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Arte como institución interior. Arte y relato institucional

Author: Estankona Loroño, Andrea
Publisher: Asociación Cultural Sans Soleil
Year: 2013
Source: https://addi.ehu.eus/bitstream/10810/70854/1/Art-estankona.pdf
ISSN: 2014-1874
Re is a Sans Soleil - Es udios de la Imagen, Vol 5, Nº 1, 2013, pp. 83-91.
Recibido: 15 de ene o de 2013.
Acep ado: 30 de ene o de 2013.
Resumen:
Desde una isión ansdisciplina , se in en a una ap oximación al a e y al ela o ins i ucional a ando de explica los mecanismos que han
in e enido en la cons ucción del concep o a e como una ins i ución in e io en la cul u a occiden al, es echamen e elacionada con
nues a iden idad, nues o imagina io y nues a ida psíquica y simbólica. Incidimos en las dos isiones apa en emen e con apues as que
con i en en el concep o a e: la esencialis a y la his o icis a, en endiendo que la His o ia del A e debe conside a se un p oceso de con inuo
diálogo en e las dis in as á eas de conocimien o, a o eciendo la ijación de concep os que pe mi an la in e subje i idad.
Palab as Cla e: A e, ela o ins i ucional, ansdisciplina iedad, imagina io
Abs ac :
F om a ansdisciplina y app oach, we y o make a c i ical analysis o a and ins i u ional heo e ical amewo ks. We explain he mechanisms
ha ha e aken pa in he cons uc ion o he concep o A as an in e nal ins i u ion in Wes e n cul u e. These a e s ongly ela ed o ou
iden i y, ou imagina y and ou physicological and symbolic li e. We poin ou he wo appa en ly con adic o y iews ha coexis in a
concep : he essen ialis and he his o icis . We unde s and A His o y as a con inuous dialogue among di e en ields o knowledge which
pe mi s he es ablishmen o concep s ha allow in e subjec i i y.
Key Wo ds: A , Ins i u ional heo e ical amewo k, ansdisciplina i y, imagina y
* Licenciada en His o ia del a e y Más e en In es igación Social po
la Uni e sidad del País Vasco e in es igado a adsc i a a la Am e dam
School o Cul u al Analysis, es á desa ollando ac ualmen e su p o-
yec o de esis doc o al “Nue as Ins i uciones A ís icas en los Sis emas
Regionales de Inno ación: del Museo a la Fáb ica de C eación”.
And ea Es ankona Lo oño*
Uni e sidad del País Vasco / Euskal He iko Unibe si a ea
In es igado a adsc i a a la Am e dam School o Cul u al Analysis
A e como ins i ución in e io . A e y ela o ins i ucional
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A e como ins i ución in e io . A e y ela o ins i ucional
And ea Es ankona Lo oño
«Soy el maes o luna de odos los sueños, el músico solemne de odos
los silencios. ¿Recue da lo que ha pensado alguna ez al halla se sola,
en e a un inmenso paisaje de a bolados bajo la luz de la luna? No lo
ecue da, po que pensó en mí, y, debo deci lo, en e dad, no exis o. Si
algo exis e no lo sé. Las aspi aciones agas, los deseos ú iles, el edio que
nos p oduce lo ulga , aun cuando lo amamos, los abo ecimien os de lo
que no abo ece, odo ello es ob a mía y nace cuando me echo a la o illa
de los g andes íos del abismo y pienso que ampoco sé nada. En onces,
mi pensamien o desciende, e lu io ago, has a las almas de los homb es,
y ellos se sien en di e en es de ellos mismos. Lle o conmigo ecue dos de
cosas que no llega on a se pe o que casi llega on a se ».
Fe nando Pessoa, La ho a del diablo.
1. ARTE
Responde a la p egun a ¿qué es el a e? no es una a ea sencilla. Las palab as en
gene al, y las g andes palab as en pa icula , suelen posee una ca ga de signi icado
que ansciende con mucho la comp esión inmedia a y supe icial, pues la han
ido adqui iendo en su la go eco ido his ó ico. Sea como ue e, el hecho es que
cualquie pe sona de nues o en o no cuando oye la palab a a e c ee comp ende
a qué hace e e encia. Lo que da luga a una cu iosa pa adoja que pod íamos
enuncia así eco dando a Bo ges: ¿Qué es el a e? Si no me lo p egun an, lo sé.
Si me lo p egun an, no lo sé. Y es o p ueba has a qué pun o hemos in e io izado
un componen e ins i ucional en el concep o a e, inco po ándolo al conjun o de
alo es y c eencias que nos iden i ican como comunidad.
Lo que hemos dado en llama c eación a ís ica es á inculada al se humano
desde el p ime momen o en que enemos cons ancia de su apa ición en la his o ia.
