumpió, pues, al acercarse el fin de la guerra, una gran parte de los lingüistas más activos se vio obligada a abandonar la patria.
En 1950 se restableció la LKD en Estados Unidos y, desde 1958, se reanudó Gimtoji kalba, que se publicó durante toda una década¹. Al principio, los colaboradores más importantes, como en Lituania, fueron P. Skardžius, A. Salys, P. Jonikas y L. Dambriūnas (quien en Lituania firmaba como Dambrauskas). P. Jonikas trabajó como redactor durante casi dos años y medio, con la colaboración de otros lingüistas; desde 1961, Dambriūnas asumió en solitario la edición de la publicación. S. Barzdukas, V. Rastenis, K. Grinda y varios otros emigrados lituanos —no solo lingüistas— publicaban artículos.
En esta ocasión, nos interesa examinar cómo la GK estadounidense continuó la labor de ordenación de la lengua estándar llevada a cabo con éxito en Lituania, prestando especial atención a la normalización gramatical. Durante mucho tiempo, por razones comprensibles, esta revista no pudo llegar al ámbito de atención de quienes actualmente normalizan nuestra lengua; por ello resulta aún más interesante seguir la dirección que tomó la ordenación de la lengua estándar en el extranjero.
En 1966, uno de los colaboradores de la GK, A. Dundulis, evaluó críticamente en la propia revista la situación de la labor de normalización lingüística de entonces: sobre esa cuestión, según afirmaba, «hasta ahora casi no se ha dicho nada nuevo. En Lituania se repite todo, a veces casi palabra por palabra, lo que se escribió en los artículos de Jonikas hace casi 20 años» [66 I 2]². Sabemos más o menos cómo era la situación en Lituania antes de que en 1961 comenzara a publicarse Kalbos kultūra; pero ¿acaso la GK estadounidense tampoco dijo nada nuevo?
La GK procuró mantener la estructura de su predecesora, pero el contenido y la temática, aunque también se orientaban hacia la práctica lingüística, cambiaron considerablemente, pues era necesario tener en cuenta las necesidades de los lituanos que habían quedado inmersos en un entorno lingüístico extranjero. En cuanto a los fenómenos gramaticales
1Para más información sobre la historia editorial y la temática de esta GK, véase Miliūnaitė R. Amerikos lietuvių „Gimtoji kalba“ (1958—1968) // Gimtoji kalba. 1991. Nr. 4. P. 6—11.
2Gimtoji kalba. K., 1933—1941; JAV — 1958—1968.
Aquí y en lo sucesivo, en las referencias entre paréntesis, el primer número indica el año de publicación de la GK, el segundo, el número del cuaderno y el tercero, la página.
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En la publicación se dedicaba un espacio relativamente amplio a esta cuestión, tanto en «El rincón de las preguntas» como en numerosos artículos. Dambrūnas se ocupaba especialmente de ella, pues él mismo era sintactista. De las 186 recomendaciones recopiladas sobre el uso de fenómenos gramaticales, 119 (es decir, alrededor del 64%) le corresponden precisamente a él; cerca del 10%, a S. Barzdukas; alrededor del 7%, a P. Skardžius, y unos pocos puntos porcentuales, a B. Babrauskas, P. Jonikas y otros.
Antes de examinar en qué se basaba la normativización de la gramática en GK, conviene aclarar la postura general de los colaboradores de la publicación ante los fenómenos lingüísticos y su regulación. A diferencia de la GK de Lituania, donde se trabajaba colectivamente y se elaboraban programas de normalización lingüística, en la GK de Estados Unidos esta labor pasó esencialmente a manos de una sola persona —L. Dambrūnas—, y las características de toda la publicación dependieron en gran medida de las opiniones del propio director. Los demás colaboradores escribían casi exclusivamente sobre cuestiones prácticas y no exponían en este periódico reflexiones teóricas más amplias.
Ya en Lituania, Dambrūnas, mientras colaboraba muy activamente en GK entre 1934 y 1937 (y la dirigía entre 1936 y 1937), había publicado reflexiones teóricas sobre la labor de normalización lingüística. Clasificó todos los hechos lingüísticos con respecto a la lengua estándar en tres grupos; es decir, reconoció no solo la existencia de normas y errores claros, sino también la de fenómenos intermedios [36 III 34]. Consciente de que la lengua estándar aún no se había alejado demasiado de los dialectos, tampoco cerró el paso a la aparición de diversas innovaciones y destacó que «el mero argumento de que la gente no habla así ya no convence hoy […]» [34 III—IV 38]. La afirmación de que, al normalizar la lengua, es importante tener en cuenta sus tendencias evolutivas [36 III 34] se convertiría más adelante en uno de los elementos más importantes de sus ideas.
