Išilginių objektų predikacijos pobūdis. Subjektyvaus judėjimo sąvoka
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ACTA LINGUISTICA LITHUANICA
LII (2005), 23 – 39
La naturaleza de la predicación de los objetos longitudinales. El concepto de movimiento subjetivo
ROLANDAS MIKULSKAS
Lietuvių kalbos institutas
En muchas lenguas es habitual caracterizar un camino, una senda o un objeto alargado mediante un verbo de movimiento direccional. Este artículo ofrece un análisis bastante detallado de tales casos del modo de predicación de objeto prolongado, basado en datos de la lengua lituana. La regularidad del fenómeno examinado pone en duda los intentos de explicar el uso de tales verbos de movimiento como un recurso de expresión figurada e imágenes expresivas: debe tener su origen en fuentes cognitivas más profundas. Aquí se examina la naturaleza cognitiva del modo de predicación de objeto prolongado mediante la noción de movimiento subjetivo de Langacker. También se presta atención a las peculiaridades semánticas y gramaticales de los verbos que representan este tipo de predicación.
0. INTRODUCCIÓN
0.1. En más de una lengua es habitual describir un camino, una senda u otro objeto alargado con verbos que expresan movimiento direccional. Aunque la predicación de tales oraciones no denota ningún movimiento objetivo, los verbos de movimiento que se emplean en ellas no suscitan sospechas entre los hablantes; es decir, estas oraciones se aceptan como correctamente formadas. Por ejemplo, suenan completamente naturales expresiones como las siguientes:
(1) El camino va junto al río LKŽII 1073 (DŽ).
(2) Por las llanuras corre un camino rural LKŽII 726 (RŠ).
(3) ¿De dónde viene este camino? LKŽII 1080 (DBK).
0.2. Los datos del Diccionario de la lengua lituana muestran que este uso de verbos con significado de movimiento es algo más frecuente en textos escritos que en el habla. Si explicáramos este hecho por la influencia de otras lenguas en los escritores, no haríamos sino confirmar la universalidad de este fenómeno lingüístico. De hecho, también se han documentado bastantes casos de este uso en los dialectos. La difusión del fenómeno en cuestión da fe de su carácter sistemático y de cierta naturaleza más general. Por un lado, los predicados de movimiento pueden describir no solo un camino, una senda, una carretera rural o un río, sino también un campo, un prado, una ladera, una valla, un bosque, una cicatriz, etc. En términos generales, podría afirmarse que también es posible caracterizar así la posición en el espacio de cualquier objeto valorado según la dimensión de longitud. Podríamos llamarlos, más brevemente, OBJETOS LONGITUDINALES. Compárese:
(4) Junto a la finca se extendían prados inmensos LKŽII 1073 (ŽD).
(5) Las montañas se extienden a lo largo de la costa LKŽII 1073 (KII 11).
(6) Alrededor de la ciudad se extendía una muralla de ladrillo LKŽII 1073 (J. Balč).
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(7) Esas charcas llegan incluso hasta otra parroquia LKŽII 1091 (Rdm).
(8) A lo largo corren franjas blancas y rojas LKŽII 1073 (Rdm).
Por otro lado, la posición espacial de un camino o, en general, de un objeto longitudinal no se describe en la lengua únicamente mediante verbos de movimiento habituales. Tal predicación puede realizarse no solo con respecto al eje horizontal, sino también al vertical; compárese:
(9) El camino subía suavemente por la montaña LKŽV 793 (Pč).
(10) Luego descendía allí una hermosa ladera LKŽVII 253 (Rš).
(11) He aquí que mi camino emergió de las montañas hacia la llanura LKŽVIII 683 (Šlč).
La configuración no recta del camino se describe mediante verbos cuya predicación abarca el movimiento no solo con respecto al eje recto, sino también al lateral; compárese:
(12) El sendero gira hacia el pueblo, hacia la granja acurrucada bajo viejos álamos LKŽXIV 88 (V. Bub).
(13) El sendero, muy pisoteado, serpenteaba justo por el borde del precipicio LKŽXIX 467 (J. Jabl).
(14) Varias arrugas marcadas más serpenteaban por su frente LKŽXIX 461 (J. Ap).
(15) Por los campos de centeno serpentea un senderito LKŽXIX 474 (Rš).
(16) El caminito torcido se retorcía por los campos LKŽXI 77 (T. Tilv).
La posición geográfica del camino puede expresarse en la lengua no solo mediante verbos monovalentes, sino también bivalentes, que presuponen un agente y un paciente y, por tanto, expresan un movimiento no espontáneo, sino causado; compárese:
(17) Los senderos de grosellas atraviesan el jardín LKŽXVIII 942 (PnMŽ).
(18) Muchos caminos conducen al pueblo junto a la laguna LKŽXVIII 942 (I. Simon).
0.3. La regularidad del fenómeno examinado obliga a considerar críticamente los intentos de vincular este uso de los verbos de movimiento con fines de lenguaje figurado, es decir, con el propósito de lograr una expresión vívida. Sin duda, la predicación de objetos longitudinales mediante verbos de movimiento tiene causas más profundas, de índole cognitiva. Este artículo está dedicado a esclarecerlas. La naturaleza cognitiva de la predicación de objetos longitudinales se dilucida a partir del concepto langackeriano de movimiento subjetivo. Asimismo, se presta atención a las particularidades semánticas y gramaticales de los verbos empleados en esta predicación.
1.0. Surge naturalmente la pregunta de cómo es posible que los verbos de movimiento indiquen la posición estática de los objetos en el espacio. ¿Cuál es la lógica de tal predicación? Normalmente se dice que los verbos de movimiento indican el cambio de posición de los objetos móviles en el espacio a lo largo del tiempo. En cambio, los verbos que indican la posición estática de los objetos (p. ej.: sėdi, stovi, guli, ti̇̀so y similares) no indican ninguna evolución de las relaciones espaciales. En esto se parecen a los verbos de estado, que tampoco indican cambios en la situación a lo largo del tiempo. Así pues, el dinamismo frente a la estabilidad de la situación espacial denotada sería la principal diferencia semántica entre los verbos en cuestión. Sin embargo, al emplear verbos de movimiento para describir la configuración espacial de un camino u otros objetos longitudinales, la lengua consigue superar esta diferencia esencial. Esta
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diferencia esencial. A priori, tal uso podría explicarse por cierta labilidad en la concepción del movimiento. La base de esta labilidad reside en aquello que tienen en común los verbos que denotan movimiento y los que denotan una posición estática. Tal elemento común debería alcanzar la esencia misma de la categoría verbal, sus rasgos diferenciales.
1.1. Se suele afirmar que el rasgo principal que distingue al verbo de las demás categorías gramaticales es su temporalidad, o su relación con el llamado tiempo absoluto (que no debe confundirse con el tiempo gramatical, de naturaleza deíctica, que señala la relación de la acción con el momento del habla). En otras palabras, el verbo es capaz de transmitir la dinámica de la situación denotada. Esta última también podría imaginarse como un cambio de posiciones estáticas momentáneas, o como cierta disposición de la secuencia de dichas posiciones en el eje temporal. Sin embargo, sería difícil no estar de acuerdo con Ronald W. Langacker (2002: 59–100), quien observa que la relación con el tiempo no es exclusiva de la categoría verbal. Por ejemplo, las preposiciones prieš y po, y los adverbios vakar o rytoj también expresan relaciones temporales. Algunas preposiciones denominadas complejas pueden incluso indicar el cambio de posiciones (espaciales) a lo largo del tiempo. Langacker señala como ejemplo la preposición inglesa across cuando se usa con verbos de movimiento. De manera análoga, en lituano presentan estas propiedades las preposiciones skersai, išilgai, įžambiai, per, pro, kiaurai. Compárese:
(19)
El zorro corre transversalmente por el camino.
