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Dėl naujų publikacijų lietuvių kalbos teorinės fonetikos ir morfologijos klausimais

Aleksejus Andronovas

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ACTA LINGUISTICA LITHUANICA XLVII (2002), 117–130 OBSERVACIONES Observaciones SOBRE LAS NUEVAS PUBLICACIONES EN TORNO A CUESTIONES DE FONÉTICA TEÓRICA Y MORFOLOGÍA DE LA LENGUA LITUANA Últimamente empieza a perfilarse la especialización de las dos principales publicaciones periódicas del Instituto de la Lengua Lituana: la revista Archivum Lithuanicum, que comenzó a publicarse hace algunos años, está dedicada a la historia de la lengua escrita lituana y al análisis filológico y textual de textos antiguos, mientras que ALL (Cuestiones de lingüística lituana), que pronto celebrará su medio siglo de existencia, se está concentrando cada vez más en el campo de los estudios teóricos y descriptivos de la lengua lituana. Entre las publicaciones del último tomo (el 46.º) de ALL, que describen sobre todo materiales de la lengua lituana actual desde diversos puntos de vista, destacan dos artículos dedicados a cuestiones teóricas: «Interpretaciones fonológicas de los sonidos de la lengua lituana», de Kazimieras Garšva (pp. 1–17), y «Una nueva perspectiva sobre la categoría de género de los sustantivos lituanos», de Artūras Judžentis (pp. 39–47). Siempre es útil volver a examinar cuestiones aún sin resolver. Por muy buena que sea la Gramática académica de la lengua lituana, también puede perfeccionarse y desarrollarse, modificando la descripción de la lengua a la luz de nuevos materiales y de la evolución de la teoría lingüística. A ello se dedican también los seminarios de debate sobre la concepción de una nueva gramática de la lengua lituana, organizados en el Instituto de la Lengua Lituana. Por tanto, es muy loable el deseo de los autores de los artículos mencionados de volver a examinar la interpretación de algunos aspectos importantes del sistema lingüístico. Garšva se opone audazmente a algunas afirmaciones casi consagradas (formuladas en su mayoría por la escuela fonológica de Girdenis), en las que se ha basado en los últimos años (desde 1985) también la Gramática académica de la lengua lituana1, y propone un nuevo esbozo de un amplio segmento del sistema fonológico lituano. A veces el autor coincide con la tradición y otras, no. En ambos casos aporta argumentos, aunque muchos de ellos son conocidos desde hace tiempo y los ejemplos que menciona el autor ya se habían analizado, en su mayoría, en trabajos fonológicos anteriores. Lamentablemente, el autor no expone con mucho detalle sus principios teóricos y se limita a señalar que se basa en las escuelas fonológicas de Praga, Moscú y Lituania. Por eso sorprenden los enfoques no tradicionales que presenta el artículo sin comentarios particulares. No queda claro si se trata de partes importantes de la concepción del autor, que merezcan discutirse, o simplemente de formulaciones desacertadas. Por ejemplo, resulta muy extraño hablar de la longitud de los RASGOS y basar en ello la oposición entre unidades segmentales y suprasegmentales (p. 1). Más adelante, es cierto, se habla ya de la longitud de las UNIDADES fonéticas («Las unidades fonéticas más largas que el fonema se denominan suprasegmentales..., las más cortas que el fonema, subsegmentales»), pero tampoco es habitual esta distinción entre elementos prosódicos y segmentales. Cabría pensar que el fonema no es el elemento más pequeño del plano de la expresión lingüística, ya que existen elementos más breves que él (según Garšva 1 Kazimieras Garšva fue coautor de Alekso Girdenis en la redacción del capítulo de Fonología de la Gramática académica. 118 | PASTABOS serían moras2. En realidad, la diferencia fundamental se sitúa en otro plano: no depende de la longitud, sino de si el elemento es lineal o simultáneo (véase Girdenis 1995: 38). Desafortunadamente, el artículo contiene bastantes formulaciones desacertadas; compárese la recomendación de pronunciar los sonidos «[e], [e] como [a], [a]» después de consonantes palatalizadas (p. 3)3; no se entiende para qué sirven las afirmaciones tautológicas de que «las vocales [i], [i], [u], [u] son largas y semilargas» (p. 4), pues eso se desprende de la propia transcripción. Algunas cosas «extrañas» quizá se expliquen por el uso inconsistente de corchetes y barras oblicuas, que borra así la distinción entre los fenómenos fonológicos y los fonéticos. Por ejemplo, se habla de «variantes de las vocales [a] y [e]» (p. 2); probablemente sería más exacto representar los fonemas /a/ y /e/, pues los (alo)fonos no se relacionan entre sí como invariante y variantes4 (véanse también: «las vocales breves [e], [e], [o], [a] podrían considerarse variantes posicionales de las vocales [i], [e], [u], [a]...» (p. 5), «un fonema periférico (la [o] breve)» (p. 14), etc.). Intentaremos dejar de lado estas formulaciones dudosas y examinar las afirmaciones más importantes del artículo de Garšva. Una de las cuestiones más complejas para los fonólogos ha sido siempre interpretar los diptongos y los grupos de dos sonidos como fonemas independientes o como combinaciones de fonemas. Las distintas escuelas fonológicas establecen criterios diferentes para demostrar el bifonemismo o el monofonemismo. La interpretación de los «complejos de sonidos sospechosos» de la lengua lituana (Girdenis 1995: 74) no depende de la búsqueda fructífera de nuevos materiales, sino de la elaboración de una teoría adecuada. El propio Garšva reconoce que los dos criterios más utilizados para decidir la cuestión del mono-/bifonemismo —el límite silábico y la prueba de conmutación— no son absolutos5. En su opinión, la división en dos sílabas puede constituir solo un argumento adicional para demostrar el bifonemismo de los diptongos, ya que «también ocurre con las vocales largas (lý-ti: lí-jo, žú-ti: žù-vo)» (p. 7)6. Evalúa de manera similar el principio de conmutación: «La conmutación de los componentes de los diptongos tautosilábicos (su sustitución por otros fonemas) es, a mi juicio, un elemento más bien formal y accidental y, por ello, no tan indispensable para demostrar el bifonemismo» (p. 8). Sin embargo, esto no impide que, en casos concretos, el autor se sirva de uno u otro de los criterios mencionados como decisivo, o que prescinda de ambos. Así pues, sin apoyarse en principio en argumentos nuevos ni revisar los principios teóricos de Girdenis (Girdenis 1995: 71–91), Garšva llega a la conclusión opuesta sobre el bifonemismo de los diptongos lituanos ie, uo7. Esto demuestra que las premisas teóricas permiten escoger la interpretación que simplemente prefiera el investigador. 