Alteuropa, „Iller“, „Alster“, „Elster“ und „alėti“
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JÜRGEN UDOLPH
Investigación de nombres (nombres de aguas, lugares y familias), lingüística histórico-comparativa
LA ANTIGUA EUROPA, ILLER, ALSTER, ELSTER Y ALĒTI
Hidrónimos de la antigua Europa
Iller, Alster, Elster y verbo lituano aléti
Dedicado a la memoria de mi maestro Wolfgang P. Schmid (Gotinga), † 22.10.2010
O B S E R V A C I Ó N
La teoría de una capa hidronímica indoeuropea de la antigua Europa en Europa (con un importante centro en la región báltica), desarrollada por Hans Krahe y modificada por Wolfgang P. Schmid, ha sido objeto de críticas reiteradas, algunas de ellas muy severas. En los últimos tiempos también ha sido abordada desde el ámbito de la indoeuropeística, y sus reconstrucciones de las formas básicas de los nombres de aguas han sido calificadas de anticuadas, sobre todo desde la perspectiva de la teoría laríngea. El artículo retoma estas críticas y las analiza.
A N O T A C I Ó N
La teoría de una capa europea antigua de hidrónimos en Europa, con un centro importante en los países bálticos, fue formulada por Hans Krahe y modificada por Wolfgang P. Schmid. Ha sido criticada una y otra vez, en ocasiones incluso con vehemencia. Últimamente también ha sido abordada por estudiosos del ámbito indoeuropeo. Se ha declarado arcaicas las reconstrucciones de hidrónimos, especialmente desde el punto de vista de la teoría laríngea. Este artículo retoma las críticas y las examina.
P A L A B R A S C L A V E: nombres de masas de agua, estudios indoeuropeos, teoría laríngea, hidronimia europea antigua.
P A L A B R A S C L A V E: nombres de ríos, estudios indoeuropeos, teoría laríngea, hidronimia europea antigua.
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NOTA PRELIMINAR
El 20 de enero de 1970, Wolfgang P. Schmid, profesor de Lingüística General y Comparada de Gotinga, aconsejó a un estudiante de estudios eslavos y finoúgricos que trabajara sobre los nombres eslavos de masas de agua. Fue el comienzo de mi dedicación a los nombres de Europa; por tanto, debo al científico, fallecido recientemente, un recorrido que me llevó desde los nombres eslavos de masas de agua, pasando por los topónimos e hidrónimos germánicos, hasta los apellidos de Europa Central (con consecuencias inesperadas, como numerosas emisiones de radio y televisión) y, finalmente, a una cátedra de onomástica en Leipzig. Allí se logró, gracias a una amplia presencia en los medios, ofrecer oportunidades laborales en el campo de los nombres a jóvenes investigadores. Todo comenzó con el consejo de Schmid de dedicarse a los nombres de masas de agua.
NOMBRES EUROPEOS ANTIGUOS DE MASAS DE AGUA
No cabe duda de que los nombres de las masas de agua de Europa están estratificados históricamente. Sin embargo, este hecho fácil de comprender no siempre se tiene en cuenta, sorprendentemente, en las discusiones sobre hidronimia compleja. Así, en los debates sobre la hidronimia europea antigua, a los que volveré enseguida con más detalle, da la impresión de que los estudiosos que no están muy familiarizados con este tema tienden a descuidar la estratificación histórica de los nombres de masas de agua. De otro modo resulta difícil entender que opiniones según las cuales la hidronimia europea antigua de Hans Krahe no sería indoeuropea, sino de origen vasco, y además íntegramente (Vennemann 2003), no reciban de inmediato la respuesta de que con ello se elimina la propia lengua indoeuropea. Pues, si no hubiera hidrónimos europeos antiguos —indoeuropeos—, solo cabría contar con reliquias de lenguas individuales (= bálticas, eslavas, germánicas... etc.) y vascas, es decir, anteriores al indoeuropeo o no indoeuropeas. Eso es absurdo, porque las lenguas indoeuropeas individuales tuvieron que desarrollarse primero a partir de un ámbito dialectal anterior a la diferenciación en lenguas. Y ese proceso también debe poder rastrearse en los nombres.
La teoría de Krahe se basa en la constatación de que, bajo la capa de nombres de masas de agua de Europa explicables a partir de una lengua indoeuropea individual, se encuentran nombres más antiguos que se resisten a esa explicación. Si antes se llamaba celtas o vénetos a estas reliquias, o —como hizo el propio Krahe durante muchos años— ilirios, el mismo Krahe inició el giro decisivo, revisó su teoría iliria (Krahe 1964b) y, desde entonces, sostuvo la opinión de que bajo
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entre los numerosos nombres de masas de agua explicables a partir de las distintas lenguas indoeuropeas se oculta una capa de nombres que se resisten a ser explicados desde una lengua europea individual y que, por tanto, requieren un estudio desde una perspectiva más amplia. Según Krahe, los nombres de masas de agua identificados mediante este estudio constituyen la capa de la hidronimia de la antigua Europa (expuesta más recientemente en Udolph 2010a).
