MONOGRAFÍA
Polí ica y Sociedad
ISSN: 1130-8001
ISSN-e: 1988-3129
h p://dx.doi.o g/10.5209/poso.66450
La in ención de los obje os: depo e, es anda ización y subje i idad
mode na
Ola z González Ab iske a 1
Recibido: 14-11-2019 / Acep ado: 31-07-2020
Resumen. Es e a ículo abo da la na u aleza apá ica que la mode nidad ha a ibuido a los obje os. Se
cen a en la es anda ización de los mismos en el depo e y o ece un caso anómalo den o del mismo:
el de la pelo a asca. A pesa de la egulación de sus lími es, en dimensiones y peso, las pelo as en el
juego asco son singula es, es deci , cada una de ellas posee una pe sonalidad p opia que debe se
econocida. T es días an es del pa ido, los pelo a is se eúnen pa a elegi las pelo as y mos a las al
público, un acon ecimien o que ab e un juego de pe spec i as que iene e ec os en la
concep ualización de pelo as y pelo a is y que di icul a conside a los obje os y suje os
espec i amen e. Haciendo uso de concep os como cuasi-obje o (Michel Se es) o ecip ocidad de
pe spec i as (Roy Wagne ), el a ículo de iende que la “in ención de los obje os” p oducida po la
mode nidad niega p ocesos de econocimien o con las cosas que son sus anciales pa a la comp ensión
del sí-mismo y de los o os. Los “suje os” sos ienen la ilusión de que son ellos, y nada más ellos, los
que es án di imiendo sus p opias di e encias y ob ian el hecho de que son a la ez obje o y suje o
pa a el o o, sea es e pe sona, animal o cosa.
Palab as cla e: an opología; depo e; pelo a asca; pelo as; cuasi-obje os; es anda ización;
subje i idad; enac uación; pe spec i ismo; ecip ocidad de pe spec i as.
[en] In en ion o Objec s: Spo s, S anda diza ion and Mode n Subjec i i y
Abs ac . This a icle add esses he apa he ic na u e mode ni y a ibu es o objec s. I ocuses on
hei s anda diza ion in spo and o e s an anomalous case wi hin i : ha o he Basque pelo a.
Despi e he egula ion o hei limi s, in size and weigh , he balls in he Basque game a e unique, ha
is, each one o hem has i s own pe sonali y and his mus be ecognized. Th ee days be o e he game,
he pelo a is mee o choose he balls and show hem o he public, an e en ha opens up a game o
pe spec i es ha has an e ec on he concep ualiza ion o balls and pelo a is and makes i di icul o
conside hem objec s and subjec s espec i ely. Making use o concep s such as quasi-objec (Michel
Se es) o ecip oci y o pe spec i es (Roy Wagne ), he a icle a gues ha he "in en ion o objec s"
p oduced by mode ni y denies p ocesses o ecogni ion wi h hings ha a e subs an ial o he
unde s anding o he sel and o he s. The "subjec s" hold he illusion ha hey, and only hey, se le
hei own di e ences and igno e he ac ha a e bo h objec and subjec o he o he , be i pe son,
animal o hing.
Keywo ds: an h opology; spo s; basque pelo a; balls; quasi-objec s; s anda iza ion; subjec i i y;
enac ion; pe spec i ism; ecip oci y o pe spec i es.
1Uni e sidad del País Vasco (UPV/EHU) (España).
E-mail: [email p o ec ed]
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396 González Ab iske a, O. Polí . Soc. (Mad .) 57(2) 2020: 395-414
Cómo ci a : González Ab iske a, O. (2020): “La in ención de los obje os: depo e, es anda ización y
subje i idad mode na”, Polí ica y Sociedad, 57(2), pp. 395-414.
Suma io. 1. In oducción. 2. Las pelo as. 3. El pelo a i. 4. El pa ido. 5. El mundo de la pelo a.
6. Conclusión. 7. Bibliog a ía.
Ag adecimien os. La in es igación que undamen a es e a ículo se ha ealizado g acias al apoyo
económico e in elec ual del G upo de In es igación consolidado Tipo A del Sis ema Uni e si a io
Vasco. “Cambio social, o mas eme gen es de subje i idad e iden idad en la sociedad
con empo ánea” [IT1199-19]. Quie o ag adece ambién a Iñaki Ma ínez de Albéniz su in i ación a
pa icipa en es e núme o y a los edi o es, Elena U ie a y Fe nando Ga cía Selgas, po su buen hace y
cons an e a ención. Es e abajo nunca hubie a sido posible sin aquellos que du an e un iempo me
pe mi ie on inmiscui me en su abajo y en sus idas. Un ag adecimien o especial pa a quienes me
enseña on a escucha las pelo as: Fe nando Tapia (Tapia I), Ma ín Alus iza, Juan Ma i Jua is i
(A ano XIII) y Robe o Ga cía A iño (A iño IV).
“Lo mismo que nues a cosmología cons uc i is a puede se esumida en la
ó mula saussu eana: el pun o de is a c ea el obje o —siendo el suje o la condición
o igina ia ija de donde emana el pun o de is a—, el pe spec i ismo ame indio
p ocede según el p incipio de que el pun o de is a c ea el suje o; se á suje o quien
se encuen e ac i ado o “accionado” po el pun o de is a”.