Los p ime os as os de nues a exis encia como especie es án elacionados con
nues a capacidad pa a c ea , en un p incipio ins umen os ú iles pa a ga an iza
nues a supe i encia, pe o no ha habido cul u a o ci ilización que no haya c eado
ambién obje os (a e ac os) de una o ma desin e esada (en el sen ido kan iano
del é mino), es deci , sin ene una unción p ác ica inmedia a elacionada con
las necesidades ma e iales, y que se c eaban po an o pa a da espues a a una
necesidad es é ica, simbólica, i ual o mágica.
Es muy suge en e epa a en el hecho de que c ea , más aún algo que no iene
una u ilidad p ác ica, es siemp e un ac o de libe ad, pues o que supone pone en
el mundo algo que no enía po qué exis i . Todo se lle a implíci a la posibilidad
de no se . Lo que nos hace pensa que esa c eación es la consecuencia de un
impulso esencial consus ancial a la na u aleza humana. Es p ecisamen e es a
condición esencial la que di icul a una de inición simple y di ec a, pues o que
es e impulso es á cla amen e elacionado con odos los aspec os undamen ales
que nos con o man: nues a elación con la ealidad, nues a noción c onológica
y subje i a del iempo, nues a psicología, nues o in elec o, lógico y conscien e,
nues as necesidades me a ísicas, nues a capacidad c ea i a, y nues a na u aleza
de se es sociales, ampliando las conno aciones indi iduales a las colec i as como
pone de mani ies o Ca l Gus a Jung cuando esc ibe:
«El a is a no es una pe sona do ada de lib e albed ío que busca sus
p opios ines, sino que pe mi e al a e ealiza sus p opios ines po su
in e medio. Como se humano pod á ene cap ichos, olun ades y
obje i os pe sonales, pe o como a is a es un homb e en el sen ido más
ele ado, un homb e colec i o, aquel que lle a y moldea la ida psíquica
inconscien e del géne o humano»1.
Todo ello hace obligado que cualquie in en o de de inición del a e equie a
auna odas las pe spec i as pa ciales pa a ob ene una ap oximación mínimamen e
sa is ac o ia.
En el desa ollo de nues a cul u a occiden al se han sucedido los in en os de
explica , clasi ica y no maliza el a e, gene ando un uni e so concep ual y eó ico
que ha es ablecido ca ego ías pa alelas como la es é ica, la belleza, la o ma ideal,
lo sublime, la mímesis, la poiésis, que luc úan en e que el a e nos ep esen a
o nos ansciende, y que se han ca ac e izado po una e ó ica que no pe mi e
conclusiones obje i ables. Lo que sugie e que el a e iene algo de inap ehensible
que hace que p obablemen e solo sea o almen e abo dable desde lo que Ma ía
Zamb ano de inió como azón poé ica.
1 Ca l Gus a Jung, Mode n Man in Sea ch o a Soul (New Yo k: Ha cou B ace Jo ano ich,
1933), 173.
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Todo es o nos hace pensa que al ez, como dice Hube Damisch2, más que
habla de una His o ia del A e debe íamos o mula nos la siguien e p egun a: El
A e, ¿de qué es la his o ia? Vamos a in en a esponde nos:
C ea , como hemos is o, es consus ancial al se humano pe o ambién lo es,
como nos dice S eine hace se p egun as:
«An es que Homo sapiens somos Homo quae ens, un animal que no
deja de p egun a . Un animal que aba o a los lími es del lenguaje y de las
imágenes (¿se á solo la música la que pa ece a a esa esos lími es?) con
la con icción, elocuen e o udimen a ia, me a ísicamen e a cana o an
inmedia a como el llan o de un niño, de que exis e un “o o”, que hay un
“a ue a”. Los e bos la inos ali e y aliunde ayudan a en ende lo, así como
el pe sonaje del Ex anje o, al como lo encon amos en las Esc i u as o
en Pla ón, en los poe as y en los pin o es. Los p o e as, los apsodas, son
ciegos, dice la adición, po su p oximidad a la luz»3.
Resal ando esa cualidad esencial, quie e hace nos comp ende que ese
se que oma consciencia de sí mismo y se sabe po encialmen e c eado , iene
necesa iamen e que p egun a se cómo, qué, o más aún, quién ha c eado lo o o y
a él mismo, y ambién, pe cibiendo el iempo limi ado de su exis encia, si lo o o
con inua á y qué se á de él as su mue e ísica.
Es esponde a es as p egun as lo que da inicio a es gigan escas emp esas que
nos digni ican y nos hacen se e dade amen e humanos: la Teología, la Filoso ía
y el A e (los es ni eles del espí i u absolu o de Hegel) y es signi ica i o que en
su desa ollo his ó ico hayan pe manecido es echamen e inculadas.