Ya antes de Krahe se había advertido, al estudiar los nombres de las masas de agua de Europa (Ferguson 1862; Rozwadowski 1948), que en distintas regiones europeas parecen existir paralelismos que, evidentemente, tienen un origen igual o semejante. Dicho de forma sencilla y planteado como pregunta: ¿hasta qué punto está Zala, en Hungría, relacionada con la Fränkischen o la Thüringischen Saale, en Alemania? ¿Puede separarse la Nidda, cerca de Frankfurt del Meno, de la Nida, cerca de Cracovia? ¿Qué tienen en común la Drewenz, en Prusia Oriental, y la Durance, en el sur de Francia, y de verdad no existe relación alguna entre nombres de ríos de Polonia, como Mienia, Minia, y de Bielorrusia (Minica, Minia [y también Minsk]) y el Main (antiguo Moenus), el Möhne (afluente del Ruhr), pero también con Maín/Mao-in, en Irlanda, Minho, en España, y Mignano, cerca de Vicenza, en Italia?
Krahe descubrió numerosos casos semejantes, reconoció que los nombres de las masas de agua se basan casi siempre en los llamados «términos para el agua», es decir, apelativos con el significado de ‘agua, fluir, correr, húmedo, río’, etc., y elaboró un esquema que, a modo de matriz, pretendía mostrar las posibilidades de combinación e intercambio de sufijos. A continuación, se ofrece la lista de una familia en torno al indoeuropeo *el-/*ol-:
T A B L A 1. Morfología de los nombres de masas de agua de la antigua Europa: *el-/*ol- (según Krahe)
–a (–o–) | –ia (–io–) | –ua (–uo) | –ma– (–mo) | –na (–no) | –ra (–ro–) | –nt– | –s(i)a, –s(i)o | –sta (–sto)
Ala | Alia, Aleja | Alava | Alma, Almos | Alna, Olna, Alona | Alara, Elira | Alanta, Alantia, Alantas | Alsa, Alisa, Else | Alesta
Ava, Avos | Avia | | Auma | Avena/Avona | | Avanta, Avantia | Ausa, Aves |
Tras las formas reconstruidas de la familia *el-/*ol- se esconden (para los detalles, véase Krahe 1964a: 35–37.) nombres de masas de agua como Ahle, Ola – Alia (Lacio) – Alow, Alove – Lom (< *Almos), Alm, Alme – Alle, Alna (Prusia Oriental, con Allenburg/Olsztyn), Olna, Alona – Aller, Iller (< *Elira; volveré sobre ello con más detalle más adelante) – Elz (< *Alantia), Alantas, Aland – Als, Alsa – Alst (cerca de Münster).
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Krahe situaba la base apelativa sobre todo en el ámbito báltico, como en lituano aléti ‘quedar inundado por el agua’, letón aluōts ‘manantial’, alméti ‘fluir sin cesar’, entre otras.
En este contexto es muy importante tener presente —aunque no siempre se tenga suficientemente en cuenta en la discusión— que estos nombres de masas de agua anteriores a la diferenciación de las lenguas no derivan de una palabra, sino de elementos radicales. Este método permite a menudo —y esto suele pasarse por alto— distinguir los nombres de masas de agua propios de una lengua (por ejemplo, de origen germánico o eslavo) de los anteriores a la diferenciación lingüística. Las bases de derivación proceden del inventario de raíces indoeuropeas y, en su mayoría, son denominaciones referidas al agua: «Desde el punto de vista semasiológico y etimológico, la capa de nombres primitiva y sin duda más antigua parte de los llamados “términos acuáticos”, es decir, de denominaciones de “agua (corriente)”, “manantial”, “arroyo”, “río” (o “fluir”), “curso (de agua)” (o “correr”), y similares, con innumerables matices de significado más o menos sutiles, de los que el ser humano primitivo disponía en abundancia gracias a su minuciosa observación de la naturaleza…» (Krahe 1964a: 34). Siguiendo a Krahe, estas bases apelativas se denominan «términos acuáticos».
Die Ergebnisse seiner Forschungen fasste er in fünf Punkten zusammen (Krahe 1964a: 32–33), die ich hier noch einmal skizziere: Die Gewässernamen der ältesten Schicht in weiten Teilen Europas sind indogermanischer Herkunft; in Südfrankreich und in den Mittelmeerländern haben sie allerdings ältere, wohl vorindogermanische Strata überlagert; an ihr sind vor allem westindogermanische Sprachen mit Einschluss des Baltischen beteiligt (weniger das Slavische); diese Hydronymie ist wohl in der ersten Hälfte des zweiten vorchristlichen Jahrtausends entstanden.
