Lietuvių kalbos subjektiniai ir objektiniai veiksmažodžiai
Full text
ACTA LINGUISTICA LITHUANICA
XLIV (2001), 145–166
Verbos subjetivos y objetivos de la lengua lituana
STASĖ KRINICKAITĖ
Lietuvių kalbos institutas, Vilnius
Los dos tipos semánticos de verbos que se distinguen en este artículo, los verbos orientados al sujeto y los orientados al objeto, reflejan los dos tipos principales de perspectiva oracional en lituano. Ambos definen una serie de roles semánticos que se agrupan bajo los hiperroles de sujeto y objeto. El hiperrol de sujeto incluye los roles semánticos de agente, paciente, perceptor, resultado, beneficiario, contenido, modo, fuente, dirección e instrumento. El hiperrol de objeto comprende los roles semánticos de paciente, causante, contraagente, finitivo, motivo, comitativo y retributivo.
CONCEPTO DE LOS VERBOS SUBJETIVOS Y OBJETIVOS
Según su significado, algunos investigadores dividen los verbos en dos grupos más amplios: verbos subjetivos y verbos objetivos (Ufimceva 1980: 41, Jakaitienė 1988: 114, Krinickaitė 1997: 40–41). Se consideran subjetivos aquellos verbos que designan acciones asociadas con el sujeto y que no rebasan los límites de su esfera. Los verbos objetivos designan acciones dirigidas hacia un objeto, pero que, al mismo tiempo, mantienen su vínculo con el sujeto. Así pues, en las oraciones, los verbos subjetivos presuponen relaciones subjetivas y no presuponen relaciones objetivas. En cambio, los verbos objetivos presuponen ante todo relaciones objetivas, pero también subjetivas. En comparación con las objetivas, las relaciones subjetivas son prototípicas (Holvoet 1991: 50–51).
En cuanto a los verbos impersonales, cabe señalar que algunos, cuando se usan en oraciones impersonales, se aproximan a los verbos subjetivos (Jam nesiseka), mientras que otros se aproximan a los objetivos (Man skauda galvą. Sulijo šieną. Mus iššaušo kelyje). Cuando en las oraciones no hay sujeto (Vakareja. Temsta), el sujeto puede inferirse a partir de toda la experiencia del hablante. Podría tratarse del entorno de la situación de habla o del campo visual del hablante.
De todo lo dicho se desprende que la división de los verbos en subjetivos y objetivos se ajusta a la antigua tradición lingüística de dividirlos en transitivos e intransitivos, y especialmente en transitivos e intransitivos en sentido amplio.
Esta clasificación de los verbos se basa en las nociones de sujeto de la acción y de su objeto. Una vez separadas las acepciones más generales de los verbos —acción y estado (en sentido amplio)—, el sujeto y el objeto pueden definirse en términos de funciones (roles) semánticas. Aquí se sigue el enfoque según el cual el sujeto de los predicados de acción es el agente y, con menor frecuencia, el instrumento, mientras que el de los predicados de estado es el paciente, perceptor, beneficiario, resultado o contenido. El objeto de los predicados de acción es el paciente, el resultado, el beneficiario,
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instrumento, contenido, finitivo y, con los predicados de estado, contragente, percipiente, poseedor, contenido, resultado, aspecto.
Las funciones semánticas de sujeto y objeto se distinguen claramente de las funciones sintácticas de sujeto gramatical y complemento, que dependen de la estructura sintáctica de la oración. Por ejemplo, en la oración de estructura pasiva La carta fue escrita por el padre, el complemento (del padre) desempeña la función semántica de sujeto, mientras que el sujeto gramatical de la oración (la carta) desempeña la función de objeto.
Al clasificar un verbo como subjetivo u objetivo, también hay que tener en cuenta su uso en una oración concreta, con sentido literal o figurado. Los verbos suelen ser polisémicos, y algunos de sus significados pueden ser subjetivos y otros, objetivos. También cabe subrayar que los verbos de distintos grupos léxicos y semánticos seleccionan funciones semánticas diferentes. Sin embargo, ni siquiera teniendo en cuenta los grupos léxicos y semánticos de los verbos es posible explicar todas las variantes de uso o la sinonimia de los verbos. Conviene recordar que el predicado de cada oración corresponde tanto a ciertas características de la situación como a que no todas ellas vienen determinadas únicamente por el significado de los verbos (Rosen 1996: 191–223).
Este artículo se basa en el entorno inmediato de los verbos en las oraciones recogidas en el Diccionario del lituano contemporáneo3(1993), el Diccionario de la lengua lituana (I–XIX, 1956–1999) y el Diccionario de valencias de los verbos lituanos de N. Sližienė (I, 1994; II(1) 1998). También se analizan ejemplos de verbos subjetivos y objetivos recopilados por la autora de este artículo en textos periodísticos, científicos y de divulgación científica, en el habla coloquial, el folclore y la literatura. No se indican las fuentes de los ejemplos habituales del habla coloquial.
La comparación de todos los casos encontrados de uso de verbos subjetivos y objetivos muestra que a los distintos grupos léxicos de verbos subjetivos y objetivos les corresponden funciones semánticas diferentes. Los distintos grupos léxicos de verbos subjetivos y objetivos también presentan ciertas características de su entorno inmediato; algunos grupos se caracterizan no solo por determinados actantes, sino también por elementos libres. Puede afirmarse que las funciones semánticas de los verbos dependen de su significado léxico (resp. de su grupo léxico-semántico) y de su entorno inmediato, en el que desempeñan un papel importante no solo los actantes, sino también los elementos libres.
Cuando se habla del verbo como lexema polisémico y se alude al conjunto de significados de una palabra, se distinguen también los grupos de verbos SUBJETIVOS–OBJETIVOS y OBJETIVOS–SUBJETIVOS. Se consideran subjetivos–objetivos los verbos cuyos significados literales son subjetivos y los figurados, objetivos, o aquellos verbos cuyos significados más frecuentes y habituales son subjetivos y los menos frecuentes, objetivos (por ejemplo: kimti, šalti, snypšti, šviesti). Los significados literales de los verbos objetivos–subjetivos son objetivos y los figurados, subjetivos; asimismo, sus significados más frecuentes y habituales son objetivos y los menos frecuentes, subjetivos (por ejemplo: kalbėti, laikyti, laimėti). Dado que el mismo verbo, usado con distintos significados, es en cada caso subjetivo u objetivo, los grupos principales de verbos son, por tanto, los verbos subjetivos y los objetivos. Solo es pertinente distinguir los grupos de verbos subjetivos–objetivos y objetivos–subjetivos cuando los verbos se clasifican como lexemas y se estudian desde perspectivas más generales, como la teoría de la transitividad, la polisemia, la tipología, etc.
Cabe señalar que tanto los verbos subjetivos como los objetivos, considerados como grupos más generales, apenas se han estudiado hasta ahora en los trabajos de lingüística. Asimismo, los términos subjetivos, objetivos son menos frecuentes que intransitivos, transitivos. Los términos de larga tradición de uso-
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transitivos, intransitivos siguen usándose tanto en sentido restringido como amplio. En sentido amplio, transitivos designa los verbos objetivos y intransitivos, los verbos subjetivos. Dado que en la lingüística actual se reconoce la complejidad del significado verbal, en las descripciones de diversas lenguas del mundo son habituales las frases transitivas e intransitivas (transitive, intransitive phrases), las construcciones transitivas e intransitivas (transitive, intransitive construction), las cláusulas transitivas e intransitivas (transitive, intransitive clauses) y las estructuras transitivas e intransitivas (transitive, intransitive structures). La transitividad e intransitividad del verbo es un rasgo semántico importante y, en parte, también gramatical, útil asimismo para la tipología. Los significados que se marcan mediante recursos morfológicos en alguna lengua del mundo se consideran significativos para todas las lenguas (Majsak 2000: 10).