2 Me pregunto si el autor estaría dispuesto a considerar suprasegmental una unidad como la sílaba, que es más larga que un fonema. 3 Tampoco es mucho mejor, por cierto, la formulación de la Gramática académica: «en la posición [C⁻], /aː a/ suelen pronunciarse como /eː e/» (Ambrazas, ed., 1994: 24). 4 Aunque no sea habitual en los trabajos de los fonólogos lituanos, parece que sería útil distinguir términos como BALSIS —sustantivo masculino— para el sonido (alo)fono (representado entre corchetes), y BALSĖ —sustantivo femenino— para el fonema (representado entre barras oblicuas). Esto ayudaría a formular algunas afirmaciones con mayor precisión y, en ocasiones, a evitar ambigüedades. 5 En general, las premisas fonéticas del bifonemismo (duración de la pronunciación, no solo articulación; véase Girdenis 1995: 74) no son eficaces: cualquier rasgo fonético (físico) es continuo, por lo que la segmentación podría basarse ÚNICAMENTE EN UN ACUERDO ARBITRARIO sobre el valor del umbral. 6 Resulta aún más extraño que el autor fundamente precisamente el bifonemismo del diptongo uo en una alternancia semejante de diptongos tautosilábicos y heterosilábicos. La relevancia de la alternancia duo-ti: da-vė, važiuo-ti: važiuo-vo para resolver esta cuestión suscita serias dudas en general: difícilmente será de naturaleza puramente fonológica (pues, como señala el propio Garšva, en muchos casos el diptongo uo (e ie) se conserva ante vocal: nuoalpis, prieangis; en los verbos secundarios el diptongo solo alterna ante la vocal final de la raíz del pasado, mientras que ante la vocal final de la raíz del presente se inserta j para evitar el hiato); además, la propia posibilidad de tratar uo tautosilábico y a-v heterosilábico como un mismo segmento requiere una demostración independiente. 7 Es cierto que tampoco especifica a qué combinaciones de dos fonemas corresponden estos segmentos (entre las variantes mencionadas figuran i+e, i+a, u+o, u+a (p. 8), e incluso a+v e u+v (p. 9)). PASTABOS 119 En efecto, ambos criterios mencionados fueron criticados con razón por ser afuncionales. Parece pertinente citar dos pasajes más extensos del trabajo de V. Kasevičius Problemas fonológicos de la lingüística general y de la lingüística de las lenguas orientales (1983). Dėl komutacijos testo (plg. Girdenis 1995: 80): „... Asociatyvinė segmentacija [komutacijos testas – A. A.] fonologijoje – sąmoningai ar nesąmoningai – reprodukuoja [...] analogišką morfeminės analizės procedūrą, tačiau morfeminė analizė suponuoja sistemingą dviejų planų – išraiškos ir turinio – įtraukimą į palyginimą, ko visiškai neturi tik išoriškai analogiška fonologinė analizė. Iš tiesų, jeigu morfologijoje kalbininkas tenkintųsi tik morfemų eksponentų palyginimu, būtų korektiškos tokios proporcijos, kaip koza: kozël = oca: ocël, dėl to formą ocël tektų laikyti dvimorfiška, tai yra oc-ël. Tam trukdo oc reikšmių neatitikimas žodžiuose oca ir ocël, tiksliau – žodžio ocël segmento oc reikšmės stoka (asilas nėra vapsvos patinas, nors ožys yra ožkos patinas). Bet fonologinės segmentacijos, kuri pagrįsta asociatyvine analize, atveju kalbininkas tiria tik išraišką, neatsižvelgdamas į turinį. Todėl gali atsirasti nemotyvuotų sprendimų, kaip rodo ką tik pateikti morfeminio skaidymo pavyzdžiai neatsižvelgiant į turinį“ (Kasevič 1983: 22)¹. Sobre el límite silábico (la pertenencia de partes segmentales individuales a más de una sílaba (Girdenis 1995: 74)): «Trubetzkoy adscribió la regla I a las fonéticas, considerando la propia sílaba una unidad fonética. Sin embargo, los límites de las sílabas fonéticas pueden aparecer a veces precisamente “dentro” de segmentos fonológicamente indudablemente indivisibles. Así, en birmano, cuando la consonante inicial de la sílaba se adhiere fuertemente, debido al tono de la sílaba precedente, esta consonante se vuelve de dos picos. Fonológicamente permanece dentro de los límites de la sílaba siguiente, pero sus dos picos muestran su distribución fonética entre dos sílabas⁸.» Si suponemos que en la regla I el concepto de sílaba puede tratarse desde posiciones fonológicas, en este caso convendría entenderla como cierto modelo de organización de los fonemas, en el que los límites entre sílabas son, naturalmente, también límites entre fonemas. Pero entonces, para aprovechar los límites silábicos en la segmentación fonémica, es necesario disponer de una definición exhaustiva de la sílaba desde el punto de vista de su organización fonémica. Difícilmente se dispone de tal información al comienzo mismo del análisis fonológico» (Kasevič 1983: 31)⁹. * «...La segmentación asociativa en fonología —consciente o inconscientemente— reproduce [...] un procedimiento análogo al análisis morfémico; sin embargo, el análisis morfémico supone la inclusión sistemática en la comparación de dos planos —el de la expresión y el del contenido—, de los que carece por completo el análisis fonológico, análogo solo en apariencia. En efecto, si en morfología el lingüista se contentara con comparar los exponentes de los morfemas, resultarían correctas proporciones como коза: козёл = оса: осёл, por lo que habría que representar la forma осёл como bimorfémica, es decir, ос-ёл. A ello se opone, al menos, la falta de significado de ос en оса y осёл; más exactamente, la ausencia de significado en el último caso (осёл no es un macho de avispa, aunque козел sí es el macho de козы). Pero en la segmentación fonológica basada en el análisis asociativo, el lingüista se ocupa únicamente del plano de la expresión, sin apoyarse en el plano del contenido. De ahí la posibilidad de soluciones inmotivadas, que se ha mostrado más arriba con el ejemplo de la segmentación morfémica sin recurrir al plano del contenido». 