Diese Grundsätze sind von Krahes Schüler Schmid (2004: 118–133) einer strengen Kritik unterzogen worden. Die wichtigsten Punkte darin sind:
1. Numerosos nombres europeos de masas de agua solo pueden etimologizarse mediante apelativos indoeuropeos orientales, lo que significa que los nombres de masas de agua deben remontarse a una lengua indoeuropea común;
2. El báltico constituye un centro destacado de la hidronimia de la Antigua Europa;
3. Los resultados de la investigación de los nombres de masas de agua tienen consecuencias para la clasificación temprana de las lenguas indoeuropeas.
Investigaciones posteriores han podido demostrar que también el eslavo pertenece al conjunto de las lenguas «antiguoeuropeas» (Udolph 1990, 1996, 1997). Entre ellas se cuentan asimismo los vestigios preslavos de la bien estudiada zona de contacto eslavo-alemana entre el Elba y el Oder (Eichler 1981), sobre todo en las investigaciones del
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grupo de trabajo de Leipzig (Investigaciones germano-eslavas sobre onomástica e historia del poblamiento) y de los investigadores berlineses de nombres (Contribuciones berlinesas a la investigación de nombres; Libro de nombres de Brandeburgo).
Desde su formulación, la concepción de la «hidronimia de la Antigua Europa» ha sido objeto de críticas. Hasta ahora, estas han cuestionado, por ejemplo, la frecuente aparición de -a- en lugar de la esperada -o- («aquals a»); si en esta capa de nombres existen únicamente derivados o también compuestos; la delimitación respecto de las capas no indoeuropeas o preindoeuropeas del ámbito mediterráneo; la cuestión del centro y la periferia; y, por último, la acusación de que no se trata de una hidronimia indoeuropea. Ya he abordado estos puntos en otros lugares (Udolph 2003, 2010); hoy quiero centrarme en un nuevo ataque, que gira en torno a los complejos «planteamientos indoeuropeístas sobre los nombres de masas de agua», «teoría laringal» y «material apelativo de las lenguas indoeuropeas desde una perspectiva moderna». En concreto, se trata de la contribución de Bichlmeier (2009).
LA «RAÍZ DEL AGUA» *el-/*ol- EN CUESTIÓN
Bichlmeier (2009) kritisiert den heutigen Stand der Konzeption der Alteuropäischen Hydronymie als veraltet. Im Wesentlichen stützt er diese Kritik auf moderne Auffassungen der Indogermanistik, in der sich in weiten Kreisen die Auffassung durchgesetzt hat, dass in Rekonstruktionen der Wort-, Wurzel- und morphologischen Ansätze der „Grundsprache“ oder des „Urindogermanischen“ mit „Laryngalen“, im Allgemeinen verstanden als Laute, die den Konsonanten zugezählt werden, zu rechnen sei. Natürlich ist und bleibt diese Annahme nur eine Theorie, das muss hier einfach schon mal gesagt werden. Die Behauptung von Bichlmeier (2009: 15), der Ansatz von Laryngalen „sei über das Stadium einer ‘Theorie’ schon seit Jahrzehnten hinaus“, ist aus zweierlei Gründen unberechtigt: zum einen wird es immer eine Theorie bleiben, wie jeder Ansatz einer nicht belegten „re“konstruierten Form (angeblich) indogermanischer Provenienz (das gilt auch für r sonans und ähnliche Fälle, auch wenn jeder damit arbeitet) und zum andern etwa stört sich kein Naturwissenschaftler daran, wenn von der Relativitätstheorie gesprochen wird. Die Gefahr ist allerdings – und das wird auch in dem Beitrag von Bichlmeier deutlich –, dass die (angeblichen) Rekonstruktionen als bare Münze und als sichere Basis für die Beurteilung z.B. auch von strittigen Fragen genommen werden. Genau um diesen Punkt geht es jetzt im Folgenden.
Desde las investigaciones de Krahe, en amplios sectores de Europa se había estado de acuerdo en que había que contar con una raíz indoeuropea *el-/*ol-
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‘fluir’. Se basó esta hipótesis, por una parte, en el gran número de nombres de cursos de agua en amplias regiones de Europa que parecen presuponer esta raíz (ya los mencioné arriba; aquí, de nuevo, solo unos pocos: Ola, Alia, Alle < Alna, Elz < *Alantia, Aland, Alsa, Ol´sa, entre otros), y, por otra, se veía la base apelativa sobre todo en palabras bálticas relativas al agua, como aléti, etc. (también mencionadas arriba).
