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Redes transnacionales de cuidados y afecto en las mujeres nicaragüenses residentes en el País Vasco

Ochoa de Aspuru Gulin, Oier

Abstract

340 p.

Full text

TESIS DOCTORAL Redes transnacionales de cuidados y afecto en las mujeres nicaragüenses residentes en el País Vasco Tesis Doctoral presentada por Oier Ochoa de Aspuru Gulin bajo la dirección del Dr. Gorka Moreno Márquez y la Dra. Iraide Fernández Aragón Febrero de 2024 (cc) 2024 Oier Ochoa de Aspuru Gulin (cc by-nc-sa 4.0) 2 Agradecimientos En primer lugar, me gustaría expresar mi profundo agradecimiento a las personas que hicieron posible la realización de esta tesis. En concreto, a aquellas que me ayudasteis en las labores de contactación, pero sobre todo a las mujeres y familias que habéis participado en la misma. Compartisteis conmigo vuestras vivencias, otorgándome el privilegio de adentrarme en la privacidad de vuestros hogares. Reconozco que no siempre fue una tarea sencilla, por lo que os estoy sinceramente agradecido. Estas páginas no son sólo resultado de mi esfuerzo, sino también un testimonio de la confianza que depositasteis en mí. Este trabajo es tan mío como vuestro. Esta tesis tampoco sería posible sin las tres personas que me han guiado durante el camino: Gorka Moreno, Iraide Fernández y Xabier Aiderdi. Empezando por ti, Gorka, he de reconocerte que, aunque ya han pasado años, todavía no entiendo qué viste en mí para ofrecerme participar en esta aventura, pero cómo te agradezco que lo hicieras (aunque de primeras te hiciera la cobra…). Iraide, qué te voy a decir a ti… Desde tus aplausos silenciosos a los cafés de desahogo eres una gran parte de esta tesis, gracias por el apoyo de todos estos años. Y, por supuesto, Xabier, que aunque no fuiste director por mucho tiempo, siempre te agradeceré la disposición que mostraste desde el primer momento. A mis compañeros y compañeras de Ikuspegi-Begirune, pasados y presentes: Julia, Irune, Antonio, Lía, Bea, Maite, Taide, Ane, Arkaitz, Pepe, Andrea, Mario, Lucía, Claudia, Maddalen, Peio, Marijo y Udane. En el aula estudié sociología, pero de vosotros y vosotras he aprendido la profesión. Liberad agendas, se viene jamada de celebración. También me gustaría celebrar y compartir este logro con todos mis compañeros y compañeras del Departamento de Sociología y Trabajo Social, en especial con Ana Irene del Valle, Matxalen Legarreta y Marian Ispizua, y con Ainhoa Novo del Departamento de Ciencia Política, gracias por tanto. A Iraide Álvarez y Yulia Serkezyuk, no sé si alguna vez encontramos nuestros argumentos, ¡pero cómo nos reímos en el proceso! Gracias también a Iñaki, Aidée, Aritz, Nerea y todo el grupo de los lunes, la tesis es un proceso individual, pero con vosotros y vosotras se sobrelleva mejor. Por supuesto, a Elena Sánchez Montijano, mi supervisora durante mi estancia en el Centro de Investigación y Docencia Económicas, gracias por darme la oportunidad de conocer México mágico y por todo lo que me has enseñado, tanto a nivel académico como humano. También a mis compis de cubículo Liliana, Camilo y ET, así como al resto de doctorandos y doctorandas del CIDE: Lalo, Héctor, Iván, Marietha, Juan y Tzikuri; gracias por la bienvenida que me distéis y vuestras siempre constructivas críticas. Tampoco me quiero olvidar de todas aquellas personas que en los últimos cuatro años habéis tenido que aguantar mis obsesivas y monotemáticas conversaciones: TESIS, TESIS, TESIS. No lo prometo, pero que al menos quede constancia de que intentaré resarcirme y tener conversaciones normales de nuevo. Gracias a mi cuadrilla, a Tania y Mario, Maita, Haize, Clau, Nere, Maider, a la pandilla de México, al 195 de Benjamin Franklin y a mi familia. Por último, y más importante, gracias a Ido y a Rober. A vosotros os lo debo todo, literal y figurativamente. Gracias por haberme inculcado desde pequeño la importancia de la constancia y el trabajo bien hecho. ¿Quién os diría que ese renacuajo con lengua de trapo llegaría alguna vez a ser doctor? Doctor Ochoa de Aspuru Gulin, tardaré en acostumbrarme, pero ya me gusta cómo suena. 3 Índice Agradecimientos ______________________________________________________ 2 Índice _______________________________________________________________ 3 Índice de gráficos, tablas, cuadros, figuras, y mapas __________________________ 6 1. Introducción _______________________________________________________ 10 1.1. Justificación __________________________________________________________ 11 1.2. Objetivos e hipótesis de la investigación ___________________________________ 12 1.3. Metodología __________________________________________________________ 13 1.4. Estructura de la tesis ___________________________________________________ 15 2. La perspectiva transnacional __________________________________________ 17 2.1. El surgimiento de la perspectiva transnacional en el marco de las teorías y debates migratorios _______________________________________________________________ 17 2.2. La maduración de la visión transnacional ___________________________________ 18 2.3. El transnacionalismo y el proceso de integración de las personas migrantes _______ 26 2.4. Transnacionalismo económico, socio-cultural y político _______________________ 30 2.4.1. Transnacionalismo económico _________________________________________________ 30 2.4.2. Transnacionalismo socio-cultural _______________________________________________ 34 2.4.3. Transnacionalismo político ____________________________________________________ 35 2.5. Razones de la participación transnacional __________________________________ 38 2.5.1. Contexto en el país de origen y de destino _______________________________________ 39 2.5.2. Los países de origen y sus políticas _____________________________________________ 41 2.5.3. Capital social _______________________________________________________________ 42 2.6. Críticas y futuras líneas de estudio de la perspectiva transnacional ______________ 44 2.7. Síntesis ______________________________________________________________ 48 3. El proceso migratorio y las familias transnacionales _______________________ 51 3.1. Los primeros estudios sobre familias y migración ____________________________ 51 3.1.1. La teoría de la nueva economía de la migración ___________________________________ 51 3.1.2. La teoría de las redes migratorias ______________________________________________ 55 3.2. El desarrollo de las familias transnacionales como objeto de estudio: feminismos y globalización _____________________________________________________________ 58 3.3. Las causas de las familias transnacionales __________________________________ 61 3.4. La relación de las personas migrantes con sus familiares en origen ______________ 63 3.4.1. La parentalidad transnacional _________________________________________________ 63 3.4.2. La comunicación ____________________________________________________________ 66 3.5. La gestión del cuidado en las familias transnacionales ________________________ 68 3.5.1. Las cadenas globales de cuidados ______________________________________________ 68 3.5.2. La teoría de la circulación del cuidado ___________________________________________ 69 3.5.3. La protección social transnacional ______________________________________________ 73 3.6. Síntesis ______________________________________________________________ 75 4 4. Estrategia metodológica _____________________________________________ 78 4.1. Análisis de fuentes secundarias __________________________________________ 80 4.2. Acercamiento cualitativo a las familias transnacionales ______________________ 86 4.2.1. Los guiones de entrevistas ____________________________________________________ 87 4.2.2. La muestra_________________________________________________________________ 88 4.2.3. El proceso de contactación y entrevistas _________________________________________ 90 5. Flujos migratorios y caracterización del colectivo nicaragüense en la CAE _____ 95 5.1. Contextualización de los flujos migratorios nicaragüenses contemporáneos _______ 95 5.2. Evolución y desarrollo de los movimientos migratorios nicaragüenses hacia la CAE _ 99 5.3. Caracterización sociodemográfica de la población de origen nicaragüense en la CAE _______________________________________________________________________ 108 5.4. Situación administrativa y regularidad de la población de origen nicaragüense en la CAE ____________________________________________________________________ 112 5.5. Nivel de instrucción de la población de origen nicaragüense___________________ 120 5.6. Relación con el mercado laboral vasco ____________________________________ 122 5.7. Situación económica __________________________________________________ 129 5.8. Integración social _____________________________________________________ 134 5.9. Relación con el país de origen ___________________________________________ 139 5.10. Conclusiones ________________________________________________________ 143 6. Proyecto migratorio: La decisión de emigrar, los viajes y primeros momentos _ 145 6.1. La decisión de emigrar ________________________________________________ 145 6.2. El viaje, la llegada y los primeros momentos ______________________________ 156 6.3. Síntesis _____________________________________________________________ 165 7. El proceso de arraigo e integración: Las mujeres de origen nicaragüense en la CAE __________________________________________________________________ 166 7.1. Empleo y mercado laboral _____________________________________________ 166 7.1.1. El trabajo de internas y los primeros empleos ___________________________________ 166 7.1.2. Regularización y mejora de las condiciones laborales _____________________________ 176 7.2. Indicadores de integración _____________________________________________ 181 7.2.1. Situación administrativa _____________________________________________________ 181 7.2.2. Estudios __________________________________________________________________ 187 7.2.3. Vivienda __________________________________________________________________ 191 7.2.4. Relaciones sociales _________________________________________________________ 198 7.3. Expectativas _________________________________________________________ 203 7.4. Síntesis _____________________________________________________________ 210 8. Las formas de relación en las familias transnacionales nicaragüenses _______ 213 8.1. La comunicación ______________________________________________________ 213 8.2. El envío de remesas y regalos ___________________________________________ 227 8.3. Visitas, viajes y expediciones ____________________________________________ 240 8.4. Síntesis _____________________________________________________________ 249 5 9. La gestión transnacional del afecto y los cuidados _______________________ 251 9.1. El cuidado en un contexto transnacional __________________________________ 251 9.1. El cuidado material __________________________________________________________ 253 9.1.2. El cuidado afectivo _________________________________________________________ 256 9.1.3. La movilidad del cuidado familiar _____________________________________________ 261 9.1.4. La familia extensa __________________________________________________________ 262 9.1.5. La extensión del cuidado más allá del grupo familiar ______________________________ 262 9.2. La organización del cuidado de menores en origen __________________________ 264 9.3. La maternidad transnacional ____________________________________________ 272 9.4. El proceso de reagrupación familiar ______________________________________ 286 9.5. Síntesis _____________________________________________________________ 294 10. Conclusiones _____________________________________________________ 296 Objetivo 1. Hacer una panorámica general del colectivo de origen nicaragüense residente en la CAE. __________________________________________________________________________ 297 Objetivo 2. Detectar los factores que impulsaron el proyecto migratorio y la influencia de la familia en los mismos. __________________________________________________________________ 300 Objetivo 3. Examinar la reorganización de los cuidados en las familias como consecuencia de la migración. _____________________________________________________________________ 301 Objetivo 4. Estudiar las diferentes formas de participación, relación y acción dentro de las familias transnacionales. ________________________________________________________________ 304 Objetivo 5. Analizar la valoración subjetiva de la experiencia migratoria en destino y origen. __ 306 Objetivo 6. Indagar en las expectativas personales y familiares respecto al futuro migratorio y la interacción entre ambas. _________________________________________________________ 308 Limitaciones del trabajo y líneas de investigación a futuro: _______________________ 309 Bibliografía _________________________________________________________ 312 Artículos, libros, capítulos de libros, informes __________________________________ 312 Legislación ______________________________________________________________ 327 Anexos ____________________________________________________________ 329 Guion de entrevista individual ______________________________________________ 329 Guion de entrevista familiar ________________________________________________ 332 Declaración de consentimiento informado individual ____________________________ 335 Declaración de consentimiento informado familiar _____________________________ 338 6 Índice de gráficos, tablas, cuadros, figuras, y mapas Gráficos GRÁFICO 1. POBLACIÓN ANDINA EN LA CAE SEGÚN ACTITUDES DE SIMULTANEIDAD ENTRE ORIGEN Y DESTINO (% MEDIO DE "DE ACUERDO"). .................................................................................................................................... 30 GRÁFICO 2. EVOLUCIÓN DE LAS REMESAS ENVIADAS POR LAS PERSONAS MIGRANTES (EN MILLONES DE DÓLARES), 19902023. .................................................................................................................................................. 31 GRÁFICO 3. POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE CENSADA EN COSTA RICA (ABSOLUTOS), 1927-2011. ...................... 97 GRÁFICO 4. COMPARACIÓN ENTRE LA DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN EXTRANJERO Y DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN ESPAÑA POR CC. AA. (%), 2022. ....................................................................................................... 101 GRÁFICO 5. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE EMPADRONADA EN LA CAE (ABSOLUTOS Y %), 19982022. ................................................................................................................................................ 102 GRÁFICO 6. CRECIMIENTO INTERANUAL DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE (ABSOLUTOS), 1999-2022. ......................................................................................................................................................... 103 GRÁFICO 7. PRINCIPALES PAÍSES DE ORIGEN DE LA POBLACIÓN NACIDA EN LATINOAMÉRICA LA CAE (%), 2022. .............. 104 GRÁFICO 8. PESO DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE DENTRO DEL COLECTIVO LATINOAMERICANO EN LA CAE (%), 2010-2022. ....................................................................................................................................... 105 GRÁFICO 9. EVOLUCIÓN DE LOS PRINCIPALES PAÍSES DE ORIGEN DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN LATINOAMERICANO EN LA CAE (ABSOLUTOS), 2001-2022. ................................................................................................................... 106 GRÁFICO 10. POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE SOBRE EL TOTAL DE POBLACIÓN DE ORIGEN EXTRANJERO EN CADA TERRITORIO HISTÓRICO (%), 2022. .......................................................................................................... 106 GRÁFICO 11. DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE EMPADRONADA EN LA CAE POR GÉNERO (%), 2007-2022. ....................................................................................................................................... 109 GRÁFICO 12. DISTRIBUCIÓN POR GÉNERO DE LA POBLACIÓN TOTAL, DE ORIGEN EXTRANJERO, DE ORIGEN LATINOAMERICANO Y DE LOS PRINCIPALES PAÍSES LATINOAMERICANOS DE PROCEDENCIA EN LA CAE (%), 2022. .................................. 110 GRÁFICO 13. PIRÁMIDES POBLACIONALES DE LA POBLACIÓN AUTÓCTONA Y DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE (ABSOLUTOS), 2022. ............................................................................................................................ 111 GRÁFICO 14. ESTRUCTURA DE EDAD DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN EXTRANJERO Y DE ORIGEN NICARAGÜENSE EMPADRONADA EN LA CAE (%), 2022. .......................................................................................................................... 111 GRÁFICO 15. TASA DE REGULARIDAD DE LA POBLACIÓN DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE EMPADRONADA EN LA CAE (%), 2009-2022. ....................................................................................................................................... 113 GRÁFICO 16. TASA DE REGULARIDAD DE LA POBLACIÓN EXTRANJERA, DE NACIONALIDAD LATINOAMERICANA Y DE LAS PRINCIPALES NACIONALIDADES LATINOAMERICANAS EMPADRONADAS EN LA CAE (%), 2022. ............................. 115 GRÁFICO 17. EVOLUCIÓN DE LAS PERSONAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE NACIONALIZADAS Y CON NACIONALIDAD EXTRANJERA EMPADRONADAS EN LA CAE (ABSOLUTOS), 2003-2022. ............................................................................ 116 GRÁFICO 18. EVOLUCIÓN DE LAS SOLICITUDES DE ASILO DE PERSONAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE (ABSOLUTOS), 2011-2022. ....................................................................................................................................... 118 GRÁFICO 19. COMPARACIÓN DEL PERFIL DE LAS PERSONAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE SOLICITANTES DE ASILO Y EMPADRONADAS EN ESPAÑA (%), 2018, 2020 Y 2022. ............................................................................. 119 GRÁFICO 20. SOLICITUDES DENEGADAS Y RECONOCIMIENTO DE ASILO POR ORÍGENES EN ESPAÑA (%), 2022. ................. 120 GRÁFICO 21. COMPARACIÓN ENTRE EL NIVEL DE INSTRUCCIÓN DE LA POBLACIÓN AUTÓCTONA Y DE LA DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE (%), 2016. .................................................................................................... 121 GRÁFICO 22. COMPARACIÓN DEL NIVEL DE INSTRUCCIÓN DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN LATINOAMERICANO Y DE LOS PRINCIPALES ORÍGENES (%), 2016. .......................................................................................................... 122 GRÁFICO 23. COMPARACIÓN DE LAS PRINCIPALES NACIONALIDADES LATINOAMERICANAS POR RÉGIMEN DE AFILIACIÓN A LA SEGURIDAD SOCIAL EN LA CAE (%), ENERO DE 2022. ................................................................................. 123 GRÁFICO 24. EVOLUCIÓN DE LAS PERSONAS DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE AFILIADAS A LA SEGURIDAD SOCIAL MEDIAS POR RÉGIMEN (ABSOLUTOS), SEPTIEMBRE DE 2020 – ENERO DE 2022. .......................................................... 124 GRÁFICO 25. PERSONAS EXTRANJERAS Y DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE DEMANDANTES DE EMPLEO EN LA CAE POR RANGOS DE EDAD (%), MAYO DE 2021. .................................................................................................... 125 GRÁFICO 26. NIVEL FORMATIVO DE LAS PERSONAS DEMANDANTES DE EMPLEO DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE EN LA CAE POR GÉNERO (%), MAYO DE 2021. .......................................................................................................... 126 GRÁFICO 27. OCUPACIONES MÁS SOLICITADAS POR LAS PERSONAS DEMANDANTES DE EMPLEO PARADAS DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE EN LA CAE (%), MAYO DE 2021. ....................................................................................... 128 7 GRÁFICO 28. EVOLUCIÓN DE LOS CONTRATOS LABORALES A PERSONAS DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE EN LA CAE (ABSOLUTOS), 2017-2020. ................................................................................................................... 129 GRÁFICO 29. ENCUESTADOS/AS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO SEGÚN PRESENCIA DE DIFICULTADES PARA HACER FRENTE A NECESIDADES ECONÓMICAS (%), 2018. ............................................................................. 130 GRÁFICO 30. ENCUESTADOS/AS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO POR MESES DEL ÚLTIMO AÑO PARA CUBRIR LAS NECESIDADES BÁSICAS (%), 2018. ...................................................................................................... 131 GRÁFICO 31. ENCUESTADOS/AS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO POR RÉGIMEN DE TENENCIA DE LA VIVIENDA (%), 2018. ......................................................................................................................................... 132 GRÁFICO 32. CARENCIAS DECLARADAS EN EL HOGAR POR LOS Y LAS ENCUESTADAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO (%), 2018. .............................................................................................................. 133 GRÁFICO 33. ENCUESTADOS/AS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO POR AUTOPERCEPCIÓN EN LA ESCALA POBREZA-BIENESTAR (%), 2018. ............................................................................................................. 133 GRÁFICO 34. ENCUESTADOS/AS DE ORIGEN NICARAGÜENSE MAYORES DE 16 AÑOS POR PARTICIPACIÓN SOCIAL (%), 2018. ......................................................................................................................................................... 134 GRÁFICO 35. ENCUESTADOS/AS DE ORIGEN NICARAGÜENSE MAYORES DE 16 AÑOS POR PARTICIPACIÓN POLÍTICA (%), 2018. ......................................................................................................................................................... 135 GRÁFICO 36. ENCUESTADOS/AS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO MAYORES DE 16 AÑOS POR RELACIONES SOCIALES (%), 2018. ............................................................................................................................ 136 GRÁFICO 37. VALORACIÓN DE LA POBLACIÓN AUTÓCTONA POR LOS Y LAS ENCUESTADAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO MAYORES DE 16 AÑOS (%), 2018. ................................................................................ 136 GRÁFICO 38. VALORACIÓN DE LA POBLACIÓN MIGRADA POR LOS Y LAS ENCUESTADAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO MAYORES DE 16 AÑOS (%), 2018 ................................................................................. 137 GRÁFICO 39. EVOLUCIÓN DEL GRADO DE SIMPATÍA HACIA LA POBLACIÓN DE ORIGEN EXTRANJERO, LATINOAMERICANO Y NICARAGÜENSE (0-10), 2007-2023. ...................................................................................................... 137 GRÁFICO 40. ENCUESTADOS/AS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO MAYORES DE 16 AÑOS POR PROBLEMAS DE RACISMO, XENOFOBIA, RECHAZO O MARGINACIÓN (%), 2018. ...................................................................... 138 GRÁFICO 41. SENTIMIENTO DE INTEGRACIÓN DE LOS Y LAS ENCUESTADAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE Y LATINOAMERICANO MAYORES DE 16 AÑOS (%), 2018. .......................................................................................................... 139 GRÁFICO 42. SITUACIÓN FAMILIAR DE LOS ENCUESTADOS Y ENCUESTADAS DE ORIGEN LATINOAMERICANO Y NICARAGÜENSE MAYORES DE 16 AÑOS (%), 2018. .......................................................................................................... 140 GRÁFICO 43. PRESENCIA DE PROBLEMAS FAMILIARES COMO CONSECUENCIA DE LA MIGRACIÓN ENTRE LOS ENCUESTADOS Y ENCUESTADAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE MAYORES DE 16 AÑOS (%), 2018 ................................................... 140 GRÁFICO 44. RELACIONES TRANSNACIONALES DE LOS ENCUESTADOS Y ENCUESTADAS DE ORIGEN LATINOAMERICANO Y NICARAGÜENSE MAYORES DE 16 AÑOS (%), 2018. ..................................................................................... 141 GRÁFICO 45. MEDIOS DE COMUNICACIÓN UTILIZADOS POR LOS ENCUESTADOS Y ENCUESTADAS DE ORIGEN NICARAGÜENSE MAYORES DE 16 AÑOS EN SUS RELACIONES TRANSNACIONALES (%), 2018. ..................................................... 142 Tablas TABLA 1. PAÍSES DEL MUNDO SEGÚN EL PESO DE LAS REMESAS RESPECTO A SU ECONOMÍA (MILLONES DE DÓLARES), 2023. 31 TABLA 2. POBLACIÓN TOTAL, DE ORIGEN EXTRANJERO Y DE ORIGEN NICARAGÜENSE DE ESPAÑA POR GÉNERO (ABSOLUTOS Y %), 2022. 100 TABLA 3. TABLA 3. POBLACIÓN TOTAL, DE ORIGEN EXTRANJERO Y DE ORIGEN NICARAGÜENSE EMPADRONADA EN ESPAÑA POR CC. AA. (ABSOLUTOS Y %), 2022. 100 TABLA 4. PRINCIPALES ORÍGENES EXTRANJEROS EN LA CAE POR GÉNERO (ABSOLUTOS Y %), 2022. 104 TABLA 5. MUNICIPIOS CON MAYOR VOLUMEN DE POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE POR PROVINCIA (ABSOLUTOS Y %), 2022. 108 TABLA 6. TASA DE DEPENDENCIA POR ORIGEN (ABSOLUTOS Y %), 2022. 112 TABLA 7. PERSONAS DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE CON CERTIFICADO DE REGISTRO O TARJETA DE RESIDENCIA EN VIGOR EN ESPAÑA POR MOTIVO DE CONCESIÓN (ABSOLUTOS Y %), 31 DE DICIEMBRE DE 2021. 114 TABLA 8. TASA DE NACIONALIZACIÓN DE LOS PRINCIPALES ORÍGENES LATINOAMERICANOS (%), 2022. 117 TABLA 9. POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE POR NIVEL DE INSTRUCCIÓN Y GÉNERO (ABSOLUTOS Y %), 2016. 121 TABLA 10. PERSONAS EXTRANJERAS Y DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE AFILIADAS A LA SEGURIDAD SOCIAL POR RÉGIMEN EN LA CAE (ABSOLUTOS), ENERO DE 2022. 123 8 TABLA 11. PERSONAS EXTRANJERAS Y DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE DEMANDANTES DE EMPLEO EN LA CAE POR GÉNERO (ABSOLUTOS Y %), MAYO DE 2021. 125 TABLA 12. EXPERIENCIA LABORAL PREVIA DE LAS PERSONAS DEMANDANTES DE EMPLEO PARADAS DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE EN LA CAE POR GÉNERO (ABSOLUTOS), MAYO DE 2021. 127 TABLA 13. CONTRATOS LABORALES FIRMADOS POR PERSONAS DE NACIONALIDAD NICARAGÜENSE EN LA CAE POR SECTOR Y GÉNERO (ABSOLUTOS Y %), 2020. 129 TABLA 14. PRESENCIA DE FAMILIAS TRANSNACIONALES POR ORÍGENES DE LATINOAMÉRICA (%), 2018. 143 TABLA 15. PERFILES EXTRAÍDOS DEL CHAID (%), 2018. 143 Cuadros CUADRO 1. RELACIÓN DE LAS DIMENSIONES TRATADAS Y LAS FUENTES DE DATOS UTILIZADAS DURANTE EL ANÁLISIS CUANTITATIVO. ...................................................................................................................................... 14 CUADRO 2. TIPOLOGÍA PROPUESTA POR PORTES, GUARNIZO Y LANDOLT (1999). ....................................................... 21 CUADRO 3. TIPOLOGÍA PROPUESTA POR PORTES (2003). ....................................................................................... 22 CUADRO 4. TIPOLOGÍA PROPUESTA POR ITZIGSOHN, DORE, HERNÁNDEZ Y VÁZQUEZ (1999)......................................... 23 CUADRO 5. TIPOLOGÍA DE ACCIONES TRANSNACIONALES PROPUESTA POR LEVITT (2001). ............................................. 23 CUADRO 6. TIPOLOGÍAS PROPUESTAS DURANTE LA SEGUNDA GENERACIÓN DE LOS ESTUDIOS TRANSNACIONALES. .............. 24 CUADRO 7. TIPOLOGÍA PROPUESTA POR CHAUDHAY Y MOSS (2019) EN TORNO AL TRANSNACIONALISMO POLÍTICO. .......... 37 CUADRO 8. COMPARACIÓN ENTRE LAS PROPUESTAS DE LEWIS (1954), HARRIS Y TODARO (1970) Y STARK (1984). ......... 55 CUADRO 9. FASES DE LOS ESTUDIOS FEMINISTAS DE LA MIGRACIÓN PROPUESTAS POR HONDAGENU-SOTELO (2003).......... 60 CUADRO 10. TIPOLOGÍA DEL CUIDADO EN FUNCIÓN DE LA MOVILIDAD FAMILIAR PROPUESTA POR KILKEY Y MERLA (2014). . 72 CUADRO 11. FUENTES SECUNDARIAS UTILIZADAS DURANTE EL ANÁLISIS Y SUS CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES. ................... 80 CUADRO 12. VARIABLES DEL CUESTIONARIO FAMILIAR SOBRE LA SITUACIÓN ECONÓMICA ANALIZADAS. ............................ 83 CUADRO 13. VARIABLES DEL CUESTIONARIO INDIVIDUAL ANALIZADAS. ....................................................................... 84 CUADRO 14. PERFILES SOCIOLÓGICOS DEFINIDOS PARA EL TRABAJO DE CAMPO CUALITATIVO. ......................................... 89 CUADRO 15. EVOLUCIÓN, FASES Y CARACTERÍSTICAS DE LOS FLUJOS MIGRATORIOS NICARAGÜENSES ................................ 99 CUADRO 16. OPORTUNIDADES EDUCATIVAS OFERTADAS A LAS MUJERES DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE Y SUS CARACTERÍSTICAS. ................................................................................................................................. 191 CUADRO 17. DIFICULTADES EN EL ÁMBITO ESCOLAR MANIFESTADAS POR LAS MADRES NICARAGÜENSES Y SUS CRIATURAS. . 293 Figuras FIGURA 1. ESTRUCTURA DE LA TESIS DOCTORAL Y SUS DIFERENTES APARTADOS. ........................................................... 15 FIGURA 2. PERFILES DE INTEGRACIÓN Y TRANSNACIONALISMO IDENTIFICADOS POR ENGBERSEN Y SUS COMPAÑERAS (2013). ........................................................................................................................................................... 29 FIGURA 3. VÍAS DE TRANSMISIÓN DE LAS REMESAS POLÍTICAS PROPUESTAS POR KRAWATZEK Y MÜLLER-FUNKEN (2019). ... 38 FIGURA 4. MODELO DE TRANSMISIÓN DE LA INFORMACIÓN EN REDES PROPUESTA POR GRANOVETTER (1973). ................ 56 FIGURA 5. CADENA DE CUIDADOS DE TRES ESLABONES Y RELACIÓN ENTRE LOS MISMOS. ................................................ 68 FIGURA 6. MODELO DE CUIDADO TRANSNACIONAL PROPUESTO POR BALDASSAR, BALDOC Y WILDING (2006). ................. 71 FIGURA 7. FASES DE LA CIRCULACIÓN DEL CUIDADO Y DEL DESARROLLO DE LAS FAMILIAS TRANSNACIONALES PROPUESTAS POR BRYCESON (2019). ................................................................................................................................. 72 FIGURA 8. TIPOS DE ENTREVISTA Y SUS CARACTERÍSTICAS. ....................................................................................... 87 FIGURA 9. CAUSAS ESTRUCTURALES DE LA MIGRACIÓN MENCIONADAS POR LAS MUJERES NICARAGÜENSES. ..................... 150 FIGURA 10. DIFICULTADES Y ABUSOS CONTRACTUALES MANIFESTADOS POR LAS MUJERES EN RÉGIMEN DE INTERNAS. ....... 169 FIGURA 11. ITINERARIOS LABORALES DE LAS MUJERES DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE. ...................................... 179 FIGURA 12. ITINERARIOS HABITACIONALES DE LAS MUJERES DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE. .............................. 193 FIGURA 13. EXPECTATIVAS DE FUTURO DE LAS MUJERES DE ORIGEN NICARAGÜENSE EN LA CAE. ................................... 207 FIGURA 14. FACTORES QUE INCIDEN EN EL ENVÍO DE REMESAS A ORIGEN. ................................................................. 232 FIGURA 15. FORMAS DE ENVÍO DE REGALOS, VENTAJAS E INCONVENIENTES. ............................................................. 240 FIGURA 16. ESTRATEGIAS DE CUIDADO DE LAS FAMILIAS TRANSNACIONALES NICARAGÜENSES. ...................................... 253 FIGURA 17. PROCESO DE TOMA DE DECISIONES EN LAS FAMILIAS TRANSNACIONALES NICARAGÜENSES CON CRIATURAS MENORES DE EDAD. ............................................................................................................................... 281 FIGURA 18. LOS EFECTOS DEL CAPITAL SOCIAL SOBRE EL PROCESO DE INSERCIÓN DEL COLECTIVO NICARAGÜENSE EN LA CAE. ......................................................................................................................................................... 299 FIGURA 19. MAPA DE LOS CUIDADOS TRANSNACIONALES DE LAS FAMILIAS NICARAGÜENSES. ........................................ 302 9 FIGURA 20. FORMAS DE RELACIÓN DE LAS MADRES TRANSNACIONALES NICARAGÜENSES CON LAS CRIATURAS EN ORIGEN... 306 Mapas MAPA 1. DISTRIBUCIÓN DE LAS ENTREVISTAS POR TERRITORIOS HISTÓRICOS DE LA CAE. ............................................... 91 MAPA 2. DISTRIBUCIÓN DE LAS ENTREVISTAS POR DEPARTAMENTOS DE NICARAGUA. ................................................... 93 MAPA 3. DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE ORIGEN NICARAGÜENSE POR COMARCA DE LA CAE (%), 2022. ................ 107 16 una decisión individual o colectiva. Igualmente, también se analiza el viaje, las complicaciones que existieron durante el mismo y los primeros momentos de las mujeres en Euskadi. En sintonía con este último, el séptimo capítulo inicio en el punto que este lo deja para explorar el proceso de integración de las migrantes y cómo este se modifica a medida que avanza el proceso migratorio. En este sentido, se ha observado que una cuestión clave a lo largo de todo el ciclo es el empleo. Más importante, este tiene ramificaciones e influye en otros ámbitos como el administrativo, el residencial e incluso el educativo. Junto a ello, este apartado explora también las expectativas que las migrantes traían a la salida de su país y como estas derivan hasta devenir en sus actuales planes a futuro. En el octavo capítulo se introduce la cuestión transnacional, y más concretamente, las formas por las que las mujeres migradas, por un lado, y sus familias, por el otro, son capaces de mantener la relación y seguir haciendo familia. En concreto, se ha podido observar cómo esta interrelación se da principalmente a través de los nuevos mecanismos de comunicación, el envío de remesas o los viajes de visita a origen. Por su parte, el noveno capítulo se centra en la gestión del afecto y el cuidado en un contexto transnacional. Este analiza las diferentes estrategias de cuidado que estas familias despliegan en un contexto como el de la migración para satisfacer las necesidades y garantizar el bienestar de todos los integrantes, así como las nuevas maternidades que se desarrollan para poder seguir participando en la crianza de las criaturas. Por último, en el capítulo diez se presentan las conclusiones de la tesis doctoral. En un primer momento, se realiza una presentación general de los resultados para, posteriormente, pasar a una revisión y reflexión ordenada de los mismos. de acuerdo a los objetivos e hipótesis que han guiado el trabajo. 17 2. La perspectiva transnacional Este primer capítulo teórico examina la evolución y las características principales de la perspectiva transnacional en los estudios migratorios. Tradicionalmente, estos estudios se han centrado en las realidades de los países de origen y destino de manera aislada, sin explorar las conexiones y vínculos entre ambas. Sin embargo, a partir de los años noventa, surgió un cambio significativo con la aparición de los primeros trabajos que abogaban por una nueva perspectiva teórica. Los primeros dos apartados se centran en los orígenes y el desarrollo inicial de la perspectiva transnacional, respectivamente. Posteriormente, se profundiza en esta nueva perspectiva, abordando los principales temas de estudio y descubrimientos. De este modo, el tercer apartado examina el debate sobre la relación entre el proceso de integración y la capacidad de integración de las personas migrantes en las sociedades de destino. El cuarto apartado analiza las diversas formas de participación transnacional de las personas migrantes, y más en concreto sus vertientes económica, socio-cultural y político. Por su parte, el quinto apartado se enfoca en las causas del transnacionalismo, mientras que el sexto presenta algunas de las críticas principales a este enfoque y las posibles direcciones futuras. Finalmente, el capítulo concluye con una breve síntesis a modo de resumen. 