Schopenhaue 4 sugi ió que la ealidad es con a ia a la ida y con ello que ía
exp esa la necesidad que los se es humanos enemos de il a los da os obje i os
de la ealidad pa a hace los manejables y ú iles pa a la ida.
2 E ns Van Alphen, «Hube Damisch», en Pensado es cla e sob e el a e: el siglo XX, ed. Ch is
Mu ay (Mad id: Cá ed a, 2010), 98-104.
3 Geo ge S eine , G amá icas de la c eación (Mad id: Si uela, 2011), 29.
4 A hu Schpenhaue , El mundo como olun ad y ep esen ación (Mad id: T o a, 2003).
Sin ex ende nos en p olijas explicaciones, odos podemos en ende que la
ealidad ísica no puede se pe cibida en su o alidad po el homb e, muy al
con a io, nues os sen idos ienen como unción p incipal apo a nos aquellos
da os que nos pe mi an elabo a una icción manejable en la que desa olla
nues a exis encia. Es e iden e que es a apa iencia es la que noso os necesi amos
pa a con i i con una ealidad a nues a medida.
Es o es simila pa a odos los animales en un ni el de pu a supe i encia ísica,
pe o el homb e, como sabemos, iene además la capacidad in elec ual de azona
y oma conciencia de sí mismo.
Así, el psicoanalis a Jacques Lacan o muló los concep os de lo eal, lo
imagina io (no en endido como ic icio sino elacionado con las imágenes) y lo
simbólico que u ilizó pa a de ini los elemen os de la es uc u a psíquica humana.
La noción de Lacan de lo eal es un concep o muy complicado p ecisamen e
po que es algo ajeno a lo imagina io o a lo simbólico aunque con lo imagina io y
lo simbólico es é siemp e elacionado. Lo imagina io, o aspec o no lingüís ico de
la psique, o mula el conocimien o p imi i o del yo, en an o que lo simbólico,
é mino que u ilizaba pa a la colabo ación lingüís ica, gene a una e lexión a ni el
comuni a io del conocimien o p imi i o del yo y c ea el p ime conjun o de eglas
que gobie nan el compo amien o. Lo eal es la ealidad no imaginada y menos
aún e balizada, siemp e p esen e pe o con inuamen e mediada po lo imagina io
y lo simbólico. Es po lo imagina io y lo simbólico que el se humano iene un
“sen ido común” que le da la noción de la ealidad. 5
Si ex aemos de odo es o aquello que nos es ú il pa a es e abajo, lo
esumi emos de es a o ma:
El se humano, en an o que animal acional, ex ae su concepción del mundo de
la in e elación de los es ni eles (lo eal, lo imagina io y lo simbólico) y esa ealidad
la codi ica median e símbolos que le pe mi en an o el lenguaje hablado, como el
lenguaje a ís ico. Así que como emos, el a e es un complejo mecanismo que ha
desa ollado el animal humano pa a ap ehende lo en p incipio inap ehensible,
5 Da id Macey, «Jacques Lacan», en Pensado es cla e sob e el a e: el siglo XX, ed. Ch is Mu ay
(Mad id: Cá ed a, 2010), 192-198.
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A e como ins i ución in e io . A e y ela o ins i ucional
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pa a ep esen a lo que no es e balizable, y pe mi e exp esa in uiciones,
emociones y es ados de ánimo que o man pa e del monólogo in e io que es
nues a consciencia.
Pe o además, como habíamos dicho, enemos una o ma especial de ap ecia
el iempo que ambién nos dis ingue del es o de los animales. P obablemen e
compa amos el que co esponde a los ciclos de la na u aleza y ambién, al menos
pa cialmen e, el concep o de pasado y de p esen e. Pe o somos la única especie que
pe cibe el u u o y pe cibi lo, nos p opo ciona espe anza pe o ambién la angus ia
y la ince idumb e. Es po es o que la c eación a ís ica busca en e sus e ec os
gene a un código de iempo p opio que sea, de alguna mane a, apa en emen e
con olado po noso os. Bas a con pensa en ese iempo p opio que nos pe mi e
una melodía o la con emplación de un dibujo pa a en ende a qué nos es amos
e i iendo. Así pues, enemos un animal con espe anza, con angus ia y como
consecuencia de ello, con la necesidad de i i en un p oyec o. Lo que ha á
necesa io pa a el se humano que en an o que animal social, el lenguaje a ís ico
juegue ambién el undamen al papel de ansmi i un discu so de alo es, no mas
de compo amien o y elemen os de iden idad indi idual y colec i a.
José O ega y Gasse esc ibió:
«La ida nos es dada po que no nos la debemos a noso os mismos, sino
que nos encon amos un día an e ella. Pe o la ida no nos es dada hecha,
ya e minada, sino que enemos que hacé nosla cada uno de noso os, po
lo que la ida es quehace . Tenemos que es a siemp e haciendo algo, y nos
emos obligados a decidi con inuamen e. Lo que pasa es que cualquie
decisión le es imposible al homb e si no posee algunas con icciones sob e
lo que son las cosas, los o os homb es, y él mismo. Solo a pa i de esas
con icciones puede el homb e p e e i una acción a o a, y pues o que
i i es decidi , g acias a sus con icciones puede el homb e i i »6.