Gegen diese Auffassung wird jetzt von Bichlmeier (2009: 16–17) entschieden vorgegangen. Auf der Grundlage einer von Emile Benveniste aufgestellten Hypothese – ich betone, dass dieses Wort bei Bichlmeier fällt, womit klar ist, dass auch in diesem Fall mit unsicheren Annahmen gerechnet wird –, die besagt, dass man für die urindogermanische Minimalstruktur der Wurzel einen Ansatz *KVK- (= Konsonant + Vokal + Konsonant) annehmen sollte, wird somit gefordert, dass sämtliche Wurzelansätze mit einem Konsonanten beginnen müssen: „Das heißt nichts anderes, als dass sämtliche Wurzelansätze Pokornys, die mit einem Vokal anlauten, als überholt gelten müssen und nunmehr korrekterweise mit anlautendem Laryngal anzusetzen sind“ (Bichlmeier 2009: 16). Daraus folgt für die bisher weithin anerkannte indogermanische „Wasserwurzel“ *el-/*ol-: „Die immer wieder für die Etymologisierung von Gewässernamen herangezogene Wurzel *el-/*ol- (Pokorny, IEW 306–307) ist nach dem gerade Gesagten... nun als *Hel-/*Hol- anzusetzen, genauer wohl noch als *h₁elh₂- ‘wohin treiben’ (immer vorausgesetzt, dass es sich nicht bisweilen doch um keltische Wörter bzw. Wortstämme handelt, was aufgrund des keltischen p-Schwunds im Anlaut auch die Rückführung auf idg. *pelh₂- ‘sich nähern’ denkbar macht)“.
Aber die Kritik geht noch weiter: in einer Anmerkung heißt es (Bichlmeier 2009: 17): „Es sei aber an dieser unscheinbaren Stelle noch deutlich darauf hingewiesen, dass nicht einmal Pokorny a.a.O. dieser Wurzel die oft zu lesende... Bedeutung ‘fließen, strömen’ zugesteht! Offensichtlich findet sich diese Bedeutung im appellativischen Wortschatz gar nicht und wurde der Wurzel wohl erst im Rahmen der Forschungen zur alteuropäischen Hydronymie beigelegt“.
Son reproches que exigen una respuesta. Intentaré darla.
1. La propuesta de una raíz indoeuropea *h₁elh₂- dista mucho de ser segura. En la nota al pie, H. Bichlmeier oculta propuestas más convincentes: así, otros investigadores parten de *h₁el- ‘ir’ o también (Watkins) de *el₂-.
Además, es preferible una solución más convincente para los nombres de cursos de agua, con una propuesta sin laringal inicial, porque esta se ajusta a todos los nombres de ríos europeos. Aquí se plantea —y esto se repite— la cuestión de si se debe construir una propuesta de raíz indoeuropea sobre apelativos dudosos y escasamente atestiguados o, en cambio, sobre las dos o tres docenas de nombres europeos de cursos de agua.
No se debería complicar algo que es más sencillo de tratar.
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2. Las indicaciones de una posible propuesta céltica con *p- inicial originaria pueden pasarse por alto en la inmensa mayoría de los nombres de cursos de agua mencionados arriba. Al parecer, Bichlmeier pretende reducir la multitud de nombres de cursos de agua *el-/*ol- en cuestión —mantengo esta formulación—. El intento no es válido, porque solo una pequeña parte de los nombres aludidos se encuentra en territorio originalmente céltico.
3. En ciertas circunstancias, cabría esperar en nombres de cursos de agua una raíz *h1elh2- ‘hacia dónde llevar’, pero no es lo normal. Además, como el propio Bichlmeier subraya, esta propuesta indoeuropea se basa exclusivamente en material griego. Aunque hay «palabras relativas al agua» que solo están atestiguadas con certeza en esta lengua y, sin embargo, aparecen en nombres centroeuropeos, existe otra familia, mencionada desde siempre, que resulta mucho más pertinente; se trata de:
4. El lituano aléti ‘fluir, quedar inundado por el agua’, el letón aluõts ‘manantial’, aparentemente ampliado con –m– en el lituano alméti ‘fluir incesantemente’, aļmės, eļmės ‘materia que fluye del cuerpo, suero sanguíneo’, almaĩs ‘apresurado, impetuoso’; todos ellos se han tenido en cuenta desde los comienzos de la investigación científica de los nombres bálticos. Mencionaré únicamente los nombres de Kazimieras Būga, Jānis Endzelīns y Petras Jonikas (en: Beiträge zur Namenforschung 2, 1951: 14); Aleksandras Vanagas, Vilius Pėteraitis, Vytautas Mažiulis, Ivan Duridanov y Pranas Skardžius, sin enumerar la bibliografía en detalle, y concluiré la lista señalando obras más recientes de Maria Biolik y Grasilда Blažienė. La nueva obra Lietuvos Vietovardžių Žodynas (2008: 62) ofrece una gran cantidad de nombres lituanos que cabe relacionar aquí; compárense únicamente Alỹs, Alantà, Ālantas, Alejà, Aluonà, Aluõtė, Al-upė. Con una probabilidad prácticamente segura, estos nombres bálticos pertenecen a los apelativos bálticos mencionados.