Los términos de verbos subjetivos y objetivos, vinculados al aspecto semántico, se emplean con mayor frecuencia en la lingüística rusa y lituana (Ufimtseva 1980: 44; Jakaitienė 1988: 114; Krinickaitė 1997: 39–41). Al hablar de oraciones verbales, en las que los verbos subjetivos y objetivos suelen funcionar como predicados, parece apropiado usar también los términos predicados orientados al sujeto y al objeto (subject-oriented predicates, object-oriented predicates) (cf. Venstra 2000: 882).
Estos últimos grupos de predicados parecen ser los dos grupos más amplios de predicados en lituano: los predicados de ACCIÓN y de ESTADO (en sentido amplio). Esta clasificación tan general de los predicados basta para relacionar las nociones de sujeto y objeto con las funciones semánticas. Las funciones semánticas de los predicados de acción y de estado considerados por separado se incluyen en grupos más generales de relaciones subjetivas y objetivas (Ambrazas 1986: 27).
La función semántica de agente suele asociarse a los predicados de acción, mientras que las funciones semánticas de paciente, percipiente y beneficiario se asocian a los predicados de estado. El sujeto se define como agente de los predicados de acción y como paciente, percipiente o beneficiario de los predicados de estado (Ambrazas 1986: 27):
TABLA 1. TIPOS DE RELACIONES SUBJETIVAS Y OBJETIVAS
Relaciones semánticas | Funciones semánticas asociadas a los predicados de acción | Funciones semánticas asociadas a los predicados de estado Subjetivas | A (Atvažiavo svečių. Lietus suplakė rugius) | P (Stiklinė sudužo); PCP (Visi išgirdo triukšmą); B (Tėvai turėjo žemės) Objetivas | P (Mergaitė sudaužė stiklinę); R (Kaimynas iškasė griovį); B (Išsiunčiau laišką tėvams); I (Pagręžk smuiku) | CON (Aš nežinau kelio. Trūksta pinigų); R (Pinigai pavirto anglimis)
Por consiguiente, el objeto puede definirse como paciente, resultado, beneficiario e instrumento de los predicados de acción, y como contenido y resultado de los predicados de estado. En comparación con las relaciones objetivas, las subjetivas son prototípicas (cf. Holvoet 1991: 50–51).
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VERBOS SUBJETIVOS
Los verbos subjetivos con significado de acción suelen prever la función semántica de AGENTE, por ejemplo:
Trabajáis sin descanso día y noche. (KONDR AŽL 50). Todos trabajan, se apresuran. La madre trabaja con esmero sin parar. Los niños corretean por el patio. La comisión celebra una sesión.
Los verbos subjetivos, cuando no expresan acciones físicas concretas (instance of action), sino una actividad de carácter generalizado, una modalidad de actividad (activity), se aproximan por su significado a los verbos objetivos usados sin objeto (en los llamados casos de uso absoluto), por ejemplo: el niño habla, la madre cocina, el padre fuma. El grado de agentividad no es igual en todos; el contexto de uso también desempeña un papel considerable. Los hablantes perciben de manera diferente si un verbo denota una acción voluntaria o un estado. Esto se explica porque, en ciertos contextos, la oposición entre sujeto y objeto no es pertinente y se neutraliza, ya que a veces el sujeto y el objeto corresponden a una sola entidad, y no a dos, en el nivel referencial (Krinickaitė 1997: 41; Ono 1999: 16). Puede decirse que esto es también consecuencia de la estructura de la lengua, pues la discreción de las unidades lingüísticas y el carácter no discreto del continuo semántico determinan transiciones graduales de un significado a otro (Lykova 1999: 54–55).
La función de agente es propia de los sustantivos que designan tanto seres vivos como objetos inanimados y fuerzas de la naturaleza. Se distinguen dos tipos principales de agente: el agente₁ [A₁], propio de los seres vivos, y el agente₂ [A₂], propio de los objetos inanimados, las fuerzas naturales y otros fenómenos de la naturaleza y la sociedad, así como de diversos mecanismos, máquinas y dispositivos que poseen cierta energía y, por ello, pueden ejecutar o causar una acción, pero carecen de iniciativa propia (Sližienė 1994: 19).
El nominativo del sujeto que desempeña la función de agente puede no expresarse por separado en la oración, pues queda implícito en la propia forma verbal, por ejemplo:
¿Por qué estás triste? Anduve a tientas en la oscuridad. Viajamos toda la noche. Apenas crucé el umbral. Miente descaradamente. Nos acercamos con cautela. Mira boquiabierto de asombro.
1La función de agente también la prevén los verbos que denotan actividad o conducta psíquica, compárese:
El niño sonríe. Los invitados se rieron alegremente. ¿Por qué está tan inquieto? Las niñas se confían. ¿Por qué lloras? ¡No llores! El alumno fantasea. El joven actúa arbitrariamente, no respeta las leyes. Por ahora, la madre aún aguanta, no dice nada. La hermana se ofendió. El tío bromea. La niña se comportó bien.
Son verbos que denotan acciones propias del ser humano tanto como ser vivo como en cuanto persona. En las oraciones en que los verbos sonreír, reír, inquietarse, entristecerse, llorar, ofenderse, entre otros, funcionan como predicados, los demás constituyentes de la oración suelen indicar el modo de realización de la acción, sus características cualitativas y cuantitativas, el lugar o el tiempo; sin embargo, por lo general no son actantes (es decir, acompañantes valenciales), sino constituyentes libres. En las oraciones con verbos que denotan una modalidad de actividad (afanarse, trabajar duro, trabajar con esmero, entre otros), en ciertos casos pueden aparecer actantes con funciones semánticas de objeto o instrumento. Los constituyentes libres que indican los parámetros espaciales y temporales de la acción no distinguen una acción de otra y pueden aparecer en todo tipo de oraciones verbales.
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Las acciones consideradas características del ser humano como representante de la civilización y de una determinada cultura pueden clasificarse según su finalidad: (1) acciones de ordenación; (2) acciones de elaboración (transformación); (3) acciones de extracción (producción): (a) materiales, (b) acciones materiales-espirituales, (c) espirituales (mentales) (Stepanov 1997: 210). Esta clasificación es más adecuada para los verbos objetivos, aunque tampoco es ajena a los subjetivos.
Los verbos de movimiento (desplazamiento), que presuponen la función semántica de agente, designan acciones características no solo del ser humano y de todos los seres vivos, sino también de los objetos inanimados, diversos dispositivos y las fuerzas de la naturaleza. Además del agente, puede haber otros actantes: locativo, directivo (punto de partida, punto de llegada, recorrido). El locativo y el directivo ayudan también a distinguir los significados de los verbos en las oraciones con verbos de movimiento. Por ejemplo:
Todos regresaron. ¿Quién corre por allí? Más adelante, él vadeaba el agua. ¿Adónde va a paso lento, con la nariz gacha? Los niños patinan sobre el hielo. Avergonzado, se escabulle afuera. Los alumnos iban por el camino. El niño trepa la montaña. ¿Dónde andan ahora todos curioseando?
En las oraciones con verbos de movimiento (al igual que en otras oraciones verbales), la concordancia semántica de los distintos componentes de la oración desempeña un papel importante (Stepanov 1989: 16–17; Krinickaitė 1989: 167–168). En las oraciones con verbos de movimiento son frecuentes los actantes que cumplen las funciones semánticas de locativo y directivo, así como los elementos libres que expresan diversos significados de desplazamiento y orientación (véase Valiulytė 1998: 23–25).
Las abejas zumban alrededor de la colmena. Ellos navegaron desde las lejanas orillas del Nemunas (Cv). Y yo también, tras subir al ascensor, subí otros tres pisos. ¿Adónde se precipitan esas personas? Los ratones no paran de pulular entre la paja. Los pájaros vuelan hacia el sur. La gata se desliza hacia los gorriones. La liebre corre veloz por los campos. La única ventana daba a un patio sombrío y cubierto de polvo (BUBN K 106). Si no, ¡lárgate de casa! (BUBN K 105).