Y añade:
6 José O ega y Gasse , His o ia como sis ema y o os ensayos de iloso ía (Mad id: Alianza Edi o ial,
1999), 3.
«El homb e no iene na u aleza, sino que iene his o ia. Nues os
compo amien os no es án condicionados po nues os genes sino po el
de eni his ó ico en el que se han ido aguando las con icciones con las
que aho a pensamos y que an es pensa on o os»7.
Es a es la ealidad: según O ega, el homb e iene que es a siemp e en
alguna c eencia; las c eencias cons i uyen el suelo de nues a ida. Solemos deci
que enemos de e minadas ideas, pe o nues as c eencias, más que ene las, las
somos. En la ansmisión de esas c eencias la ob a de a e ha desempeñado y aún
desempeña un papel impo an e po que albe ga en su in e io mensajes que, más
allá de un discu so lógico, ienen el po encial de pene a en nues a men e en los
ni eles imagina io y simbólico.
Richa d Dawkins no solo o muló la eo ía del gen egoís a, que concede el
p o agonismo en la exis encia de los indi iduos a unos eplican es (o eplicado es),
los genes, que anidan en el in e io de sus células. Pa a noso os, los humanos,
Dawkins concibió o a me á o a, no menos inquie an e, que se e ie e a unos
eplican es que habi an en nues os ce eb os. Se a a de lo que el au o llamó
los memes (palab a que es un híb ido en e imi ado y gen) Po meme se en iende
cualquie elemen o cul u al suscep ible de se imi ado. La in e esan e idea de
Dawkins es que los memes se copian como los genes, y sal an así, igual que ellos,
de unos cue pos a o os, pe pe uándose.
Los memes son, si se quie e, huéspedes de nues os ce eb os. Cuando alguien
plan a un meme en o o ce eb o li e almen e lo in ec a, con i iendo ese ce eb o
en un ehículo de p opagación del meme. Si los o ganismos son, según Dawkins,
me as máquinas pa a la supe i encia de los genes, los humanos somos ambién
(y es o es lo que nos hace di e en es) máquinas pa a la supe i encia de los memes.
De un segundo a o o los memes pueden iaja de muchas mane as, empezando
po la con e sación y la obse ación; y po supues o, los esc i os, las ob as de a e...
También pueden pe manece du mien es en muchos ipos de sopo es, como el
papel de los lib os, la pied a de una insc ipción, el celuloide de una película, el
lienzo de un cuad o, e c, pe o pa a eplica se iene necesa iamen e que accede a
7 Ibid.
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una men e humana8.
Así que ecapi ulemos:
El homb e necesi a pa a i i ene , se c eencias; necesi a una concepción de él
mismo, del o o y del mundo, elabo ada a pa i de su pensamien o simbólico, de
mane a que incidi o modi ica en su imagina io y en los símbolos que con o man
esas c eencias, es i al pa a que adop e una decisión u o a y ome como suyas
ideologías o escalas de alo es.
Dos he amien as son las undamen ales pa a consolida o modi ica ese
en amado simbólico:
- El lenguaje, que pe mi e la cons ucción y modi icación de los símbolos
e bales.
- El a e en odas sus mani es aciones, que pe mi e co po iza y da imagen a
esos símbolos e bales, además de c ea o os nue os.
Si damos po buena la a i mación el homb e es gobe nado po su imaginación
es con enien e epa a en que el a e es uno de los p incipales agen es que la ac i an
y la condicionan. Osca Wilde, con su habi ual ono ingenioso y p o ocado , lo
explica bellamen e en es e pasaje de su ob a La decadencia de la men i a:
«El ex ao dina io cambio que se ha p oducido en el clima de Lond es
de diez años acá se debe en e amen e a una pa icula escuela de a e (el
imp esionismo). Las cosas son po que las emos, y lo que eamos, y cómo
lo eamos, depende de las a es que nos hayan in luido. Mi a una cosa es
muy dis in o de e la. Nada se e mien as no se e su belleza. En onces,
y solo en onces, adquie e exis encia. En la ac ualidad, la gen e e nieblas,
no po que haya nieblas, sino po que poe as y pin o es le han enseñado la
belleza mis e iosa de ales e ec os. Pod á habe habido nieblas en Lond es
desde hace siglos. Segu amen e las hubo. Pe o nadie las eía, y po lo an o
nada sabemos de ellas. No exis ie on has a que el a e las in en ó»9.