5. Ante la cuestión de si, ampliando un poco más el enfoque, se debería relacionar, por ejemplo, el Aland, afluente del Elba, con las palabras bálticas relativas al agua y los nombres que existen allí, o bien con una base indoeuropea hipotética *h1elh2- ‘hacia dónde llevar’, habrá que pronunciarse claramente por una relación con el báltico, también debido a que el báltico y el germánico están estrechamente relacionados y a que existen llamativas coincidencias entre los nombres bálticos de cursos de agua y los hidrónimos de antiguos territorios germánicos.
6. La indoeuropeística omite —y también lo muestra el artículo de Bichlmeier— tener en cuenta los conocimientos acumulados hasta ahora por la investigación de los nombres de cursos de agua, los conocimientos sobre los primeros contactos y relaciones, así como las consecuencias que de ello se derivan para la clasificación temprana de las lenguas indoeuropeas. Los enfoques basados únicamente en la teoría de las laringales no pueden compensar esta omisión. Además, resulta muy revelador que, en el caso de un indoeuropeísta que —naturalmente
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… trabaja de manera «laringalista», dice lo siguiente sobre la problemática interpretación del nombre de la tribu de los tréveros: «En mi opinión, los problemas fonéticos pueden evitarse postulando una variante sin laringal *uer-, que puede haberse desprendido de antiguos compuestos, en los que la pérdida de laringales es frecuente» (RGA 31: 174). No se puede evitar la impresión de que se introducen laringales cuando conviene. La razón de esta incertidumbre es evidente: en última instancia, la teoría no puede verificarse y contiene grandes incertidumbres.
EL NOMBRE DEL Iller
En relación con *el- / *ol- también se ha explicado hasta ahora el nombre de la Iller. Snyder (1965: 183) sigue en su explicación a Krahe y parte de una forma básica *Elira con un sufijo -ira-. A partir de ahí comienza la crítica de Bichlmeier (2009: 26–28): «Iller: muchas preguntas, pocas respuestas claras». He aquí las líneas generales de su exposición:
– La H- inicial que aparece ocasionalmente en los testimonios, p. ej., en el siglo X Hilara, Hyler, puede ignorarse;
– En posición inicial hay que partir de una -i- breve;
– Habrá que postular el alto alemán antiguo /il(1)ara-/ o /il(1)era-/;
– Sin embargo, dado que la i- inicial habría tenido que bajar a e-, hay varios indicios a favor de una reconstrucción pregermánica *El-ir-a;
– Según Bichlmeier, esta reconstrucción presenta dos problemas: el sufijo -ira requiere explicación y, partiendo de *El-ir-a, «la geminada -ll- de los testimonios antiguos queda sin explicación»:
Los dos últimos problemas se examinan con más detalle; he aquí un pasaje sobre el sufijo: «Pues, si se repasan los sufijos conocidos, estos contienen o bien un *-i- o bien un *-r-, pero nunca ambos a la vez: lo más probable es que el *-i- proceda del formante comparativo, mientras que ante un sufijo que contiene r cabe esperar, con mayor probabilidad, una antigua vocal temática» (Bichlmeier 2009: 29).
La geminada se explica de la siguiente manera: «En germánico, una laringal después de una sonante provocaba su geminación (*VRHV > VRRV), al menos cuando la vocal precedente llevaba el acento (es decir, *VRHV > VRRV)».
Así pues, como la reconstrucción anterior no resulta convincente, propone una nueva solución, una explicación germánica: «De la raíz *h₁elh₂- ‘conducir hacia algún lugar’, continuada verbalmente en la indoeuropeística solo en griego y armenio (y posiblemente también en celta), un comparativo formado de manera típicamente germánica habría dado la forma indoeuropea *h₁élh₂-ios-/h₁elh₂-is-, con la ampliación secundaria femenina -ā- y el acento generalizado sobre la raíz (*h₁élh₂-is- + -ā-), y de ahí el germánico *ellizō- > alto alemán antiguo /illera/»
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Bichlmeier admite que también quedan problemas en estas consideraciones, pero ese no debe ser el punto decisivo de mi crítica a esta propuesta. Esta fracasa por varias razones decisivas:
1. Una supuesta geminada temprana -ll- no está presente en absoluto en el nombre de la Iller. La documentación del nombre del curso de agua y del topónimo o nombre de la comarca figura en Snyder (1965: 49–50); la presento en orden cronológico: 769 in pago hilargouiae, 773 in pago Ilergoue, pago Hilergoue, 804 Hillergaugensem, 832 in pago hilargoue, 833 in pago hilirgaoe, 851 in pago qui dicitur Ilargouue, 853 in pago qui dicitur Ilargouue, 972 hilargouuensi, 983 in hilaram, 1049 Ilara, Ilaris, Hilara, etc.; la geminada aparece vacilantemente a partir de 1155 Hillara, pero sobre todo solo después de formas como 1291 Ilr, Ilre, 1351 Ilr, y se vuelve más frecuente desde 1390 Iller.