Edua do Vi ei os de Cas o.
Pe spec i ismo y mul ina u alismo en la Amé ica Indígena
1. In oducción
Una de las más ag adables so p esas de mi e nog a ía sob e la pelo a a mano
p o esional en el País Vasco ue descub i que las pelo as que se u ilizan en el
juego no es án es anda izadas y que exis e odo un p oceso de selección y cuidado
de las mismas. Desde su ab icación has a que son jugadas en el on ón, cada ez
que un pa ido p o esional iene luga , decenas de pe sonas —casi en su o alidad
a ones—, escud iñan y hablan de las pelo as du an e ho as y a lo la go de a ios
días. Las ap ie an en sus manos pa a sen i su du eza y calib a sus dimensiones,
las golpean pa a iden i ica su exigencia y las bo an pa a escucha su sono idad y
p edeci así su compo amien o. “La pelo a es un se i o” es la sen encia que
jus i ica odas las a enciones que eciben las pelo as. El ca ác e o gánico de sus
ma e iales —goma, lana y cue o—, que se en a ec ados po la humedad y la
empe a u a y cambian el compo amien o de la pelo a, y la singula idad de cada
una de ellas jus i ica el la go p oceso de econocimien o, selección y cuidado po el
que pasan las pelo as has a que llegan a p o agoniza un pa ido.
Cie amen e las pelo as p o agonizan el pa ido an o como los pelo a is. T es días
an es del mismo, los pelo a is compa ecen públicamen e en el on ón pa a ealiza “la
selección del ma e ial”, es deci , elegi las pelo as que pond án en juego. Cada pelo a i
debe elegi sus dos (o es pelo as si se a a de una pa eja) de en e las diez
p e iamen e elegidas po el seleccionado del ma e ial. Es e es una igu a neu al que
debe escoge diez de las ein e pelo as que los in enden es —con a ados po la
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emp esa de cada pelo a i— le o ecen y que han elegido después de habe p obado más
de cien esa misma mañana (Figu a 1). Una ez elegidas las pelo as, el seleccionado
cus odia las cua o (o seis) en una caja sellada has a el día del pa ido. La p ensa
in o ma á sob e las dimensiones y el peso de las pelo as elegidas y especula á sob e su
ca ác e , sob e el que los pelo a is opina án a su ez en ueda de p ensa, dejando cla o
si es án sa is echos o no con las opciones ecibidas y explicando cómo a on an el
pa ido con ese ces año o conjun o de pelo as. Es o in lui á en las quinielas que
p eceden al pa ido y que ma ca án la salida de la apues a.
Figu a 1. Pelo as que los in enden es lle an a p oba al on ón el día de la selección de ma e ial
Fuen e: o og ama de la película Pelo a II (Jø gen Le h & Ola z González Ab iske a, 2015).
Hace aho a 15 años in e p e aba es os hechos apelando a la dimensión simbólica del
obje o que da nomb e al juego: la pelo a. La incluía en e ese ipo de cosas que
adquie en p o agonismo pa a de e minado g upo o comunidad po su capacidad pa a
ep esen a lo, po su capacidad pa a conc e a aquello con lo que el g upo busca
iden i ica se. Hablaba de las p opiedades de la pelo a “ asca”, de su con undencia, de
su du eza. También de lo que denominaba é ica es é ica; la exp esión de las i udes
e e enciales enca nadas en el modo de golpea la pelo a. La pelo a en sí misma se
con e ía además en ehículo pa a la comp ensión de la i ud “ asca” po excelencia:
la nobleza. El bo e ec o, aco de al golpe del pelo a i, es lo que de ine a una pelo a
como noble, ilus ando así ese alo al amen e ensalzado. Pe o, más allá de las
capacidades ep esen a i as de la pelo a, mis ex os mues an una inquie ud po deja
cons ancia de o a dimensión de las pelo as que no sabía cómo a on a analí icamen e.
Ya en el p ime pá a o del capí ulo dedicado a las mismas hablaba de obje os que
“No se ago an en su con o mación isible, en su isicidad, sino que o ecen un
campo de posibilidad al suje o que se opa con ellos. Son b o es de elación, de
e e sibilidad, de expe iencia. Con o man el mundo y con él, ( ans) o man al
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suje o, pues o que le obligan a opa se con lo que es á más allá de sí mismo. El
encuen o que implican, la ape u a que p oponen al suje o no es más que aquello
que le hace humano: la elación, el in e cambio”. (Ab iske a, 2005: 311)
A pesa de es a cla a apelación a la agencia de las pelo as, no enía en onces las
he amien as eó icas necesa ias pa a abo da una e isión concep ual de la que
había sido la adición dominan e du an e mis es udios de licencia u a en
an opología, lide ada po Cli o d Gee z, Vic o Tu ne y Ma y Douglas
undamen almen e. La pelea de gallos del p ime o me había animado a dedica mi
in es igación doc o al a la pelo a, y concep os como e hos y cosmo isión, los
símbolos i uales y las clasi icaciones sociales insc i as en el cue po ma caban mi
comp ensión de lo que encon aba en el campo. Había sin emba go algo que se
esis ía. La a en a dedicación que se les p ocu aba a las pelo as me impedía
educi las a simples me á o as, po ado as de algún signi icado independien e de
p opia ma e ialidad, y po an o me a ilus ación de los in e cambios simbólicos
en e los suje os. Decía en onces:
Du an e el pa ido, la pelo a es ambién indicado úl imo del juego: es ablece el
que un lance sea buena o al a, el que el an o suba a un ca ón u o o, el que sea un
pelo a i u o o el que saque, el que el momio se ace que o se dis ancie. Media en e
los pelo a is de ine su ubicación en la cancha, mo i a la ac uación del juez, ma ca la
apues a y acompasa la emoción del público. La pelo a es la ba u a del pa ido.