8 Richa d Dawkins, El gen egoís a (Ba celona: Sal a Edi o es, 1993).
9 Osca Wilde, La decadencia de la men i a (Mad id: Si uela, 2009).
Es a ex ao dina ia capacidad del a e pa a modi ica nues a mi ada nos hace
pensa que ha enido que desempeña un papel undamen al en los p ocesos
de cambio e inno ación de las dinámicas sociales, has a el pun o que Nie zsche
incula nues a mo al con nues a concepción de la es é ica. Y si, como nos
ad ie e Be and Russel «las leyes de la dinámica social son leyes que solamen e
pueden se es ablecidas en é minos de pode »10, pa a comp ende debidamen e el
enómeno a ís ico debe emos ene en cuen a el p oceso de ins i ucionalización
que ha expe imen ado el a e en el de eni his ó ico, dado que ins i ucionaliza
no es o a cosa que do a de es uc u a y de un conjun o no ma i o a cualquie
aspec o de la ac i idad humana pa a que cumpla su unción de acue do con los
in e eses de los alo es dominan es.
2. EL RELATO INSTITUCIONAL
Como emos, dos isiones apa en emen e con apues as con i en en el
concep o de a e: una, que pod íamos denomina esencialis a, alude a una cualidad
au ónoma au o e e encial del a e consigo mismo y le a ibuye alo es ideales
absolu os que se man ienen ajenos a cualquie condicionamien o his ó ico; po
el con a io, la isión que pod íamos llama his o icis a, sos iene, que odo a e
es á inculado a una cul u a, a un iempo, a un con ex o especí ico y en elación
con unos públicos de e minados. Ambas es án pe manen emen e p esen es en
odos los in en os de análisis y eo ización que han abo dado el concep o de
a e, a eces, en en ándose y a eces, complemen ándose. Así que si que emos
en ende co ec amen e el p oceso de cons ucción cul u al de la ins i ución
a ís ica, debe emos asumi que es a dualidad ha con ibuido a do a al a e de
un es a us especial y con adic o io que, po una pa e, lo incula es echamen e
con los alo es dominan es de cada momen o his ó ico, ace cándolo al pode y, en
muchos casos, siendo su ins umen o, mien as que simul áneamen e, se le si úa
en un ma co simbólico que le do a de un ca ác e ascenden e y de un au a que
lo dis ancia de la ida co idiana.
10 Be and Russel, El pode : Un nue o análisis social (Ba celona: RBA, 2010), 15.

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A e como ins i ución in e io . A e y ela o ins i ucional
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El p oceso de socialización necesi a c ea ins i uciones, es deci , icciones ú iles
que le pe mi an encauza y codi ica las pulsiones esenciales de los se es humanos
con el in de que sea posible o ganiza la con i encia comuni a ia. Y el equisi o
imp escindible pa a ins i ucionaliza es c ea un ela o que ansmi a un conjun o
de alo es y c eencias, pues o que el homb e, como nos decía O ega, necesi a
ene , se c eencias.
Es o es así, como sabemos, pa a el sen imien o eligioso o el impulso sexual
y ambién, lógicamen e, pa a el impulso c ea i o y es é ico. Más aún, cuando
esa o ganización social que se sabe sus en ada po un ma co simbólico, pe cibe
in ui i amen e que esa capacidad c eado a es la esponsable de ep esen a y ac i a
dichos símbolos. Es a es la o ma en que pueden coexis i las dos na u alezas del
a e: el impulso esencial exis e y se man iene, pe o siemp e condicionado po
ese ela o que es el que se e modi icado po los cambios ideológicos, polí icos,
económicos o ecnológicos de cada momen o his ó ico, dándose además la
ci cuns ancia de que la ac i idad a ís ica, una ez encauzada en un sis ema, iene
la capacidad de e oalimen a ese mismo sis ema.
Pe o no odas las o ganizaciones sociales se desa ollan de mane a lineal, algunas
como la cul u a clásica g iega, alcanzan g andes ni eles de éxi o y so is icación y
en onces, se p oduce el e ec o al que Hannah A end se e ie e cuando dice:
«Solo allí donde es á asegu ada la subsis encia (de supe i encia)
puede habla se de cul u a desin e esada; solo allí donde nos compa amos
con cosas que exis en independien emen e de oda e e encia u ili a ia
y uncional, y cuya calidad pe manece siemp e semejan e a sí misma,
puede habla se de ob a de a e, siendo la belleza el c i e io ap opiado pa a
juzga las»11.