2. Una consideración cuidadosa de la documentación histórica permite reconstruir la forma básica más probablemente como *Elira. De ella surgió, por influencia de la -i- sobre la E- inicial, regularmente el alto alemán medio *Ilere; por debilitamiento de la sílaba átona surgieron las formas documentadas Ilre, Ilr. La geminada surgió solo después. Las laringales no desempeñaron ningún papel.
3. El sufijo -ira, que Bichlmeier no acepta, está sin duda presente en los nombres. Así, ya Adolf Bach (1953: 189), al tratar los sufijos -r- en los nombres, señala: «El sufijo aparece en nuestros topónimos sobre todo en nombres de ríos femeninos y en épocas antiguas figura aquí como –ra, -ara, -ura, -ira, -era»:
También aparece en los nombres de cursos de agua Elber (cuenca del Kocher) < *Albira (Snyder 1965: 183), en el conocido Eger (véase, más recientemente, Pleintinger 2008: 34–36), en el Aire (departamento de Meuse, Francia), 782 Agira, con el afluente Agron, 785 Agira (Buchmüller – Haubrichs – Spang 1986/87: 77), y también —como sufijo secundario, quizá incluso comparable con el de la Iller— en el nombre del curso de agua Ager, cerca de Wels, antiguamente Agre, Agra (véase Altdeutsches Namenbuch 19991: 12: «La falta de diéresis primaria presupone originalmente *Agria o *Agara (sufijo debilitado), antiguo alto alemán/alto alemán medio temprano *Agira, que aún podía producir diéresis secundaria»).
Por tanto, el sufijo -ira está atestiguado en nombres de cursos de agua de Europa. El problema que Bichlmeier cree reconocer radica en que los nombres indoeuropeos de cursos de agua de Europa no siempre corresponden a lo que los indoeuropeístas pueden inferir del material apelativo de las lenguas individuales de Europa oriental y meridional. Esto conduce a la pregunta: ¿por qué las formas postuladas para los nombres de cursos de agua no siempre coinciden con las (re)construcciones? Aquí reside el punto decisivo que debería debatirse en adelante.
3. Otro punto inaceptable de las consideraciones de Bichlmeier consiste en hacer remontar la presunta forma básica del nombre *Iller a una forma postulada germánica *ellizō-, con una evolución posterior de *-z- > -r-. Algo así solo es posible en el ámbito protogermánico, es decir, en territorio de asentamiento protogermánico.
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Sea cual sea la postura que se adopte ante la cuestión de los asentamientos más antiguos de las tribus germánicas (he expuesto detalladamente mis ideas en otro lugar: Udolph 1994), la región geográfica de la Iller no pertenece con seguridad a ellos. También debe rechazarse la hipótesis de que se trate de una formación germánica de nombre de curso de agua con el sufijo -r-, habida cuenta de la distribución de este sufijo (Udolph 1994: 162–199, especialmente 169–199), que apenas rebasa hacia el sur las montañas medias alemanas (Udolph 1994: 191 – mapa 24).
En este contexto también señalé el sufijo -r- con alternancia de la vocal prefijal en topónimos y nombres de cursos de agua germánicos y pregermánicos. También mencioné la ausencia de una base derivativa germánica en los topónimos Atter, Diever, Eimer, Emmer, Iber, Gummer, Inger, Kelbra y otros similares, Lamme, Levern, Limmer, Lüdern, Mahner, Münder, Nebra, Netra, Ölber, Ölper, Rüper, Salder, Sitter, Sö h re (Udolph 1994: 197), y señalé que algunos de estos nombres deben contener sin duda un sufijo *-ira.
En resumen, sobre el nombre del curso de agua Iller: probablemente hay que partir de la forma postulada *Elira, que contiene una derivación de la raíz *el-/*ol- (el cambio aparentemente producido de *-o- > -a- forma parte del debate sobre la llamada «a ácuea» de la hidronimia de la Antigua Europa y será objeto de otro estudio mío); como sufijo se reconoce *-ira, que cuenta con paralelos seguros tanto en el panorama de nombres de cursos de agua preindividuales de Europa como en la región donde se produjo la progresiva separación del germánico a partir de un área dialectal indoeuropea.
Alster, Elster Y EL LATÍN alō, -ere ‘NUTRIR, CRIAR’
La «raíz del agua» *el-/*ol- y los nombres de cursos de agua derivados de ella también son objeto de críticas desde hace algún tiempo, aunque por otros motivos. Se trata de un grupo de nombres difundido en Alemania sobre todo gracias a los conocidos ríos Alster, cerca de Hamburgo, y (Weiße, Schwarze) Elster, en Sajonia y Brandeburgo.
Mientras Krahe, sus discípulos y otros investigadores abogan por ver en ellos una derivación de la raíz *el-/*ol- aquí discutida (compárese Krahe (1959: 9–11); Laur (1981: 116) (corrigiendo una opinión propia —Wolfgang Laur (1960: 344)—); Udolph (1989: 271–273); Udolph (1994: 221, 243–245); Walther (1971: 236)), investigadores nórdicos y otros estudiosos proponen otra etimología (Andersson 1972: 36–38 y passim; relación de los pasajes documentales en Strandberg (1986: 40); Greule (2006: 474)), próxima a una idea de Julius Pokorny (1959: 27). Pokorny había considerado una conexión entre-
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nombres de cursos de agua como Almos, Alme, Almo, entre otros, y el latín almus ‘nutritivo, benéfico’.
