Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente
Abstract
23 p.
Full text
Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente iker zirion landaluze
Título: Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente Autoría: iker zirion landaluze 2022 Edición: www.hegoa.ehu.eus UPV/EHU. Edificio Zubiria Etxea Avenida Lehendakari Agirre, 81 48015 Bilbao Tel.: 94 601 70 91 Fax: 94 601 70 40 [email protected] UPV/EHU. Carlos Santamaría Zentroa Plaza Elhuyar, 2 20018 Donostia-San Sebastián Tel. 943 01 74 64 Fax: 94 601 70 40 [email protected] UPV/EHU. Biblioteca del Campus Nieves Cano, 33 01006 Vitoria-Gasteiz Tel. / Fax: 945 01 42 87 [email protected] Diseño y maquetación: Marra, s.l. ISBN: 978-84-16257-99-7 Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 España Este documento está bajo una licencia de Creative Commons. Se permite libremente copiar, distribuir y comunicar públicamente esta obra siempre y cuando se reconozca la autoría y no se use para fines comerciales. No se puede alterar, transformar o generar una obra derivada a partir de esta obra. Licencia completa: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/ Esta publicación ha sido realizada en el marco del proyecto Recursos especializados para un apoyo estratégico a defensoras de derechos humanos en países en conflicto, posconflicto y tensión. PRO-2020K30025. Financiado por eLankidetza–Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo.
Índice 1. Introducción ..................................................................................................................................................................................................................................................................... 3 2. Contexto de problematización creciente de la acción humanitaria ............................................................... 4 3. Construcción masculina de la acción humanitaria .............................................................................................................................. 6 4. El enfoque de género como preocupación tardía y limitada ...................................................................................... 8 5. Principales masculinidades representadas en la acción humanitaria ....................................................... 10 6. El análisis de las masculinidades... y del poder .................................................................................................................................... 11 7. Resistencias al análisis de las masculinidades en la acción humanitaria ............................................ 14 8. Retos a los que prestar especial atención ....................................................................................................................................................... 16 9. Conclusiones .............................................................................................................................................................................................................................................................. 18 Bibliografía .............................................................................................................................................................................................................................................................................. 19 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente iker zirion landaluze Doctor en Estudios Internacionales y profesor de Derecho Internacional Público de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU). Es miembro de Hegoa–Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional de la UPV/EHU, y del Grupo de Investigación sobre Seguridad Humana, Desarrollo Humano Local y Cooperación Internacional (2022-2025) del sistema universitario vasco (IT434-22). Sus temas de interés son: construcción de paz y género; desarme, desmovilización y reintegración de excombatientes; justicia feminista; y nuevas masculinidades.
Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente 3 1. Introducción En un escenario mundial en el que las crisis humanitarias son recurrentes y cada vez más complejas, la acción humanitaria parece más necesaria que nunca. Así lo reflejan, por ejemplo, los aproximadamente 100 millones de personas refugiadas o desplazadas internamente que contabiliza el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (IECAH y MSF, 2022: 14), un dato que supone un nuevo record negativo y que, entre otros, está condicionado por eventos como la agresión rusa contra Ucrania. Me aproximo aquí a la acción humanitaria teniendo en cuenta que su conceptualización y su práctica son terrenos en disputa. En este caso, la entenderé como un conjunto de acciones de ayuda y acompañamiento a víctimas de desastres (lo que incluye catástrofes “naturales” y conflictos armados), llevadas a cabo por actores locales o internacionales, y orientadas a aliviar el sufrimiento, garantizar la subsistencia, proteger los derechos y defender la dignidad humana, lo que implica, a menudo, frenar el proceso de desestructuración socioeconómica de las comunidades afectadas y prevenir futuras situaciones de riesgo. La acción humanitaria demanda, por un lado, financiación adecuada a las necesidades crecientes y, por otro, una adaptación permanente a dichas necesidades, a la distinta naturaleza de las crisis, a las políticas humanitarias estatales e internacionales, a los cambios que se producen en los propios actores humanitarios, etcétera; esto es, a un contexto en constante evolución. Sin embargo, frente a las exigencias que debe afrontar, el espacio humanitario se encuentra en un momento