Cuando el agente es un ser humano, con los verbos de movimiento aparecen con más frecuencia actantes que cumplen la función semántica de instrumento (navega en tabla de vela); también son más frecuentes los elementos libres que expresan un segundo agente (volaremos con mi hermano), el motivo (ve tú por mí), la finalidad (iremos a buscar leña) y la recompensa (regresé por dos litas).
Los complementos oracionales que expresan las funciones de modo, cuantitativo y locativo, y especialmente la de directivo (Ab, Ad, VIA), son habituales en las oraciones con todos los verbos de movimiento. Por ejemplo:
Hace mucho que no vuelve; empecé a preocuparme. Vuelvo a casa. ¿Adónde te metes? ¿No ves que no hay sitio? Salí disparado por la puerta. Luego saltó a la bicicleta y se lanzó de vuelta (Avyž STM 353). Fuimos a la laguna por un camino montañoso de tierra roja. Vaga por el vasto mundo. ¿Para qué chapoteas por el lodazal? Puedes ir por el camino seco. Tres hombres y una mujer, acompañados por Balys Adamonis, avanzaron despacio, conversando, hasta las puertas cerradas de la sala (BUBN K 91). Corre por el patio, entra de golpe en el jardín [...], y, sin aliento, se lanza cuesta arriba (BUBN NRŽ 280).
Del uso de los verbos de movimiento que designan el desplazamiento de los seres humanos, otros seres vivos y los objetos se desprende que a menudo al hablante le importa indicar solo un determinado tramo del desplazamiento u otros parámetros de este, por ejemplo:
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Las vacas se posan en la azotea. Refugiémonos bajo el cobertizo para que no nos moje la lluvia. La culebra se enroscó debajo del banco (FLK).
Dado que el significado del verbo es complejo, en muchos casos no hay límites estrictos entre los grupos léxicos de verbos. Los verbos de movimiento están próximos a los verbos de cambio de posición, cf.: sentarse, tumbarse, subir (al segundo piso), así como a los verbos de posición en el espacio (estar tumbado, estar sentado, colgar, pender, mecerse), que presuponen un agente y un locativo y un direccional. Por ejemplo:
Él mismo se paraba cada día durante una hora de cabeza, intentando convencer a los demás de que siguieran su ejemplo (SIR GIR K 20). No te sentarás sobre mi nuca (BUBN K 105).
En este grupo hay muchos verbos reflexivos que se caracterizan por expresar un cambio de posición en el espacio (colgarse, trepar, encogerse, etc.). Por ejemplo:
El niño se encogía sobre el banco y dormía toda la noche. Nos acurrucaremos junto al abeto, sobre alguna raíz; apoyas la cabeza contra el abeto y ya estás dormido. Inclínate para no golpearte.
Los verbos subjetivos de significado de acción solo rara vez prevén la función semántica de INSTRUMENTO. Por ejemplo:
Una toca la flauta. En algún lugar lejano sonó el acordeón. Ataiđi trimtai.
La función semántica de agente prevista por los verbos subjetivos es propia de los objetos inanimados, las fuerzas naturales, los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad, y diversos dispositivos, máquinas y aparatos que poseen propiedades energéticas y pueden realizar o provocar una acción, pero carecen de iniciativa propia. Por ejemplo:
La nave llegó a Júpiter en agosto de 1988. La sonda espacial se separará del módulo orbital (SP). La veleta gira. El cohete despegó. El autobús circula. El barco se acerca a la orilla.
Las palabras que expresan esta función pueden dividirse en subclases, según cuál sea el agente₂: un objeto inanimado, una fuerza natural, una causa o un medio de acción; cf.:
El agua fluye por los arroyos. El relámpago centellea. El viento sopla. Sopla la brisa primaveral. El frío aprieta. Solo se oye el zumbido del silencio.
Son habituales los casos en que el agente es un ser vivo que hace algo involuntariamente, sin iniciativa. Por eso se puede hablar de ciertos GRADOS DE ACTIVIDAD DEL AGENTE, teniendo en cuenta hasta qué punto la situación se percibe como controlada o no controlada por el agente (Holvoet 1991: 164). Las situaciones no controladas por el agente se expresan mediante verbos reflexivos de significado espontáneo. Por ejemplo:
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Quería engañar a otro, y él mismo [A1] se engañó. Me salpiqué por completo en la calle. Calculé mal, para mi pesar. El niño se empapó de agua.
La función semántica más característica de los verbos subjetivos de estado es la previsible función de PACIENTE, la función de receptor del efecto de la acción o de portador del estado, propia tanto de seres vivos como de objetos inanimados, así como de entidades abstractas (Sližienė 1994: 20). Esto es especialmente cierto en el caso de los llamados verbos espontáneos. Por ejemplo:
El enfermo se asfixia, sin recuperar el aliento. El hijo tiene fiebre. La niña está enferma.
Cuando la función de paciente corresponde a una persona, según el contexto, a veces resulta difícil distinguirla de la función de agente1; compárese:
El niño ya está adormilado. Él tiembla de frío por todo el cuerpo. Ella gime de dolor. El bebé grita. El niño se calmó. Me desperté temprano. El niño se aburre.
La función de paciente está mucho más claramente definida cuando se trata de objetos inanimados. Sin embargo, a veces, por ejemplo, al hablar de plantas, también se percibe cierto matiz de agentividad. Por ejemplo:
La hierba empezó a crecer. El centeno ya está brotando. El fresno echa hojas. Los brotes se vuelven leñosos. El centeno madura en el lindero del bosque. Los árboles no prosperan a la sombra. El centeno ya está espigando. Aquí las coles crecen frondosas. Las hierbas se yerguen. La hierba brota. Los manzanos florecen.
También se percibe un matiz de agentividad en los casos en que la función de paciente está prevista por verbos de estado variable, también llamados verbos de estado espontáneo dinámico, por ejemplo:
La torre se inclina hacia un lado. Las ramas se doblan incluso por el peso de las manzanas. Los cardos se enganchan en la ropa. El interior del árbol se ahueca. El humo sale de la chimenea. El carro se hundió en el lodazal. La piedra se hunde. La tierra se abrió.
Los verbos de ESTADO VISIBLE también presuponen la función semántica de PACIENTE. Por ejemplo:
Detrás del jardín se extendían los campos. La piedra sobresale en medio del camino. La barca se encuentra sumergida en el lago. Las ramas desnudas se yerguen. Las montañas se alzan a lo lejos. Las ramas del árbol cuelgan hacia abajo. Entre aquellas colinas, los lagos resplandecen. Justo a nuestro lado se abría un profundo abismo. Los hongos salpican de color el espacio entre los árboles. El lino azulea. El bosque azulea a lo lejos.
Estos verbos son similares a los espontáneos; compárese:
Ya te están saliendo canas.
En los casos en que los verbos indican estados de animales, la función de paciente se aproxima a la función de agente1. Por ejemplo:
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En la cabaña se oculta alguien. Algo o alguien pasó fugazmente por la oscuridad. En la cueva acecha un zorro.
En las oraciones con verbos intransitivos que expresan un cambio de estado, la función de paciente suele corresponder a sustantivos que designan objetos o sustancias inanimados, por ejemplo:
El río crece. El río baja. Nuestro río se está quedando sin agua. Con el calor, la miel se vuelve líquida. Una máquina sin engrasar se desgasta mucho. Sus huesos ya se descomponen bajo tierra. Los dientes se estropean (se carian). Los cimientos se mantienen en su sitio. Los tomates enrojecen. La mecha de la lámpara se carboniza. El azúcar se disuelve. El sebo se solidifica. Las virutas caen. La leche ya se agria. Un viejo rebozuelo se marchita. La harina húmeda se enmohece enseguida. El hielo se agujerea por efecto del sol. El mercurio de la columna del termómetro ya no subía (AVYŽ STM 478).
De manera similar, la función semántica de paciente también se atribuye a las partes del cuerpo humano, por ejemplo:
Las manos tiemblan. Las manos se arrugan. El rostro palidece. Los ojos lagrimean antes del viento. Las manos se agrietan por las patatas. Bajo el sol ardiente, los labios se resecan. La cabeza se queda calva. La piel se ablanda.
