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Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur „Alteuropäischen Hydronymie“ – eine Erwiderung auf eine Polemik

Harald Bichlmeier

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HARALD BICH LMEIER Sächsische Akademie der Wissenschaften zu Leipzig Martin-Luther-Universität Halle-Wittenberg Áreas de investigación: indoeuropeística, onomástica (nombres de lugares y de cursos de agua), iranística antigua (sintaxis). SOBRE EL NIVEL LINGÜÍSTICO DE LAS INVESTIGACIONES SOBRE LA HIDRONIMIA DE LA ANTIGUA EUROPA: UNA RESPUESTA A UNA POLÉMICA Sobre el nivel científico de los estudios de la hidronimia de la Antigua Europa: respuesta a una polémica La etimología es una ciencia y está sujeta a los mismos criterios de evaluación que las demás ciencias. Puede practicarse de manera ingenua, es decir, teniendo en cuenta poco o nada el estado de los conocimientos pertinentes alcanzado hasta el momento, o de manera fundamentada; toda consideración de los conocimientos pertinentes contribuye a fundamentarla, de modo que la ingenuidad o la fundamentación se configuran como criterios graduales de evaluación.1 NOTA Esta contribución es una respuesta a un artículo publicado en esta revista, redactado en un tono relativamente polémico y que, en última instancia, argumenta de manera acientífica. Señala las innegables y considerables lagunas de conocimiento de aquel autor en el ámbito de la lingüística histórico-comparativa en general y de la indoeuropeística en particular, y concluye que, en los trabajos de dicho autor en estos campos, mediante la aplicación 1 Vennemann 1999: 275; Fettdruck im Original. PALABRAS CLAVE: hidronimia de la Antigua Europa, indoeuropeística, onomástica, formación de palabras, ablaut protoindoeuropeo, reconstrucción, laringales. PALABRAS CLAVE: hidronimia de la Antigua Europa, lingüística indoeuropea, onomástica, formación de palabras, ablaut protoindoeuropeo, reconstrucción, laringales. Straipsniai / Articles 9 HARALD BICH LMEIER los resultados obtenidos en parte mediante concepciones y métodos lingüísticos obsoletos desde hace décadas necesitan, en última instancia, una nueva revisión en todos los casos con métodos lingüísticos actuales. Solo después de esta revisión podrá juzgarse cuánto de esos trabajos y de sus resultados conservará su validez. ANOTACIÓN Este artículo responde a otro artículo de esta revista, redactado en un tono bastante polémico y con argumentos poco científicos. En él se mostrarán las deficiencias de conocimiento que revela el autor del otro artículo en lo que respecta a la lingüística histórico-comparativa en general y, especialmente, a la lingüística indoeuropea. Como conclusión, debe afirmarse que todos los resultados alcanzados por el otro autor mediante métodos de investigación obsoletos desde hace décadas en estos campos deberán reevaluarse aplicándoles, por fin, la lingüística indoeuropea moderna. Solo una vez realizada esta tarea se podrá determinar cuáles de los trabajos y resultados de este autor podrán seguir utilizándose con confianza. 1. OBSERVACIONES PRELIMINARES A diferencia de Jürgen Udolph, lamentablemente no puedo recordar con exactitud la fecha en que me inicié en la onomástica y en el estudio de los nombres de cursos de agua. En cualquier caso, estuvo relacionado con la reseña de un volumen colectivo de onomástica2, que acepté en 2005 o 2006 por mediación de Wolfgang Haubrichs.3 Probablemente también fue en 2006 cuando conocí a Udolph, a quien debí de encontrar por primera vez en el coloquio Interferenz-Onomastik. Namen in Grenz- und Begegnungsräumen in Geschichte und Gegenwart. Saarbrücker Kolloquium des Arbeitskreises für Namenforschung, celebrado en Saarbrücken del 5 al 7 de octubre de 2006. En aquel coloquio, por primera vez me pidió personalmente (y reiteró esta petición tanto varias veces ante mí en diversos coloquios como dirigiéndose a los indoeuropeístas en su conjunto —por ejemplo, en su ponencia presentada en la reunión de trabajo de la Sociedad Indoeuropea Die Ausbreitung des Indogermanischen. Thesen aus Sprachwissenschaft, Archäologie und Genetik, Würzburg, del 24 al 26 de septiembre de 2009—) que desde el ámbito de la indoeuropeística se volviera por fin a estudiar la hidronimia paleoeuropea. Me tomé muy en serio esta petición de Udolph y así descubrí para mí un nuevo campo de trabajo en el que, como ya se vio en la reseña mencionada, quedaba bastante por hacer. 2 Greule, Janka, Prinz 2005. 3 Véase Bichlmeier 2007. 10 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik Habida cuenta de que hice precisamente lo que Udolph me pedía (o, más bien, lo que pedía a los indoeuropeístas en general), resulta bastante incomprensible su crítica, formulada en tono bastante polémico en una contribución de esta revista4, a algunas de mis exposiciones anteriores. Pues, si alguien aborda con el nivel de conocimientos de 2010 un material que hasta entonces Udolph y otros aparentemente solo habían estudiado con la metodología de los años anteriores a 1970 o de la época anterior a la Segunda Guerra Mundial, ¿qué otra cosa cabía esperar salvo concluir que los métodos de investigación de la hidronimia paleoeuropea necesitan una revisión fundamental y que, por consiguiente, también deben revisarse los resultados originales (al menos en parte)? En este contexto, también resulta revelador que el mismo artículo que llevó a Udolph a polemizar haya suscitado una reacción prácticamente opuesta en colegas receptivos al progreso científico: Albrecht Greule (2011: 125)5 destaca que, a la luz de lo expuesto en aquella contribución, tampoco en los trabajos de onomástica debería prescindirse del uso de las convenciones de notación indoeuropeístas para representar las raíces protoindoeuropeas.6 Aquí se vislumbra un cambio de paradigma largamente esperado. Pero quizá la petición de Udolph fuera solo retórica y, en realidad, quisiera seguir publicando él solo sobre estos nombres de cursos de agua, sin competencia alguna; quién sabe. En todo caso, las acusaciones formuladas por Udolph en la obra citada y el escaso conocimiento que allí volvió a manifestar de la investigación histórico-lingüística en general y de la investigación indoeuropeísta del último medio siglo en particular exigen hacer balance y ofrecer una respuesta detallada.7 4 Véase Udolph 2011. 5 Sin embargo, sigue siendo incomprensible la afirmación hecha allí de que la teoría de las laringales «no es de fácil acceso»: actualmente existen alrededor de una docena de introducciones en alemán e inglés a la indoeuropeística o a la teoría de las laringales que tratan este tema. Además, se enseña en varias cátedras del ámbito germanohablante; por regla general, la teoría de las laringales debería formar parte del temario del segundo o, a más tardar, del tercer semestre. A mi juicio, tampoco es mucho más compleja que la ley de Verner (simplemente hay muchos más ejemplos en un número considerablemente mayor de lenguas en las que resulta pertinente), y ya en 1992 formaba parte, como algo natural, de mi examen intermedio. 6 Ebenso urteilen Nübling, Fahlbusch, Heuser (2012: 224f. mit Anm. 215) unter Verweis auf Bichlmeier (2011a: 180f.). Leider bleibt die Darstellung aber abgesehen von diesem Hinweis hier ebenso auf dem veralteten Stand wie hinsichtlich der Namen theorie, die kaum über den Stand der 1960er Jahre hinausreicht. 7 Agradezco a la editora, Grasil da Blažienė, la invitación a redactar esta réplica y la disposición a publicarla en esta revista. Straipsniai / Articles 11 HARALD BICH LMEIER 2. INDOEUROPEÍSTICA Y NOMBRES DE AGUAS DE LA ANTIGUA EUROPA Dentro de la indoeuropeística, la tradición de los estudios de nombres de la antigua Europa se ha interrumpido en gran medida.8 El último investigador germanófono que puede calificarse de indoeuropeísta y que se ha ocupado a fondo de este material fue Wolfgang P. Schmid (1929–2010), el maestro de Udolph, fallecido hace poco. El hecho de que, aparte de él, apenas ningún indoeuropeísta de renombre se haya ocupado de estos nombres de aguas en las últimas dos o tres décadas está relacionado con dos factores: «En primer lugar, se trata de un material transmitido de forma muy fragmentaria que, si bien está claramente localizado en cuanto al lugar de origen —la mayoría de las masas de agua, incluidos los ríos, siguen encontrándose hoy donde ya estaban hace 2000, 3000 o 4000 años—, por lo que respecta a la antigüedad real de este material lingüístico seguimos dependiendo, en última instancia, de especulaciones. Por lo general, solo se puede decir que ciertos nombres de ríos son pregermánicos, preceltas o prebalto, etc.; nada más. Sin embargo, dado que en muchos casos y en numerosas regiones todavía no se ha aclarado de manera concluyente, debido a la disparidad entre los métodos de investigación y de datación de la lingüística y la arqueología, cuándo llegaron exactamente, por ejemplo, hablantes de celta o germánico a un río determinado, sigue sin estar claro cuándo terminó realmente el período pregermánico, precelta, etc.; es decir, para qué momento cabe suponer que un nombre precelta o pregermánico se integró en el celta, el germánico, etc. Y lo adelanto desde ya: tampoco tengo respuesta a esto y tampoco creo que se encuentre una en un futuro próximo». Por eso, la mayoría de los indoeuropeístas prefiere trabajar con materiales de lenguas de las que también se conservan textos (actualmente están especialmente de moda las lenguas anatolias y tocarias en vogue), de cuyos hablantes se puede decir algo y que además se pueden datar. Solo con materiales de este tipo se pueden realizar investigaciones sobre la evolución histórica de una lengua y —algo que también ocupa un lugar destacado actualmente en la indoeuropeística— sobre la sintaxis. Y hay que añadir otro problema, si somos sinceros: en el material lingüístico atestiguado en la hidronimia de la antigua Europa a menudo nos encontramos con 8 Esto lo demuestra una revisión somera de las revistas especializadas pertinentes en indoeuropeística (Historische Sprachforschung, Indogermanische Forschungen, International Journal of Diachronic Linguistics, Journal of Indo-European Studies, Kratylos, Münchener Studien zur Sprachwissenschaft), así como de las actas de las jornadas de trabajo y congresos especializados de la Sociedad Indoeuropea de aproximadamente los últimos 15 años: salvo algunos trabajos aislados de Wolfgang P. Schmid y Jurgen Udolph, prácticamente no se encuentra nada sobre este tema. Además, los trabajos de los autores mencionados y los de Krahe solo son objeto de recepción por parte de otros autores en casos aislados. 12 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik palabras o nombres muy breves. Dado que falta cualquier otro material lingüístico (especialmente formas flexionadas de palabras), hay que admitir, en última instancia —y lo digo como indoeuropeísta convencido—, que en el caso de muchos nombres sencillos de ríos, como Sala (> Saale), Sara (> Saar), Savus (→ Save), etc., en realidad ni siquiera se puede demostrar strictu sensu que sean de origen indoeuropeo. Su estructura es demasiado sencilla. Al mismo tiempo, desde que comenzaron a estudiarse, la mayoría de los investigadores los ha considerado indoeuropeos y, en consecuencia, ha propuesto etimologías indoeuropeas para ellos. Pero si se da por sentado aquello que precisamente se pretende o debería demostrarse, se incurre en una falacia circular clásica. En realidad, habría que proceder con mucha más cautela y rigor que en las últimas décadas, y formular en subjuntivo muchas de las afirmaciones realizadas. La segunda razón del declive del interés de la indoeuropeística por este material es que los investigadores mencionados9 han practicado y practican en sus trabajos sobre la «antigua Europa» una forma de indoeuropeística que lleva varias décadas obsoleta dentro de la propia disciplina y que, por tanto, desde su perspectiva debe considerarse superada (probablemente compartirán esta opinión alrededor del 80–90% de los indoeuropeístas en general y al menos el 99% de los indoeuropeístas menores de cincuenta años, incluido yo). Esto significa, a su vez, que el material de la antigua Europa, tal como se viene presentando sin cambios desde la época de Krahe (es decir, desde hace más de cinco décadas), difícilmente podrá despertar interés alguno entre los indoeuropeístas más jóvenes, que serían precisamente quienes más podrían aportar un nuevo impulso a este campo: su enfoque anticuado carece por completo de atractivo. Esto no resta valor, de entrada, a los resultados de investigación de los estudiosos mencionados y de sus colegas que trabajan de manera similar. Sin duda, en su momento realizaron una labor de gran envergadura, pero la ciencia sigue avanzando, y esto vale especialmente para la indoeuropeística de las últimas décadas. Si ahora los estudios de la antigua Europa quieren volver a resultar interesantes para la indoeuropeística —o, más concretamente, para los indoeuropeístas— y ser tenidos en cuenta por ella, deben tratar de satisfacer los requisitos que la indoeuropeística exige hoy en día a las etimologías en cuanto a fonética histórica y formación de palabras. Dicho de forma gráfica: claro que aún se pueden calentar las viviendas con estufas de leña y alumbrarlas con lámparas de queroseno, pero ¿hay que seguir haciéndolo sin necesidad (o por una afición desmedida al romanticismo), ahora que existen la calefacción central y las bombillas?»10 9 Además de Udolph y Schmid, cabe mencionar también al descubridor de la hidronimia de la antigua Europa y maestro de Schmid, Hans Krahe (1898–1965). 