de incertidumbre, cuestionamiento y constricción de la financiación. Ante la evidencia de las limitaciones del sistema humanitario actual, una actitud constructiva requiere abandonar postulados y formas de funcionamiento que pueden resultar obsoletas e ineficaces; demanda flexibilidad y creatividad en las actuaciones; y sobre todo exige incorporar en los debates los aportes de enfoques críticos que hasta ahora han estado presentes de manera periférica, tales como: la perspectiva feminista, la perspectiva decolonial y la perspectiva medioambiental (que incluye preocupaciones relacionadas con el cambio climático). En este caso, pondré el acento en la importancia de revisar el sistema humanitario teniendo en cuenta el análisis de las masculinidades, a partir sobre todo de los estudios de género y feministas sobre el tema (Abellán Merelo de Barberá et al., 2021), pero también de los estudios decoloniales y antirracistas (Abbondanzieri, 2022; Perejil, 2022). Como veremos, la identificación habitual del enfoque de género principalmente –y, a menudo, exclusivamente– con las mujeres restringe y dificulta una aproximación integral a la igualdad en la acción humanitaria. Para ampliar esa visión, con este trabajo propongo: por un lado, examinar
4 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente críticamente cómo los hombres, también en el marco de la acción humanitaria, construimos y reproducimos el poder en nuestras relaciones con las mujeres, con otros hombres, con nosotros mismos y con la naturaleza; y, por otro, incorporar prácticas que favorezcan la transformación de los hombres y de las masculinidades hacia la igualdad. Para ello, desarrollaré aquí los siguientes contenidos: la problematización de la acción humanitaria en el escenario internacional actual; la construcción masculina de la acción humanitaria (en sus principios, bases normativas y estructuras principales); la consideración tardía y restrictiva del enfoque de género en este sector; las principales representaciones de los hombres y las masculinidades en la acción humanitaria y sus límites; la necesidad de colocar el poder masculino y los privilegios de los hombres en el centro del análisis sobre las masculinidades; las resistencias que pueden surgir ante este análisis en la medida en que aspira a problematizar ese poder y esos privilegios; y algunos de los retos que dicho análisis plantea y a los que debe prestarse una atención especial en la acción humanitaria. Los contenidos de este informe se fundamentan en varias fuentes. Por un lado, en una revisión documental específica sobre género, masculinidades y acción humanitaria. Por otro lado, en algunos trabajos previos sobre género y masculinidades en el estudio de los conflictos armados y la construcción de paz que he realizado. Por último, he tenido en cuenta mi propia experiencia en el trabajo con hombres para la transformación personal y colectiva orientada a la igualdad. Por la naturaleza acotada de este texto y por los propios contenidos trabajados (que considero en constante evolución), las ideas aquí recogidas no pretenden ser definitivas o cerradas, sino una invitación a la reflexión y al debate. 2. Contexto de problematización creciente de la acción humanitaria La Cumbre Humanitaria Mundial celebrada en Turquía en 2016 puso encima de la mesa muchos de los retos de renovación a los que se enfrenta la acción humanitaria actual. Sin embargo, la mayoría de ellos siguen sin ser atendidos y los síntomas de que el sistema humanitario se está quedando obsoleto son cada vez más evidentes. La “problematización del humanitarismo” (Ruíz-Giménez, 2017: 176) se deriva de la conciencia creciente de los múltiples impactos políticos, sociales, económicos y de género de la acción humanitaria tal como ha sido concebida y desarrollada hasta ahora. Expongo a continuación algunos de los factores que han incidido en el creciente cuestionamiento de la acción humanitaria. En primer lugar, el proceso de securitización de la ayuda internacional, que comenzó con las políticas de “guerra contra el terror” implementadas por Estados Unidos y sus aliados desde el
5 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente año 2001, ha desplazado progresivamente el discurso, los fondos y las prioridades de muchos Estados donantes y agencias humanitarias hacia preocupaciones de seguridad y estabilización en contextos de (pos)conflicto armado. Esto se ha producido en detrimento de objetivos más propios de la acción humanitaria como la satisfacción de necesidades básicas (alimento, agua y saneamiento, refugio, etcétera), la reducción de la vulnerabilidad, la prevención, etcétera. En gran medida, aún está por ver qué repercusiones tendrá en el ámbito humanitario el hecho de que la pandemia de la COVID-19 haya pasado el testigo a la guerra de Ucrania en el monopolio de la agenda humanitaria internacional (IECAH y MSF, 2022: 25). En segundo lugar, la crisis financiera del año 2008 y la gestión cada vez más restrictiva de los tránsitos migratorios internacionales han aumentado las manifestaciones institucionales y sociales de racismo y xenofobia, lo que afecta a los derechos de la mayoría de las personas refugiadas. En Europa, por ejemplo, la diferencia en el trato dispensado a la población refugiada del conflicto ucraniano y a la proveniente de otras zonas en conflicto no europeas, en especial de Medio Oriente, ha sido paradigmática (ibídem: 58-60). Las actitudes racistas y xenófobas han favorecido la criminalización y estigmatización tanto de las personas refugiadas como de las iniciativas de solidaridad de determinados actores humanitarios, en especial las ONG comprometidas con las personas migrantes, como hemos