Dependiendo de su posición, los ins umen os se man end án expec an es o en pleno
eje cicio. Todos los mo imien os del on ón es án de e minados po el eco ido de
aquella. “Al cae ( e minaba, ci ando a Rilke), o dena como en una igu a de danza a
los jugado es” (Ab iske a, 2005: 312).
Es a cen alidad de las pelo as en la co eog a ía que acon ece en un on ón
ecue da a la que aza Michel Se es en Le pa asi e pa a ejempli ica su eo ía de
los cuasiobje os, híb idos que colapsan la dis inción en e na u aleza y cul u a,
suje o y obje o, indi idual y colec i o, ma e ial e ideal; más que se una en idad,
los cuasiobje os ijan una posición, componen un mundo.
El balón no es á ahí pa a el cue po; exac amen e lo con a io es lo e dade o: el
cue po es el obje o del balón; el suje o se mue e al ededo de su sol. La habilidad
con el balón se econoce en el jugado que lo sigue y lo si e en luga de obliga lo a
segui lo y usa lo. Es el suje o del cue po, suje o de los cue pos, y suje o de los
suje os. Juga es nada más que hace se el a ibu o del balón como sus ancia. Las
leyes es án esc i as pa a él, de inidas en elación con él, y nos doblegamos a es as
leyes. La habilidad con el balón supone una e olución p olemaica de la cual pocos
eó icos son capaces, ya que es án acos umb ados a se suje os en un mundo
cope nicano donde los obje os son escla os (Se es, 1980: 303)2.
La emancipación —necesa iamen e pa cial— de los obje os y las consecuencias
que es a iene en la o mación y ans o mación de las subje i idades —mode nas,
y más que mode nas— encuen a en el depo e un in e esan e campo de es udio
2Todas las aducciones del o iginal son p opias.
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oda ía escasamen e explo ado. Fascinados como es amos po la complejidad de
los ac an es e hib idaciones que nos p esen an ciencia y ecnología, el depo e
pa ece un ámbi o demasiado li e al, casi in an il, como pa a oma lo en se io. El
p opio B uno La ou , escapando de la senda de su maes o, a i ma que “la pelo a
yendo de mano en mano es un pob e ejemplo de un cuasiobje o, ya que, aunque
aza el colec i o y el equipo no exis i ía sin ese es igo mó il, es e no es
modi icado po los pases” (1996: 379). La ou da po hecho ese es igo mó il,
pasando po al o las cues iones de in e és que lo han con o mado3. No concibe que
el depo e pueda se o o de los so is icados mecanismos a a és de los cuales
“p og esi amen e se ocul a la ele ancia que ienen los obje os en el in e io del
g upo o colec i o” (Ti ado & Mau ei a, 2016: 120). El mecanismo ha sido an
e ec i o que has a La ou lo ha pasado po al o; se denomina es anda ización.
La es anda ización de los ma e iales depo i os es un ac o decisi o en el
p oceso de pu i icación y silenciamien o de los obje os que la mode nidad lle ó a
cabo con el p opósi o de de ende la excepcionalidad humana y, sob e odo, la de
sus más dignos ep esen an es, los a ones blancos. Como sabemos, el depo e
mode no ha sido una de las ecnologías más pode osas pa a sal agua da la
supe io idad masculina an e la inco po ación de las muje es al abajo emune ado
(Messne , 1988). Los a ones necesi a on cons i ui una es e a au ónoma, que
ac edi a a su p eeminencia y jus i ica a el man enimien o de sus p i ilegios. La
es anda ización de los obje os depo i os es un componen e más en la incubación
de ese indi iduo au osu icien e (sic), emancipado de las cons icciones ma e iales,
que debe pode medi se en igualdad de condiciones con sus congéne es y hace lo
sin que nada se in e ponga en la alo ación de su mé i o.
La es anda ización enmudece los obje os y los con ie e en me os in e media ios,
po con inua con la je ga la ou iana. F en e a ello, la pelo a asca, que no ha i ido
un p oceso de es anda ización análogo al del es o de juegos de pelo a, se e ela
como un ejemplo signi ica i o en el in en o po es i ui la agencia de los
mediado es. Las pelo as en el juego asco no solo no es án calladas, sino que hablan.