10 Bichlmeier 2012b: 14f. – Dieses längere als solches auch gekennzeichnete Selbstzitat sei mir an dieser Stelle in einer Erwiderung auf Udolph, den Meister des nicht gekennzeichneten Selbstzitats (vgl. Bichlmeier 2011d: 109f.; 2012a: 278) erlaubt. Straipsniai / Articles 13 HARALD BICH LMEIER 3. OBSERVACIONES SOBRE PASAJES SELECCIONADOS DE LA CRÍTICA O, MÁS BIEN, LA POLÉMICA DE UDOLPH11 Ya en las palabras introductorias de su crítica, Udolph comienza presentando los hechos de manera incorrecta: el artículo cuestionado (Bichlmeier 2010a) no critica «el estado actual de la concepción de la Hidronimia Alteuropea por estar anticuada», sino, ante todo, la manera en que se practica la etimología en el marco de las investigaciones sobre la Hidronimia Alteuropea. 3.1. Sobre la teoría laringal y cuestiones relacionadas Para abordar de inmediato un fenómeno que Udolph suele minimizar, empezaremos por un tema del ámbito de la fonología, concretamente la clase de fonemas de las laringales.12 Que la reconstrucción de las laringales como fonemas consonánticos sea interpretada habitualmente como un abracadabra o algo parecido por quienes no son especialistas —y Udolph debe ser considerado uno de ellos— se debe, ante todo, a los escasos conocimientos de esos no especialistas en el campo de la indoeuropeística y a su falta de disposición a familiarizarse debidamente con el material —que, hay que admitirlo, es naturalmente algo más extenso y complejo que el de una filología particular o similar— y con la metodología de la indoeuropeística 11 Agradezco a mi colega Sergio Neri algunas observaciones y adiciones a este y a los apartados siguientes. 12 El sistema fonémico protoindoeuropeo tenía, según todo lo que puede afirmarse tras 200 años de historia de la investigación, la siguiente configuración: Oclusiva sorda (T) | Oclusiva sonora (D) | Oclusiva sonora aspirada (Dh) | Fricativa (N) | Nasal labial: p | b | bʰ | – | m [m, m̥] dental: t | d | dʰ | s [s, z] | n [n, n̥] palatal: ḱ | ǵ | ǵʰ | h₁ | – tektal { velar: k | g | gʰ | h₂ | – labiovelar: kʷ | gʷ | gʷʰ | h₃ | – Líquidas (R): r [r, r̥] | l [l, l̥] Vocales (V): i [i, i̥] | u [u, u̥] (quizá también [ī, ū] en monosílabos) e | ē o | ō a | (ā) La clase de sonidos de las laringales también forma parte integral de este sistema fonémico; quizá fueran las fricativas de las tres series tektales, del mismo modo que /s/ era la fricativa de la serie dental. 14 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik incorporar. Al mismo tiempo, sin embargo, parece que los especialistas ajenos al campo siguen creyendo que pueden emitir juicios sobre una disciplina y sus métodos (en este caso, la indogermanística), que no conocen bien.13 En principio, las laringales solo se reconstruyen (o deberían reconstruirse) allí donde son necesarias, a partir de la evidencia de la comparación lingüística, para explicar el material lingüístico atestiguado y la interrelación de testimonios procedentes de distintas ramas lingüísticas.14 Partiendo de estos resultados seguros, naturalmente también se establecen generalizaciones. Estas pueden excederse inicialmente de la medida adecuada, pero, por lo general, tarde o temprano el debate interno de la disciplina las vuelve a encauzar. Que especialistas ajenos al campo como Udolph (2011: 168) «no puedan evitar la impresión de que se recurre a las laringales cuando conviene» vuelve a mostrar claramente su renuencia a aceptar incluso resultados de investigación establecidos desde hace años. En cualquier caso, cabe decir de esta clase de fonemas que es parte integrante del sistema fonológico y morfológico del protoindoeuropeo e indispensable para comprenderlo. Hay, sencillamente, toda una serie de fenómenos en las antiguas lenguas indoeuropeas que solo pueden explicarse suponiendo la existencia pasada de esta clase inequívocamente consonántica de fonemas. Entre ellos figura, por ejemplo, el fonema también consonántico /h/ <h-, -ḫ-, -ḫh-> del hitita o, en general, del anatolio, que no podría derivarse de la *ə vocálica(!) que, según una opinión obsoleta, se postulaba a menudo;15 un caso algo más controvertido es la cuestión de si la h- inicial del armenio puede ser también reflejo de laringales protoindoeuropeas; la aparición de los patrones tonales (con acento agudo frente a circunflejo) en báltico16 y eslavo no puede explicarse de manera coherente sin postular laringales; la 13 Aproximadamente el mismo fenómeno, aunque en una forma más extrema, se observa en cuestiones de escritura y lengua estándar, reformas ortográficas, etc.: prácticamente todo el mundo cree poder expresarse con competencia al respecto. 14 Vgl. zu diesem Problem nun ausführlich Alfieri 2011. 15 Si, como Udolph mencionó una vez en una conversación personal, su maestro Erich Neu realmente hubiera opinado que no se podía decir si el /h/ hitita era prueba de las laringales protoindoeuropeas, puesto que el /h/ aparecía unas veces y otras no, ello solo demuestra que E. Neu tampoco se contaba precisamente entre los lingüistas progresistas de su época, pues las reglas fundamentales de la continuación de las laringales en hitita se conocían, a más tardar, desde las décadas de 1920 o 1930. Y, al menos en años posteriores, E. Neu reconoció en todo caso que el /h/ hitita es precisamente la continuación de una laringal (comunicación personal de Elisabeth Rieken, 23.3.2012). 16 Cf., por ejemplo, Derksen 1996 passim; Smoczyński 2006 passim. Straipsniai / Articles 15 HARALD BICHLMEIER Las vocales protéticas del griego y su triple distinción también pueden explicarse de la manera más sencilla como surgidas de vocales anaptícticas de distinto timbre junto a laringales originales; algo similar ocurre en esa misma lengua con la triple serie de reflejos en formas de grado cero de la estructura *(-)KHK(-) (obsoleta: *(-)KəK(-)); además, varios fenómenos de los verbos con infijo nasal en indoiranio, etc., resultan inexplicables sin postular estos fonemas consonánticos. Para todos estos fenómenos, véanse, entre otras obras, todas las introducciones a la indogermanística publicadas en las dos últimas décadas, así como innumerables trabajos más.17 En otras palabras: quien quiera reconstruir el protoindoeuropeo a partir de las antiguas lenguas indoeuropeas debe postular también las laringales para esa etapa lingüística. No se puede prescindir de ellas. Folglich bleibt auch der Seitenhieb (vgl. Udolph 2011: 168) auf die im Reallexikon der Germanischen Altertumskunde (vgl. Zimmer 2006) gebotene keltische Etymologie zum Volksnamen der Treverer18 letztlich irrelevant: Udolph ignoriert hier ebenfalls schlicht wieder die vergleichende Evidenz der altindogermanischen Sprachen und die sich daraus ergebende Notwendigkeit des Ansatzes einer laryngalhaltigen Wurzel bzw. eines Stamms uridg. *ueh1-r-, *uh1-r- n. ‘Wasser’.19 Der von Zimmer a.a.O. angenommene Laryngalschwund in der Komposition, gegen den Udolph hier (wie so oft in seinen Arbeiten ohne jegliches Argument) polemisiert, ist eine in der Indogermanistik gut bekannte und allgemein anerkannte 17 Compárese con la buena docena de introducciones a la indogermanística, a la teoría de las laringales o a diversas lenguas individuales que han aparecido en las dos últimas décadas (en orden alfabético): Clackson 2007, Fortson 2004, 2009, Kapović 2008, Lindeman 1997, LIV, LIV², Mallory/Adams 2006, Matasović 1992, 2010, Mayrhofer 2005, Meier-Brügger 2000, 2002, 2010, Meiser 1998, Müller 2007, NIL, Ringe 2005, Rix 1992, Smoczyński 2006, etc. Entre las obras anteriores, cabe citar como las más importantes, entre otras: Rix 1976, Collinge 1985, Mayrhofer 1981, 1986. La última introducción a la indogermanística prácticamente libre de laringales es Szemerényi 1990. Además, hay que mencionar aquí casi todos los diccionarios etimológicos de las últimas tres décadas largas (que, como es sabido, Udolph tampoco suele tener en cuenta en sus trabajos): EDG, EDHIL, EDL, EDPC, EDPC Add., EDSIL, ESJS, EWAhd, EWAia, EwN, SEJL, entre otros. En cambio, LEV y EWD, EWdS²⁴, EWdS²⁵ se mantienen en el nivel científico del IEW, lo que conduce a la lamentable situación de que EWAhd, todavía incompleto y cuya finalización tardará años, siga siendo el único diccionario etimológico del alemán pertinente desde el punto de vista de la indogermanística. Un diccionario etimológico completo y fiable del alemán moderno, actualizado según el estado de la lingüística histórico-comparativa (al igual que uno del alto alemán medio), sigue siendo una obra pendiente. 18 Para un análisis más detallado de esta etimología, así como de otras propuestas para derivar este etnónimo, cf. Sitzmann, Gründzweig 2008: 280–282. No se puede encomiar lo suficiente a los dos autores por el uso correcto que hacen de los resultados de la investigación indogermanística; deberían servir de modelo a otros especialistas que no son indogermanistas. 19 Cf. NIL 715–717, con abundante bibliografía adicional. 16 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik Fenómeno. Aquí cabría comparar, por ejemplo, el indoeuropeo *neḱo-ônḫ₁-o-> *neḱo-ôn-o- > gr. νεογνός «recién nacido» en lugar del †νεογανός que cabría esperar en otros casos (según algunos investigadores, posiblemente también †νεογώς), o formas similares. Esta palabra griega ha dado nombre a todo el tipo.20 El problema de la etimología del nombre étnico *tre-uer- «quienes atraviesan el agua / el río», o algo similar, radica en realidad en un lugar completamente distinto: hasta ahora no ha sido posible encontrar una etimología inequívoca y generalmente aceptada para el protocelta *trē «a través de, al otro lado».21 Todo lo demás no constituye ningún problema desde el punto de vista de la lingüística indoeuropea. Insofern ist in diesem Zusammenhang auch der Vorwurf Udolphs (2011: 165), Indogermanisten würden die Rekonstrukte für „bare Münze“ nehmen, unzutreffend: Jedem Indogermanisten ist bewusst, dass er hier mit Rekonstrukten arbeitet: Gleichzeitig dürfen sich Indogermanisten aber auch sicher sein, dass sie hiermit eben über das im Vergleich zu den veralteten Konzeptionen, mit denen Udolph et al. arbeiten, bessere Erklärungssystem verfügen. Si Udolph lograra en todos estos casos mencionados anteriormente ofrecer una explicación razonable y coherente que, como permite el enfoque de las laringales, abarcara todos esos casos y no quedara enredada en minucias casuísticas de analogías distintas según cada caso particular, me alegraría que la diera a conocer a la comunidad académica. Esto suscitaría sin duda un debate más amplio y podría incluso, si realmente se tratara de una propuesta respaldada por argumentos sólidos, conducir a un cambio de perspectiva en la indoeuropeística. Sin embargo, tras revisar numerosos trabajos suyos, habrá que pensar más bien que de él solo cabe esperar que siga recurriendo a los patrones explicativos ya mencionados, superados desde hace décadas. Por consiguiente, se haría un gran servicio a sí mismo y a la ciencia si se abstuviera de hacer tales declaraciones sobre este ámbito temático. La hipótesis formulada ya en la década de 1930 por Émile Benveniste, según la cual la estructura mínima de, al menos, las raíces nominales y verbales del protoindoeuropeo era KVK-, está estrechamente relacionada con la necesidad fundamental, expuesta justo antes, de reconstruir la clase fonémica de las laringales. Dado que en posición inicial ante vocal las laringales, salvo en los casos mencionados anteriormente, en hetita 20Actualmente son ya bastante numerosas las formaciones reconocidas como compuestos opacos cuyo segundo miembro es *-dʰh₁-o- *-dʰo-, de la raíz indoeuropea *dʰeh₁- ‘poner, colocar, depositar’; para este tipo de composición, véase una exposición más detallada y referencias a bibliografía pertinente en Bichlmeier (2011d: 120–123), así como Hackstein 2002, obra fundamental sobre todo el conjunto de cuestiones.