La función semántica de paciente también se presupone en los verbos intransitivos que designan fenómenos meteorológicos y otros fenómenos naturales, por ejemplo:
El frío se derrite. El viento amaina. La niebla se levanta. Cae el rocío. El tiempo se calienta y empeora. La capa de nieve se hace más fina. El cielo empezó a aclararse. La noche se iba oscureciendo cada vez más. Poco a poco empezó a apagarse la luz del cielo despejado (BUBN K 94).
En las oraciones con verbos de sonido, la función de paciente es bastante cercana a la de agente. Por ejemplo:
La voz resuena en el bosque. Susurran las hojas. Tintinean las campanillas. Resuenan las armas. Los disparos hacen vibrar incluso las ventanas. El bosque ruge. El hielo crujió. Los platos repiquetean en el armario. Las manzanas hacen bum al caer. Cuando sopla el viento, el bosque susurra.
Cuando en el proceso de habla es importante distinguir el agente del paciente, estas dos funciones semánticas están bastante bien definidas. Hay casos en que, desde este punto de vista, las situaciones se interpretan como sincréticas, y las funciones semánticas de agente y paciente se distinguen a partir de un contexto más amplio. Si hace falta, el hablante puede recurrir a medios expresivos adicionales que ayuden a diferenciar el agente del paciente.
La función semántica de paciente es característica de los sustantivos que también designan conceptos abstractos, por ejemplo:
La situación empeora. Se aclara lo esencial. Los estados de ánimo cambian constantemente. Su salud se deteriora. La vista se debilita. En cambio, el apetito de Marius crecía en proporción al número de días que había pasado hambriento (AVYŽ STM 483).
En las oraciones con verbos de existencia, la función semántica de paciente es evidente (también se consideran verbos de existencia los que expresan aparición; cf. Valeika 1998: 63). Por ejemplo:
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Vivían tres hermanos. Había una herrería y se derrumbó mientras estaba allí. En la naturaleza no hay agua absolutamente defendida. Por la tarde aparecieron mosquitos. En la despensa proliferaron los ratones.
La función semántica del PERCIPIENTE —quien experimenta un estado psíquico— es implicada por los verbos de percepción. P. ej.:
La madre se entristeció. El narrador está preocupado. El perro erizó el pelo. La niña se desconcertó. El padre aguzó el oído. El niño se entristeció. Ella realmente se afligió. El caballo se asusta. Los gatitos ya ven.
En las oraciones, la función del percipiente puede expresarse no solo mediante el nominativo, sino también mediante el dativo; por ejemplo:
No puedo ver. A él le gustan las novelas policíacas. A nosotros el tocino no nos sabe bien. ¿Cómo te parece?
Los verbos subjetivos que expresan estado implican también la función semántica del BENEFICIARIO —destinatario o receptor de la acción—, que en las oraciones suele realizarse en caso dativo. P. ej.:
Le va bien. A los niños les va bien. ¿Cómo te va? No le va bien con el trabajo.
Los verbos subjetivos prevén relativamente rara vez la función semántica de RESULTADO. Esta solo puede encontrarse en oraciones con verbos que expresan un estado cambiante; por ejemplo:
Se produjo un ruido. Estalló una guerra. Se entabló una conversación. Se estratificó la corteza terrestre. Al quemarse el gas se forma monóxido de carbono. Comenzó la confusión. Brotan setas.
Por lo general, la función semántica de resultado es prevista con mayor frecuencia por los verbos objetivos. Asimismo, solo los verbos que expresan un estado cambiante suponen la función semántica de CONTENIDO, que también es bastante rara; por ejemplo:
Suena una canción. Resultó un malentendido. Ocurrió una desgracia.
En resumen, cabe decir que, cuando los verbos subjetivos funcionan como predicados, la hiperfunción del sujeto abarca las funciones semánticas de agente₁, agente₂, paciente, percipiente, resultado, beneficiario, contenido e instrumento. Cada una de estas funciones está prevista por verbos pertenecientes a grupos léxico-semánticos más o menos definidos.
VERBOS OBJETIVOS
Los grupos de verbos subjetivos y objetivos no son equivalentes ni simétricos entre sí. Las relaciones subjetivas suelen ser predicativas. Sin embargo, la expresión de las relaciones objetivas también es importante y presenta particularidades en cada lengua. Las universalidades lingüísticas más conocidas son los sujetos sintácticos y las oraciones transitivas o, para ser más precisos, sus equivalentes o arquetipos conceptuales y funcionales (Beck 2000: 277). Sin embargo, sistematizar todo este
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conjunto diverso de medios de expresión en una lengua y entre distintas lenguas solo es posible, ante todo, sobre una base semántica. Ya se ha estudiado algo la semántica de algunos verbos objetivos. Asimismo, como se ha mencionado anteriormente, se ha establecido que los predicados de acción suelen tener asociadas las funciones semánticas de paciente (Mergaitė sudaužė stiklinę), resultado (Kaimynas iškasė griovį), beneficiario (Išsiunčiau laišką tėvams) e instrumento (Pagriežk smuiku) (Ambrazas 1986: 27).
Las funciones semánticas asociadas a los predicados de estado son el contenido (Aš nežinau kelio. Trūksta pinigų) y el resultado (Pinigai pavirto anglimis) (ibíd.).
Los ejemplos de uso de verbos objetivos muestran que también varían las funciones semánticas previstas que configuran la hiperfunción del sujeto. Las funciones semánticas que constituyen la base tanto de las hiperfunciones del sujeto como de las del objeto están implicadas por verbos objetivos pertenecientes a distintos grupos léxico-semánticos.
La mayor parte de los verbos objetivos está constituida por verbos de acción. Estos verbos prevén la función semántica de agente e implican además la función semántica de PACIENTE. Por ejemplo:
Antes, cuando trillaban, pisoteaban el centeno con caballos (ŠTS). Los hombres siegan los prados. Amasa la pasta; si no, las albóndigas quedarán insípidas (SKR). Quien lleva gavillas prospera. Te secaron cuando aún estabas verde [sobre el lúpulo] (LKŽu 1024). Los niños mancharon las paredes de la habitación.
La función semántica de paciente es característica de los sustantivos que designan tanto objetos (1) existentes antes de la acción como objetos (2) creados durante la acción. En este último caso, suele ser difícil distinguir la función semántica de paciente de la función semántica de resultado. En los estudios lingüísticos que examinan los problemas de la transitividad, el primer significado (el objeto de la acción cambia como consecuencia de esta) se denomina efectivo, y el segundo (el objeto de la acción es el resultado de esta), no efectivo (Stepanov 1975: 169). Compárese:
El niño parte leña. Los trabajadores preparan forraje. Cavé en otoño los hoyos para plantar plantones. Él se hizo una barca.
El rasgo de efectividad y no efectividad ayuda a distinguir la función semántica de resultado de la función semántica de paciente, que se identifica, por ejemplo, en las siguientes oraciones:
Aurelija estrujaba el pañuelo y se sonaba (BUBN K 110). Me echaré el impermeable por encima. Adelaida Didžiulienė se puso el vestido negro y salió de su estrecha habitación (RIMK). Antanina llevaba zapatos (SLUCK R IV 473).
En las oraciones, la función semántica de paciente adquiere diversos matices. Sin embargo, ante todo habría que distinguir los rasgos fundamentales de la función semántica. Además, para el análisis de la oración también son importantes la estructura componencial del significado del propio predicado y las características referenciales de los actantes (Ambrazas 1986: 28).
También es posible sistematizar la diversidad de la relación de la acción con el sujeto y el objeto teniendo en cuenta los distintos grados de prominencia de dicha relación; compárese:
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El acero del autómata enfriaba tus manos (BUBN NRŽ 188). Allí, de pronto, comienza a centellear y, al cabo de =(po) cierto tiempo, un estruendo hace temblar la tierra: estallan bombas pesadas y los combatientes golpean la estación de ferrocarril situada del lado alemán (SP). Remas se desplaza por los raíles a lo largo de la pared y coloca baldosas cerámicas (=keramines) [sobre el robot] (SP). Algún día un rayo caerá sobre el plátano, este se desplomará directamente sobre la casa y la destruirá.