2.1. El surgimiento de la perspectiva transnacional en el marco de las teorías y debates migratorios Desde sus inicios, los estudios sobre los movimientos migratorios se han venido centrando en sus causas (Blanco et al., 2014), así como en los procesos de integración y de aculturación de las personas migrantes en las sociedades de acogida (Itzigsohn et al., 1999). Así las cosas, las causas de los movimientos migratorios, por un lado, y sus procesos de integración, por el otro, han sido los dos principales objetos de estudio de la disciplina. En el caso de los primeros, algunos y algunas autoras trataron de explicar las causas de los flujos migratorios a partir de modelos económicos medibles. De esta manera, las teorías neoclásicas de los años 60 y 70, por ejemplo, buscaron las causas de estos movimientos en la distribución desigual del capital y de la fuerza de trabajo, así como en las diferencias salariales de los países de origen y de destino (Todaro, 1969). Más allá de factores económicos, otros enfoques han recurrido a otros elementos, como por ejemplo las redes migratorias, las cuales inciden bien antes –aportando información sobre el país de destino–, bien después –ayudando a integrarse en la sociedad de destino– de la migración (Rainer y Siedler, 2009). En cuanto al segundo objeto de investigación, además de los estudios migratorios, la sociología más general también ha venido analizando los procesos de integración de las personas migrantes. Ya en la década de los años veinte del siglo pasado, la Escuela de Chicago, con Robert E. Park a la cabeza, estudió la forma en que las personas recién llegadas se integraban en las ciudades. Según el propio Park, los procesos homogeneizadores que se daban en los Estados modernos impulsaban a los “grupos minoritarios” a asumir como propio el idioma, las técnicas o la forma de ser del grupo dominante (Park, 1921). Estos planteamientos asimilacionistas de Park han sido duramente criticados a posteriori, argumentando, entre otras razones, las bases étnicas sobre los que se sustentan. Los análisis sobre las causas de los flujos migratorios, por un lado, y los estudios acerca del proceso de integración de estas personas, por el otro, comparten entre sí el interés por un territorio o espacio concreto. Dicho de otra manera, tradicionalmente, los estudios acerca del fenómeno migratorio han venido investigando la situación en el país de destino, dejando de lado la situación en el país de origen, y viceversa. De este modo, más que analizar los procesos migratorios en su conjunto, estos estudios se han centrado única y exclusivamente en la situación que se vive en uno de los dos extremos, como si los países de origen y de destino fueran realidades opuestas entre sí (Basch et al., 1994). 18 En la década de los 90, la globalización y el desarrollo y democratización de las nuevas tecnologías de comunicación sirvieron para reducir las distancias entre los países. Gracias a ello, las personas migrantes podían, por primera vez, mantener relaciones habituales con personas en sus países de origen, así como participar en la vida cotidiana de estas. Precisamente, ante las nuevas posibilidades que abrían estos adelantos, diferentes investigadores e investigadores comenzaron a hablar de un nuevo modelo migratorio: la migración transnacional. Las primeras en definir estas migraciones fueron las antropólogas Nina Glick Schiller, Linda Basch y Cristina Blanc-Szanton en su artículo de 1992 “Towards a definition of transnationalism”. En palabras de estas, los procesos transnacionales serían: “Un proceso social en el que las personas migrantes establecen campos sociales que cruzan fronteras geográficas, culturales y políticas. Se entiende que estas personas son transmigrantes cuando desarrollan y mantienen relaciones múltiples –familiares, económicas, sociales, organizacionales, religiosas y políticas– que trascienden las fronteras.” (Schiller et al., 1992: 9) 2 En esta definición, Schiller, Basch y Blanc-Szanton se centraron en los espacios sociales transnacionales que surgen entre los países de origen y de destino. Así, el transnacionalismo hace referencia a las personas migrantes que participan de manera simultánea en dos o más países y a sus acciones. Y es que, son precisamente estas prácticas cotidianas y la forma de vida que llevan estas personas lo que genera ese espacio transnacional que acaba por tener consecuencias sobre todos los ámbitos –económico, político, identitario, etc.– de su vida, así como sobre sus países de origen y de destino. Así mismo, Schiller, Basch y Blanc-Szanton también hablaron de la aparición de un nuevo tipo de personas migrantes: las personas transmigrantes. Estas serían aquellas personas que basan su vida sobre las múltiples y continuas relaciones que mantienen con personas en otros países y que construyen su identidad en torno a más de un Estado-nación (Schiller et al., 1995). Según estas tres antropólogas, los diferentes análisis y lecturas que se habían venido haciendo hasta entonces no servían para explicar la situación de estas personas y de sus relaciones. Concebir a las personas migrantes como personas desarraigadas de sus orígenes –uprooted– e integradas en el país de destino excluye del análisis las nuevas realidades migratorias. De esta forma, los vínculos transnacionales ponen sobre la mesa la existencia de personas que, si bien se han integrado en las sociedades de destino, siguen manteniendo relaciones y participando en sus respectivos países de origen (Ibídem). Como consecuencia de todo esto, el transnacionalismo obligó a hacer una exhaustiva revisión de los enfoques teóricos previos. En la medida en que las personas migrantes se integran y participan en dos o más sociedades simultáneamente, los estudios que se hagan en adelante no pueden seguir analizando la situación en un único país. Desde una perspectiva transnacional, las sociedades de origen y destino se entienden como un continuum, en vez de como realidades divididas y diferenciadas (Levitt y Nyberg-Sørensen, 2004). Así, la obra de Nina Glick Schiller, Linda Basch y Cristina Blanc-Szanton dio comienzo a los estudios transnacionales de las migraciones, un nuevo campo académico que en el estudio de lo migratorio analiza la relación entre el país de origen y de destino. 2.2. La maduración de la visión transnacional La perspectiva transnacional tuvo un recibimiento variado por parte de los y las científicas que estudiaban los movimientos migratorios. Algunos sectores mostraron un gran interés por esta nueva perspectiva, incorporándola con rapidez y entusiasmo a sus análisis. Estos autores y autoras valoraban la ruptura y crítica que esta suponía con respecto a la perspectiva asimilacionista, tan dominante hasta aquel entonces (Waldinger, 2015). En esta misma época, la Universidad de 2 De cara a facilitar la lectura de la tesis, se han adaptado y traducido todos los textos extraídos de fuentes en inglés. 19 Oxford abrió un centro de investigación dedicado al estudio de las comunidades transnacionales, lo que sirvió para dar un importante impulso a estos trabajos (Ibídem). De forma paralela, un sector más reacio prefirió mantener la distancia con respecto a los estudios transnacionales, planteando duras críticas hacia esta en favor de las teorías de la integración. Estas críticas se centraron en su mayoría sobre las múltiples carencias que esta emergente perspectiva tenía tanto en sus planteamientos como en sus formas. Por una parte, algunos autores criticaron las afirmaciones tan excesivas que plantearon estos primeros trabajos (Levitt y Schiller, 2004; Portes et al., 2006; Østergaard-Nielsen, 2011). En este sentido, Guarnizo y Smith (1998) señalaron que los primeros trabajos exageraron el carácter liberador y contra-hegemónico de las prácticas transnacionales, llegando al extremo de definirlas como prácticas de oposición y de resistencia frente a los poderes y el capital internacional. Uno de los autores que exageró las cualidades liberadoras del transnacionalismo fue el antropólogo Michael Kearney cuando analizó las nuevas dinámicas que estaban emergiendo en la frontera entre Estados Unidos y México. Este autor planteaba que en la base de los Estados modernos había en marcha de forma simultánea procesos de diferenciación y de unificación (Kearney, 1991). Es decir, por un lado, los Estados estarían tratando de lograr cierta unidad y cohesión interna entre su población, visto entre otras cosas en elementos como la existencia de una identidad nacional, una cultura y una lengua común (Ibídem). Al tiempo que eso sucede, los Estados también estarían haciendo esfuerzos de cara a diferenciarse del resto de Estados (Ibídem). En este contexto de definición del “que somos nosotros” en relación al “que son ellos”, Kearney describe cómo las personas que vivían y participaban de manera cotidiana tanto en México como en Estados Unidos desafiaban y cuestionaban la capacidad de cada uno de los Estados para presentarse a sí mismos como una unidad homogénea y cohesionada (Ibídem). Las relaciones que estaban surgiendo entre las fronteras de los dos países estaban dando lugar a una nueva serie de identidades legales y culturales diferentes de las identidades que defendían cada uno de los dos países, lo que planteaba una resistencia con respecto a los esfuerzos de autodefinición estatal (Ibídem). Junto a esta tendencia a exagerar el efecto de las prácticas transnacionales, otra de las críticas que se planteó durante los primeros momentos de los estudios transnacionales fueron sus importantes carencias metodológicas (Guarnizo, 2004; Morawska, 2011). Portes, Guarnizo y Landolt, por ejemplo, criticaron la tendencia a combinar en un mismo análisis diferentes unidades de estudio –en un mismo trabajo se podían estar analizando de manera simultánea las prácticas de individuos, grupos y asociaciones–, algunas de las cuales combinaban además múltiples niveles de abstracción (Portes et al., 1999). Tras las críticas recibidas, y conscientes del valor heurístico que podía tener esta perspectiva, algunos y algunas investigadoras asumieron la labor de definir lo transnacional de una forma más rigurosa, así como de dotar al enfoque de unas bases tanto teóricas como metodológicas más sólidas (Portes et al., 2006). Estos esfuerzos dieron lugar a lo que se ha venido denominando como segunda etapa de los estudios transnacionales (Dahinden, 2017), en los que se trató de responder a esas críticas iniciales y de suavizar esas afirmaciones tan exageradas que caracterizaron las primeras investigaciones (Guarnizo, 2004). Dos de los primeros autores en dotar al enfoque de esas bases teóricas tan necesarias fueron Luis Eduardo Guarnizo y Michael Peter Smith. En palabras de estos dos autores, el transnacionalismo es un proceso polifacético en el que confluyen numerosas realidades sociales (Guarnizo y Smith, 1998). Por este motivo, estos autores propusieron diferenciar entre dos tipos de transnacionalismo. Por un lado, estaría el transnacionalismo que se desarrolla “desde arriba” – transnationalism from above– y, por otro, el transnacionalismo que se hace desde abajo – transnationalism from below–. Diferenciando entre estos dos tipos de transnacionalismo, el transnacionalismo desde arriba hace referencia a las actividades transnacionales desarrolladas por el capital internacional, los medios 20 de comunicación global, las instituciones políticas transnacionales o las organizaciones no gubernamentales de carácter internacional (Ibídem). Por su parte, el transnacionalismo desde abajo describe las acciones que desarrollan los individuos –la familia, las redes de parentesco u otros grupos– a nivel local (Ibídem). Más allá de su forma, estos transnacionalismos se diferencian entre sí en sus objetivos. Mientras que el transnacionalismo desde arriba busca crear un espacio global neoliberal –el cual tendrá un impacto sobre el flujo de capitales, mercancías, personas y cultura–, el transnacionalismo desde abajo aparece vinculado a acciones de resistencia local, como pueden ser la economía informal, el nacionalismo étnico o los movimientos de resistencia (Ibídem). La propuesta hecha por Guarnizo y Smith fue una de las primeras tipologías que se plantearon a la hora de estudiar el transnacionalismo. Con ello, ayudaron y contribuyeron a ampliar las bases teóricas y analíticas de las que hasta entonces había carecido la perspectiva. Ahora bien, a pesar de la importancia de su propuesta, ambos autores subrayaron que esta no era sino un modelo ideal de clasificación. Es más, debido a este carácter teórico, advirtieron que en función del caso y del contexto un actor “de abajo” podía desarrollar actividades propias del transnacionalismo desde arriba, y viceversa: “Al investigar el transnacionalismo de “arriba” y de “abajo”, debemos cuidarnos del error de equiparar el transnacionalismo de “arriba” exclusivamente con estructuras o agentes de carácter global. Categorizar las acciones transnacionales como de” arriba” o de “abajo” busca capturar las diferentes dinámicas de poder que se dan en la arena transnacional. Por definición, estas categorías son contextuales y relaciones. Y, por lo tanto, no pueden tomarse como categorías esenciales e inmutables.” (Guarnizo y Smith, 1998: 29). Más allá de la tipología propuesta por Guarnizo y Smith, la obra más determinante de este segundo periodo fue el artículo “The study of transnationalism: pitfalls and promises of an emergent research field” escrito por Alejandro Portes, Patricia Landolt y el propio Guarnizo (1999). A diferencia de los estudios que se hicieron durante la década de los 90, los cuales analizaban la aparición y posterior descubrimiento de las prácticas transnacionales, este artículo puso el foco sobre las condiciones que debían de reunir estos estudios transnacionales para convertirse en un campo de estudio consolidado (Dahinden, 2017). Así, si a la hora de abordar lo transnacional, los estudios previos se habían dedicado a proponer conceptos para un fenómeno que todavía no estaba claro si existía o no, Portes, Guarnizo y Landolt rompieron con esta dinámica, argumentando que el primer paso pasaba por demostrar la existencia de ese fenómeno, y sólo después se podían empezar a proponer conceptos (Ibídem). En este artículo, Portes, Guarnizo y Landolt definieron las tres condiciones básicas que hay que cumplir para poder hablar de un nuevo objeto de estudio. En primer lugar, para poder hablar de un fenómeno nuevo es necesario que una parte significativa de la población objeto de estudio esté participando en dicho fenómeno o actividad (Portes et al., 1999). En segundo lugar, estas acciones no pueden ser esporádicas, sino que deben ser estables y tienen que tener cierta continuidad en el tiempo (Ibídem). Y, por último, este fenómeno que se quiere explicar no puede formar parte de un concepto ya existente, sino que debe representar algo completamente nuevo (Ibídem). Teniendo en cuenta estos tres elementos, Portes, Guarnizo y Landolt definieron el transnacionalismo –y las prácticas transnacionales– como aquellas relaciones sociales que traspasan las fronteras y tienen cierta continuidad en el tiempo (Ibídem). Junto a esta definición, estos tres autores también intentaron profundizar en la tipología propuesta anteriormente por Guarnizo y Smith (1998), añadiendo a esa diferenciación entre el transnacionalismo de arriba y de abajo los diferentes sectores sobre los que podían llegar influir las prácticas transnacionales –cuadro 2–. 21 Cuadro 2. Tipología propuesta por Portes, Guarnizo y Landolt (1999). Fuente: Adaptado de Portes, Guarnizo y Landolt, 1999: 222. Por una parte, Portes, Guarnizo y Landolt veían que el transnacionalismo podía llegar a influir en el ámbito económico, el político y el socio-cultural (Ibídem). En el caso del primero, aquí estarían incluidos los negocios u organizaciones de carácter internacional que llevan a cabo acciones tanto en el país de origen como en otros. Por su parte, el ámbito político incluye las campañas de los partidos para influenciar el voto de las personas migradas, así como los y las líderes comunitarias que participan en política. Finalmente, dentro del ámbito cultural entrarían aquellas actividades que tienen por objetivo reforzar la identidad nacional o la cultura colectiva. La distinción de estos tres ámbitos sirvió para aterrizar el estudio de las prácticas transnacionales y organizar una amalgama de actividades que de otra forma era algo caótica (Ibídem). Por otra parte, este planteamiento incluía también la tipología propuesta anteriormente por el propio Guarnizo y Smith, diferenciando así a los actores que participan en actividades transnacionales en función de su grado de institucionalización. Al fin y al cabo, aunque ambas participen en acciones transnacionales, una asociación local y una empresa multinacional no dejan de ser entidades diferentes, bien en su nivel organizativo, bien en sus recursos y objetivos. Tener en cuenta estos dos niveles permite resaltar y poner sobre la mesa las diferencias, así como las similitudes que existen entre estos actores (Ibídem). Como se puede observar, algunas de las primeras tipologías que se plantearon alrededor del transnacionalismo diferenciaban entre dos niveles: el transnacionalismo desde arriba y desde abajo. Sin embargo, a medida que los estudios sobre este fenómeno aumentaron, se llegó a la conclusión de que esta división podía ser confusa, además de que las acciones llevadas a cabo por personas migrantes no tenían relación con las actividades que desarrollaban los gobiernos o las empresas. En consecuencia, la literatura acerca del transnacionalismo ha venido centrándose en las comunidades creadas por las personas migrantes, así como en las diásporas, sus viajes y las remesas de dinero que envían a sus hogares (Portes, 2003). Precisamente, ante este cambio Portes (Ibídem) propuso una revisión de la tipología que desarrolló junto a Guarnizo y Landolt para adaptarla a estos últimos cambios. Según esta tipología revisada –cuadro 3–, las acciones y prácticas que se desarrollan más allá de las fronteras de un país se pueden clasificar en tres tipos en función del actor que la realice. Por una parte, las acciones internacionales son aquellas actividades desarrolladas por un Estado o por instituciones afincadas en un Estado concreto, como por ejemplo las universidades. En el caso de las acciones multinacionales, estas son las acciones llevadas a cabo por actores ubicados y con objetivos en más de un Estado simultáneamente. Por último, las acciones transnacionales son las acciones creadas desde abajo por actores no institucionales, bien a nivel individual, bien en forma de asociaciones creadas específicamente para ello. En este sentido, es interesante destacar cómo, más allá de las actividades puestas en marcha por las personas migrantes, Portes incluye en la misma categoría acciones asociativas como las campañas de boicot organizadas por ONGs. Además de incluir esta diferenciación en función del tipo de actores, Portes mantuvo la división por ámbitos previa –transnacionalismo político, económico y socio-cultural–. Así, en el caso del Económico Político Socio-cultural Comerciantes transfronterizos informales; Comités cívicos creados por personas migrantes; Competiciones deportivas amateur entre países; Pequeños negocios creados por las personas migrantes retornadas; Alianzas entre asociaciones migrantes y asociaciones políticas en origen; Conciertos de música local en los centros de migrantes; Migración laboral circular de larga distancia Recaudación de fondos para financiar campañas políticas en origen Viajes de representantes religiosos al país de destino Inversiones de multinacionales en países del tercer mundo; Oficiales consulares y representantes de los partidos políticos de origen; Exposiciones internacionales de arte nacional; Desarrollo de instalaciones para el turismo; Concesión de la doble nacionalidad por parte del gobierno de origen; Conciertos de grandes artistas en el país de destino; Sucursales de bancos autóctonos en los países de migración Elección de migrantes para cargos públicos en origen Eventos culturales regulares organizados por las embajadas Sector Alto Bajo Nivel de institucionalización 22 transnacionalismo migratorio, pone como ejemplo de transnacionalismo político las asociaciones creadas por las personas migrantes para mejorar las condiciones de vida del país de origen. En el ámbito económico, se refiere a las empresas que se crean para la compraventa de productos del país de origen. Y, por último, en un ámbito socio-cultural, para Portes son ejemplos de transnacionalismo migratorio las diferentes iniciativas culturales que surgen entre origen y destino. Debido a esta necesidad de puntualizar su propuesta previa, Portes también ofreció una nueva definición de la participación transnacional, definiéndola como aquellas acciones que las personas migradas desarrollan fuera de las fronteras del Estado en el que residen. Las cuales, además, se diferencian de las prácticas llevadas a cabo por otros actores globales, como puede ser el caso de los Estados, las empresas o las organizaciones internacionales. (Ibídem). Cuadro 3. Tipología propuesta por Portes (2003). Fuente: Adaptado de Portes, 2003: 877. Junto a Portes, Guarnizo y Landolt, otros autores y autoras también contribuyeron en esta segunda fase de los estudios transnacionales, ampliando el objeto de estudio y dotándolo de bases aún más sólidas. Por una parte, José Itzigsohn, Carlos Dore Cabrales, Esther Hernández Medina y Obed Vázquez (1999) propusieron una tipología en la que diferenciaban entre el transnacionalismo estrecho –narrow– y amplio –broad–. Según estos autores y autoras, el transnacionalismo estrecho y amplio representan los dos extremos de un mismo continuum, diferenciándose entre sí por su grado de institucionalización, por el movimiento que se da dentro del espacio transnacional y por la participación de las personas migrantes. Así pues, una persona participa en el transnacionalismo estrecho cuando lleva a cabo alguna práctica que requiere de un movimiento regular entre el país de origen y de destino, cuando esta actividad está muy institucionalizada o cuando la participación es constante. En el extremo opuesto, en el transnacionalismo amplio los desplazamientos entre países son poco comunes, la actividad en cuestión tiene un grado bajo de institucionalización y no exige de una participación constante –cuadro 4–. Actividades Política Económica Socio-cultural Internacional Embajadas o misiones diplomáticas en el extranjero Campañas de exportación de productos agrícolas, ganaderos o de pesca Viajes y programas de intercambio entre universidades Multinacional La Organización de las Naciones Unidas u otras agenciones internacionales Actividades de producción y comercialización en múltiples mercados Escuelas y misiones patrocinadas por la Iglesia Católica u otras religiones Transnacional a) Organizaciones no gubernamentales que monitorizan la violación de derechos humanos a) Campañas de boycot contra multinacionales por los derechos laborales del Tercer Mundo a) Asociaciones caritativas de base que asisten a niños y niñas en países más pobres b) Asociaciones creadas por las personas migrantes para asistir a su comunidad b) Empresas creadas por personas migrantes para la exportar e importar productos del país de origen b) Concursos de belleza o grupos músicales para participar en las fiestas de las asociaciones migrantes Áreas 23 Cuadro 4. Tipología propuesta por Itzigsohn, Dore, Hernández y Vázquez (1999). Fuente: Adaptado de Itzigsohn, Dore, Hernández y Vázquez, 1999: 323. Siguiendo la estela de la tipología propuesta por Itzigsohn y sus colaboradores, Guarnizo (2000) diferenció entre el transnacionalismo nuclear –core– y el transnacionalismo extendido –extended– , diferenciándose entre sí por su frecuencia. El transnacionalismo nuclear es el transnacionalismo de las prácticas diarias, donde la participación es regular, predecible y sigue un modelo fijado. Por su parte, el transnacionalismo extendido es el transnacionalismo que abarca aquellas acciones donde sólo se participa ocasionalmente. Jorge Duany (2011) criticó la vaguedad con la que Guarnizo delimitó los límites entre ambas categorías, y es que, a pesar de diferenciar entre dos transnacionalismos, no acabó de especificar cuál es el punto a partir del cual una acción extendida pasa a ser nuclear, y viceversa. Por su parte, Peggy Levitt (2001) argumentó que lo que Guarnizo calificó como transnacionalismo nuclear no tiene porqué implicar una participación total. Una persona migrante puede extender su participación a todos los ámbitos de su día a día o limitarse única y exclusivamente a un ámbito en concreto. En consecuencia, Levitt –cuadro 5– propuso que dentro de esta división entre el transnacionalismo nuclear y extendido había que añadir una segunda diferenciación, distinguiendo así entre un transnacionalismo exhaustivo –comprehensive– y selectivo –selective– (Ibídem). Cuadro 5. Tipología de acciones transnacionales propuesta por Levitt (2001). Fuente: Adaptado de Levitt, 2001: 199. Continuando con Peggy Levitt, esta propuso junto a Nina Glick Schiller (2004) una segunda tipología partiendo del concepto de espacio social. Según estas dos autoras, por espacio social se hace referencia a la red de relaciones sociales que se entrelazan entre sí, en las que las ideas, Estrecho Amplio Alta Institucionalización Baja Constante Participación Ocasional Regular Movimiento Esporádica Prácticas transnacionales Exhaustivo Selectivo Nuclear Propietario/a de una empresa transnacional que simultaneamente también participa de forma activa en un partido político del país de origen, es miembro de una iglesia con congregaciones hermanas y lidera una asociación migrante Funcionario/a de un partido político cuyo trabajo es organizar actividades entre el país de origen y de destino, pero que no participa en ningún otro grupo transnacional y que tiene pocos lazos transfronterizos Expandido Migrante que envía dinero periodicamente para diferentes proyectos comunitarios, para campañas políticas y que, además, también envía remesas a su familia de manera ocasional Persona que participa periódicamente en una sola de estas actividades 24 prácticas y recursos se organizan y se transforman. De este modo, estas hablan de cómo las personas migrantes pueden participar en dichos espacios de dos maneras diferentes: las formas de ser y las formas de pertenecer. En el caso de las formas de ser, estas son las relaciones que las personas tienen en ese espacio social y a las acciones que llevan a cabo, siendo estas independientes del vínculo que la persona pueda sentir hacia dicho espacio. Por su parte, la forma de pertenecer incluye aquellas acciones que ayudan a establecer o adecuar la identidad de una persona con respecto a un grupo (Ibídem). A partir de esta división Levitt y Schiller afirman que las personas migrantes pueden integrarse y participar en espacios transnacionales, pero que esta participación no tiene por qué influir de forma determinante en su identificación personal (Ibídem). Una persona migrada puede mantener un vínculo estrecho con las personas que siguen viviendo en su país de origen sin que esto influya en la forma en que se identifica y se presenta –formas de ser–. Mientras que para otras personas su país de origen puede seguir siendo un pilar de su identidad personal, aún sin mantener estas relaciones –formas de pertenecer–. Cuadro 6. Tipologías propuestas durante la segunda generación de los estudios transnacionales. Fuente: Elaboración propia. Tal y como dan muestra las diversas tipologías y propuestas que surgieron durante la segunda generación de los estudios transnacionales –cuadro 6–, estos gozaron de un gran desarrollo durante esta época. Precisamente, en el mismo artículo en el que propusieron la diferenciación entre las formas de ser y de pertenecer, Levitt y Schiller (2004) hablaron también de cómo ya se empezaban a vislumbrar cuatro tradiciones o corrientes teóricas diferentes: los estudios antropológicos y sociológicos hechos en Estados Unidos, los análisis del Oxford Transnational Community Program, los trabajos sobre familias transnacionales y, finalmente, las investigaciones que, partiendo del transnacionalismo, trataban de reformular el concepto de espacio más allá de la estructura social (Ibídem). En el caso de los trabajos hechos en Estados Unidos, estos planteaban una dura crítica hacia la perspectiva asimilacionista, la cual había dominado los análisis migratorios hasta entonces. En su lugar, hablaban de la importancia de adaptar un modelo que tomara en cuenta de manera simultánea las realidades de las sociedades de origen y de destino (Ibídem). Dentro de esta corriente, algunos estudios analizaron las redes de relación que surgían entre ambos países, así como las asociaciones que creaban las propias personas migradas (Ibídem). Por su parte, otros autores y autoras pusieron la atención sobre los elementos que provocaban y/o condicionaban la aparición de estos vínculos transnacionales (Ibídem). Al otro lado, los trabajos realizados en el marco del Oxford Transnational Community Program operaron con una definición más amplía del transnacionalismo. En comparación con las investigaciones estadounidenses, los estudios desarrollados en el ámbito de este programa utilizaron una definición más amplia de lo transnacional, investigando las relaciones Año Autores/as Tipología Transnacionalismo desde arriba; Transnacionalismo desde abajo Transnacionalismo desde arriba y desde abajo; Trasnacionalismo económico, político y socio-cultural Actividades internacionales, multinacionales y económicas; Trasnacionalismo económico, político y socio-cultural 1999 Itzigsohn, Cabral, Medina y Vázquez Transnacionalismo estrecho y amplio 2000 Guarnizo Transnacionalismo nuclear y extendido Transnacionalismo nuclear y extendido; Transnacionalismo exhaustivo y selectivo 2004 Levitt y Glick Schiller Formas de ser y de pertenecer 2001 Levitt Guarnizo y Smith 1998 1999 Portes, Guarnizo y Landolt 2003 Portes 25 trasnacionales junto con las comunidades que participan en ellas (Ibídem). Fruto de estos trabajos, se demostró que las personas migradas están integradas en redes que se extienden a lo largo de varios Estados y que tanto sus identidades como su producción cultural reflejan esta característica (Østergaard-Nielsen, 2003; Çağlar, 2007). Aunque entre los trabajos estadounidenses y de Oxford podamos encontrarnos con casos que analizan el efecto que el transnacionalismo ha tenido sobre las familias, en la mayoría de ocasiones, los estudios que se han centrado en estas familias se han desarrollado de manera independiente de estas dos tradiciones (Levitt y Schiller, 2004). Las llamadas familias transnacionales son aquellas en las que, aunque no estén físicamente presentes, las personas que las componen son capaces de mantenerse unidas y de generar un sentimiento de bienestar y unión (Bryceson y Vuorela, 2002), de modo que cada miembro se encuentra en un proceso continuo de redefinición de su rol y de sus funciones dentro del seno familiar (Ibídem). Dentro de esta vertiente, diferentes autores y autoras han observado que el efecto del transnacionalismo va más allá de la familiar nuclear, haciendo que, con relativa frecuencia, este acabe por afectar e incorporar a la propia familia extensa (Morad et al., 2011). En el caso de la cuarta corriente teórica, los autores y autoras que la formaron tomaron el acercamiento transnacional, expandiéndolo más allá de los estudios migratorios y utilizándolo para criticar las teorías sociales tradicionales. Así, uno de los autores principales de esta corriente fue Faist (2000) cuando, por ejemplo, habló sobre los espacios transnacionales. Si bien la creciente diversidad de estudios y enfoques teóricos supuso la consolidación definitiva del enfoque transnacional, esta diversidad evidenció la necesidad de aunar y consensuar algunos aspectos básicos, sobre todo de cara a que todos los trabajos que se realizaban tuvieran unas bases comunes –common ground–. En esta época, la revista International Migration Review publicó un monográfico dedicado a los estudios transnacionales. En uno de los artículos que incluía, Alejandro Portes (2003) enumeró las cinco características fundamentales del transnacionalismo, las cuales habían sido consensuadas junto a otros y otras investigadoras: 1.- El transnacionalismo supone un enfoque innovador, no es un enfoque nuevo: A lo largo de la historia de las migraciones ha habido numerosos ejemplos de transnacionalismo. No obstante, por entonces todavía no había un enfoque que analizara todos estos ejemplos y los comparara entre sí, identificando las similitudes, pero también las diferencias (Ibídem). 2.- El transnacionalismo es un fenómeno que surge desde abajo: Si bien los primeros estudios diferenciaron entre el transnacionalismo desde arriba y desde abajo, los distintos avances demostraron que el transnacionalismo son las acciones puestas en marcha por “personas corrientes”, independientemente de las instituciones y organizaciones internacionales (Ibídem). 3.- No todas las personas migrantes son “transmigrantes”: En contra de las excesivas afirmaciones de los primeros trabajos, sólo un pequeño porcentaje de las personas migrantes participan de manera regular en actividades transnacionales (Ibídem). 4.- La migración transnacional tiene consecuencias macro-sociales: Aunque cuantitativamente supongan una pequeña parte del total de personas migrantes, la suma de todas las acciones transnacionales puede tener un impacto significativo en el desarrollo de los pueblos y países de origen (Ibídem). 5.