Ap ende a escucha las es el p ime paso pa a econoce las. En la película Pelo a II
(Jø gen Le h & Ola z González Ab iske a, 2015), una película que sigue la a en u a
de las pelo as desde que salen del alle del pelo e o has a que son jugadas en una
inal, hay una escena en la que el pelo a i Re egi II, máximo campeón de la década
de los 80, compa a el sonido de dos pelo as y a i ma con esignación que una de ellas
no ale pa a nada (Figu a 2). El público íe. No consigue pe cibi el ma iz que
pe mi e al pelo a i dis ingui las. Puedo asegu a , sin emba go, que las pelo as suenan
di e en e. Yo sen í que había dado un impo an e paso en la comp ensión del juego
de pelo a cuando ap endí a oí las pelo as, a escucha las. Puedo sabe aho a si son
pelo as nobles, buenas pa a juga , si oigo un sonido que se p opaga limpiamen e y
e e be a en odo el on ón, algo así como un “quissss”. Y puedo sabe , po el
con a io, si son pelo as zaka ak, despe dicios, basu a, si pe cibo un “clack”, al y
como ep oducía un in enden e guiándome en la escucha. Es as pa ecen ene el
núcleo o o cuando se bo an. Puedo iden i ica las pelo as, sí, pe o no puedo
econoce las. Pa a conoce la pe sonalidad de las pelo as, pa a sabe cómo se an a
compo a , es necesa io juga las, ac ua las, y habe jugado muchas eces con ellas,
habe ap endido cómo duelen, lo que cues a mo e las.
3Pa a una dis inción en e cues iones de hecho y cues iones de in e és, e La ou 2008: pp. 219 y ss.
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Figu a 2. Re egi II y Re egi Bi compa an pelo as de 1983 y 2013
Fuen e: o og ama de la película Pelo a II (Jø gen Le h & Ola z González Ab iske a, 2015).
La na u aleza apá ica que la mode nidad ha a ibuido a los obje os, y una de cuyas
modulaciones ha sido la es anda ización de los mismos, p e ende se aquí
con as ada con el caso de las pelo as en el juego asco, de quienes se dice que
ienen pe sonalidad p opia. Mos ando lo que apo a al juego la singula idad de las
pelo as, el a ículo o mula la p egun a ¿qué implicaciones iene la es anda ización
de los obje os depo i os en la comp ensión de uno mismo y lo que le odea?, ¿qué
o mas de en ende las elaciones suje o-obje o se supedi an y cuáles se
p omocionan? El obje i o no es an o conside a la agencia de las pelo as como
en idades que o o gan exis encia y du abilidad a lo social y que han sido omi idas
del ela o sociológico, ni siquie a desg ana la concepción emic que las econoce
como se es i os, sino mos a cómo pelo as y pelo a is man ienen una elación de
mu ua y dependien e cogene ación que e ela una subje i idad (y po an o
obje i idad) que di ie e de la p omocionada po la mode nidad.
Pa a de ende lo p ime o, la mu ua dependencia de pelo as y pelo a is, me oy a
apoya en el pa adigma enac i o de las ciencias cogni i as, que en los úl imos
iempos ha gene ado un eno ado in e és po la cognición den o de la an opología
(Ingold, 2000; Pede sen, 2007; Ishuu, 2012). Es e pa adigma, conocido ambién
como el “4E pa adigm”, piensa la cognición como un p oceso enco po ado
(embodied)4, encas ado (embedded), ex endido (ex ended) y enac i o (enac i e),
en el que los obje os, así como o os se es, ue zas y enómenos, no ocupan una
posición ex e na a la misma, sino que la gene an en coacción con los cue pos con
los que en an en con ac o. Pa a de ende lo segundo, que la no es anda ización
esconde una concepción del ínculo suje o-obje o dis in a de la que ha
4Como ya he jus i icado en o a pa e (González-Ab iske a, 2013), conside o que, siguiendo a Vi ei os de
Cas o (2004), la aducción más ap opiada pa a el e bo “ o embody” al cas ellano es “enco po a ”.
Desa ollamos los ma ices de es a di e enciación en Ab iske a & G ados, 2018.
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p omocionado la mode nidad, ha é uso de una adición an opológica que
podemos emon a a Claude Lé i-S auss y su b icoleu , pe o que ha en aizado a
a és de igu as como Roy Wagne , Edua do Vi ei os de Cas o o Ma ilyn
S a he n, e e en es de lo que se ha denominado gi o on ológico en an opología
(Hena e e al., 2007; Kohn, 2015; González-Ab iske a & Ca o-Ripalda, 2016).
Los pa alelismos que la elación en e pelo as y pelo a is encuen a en
cosmo isiones o as y concepciones indígenas del sí mismo y del encuen o de
es e con o as cosas y se es nos o ece á una dimensión di e en e de pensa los
obje os, y que pod ía después de odo no se an ex aña a con ex os que
conside amos mode nizados.
2. Las pelo as
En la mayo pa e de depo es que u ilizan una pelo a o balón — ú bol, balonces o,
enis y demás—, las ca ego ías de juego se miden po las compe encias de las y los
jugado es en elación a su ue za, elocidad, isión de juego y écnica, en e o os.
Desde los ece años en adelan e, ambos sexos juegan con una pelo a o balón
es anda izados, los mismos con los que juegan las y los p o esionales. En pelo a no
sucede así. El aumen o de ca ego ía implica un aumen o en la du eza de la pelo a,
que se inc emen a además con un aumen o de peso, has a llega al máximo que
puede alcanza una pelo a p o esional pa a ca ego ía masculina: 107 g amos.