La relación se manifiesta con mayor claridad cuando se señala una fuente de energía cuya energía está controlada, es dirigida y afecta a un objeto situado fuera de la esfera del sujeto. Sin embargo, la relación también puede ser difícil de percibir si no está claro que exista siquiera una fuente de fuerza o energía. Una relación de grado medio significa que la energía no está controlada o no afecta a un objeto externo (Voorst 1996: 227–245).
Por tanto, puede decirse que los verbos más claramente objetivos son aquellos que también presuponen la función semántica de CAUSANTE. Por ejemplo:
Así, haces perder a ti mismo y a los demás un tiempo precioso, y frenas el progreso de la ciencia para quienes quieren instruirse e instruir a otros (ANDR T 11). El cementerio de Glendale se mencionó precisamente para nada de eso, no para conmoverte (SIR GIR K 162).
La relación de la acción con el objeto se manifiesta claramente en las oraciones con verbos que prevén la función semántica de RESULTADO. Se trata, ante todo, de verbos de acción que implican además la función semántica de agente o causante. Aquí el agente suele ser quien inicia la acción y la realiza conscientemente. Esto se aplica, en primer lugar, a las llamadas acciones materiales, por ejemplo:
Sacaba el vinillo verde y regaba la azucenita (FLK). Y fue el tío quien lo reprendió, diciendo que iba a hacer que lloviera a cántaros, a Mikas (DOVYD NK 37).
Cuando el agente es una persona, en este tipo de oraciones también aparecen con frecuencia actantes con función instrumental especificada.
La función semántica de resultado suele corresponder a sustantivos que designan materiales, instrumentos, diversos atributos, fines, productos finales y estados. Por ejemplo:
Con tamo no se puede hacer pan. La necesidad convierte incluso a los cobardes en valientes. La salud acumula riquezas. Prepara para la palabra un lugar como un lecho para un huésped. Lo que la gente dice, lo cuenta. En verano, la densa maleza de los árboles ofrecía refugio al pájaro.
Según el verbo y su significado, la función semántica de resultado tampoco es del todo uniforme: el resultado puede ser directo o indirecto. A menudo, el efecto indirecto se expresa mediante verbos de acción que también implican la función semántica de causante; compárese:
El viento levantó remolinos de polvo y arrojó los periódicos.
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La función semántica de resultado está implicada tanto por los verbos causativos, como por los causales y los de provisión. Sin embargo, los verbos de provisión presuponen las funciones semánticas de causante y de resultado indirecto. Por ejemplo:
El padre se hizo confeccionar un traje. Tras haberse hecho confeccionar en otro tiempo un uniforme de paño negro casero, tejido aún por la tía, y haberse convertido en un auténtico estudiante de bachillerato, Algirdas Šaknys se puso a trabajar en serio (MIKEL LL 546). Traje a cinco jóvenes hermanitos, llegué en seis caballos alazanes (FLK). Tras haber cursado la escuela de filosofía tomista, introdujo el existencialismo en Lituania (JUŠK).
La función semántica de resultado también suele presuponerse en los verbos de acción que denotan actos intelectuales (mentales). Por ejemplo:
La actriz creó un papel de gran fuerza interior. Saldó las cuentas de treinta y tres años. Grotus fue el primero del mundo en crear la teoría de la electrólisis (SP).
La función semántica de resultado a menudo solo está presupuesta por los verbos de acción y no se expresa, sino que queda incorporada en el significado mismo del verbo, por ejemplo:
Aré el campito, canté bonito (FLK). El padre ara. Él levanta las casas y las cubre.
Por otra parte, esto solo puede decirse de oraciones aisladas. La función implicada puede realizarse en el texto subsiguiente.
Sin embargo, los grupos de verbos que presuponen determinadas funciones semánticas no son únicamente grupos derivativos: son grupos léxico-semánticos. Los verbos causales (causativos) también se consideran un grupo léxico-semántico, integrado tanto por verbos primarios como derivados. En la estructura semántica de las oraciones en las que los verbos causales funcionan como predicados se distinguen los siguientes componentes semánticos: (1) el agente causante, (2) el proceso, (3) la persona o cosa afectada, (4) el estado resultante (o atributo) o el proceso final (Valeika 1998: 22). Además de la función semántica de agente, característica de todos los verbos objetivos, los verbos causales implican las funciones semánticas de paciente y resultado. En comparación con todos los verbos objetivos, la función de agente implicada por los verbos causales es característica de los sustantivos que expresan el iniciador de una acción y, con menor frecuencia, de los sustantivos que expresan a quienes la realizan, instrumentos o partes del cuerpo. La función semántica de paciente es más característica de los sustantivos que expresan materiales, finalidad, estado, producto final o partes del cuerpo.
Una pequeña parte de los verbos objetivos presupone la función semántica de CAUSATIVO. Por ejemplo:
El frío causa dolor. Sus ojos irradiaban alegría / alegría. Ante todo, cúlpate a ti mismo. La dedicatoria bajo la fotografía mostraba apego a Luiza (SIR GIR K 173).
En las oraciones, el causativo se realiza no solo mediante el acusativo, sino también mediante el instrumental y el genitivo con la preposición dėl; por ejemplo:
Lo acusaron de mala gestión / por mala gestión.
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Desde antiguo se consideraba que el acusativo o el genitivo regidos por verbos que expresan reacción denotaban la causa. Sin embargo, al incluir estos verbos en un grupo más amplio de verbos de estado, este significado deja de ser evidente. Compárese:
¡Imagínate: tuvo miedo del lobo! (MIKUL). Si Spinas está enfermo y yo tengo pensado cuidarlo, ¡quizá me preocupe por él, y no por mi propio destino! (MART MD 77). Irradiaba cierto encanto.
En estas oraciones, los investigadores actuales tienden a reconocer ya la función semántica de CONTENIDO. Los verbos de habla señalan claramente la función semántica de CONTENIDO, por ejemplo:
No mencionó ni una palabra sobre aquel suceso (KONDR AŽL 105). A Ferdinandas le gustaba divagar sobre gente así; envidiaba a los afortunados sus honores y honorarios (SLUCK R IV 466). Di aunque sea una palabrita.
El contenido se realiza no solo mediante el acusativo, sino también mediante el acusativo con preposiciones, el nominativo, el genitivo y diversos recursos de expresión textual. Por ejemplo:
«¿Criada o reina?», preguntaban abiertamente en otro tiempo los realizadores de una película documental lituana al hablar de matemáticas (SP). El poeta francés Paul Valéry hablaba de una orquesta universal de sonidos de toda clase (SP). Lo contó todo con la mayor sinceridad (AVYŽ STM 497). Sin embargo, a quien le ha tocado vivir el drama de las victorias y las derrotas en las alturas, este libro le revela su contenido, colmado de recovecos de significados y sentidos (SP). Solo estando firmemente asentado en la tierra es posible penetrar en las capas más profundas de la realidad y, a través de la realidad visible, percibir la invisible (IR 36). Y cuando llegues a su casa, no mires a tu alrededor; primero di buenos días (BALČ).
La función semántica de CONTENIDO está más claramente definida en los verbos de habla que en otros verbos de acción. Esto se debe a la tendencia, observable en muchas lenguas del mundo, a identificar el objeto de la acción con su contenido; compárese: Me bebí dos vasos. Los verbos de habla, por sus propios significados léxicos, señalan e interpretan una actividad asociada al contenido; por ello pueden considerarse los que mejor representan la función semántica de CONTENIDO. Por ejemplo:
La gente del autobús conversa animadamente sobre los fríos del invierno y la pesca bajo el hielo (BUBN NRŽ 283). «Hablo del pasado, hablo del futuro, hablo de lo que nadie dirá ni repetirá», decía el viejo roble (DOV NK 35). ¡Qué tonterías decía ella! (BUBN NRŽ 185). No escribo sobre los percances menores ocurridos en los tiempos del contrabando de libros (JOV). Y cuando caigan estas columnas dóricas [...], incluso con su polvo darán testimonio de la inmortalidad de la existencia humana (SIR GIR K 261).