Así pues, en Lituania la postura de Dambrūnas no se distinguía de manera muy marcada de la de los demás colaboradores de GK; en Estados Unidos, en cambio, como muestra el análisis de sus reflexiones teóricas publicadas en la revista y de su valoración de los fenómenos gramaticales, empezó a inclinarse hacia los extremos. En un artículo dijo de sí mismo: «El director de este periódico es un poco más liberal que los demás lingüistas nuestros en cuestiones de lengua estándar. Justifica algunas cosas que otros consideran errores» [67 II 21].
Ya en la GK de Lituania se habían examinado y adoptado los criterios para normalizar la lengua estándar [38 IX 143—144], pero en 1961 Dambrūnas ya se había apartado considerablemente de ellos. Desde esta perspectiva, quizá su artículo teórico más importante en GK sea «Qué es correcto» [61 III—IV 33—35]. La respuesta a la pregunta del título es breve: «es correcto lo que está formado de acuerdo con las reglas». En cambio, se explica con más detalle en qué principios se basan las reglas mismas de la lengua estándar: «se sigue, podría decirse, un principio democrático». La esencia de este principio consiste en atender a la difusión y la pureza del uso: «en la lengua estándar es correcto lo que es propio y se usa ampliamente».
Dambrūnas considera que tanto la amplitud del uso como la pureza son conceptos relativos. La condición de que algo «sea propio» no es absoluta, pues hay excepciones. Asimismo, un hecho lingüístico, si se usa con suficiente amplitud y no es conocido únicamente en un dialecto o habla local, sirve para fundamentar una regla de la lengua estándar; pero, por otra parte, no todos entienden del mismo modo qué significa un uso amplio. Aun así, según Dambrūnas, para ser precisos siempre se puede comprobar la amplitud del uso: «Si resultara que alguna expresión la utili-
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za, por ejemplo, apenas una cuarta parte o incluso menos del total de los lituanos, hay que considerarla de uso no amplio y no recomendable para la lengua estándar, si en su lugar existe una expresión mucho más conocida y usada» [61 III—IV 34]. Hoy cuesta imaginar cómo podría «comprobarse siempre» en la práctica la amplitud del uso: sencillamente, todavía no se ha reunido un fondo de datos suficiente (la situación es algo mejor en este sentido para el léxico), ni se ha estudiado tan bien el uso como para poder manejar cifras concretas. Por cierto, las propias recomendaciones de Dambrūnas muestran por dónde se puede desviar la aplicación de este principio a la práctica lingüística cuando se parte de premisas erróneas y de datos meramente aproximados (por ejemplo, al justificar adverbios derivados de adjetivos en -inis). Además, Dambrūnas no menciona que, al estudiar estadísticamente los hechos lingüísticos, es necesario tener en cuenta las particularidades de los distintos niveles de la lengua: sin correr demasiado riesgo de equivocarse, quizá se puedan procesar estadísticamente ciertas variantes acentuales y, sobre esa base, establecer o modificar la norma de la lengua estándar, pero es mucho más complicado aplicar este método, por ejemplo, a fenómenos sintácticos.
Sin embargo, consciente de adónde podría conducir una confianza ciega en la difusión del uso, Dambrūnas limita ese criterio mediante otro: el de la pureza. A su juicio, si varios fenómenos lingüísticos son propios y se usan con la misma amplitud, ambos están permitidos en la lengua estándar; así, se reconoce la coexistencia de variantes (por ejemplo, las formas largas y cortas de casos y personas). Pero este no sería un estado permanente. Al concebir la lengua como un proceso, Dambrūnas distingue en ella dos factores: uno estático y otro dinámico. El primero constituye la base para normalizar la lengua, mientras que el segundo permite que cambie. Lo más importante sería determinar en qué dirección cambia la lengua. Puede que algún fenómeno se use cada vez menos y que no tenga sentido revitalizarlo mediante medidas especiales (por ejemplo, el dual o el supino); si, en cambio, un fenómeno era de uso restringido, pero se ha vuelto más frecuente, no hay que impedir que se afiance. De lo contrario, se iría contra la evolución natural de la lengua.
En el artículo «El progreso en la lengua lituana» [61 I 1—3; 62 II 20—22], Dambrūnas muestra los procesos que tienen lugar en distintos niveles de la lengua y concluye que «la lengua tiende naturalmente a una mayor sencillez, facilidad, claridad y belleza. Para ello se eliminan formas innecesarias, se acortan las largas, se nivelan las formas paralelas y se introducen nuevas formaciones, construcciones o acepciones» [62 II 22]. Así pues, el progreso de la lengua se equipara a su simplificación, y esta premisa empieza a guiar la valoración de diversos fenómenos lingüísticos.
