h p:// e is a.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº28 diciemb e 2022, págs. 323-328
DOI: h ps://doi.o g/10.35072/CABAS.2022.64.13.001
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Recue dos escola es
School memo ies
Rosa del Río Reigadas
(CEIP Buena en u a González) (Can ab ia, España)
Nací en junio de 1960 en Peñacas illo, un pueblo pe enecien e al Ayun amien o de San ande
(Can ab ia, España). Aún al aban diez años pa a la p omulgación de la Ley Gene al de Educa-
ción de 1970, la conocida como Ley Villa Palasí.
Has a la llegada de es a ley, había dos ías pa alelas en la p ime a enseñanza.
Una ía, mayo i a ia, e a es udia en la escuela has a los ca o ce años (si se que ía o se podía) y
ahí se e minaban los es udios académicos, ecibiendo el Ce i icado de Es udios P ima ios.
La o a ía, mino i a ia, e a deja la escuela p ima ia a los diez u once años y, p e io examen de
ing eso, inicia los es udios de Bachille a o en los Ins i u os Nacionales, en colegios homologa-
dos o po enseñanza lib e.
Desde muy pequeña, enía yo mucho in e és en i a la escuela. Insis í an o a mi mad e pa a que
me lle a a que conseguí ing esa con cua o años, ya que en onces no había los ac uales p oble-
mas bu oc á icos. Como no exis ía la ac ual e apa de In an il comencé en la clase de seis años
con la seño i a Au o a,
que me cuidaba mucho
po que e a la más chi-
qui ina.
No imaginaba en onces
que yo segui ía yendo
cada día de mi ida a la
escuela has a cumpli
los sesen a años
La escuela de Peñacas i-
llo e a un edi icio boni-
o, con cinco aulas y la
i ienda de la seño a
que se enca gaba de la
limpieza. La escale a
pa a accede al piso de
a iba es aba p esidida
G aduada José An onio de Peñacas illo (San ande ), ac ualmen e sede de un cen o cí ico
del Ayun amien o de San ande
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Bidón de ca ón donde enía la leche en pol o de
la Ayuda A
me icana
po un Sag ado Co azón de Jesús al que e a obliga o io saluda con la señal de la c uz an o al
subi como al baja .
También ecue do que, cuando lle ábamos algún ecado a las o as clases, después de llama a la
pue a decíamos “A e Ma ía pu ísima” y odas las niñas y la maes a espondían “sin pecado
concebida”.
Todos los días, a las doce en pun o ezábamos el ángelus. Y du an e el mes de mayo, odas las
a des ezábamos el osa io, algo que nos gus aba mucho hace , po que p ác icamen e se nos iba
la a de con el ezo y no hacíamos a eas.
El equipo docen e lo componían cinco maes as. La seño i a Ma ía, que e a la di ec o a, siemp e
iba es ida de lu o igu oso y le eníamos mucho espe o, o mucho miedo, no lo ecue do bien.
Una de esas maes as, doña Rosa Roiz, la seño i a Rosa, ue mi maes a; esa maes a que ma ca
u ida y que ecue das con un ca iño especial. ¡Cuán o ap endimos con ella! De aquella clase
solo engo ecue dos elices, po que la seño i a Rosa e a amable, disc e a... Todo el ma e ial di-
dác ico de que disponíamos e an los lib os de ex o, unos mapas y una caja de igu as geomé i-
cas, de las que aún conse o su olo a made a. Con es e escaso ma e ial, e a capaz de ilusiona -
nos, de despe a en noso as el in e és po ap ende .
Celeb ábamos cada año el Día del Aho o el 31 de oc ub e. Al colegio llegaba el di ec o de la
sucu sal de Peñacas illo de la en onces Caja de Aho os de San ande y nos ing esaba 50 pese as
a las niñas con los mejo es expedien es.
Recue do ambién como una ies a el día que ecibimos
un en ío de la DGT, la Di ección Gene al de T á ico. E an
unos lib i os de educación ial, ¡qué eso o!, cuán as
eces leímos los consejos de segu idad pa a niños que
allí se ecogían.
Aunque España había quedado al ma gen del Plan
Ma shall, sí que llegó la Ayuda Ame icana po pa e de
Es ados Unidos, en e o as cosas en o ma de leche en
pol o. Fue on más de 300.000 oneladas de ese p oduc o
p o enien es del Plan ASA (Ayuda Social Ame icana)
las que llega on a los colegios nacionales de la época.
También en ia on man equilla y queso, aunque a nues a
escuela solo llegó leche.
La leche la p epa aba Amelia, que e a la seño a que se
ocupaba de la limpieza y que ealizaba ambién a eas de
conse je. Vi ía en la segunda plan a del colegio. Recue -
do que las niñas le gus ábamos poco, o eso me pa ecía a
mí, ya que o a de sus a eas e a eñi nos; nos eñía más
que las maes as.
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Du an e el ec eo, nos epa ían un aso de leche de la ci ada Ayuda Ame icana. Yo, acos um-
b ada a bebe en casa leche esca de aca, aquella “ame icana” me pa ecía que enía un sabo
a o. Y, aunque no me gus aba, como e a obliga o io oma la mi mad e, especialis a en esol e
p oblemas, me p epa aba odos los días un aso con pol o de Cola Cao y azúca , y así ya e a
yo capaz de bebe la. Recue do el aso de plás ico e de cla i o con apa, del es ilo uppe wa e,
pe o en ús ico, en el que mi mad e me p epa aba odos los días esos pol os que me endulza on
el i ual de oma la amosa leche en pol o.