La función semántica de CONTENIDO también está implícita en otros verbos de acción, aunque hay que reconocer que el significado de contenido suele ser difícil de distinguir de los significados de paciente, resultado, finitivo y aspecto. Por ejemplo:
Dabas saltitos, expulsando globos de cálido aliento (BUBN NRŽ 188). Ese viento no lo «sopla» el Sol mismo, sino su corona, una esfera de plasma plateada (SP). —Me voy de Skauduva —dijo en voz baja,
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simplemente exhaló esas palabras suspirando (BUBN K 262). Probablemente, el silencio, y no las palabras, puede expresar mejor la amenaza (SIR GIR K 206). Se ríen o jadean, expresando una compasión y una pena hipócritas (RADZ PV II 433). No se puede resolver definitivamente la cuestión de la diosa mencionada por Tácito; cabría formular las siguientes reflexiones (SP). ¡Ah, qué bien sabía hacer todo esto mi primer maestro! (SP). Los estudiantes bromeaban y hacían travesuras (SIR GIR K 126). Al descender (=al ir descendiendo) hacia Júpiter, el aparato transmitirá (=transmitirá) datos sobre la composición química de su atmósfera (SP).
La función semántica de contenido también está prevista por los verbos de percepción, aunque en las oraciones resulta más difícil distinguirla de las funciones de finitivo y causativo, por ejemplo:
Estuve mirando las fotografías colgadas en la pared (SIR GIR K 173). Escuché una historia que había ocurrido no hace mucho (SIR GIR K 180). No quieres creer lo que ven tus ojos cuando encuentras una versión italiana análoga (SP). Observaba los paisajes fugaces del norte de Alemania (SIR GIR K 116). ¿Acaso sabes cuándo le sobreviene cierto estado de ánimo a un conocido famoso, de modo que hay que ponerlo a prueba en todo tipo de situaciones? (ANDR T 88).
Aquí hay una diferencia entre los pares de verbos mirar – ver, escuchar – oír, pues los primeros designan acciones voluntarias y los segundos, involuntarias; compárese:
No en vano los trabajadores te miran de reojo, como a un extraño (JOS UD 21). Mira, pero no ve. Es la primera vez que lo oigo. Escucha lo que dice el anciano.
Los verbos que designan acciones voluntarias implican la función semántica de contenido, más difícil de distinguir de la de finitivo. En cambio, los verbos que designan acciones involuntarias presuponen una función semántica de contenido con cierto matiz causativo. Por ejemplo:
Me rompí / se me rompió el brazo. Se le rompió / se le dislocó el cuello. Taconeó fuerte e impacientemente.
Por lo general, la oración El niño se torció la pierna se considera un ejemplo típico de función semántica de contenido realizada (Sližienė 1994: 22). El matiz causativo se percibe más claramente en las oraciones con verbos de percepción, por ejemplo:
Rūta percibió el suave aroma de las hojas y oyó cómo, al tocarlos, crujían y se inclinaban los frágiles tallos (BALT R Š 297). Él alcanzó a darme un beso en la mano, y todavía sentía en ella el contacto de unos labios secos (MART MD 79). Vi nieve, mucha nieve. El anciano fue al bosque a recoger leña y vio un nido en un árbol (ŠŽ 26). Lo ves extendido a su alrededor como si fuera un oscuro pañuelo de campesina. Y por la tarde se desató un huracán; los dos oímos sonar las campanas (SIR GIR K 25).
En los estudios semánticos se había observado desde hacía tiempo que el contenido presupueto por los verbos de percepción es, en realidad, la causa de la acción, es decir, la causa que provoca la reacción del perceptor. Los investigadores actuales tienden a reconocer en este tipo de oraciones la función semántica de contenido—
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función, al parecer, por analogía con el grupo especialmente numeroso de verbos que designan diversas actividades intelectuales.
En las oraciones con verbos que designan diversas actividades intelectuales, los verbos prevén la función semántica de CONTENIDO; compárese:
Yo, mientras venía hacia aquí, pensé mucho en muchas cosas (Jos UD 307). Y, por fin, ya no puedes recordar no solo su aspecto, sino tampoco sus apellidos (SIR GIR K 206). En la marina oceánica no se resuelven problemas científicos (SIR GIR K 46). Los físicos resuelven con éxito problemas de física y tecnología del láser. Los intereses de los biólogos son amplios; quizá investiguen la vida en las capas del permafrost (SIR GIR K 328). Responde a la pregunta: ¿de qué propones dudar? (BUBN K 179). Ya no nos sorprendían los árboles en flor (SIR GIR K 227). Entonces no me mareaban esas cosas. ¡Y cuánto envidiaban a esas horas las casas donde alguien las esperaba...! (SP).
En las oraciones, el contenido se expresa mediante el acusativo, el instrumental o el genitivo con la preposición dėl. Son habituales los casos con acusativo e instrumental tautológicos, que en la situación descrita no corresponden a ningún referente y cuyo significado verbal, por sí solo, presenta una imagen global de la acción (Sližienė 1994: 34). Por ejemplo:
Las personas, los pájaros, el sol y los insectos hacen su trabajo (ANDRIUS T 25). Dio él unos pasos enérgicos y luego se tambaleó (BUBN K 186). Lloramos esos llantos (LKŽXVIII 756).
Este tipo de combinaciones de palabras también se emplea para describir determinadas características de acciones y procesos; por ejemplo:
El teatro volvió a vivir su vida habitual (SP). Cuando una persona lleva una vida sencilla, nada heroica (IR 505). Esa lucha y esa verdad con las que vivimos (IR 126). A este hombre no le atormenta la conciencia por la vida que llevan sus hijos (SP).
Las combinaciones tautológicas de palabras con acusativo e instrumental suelen tener connotaciones expresivas y estilísticas. Por ejemplo:
Casi todos callaban y casi todos rumiaban sus propios pensamientos (MIKEL PK 247). Cómo viví y cuánto sufrí (MAC). Dormí un sueñecito (FLK). Canté todas las cancioncillas (FLK).
Muchos verbos de acción presuponen la función semántica de INSTRUMENTO; por ejemplo:
Cavo el bancal con una pala. Vuelven a tocar las campanas.
Estos son casos de lo que se denomina régimen débil, pero pertenecen a la esfera de las relaciones objetales. Asimismo, la función semántica de instrumento está prevista por verbos que designan acciones realizadas con partes del cuerpo humano y próximas a gestos que señalan determinados estados (asentir con la cabeza / la cabeza; agitar las manos / las manos; mover las piernas / las piernas, etc.). Compárese:
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Y de nuevo guardó silencio; se limitaba a escuchar y, a veces, incluso asentía con la cabeza a su pesar. Probablemente era otra persona la que hacía que su cabeza asintiera (MIKEL LL 385). Luego, de repente, sacudió la cabeza y empujó el pesado tintero de mármol (MIKEL PK 193). La vaca nodriza resopla satisfecha, suspira profundamente y mueve la cola como un perro perezoso; luego menea la cabeza (MIKEL LL 394). ¿Por qué mueves la cabeza así, como una yegua, abuelita? —preguntó él [el niño] una vez, sin poder contenerse (MIKEL PK 191).
La alternancia entre acusativo e instrumental permite expresar los matices semánticos de precisión de la acción (acusativo) e involuntariedad de la acción (instrumental). Cuando la función semántica de instrumento corresponde a sustantivos que designan partes del cuerpo humano, esta función puede caracterizarse tanto como paciente (cuando se expresa en acusativo) como instrumento (cuando se expresa en instrumental) (cf. Sližienė 1994: 396–397):
«Lo arrancó como el viento arranca una hoja del árbol», meneó la cabeza Vizgirdienė (RADZ PV, 76). Todas intentaban acariciarle el pelo, y las avergonzadas cuchicheaban no sé qué, asintiendo con la cabeza (BUBN NRŽ 266).