(20)
La liebre salta por el barbecho.
Así pues, podría afirmarse que, por ejemplo, el contenido semántico de la preposición skersai, del verbo kirsti (kelią) y del deverbal kelio kirtimas es el mismo: todos estos verbos indican una trayectoria que va de un borde de un objeto longitudinal al otro y cuya realización requiere, sin duda, cierto intervalo de tiempo.
1.2. Ante esta situación, Langacker propone buscar los rasgos diferenciales del verbo no en el contenido de las situaciones o conceptos que denota, sino prestar atención al modo en que se percibe ese contenido. Al subrayar el carácter temporal de la categoría verbal, observa que la base de esta propiedad reside en el escaneo secuencial de la situación denotada. En otras palabras, la parte del discurso que denota un proceso presupone un recorrido secuencial de todas las fases de una situación que se desarrolla en el tiempo. En cambio, otras categorías lingüísticas que denotan relaciones, como las preposiciones, los adjetivos, los adverbios, los infinitivos y los participios, aunque tengan relaciones con el tiempo, serían atemporales en el sentido de que el contenido de los conceptos que expresan se percibe no gradualmente, sino de forma acumulativa. Aunque esta vía de percepción presupone una fase de recorrido secuencial, de «recopilación» gradual o, simplemente, de formación del concepto, en realidad la función de estas categorías en la lengua es permitir manipular los «productos» globales de esa creación, es decir, los gestalts. Para estos, el perfil temporal no es pertinente.
1.2.1. Entendido de este modo, el verbo denota procesos. En esto se diferencia de las partes del discurso que denotan relaciones atemporales. No es difícil advertir que, para esta concepción de la categoría verbal, adquiere especial importancia el propio perceptor o hablante (oyente)
1 Los conceptos de perceptor o intérprete y de hablante (oyente) no son idénticos; sin embargo, si se acepta la premisa propuesta por los cognitivistas de que las estructuras cognitivas o mentales y las semánticas o lingüísticas son isomorfas, en algunos contextos del discurso lingüístico estos conceptos pueden sustituirse mutuamente.
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figura1. En consecuencia, Langacker distingue también el tiempo en tiempo concebido (conceived time) (t) y tiempo de procesamiento (processing time) (T). El primero se define brevemente como OBJETO de percepción y el segundo, como MEDIO de percepción. En el tiempo concebido se desarrollan los acontecimientos del mundo que conocemos, y este se introduce en lugar del tiempo absoluto tradicional. El tiempo de procesamiento es un concepto nuevo que designa la duración de las operaciones cognitivas. Teniendo en cuenta estos parámetros, Langacker propone describir la predicación de cualquier proceso mediante la fórmula [rᵢ / tᵢ; C]ₜᵢ, que debe leerse así: el conceptualizador (conceptualizer) C activa, o evoca, en un momento determinado del tiempo de procesamiento Tᵢ el concepto de la relación estática rᵢ y, posteriormente, lo vincula con el momento correspondiente del tiempo concebido tᵢ. El proceso completo puede representarse mediante la fórmula:
(i) [r₁ / t₁; C]ₜ₁ > [r₂ / t₂; C]ₜ₂ > [r₃ / t₃; C]ₜ₃ > … > [rₙ / tₙ; C]ₜₙ
Esta fórmula dispone una serie continua de posiciones r₁, r₂, r₃,..., rₙ en el eje del tiempo concebido t₁, t₂, t₃,...,tₙ, mientras que la secuencia de símbolos del tiempo de procesamiento T₁, T₂, T₃,..., Tₙ indica que el conceptualizador C recorre sucesivamente, o escanea, esta estructura compleja. En resumen, cabe señalar que la predicación del proceso entendida de este modo difiere de la predicación compleja atemporal, que también denota una distribución direccional de posiciones en el eje temporal, en que en esta última el parámetro del tiempo de procesamiento no desempeña de hecho ningún papel o, en palabras de Langacker, a esta predicación le falta perfil temporal.
1.3. Es fácil comprender que la concepción langackeriana del proceso abarca también los estados. Estos podrían considerarse un caso límite en el que algunos parámetros del proceso permanecen invariables a lo largo del tiempo concebido, aunque el parámetro del tiempo de procesamiento sigue siendo significativo. Dicho de forma más sencilla, se recorre sucesivamente la misma situación. Si se indica que rᵢ = rᵢ + 1, la fórmula del proceso presentada anteriormente puede aplicarse fácilmente para describir un estado o, respectivamente, la semántica de los verbos de estado:
(ii) … > [R / tᵢ; C]ₜᵢ > [R / tⱼ; C]ₜⱼ > [R / tₖ; C]ₜₖ > …
En esta fórmula, el símbolo R representa una situación que permanece invariable durante el transcurso del tiempo concebido, pero que el conceptualizador escanea sucesivamente. Los puntos suspensivos a ambos lados subrayan la naturaleza imperfectiva de los verbos de estado. Langacker los distingue de los verbos perfectivos2, que pueden denotar cambios objetivos de la situación producidos en un determinado intervalo de tiempo (concebido).
2 Langacker no vincula directamente la noción de perfectividad con la categoría de aspecto y la entiende como una propiedad del verbo que señala el cambio de la situación predicada. Sus verbos perfectivos abarcan tres de las cuatro categorías de la clasificación clásica de Zeno Vendler (1967): predicados de actividad (activities), predicados de realización (accomplishments) y predicados de logro (achievements). La lógica
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1.4. Una subclase típica de los verbos perfectivos está formada por los verbos de movimiento. Un objeto en movimiento, por sí mismo o bajo la acción de una fuerza externa, recorre una distancia determinada durante un intervalo de tiempo (concebido); por tanto, el cambio de la situación se define como un cambio de la posición del objeto físico en el espacio. Al analizar la propiedad de los verbos de movimiento de expresar tanto movimiento objetivo como subjetivo, Langacker (2002: 149–166) propone describir el carácter general de la predicación de movimiento mediante una fórmula algo modificada de la expuesta anteriormente:
(iii) [[m] l₁] t₁ > [[m] l₂] t₂ >...> [[m] lₙ] tₙ C T₁ T₂ Tₙ
Esta fórmula debe leerse así: el observador/conceptualizador del movimiento C sigue una trayectoria de movimiento l₁, l₂,..., lₙ durante el intervalo de tiempo de procesamiento T₁, T₂,...,Tₙ, trayectoria que traza el objeto en movimiento m (mover) durante el intervalo del tiempo concebido t₁, t₂,... tₙ. Si se interpretan los símbolos locales en un sentido más amplio, esta fórmula también sirve para describir el movimiento abstracto. Durante un proceso abstracto, el conceptualizador sigue mentalmente los cambios de entidades inmateriales a lo largo del tiempo. La trayectoria mental de los cambios está formada por posiciones que se escanean sucesivamente en una escala cualitativa o cuantitativa imaginaria. En inglés, los verbos de movimiento se usan con mucha más libertad que en lituano para caracterizar procesos de cambio abstractos; sin embargo, también pueden encontrarse ejemplos de este uso en nuestra lengua, cf.:
(21)
La competición de los atletas duró dos horas.