8 Entre los fenómenos más próximos a los baltistas, probablemente cabe mencionar aquí las oclusivas sordas letonas, palatalizadas entre dos vocales breves: ¿la división de la larga mediante un límite silábico en la palabra lapa [lap-pa] obliga a distinguir aquí dos fonemas p: /lappa/? – A. A. ⁸⁸ «Trubetzkoy adscribió la regla I a las fonéticas, considerando la propia sílaba una unidad fonética. Sin embargo, los límites de las sílabas precisamente fonéticas pueden a veces descubrirse “dentro” de segmentos indudablemente indivisibles desde el punto de vista fonológico. Así, en birmano, cuando la consonante inicial de la sílaba se adhiere fuertemente, debido al tono de la sílaba precedente, esta consonante se vuelve de dos picos [82]. Fonológicamente permanece dentro de los límites de la sílaba siguiente, pero su carácter de dos picos indica su distribución fonética entre dos sílabas.» 120 | PASTABOS Resulta extraño que, al resolver el problema del carácter mono- o bifonémico, los fonólogos lituanos apenas se apoyen en el criterio del límite morfémico (tampoco lo menciona Girdenis (1995: 90); véase Čekmonas (1983: 199); compárese, sin embargo, Vaitkevičiūtė (1961: 39); Pupkis (1966: 117) se inclina abiertamente a ignorarlo). El criterio del límite morfológico se deriva directamente de la definición tradicional del fonema como el segmento FUNCIONAL mínimo del flujo del habla (cf. Ambrazas, ed., 1994: 15). Puesto que los fonemas constituyen las expresiones de los morfemas, es evidente que un límite morfémico constatado en un segmento fonético da testimonio inequívoco también de un límite fonémico⁹. Así pues, para demostrar que un segmento dudoso es bifonémico, hay que encontrar un ejemplo en el que un diptongo quede dividido por un límite morfémico. Esto requeriría un estudio específico, pero por ahora solo pueden hacerse unas pocas observaciones preliminares. Si aceptamos la segmentación de las formas personales del verbo propuesta en la Gramática académica (Ambrazas, ed., 1994: 332–333), en la que la vocal temática se asigna a la raíz, en las formas de primera y segunda persona con vocales largas al final de la raíz se forman precisamente los diptongos au, eu (iau), ai, ei, por los que pasa el límite morfémico (entre la raíz y la desinencia). Si seguimos la segmentación más tradicional de estas formas, los segmentos mencionados forman parte de la desinencia. En tal caso, es difícil encontrar un ejemplo de un diptongo compuesto dividido por un límite morfémico. Ambas variantes de segmentación de las formas verbales ofrecen ejemplos de la división de diptongos mixtos: cf. el límite entre la raíz y la desinencia neša-m, myli-m, kelia-m [em]; neša-nt, myli-nt, kelia-nt [ent], o el límite del infijo ta-m-pa, gle-m-ba, čiu-m-pa, li-m-pa, ra-n-da, skre-n-da, ju-n-ta, kri-n-ta10. Probablemente, los diptongos con las líquidas r, l pueden analizarse por analogía. Sin embargo, parece que no se logra encontrar un ejemplo en el que los diptongos homorgánicos estén divididos por un límite morfémico. El criterio del límite morfémico también es aplicable al determinar el estatuto fonológico de las africadas, sobre el que Garšva no expresa plenamente su posición. Es cierto que no hay consenso acerca de la formación de africadas en la frontera morfémica (at-sikėlė, pať-s); los estudios experimentales siguen siendo incompletos y sus datos son contradictorios (véase Pakerys 1995: 156 (con bibliografía), 163). Además de la interpretación fonológica de los segmentos complejos, merece la pena señalar algunos otros aspectos tratados en el artículo de Garšva. La comprensión de la mora que tiene el autor parece inusual. Ya es cuestionable la concepción mencionada de la mora como unidad subsegmental —más breve que un fonema— (p. 1). Además, esto también contradice el principio de la teoría moraica que el propio autor formula algo más adelante: «Según la teoría moraica, las vocales largas son una combinación de dos fonemas breves (moras) iguales, equivalente a una sílaba» (p. 6); resulta, sin embargo, que la mora no es más breve que un fonema. Pero lo más importante es que no se justifica identificar la mora con una vocal breve. El hecho de que una vocal larga (más exactamente, una sílaba) en las lenguas moraicas corresponda funcionalmente a dos vocales breves no significa en absoluto que esté compuesta por dos fonemas breves- Si suponemos que en la regla I el concepto de sílaba puede interpretarse desde posiciones fonológicas, en esta situación conviene entender la sílaba como cierto modelo de organización de los fonemas, donde los límites entre sílabas son, naturalmente, límites entre fonemas. Pero entonces, para utilizar la división silábica en la segmentación fonémica, es necesario disponer de una definición exhaustiva de la sílaba desde el punto de vista de su organización fonémica. Difícilmente se dispone de tal información al comienzo mismo del análisis fonológico». 9 En otras palabras, «la segmentación fonológica resulta ser derivada de la segmentación morfológica» (Kasevič 1977: 34). Este es uno de los principios fundamentales de la escuela fonológica de L. Ščerba. 10 Cabe señalar que la estructura morfémica de la raíz también depende de la variante de segmentación de las formas verbales: con la segmentación tradicional, los sufijos de la raíz -j-, -st-, -n-, -d- y el infijo que se distinguen pierden su función si se adopta la segmentación de la Gramática académica y, por tanto, también pierden su estatuto de morfemas (la variación de la raíz se describe en morfonología como alternancia de alomorfos) (Andronov 2000: 44). P A S T A B O S | 121 En general, las moras no están directamente relacionadas con los fonemas. La mora debe considerarse una unidad abstracta y convencional para medir la longitud silábica. Si tal unidad resulta necesaria, o simplemente útil y práctica, para describir el sistema de una lengua, esta se considera moraica. Los argumentos esgrimidos por Girdenis (1995: 259–260) y repetidos por Garšva (p. 6–7) contra una interpretación moraica del lituano no son suficientes. Si se acepta la mora como una unidad convencional (cf. Girdenis 1995: 259), ya no es necesario buscar correspondencias breves para los fonemas largos /oː/, /eː/ (Girdenis 1995: 260). La realización fonética de los tonos no tiene una importancia decisiva en fonología. En cuanto a la relación entre los tonos y el acento, convendría examinar más detenidamente, por ejemplo, la teoría de Yuri Stepanov (Stepanov 1972, 1997 a, 1997 b), que Garšva solo mencionó