> 21Véase EDPC 388, con discusión y bibliografía adicional. Straipsniai / Articles 17 HARALD BICHLMEIER respectivamente anatolio y, en su caso, armenio desaparecen —aquí resultan precisamente concluyentes los casos en que el hitita/anatolio muestra un continuador de una laríngea, mientras que las otras lenguas presentan inicio vocálico de la palabra—, nada se opone a la suposición fundamental de que, cuando falta un etimón correspondiente en hitita o en los casos para los que —como, por ejemplo, en el caso del indoeuropeo *#h₁V-, etc.— hay que postular la desaparición de la laríngea en hitita/anatolio, aun así pueda postularse una laríngea inicial en estos casos. Deben considerarse fracasados todos los intentos de demostrar que las palabras o raíces con inicio vocálico en las distintas lenguas debieron tener ya en el indoeuropeo común un inicio vocálico (y precisamente no una laríngea). También en este caso, postular laríngeas radicales prevocálicas es la hipótesis más económica y probable. Por tanto, sigue siendo perfectamente legítimo trabajar con la hipótesis de Benveniste sobre la estructura de la raíz indoeuropea común, mientras no se demuestre lo contrario. Si se aceptan razonablemente los resultados de la investigación de la indogermanística de los últimos algo más de cien años expuestos anteriormente, queda claro que, desde la perspectiva actual de la indogermanística, un análisis de raíz «*el-/ol-», con el que, por ejemplo, Udolph y otros siguen trabajando (véase más abajo para más detalles), ya no puede corresponder al estado actual de la ciencia y, por consiguiente, debería abandonarse por fin. 3.2. Sobre las líquidas sonánticas en el protoindoeuropeo Como indoeuropeísta, uno está acostumbrado a que incluso científicos de disciplinas vecinas, por lo demás abiertos de miras —como se acaba de mostrar—, tengan problemas con la reconstrucción de las laringales, pese a que sus continuadoras (como ya se ha mencionado) están presentes en anatolio incluso de manera bastante tangible como sonidos consonánticos. Sin embargo, otra afirmación de Udolph (2011: 165) suscita definitivamente dudas sobre sus conocimientos de historia de la lengua y de lingüística general: ¡incluso pone en duda la existencia de r sonans! Si se tiene en cuenta que este fonema existe, entre otras lenguas, en el indio antiguo (donde incluso hay un grafema propio para este sonido) y en dos lenguas oficiales y estándar de la UE (checo y eslovaco), así como en otras lenguas vecinas de la UE (croata, serbio, bosnio y montenegrino) —todas ellas eslavas y, por tanto, conocidas por un eslavista como Udolph—, y que incluso el alemán presenta este sonido en sus dialectos (por ejemplo, en el alemánico) como 18 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik fonema, es decir, que se trata de un fenómeno bastante bien documentado, este escepticismo resulta totalmente incomprensible. Y dado que Udolph también ha trabajado (hasta ahora) en sus estudios con fenómenos de apofonía, o al menos los ha mencionado (aunque, naturalmente, nunca ha abordado el contenido semántico transmitido por los distintos grados apofónicos, sino que, a juzgar por sus afirmaciones, sigue suponiendo evidentemente que la apofonía consiste en variantes de raíces y sufijos disponibles en última instancia libremente), y que, por consiguiente, establece regularmente grados cero (así, aquí, en 2011: 172, donde postula *l̥- como forma de grado cero de su «*el-/ol-», cuestión sobre la que volveremos más adelante), surge naturalmente la pregunta de qué otra cosa podría resultar en grado cero de una raíz con la estructura *KerK-, si no *Kr̥K-. También en este caso esperaríamos con interés una respuesta.22 En cualquier caso, un sistema en el que no exista /r̥/, pero sí /l̥/ (y eso sería lo que resultaría si se tomaran realmente en serio las observaciones de Udolph en su artículo), es sumamente improbable también desde el punto de vista tipológico. 3.3. Sobre lit. aléti y formas afines: más observaciones sobre el enfoque obsoleto «*el-/ol-» También la tesis reiterada de Udolph (aquí, p. 164), según la cual «*el-/ol-» continúa en lituano en aléti «fluir, gotear; correr, apresurarse», nualéti «desbordarse; inundar (campos)» (aunque el simplex nunca parece usarse referido a ríos y, curiosamente, en el LKŽ la única cita del simplex es una oración en la que aparece junto a alùs «cerveza»,23 que probablemente es un 22 Quizá la solución del problema se encuentre también fuera del ámbito propiamente lingüístico: por lo que sé, Udolph procede de una zona dialectal alemana que no tiene la r apical (articulada con la punta de la lengua), sino la r uvular (guturál). Una r sonántica gutural es un fenómeno extremadamente raro y, de hecho, difícil de articular; por lo que sé, tampoco aparece en los dialectos alemanes. Desde esta perspectiva dialectal, la r apical de las lenguas mencionadas anteriormente, que puede pronunciarse silábicamente sin dificultad, quizá parezca algo muy extraño, algo que «no puede existir». Pero aquí entramos en el terreno de la especulación, y naturalmente preferiríamos esa especulación a la explicación que se ha reclamado más arriba en el texto. 23 Se cita aquí la entrada del LKŽ: 2 aléti, ãli, -ėjo intr. 1. tekėti, varvėti: Alė́te išalė́jo alus, t. y. išėjo, nēr alaus J. 2. bėgti, lėkti: Ji tik iš vieno kiemo į kitą ãli ãli Lnk. 2 išalėti, išali, -ėjo intr. J ištekėti, išvarvėti. 2 nualéti, nùali, -ėjo 1. tr. nutelkšoti, prigirdyti: Vanduo nualėjo žemesnius laukus Grž. 2. intr. nugrimzti: Numarmėjo, nualėjo Sv. (www.lkz.lt am 15.03.2012) Straipsniai / Articles 19 HARALD BICHLMEIER Un préstamo del germánico es [vgl. SE]L 12; IEW 33f. 24 lo considera, en cambio, palabra heredada], 25 pero presenta una raíz al menos homófona), plantea un problema: SE]L 9f. vincula el verbo con una raíz indoeuropea *h2al- [< *h2el-]26; sin embargo, según SE]L, esta sería solo una transposición y «hasta ahora no se han encontrado conexiones seguras». En otras palabras: el autor de SE]L, Wojciech Smoczyński, reconocido experto en las lenguas bálticas, especialmente en lituano y prusiano antiguo, evidentemente no acepta la conexión que Udolph prefiere.27 Una raíz indoeuropea *h2al- solo puede conciliarse con el obsoleto planteamiento de Udolph «*el-/ol-» en aquellos casos en que la fusión en una lengua particular de *o indoeuropea tardía *o y *a hubiera conducido precisamente a que no pudieran distinguirse los continuadores de una raíz indoeuropea *h2al- y los de una raíz indoeuropea *h1el(H)- en grado o (es decir, indoeuropeo *h1ol(H)-). Si hubieran llegado a ser indistinguibles precisamente por ello, ¿cómo podría afirmarse con seguridad cuál de ellas estaba presente originalmente? LitEW I, 8, por su parte, ni siquiera menciona el verbo; solo recoge los derivados probablemente relacionados (a lo sumo, de manera indirecta) almēs ‘líquido que sale del cuerpo, suero sanguíneo’, almuō ‘pus’, etc.; los vincula, a la manera habitual en aquella época, con «*el-/ol-» (sin aportar datos sobre su formación) y ofrece después comparaciones con otras lenguas que en parte son incorrectas y en parte, al menos, están superadas o requieren modificación. Si algunas de las conexiones propuestas en el pasaje citado fueran correctas 24 Dado que ya no es posible postular una raíz *alu- como en IEW, podrá abstraerse de esta palabra otra raíz *(H)al- ‘amargo’ o algo similar (si no hubiera que adscribir la palabra a alguna de las otras raíces debatidas más arriba). Puesto que una raíz con este significado también podría aparecer sin dificultad en nombres de masas de agua, en realidad debería incluirse asimismo en la discusión. Sin embargo, se prescindirá de ello a continuación para no complicar aún más la cuestión. En cualquier caso, esta raíz reduciría todavía más la probabilidad de que todos los nombres de masas de agua correspondientes citados en la bibliografía deban adscribirse a «*el-/ol- ‘fluir’». 25 Das SE]L (samt Smoczyński 2008, 2009) ist gegenwärtig das einzig verfügbare etymologische Wörterbuch zu einer baltischen Sprache auf dem aktuellen Stand der Indogermanistik. Ein weiteres etymologisches Wörterbuch des Litauischen ist von Rick Derksen in der Leidener Indo-European Etymological Dictionary Series angekündigt; und in Berlin entsteht gerade das Altlitauische Etymologische Wörterbuch (ALEW), das 2013/14 publiziert werden sollte. 26 Cabe señalar aquí, nota bene, nota bene que no debe suponerse que Smoczyński postule una *-a- radical; más bien, evidentemente pertenece a los indoeuropeístas que sitúan tan tempranamente el cambio de coloración de *e junto a *h₂ que lo consideran ya propio de la protolengua común y, por ello, también lo indican en sus reconstrucciones. Así pues, sencillamente emplea una convención notacional algo distinta. 27 Además, ante una situación así —suponiendo una disposición quisquillosa— surge también la pregunta (al menos se permite plantearla como ejercicio mental) de si, en última instancia, de la palabra prestada del báltico común *alu- ‘cerveza’ (interpretada como ‘líquido, bebida’) no pudo abstraerse incluso una nueva raíz báltica *al- ‘líquido’ o algo similar. 20 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik y, sin embargo, fueran correctas (por ejemplo, las relacionadas con las palabras germánicas mencionadas arriba o con el lat. alga ‘hierba marina, alga’ [véase al respecto EDL 33]), esto hablaría aún más en contra de una derivación de «*el-/ol-». Como breve observación, cabe señalar aquí que IEW, obra de referencia etimológica de carácter indoeuropeístico a la que Udolph suele recurrir casi en exclusiva, no contiene una entrada *el-/ol- ‘fluir’: solo conoce «1. el-, ol-, əl-, “raíz de color con el significado ‘rojo, marrón’”» (302–304) [moderno: *h₁el-], «2. el- ‘descansar’??» (304f.), «3. el-: ol- ‘estar mohoso, pudrirse’» (305) [moderno: *h₁el(H)-], «4. el-, ol- raíz onomatopéyica» (306), «5. el-, ol- ‘destruir, arruinar’??» (306) [moderno: *h₃elh₁-]²⁸, «6. el-, elə-: lā-; el-eu-(dh-) ‘impulsar, poner en movimiento, moverse, ir’» (306f.) [moderno: *h₁elh₂-], «7. el-, elə-, con ampliación -k- elk-, elək- ‘hambriento, malo’ (?)» (307), 8. el-, elēi-, lēi- ‘doblar’» (307–309). En otras palabras: incluso IEW, en cuya época de elaboración ya se habían publicado bastantes trabajos de Krahe, no parece haber considerado primario este significado para el citado n.º 6, que probablemente sea la raíz a la que también se refiere Udolph.29 En este contexto, vuelve a resultar fundamentalmente problemática la evidente falta de familiaridad de Udolph con obras etimológicas más recientes que el IEW (que en el trabajo aquí comentado cite LIV o LIV² se debe probablemente más a la necesidad que a una comprensión profunda). En nuestro contexto, por ejemplo, no cita ni una sola obra sobre las lenguas bálticas. De los demás comparanda que aduce, el letón manantial ‘fuente’ ya no parecía del todo fiable a LitEW I, 8, donde se considera si no podría tratarse de una hipercorrección dialectal del letón avots ‘íd.’. En última instancia, apunta en la misma dirección también (aunque, naturalmente, como argumento a partir del silencio no sea concluyente) la ausencia de una entrada manantial en el LEV, que solo ofrece avots (LEV 1, 93f.). Sin embargo, las exposiciones pertinentes para nuestro contexto se encuentran en LEV 1, 65 s.v. ala ‘depresión, estrechez, fuente’, para la que también se contempló un préstamo del bajo alemán medio hol. A esta familia pertenecería también, pues, el letón alogs ‘fuente’ (< ur­báltico *alanga-). Algunos problemas relacionados con el lituano mencionado arriba ālmes ‘líquido que sale del cuerpo, suero sanguíneo’ no pueden resolverse de manera concluyente. Aquí, en mi opinión, 28 Véase LIV² 298. 29 Ebenfalls in einer Fußnote sei ein Kommentar zu Udolphs Behauptung (2011: 166) versteckt, dass ich „überzeugendere Versuche“ zur Rekonstruktion der o.g. Wurzel(n) „in der Fußnote versteckt“ habe (in welcher wird von Udolph a.a.O. nicht gesagt, der Nachweis sei hier für den interessierten Leser nachgetragen: Bichlmeier 2010a: 17, Anm. 31). Auch hier zeigt sich wieder, dass Udolph hinsichtlich der Indogermanistik eigentlich eher ahnungslos ist: Die dort angeführten alternativen Vorschläge dürfen als schlicht überholt gelten und wurden nur der bibliographischen Vollständigkeit halber angeführt: Statt *h₁el- bzw. *el₂- wird nun eben *h₁elh₂- rekonstruiert. Straipsniai / Articles 21 HARALD BICHLMEIER es muy dudoso que ahí la raíz se haya «ampliado con -m-» [así Udolph], o si no sería más bien preferible contar con una sufijación: pues, si hubiera existido ya una «ampliación» báltica occidental o aún más antigua en el sentido de Udolph, lit. ālmės ya no podría ponerse directamente en relación con lit. alėti, pues entonces habría dos raíces distintas (bálticas occidentales). Si se hace de todos modos, se procede de manera metodológicamente poco rigurosa. Cabe añadir aquí otra consideración: si ya se recurre a ampliaciones de raíz, reconociéndolas así como una posibilidad real de formación de palabras en una etapa temprana del protoindoeuropeo (el autor se muestra, en principio, siempre crítico ante esta posibilidad, mientras que otros investigadores la consideran con más apertura), también podrían considerarse las formas protoindoeuropeas *h₂elh₂- y *h₂elm- como dos ampliaciones de una raíz originaria *h₂el-. Sin embargo, si se acepta esta posibilidad de etimologización, también desaparecería la posibilidad de comparar directamente las palabras lituanas con y sin -m-. 