(22)
El concierto se acerca a su fin.
(23)
La salud de mi hermano va mejorando.
1.4.1. Las oraciones en las que los verbos de movimiento describen la configuración de un camino u otro objeto longitudinal se parecen en parte a las oraciones en las que estos verbos perfilan
desde el punto de vista de la lógica, la noción de perfectividad, al expresar el final de cierta evolución, no señala directamente un cambio, sino que se deriva de esta última noción. En otras palabras, la perfectividad está implicada por el cambio. Por otro lado, es fácil observar que no todas las categorías de predicados enumeradas anteriormente se caracterizan inherentemente por denotar cambios. Así, los predicados de actividad no denotan ningún cambio direccional que tenga un final natural; cf.:
El padre paseaba por el jardín y pensaba.
Sin embargo, el propio hablante puede trazar el límite de la predicación de una actividad, por ejemplo, empleando una forma verbal delimitativa, cf.:
El padre se dio una vuelta por el jardín y volvió a sentarse a trabajar.
En este caso, la perfectividad del verbo no se relaciona con el final natural de la acción, sino con el límite de duración de la acción trazado por el propio hablante o, respectivamente, por el oyente. Así pues, la perfectividad verbal, entendida en este sentido amplio, está determinada solo en parte por su naturaleza semántica. Según Langacker, incluso los estados que experimentamos suelen tener límites naturales, por lo que los verbos que los designan también pueden interpretarse como perfectivos en determinadas circunstancias. Por ello, no podemos trazar una frontera estricta (inherente) entre los verbos imperfectivos y los perfectivos.
3 El verbo vykti, que designa un proceso abstracto, se ha alejado considerablemente, desde el punto de vista semántico, de su antecesor que designaba un movimiento concreto. El proceso designado por este verbo puede calificarse en la oración no solo en cuanto a su duración —que, en el caso del movimiento abstracto, podría considerarse equivalente a la distancia espacial recorrida en el caso del movimiento concreto—, sino también en cuanto al lugar o al modo, cf.:
La competición de atletismo se celebró en el estadio central de la ciudad.
Por ahora, la reunión se desarrolla sin contratiempos.
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… expresa un movimiento abstracto. Sin embargo, también hay diferencias. En primer lugar, aquello que «se mueve» en estas oraciones constituye, a la vez, la trayectoria de ese movimiento. No obstante, esta trayectoria no es mental, como en el caso del movimiento abstracto, sino un objeto totalmente real y geográficamente delimitable. La predicación de estas oraciones también se vincula con el movimiento real por la dirección que expresan de forma más o menos explícita, cf.:
(24) Un camino va a casa de la abuelita; otro, a casa del muchachito LKŽII 1073 (KlvD 9).
(25) Ambos miraron el camino real que, serpenteando entre las fincas, se adentraba en el bosquecillo de abedules LKŽXIX 462 (L. Dovyd).
(26) Más allá de Dargvainiai, el camino va hacia Skujinė LKŽXIV 88 (Všv).
Por otra parte, el contenido semántico de estas oraciones no designa ningún movimiento efectivo: el llamado sujeto del movimiento permanece estable a lo largo del tiempo. Así pues, los verbos de estas oraciones designan, en realidad, un proceso imperfectivo, que Langacker propone describir mediante la fórmula (ii) presentada anteriormente, sustituyendo el símbolo R de la relación constante por el símbolo más específico de la ubicación de un objeto longitudinal [M] L:
(iv) ···> [[(M) L] tᵢ / C] Tᵢ > [[(M) L] tⱼ / C] Tⱼ > [[(M) L] tₖ / C] Tₖ >···
Esta fórmula muestra que el observador, o perceptor, C registra sucesivamente, en cada momento tᵢ del tiempo del perceptor, una y otra vez la misma posición espacial, o ubicación, L del objeto longitudinal M. Es fácil advertir que el objeto longitudinal así concebido no se diferencia formalmente en nada del sujeto de un movimiento efectivo: ambos se definen mediante una relación local.
1.5. El lexicógrafo, al observar el uso de los verbos de movimiento aquí tratados, ve un caso claro de ampliación semántica: los verbos de movimiento perfectivos por naturaleza⁴ empiezan a designar procesos imperfectivos, cuyo contenido semántico equivale al perfil de una posición espacial constante del objeto longitudinal. Sin embargo, de la predicación de las oraciones en cuestión no desaparece el componente semántico de dirección, que está esencialmente vinculado al concepto de movimiento. En el caso de la predicación del movimiento efectivo, el contenido expresado por la dirección consiste en las posiciones espaciales del objeto
Además, difieren las propiedades gramaticales de los verbos que designan movimiento abstracto y concreto: por ejemplo, para formar sus formas de aspecto perfectivo se emplean afijos derivativos distintos, cf.:
El tren llegó desde Kaunas.
El partido de fútbol, sin embargo, se celebró.
Las formas perfectivas de este verbo concreto que denota movimiento se forman con los prefijos at-, nu-, par- e iš- y, además de indicar regularmente la conclusión de la acción, señalan también la dirección del movimiento con respecto al perceptor o hablante (oyente). En el caso del movimiento abstracto, la forma perfectiva prefijada solo expresa la conclusión de la acción. Por otra parte, el hecho de que el movimiento abstracto solo pueda denotarse mediante formas de tercera persona muestra que estos verbos, tal como se emplean, siguen estando esencialmente vinculados al concepto de movimiento. Para la predicación de un movimiento percibido de forma abstracta es indispensable la perspectiva del perceptor. En la lengua, quienes representan esta perspectiva —el hablante y el oyente, respectivamente— hacen que las formas de primera y segunda persona, respectivamente, no estén disponibles para la predicación en cuestión.
4 Conviene precisar que, cuando hablamos de predicados de objetos longitudinales, nos referimos en realidad únicamente a verbos que denotan movimiento direccional, como eina, bėga, suka, (kur link), y no a sus equivalentes sin dirección vaikščioja, bėgioja, sukiojasi y pan. estos últimos se adscriben a la categoría de los predicados de actividad y son, en esencia, de naturaleza imperfectiva (aunque pueden perfectivizarse añadiendo prefijos con función delimitativa; véase más ampliamente la nota 2).
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cambio (en el transcurso del tiempo percibido), evaluado con respecto al perceptor o hablante (oyente). Cuando los verbos de movimiento describen una situación estática, es el propio perceptor quien activa la dinámica de las posiciones espaciales necesaria para percibir la dirección de la ubicación de los objetos longitudinales. Dicho de forma más sencilla, el propio hablante o, respectivamente, el oyente recorre secuencialmente con la mirada o en su mente toda la configuración del camino u otro objeto longitudinal descrito en la oración, convirtiéndola así, en realidad, en equivalente a una trayectoria de movimiento. Que la dirección de tal recorrido determina la elección de predicados diferentes queda claramente demostrado por pares de oraciones como los siguientes, en los que se describe esencialmente la misma posición espacial, pero se implica una posición opuesta de los perceptores; compárese:
(27) La orilla desciende aquí en pendiente hacia la ribera.
(28) La orilla del río se eleva aquí poco a poco.