visto en el caso de las operaciones de salvamento en el Mediterráneo. En tercer lugar, el análisis del destino de la ayuda humanitaria muestra que esta continúa respondiendo en gran medida a los intereses y preocupaciones geopolíticas y económicas de los países y organizaciones donantes, en lugar de a criterios de necesidad. La “politización de los escenarios humanitarios” (Ruíz-Giménez, 2017: 175) explica que países como Yemen, Siria, Irak, Turquía o Afganistán hayan concentrado la recepción de la ayuda humanitaria estos últimos años (IECAH y MSF, 2019 y 2021) y que, aunque todavía no se hayan publicado datos precisos, Ucrania haya monopolizado la respuesta humanitaria en 2022. En cuarto lugar, ha aumentado el protagonismo de “nuevos” donantes no occidentales en el ámbito humanitario (entre ellos, el conjunto de países denominado BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica–, pero también Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Turquía), que ya aglutinan casi un 40% de los fondos humanitarios. Esta tendencia ha introducido principios y formas de hacer alejadas de las bases ideológicas del humanitarismo occidental dominante. Además, el incremento en el número y la heterogeneidad de los actores humanitarios ha profundizado los problemas previamente existentes de gestión y coordinación de las crisis entre diferentes sujetos y estrategias. En quinto lugar, la crisis sanitaria derivada de la COVID-19 ha añadido más interrogantes e incertidumbre sobre el futuro de la acción humanitaria. La gestión de esta pandemia ha evidenciado problemas muy preocupantes, entre otros: la gran debilidad de los sistemas estatales de salud; la falta de coordinación global; las deficiencias en la prevención y en la alerta temprana de las crisis, y un “nacionalismo sanitario” (por ejemplo, en relación con la distribución de las vacunas) que, además de insolidario, ha tenido graves efectos en la efectividad de la respuesta global. Finalmente, a los factores mencionados se suma el financiero. En 2022, el volumen de ayuda humanitaria internacional aumentó levemente, como había sucedido en el período de 2018 a 2021. Sin embargo, se ha consolidado un cambio en la tendencia con respecto a años precedentes, en los que el incremento acumulado de la financiación había llegado a ser de un 30%. La situación actual es de estancamiento global de la financiación de la ayuda humanitaria.
6 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente Esto contrasta con el incremento permanente de las necesidades y la brecha entre ambas se amplía cada año. Por ejemplo, en 2020, por primera vez, el 52% del presupuesto solicitado por las Naciones Unidas para atender las diferentes crisis humanitarias quedó sin cubrir por falta de financiación. En el Estado español, durante todo el periodo posterior a la crisis financiera de 2008, la acción humanitaria fue el instrumento de cooperación al que se aplicaron más recortes. Como resultado, en 2021 el porcentaje de acción humanitaria en la Ayuda Oficial al Desarrollo española fue de 3,5%, lejos del compromiso de la cooperación española de destinar a esta actividad el 10% (IECAH y MSF, 2019, 2021 y 2022). 3. Construcción masculina de la acción humanitaria La acción humanitaria tiene como objetivos, entre otros, aliviar el sufrimiento humano, cuidar, curar, proteger o mantener la dignidad humana, todos ellos legítimos y que aspiran a transformar situaciones de injusticia sobrevenidas. Sin embargo, la relación que se establece entre los actores humanitarios y las comunidades y personas destinatarias de la ayuda es, como recuerda Mary B. Anderson (2004: 214), “inevitablemente desigual”. Más lejos va Lewis Turner (2019: 2), cuando afirma que el humanitarismo controla tanto como cuida, daña tanto como cura y domina tanto como empodera. La combinación de cuidado y control, de emancipación y dominación, refleja hasta qué punto el poder atraviesa la acción humanitaria. Esta, a nivel macro, se convierte en una forma de “gobernanza humanitaria” útil para el orden global (Barnett, 2017: 4-5; Lewis, 2019: 11) y, a nivel micro, está regida –en sus bases ideológicas, formas de hacer y prácticas cotidianas– por un paternalismo permeado por connotaciones de género (Swaine, 2017: 197 y ss.). Todo lo anterior debe llevarnos a una reflexión crítica sobre la acción humanitaria como vector de dominación. No en vano, sus bases éticas o principios, sus fundamentos normativos y sus principales estructuras han sido construidas y desarrolladas de manera sesgada (Abellán Merelo et al., 2021: 116), en el sentido de que el universo cultural hegemónico que da origen a la acción humanitaria ha sido y es occidental, blanco, clasista, racista, binario, heteronormativo y, por supuesto, androcéntrico. En primer lugar, las bases ideológicas del humanitarismo clásico reflejan valores, intereses, necesidades y puntos de vista de los hombres, en concreto de hombres de la élite blanca europea. En su versión moderna y occidental, el humanitarismo se identifica con Henry Dunant y su iniciativa –tras observar los horrores de la guerra en la Batalla de Solferino (1859)– de promover el Convenio de Ginebra de 1864 y la creación del Comité Internacional de la Cruz Roja, sobre bases religiosas y apelando a la caridad cristiana (Bradshaw, 2013: 86). En su configuración participaron principalmente responsables políticos y militares de la época, así como miembros de la nobleza interesados en la filantropía (Brauman, 2011: 19) y convencidos de la superioridad de los ideales humanitarios (Christie, 2017: 338). Todo ello tuvo lugar en una Europa colonizadora y segura de su superioridad moral y cultural frente al resto del mundo.