30 Falls nun lit. ālmės seinen Akzent ererbt haben und nicht der métatonie douce verdanken sollte, die bei solchen femininen Ableitungen regelmäßig auftritt (anzusetzen ist urbalt. *ālm’ij̄ā-), würde dies sogar darauf hindeuten, dass die Bildung von einer Wurzel ohne auslautenden Laryngal gebildet worden ist. Es käme hier also wieder der Ansatz *h₂al- [< *h₂el-] des SEJL ins Spiel. Angesichts der regelmäßig gerade in Feminina auf urbalt. *-ij̄ā- > lit. -e auftretenden Metatonie31 ist das Wort aber letztlich hinsichtlich dieser Frage nicht aussagekräftig. Eine Verknüpfung mit *h₂elh₂- ‘ziellos gehen’ (das sich problemlos semantisch zu ‘nicht zielgerichtet [aus dem Körper] austreten’ weiterentwickelt haben kann) erscheint somit möglich:32 vorurbalt./uridg. *h₂elh₂-m-ij̄eh₂- > urbalt. I *ālm’ij̄ā- > urbalt. II *’ālmij̄ā- > ālmė-s ist dann völlig regulär. Und falls nicht schon ein Suffix urbalt. *-mij̄ā- abstrahiert worden ist, ist die Bildung als feminine Ableitung zu urbalt. *al-ma- einzustufen, wobei aber immer noch der semantische Gehalt der ma-Ableitung zu klären bliebe. No obstante, todas las explicaciones que acabamos de exponer están sujetas a una salvedad: ni LitEW ni, menos aún, Udolph señalan a qué clase acentual pertenecen los lexemas lituanos citados. Además, ambos pasan por alto que, junto a lit. ālmės (4) y almuõ (3) —es decir, ac. sg. álmenį—, existe también álmė (1) (véase LKŽ, s. vv.). 30 En su caso, esto no sería más que otro ejemplo del uso a veces poco riguroso que Udolph hace de la terminología. 31 Vgl. dazu Derksen 1996: 55–66. Zur Metatonie im weiteren Kontext der baltischen Wortbildung vgl. Larsson 2003: 33–86; Mikulėnienė 2005 passim. 32 Como el SEJL no ofrece una indicación de significado para *h₂al-, no puede descartarse —y quizá sea incluso probable— que esta raíz sea, de todos modos, la misma que se postula en LIV, LIV² como *h₂elh₂-, con la única diferencia de que Smoczyński supone que no tenía laríngea final. 22 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteruropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik Tanto almuõ (3) como álmē (1) presentan, por tanto, una sílaba radical aguda, que debe considerarse primaria frente a la sílaba radical circunfleja de ālmes (4). Según la opinión general, este acento agudo solo puede explicarse si estas formaciones se basan en una raíz ultimae laryngalis. Dicho de otro modo: en nuestro contexto son primarias, en cualquier caso, las formaciones que no muestran metatonía. A continuación, hay que señalar que los significados de almuõ (3), ālmes (4) y álmē (1) también permiten relacionarlos con una raíz protoindoeuropea *h1el(H)- ‘estar podrido, enmohecerse’ (n.º 3 en la lista de Pokorny citada arriba). Esta raíz, a su vez, probablemente aparece en otros lexemas bálticos, por ejemplo en letón al(u) ksna ‘lugar pantanoso y cenagoso (< protoindoeuropeo *h2ol(H)-s-neh₂)33’, derivado adjetival de la raíz en s protoindoeuropea *(s)h1el(H)-os-, que también continúa, por ejemplo, en gr. ἕλος n. ‘pantano’34, ai. sáras- n. ‘lago, estanque’35, etc. Y esta etimología ofrece también la posibilidad de vincular con este grupo el alemán moderno dialectal Eller ‘terreno no destinado a usos agrícolas, baldío’ (de un significado original ‘tierra pantanosa’).36 A la luz de estas consideraciones, propongo someter a discusión otra explicación de aléti: si hay que postular en báltico una raíz báltica occidental *al- con el significado de ‘ser pantanoso, estar enmohecido’, la evolución semántica de lit. almuõ (3), ālmes (4) y álmē (1) bien pudo haber sido muy distinta: ‘líquido enmohecido, podrido’ > ‘líquido que sale del cuerpo, suero sanguíneo, pus’. En relación con esto, también aléti pudo significar originalmente algo parecido a ‘ser pantanoso’ y solo después, por analogía con los sustantivos, adquirir el sentido de ‘fluir, gotear’ y, más tarde, también ‘correr, apresurarse’. Tampoco puede descartarse aquí que en aléti hayan confl uido dos raíces originarias y los verbos derivados de ellas a causa de su homofonía. Sin embargo, no puede descartarse definitivamente la formación de una raíz secundaria báltica occidental *alm- en el sentido antes mencionado; en definitiva, dado el derivado en báltico occidental *-ijā-, incluso parece más probable (véase arriba). Sigue siendo problemático que en el léxico apelativo la raíz aparezca exclusivamente en la forma báltica al-. Los nombres bálticos de masas de agua con inicial El-, que en Etymologica, en el lugar citado, y en otros trabajos se han relacionado etimológicamente, no pueden considerarse por ahora evidentes ³³ La -k- de letón al(u)ksna se debe a una tendencia común a las lenguas bálticas a insertar guturales delante de sonidos s; por tanto, es secundaria. ³⁴ Véase EDG 415, donde se ofrece una derivación distinta según el patrón tradicional. Sin embargo, la solución propuesta arriba, que postula una s móvil, es fonéticamente impecable y cuenta con el respaldo de casos comparables. ³⁵ Véase EWAia 2, 708. La conjetura allí expresada de que esta palabra no guarda relación con la raíz ai. sar- ‘correr’ puede considerarse ahora una certeza. ³⁶ Vgl. zum Ganzen ausführlich Neri, Ziegler 2012: 51–56. Straipsniai / Articles 23 HARALD BICHlMEIER considerarse pertinentes y significativos, 37 ya que 1) podrían deber su vocal a un origen dialectal (por tanto, primero habría que excluir definitivamente el origen dialectal de la E) y —lo que pesa aún mucho más— 2) sencillamente no puede demostrarse que se trate siempre de la misma raíz: además de la raíz «*el-/ol-» (o bien protoindoeuropea *h1elh2- y *h2elh2) también cabe considerar las raíces cromáticas protoindoeuropeas *h1el- ‘rojo (parduzco)’, *h1₃al- o bien *h2al- [< *h2el-] ‘blanco’38, y la protoindoeuropea *h1el(H)- ‘estar podrido, pudrirse’; y esto no se aplica solo a los nombres bálticos, sino también, naturalmente, a los demás nombres de ríos que tradicionalmente se adscriben a esta raíz, por ejemplo, también a los que aparecen en las tablas de Krahe, ya citadas y reproducidas por Udolph (aquí 2011: 163), a las que este recurre con frecuencia39: en esa tabla no hay ni una sola forma léxica cuyos sufijos obliguen a suponer que la raíz correspondiente debió tener carácter verbaldebió. En otras palabras: si se toman en serio las informaciones de los estudios etimológicos (más recientes) y se tiene en cuenta la existencia de las raíces cromáticas mencionadas, en muy pocos de los nombres de cursos de agua que aquí nos interesan se podrá afirmar con certeza a cuál de las raíces mencionadas pertenecen; y esto se aplica, naturalmente, también a los nombres de cursos de agua del LVŽ (1, 62) mencionados por Udolph (2011: 167): se puede seguir vinculándolos, con plena convicción, a «*el-/ol-» ‘fluir’ (aunque en este caso sería una mera cuestión de fe, con muy poco que ver con la ciencia), o se puede afrontar la realidad y reconocer que, además de la protoindoeuropea *h1elh2- ‘ir a la deriva’ (LIV² 235) y *h2elh2- ‘ir sin rumbo’ (LIV² 264), en los nombres de ríos también hay que contar con las dos raíces cromáticas mencionadas, con el significado de ‘blanco’ y ‘rojo (parduzco)’40, así como con *h1el(H)- ‘estar podrido, pudrirse’. A la luz de lo expuesto, para las palabras bálticas, si no se abstrajo una nueva raíz a partir de un préstamo o no se produjo una confluencia con un verbo de la raíz *h1el(H)- ‘estar podrido, pudrirse’, quizá la base más probable sea la protoindoeuropea *h2elh2- ‘ir sin rumbo’. Si este resultado se revela fundado, habría que añadir el lituano aléti al LIV², loc. cit. 37 En última instancia, lo mismo se aplica también al lituano almēs = ēlmēs. 38 Vgl. dazu ausführlich Bichlmeier 2012c. 39 So etwa Krahe 1964: Tabelle I und II nach S. 62. – In diesem Zusammenhang ist auf eine weitere methodische Unsauberkeit Krahes hinzuweisen, die Udolph durch die Reproduktion jener Tabelle ebenfalls weitertradierte: Zumindest der dort angeführte Flussname „Elira“ ist nirgends belegt, sondern nur Rekonstrukt (als solches richtig gekennzeichnet Krahe 1964: 37) – wird aber in den Tabellen nie als solches gekennzeichnet. Siehe zu diesem Rekonstrukt weiter unten im Text. 40 Como es sabido, esta raíz pervive en báltico, por ejemplo en el lituano élnis ‘ciervo’, etc.; véase SEJL 146; PKEŽ 1, 68–70; PJ 1, 77. 24 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik En cuanto a los nombres de cursos de agua del Báltico y de otros lugares, en general solo los nombres que comienzan por El- (cuyo origen no se debe a la metafonía [por ejemplo, en germánico] ni a la variación dialectal [por ejemplo, en báltico]) tienen que pertenecer a la protoindoeuropea *h₁el- ‘rojo (parduzco)’ o *h₁elh₂- ‘ir a la deriva’; los nombres que comienzan por Al-, en cambio, pueden formarse a partir de cualquiera de las raíces mencionadas, entre otras razones debido a la extendida confluencia de *a y *o (tardoprotoindoeuropeas) en *a: pueden remontarse a la protoindoeuropea *h₁/₃al- o *h₂al- ‘blanco’, *h₂elh₂- ‘ir sin rumbo’, a los grados o de la protoindoeuropea *h₁el- ‘rojo (parduzco)’ o *h₁elh₂- ‘ir a la deriva’, o a *h₁el(H)- ‘estar podrido, pudrirse’, es decir, *h₁ol-, *h₁olh₂- o *h₁ol(H)-, y, por supuesto, también a *h₂olh₂- (aunque, por lo que sé, no hay evidencia segura41 del grado o para las raíces *h₁olh₂- y *h₂olh₂-). En este caso, solo es posible decidir en aquellos casos particulares en que pueda hacerse más o menos verosímil que un determinado sufijo solo puede combinarse con cierto tipo de raíz (verbal o adjetival). Sin embargo, hasta ahora ni Krahe, ni Schmid, ni Udolph han ofrecido análisis de este tipo. Si no se logra establecer tal correspondencia, sencillamente no es posible decidir con rigor. En definitiva, también aquí tenemos un ejemplo de cómo el desconocimiento de alternativas, causado por el menosprecio sistemático de los resultados de la investigación, puede conducir a una certeza aparente en las soluciones etimológicas.42 A partir de lo expuesto debería quedar claro que ya no es posible asignar inequívocamente a la raíz «*el-/ol- ‘fluir’» todos los nombres de ríos que Udolph y Krahe43 citan en el contexto pertinente. Quien siga haciéndolo formula una mera afirmación que nada permite demostrar; y el hecho de que sea una mera afirmación no cambia porque la formule el «señor de los nombres». 4. SOBRE EL NOMBRE DEL RÍO Ulster Aprovechemos también este punto para añadir algunas observaciones sobre lo que Udolph expone acerca del nombre del río Ulster: contrariamente a lo que afirma Udolph (2011: 172), este nombre de río es por completo irrelevante en nuestro contexto, aunque 41 Tanto el prusiano antiguo alne ‘ciervo’ como el lituano dialectal álnis, álnias ‘ciervo’, álnė ‘cierva’, y el letón álnis parecen mostrar más bien una abertura dialectal de la vocal inicial que un antiguo grado o (véase la nota anterior). 42 En mi opinión, el mismo problema de la imposibilidad de determinar con exactitud la raíz se presenta también al etimologizar el nombre del Elba; véase Bichlmeier 2012c. 43 Véase, por ejemplo, Krahe 1954: 49, 58. Straipsniai / Articles 25 HARALD BICHLMEIER naturalmente, probablemente exista una relación etimológica en la medida en que también en estos nombres se encontrará una de las cinco raíces presentadas más arriba.44 In diesen Zusammenhang gehört auch Udolphs Satz (2011: 166): „Zudem ist eine für Gewässernamen überzeugendere Lösung mit einem Ansatz ohne anlautenden Laryngal deshalb vorzuziehen, weil dieser zu sämtlichen europäischen Flussnamen passt.