De manera muy similar, Thorsten Andersson y otros han buscado para Alster, Elster, etc., una conexión con una raíz relacionada con el latín alō, -ere ‘nutrir, criar’. En este caso, no sería pertinente su significado general ‘nutrir, alimentar, criar bien; alimentar, dar de comer (amamantar), avivar el fuego’, sino una acepción más específica, ampliamente atestiguada: ‘nutrir, alimentar un curso de agua, hacer que crezca’, como en frases del tipo monte decurrens velut amnis, imbres quem super notas aluere ripas (Horacio) o Padus aliis amnibus adeo augescit atque alitur, ut...(Mela). Concretamente, Andersson afirma (citado según Strandberg 1986: 40): «Dado que el significado ‘creciente, crecido, desbordado’ está bien fundamentado desde el punto de vista material en nombres nórdicos como Alma y Alster..., estos nombres deben relacionarse con *al- (alan) ‘crecer; hacer crecer, nutrir’».
Mit meiner Meinung nach guten Gründen hatte sich schon Krahe (1953: 113, Anm. 11) gegen diese These ausgesprochen. Wie ich an anderer Stelle bemerkt habe (Udolph 1989: 272), gibt es eine überzeugende Ablehnung dieser Auffassung von Laur (1981: 116), noch deutlicher Laur (1985: 479): „Der See- und Flußname Alster wird auch hier wie sonst in der schwedischen Namenforschung in der Bedeutung von ‘der Anschwellende’ aufgefasst. Wir fragen aber, ob das Verb alan im Germanischen überhaupt die intransitive Bedeutung von ‘wachsen’ gehabt hat, wie in den Wörterbüchern oft angegeben wird. In allen überlieferten und gebräuchlichen Sprachformen erscheint es in der transitiven von ‘ernähren, aufziehen’... [Es] scheint mir auch im Gotischen alan eher die transitive Bedeutung zu haben. Unser Wort setzt die intransitive von ‘wachsen’ voraus, ebenso aber auch lat. altus ‘hoch’ beziehungsweise ‘tief’ und mir. alt ‘Höhe’. Man wird daher vermuten müssen, dass diese Bedeutung bereits voreinzelsprachlich ist. Sie geht also über den Rahmen des Germanischen hinaus... [Es] fragt es sich daher, ob in den Gewässernamen doch nicht mit Krahe und Schmid die Wurzel *el-/*ol- als Gewässerbenennung im Rahmen der alteuropäischen Hydronymie (man vergleiche lett. aluōts ‘Quelle’ aus *alantas) der anderen Deutung vorzuziehen ist, zumal sie eine weit größere Verbreitung hat“.
Laurs Vermutungen werden jetzt durch einen Eintrag im LIV (2001: 262) bestätigt. Dort finden sich unter dem Lemma *h₂el-1 ‘nähren, aufziehen’ die folgenden relativ sicheren einzelsprachlichen Entsprechungen: lat. alō, -ere ‘nähren, aufziehen’, altir. -ail ‘nährt, zieht auf’, got. (⁺) alands ‘aufwachsend’, anord. ala ‘aufziehen, gebären’, got. *aljan ‘mästen’. Auch beim besten Willen vermag ich nicht zu verstehen, wie daraus eine für Gewässernamen notwendige Bedeutungsnuance „anschwellen, überschwemmen“ entwickelt worden sein soll – und das schon sehr früh.
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Allenfalls wird man dem Vorschlag von Peter Anreiter (1997: 105–106.; 2009: 23–24) folgen können, den Ortsnamen Laliders im Karwendelgebiet vor allem wegen altirisch altram ‘Nahrung’ zu der Sippe um lat. alere, etwa im Sinn von ‘fruchtbares, nahrungsreiches Gebiet’ zu stellen. Von hier zu einer Grundbedeutung für Gewässernamen ist es aber ein weiter, entschieden zu weiter Weg.
Otro aspecto que no ha desempeñado ningún papel ni en Bichlmeier ni entre los defensores de la teoría de «nutrir», pero que es de importancia fundamental para evaluar Alster y Elster, es la existencia del hidrónimo Ulster en el Rhön, afluente del Werra.
EL Ulster
Resulta notable que hoy el Ulster, con sus casi 60 km de longitud, considerado el río más importante y central del interior del Rhön, apenas desempeñe papel alguno en la discusión sobre Alster y Elster. Sin embargo, Krahe (1959: 11) ya había señalado que Ulster tiene la misma estructura que Alster y Elster.