La teoría del progreso lingüístico del lingüista danés O. Jespersen probablemente influyó mucho en las ideas de Dambrūnas: según ella, todos los cambios lingüísticos serían progresivos, pues facilitan la comunicación. En el artículo «¿En qué dirección evoluciona la lengua?» [61 II 18—21], Dambrūnas no oculta que se basa en Jespersen y que acepta la idea del progreso de la lengua. Comprender los hechos y la dirección de la evolución lingüística, sostiene, permite orientarse mejor al resolver cuestiones prácticas de la lengua estándar.
Dambrūnas, siguiendo a Jespersen, considera que la simplificación de las formas lingüísticas es, sin excepción, un signo del perfeccionamiento de la lengua. Como ejemplo presenta el inglés y lo compara con el lituano. El inglés, una lengua analítica, según él, concentra en las palabras menos marcas de categorías gramaticales y, por ello, recurre, para expresar las relaciones entre las palabras en la oración,
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más medios que otras, y esto le proporciona flexibilidad y ligereza: «en lugar de las doce terminaciones del caso instrumental que tenemos nosotros, el inglés se las arregla con una preposición, es decir, con una sola terminación» [61 II 21].
Como ejemplo de una expresión en la que el inglés es más flexible que el lituano, Dambrūnas presenta también the exploitation of man by man. En lituano (ya en la época soviética) se había traducido siguiendo una construcción rusa: išnaudojimas žmogaus žmogumi; más tarde se advirtió el error y se corrigió, aunque de manera poco cómoda: žmogaus išnaudojimas kito žmogaus. Aquí Dambrūnas intenta mostrar «lo difícil que es a veces arreglárselas sin preposición», pero, visto con los ojos de hoy, parece totalmente innecesario lamentarse por la falta de flexibilidad del lituano y seguir al inglés o al ruso; en este caso basta con decir simplemente žmogaus išnaudojimas. En general, hoy estas opiniones se refutarían fácilmente con solo recordar la afirmación, ya clásica, de que cada lengua es perfecta a su manera.
Así pues, la fórmula de Dambrūnas, que indica qué es correcto, caracteriza un objeto no estático, sino cambiante; además de la amplitud y pureza del uso, incorpora un elemento dinámico: «es correcto lo que es propio, lo que se usa de manera relativamente amplia y lo que se ajusta a la dirección de evolución de la lengua» [61 III—IV 34]. Si comparamos estos criterios con los adoptados en Lietuvoje en 1938, veremos que, en este aspecto, Dambrūnas ha dado un considerable paso atrás. En primer lugar, entonces la corrección, la pureza, el carácter propio (denominado por Dambrūnas conformidad con la evolución de la lengua), la adecuación y la estética se señalaron como criterios independientes, y se consideraba necesario tener en cuenta el conjunto de todos ellos al normativizar la lengua [38 IX 144—145]. Dambrūnas convierte la corrección en un principio general, al que reduce los criterios de pureza, difusión y evolución lingüística. De este modo desaparece uno de los criterios más importantes señalados en 1938 por P. Jonikas: el de adecuación; además, se deja de tener en cuenta la diferenciación estilística de las normas. Lo más importante es que ya ni siquiera se menciona la necesidad de mantener las normas lo más estables posible. El principio de estabilidad establecido entonces en Lietuvoje exigía «que los elementos arraigados en la lengua no se eliminaran de ella sin razones claramente justificadas» [38 IX 144] e instaba a evaluar cada fenómeno, especialmente los de aparición reciente, con cautela y reflexión. En el esquema de Dambrūnas, las tendencias de evolución lingüística carecen de contrapeso: la tradición normativa que nuestros lingüistas habían destacado y sostenido, en mayor o menor medida, hasta entonces.
Dambrūnas vincula la evolución de la lengua —tanto su progreso como su retroceso— con sus usuarios y con su nivel cultural, que dependía del entorno en que vivían [63 II 1—3]. La lengua progresa no de repente, sino que «entre lo antiguo y lo nuevo se libra una contienda bastante larga, hasta que finalmente vence la innovación»; y quienes impulsan el progreso no son solo los escritores y los lingüistas, sino también, en general, todos los usuarios de la lengua, toda la nación. Al considerar a toda la nación creadora de la lengua y aplicar el criterio de difusión al uso de «todos los lituanos», Dambrūnas, desde el punto de vista teórico, no se apartó de la postura formulada por la GK de Lietuvoje respecto al criterio de uso de la lengua estándar (en términos actuales, la fuente de las normas); sin embargo, en la práctica le concedía más importancia que sus antiguos colaboradores de la GK. En aquel entonces se había acordado colectivamente considerar fuente de las normas de la lengua estándar el uso general contemporáneo del lituano [36 IV 50; 37 IX 120 y otros], pero, al parecer, no se había aclarado del todo en qué consistía dicho uso.