“ Abgesehen davon, dass man Donau auch dann nicht aus „*el-ol-“ erklären könnte – kleiner Scherz am Rande –, sollten die vorangehenden Ausführungen (besonders die oben unter 3.1 zur Wurzelstruktur des Urindogermanischen) klar gemacht haben, dass das natürlich mit einem Ansatz, der dem heutigen wissenschaftlichen Standard entsprechend mit Laryngalen operiert, selbstverständlich auch alles geht – nur die (vermeintliche) Eindeutigkeit der alten Erklärung muss man eben aufgeben. Denn jedem, der ein wenig Ahnung von Indogermanistik hat, ist selbstverständlich, dass eine Form uridg./vorgerm. *H̥(H)-s(t)-ro- (mit dieser Notation, in der *H als Coversymbol für *h1, *h2, *h3 gilt, ist jede der oben erwähnten Wurzeln abgedeckt) ohnehin ebenfalls urgerm. *ulstra- ergeben würde. Auch hier zeigen sich somit wieder Udolphs grundlegende Kenntnislücken auf dem Gebiet der modernen historisch-vergleichenden Sprachwissenschaft bzw. Indogermanistik. Folglich spricht also auch der Flussname Ulster weder für noch gegen eine der oben angeführten Wurzeln, Udolphs Einwand läuft völlig ins Leere. Es hat etwas mit wissenschaftlicher Ehrlichkeit zu tun, dass man derartiges auch irgendwann zugibt und nicht trotz anderer, neuerer Erkenntnisse, die solches in Frage stellen, so tut, als habe man schon alles erklärt. Además, cabe señalar otro problema que plantean las familias de nombres de ríos (si es que se puede considerar como tales los nombres aquí presentes) del tipo Elster, Alster, Ulster, etc., sobre el cual, que yo sepa, Udolph nunca se ha pronunciado, y mucho menos ha dado una respuesta: ¿cómo es posible que ante un mismo sufijo aparezcan unas veces el grado cero, otras el grado e y otras el grado o de la raíz? Tanto más cuanto que aquí se trata, en última instancia, de un sufijo temático y, según la opinión general, las formaciones temáticas ya no presentaban apofonía en protoindoeuropeo. También en este caso habría que presentar una solución coherente y satisfactoria que vaya más allá de un análisis de morfemas —es decir, del primer paso de una etimología—. En cualquier caso, las familias de nombres de ríos del tipo mencionado no pueden proceder de un paradigma común. Por tanto, los nombres debieron de formarse por separado y, en consecuencia, también han de explicarse individualmente. De ahí que también sea falsa la afirmación de que 44 En última instancia, las explicaciones de Udolph (2011: 170–172) sobre intentos anteriores de vincular etimológicamente nombres de cursos de agua con la raíz protoindoeuropea *h2el- ‘alimentar, criar’ son igualmente irrelevantes en este contexto. Tampoco yo me planteé nunca seriamente tal posibilidad, aunque las explicaciones de Udolph quizá puedan sugerirlo a un lector poco atento. 26 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik que tales formas estén «en relación de apofonía entre sí» (como a veces se lee) es falso. Más bien, solo los elementos radicales empleados para formar los distintos nombres de ríos aparecen en diferentes grados apofónicos. Se trata de una situación completamente distinta. Así pues, en cuanto a la relación mutua entre los nombres desde el punto de vista etimológico (incluido el semántico), todo esto no significa más que, en cada caso, se utilizó una forma distinta de la misma raíz para formar un determinado nombre de río (y, posiblemente, en épocas completamente distintas). 5. PRIMER BALANCE PROVISIONAL Las consideraciones anteriores sobre el nombre del río Ulster vuelven a mostrar con absoluta claridad que Udolph no está dispuesto a familiarizarse con nuevos45 marcos de pensamiento ni a adoptarlos, pese a que hace tiempo que han demostrado su validez: a juzgar por sus propias declaraciones al respecto, Udolph todavía no ha comprendido la teoría de las laringales. Quien quiera criticar, o critique —como hace Udolph con la teoría de las laringales—, algo de manera duradera y con la pretensión de ser escuchado, primero debería haberlo entendido y ser capaz de seguir los razonamientos que se propone criticar. Si no es capaz de hacerlo, toda crítica se queda necesariamente en palabras vacías. Si Udolph hubiera comprendido la teoría de las laringales y sus implicaciones, ya debería haberse dado cuenta de que varias de las propuestas que, entre otros, he presentado para distintos nombres de ríos tenían ante todo por objeto actualizar su exposición (y la de otros investigadores), totalmente superada y anticuada, hasta situarla al nivel que hoy consideran estándar los indoeuropeístas. En este sentido, algunas otras observaciones de Udolph (2011: 167) también acaban volviéndose contra él, especialmente la relativa al escaso interés de los indoeuropeístas por este material: sencillamente, a los indoeuropeístas no les interesa (como ya se ha indicado más arriba, en el apartado 2) porque hasta ahora Udolph et al. lo han tratado de manera muy deficiente, porque el material se ha abordado hasta la fecha con una metodología muy deficiente y porque —conviene subrayarlo aquí claramente—, en última instancia, el avance del conocimiento que aporta al ámbito central de la indoeuropeística (es decir, la reconstrucción de la fonología y la morfología de la lengua protoindoeuropea) es bastante insignificante. Esto podría ser distinto en el caso de la Antigüedad indoeuropea y de la historia de los asentamientos, si llegaran a obtenerse resultados fiables. 45 Y «nuevo» significa aquí nota bene un modelo explicativo cuyos orígenes se remontan al siglo XIX y que desde hace tres o cuatro décadas debe considerarse definitivamente establecido. Straipsniai / Articles 27 HARALD BICH LMEIER 6. EXCURSO SOBRE EL SUFIJO URGÉRM. *-stra- Añádanse ahora algunas observaciones sobre el sufijo germánico -stra- (ya Krahe/Meid 1969: 184 lo señalaron con toda razón; en la denominación obsoleta de Udolph [1994: 243ss., etc.], habitualmente: «sufijo -str» —al fin y al cabo, la vocal temática también forma parte del sufijo, ¿no?): a pesar de una búsqueda prolongada, no he podido encontrar en ninguna parte de los trabajos de Udolph (tampoco en el apartado pertinente por lo demás de Udolph 1994: 243–258) una explicación etimológica del sufijo. Solo remite al pasaje citado anteriormente de Krahe/Meid 1969. Las explicaciones de Udolph siguen aquí a Krahe/Meid, op. cit., pero resulta completamente incomprensible por qué destaca la aparición del sufijo después de consonantes guturales. Además, parece haber generalizado excesivamente las afirmaciones de Krahe/Meid: estos hablan de «denominaciones de lugar» en el sentido de Nomina loci (se trata de palabras que significan ‘granero’, ‘establo de ovejas’, etc.), no de nombres de lugar en sentido onomástico. La comparación, por tanto, es inadecuada mientras no se pueda hacer plausible la transferencia del ámbito apelativo al onímico. Entre otras cosas, habría que explicar primero cómo habría tenido lugar la transferencia de un patrón de formación de palabras que designa objetos concretos fabricados por el ser humano (algo que el sufijo protoindoeuropeo *-tro-, con el que, entre otros, pueden formarse Nomina instrumenti [véase más abajo], puede sin duda realizar) a «lugares» que no son obra humana, como lo son precisamente las masas de agua. Una transferencia semejante dista mucho de parecerme trivial y, en cualquier caso, requeriría una justificación explícita. Krahe/Meid, op. cit., suponen que, en el origen de este sufijo, el sufijo protoindoeuropeo *-tro-, formador de Nomina agentis46 y instrumenti, se añadía a raíces acabadas en una oclusiva dental (habría que agregar, naturalmente, también las raíces terminadas en -s; véase más abajo), lo que habría dado lugar primero, por evolución fonética regular, al protogermánico *-stra-, que luego pudo ser reinterpretado y separado como sufijo independiente.47 Este sufijo pudo finalmente añadirse también a temas terminados en vocal, lo que dio lugar a las variantes protogermánicas *-istra- y *-astra-. Sin embargo, esta no es la única posibilidad imaginable para explicar su origen: también sería posible que el sufijo protogermánico *-ra- se añadiera secundariamente a temas en protogermánico *-stV-48 y que se formara una derivación con el mismo sufijo a partir de un sustrato- 46 Estas formaciones podrían ser derivaciones con vocal temática a partir del tema débil protoindoeuropeo *-tr- de Nomina agentis en protoindoeuropeo *-ter-/-tor-, es decir, protoindoeuropeo *-tr- + *-o-. Queda por determinar, por ahora, si semejante explicación también es viable para Nomina instrumenti. 47 Ebenso Hill 2003: 105f. 48 Vgl. dazu Krahe, Meid 1969: 3, 163–170. Dazu auch Hill 2003: 105ff. – Nur wenn man dieser Herleitung folgt, kann u.U. ein Zusammenhang mit den lateinischen Adjektiven des Typs silvestris ‚Wald-, waldig‘ hergestellt werden, wie ihn Udolph in einem Vortrag in Leipzig 2008 oder 2009 einmal po- 28 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteruropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik sustrato acabado en -s. En este último caso, al añadirse el sufijo con r a la -s de la palabra base, se insertaría entre ambas una dental epentética, de modo que también se formaría el protogermánico *–stra–.49 La derivación mencionada en último lugar tendría la ventaja —partiendo de los distintos patrones de apofonía de los temas en s atestiguados en indoeuropeo— de que las variantes del sufijo explicadas arriba como puramente secundarias podrían derivarse mediante leyes fonéticas regulares: así, por ejemplo, en un tema en s proterocinético, protoindoeuropeo nom. *ḰéK-os, gen. *KK-és-s → *K(e)K-és-os, si se supone que las derivaciones secundarias se formaban habitualmente a partir del tema débil, se obtendría automáticamente *K(e)K-es-ro- > protogermánico *K(e)K-is-t-ra-. De modo semejante podrían derivarse también las variantes del sufijo *–stra– (< *–s–(t)–ro–) y *–astra– (< *–os–(t)–ro–), ya sea a partir de temas en s con otros patrones de apofonía o suponiendo una derivación a partir del tema fuerte en vez del débil, aunque esta no esté ampliamente atestiguada, sí se dé en ocasiones. En otras palabras, todas las variantes de sufijo existentes podrían tener un origen fonético regular. Quedaría por comprobar si, mediante la comparación lingüística, también pueden reconstruirse los prototipos respectivos; es decir, si para las formaciones germánicas en *–(i/a)stra– pueden encontrarse los temas en s correspondientes, aunque no en germánico, quizá en otras lenguas indoeuropeas. Pero eso habrá que dejarlo para futuras investigaciones. Sea cual sea la derivación que se prefiera o la que finalmente resulte ser la (¿única?) correcta, debería haber quedado claro qué deficiencias etimológicas aún deben subsanarse. Además, de lo expuesto anteriormente también debería haber quedado claro que los nombres de masas de agua en protogermánico *–stra– no tienen necesariamente el mismo origen etimológico que los Nomina loci citados anteriormente: mientras que para estos apelativos es perfectamente plausible una derivación a partir de antiguos Nomina instrumenti en *–tro–, no cabe afirmar lo mismo de los nombres de ríos: estos probablemente se formaron más bien, o bien a partir de Nomina agentis tematizados secundariamente en *–t(e)r– + *–o–,50 o bien son adjetivos secundarios en *–ro–, sustantivados también secundariamente a partir de antiguos temas en s, como se ha expuesto al final: en mi opinión, la derivación de las dos clases semánticamente muy distintas de sustantivos que aquí se postula ha sostenido: pues la forma sufijal latina solo puede explicarse a partir del protoindoeuropeo *-s- + *-t- + *-rV- o *-s- + *-t(e)ro- + *-i-/*-io- (cf. Leumann, Hofmann, Szantyr 1977: 351s.; Lühr[Ball es] 2008: 126s., Weiss 2009: 320); las otras dos derivaciones posibles para el protogermánico no son viables en latín debido a las leyes fonéticas itálicas. También habría que investigar por separado si se trata de innovaciones propias de cada lengua o incluso de un isoglosa germánico-itálico. 49 Vgl. zum Lautlichen Görtzen 1998: 449–451. 50 Cf. nota 46 supra. Straipsniai / Articles 29 HARALD BICHLMEIER (precisamente Nomina loci frente a nombres de ríos), procedentes de estructuras morfológicas originalmente distintas que, a causa de la evolución fonética germánica, se han vuelto homófonas, es mucho más probable que el antiguo postulado de que todo ello tuvo un único punto de partida. Sin embargo, también aquí hacen falta más investigaciones para esclarecer este hecho de la manera más definitiva posible. 7. SOBRE EL TRATO DE UDOLPH A LOS CONOCIMIENTOS DE LA INDOEUROPEÍSTICA: UN CASO PRÁCTICO SOBRE LOS FENÓMENOS DE APOFONÍA Como ya debería haberse expuesto claramente en otro lugar, la relación entre el protoindoeuropeo reconstruido y la hidronimia paleoeuropea es, en la práctica, una calle de sentido único:51 Solo las formas léxicas, o en este caso los nombres de cursos de agua, que corresponden exactamente a lo que cabe esperar, en cuanto a fonología y morfología, de la comparación de las lenguas indoeuropeas antiguas atestiguadas, pueden considerarse en principio indoeuropeas con certeza y ser objeto de una etimología rigurosa. Las formas léxicas cuyos sufijos o cadenas de sufijos no están documentados en el vocabulario apelativo de otras lenguas indoeuropeas plantean un problema, al igual que las formas léxicas cuyos grados apofónicos no pueden explicarse: ya no basta (como en tiempos de Krahe) con señalar que una palabra presenta tal o cual grado apofónico; también hay que explicar (o poder explicar) por qué aparece y qué paralelos existen. Un ejemplo particularmente contundente del abandono de todo conocimiento obtenido mediante la comparación de las lenguas indoeuropeas es la explicación de Udolph de los nombres de ríos pol. Drwęca / al. Drewenz < «Druantia», fr. Druance < lat. Druentia52, etc., un caso con una de esas formaciones que a veces resultan bastante problemáticas y que parecen participios. Udolph53 hace remontar estos nombres de ríos a «Druantia», siguiendo trabajos anteriores, entre ellos el de Krahe (aunque corrigiéndolo), quien para este río supone todavía una forma previa «*Dravantia».54 En este planteamiento se manifiestan de mo- 51 Vgl. dazu etwa auch Bichlmeier 2012d. 52 Véase, por ejemplo, ACS 1, 1320f. 53 Vgl. Udolph 1990: 107–112; dort findet sich auch eine Aufstellung der Belege. 