Al analizar la estructura de la predicación en cuestión, es importante advertir el papel singular que desempeña en ella el perceptor, papel que permite interpretar correctamente el contenido de la oración. Desde fuera, podría afirmarse metafóricamente que el propio perceptor se desplaza a lo largo del objeto perfilado, dotando así de una dimensión direccional a la predicación de movimiento expresada por la oración básica. Por supuesto, en circunstancias normales, quien formula o interpreta una oración de este tipo no se percibe a sí mismo desplazándose por la trayectoria mencionada. Sin embargo, aunque sea inconscientemente y solo de manera abstracta, en la mente, la función de movimiento heredada del sujeto de la predicación permite al usuario de la lengua considerar significativas oraciones semejantes e interpretarlas correctamente. Esta interpretación se basa en las semejanzas entre el recorrido secuencial de un objeto longitudinal y la percepción de un movimiento real dirigido. Langackeris subraya la naturaleza subjetiva de tal movimiento basado en el escaneo mental. La predicación del movimiento subjetivo consta, de hecho, de una fase inicial o acumulativa de percepción de la situación, que, como sabemos, carece de relevancia para la interpretación del movimiento real. Es precisamente durante esta fase perceptiva cuando el verbo de movimiento, que denota la posición esencialmente estática del objeto, conserva el vector direccional indispensable para su naturaleza semántica. Langackeris propone describir esta fase acumulativa mediante la fórmula:
(v)
[m₁] l₁ / C T₁ > [m₁] l₁ / [m₂] l₂ / C T₂ > [m₁] l₁ / [m₂] l₂ / [m₃] l₃ / C T₃ > … > [m₁] l₁ / [m₂] l₂ / [m₃] l₃ / … / [mₙ] lₙ / C Tₙ
La fórmula muestra que el perceptor C, a lo largo de los intervalos de tiempo de proceso T₁, T₂, T₃,..., Tₙ, activa secuencialmente, al escanear el objeto longitudinal en una dirección determinada, todo el concepto [M] L que describe su configuración, la cual permanece constante posteriormente (en el transcurso del tiempo percibido). Esta fórmula muestra también claramente que es precisamente el eje del tiempo de proceso el que permite interpretar este recorrido secuencial del objeto longitudinal como una especie de movimiento (abstracto). Así pues, el uso de predicados de objetos longitudinales y la correcta interpretación de las oraciones que los contienen se basan en que el concepto de movimiento, desde el eje objetivo de predicación de la oración, o pro-
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filio, se desplaza al eje de interpretación del perceptor, de carácter subjetivo. Langacker denomina esta operación cognitiva SUBJETIFICACIÓN.
1.6. Al abordar los procesos de extensión semántica y desarrollo gramatical asociados al concepto de subjetificación, Langacker (2002: 315–341) desarrolla más ampliamente también su concepción particular de la noción misma de subjetividad. Esta última forma parte inseparable tanto de la percepción de cualquier situación de la realidad como de la predicación lingüística correspondiente. Así como una situación percibida presupone un perceptor, una oración presupone siempre un usuario de la lengua (hablante o, respectivamente, oyente). La predicación de una oración no puede concebirse sin la posición que ocupa quien la produce o, respectivamente, quien la interpreta, respecto de los acontecimientos transmitidos, del tiempo y el lugar del habla, y de la novedad o antigüedad de la información; en otras palabras, sin todos aquellos elementos que definen las circunstancias del habla. Por eso, el contenido semántico de la situación perfilada por la oración abarca necesariamente también el contexto del habla. Dicho de otro modo, podríamos afirmar que las circunstancias que fundamentan la predicación expresada por esta oración no son sino una PERSPECTIVA determinada, asociada a la figura del hablante o, respectivamente, del oyente. Esta perspectiva funciona como base de la predicación y puede expresarse en la lengua mediante recursos gramaticales o léxicos deícticos, o ambos. Sin embargo, por lo general, la mayor parte de la información relativa a la perspectiva del perceptor queda fuera de los límites de la predicación de la oración, es decir, no se expresa explícitamente. Langacker observa que, en el caso de una perspectiva óptima, la posición del perceptor pasa inadvertida y es, por tanto, máximamente SUBJETIVA, lo que confiere el mayor grado de objetividad posible a la situación perfilada por la oración. Tal situación es, desde luego, ideal. En la lengua suelen darse diversos casos intermedios. Por ejemplo, parte de la información asociada a la figura del hablante, digamos su ubicación relativa, puede incorporarse al ámbito de la predicación de la oración. En tal caso, disminuye la objetividad de la situación designada por esa oración. Compárese dos oraciones con verbos de movimiento:
(29) Miro: mi padre vuelve por el camino desde el bosque.
(30) A veces pasa alguien por el camino.
La primera oración solo es posible en circunstancias en las que su autor (que aquí es también el observador actual de la situación), el padre y el bosque están situados más o menos en una misma línea. Además, la forma prefijada del verbo pareina indica que, muy probablemente, el autor de la oración observa la situación desde su casa. La casa implícita se convierte en el punto de referencia con respecto al cual se disponen espacialmente los demás participantes de la situación. En la segunda oración, la posición del observador no está claramente definida ni con respecto al tiempo ni al lugar del habla. Esta circunstancia importante permite atribuir a la situación designada por la segunda oración un grado de objetividad mayor que en el primer caso.
1.6.1. Langacker describe el perfil de la situación expresado por una oración finita como una relación asimétrica entre dos percepciones, a las que denomina con los términos específicos de TRAYECTOR (trajector) y PUNTO DE REFERENCIA (landmark). Estos términos designan las nociones más generales de la predicación, próximas a las de figura y fondo de la psicología de la percepción. Al igual que estas últimas nociones, el trayector y el punto de referencia se caracterizan en términos de prominencia relativa. Así pues, el trayector y el punto de referencia son los participantes más prominentes de la situación perfilada por una oración finita. No obstante, conviene recordar que es el perceptor quien les atribuye las características de prominencia y que él mismo suele permanecer fuera de los límites de la predicación (o en su periferia). Si consideramos que el perfil de la situación, definido como una relación asimétrica entre el trayector y el punto de referencia, constituye el eje horizontal de la predicación oracional, entonces el otro eje de la predicación, el vertical, que impli-
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ca la perspectiva del perceptor que interpreta la situación, debería trazarse perpendicularmente al sintagma del perfil. En consecuencia, el eje horizontal representa el aspecto objetivo de la predicación, mientras que el vertical representa el subjetivo. Durante la operación cognitiva mencionada —la subjetificación—, parte de la información objetiva se reorienta hacia el eje subjetivo de la interpretación; es decir, una parte del contenido semántico predicado por la oración no se perfila, sino que se realiza a través de las posibilidades interpretativas del perceptor.