- La forma, así como la relevancia del transnacionalismo dependen tanto del contexto de salida como de entrada: Las razones que motivaron la migración y el contexto de acogida influyen en la tendencia a participar en actividades transnacionales (Ibídem). Esta segunda etapa trajo consigo la frescura y novedad de la que hasta entonces carecía la perspectiva. Si los primeros estudios sirvieron para poner sobre la mesa la necesidad de un enfoque adaptado al nuevo contexto que se estaba desarrollando, los siguientes trabajos sirvieron 32 En este sentido, y de manera similar a lo que ocurre en otros mercados como el de las energías fósiles o el de los alimentos, algunos países han empezado a emplear las remesas que esperan recibir como aval bancario (Ibídem). Lo que hace que, de manera inconsciente, sean las propias personas migradas quienes están financiando las consecuencias de las reformas neoliberales que se han aplicado en sus países de origen (Guarnizo, 2004). Además, en este contexto, algunos países han comenzado a poner en marcha medidas y programas para promover el envío de remesas (Levitt y de la Dehesa 2003; Levitt y Nyberg-Sørensen, 2004). Más allá de los países de origen, estas remesas también son importantes para las personas que las reciben. Y es que, estas ayudas permiten hacer frente a gastos necesarios, pero también abren la puerta a hacer pequeñas inversiones, como puede ser la compra de nuevos terrenos o el acceso a una educación de calidad (Levitt y Nyberg-Sørensen, 2004). Además, al igual que con los gobiernos, las remesas representan una fuente estable de ingresos para las familias (Portes et al., 2006). Es más, tal y como observó Orozco (2006), la cuantía de las mismas no está tan relacionada con la situación en el país de destino, como con la del de origen. Independientemente del contexto en destino, las remesas aumentan cuando el precio de los productos básicos en origen se incrementa (Ibídem). Sin desmerecer el impacto positivo que estas remesas pueden tener, algunos trabajos también han puesto sobre la mesa sus numerosas consecuencias negativas. Las remesas sirven entre otras cosas para que las familias puedan costearse el acceso a unos mejores servicios educativos y sanitarios (Levitt y Nyberg-Sørensen, 2004). Así, en un contexto en el que son las personas migrantes quienes sustentan a sus familias, los gobiernos pueden decidir no cumplir con su obligación de ofrecer unos servicios públicos de calidad (Ibídem). Haciendo que aumenten las diferencias entre las familias que tienen y no tienen algún miembro en el extranjero (Ibídem). De manera paralela, diferentes trabajos han cuestionado también la capacidad de las remesas y de las familias para llevar a cabo esas pequeñas inversiones. Ya desde la década de los noventa, estudios como el de Montes (1990) han demostrado que las familias dedican la mayor parte de las remesas –un 81,7% para el caso de este autor– para satisfacer las necesidades básicas del hogar, destinando únicamente el 9,2% para la puesta en marcha de empresas o la compra de terrenos 3 (Ibídem). En este sentido, Alejandro Canales (2005) ha criticado aquellos discursos y estudios que han sobrestimado la capacidad transformadora y multiplicadora de las remesas enviadas. Afirmando que este tipo de discursos ocultan la verdadera naturaleza de las remesas. Que estas no son sino “un ingreso salarial, que tiene los mismos usos y potencialidades productivas que cualquier otro salario y remuneraciones de los trabajadores” (Ibídem: 3). En la misma línea, cabe mencionar que, en aquellos casos en los que las familias consiguen montar algún proyecto productivo, estos suelen ser pequeños establecimientos, locales o regionales, con escasa generación de empleo (García y Paiwonsky, 2006). Es más, quienes más se benefician económicamente de las remesas no son las familias, sino los y las pequeñas comerciantes y empresarias que comercializan los productos que las familias compran con ese dinero (Ibídem). En lo que respecta al segundo tipo de transnacionalismo económico, las ayudas al desarrollo local o codesarrollo, las personas migrantes y las asociaciones que estas ponen en marcha son actores de gran importancia a la hora de impulsar proyectos o acciones de carácter filantrópico (Guarnizo, 2004). Ante la escasez de recursos económicos en origen, el envío de dinero o la transmisión de conocimiento técnico permiten entre otras cosas poner en marcha iniciativas para aliviar y corregir las carencias de los municipios de origen (Andrade, 2003; Orozco, 2006). Las personas migrantes pueden participar en este tipo de actividades de manera individual o colectiva. Las denominadas “Home Town Association”, o HTA por sus siglas en inglés, son asociaciones creadas expresamente con el objeto de poner en marcha proyectos de desarrollo 3 En función del contexto, esta cifra puede ser aún más baja, llegando a suponer menos del 2,0% como muestran los datos del Líbano analizados por Chami y sus compañeros (2018). 33 local. Andrade (2003) observó que este tipo de asociaciones se centran habitualmente en tres líneas de trabajo concretas: los trabajos humanitarios o caritativos, el trabajo social y los proyectos de mejora de infraestructuras. De manera paralela, Orozco y Lapointe (2004), primero, y Portes, Escobar y Walton (2006), después, han subrayado la influencia que estas asociaciones pueden tener sobre las políticas de los países de origen. En palabras de Orozco y Lapointe (2004) estas asociaciones pueden hacer presión para que los gobiernos se adhieran y se comprometan a unos estándares mínimos a la hora de realizar obras públicas, como puede ser respetar el cronograma o el presupuesto pactado. En el caso de los gobiernos nacionales, diferentes autores han subrayado lo incómoda que resulta esta situación para las autoridades políticas. Y es que, la presión que ejercen –y la agenda que fijan– este tipo de asociaciones dificulta la toma de decisiones políticas, en especial cuando estas chocan con los intereses origen (Andrade, 2003). Un ejemplo de este transnacionalismo económico es la “Iniciativa Ciudadana Tres por Uno” puesta en marcha por el Gobierno Mexicano en 2002. Este programa tiene por objetivo que las personas migrantes colaboren en la puesta en marcha y desarrollo de proyectos comunitarios en el país. Para ello, el gobierno local, estatal y federal de la república destinan un peso cada uno a proyectos sociales por cada peso que aporta el grupo de migrantes, de ahí el nombre 3x1 (Secretaría de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos Mexicanos, n.d./2024). La mayoría de los actores que toman parte en este programa, ya sean gubernamentales o del tercer sector, han venido reconociendo el efecto positivo y multiplicador que este ha tenido (Ahumada Lobo y Asociados, 2016). Sin embargo, esto no quita que hayan sido varias las críticas que esta iniciativa ha recibido. Por un lado, si bien todos los proyectos puestos en marcha buscaban una mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía mexicana, estos se han centrado en su gran mayoría en la creación o adecuación de infraestructura y equipamiento, dejando de lado otros proyectos de carácter comunitario (López-García y Rocha-Romero, 2021). Así mismo, y aunque inicialmente este programa planteó una transversalidad de la política pública, en especial porque en su diseño y ejecución convergían actores de diferente naturaleza, este poco a poco ha venido virando para responder a las agendas gubernamentales. De esta forma, “no existe una responsabilidad clara de los gobiernos cuando los ciudadanos, en este caso las organizaciones migrantes y las comunidades, deciden participar para atender las necesidades sociales” (Ibídem: 103), en línea con lo planteado por Andrade (2003). El tercer tipo de transnacionalismo al que hacía referencia Guarnizo es el relativo a la puesta en marcha de empresas y negocios transnacionales. A diferencia de otras formas de participación transnacional, las personas que toman parte en este tipo de proyectos suelen ser personas que están integradas y que participan de forma activa tanto en la sociedad de origen como de destino (Drori et al., 2009). Sobre el origen de este tipo de empresas o actividades, Guarnizo (2004) menciona que las personas migradas pueden crear este tipo de negocios como consecuencia del deber que sienten hacia su país o comunidad de origen. Sin embargo, el mismo autor también alude a que en ocasiones más que por ese sentimiento de deber, las personas migradas ponen en marcha este tipo negocios por motivaciones puramente instrumentales, como por ejemplo para obtener unos ingresos fijos o dar trabajo a familiares (Ibídem). Sea como fuere, el carácter transnacional de este tipo de empresas les otorga una ventaja competitiva en comparación al resto negocios. Tal y como observaron Drori, Honig y Wright (2009), la naturaleza multisituada de estas les permite explotar y aprovechar algunas oportunidades que no son tan evidentes o que a primera vista pasan desapercibidas. Así, si en el país de origen surge una oportunidad de negocio, por ejemplo, esos lazos transnacionales hacen que este tipo de empresas reciban antes la información y que puedan adelantarse al resto de competidores y competidoras. De igual manera, tampoco se puede desmerecer la ventaja competitiva que supone tener personas conocidas a la hora de acceder a nuevos mercados (Portes, 2003), las cuales pueden facilitar y abaratar la obtención de materias primas o mano de obra. 34 En cuanto a las diversas “formas” que este tipo de empresas pueden adoptar, en el marco de la segunda oleada de los estudios sobre el transnacionalismo Landolt y sus compañeras (1999) diferenciaron entre cinco tipos de empresas transnacionales diferentes. Por un lado, estarían las llamadas empresas circulares o circuit enterprises. Estas empresas unen y ponen en relación al país de origen y con el de destino, haciendo así posible la transmisión tanto de mercancías como de información (Ibídem). Por otra parte, las empresas culturales o cultural enterprises son aquellas cuyo objetivo es suplir la demanda de productos culturales de origen de la población migrada. En consecuencia, este tipo de empresas se dedican al comercio de productos tales como películas, CDs, prensa o similares (Ibídem). En tercer lugar, las empresas étnicas o ethnic enterprises desempeñan un rol similar a las empresas culturales en tanto que se centran en la importación de productos alimenticios del país de origen. Sin embargo, estas no están dirigidas únicamente a la población migrada, sino que cuentan también con clientela autóctona (Ibídem). El cuarto tipo de empresas son las empresas de retorno o migrant return enterprises. Aquí entrarían los negocios que las propias personas migradas crean en sus países de origen mirando a cuando regresen definitivamente a su hogar (Ibídem). Finalmente, las empresas transnacionales en expansión o transnational enterprises in expansión son las empresas que se crean en el país de origen, pero que, aprovechando las redes transnacionales, se van expandiendo progresivamente a otros países y mercados (Ibídem). Dada la relación entre el transnacionalismo y el proceso de integración de las personas migradas, Portes y Yiu (2013) han analizado el efecto que esta integración tiene en las empresas transnacionales que forman las personas migrantes. Así, observaron que mientras que las personas que se integran en los estratos bajos o medio-bajos de la sociedad de destino crean tiendas o negocios en sectores de muy poca especialización técnica, las personas con estudios y de clase alta tienden a priorizar sectores tecnológicos y de gran valor añadido (Ibídem). De este modo, llegaron a la conclusión de que existe una relación entre el nivel educativo y socioeconómico de las personas migradas y las empresas que estas crean. En esa línea, Morawska (2004) analizó las empresas transnacionales que cada una de las diferentes comunidades migrantes de Nueva York creaba. Según observó, existían importantes diferencias entre comunidades, y es que mientras que los y las migrantes cosmopolitas llegadas de China se centraban en el sector de las finanzas, las personas llegadas desde República Dominicana abrían pequeñas empresas o tiendas familiares (Ibídem). 2.4.2. Transnacionalismo socio-cultural El segundo tipo de transnacionalismo es el llamado transnacionalismo socio-cultural. Algo que caracteriza a este transnacionalismo en comparación al transnacionalismo económico y político, es su carácter más afectivo (Itzigsohn y Giorguli, 2002). Este transnacionalismo parte del deseo de las personas migrantes de mantener el estilo de vida que llevaban en el país de origen (Ibidem), principalmente desde un punto de vista cultural: celebrar las festividades del país natal, los ritos simbólicos, consumir cine y música su país de origen, etcétera. En cuanto a las formas que este transnacionalismo puede adoptar, su forma más institucionalizada serían las asociaciones para la promoción de la cultura de origen que crean las propias personas migrantes en los países de destino (Ibídem). A través de su actividad, estas asociaciones pueden tener consecuencias bien sobre la cultura del país de destino, bien sobre la de origen (OIM, 2010), enriqueciendo y creando puntos de encuentro entre el arte, la música, el cine o la gastronomía de ambas culturas. Más allá de estos análisis más culturales, otros estudios han puesto el foco sobre el carácter social de este transnacionalismo. Entre estos trabajos, uno especialmente relevante es el de Peggy Levitt (1998) y su análisis sobre las remesas sociales. Según esta autora, en las relaciones que mantienen con sus familias y amistades en origen las personas migrantes no les envían sólo recursos de carácter económico o material, esos vínculos son también una vía por la que transmitir ideas, actitudes, identidades e incluso capital social (Ibídem). Así, estos bienes no tangibles pueden tener un efecto transformador en la sociedad de origen –generando nuevos puntos de vista en torno a 35 una práctica social o política concreta–, pero también sobre la de destino –motivando un cambio de actitudes hacia las culturas extranjeras– (OIM, 2010). Alrededor de estas remesas sociales, Levitt (1998) diferenció entre tres tipos de remesas diferentes: las estructuras normativas, los sistemas de prácticas y el capital social. En el caso de las primeras, Levitt llama estructuras normativas a todas las ideas, valores y creencias que comparten entre sí todas las personas de una sociedad concreta. Estas pueden ser, por ejemplo, las normas sociales que determinan cómo deben ser las relaciones interpersonales o la forma de participar en la comunidad (Ibidem). Por su parte, los sistemas de prácticas son todas aquellas prácticas concretas que derivan de esa estructura normativa. En su texto, Levitt pone como ejemplo la división de tareas que se dan dentro del hogar (Ibídem). Finalmente, y siguiendo la estela de Bourdieu, Levitt define el capital social como la red de contactos que tiene una persona y los recursos que esta pone a su disposición (Ibídem). Años más tarde, Levitt planteó junto a Lamba-Nieves (2011) una revisión de esta tipología, añadiendo una cuarta categoría: las identidades. Respecto al modo en que viajan remesas, las personas migrantes pueden transmitir estas ideas o prácticas de manera individual cuando se relacionan con sus familiares o amistades en origen. Más allá de esta vía, este tipo de remesas también se pueden transmitir de modo colectivo, bien sea a través de asociaciones del país de origen –HTA–, de grupos eclesiásticos o de partidos políticos (Ibídem). Por ejemplo, en el estudio que Levitt y Lamba-Nieves realizaron acerca de las personas de origen dominicano residentes en Boston, estas descubrieron que las asociaciones que las personas migradas han fundado en su país de origen han ayudado a promover el uso de métodos contraceptivos (Ibídem). Partiendo de los análisis de Levitt, han sido múltiples los estudios que han puesto sobre la mesa el efecto transformador que pueden tener estas ideas en el país de origen. Beine y Sekkat (2013), por ejemplo, analizaron el efecto que estas remesas sociales tenían sobre la natalidad de los países de origen, y más concretamente sobre los embarazos durante la adolescencia. Así, descubrieron que cuando alguno de los progenitores está en el extranjero, este o esta motiva a sus hijos e hijas para que sigan estudiando, reduciendo considerablemente las posibilidades de un embarazo (Ibídem). Estas remesas sociales también pueden contribuir a la mejora del sistema sanitario del país de origen, importando nuevas técnicas o formas de trabajar. En su investigación, Holdaway y sus colaboradoras (2015) analizaron los casos del personal sanitario chino e indio que, habiendo estado fuera durante una temporada, volvía a su país de origen. Observaron que cuando estas personas regresaban traían consigo otro punto de vista respecto a cuál debía de ser la relación médico-paciente, un punto de vista más igualitario y que buscaba que los y las pacientes fueran parte en las decisiones médicas (Ibídem). No obstante, la capacidad de estas personas para influir e implantar estas ideas variaba en función del país. Mientras que en la India el resto de profesionales de la sanidad tenían una actitud abierta hacia estas ideas, en el caso chino los hospitales gestionados por el Estado dejaban poco margen de acción (Ibídem). Finalmente, las remesas sociales también pueden contribuir a cambiar los roles de género en el país de origen y a empoderar a las mujeres. En palabras de De Haas (2007), cuando las mujeres migran a otro país y entran en contacto con otras normas sociales, estas pueden rechazar, modificar o reforzar sus valores. De esta forma, la migración y la exposición a nuevas ideas puede ayudar a las mujeres a liberarse de los roles tradicionales de género, ideas que posteriormente transmitirán a sus respectivos países de origen (Ibídem). 2.4.3. Transnacionalismo político En lo que respecta al transnacionalismo político, este se ha venido utilizando para definir y hacer referencia a una amplia gama de actividades. Así, en nombre del transnacionalismo político se han analizado desde casos de personas que participan en procesos electorales de dos países, hasta el uso que hacen los Estados de las personas migradas para cumplir con sus objetivos de política exterior. 36 Cuando Portes, Guarnizo y Landolt (1999) definieron por primera vez el transnacionalismo político, lo definieron como aquellas acciones que ponían en marcha los partidos políticos, los funcionarios y funcionarias gubernamentales o las asociaciones de migrantes para obtener poder e influencia política tanto en el país de origen como en el de acogida. Con esta definición, Portes, Guarnizo y Landolt siguieron la estela de la tipología del transnacionalismo desde arriba y desde abajo propuesta anteriormente por el propio Guarnizo y Smith (1998). En consecuencia, los primeros estudios que trataron el fenómeno del transnacionalismo político prestaron una excesiva atención al rol que desempeñaban los actores “de arriba”, dejando a un lado la participación e influencia de las personas migradas (Martiniello y Lafleur, 2008). A medida que los estudios sobre el transnacionalismo se fueron refinando, este transnacionalismo “de arriba” se fue arrinconando cada vez más y más, hasta que, finalmente, la atención se centró en exclusiva sobre las personas migrantes y sus relaciones y participación política. Una de las primeras personas en hacer esto fue Eva Østergaard-Nielsen (2003), la cual definió el transnacionalismo político como: “Diversas formas de participación directa transfronteriza en la política de su país de origen por parte de migrantes y refugiados (como votar y brindar apoyo a partidos políticos, participar en debates en la prensa), así como su participación indirecta a través de las instituciones políticas del país anfitrión (o de organizaciones internacionales)” (Østergaard-Nielsen, 2003: 762) En palabras de Bauböck (2003), el transnacionalismo político suponía un cambio de primer orden. Por un lado, las personas migrantes se estaban integrando políticamente en dos países simultáneamente, tanto en el país de origen como de destino. Pero, de forma paralela, los límites y las fronteras políticas de los países se estaban diluyendo y solapando entre sí. A medida que avanzaba el estudio sobre la participación política transnacional, varios autores y autoras comenzaron a proponer diferentes tipologías de cara a avanzar en la comprensión de la misma. Precisamente, una de las tipologías más interesantes es la propuesta por la propia Østergaard-Nielsen (2003), quien diferenció entre cuatro políticas transnacionales diferentes: la política inmigrante, la política emigrante, la política patria y la política local-local. En palabras de esta autora, la política inmigrante es aquella que tiene lugar en el país de destino y que aspira a obtener una mejora de las personas que participan, ya sea de estatus o para mejorar su situación. Dentro de esta política entrarían acciones como las campañas para la adquisición de derechos políticos o para denunciar el racismo o la discriminación en destino (Ibídem). Por su parte, cuando este tipo de acciones no tienen lugar en la sociedad de destino sino en la de origen, Østergaard-Nielsen habla de un transnacionalismo político emigrante. Al igual que sucediera con la política inmigrante, las personas que participan en este tipo de acciones buscan impulsar una serie de medidas que puedan acarrear un beneficio propio, como puede ser el caso del reconocimiento de los derechos políticos de las personas migrantes. Junto a este tipo de medidas, la autora también identificó una serie de acciones que lejos de buscar el beneficio propio tienen por objetivo fomentar una mejora integral del país. Este tipo de acciones, las cuales incluyen las campañas para exigir una mayor transparencia al gobierno o que este respete los derechos humanos, serían lo que Østergaard-Nielsen define como política patria (Ibídem). Así, la diferencia entre el transnacionalismo político emigrante y patrio radica en quién es la persona o entidad beneficiada por esa acción, ya sea el propio individuo –política emigrante– o al conjunto del país de origen –política patria–. Finalmente, las personas migradas también se pueden implicar políticamente en la mejora de su pueblo o ciudad de origen a través de la llamada política local-local. En este caso, las acciones suelen originarse en asociaciones o grupos de personas migradas y pretenden dar respuesta a un problema concreto que afecta a la comunidad de origen (falta de infraestructuras, calidad del agua y del saneamiento, etc.). A pesar de este esfuerzo de Østergaard-Nielsen por avanzar en la comprensión del transnacionalismo político, esto no libra a esta tipología de ciertas críticas. Martiniello y Lafleur 37 (2008) destacan como ante el creciente protagonismo político de las personas migradas, los gobiernos de origen y de destino no siempre ven esta participación con buenos ojos, en especial cuando esta puede tener consecuencias negativas. Así mismo, estos autores también ponen de relieve la tendencia que muestra Østergaard-Nielsen a ver las diferentes formas de participación política de las personas migrantes como categorías cerradas (Ibídem), pareciendo que una asociación no pudiera estar involucrada simultáneamente en una campaña emigrante y patria. En una propuesta más reciente, Chaudhary y Moss (2019) propusieron una clasificación del transnacionalismo político basado en el grado de institucionalización de las acciones, así como por lo visibles –o no– que son los objetivos políticos. El cuadro 7 presenta los cuatros supuestos planteados por estos autores: acciones poco institucionalizadas pero con un claro objetivo político, acciones poco institucionalizadas y sin ningún objetivo político, acciones muy institucionalizadas con un objetivo político visible y, finalmente, acciones muy institucionalizadas pero sin aspiraciones políticas. Cuadro 7. Tipología propuesta por Chaudhay y Moss (2019) en torno al transnacionalismo político. Fuente: Adaptado de Chaudhary y Moss, 2019: 3. En cuanto a las consecuencias del transnacionalismo político, Portes (1999) reivindica el efecto liberador que participar en este tipo de acciones puede tener sobre las personas migrantes y su capacidad para hacer que los países de origen sean cada vez más democráticos. Según este autor, el origen humilde de las personas migrantes, unido a la experiencia de vivir en un país más democrático –nuevamente, según Portes– hace que estas vean con peores ojos a la élite del país de origen y critiquen los mecanismos para mantener el poder (Ibídem). Así mismo, Portes también habla de los recursos de presión que la migración ha dado a las personas migrantes, al tiempo que ha mostrado que otros sistemas políticos más democráticos son posibles. Más allá de los casos analizados por Portes, el transnacionalismo político no es una práctica exclusiva de personas migrantes que huyen de países opresores, sino que se extiende a todo tipo de personas. En su estudio acerca de los y las pensionistas estadounidenses que emigran de Estados Unidos a México para jubilarse, Croucher (2009) destaca el efecto positivo que la migración tiene sobre su participación política tanto en su país de origen como de destino. En este sentido, y aplicando la tipología propuesta por Østergaard-Nielsen (2003), los y las pensionistas estadounidenses en México estarían participando simultáneamente en un transnacionalismo inmigrante y emigrante. Una simultaneidad que, por otra parte, justifica y prueba una de las críticas planteadas por Martiniello y Lafleur (2008). Una de las principales reticencias que existen a que las personas migradas sigan participando en la política de su país de origen viene de la distancia que las separa de esta y de sus consecuencias. Cuando las personas migradas votan, estas no tienen por qué convivir y hacer frente a las consecuencias de su decisión. Es decir, en caso de unas elecciones políticas, el hecho de que un partido u otro gané no influye de manera directa en su día a día (Bauböck, 2003). Es más, en tanto que no residen en el país, algunas personas argumentan que estas no tienen por qué conocer a los y las candidatas, así como cuáles son las cuestiones que están en juego (Ibídem). Menos institucionalizadas Más institucionalizada Reclamos/objetivos explícitamente políticos IV. Crear grupos de movimientos sociales; realizar actos de protesta y recaudar fondos para causas y entidades políticas I. Participar y votar en los procesos internos de los partidos de origen, hacer presión al país de destino con fines políticos, formar organizaciones de movimientos sociales, apoyar a grupos insurgentes o guerrilleros Reclamos/objetivos implícitamente políticos III. Recaudar de fondos ad hoc para emergencias humanitarias, entregar ayuda de manera personal y contribuir a los esfuerzos de reconstrucción II. Crear organizaciones de desarrollo y apoyo 38 Tomando como partida el concepto de remesas sociales propuesto por Levitt, algunos y algunas investigadoras han propuesto el concepto de remesas políticas como forma de visibilizar el efecto transformador que pueden tener las personas migradas. Así, la participación política de las personas migradas no se quedaría únicamente en su voto o en la participación política en sus países de origen, sino que estas serían también clave en la transmisión de ideas y discursos políticos nuevos. En palabras de Krawatzek y Müller-Funk (2019), las remesas políticas son transferencias de conceptos, ideas o prácticas políticas que se suceden entre dos o más países. Estas remesas se transmiten entre un extremo y el otro, transmitiendo ideas que pueden afectar al comportamiento o la organización política del país de destino, así como en el grado de participación de las personas migradas. En cuanto a la forma que pueden tomar estas remesas políticas, Krawatzek y Müller-Funk diferencian entre tres tipos de remesas: los principios políticos, el vocabulario político y las prácticas políticas. En el primero de los casos, los principios políticos harían referencia al conjunto de normas que dan sentidos y sustentan el sistema político de un territorio o de una sociedad (el sistema de voto, la transparencia política, etc.). Como resultado de vivir en otro país, las personas migradas pueden conocer y hacer suyos algunos de estos principios, que posteriormente tratan de implantar en su país de origen. El vocabulario político por su parte es el conjunto de consignas, símbolos y eslóganes que existen en un país determinado y que pueden ser transmitidos. Finalmente, las personas migradas también pueden asimilar diferentes modelos de participación política y civil, tales como estrategias de reclutamiento de nuevos miembros, técnicas de movilización de personas, estrategias de campañas políticas o nuevas formas de protesta y comunicación política (Ibídem). En un intento de operacionalizar estas remesas, Krawatzek y Müller-Funken también analizaron la forma en que estas remesas pueden transmitirse y viajar de un país a otro. Así, esta transmisión puede ser circular, unidireccional desde el país de destino al de origen, del país de origen al de destino y, en algunos casos, del país de destino a un tercer o terceros países –figura 3–. Figura 3. Vías de transmisión de las remesas políticas propuestas por Krawatzek y Müller-Funken (2019). Fuente: Adaptado de Krawatzek y Müller-Funken, 2019: 1013. 2.5. Razones de la participación transnacional Más allá de los estudios sobre los tipos de transnacionalismo existentes, los autores y autoras que han aplicado este enfoque también han mostrado interés por sus causas, analizando el efecto que diferentes elementos y factores tiene sobre la participación transnacional. 39 Uno de los primeros elementos sobre los que rápidamente se puso la atención fueron las innovaciones tecnológicas que se dieron a finales del siglo XX, y en especial aquellas dadas en materia de comunicación (Blanco, 2007). Antes de los primeros estudios transnacionales ya hubo algunos trabajos que trataron de estudiar el contacto que las personas migradas mantenían con su país de origen. Sin embargo, los medios técnicos de entonces no permitían que estas relaciones se pudieran dar con cierta asiduidad. De este modo, no fue hasta que las condiciones tecnológicas hicieron posible mantener relaciones transfronterizas de manera rápida y sencilla que aparecieron las primeras relaciones e iniciativas transnacionales (Portes et al., 1999). Más allá del peso del contexto global, en la base de las relaciones transnacionales participan múltiples razones, de dimensiones y naturaleza diversas, más o menos importantes en el caso de cada grupo. Sin embargo, en los trabajos que se han venido realizando en este ámbito se ha observado que algunos de estos factores tienen más peso que otros, influyendo en la regularidad, intensidad o alcance del fenómeno. 2.5.1. Contexto en el país de origen y de destino Uno de estos factores que puede afectar a la participación transnacional de las personas migrantes es el contexto en el que se da su proceso migratorio. Y es que, tanto la situación que se vive en el país de origen –causa de la migración, esperanzas de volver, etc. –, como la acogida por parte de la sociedad de destino –rumores y estereotipos negativos, discriminación, xenofobia, etc.– pueden influir sobre la tendencia o no de participar en acciones transnacionales. En el caso de la situación en origen, Guarnizo, Chaudhary y Nyberg-Sørensen (2019) analizaron los casos de las personas de origen colombiano y dominicano en España e Italia, haciendo especial hincapié en la influencia que las causas de su salida tenían sobre su participación transnacional. En el caso de las personas colombianas, observaron que debido al conflicto armado que ha vivido el país sudamericano hasta hace poco, la participación transnacional era comparativamente superior en quienes habían abandonado el país por motivos políticos. Concretamente, vieron que estas personas seguían participando en los asuntos políticos de Colombia, involucrándose en acciones y campañas que buscaban dar una respuesta pacífica a dicho conflicto. Además de por razones políticas, en su estudio Guarnizo, Chaudhary y Nyberg-Sørensen también aludieron al efecto que los intereses económicos pueden tener sobre la participación transnacional. Según observaron, las personas migradas que habían realizado algún tipo de inversión económica en el país de origen seguían más de cerca la actualidad política de Colombia y de la República Dominicana, incluso participando en la medida en que sus circunstancias se lo permitían (Ibídem). Las redes familiares y de parentesco en origen también son un elemento que influye en la participación política y económica de las personas migradas (Guarnizo et al., 2003). Cuando las personas migrantes y sus familias esperan que estas regresen pronto, estas no hacen tantos esfuerzos por integrarse en la sociedad de destino, sino que centran su atención en mantener unos vínculos transnacionales fuertes (Ibídem). En lo que respecta al papel que juega el contexto de destino, Portes (1999) argumentó que las sociedades de destino pueden dar la bienvenida a las personas migrantes de dos maneras diferentes, las cuales generan una respuesta u otra. Por un lado, cuando las personas migrantes sienten una oposición por parte del gobierno y la ciudadanía del país de destino, cuando existe una discriminación, se da lo que Portes ha catalogado como etnicidad reactiva –reactive ethnicity– . En estos casos en los que hay un claro menosprecio, las personas migradas buscan reforzar su identidad grupal y crear una red de apoyo alternativa, amparándose para ello en las tradiciones y culturas del país de origen (Ibídem). Según Portes, cuando se dan este tipo de situaciones, las personas migrantes viven en el país de destino, pero no conviven en él, de modo que el transnacionalismo y las acciones transfronterizas pasan a convertirse en mecanismos de protección (Ibídem). Un ejemplo de esta respuesta reactiva lo podemos encontrar en la comunidad salvadoreña de Estados Unidos. En su estudio, Landolt y sus compañeros (1999) describieron los ciclos 40 migratorios de las personas que, huyendo del conflicto armado que vivió el país en la década de los 80, emigraron a Estados Unidos en busca de refugio. Esto sin embargo no fue un proceso de color de rosa, y es que a su llegada las personas salvadoreñas tuvieron que hacer frente a la discriminación de la población local, así como del propio gobierno, el cual bajo la presidencia de Reagan se negó a reconocer a las personas llegadas desde El Salvador la condición de refugiadas. En este contexto hostil, descubrieron que las personas migradas participaban en actividades y espacios transnacionales como vía de supervivencia, de cara a obtener la protección económica pero también legal que no encontraban en el país de destino (Ibídem). Al otro lado del Atlántico, Snel, Hart y Van Bochove (2016) también estudiaron esta etnicidad reactiva descrita por Portes, analizando en su caso la situación de las personas de origen turco, marroquí y surinamés asentadas en Rotterdam. Al igual que sucediera en el caso salvadoreño, el estudio de la migración en los Países Bajos mostró una relación directa entre la discriminación y la participación en actividades transnacionales. Es decir, cuanto más frecuentes eran los episodios discriminatorios, más habitual era que las personas migradas se involucraran en sus comunidades de origen. Eso sí, a diferencia del caso estadounidense, esta investigación llevada a cabo en los Países Bajos se centró en personas de clase media, demostrando con ello que esta reacción reactiva no es algo exclusivo de las clases populares, sino que se extiende a otros colectivos y estamentos sociales (Ibídem). Junto a esta participación más reactiva, Portes también analizó cuál era la situación cuando las personas migradas recibían el apoyo y la ayuda de la sociedad de destino. En lo que Portes llamó etnicidad lineal o linear ethnicity, la participación transnacional no obedece a un contexto hostil, sino que está relacionada con otro tipo de motivaciones, como pueden ser los intereses económicos o las amistades que las personas migrantes mantienen en origen (Portes, 1999). Un ejemplo que plantea Portes de esta etnicidad lineal es la comunidad colombiana de Los Ángeles. A diferencia de lo que ocurre en otras ciudades de Estados Unidos, la comunidad colombiana de Los Ángeles es pequeña y dispersa, no existen grandes asociaciones o colectivos. En este contexto, las relaciones transnacionales que mantienen las personas colombianas dependen casi en exclusiva del interés que cada persona tenga en participar en este tipo de actividades (Ibídem). Junto a estos elementos más personales, Guarnizo, Portes y Haller (2003) argumentaron que los contextos de origen y destino también pueden influir en el transnacionalismo desde un plano más macro. En palabras de estos, cuando ponemos en una escala y comparamos los países de origen y de destino entre sí, cuantas más similitudes compartan y más cerca se sitúen el uno del otro, más sencilla será la incorporación de las personas migradas. Por el contrario, cuando, digamos a nivel sociocultural, ambas sociedades están en extremos totalmente opuestos, las personas migradas afrontarán más dificultades, lo que puede influir en su participación transnacional. Más allá de la etnicidad reactiva y lineal de Portes, en su artículo “Immigrant Incorporation and Sociocultural Transnationalism” José Itzigsohn y Silvia Giorguli (2002) propusieron una tercera vía: el transnacionalismo dependiente de recursos –resource dependent transnationalism–. Esta propuesta busca dar una nueva explicación, combinando para ello el deseo de las personas migradas por mantener sus relaciones en origen, con el efecto que tiene el contexto material y socioeconómico del país de destino. Según explican Itzigsohn y Giorguli, las personas migrantes no comienzan a participar en acciones transnacionales hasta que no han logrado satisfacer sus necesidades básicas. De este modo, el transnacionalismo no sería una característica propia de todas las personas migrantes, sino que estaría reservado a aquellas personas que han conseguido una mínima estabilidad económica (Ibídem). De manera paralela, este modelo argumenta que, en tanto que el éxito económico no es algo inmediato, el transnacionalismo no es algo que surja desde el principio, sino que este se va generando gradualmente a medida que avanza el propio proceso de integración (Ibídem). Por tanto, este modelo no niega el proceso de integración de las personas migrantes, al contrario. Estas primero se integran en la sociedad de destino, y no es hasta más tarde que estas (re)construyen las relaciones con su origen. Tomando como base los aportes del modelo de Portes (1999) y las nuevas ideas derivadas de este transnacionalismo más material, 41 Itzigsohn y Giorguli plantearon tres hipótesis de cara a analizar y explicar el grado de participación de las personas migradas en acciones transnacionales: 1. Cuanto más fuertes son los vínculos que una persona mantiene con su país de origen, mayor es su participación en prácticas transnacionales. 