54 Véase Krahe: 1964: 45. 30 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik do aún, una vez más, hábitos de notación completamente anticuados. Sería mejor una propuesta paleoeuropea *dru(u)ant(i)jā-, que, como se desprende de las explicaciones posteriores de Udolph, en último término se remonta (en notación actual) al protoindoeuropeo(?) *dru(u)-ont-ih₂-/-ieh₂-. Pero con esto ya estamos en el centro del problema: según Udolph, se trata de una forma participial. Sin embargo, una forma de este tipo con los grados apofónicos aquí propuestos —a saber, grado cero en la raíz y grado o en el sufijo, con una terminación femenina— es absurda. Tal propuesta es imposible a la luz de la comparación lingüística para esta raíz55: el problema empieza ya con la raíz protoindoeuropea *drēu- ‘correr’56 (quizá también, secundariamente, ‘fluir’ en protoindoeuropeo), que solo aparece como palabra apelativa en indo-iranio. El grado cero de esta raíz solo está atestiguado en formas que no guardan relación directa con la formación que aquí se analiza: el participio pasado pasivo ai. -drutá- ‘corrido’, que solo aparece con prefijo, y el plural del perfecto, por ejemplo, 3.ª pl. perf. act. ai. dudruvur. El presente de esta raíz muestra el grado pleno y la vocal temática en las pocas lenguas indoeuropeas en las que está atestiguado: precisamente el protoindoeuropeo *drēu-e/o-. Por consiguiente, un participio activo de presente habría tenido que ser protoindoeuropeo masc. *drēu-ont-, fem. *drēu-ont-ih₂-. Una formación verbal en grado cero, a la que se hubiera podido formar un participio activo en -nt-, habría tenido que formarse a partir de un presente radical protoindoeuropeo †dréu-ti, †dru-énti > †dṛu-énti, o bien de un aoristo radical o temático; es decir, de formas que no están atestiguadas en absoluto como palabras apelativas. El participio de los temas hipotéticos mencionados habría sido †dru-ént-, que, según las reglas fonotácticas del protoindoeuropeo, habría tenido que vocalizarse como †dṛu-ént-; la forma femenina habría sido probablemente †dru-nt-íh₂-, que se habría vocalizado como †dru-nt-ih₂-. Es decir, para producir el participio (supuesto) habría que combinar el grado cero de un aoristo radical nunca atestiguado con la forma del sufijo en grado o, propia únicamente de formaciones temáticas —en este caso, solo del tema de presente—. Además, habría que suponer que la silabificación regular de la forma en grado cero se adaptó a la forma en grado pleno, de modo que †dṛu-ént- se transformó en †dru(u)-ént-. Naturalmente, algo así es teóricamente concebible y quizá ocurra en algún lugar. Sin embargo, no conozco casos paralelos que muestren con certeza este desarrollo. Agradeceríamos al señor Udolph que aportara ejemplos de este tipo para respaldar sus propuestas etimológicas. 55 Naturalmente, también sería teóricamente concebible la existencia de un verbo del llamado tipo tudáti (*KṚK-ē/ó-), pero en esta raíz no hay ni el menor indicio de ello. 56 Véase LIV² 129. Straipsniai / Articles 31 HARALD BICHLMEIER Por su carácter, sin embargo, esto sería de todos modos un fenómeno que habría aparecido únicamente en una lengua particular, y en ningún caso en la lengua común. Si esto es así, difícilmente podría atribuirse esta formación a un protoindoeuropeo ya escindido, siquiera dialectalmente, como suele hacerse con la hidronimia paleoeuropea, sino que habría que asignarla a una etapa posterior. Si se postulan los dos temas de aoristo mencionados anteriormente, surgen otros problemas irresolubles: los aoristos radicales solo se forman a partir de raíces verbales con significado puntual (en nuestro caso, habría que exigir para la raíz un significado como «fluir de golpe» o «desbordarse», lo cual evidentemente no es así). La raíz aquí en cuestión es claramente durativa («correr», en su caso, secundariamente «fluir»). Por ello, probablemente nunca formó un aoristo radical. También es posible, aunque improbable, que junto a un presente temático se forme un aoristo temático con grado cero. Además, los aoristos temáticos pertenecen a una fase tardía de la evolución del protoindoeuropeo. Es decir, postular un aoristo temático también contradiría fundamentalmente la tesis de que la hidronimia paleoeuropea es una emanación directa del protoindoeuropeo. Por último, también hay que considerar qué significado habría tenido un participio activo de un aoristo radical: aquí habría que suponer algo como «que fluye de golpe», «que se desborda (una sola vez)». ¿De verdad encaja esto con un río? De todo ello se desprende necesariamente que la explicación clásica, o bien la de Udolph, no puede ser correcta tal como está. Por tanto, habrá que seguir buscando una explicación que también sea compatible con los resultados de la lingüística comparada. Como posibilidad, cabría considerar si, a la luz de los problemas mencionados anteriormente, no sería preferible contar con una etimología que partiera de un adjetivo posesivo m. *dru-u̯ént-, f. *dru-u̯ṇt-ih₂-, que significaría «rico en madera» (o, en su caso, «boscoso»): para las formas en –e de los testimonios más antiguos de nombres de ríos, que son femeninos, habría que suponer entonces, naturalmente, una nivelación paradigmática según las formas masculinas (lo cual sería, no obstante, un proceso trivial), mientras que —como se ha indicado anteriormente— la forma femenina, que originalmente presentaba un sufijo en grado cero, podría haberse continuado como *dru-u̯ṇt- > Druant-. Desde el punto de vista fonético, esta etimología podría explicar tanto los testimonios de nombres de cursos de agua con <-uant-> como los que presentan <-uent->, y tampoco plantea problemas semánticos: se podía calificar un río de boscoso o rico en madera porque arrastraba a menudo madera flotante o porque una densa arboleda bordeaba su curso. Dado que hasta ahora esta es la única posibilidad de conciliar sin contradicciones las formas documentadas con el sistema morfológico del protoindo 32 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik europeo, esta etimología debería preferirse claramente a la solución de Udolph.57 En el contexto de la etimología de estos nombres de ríos, cabe señalar otro ejemplo de cuánto necesitan actualizarse los conocimientos de Udolph sobre indogermanística —siempre suponiendo que no se trate de una exposición deliberadamente distorsionada, destinada a respaldar aparentemente su propia teoría mediante referencias a trabajos de indogermanística—: al analizar la familia de nombres de ríos aquí examinada, en torno a Druentia/Druantia, cita (1990: 111f.) un artículo de Alfred Bammesberger (1981). Como deja claro su título, ese artículo trata únicamente de temas verbales atemáticos. Como se ha expuesto anteriormente, para el protoindoeuropeo *dreụ- solo está atestiguado, sin embargo, un presente temático. Por tanto, todo esto no tiene absolutamente nada que ver con el caso aquí tratado. Además, las formas en -ant- citadas por Bammesberger en el lugar citado, a las que se remite Udolph, son formas del antiguo indio (que, debido a las leyes fonéticas del antiguo indio, no permiten inferir directamente si en esa posición subyacía protoindoeuropeo *e, *a o *o), o bien son formas griegas creadas analógicamente, según Bammesberger, a partir de verbos con *ā- protohelénica como vocal radical; estas formas, según la opinión actual (y ya ampliamente aceptada en 1990), se explican razonablemente por el efecto de coloración de *h2 protoindoeuropea (protoindoeuropeo *sth2-ént- > protohelénico *stānt-), o, quizá mejor en este caso, por el acortamiento de Osthoff de una vocal larga ante un grupo de resonante + oclusiva (protoindoeuropeo *stéh2-ṇt- > protohelénico I *stānt- > protohelénico II *stánt-), si se tratara de una formación propiamente protohelénica. Si la evolución fonética hubiera sido regular, cabría esperar incluso quizá para este verbo protoindoeuropeo *stéh2-ṇt- > protohelénico I *sta.at- > protohelénico II *stāṭ-;58 en tal caso, la -nt- de los participios podría haberse restituido analógicamente de nuevo en esta forma y, posteriormente, la vocal larga podría haberse acortado otra vez según la regla de Osthoff.59 En otras palabras: las formas con -ant- se deben (tanto según la concepción de Bammesberger, que prescinde de las laringales, como según la aquí defendida, que las tiene en cuenta en el protoindoeuropeo) únicamente a desarrollos internos del griego o a desarrollos intragriegos… 57 Conviene señalar, en relación con esta propuesta, que debe distinguirse de propuestas anteriores, ya citadas por Udolph (1990: 109f.), que también consideran que la etimología se basa en una palabra para «árbol, madera». Esas propuestas reflejan asimismo, en su mayoría, concepciones obsoletas sobre la formación de palabras y suponen en gran medida que el nombre del curso de agua se formó en una etapa ya eslava. 58 Si se considera posible que la Lex Rix actuara también en posición interior, cabría postular, en su caso, protoindoeuropeo *stéh2-ṇt- > protohelénico I *sta.ant- > protohelénico II *stānt- > protohelénico III *stant-. 59 Que tales restituciones no tienen por qué producirse lo muestra el ejemplo del antiguo indio, donde en algunas clases verbales se conservó efectivamente la coexistencia de las variantes de sufijo -ant-: -at- (< protoindoeuropeo *-ént-: -ṇt-). Straipsniai / Articles 33 HARALD BICHLMEIER cambios fonéticos del indoiranio. Y aquí no hay evidencia alguna de -ont-. Por consiguiente, no existe la supuesta prueba de las formas postuladas por Udolph (por ejemplo, la ya mencionada «Druantia»). La argumentación de Udolph debe descartarse por incorrecta. Conviene destacar una vez más lo siguiente: el ablaut no es un fenómeno arbitrario, ni en la raíz ni en los sufijos (ni tampoco en las desinencias, aunque eso no sea pertinente aquí). Está sujeto, más bien, a reglas bastante estrictas, que los estudios indoeuropeístas probablemente ya han logrado esclarecer en su mayor parte. El desprecio persistente por conocimientos de este tipo solo puede llevar, por un lado, a perder el contacto con la investigación científica y/o a que los resultados obtenidos de ese modo (es decir, con métodos de reconstrucción totalmente obsoletos) deban considerarse inútiles o irrelevantes; y, por otro, a que la forma de hacer ciencia así practicada tenga que calificarse de ingenua, en el sentido de la cita que encabeza este artículo (a diferencia de la ciencia propiamente dicha, fundamentada, que en este caso es la indoeuropeística actual). 8. SEGUNDO BALANCE PROVISIONAL Así pues, como balance provisional adicional, cabe señalar lo siguiente: Udolph critica duramente las reconstrucciones de los indoeuropeístas e incluso escribe en un lugar, aparentemente con la intención de desacreditar la metodología de la indoeuropeística, acerca de formas «“re”construidas» (2011: 165); pero él mismo, al parecer, también reconstruye (al menos, también antepone a formas de palabras o raíces asteriscos, que normalmente indican que una forma léxica ha sido reconstruida); simplemente lo hace con una metodología obsoleta y, por tanto, peor que cualquier indoeuropeísta (o estudiante de indoeuropeística). El hecho de que —como ya debería haber quedado claro en los apartados anteriores— el debate dentro de la indoeuropeística científica siga abierto en algunos ámbitos y respecto de numerosas reconstrucciones (o reconstrucciones propuestas) es interpretado, sorprendentemente, como una debilidad por los mismos especialistas ajenos a esta disciplina mencionados antes, pese a que precisamente una cultura de debate de este tipo debería ser más bien una de las fortalezas de cualquier disciplina de humanidades. Pues solo mediante el debate y el intercambio de opiniones se puede lograr progreso. En cambio, las materias o disciplinas dominadas por las opiniones de una sola persona o de unas pocas, que entonces quizá ni siquiera sean capaces de renovar periódicamente su propia disciplina o de incorporar nuevas corrientes (que a veces también pueden proceder de disciplinas vecinas), sino que hacen todo «como siempre se ha hecho», perjudican a la larga a la disciplina en cuestión. 