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Dambriūnas, ya en Amerikoje, expresa la opinión de que «por lo general solo se impone aquello que aprueba la mayoría» y, por tanto, el criterio de la lengua estándar (es decir, la fuente de las normas) es el uso de la mayoría [62 II 22]. Las excepciones que existen en la lengua al principio solo contradicen las reglas, pero cuando muchos empiezan a usarlas, se vuelven habituales y pasan a ser legítimas, igual que los hechos abarcados por las reglas.
En 1966 Dambriūnas escribe: «la lengua que emplean todos quienes la usan, es decir, también los escritores de ficción, los poetas, los filósofos, los científicos de distintas disciplinas, los lingüistas y los usuarios más sencillos» [66 I 12], y un par de años después precisa esta afirmación: «Sin embargo, no todos los usuarios son iguales. No se puede, por ejemplo, comparar a un gran escritor con un usuario corriente de la lengua» [68 I—II 1]. Aun así, esta precisión tampoco aclara mucho más la noción de la fuente de las normas —el uso de la mayoría— y deja abierta la posibilidad de decisiones carentes de fundamento.
En varias recomendaciones, Dambriūnas plantea otro problema importante: ¿hasta qué punto puede apoyarse el uso actual de la lengua estándar en ejemplos de textos antiguos? En general, la lengua de los textos antiguos se considera una fuente importante de normas en la teoría de la normativización, pero Dambriūnas afirma, no del todo sin razón, que «los ejemplos lingüísticos de Mažvydas u otras autoridades solo indican que antiguamente se usaba así», pero de ningún modo significan que hoy también deba usarse así [65 III—IV 35], porque «el criterio de corrección de la lengua estándar es su uso actual, no el histórico» [60 II 36]. Sin embargo, al seguir tal postura de manera tajante en un caso concreto, Dambriūnas no toma en cuenta la tradición de uso. Por ejemplo, respalda en la oración del padrenuestro kaip danguje, taip ir ant žemės el uso del genitivo con preposición, que, a su juicio, no solo es una forma más reciente que el locativo (žemėje), sino que también está muy extendida en el uso actual y no debe considerarse ningún eslavismo. No obstante, en esta ocasión quien tenía más razón era P. Skardžius, que añadió una nota editorial bajo el artículo de Dambriūnas (cuando este aún no era redactor). En ella explica que el locativo sí es más antiguo, pero que todavía hoy está bastante extendido, y que «en este caso la tradición respalda en parte el uso actual»; por tanto, resulta más apropiado elegir el locativo como norma de la lengua estándar, especialmente en el lenguaje eclesiástico [60 II 37].
Dambriūnas habla poco y de manera imprecisa sobre la relación entre la lengua popular y la lengua estándar: «el uso actual no necesariamente debe apoyarse en ejemplos dialectales, o al menos no en toda clase de ejemplos ni en todos los casos. La lengua estándar puede tener ámbitos propios, que a veces no se corresponden del todo con los ejemplos dialectales» [64 III 9]. En las recomendaciones se recurre a los dialectos apenas unas cuantas veces: al corregir el locativo de la expresión vaikščiojo drabužiuose por el instrumental drabužiais [65 III—IV 43—44], al justificar la construcción kad su con participio adverbial en una oración subordinada final [66 III—IV 44—48] y al examinar el uso del locativo de los sustantivos abstractos [65 III—IV 47—50], así como al explicar las tendencias de acortamiento de las formas morfológicas.
* * *
Las diferencias entre las ideas teóricas de Dambriūnas y las de otros normativizadores lingüísticos no podían dejar de influir en la práctica lingüística, especialmente cuando P. Jonikas y P. Skardžius se retiraron de la redacción de la GK. El estudio de las recomendaciones de la GK muestra que una parte considerable de la gramática
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La valoración de los fenómenos, en comparación con la que se había configurado antes en Lituania, cambió considerablemente. A continuación se examinarán las recomendaciones más importantes de morfología y sintaxis, que revelan una valoración no tradicional de los fenómenos lingüísticos y su justificación.