2. Esta participación transnacional aumentará según aumenten los recursos materiales. 3. Cuanto más negativa haya sido la acogida y experiencia en el país de destino, mayor será la participación en prácticas transnacionales. 2.5.2. Los países de origen y sus políticas Siguiendo con los factores que inciden en la participación transnacional, un segundo elemento que diferentes autores y autoras han identificado como crucial son los países de origen y las diferentes políticas que estos implementan. Inicialmente, los Estados son quienes con sus prácticas y acciones fomentan y crean las primeras relaciones transnacionales, sin embargo, estos no toman parte de manera activa hasta que la importancia de las mismas es evidente (Portes, 1999). Precisamente, cuando estos empiezan a cobrar importancia, es habitual que los gobiernos empiecen a fijarse en ellas, y en especial en las comunidades extranjeras que surgen. Fruto de establecer este tipo de vínculos, los respectivos países pueden atraer remesas e inversiones económicas. Simultáneamente, los diferentes gobiernos también ven que los negocios, así como los grupos y asociaciones creadas por las personas migradas en destino pueden servir a sus intereses de política exterior (Portes, 1999; Lafleur, 2012). Así, desde la óptica de los gobiernos nacionales, las comunidades de personas migradas pasan a ser un instrumento más para la consecución de sus intereses políticos y económicos. Esto tiene como consecuencia que con el paso del tiempo el modo en que estos perciben la migración y la participación transnacional vaya cambiando (Cachón, 2012). Pasando de ver con desconfianza este nuevo fenómeno para, en su lugar, abrazarlo como una oportunidad –de atraer inversión, de crear empresas, de crear nuevos mercados, etc.–. Con este propósito de atraer a los y las nacionales migradas, los países de origen han puesto en marcha una serie de medidas que van desde el reconocimiento de la doble nacionalidad, hasta la concesión del voto a toda persona que se encuentre en el extranjero (Portes, 1999). Ahora bien, en función de la ideología y del espectro político del gobierno de turno, estas medidas y programas varían significativamente de país en país (Levitt y Schiller, 2004). En relación a estas medidas para fomentar la participación de las personas migradas, Lafleur (2012) afirma que los Estados pueden buscar cumplir dos objetivos diferentes. Por un lado, algunas de estas políticas buscan mejorar la relación que las personas gobiernas puedan tener con el gobierno del país de origen. Ejemplo de esto serán los esfuerzos de los Estados por mejorar el servicio consular. En otros casos, los gobiernos buscan obtener un rédito de esta participación, con lo que ponen en marcha medidas con una intencionalidad clara, como cuando ofrecen ayudas para la puesta creación de asociaciones de migrantes o programas culturales en el país de destino (Ibídem). En la tipología propuesta por Levitt y de la Dehesa (2003), estas identificaron hasta cinco tipos de medidas que los países pueden adoptar para motivar la participación transnacional de los y las nacionales migradas: 1. Las reformas burocráticas: Aquí entrarían todas las reformas burocráticas y consulares llevadas a cabo como consecuencia de la creciente importancia de los y las expatriadas (Ibídem). Precisamente, debido a esta creciente importancia, los y las responsables políticas prestan cada vez más atención a las personas migradas, poniendo en marcha programas como el DGMCA creado por México en la década de los 90. En otros casos, gobiernos como el de Brasil han promovido la creación de Consejos Ciudadanos en el extranjero. 2. Políticas de inversión: Debido al peso de las remesas, los Estados han puesto en marcha una serie de políticas que tienen por objetivo promover y dirigir el envío de remesas y las 48 Desde el principio diferentes autores y trabajos han analizado la relación y alianza entre las tecnologías de la comunicación y el transnacionalismo, y cómo estos han venido a reforzarse mutuamente de diferentes maneras. Con todo, estos mismos trabajos también han puesto de manifiesto que existe una división digital. Debido a elementos de carácter material y económico como la clase social o el nivel de urbanización de un territorio, no todas las personas han tenido las mismas capacidades de acceso y de participar transnacionalmente (Chen, 2013). Recientemente, esto ha cambiado con la normalización y universalización de internet. Y, sin embargo, los trabajos que se realizan se siguen centrando en los casos europeo, norteamericano y, en menor medida, asiático. Hacen falta entonces un mayor número de trabajos sobre qué ha pasado y qué dinámicas se están sucediendo en los países a los que sólo recientemente han llegado los Smartphone e internet, como África (Tedeschi et al., 2022). Junto a estos elementos de carácter más económico, otros trabajos han puesto de manifiesto también el impacto que factores más personales como el nivel educativo o las competencias lingüísticas (Favell y Recchi, 2019) tienen sobre el uso de las tecnologías de la comunicación, y, por ende, el transnacionalismo. Si bien existen estos trabajos previos, sería interesante volver sobre ellos y analizar el impacto que un fenómeno como la COVID-19 y el confinamiento global provocado por la misma han tenido sobre ello. Prohibido salir a la calle, durante este periodo el uso de canales y tecnologías de la comunicación como Zoom se intensificaron notablemente (De et al., 2020). Incluso entre colectivos que tienden a mostrar un menor alfabetismo digital como las personas mayores el uso y aprendizaje de este tipo de herramientas se incrementó (MartínezAlcalá et al., 2021) Siguiendo con la pandemia, otro aspecto que esta ha venido a poner sobre la mesa es la necesidad de analizar el efecto que algo como una emergencia sanitaria global tiene sobre las relaciones de las diásporas con sus países de origen, y viceversa. Orozco (2006) planteaba cómo el envío de las remesas que las personas migrantes envían a origen aparece marcado por la situación y las condiciones concretas del país de origen. Aplicando esto al contexto de la pandemia, esto se observa, por ejemplo, en el envío de material médico de los y las migrantes chinas a sus familias en origen en las primeras fases de la expansión, cuando elementos cómo las máscaras faciales se volvieron escasas en el país (Zeng, 2020). Es más, más allá de a nivel particular, se ha observado qué durante la pandemia, las comunidades en el extranjero hicieron también presión para que los países de destino apoyaran a sus países de origen con el envío de material (Hayakawa y Imai, 2022). Otra línea de investigación poco analizada son las personas que regresan al hogar. A partir del segundo momento de los estudios transnacionales, el transnacionalismo no se concibe como un proceso continuo, la implicación en las actividades fluctúa, cómo lo hace el propio hecho de ser un o una migrante. De igual manera, el regresar al país de origen tampoco quita que las personas migrantes rompan del todo sus lazos con la que fuera su sociedad de destino, estas pueden seguir con sus prácticas y haciendo uso de sus redes y capital social (Carling y Erdal, 2014; Iaria, 2014). Así, el proceso de reintegración de las personas migradas y su impacto en las sociedades de origen sigue siendo un tema a tratar (Tedeschi et al., 2022). Otro aspecto alrededor del cual no parece haber una clara respuesta es el del efecto que las prácticas transnacionales tienen sobre el querer volver o no. Por un lado, trabajos como el de Carling y Pettersen (2014) han mostrado cómo quienes más participan en este tipo de actividades tienen mayores aspiraciones por volver. De hecho, Lietaert y sus compañeras (2017) han mostrado cómo las remesas y las inversiones hechas en el hogar orientan y atraen a las personas migrantes a volver a sus hogares. Sin embargo, por otro lado, diferentes trabajos han observado qué el tener una mayor relación y conocimiento del país llevan a una menor romantización de las condiciones, alejando y ahuyentando la decisión de regresar (Chang et al., 2017), falta pues un mayor número de trabajos que exploren esta realidad. 2.7. Síntesis 49 En este primer capítulo teórico se han presentado los primeros trabajos que aplicaron una visión transnacional, la evolución de la perspectiva y sus principales características y críticas. Así, la perspectiva transnacional emerge un momento en el que las ciencias sociales ponen cada vez más atención en la globalización y las críticas hacia los modelos explicativos previos se suceden (Levitt y Nyberg-Sørensen, 2004). Si anteriormente el objeto de estudio era el país de origen o de destino, por separado, el transnacionalismo proclama la necesidad de revisar estos enfoques teóricos y atender a ambos extremos y sus interrelaciones de manera conjunta (Basch et al., 1994). Este primer periodo de los estudios transnacionales estuvo caracterizado por una tendencia a la exageración (Guarnizo y Smith, 1998; Kearney, 1991), del transnacionalismo y sus efectos, así como por una falta de rigor e importantes carencias metodológicas (Waldinger, 1998; Morawska, 2011). En este contexto, tras las críticas recibidas, y conscientes del valor heurístico que podía tener esta perspectiva, algunos y algunas investigadoras asumieron la labor de definir lo transnacional de una forma más rigurosa, así como de dotar al enfoque de unas bases tanto teóricas como metodológicas más sólidas (Portes et al., 1999; Itzigsohn et al., 1999; Levitt y Schiller, 2004), dando lugar a la segunda fase de los estudios transnacionales (Dahinden, 2017). Dentro de este proceso de definición y concreción algunas de las temáticas principales de estudio han girado en torno a la relación entre al proceso de integración de las personas migradas y su participación transnacional, las formas que esta puede adoptar y sus causas. Empezando por la interrelación entre integración y transnacionalismo, inicialmente se planteó que estos eran procesos inversos (Østergaard-Nielsen, 2001), aunque al tiempo estas afirmaciones se fueron suavizando (Blanco, 2007). En cuanto a la segunda agenda de trabajo, aquí la división más aceptada es la propuestsa por Portes, Guarnizo y Landolt (1999), quienes diferenciaron entre el transnacionalismo económico, socio-cultural y político. Dentro del transnacionalismo económico entrarían las remesas que las personas migradas envían a su hogar, así como los negocios que estos y estas crean en sus países de origen o las asociaciones para el fomento del desarrollo local (Andrade, 2003; Guarnizo, 2004). A nivel socio-cultural, destacan las remesas sociales (Levitt, 1998), esto es, las ideas o valores que las personas migradas transmiten y hacen suyas, las cuales pueden tener un profundo impacto en la sociedad de origen, incluso en ámbitos como el de la salud reproductiva o la natalidad (Beine y Sekkat, 2013). Por su parte, en su vertiente política destacan las formas de participación y de presión de las personas migradas sobre la política del país de origen, bien a nivel personal o asociativo, bien de manera desorganizada o regulada (Chaudhary y Moss, 2019). En lo que respecta a las causas de la participación transnacional, aquí se han propuesta una amalgama de motivos, donde destacan factores como el contexto del país de origen y destino, las medidas adoptadas por los países de origen o el capital social. En el primero de los casos, las razones que motivaron la migración (Guarnizo, Chaudhary y Nyberg-Sørensen, 2019), así como la acogida recibida por parte de la sociedad de destino han demostrado jugar un efecto clave (Portes, 1999), donde elementos como el racismo o la xenofobia pueden motivar una mayor participación transnacional (Snel, Hart y Van Bochov, 2016). Junto a esto, los países de origen y las medidas adoptadas por estos, como permitir el voto extranjero, han promovido la implicación transnacional (Padilla y Ortiz, 2014). Finalmente, si las personas migrantes emigran de una comunidad pequeña, donde los lazos entre las personas son más estrechos y menos anómicas, estas tienden a mantener una relación más cercana con el país de origen (Roberts, Frank y LozanoAscencio, 1999). Con todo, a pesar de los esfuerzos, en especial a partir de esa segunda etapa, para superar las carencias iniciales, a lo largo de los años se han planteado diferentes críticas a esta perspectiva transnacional. Un primer reproche ha venido dado por la dificultad a la hora de definir y delimitar qué constituye un fenómeno transnacional (Vertovec, 2009), y es que, con la popularización del término diversos autores y autoras propusieron diferentes concepciones y tipologías de clasificación (Smith, 1997; Faist, 2000; Guarnizo, 2004). Como respuesta a las críticas, la atención ha pasado a tratar de refinar las comprensiones conceptuales, utilizando el transnacionalismo como un marco analítico en lugar de delimitar su alcance. 50 Otra de las principales críticas expresadas ha venido por quienes argumentan que el transnacionalismo no es algo novedoso (Waldinger y Fitzgerald, 2004). Como muestran las diásporas, familias separadas las ha habido siempre. Ante esta afirmación, se ha aludido a la falacia de la adumbración propuesta por Merton (1968), y cómo una vez definido es fácil dar con ejemplos previos. Por su parte, otros autores y autoras han cuestionado cómo, a pesar de la promesa inicial, el transnacionalismo ha reproducido el llamado transnacionalismo metodológico (Wimmer y Schiller, 2002), así como la limitación generacional de la mayoría de trabajos desarrollados (Vertovec, 2009; Waldinger, 2015). En las más de dos décadas que han pasado desde los primeros análisis transnacionales hasta la actualidad, han sido numerosos los trabajos y objetos de estudio tratados. Con todo, surgen todavía interrogantes y nuevas cuestiones a tratar. Faltan entonces trabajos que analicen la relación entre participación transnacional y tecnologías de la comunicación en contextos con escasa implantación hasta ahora, como el caso de ciertos países africanos (Tedeschi et al., 2022). La COVID-19 y el confinamiento también sugieren nuevas temáticas de estudio, bien en relación a la adquisición de competencias digitales y sus efectos (De et al., 2020; Martínez-Alcalá et al., 2021), bien en cuento a la relación de las personas migradas con sus países de origen y su apoyo en momentos de urgencia (Zeng, 2020; Hayakawa y Imai, 2022). 51 3. El proceso migratorio y las familias transnacionales El presente capítulo tiene por objetivo realizar un acercamiento teórico sobre el efecto que la migración tiene sobre las familias, poniendo especial atención sobre las familias transnacionales, su desarrollo y características. En este sentido, se ha hecho un esfuerzo por condensar los principales aportes con respecto a las familias transnacionales, al tiempo que se ha tratado de ofrecer y mantener una visión histórica de su desarrollo y evolución. Hasta muy recientemente, la sociología de las migraciones no ha prestado especial atención a las familias y a su relación y efecto en los movimientos migratorios. Partiendo de una perspectiva de lo más general a lo más concreto, el primer y segundo apartado presentan la evolución que se ha dado desde los primeros estudios familiares hasta la consolidación de las familias transnacionales como objeto de estudio. Más concretamente, en el primer apartado se analizan las bases de la teoría de la nueva economía de la migración y la teoría de las redes migratorias. Por su parte, en el segundo apartado se estudia el efecto que el feminismo y los estudios sobre la globalización han tenido en los estudios migratorios feministas en general, y en el desarrollo de los primeros análisis sobre familias transnacionales en particular. Una vez trazado el recorrido teórico hasta los primeros estudios sobre familias transnacionales, los subsiguientes apartados buscan presentar los principales debates y aportes que han surgido alrededor de las mismas. De esta forma, el tercer apartado analiza los diferentes elementos que pueden llevar a una familia a adoptar este tipo de arreglos. Vistas las causas, el cuarto apartado se centra en los cambios que se suceden dentro de las familias y en la relación que las personas migrantes mantienen con su familia, en especial en el modo en que estas ejercen la paternalidad y los modos en los que se comunican. En esta línea, el quinto apartado se enfoca en el cuidado y las labores de reproducción. A modo de cierre, el capítulo finaliza con una breve síntesis a modo de resumen. 3.1. Los primeros estudios sobre familias y migración A pesar del peso que la familia y los estudios sobre esta han tenido en el desarrollo de la sociología como disciplina científica, no ha sido hasta muy recientemente que los estudios migratorios han venido poniendo el foco e incorporando el efecto del grupo familiar a sus análisis. En palabras de Zlotnik (1995), algo que caracteriza y ayuda a explicar este desarrollo paralelo es la visión excesivamente economicista que han tenido los estudios sobre migraciones internacionales. Así, en tanto que las interacciones que se dan dentro de la familia no tienen consecuencias cuantificables en términos económicos, los estudios migratorios han dejado de lado a la familia, relegándola a un segundo nivel. Esto ha traído como consecuencia que algunos temas como, por ejemplo, los cambios que se dan en las familias debido a la migración de alguno de los miembros o el efecto que tiene la familia en la decisión de emigrar hayan pasado desapercibidos (Kofman, 2004). En paralelo, las familias también han representado un objeto de estudio de segunda categoría a nivel político. Visto, entre otras cosas, en las numerosas dificultades que las políticas de reagrupación imponen sobre las familias (Ibídem). En este sentido, dos de las perspectivas teóricas que sí han tratado de incorporar la familia al análisis de los flujos y procesos migratorios han sido la teoría de la nueva economía de la migración, por un lado, y la teoría de las redes migratorias, por el otro. En el caso de la primera, esta basa sus postulados en algunas de las explicaciones económicas que dominaron la disciplina durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX. Por su parte, la teoría de las redes migratorias analiza la migración en base al capital social y las redes de contactos que tejen entre el país de origen y de destino. 3.1.1. La teoría de la nueva economía de la migración Durante las décadas de los 60 y de los 70, el estudio de los flujos y movimiento migratorios estuvo dominado por las llamadas teorías neoclásicas, las cuales trataron de explicar las causas de la 52 migración en base a elementos y motivaciones económicas. Uno de los primeros autores dentro de esta corriente fue Arthur Lewis a través de su artículo de 1954 “Economic Development with Unlimited Supplies of Labor". Según Lewis, en el albor del proceso de descolonización se estaba creando un sistema económico dual, en el que coexistían simultáneamente sectores –y espacios– con un alto grado de especialización técnica, con otros más tradicionales, lo cual estaba generando una división desigual del capital y de la mano de obra (Lewis, 1954). En este contexto, el economista describe cómo en algunos sectores –Lewis los denomina sectores tradicionales–, hay una concentración de la mano de obra y un escaso desarrollo económico; mientras que en otros –los desarrollados en palabras del autor– la situación es proporcionalmente inversa, hay una gran concentración de capital, pero falta mano de obra (Ibídem). Así, los procesos migratorios que se producen entre uno y otro sector estarían motivados por la necesidad de personal, así como por la posibilidad de obtener un salario más elevado. Lewis propone una relación lineal entre las diferencias salariales y el proceso migratorio. Tomando como punto de partida el modelo propuesto por Lewis, Harris y Todaro (1970) descubrieron que este no siempre se cumplía. Al contrario, encontraron que, en situaciones totalmente inversas a las descritas por Lewis –los sectores tradicionales ofrecían más y mejores oportunidades laborales–, los movimientos migratorios hacia las ciudades no sólo no se mantenían, sino que se aceleraban. En esta situación, Harris y Todaro proponen que el elemento que explica los flujos migratorios no es tanto el salario real, como los ingresos “esperados”. Es decir, en tanto que los entornos urbanos se han especializado en la manufactura de productos de gran sofisticación y valor añadido, la población de otros entornos tiene la sensación de que en las ciudades hay mayores oportunidades y se puede ganar más dinero, aunque en la práctica no sea así (Ibídem), o no tenga porqué serlo. Así pues, según estos dos autores la migración no se basa necesariamente en elementos de carácter objetivo, sino que radican en impresiones o en percepciones. Siguiendo con las teorías neoclásicas, estas argumentan que la migración es una decisión personal y racional. Las personas analizan y examinan su situación constantemente y la comparan con las posibilidades que tendrían en caso de desplazarse a otro territorio. En este sentido, Sjaastad (1962) argumenta que la migración es una inversión y que las personas migrarán si, tras un cálculo meditado, consideran que los beneficios de hacerlo son superiores a los costes. Junto a esta visión racional de la migración, otro elemento que estas teorías comparten entre sí es la centralidad que adquiere el individuo. El individuo es el actor principal del acto migratorio, ya sea porque es quien decide migrar o porque es la persona que migra. Desde esta visión, nadie más allá del individuo interfiere en esta decisión. Por ello, estas teorías han sido duramente criticadas debido a la visión tan reduccionista que ofrecen. En palabras de Kurekova (2011), las teorías neoclásicas excluyen el papel que otros actores, como por ejemplo los Estados de origen y destino –y sus respectivas políticas–, pueden tener en el proceso migratorio. La teoría de la nueva economía de la migración –new economics of migration– surgió como una crítica interna a las teorías neoclásicas y como intento de dar respuesta a algunos de sus interrogantes (Arango, 2003). De esta forma, comparte con estas primeras la idea de la decisión racional –la decisión de migrar se toma tras un proceso de reflexión–; pero, a diferencia de estas tiene en cuenta el efecto que otros actores, principalmente la familia, tienen sobre esta decisión (Ibídem). Según esta perspectiva, del mismo modo que los productos de una empresa no deciden por sí mismos si desplazarse o no, las personas tampoco deciden migrar de motu proprio. Esta decisión se toma en conjunto con las personas que se van a quedar en el país de origen para repartir entre todas los costes y beneficios de la migración (Stark y Bloom, 1985). Así las cosas, la migración puede ser entendida como una relación contractual entre dos partes: los miembros de la familia 53 que se quedan en origen y ayudan a financiar el viaje y la persona migrante que a cambio envía dinero de vuelta (Ibídem). Para la teoría de la nueva economía, la familia no se rompe como consecuencia de la migración, sino que continúa operando como grupo interdependiente (Ibídem). Más importante, a diferencia de las teorías neoclásicas que ponían la atención únicamente sobre el individuo, esta nueva visión se centra en el grupo en su conjunto. En cuanto a los motivos para enviar a un miembro de la familia al extranjero, Oded Stark (1984) señala dos motivos principales: el deseo de diversificar y proteger los ingresos familiares, por un lado, y la carencia relativa, por el otro. En el primer caso, las familias pueden estar interesadas en que diferentes miembros trabajen en distintos sectores de cara a diversificar sus fuentes de ingreso (Ibídem). Por poner un ejemplo, si la familia vive de la agricultura y la persona migrante trabaja en un sector que tiene relación con la agricultura, una mala cosecha o una sequía puede poner en peligro la subsistencia de toda la familia. En cambio, si la familia trabaja en la agricultura y la persona migrante trabaja en el sector secundario, la existencia de una mala cosecha sólo afectará a los ingresos de una de las partes. En este sentido, al estudiar los flujos migratorios filipinos Jennifer Lauby y el propio Oded Stark (1988) observaron una relación directa entre el oficio de los miembros familiares, y en concreto el padre de familia, y la posibilidad de emigrar. Así, vieron que cuanto peores son las condiciones laborales de los padres, mayor es la necesidad de las familias de diversificar sus ingresos y más probable es que estas envíen a algún miembro al extranjero (Ibídem). En cuanto al segundo motivo, este estaría relacionado con la carencia relativa que perciben las familias. En su acepción económica, se dice que una persona tiene una privación relativa cuando a esta le falta algo, cuando cree que le falta algo en comparación a las personas de su entorno, cuando quiere algo o cuando ve factible conseguir algo que aún no tiene (Runciman, 1966). En el caso de las familias, si estas detectan una situación de desventaja respecto a las familias de su entorno, pueden tomar la decisión de enviar a un miembro de la familia al extranjero para reducir esta distancia que perciben entre ellas y el resto de familias (Stark, 1984). De este modo, y en contra de lo propuesto anteriormente por Lewis, la decisión de enviar a una persona de la familia al extranjero no estaría relacionada con las desigualdades existentes entre diferentes sectores, sino con los desequilibrios que se dan en el contexto de esa familia. Como se ha señalado, la teoría de la nueva economía de la migración comparte con las teorías neoclásicas previas la idea de la decisión racional, siendo las decisiones familiares fruto de una reflexión. Esto se puede ver entre otras cosas en la elección del miembro de la familia que se envía al extranjero o en los trabajos que realiza. Volviendo al estudio del caso filipino de Lauby y Stark (1988), estas detectaron una elección racional por parte de las familias a la hora de elegir quien era el miembro que emigra. Concretamente, observaron que las familias de entornos rurales enviaban con mayor frecuencia a mujeres, y es que estas tenían más oportunidades laborales que los hombres en las ciudades, principalmente en el sector del trabajo doméstico o de cuidados (Ibídem). En la misma investigación, Lauby y Stark también concluyeron que las personas migrantes optaban por trabajos que ofrecían ingresos rápidos. Así, las mujeres filipinas solían trabajar para otras personas en vez de trabajar de forma autónoma. Esto les permitía obtener dinero de manera rápida para enviar al hogar, pero, a modo de desventaja, estos trabajos ofrecían escasas opciones de movilidad social (Ibídem). En el contexto latinoamericano, Sana y Massey (2005) hicieron una revisión de las remesas que las personas migradas envían a sus familias en origen a partir de los datos del Mexican Migration Project y del Latin American Migration Project. Así, encontraron que de los orígenes analizados –México, República Dominicana, Nicaragua y Costa Rica– el caso que mejor explicaba la teoría de la nueva era el de las familias mexicanas. Los autores argumentaron que esto se debe a que las familias mexicanas son familias cohesionadas, dadas a mantener acuerdos contractuales (Ibídem). Como consecuencia de ello, las personas migradas honran las decisiones familiares manteniendo un flujo continuo de remesas desde el país de destino al de origen. Sobre los otros orígenes, estos 54 mostraban una mayor inestabilidad y falta de cohesión familiar, lo que, en palabras de Sana y Massey, dificulta la formulación y mantenimiento de este tipo de acuerdos (Ibídem). Siguiendo con Massey, en el artículo “Theories of International Migration: A Review and Appraisal” este y sus colaboradores (1993) hicieron una revisión de los distintos planteamientos teóricos que se han propuesto alrededor de los movimientos migratorios, resumiendo la teoría de la nueva economía de la migración en ocho puntos básicos: 1. La familia, el grupo doméstico u otras unidades culturalmente definidas son la unidad de estudio más adecuada para analizar la migración. 2. El salario no es la principal causa de la migración, las familias pueden decidir que algún miembro migre para diversificar los ingresos sin que esto suponga un incremento salarial. 3. La migración internacional y el trabajo local no son excluyentes entre sí, las familias tienen motivos para participar simultáneamente en las dos. 4. Una vez superadas las diferencias salariales, las familias pueden seguir migrando para atenuar las imperfecciones y las diferencias del mercado laboral en origen. 5. Debido a la carencia relativa, el salario tendrá un efecto diferente en función de la familia, mientras que no se reduzcan las diferencias entre familias estas seguirán enviando a miembros al extranjero. 6. Además de con sus políticas laborales o migratorias los Estados también pueden influir sobre los flujos migratorios mediante su participación en el mercado de capitales y de seguros. 7. Los cambios en las políticas o en las condiciones económicas de los Estados pueden influir en la privación relativa de las familias y por ende en la migración. 8. Sin que tengan un efecto sobre los salarios, los cambios que se dan bien en las políticas de los países, bien en la económica pueden afectar a la migración internacional. Con todo, la teoría de la nueva economía de la migración sirvió para poner sobre la mesa el papel que las familias juegan dentro del proceso migratorio y las complejas interdependencias que surgen dentro de las mismas (Arango, 2003). No obstante, esto no implica que este planteamiento no recibiera críticas. Por una parte, a la nueva economía de la migración se le ha criticado la falta de cohesión entre algunos de sus elementos, por ello, se ha aludido a que más que una teoría propiamente dicha, esta se puede entender como un complemento a las teorías neoclásicas (Ibídem). Por otra parte, otra de las críticas que se le han hecho ha sido la selección de casos sobre la que ha cimentado sus razonamientos. Y es que, al prestar atención únicamente a determinados flujos –México, Filipinas, República Dominicana, etc.– han quedado fuera del análisis otros casos que podrían llegar a cuestionar sus hipótesis (Ibídem). Sea como fuere, y a modo de resumen, el cuadro 8 presenta y compara entre sí las principales propuestas de los modelos neoclásicos de Lewis (1954) y Harris y Todaro (1970) con las de la nueva economía propuesta por Stark (1984). 55 Cuadro 8. Comparación entre las propuestas de Lewis (1954), Harris y Todaro (1970) y Stark (1984). Fuente: Elaboración propia. Como se puede observar, en los tres casos la persona que emigra es el individuo. Sin embargo, en función de la teoría esta no es siempre es quien toma esa decisión. Mientras que en las teorías neoclásicas esa decisión le corresponde al propio individuo, en la nueva economía esta es una decisión consensuada entre toda la unidad familiar, entre otros motivos para diversificar las oportunidades del grupo y superar esa carencia relativa. 3.1.2. La teoría de las redes migratorias Junto a las propuestas de la nueva economía, otra de las teorías que ha combinado las familias y las migraciones ha sido la teoría de las redes migratorias. De acuerdo a Massey y sus colaboradores (1993), estas redes migratorias se pueden definir como redes interpersonales de relación que entrelazan a migrantes, ex-migrantes y no migrantes que viven en los dos extremos de la migración, tanto en origen como en destino. A través de estas redes, los miembros de una comunidad mantienen contactos con miembros en el extranjero y reciben información sobre su situación y sobre el país de destino. Estas redes se basan en elementos como el parentesco, la amistad o la comunidad y, como consecuencia de las relaciones creadas, tienen la capacidad de reducir los costes y estimular la migración (Massey y García, 1987). Aunque no se desarrollarían propiamente hasta más adelante, los primeros estudios sobre las redes migratorias surgieron en la década de los años 60. Ya en 1964 John y Leatrice McDonald hablaron sobre las redes migratorias en el artículo "Chain migration ethnic neighborhood formation and social networks". Según estas, las redes migratorias serían los contactos que las futuras personas migrantes tienen en el país de destino, mediante las cuales obtienen información sobre el país, el alojamiento o las oportunidades laborales (McDonald y McDonald, 1964). Siguiendo con la teorización de las redes, en la década de los 70 Granovetter (1973), analizó la forma en que se transmitía la información a través de estas. Según este, la “fuerza” o capacidad de una red para transmitir información depende del tiempo, la intensidad de la relación, el nivel de intimidad y la reciprocidad que comparten las personas que la componen. Así, Granovetter diferencia entre dos tipos de redes: las redes fuertes –familia, amigos, etc.