brevemente. Al considerar la correlación entre palatalización y no palatalización en lituano, Garšva sigue a Girdenis y no aporta argumentos propios. Tampoco es nueva la conclusión —la propuesta de mantener la interpretación tradicional (que atribuye esta correlación a las consonantes)—, pues, supuestamente, otras soluciones complicarían la práctica lingüística. Precisamente podría ser muy útil mostrar en detalle y evaluar esas posibles complicaciones (cf. Levin 1994). No se puede estar de acuerdo con la explicación del autor de que «las consonantes letonas no se dividen en duras y blandas porque hay pocas de estas últimas» (p. 12). Lo importante no es cuántas consonantes de ese tipo hay (¿cuántas tendría que haber?), sino que no forman pares correlativos con las demás consonantes (véase Trubeckoj 1960: 93–96, 151–153 = Trubeckoj 2000: 89–92, 145–147; Girdenis 1995: 140–151; sobre las consonantes letonas, Andronov 1998: 140–141). Al no existir una correlación entre dureza y palatalización, desde el punto de vista fonológico no es apropiado llamar blandas a las consonantes palatales letonas, pues ello supondría imponer al letón rasgos del sistema fonológico de otra lengua. Merece sin duda atención la cuestión de la oposición entre los fonemas /a/ y /e/ después de consonantes palatalizadas (p. 4–5)11. La Gramática académica en tres tomos sostiene que, en esta posición, la oposición entre fonemas suele mantenerse (Ulvydas, ed., 1965: 55–56) (la excepción es el diptongo ei, generalizado después de todas las consonantes palatalizadas, excepto las africadas č’, dž’; Ulvydas, ed., 1965: 58). Este punto de vista se basa en las investigaciones experimentales generales de Vaitkevičiūtė (1961: 36–38, 43–44) sobre las características fonéticas de las vocales. Sin embargo, la actual Gramática académica adopta la opinión de que después de consonantes palatalizadas solo se pronuncia el fonema /e/ (Ambrazas, ed., 1994: 24). Este punto de vista también se expone en el manual de fonética para centros de enseñanza superior de Pakerys (Pakerys 1995: 34, 35, 42, 154) y en la monografía de fonología teórica de Girdenis (Girdenis 1995: 54, 62, 172)12. Lamentablemente, estos investigadores no citan estudios experimentales más recientes que respalden tal postura. Girdenis solo menciona las observaciones de Kazlauskas (Kazlauskas 1967: 238; 1968: 325 = Kazlauskas 2000: 239, 283) y su propia observación crítica en la reseña de la Gramática académica de 1965 (Girdenis, Žulys 1973: 207 = Girdenis 2000: 376). Sin embargo, todo esto se parece más a impresiones individuales de hablantes que a hechos demostrados objetivamente. Es cierto que, para fundamentar su interpretación, Girdenis cita además rimas de poesía clásica: «Vincas Mykolaitis-Putinas rima no solo girią: vakarė..., rūkuosė: dvasią..., sino también teisės: baisios..., stalėlio: karaliai..., dėngia: padangė..., galiai: kėlia...» (Girdenis 1995: 172). Difícilmente esta circunstancia aclara algo: si al poeta le parece irrelevante incluso la principal 11 Garšva señala con toda razón que de la resolución de esta cuestión «depende no solo la pronunciación de la lengua estándar, sino también la descripción de los fenómenos morfonológicos» (p. 5). Akselis Holvoetas ya había llamado la atención sobre ello en su reseña en inglés de la Gramática académica (Holvoet 2000: 211). 12 Keista, kodėl nei Akademinė gramatika (Ambrazas, red., 1994: 22), nei Pakerys (1995: 150) neįtraukia į bendrą lietuvių kalbos dvibalsių sąrašą dvibalsio eu, tariamo, pagal jų aprašymą, po minkštųjų priebalsių (Girdenis (1995), rodos, nepateikia bendro dvibalsių sąrašo). 122 | PASTABOS de los fonemas /a(:)/ y /e(:)/, ¿cómo puede deducirse de sus versos la oposición entre alófonos débilmente diferenciados después de consonantes palatalizadas? Al parecer, para aclarar la situación harían falta nuevos estudios experimentales (cf. la observación de Pakerys (Mikalauskaitė 1975: 6)). Es cierto que Garšva también se basa en los resultados de su propia investigación para resolver la cuestión de la oposición entre los fonemas /a/ y /e/ después de consonantes palatalizadas. Pero el artículo citado no describe en detalle la metodología de la encuesta realizada por el autor (Garšva 2001), y parece que los informantes tuvieron que evaluar su propia pronunciación, de modo que sus respuestas podrían haber sido bastante subjetivas. Al preparar nuevos experimentos, convendría distinguir las posiciones después de consonantes palatalizadas y después del fonema /j/, que no forma parte de la correlación entre dureza y palatalización (por ejemplo: siaubia y siaube – jai y jei): después de /j/, el mantenimiento de la oposición parece más fiable (cf. Mikalauskaitė 1975: 58; Zinkevičius 1966: 51). En resumen, puede decirse que el artículo de Garšva produce una impresión inusual: resulta muy interesante leerlo, porque las dudas del autor parecen estar plenamente justificadas, pero las soluciones que propone no son más convincentes que las afirmaciones que critica. El artículo es valioso precisamente porque pone de relieve no solo cuestiones lingüísticas que merecen debate, sino también problemas de la propia teoría. Cabe esperar que esto pueda estimular un debate más activo entre los fonólogos (hasta ahora, ese debate también se ve objetivamente limitado porque muchos trabajos de fonología sobre la lengua estándar lituana y sus dialectos se publican únicamente en lituano). Las ideas que suscita «Una nueva mirada a la categoría de género», de Artūras Judžentis, son de índole completamente distinta. Ante todo, no se expone con claridad por qué el autor está insatisfecho con las descripciones existentes del género de los sustantivos. Por eso, a primera vista, el artículo recuerda un elegante juego de cuentas de vidrio (¿saldrá algo si lo describimos de una manera completamente distinta?). El enfoque del autor parece totalmente plausible, pero la cuestión principal es si resulta conveniente una descripción tan novedosa de la categoría de género, si es más sencilla y universal, y si ayuda a revelar fenómenos o regularidades que hasta ahora no se habían identificado. La principal deficiencia de muchas descripciones del género de los sustantivos consiste en que se confunde el CRITERIO para determinar el género (según la forma de las palabras