La mayo ía de pe sonas que han jugado a pelo a ecue dan su p ime encuen o
con ella como algo punzan e, ísicamen e dolo oso. A pesa de que las pelo as con
las que juegan niñas y niños se denominan goxuak, “dulces”, su du eza impac a
con dolo en la mano de cualquie adul o que no es é acos umb ado a juga . Las
pelo as son, po su du eza, ex emadamen e exigen es, y obligan desde el p incipio
a un en enamien o con inuado pa a pode domina las. No pode con la pelo a es
mo i o ecuen e pa a no aumen a la ca ego ía. Sin emba go, es a impo encia no
depende solo del peso de la pelo a. El in e io elás ico de las mismas, de caucho,
hace que posean más o menos bo e y elocidad, y en de ini i a mayo o meno
iolencia, de lo que depende el ni el de di icul ad pa a domina las y mo e las con
acilidad. Po ello, además de po las cualidades e e idas a iba, el aumen o de
ca ego ía a acompañado de una ans o mación del elemen o de juego, que
implica una cons an e adap ación po pa e del o la pelo a i. Hace se “pelo a i”
implica un p oceso de con inua adap ación al p og esi o aumen o de la exigencia
de la pelo a.
A la a iedad de pelo as pa a las dis in as ca ego ías y ni eles, se suma el hecho
de que cada pelo a es única. Los ma e iales que componen la pelo a, así como las
condiciones de su ab icación, p o ocan que las pelo as di ie an unas de o as, en
ocasiones sus ancialmen e. Ap ende a conoce y econoce las pelo as es una de
las p incipales compe encias que deben adqui i los pelo a is, algo que dis ingue la
pelo a de aquellos depo es que han es anda izado sus elemen os de juego y que
podemos denomina —siguiendo a Allen Gu man— “mode nos”.
En el segundo capí ulo de F om Ri ual o Reco d, Gu man es ablece los ac o es
que ca ac e izan al depo e mode no: secula ización, igualdad de opo unidades,
especialización, acionalización, bu oc a ización, cuan i icación y búsqueda de
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éco d (2004 [1978]). No o ece Gu man una a ención po meno izada a la
es anda ización de los ma e iales depo i os, a la que se e ie e some amen e al
explica la acionalización; el es ablecimien o de eglas de juego que asegu en la
igualdad de opo unidades y la uni e salidad del juego. La acionalización implica la
es anda ización, po que es a e i a que las condiciones del juego cambien
dependiendo del luga donde se juegue, algo p opio de los juegos p emode nos, en
los que las eglas se supedi aban a los espacios y cos umb es locales. Pe mi e así que
el ni el de ince idumb e se eduzca y que las condiciones de juego se epliquen,
apo ando p edecibilidad al depo e y pe mi iendo una ges ión egulada del mismo.
Gu man econoce que la e olución de los ma e iales depo i os ha
ans o mado p o undamen e muchos depo es, pe o no abo da las implicaciones de
la es anda ización de los obje os en el pensamien o mode no. Elimina las
di e encias en e los elemen os en juego, además de educi la ince idumb e,
p omue e una concepción indi idual de la alía pe sonal. Los “suje os” sos ienen
la ilusión de que son ellos, y nada más ellos, los que es án di imiendo sus p opias
di e encias. Es a uni o midad de los “mediado es”, con e idos así en
“in e media ios”, encuen a un elocuen e pa alelismo en el análisis de Celia
Amo ós sob e la indisce nibilidad de las muje es, lo que ella denomina “las
idén icas” (1994; 2004). F en e a ellas, los a ones se au ocons i uyen como g upo
ju amen ado de iguales, una igualdad que se sos iene sob e el econocimien o y la
dis ibución de las di e encias al in e io del g upo, pe o que solo es posible po
exclusión y equipa ación de aquellos a quienes se designa como “o os”. Los
in eg an es del conjun o he e odesignado —las muje es, los obje os— se sume gen
así en el paisaje esignado de la indi e encia sob e el que los suje os a ones
di imen sus di e encias y pueden concep ualiza se como iguales.
La icción humanis a mode na de un suje o au ónomo que se ep oduce g acias
en e o os al ámbi o depo i o se sos iene sob e dos clases de obje os: aquellos que
acompañan la ges a depo i a del con endien e y aquellos que la di imen.
Denomina emos aliados a los p ime os e impa ciales a los segundos. Es sob e es os
úl imos sob e los que la es anda ización ha sido más se e a, a pesa de es a odos
ellos egulados. Allen Gu man con unde ambos cuando da po hecho que incluso los
“a le as g iegos que compe ían di ec amen e uno con a o o p obablemen e usaban
el mismo disco o jabalina” (2004: 42-43). La mayo ía de depo es man ienen una
legión de écnicos que se enca gan de mejo a las he amien as disponibles pa a
p opo ciona en aja compe i i a a sus jugado es, en e ellos el disco y la jabalina,
p ecisamen e. Las dis in as calidades de los aliados —bicis, coches, pé igas o
a cos— mues an que la igualdad de opo unidades no se sos iene sob e un cue po
“desnudo”, sino p o usamen e equipado. Es as he amien as depo i as, como
máquinas, se con ie en así en ex ensiones del cue po de las pe sonas que las u ilizan
o pa a quienes han sido diseñadas, lo que sucede con las y los depo is as
p o esionales. Eso sí, más allá de es as p olongaciones, que no conculca ían la
igualdad de opo unidades al en ende se que un suje o se con o ma jun o a sus
p opiedades, lo que sos iene la ilusión de la ecuanimidad es la p esencia de
in e media ios, esos obje os impa ciales que son pa a odos igual —en los casos
mencionados a iba pis as, lis ones o dianas—. Balones y pelo as en a ían den o de
es a ca ego ía de obje os que no pe enecen a nadie, que se dan po sen ados y, po
an o, pe manecen en cie o sen ido desac i ados.