– y las redes débiles – conocidos, amigos de amigos, etc.–. En cuanto a la transmisión de la información, y en contra de lo que pudiera parecer a primera vista, Granovetter argumenta que esta se transmite de manera más sencilla a lo largo de las redes débiles. En una red fuerte –imagen 1 de la figura 4– en la que todos los miembros tienen una relación intensa entre sí, pero no tienen más relaciones, la información sólo se moverá dentro de ese círculo cerrado. En cambio, si además de una red fuerte estas personas forman parte de otras redes más débiles –imagen 2– es más probable que la información se transmita entre las diferentes redes sociales. 56 Figura 4. Modelo de transmisión de la información en redes propuesta por Granovetter (1973). Fuente: Elaboración propia. Otro de los autores que avanzó en el estudio de las redes en la década de los 70 fue Ritchey (1976). En el caso de este autor, y a diferencia de Granovetter, sí que se centró en las redes migratorias propiamente dichas. De esta manera, propuso tres hipótesis básicas para el estudio de las redes migratorias: 1. La familia y las amistades son un aspecto importante de la vida, por lo que su presencia dificulta e impide la migración. 2. Cuando las familias o amistades están en el extranjero, aumenta el conocimiento de las condiciones de vida y oportunidades de trabajo de la persona en origen, fomentando y guiando la migración. 3. Los miembros de las familias y amigos en el extranjero promueven y guían la migración, facilitando el alojamiento y la adaptación de la persona migrante al nuevo país. A pesar de los planteamientos realizados, durante las décadas de los 60 y los 70 la teoría de las redes migratorias no tuvo un excesivo peso en el ámbito académico y en la investigación. Como ya se ha visto con anterioridad, los estudios que se hicieron durante esta época estuvieron dominados por una visión economicista de la migración y por las teorías del push and pull. Estas últimas trataron de explicar la movilidad de las personas poniendo el foco en la economía y en las leyes “naturales” que de esta derivan. Así, este enfoque prevé que las personas buscan maximizar el beneficio que obtienen de su trabajo (Martínez Veiga, 2001). Pero, además, parte de la asunción de que las personas tienen acceso a una información perfecta en todo momento y que sus decisiones se basan en esta (Ibídem). En la década de los 80 se inició un proceso de revisión de las teorías migratorias clásicas, cuestionando todas estas leyes y supuestos previos y poniendo sobre la mesa las limitaciones de esta perspectiva económica. En este contexto, la teoría de las redes migratorias comenzó a ganar protagonismo, unido sobre todo a su capacidad para identificar y corregir algunas de las lagunas de estas teorías previas. Por una parte, las llamadas teorías clásicas explicaban los procesos migratorios en base al trabajo y las diferencias salariales. Sin embargo, estas no eran capaces de explicar por qué se mantenían estos movimientos una vez se habían superado esas diferencias (García Abad, 2001). En el caso de las redes migratorias, estas eran capaces de explicar la continuidad de estos flujos en base a las comunidades que se creaban en el país de destino. Así, la relación que estos grupos mantenían con sus respectivos orígenes seguía atrayendo a personas aun cuando las razones que motivaron la migración inicial eran cosa del pasado (Ibídem). 57 Por otra parte, tal y como se ha comentado, las teorías económicas daban por hecho que las personas migrantes tenían toda la información sobre el país de destino y que basaban su decisión en esta. Sin embargo, numerosos estudios han mostrado que la información que tienen las personas migrantes es limitada y que esta no se distribuye de manera homogénea entre todas las personas (Martínez Veiga, 2001). Más aún, tal y como analizó Granovetter (1973), la forma en que esta información se transmite no depende exclusivamente de los lazos que unen a la persona migrante con la persona en origen. Con todo ello, las redes migratorias están directamente relacionadas con la teoría del capital social planteada por Pierre Bourdieu (1986). Para este sociólogo francés, el capital social hace referencia a las redes de amistad que cada persona tiene a su disposición y al capital que estas pueden movilizar. Así las cosas, cuanto más amplio sea el capital social de una persona más recursos tendrá a su disposición. Las redes migratorias representan la red de apoyo con la que cuenta una persona migrante, ya sea antes de emigrar por la información que le transmiten, ya sea después por el apoyo que le pueden ofrecer una vez ha llegado al país de destino (Poros, 2011). En cuanto al origen de estas redes migratorias, estas no son algo que surja de un momento a otro, sino que obedecen a un proceso de largo recorrido que comienza con la migración de una o varias personas. Inicialmente, los y las primeras migrantes se encuentran con importantes dificultades en el país de destino, la migración es un proceso complejo y no cuentan con contactos o con una red de apoyo que pueda ayudarles durante los primeros momentos (Massey y García 1987). Pasado un tiempo, su situación va mejorando, ya no tienen tantas dificultades y son capaces de comunicarse o de ir de visita al país de origen. Al hacer esto hablan a sus familiares y amistades de su vida en destino, impulsando a algunas para que vuelvan con ellas. Para estas nuevas personas la presencia de alguien con más experiencia ayuda a mitigar parte de las incertidumbres del viaje (Ibídem). Cuando sus condiciones lo permiten esta segunda generación de migrantes se relaciona y vuelve a iniciarse el ciclo, impulsando a nuevas personas a emigrar. Con el tiempo surge una comunidad de migrantes en el país de destino que conecta con el país de origen, reduciendo paulatinamente aún más los costes y dificultades migratorias (Ibídem). Así, las redes migratorias juegan un papel fundamental a la hora de explicar fenómenos como por ejemplo por qué determinados orígenes migran a un país en concreto (García Abad, 2001). Al igual que otras teorías, la teoría de las redes migratorias también hizo diferentes propuestas y planteamientos. Así, y tal y como sucediera con la nueva economía, Massey y sus colaboradores (1993) también recogieron los aspectos más significativos de este enfoque resumiéndolos en seis puntos: 1. El proceso migratorio se prolonga en el tiempo hasta que la red creada a través de la misma asegura que toda persona que lo deseé pueda migrar. 2. Los flujos migratorios que se dan entre ambos países no están relacionados con las diferencias salariales y de empleo que se dan entre ellos. Estas pierden importancia a medida que se reducen los costes y el riesgo del proceso migratorio. 3. A medida que la red migratoria se va desarrollando, esta se va distanciando y separando de los motivos que fomentaron inicialmente la migración. 4. Con el paso del tiempo, los costes de la migración se reducen y se democratizan haciendo que la comunidad de destino se convierta en un reflejo de la sociedad de origen. 5. En la medida en que escapan a su control, los gobiernos tienen pocas posibilidades de controlar los flujos migratorios generados por las redes migratorias. 6. La reagrupación familiar y otras políticas migratorias similares tienen un efecto contrario a las políticas que pretenden controlar los flujos. Gracias a esos derechos las redes migratorias se refuerzan y reactivan. Poniendo el foco en las familias y en su efecto sobre las redes, Boyd (1989) proclama que las familias influyen en el proceso de creación y mantenimiento de estas redes. Según esta autora, las 64 En palabras de Parella y Cavalcanti (2010), al analizar las familias desde los estudios migratorios es necesario hacerlo con cautela, en especial para no estudiar a estas como si se tratasen de entidades únicas y uniformes. En otras palabras, hay que tener en cuenta la heterogeneidad interna que estas tienen, así como los diferentes roles que la institución asigna a cada uno de sus miembros. En este sentido, a nivel general los discursos sobre la familia, la paternidad y la maternidad se sitúan en tierra de nadie, a medio camino entre la tradición y la transformación social (Puyana et al., 2009). Socialmente, la paternidad se ha venido relacionando con la autoridad, con la provisión económica y el control de los recursos económicos, mientras que la maternidad se ha vinculado con el trabajo doméstico, con el ámbito privado y con la gestión de las emociones (Micolta y García, 2011). En un contexto como el de las familias transnacionales, donde la distancia separa a sus miembros, padres y madres migrantes han venido modificando estas funciones y desarrollando una “parentalidad transnacional” (Ibídem). Tal y como describen Bryceson y Vuorela (2002), la ausencia de los hijos e hijas obliga a los progenitores a meditar acerca de qué significa y qué implica la paternidad y la maternidad, lo que lleva a que se sumerjan en un proceso continuo de revisión y reconstrucción sobre el papel que desempeñan dentro del grupo familiar. Debido a la migración, estas deben delegar algunas de las funciones tradicionalmente adscritas a la maternidad y paternidad, como por ejemplo la crianza de los niños y niñas, mientras buscan nuevas formas de seguir participando en el día a día de la familia (Micolta y García, 2011). Este proceso afecta por igual a hombres y mujeres, sin embargo, debido a las funciones y roles diferenciados que imponen las formas tradicionales de paternidad y maternidad, este tiene diferentes significados y consecuencias para cada uno de los géneros. En el caso de los hombres, y como ya se ha señalado, la concepción clásica de la paternidad ha solido relacionar la figura del buen padre con la capacidad para proveer económicamente a la familia. Cuando Posso Quiceno y Urrea Giraldo (2007) analizaron los flujos entre Colombia y España, descubrieron que antes de emigrar los hombres se enfrentaban a una doble crisis en el país latinoamericano. Por una parte, la escasez de trabajo y de oportunidades les obligaba a hacer frente a dificultades económicas, pero, de forma paralela, esta incapacidad de proveer a sus familias les estaba generando una crisis personal. En este sentido, el hecho de emigrar no sólo no les permitía acceder a trabajos con mejores salarios, sino que, en paralelo, les ofrecía la oportunidad de reconectar con esa concepción clásica de la paternidad y recuperar ese rol de proveedores anteriormente perdido (Ibídem). Más allá de esta dimensión económica, el proceso migratorio y las formas de comunicación transnacional también afectan a la relación afectiva que los padres mantienen con sus familias. Si tradicionalmente la imagen del padre se ha relacionado con el respeto y el escaso contacto afectivo, Micolta y García (2011) describen cómo en un contexto como el de la migración estos comienzan a evaluar y replantearse la relación con sus hijos e hijas. Así, pudieron observar cómo ese proceso de reflexión en el que se sumergían los padres de familia migrados podía influir en la forma y frecuencia con la que interaccionaban con sus familias, dando como resultado un aumento de la participación en la vida familiar, principalmente a través de las nuevas tecnologías (Ibídem). En lo que respecta a las mujeres, diferentes estudios han analizado las consecuencias que la migración tiene sobre el modo en el que ejercen la maternidad, así como sobre la vida de estas. En este sentido, una parte notable de estos trabajos han puesto el foco sobre el efecto liberador que la migración puede llegar a tener. Esto no es algo nuevo, y es que, tal y como identificó Hondagneu-Sotelo (2003) los estudios migration and emancipation ya jugaron con esta tesis en la década de los ochenta y de los noventa. En palabras de López Montaño y Loaiza Orozco (2009), la migración ofrece a las mujeres la posibilidad de acceder al mercado laboral y de ganar un salario con el que proveer económicamente para sus familias, lo que a cambio les permite romper con esa concepción más tradicional de la maternidad, pero también con los roles de género asignados a la misma. Como observaron Posso Quiceno y Urrea Giraldo (2007), gracias a que ahora pueden enviar remesas y contribuir en la economía familiar, las mujeres migrantes manifestaban sentirse más reconocidas por parte del resto de miembros de la familia. 65 Más importante, esta separación física les permite distanciarse y liberarse del control patriarcal que hasta ese momento ha venido ejerciendo sobre ellas la familia (Puyana et al., 2009). En este sentido, esa búsqueda de una mayor libertad personal puede tener tanto peso que algunas autoras han llegado a proponer esta búsqueda como una más de las causas de la aparición de las familias transnacionales. En palabras de Asís y de sus compañeras (2004), aunque el principal motivo para emprender la migración es tratar de ayudar económicamente a la familia, no es menos cierto que no se puede descartar que a través de esta las mujeres pueden sumergirse en diferentes procesos de empoderamiento. A pesar del entusiasmo que de estos hallazgos se desprende, esa búsqueda de la libertad no significa que las mujeres siempre consigan liberarse y romper con la maternidad y con las labores de cuidados que se le atribuyen. En algunos casos como los descritos por Micolta y García (2011), las mujeres continúan participando en el cuidado de sus hijos e hijas aún con la distancia que les separa. Cuando esto ocurre, las mujeres comparten este cuidado con las personas a las que han delegado esta labor al emigrar. Atendiendo a los roles de género, esto supone una situación contradictoria. Por una parte, fruto de la migración las mujeres consiguen liberarse y acceder a otros espacios como el mercado de trabajo. Pero, de forma paralela, estas siguen participando en esa opresión y asumiendo tareas de cuidado a pesar de la distancia que las separa con respecto a su familia. Es más, como muestran Rivas y González (2011), entre las mujeres que dejan a sus hijos e hijas a cargo de otra persona aflora un sentimiento de culpabilidad por no poder dedicar el tiempo que estiman necesario a su crianza. Así las cosas, diferentes estudios han mostrado cómo en un contexto como el de la migración y las familias transnacionales, dentro de estas últimas surgen nuevos tratos y acuerdos entre sus miembros. La migración de las mujeres pone de manifiesto las relaciones asimétricas que existen dentro de la unidad familiar en función del género (Wagner, 2008). Lagomarsino (2005) afirma que las familias han de adaptarse a estas nuevas condiciones y renegociar el modo en que se reparten las tareas, en especial para no tensionar y acabar afectando a la continuidad de todo el grupo. No obstante, en contra de lo propuesto por Lagomarsino, en ocasiones esta renegociación no es posible y la liberación de una mujer acaba por generar la opresión de otra. Al analizar los procesos migratorios filipinos Salazar Parreñas (2005) analiza las consecuencias que la migración de la “madre de familia” tiene sobre el resto de miembros de la familia, y en especial sobre las demás mujeres. De este modo, la autora encontró que ante la migración de la madre de familia y la negativa por parte de los hombres a asumir parte de los trabajos que esta desempeñaba, estas tareas se acababan repartiendo entre otras mujeres, ya fueran de la familia o de fuera de esta (Ibídem). En algunos casos, puede darse la situación de que emigren los dos progenitores. Cuando esto sucede cobra importancia la relación con los hijos e hijas, así como el modo en que estos últimos reaccionan a su autoridad. Es decir, ante la ausencia de los progenitores, ¿los hijos e hijas siguen haciendo caso a lo que dicen o, por el contrario, únicamente obedecen a la persona sobre la que estas han delegado su cuidado? Micolta y García (2011) mantienen que la relación entre los progenitores y sus hijos e hijas es una relación entre diferentes, donde cada una de las partes está en una posición diferente y los primeros tienen potestad sobre los segundos. No obstante, la autoridad de los progenitores es algo variable, que pueden ganar o perder en función de las circunstancias. Así, en un contexto como el de la migración, donde han tenido que delegar sobre otras personas parte de su autoridad, Micolta y García (Ibídem) hablan de que los padres y madres pueden relacionarse con sus hijos e hijas de tres maneras concretas: a) Padres y madres amigos: Los progenitores tratan de entablar una amistad con sus hijos e hijas, creando en el proceso una relación entre iguales. Este modelo permite mantener una relación más horizontal entre progenitores y vástagos, pero también dificulta la capacidad de los primeros para ejercer su autoridad (Ibídem). b) Padres y madres no castigadores: Debido a la distancia que les separa, en algunos casos los padres y madres tienen dudas sobre el efecto que castigar a sus hijos e hijas pueda 66 tener sobre su relación. En consecuencia, tratan de tener una relación lo más positiva posible, perdiendo con el tiempo su capacidad para ejercer la autoridad (Ibídem). c) Agresión y autoridad: En algunos casos los progenitores relacionan la autoridad con la violencia y el castigo físico. Cuando esto sucede, los hijos e hijas siguen respetando la autoridad del progenitor a pesar de la distancia, pero, la autoridad pasa a imponerse por la palabra en vez de por la violencia física (Ibídem). En lo que respecta a la sociedad de origen, esta no siempre reacciona de manera positiva a la migración de los progenitores. Al analizar el fenómeno de las familias transnacionales en Ecuador, Wagner (2008) describe la estricta distribución del trabajo y de los roles que existe en el país latinoamericano en función del género. En consecuencia, cuando, fruto de la migración, alguno de los progenitores se desliga de estas funciones que se le atribuyen es duramente criticado por las personas en origen. Esto no afecta igual a hombres y mujeres, siendo estas últimas las más afectadas. Tradicionalmente, a las mujeres se les ha venido atribuyendo la responsabilidad de las tareas domésticas, así, al emigrar y pasar a ser el sustento económico de la familia surgen rumores en torno a su capacidad para ser madres y sobre el impacto negativo que esto puede tener sobre sus hijos e hijas (Herrera y Carrillo, 2009). 3.4.2. La comunicación Otro de los aspectos que las personas migrantes se ven obligadas a modificar como consecuencia de la migración es la forma en que se comunican con sus familiares en origen. Como ya se viera en el capítulo dedicado a la perspectiva transnacional –pp. 17-50–, los cambios y adelantos que se han dado en materia de comunicación y medios de transporte han tenido una influencia determinante sobre las personas migrantes. En este sentido, las familias no han sido ajenas a estos cambios, sino que se han adaptado a estos para que, aunque no estén presentes físicamente, las personas migrantes sigan participando en su día a día (Zapata, 2009; Landry, 2011). Una característica sobre cómo se desarrolla la comunicación en este contexto transnacional es que esta no se da de igual manera en dos familias y en dos contextos diferentes. Tal y como identifica Salazar Parreñas (2005), elementos como la clase social o el nivel de desarrollo del país atraviesan y afectan de manera directa en las posibilidades de comunicación de las familias. Con respecto a la clase social, las personas migrantes que trabajan en oficios liberales cuentan con más tiempo de ocio en comparación a otras personas migrantes, lo que les permite comunicarse con sus familias con mayor facilidad (Ibídem). En el extremo opuesto, las personas migrantes –Salazar Parreñas habla en concreto sobre mujeres– que trabajan en régimen cerrado como las empleadas del hogar tienen menos oportunidades para comunicarse por lo ajustado de su horario, así como por su salario (Ibídem). En el caso del país de origen, el nivel de desarrollo de los mismos también afecta. Continuando con el estudio de Salazar Parreñas, esta encontró que el acceso a diferentes medios de comunicación se ha democratizado y, en consecuencia, ya no son algo exclusivo de algunos países o personas. Esto sin embargo no implica que todas las personas tengan acceso a estos medios de la misma manera ni que las infraestructuras para su uso se hayan desarrollado de manera homogénea (Ibídem). Precisamente, debido a la falta de acceso las familias y las personas migrantes se pueden ver obligadas a recurrir a otras vías de comunicación alternativas, las cuales no ofrecen la misma inmediatez (Ibídem) y dificultan mantener una comunicación fluida y constante. Otra característica que diferencia la comunicación transnacional de la comunicación “presencial” es el control y la agencia que tiene el individuo. En la comunicación presencial, las dos partes tienen la capacidad de iniciar o de dar fin a la conversación. Sin embargo, en palabras de Reist y Riaño (2008), en la comunicación transnacional es la persona migrante quien controla la totalidad del proceso de comunicación: la persona migrante es quien llama, es quien decide qué contar, cuánto dura la conversación, si envía o no dinero, etc. En este sentido, este tipo de comunicación genera una relación diferenciada en la que una de las partes, la persona migrante se empodera, mientras que la otra, la familia, pierde capacidad de acción. Estas últimas no pueden decidir en 67 qué contexto se desarrolla esa comunicación, como tampoco tienen forma de asegurarse de que lo que está contando la persona migrante es cierto o no (Ibídem). En esta situación en la que existe un desequilibrio entre las partes, algunas investigadoras han analizado cómo afecta el mensaje que se quiere transmitir al canal, y en especial a la hora de transmitir malas noticias. De acuerdo a Baldassar (2007), la distancia en la comunicación transnacional sirve para “ocultar la verdad” al resto de personas. Debido a su situación precaria, las personas migrantes pueden decidir no dar a sus familiares todos los detalles sobre su situación de cara a no preocuparles. Cuando esto sucede los familiares deben esforzarse por “leer entre líneas”, aunque en otros casos pueden llegar a contactar con personas que conozcas en destino para que vigilen a la persona migrante (Ibídem). Junto a esta tensión surgida a la hora de dar malas noticias, otra circunstancia que puede afectar a la comunicación entre la persona migrante y su familia es el llamado “mito del buen migrante”. El mito del buen migrante alude a la idealización de las personas migrantes y del país de destino por parte de sus familias y amistades en el país de origen, llegando a la admiración de la persona y a la exageración de las oportunidades respectivamente (Puyana et al., 2009). En este contexto, para las personas migrantes resulta aún más difícil comunicar las malas noticias, y es que en una situación en la que las oportunidades que ofrece la migración están tan idealizadas, estas se arriesgan a defraudar a sus familias por no alcanzar lo que se esperaba de ellas (Ibídem). Esto provoca que en ocasiones sean las propias personas migrantes quienes repiten el mito del buen migrante, minimizando los problemas e idealizando sus logros, lo que, en consecuencia, puede acabar fomentando la migración de otras personas y generar un círculo vicioso (Ibídem). En este contexto en el que los avances técnicos cobran centralidad en la comunicación entre las personas migrantes y sus familias en origen, Reist y Riaño (2008) analizaron esta comunicación e identificaron seis aspectos que inciden de manera directa en el desarrollo de la misma: 1. La familiaridad con el entorno; cuanto mayor es la familiaridad con el medio de comunicación –teléfono, plataformas web, SMS, cartas, etc.– más fácil es la comunicación transnacional. 2. La direccionalidad del mensaje; la relación previa de la persona migrante con su familia, así como la percepción de esta sobre la migración inciden en la comunicación. 3. La situación de la persona migrante; debido a las dificultades iniciales durante los primeros momentos de la migración la comunicación entre la persona migrante y su familia es esporádica. No obstante, al tiempo que su situación en destino mejora la comunicación se vuelve más regular. 4. La tensión entre las ganas de decir y la preocupación de la familia; en ocasiones las personas migrantes quieren hablar a sus familias sobre su situación en el país de destino, sin embargo, ante el miedo de llegar a preocuparlas deciden limitar lo que cuentan. 5. El mito del “buen migrante”; la imposibilidad de satisfacer las expectativas de la familia lleva a las personas migrantes a no contar todas sus vivencias. 6. Falta de conocimiento sobre el país de destino; en la medida en que el conocimiento –y las vivencias– de las familias se limita al país de origen, las personas migrantes tienen problemas para explicarles sus vidas en el país de destino. Además de los instrumentos electrónicos, el dinero o los regalos, también puede ser un medio para que las personas migrantes y sus familias se comuniquen entre sí. A este respecto, Zapata (2009) argumenta que debido a la migración las remesas adquieren un significado que va más allá del valor puramente económico. Estos envíos adquieren un valor social, cultural y simbólico; permiten a los padres y madres seguir presentes en la vida de la familia y, en el caso de sus hijos e hijas, demostrar que aún mantienen un compromiso con las personas que han dejado atrás. En resumidas cuentas, las remesas ayudan a suplir las necesidades familiares y a aliviar la tristeza y soledad provocada por la migración (Ibídem). 68 3.5. La gestión del cuidado en las familias transnacionales Un aspecto central de las familias es la provisión de cuidados y la reproducción social. A este respecto, las familias transnacionales no han sido la excepción. Desde que se hicieran los primeros análisis y hasta la actualidad, la gestión del cuidado ha sido uno de los aspectos más estudiados de las familias transnacionales. Esto ha provocado que, a pesar de la relativa novedad del objeto de estudio, hayan surgido una importante variedad de planteamientos y de propuestas, las cuales han servido para poner sobre la mesa elementos diferentes pero conexos del cuidado familiar. En un primer momento, y unido al origen de los estudios sobre las familias transnacionales, se estudió la provisión del cuidado desde la óptica de las cadenas globales de cuidados. Con el desarrollo de estos análisis, se identificaron algunos aspectos de las familias transnacionales que las cadenas no eran capaces de resolver, así, la teoría de la circulación del cuidado surgió como un intento de dar respuestas a estos interrogantes. Más recientemente, desde la óptica de la protección social se ha planteado la necesidad de analizar los aportes de la familia en conjunto a otras instituciones y agentes sociales. 3.5.1. Las cadenas globales de cuidados El primero de estos modelos ha sido el de las cadenas globales de cuidados –global care chain–. Este concepto fue acuñado por Arlie Russel Hochschild para analizar la relación entre la globalización y la feminización de los flujos migratorios. Según advierte Hochschild, como consecuencia de la globalización y del proceso de mercantilización de las tareas de cuidado han surgido una serie de “cadenas" que unen y entrelazan a personas que viven en diferentes partes del mundo (Hochschild, 2000). Estas cadenas se centran mayormente en las tareas de cuidado y suelen están formadas por mujeres (Ibídem). En cuanto a su configuración, estas cadenas se dividen en eslabones, habitualmente tres o más (Ibídem), que unen a mujeres que residen en distintos lugares alrededor de las labores de cuidado –figura 5–. De este modo, el ciclo comienza con una familia del norte global que contrata a una empleada del hogar migrante para que haga sus labores de cuidado. Esta mujer contratada transfiere a su vez parte de sus responsabilidades de cuidado a otras mujeres que siguen en origen, ya sean familiares o contratadas. De igual modo, estas últimas también delegan parte de su trabajo de cuidado, reproduciendo el modelo y añadiendo nuevos eslabones a la cadena. Figura 5. Cadena de cuidados de tres eslabones y relación entre los mismos. Fuente: Elaboración propia. A raíz del avance del neoliberalismo, se ha venido acentuando una creciente transnacionalización de los trabajos de cuidado en los países del norte (Onuki, 2018). Cada vez más, mujeres de países del sur abandonan sus países, y hogares, para emigrar al norte y asumir los trabajos de cuidado de las familias del norte. Así, los estudios feministas de la economía relacionan el creciente peso que están ganando estas cadenas con tres factores interrelacionados entre sí: la incorporación de las mujeres al mercado laboral (Enloe, 1990; Pérez Orozco y López Gil, 2011), la crisis del estado de bienestar (Misra et al., 2006; Arat-Koç, 2018) y la aplicación de paquetes de medidas neoliberales en los países del sur global (Enloe, 1990; Adelantado y Moreno, 2006). En lo que se refiere a las familias transnacionales, la migración obliga entre otras cosas a reorganizar la estructura interna y los roles de cada miembro familiar de cara a asumir las labores 69 del miembro migrado (Asis et al., 2004). Así, el estudio de Solé, Parella y Cavalcanti (2007) sobre las familias transnacionales ecuatorianas y peruanas en España profundiza en estas relaciones, identificando las funciones de apoyo y cuidado que cumplen los miembros no migrados al asumir las tareas y responsabilidades relativas a las labores domésticas, la administración de las remesas y el cuidado de los hijos e hijas. Un elemento importante de estas familias es que estas relaciones de cuidado no se establecen únicamente junto a miembros de la familia más cercana, sino que también participan miembros de la familia extensa, como puede ser el caso de tías o de abuelas (Zapata, 2009). De esta forma, ante la ausencia de alguno de los progenitores –o de ambos– los y las parientes asumen parte de las labores de cuidado y ayudan a cumplir las labores de la persona migrante. Esto no se refiere únicamente a las labores domésticas, sino que también incluye otras labores como el apoyo emocional y el acompañamiento de los hijos e hijas (Ibídem). En el caso de las personas que emigran, estudios como el de Salazar Parreñas (2001) en Filipinas o el de Nyberg-Sørensen y Guarnizo (2007) sobre las familias dominicanas muestran los vínculos y lazos de intimidad que se generan entre las personas migrantes y sus familias en origen. Los familiares en origen no son por tanto sólo fuente de apoyo para los hijos e hijas, sino que también asisten emocionalmente a las propias personas migrantes. Por género, trabajos como el de López Montaño y Loaiza Orozco (2009) han servido para poner de manifiesto las diferencias en la provisión de cuidados entre hombres y mujeres. En palabras de estas, a las mujeres se les atribuyen unas “características de género diferenciadoras como la paciencia, la ternura y la disposición al cuidado, y a partir de allí se ha restado consideración e importancia al aporte de los hombres” (Ibídem: 853). En este contexto, ante la migración de una mujer ha sido otra mujer de la familia la que la ha sustituido, soportando sobre sus hombros la carga de trabajo de esta. Es más, el estudio elaborado por Zapata (2009) identificó como en aquellos casos en los que las familias optan por contratar a otra persona para que desempeñe esas labores, estas tienden a contratar a mujeres por ser las tareas domésticas una labor culturalmente atribuida a ellas. Más allá de esto, los trabajos reproductivos en origen también aparecen atravesados por la edad, bien en un sentido, bien en el otro. Por un lado, las personas mayores, y sobre todo las abuelas, han facilitado la migración de sus hijas al convertirse en cuidadoras o, como mínimo, soporte para sus nietos y nietas (Puyana et al., 2009). En otros casos, la ausencia de medios y de familiares en disposición de asumir esas funciones han hecho que las hijas mayores hayan sido las sustitutas de la madre y principales encargadas de las tareas domésticas, lo que las ha obligado a madurar y a asumir tareas que no se corresponden con su ciclo vital (Zapata, 2009). En lo que respecta a la situación en destino aquí la situación tampoco es mejor, y es que aquí también los trabajos de cuidado están inevitablemente atravesados por varias discriminaciones. Partiendo de que la migración es un hecho de clase (Kofman y Raghuram, 2018), las personas en vulnerabilidad son las que se deciden a emigrar con el objetivo de mejorar sus expectativas, en el caso de los trabajos de cuidados el género y la raza se entremezclan con la clase social (Ibídem), siendo las mujeres de países del sur las que se embarcan en la travesía. Con todo esto, junto a las discriminaciones de clase, género y raza, las mujeres que trabajan en los cuidados son discriminadas también legalmente, sus vidas son hechas precarias no sólo por la pobreza de la que parten sino por las regulaciones del país de origen y de destino (Enloe, 1990). La clase social, la raza, el estatus legal y el género sirve primeramente para crear y posteriormente para reproducir la vulnerabilidad de las mujeres migradas trabajando en las labores de cuidado (Arat-Koç, 2018). 