1.6.2. Consideremos ahora, teniendo en cuenta la distinción entre objetividad y subjetividad de la predicación definida por Langacker, las oraciones que nos interesan, en las que el camino u otros objetos longitudinales se describen mediante verbos de movimiento. Es fácil comprender que la interpretación correcta de estas oraciones depende del hecho de que gran parte del contenido expresado objetivamente por los predicados de movimiento se reorienta hacia el eje subjetivo del perceptor. En otras palabras, el propio perceptor, o hablante (u oyente), al «recorrer» sucesivamente con la mirada o en su mente todas las posiciones espaciales que ocupa el objeto longitudinal, sustituye así al sujeto de la predicación y aporta las características temporales y de distancia recorrida necesarias para la noción de movimiento. Por tanto, la esencia de la subjetificación en las oraciones en cuestión reside en el movimiento subjetivo del intérprete a lo largo del objeto descrito. Sin embargo, es importante subrayar que, al convertirse de este modo en participante del movimiento subjetivo, el perceptor no se convierte en el trayector de la oración. Esto se debe a que la noción de subjetividad asociada al perceptor es, en principio, incompatible con la característica de prominencia del trayector, aunque la sustenta. Así pues, la organización externa de una oración de este tipo no difiere en nada de la de las oraciones que perfilan un movimiento real. Por ejemplo, en la oración Este camino lleva (va) a la ciudad, el camino es el trayector de la predicación (y también el sujeto de la oración), mientras que la ciudad desempeña la función de punto de referencia. Sin embargo, el contenido semántico de una oración así ha cambiado. Al reorientar el concepto de movimiento desde el eje objetivo del perfil hacia el eje subjetivo de la interpretación, el contenido objetivo restante de la predicación solo designa la posición estática del objeto, mientras que el verbo expresa un proceso imperfectivo. La imperfectivización de los verbos de movimiento direccional, perfectivos por naturaleza, tiene importantes consecuencias gramaticales, pero hablaremos de ellas más adelante. Entretanto, quisiéramos volver a señalar que en el contenido semántico de las oraciones en cuestión se conserva, no obstante, un elemento importante del concepto de movimiento: el concepto de dirección. Probablemente, esta sea una condición sin la cual sería imposible el uso de predicados de movimiento en oraciones del tipo considerado. Como ya sabemos, el vector de dirección del «movimiento» coincide con la dirección de exploración del objeto longitudinal. Por ello, la predicación de tales oraciones siempre implica la ubicación del observador, o perceptor. Esta ubicación puede expresarse explícitamente, compárese:
(31) Desde el umbral de tu casa natal, por el patio, por el viejo jardín, por la pradera, serpentea un sendero blanco LKŽXIX 462 (J. MARCIN).
(32) Žilaitienė permanecía sentada, mirando una y otra vez por la ventana el estrecho caminito que serpenteaba tras la ladera LKŽXIX 462 (J. BALT).
(33) Podía ver al menos medio kilómetro del camino rural que serpenteaba desde el pueblo LKŽXIX 466 (RŠ).
(34) Desde el pueblo se ve muy bien cómo serpentea el río desde aquellos grandes bosques LKŽXIX 462 (RŠ).5
5 Por lo general, cabe suponer que en esta oración y en otras similares el río se trata como un objeto longitudinal típico, como un camino, por ejemplo; es decir, en este caso el intérprete cuenta con el mismo movimiento de exploración. Sin embargo, también hay diferencias. En primer lugar, por la naturaleza misma del objeto. Podemos cerrar los ojos ante el hecho de que
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Sin embargo, a menudo la posición relativa del conceptualizador respecto a la dirección no queda claramente definida en este tipo de oraciones, sino que simplemente se da por sentada. La posición que se da por sentada (el llamado caso default) es aquella en la que un camino u otro objeto longitudinal se extiende ante los ojos del conceptualizador (que puede ser el observador actual o un viajero) hacia delante, es decir, se lo recorre mediante un escaneo en perspectiva; compárese:
(35) El sendero pisoteado serpenteaba justo por el borde del precipicio LKŽXIXxix 467 (J. JABL).
(36) Ese camino serpentea y serpentea por aquel bosque LKŽXIXxix 469 (Ms).
(37) El caminito se tuerce hacia el alisal LKŽXIVxiv 88 (KLT).
(38) A través de nuestro campo de rastrojos pasaba un caminito LKŽIIii 1073 (Pc).
1.6.3. En síntesis, podemos afirmar que, en las oraciones en las que los verbos de movimiento describen objetos longitudinales, la ubicación relativa del conceptualizador se incluye necesariamente en el ámbito de la predicación, mientras que en las oraciones que perfilan un movimiento real esa ubicación puede quedar también fuera de los límites de la predicación. Para el análisis posterior, es importante observar que la inclusión necesaria del conceptualizador en el ámbito de la predicación de las oraciones examinadas asegura un estrecho vínculo entre la situación perfilada y el momento del habla. Esta circunstancia importante, como veremos enseguida, influye de cierto modo en la elección de las formas de aspecto verbal.
2.0. Puesto que los verbos de movimiento usados en las oraciones con las predicaciones examinadas denotan de hecho únicamente un proceso imperfectivo, cabría esperar que para describir la configuración de un objeto longitudinal solo fueran adecuadas las formas imperfectivas de estos verbos. En efecto, los datos recopilados muestran que los predicados de objetos longitudinales suelen ser verbos de movimiento imperfectivos. Sin embargo, en determinadas circunstancias también son posibles las formas perfectivas. A continuación examinaremos con más detalle la relación entre la predicación de objetos longitudinales y la categoría de aspecto, pues esta relación parece determinar las restricciones de uso de algunas formas temporales de los verbos de movimiento.
2.1. Gramática de la lengua lituana contemporánea (Ambrazas 1997: 289; véase también Ambrazas 1999: 694) señala la distribución, en cuanto al aspecto imperfectivo/perfectivo, de las formas temporales de los verbos formados con prefijos que expresan dirección. Las formas de presente de estos verbos prefijados suelen tener significado imperfectivo, mientras que las formas de pasado y futuro tienen significado perfectivo. Es natural que los verbos de movimiento sean los representantes más típicos de tal distribución. Para averiguar hasta qué punto esta di-
el río, a diferencia del camino, es en cierto sentido un objeto en movimiento. Supongamos que desde lejos quizá no alcancemos a ver el fluir del agua del río. Sin embargo, es difícil abstraerse del conocimiento de que a cada río le corresponde una dirección de corriente —de aguas arriba hacia aguas abajo—, por lo que la configuración longitudinal de un río es siempre unidireccional. Por esta razón, el observador o, respectivamente, el hablante no puede afirmar a la vez —es decir, sin darse la vuelta— que el río serpentea hacia aquí (hacia el pueblo) y serpentea alejándose (del pueblo). En cambio, al describir la configuración del camino vecinal que se extiende ante el pueblo, el hablante puede elegir libremente la dirección del escaneo y, respectivamente, la del perfilamiento del objeto en la oración. De manera similar, debido al orden establecido (natural) de las cosas, la dirección del perfilamiento de un objeto longitudinal puede estar restringida también en algunos otros casos. Por ejemplo, sabiendo que el lugar normal del ser humano (por efecto de la gravedad) está en la tierra y no en el cielo, solo podemos decir:
La chimenea de la fábrica se eleva (se dispara) hacia el cielo (hacia arriba),
pero no
*La chimenea de la fábrica desciende (cae) a la tierra (hacia abajo).
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…tribución se manifiesta en los casos analizados de predicación de objetos longitudinales, deberíamos examinar más detenidamente las causas que la determinan.
2.1.1. En primer lugar, cabe señalar que el aspecto de los verbos de movimiento prefijados no se vincula directamente con las formas de tiempo gramatical ni con sus valores deícticos abstractos, respectivamente. Más exactamente, sería adecuado relacionar los significados aspectuales de estos verbos con el tiempo concreto del proceso expresado de manera deíctica (es decir, con respecto al momento del habla) (en el caso de una oración simple) o con el tiempo relativo (en el caso de una oración compleja). En otras palabras, la elección del aspecto depende aquí de la predicación del proceso en su conjunto o de la secuencia de dos predicaciones. Cuando una oración simple perfila el desarrollo de un proceso concreto, la duración de este proceso abarca por completo el llamado tiempo de referencia (reference time), que puede coincidir o no con el momento del habla. En efecto, si se elige la estrategia narrativa pertinente, el proceso que se desarrolla ante un perceptor imaginario y, por consiguiente, el tiempo de referencia pueden desplazarse tanto al pasado como al futuro⁶. Axel Holvoet (Holvoet, Čižik 2004: 152) denomina relación de inclusión a esta relación entre la duración del proceso y el tiempo de referencia, y la considera la característica gramatical fundamental del aspecto imperfectivo. A la inversa, en su opinión, la ausencia de una relación de inclusión caracteriza gramaticalmente el aspecto perfectivo. En efecto, el momento del proceso acontecido solo puede coincidir con el tiempo de referencia o ser anterior a este. Esta anterioridad relativa se expresa en la lengua mediante una oración temporal subordinada y depende únicamente de la secuencia de los procesos perfilados, no del tiempo deíctico; compárense:
(39) Cuando llegó el tren, la multitud de pasajeros salió en tropel al andén.