Los verbos de acción y estado que expresan deseo, aspiración, búsqueda, etc., suelen prever la función semántica de FINITIVO, por ejemplo:
En aquel laberinto de cabezas buscaba una casa (SIR GIR K 93). Alcanzó el vaso de compota (BUBN K 115). Más tarde añoré aquella música (SIR GIR K 211). Sabes, la joven generación reflexiva anhela en la literatura una verdad compleja, sin adornos, que la active y la eduque (IR 491).
La función semántica de finitivo también queda presupuesta por los verbos de movimiento y de actividad intelectual, por ejemplo:
Hasta el zorro y el perro mapache evitan a la marta (SP). ¿O acaso no tienes la conciencia del todo limpia, que evitas al compadre? (MIKEL LL 378). Al principio rehuía esas obligaciones (IR 54). ¿Cuándo me libraré por fin de esas personas que conocí por casualidad? (SIR GIR K 329). Una obra así alcanza mayor resonancia (IR 257).
En las oraciones, la función semántica de finitivo se realiza sobre todo mediante el genitivo y, con menor frecuencia, mediante el acusativo y el instrumental. En este tipo de oraciones también es habitual el genitivo de finalidad con infinitivo, por ejemplo:
Te tambaleaste y cruzaste a la otra orilla para recoger sílex (KUNČ MMP 95). La niña lo olvida todo y apremia al abuelo para que vaya más deprisa a ver el tren (BUBN NRŽ 283).
Los verbos de acción también pueden prever la función semántica de CONTRAGENTE, por ejemplo:
El grupo I compite con el grupo II. Los muchachos se enfrentaron a los ladrones.
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En las oraciones, el contraagente suele expresarse mediante el instrumental con la preposición su, el acusativo con la preposición prieš o el dativo.
También se puede distinguir la función semántica de COMPOSITIVO, prevista por los verbos de creación que designan acciones de extracción, por ejemplo: (su)daryti, (su)laužti, (su)megzti, (su)nerti, (su)pinti, (su)sintetinti (iš ko?). Por ejemplo:
Tejí una alfombrilla con hilos de algodón y seda. Teje una cesta con mimbres (DLKŽ 557). Tejí unos guantes con retales. Sintetizó etanol a partir de aceite de colza y alcohol.
Sin embargo, esta función semántica también puede incluirse en una función de fuente mucho más amplia, compárese: obtuvieron un préstamo del banco; le sacó el caballo al tío; transmítele nuestros saludos; del sueldo le descuentan el impuesto sobre la renta (Sl žienė 1994: 22).
Los verbos de actividad intelectual prevén la función semántica de COMPARATIVO. Otros investigadores denominan también a esta función función semántica de aspecto (Jakaitienė 1988: 63). Es la función del estándar de comparación, del término de referencia. Por ejemplo:
Su habla se diferencia de la nuestra. Pues distingue la paja del grano. La hija se parece a su madre. Una montaña de regalos se alzó como una pirámide (SP). El trompetista M. Andare se asemeja a un héroe nacional (SP). La superó en estatura. La incertidumbre que siguió superaría sus fuerzas (MIKEL LL 176).
En las oraciones, el comparativo se realiza mediante el dativo, el acusativo, el genitivo con la preposición nuo y el instrumental con la preposición su.
Algunos verbos de acción prevén la función semántica de BENEFICIARIO. El beneficiario suele expresarse mediante el dativo, por ejemplo:
Me regalaron un bolígrafo. Él me acompañará.
Cuando los verbos de estado implican la función semántica de beneficiario, este suele expresarse mediante el acusativo, el genitivo partitivo y, a veces, el dativo. En estos casos, la función semántica prevista por los verbos resulta más difícil de definir; otros investigadores también la denominan función semántica independiente de poseedor (Jakaitienė 1988: 63). Por ejemplo:
Allí teníamos sitio (SIR GIR K 44). Tenemos una casa. No tengo tiempo. Carecemos de generalizaciones más contundentes (IR 289). Responderé a todas las preguntas, si mis conocimientos me alcanzan. El manuscrito será útil para investigaciones posteriores.
Los verbos de acción y de estado prevén también la función semántica de PERCIPIENTE. Compárese:
No asustes al caballo, luego no podrás atraparlo. El largo viaje no los atemorizó. La congoja le oprimió la garganta (SP).
El percibiente suele expresarse mediante el acusativo. Los verbos que implican la función semántica de percibiente suelen ser causativos, por ejemplo: irritar, espantar, molestar, asustar,
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entristecer, desconcertar, incitar, maldecir, azuzar, irritar, engañar, educar, entristecer, enseñar, burlarse de, irritar, calmar, causar dolor, embriagar, corromper, perseguir, arrear, abanicar, hacer llorar, humillar, embrujar, etc. Por ejemplo:
Esas palabras la entristecieron. Tal desconfianza lo enfurece. Al lector no preparado solo al principio lo desconciertan las transiciones bruscas, los saltos de un tema a otro (SP).
Los verbos de movimiento y, con menor frecuencia, los verbos de significado de acción prevén la función semántica de DIRECCIONAL. Por ejemplo:
Atravesaron el tempestuoso Atlántico Norte (SIR Gir K 153). Él la siguió de cerca de una habitación a otra, hasta recorrer todas las estancias (AVYŽ STM 500). El recopilador de la creación popular recorrió todos los rincones. Siempre se levantaba el primero y, mientras tosía [...], daba la vuelta a toda la finca (MIKEL LL 185). Viví una parte considerable de nuestro interesante siglo (IR 141).
En las oraciones, el direccional se realiza con mayor frecuencia mediante el genitivo con las preposiciones iš, nuo (punto de partida); mediante adverbios y el genitivo con las preposiciones ant, iki, ligi, prie, už, el acusativo con las preposiciones į, pas y el instrumental con la preposición po (punto final); mediante el instrumental y el acusativo con las preposiciones per, pro, apie, aplink, po (trayecto).
Los verbos de significado de acción y, con menor frecuencia, los de estado prevén también la función semántica de CUANTITATIVO. Por ejemplo:
Pagamos diez litas. Perdí cien litas. Rebajó el precio un veinte por ciento.
En las oraciones, el cuantitativo suele corresponder al acusativo y al acusativo con preposición. Algunos verbos de acción presuponen la función semántica de MODO, a veces denominada también cualitativo (Jakaitienė 1988: 63). Por ejemplo:
Pintaron la casa de amarillo. La estudiante describió detalladamente el curso del experimento. Los resultados del trabajo se evaluaron favorablemente. Decoró con estilo a quien se acercaba.
En las oraciones, el modo suele realizarse mediante adverbios. También cabe mencionar la función de COMITATIVO, implicada por los verbos que expresan acciones recíprocas, por ejemplo:
Incitó al padre contra la madre. Enfrentaron a unos contra otros. Dividió la tierra entre el hermano y la hermana. Redistribuyó los bienes entre todos los hijos y nietos.
En las oraciones, esta función suele corresponder a la construcción con la preposición su y el instrumental, o a la construcción con la preposición prieš y el acusativo. Los verbos con significado de remuneración, compra y negociación prevén la función semántica de RETRIBUTIVO, cf.:
Pagamos en efectivo la compra. Compré ladrillos por dos mil. Trabajé para saldar la deuda.
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En las oraciones, esta función se realiza mediante el instrumental, la preposición «už» con acusativo y también la preposición «iš» con genitivo.
También convendría distinguir la función semántica de ONOMATIVO, aunque hasta ahora no se había hablado de ella en la lingüística lituana. Compárese:
Si [Palangos Juzė] apareciera entre nosotros, ¿cómo llamaría a estas prendas? ¿Abrigos, chaquetas, americanas? (SP).