Es as sociedades exi osas han sido capaces de o ece a sus in eg an es una
noción especial del iempo. Libe ados del enesí de la subsis encia, los homb es
disponen de un iempo p opio pa a ellos, pa a la con emplación y pa a la e lexión,
11 Hannah A end , «La c isis en la cul u a», en En e el pasado y el u u o: ocho eje cicios sob e la
e lexión polí ica (Ba celona: Paidós, 2003), ci ado po Ma c Fuma oli en Pa ís – Nue a Yo k- Pa ís
(Ba celona: Acan ilado, 2010), 58.
el descanso y el ocio ecundo que los g iegos llama on schole y los omanos
ans o ma on pos e io men e en o ium, sob e lo que Fuma oli esc ibe:
«Según el uso que se hace del iempo, la mi ada y la imagen cambian
o almen e. Pasan de la u ilidad de la mi ada suspendida a los simulac os
que des ilan delan e de ella, a la de ención de la mi ada sob e una o ma
que lo sabe odo o que sabe mucho sob e su modelo»12.
Y concluye:
«Dos ex emos incompa ibles del iempo que la mi ada se pe mi e o se
niega, pa a elegi o sopo a las imágenes que colman o que engañan su
deseo de e , de sabe , de p oba lo que le al a»13.
A esa cul u a g iega que alcanzó ales ni eles de excelencia, le debemos la
c eación de un ela o ins i ucional del a e que da inicio y sien a las bases del
ela o ins i ucional a ís ico de la cul u a occiden al.
Hemos con enido que eso que damos en llama ela o es la pied a undacional
sob e la que cons uimos la ins i ución a ís ica. Examinemos aho a a qué nos
e e imos exac amen e: es una cons ucción compleja que se nu e de un sis ema
de pensamien o, de una de e minada concepción del mundo, del se humano,
y de la o ma de elaciona se en e ambos, y que ecogiendo las in uiciones y las
necesidades psicológicas del indi iduo, es capaz de do a las de un sen ido ideal,
ascenden e y simbólico, que las hacen comp ensibles pa a pode se compa idas
y con e i las así en inicia i as de acción con una unción comuni a ia.
Pa a ello, necesi a apo a un conjun o no ma i o po que iene una segunda
misión no menos impo an e, que es la de se i de pun o de encuen o en e
dos indi idualidades: la del a is a c eado y la del obse ado que pe cibe la
expe iencia es é ica. Es e código iene a su ez un doble ca ác e : p opo ciona al
c eado unas no mas de lenguaje pe o ambién cons iñe su libe ad de acción;
y en cuan o al obse ado , acili a la comp ensión y al mismo iempo coa a su
mi ada.
12 Fuma oli, Pa ís- Nue a Yo k- Pa ís, 41.
13 Ibid.
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Así, po lo que espec a al a e, la cul u a g iega, eniendo en cuen a dichos
in e eses y o os inculados a ellos, es ableció de iniciones no ma i as del a e, es
deci , ideas sob e el aspec o que debe ía ene la ob a de a e y de lo que debe ía
consegui . Po o a pa e, el hecho de e ique a algo como ob a de a e suponía
algún ipo de alo con espec o a la imagen, el obje o o el p oceso.
Po alguna azón, o más bien, po muchas azones, ese ela o que inicia on
los g iegos u o la i ud de esul a muy pode oso e in ec ó (en el sen ido que
le da Dawkins) las men es de sus con empo áneos y sal ó a la cul u a omana,
ans o mándola en ci ilización y con i iéndola en su agen e ansmiso que
di undió su mensaje has a los con ines del Impe io. Con la c is ianización, como
nos dice Jeanne He sch14 (comen ando el lib o XI de Las Con esiones de San
Agus ín), ese mensaje quedó inculado a la e y u o como esul ado, un nue o
sis ema de pensamien o que ansi a en e iloso ía y eligión, en e iloso ía y
eología. Como consecuencia de su con e sión eligiosa, es a iloso ía exige un
meno g ado de cohe encia acional (condición de la e idencia); se basa en la
expe iencia i ida po el alma y po la in eligencia. Es o supone una p ime a
c isis del ela o clásico pues o que se e inme so en las polémicas elacionadas
con la adicional condena, po idolá ica, de la ep esen ación di ina. An e la
e idencia de la g an ue za de la imagen y la expe iencia es é ica, e a necesa ia una
iconog a ía e e ida a aspec os doc inales y p og amá icos. Así, la nue a Iglesia
ampoco puede p escindi del icono pues o que cons i uye un ecu so necesa io
pa a la educación eligiosa y mo al del iel. Se impone, en consecuencia, enseña
a alo a lo que es necesa io e en las ep esen aciones igu a i as. Tal como
indicaba Plo ino, se a aba de descuida el alo de la imagen como apa iencia,
pa a asumi una isión me a ísica; la única que pe mi e que la con emplación pase
a se conocimien o o al.