concordantes) con la enumeración de los RASGOS de las palabras de cada género, o se presenta junto a ella (tanto los formales como los semánticos; cf. Bulygina, Stepanov 1988)13. El artículo de Judžentis comienza de manera parecida: «La categoría de género de los sustantivos lituanos se expresa mediante sus formas flexivas y su relación con las palabras concordantes» (p. 39; cf. una afirmación similar en las conclusiones del artículo, p. 45). Esta afirmación, formulada por el autor sobre la base de las fuentes autorizadas citadas, es ambigua: ¿se sostiene aquí 1) que, para determinar el género de un sustantivo, debemos tener en cuenta tanto sus formas flexivas como la concordancia (un determinado sustantivo pertenece al género G solo si tiene un paradigma de terminaciones del tipo P Y exige de las palabras concordantes una forma del tipo F), o 2) que basta con cualquiera de estos factores (un determinado sustantivo pertenece al género G si tiene un paradigma de terminaciones del tipo P O exige de las palabras concordantes… 13 Puede proponerse la siguiente analogía: la clasificación de los sustantivos según los paradigmas acentuales se lleva a cabo mediante un procedimiento muy claro (de acuerdo con la llamada en la escuela «regla de la letra M»), analizando la posición del acento en el dativo y el acusativo plural. Sin embargo, se han establecido diversas regularidades en la distribución de los sustantivos entre los patrones acentuales (se ha observado que los adjetivos primitivos no pertenecen a los patrones acentuales 1 y 2, que la acentuación de los derivados puede vincularse a la acentuación de las palabras base o a las propiedades acentuales del formante derivativo, etc.). Por ello, por ejemplo, la descripción de la acentuación de los sustantivos sufijados podría organizarse como en Laigonaitė (1978: 41–46): en el apartado de cada patrón acentual se enumeran los sufijos que forman los sustantivos de ese patrón y se señalan las excepciones. Pero esto no significa que pueda afirmarse que los patrones acentuales se determinan según los sufijos. PASTABOS 123 ¿requiere una forma del tipo F)? Parece que nadie aplica las reglas del primer tipo al determinar el género de los sustantivos lituanos. Así pues, la experiencia nos lleva a elegir la segunda interpretación de la afirmación analizada. Sin embargo, si basta con cualquiera de los criterios, aún no está claro si hay casos en los que un criterio contradice al otro y, de haberlos, cómo debe proceder el investigador en tal caso. Los casos en que, para decirlo con las palabras de la formulación de Judžentis, las formas flexivas del sustantivo no corresponden a sus relaciones con las palabras que concuerdan con él (vaidila, akiplėša y otros) son bien conocidos y están descritos en la bibliografía. En todos estos casos, el género del sustantivo se determina por la forma de las palabras que concuerdan con él; no hay casos en que aquí se dé prioridad a las formas flexivas¹⁴. ¿Qué sentido tiene entonces mencionar las formas flexivas como uno de los criterios para determinar el género? Tras comenzar su artículo con una afirmación cuestionable, Judžentis propone ya en la segunda oración distinguir entre el aspecto morfológico y el sintáctico de la categoría de género. En realidad, la descripción tradicional del género intenta combinar dos categorías: el género gramatical y el género morfológico, es decir, el tipo de declinación (a veces se incluye también una tercera categoría: el significado léxico, es decir, el sexo biológico). El concepto de género morfológico es conocido en la lingüística lituana sobre todo gracias al trabajo de Bulygina (1970: 26–33), pero, como señala Judžentis (pp. 40–41), está «insuficientemente definido» y, al menos, no se ha «aprovechado» plenamente en la descripción de la lengua. Judžentis no ofrece una definición del concepto de género morfológico; en su lugar, indica qué sustantivos de qué clases de declinación pertenecen a cada género (pp. 39–40). Al agrupar los paradigmas en dos clases, se recurre claramente al género gramatical de los sustantivos, pues de lo contrario no queda claro por qué se distinguen precisamente dos géneros morfológicos ni por qué se reducen 12 paradigmas a dos clases. El género morfológico es una característica del paradigma que indica a qué género de sustantivos corresponde el conjunto de terminaciones de dicho paradigma; la lógica que subyace a este concepto está expuesta por Zaliznjak (1967: 146–147). En lituano, solo las terminaciones del dativo singular indican inequívocamente el género morfológico de los sustantivos (Bulygina 1970: 28), por lo que los géneros morfológicos podrían denominarse «género masculino o ui» y «género femenino o ai/ei». Basta con indicar este rasgo distintivo al describir la diferencia entre los tipos de declinación masculina y femenina (cf. la larga lista de clases de declinación de la Gramática académica citada por Judžentis, p. 40; Ambrazas, ed., 1994: 63–64). Para una tarea práctica como la clasificación de las clases de declinación, también convendría basarse en la forma del dativo singular, y no en la del genitivo singular¹⁵. No queda claro cómo determina Judžentis el género morfológico de los sustantivos pluralia tantum (p. 40): sus paradigmas de declinación no difieren¹⁶. Al parecer, simplemente les atribuye el género gramatical. 14 Para continuar la analogía iniciada en la nota 13, cabe señalar que a nadie se le ocurre excluir begėdis de la segunda clase acentual basándose en la conocida regularidad de que los derivados con el prefijo be- se acentúan según la segunda clase acentual (Laigonaitė 1978: 46). 15 El uso aquí de la forma del genitivo singular solo puede explicarse, en general, por la tradición —la influencia de las gramáticas latinas medievales—: en lituano no indica ni el género morfológico ni el tema flexivo (Ambrazas, ed., 1994: 68), importante para clasificar las clases de declinación (el dativo plural lo indica mejor). 