Al comentar los procesos que tienen lugar en los distintos niveles de la lengua, Dambriūnas señaló como rasgo más importante del progreso en morfología la reducción del número de formas lingüísticas. En la lengua estándar ya no deben emplearse el supino ni el dual, porque están anticuados y solo «sobrecargarían la memoria»; además, otras formas los sustituyen, de modo que su exceso sería innecesario. Dambriūnas no menciona el valor estilístico de estas formas, por ejemplo, si es apropiado emplearlas en el habla coloquial o en la literatura (algo que se subrayaba en la GK lituana). Las formas poco usadas tedirbie, tedara, puesto que las sustituye una forma más sencilla tedirba, tedaro (tegu daro). En este caso no queda claro con qué criterios distingue Dambriūnas qué forma es más compleja y cuál más sencilla.
También se señala una reducción del número de declinaciones de los sustantivos, pues los sustantivos poco numerosos de la cuarta y la quinta declinación adoptan las terminaciones de otras declinaciones. Otra supuesta novedad morfológica es la aparición de formas invariables (de nuevo, parece que se toma como modelo la lengua inglesa, supuestamente más avanzada): son más cómodas de usar (dešimt en vez de dešimties, dvidešimt en vez de dvi dešimtys, etc.).
Dambriūnas adopta una postura algo distinta de la habitual ante la competencia entre las formas largas y cortas de las palabras (eit||eiti; geriem žmonėm || geriems žmonėms). Al afirmar que «la evolución de la lengua avanza hacia el acortamiento de las formas, no hacia su alargamiento» [64 I 15], procura apoyar las formas cortas en toda ocasión y señala que esa es también la tendencia general de la lengua popular [62 I 3]. Además de este motivo principal —el progreso de la lengua—, ofrece varios más. Las formas cortas serían más cómodas (por lo que resultarían especialmente adecuadas para el lenguaje periodístico) y harían que la lengua sonara mejor, ya que se evitaría la aparición demasiado frecuente del sonido s, característico del lituano [62 I 3]. Por otra parte, Dambriūnas no niega que las formas largas sean correctas; en general, su uso sería cuestión de gusto [67 III 36].
La mayor parte de las recomendaciones se dedica a diversos fenómenos sintácticos. Dambriūnas considera errores sintácticos indiscutibles y elementales el uso de la conjunción kad con el infinitivo en una oración subordinada final, el uso del participio adverbial en lugar del participio con sujeto, el instrumental del predicado allí donde a veces se requiere el nominativo, y varios otros casos [67 II 21]. En cambio, intenta reconsiderar muchos errores que se corrigen desde hace tiempo, explicándolos sobre todo mediante las tendencias de la evolución lingüística.
En el extenso artículo «Algunos casos de uso de los casos», publicado a lo largo de varios cuadernos de la GK, se describen detalladamente las formas de caso en competencia (por ejemplo, instrumental // nominativo del predicado, dativo de finalidad // acusativo de atributo, etc.), y las conclusiones no siempre coinciden con la perspectiva que tradicionalmente se había establecido sobre el uso de esta clase de formas gramaticales.
Es importante que Dambriūnas intente abarcar todo el sistema de casos y buscar relaciones entre sus elementos, en vez de examinar por separado y de forma aislada el uso de cada caso. Señala que, además de sus significados principales, los casos tienen también significados secundarios, que no son suficientemente claros ni definidos, y que, por ello, los ámbitos de uso de los casos particulares se solapan—
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y no solo entran en contacto, sino que también se confunden. Así se producen unas peculiares contiendas entre los casos y, al cambiar la lengua, el ámbito de uso de unos se amplía y el de otros se reduce [64 I 1].
Las recomendaciones que examinan casos intermedios de uso de los casos muestran que Dambriūnas suele captar matices sutiles de significado e intenta tenerlos en cuenta al valorar uno u otro fenómeno. Por ejemplo, explica detalladamente la diferencia entre el llamado acusativo de estancia y el dativo de tiempo. Dambriūnas discrepa del dativo corregido por Jablonskis en la oración: Išvažiavo kelioms dienoms atostogų. En casos similares, Jablonskis recomendaba siempre el acusativo, vinculándolo con verbos de movimiento prefijados3. Dambriūnas sostiene que en oraciones de este tipo «hoy […] ya se ha impuesto universalmente el dativo» [62 II 21], mientras que el acusativo, que expresa la duración de una acción, y un verbo de aspecto perfectivo en la misma oración «chocan» [64 IV 11—12]. Esto se debe a que el acusativo temporal tiene dos significados distintos: 1) designa el tiempo durante el cual alguien actúa o algo sucede, y 2) el tiempo que se destina o prevé para pasar. El segundo significado se parece mucho al del dativo temporal, por lo que se tiende a usar más el dativo en lugar de este acusativo, para evitar ambigüedades debidas a la polisemia del acusativo. Como explicación, Dambriūnas ofrece la oración de Jablonskis Važiuosim pas mamą valandėlę y señala que aquí el acusativo puede entenderse de dos maneras: como acusativo de estancia o como el llamado acusativo de duración, que expresa la duración de la acción. En el primer caso, si se quiere indicar el tiempo destinado a pasar o permanecer, debe usarse el dativo en lugar del acusativo.