(40) Cuando llega el tren, la multitud de pasajeros sale en tropel al andén.
(41) Cuando llegue el tren, la multitud de pasajeros saldrá en tropel al andén.
En los tres casos, el predicado de la oración subordinada, que aquí es un verbo de movimiento prefijado, tiene valor de aspecto perfectivo; por tanto, se infringe la regla de distribución mencionada anteriormente. Cabe prestar atención a la segunda oración, cuyos predicados, aunque se expresan mediante formas del presente, no denotan un presente concreto (es decir, que coincida con el momento del habla). Los procesos iterativos perfilados en esta oración no se localizan en el eje temporal del perceptor. Las oraciones cuyo perceptor supuesto no establece una relación temporal con los procesos que designan se asemejan a los enunciados contrafácticos. En gramática también se denominan enunciados gnómicos (Janda 2004: 491–492). Por lo general, estos enunciados expresan características más permanentes de situaciones o participantes. Sus predicados pueden ser verbos tanto de aspecto imperfectivo como perfectivo. En este último caso se perfila una secuencia de eventos habituales o bien las capacidades potenciales del participante⁷. Para designar las capacidades del agente se emplean verbos de semántica pertinente, entre los que también figuran los verbos de movimiento; compárense:
(42) Petras recorre corriendo esta distancia en una hora.
(43) Mamá lleva a su hijita a la guardería en veinte minutos.
6 También cabe recordar aquí el caso de perspectiva inversa, en el que las formas verbales del presente se emplean para transmitir vívidamente acontecimientos pasados; es decir, se propone contemplar los acontecimientos pasados desde el presente. En consecuencia, el tiempo de referencia se hace coincidir con el momento del habla.
7 Estas propiedades también pueden expresarse adecuadamente mediante formas no finitas, por ejemplo, el infinitivo.
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En ambas oraciones, los verbos de movimiento prefijados que funcionan como predicados son de aspecto perfectivo y, por tanto, también infringen la mencionada regla de distribución de las formas de tiempo gramatical en función del aspecto. En resumen, podemos constatar que en la lengua hay casos en los que el aspecto de los predicados de las oraciones finitas interactúa con el tiempo deíctico: el uso de formas de aspecto imperfectivo o perfectivo en ellas viene determinado por otros factores, y no por la presencia o ausencia de una relación de inclusión.
2.2. Al volver a los casos de predicación de objetos longitudinales, observaremos que compararlos con expresiones gnómicas no resulta muy prometedor. Pues la necesaria inclusión del perceptor en el ámbito de la predicación, es decir, el estrecho vínculo con el momento del habla, impide interpretar su contenido de manera demasiado general. Así pues, aunque la predicación de objetos longitudinales denota características constantes de estos (al igual que las expresiones gnómicas), la especificidad de su interpretación, que requiere una operación cognitiva de subjetivización, no permite distanciar demasiado del momento del habla las situaciones perfiladas. Esta afirmación es válida pese a que no en todos los casos las oraciones en cuestión se enuncien cuando su autor, es decir, el perceptor, se encuentra realmente frente al objeto descrito.
2.2.1. De lo dicho podemos concluir que, al tratar el valor aspectual de los verbos de movimiento usados en la predicación de objetos longitudinales, la relación de inclusión (o su ausencia) sigue siendo pertinente. Es natural que en estas predicaciones, que por lo general indican la ubicación geográfica de los objetos, se empleen sobre todo formas de presente con valor de aspecto imperfectivo. Por supuesto, en un relato histórico también son posibles las formas de pasado. La relación de inclusión se mantiene en estos casos; compárese:
(44) Las escaleras de madera, desgastadas por pisarlas año tras año, conducían al segundo piso LKŽXVIII 942 (J. BALT).
(45) El camino era tortuoso y atravesaba los campos LKŽXVIII 942 (A. VAIČIUL).
(46) Hasta los pantanos se extendían las verdes y altas avenas LKŽI 726 (J. ŠIMK).
2.3. En cuanto al aspecto, las oraciones de la predicación aquí tratada son las más cercanas a las que perfilan un movimiento real, en las que se expresa explícitamente un acercamiento al hablante, es decir, al perceptor, o un alejamiento de este. Pues estas direcciones relativas del movimiento también están implicadas en el movimiento subjetivo (es decir, en el escaneo de un objeto longitudinal). Cuando el acercamiento real o imaginario del objeto se expresa mediante verbos de movimiento prefijados⁸, en ambos casos solo son posibles las formas de presente. Naturalmente, al afirmar esto habría que dejar al margen los enunciados gnómicos y otros contrafácticos que pueden denotar movimiento real. Vemos que, en estos casos, la distribución de las formas temporales en función del aspecto de los verbos de movimiento prefijados empleados se ajusta a la regla formulada por los autores de la Gramática de la lengua lituana actual. Al parecer, aquí solo habría que hacer ciertas salvedades para los derivados prefijados correspondientes del verbo vesti, que expresa movimiento causado. Compárense las oraciones:
(47) a) La abuela lleva (consigo) a la cabra al establo.
b) La abuela lleva a la cabra al establo.
(48) a) El camino conduce al bosque.
b) El camino lleva al bosque DŽ⁴.
8En este aspecto, son comparables los derivados con los prefijos at- y nu-.
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La diferencia semántica entre las variantes a y b de estas oraciones radica en que en las últimas se destaca el alejamiento del objeto conducido (real o imaginario) respecto del perceptor. Por supuesto, si uno se esfuerza, puede imaginar circunstancias lingüísticas que exijan tal énfasis; sin embargo, la intuición lingüística indica que, en ambos casos, las oraciones b suenan poco naturales, mientras que las variantes a son plenamente aceptables. Probablemente, las razones de esta rareza deban buscarse en la estructura semántica de este verbo, que, a diferencia de los verbos de movimiento, presupone no uno, sino dos actantes: un agente y un paciente9 (respectivamente, el sujeto y el objeto de la oración). La posición de agente transitivo que aparece en la oración b del ejemplo 48 parece favorecer una interpretación gnómica de esta oración10, que también implica un significado aspectual de evento; sin embargo, un verbo de aspecto de evento resulta aquí imposible en principio. Esta contradicción explica la rareza de tal oración. En el caso del movimiento efectivo, también suenan más naturales las oraciones con el predicado llevar que designan un proceso no vinculado a un momento concreto del habla, cf.:
(49) La abuela todavía lleva la cabra al establo, pero a la vaca ya no.
(50) Cuando llevo el caballo al lago para que beba, normalmente también me baño.