Como podemos obse a , es a c isis pone en cues ión algunos de los aspec os
no ma i os que habían de e minado la c eación a ís ica. Pe o como e emos, no
los hacen desapa ece o almen e pues o que pe manecen p esen es en muchas
ob as, haciéndolas po ado as de los memes dispues os a in ec a las men es que
los obse an. Du an e la Edad Media, el a e consolida su inculación con la e
14 Jeanne He sch, El g an asomb o (Ba celona Acan ilado, 2010).
eligiosa in luida po la iloso ía escolás ica y su Fides quae ens in ellec um, la e que
busca la comp ensión. Si bien en el discu i de los siglos se p oducen cambios,
hallazgos es ilís icos, y la c eación es á en pe manen e e olución, el ela o con inúa
undamen almen e inmu able. Pe o el p incipio de una nue a c isis se a ecina:
en o no al año 1250, la ob a de A is ó eles, después de desapa ece p ác icamen e
de Eu opa ue es ablecida po los doc o es judíos y á abes, as un la go eco ido
po Á ica del No e y España, y a pa i de en onces eje ció una g an in luencia,
haciendo que po su in e medio el discu so clásico empeza a de nue o a ab i se
camino.
En esa época, los clé igos, que e an los enca gados de los es udios ilosó icos, se
di iden: unos, llenos de admi ación, que aun a iesgo de e la adición c is iana
en pelig o po esa in luencia de pensamien o an iguo, p e enden conse a la po
encima de odo; y o os que, po el con a io, se a e an a la e y se de ienden
apasionadamen e de oda in il ación pagana. La ob a de San o Tomás de Aquino
es el in en o de consegui una sín esis en e ambas.
Es ácil en ende que la eapa ición del sis ema de pensamien o clásico hab ía
de p oduci e ec os impo an es. Más aún cuando acaso aho a e a más pode oso
al habe se en iquecido con las in luencias judías e islámicas. En los siglos XV
y XVI en I alia, al ededo de cen os emblemá icos como Flo encia, Roma y
Venecia, se p oduce la eclosión de ideas nue as: ins i uciones, c eencias y sis emas
de pensamien o, son con es ados o p o undamen e ans o mados. Un momen o
ma cado po el e o no a la expe iencia. Mien as la escolás ica se inculaba sob e
odo a los ex os, aho a se elabo an mé odos empí icos que pe mi en p egun a
di ec amen e a la na u aleza. Po o a pa e, la azón, has a en onces limi ada po
su necesa io acue do con los dogmas y la Esc i u a, se libe a o almen e y conquis a
el de echo a imagina . Es amos en el Renacimien o y la azón libe ada imagina
pues, nue os esquemas de pensamien o, nue as p egun as y nue os mé odos. Pe o
ambién es una época con adic o ia: al mismo iempo que busca la expe iencia
di ec a p e ende eg esa a las uen es de la adición. Pa a los humanis as es o
signi ica accede , sin in e media ios que in e p e en, a las uen es clásicas.
Las consecuencias pa a el a e son de p opo ciones gigan escas. Su gen un g an
núme o de genios con nomb e p opio en las más di e sas disciplinas, y con ibuyen
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A e como ins i ución in e io . A e y ela o ins i ucional
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a ei indica la indi idualidad del au o en e al oscu o ca ác e a esanal del
a is a de la Edad Media. El pueblo alo a y dis u a del a e y los pode osos lo
p o egen y coleccionan. Y es ese p odigioso caldo de cul i o el que pe mi e que el
ela o ins i ucional del a e dé un paso undamen al con dos impo an es hi os:
la publicación de las Vidas de los más excellen es pin o es,escul o es y a qui ec os de
Vasa i, que cons i uye uno de los inicios del géne o académico de la His o ia del
A e, y el uso de la Gale ía de los U izi pa a, de alguna mane a, no p og amá ica
pe o si de ac o, expone al público la colección de los Medici. Si en la cul u a
clásica habíamos hablado del iempo especial con empla i o que pe mi ía ap ecia
las ob as (el schole g iego y el o ium omano), el Renacimien o da un paso más en
la ma e ialización de la ins i ución con la apa ición de un espacio simbólico ci il
pa a el a e des inculado de la eligión, y un emb ión de la His o ia del a e que
empieza a con e i lo en una disciplina académica y que iene su con inuación
lógica en el nacimien o de las academias: p ime o la Accademia del Disegno en
Flo encia en 1563 y más a de en 1593, en Roma, la Accademia di San Lucca, que
se con i ió en uno de los p incipales modelos pa a las academias de a e eu opeas.
Du an e el ba oco, con al ibajos, es e p oceso siguió consolidándose. Las dos
ins i uciones más pode osas, es deci , la eligiosa y la moná quica, die on al a e
un espacio undamen al así como un sen ido pa imonial. Las colecciones eales
cob a on g an impo ancia y la ac i idad coleccionis a se ex endió a la nobleza
adqui iendo un au a de dis inción y p es igio que los bu gueses icos quisie on
emula . Todo es o supuso que hubie a un me cado del a e especializado que hizo
que los nomb es de los a is as aspasa an on e as y siguió consolidándose así el
es a us especial del a is a.