A veces una regla gramatical abstracta no se aplica a todos los casos concretos. Al tratar el uso del genitivo con verbos negativos, Dambriūnas señala que esta regularidad no siempre se realiza en la práctica: en ocasiones es más adecuado el acusativo, y eso depende de la construcción de la oración, de la posición del caso en ella y de otras circunstancias [64 I 7—8]. Por ejemplo, no habría motivo para «usar el genitivo con el infinitivo cuando ya hay otro genitivo junto al verbo negativo»: nėra reikalo skelbti karą; neturime teisės jį smerkti, etc. Dambriūnas concluye que con la negación pueden usarse ambos casos —el genitivo y el acusativo— y que, al elegir uno de ellos, hay que guiarse por el «sentido lingüístico individual». En la práctica lingüística actual ocurre que, por considerar supuestamente defectuosa una forma, se sacrifican sutiles diferencias y matices de significado; sin embargo, al observarlo con más detenimiento, se ve que las reglas gramaticales no pueden aplicarse ciegamente a casos concretos ni restringir la naturaleza espontánea de la lengua.
Sin embargo, al buscar diferencias de significado, Dambriūnas no evita entrar en conflicto con el criterio de corrección lingüística y la tradición normativa. Al examinar detalladamente el uso del caso locativo con sustantivos abstractos, se inclina por justificar algunos locativos de este tipo, ya corregidos por Jablonskis. A juicio de Dambriūnas, las variantes savaitės laikotarpyje y per savaitę no son equivalentes, por lo que ambas pueden usarse en la lengua estándar. La primera significaría que el trabajo se llevará a cabo en el transcurso de una semana, sin necesidad de trabajar durante toda la semana, mientras que la expresión—
3 Piročkinas A. Jono Jablonskio kalbos taisymai. K., 1986. P. 175—178.
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kis por semana, pues, «implica el trabajo de toda la semana» [65 III—IV 47—50]. Siguiendo un razonamiento similar, también se consideran admisibles los locativos en el transcurso de la semana, durante la semana; sin embargo, hoy solo reconocemos la norma establecida por Jablonskis.
Desde la época de Jablonskis, también se ha considerado por consenso un error, y hasta hoy se corrige rigurosamente, la construcción kad con infinitivo en una oración subordinada adverbial final. Al principio, Dambrūnas también consideraba incorrecta esta construcción (entre otros errores, señaló kad turėjus gerų kunigų, [...] [60 II 40]), pero en 1966 dejó de corregirla e intentó demostrar que era aceptable. En primer lugar, presentó esta construcción como posible sustituto de otro error: el uso del infinitivo con kad en una oración subordinada final, dado que no siempre es posible sustituir el infinitivo por el modo subjuntivo, sobre todo en las oraciones impersonales. En la oración Tačiau tų priemonių neužtenka, kad pakelti ekonominę gerovę, Dambrūnas corrige el infinitivo mediante un gerundio (kad pakėlus) y añade: «algunos lingüistas fruncen el ceño ante esta última expresión (kad con gerundio), pero, en mi opinión, sin motivo» [66 I 6—7]. En el cuaderno III—IV de GK del mismo año, Dambrūnas analiza esta construcción con más detalle y concluye que no merece ningún reproche. Tras examinar toda clase de oraciones subordinadas (de complemento, de sujeto, de modo, de causa y otras), constata que en todas es habitual emplear el gerundio, por lo que no habría «ningún fundamento gramatical ni lógico» para hacer una excepción con las subordinadas finales [66 III—IV 44—48]. Así, se intenta artificialmente elaborar un esquema y explicar los fenómenos mediante razonamientos lógicos. Es interesante que otros corresponsales de GK también adoptaran este punto de vista de Dambrūnas. En el mismo cuaderno, V. Rastenis, al corregir el lenguaje de la prensa lituana de EE. UU., considera correctas, aunque estilísticamente defectuosas —«pesadas»—, tanto la construcción en cuestión como la construcción con el modo subjuntivo: en la oración Kad nuraminus vokiečius, Kennedy sugalvojo [...], propone sustituir la subordinada por un dativo final con infinitivo (vokiečiams nuraminti [...]) [66 III—IV 55].