3.5.2. La teoría de la circulación del cuidado A medida que el volumen de trabajos que se centraban en las familias transnacionales y en la distribución de las labores de cuidado crecía, aumentaba también el número de casos que el paradigma de las cadenas globales de cuidados no era capaz de resolver (Merla y Baldassar, 2016). Así, ante el cada vez mayor número de casos sin respuesta diferentes autores y autoras comenzaron a plantear la necesidad de un nuevo marco de referencia que sirviera para esclarecer 70 estos casos (Ibídem). En sus planteamientos la teoría de la circulación del cuidado –care circulation– no surge como una alternativa a las cadenas globales de cuidado, sino que, por el contrario, nace a modo de complemento, incorporando a la explicación más económica de las cadenas elementos novedosos como las obligaciones –morales– que fijan la familia o la cultura del país de origen (Ibídem). Según Loretta Baldassar y Laura Merla (2014), la circulación del cuidado se puede entender como el intercambio asimétrico y multidireccional de las tareas de reproducción que se da dentro de las familias transnacionales y que se van transformando y adaptando en función del contexto político, económico, cultural y/o social tanto de la sociedad de origen como de destino. Esta nueva teoría parte de los aportes hechos por Bryceson y Vuorela (2002), así, la familia no es sino un grupo de personas cuyo objetivo es asegurar el bienestar de todos sus miembros. Esta concepción del grupo familiar hace que este enfoque se centre sobre todo en las diferentes estrategias que despliegan los miembros migrados para seguir “siendo” familia, así como en los mecanismos mediante los cuales los miembros familiares –migrados y no migrados– se apoyan mutuamente (Merla y Baldassar, 2016). Si comparamos la teoría de las cadenas globales con la teoría de la circulación, la primera presenta una visión más limitada del cuidado a diferencia de la concepción más amplia de la segunda. El modelo planteado por Hochschild ve el cuidado como una dinámica unidireccional en la que el cuidado viaja en un único sentido. Por su parte, la teoría de la circulación amplía la unidad de análisis para integrar a los miembros de la familia tanto cercana como extensa (Merla, 2014). Para esta teoría las familias son una red en la que cada miembro puede proporcionar o recibir cuidados. Junto a esta diferencia, la circulación del cuidado concibe las labores de cuidado como un activo dinámico que se va modificando a medida que pasa el tiempo. Y es que, con el tiempo las necesidades de cuidado que tienen las personas –en este caso los miembros de la familia– se van modificando, lo que hace que una persona que anteriormente llevara a cabo labores de cuidado pase a ser receptora, y viceversa (Merla y Baldassar, 2016). En el contexto creado como consecuencia de la migración, esta variabilidad de las relaciones del cuidado puede suponer la migración de alguno de los miembros de un extremo al otro, bien sea para cuidar, bien sea para recibir cuidados. Eso sí, en contra de la imagen ideal que esta “democratización” del cuidado pueda transmitir, esta repartición no implica que todas las personas tengan las mismas posibilidades y las mismas capacidades de proporcionar y de recibir cuidado. Las familias no dejan de ser un espacio en el que pueden darse desigualdades como por ejemplo en función del género (Merla, 2014). Ahondando en esta teoría, su relativa novedad no ha evitado que hayan surgido diversas propuestas y modelos de análisis. Uno de estos primeros modelos fue propuesto por Baldassar, Baldoc y Wilding (2006) en su libro “Families caring across borders” donde analizaron los elementos que influyen en esta circulación de los cuidados. De este modo, estas tres autoras hablan de tres elementos principales: las capacidades o posibilidades, las necesidades culturales y los compromisos familiares –figura 6–. En el caso de las capacidades o posibilidades de cuidado, Baldassar y sus compañeras (Ibídem) se refieren a las características que tienen las personas para desarrollar estas actividades, así como a las posibilidades que les brinda el propio contexto en el que viven. De este modo, el cuidado mutuo de las familias aparece atravesado por elementos macroestructurales que escapan a su control, como puede ser el caso de la legislación migratoria que impide que vuelvan a su origen o el acceso a medios de telecomunicación. Sin embargo, en otros casos, son las propias características físicas y psicológicas de las personas las que influyen en su capacidad para cuidar. 71 Figura 6. Modelo de cuidado transnacional propuesto por Baldassar, Baldoc y Wilding (2006). Fuente: Extraído y traducido de Baldassar, Baldoc y Wilding (2006: 205) Siguiendo con la propuesta de estas tres autoras, otro de los elementos que influye en estas labores serían la cultura y los valores del país de origen. Tal y como describen, cada sociedad tiene un punto de vista concreto respecto a la familia y las funciones que esta ha de cumplir, lo que a su vez influye en las expectativas que se tienen respecto a sus miembros (Ibídem). Así, estas autoras encontraron que en algunas culturas se espera una participación más activa de las personas migrantes en la provisión de cuidados. Finalmente, un tercer elemento que incide en estos intercambios de cuidados son los compromisos que tenga la propia familia. Esto no es algo especialmente novedoso, trabajos previos como los estudios de la nueva economía de la migración ya apuntaban hacia la naturaleza familiar de la migración. Sin embargo, la teoría de la circulación se centra en los acuerdos familiares previos a la migración, en el efecto que estos tienen sobre los cuidados y la forma en que se transforman y adaptan a las nuevas circunstancias –individuales, familiares, contextuales, etc.– (Ibídem). Además de los factores, otras propuestas de estudio han puesto el foco sobre los roles que las personas inmersas en este intercambio pueden adoptar. Kilkey y Merla (2014) diferencian entre cuatros prácticas de cuidado en función de la movilidad o inmovilidad de las personas participantes –cuadro 10–. 72 Cuadro 10. Tipología del cuidado en función de la movilidad familiar propuesta por Kilkey y Merla (2014). Fuente: Extraído y traducido Kilkey y Merla (2014:212). Por una parte, las “reappearers” o “visitors” serían aquellas personas que viajan de un extremo a otro durante un breve periodo de tiempo para recibir o cumplir con sus obligaciones de cuidado. Las primeras hacen referencia a migrantes que se encuentran en un país extranjero y regresan a su país de origen, mientras que los visitors serían los miembros familiares que se movilizan para asistir con los cuidados (Ibídem). Junto a estos dos grupos, las “returners” y “relocaters” también viajan para proveer o recibir cuidados, pero, a diferencia de los anteriores en estos casos la migración es de carácter definitivo. Las returners son las personas migrantes que vuelven a casa y las relocaters quienes emigran para vivir con sus familiares en el extranjero (Ibídem). Otra de las prácticas de cuidado identificadas por Kilkey y Merla son las denominadas “fliying kin”, personas que se mueven dentro del grupo familiar, moviéndose entre origen y destino en función de las necesidades (Ibídem). Finalmente, y debido a los avances que ha habido en el campo de los medios de comunicación y de transporte, los llamados “remainers” serían aquellas personas que, viviendo en un país distinto, asisten y cuidan de sus familiares en otros países a través de medios tecnológicos o digitales, como por ejemplo ofreciendo apoyo emocional (Ibídem). Otra autora que ha tratado de avanzar en el desarrollo de la circulación de los cuidados ha sido Deborah Bryceson (2019). En su caso, Bryceson ha centrado su análisis en las fases por las que pasan las prácticas de cuidado desde que empieza la migración hasta que se constituyen las familias transnacionales –figura 7–. Figura 7. Fases de la circulación del cuidado y del desarrollo de las familias transnacionales propuestas por Bryceson (2019). 73 Fuente: Extraído y traducido de Bryceson (2019: 3047) En palabras de Bryceson, durante la primera fase del proceso migratorio la persona migrante abandona su país para emigrar a otro en busca de trabajo o de mejores oportunidades. Los primeros momentos son momentos de gran dureza para la persona migrante, las dificultades para regularizar su situación la empujan a estar en una situación precaria. En este contexto, la familia en origen cuida de la persona migrante hasta que su situación mejora (Ibídem). Durante esta primera fase la relación de cuidado entre la persona migrante y su familia en origen es una relación de un único sentido, la familia asiste a la persona migrante. A medida que el proceso migratorio avanza y la persona migrante va mejorando su situación, la relación entre esta y la familia se va equilibrando. En esta segunda fase la persona migrante comienza a enviar remesas a sus familiares en origen. En el caso de la familia, esta sigue cuidando de la persona migrante, pero abandona la asistencia económica para explorar otras funciones de cuidado como pueden ser el apoyo emocional en momentos de angustia o el cuidado de progenitores (Ibídem). Según describe Bryceson, durante las dos primeras fases del proceso migratorio la mayoría de familias transnacionales tienen un desarrollo muy similar, sin embargo, a partir de este punto las vías se van separando y aparecen diferentes modelos y estrategias de cuidado (Ibídem). En algunos casos, las personas migrantes desarrollan un ciclo migratorio circular durante algunos años hasta que finalmente regresan definitivamente a su país de origen. Cuando esto sucede la persona migrante y su familia siguen apoyándose mutuamente, pero ya no hay una distancia que las separe (Ibídem). En otros casos, la persona migrante se instala definitivamente en el país de destino para no regresar. Ante este cambio, la familia en origen sigue cuidando de los y las hijas de la persona migrante hasta que esta pueda llevarlas consigo. En cuanto a la persona migrante, obtener la residencia permanente le da acceso a nuevos derechos como la reagrupación, la cual se añade a las prácticas de cuidado que ya desarrollaba durante la segunda fase (Ibídem). Desde un punto de vista teórico, la circulación de cuidados guarda una estrecha relación con la teoría de la donación propuesta por Marcell Mauss. En su libro “Ensayo sobre el don: forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas” este antropólogo habló de los tres requisitos básicos de toda donación: dar, recibir y devolver (Mauss, 1971). Inicialmente, una persona entrega a otra persona “algo”, esto puede tratarse de un objeto físico o de un servicio. Mauss identifica la necesidad de ofrecer algo a otras personas como un proceso básico de todas las sociedades humanas, es más, en función del contexto no dar puede implicar romper con la norma social, con lo que esto puede suponer (Ibídem). Sin embargo, la obligación de dar no se queda únicamente en la persona que efectúa dicha acción, sino que se extiende a la persona receptora. Esta persona está socialmente obligada a aceptar ese tributo, pero, además, en adelante tiene el deber de devolver esa donación llegado el momento (Ibídem). Volviendo sobre la teoría de la circulación, esta define el cuidado como algo que se modifica y circula dentro del grupo familiar. En este sentido, aplicando de la teoría del don, el cuidado podría interpretarse como algo que una persona dona a otra, a la espera de que esta en algún momento devuelva la acción. De este modo, en el modelo de fases propuesto por Bryceson (2019) la donación comenzaría en esa primera fase para, en adelante, unir a la persona migrante y a su familia en la provisión mutua de cuidado. 3.5.3. La protección social transnacional La protección social transnacional –transnational social protection– ha sido el último modelo que se ha planteado a la hora de estudiar el cuidado en las familias transnacionales. Tal y como describen Parella y Speroni (2018) esta nueva visión de lo transnacional surge de la confluencia y convergencia de dos agendas de investigación diferentes: los estudios sobre familias transnacionales y las investigaciones sobre el bienestar social y las políticas sociales globales. Por un lado, y tal y como se ha podido ver, los trabajos de investigación centrados en las familias se 80 4.1. Análisis de fuentes secundarias A la hora de analizar la situación y características de la población migrada, existe una gran cantidad y variedad datos secundarios acerca del fenómeno, los cuales han sido de gran utilidad a la hora de elaborar el capítulo de contextualización del colectivo nicaragüense 6 . De este modo, el barrido y análisis de datos ha permitido dar respuesta al primero de los objetivos específicos planteados, recopilando información sobre la población de origen extranjero residente en la CAE, en general, y del colectivo de personas nacidas en Nicaragua, en particular. Para esta labor se utilizaron fundamentalmente los datos extraídos de fuentes de carácter estatal como el Padrón Continuo de Habitantes del Instituto Nacional de Estadística, los datos del Servicio Público de Empleo Estatal, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, el Ministerio del Interior o la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Junto a estos, también se han explotado datos de otros organismos a nivel autonómico como son el Órgano Estadístico del Departamento de Igualdad, Justicia y Política Sociales del Gobierno Vasco, Eustat – Instituto Vasco de Estadística o Ikuspegi – Observatorio Vasco de Inmigración –cuadro 12–. A continuación, se describe cada una de las mencionadas fuentes y los datos extraídos en cada caso. Cuadro 11. Fuentes secundarias utilizadas durante el análisis y sus características principales. Fuente: Elaboración propia. El Padrón Continuo de Habitantes El padrón de habitantes es un registro de carácter gubernamental que recoge el número de personas que residen en un determinado municipio. En cumplimiento de la legislación vigente, la recogida y actualización de estos datos corresponde a los diferentes Ayuntamientos, los cuales comunican dicha información al Instituto Nacional de Estadística al menos una vez al año. A 6 Capítulo 5 “Flujos migratorios y caracterización del colectivo nicaragüense en la CAE”: pp. 95-144. Padrón Continuo de Habitantes Estadísticas laborales Certificados de registro o tarjetas de residencia Afiliación a la Seguridad Social Asilo en cifras Autoría INE SEPE Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones Ministerio del Interior Periodo seleccionado 1998-2021 2021 2009-2022 2022 2011-2021 Periodicidad Anual Mensual Semestral Mensual Anual Dimensión analizada Estatal, Regional, Provincial y Municipal Regional Regional y provincial Regional Regional Informes personas refugiadas EPIE Estadística de población y vivienda Barómetro Ikuspegi Autoría CEAR Gobierno Vasco Eustat Ikuspegi Periodo seleccionado 2021 2010, 2014 y 2018 2016 2007-2023 Periodicidad Anual Cuatrienal Decenal Anual Dimensión analizada Estatal Regional Regional Regional I. Económica; I. Social; I. Relacional Información extraída I. Protección Internacional I. Educativa Percepciones y actitudes Información extraída I. Protección Internacional I. Laboral I. Administrativa I. Laboral I. Sociodemográfica 81 partir de dicha información el INE realiza un análisis exhaustivo y publica los datos referidos a la población de cada uno de los municipios del Estado a fecha de 1 de enero 7 . Debido a su sistematicidad y procedimiento institucional el padrón representa una fuente de datos notablemente más fiable y detallada que otras basadas en el uso de encuestas u otros métodos estadísticos similares (Ikuspegi, 2023). En consecuencia, el padrón se ha convertido en una pieza clave a la hora de cuantificar y analizar las dinámicas demográficas que se dan en el país, así como en el estudio de diferentes fenómenos. Este es crucial, por ejemplo, “tanto para el registro de los movimientos migratorios, a través de la Estadística de Variaciones Residenciales, como para el recuento de los stocks, a partir del Padrón continuo, registro permanente del que se derivan las cifras oficiales de población” (Ortega Rivera et al., 2013: 233). En el caso concreto de los flujos migratorios, su centralidad se debe principalmente a dos motivos. Por un lado, su periodicidad –sus datos se publican anualmente– permite fijar comparativas y analizar el ritmo de llegadas de las personas migradas a lo largo de un determinado periodo temporal. Esta no es una cualidad única del padrón, al contrario, otros productos estadísticos publicados por el INE tienen una periodicidad similar o mayor que el padrón. Su importancia se vincula entonces a ese segundo motivo: su importancia para las personas migradas y recién llegadas. Por sus características, el padrón es un registro de naturaleza y objetivos mixtos. Para las autoridades este tiene un valor de carácter estadístico, permite conocer el número de personas que residen en un determinado municipio. Sin embargo, para los y las ciudadanas, este representa una puerta de acceso a derechos y servicios como la sanidad o la educación pública. En el caso de las personas migradas, este es uno de los requisitos básicos para poder regularizar su situación administrativa, lo cual hace que recién llegadas una parte importante de las mismas se den de alta de cara a poder regularizarse en el futuro 8 . Aunque a la hora de registrar las solicitudes de empadronamientos los Ayuntamientos recogen una mayor cantidad de datos, entre los ítems publicados por el INE nos encontramos con variables clave como son el sexo, la edad, el país de nacimiento o la nacionalidad. Esta información se ha empleado en el apartado de contexto para analizar, entre otras cosas, la evolución de los movimientos migratorios nicaragüenses, las características sociodemográficas del colectivo, su distribución geográfica o su tasa de nacionalización. El Servicio Público de Empleo Estatal El Servicio Público de Empleo Estatal o SEPE es un organismo autónomo adscrito al Ministerio de Trabajo y Economía Social que tiene por objetivo “contribuir al desarrollo de la política de empleo, gestionar el sistema de protección por desempleo y garantizar la información sobre el mercado de trabajo” (SEPE, n.d./2023). Junto a estas funciones, este cuenta además con un amplio compendio de estadísticas que permiten analizar la situación y evolución del mercado laboral español. 7 A finales de 2022 se produjo un cambio significativo cuando el Instituto Nacional de Estadística optó por cesar la publicación de los datos de empadronamientos, sustituyéndolos por las “Cifras de población y censos demográficos”. Conforme a la información proporcionada por el Instituto (2022), esta nueva operación estadística posibilita una mayor diversidad de análisis al incorporar nuevas variables. Sin embargo, en lo que se refiere a esta tesis, esta nueva estadística presenta ciertas carencias. A diferencia de los datos previos, estos derivan del censo de población, el cual pasa a tener carácter anual. Este cambio de una estadística extraída del Padrón municipal a una basada en los datos censales dificulta la posibilidad de establecer comparativas entre ambos datos, al ser dos estadísticas diferentes entre sí. Por este motivo, se ha optado por emplear los datos del padrón continuo de habitantes al contar con mayor cantidad de años para analizar, a pesar de que los últimos disponibles hacen referencia al 1 de enero de 2022. 8 Mencionar además que cualquier persona puede empadronarse, independientemente de estar en situación administrativa regular o irregular. 82 En este contexto, durante el proceso de elaboración de la tesis se contactó con dicho servicio para realizar una petición estadística sobre la inserción laboral del colectivo extranjero 9 y nicaragüense. Así, esta solicitud se concretó en los siguientes datos:  Personas extranjeras demandantes de empleo (paradas y no paradas) por nacionalidad.  Tasa de paro de las personas extranjeras.  Nivel formativo de las personas extranjeras demandantes de empleo (paradas y no paradas) por nacionalidad.  Personas demandantes de empleo extranjeras según la antigüedad de la demanda y nacionalidad.  Personas extranjeras paradas por actividad económica de procedencia y nacionalidad.  Solicitudes de empleo presentadas por personas extranjeras por nacionalidad.  Evolución de los contratos firmados por personas extranjeras y distribución por sector de actividad por nacionalidad. Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones En lo que respecta al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, este departamento cuenta con un amplio abanico competencial. Debido a ello, se han empleado datos publicados por el mismo en diferentes momentos y para diversos aspectos del capítulo de contexto. Por un lado, el Observatorio Permanente de la Inmigración, dependiente de dicho Ministerio, publica semestralmente los datos de personas extranjeras con certificado de registro o tarjeta de residencia en vigor. Gracias a ello se ha podido conocer la situación administrativa de las personas nacionales de Nicaragua residentes en la CAE, así como calcular –junto con los datos del INE– la tasa de regularidad del colectivo. Por su parte, los datos de afiliación a la Seguridad Social han permitido complementar los datos del SEPE y profundizar en la cuestión de la inserción laboral de la población nicaragüense en la comunidad. Entre otras cuestiones, estos han permitido conocer el número de personas afiliadas a la Seguridad Social o su distribución por regímenes. Ministerio del Interior Debido a la creciente inestabilidad y tensión que ha venido atravesando el país latinoamericano a partir de 2018, durante la elaboración del capítulo de contextualización se incluyó un apartado centrado sobre los datos de solicitudes de asilo y su evolución. Para ello, se hizo uso de la colección de informes “Asilo en cifras” editados por la Oficina de Asilo y Refugio del Ministerio del Interior. Mediante estos informes se ha podido analizar la evolución de las solicitudes de asilo presentadas por personas nicaragüenses en la CAE, así como sus características sociodemográficas. Comisión Española de Ayuda al Refugiado Los datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado o CEAR han permitido completar y complementar la información publicada por el Ministerio de Inclusión. Y es que, los informes anuales sobre las personas refugiadas en España y Europa publicados desde la organización incluyen información relevante como la tasa de solicitudes de asilo aprobadas o denegadas. 9 A diferencia de los datos del padrón publicados por el INE, los datos facilitados por el SEPE únicamente incluyen a las personas con nacionalidad extranjera. En consecuencia, quedan fuera de dicho análisis aquellas personas que, habiendo nacido en el extranjero, han obtenido la nacionalidad española. 83 Órgano Estadístico del Departamento de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales del Gobierno Vasco Poniendo el foco sobre esas fuentes de datos a nivel más autonómico, una fuente especialmente diversa desde el punto de vista de la información que ofrece fue la Encuesta de Población Inmigrante Extrenjera o EPIE 10 , elaborada por el Órgano Estadístico del Departamento de Igualdad, Justicia y Política Sociales del Gobierno Vasco. Esta encuesta se realizó por primera vez en el año 2010 con el objetivo de conocer, estudiar y evaluar las condiciones de vida de la población de origen extranjero en la comunidad. Y desde entonces se ha venido repitiendo de manera cuatrienal en los años 2014 y 2018, profundizando y haciendo posible el análisis evolutivo de las circunstancias de la población migrada. De hecho, está previsto que próximamente se replique de nuevo la encuesta, lo que ofrecerá una nueva panorámica sobre la situación del colectivo y permitirá dar continuidad a los resultados expuestos en este trabajo. En comparación a otras bases de datos o encuestas, la EPIE cuenta con ciertos elementos característicos que la diferencian y convierten en una fuente de datos especialmente completa para el análisis de los flujos migratorios. En primer lugar, se trata de una encuesta con una muestra muy amplia, en su edición de 2018 la muestra efectiva fue de unas 2.418 personas de origen extranjero de más de 16 años de edad, lo que supone trabajar con un error muestral máximo del +/-1,20% para un universo estimado de unas 165.153 personas (Shershneva, 2022). En esta línea, dicha muestra efectiva proporciona información sobre “unas 4.732 personas de origen extranjero proveniente de 2.418 unidades convivenciales con presencia de personas de origen extranjero en la vivienda o establecimiento” (Ibídem: 5). A efectos exploratorios, en algunos apartados de esta investigación se ha trabajado con la submuestra de personas procedentes de Nicaragua y residentes en Euskadi encuestadas. Así mismo, esta encuesta destaca por la diversidad de cuestiones y variables incluidas, las cuales permiten analizar una gran cantidad de cuestiones relacionadas con el proceso migratorio, en toda su diversidad. Por ello, la encuesta presenta dos cuestionarios diferenciados, uno familiar y otro individual, cada uno con sus preguntas o variables. En el caso del cuestionario familiar, de este se extrajeron aquellos datos e indicadores relacionados con la situación económica del colectivo nicaragüense. Así, para ese apartado de contextualización se tuvieron en cuenta cuestiones relacionadas con las condiciones del hogar o la capacidad para cubrir las necesidades básicas – cuadro 13–. Cuadro 12. Variables del cuestionario familiar sobre la situación económica analizadas. P61. ¿Cuál es el régimen de tenencia de la vivienda? P64. ¿Presenta su vivienda alguno de los siguientes problemas? - Goteras, humedades en paredes, suelos, techos o cimientos, etc. - Superficie útil insuficiente - Problemas de exposición a ruidos y contaminación - Escasez de luz natural - Problemas sociales en el entorno de la vivienda P69. ¿Cuenta con ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas: comida, vestido y calzado? P83. ¿Se han enfrentado ustedes en los últimos 12 meses con no poder hacer frente a la cobertura de las necesidades básicas (comida, vestido, calzado, alquiler)? P86. En el momento actual definiría su familia como Fuente: Elaboración propia. 10 Para la edición de 2023 esta encuesta ha cambiado de nombre para pasar a denominarse Encuesta de Población de Origen Extranjero o EPOE. Sin embargo, en tanto que para esta tesis se han utilizado los datos de las ediciones de 2018 y anteriores se ha decidido mantener el título empleado en el momento de su publicación. 84 En lo que respecta al cuestionario individual, en este se incluyen cuestiones de carácter más relacional. En este sentido, estas pueden referirse tanto a las amistades o relaciones sociales en el país de origen, preguntando por cuestiones como las amistades o el uso del tiempo libre –cuadro 14–, como a la comunicación o la relación con la familia y el país de origen. Gracias a ello, los datos de la EPIE han servido para analizar y dar respuesta al cuarto objetivo específico, además del ya mencionado primer objetivo. Cuadro 13. Variables del cuestionario individual analizadas. Variables sobre Relación Familiar P27. ¿Dejó cónyuge y/o hijos? P28. ¿Ahora tiene cónyuge y/o hijos en el extranjero? P29. ¿Piensa traerlos? P32. ¿Piensa traer otros familiares? P30. ¿Se da alguno de los siguientes problemas por la separación de cónyuge y/ hijos? - Separación o divorcio - Pérdida de cariño de los hijos/as - Desconocimiento de los problemas de los hijos/as - Problemas sociales de los hijos/as P33. ¿Cuántos viajes realiza al año a su país de origen? P34. ¿Cuántos viajes ha realizado a su país de origen desde que salió? P36. ¿Mantiene contactos con su familia en su país de origen? P37. ¿Con qué frecuencia? P38. ¿Envía dinero a su país? Variables sobre Relaciones Sociales P99. Usted ocupa su tiempo libre ¿Participa o está afiliado/a en los siguientes grupos o asociaciones? - P103. Grupos informales de inmigrantes - P104. Organizaciones de apoyo a inmigrantes - P105. Asociaciones o clubes deportivos - P106. Grupos educativos y/o culturales - P107. Entidades y grupos religiosos - P108. Grupos vecinales - P109. Sindicatos - P110. Partidos políticos ¿Ha participado en algún proceso electoral en Euskadi? - P111. Elecciones autonómicas - P112. Elecciones municipales P114. Desde su punto de vista ¿Cómo valoraría en general a la población autóctona? P115. ¿Y a la población inmigrante residente en Euskadi? P116. ¿Se ha encontrado con alguna de estas situaciones? (Comentarios, discriminación, etc.) P118. ¿En qué medida diría vd. sentirse integrado/a en la sociedad vasca? Fuente: Elaboración propia. Eustat – Instituto Vasco de Estadística Junto a la EPIE, otra de las bases de datos utilizada ha sido la Estadística de población y vivienda elaborada por Eustat – Instituto Vasco de Estadística. Como detalla dicho organismo, se trata de una operación estadística de clase censal que se realiza de forma decenal y que tiene por objetivo conocer tanto la estructura poblacional de Euskadi como la estructura y equipamiento del parque habitacional de la comunidad (Eustat, n.d./2023). Entre los datos que incluye esta estadística en su apartado más demográfico, esta analiza el nivel de instrucción de las personas que residen en la CAE. De este modo, con fecha de junio de 2021 se realizó una petición estadística al mencionado instituto solicitando esta información desglosada tanto por sexo como por país de procedencia. Los datos recibidos constituyeron la base del apartado educativo del capítulo de contextualización. 85 Ikuspegi – Observatorio Vasco de Inmigración Finalmente, la última fuente de datos secundaria empleada para la demarcación y caracterización del colectivo nicaragüense en la CAE fueron los datos del Observatorio Vasco de Inmigración Ikuspegi. Desde el año 2007, este organismo viene realizando de manera anual el “Barómetro sobre las percepciones y actitudes hacia la inmigración extranjera”, en el cual, mediante diferentes ítems y preguntas, se miden las percepciones de la población autóctona con respecto a las personas migradas llegadas de otros países. Una de las preguntas que incluye este Barómetro es el grado de simpatía que siente en una escala de 0 a 10 –donde 0 es ninguna simpatía y 10 mucha simpatía– la población vasca respecto a diferentes orígenes extranjeros. Precisamente, desde el año 2012 Nicaragua ha sido uno de estos orígenes. De forma que se ha podido medir y cuantificar el grado de simpatía de la sociedad vasca hacia el origen latinoamericano a lo largo de toda una década. 86 4.2. Acercamiento cualitativo a las familias transnacionales En este mismo apartado hemos visco como, además de este abordaje de carácter más cuantitativo– que nos ha permitido cubrir los objetivos específicos primero y cuarto–, para la elaboración de esta tesis también se ha recurrido a un enfoque de corte más cualitativo –dando respuesta así a los objetivos segundo, tercero y quinto–. En comparación a esa información contenida en el apartado de contextualización, la aproximación cualitativa ofrece un mayor dinamismo y una mayor capacidad interpretativa, lo que sirve para profundizar en el fenómeno en cuestión, dando así respuesta a los objetivos segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto 11 . De entre las diferentes técnicas cualitativas disponibles, para esta tesis se ha optado por el uso de las llamadas entrevistas en profundidad. Como recuerda Miguel Valles (2002) en su cuaderno metodológico sobre entrevistas cualitativas, la entrevista ha sido históricamente una de las principales vías por las que los seres humanos han obtenido y recogido el conocimiento. De este modo, empezando por Sócrates, “que se valía del diálogo para producir conocimiento filosófico” (Ibídem: 13), y pasando por el periodismo de investigación, la entrevista representa una parte esencial de nuestra cultura y sociedad. Aunque, claro está, la entrevista en un sentido científico muestra una serie de particularidades que la diferencian de una conversación normal (Ritchie y Lewis, 2003). Entre estas particularidades, nos encontramos con el hecho de que la entrevista en profundidad es un encuentro en el que un investigador o investigadora conversa y trata de obtener información de una persona previamente seleccionada (Zapata y Sánchez, 2011). Los sujetos se seleccionan a partir de un plan de investigación. Pero, es que, además, estas son entrevistas que se realizan en un número considerable, que tienen una finalidad cognitiva y que siguen “un esquema de preguntas flexible y no estandarizado” (Corbetta, 2007: 344). En una entrevista el investigador o investigadora no busca respuestas de sí o no. Al contrario, esta busca información rica y detallada, busca ejemplos, experiencias, narrativas o historias que le permitan acercase y acceder a la perspectiva del sujeto estudiado (Zapata y Sánchez, 2011; Rubin y Rubin, 2012). Como mencionan Brinkmann y Kvale (2015), el objetivo de la entrevista como técnica radica entonces en dar con las descripciones del mundo –descriptions of the life world– que emplean las personas entrevistadas para interpretar y dar significado al fenómeno en cuestión. En este sentido, existen diferentes tipos de entrevistas para alcanzar distintos objetivos –figura 8– . Por un lado, nos encontramos con las entrevistas más estructuradas o cerradas, en las cuales los y las entrevistadores formulan preguntas con una serie de respuestas prefijadas de antemano. Este tipo de entrevistas no buscan tanto comprender o interpretar el sentido del fenómeno como recoger respuestas racionales (Zapata y Sánchez, 2011). En contraposición a este modelo estaría la entrevista no estructurada, donde el entrevistador o entrevistadora plantea preguntas sin un esquema fijo de cara a obtener respuestas más subjetivas y maximizar el significado recogido (Ibídem). 87 Figura 8. Tipos de entrevista y sus características. Fuente: Elaboración propia a partir de Zapata y Sánchez, 2011 y Díaz-Bravo et al., 2013. A medio camino entre ambos modelos están las llamadas entrevistas semiestructuradas, las cuales toman partes u elementos de estos dos arquetipos anteriores. De esta forma, estas combinan parte de la rigidez de las entrevistas estructuradas –guiones de entrevista con temas o preguntas predefinidas–, con esa adaptabilidad de las entrevistas no estructuradas –el orden o forma en que se preguntan las cuestiones varían, etc.– (Ibídem). Gracias a ello las personas entrevistadas tienen un mayor margen para desarrollar aquellas cuestiones que consideran importantes, al tiempo que los y las investigadoras pueden centrar la conversación en aquellos temas que consideran más centrales en relación al proyecto de investigación (Brinkmann, 2017). En el caso de la presente tesis doctoral, el modelo seguido ha sido el de estas entrevistas más semiestructuradas. Al final, mediante la realización de estas entrevistas se ha buscado recoger y dar visibilidad a las experiencias y discursos de las mujeres migrantes de sus familias. Este modelo a medio camino ha permitido un mayor grado de flexibilidad tanto en la forma en que se han planteado las preguntas como en las respuestas que se han obtenido, pero siempre dentro de un esquema y sin desviarse del plan original. Además de esto, un aspecto a destacar de esta tesis por su carácter innovador ha sido la realización de entrevistas tanto en el país de destino de las mujeres migradas como en el de origen. Y es que, en tanto que el presente trabajo busca analizar un fenómeno en desarrollo a lo largo de diferentes fronteras, la propia metodología exige adoptar esta misma perspectiva transnacional. Esta elección metodológica permite solventar el “nacionalismo metodológico” identificado por Wimmer y Schiller (2002), esto es, la aceptación del Estado-nación como orden natural de la vida social que constriñe el estudio de los fenómenos sociales a los límites de las fronteras nacionales. De esta manera, se ha entrevistado tanto a mujeres migradas como a sus familias de cara a conocer y analizar sus dinámicas familiares, así como las prácticas transnacionales que han desarrollado en su cotidianeidad. 4.2.1. Los guiones de entrevistas Esta naturaleza semiestructurada que se mencionaba queda clara en los guiones de entrevista empleados. Guiones, en plural, porque para la labor de recogida de la información se diseñaron dos guiones diferentes, pero complementarios: Uno para entrevistar a las mujeres migradas y otro a sus familias. De este modo, en ambos casos se plantearon una serie de preguntas 12 estructuradas y ordenadas en diferentes bloques temáticos. En el caso de las mujeres migradas, en sus entrevistas se incluyen cuestiones tales como el contexto en origen y el viaje, su situación en destino o su relación con la familia en origen 13 . Por su parte, en el caso de las familias 12 Así como preguntas de seguimiento (Rubin y Rubin, 2012). 13 Para más información, consultar los guiones de entrevistas en la sección de “Anexos”: pp. 329-340. 