7 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente Con el tiempo, los principios del humanitarismo clásico (humanidad, neutralidad, independencia e imparcialidad) han sido cada vez más cuestionados o matizados en el sector humanitario, a partir de la conciencia de los sesgos que incorporan dado el contexto de su surgimiento y desarrollo. La obligación de ayudar a otras personas en situaciones críticas que amenazan su vida está presente en muchas tradiciones religiosas y/o espirituales y en muchas culturas (AA. VV., 2000: 18; Bradshaw, 2013: 86). Sin embargo, que esa ayuda deba hacerse sin tomar partido en una determinada controversia política, ideológica o religiosa (principio de neutralidad), sin tener en cuenta los condicionamientos políticos (principio de independencia) y sin considerar las características de las personas que la reciben (principio de imparcialidad) no son cuestiones universalmente compartidas (Donini, 2013). En el caso de la neutralidad, por ejemplo, Beatriz Abellán Merelo et al. (2021: 116) señalan que se ha llegado incluso a argumentar que fomentar la igualdad entre hombres y mujeres supone tomar partido en una controversia ideológica y, con ello, vulnerar este principio. Sin embargo, podría argumentarse precisamente lo contrario, esto es, que no tomar partido en contra de las lógicas patriarcales y, por tanto, ayudar a reproducirlas, también implica posicionarse. En segundo lugar, las bases normativas del humanitarismo también contienen sesgos patriarcales. Por ejemplo, el Derecho Internacional Humanitario ha sido cuestionado por naturalizar las diferencias de sexo y de género y, con ello, cumplir una función legitimadora de la guerra como construcción social en la que se necesitan “víctimas” (mujeres) y “protectores” (hombres). La crítica fundamental es que las normas de la acción humanitaria, como las Convenciones de Ginebra de 1949, codificaron una visión esencialista de los roles de género más basada en la experiencia y de los hombres que en la consideración de las mujeres como sujetas de derecho. Lo mismo sucede con el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, en el que las mujeres han estado marginadas frente al estándar masculino –pretendidamente universal– que lo fundamenta, de forma que los derechos reconocidos, los bienes jurídicos protegidos, los conceptos clave, las prácticas y procedimientos han privilegiado los intereses y preocupaciones de los hombres (zirion landaluze, 2019: 539-540). Igualmente, en el Derecho Internacional de las personas refugiadas, el refugio y el asilo han sido construidos, aplicados e interpretados desde la óptica masculina. Por ejemplo, en la definición de persona refugiada no se tuvo en cuenta la persecución por motivos de género, lo que despolitizó determinados tipos de violencia como la violencia sexual, el matrimonio forzoso o la mutilación genital (Miguel, 2016). Finalmente, en tercer lugar, los actores humanitarios (Estados, organizaciones intergubernamentales, ONG y, de manera creciente, empresas transnacionales) basan sus políticas en principios ideológicos (racionalidad, individualismo liberal, jerarquía) atravesados por el género (Kimmel, 2002: xiii). Los grandes financiadores humanitarios (Estados occidentales, sistema de Naciones Unidas y Unión Europa) constituyen estructuras jerárquicas, es decir, están basadas en el poder de sus miembros más poderosos y están representadas sobre todo por una elite masculina ciega al género, que es quien toma las decisiones fundamentales (Mujika Chao y zirion landaluze, 2021: 392). A su vez, las políticas económicas neoliberales que han desarrollado esos actores en las últimas décadas han reproducido la desigualdad de género y han reforzado la posición de dominación de los hombres (Connell, 2001: 371). Por ejemplo, han creado “nuevos espacios de violencia de género” a través de políticas de austeridad, de liberalización del mercado financiero y de procesos de militarización y securitización, todas ellas con implicaciones en el espacio humanitario (True, 2012; Abellán Merelo de Barberá et al., 2021). En consecuencia, la representación generalizada de los actores humanitarios como “salvadores” y promotores de la transformación social hacia la igualdad es más que cuestionable.