La Ilus ación supone pa a el ela o ins i ucional del a e, el momen o en que
se de inen algunos de los aspec os undamen ales que con igu an un modelo
que ha pe manecido en lo sus ancial has a nues os días. La época de las luces
es conside ada po muchos un nue o enacimien o. Pa ís es el cen o e e encial
que eje ce su in luencia en oda Eu opa. La publicación de la Enciclopedia y el
espí i u de la azón a ec an a odas las á eas po enciando un ánimo c í ico hacia el
sis ema económico, social y polí ico es ablecido, que culmina ía en la Re olución
ancesa.
En pleno neoclasicismo, el sis ema de Bellas A es ancés con sus academias
asen adas en el Palacio del Lou e, con sus salones, se había con igu ado como
cen o a ís ico eu opeo en de imen o de Roma. Pe o ue as la Re olución
ancesa, que implicó la abolición de la mona quía, cuando el Palacio del Lou e
ue des inado a unciones a ís icas y cien í icas, concen ándose en él al año
siguien e las colecciones de la co ona. Pa e del Lou e se ab ió po p ime a ez
al público como museo el 10 de agos o de 1793. Lo no edoso de la medida ue
que se nacionalizaban bienes de p opiedad eal, y que el acceso e a lib e pues no
se limi aba al público cul o ni se egulaba median e isi as conce adas, como sí
ocu ía en los U izi y en el Museo del P ado du an e sus p ime os años. Es o
espondía a que la in elec ualidad y los g upos sociales más ele an es es aban
con encidos del papel que podía desempeña la azón en la ans o mación y
mejo a de odos los aspec os de la ida humana, e inco po a al ela o un concep o
undamen al: que el pa imonio ma e ial a ís ico pe enecía al pueblo y és e enía
que ene acceso a él.
Dos nue os ac o es eclaman su p o agonismo incidiendo en la cons ucción
de ini i a del ela o ins i ucional a ís ico: el Roman icismo y la Re olución
Indus ial. El p ime o, ebelándose con a el acionalismo de la Ilus ación y el
Clasicismo, ei indica la búsqueda de la libe ad, la p imacía de las emociones sob e
la azón y del genio c eado sob e el a e clásico ins i ucionalizado, pone en alo
lo di e en e en e a lo común, po enciando una ue e endencia nacionalis a, y
busca la ob a impe ec a, inacabada y abie a en e a la ob a pe ec a concluida y
ce ada, lo que hab ía de supone el inicio de las u u as angua dias que discu i ían
el canon a ís ico; la segunda, supone el mayo conjun o de ans o maciones
socioeconómicas, ecnológicas y cul u ales de la His o ia de la humanidad desde
el Neolí ico, cambiando pa a siemp e el modo de i i , acabando con una cul u a
mayo i a iamen e campesina e incubando en los ba ios ma ginales de las g andes
ciudades el ge men de las u u as con ulsiones del siglo XX.
Seamos conscien es o no, odo es e la go eco ido es á p esen e en nues o
concep o de a e. Cada una de es as épocas y momen os his ó icos han con o mado
el ela o ins i ucional del a e de e minando géne os, es ableciendo a es mayo es
y meno es, do ando al a is a de una condición especial no adsc i a a ninguna
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A e como ins i ución in e io . A e y ela o ins i ucional
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clase social y a ibuyendo a la ob a de a e un alo ascenden e que excede el
pu amen e pa imonial y que la con ie e en un obje o insus i uible y único y
que se e e endada po ene su encaje en el ela o académico. Así, ha de inido
las ca ac e ís icas del museo inculado a la academia como ep esen ación ísica
que ecoge odo ese ela o ins i ucional, o o gándole la au o idad de se su
ga an e y el único legi imado pa a es ablece un canon, cons i uyendo uno de
los e e en es que la ciudadanía ha u ilizado pa a in e io iza el concep o de a e
como una cons ucción cul u al que se ha ido ansmi iendo de gene ación en
gene ación. Es a ins i ución in e io nos ayuda a ene una noción de iden idad y
una posibilidad de p oyec a nos hacia el u u o con ocación de pe pe ua nos más
allá de la ine i able mue e de la que somos conscien es.
Nos encon amos pues an e una de las ins i uciones más enigmá icas c eadas po
el se humano pues o que, sin es a inculada de una o ma di ec a a nues a ida
económica o p ác ica, es un elemen o nuclea de nues o imagina io y de nues a
ida psíquica y simbólica. Es po ello que su desa ollo y e olución esponden a
mo i aciones his ó icas, ilosó icas, an opológicas, polí icas y que solo adop ando
una óp ica ansdisciplina es posible in en a comp ende ealmen e la His o ia
del A e, ¿de qué es la his o ia?
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