88 entrevistadas el guion se centró principalmente en la situación familiar y los cambios vividos como consecuencia de la migración, la relación con la mujer migrada y sus dinámicas familiares. Esta organización flexible de la entrevista semiestructurada ha resultado ser de gran utilidad a la hora de adaptar el guion a las circunstancias de cada una de las personas entrevistadas. Al final, cada uno de estos bloques incluía una serie de preguntas abiertas con variaciones en función de la situación personal y/o familiar –tenencia de hijos/as, etc.–, con lo que se ha podido poner la atención sobre diferentes cuestiones según las características y vivencias particulares. Para la elaboración de estos guiones se trató de traducir las diferentes cuestiones de investigación como los objetivos y las hipótesis en preguntas (Valles, 2002). Además de esto, también se tuvo en cuenta la información recogida durante el proceso de revisión bibliográfica, incluyendo cuestiones que estudios y trabajos previos han señalado como claves. Junto a esto, se contrastó el guion destinado a las familias con una persona experta en el estudio y la aplicación de esta perspectiva transnacional, la cual ofreció sus comentarios y sugerencias. Mencionar además que, junto a esa persona experta en el análisis de los flujos migratorios, tanto el guion individual como el familiar recibieron el visto bueno del Comité de Ética para las Investigaciones relacionadas con Seres Humanos –o CEISH– de la Universidad del País Vasco 14 en su sesión del 25 de marzo de 2021. En esta sesión este mismo tribunal aprobó también los dos formularios de consentimiento informado –nuevamente diferenciados en función de si iban destinados a las mujeres migradas o a sus familias– que se diseñaron y que están también disponibles en el apartado de Anexos –pp. 329-340–. 4.2.2. La muestra Junto a la elaboración del guion –o guiones– de entrevista, otro de los momentos clave del proceso de investigación pasa por definir la muestra. En comparación a la metodología cuantitativa, la aproximación cualitativa no sigue un criterio de representatividad estadística, sino sustantiva o estructural (Corbetta, 2007). La idea de fondo en este tipo de estudios es que los rasgos demográficos son útiles para acceder y cubrir las diferentes situaciones sociales de interés para la investigación (Ibídem). En este caso concreto, más que asegurarse que las personas participantes representaran al conjunto de la población, se ha tratado de alcanzar la representatividad tipológica, incluyendo a mujeres en diferentes situaciones o puntos en su proceso migratorio, y que ofrecen una mayor diversidad y riqueza discursiva. Una primera cuestión de calado y que definió por completo la selección de la muestra fueron tanto el género como la existencia de relaciones familiares. Al final, al estar la tesis centrada en la situación de las mujeres de origen nicaragüense en la CAE y su relación con la familia en origen, estos dos eran variables fundamentales para el proyecto. Más allá de estas, en la formulación de esos casilleros tipológicos se consideraron también otra serie de variables de cara a detectar y contrastar el efecto que estas tenían. En concreto, se tuvieron en cuenta: 1. La presencia de hijos e/o hijas en origen: Mediante esta variable se analizó el impacto que la presencia de hijos e hijas tenía sobre las relaciones transnacionales de las mujeres migrantes. En especial, en relación a elementos como el envío de remesas y regalos, la comunicación –y la frecuencia de la misma– o la división de labores dentro del grupo familiar. 2. El tiempo de residencia en España –y en la CAE–: Esta variable trató de recoger las diferencias que pudieran darse como consecuencia del paso y del avance del proceso migratorio. Partiendo de que el momento más vulnerable en toda experiencia migratoria es la llegada, se trató 14 Memoria 10_2021_117, para la realización del proyecto de investigación: “Redes transnacionales de cuidados y afecto en las mujeres nicaragüenses residentes en el País Vasco”. 89 de conocer cómo vivieron tanto la familia como la propia persona estos momentos, cómo se adaptaron y cómo fueron evolucionando las relaciones y expectativas con el tiempo y la eventual regularización. 3. El nivel de estudios: Se incluyó el nivel de estudios de las personas migrantes en la muestra en tanto que esta es una de las variables que mejor refleja el capital humano. Esto permitió conocer las expectativas laborales y profesionales de las mujeres migrantes y su efecto en sus vínculos transnacionales. Teniendo en cuenta estos diferentes criterios, de su combinación y cruce se definieron un total de 12 perfiles sociológicos para el diseño del trabajo de campo, los cuales quedaron la siguiente manera –cuadro 15–: Cuadro 14. Perfiles sociológicos definidos para el trabajo de campo cualitativo. Fuente: Elaboración propia.  Perfil 1: Mujer con un nivel educativo bajo, que ha llegado recientemente a la Comunidad Autónoma de Euskadi y que ha residido en esta entre cero y tres años, con hijos e hijas en Nicaragua.  Perfil 2: Mujer con un nivel educativo bajo, que ha llegado recientemente a la Comunidad Autónoma de Euskadi y que ha residido en esta entre cero y tres años, sin hijos e hijas en Nicaragua.  Perfil 3: Mujer con un nivel educativo medio o alto, que ha llegado recientemente a la Comunidad Autónoma de Euskadi y que ha residido en esta entre cero y tres años, con hijos e hijas en Nicaragua.  Perfil 4: Mujer con un nivel educativo medio o alto, que ha llegado recientemente a la Comunidad Autónoma de Euskadi y que ha residido en esta entre cero y tres años, sin hijos e hijas en Nicaragua.  Perfil 5: Mujer con un nivel educativo bajo, que ha llegado hace un tiempo a la Comunidad Autónoma de Euskadi y que ha residido en esta entre cuatro y ocho años, con hijos e hijas en Nicaragua.  Perfil 6: Mujer con un nivel educativo bajo, que ha llegado hace un tiempo a la Comunidad Autónoma de Euskadi y que ha residido en esta entre cuatro y ocho años, sin hijos e hijas en Nicaragua.  Perfil 7: Mujer con un nivel educativo medio o alto, que ha llegado hace un tiempo a la Comunidad Autónoma de Euskadi y que ha residido en esta entre cuatro y ocho años, con hijos e hijas en Nicaragua.  Perfil 8: Mujer con un nivel educativo medio o alto, que ha llegado hace un tiempo a la Comunidad Autónoma de Euskadi y que ha residido en esta entre cuatro y ocho años, sin hijos e hijas en Nicaragua. N. Educativo Bajo Hijos/as Sí Hijos/as No Hijos/as Sí Hijos/as No Hijos/as Sí Hijos/as No N. Educativo Medio-Alto Hijos/as Sí Hijos/as No Hijos/as Sí Hijos/as No Hijos/as Sí Hijos/as No 0 - 3 años de Residencia 4 - 8 años Más de 8 años 96 Unidos– se extendieron durante años hasta culminar en las negociaciones de 1988 y las elecciones de 1990 (Brands, 2010). En este ambiente tan turbulento, la primera oleada de las migraciones nicaragüenses tuvo por principal destino los Estados Unidos. Inicialmente, las primeras personas en emigrar fueron las personas de clase alta y más cercanas al régimen de Somoza, las cuales llegaron al país norteamericano en busca de asilo político (Portes y Stepick, 1994; Baumeister et al., 2008; Yarris, 2017). Posteriormente, estos flujos migratorios se fueron diversificando y fueron llegando personas de diversos estamentos y perfiles. Así, el segundo grupo en llegar al país del norte estuvo formado por profesionales y personas de clase media. A su llegada este grupo experimentó cierta movilidad social descendente, pero esta situación se fue corrigiendo con el paso del tiempo (Portes y Stepick, 1994). Finalmente, en esta fase también llegaron personas de clase trabajadora y de entornos rurales que huían de los enfrentamientos entre las fuerzas revolucionarias y la Contra. A diferencia de los otros dos grupos, estas personas tuvieron mayores dificultades para encontrar trabajo y acabaron empleadas en la economía informal (Ibídem). La forma en la que se desarrollaron los flujos migratorios nicaragüenses durante esta primera etapa recuerda a los movimientos migratorios que se dieron entre Cuba y Estados Unidos dos décadas antes, y es que ambos procesos muestran grandes similitudes, pero también ciertas diferencias. Por un lado, después de la victoria de Fidel Castro las primeras personas en abandonar la isla fueron aquellas más cercanas al régimen de Fulgencio Batista, a las que pronto siguieron personas de perfiles más diversos, incluyendo profesionales, personal técnico e incluso antiguos seguidores y seguidoras de Castro (Duany, 1999). De igual manera, tanto en el caso cubano como nicaragüense Miami se convirtió en el epicentro de la comunidad expatriada (Portes y Stepick, 1994). Más allá de estas similitudes, la bienvenida y facilidades que una y otra comunidad recibieron por parte del país de acogida fueron muy dispares. En el caso cubano, Estados Unidos adoptó en 1966 la Ley de Ajuste Cubano para dar amparo legal a las personas cubanas en Estados Unidos (Public Law 89-732-Nov. 2, 1966). Esta medida fue complementada posteriormente por la política de “pies mojados, pies secos”, que hacía que toda persona cubana que llegaba a pisar suelo estadounidense pudiera obtener de manera casi automática un permiso de residencia humanitario (Bruno, 2016). En el caso de Nicaragua, debido a las diferencias que el gobierno de Estados Unidos mantenía con las fuerzas sandinistas, algunas de las primeras personas que llegaron durante esta etapa al país del norte pudieron solicitar y obtener el asilo político. No obstante, esta fue una medida modesta puesto que únicamente fueron aceptadas el 10% de todas las solicitudes que se presentaron (Portes y Stepick, 1994). Esto se corrigió parcialmente cuando en 1997 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley de Ajuste Nicaragüense y Ayuda a Centroamérica –o NACARA–, la cual otorgó la residencia legal a unas 55.000 personas de origen nicaragüense que habían llegado a los Estados Unidos antes del 1 de diciembre de 1995 (Rocha, 2006). Además, esta medida extraordinaria abrió la puerta a que aquellas personas que habían regularizado su situación pudieran solicitar visados de residencia para miembros de su familia, orientando y estabilizando los subsecuentes flujos migratorios (Yarris, 2017). En lo que respecta a la segunda ola de las migraciones nicaragüenses, en palabras de Baumeister, Fernández y Acuña (2008), esta tuvo lugar a finales de la década de los ochenta y principios de la década de los noventa. Nuevamente, este fue un periodo convulso para el país caribeño, especialmente en lo económico. El conflicto armado que se había venido extendiendo durante gran parte de los años ochenta y el bloqueo económico por parte de Estados Unidos y otros países sumieron –aún más– la economía de uno de los países más pobres de Centroamérica (Ruiz y Blázquez, 2007). En el plano político, las elecciones de 1990, las primeras desde que se aprobara la nueva Constitución de 1987, se saldaron con la victoria de Violeta Chamorro y la derrota de Daniel Ortega y el FSLN (Ibídem). Sin embargo, esto no alivió la presión sobre la economía y sobre la 97 población. Bajo la presidencia de Chamorro se impulsó un cambio en la estructura económica del país, pasando de una economía mixta y planificada a una economía de libre mercado (Cabrera, 2015). Así, el gobierno –con el apoyo del Fondo Monetario Internacional– aplicó una serie de programas de ajuste estructural que tuvieron como resultado una reducción de “los gastos del Estado, despidos masivos de empleados públicos, reducción del presupuesto para programas de bienestar social y eliminación del subsidio al precio de productos de consumo básico” (Ibídem: 11). Esta crisis económica que tuvo una gran incidencia en el empleo se tradujo en un aumento de los flujos migratorios de Nicaragua al país vecino de Costa Rica. Como se puede observar en el gráfico 3, los censos elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica muestran un rápido y significativo aumento de la población de origen nicaragüense residiendo en el país coincidiendo con este periodo de recesión. Así, si en 1984 en Costa Rica había censadas unas 45.918 personas nacidas en Nicaragua, en cuestión de tres lustros esta cifra se quintuplicó hasta alcanzar las 226.374 personas censadas, un aumento de más de 180.000 personas. En comparación, durante el periodo revolucionario el número de personas de origen nicaragüense censadas en Costa Rica creció en sólo 20.000 personas. Gráfico 3. Población de origen nicaragüense censada en Costa Rica (absolutos), 1927-2011. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica En cuanto al perfil de las personas que protagonizaron estos flujos, a diferencia de la primera oleada, Baumeister y sus compañeros (2008) hablan de una migración marcadamente económica. Este nuevo flujo estuvo formado en buena medida por personas que habían perdido su trabajo tras la derrota en las elecciones del gobierno sandinista, así como por los recortes del empleo público en salud, educación y demás sectores estatales (Ibídem). En esta misma línea, Luis Rosero-Bixby (2004) habla de cómo “al terminar la guerra de las contras, mientras Estados Unidos cerraba sus fronteras y Nicaragua abría su economía al capitalismo, Costa Rica estaba desprevenida, con fronteras esencialmente abiertas. El nuevo flujo migratorio a Costa Rica se alimentó de individuos desplazados del empleo público, del ejército o del campo” (Ibídem: 76) Rosero también alude a la incidencia de otros dos elementos para explicar la creciente llegada de personas de origen nicaragüense a Costa Rica durante la década de los noventa. Por un lado, aunque gran parte de las personas que salieron de Nicaragua durante los años de la Revolución lo hicieron con destino a Estados Unidos, otra parte también emigró a Costa Rica. Así, estas personas seguían en contacto con sus familiares y amistades en su país de origen y fueron creando con el tiempo redes migratorias entre los dos países (Ibídem). De forma paralela, la crisis económica en Nicaragua coincidió con una etapa de crecimiento y bonanza de la economía costarricense, la cual necesitaba de mano de obra barata (Ibídem). 9.296 18.904 18.722 23.347 45.918 226.374 287.766 - 50.000 100.000 150.000 200.000 250.000 300.000 350.000 1927 1950 1963 1973 1984 2000 2011 98 Más allá del contexto económico y político, diferentes autores y autoras también han puesto sobre la mesa el efecto que los desastres naturales pudieron tener durante esta segunda ola migratoria. A finales de 1998 el Huracán Mitch impactó sobre Centroamérica y el Caribe, dejando tras de sí una estela de caos. Con unas 3.800 personas fallecidas, 7.000 desaparecidas y más de dos millones de personas afectadas, Nicaragua fue uno de los países más damnificados por el paso del huracán (National Climatic Data Center, 2009). Además, se dio la casualidad de que este afectó de sobremanera a las personas con menos recursos, y es que 48 de los 58 municipios más pobres del país fueron impactados de manera directa por los efectos del vendaval (Mora y Guzmán, 2018). La entrada del nuevo siglo trajo consigo la emergencia de una tercera oleada de las migraciones nicaragüenses. Siguiendo la estela de la fase anterior, en esta las migraciones nicaragüenses continuaron siendo eminentemente económicas (Baumeister et al., 2008). Sin embargo, a diferencia del periodo anterior, los flujos migratorios se fueron diversificando. A Costa Rica, y en menor medida a Estados Unidos, se le sumaron nuevos países de destino como El Salvador, Panamá o España (Baumeister et al., 2008; Yarris, 2017). Así con todo, esta nueva ola de flujos migratorios nicaragüenses estuvo marcada por dos acontecimientos paralelos: la firma del Convenio Centroamericano de libre movilidad y la crisis económica de 2008. Por una parte, en el año 2006 los gobiernos de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua firmaron el Convenio Centroamericano de libre movilidad o CA4. Este acuerdo posibilita la libre movilidad de los y las nacionales de los países firmantes sin restricciones, además de permitir la estancia en cualquiera de los países centroamericanos por un período de 90 días (Acuerdo Regional de Procedimientos Migratorios CA4, 2005). No obstante, tal y como matiza Ramos (2008), a pesar de la liberalización de la movilidad, las condiciones para acceder al mercado laboral siguen estando reguladas por los gobiernos, de modo que las personas migrantes deben cumplir con las normas internas establecidas –obtener un permiso de trabajo, etc.– por cada uno de los diferentes Estados. Por otra parte, la crisis financiera global que se desató en 2008 con el colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos también afectó a Nicaragua y a sus ciclos migratorios. En palabras de Yarris (2017), la crisis mundial dificultó la atracción de inversión extranjera y la búsqueda de mercados para los bienes nicaragüenses en el exterior, lo que provocó un aumento del paro y un estancamiento de los salarios. Esta nueva dinámica, unida a la evolución que ya venían manteniendo los flujos migratorios, aceleró la salida de personas del país. Durante esta tercera etapa Costa Rica siguió siendo uno de los principales países de destino de las personas migrantes nicaragüenses, aunque pronto se le unió Panamá, que ganó peso en el contexto de la crisis de 2008 (Ibídem). Los flujos hacia uno y otro Estado muestran importantes similitudes entre sí, en especial por la negativa de ambos a formar parte del Convenio Centroamericano de libre movilidad. De este modo, toda persona que desee ingresar en alguno de estos dos países debe tener un pasaporte en regla, un visado de trabajo u otro tipo de autorización legal. En la práctica, esto se tradujo en un significativo volumen de personas en situación irregular (Ibídem). Siguiendo con los nuevos países de destino, otro de los países que ganó peso durante esta tercera oleada fue El Salvador, especialmente vinculado a la firma del convenio CA4. Así, las personas de origen nicaragüense que emigraron durante este periodo a El Salvador lo hicieron en su mayoría por motivos laborales, empleándose en servicios tales como el trabajo doméstico, la construcción, la agricultura o la venta ambulante (Ramos, 2008). En este sentido, los flujos nicaragüenses han estado caracterizados por una importante vulnerabilidad legal –recordar que el CA4 es un convenio que flexibiliza la movilidad, no el acceso al mercado de trabajo– (Ibídem), así como por un carácter estacional del empleo agrícola donde se concentran (Baumeister et al., 2008). Precisamente, algo que diferencia a Nicaragua de otros países de su alrededor es la confluencia de flujos migratorios Sur-Norte –por ejemplo, a Estados Unidos– con migraciones Sur-Sur como es el caso de El Salvador (Baumeister et al., 2008, Yarris, 2017). Otro de los países que ganó tracción durante esta etapa fue España. En el caso de este país europeo, ofrecía a las personas de origen nicaragüense la posibilidad de obtener salarios elevados, con la 99 ventaja añadida de no tener que aprender un nuevo idioma (Yarris, 2017). Asimismo, otra característica de esta migración es que, debido a la distancia que separa los dos países, la migración a España ha sido una migración a largo plazo o, directamente, de carácter permanente, a diferencia de los flujos más estacionales a El Salvador o Costa Rica (Baumeister et al., 2008). Dejando atrás las tres oleadas identificadas inicialmente por Baumeister, Fernández y Acuña (2008), la migración nicaragüense ha continuado desarrollándose, con nuevos factores y elementos que atraviesan estos ciclos. Por un lado, en abril de 2018 estalló una nueva crisis política en el país –y que en estos momentos todavía está en desarrollo– después de que el gobierno de Daniel Ortega anunciara una serie de reformas en la Seguridad Social. Estas medidas generaron una serie de protestas que fueron respondidas en forma de represión por parte del gobierno. Como consecuencia de ello, desde abril de 2018 el número de personas de origen nicaragüense que solicitan asilo en otros países ha aumentado de forma notable. Según los datos de ACNUR (ACNUR España, 2019), en cuestión de cuatro meses Costa Rica había recibido un total de 8.000 solicitudes de asilo, con otras 15.000 personas a la espera de poder realizar los trámites. Junto a Costa Rica (ACNUR, n.d./2024), otros países de destino de las personas solicitantes de asilo nicaragüenses han sido Estados Unidos –sólo en 2022 se registraron unas 27.120 nuevas solicitudes de asilo–, México (6.406) y España (55) Junto a esto, los flujos migratorios nicaragüense también han estado mediados por la emergencia de la COVID-19 y las consecuencias que esta ha tenido sobre la movilidad global. Y es que, no podemos olvidar que, en un intento por controlar la expansión del virus, los diferentes Estados impusieron diferentes medidas para controlar la movilidad y limitar la llegada de personas a sus fronteras. Según los datos de la OIM (2021), a marzo de 2020, 173 países habían impuesto algún tipo de restricción de viajes –cuadro 16–. Cuadro 15. Evolución, fases y características de los flujos migratorios nicaragüenses Fuente: Elaboración propia. 5.2. Evolución y desarrollo de los movimientos migratorios nicaragüenses hacia la CAE Tras presentar, a modo de contexto, el desarrollo de los flujos migratorios nicaragüenses a nivel global durante los últimos cuarenta años, es necesario orientar este análisis y aproximarlo al ámbito geográfico en el que se enmarca el presente trabajo: La Comunidad Autónoma de Euskadi. Siguiendo con este acercamiento de lo más general a lo más concreto, los datos del padrón continuo, publicados por el Instituto Nacional de Estadística –o INE– nos muestran que a 1 de enero de 2022 en España había empadronadas 7.543.513 personas de origen extranjero, lo cual equivale a un 15,9% del total de la población –tabla 2–. En el caso de Nicaragua, la cifra de personas nacidas en el país caribeño empadronadas en el conjunto del Estado era notablemente menor, de unas 69.508 personas, lo que representa un 0,1% y un 0,9% de la población total y de origen extranjero respectivamente. Primera oleada Segunda oleada Tercera oleada Cuarta oleada Periodo Década de los 70 y principios de los 80 Finales de los 80 y principios de los 90 Inicios de los 2000 Desde abril de 2018 hasta la actualidad Causas La Revolución Popular Sandinista y la Guerra con la Contra Bloqueo económico, liberalización y reducción del Estado Firma del Convencio Centroamericano de libre movilidad; Crisis financiera de 2008 Protestas políticas de 2018 y posterior represión; COVID-19 Características Migración de carácter político, incialmente personas cercadas al Régimen de Batista, pero, posteriormente, campesinos/as huyendo de la Contra Migración marcádamente económica, formada en su mayoría por personas afectadas por los recortes públicos. Adicionalmente, en 1998 se le suman las personas damnificadas por el Huracán Mitch Causas mayormente económicas. Diversidad de los flujos: flujos surnorte, sur-sur, así como de carácter estacional Junto a las migraciones económicos movimientos de carácter político, personas solicitantes de asilo. Adicionalmente, la COVID-19 provocó el cierre de fronteras y reducción de la movilidad global Países de destino Estados Unidos y Costa Rica Costa Rica Costa Rica, Panamá, El Salvador, España Costa Rica, Estados Unidos, México y España 100 Tabla 2. Población total, de origen extranjero y de origen nicaragüense de España por género (absolutos y %), 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. Centrando el análisis sobre la distribución geográfica de la población de origen nicaragüense en España –tabla 3–, se observa que este colectivo se concentra en su mayoría en las comunidades autónomas de Euskadi, Madrid, Andalucía y Aragón. Precisamente, a 1 de enero de 2022 la CAE era la comunidad con mayor número de personas de origen nicaragüense empadronadas con 15.163 personas, seguida de Andalucía (11.665), la Comunidad de Madrid (11.335) y Aragón (10.890). Comunidad de Madrid (11.495 personas), Andalucía (11.214) y Aragón (10.941). De este modo, entre estas cuatro comunidades aglutinaban a un total de 48.790 personas, lo que supone el 70,6% de todas las personas de origen nicaragüense empadronadas en el Estado. En el extremo opuesto, las comunidades con menor número de personas de origen nicaragüense empadronadas eran Ceuta (4 personas), Melilla (5), La Rioja (217), Canarias (279) y Cantabria (301). Estos cinco territorios representaban únicamente el 1,2% del total de la población de origen nicaragüense empadronada en España. Tabla 3. Tabla 3. Población total, de origen extranjero y de origen nicaragüense empadronada en España por CC. AA. (absolutos y %), 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. Como se viera en la tabla anterior, siete de cada diez personas de origen nicaragüense que residen en el Estado lo hacen en cuatro comunidades autónomas: La CAE, Madrid, Andalucía y Aragón. De este modo, resulta interesante comparar estos datos –la distribución de la población de origen nicaragüense–, con los datos de la distribución del conjunto de la población migrada, de cara a comprobar si este reparto se ajusta a la partición general o si, por el contrario, algunas comunidades aparecen sobre– o infrarrepresentadas. El gráfico 4 presenta justamente estos dos datos. Al poner la atención sobre la distribución general de la población de origen extranjero entre los diferentes territorios, se observa que un 21,9% de todas las personas de origen extranjero empadronadas en España residen en Cataluña, mientras que otro 18,8% lo hace en la Comunidad de Madrid. Estas dos comunidades son el principal Total % sobre Total Hombres Mujeres % Mujeres Población total 47.475.420 100,0 23.265.381 24.210.039 51,0 Población de origen extranjero 7.534.513 15,9 3.648.412 3.886.101 51,6 Población de origen nicaragüense 69.508 0,1 20.246 49.262 70,9 Total Origen extranjero % Origen extranjero Nicaragua % Nicaragua Andalucía 8.500.187 933.223 11,0 11.665 1,2 Aragón 1.326.315 202.901 15,3 10.890 5,4 Principado de Asturias 1.004.686 84.837 8,4 377 0,4 Illes Balears 1.176.659 290.126 24,7 1.390 0,5 Canarias 2.177.701 445.293 20,4 279 0,1 Cantabria 585.402 59.051 10,1 301 0,5 Castilla y León 2.372.640 210.652 8,9 741 0,4 Castilla - La Mancha 2.053.328 240.023 11,7 2.275 0,9 Cataluña 7.792.611 1.649.915 21,2 4.952 0,3 Comunitat Valenciana 5.097.967 973.316 19,1 2.216 0,2 Extremadura 1.054.776 49.366 4,7 1.262 2,6 Galicia 2.690.464 262.221 9,7 769 0,3 Comunidad de Madrid 6.750.336 1.415.140 21,0 11.335 0,8 Región de Murcia 1.531.878 271.380 17,7 3.694 1,4 Comunidad Foral de Navarra 664.117 111.766 16,8 1.973 1,8 Comunidad Autónoma de Euskadi 2.208.174 253.939 11,5 15.163 6,0 La Rioja 319.892 51.745 16,2 217 0,4 Ceuta 83.117 10.492 12,6 4 0,0 Melilla 85.170 19.127 22,5 5 0,0 Total España 47.475.420 7.534.513 15,9 69.508 0,9 101 destino de la población migrada que llega al territorio estatal. Después de estas, destacan a su vez los datos de la Comunitat Valenciana con un 12,9% del total y Andalucía con el 12,4%. La comparativa entre los datos de la distribución de la población de origen extranjero, por un lado, y el de la población de origen nicaragüense, por el otro, muestra que no hay una relación directa entre ambos datos. Efectivamente, la población nicaragüense muestra una dinámica de asentamiento marcadamente diferente a la de la población migrada en su conjunto. Esto es especialmente acentuado en el caso de la CAE y de Aragón. En el primero de los casos, se ve que mientras que un 21,8% de todas las personas de origen nicaragüense residen en Euskadi, únicamente el 3,4% de todas las personas de origen extranjero de España están empadronadas en dicha comunidad –una diferencia de 18,4 puntos porcentuales–. Por su parte, en el caso de Aragón 24 un 15,7% de las personas nacidas en Nicaragua están empadronadas en esta comunidad, un dato que contrasta con el reducido peso que suponen las personas de origen extranjero residentes con respecto al total estatal, un 2,7%. Por el contrario, en el caso tanto de Cataluña como de la Comunitat Valenciana, estas acogen a un porcentaje de la población de origen extranjero significativamente mayor al de la población nicaragüense. Gráfico 4. Comparación entre la distribución de la población de origen extranjero y de origen nicaragüense en España por CC. AA. (%), 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. Poniendo el foco, ahora sí, sobre los datos de la CAE y sobre el modo en que se han venido desarrollando los flujos migratorios nicaragüenses hacia la comunidad, el gráfico 5 muestra que la migración desde el país caribeño tuvo un inicio tardío, pero que desde entonces esta no ha parado de crecer. Entre 1998 y 2006, el número de personas de origen nicaragüense empadronadas en Euskadi era relativamente bajo y no fue hasta el periodo 2007-2008 cuando estos flujos realmente empezaron a ganar cierta importancia. Desde entonces, el ritmo de llegadas de la población nicaragüense se 24 En cuanto a las causas de la presencia de una comunidad de origen nicaragüense tan populosa en Aragón, desde la Asociación Hermanamiento León [Nicaragua] – Zaragoza [España] (2018) se alude a dos motivos principales. Por un lado, desde 1992 el Ayuntamiento de Zaragoza ha venido poniendo en marcha y financiando proyectos de cooperación en la región de León lo que dio como resultado la firma y hermanamiento del Ayuntamiento de Zaragoza con la Alcaldía de León en 2002. Por otro lado, desde finales de los 90 se estableció en la capital aragonesa “un grupo numeroso procedente de Chinandega que ha funcionado como factor de atracción para otras y otros nicaragüenses” (Ibídem: 65). De manera similar, durante el trabajo de campo una de las entrevistadas hizo referencia a las ayudas a la cooperación y el hermanamiento entre el municipio vasco de Lasarte-Oria y el municipio nicaragüense de Somoto. 12,4 2,7 1,1 3,9 5,9 0,8 2,8 3,2 21,9 12,9 0,7 3,5 18,8 3,6 1,5 3,4 0,7 0,1 0,3 16,8 15,7 0,5 2,0 0,4 0,4 1,1 3,3 7,1 3,2 1,8 1,1 16,3 5,3 2,8 21,8 0,3 0,0 0,0 0,0 5,0 10,0 15,0 20,0 25,0 Origen extranjero Nicaragua 102 ha mantenido, incluso durante los años de mayores dificultades económicas, en el contexto de la crisis de 2008. Esta es una característica propia de los movimientos migratorios nicaragüenses y que los distingue de los flujos más generales. Según apunta Ikuspegi – Observatorio Vasco de Inmigración (2022a), la crisis económica de 2008 y la subsecuente precarización y destrucción del empleo provocaron un descenso de las llegadas de personas de origen extranjero, incluso registrando años en los que el saldo demográfico fue negativo. Así, los flujos nicaragüenses se han salido de esta norma, iniciándose durante los años de la crisis y manteniendo su crecimiento a pesar de ella. Dejando atrás los años de recesión económica, los datos del gráfico 5 también apuntan a un rápido crecimiento de la población de origen nicaragüense a partir del año 2016. Por un lado, y estableciendo de nuevo un vínculo con los datos más generales que aporta Ikuspegi, esto se puede asociar a la recuperación de la economía vasca tras la crisis y al incremento que se dio en las llegadas como consecuencia de la misma (Ibídem). Por otra parte, y como ya se ha visto, los enfrentamientos y revueltas surgidas a partir de 2018 también han podido incidir en el ritmo de llegadas de personas desde Nicaragua 25 . Recientemente, ha habido un retroceso de las llegadas coincidiendo con la aparición de la COVID y el contexto de excepcionalidad provocado por la misma. Gráfico 5. Evolución de la población de origen nicaragüense empadronada en la CAE (absolutos y %), 1998-2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. El gráfico 6 profundiza en los datos mencionados anteriormente, ofreciendo las cifras sobre crecimiento interanual. Gracias a ello, se observa como el ritmo de llegada de las personas de origen nicaragüense a la comunidad no ha sido constante. Al contrario, ha venido intercalando periodos de crecimiento con momentos de ralentización o paralización de las llegadas, pudiendo hablar de un proceso dividido en varias fases: Primeros años (1999-2005): Durante esta primera fase la llegada de personas de origen nicaragüense a la CAE fue, en términos cuantitativos, algo residual. Por entonces, Euskadi todavía no se había convertido en un destino destacado para este colectivo y el número de personas que llegaban era bastante reducido. Crecimiento (2006-2012): Coincidiendo con el momento de bonanza y expansión que vivía la economía vasca, a partir del año 2006 el número de personas de origen nicaragüense que llegaban a la comunidad fue aumentando. Este crecimiento se mantuvo durante la primera fase de 25 Esto se retomará en el apartado dedicado a los datos administrativos y de regularidad. Entre otras cosas, en esta sección se pone el foco sobre las solicitudes de protección internacional presentadas por personas de origen nicaragüense y su evolución. 44 54 71 88 98 108 132 184 317 664 1.189 1.765 2.320 3.035 3.900 4.399 4.777 5.339 6.077 7.215 8.589 11.155 14.234 15.140 15.163 0,2 0,2 0,2 0,2 0,2 0,2 0,2 0,2 0,3 0,5 0,8 1,1 1,4 1,7 2,1 2,4 2,6 2,9 3,2 3,7 4,2 5,0 5,9 6,1 6,0 - 2.000 4.000 6.000 8.000 10.000 12.000 14.000 16.000 - 1,0 2,0 3,0 4,0 5,0 6,0 7,0 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 P. O. nicaragüense % P. O. nicaragüense 103 la crisis económica del 2008, la cual no tuvo un impacto tan directo sobre la economía vasca, a diferencia de otras comunidades y provincias. Precisamente, en el periodo 2011-2012 se alcanzaron los 865 nuevos empadronamientos. Recesión económica (2013-2014): En una fase posterior de la crisis económica, los efectos de la recesión sobre la economía vasca fueron más marcados, lo que queda reflejado en el descenso del número de llegadas de personas de origen nicaragüense a la CAE. A pesar de que el número de personas de origen nicaragüense empadronadas siguió aumentando, en 2013 los empadronamientos se redujeron en un 42,3% respecto al año anterior, dinámica que se repitió al año siguiente –entre 2013 y 2014 los empadronamientos se contrajeron en un 24,2%–. Reactivación y consolidación definitiva (2015-2020): En el caso de esta fase podemos hablar de dos momentos diferentes. Recuperación (2015-2018): Con la mejora de los indicadores macroeconómicos y el mayor número de oportunidades laborales, los flujos migratorios desde Nicaragua se volvieron a avivar. Este incremento fue leve en los primeros momentos, pero fue adquiriendo más fuerza con el paso de los años. Crisis política (2019-2020): Coincidiendo con el inicio de la crisis política 26 que aún hoy atraviesa el país caribeño, los flujos hacia la CAE se aceleraron y crecieron de forma notoria, hasta alcanzar los 3.079 nuevos empadronamientos entre el 1 de enero de 2019 y 2020. No obstante, y tal y como se ha mencionado con anterioridad, esto se tratará en mayor detalle en el apartado dedicado a la situación administrativa del colectivo. El impacto de la COVID-19 (2021-2022): Más recientemente, la COVID–19 y las medidas para el control de la movilidad impuestas como consecuencia de la misma, han provocado un descenso significativo de las llegadas de personas de origen nicaragüense. Entre el 1 de enero de 2020 y el 1 de enero del 2022 el número de personas nacidas en Nicaragua empadronadas en la CAE ha aumentado en unas 929 personas. A pesar del aumento, esto representa un retroceso en los empadronamientos del 69,8% con respecto al periodo 2019-2020. Gráfico 6. Crecimiento interanual de la población de origen nicaragüense en la CAE (absolutos), 1999-2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. Con todo, a 1 de enero de 2021 en la CAE había empadronadas unas 15.163 personas de origen nicaragüense. Esto hace de Nicaragua el tercer país de origen más importante entre la población de origen extranjero en el territorio, representando un 6,0% del total del colectivo –tabla 4–. Por delante de Nicaragua, Marruecos era el principal país de origen con unas 29.779 personas (11,7%), seguido de cerca por Colombia con unas 28.739 personas (11,3%). 