14 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente dichos roles y su función en el mantenimiento de la desigualdad y que, al contrario, pueden incluso defender y/o promover su recuperación. Por otro lado, a menudo las aproximaciones a este tema priorizan la dimensión individual o personal, cuando no tiene sentido analizar las subjetividades de los hombres de manera aislada, sino que es necesario hacerlo críticamente y en el marco del contexto social de dominación en el que se insertan (White, 2000: 35). 7. Resistencias al análisis de las masculinidades en la acción humanitaria Las resistencias son inherentes a los procesos de transformación, especialmente si están mediados por luchas de poder. Como señala Lorena Pajares (2018: 61), “donde hay poder, hay resistencia… a perderlo”. A diferencia de las mujeres, los hombres no tenemos un interés común en cambiar las relaciones de género, especialmente si eso significa perder unos privilegios que no siempre somos capaces de identificar y/o de reconocer. En la medida en que nos beneficiamos del statu quo patriarcal, la indiferencia e incluso la hostilidad hacia su transformación están presentes. Sin embargo, como señala Connell (2001: 370), aunque las reacciones contrarias a la igualdad pueden ser espectaculares, no son la respuesta mayoritaria entre los hombres. Esas resistencias también están presentes a la hora de incluir el análisis de las masculinidades en la acción humanitaria, y pueden aparecer en todos los actores implicados: Estados (financiadores y receptores), agencias humanitarias, personal de ONG internacionales y locales, comunidades y personas a quienes se dirige la ayuda, etcétera. A continuación, desarrollo ideas sobre las resistencias presentes en las organizaciones, inspirándome en el trabajo de Pajares (2018: 75 y ss.) sobre las resistencias personales y de las organizaciones a la inclusión del enfoque de género en las ONGD. En primer lugar, en cuanto a la dimensión personal, es más probable que sean los hombres de las organizaciones quienes tengan más dudas y resistencias, por cuanto trabajar nuestra masculinidad nos interpela de manera directa. Por un lado, cuestiona nuestra construcción y socialización como hombres y, por otro, nos pide renunciar a nuestros privilegios y a nuestra posición de dominación en el patriarcado. El resultado es que, cuando se habla o se trabaja sobre género, no es infrecuente que los hombres pensemos que no es un tema que nos afecte (“son cosas de mujeres”); ni que, si el debate se politiza y se habla de opresión de las mujeres o de los privilegios y la responsabilidad de los hombres, nos sintamos atacados, adoptemos una posición defensiva, o incluso nos consideremos víctimas de una persecución. Para los hombres no resulta cómodo asumir la condición de “opresores” en el marco del patriarcado. Sin duda, esta es una barrera fundamental para trabajar con hombres sobre la igualdad, un terreno en el que se entremezclan percepciones, creencias y hábitos asentados, temor a las críticas, etcétera (Pajares, 2018: 76).
15 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente Al identificar estrategias para superar esas resistencias, Cleaver (2002: 1-3) considera que toda acción debe intentar trascender una lógica competitiva basada en la existencia de perdedores (los hombres) y ganadoras (las mujeres) en términos absolutos; esto es, la visión de la igualdad como una cuestión de “suma cero” donde las mujeres solo se pueden empoderar en la medida en que los hombres se desempoderen. Otra estrategia es destacar el coste que tiene la masculinidad hegemónica también para los hombres, de forma que, a partir de ahí, estos se abran a debatir sobre los privilegios masculinos y la opresión estructural de las mujeres (Cornwall et al, 2011: 3 y 16). El hecho de presentar la igualdad de manera “aceptable y atractiva” para los hombres (Olivius, 2016: 61) puede resultar controvertido ya que implica cierta despolitización del tema, pero podría considerarse al comienzo o en algunos momentos concretos de los procesos de transformación. La razón es que, salvo casos puntuales, históricamente el logro de mayores cotas de justicia social no ha sido un incentivo suficiente para que los grupos opresores se impliquen en la eliminación del sistema de opresión del que se benefician. En decir, ese objetivo puede no ser, por sí solo, motivación suficiente para que muchos hombres se comprometan con los cambios. Sin embargo, la conciencia de los impactos negativos que los comportamientos y actitudes machistas tienen en ellos mismos puede ser una puerta de entrada hacia reflexiones posteriores más profundas –y políticas–. Para diseñar estrategias, otra cuestión a considerar es a quién corresponde la responsabilidad principal del trabajo con hombres. El movimiento feminista ha defendido que el trabajo con las mujeres ya se dirige hacia la transformación de los hombres, en la medida en que el empoderamiento de las mujeres, sus cambios de roles y su “nueva asertividad” tendrán impacto en los hombres cercanos y en sus comunidades. Siendo esto así, el problema es que, nuevamente, el peso del logro de la igualdad se sitúa en las mujeres, a quienes se asigna una nueva “doble jornada”: además de cambiar sus propias prácticas y formas de pensar, deben también transformar las de los hombres cercanos (White, 1997 y 2000). Por lo tanto, resulta clave que los hombres asumamos el protagonismo de nuestro propio cambio individual y colectivo. En segundo lugar, las resistencias organizacionales pueden surgir tanto dentro de la organización como hacia fuera, es decir, en el contexto de la implementación de actividades. A nivel interno, la inclusión del análisis de género, así como el de las masculinidades, afecta a lo más profundo de la organización, dado que versa sobre cuestiones sensibles como: las relaciones de poder; la brecha entre los discursos y la práctica; la pérdida de privilegios; la justicia y la igualdad; el cuestionamiento del statu quo; etcétera. Es decir, son cuestiones que tienen un carácter político, cultural y relacional, y no meramente técnico (Pajares, 2018: 61). A nivel externo, determinadas condiciones del contexto pueden incidir significativamente en las resistencias organizacionales, por ejemplo: el predominio en la acción humanitaria de la lógica técnica y productivista, orientada a resultados y no tanto a procesos; la alta movilidad del personal, que dificulta la apropiación y sostenibilidad de los procesos de género internos; o el marco de políticas neoliberales en el que las organizaciones desarrollan su actividad desde hace décadas (ibídem: 95-96), un escenario poco favorable a la reflexión y la acción política para la igualdad de género.