La leche nos enía bien, la e dad, sob e odo pa a calen a nos en las clases, ya que el único
sis ema de cale acción que había e a una es u a eléc ica pequeñi a con una esis encia al lado de
la maes a. Cuando yo sen ía ío, me ace caba a su mesa a p egun a cualquie cosa pa a calen-
a me un a o.
Du an e mucho iempo, es u e “enchu-
ada”, po que e a la enca gada de la
elec icidad. A menudo se iba la luz y
e a yo quien la ponía en ma cha de
nue o, po que es aba pe echada con
una caji a de la ón en la que gua daba
un des o nillado y un cable, que iba
pelando pa a ex ae los hilos de cob e
con los que, as qui a la api a de po -
celana de los llamados plomos, sus i-
ui los hilos quemados. Y, as esa
ope ación, ol íamos a ene luz en
clase. No puedo imagina qué pasa ía
hoy si hiciésemos ese enca go a un
alumno de ocho años… Pe o en onces
no había ningún p oblema. Yo epe í esa ope ación muchas eces, y además dis u ando muchí-
simo.
Las maes as e an de ini i as, muy de ini i as... Du an e odos los años que asis í al cen o nin-
guna cambió su des ino.
Cuando e minaban las clases po la a de, de mane a olun a ia, po que e an “de pago”, nos
quedábamos una ho a más en las llamadas Pe manencias. E a una ho a que se pa ecía un poco a
una clase pa icula . É amos un g upo más pequeño y epasábamos con enidos abajados du an-
e el día y ambién podíamos ealiza en ese pe iodo las a eas.
Al cumpli doce años, se acabó mi e apa en la G aduada José An onio. En onces, la seño i a Ro-
sa, que ambién lle aba la a ea de o ien ación, ecomendó a mis pad es que siguie a es udiando,
y le hicie on caso. De es a o ma, el cu so siguien e comenzaba yo, en el cambio aún expe imen-
al, la EGB. Solo dos cen os en San ande pa icipaban en es e p oyec o de cambio al nue o
Una caja de los en onces llamados “plomos”, que yo e a la alumna
enca gada de epa a
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plan de es udios; uno de ellos e a el Colegio Ramón Pelayo, conocido como “el G upo”; y allí me
ma icula on mis pad es, cu sando dos años, 7º y 8º, de EGB Expe imen al.
Pasa de Peñacas illo al “G upo” pa a mí ue como el paseo que ealizó A ms ong po la luna.
El colegio e a g andísimo, eníamos una maes a o maes o pa a cada especialidad, Ciencias,
Le as, Inglés, Religión y, po p ime a ez en mi ida, Educación Física, además de un labo a o-
io de idiomas donde ap endíamos inglés con cascos y adiocase es. El u u o e a odo aquello.
Allí u e o a maes a muy especial pa a mí, Piedad Fabós, con la que aún engo elación. Pa a
Piedad odas é amos impo an es, odas podíamos ap ende , sus clases e an muy amenas, aplica-
ba las enseñanzas a la ida eal y manipulábamos ins umen os de medida -la p ime a ez que
u e en e mis manos un dinamóme o ue en su clase-. E an clases muy dinámicas y an o dis-
u é con ellas que en el ins i u o decidí escoge la especialidad de Ciencias.
Fuimos una p omoción un poco desubicada, ya que al acaba el cu so 8º Expe imen al de EGB
nos en ega on el í ulo de G aduado Escola . Pe o, como aún no es aba implan ado el BUP en
los ins i u os, la solución de la Delegación de Educación ue ma icula nos en 5º del Bachille a o
que se iba ex inguiendo. Al comenza lo, eníamos mucho miedo, po que nos jun a on con com-
pañe as que lle aban cua o años cu sando el Bachille a o. Pe o odo salió bien, an bien que
du an e esos años ui beca ia del PIO (Pa ona o de Igualdad de Opo unidades). La cuan ía
anual de la beca comenzó po se de 4000 pese as anuales y llegó el úl imo cu so a se de 12000
pese as anuales. Se exigía ap oba odas las asigna u as en la con oca o ia de junio y, al co-
mienzo, ene como no a media no able. Después se ue on lexibilizando mucho las exigencias
espec o a las no as.
Los dos cu sos de Bachille a o y el COU los cu sé
en San ande , en el Ins i u o San a Cla a, que e a
po aquel en onces solo emenino.
Las p ime as escuelas donde comencé a abaja
como maes a no ue on muy di e en es a las aulas
donde es udié de niña la educación p ima ia. La
Educación In an il es aba poniéndose en ma cha, y
a p incipios de los ochen a es as aulas solían es a
ubicadas ue a del edi icio del cen o escola , a
eces en locales que habían albe gado iempo a ás
las escuelas uni a ias del pueblo.
No eníamos muchos ecu sos y las condiciones de
las aulas no e an las más idóneas pa a niños an
pequeños, pe o nos sob aba ilusión y ganas; así que
con e imos aquellos “locales” en unas aulas aco-
gedo as y muy en añables.
Hemos o mado pa e de una gene ación con una
eno me capacidad de adap ación al medio. Muchos
Copiado a de gela ina
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de noso os empezamos haciendo copias en una bandeja de gela ina (p epa ábamos en ella ichas
y ex os e incluso edi ábamos modes as e is as) y e minamos muchos años después con pan a-
llas digi ales in e ac i as en las aulas.
A pesa de que las leyes, las me odologías y el que las he amien as hayan cambiado de mane a
e iginosa desde la época de la copiado a de gela ina, lo que sigue in ac a, después de an os
años -siendo el ecu so más impo an e con el que cuen an los maes os y las maes as-, es la
emoción, esa emoción que me supie on asmi i siemp e mis p ime as maes as y que yo in en é
inculca , pos e io men e, a mis alumnos.
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