Die älteren Belege stehen bei Sperber (1966: 108): 819 Ulstra, 836 in Ulstra(m), (vor 915) in Ulstram usw. Krahe (1959: 11) sieht in ihr – ohne es expressis verbis zu sagen – eine schwundstufige Bildung zu *Alestra/*Alistra ‘Alster, Elster’ mit regelmäßiger germanischer Weiterentwicklung eines ursprünglichen -l-sonans zu Ul-. Dem entspricht der Name der Fulda, gleichgültig, wie man diesen Gewässernamen auch sonst noch analysieren möchte. Die Auffassung als Schwundstufe zu idg. *el-/*ol-, unter Umständen auch zu *u̯el- ‘drehen, winden, wälzen’, haben Hans Walther (1971: 236) und Udolph (1994: 255) übernommen.
Si Ulster pertenece al mismo grupo que Alster y Elster, encontramos un argumento más a favor de postular una base indoeuropea *el-/*ol-, complementada por *l̥-, con el sentido de ‘fluir, correr’ (basado en el grupo de palabras abundantemente atestiguado en las lenguas bálticas). No deja de ser significativo que quizá exista una formación paralela —grado cero + -str-— en Unstrut, situada a unos 100 km de distancia (tratado detalladamente en Udolph 2010b: 24–26).
De ello se desprenden, sin embargo, nuevas y graves objeciones a la conexión de Alster y Elster con el latín alere ‘nutrir’ y, por tanto, con apelativos relacionados.
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Hidrónimos de la Antigua Europa
Iller, Alster, Elster y el verbo lituano aléti
RESUMEN
El artículo está dedicado a la memoria del maestro del autor, el profesor Wolfgang P. Schmid. La primera parte (teórica) aborda brevemente la metodología para identificar y analizar los hidrónimos de la Antigua Europa, basada en los resultados de las investigaciones fundamentales de Roberto Ferguson, Jan Rozwadowski, Hans Krahe y Schmid, e identifica los principales problemas de esta rama de la onomástica y las críticas que ha recibido.
En la segunda parte del artículo se analiza la raíz indoeuropea *el–/*ol– ‘fluir (referido al agua)’, que presupone una connotación semántica hidronímica, y sus posibles derivados. Se evalúa críticamente el estudio de Harald Bichlmeier «Bairisch-österreichische Orts- und Gewässernamen aus indogermanistischer Sicht», publicado en 2009 (Blätter für oberdeutsche Namenforschung, pp. 3–63), en el que se rechaza la posibilidad de que esta raíz tenga un origen no indoeuropeo, se reconstruye una forma protoindoeuropea con laringal y se presentan explicaciones etimológicas completamente nuevas para sus derivados.
A partir del carácter casuístico de los argumentos presentados por Bichlmeier, se rechaza la posibilidad de reconstruir el indoeuropeo *Hel- / *Hol-, respectivamente *h₁elh₂-, ‘(hacer) salir, moverse’, y se respalda la derivación tradicional de los hidrónimos Ola, Alia, Alle, Elz, Aland, Alsa del indoeuropeo *el–/*ol– ‘fluir (referido al agua)’, con el que suele relacionarse el verbo lituano aléti ‘fluir, llenarse de agua’.
Al tratar el origen del hidrónimo Iller, se cuestiona la afirmación de Bichlmeier de que reconstruir el sufijo *-ira- carece de fundamento por no existir tal formante derivativo, ya que varios hidrónimos germánicos reflejan ese formante; además, la forma del hidrónimo con la consonante geminada -ll- se fecha en el siglo XII, o bien se reconstruye la forma originaria *Elira (sin el cambio *-z- > -r- supuesto por Bichlmeier, conforme a la ley de Verner). Se conjetura que este hidrónimo puede asignarse al léxico de la Antigua Europa. A este grupo de palabras podrían pertenecer también los hidrónimos alemanes Alster, Elster, relacionados con el verbo latino alō, -ere ‘alimentar, criar’.
El nombre del río Ulster (y sus variantes) también se relaciona con el indoeuropeo *el–/*ol–, ‘ídem’.
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A partir del análisis factual y lingüístico realizado de los hidrónimos, se llega a las siguientes conclusiones:
1) está justificada la reconstrucción de la protoraíz indoeuropea no laríngea *el-/*ol- «fluir (dicho del agua)»;
2) los hidrónimos Iller, Alster, Elster derivan del indoeuropeo *el-/*ol- «íd.»;
3) el territorio habitado por los bálticos es rico en hidrónimos de la Antigua Europa, por lo que el análisis de sus nombres de agua reviste una importancia especial;
4) los partidarios de la teoría laríngea no deberían ignorar la posibilidad de que exista un sustrato léxico de la Antigua Europa;
5) las investigaciones de Wolfgang P. Schmid sobre los hidrónimos bálticos y los de otros pueblos indoeuropeos siguen teniendo una importancia decisiva para el análisis de los onimos indoeuropeos.
Recibido el 12 de diciembre de 2010.
JŪRGEN UDOLPH
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