16 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente 8. Retos a los que prestar especial atención En el espacio humanitario, los recursos limitados (tiempo, personal, material y financiación) son una preocupación permanente, especialmente en el contexto actual en el que han aumentado las necesidades. Esto supone que incluir en la agenda humanitaria nuevos ejes de actuación, como el análisis de las masculinidades, exige reformular las prioridades de intervención, reajustar las capacidades de las organizaciones, formar al personal y gestionar las resistencias internas y externas a los cambios. Y, todo ello, en el marco de una acción humanitaria caracterizada por proyectos generalmente de carácter técnico, regidos por la “tiranía de lo urgente” (Bradshaw, 2013: 95) y, como hemos visto, con presupuestos cada vez más ajustados. Además de la reformulación de las prioridades, otro reto tiene que ver con la preocupación de hasta qué punto poner el foco en el análisis de las masculinidades implica distraer la atención sobre la desigualdad que enfrentan las mujeres. Asimismo, está presente el miedo a que los avances logrados con la inclusión de la perspectiva de género en las últimas décadas se diluyan y esa desigualdad aumente (White, 2000: 34; Cleaver, 2022: 5-6). Esas preocupaciones son legítimas en la medida en que, si la inclusión del análisis de las masculinidades en la acción humanitaria no se hace tomando como base el estudio del ejercicio del poder, existe el riesgo de terminar reforzando las relaciones de género tradicionales (Cornwall et al., 2011: 14). Por ejemplo, me he referido más arriba a “la crisis de masculinidad” que supone que, en muchos contextos de crisis humanitaria los hombres “pierdan” su función de proveedores y protectores de la familia y, con ello, el capital social y los privilegios asociados a ese rol, lo que puede llevarles a comportamientos antisociales o violentos en la familia y/o en la comunidad. La intervención sobre esta cuestión es importante, pero el reto radica en hacerlo de manera reflexionada y creativa para que no suponga una vuelta a la normalidad patriarcal (Cornwall y White, 2000: 2), es decir, una vuelta a la reproducción de las relaciones de poder preexistentes. Además, en el contexto actual de presión financiera sobre la acción humanitaria, es necesario considerar las implicaciones económicas de ampliar la perspectiva de género para incluir la intervención con hombres, y si esto podría alterar las prioridades de género actuales. Por ejemplo, Ilot Muthaka (2018: 249) señala que, en su opinión, la razón por la que las agencias internacionales se muestran tan dubitativas a intervenir en los casos de violencia sexual cometida contra hombres y niños en la República Democrática del Congo es que temen que esto iría en detrimento en los fondos destinados a la violencia sexual contra mujeres y niñas, más aún teniendo en cuenta que esta última es inmensamente más frecuente. Por ello, si los financiadores y las organizaciones humanitarias amplían el enfoque de género para incluir el trabajo con hombres y el análisis de las masculinidades, es necesario que destinen a ese objetivo fondos adicionales, de manera que las intervenciones con perspectiva de género no peligren o se debiliten, sino que profundicen su impacto. Otro reto al que prestar atención es el conceptual, discursivo y cultural. El término masculinidad es complejo y ambiguo, en el sentido de que puede ser usado con múltiples significados y finalidades. Otros conceptos como género, igualdad, empoderamiento o feminismo también pueden dar lugar a interpretaciones distintas (Abellán Merelo de Barberá et al., 2021: 121). Esto plantea problemas cuando los actores humanitarios los usan en contextos culturales diversos, en algunos de los cuales puede que no existan nociones asimilables, no sean fácilmente apropiables o no sean una preocupación significativa (White, 2000: 39). En ese sentido, además de recordar que el trabajo