Como rasgo sintáctico novedoso, Dambrūnas señala la creciente frecuencia de los casos con preposiciones en lugar de los casos simples antiguos [62 II 20] y lo considera un progreso de la lengua: ahora decimos iš pykčio, o ne pykčiu paraudo, ant žirgo, o ne žirge sėdėjo, žengimas į dangų, o ne dangaus žengimas, etc. P. Skardžius también reconoce que este proceso tiene lugar en lituano, pero señala que «la transformación de los casos antiguos en grupos de palabras preposicionales aún no ha concluido» [60 V 50]. Incluso antes de las reflexiones de Dambrūnas, al comienzo de la publicación de GK, varios autores se habían quejado, por el contrario, del uso abundante de preposiciones que había surgido en el habla de los emigrantes lituanos por influencia del inglés: ateik ant laiko [60 II 26], to nėra į šitą knygą (= šitoje knygoje) [60 II 43]. Sin embargo, Dambrūnas no presta atención a esto y, aferrándose sin reservas a la idea del progreso lingüístico, considera la construcción preposicional mucho más favorablemente que su variante con caso. Por ello, recomienda para la lengua estándar la expresión ya mencionada ant žemės, o ne žemėje, taip pat tikėti į ką, y no el acusativo simple [65 III—IV 33—38].
* * *
De los ejemplos presentados se desprende que en las consideraciones teóricas y recomendaciones lingüísticas de Dambrūnas se contrapone de manera bastante marcada la tradición normativa y un enfoque lógico de los fenómenos lingüísticos. Al considerar la lógica fundamento de todas las ciencias [68 I—II 30],
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también tendía a evaluar desde esta perspectiva los procesos que tenían lugar en la lengua, a menudo negando hechos lingüísticos establecidos y habituales o justificando errores lingüísticos ampliamente reconocidos. Baste mencionar la postura de Dambrūnas respecto a los adverbios derivados de adjetivos con el sufijo -inis (išoriniai, vidiniai). Basándose en su fórmula de corrección, argumenta que tales adverbios son aceptables y pone en duda a Jablonskis, quien, confiando en la lengua viva del pueblo, los había evitado; con ello también se rompe la tradición de corregirlos. A este respecto, conviene recordar la afirmación de nuestros lingüistas A. Girdenis y A. Rosinas de que «las normas de la lengua estándar no son verdades científicas demostrables matemáticamente, sino valores, y solo pueden mantenerse firmes cuando la comunidad lingüística respeta las tradiciones y la autoridad de los más destacados normativistas y de las obras normativas»4.
Uno de los modos de racionalizar los fenómenos lingüísticos son las llamadas analogías lingüísticas. Tanto al normativizar la lengua como al introducir normas en el uso, a menudo ayudan a relacionar los hechos lingüísticos y a ver la lengua como un sistema. Las recomendaciones lingüísticas de Dambrūnas recurren mucho a las analogías. Por ejemplo, en la expresión gyveno primityviausių žmonių gyvenimu, al cambiar el instrumental por el acusativo (gyveno gyvenimą), se apoya en expresiones análogas kovą kovoti, miegą miegoti, dainą dainuoti, etc. [66 I 7]. Otra cuestión es que no siempre se buscan analogías acertadas. Un ejemplo notable es el intento de explicar fenómenos sintácticos mediante las leyes de la léxica y la fraseología. Dambrūnas señala que algunos giros extranjeros pueden usarse sobre la misma base que, supuestamente, permite emplear palabras extranjeras, y justifica el locativo tomado en préstamo: turi patirtį auklėjime [65 III—IV 48]. No se tiene en cuenta que la palabra es una unidad lingüística peculiarmente autónoma y que, aun siendo extranjera, no desestructura el sistema de la lengua en la misma medida que un giro formado según reglas extranjeras de combinación de palabras. Por ello, en la lengua se suele permitir que funcione un número mayor o menor de palabras extranjeras (préstamos), mientras que los extranjerismos gramaticales suelen valorarse negativamente.
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¿Cómo valorar la contribución de la GK estadounidense (en esencia, la de su editor L. Dambrūnas) a la teoría y la práctica de la normativización gramatical? Como aquella GK era prácticamente inaccesible en Lituania, al parecer las ideas de Dambrūnas ni siquiera influyeron en la labor normativa lingüística. Por otro lado, sería imprudente afirmar que en Lituania y en Estados Unidos esta labor avanzaba por vías paralelas y sin intersección. En Estados Unidos, en la medida de lo posible, se seguía la vida lingüística de Lituania, se reseñaban y comentaban las nuevas investigaciones lingüísticas y tampoco se evitaba la crítica. Sin embargo, ese vínculo fue sobre todo unidireccional, sin respuesta desde la propia Lituania. Así pues, solo queda reflexionar sobre cómo podríamos aprovechar ahora la experiencia de GK en la organización de la lengua y qué caminos errados deberíamos evitar al mirar hacia el futuro.