34 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik En este sentido, la dedicación de Udolph a la hidronimia paleo-europea, tal como él la aborda, es claramente un modelo agotado, y ya es hora, en efecto, de que los indoeuropeístas vuelvan por fin a ocuparse del tema. 9. SOBRE LAS OBSERVACIONES DE UDOLPH ACERCA DE LA ETIMOLOGÍA DEL NOMBRE DEL RÍO Iller Kommen wir nun zu weiteren Punkten der Polemik Udolphs (2011: 169), in denen er – wie eingangs schon an einer anderen Stelle moniert – wieder (absichtlich?) meine Darstellung etwas verzerrt wiedergibt: En mi artículo señalé claramente que no solo considero no etimológica la H- inicial de las atestiguaciones más antiguas del nombre del Iller (algo que, al parecer, Udolph también hace, por lo que estamos de acuerdo en este punto), sino que también considero sospechosa, como mínimo, la -l- simple, ya que en ambos casos hay que tener en cuenta una reinterpretación «etimológica monástica» —como la llamé— del lat. hilaris ‘alegre’.60 Udolph no considera en absoluto esta posibilidad. Además, se dejó claro que las geminadas intervocálicas que aparecen con mayor frecuencia a partir del siglo XII han de considerarse reales en la lengua; sin embargo, no conozco posibilidad alguna de explicar cómo habría podido surgir una geminada, en la transición del alto alemán antiguo al alto alemán medio, en un nombre de río que supuestamente se remonta a *Elira-. En su argumentación actual, Udolph intenta eludir este problema con el truco de ofrecer solo una forma del alto alemán medio y no postular nunca una forma del alto alemán antiguo. Escribe: De *Elira «surgió, por influencia de la -i- sobre la E- inicial, [61]de forma completamente regular, la forma del alto alemán medio *Ilere; por debilitamiento de las sílabas átonas surgieron las formas atestiguadas Ilre, Ilr. Solo después surgió la geminada. Las laringales no tuvieron ningún papel». De hecho, las laringales no desempeñan ningún papel en el debilitamiento de las sílabas átonas del alto alemán medio; que yo sepa, sin embargo, nadie ha afirmado nunca lo contrario. Udolph no aborda el problema que planteé: en época del alto alemán antiguo se encuentran principalmente formas del tipo (H)ilar- (también, esporádicamente, (H)iler- y, una vez, (H)il(i)r-). Pero de la postulada «*Elira» no se llega automáticamente al alto alemán antiguo (H)ilar-. Y volvemos al punto de partida de mi argumentación: si la H- y la -a- pueden atribuirse a la influencia del lat. hilaris, naturalmente también podría ser el caso de la -l- simple. Y puesto que el propio Udolph ha aportado ahora, muy oportunamente, una atestiguación temprana de la 60 Vgl. Bichlmeier 2010a: 27f. 61 Los especialistas hablarían aquí de ‘elevación’. Straipsniai / Articles 35 HARALD BICH LMEIER Al citar una geminada: «804 Hillergaugensem», me parece aún más probable que precisamente la forma con geminada sea antigua y no la que presenta una -l- simple. En principio, parece mucho más probable que unos monjes que escribían en latín no anotaran una geminada germánica o altoalemana antigua, a que escribieran como geminado un consonante simple. Sigue siendo completamente incomprensible cómo, a partir de la -l- simple, habría surgido una geminada en los siglos XI/XII/XIII, como postula Udolph: algo así simplemente no ocurre y, por consiguiente, tampoco se encuentra en ninguna gramática; significativamente, en su artículo Undolph tampoco cita ni una sola de las numerosas gramáticas del alto y medio alto alemán, y mucho menos alguna gramática histórica del alemán. Más bien, a la luz de las «formas documentadas Ilre, Ilr» de época del medio alto alemán que él cita, parece plausible sospechar que considera que la geminada pudo haberse originado por la -r- siguiente: algo semejante sí existe, aunque entre 500 y 1000 años antes, concretamente la geminación consonántica del germánico occidental ante *-r-/-l-/-m-/-n-/-u-.62 Si, no obstante, Udolph pudiera aportar pruebas concluyentes, junto con citas de la bibliografía secundaria, de los fenómenos fonéticos de la historia de la lengua alemana que, a mi juicio, ha inventado libremente, la comunidad científica sin duda se lo agradecería. Sin embargo, cabe temer que no lo consiga.63 Así pues, ya en este punto llegamos a la conclusión de que la solución tradicional para la etimología del nombre Iller, que Udolph defiende con vehemencia (precisamente por ser tradicional), sencillamente no funciona y, por tanto, debe rechazarse. Con sus observaciones adicionales sobre la etimología de este nombre, esta vez acerca del sufijo que aparece en él, Udolph demuestra, por un lado, una actitud hacia las autoridades que resulta algo extraña y, por otro, deja patente que necesita ponerse al día en materia de historia fonética germánica y alemana: En la pág. 169 señala de inmediato que ya Adolf Bach, en su obra sobre toponimia, considera evidentes los sufijos «-ra, -ara, -ura, -ira, -era» para los «nombres femeninos de ríos». Es evidente que estos sufijos existen en algún nivel o estadio temporal; sin embargo, ni Bach ni Udolph aclaran cuál: aquí se trata, como probablemente puede deducirse de las afirmaciones de ambos, 62 Véase al respecto Krahe/Meid 1969: 1, 104–107. 63 Como otros ejemplos del trato descuidado que Udolph da a los hallazgos de la fonética histórica, la morfología y la semántica de diversas lenguas (sobre todo del protoindoeuropeo y del germánico), cabe mencionar su etimología del topónimo Magdeburg (para el que ha inventado un adjetivo germánico «*magath- ‘grande’; véase Bichlmeier 2011d) o su etimología de topónimos con Hall-, impecable esta vez desde el punto de vista fonético, pero del todo insatisfactoria semánticamente (según Udolph, ‘pendiente’ o algo parecido; véase Bichlmeier 2012e, nota 12, con referencias a bibliografía pertinente). 36 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik podemos concluir que se trata, en todos los casos, de un estadio sincrónico del germánico occidental tardío común (si es que no de uno aún posterior). En otras palabras, tampoco aquí se ofrecen datos aceptables, y mucho menos significativos, sobre la etimología: la -r- que aparece en estos sufijos de nombres de ríos de procedencia germánica o transmitidos por el germánico puede remontarse al protoindoeuropeo *-s- o *-r-; entre las vocales anteriores a -r-, -a- puede continuar el protoindoeuropeo tardío *a, *o, quizá también *ā; -u- podría remontarse a *u, *ū; -i-, por consiguiente, a *e, *i y probablemente también *ī; y -e- parece continuar, con mayor probabilidad, *e, si las formas léxicas no son ya testimonios que reflejen el debilitamiento de las sílabas átonas, iniciado en el alto alemán antiguo tardío, a /ə/. Solo cuando todo esto se haya aclarado para cada forma de nombre en particular (o al menos para una selección suficientemente amplia y, por tanto, representativa), podrá abordarse de manera pertinente la cuestión de cuáles de esas formas pueden compararse realmente con nombres no germánicos o no transmitidos por el germánico que también presenten «un sufijo -ira» (Udolph 2011: 169; si la grafía sin asterisco es intencionada, Udolph comete aquí otro error metodológico, pues entonces compara formas léxicas efectivamente documentadas de una región con formas reconstruidas de otra, es decir, no argumenta en el mismo plano temporal)64. Y también en ese caso habrá que seguir primero el procedimiento que acaba de exponerse y aclarar a qué pueden remontarse las vocales y consonantes contenidas en el sufijo. Esto se aplica asimismo a los nombres de ríos citados por Udolph (2011: 170), en los que reconoce «sin lugar a dudas el sufijo *-ira»: una vez más, es revelador que —como tantas veces en este artículo y también en muchos otros— no indique a qué estadio lingüístico pertenece su «(*)-ira». Si no lo hace deliberadamente para ocultar su propia indecisión o ignorancia y/o confundir al lector, se trata de otra de las numerosas imprecisiones terminológicas de los trabajos de Udolph: si el sufijo (o conglomerado de sufijos) fuera protoindoeuropeo, debería escribir *-ireh₂- o, en protoindoeuropeo tardío, *-irā-; si fuera protogermánico, debería ser *-irō-; si solo fuera germánico occidental, podría aceptarse *-ira-, pero entonces podría remontarse al protogermánico *-irō- o *-izō-. A uno le gustaría saber qué quiere decir realmente Udolph; así se podría responder con mucha más precisión a sus argumentos (aparentes). 64 Vennemann sigue un procedimiento comparable en muchos de sus trabajos cuando, por ejemplo, para respaldar sus etimologías vascónicas compara formas medievales de topónimos y nombres de ríos alemanes con palabras vascas modernas, en vez de comparar, como exigiría el método, las reconstrucciones protovascas de las palabras vascas examinadas con las reconstrucciones anteriores al alto alemán antiguo/protogermánicas de los topónimos y nombres de ríos. Straipsniai / Articles 37 HARALD BICH LMEIER En cualquier caso, una comparación rigurosa de todos los nombres de masas de agua mencionados solo será posible cuando se haya aclarado la etimología de cada uno de ellos. Hasta ahora, para la mayoría de estos nombres (que por fin deben estudiarse debidamente) solo se dispone, a lo sumo, de primeros análisis morfémicos tentativos, y nada más. Que el dominio de Udolph de la fonología histórica de las lenguas germánicas todavía es incompleto lo demuestra, en este contexto, también su afirmación (Udolph 2011: 169) sobre el rotacismo, es decir, el paso del germánico primitivo *-z- > -r-: «Algo así solo es posible en el ámbito del germánico primitivo, es decir, en territorio de asentamiento germánico primitivo». Con total independencia de que se acepte o no la localización que propone Udolph de la patria originaria germánica en el norte de Alemania en sentido amplio (fuera del círculo de Udolph y sus alumnos, esto se considera todo menos seguro),65 no cabe duda de que el rotacismo es un fenómeno relativamente tardío: el gótico (bíblico) (finales del siglo IV, manuscrito del siglo VI [Codex argenteus]) no conoce el rotacismo, como tampoco las primeras inscripciones rúnicas. Es sabido que el gótico tiene incluso un grafema propio <z> para el fonema /z/; cf. gót. saislep junto a saizlep o gót. huzds frente al alto alemán moderno Hort). Aunque, naturalmente, la datación sigue siendo incierta debido a la escasez de testimonios, probablemente no pueda fecharse este cambio fonético en el germánico occidental antes de la primera mitad del primer milenio d. C., quizá incluso hasta mediados de ese milenio. Una de las pocas posibilidades de fechar este cambio fonético con algo más de precisión podría provenir incluso del ámbito de la toponimia de las aguas: si se acepta la etimología del nombre del río checo Jizera, alemán Iser (1297 Gizera) (unos 165 km, afluente por la derecha del Elba), y su derivación del germánico occidental */izero-/ < (germánico primitivo temprano) *isa/erā- (o < protocelta *isaro/ā- [si se postula una etapa intermedia protocelta]) < indoeuropeo *h₁ish₂-(e)ró/éh₂-66, 67, entonces este nombre demuestra que, cuando los eslavos llegaron a la cuenca de Bohemia —lo que, según la opinión general, ocurrió en todo caso solo en el siglo VI—, oyeron todavía el nombre con una fricativa sonora intervocálica, y no aún con -r-. El nombre alemán Iser debe considerarse un préstamo secundario del checo. Si esto es correcto, se obtiene el año 500 d. C. como terminus post quem para el rotacismo en germánico occidental. De todo ello se deduce directamente que, en principio, también las palabras germánicas que se incorporaron relativamente tarde al germánico común todavía pudieron experimentar este cambio fonético, 65 Cf., por ejemplo, Wagner 1994/95. 66 Cf. Blažek 2010: 32. 67 Cf. Bichlmeier 2011c y Bichlmeier 2012b para un tratamiento detallado de algunos nombres de masas de agua formados a partir de este etimón. 