16 En el paradigma plural de la declinación Ė solo se puede observar una sutil diferencia entre los dos subtipos principales de esa declinación: el consonántico (paradigmas 11 y 12) y el de la declinación Ė en sentido estricto (paradigmas 9 y 10). En el primer caso, el genitivo plural de los sustantivos tiene un tema terminado en consonante dura, mientras que en el segundo suele tener un tema terminado en consonante palatalizada (aunque hay excepciones). Recordemos que la clasificación tradicional del sustantivo durys en la declinación Ė en sentido estricto (paradigma 9; cf. Judžentis 2002: 40) carece de fundamento: debido a la consonante dura al final del tema en el genitivo durų, esta palabra se suma aquí al grupo de excepciones, mientras que en el subtipo consonántico parece completamente regular. 124 | PASTABOS Las terminaciones de los sustantivos no llevan un morfema de género; solo lo llevan las terminaciones de las palabras que concuerdan con ellos, por ejemplo, las de los adjetivos (cf. Bulygina 1970: 32). Las terminaciones particulares de los sustantivos solo indican, mejor o peor, el género morfológico de estos; dicho de otro modo, son rasgos más o menos característicos del tipo de declinación masculina o femenina. Todo ello es una conclusión comprensible a partir de esta concepción de la categoría de género gramatical, que, sin embargo, hay que subrayar expresamente porque a menudo se afirma lo contrario. Como hemos visto, la determinación del género gramatical de los sustantivos se basa en la forma de las palabras que concuerdan con ellos. En resumen, puede decirse que la categoría de género gramatical es un rasgo interno propio de cada sustantivo que exige elegir una u otra forma de la palabra concordante y que no está directamente relacionado ni con la forma ni con la semántica (lo cual demuestra que el género es una categoría autónoma y no un tipo formal de declinación ni un reflejo unívoco de la realidad). El género de los sustantivos, al ser un rasgo de una clase de palabras (y, por tanto, un rasgo objeto de la morfología) que se realiza en el nivel sintáctico (mediante la concordancia entre palabras), debe considerarse una categoría morfológico-sintáctica. Definir el género gramatical de un sustantivo según su tipo de declinación o su significado es sencillamente una tarea absurda: el tipo de declinación indica el género morfológico, no el gramatical (quedan excluidos los sustantivos indeclinables); el significado tampoco está relacionado con el género gramatical, sino con el sexo biológico (aquí solo se incluyen los nombres de personas y, en parte, los de animales). Por tanto, la tarea del lingüista consiste en describir la relación de la categoría de género gramatical del sustantivo tanto con la forma de la palabra (el tipo de declinación, es decir, el género morfológico) como con la semántica. Desde el punto de vista morfológico, todos los sustantivos se dividen primero en declinables e indeclinables: los primeros se clasifican luego en sustantivos de género morfológico masculino y femenino, mientras que los segundos carecen de género morfológico. Desde el punto de vista semántico, los sustantivos también se dividen en dos subgrupos: los del primer subgrupo se clasifican luego en masculinos y femeninos según el sexo biológico; los del segundo no se clasifican, porque designan objetos que no presentan una distinción de sexo, o porque dicha distinción se considera irrelevante en la lengua (cf. vaikas, briedis, varlė y otros). La combinación de las clasificaciones gramatical, morfológica y semántica presupone 18 grupos potenciales de sustantivos (2×3×3). Sin embargo, probablemente no se dan en lituano casos de discordancia entre el género gramatical y el semántico17, y también es cuestionable oponer directamente el género gramatical al morfológico sin fundamento semántico. Así pues, solo se realizan 10 posibilidades (véase la tabla 1). Estas reflexiones surgen del deseo de mejorar en cierta medida los fundamentos de la descripción tradicional de la categoría de género de los sustantivos. Para profundizar en la categoría de género son muy valiosas las extensas reflexiones de Aldona Paulauskienė expuestas en varios libros, así como la evolución de su propia concepción de dicha categoría (Paulauskienė 1983: 172–183; 1989: 170–178; 1994: 153–166). Ahora podemos volver a la teoría del género de Judžentis. Es muy importante aquí su explicación del doble carácter de la concordancia de las palabras dependientes del sustantivo: en algunos casos, «concuerdan según la forma de la palabra principal»18 (concordancia sintáctica); en otros, «según el sexo de los referentes de los sustantivos» (concordancia semántica) (p. 42). Esto recuerda la afirmación de Valeckienė de que «el criterio semántico 17 Exceptuando los casos de uso figurado (Jis tokia boba) y las formas coloquiales (mielas Mildukas). 18 Se hace referencia precisamente a la forma morfológica, es decir, al género morfológico; cf. el resumen en inglés: «Inanimates have only morphological gender, which will also be the only factor determining the gender form of agreeing words (agreement is then purely syntactic)» (p. 256). PASTABOS | 125 TABLA 1. RELACIÓN ENTRE EL GÉNERO GRAMATICAL, SEMÁNTICO Y MORFOLÓGICO género gramatical género semántico género morfológico N.º ejemplos masculino masculino masculino 1. padre femenino 2. tío ninguno 3. mesjė ninguno masculino 4. stalas ninguna 5. taksi femenino femenino masculino 6. móteriškas ‘moteriškė’ (³DŽ 497) femenino 7. motina ninguna 8. ledi ninguna femenino 9. kėdė ninguna 10. fojė precisamente abarca todos aquellos casos que el criterio formal no señala (excepciones de los temas)» (Valec-kienė 1998: 242). Lamentablemente, en realidad no existe una relación tan elegante: hay sustantivos a los que no se les puede aplicar ningún «criterio», salvo el sintagmático; se trata de sustantivos plurales de la primera declinación (principalmente de su subgrupo consonántico), que carecen del rasgo de género y se declinan según paradigmas idénticos (skanios sultys, fem.: pavojingi geležuȯnys, masc.; didelės kepenys, fem.: baisūs griaumenys, masc.). En el caso de los sustantivos indeclinables, la motivación del género (si no existe sexo biológico) puede buscarse atendiendo al género del tipo de objeto designado (taksi – mašina / automobilis), o según la semejanza de la terminación con la desinencia de los sustantivos declinables (fojė – žemė), pero aquí no hay univocidad (p. 44). Esto significa que la motivación no tiene por qué existir. Es natural: cada criterio corresponde a su propia categoría. Por tanto, en realidad no existe una relación de