17 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente humanitario debe hacerse de manera culturalmente apropiada y respetuosa, cabe realizar una reflexión sobre la imposición de ideas y el (neo)colonialismo de Occidente, que también tiene su reflejo en la acción humanitaria. Construir y reproducir una imagen estereotipada y desvalorizadora de la población de las colonias como sumisa, inculta, bárbara, pasiva, víctima e infantil fue imprescindible para colonizarla primero y para (neo)colonizarla después (zirion landaluze, 2018: 68). En el marco de la colonización, los administradores coloniales problematizaron las masculinidades de los colonizados, bien por ser “débiles o afeminadas” bien por ser violentas, salvajes e incontrolables (Kimmel, 2002: xiii). Esa misma lógica se trasladó al humanitarismo clásico y permeó la configuración de la acción humanitaria tal como la conocemos. Por ello, cuando se hace referencia a los hombres y las masculinidades del Sur Global, a menudo se hace desde una posición de superioridad moral blanca, occidental y cristiana, y para criticar el carácter patriarcal de las sociedades, organizaciones locales y hombres “beneficiarios” de la ayuda. Así, la construcción de la masculinidad en el pensamiento colonial occidental ha determinado la forma en que los actores de la acción humanitaria han percibido a “los otros” colonizados, conceptualizados como opuestos e inferiores. A partir de aquí, el reto de la acción humanitaria es superar las masculinidades neocoloniales y desmontar las representaciones sesgadas e interesadas de las masculinidades en el Sur Global. Otro reto tiene que ver con los debates intrafeministas en torno al género, los cuales tienen su reflejo en los ámbitos del desarrollo y la acción humanitaria. Las aproximaciones a la igualdad en esos ámbitos se han basado en la conceptualización del sistema sexo-género, es decir, en el sexo como diferencia biológica entre mujeres y hombres y en el género como construcción social de la desigualdad a partir de esa diferencia biológica. Sin embargo, el argumento de que no solo el género, sino también el sexo es una construcción social (Butler, 1990) removió hace ya décadas los cimientos de la teoría de género. Sobre esta idea, diferentes autoras feministas en el campo del desarrollo y de la acción humanitaria han propuesto: realizar aproximaciones de género más imaginativas, complejas y matizadas (El-Bushra, 2000; White, 2000) y superar las categorizaciones estáticas y dicotómicas implícitas en la división hombre-mujer, ya que estarían ignorando y excluyendo la diversidad sexual y de género (Cornwall et al., 2011; Cornwall, 2014; Abellán Merelo de Barberá et al., 2021). Otro reto que parte de la teorización feminista se relaciona con el hecho de que los distintos sistemas de opresión (patriarcado, racismo, clasismo, colonialismo, heteronormatividad, etc.) operan de forma interconectada. Desde una perspectiva feminista interseccional, esto nos obliga a ampliar nuestra comprensión del poder para abarcar la desigualdad basada no solo en el sexismo, sino también en otras formas de dominación, y a actuar de forma simultánea frente a los sistemas de opresión. En su conjunto, las propuestas teóricas y prácticas feministas son necesarias para fundamentar el análisis de las masculinidades y para politizar y problematizar el poder que los hombres ejercemos, los privilegios masculinos y su incidencia en la construcción de la desigualdad (Cornwall et al., 2011; Azpiazu Carballo, 2017; Abellán Merelo et al., 2021). Finalmente, es imprescindible recordar que la transformación social es conflictiva per se y más aún cuando se dirige a enfrentar situaciones históricas de opresión, como la desigualdad de género. Supone analizar, evaluar, revisar, confrontar y modificar formas de pensar y comportamientos personales, sociales e institucionales, de manera que las resistencias siempre estarán presentes y, con ello, las situaciones de conflicto. En ese sentido, además de la voluntad personal de los hombres y la voluntad política de las organizaciones, es necesario prestar atención al acompañamiento sostenido de los procesos de cambio, la formación del personal y las acciones de prevención y gestión de los conflictos que se presenten.