Como ya se ha mencionado, Dambrūnas tendía a evaluar los fenómenos lingüísticos basándose en leyes estrictas de la lógica y teniendo presente el objetivo de la evolución de la lengua —la simplificación—, y en su fórmula de corrección ya no quedaba lugar para la tradición normativa ni para la estabi-
4 Girdenis A., Rosinas A. Dar kelios mintys dėl bendrinės kalbos kodifikacijos // Kultūros barai. 1983. Nr. 4. P. 67.
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para sostenerlo. Esto no podía sino conducir a una revisión desmedida de algunas normas de la gramática de la lengua estándar, sin tener en cuenta el carácter relativamente conservador de esta parte del sistema lingüístico. Quizá parezca incluso paradójico, pero ya en Lituania, en el artículo «¿Acaso no corregimos a veces sin motivo?», Dam-brūnas pareció dictarse de antemano su propia sentencia: «Para comprender correctamente la vida de la lengua y sus fenómenos, hay que observarlos desde una perspectiva histórica y psicológica, y no solo formal-lingüística. El uso de un único método de comparación formal para explicar los fenómenos lingüísticos puede ser muy perjudicial, pues obstaculiza el desarrollo normal de la lengua y la empobrece» [35 V 65].
Cabe preguntarse si otros lingüistas reaccionaron de algún modo a los «errores» de Dambrūnas. Sin duda lo hicieron, pero en la propia GK mientras Dambrūnas aún no era su editor y, más tarde, al parecer, también en otras publicaciones5. En GK, Dambrūnas escribió una respuesta una sola vez —en 1968— a un artículo de P. Skardžius publicado en el suplemento de «Draugas», donde se aconsejaba al editor que no escribiera en GK sobre cuestiones controvertidas, puesto que la publicación estaba destinada al público y no a las disputas entre lingüistas.
¿Podrían encontrarse aspectos positivos en las reflexiones teóricas y recomendaciones de Dambrūnas? Merece atención su empeño por considerar la lengua un fenómeno cambiante y por basarse en el uso actual en la labor de normalización. Aunque Dambrūnas no distinguió de manera más precisa ni a los usuarios de la lengua (se limitó a subrayar que «no todos los usuarios son iguales»), ni los ámbitos de la lengua estándar, y apenas tuvo en cuenta las particularidades de los distintos niveles lingüísticos, la idea misma, heredada del programa de normalización de GK en Lituania, impulsaba a reconsiderar los procesos que tienen lugar en la lengua. Otra cuestión es con qué métodos (por ejemplo, estadísticos) y criterios se seleccionan los datos lingüísticos y se determina su adecuación a la lengua estándar.
Hoy nuestros lingüistas también plantean ideas semejantes6: se señala la necesidad de reunir un corpus de datos del uso actual, pero se tropieza con los mismos problemas que entonces quedaron sin resolver: la selección de informantes, etc. Además, se indica que basar la estrategia y la táctica de normalización únicamente en la tradición es peligroso, pues podría abrirse un abismo entre la norma codificada y la real. Al parecer, ahora debemos buscar un término medio, pues la GK de Estados Unidos deja claro adónde conduce el abandono demasiado brusco e irreflexivo de las tradiciones.
NORMALIZACIÓN DE LA GRAMÁTICA EN «GIMTOJI KALBA»
(1958—1968)
Resumen
Este artículo aborda los problemas de la normalización de la gramática lituana en el periódico «Gimtoji kalba» (Lengua materna), que publicaron en Estados Unidos, entre 1958 y 1968, emigrantes lituanos residentes allí. Las concepciones teóricas del editor de este periódico, Leonardas
5 Por ejemplo, véase Skardžius P. El uso anterior y actual de la lengua estándar lituana. Chicago, 1971. Págs. 32—35, 37—44.
6 Grumadienė L., Stundžia B. ¿Continuamos la tradición del «Atlas de la lengua lituana»? // Gimtoji kalba. 1990. Núm. 5. Págs. 23—26.
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Dambrūnas difería en muchos aspectos de otros lingüistas lituanos. En sus razonamientos teóricos y en sus recomendaciones sobre el uso de variantes gramaticales, Dambrūnas tendía a los extremos. Aunque en algunas cuestiones mostró un fino sentido lingüístico, por lo general evaluaba los procesos del lenguaje desde el punto de vista de la lógica, y consideraba formas estándar muchos errores de expresión que otros lingüistas corregían tradicionalmente. Así, intentó revisar el sistema tradicional de la gramática lituana y se opuso a la exigencia de preservar la estabilidad de las normas.
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