distribución complementaria entre el criterio semántico y el formal (según Valečkienė), ni una combinación semántica y formal (sintáctica) (según Judžentis). Si existiera tal relación, la categoría de género gramatical no sería una categoría autónoma, sino solo una combinación secundaria de género semántico y morfológico. Con todo, merece atención la explicación de la concordancia semántica: según Judžentis, concuerdan semánticamente los sustantivos que designan personas y algunos animales (pp. 42–43, 45). Siguiendo esta idea, podría afirmarse que el grupo de palabras mencionado sencillamente carece de la categoría de género gramatical: las palabras dependientes concuerdan con ellas según el sexo del referente. En tal caso se eliminarían «excepciones» como las palabras masculinas pertenecientes al tipo de declinación femenino (por ejemplo, 126 | PASTABOS tío), y los substantiva communia19: si todas estas palabras carecen de género gramatical, tampoco puede haber problemas de discordancia de género. La ventaja de esta explicación resulta especialmente evidente en el caso de los nombres propios indeclinables de otras lenguas (también una especie de substantiva communia): resulta más económico no asignar en absoluto, por ejemplo, un rasgo de género al apellido Kiuri20, y explicar la elección del género de las palabras dependientes mediante la concordancia semántica con el sexo del referente. Lamentablemente, la postura del autor sobre esta cuestión no está explicitada en el artículo. Esta interpretación de la «nueva mirada a la categoría de género» tiene, desde luego, ciertos inconvenientes. Ni la clase de los sustantivos ni la categoría de género serían ahora homogéneas; además, si se aceptara, habría que cambiar bastantes otras cosas. Por ejemplo, en tal caso adquiere gran importancia la subdivisión interna de la clase de los sustantivos, pues distintos grupos de sustantivos tienen conjuntos diferentes de categorías gramaticales21; probablemente también sería necesaria una definición algo distinta del sustantivo mismo y de la categoría de género misma. En cualquier caso, parece que tampoco podría mantenerse la concepción tradicional de la relación sintáctica. No sé si el autor se propone reorganizar toda la gramática y adaptarla a una nueva concepción del género. Por ahora, considerada por separado, la «nueva mirada a la categoría de género» se parece más a un intento de construcción puramente teórica que a una investigación sistemática del terreno gramatical. Judėntis también aborda cuestiones concretas de la descripción del género de los sustantivos, pero no propone nuevas soluciones. El autor comparte la opinión de aquellos lingüistas que tienden a considerar pares de sustantivos como mokytojas: mokytoja no como lexemas distintos, sino como formas flexionadas según el género22. Dado que en lituano los nombres de personas que forman pares según el género constituyen un fenómeno muy regular, hay motivos para incluirlos en el ámbito de la flexión de palabras (cf. Krylov 2002: 734–736). Sin embargo, un argumento en contra de esta solución, aparte de la ya mencionada división no del todo deseable de la clase de los sustantivos, es que no se puede delimitar con precisión la composición de este grupo de sustantivos con flexión de género (nombres de personas según su profesión, etc., y nombres de algunos animales), y los medios para formar los pares no son uniformes; cf.: liūtas: liūtė, žvirblis: žvirblienė, jautis: karvė. Además, si se reconoce la flexión de los sustantivos según el género, desaparece uno de los rasgos distintivos más importantes entre los sistemas de categorías gramaticales del sustantivo y del adjetivo: el género de los sustantivos es una categoría clasificatoria, mientras que el de los adjetivos es flexiva. De manera similar, cabe preguntarse si es mejor tratar los substantiva communia como dos lexemas homónimos, como formas homónimas de distinto género de un solo lexema flexionado según el género o —según la «nueva mirada»— como una palabra sin rasgo de género. Hay otro aspecto al que convendría prestar atención: las descripciones gramaticales del lituano no permiten identificar inequívocamente las palabras de este grupo. Por ejemplo, de la caracterización de la Gramática académica no queda claro si los substantiva communia (por ejemplo, nevala) deben distinguirse de los sustantivos de un solo género (por lo común, zoónimos) empleados en sentido figurado (por ejemplo: kiaulė, boba, mazgotė), cf.: 19 En cuanto al término, estoy totalmente de acuerdo con Bonifacui Stundžiai: este debe designar la clase de los sustantivos, no el género (Stundžia 1980: 87). 20 La interpretación tradicional presupone aquí dos sustantivos homónimos (Kiuri masc. y Kiuri fem.); una interpretación menos tradicional, la flexión de tales sustantivos según el género. 21 Entre los sustantivos que designan personas y algunos animales (para los cuales es pertinente el rasgo de sexo) se distinguen además los nombres de personas según su profesión, etc. (mokytojas: mokytoja), que se propone considerar flexionados según el género. 22 El autor señala la inconsistencia de la Gramática académica a este respecto: el género de los sustantivos se considera una categoría clasificatoria (Ambrazas, red., 1994: 62), pero en el capítulo sobre formación de palabras se menciona la flexión de los sustantivos según el género (Ambrazas, red., 1994: 142). PASTABOS 127 «En lituano hay un considerable grupo de sustantivos con los que se puede designar a personas de ambos sexos atendiendo a una característica negativa propia de esas personas. Su género se expresa sintácticamente, mediante las formas de las palabras concordantes, y depende del sexo de la persona a la que designan en cada caso concreto. A estos sustantivos se los denomina convencionalmente sustantivos de género común» (Ambrazas, red., 1994: 64). Sin embargo, la diferencia, además de en el significado secundario (cf. Ulvydas, red., 1965: 170), se manifiesta también en la concordancia: con los sustantivos del grupo substantiva communia, la forma del modificador se elige en función del sexo de la persona (no es posible decir jis tikra nevala), mientras que con un sustantivo «común» usado en sentido figurado es posible concordar también según el género «natural» (jis visiškas / visiška