18 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente 9. Conclusiones La acción humanitaria es capaz de evolucionar y lo ha hecho constantemente para adaptarse a nuevas situaciones de crisis, el escenario internacional, las políticas de los Estados (donantes y receptores), los flujos de financiación, etcétera. Esa adaptación requiere repensar, aprender nuevas habilidades, capacitarse, modificar y eliminar formas de hacer caducas, y confrontar asunciones pétreas que parecían inalterables. En el contexto actual, la acción humanitaria ve cuestionado su marco ético y moral (principios humanitarios) y su marco normativo de protección, sus estructuras institucionales se amplían y complejizan y se difumina la especificidad de sus objetivos y procedimientos. Asimismo, la “gobernanza humanitaria” promovida sobre todo desde el Norte Global refleja en gran medida relaciones de dominación racista, neocolonial, sexista y heteronormativa. En este marco, incluir el análisis de las masculinidades en la acción humanitaria es una oportunidad para fomentar la transformación personal, organizacional y estructural en un ámbito en el que los cuestionamientos y las incertidumbres son crecientes. La acción humanitaria no es un actividad exclusivamente técnica, como tradicionalmente se ha concebido, sino también política. De hecho, se ha construido en gran medida desde y para el poder, detentado fundamentalmente por hombres. Por ello, el trabajo sobre las masculinidades, para ser realmente transformador, debe girar en torno el análisis de la posición de poder que ostentamos los hombres en el sistema de opresión sexo-género, los privilegios de esa posición y la responsabilidad que nos corresponde en el camino hacia la igualdad. La transformación pasa, principalmente, por renunciar a ese poder y esos privilegios, esto es, al “dividendo patriarcal” derivado de nuestra posición de dominación. Para el abandono de las masculinidades contrarias a la igualdad, nos toca marcar la diferencia con nuestras decisiones, actitudes, comportamientos, discursos y prácticas, en lo personal y en lo profesional. En el espacio humanitario, renunciar al “dividendo patriarcal” implica examinar cómo influyen ese poder y los privilegios masculinos antes, durante y después de las catástrofes “naturales” y los conflictos armados; esto es, desvelar qué poder ejercemos, cómo, sobre quién y por qué. Esta reflexión crítica sobre las masculinidades nos atañe a nivel individual (decisores políticos, personal de agencias humanitarias y de ONG internacionales y locales, destinatarios de la ayuda, académicos), y también a nivel organizacional, es decir, requiere una apuesta política colectiva. Como hemos visto, durante el proceso pueden emerger resistencias personales, grupales e institucionales al trabajo con hombres y sobre las masculinidades; en definitiva, resistencias al cambio. Conocer esas resistencias e identificar herramientas para su superación forma parte de los retos que deben afrontar los actores humanitarios.
19 Análisis de las masculinidades en la acción humanitaria. Aportes para un debate pendiente Bibliografía AA.VV. (2000), La antropología en la ayuda humanitaria, Serie Ayuda Humanitaria, Textos básicos, vol. 8, Instituto de Derechos Humanos, Universidad de Deusto, Bilbao. http://www.deusto-publicaciones.es/deusto/pdfs/humanitaria/humanitaria08.pdf Abellán Merelo de Barberá, Beatriz et al. (2021), “La aplicación del enfoque feminista en la acción humanitaria”, en IECAH y MSF, La acción humanitaria en 2020-2021: la pandemia retrasa las reformas necesarias, 115-125. https://iecah.org/wp-content/uploads/2021/12/IECAH-2020_2021-Def.pdf Abbondanzieri, Camila (2022), “Los aportes de la decolonialidad a las narrativas feministas en Relaciones Internacionales: aproximaciones para posibles abordajes de la cooperación internacional”, Relaciones Internacionales, 49, 21-49. Anderson, Mary B. (2004), “A mixed blessing”, en Afshar, Haleh y Deborah Eade (eds.), Development, Women and War. Feminist Perspectives, Oxfam, Oxford, 212-219. Azpiazu Carballo, Jokin (2017), Masculinidades y feminismo, Virus, Barcelona. Barnett, Michael N. (2017), “Introduction: International Paternalism: framing the debate”, en Barnett, Michael N. (ed.), Paternalism beyond Borders, Cambridge University Press, Cambridge, 1-43. Bradshaw, Sarah (2013) (ed.), Gender, Development and Disasters, Edward Elgar, Cheltemham. Brauman, Rony (2011), La medicina humanitaria, Icaria, Barcelona. Butler, Judith (1990), Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity, Routledge, Nueva York y Londres. Cleaver, Frances (2002), “Men and Masculinities: New Directions in Gender and Development”, en Cleaver, Frances (ed.), Masculinities Matter! Men, Gender and Development, Zed Books, Londres, 1-27. Connell, R. W. (2005), “Change among the Gatekeepers: Men, Masculinities, and Gender Equality in the Global Arena”, Signs: Journal of Women in Culture & Society, 30(3), 1801-1825. – (2001), “Masculinity Politics on a Word Scale”, en Stephen M. Whitehead y Frank J. Barrett (eds.), The Masculinities Reader, Cambridge, Polity, 369-374. – (1995), Masculinities, Polity Press, Cambridge. Cornwall, Andrea (2014), “Taking off International Development’s Straightjacket of Gender”, The Brown Journal of World Affairs, 21(1), 127-139. Cornwall, Andrea, Jerker Edström y Alan Greig (2011), “Introduction. Politicizing Masculinities in Development”, en Cornwall, Andrea Jerker, Edström y Alan Greig (eds.), Men and Development: Politicizing Masculinities, Zed Books, Londres, 1-18.
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