38 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik común, pero que, aun así, se formaron lo bastante temprano; del mismo modo, también pudieron experimentar este cambio las palabras que los germanos tomaron prestadas de otras lenguas. Si partimos ahora de que, a más tardar desde el siglo III d. C., los germanos llegaron también en gran número a la cuenca del río Iller (las primeras incursiones en el territorio de los decumates se produjeron ya desde la segunda mitad del siglo II d. C.), no veo ningún problema en que los germanos formasen aún una forma *ellizō, o bien oyeran y adoptaran una forma toponímica no germánica de sonido similar (¿quizá celta, con mayor probabilidad?), que luego habría evolucionado como todas las demás palabras germánicas.68 Sigo considerando posible que el nombre del Iller sea efectivamente de origen germánico; he expuesto una vía de explicación etimológica que, a mi juicio, tiene debidamente en cuenta las circunstancias históricas y también los cambios fonéticos. Estoy abierto a propuestas para mejorar esta etimología mediante nuevos avances; las explicaciones de Udolph, en cambio, representan un retroceso. En resumen: tampoco aquí se encuentra rastro alguno de etimología entendida como explicación de la palabra en todos sus niveles; se trata únicamente de meras descripciones de uno o, probablemente incluso, varios estados sincrónicos que se han tratado conjuntamente de manera injustificada (probablemente incluso de varias lenguas), junto con un primer análisis morfémico. Al margen de los nombres de ríos germánicos o transmitidos por mediación germánica aquí mencionados, también deben examinarse los nombres de ríos que con seguridad no son germánicos ni fueron transmitidos por mediación germánica, pero que presentan sufijos similares. También en esos casos hay que aclarar primero si puede haber rotacismo y a qué se remontan los distintos elementos vocálicos. La sinopsis de Udolph reúne sufijos similares de amplias zonas de Europa de una manera metodológicamente sumamente cuestionable mientras no se aclaren etimológicamente las formas individuales, y solo puede conducir a resultados erróneos. También aquí vuelve a quedar claro cuán necesario sería que el 68 Aunque la datación absoluta de los cambios fonéticos prehistóricos (es decir, anteriores a la atestiguación escrita de una lengua) siempre resulta difícil, cabe señalar aquí una cronología interna más reciente del protogermánico que Mottausch (2011: 2s., 173s.) ha considerado probable. Mottausch sitúa su «protogermánico III», cuyas características lingüísticas corresponden al protogermánico que suele reconstruirse en la indoeuropeística, entre el siglo I a. C. y el siglo II d. C.; este estado lingüístico tuvo que alcanzarse antes de la partida de los godos (finales del siglo II d. C.). En cualquier caso, este «protogermánico III» aún no había experimentado el rotacismo *z > r. Así pues, si este cambio fonético no se produjo inmediatamente después, es decir, durante las primeras décadas del siglo III d. C. (para lo cual hasta ahora no hay indicio alguno), esta cronología también apoya la idea de que los germanos que penetraron en las estribaciones alpinas aún tenían el sonido /z/ en su lengua. Straipsniai / Articles 39 HARALD BICHLMEIER Revisar una vez más todo el material pertinente, evaluarlo de nuevo según los criterios actuales y, sobre todo, antes de elaborar una gran síntesis, investigar por separado las etimologías de cada uno de los nombres de cursos de agua. A la luz de todo lo expuesto aquí, el procedimiento aplicado hasta ahora solo puede calificarse de poco riguroso. Por consiguiente, hay que poner en tela de juicio todos los resultados de las investigaciones anteriores, pues, debido a la metodología obsoleta, a lo sumo deben de haber llegado por casualidad a resultados correctos. En cualquier caso, las exposiciones de Udolph no han acercado en absoluto a una solución el problema de la etimología del nombre del río Iller. 10. RESUMEN Y PERSPECTIVAS Si, para concluir, hacemos balance de lo expuesto más arriba acerca de las observaciones de Udolph (2011 y también otras), solo cabe llegar a una conclusión: ciertamente ha llegado la hora de que los indoeuropeístas, como especialistas en lingüística histórico-comparativa, vuelvan a ocuparse de la hidronimia paleoeuropea. Es preciso que se atienda de forma amplia al llamamiento de Udolph en este sentido. Porque es indispensable que, por fin, se analicen estos nombres de cursos de agua conforme a los criterios y métodos de la indoeuropeística moderna. Las investigaciones de Udolph se sitúan, desde el punto de vista metodológico y en cuanto al conocimiento de la bibliografía secundaria pertinente de lingüística —en especial de indoeuropeística— y de otros instrumentos auxiliares, en el nivel de Krahe y, por tanto, en última instancia, casi siempre en el de la época de entreguerras. Los avances de la indoeuropeística del último medio siglo se ignoran por principio. Tanto en fonología y fonética histórica del protoindoeuropeo como en las lenguas particulares (por ejemplo, el germánico y el eslavo), Udolph está muy lejos de encontrarse al día respecto de la investigación. Este atraso se vuelve francamente flagrante en el ámbito de la morfología histórica, especialmente de la formación de palabras: nunca va más allá de describir o, en el mejor de los casos, nombrar de manera rudimentaria los morfemas presentes en una palabra o un nombre; e incluso los análisis morfológicos que ofrece —que solo constituyen el primer paso de una etimologización completa— se ajustan, debido a décadas de indiferencia hacia las investigaciones de la indoeuropeística sobre la formación de palabras, como mucho a los estándares de la época de Krahe. En definitiva, ni en los trabajos de Udolph examinados aquí con mayor detalle ni, apenas, en el resto de sus obras se encuentra una etimología completa que haga justicia a la conclusión de de Saussure de que una palabra consta de forma y contenido 40 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII Zum sprachwissenschaftlichen Niveau der Forschungen zur Alteuropäischen Hydronymie – eine Erwiderung auf eine Polemik (que, al elaborar una etimología, también deben explicarse ambos). El tono tan polémico como autoritario de las declaraciones del «señor de los nombres» que aquí se han examinado en detalle no debe hacer creer a nadie que no manifiestan graves incongruencias en todos los ámbitos de la lingüística histórica. En consonancia con la cita de Vennemann que encabeza el artículo, hay que calificar de «ingenuas» las etimologías al estilo de Udolph, pues se niega sistemáticamente a fundamentar sus trabajos en los «conocimientos pertinentes» que proporciona la indoeuropeística. A la vista de las deficiencias manifiestas que aquí se han puesto de relieve en algunas etimologías escogidas de Udolph, en adelante habrá que tratar los resultados de sus trabajos con aún mayor cautela: puesto que se ha demostrado que el análisis lingüístico de las respectivas formas léxicas presenta ya graves carencias, cabe preguntarse si las conclusiones extraídas de un material obtenido de ese modo (por ejemplo, sobre la patria originaria de eslavos y germanos) pueden siquiera sostenerse. Con el estado actual de la investigación no es posible ofrecer todavía una respuesta segura al respecto. Sin embargo, debería haber quedado claro que es preciso volver a examinar desde sus fundamentos, mediante los métodos de la indoeuropeística moderna, todo el material recopilado y analizado por Udolph y sus predecesores, a fin de depurarlo de etimologías manifiestamente dudosas, cuando no erróneas. Una vez preparado de este modo el material, se podrá volver a reflexionar sobre los patrones de formación de palabras en los nombres de cursos de agua y, quizá, especular de nuevo sobre hasta qué punto cabe extraer de ellos conclusiones acerca de posibles patrias originarias. Así pues, los protagonistas de la paleoeuropeística han dejado a la indoeuropeística una montaña de trabajo, pues no aplicaron al material que conocían desde hacía décadas —al menos en parte— los instrumentos de investigación que proporciona la indoeuropeística. Al mismo tiempo, los indoeuropeístas cometieron el error de confiar el análisis de este material a investigadores que carecían de la preparación metodológica suficiente. Dado que la paleoeuropeística no podrá recuperar este retraso científico en un futuro previsible —no en último lugar, porque faltan investigadores jóvenes debidamente formados—, los indoeuropeístas tendrán que asumir esta tarea. El futuro dirá si se puede atraer a suficientes investigadores jóvenes para ello, que no se dejen desalentar por el carácter anticuado de la presentación de los resultados de investigación hasta ahora; al fin y al cabo, la indoeuropeística ya cuenta de por sí con más campos de investigación interesantes de los que es posible abordar adecuadamente. Straipsniai / Articles 41 HARALD BICHMEIER BIBLIOGRAFÍA ACS – Holder Alfred: Alt-Celtischer Sprachschatz. 3 vols. Leipzig, 1896–1907. Alfieri Luca 2011: Radici Indoeuropee inizianti in *#V-, l’esistenza di *a- primaria e l’esito di *#h3e- in Anatolico. – Historische Sprachforschung 123, 2010 [2011], 1–39. Bammesberger Alfred 1981: Das -nt-Partizip bei athematischen Verbalstämmen im Griechischen. – Kuhns Zeitschrift 95, 1981, 286–292. Bichlmeier Harald 2007: Rezension zu Greule/Janka/Prinz (Hgg.) 2005. – Zeitschrift für bayerische Landesgeschichte 69/3, 2006 [2007], 1011–1014. 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El propio Udolph evalúa erróneamente los procesos que tuvieron lugar en la lengua, revelando así un conocimiento escaso de los trabajos publicados en las últimas décadas sobre la lingüística indoeuropea y sus métodos de investigación. Pueden señalarse las siguientes deficiencias de su artículo: 1) El sistema fonético de la protolengua indoeuropea se caracterizaba por la presencia de fonemas laríngeos. Los modelos reconstructivos que prescinden de estos elementos fonéticos están obsoletos y, por tanto, deben considerarse irracionales. 2) Sobre esta base, puede afirmarse que la reconstrucción de las raíces «*el-/ol-» se apoya en una metodología obsoleta. Además, los ejemplos ilustrativos de las lenguas bálticas que presenta Udolph no implican el modelo estructural de la raíz indoeuropea basado en la metodología mencionada. 3) La afirmación de Udolph de que en la protolengua indoeuropea no existía el sonante r es casuística. 4) La desatención sistemática a la influencia de las secuencias de alternancia vocálica en la diferenciación semántica de los hidrónimos debe considerarse un anacronismo científico. 5) El intento de derivar el hidrónimo Iller de *Elira, argumentado mediante las consideraciones etimológicas de Krahe, no tiene éxito. La etiología de la geminada de esta palabra, documentada ya en fuentes del siglo IX, que Krahe y Udolph intentaron explicar, no está clara. 6) El intento de Udolph de fundamentar el origen de Ulster, Alster y otros nombres de ríos de este grupo también se basa en la metodología errónea ya mencionada para explicar la evolución de los sonidos de la protolengua indoeuropea en el protogermánico y en las distintas lenguas germánicas. 7) Cabe señalar que las conclusiones de Udolph son contradictorias en lo que respecta a la cronología del rotacismo del germánico occidental. 8) Pese a la valoración negativa de Udolph de la nueva explicación del origen del sufijo protogermánico *–stra-, tradicionalmente Krahe, Meid y Udolph lo consideran un afijo primario. Esta postura es Straipsniai / Articles 49 HARALD BICHlMEIER tina: este formante derivativo surgió de la fusión de al menos dos elementos formativos distintos; se ha propuesto derivar los apelativos formados con este afijo de formas de tema en s o, respectivamente, de raíces indoeuropeas con las terminaciones *-s- y/o *-d/t-, así como del formante indoeuropeo instrumenti *-tro-. Junto a tales formaciones pudo surgir el sufijo protogermánico *-stra- en nombres de ríos con un sufijo secundario de agentis *-t(e)r- + *-o-, una tematización propia de raíces indoeuropeas con las terminaciones *-s- y/o *-d/t-, o bien de adjetivos indoeuropeos secundarios sustantivados, formados con el sufijo *-ro- a partir de antiguas formas de tema en s. A partir de los argumentos 1–7, puede afirmarse que Udolph no tiene en cuenta los métodos de investigación habituales de la lingüística histórico-comparativa moderna o, respectivamente, de la indoeuropeística. En resumen, cabe concluir que el análisis anterior de Udolph sobre los hidrónimos más antiguos de Europa (atribuidos a los estratos de la Antigua Europa, el protogermánico o el protocelta) debe verificarse mediante los métodos de la lingüística moderna. Las conclusiones de este investigador se basan en planteamientos obsoletos y en una metodología totalmente carente de perspectivas desde el punto de vista de la indoeuropeística actual. Solo después de revisar todos los trabajos de este ámbito podrá determinarse cuántos conservan un valor duradero. Recibido el 31 de mayo de 2012. HARALD BICHlMEIER Sächsische Akademie der Wissenschaften Arbeitsstelle Jena: Etymologisches Wörterbuch des Althochdeutschen Zwätzengasse 12a, D-07743 Jena [email protected] Martin-Luther-Universität Halle-Wittenberg Orientalisches Institut, Seminar für Indogermanistik und Allgemeine Sprachwissenschaft Heinrich-und-Thomas-Mann-Str. 26, D-06108 Halle (Saale) [email protected] 50 Acta Linguistica Lithuanica LXVIII