González Ab iske a, O. Polí . Soc. (Mad .) 57(2) 2020: 395-414 403
En el caso del ú bol, po ejemplo, po in e eses come ciales y publici a ios,
cada compe ición gene a su p opio balón. La a ención que ecibe se limi a a su
es é ica, que es á di igida a log a la acep ación popula y consegui así su en a
masi a. En ocasiones, alguna emesa p o oca con o e sia po cues iones écnicas,
y eso da pie a que se analicen sus p opo ciones y cualidades ma e iales. Pe o lo
habi ual es que el balón, una ez asegu ada su uncionalidad, pase desape cibido.
De ahí que sea posible sus i ui lo po o o equi alen e en el momen o en que sale
del campo. Solo en con ac o con el suje o, a a és de i mas o ado nos de di e so
ipo, adquie e el balón cie a “pe sonalidad”. En pelo a, po el con a io, la pelo a
es insus i uible desde el momen o en que ha sido seleccionada pa a el pa ido, y si
es e es ascenden e, una inal po ejemplo, la pelo a se á gua dada y pod á
acompaña a los o eos (Figu a 3).
Figu a 3. De alle de las pelo as de odas las inales que dispu ó Re egi II y que él gua da
Fuen e: o og ama de la película Pelo a II (Jø gen Le h & Ola z González Ab iske a, 2015).
Cada pelo a posee una pe sonalidad p opia. Unas son más mo elas (len as), o as
más lige as, pueden se bo onas, secas, sal a inas, de más oque, más salida, o
incluso se más o menos pelo a, es deci , más o menos exigen e. Además, es as
p opiedades pueden in ensi ica se o cambia si la pelo a su e algún ipo de
a amien o (aplicación de sebo, po ejemplo) o si es a ec ada po el calo o la
humedad. La pelo as con las que juegan los p o esionales a ones deben se de
en e 61,50 y 63 mm de diáme o y 102 y 107 g amos de peso, pe o den o de esos
pa áme os, la a iabilidad es in ini a; an a como pelo as hay.
Es una si uación única en el mundo depo i o que los obje os impa ciales puedan
con e i se en aliados pa a alguna de las pa es. La selección de ma e ial pe mi e a
los pelo a is elegi las pelo as que conside an más ap opiadas pa a su juego. Es o
iene consecuencias en el modo en que se concibe el obje o y, po an o, ambién en
cómo se piensa el pelo a i, algo que amos a abo da en el siguien e apa ado.
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pa ido a la pelo a es descub i aquello que nadie espe aba que con u ie a, lle a la
más allá de su simple con o mación, algo que, po e ec o de ecu si idad o
con ain ención, hace ascende ambién la del p opio pelo a i.
Es a cualidad con ain en i a de la ecip ocidad de pe spec i as es la que ob ia
el humanismo mode no cuando es anda iza los obje os pa a educi la
imp edecibilidad y acionaliza el depo e. Es la cualidad que in uye Se es al
p opone el concep o de cuasiobje o, o su e e so, el cuasisuje o, que implica que
“el obje o se ans o ma en suje o y ice e sa” (1987: 182), y es á implíci a
ambién en la ci a que inicia es e a ículo y que dice que “se á suje o quien se
encuen e ac i ado o ‘accionado’ po el pun o de is a” (Vi ei os de Cas o, 2004:
43). Nadie niega que esa dialéc ica enga luga en un encuen o depo i o, en el que
ambos jugado es son obje os y suje os del o o al mismo iempo. Compe i ,
compe e e, es i al encuen o una cosa de o a, y no pa ece di ícil con eni que, en
caso de a a se de humanos, ese encuen o a a es a a a esado po las
p oyecciones que cada una de las pa es haga de la o a y po las in enciones
esul an es de las conside aciones mu uas. Más di ícil es acep a que ese encuen o
pueda p oduci se o se ac i ado desde las cosas mismas. Hay, sin emba go,
on ologías que así lo plan ean y que mues an o mas de subje i ación que di ie en
de las que p oduce la idealización mode na.
5. El mundo de la pelo a
La e nog a ía ha o ecido a iados es imonios que, cali icados como animis as,
dan cuen an de la amplia expe iencia humana gene ada g acias a la ac i a
in e pelación de las cosas. Pied as que ab en la boca (Hallowell, 1960) o que sal an
al egazo del pasean e (Bi d-Da id, 1999), mon añas que exp esan sus quejas (De
la Cadena, 2010) o sel as que piensan (Kohn, 2013); o os mundos es án poblados
de se es que se dan a conoce , in e ac úan con humanos y se ap o echan de ellos.