Cuando se habla en presente de acciones previstas para un futuro próximo, puede elegirse el aspecto de evento para destacar la precedencia de una acción respecto de otra, cf.:
(51) Llevo al niño a la guardería y salgo corriendo al trabajo. (La madre repasa en voz alta los planes de la mañana)
Parece ser precisamente la naturalidad de oraciones de este tipo lo que dificulta el uso de las formas de presente prefijadas tanto del verbo vesti como de otros verbos que expresan movimiento causado, para indicar la dirección relativa de alejamiento o acercamiento.
2.4. Los verbos de movimiento denotan una acción cuantificable en el espacio y en el tiempo, por lo que, en principio, son perfectivos en el sentido de que pueden hacerse perfectivos. Las formas prefijadas de estos verbos suelen significar que el objeto en movimiento, tras recorrer la distancia necesaria, alcanza el límite previsto, supera las oposiciones lejos vs. cerca o arriba vs. abajo, cruza el límite entre el interior y el exterior, cambia de dirección, supera un obstáculo natural, etc. Estos significados corresponden esencialmente al contenido del aspecto de evento, por lo que los verbos de movimiento prefijados son, por naturaleza, de aspecto de evento. Sus formas no finitas lo muestran con claridad. Las oraciones que emplean formas de pasado o futuro de los verbos de movimiento prefijados permiten que su significado de aspecto de evento se manifieste plenamente. En efecto, la perspectiva temporal deíctica permite cuantificar realmente una acción realizada o que se pretende realizar y valorar su totalidad como un resultado alcanzado. Así pues, los prefijos de los verbos de movimiento son los indicadores más claros del aspecto de evento. Sin embargo, esta función gramatical de los prefijos queda bloqueada en las oraciones cuya acción perfilada transcurre en un presente concreto. Puede decirse que, en ese caso, los prefijos desempeñan en la estructura de los derivados en cuestión una función puramente semántica: indican la dirección del movimiento.
9 En el caso de la predicación de trayectoria, el paciente, es decir, el objeto, se concibe de manera muy poco definida.
10 La causa de tal interpretación podría ser el mayor grado de agentividad del sujeto transitivo frente al intransitivo. El grado de agentividad se correlaciona con las jerarquías de «transferencia de energía» e «iniciativa» que funcionan de manera natural en el sistema lingüístico (cf. Langacker 2002: 238–239). Al agente prototípico, que suele ser el sujeto de una oración transitiva, se le atribuyen más fácilmente diversas características «gnómicas».
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2.4.1. Aldona Paulauskienė (1979: 67; 76–77) ya ha destacado la incompatibilidad entre los significados de aspecto perfectivo y el presente concreto. Laura Janda, con el propósito de revelar los propios orígenes de la categoría de aspecto, la vincula con la metáfora del modelo cognitivo idealizado (ICM) de la materia. Este modelo resulta pertinente para hablar del uso de los aspectos verbales en las lenguas eslavas. Su análisis (Janda 2004: 471–527) permite, con razón, comparar los significados de aspecto perfectivo de las lenguas eslavas (en particular, del ruso) con las propiedades de una sustancia sólida del ICM de la materia, y los significados de aspecto imperfectivo, respectivamente, con las propiedades de una sustancia fluida. Si el hablante percibe el aspecto perfectivo como un cuerpo sólido con todas las implicaciones que se derivan de ello, entonces es evidente que no puede localizarse en el eje temporal en el lugar que ya ocupa otro cuerpo sólido: el hablante o, respectivamente, el perceptor. Por el contrario, el aspecto imperfectivo, conceptualizado como una sustancia fluida, puede ser compatible con la posición del hablante en el eje temporal, es decir, con el momento del habla. Esta explicación cognitiva, sustentada en diferencias esenciales de la materia, parece ser perfectamente adecuada también para hablar de la interacción entre el aspecto verbal y el tiempo deíctico en lituano. En esencia, tampoco contradice el criterio de presencia o ausencia de una relación de inclusión propuesto por Holvoet.
2.4.2. Entre los verbos de movimiento, los derivados prefijados que en las oraciones indican el acercamiento (real o imaginario) de un objeto al perceptor o su alejamiento de él parecen ser los más estrechamente vinculados con el presente concreto. Por lo general, son derivados de los prefijos at-, nu-, par- (este último, solo en caso de movimiento efectivo). Como ya hemos señalado, al expresar una dirección relativa del movimiento, tales verbos prefijados incluyen necesariamente también al hablante o, respectivamente, al perceptor en el ámbito de la predicación; compárese:
(52) Keliu ateina kažkoks žmogus.
(53) Šis vieškelis ateina nuo miško.
(54) Link ežero parugė nuvingiuoja takelis.
Parece mucho más difícil interpretar como perfectivo el proceso denotado por tal predicación que en los casos en que el perceptor queda fuera de los límites de la predicación; compárese:
(55) Perspėti sąmokslininkai skubiai išeina pro atsargines duris.
(56) Į mokyklos kiemą išbėga pulkelis mokinių ir ima žaisti.
El predicado išbėga de la oración 56 debe interpretarse, al parecer, como un verbo de aspecto perfectivo.
2.5. Las oraciones en las que se usan verbos de movimiento prefijados pueden diferir no solo en la estructura de predicación del proceso que perfilan, sino también en su alcance. Las formas de los derivados con los prefijos de aspecto perfectivo į-, iš- suelen denotar únicamente el cruce del límite de la oposición espacial interior vs. exterior; es decir, su predicación se concentra en este segmento de transición y se aproxima al denominado alcance inmediato de la predicación (immediate scope of predication11). En el ámbito directo de la predicación entra únicamente el segmento de la acción (es decir, del movimiento) que resulta relevante para superar el límite. El evento perfilado por tales oraciones carece, de hecho, de duración y se constata ex post. Por ello, los predicados įbėgti, išeiti, išvažiuoti y
11 Apie šį terminą žr. Langacker 2002: 318–319.
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etc., recuerdan en algunos aspectos de la interpretación del significado aspectual a los predicados de acontecimiento de la clasificación de Vendler mencionados anteriormente12 (achievements): rasti, atsidurti, pasiklysti, etc. Cuando estas formas verbales con prefijo designan un movimiento que tiene lugar en un presente concreto, el significado aspectual progresivo no siempre se percibe con claridad. En muchos casos resulta difícil distinguirlo del significado aspectual de evento, cf.:
(57) Jonukas entra corriendo, sin aliento, en el aula.
(58) Jonukas entró corriendo, sin aliento, en el aula.
Es interesante observar que, debido al alcance limitado de la predicación, el significado aspectual progresivo puede ser menos marcado incluso en el caso de la predicación de un camino u otro objeto longitudinal, cf.:
(59) En este lugar, la carretera serpentea y desemboca en la carretera principal.
(60) Una extensión continua de terreno llega hasta el mar Báltico LKŽII 1101 (J. JABL).
(61) El cementerio linda con el atrio LKŽII 1103 (RŠ).
(62) En la cerca está posado un gallo; su cola llega hasta el suelo, y su canto se eleva al cielo (campana) LKŽII 1101 LTR (PNmR).
2.6. Por último, no debería pasarse por alto el hecho de que, en determinadas circunstancias, las formas de aspecto perfectivo de los verbos de movimiento pueden emplearse con sentido también en casos de predicación de caminos. Por ejemplo, una descripción adecuada de las impresiones de un viaje puede requerir un predicado de la categoría de acontecimiento que, como sabemos, solo puede ser un verbo de aspecto perfectivo. Por lo general, las condiciones lingüísticas propicias se dan cuando, en una etapa determinada del viaje, la configuración del camino cambia inesperadamente o, al final del viaje, el viajero llega a un lugar imprevisto, cf.:
(63) El camino nos13 condujo hasta el borde del bosque.