Esta función semántica la rigen los verbos de actividad intelectual nombrar, llamar, así como los verbos de cambio de estado convertirse en, sustituir [se designa el objeto], hacer las veces de. En las oraciones, el onomativo suele corresponder al instrumental y, rara vez, al nominativo, al acusativo o a los adverbios. Hasta ahora, la función semántica de onomativo se entendía como parte de la función semántica más amplia de contenido, por ejemplo: A ese árbol lo llaman roble (cf. Šlizienė 1994: 22). Las funciones semánticas de alcance más amplio reflejan los límites posibles de la generalización de los hechos lingüísticos; sin embargo, las funciones semánticas más restringidas y concretas, previstas por grupos de verbos más pequeños y cohesionados, están más cerca del uso cotidiano de la lengua, son más fáciles de comprender y de distinguir entre sí. Por ejemplo:
En el pueblo, las mujeres lo llamaban pobrecito desde pequeño (BUBN NRŽ 266). La gente lo llama sabio. En Estados Unidos llamaban a Dovydas David. Los habitantes de la frontera apodan «amigos» a los samogitios que vienen del otro lado (I. SIMON). Nombró estas plantas relictas. Si no las nombras con autoridad, no hacen caso (DLKŽ 264).
En resumen, cabe decir que, cuando los verbos objetivos funcionan como predicados, la hiperfunción del objeto abarca las funciones semánticas de paciente, resultado, contenido, beneficiario, percipiente, contraagente, instrumento, causativo, finitivo, comparativo, directivo, modo y fuente (compositivo), previstas por verbos pertenecientes a determinados grupos léxico-semánticos.
CONCLUSIONES
1. La hiperfunción del sujeto abarca las funciones semánticas de agente₁, agente₂ e instrumento cuando funcionan como predicados verbos subjetivos de significado activo. Cuando funcionan como predicados verbos de estado estático, la hiperfunción del sujeto abarca las funciones semánticas de paciente y percipiente; cuando funcionan como predicados verbos de estado cambiante, abarca las funciones de paciente, resultado y contenido. La esfera de la hiperfunción del sujeto también incluye la función semántica de beneficiario, prevista por los verbos subjetivos de estado.
2. Cuando los verbos objetivos funcionan como predicados, la hiperfunción del objeto abarca las funciones semánticas de paciente, resultado, contenido, contraagente, beneficiario, instrumento, finitivo, comparativo, directivo, fuente (compositivo), modo, motivo y comitativo. Cuando funcionan como predicados verbos objetivos de estado, la hiperfunción del objeto incluye las funciones semánticas de percipiente y causativo; y cuando funcionan como predicados verbos de estado cambiante, incluye las funciones semánticas de contenido y resultado.
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3. En el grupo de los verbos subjetivos predominan las funciones semánticas de los predicados de estado, mientras que en el grupo de los verbos objetivos predominan las de los predicados de acción. Tanto los verbos subjetivos como los objetivos prevén las funciones semánticas de agente, paciente, percipiente, resultado, contenido, beneficiario, fuente (compositivo), instrumento, modo, motivo, comitativo y contraagente. Además, solo los verbos objetivos pueden presuponer las funciones semánticas de causador y de finitivo. No hay funciones semánticas que puedan implicar únicamente los verbos subjetivos y no los objetivos. Al parecer, por ello los verbos objetivos se emplean mucho más a menudo con significados subjetivos que los verbos subjetivos con significados objetivos.
4. Los verbos de distintos grupos léxico-semánticos, tanto subjetivos como objetivos, presuponen funciones semánticas diferentes. Cuanto más estrecho sea el grupo léxico-semántico al que pertenecen los verbos, mayor será la probabilidad de que impliquen las mismas funciones semánticas. Los grupos léxico-semánticos más estrechos son los de los sinónimos, que también presuponen, con mayor frecuencia, las mismas funciones semánticas.
5. Tanto el inventario de grupos léxico-semánticos como el de funciones semánticas carecen de límites estrictos y definitivos. Tanto los grupos léxico-semánticos como las funciones semánticas pueden establecerse de manera más restringida o más amplia, según el aspecto que el investigador considere más importante. También es importante estudiar cada verbo por separado y las funciones semánticas que prevé, sobre todo porque el significado de cada verbo contiene componentes relacionados únicamente con el proceso que este designa.
ESQUEMA 1. FUNCIONES SEMÁNTICAS DE LOS VERBOS SUBJETIVOS Y OBJETIVOS
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6. Estudiar qué funciones semánticas presuponen determinados grupos léxico-semánticos y los verbos por separado permite definir mejor qué queda explícitamente sin expresar en la lengua y qué constituye la presuposición de la oración. Este enfoque no solo profundizaría el conocimiento de la lengua, sino que también sentaría las bases para la descripción lingüística más formalizada: la computacional.
ABREVIATURAS
ANDR T – Pulgis Andriušis, Tipelis, Vilnius: Vyturys, 1991.
AVYŽ STM – Jonas Avyžius, Sodybų tuštėjimo metas, Vilnius: Vaga, 1973.
BALČ – Juozas Balčikonis.
BALTR ŠG – Aleksas Baltrūnas, Šviesos gimimas, Vilnius: Vaga, 1985.
BUBN K – Vytautas Bubnys, Kvietimas, Vilnius: Vaga, 1983.
BUBN NRŽ – Vytautas Bubnys, Nesėtų rugių žydėjimas, Vilnius: Vaga, 1984.
DLKŽ – Diccionario de la lengua lituana contemporánea, ed. S. Keinys, Vilnius: Editorial de Ciencia y Enciclopedias, 1993.
DOVYD NK – Liudas Dovydėnas, Naktys Karališkiuose, Vilnius: Vyturys, 1992.
FLK – folclore.
GRAN – Romualdas Granauskas.
IR – Interviu su rašytojais, Vilnius: Vaga, 1980.
JOS UD – Jokūbas Josadė, Užupio drama, Vilnius: Vaga, 1981.
JOV – Jovaras.
JUŠK – Jonas Juškaitis.
KAT ŽŽ – Viktoras Katilius, Židiniai ir žmonės, Vilnius: Vaga, 1997.
KONDR AŽL – Saulius Tomas Kondrotas, Y nublado, mirando por la ventana, 1, 2, Vilnius: Vaga, 1985.
KUNČ MMP – Jurgis Kunčinas, Menestreles con abrigos maxi, Vilnius: Editorial de la Unión de Escritores de Lituania, 1996.
LKŽ – Diccionario de la lengua lituana.
MAC – Vincas Maciūnas.
MART MD – Vytautas Martinkus, Medžioklė draustinyje, Vilnius: Vaga, 1983.
MIKEL LL – Jonas Mikelinskas, Kur lygiūs laukai, Vilnius: Vaga, 1987.
MIKEL PK – Jonas Mikelinskas, Paskutinė korta, Vilnius: Lietuvos rašytojų sąjungos leidykla, 1993.
MIKUL – Ema Mikulėnaitė.
MYK PUT – Vincas Mykolaitis-Putinas.
PP – Patarlės ir priežodžiai, Vilnius: Valstybinė grožinės literatūros leidykla, 1958.
RADZ PV₁, ₂ – Bronius Radzevičius, Priešaušrio vieškeliai, 1, 2, Vilnius: Vaga, 1985.
RAŠČ – Pranas Raščius.
RIMK – Vytautas Rimkevičius.
SIMON – Ieva Simonaitytė.
SIR GIR K – Vytautas Sirijos Gira, Kanarėlės, Vilnius: Vaga, 1983.
SLUCK R – Mykolas Sluckis, Raštai, 4, Vilnius: Vaga, 1989.
SP – prensa.
STAN – Simonas Stanevičius.
ŠŽ – Stebuklingas žodis. Lietuvių liaudies pasakos, Kaunas: Šviesa, 1985.
ŠNEK – lengua coloquial.
ŽIL – Vytautė Žilinskaitė.
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STASE KRINICKAITĖ
Otras abreviaturas, como en el Diccionario de la lengua lituana.
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Stasė Krinickaitė Lietuvių kalbos institutas Antakalnio g. 6, 2055 Vilnius, Lietuva [email protected]. lt
Gauta 2001 05 25