A pesa de su dis ancia, ahonda en es as on ologías y en las in enciones
an opológicas que ellas han gene ado puede ilumina nues o caso y ayuda nos a
imagina qué e ela el hecho de que en pelo a los obje os de juego no hayan sido
es anda izados; qué o ece es e depo e a aquellos que en él se socializan. Sigamos
pa a ello el in en o de Nu i Bi d-Da id po aduci a una men e posi i is a como
la nues a la impo ancia de los de a u o supe pe sonas pa a los Nayaka del su de
la India (1999).
Los de a u son en es del medio na u al —pied as, plan as, animales u o os—
que “asal an” a las y los Nayaka du an e sus ac i idades co idianas y con los que
es os inician una elación especial, de mu ua dependencia. En de e minadas
ocasiones, los de a u poseen a los Nayaka, y se exp esan públicamen e, pasando a
o ma pa e de la comunidad, que les econoce como in eg an es de la misma, en
ocasiones incluso como pa ien es. Según Bi d-Da id, los de a u ayuda ían a los
Nayaka a ahonda en su p oceso de di iduación, es deci , en el econocimien o de
los ínculos sociales que los cons i uyen. Bi d-Da id ans o ma en acción
—di idua — el concep o popula izado po Ma ilyn S a he n —di iduo— pa a
con apone la concepción melanesia de pe sona, que obje i a las elaciones y las
hace isibles, a la concepción occiden al, que las omi e pa a pensa se como un se
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único e indi isible, indi iduo. P e ende así mos a Bi d-Da id que los de a u son
obje i aciones de las elaciones que las y los Nayaka es ablecen con el mundo y
que les pe mi en di idua se, es deci , no solo econoce se como se es elacionales,
sino a ende y hace conscien es los cambios que se p oducen en y en e los agen es
con los que se elacionan y, po an o, en sí mismos.
Un p oceso análogo es el que i e el pelo a i en su pe manen e econocimien o
de las pelo as. El que la pelo a se concep ualice como un se único, singula , obliga
al pelo a i a a ende a sus di e encias y en a con ellas en una elación de
econocimien o que a a eplica se en sus elaciones con o os agen es. Cuando el
pelo a i Ma ínez de I ujo u o que abandona la pelo a po una dolencia ca diaca,
su máximo i al —Olaizola II— econocía que su juego dependía en g an pa e del
de él, que habían coe olucionado jun os. Esa coe olución hizo de Ma ínez de
I ujo el pelo a i más ue e del cuad o a pesa de que cuando debu ó su mayo a ma
e a la imaginación. Ma ín Ezku a, el que ue a bo ille o de Re egi II y uno de los
sabios de la pelo a, había dicho de él que e a “imagina i o has a la eme idad”. No
obs an e, su incapacidad pa a gana a Olaizola, cuya as ucia en demasiadas
ocasiones se le an icipaba y le desbo daba, hizo que con ia a cada ez más en su
po encia y ue pe diendo g an pa e de su in en i a. Es a ans o mación no
hubie a sido posible, sin emba go, sin la ans o mación de las pelo as, que con
I ujo aumen a on signi ica i amen e en bo e y elocidad, lo que obligó a Olaizola
II a ans o ma del mismo modo su mane a de juego. Golpes que an es e an
de ensi os —como el de ai e— han pasado a se o ensi os, imp imiendo un i mo
de juego que nada iene que e con el de hace un pa de décadas.
La pelo a en de ini i a pe mi e al pelo a i p oyec a se de mane a eno ada en
cada encuen o, además de econoce se, ans o ma se y posiciona se en elación al
es o de pelo a is. Es e posicionamien o a ec a á asimismo a las pelo as mismas, ya
que cie as clases de pelo a se p io iza án sob e o as y se i án modelando en
pa alelo a los cue pos y habilidades de los pelo a is de cada época. Pe o o os
agen es en an ambién en la ecuación. Hace un pa de años, la ele isión dejó a
Bengoe xea VI sin un ipo de pelo as que le gus aban mucho, las pelo as de cue o
oscu o. La mala isibilidad que las mismas o ecían en ele isión ha p o ocado que
ya no se pongan en el ces año, lo que ha p o ocado las quejas con inuadas de es e
pelo a i en la selección de ma e ial, quien end á que in en a un nue o modo de
juego. Haciéndonos eco de las palab as de Donna Ha away: “A a és de su
con ac o unos con o os, a a és de sus ‘ap ehensiones’ o sujeciones, los se es se
cons i uyen unos a o os y a sí mismos. Los se es no p eexis en a sus elaciones.
Las ‘ap ehensiones’ ienen consecuencias. El mundo es un nudo en mo imien o”
(2016: 17). Hay, sin emba go, o mas de en ende ese nudo, ep esen aciones del
mismo que o o gan agencia a unos se es y no a o os, y que end án consecuencias
en el mo imien o del mismo, en su con o mación y de i a.