mazgotė, ji tikra / tikras paršelis). En el primer caso tenemos verdaderos substantiva communia; en el segundo, palabras de género masculino o femenino usadas únicamente en sentido figurado. Un ejemplo muy interesante encontrado por Judžentis en el Corpus de Textos Lituanos de la VDU es Geriausiai apmokamas modelis Naomi Campbell atrodė gerokai pavargusi: «En este caso, el modificador concuerda sintácticamente con el sustantivo, mientras que el predicativo concuerda semánticamente, según el sexo del referente» (p. 44). Es difícil sacar conclusiones a partir de un solo ejemplo (y más aún porque no es del todo claro: ¿sería posible una oración semejante sin mencionar el nombre: geras modelis yra pavargusi?). Pero, en general, la situación recuerda mucho al ejemplo que recibió considerable atención de los lingüistas rusos: новый врач пришла (Bulanin 1976: 48–54). Parece que en ambas lenguas la relación sintáctica entre sujeto y predicado está más vinculada con la semántica que la relación de concordancia entre el sustantivo determinado y su modificador (¿será este un fenómeno universal?). En este caso, la concordancia semántica se entiende como cierta desviación de la norma, en la que la relación sintáctica no vincula unidades lingüísticas, sino que refleja directamente la realidad. El lituano, donde apenas empiezan a aparecer expresiones de este tipo, vuelve a ser más arcaico que el ruso, donde en casos semejantes la concordancia del predicado según el significado está sancionada por las gramáticas. Es cierto que, si interpretáramos de modo parecido las fluctuaciones de género en las palabras dependientes de los sustantivos usados en sentido figurado mencionados antes (cuando hay concordancia gramatical o semántica), resultaría que la concordancia semántica está aún más extendida en lituano que en ruso. Sería prometedor comparar más minuciosamente los datos de ambas lenguas. En conclusión, hay que reconocer que se necesitan estudios minuciosos de aspectos particulares de la categoría de género: resulta que no todo el material pertinente se ha recopilado y clasificado. Por ello, todavía no es posible pronunciarse definitivamente sobre la elección entre una descripción tradicional o una nueva del género de los sustantivos. En cualquier caso, hay que tener presente que, al cambiar la concepción de algún componente del sistema gramatical, probablemente también habrá que cambiar la descripción de otros componentes. Conviene describir otras categorías (no solo el género), distinguiendo estrictamente los enfoques morfológico, sintáctico y semántico. De la minuciosa descripción de Zaliznjak sobre la flexión de las palabras nominales rusas (Zaliznjak 1967; 2002), que S. Krylov examina atentamente desde perspectivas actuales (Zaliznjak 2002), pueden extraerse numerosas ideas fecundas para futuras investigaciones sobre la morfología lituana. Muchas de las cuestiones que suscitan la reflexión de Judžentis y que a menudo pasan completamente inadvertidas para otros tienen una larga historia en la lingüística rusa, donde se han alcanzado conclusiones interesantes. No quisiera que se tuviera la impresión de que aquí propugno sesgadamente las teorías de los lingüistas rusos. Me parece que su importancia para la lingüística lituana se explica objetivamente por el hecho de que los sistemas del ruso y del lituano son mucho más parecidos que, por ejemplo, los del lituano y las lenguas germánicas o románicas (cuyos datos se han descrito sobre todo mediante teorías de la lingüística europea y estadounidense). El ruso está descrito mejor que el lituano en muchos aspectos; una evaluación crítica de las interpretaciones de algunos de sus fenómenos ayudaría a revelar las sutiles diferencias entre ambas lenguas y, por tanto, a comprenderlas mejor. 128 | PASTABOS El desarrollo de nuevas corrientes lingüísticas no debe eclipsar el estudio de las ramas tradicionales. Teniendo esto en cuenta, sería deseable que hubiera más publicaciones sobre cuestiones relativas a la concepción de la gramática lituana. LITERATŪRA AMBRAZAS, V., red. 1994: Dabartinės lietuvių kalbos gramatika, Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidykla. ANDRONOV, A. 1998: A Short Grammar of Latvian by Terje Mathiassen, Columbus (Ohio) 1997. Res Balticae 4, 139–158. ANDRONOV, A. 2000: Some remarks on the system of Lithuanian and Latvian conjugation. Linguistica Baltica 8, 35–47. BULANIN, L. L. 1976: Трудные вопросы морфологии. Москва: Просвещение. BULYGINA, T. 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Aleksejus Andronovas St. Petersburg State University Department of General Linguistics Universitetskaya nab. 11, 199034 St. Petersburg, Russia [email protected] Gauta 2002 12 05 NESUSIPRATIMAI DĖL DAŽNINIO ŽODYNO Acta Linguistica Lithuanica XLVI tome Artūras Judžentis, apžvelgdamas Vito Labučio mokslinę veiklą (p. 230–248), atpasakoja kai kuriuos teiginius iš jo recenzijos apie mudviejų žodynus – Dažninių dabartinės rašomosios lietuvių kalbos žodyną (mažėjančio dažnio tvarka) (1997) ir kitą žodyną tuo pačiu pavadinimu, tik išdėstytą abėcėlės tvarka (1998) (tiesa, supainiojęs mūsų vardus ir pavardes, žr. p. 245). Panūdome autoriui viešai replik(u)oti dėl dėstomų ne jo, o Labučio teiginių todėl, kad, Judžentis nepasinaudojus dalyvinės kalbos galimybėmis, telieka daryti prielaidą, jog tiek apžvalgos autoriaus, tiek Labučio nuomonės sutampa: esą dažninius žodynus galima rengti nesilaikant lingvostatistikos reikalavimų (plg. Labučio teiginį: „Remiantis statistikos principais pagrįstomis tekstų imtimis ir įsitikinus, kad pro jų tinklą nuolat išslysta koks ungurys ar žiobris, tekstų imtis turbūt reikėtų koreguoti“. (Kalbos kultūra 72, 1999, p. 113.)) Judžentis, be jokių komentarų pakartojęs ne vien Labučio, beje, kaip ir kitų, nepakankamai įsigilinusių į lingvostatistinių žodžių sąrašų ir žodynų sudarymo principus, priekaištą dėl kurių nors žodžių nebuvimo tame sąraše (… „pasigendama (…) buitinių realijų, augalų bei gyvūnų pavadinimų, kultūros srities ir su intelektine veikla susijusių žodžių…“), ir pakėlino priminti, kad dažniniai žodynai negali būti papildomi vienais ar kitais, kad ir labai pageidaujamais, žodžiais. Tiesiog tokia lingvostatistinių metodų prigimtis: nei pridėti, nei išmesti nieko negalima – statistiškai aprašytinas realiai egzistuojantis