(64) El sendero desembocó en un charco LKŽII 1086 (A 1884, 21).
(65) El senderito se internó en el bosque, serpenteando entre pinos de ramas extendidas LKŽXIV 103 (V. BUB).
(66) El sendero serpenteó hasta el camino rural LKŽXIX 468 (J. AVYŽ).
(67) He aquí que mi camino salió de las montañas a la llanura LKŽVIII 683 (ŠLČ).
Cabe señalar que la predicación de estas oraciones no abarca toda la configuración del camino, sino únicamente el tramo que aparece directamente ante los ojos del viajero. Es precisamente la perspectiva del viajero la que posibilita la (re)perfectivización de tales predicados. Pues el tramo del camino que queda directamente dentro del alcance de la predicación es interpretado por el viajero, o más bien por el hablante, no como una configuración estática, sino como una experiencia dinámica del viaje, es decir, en lo percibido
12 Sobre los rasgos aspectuales semánticos inherentes de estos predicados, véase Holvoet, Čižik (2004: 146–151).
13 En las oraciones con un predicado de aspecto imperfectivo, la posición del paciente o, respectivamente, del objeto no está claramente definida; aquí se expresa explícitamente. Sin embargo, los actantes de esta oración no son plenos (es decir, prototípicos), como demuestra claramente el hecho de que esta oración no puede pasivizarse; compárese: * Fuimos conducidos por el camino hasta el lindero del bosque.
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un acontecimiento que se desarrolla en el tiempo. Naturalmente, el tramo del camino que se abre ante los ojos del viajero también puede describirse normalmente con verbos de movimiento de aspecto imperfectivo, aunque tales casos no sean típicos; compárese:
(68) Y de nuevo corre nuestro camino. Corre hacia la hermana Letonia LKŽ1 726 (J. BALT).
Sin embargo, solo en circunstancias de viaje, cuando la mirada del observador recorre únicamente un determinado tramo del camino (distinguido por alguna característica), pueden elegirse deliberadamente formas de aspecto perfectivo de los verbos de movimiento.
2.6.1. Por último, conviene señalar que las formas de aspecto perfectivo, que exigen interpretaciones dinámicas de este tipo, y las formas de aspecto imperfectivo comentadas anteriormente, determinadas por la perspectiva holística o global del perceptor, solo constituyen una oposición semántica. Una oposición gramatical de aspecto, como en el caso de la predicación de movimiento real, es poco probable aquí debido a la difícil compatibilidad entre la perspectiva holística y la del viajero; compárese:
(69) El abuelo caminó y caminó, y llegó al bosque.
(70) *El sendero iba junto al surco y salió al lindero del bosque.
CONCLUSIONES
1. La base del uso de verbos que expresan movimiento direccional en la predicación de objetos longitudinales la constituye la operación cognitiva de subjetificación. Esta se fundamenta, a su vez, en el concepto de movimiento subjetivo, cuyo contenido consiste en el escaneo secuencial y direccional que realiza el perceptor de la situación del objeto longitudinal, es decir, en su recorrido visual.
2. Cuando los verbos de movimiento funcionan en las oraciones como predicados de objetos longitudinales, denotan esencialmente solo su posición estática, es decir, invariable en el tiempo. Usados de este modo, estos verbos equivalen semánticamente a los verbos de estado.
3. En la estructura valencial de los verbos de movimiento empleados para describir objetos longitudinales, el complemento adverbial de dirección pasa a ser obligatorio. Es la conditio sine qua non de la predicación en cuestión. El vector direccional que modifica la predicación de objetos longitudinales coincide con la dirección de escaneo o recorrido visual del objeto que el perceptor/observador implicado en dicha predicación —que de hecho es el hablante o, respectivamente, el oyente— elige.
4. Los predicados de objetos longitudinales suelen ser verbos de movimiento de aspecto imperfectivo, pues normalmente solo denotan aquí un proceso imperfectivo. Por ello, naturalmente, si para la predicación de estos objetos se eligen formas prefijadas de los verbos de movimiento que subrayan la ubicación relativa del perceptor/observador, estas solo pueden estar en presente.
5. En las predicaciones de objetos longitudinales no son posibles los casos en que las formas prefijadas de presente de los verbos de movimiento pueden tener valor de aspecto perfectivo (por ejemplo, en oraciones gnómicas), debido a una circunstancia importante: la inclusión necesaria de la posición del perceptor/observador en el ámbito de esta predicación determina un estrecho vínculo entre la situación perfilada y el momento del habla, por lo que resulta imposible tratar dicha situación de manera generalizada.
6. En determinadas circunstancias, para la predicación de un camino pueden elegirse formas de aspecto perfectivo de los verbos de movimiento. Estas circunstancias se relacionan con una perspectiva por etapas o del viajero. El tramo del camino que se extiende ante los ojos del viajero puede ser percibido por este de in-
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se interpreta dinámicamente (eligiendo un predicado de la categoría de acontecimiento para describirla) cuando la configuración de este tramo o su final visible le resulta inesperado al viajero. Las formas de aspecto perfectivo, que exigen tales interpretaciones dinámicas, y las formas de aspecto imperfectivo, determinadas por una perspectiva de percepción holística o global, conforman una oposición no gramatical, sino semántica.
ABREVIATURAS
DŽ4 – Diccionario de la lengua lituana contemporánea, ed. St. Keinys, Vilna: Instituto de Publicaciones Científicas y Enciclopédicas, 2000.
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LKŽII – Diccionario de la lengua lituana 2 (2.ª ed.), ed. J. KRUOPAS, Vilna: Mintis, 1969.
LKŽV – Diccionario de la lengua lituana 5, ed. K. ULVYDAS, Vilna: Editorial Estatal de Literatura Política y Científica, 1959.
LKŽVII – Diccionario de la lengua lituana 7, ed. J. KRUOPAS, Vilna: Mintis, 1966.
LKŽVIII – Diccionario de la lengua lituana 8, ed. J. KRUOPAS, Vilna: Mintis, 1970.
LKŽXI – Diccionario de la lengua lituana 11, ed. K. ULVYDAS, Vilna: Mokslas, 1978.
LKŽXIV – Diccionario de la lengua lituana 14, ed. K. ULVYDAS, Vilna: Mokslas, 1986.
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LITERATŪRA
AMBRAZAS, V., red., 1997: Dabartinės lietuvių kalbos gramatika. Trečiasis pataisytas leidimas, Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidybos institutas.
AMBRAZAS, V., red., 1999: Veikslas. Lietuvių kalbos enciklopedija, par. K. Morkūnas, Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidybos institutas.
HOLVOET, A., ČIŽIK, V. 2004: Veikslo priešpriešos tipai. Holvoet, A., Semėnienė, L., red., Gramatinių kategorijų tyrimai, Vilnius: Lietuvių kalbos institutas, 141–162.
JANDA, L. A. 2004: A metaphor in search of a source domain: The categories of Slavic aspect. Cognitive Linguistics 15, 471–527.
LANGACKER, R. W. 2002: Concept, Image, and Symbol: The Cognitive Basis of Grammar, 2nd ed., Berlin/New York: Mouton de Gruyter.
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VENDLER, Z. 1967: Linguistics in Philosophy, Ithaca: Cornell University Press.
Rolandas Mikulskas
Gauta 2005 01 27
Lietuvių kalbos institutas
P. Vileišio 5, 10308 Vilnius
[email protected]