Mien as que en las sociedades au op oclamadas mode nas los obje os pasan a
o ma pa e de un paisaje inac i o (pasi o, silencioso) en el que los se es humanos
di imen sus di e encias desde una posición imaginadamen e au ocons i uida, en
muchas sociedades o as, aunque se a e como en es e caso de In e nal O he s
(Candea, 2012) o indígenas occiden ales (C uzada, 2017), los obje os son
explíci amen e econocidos como pa e ac i a en la con o mación de las pe sonas y
de su sue e, así como de los mundos que es as habi an. En el juego de pelo a, las
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pelo as son de inidas como “se es i os”, con su ca ác e y su empe amen o,
pudiendo se cap ichosas, elegan es, nobles, exigen es o iolen as, en e o as
muchas cosas. También pueden a ia su humo en los di e en es momen os de
juego: pueden es a aleg es o apá icas, habe se quedado sin chispa, calen a se, o
ebela se con a el pelo a i. Son se es i os y como ales, imp edecibles. Poseen
pe sonalidad y además ienen sus momen os, algo que a ec a a las elaciones en e
los di e sos agen es que componen el “mundo de la pelo a”; ace ada
denominación que adquie e aquí oda la ue za de su li e alidad. Muchos pa idos
han dado la uel a g acias a una pelo a. Miles de eu os han cambiado de bolsillo
po un cambio en el ces año. El país asco de la pelo a nunca ha sido mode no.
6. Conclusión
Den o de la sime ía gene alizada de La ou y o os, la dis inción obje o-suje o es
i ele an e pa a en ende la agencia, ya que es a es á dis ibuida en e odos los
ac an es que pa icipan en ella: “La acción no es una p opiedad a ibuible a los
humanos, sino a una asociación de ac an es” (2001: 218). Es o, como apun a Iñigo
Galzaco a, no implica que los obje os se limi en “a se i a una me a p e iamen e
es ablecida a la que simplemen e añaden e icacia. Po el con a io, (…) lo que
ocu e más bien es que an o en el p opio uso de es os obje os, como p e iamen e
en el p oceso de diseño, p oducción o conocimien o de los mismos, las me as, el
signi icado de nues a acción, la humanidad misma de quien se en elaza con los
obje os, esul a al e ada, desplazada, aducida en y po el p opio p oceso” (2016:
362). Es e a ículo ha p ocu ado mos a cómo se p oduce eso en el caso de la
pelo a. Ocu e, sin emba go, que es imposible aza a odos los ac an es que
pa icipan en una acción y, como c i ica Tim Ingold a la p opues a la ou iana, el
cie e ca ego ial que se impone sob e las cosas ol ida su p eca iedad on ológica,
ocul ando la ecología de ma e iales y ue zas de las que es as eme gen (2012).
Todo el mundo omi e algo o a alguien, y de esas omisiones u ob iaciones de i a,
según Wagne , oda in ención (1981).
La mode nidad in en ó los obje os omi iendo odo lo que en ellos había de
pa icula , singula izan e, y que dependía a pa i de en onces del a o de los
suje os con los que aquellos en a an en con ac o y que ue on in en ados en
pa alelo a los p ime os. La es anda ización es la culminación ma e ial de la
omisión de la singula idad de los obje os, que ha hecho p e alece la omnipo encia
del suje o en e a sus encuen os o agenciamien os con las cosas, a las que ha
c eído pode obje i a de mane a de ini i a. Los obje os se con i ie on así en
me cancía que podía se sus i uida sin comp ome e al suje o, que quedaba lib e de
las ca gas mo ales del in e cambio. El obje o e a suyo, pe o no le comp ome ía.
Podía deshace se de él en cualquie momen o y epone lo po o o exac amen e
igual, que le die a la misma sa is acción y p olonga á su icción de se
independien e del mismo, de no necesi a lo. Toneladas de basu a se acumulan
aho a g acias a es a icción.
Pe o es a icción de la au onomía del suje o, que in en a el obje o desechable,
ambién iene consecuencias en los p ocesos de subje i ación, ya que como eo iza
Nikolas Rose, la subje i ación no se p oduce po medio de na a i as sino con
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obje os. A lo la go del a ículo he in en ado mos a qué o ece la singula idad de
las pelo as al juego que le dan nomb e. El que los obje os supues amen e
impa ciales no es én es anda izados gene a sin duda ince idumb e. Los pelo a is
no saben si lo que an a encon a se a a esponde a sus demandas y eso les
inquie a. La impa cialidad de las pelo as puede se cues ionada, pe o en ningún
caso gene a indi e encia. Todos los pelo a is coinciden en que las pelo as no
debie an es anda iza se. Más bien, lo conside an algo imposible dada su
composición, que cali ican de “ i a”. Los pelo e os saben que la es anda ización es
posible y algunos la p omocionan, pe o desde el mundo de la pelo a es a se concibe
como un sac ilegio. Que odas las pelo as suenen igual se les hace a los expe os un
paisaje desé ico, sin ma ices. Los que juegan con las pelo as saben además lo que
es as les o ecen: la posibilidad chamánica de mi a se desde el o o. Las pelo as
dan acceso a las es a egias del con a io y a lo que él c ee sabe de las uyas.
También pe mi en descub i nue as o mas de juga las y nue as ác icas,
in en a las e in en a se en cada pa ido. Las pelo as son uen e de c ea i idad y de
conocimien o de uno mismo. Pe o, po encima de odo, las pelo as son un posible
aliado, algo a lo que los pelo a is no pa ecen dispues os a enuncia .
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