26 Mencionar a su vez que esta crisis no ha tenido consecuencias únicamente a nivel político, sino también económico. De esta forma, la incertidumbre que atraviesa el país ha provocado la salida de empresas y organismos internacionales, dificultando aún más la situación de las familias y población local. 10 17 17 10 10 24 52 133 347 525 576 555 715 865 499 378 562 738 1.138 1.374 2.566 3.079 906 23 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 104 Entre los diez principales países de origen de la población migrada en la CAE, se observa que más allá de Colombia y de Nicaragua la población latinoamericana supone una de las áreas de origen más importante en el territorio. Y es que, de los diez orígenes más importantes, ocho son latinoamericanos. De modo que a los ya mencionados Colombia y Nicaragua se le suman países como Bolivia, Venezuela, Ecuador, Honduras, Paraguay y Perú. Tabla 4. Principales orígenes extranjeros en la CAE por género (absolutos y %), 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. Precisamente, los informes de Ikuspegi (2022a), recogen que la población de origen latinoamericano supone un 52,0% del total de la población de origen extranjero en la CAE, lo que la convierte en el área de origen principal en la comunidad. Analizando su composición interna –gráfico 7–, Colombia (21,8%) y Nicaragua (11,5%) son los principales países de procedencia. Y es que, entre ambos representan un 33,3% de todas las personas latinoamericanas en el territorio. Dicho de otro modo, en la actualidad una de cada tres personas latinoamericanas en Euskadi ha nacido en Colombia o en Nicaragua. Este porcentaje aumenta hasta el 57,7% cuando además de Colombia y de Nicaragua se tienen en cuenta los datos de otros orígenes como Bolivia (9,2%), Venezuela (8,3%) y Ecuador (6,9%). Gráfico 7. Principales países de origen de la población nacida en Latinoamérica la CAE (%), 2022. Total % sobre total origen extranjero Hombres Mujeres Marruecos 29.779 11,7 18.659 11.120 Colombia 28.739 11,3 12.113 16.626 Nicaragua 15.163 6,0 4.150 11.013 Rumanía 14.995 5,9 7.517 7.478 Bolivia 12.191 4,8 4.754 7.437 Venezuela 11.001 4,3 5.070 5.931 Ecuador 9.121 3,6 4.190 4.931 Honduras 8.533 3,4 2.551 5.982 Paraguay 8.016 3,2 2.467 5.549 Perú 7.493 3,0 3.284 4.209 Total 10 145.031 57,1 64.755 80.276 Resto 108.908 42,9 56.420 52.488 Total origen extranjero 253.939 100,0 121.175 132.764 21,8 11,5 9,2 8,3 6,9 6,5 6,1 5,7 5,4 5,4 13,4 Colombia Nicaragua Bolivia Venezuela Ecuador Honduras Paraguay Peru Brasil Argentina Resto 105 Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. En este contexto, y dado el peso que tiene Nicaragua dentro del colectivo latinoamericano, resulta esencial analizar su desarrollo dentro del mismo, además de examinar la evolución que este origen ha tenido en comparación al resto de principales países. En el primero de los casos, el gráfico 8 muestra la evolución del peso porcentual de Nicaragua dentro del colectivo latinoamericano del año 2010 en adelante. Como se puede observar, a principios de la década pasada Nicaragua no era sino un origen menor, únicamente un 2,9% de todas las personas de origen latinoamericano empadronadas en la CAE habían nacido en Nicaragua. Sin embargo, a medida que el ritmo de llegadas desde el país centroamericano ha aumentado, lo ha hecho también su peso porcentual dentro del colectivo latinoamericano. Este ha sido especialmente marcado entre los años 2018-2019 y 2019-2020, cuando el peso de Nicaragua aumentó en un 1,5% y un 1,3% respectivamente. Con todo, en el último año analizado el peso de Nicaragua se ha reducido ligeramente, pasando del 11,8% en 2021 al 11,5% en 2022, un descenso de 0,3 puntos porcentuales. Gráfico 8. Peso de la población de origen nicaragüense dentro del colectivo latinoamericano en la CAE (%), 20102022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. En cuanto a la evolución de Nicaragua en comparación al resto de principales países latinoamericanos, los datos del INE muestran un desarrollo diferenciado en función del origen – gráfico 9–. Así, el modo en que se han desarrollado los flujos nicaragüenses –inicio tardío, crecimiento continuado durante la crisis y aceleración a partir del año 2016– varía notablemente del resto de países y de sus olas migratorias. En el caso de Colombia, este origen creció notablemente durante los primeros años de la década de los dos mil, motivado en gran parte por el buen estado de la economía vasca. Con la crisis, las llegadas retrocedieron notablemente, para reactivarse con la mejora de las condiciones económicas y ralentizarse, nuevamente, con la llegada de la pandemia. A pesar de las diferencias, en los últimos años tanto Nicaragua como Colombia 27 han evolucionado de manera bastante similar. Ambos han sido dos de los orígenes latinoamericanos que más han crecido en la CAE en los últimos años. Bolivia por su parte, vivió un importante crecimiento durante los primeros años de la década de los dos mil –al contrario que Nicaragua–. Entre los años 2003 y 2009 este origen experimentó un rápido crecimiento que, sin embargo, cesó por la confluencia de la crisis económica, por un lado, y la imposición del visado para acceder a España (Ikuspegi, 2021), por el otro. Venezuela ha tenido un proceso de llegadas modesto hasta que a partir de 2016 este se aceleró coincidiendo con 27 En el caso colombiano a la recuperación económica se le suma también el hecho de que ya no se requiere un visado para poder viajar a España. 2,9 3,7 4,6 5,2 5,7 6,3 7,0 7,9 8,7 10,2 11,5 11,8 11,5 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 % Nicaragua 112 Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. La tasa de dependencia refleja la proporción existente entre la población dependiente –personas menores de 15 años y mayores de 64– y la población activa. Este es un indicador fundamental, y es que, cuanto mayor es la tasa de dependencia de un colectivo, mayor es la carga que supone para la parte productiva de la población el mantener a la parte económicamente dependiente. De este modo, la tasa de dependencia de la población autóctona es de 1,5 personas activas por cada persona dependiente, mientras que entre las personas de origen extranjero hay unas 7,2 personas activas que se reparten entre sí los esfuerzos de mantener a cada persona dependiente de origen extranjero –tabla 6–. En el caso de la población latinoamericana y nicaragüense esta cifra es aún mayor, de unas 7,9 y 12,1 personas activas por cada persona dependiente nacida en Latinoamérica y Nicaragua respectivamente. Tabla 6. Tasa de dependencia por origen (absolutos y %), 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. Es necesario entender estas disparidades entre la población autóctona y migrada –y entre los diferentes colectivos– en base a las diferencias de edad que existen entre cada uno de los grupos. La población autóctona es un colectivo con una notable presencia de personas mayores de 65 años (25,5%), mientras que entre las personas llegadas desde Nicaragua este porcentaje no alcanza el 1%. 5.4. Situación administrativa y regularidad de la población de origen nicaragüense en la CAE Un aspecto clave a tener en cuenta al analizar el proceso migratorio de las personas de origen nicaragüense empadronadas en la CAE es el relacionado con su situación administrativa y legal. Cuando una persona está en situación irregular, esta tiene que hacer frente a una mayor desprotección que cuando consigue regularizar su situación. De este modo, existe una relación entre una mejor situación administrativa y el nivel de inserción social, en especial en dimensiones como el mercado laboral o la situación económica. Como recuerdan Moreno y Fullaondo (2014), este no es un cambio que suceda de un día para otro, al contrario. En un proceso que ambos autores han denominado “continuum de estabilidad”, la situación administrativa de la población migrada aparece estrechamente vinculada a su tiempo de residencia. Así, cuanto mayor es el tiempo de residencia de una persona, más segura es su situación administrativa y, por tanto, mejor es tanto su integración económica como social (Ibídem). No obstante, cabe recordar que en ocasiones el mismo proceso administrativo también puede tener sus baches u obstáculos, como es el caso de la irregularidad sobrevenida y sus consecuencias (SAIER, 2016). Con todo esto, un análisis de la situación administrativa del colectivo nicaragüense pasa en primera instancia por analizar y calcular el porcentaje de personas en situación administrativa regular e irregular. La tasa de regularidad es una estimación estadística de la proporción de las autorizaciones de residencia vigentes sobre las personas empadronadas de nacionalidad extranjera. En este sentido, esta información ha de tomarse con carácter orientativo, en tanto que para su elaboración se han tomado datos de dos fuentes estadísticas diferentes, los datos del padrón publicados por el INE y los datos de registro o tarjeta de residencia del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Autóctona O. Extranjero O. Latinoamericano Nicaragua Autóctona O. Extranjero O. Latinoamericano Nicaragua 0-15 14,9 7,0 6,5 6,9 292.124 17.711 8.528 1.052 16-64 59,5 87,8 88,8 92,4 1.162.859 222.963 117.272 14.006 65 y más años 25,5 5,2 4,7 0,7 499.252 13.265 6.255 105 Total 100,0 100,0 100,0 100,0 1.954.235 253.939 132.055 15.163 Tasa de dependencia 1,5 7,2 7,9 12,1 113 De acuerdo a estos cálculos –gráfico 15–, del total de personas de nacionalidad nicaragüense 32 empadronadas en la CAE a 1 de enero de 2022, un 43,8% están en una situación administrativa regular, mientras que el 56,2% estarían residiendo en una situación administrativa irregular. En relación a años anteriores, los datos del gráfico apuntan a un notable aumento de las personas nicaragüenses en situación irregular a lo largo del último lustro. Por comparar, en 2016 el ratio de personas en situación regular era del 52,2%. Es decir, más de la mitad de las personas con nacionalidad nicaragüense en la comunidad habían regularizado su situación administrativa. Esta inversión y este aumento de la irregularidad no ha sido producto de un cambio espontáneo, sino que es consecuencia de un proceso gradual que comenzó a partir de los años 2016-2017. Lo que coincide con los datos presentados en el apartado dedicado a los datos del padrón. Y es que, aunque ya desde antes había personas de origen nicaragüense viviendo en la comunidad, no fue hasta 2015 que los flujos migratorios desde el país caribeño empezaron a ganar tracción. La confluencia del aumento de la irregularidad y del número de personas de origen nicaragüense empadronadas indica que las personas que han llegado en los últimos años son en su mayoría personas de reciente inmigración 33 . Volviendo sobre el continuum de estabilidad de Moreno y Fullaondo (2014), estos planteaban la integración administrativa como un proceso ascendente, en el que con el paso del tiempo mejora el grado de integración. Por tanto, en base a dicho planteamiento es pronosticable que según pase el tiempo, estas personas irán regularizando su situación, invirtiendo, o como mínimo, igualando el ratio de personas en situación regular e irregular. De hecho, esto mismo es lo que observamos en los datos del último año, y es que a medida que han venido cumpliendo con los requisitos exigidos, el número de personas nicaragüenses en situación regular ha venido aumentando, pasando del 33,0% en 2021 al 43,8% en 2022. Gráfico 15. Tasa de regularidad de la población de nacionalidad nicaragüense empadronada en la CAE (%), 20092022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE y del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. 32 A la hora de calcular la tasa de regularidad únicamente se tienen en cuenta a las personas con nacionalidad nicaragüense. Si se tuvieran en cuenta los datos de la población nacida en Nicaragua en su conjunto se estarían incluyendo los datos de las personas con nacionalidad nicaragüense, así como las que, habiendo nacido en Nicaragua, han obtenido la nacionalidad española. Es importante hacer esta distinción en la medida en que estas últimas son ciudadanos y ciudadanas españolas de pleno derecho, y están por tanto en situación regular. 33 A la hora de regularizar la situación administrativa la ley tiene en cuenta el número total de años de empadronamiento continuado en España, con independencia del municipio, provincia o comunidad autónoma. Si los flujos que la CAE ha venido recibiendo en los últimos años fueran de migraciones internas (personas de origen nicaragüense que han llegado tras haber estado residiendo en algún otro punto del Estado), el tiempo de empadronamiento acumulado hubiera sido suficiente para regularizar su situación administrativa. Sin embargo, el hecho de que en los últimos años el porcentaje de personas en situación irregular haya aumentado nos indica que son personas de reciente migración y que todavía no cumplen con ese tiempo de residencia mínimo. 15,3 18,9 25,8 30,8 35,7 42,2 48,5 52,2 49,3 46,9 39,7 34,5 33,0 43,8 84,7 81,1 74,2 69,2 64,3 57,8 51,5 47,8 50,7 53,1 60,3 65,5 67,0 56,2 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 Regular No regular 114 Más allá de esta información, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones publica también los datos sobre el motivo de concesión de la residencia de las personas extranjeras –tabla 7–. A diferencia de los datos del gráfico anterior, estos no hacen referencia únicamente a las personas de nacionalidad nicaragüense empadronadas en la CAE, sino que se trata de los datos del conjunto del Estado. A primera vista, parece contraintuitivo incluir este dato en un análisis que tiene por objeto de estudio únicamente a aquellas personas que residen en Euskadi. Sin embargo, dada la posición que tiene el territorio como uno de los principales destinos de la población nicaragüense –como se viera en el apartado dedicado a los datos del padrón–, esta información puede ayudar a obtener una idea general de la situación administrativa del colectivo. De este modo, a 31 de diciembre de 2021 en España había un total de 18.552 personas de nacionalidad nicaragüense en situación administrativa regular. De todas estas, la mayoría habían obtenido la residencia temporal (55,0%), en detrimento de la residencia de larga duración (35,7%) o la residencia por protección internacional (9,4%). Profundizando en estos datos, entre las personas con residencia temporal lo más habitual era haberla obtenido por trabajo por cuenta ajena (5.396 personas), así como por circunstancias excepcionales (3.526). Por su parte, de los y las nicaragüenses con residencia de larga duración, la mayoría la obtuvieron por las modalidades previstas en la normativa de extranjería española (6.308). Tabla 7. Personas de nacionalidad nicaragüense con certificado de registro o tarjeta de residencia en vigor en España por motivo de concesión (absolutos y %), 31 de diciembre de 2021. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Además de Nicaragua, es interesante conocer los datos de regularidad de otras nacionalidades latinoamericanas. En especial para ver cuál es la posición de las personas nacionales del Estado caribeño en comparación al resto de orígenes y colectivos. Como se aprecia en el gráfico 16, a 2022 la tasa regularidad de la población latinoamericana empadronada en la CAE era del 57,3%, sensiblemente inferior a la del conjunto de la población extranjera (83,8%). Entre las principales nacionalidades, la tasa más elevada la presentan personas ecuatorianas (103,1% 34 ), así como las bolivianas (82,1%) y venezolanas (76,3%). En los dos primeros casos, tanto Ecuador como Bolivia fueron dos orígenes que tuvieron un crecimiento notable durante la primera oleada migratoria hacia la CAE. En consecuencia, las personas que llegaron desde estos 34 Tal y como se ha mencionado anteriormente, la tasa de regularidad es el resultado de una operación que parte de dos bases de datos diferentes: los datos del padrón del INE y los datos de certificado de registro o tarjeta de residencia del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Por tanto, es preciso recalcar su carácter orientativo. Absolutos % sobre Total No lucrativa 450 2,4 Reagrupación familiar 677 3,6 Trabajo por cuenta ajena 5.396 29,1 Trabajo por cuenta propia 39 0,2 Compatibilidad cuenta ajena y propia 7 0,0 Excepción a la autorización de trabajo 36 0,2 Ley 14/2013 y otras 71 0,4 Circunstancias excepcionales 3.526 19,0 Nacional 6.308 34,0 Directiva UE 308 1,7 0 0,0 1.738 9,4 18.552 100,0 Residencia temporal Residencia de larga duración Residencia por apatridia Residencia por protección internacional Total 115 países llevan cierto tiempo viviendo en el Estado, pudiendo con el paso de los años regularizar su situación administrativa. Venezuela supone la excepción a esta dinámica general, y es que, las llegadas desde este país no cobraron importancia hasta el año 2016. Así, la razón para esta tasa no se encuentra tanto en el tiempo de residencia, como en la situación que viene atravesando el país y las facilidades que tienen sus nacionales para regularizar su situación. En lo que respecta a Nicaragua, esta presentaba una de las tasas de regularidad más bajas (43,8%) junto a Honduras (40,5%) y Colombia (44,5%). Según apunta Ikuspegi (2022a), bien Nicaragua, bien Honduras, bien Colombia han sido tres de los orígenes que más han crecido en la CAE en los últimos años. Por tanto, nuevamente en relación con ese continuum de estabilidad que describían Moreno y Fullaondo (2014), es previsible que a medida que pase el tiempo, las personas de reciente migración vayan regularizando su estatus administrativo. De igual manera, el hecho que estos orígenes puedan estar integrándose y encontrando salida en el mercado de trabajo informal dificulta el acceso a una situación administrativa regular. Gráfico 16. Tasa de regularidad de la población extranjera, de nacionalidad latinoamericana y de las principales nacionalidades latinoamericanas empadronadas en la CAE (%), 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE y del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Junto con la obtención del permiso de trabajo y de residencia, otro trámite clave dentro del proceso migratorio de las personas de origen extranjero es el de la obtención de la nacionalidad española, la cual permite regularizar definitivamente la situación administrativa y acceder a ciertos derechos como el derecho a voto en las elecciones generales o autonómicas. Desde un punto de vista estadístico, cuando una persona nacida en el extranjero y con nacionalidad extranjera obtiene la 40,5 43,8 44,5 51,7 57,3 57,3 65,7 71,7 76,3 82,1 83,8 103,1 Honduras Nicaragua Colombia Perú Paraguay Latinoamérica Argentina Brasil Venezuela Bolivia Personas extranjeras Ecuador 116 nacionalidad española, esta deja de figurar como persona extranjera en los datos del padrón. No obstante, esta continúa apareciendo en los datos de nacimiento en el extranjero. Teniendo en cuenta esta circunstancia, el gráfico 17 presenta los datos de las personas de origen nicaragüense empadronadas en la CAE entre los años 2003 y 2022, diferenciando entre las que mantenían la nacionalidad extranjera o habían obtenido la nacionalidad española. De este modo, se observa que de las 15.163 personas de origen nicaragüense que había empadronadas en la comunidad a principios de 2022, unas 2.224 habían accedido a la nacionalidad, lo que apenas supone un 14,7% del total de las personas nicaragüenses. En cuanto a su evolución, en el mismo gráfico se observa como durante los primeros años de los flujos hacia la CAE el número de personas de origen nicaragüense que habían obtenido la nacionalidad española era ínfimo. Por ejemplo, en 2015 únicamente el 5,7% del total de personas de origen nicaragüense empadronadas en la comunidad habían obtenido la ciudadanía estatal. De igual manera, también se ve cómo a medida que estos y estas han ido alcanzando el requisito mínimo de años de empadronamiento regular, el volumen de quienes han ido obteniendo la nacionalidad ha venido aumentando. Gráfico 17. Evolución de las personas de origen nicaragüense nacionalizadas y con nacionalidad extranjera empadronadas en la CAE (absolutos), 2003-2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. Con todo, la población nicaragüense presenta por mucho la tasa de nacionalización más baja entre todos los orígenes latinoamericanos principales –tabla 8–. Así, mientras que sólo 14,7% de las personas llegadas desde Nicaragua han obtenido la nacionalidad española, este porcentaje alcanza el 77,1% entre las personas nacidas en Ecuador, la cifra más alta de todas. Junto a Ecuador, otros orígenes con tasas de nacionalización elevadas son República Dominicana (65,8%), Cuba (59,6%), Chile (58,0%), Uruguay (57,7%) o México (56,4%). En el extremo opuesto, además de Nicaragua los orígenes con los porcentajes más bajos de nacionalización son Paraguay (21,6%) y Honduras (18,8%). Uno de los requisitos fundamentales para acceder a la nacionalidad española es el haber residido de manera legal y continuada en España durante un tiempo determinado. En el caso de la población de origen nicaragüense, y al igual que sucede el resto de orígenes latinoamericanos, debido a los vínculos históricos que unen ambos territorios el número de años de residencia exigidos para obtener la nacionalidad española es menor. Concretamente, las personas de origen nicaragüense pueden acceder a dicho trámite pasados dos años de residencia legal, en lugar de los 61 83 131 251 594 1.110 1.682 2.236 2.943 3.795 4.269 4.595 5.035 5.634 6.539 7.788 10.133 12.949 13.391 12.939 47 49 53 66 70 79 83 84 92 105 130 182 304 443 676 801 1.022 1.285 1.749 2.224 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 Nacionalidad extranjera Nacionalidad española 117 diez exigidos de manera general 35 . Así pues, dado lo reciente de la migración nicaragüense, las diferencias que se observan en la tasa de nacionalización de Nicaragua en comparación a otros orígenes latinoamericanos entran dentro de la “normalidad”, pero es previsible que estas se vayan reduciendo según pase el tiempo. Tabla 8. Tasa de nacionalización de los principales orígenes latinoamericanos (%), 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE. Otro aspecto a considerar al analizar la situación administrativa de las personas de origen nicaragüense en la CAE es el de la protección internacional. La protección internacional se refiere a la ayuda que terceros Estados ofrecen a personas que, estando fuera de su país de origen o de residencia, no pueden volver a este porque su vida allí corre peligro –por conflictos armados, motivos políticos, ideológicos, etc.–. Esta protección internacional, comprende diferentes mecanismos de ayuda, como pueden ser el derecho de asilo, la protección subsidiaria o los derechos de las personas apátridas 36 . De forma complementaria, las personas de origen extranjero 35 Esto aparece regulado por el artículo 22 del Código Civil, el cual recoge que mientras que por norma general son necesarios diez años de residencia para la obtención de la nacionalidad española, “serán suficientes cinco años para los que hayan obtenido la condición de refugiado y dos años cuando se trate de nacionales de origen de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal o de sefardíes”. 36 Tanto el derecho de asilo, como la protección subsidiaria y el estatuto de apátrida aparecen regulados por tratados internacionales. En el caso del derecho de asilo, este aparece recogido en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, el cual define a las personas refugiadas como aquellas con “fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él.” (Organización de las Naciones Unidas, 1951: 2). Por su parte, la protección subsidiaria comprende a aquellas personas que, sin cumplir con los requisitos para ser reconocidas como refugiadas, tienen motivos fundados para creer que existe el riesgo de sufrir daños graves si regresan a su país de origen o residencia (Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria). Finalmente, los derechos de las personas apátridas están recogidos en Convención sobre el Estatuto de los Apátridas de 1954 (ACNUR, 2014). 1 Colombia 28.739 13.737 47,8 2 Nicaragua 15.163 2.224 14,7 3 Bolivia 12.191 7.280 59,7 4 Venezuela 11.001 4.104 37,3 5 Ecuador 9.121 7.031 77,1 6 Honduras 8.533 1.605 18,8 7 Paraguay 8.016 1.730 21,6 8 Peru 7.493 3.808 50,8 9 Brasil 7.090 2.480 35,0 10 Argentina 7.075 3.673 51,9 11 Republica Dominicana 4.945 3.254 65,8 12 Cuba 4.664 2.781 59,6 13 Mexico 2.671 1.506 56,4 14 Chile 2.231 1.293 58,0 15 Uruguay 1.177 679 57,7 Resto 1.945 714 36,7 Latinoamérica 132.055 57.899 43,8 Total origen extranjero 253.939 87.108 34,3 Origen extranjero Nacionalidad española Tasa de nacionalización 118 en España también pueden solicitar la residencia temporal por circunstancias excepcionales por razones humanitarias 37 . Entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2022, 299 personas de origen nicaragüense presentaron una solicitud de asilo en la CAE. Por poner estos datos en perspectiva, esto quiere decir que de las 4.088 solicitudes de asilo que se presentaron en total en la CAE a lo largo de 2022, el 7,3% fueron presentadas por personas nacidas en Nicaragua. Como se puede ver en el gráfico 18, entre 2011 y 2017 el número de personas de origen nicaragüense que solicitaban protección en Euskadi era bastante escaso, con un total de 10 personas solicitantes en un periodo de siete años. Sin embargo, con el estallido de las revueltas políticas de 2018 el número de solicitantes de asilo aumentó con celeridad 38 . A lo largo de 2018 en la CAE se registraron unas 94 solicitudes de asilo, 91 más que el año 2017. En 2019, el número de solicitudes presentadas aumentó hasta las 998, un incremento del 1.601,7% respecto a 2018. Con la llegada de la pandemia y las restricciones a la movilidad el número de solicitudes se redujo, primero a las 464 en 2020, y después a las 132 en 2021. No obstante, con el levantamiento de dichas restricciones estas han vuelto a aumentar hasta las mencionadas 299 solicitudes en 2022. Gráfico 18. Evolución de las solicitudes de asilo de personas de origen nicaragüense en la CAE (absolutos), 20112022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Ministerio del Interior. Un elemento que permite analizar los datos de asilo publicados por el Ministerio del Interior es el perfil de las personas nacidas en Nicaragua que solicitaron protección en España. Al igual que sucediera con los datos del régimen de residencia, los únicos datos disponible en este caso son los del conjunto del territorio nacional. Esto supone un problema en tanto que no se estaría analizando únicamente los datos de Euskadi, sino que se estarían incorporando también las solicitudes presentadas en el resto de comunidades autónomas. No obstante, y teniendo en cuenta nuevamente el lugar central que ocupa la CAE dentro de los flujos provenientes desde Nicaragua, este análisis es de vital importancia. 37 Este permiso por circunstancias excepcionales está regulado por el Real Decreto 557/2011, de 20 de abril, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley Orgánica 4/2000, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, y está dirigido entre otras a personas víctimas de delitos de racismo, antisemitismo o violencia de género. 38 Tal y como se aludiera en el gráfico 6 del apartado de evolución y desarrollo de los flujos migratorios, este aumento tan notable de las solicitudes de asilo puede ser una de las causas del flujo de llegadas que se registró entre los años 2018, 2019 y 2020. 30 0 0 0 43 94 998 464 132 299 0 200 400 600 800 1.000 1.200 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 119 Tal y como se aprecia en el gráfico 19, la mayoría de las personas que en 2022 presentaron una solicitud de asilo eran hombres (55,0%), en comparación al 44,0% que suponían las mujeres. Este no es un dato aislado, desde 2018 la mayoría de solicitantes de asilo llegados han sido hombres – un 57,3% y un 58,0% en 2018 y 2020 respectivamente–. Comparando estos datos con los del conjunto de la población de origen nicaragüense empadronada en España, se puede apreciar que la distribución por género general y entre las personas solicitantes de asilo es inversa. Así, mientras que la inmensa mayoría de las personas nicaragüenses que viven en España son mujeres (70,9%), una parte muy significativa de las personas que llegan alegando estar siendo perseguidas son hombres (55,0%). Volviendo sobre los datos de la CAE, en el gráfico 11 referente a la distribución por género de la población nacida en Nicaragua ya se apreciaba un cambio durante los últimos años. En el último lustro, el porcentaje que suponen los hombres dentro del colectivo ha aumentado hasta alcanzar el 22,4%. Salvando las distancias en tanto que se trata de dos fuentes y dos escalas –datos estatales y autonómicos– diferentes, el incremento de las personas que llegan solicitando asilo y el perfil eminentemente masculino de estas permite hipotetizar sobre una relación entre ambos sucesos. Así, se puede llegar a plantear que el incremento de los hombres llegados desde Nicaragua a Euskadi en los últimos años puede estar relacionado, entre otros motivos, con el contexto político que atraviesa el país. Gráfico 19. Comparación del perfil de las personas de origen nicaragüense solicitantes de asilo y empadronadas en España (%), 2018, 2020 y 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE y del Ministerio del Interior. En lo que respecta a la resolución de estas solicitudes–gráfico 20–, aquí nuevamente hay que hacer uso de datos estatales en tanto que no hay datos públicos por comunidades autónomas o provincias. Sea como fuere, según los datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado –o CEAR– la gran mayoría (75,6%) de las solicitudes presentadas por personas de origen nicaragüense en 2022 en España fueron rechazadas, mientras que sólo el 24,4% recibieron una resolución favorable. 57,3 58,0 55,0 29,1 42,7 42,0 45,0 70,9 0,0 10,0 20,0 30,0 40,0 50,0 60,0 70,0 80,0 90,0 100,0 2018 2020 2022 Origen nicaragüense 2022 Hombres Mujeres 120 Gráfico 20. Solicitudes denegadas y reconocimiento de asilo por orígenes en España (%), 2022. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de CEAR y Eurostat. Aunque a primera vista los datos de Nicaragua parezcan negativos, al comparar estos con los de otros orígenes latinoamericanos, el país centroamericano tuvo, con diferencia, el porcentaje más alto de solicitudes de asilo aceptadas. Una de cada cuatro personas nicaragüenses obtuvo una resolución favorable en comparación al 16,6% de Honduras, el 4,0% de Colombia o el 3,0% de Perú. De hecho, el único origen que exhibe una tasa de solicitudes aceptadas más alta que Nicaragua es Venezuela, el cual presenta un caso excepcional. En el caso de este país, un 66,3% de las solicitudes que se presentaron lograron la protección el permiso de residencia por razones humanitarias. Esto se debe a que el 5 de marzo de 2019 la Comisión Interministerial de Asilo y Refugio propuso conceder la residencia por razones humanitarias a todas las personas venezolanas cuya solicitud de asilo hubiera sido denegada 39 (CIAR, 2019). 5.5. Nivel de instrucción de la población de origen nicaragüense Otro aspecto a considerar al estudiar las características del colectivo de origen nicaragüense residente en Euskadi es el referente al ámbito académico y los estudios. Así, la tabla 9 presenta los datos sobre el nivel de instrucción de la población nacida en Nicaragua. Por un lado, los datos facilitados por el Eustat – Instituto Vasco de Estadística muestran que en 2016 el colectivo nicaragüense se dividía en dos grandes grupos, al menos en lo que a educación se refiere. Así, mientras que un tercio de la población (34,9%) de origen nicaragüense en 2016 tenía estudios primarios o menos, otro tercio había completado la etapa secundaria (34,9%). Más allá de estos dos grandes bloques, un 18,8% de la población tenía estudios superiores, y otro 11,4% había completado algún tipo de estudio profesional. En función del género, no se observan grandes diferencias en lo que respecta a los dos grupos principales. Aproximadamente, un tercio de los hombres (35,9%) y de las mujeres (34,7%) de origen nicaragüense han completado sus estudios secundarios, y otro tercio tiene estudios primarios o menos –un 33,8% de los hombres y un 35,1% de las mujeres respectivamente–. No obstante, donde sí se observan ciertas diferencias es en lo que respecta a los estudios profesionales y superiores. Mientras que entre los hombres el porcentaje de quienes han realizado y completado estudios profesionales es del 17,2%, este porcentaje se reduce hasta el 10% en el caso de las mujeres, una diferencia de algo más de siete puntos porcentuales. Por el contrario, esta relación se invierte al analizar los datos de estudios superiores. El porcentaje de mujeres nicaragüenses 39 Esto a su vez nos sirve para entender las diferencias en el porcentaje de personas en situación regular a las que se hacia alusión con anterioridad. Y es que, es necesario recordar que mientras que únicamente el 1,5% de las personas de nacionalidad nicaragüense en situación administrativa regular en España tenían un permiso de residencia por razones humanitarios, este porcentaje aumentaba hasta el 77,8% en el caso de la población venezolana. 75,6 95,9 82,9 94,7 33,6 0,1 1,1 0,3 1,2 66,3 0,2 24,4 3,0 16,6 4,0 Nicaragua Perú Honduras Colombia Venezuela Solicitudes denegadas Razones humanitarias Proteccción subsidiaria Estatuto de refugiado 121 con estudios superiores es del 20,1%, una de cada cinco, en comparación al 13,1% de los hombres. Se observa por tanto una clara diferenciación entre hombres y mujeres. Y es que mientras que entre los hombres el porcentaje de personas con estudios profesionales es mayor, son más las mujeres con estudios superiores o universitarios. Tabla 9. Población de origen nicaragüense en la CAE por nivel de instrucción y género (absolutos y %), 2016. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Eustat. Durante el mismo periodo temporal, el nivel de instrucción más común entre la población autóctona eran los estudios primarios o menores –gráfico 21–, con algo más de cuatro de cada diez personas en dicha situación (41,3%). Después de estos, el nivel de instrucción más habitual eran los estudios superiores (23,6%), seguidos por los secundarios (18,5%) y, finalmente, los profesionales (16,6%). La comparación entre los niveles de instrucción de ambos colectivos muestra que, mientras entre la población autóctona son más las personas con estudios primarios o menos (+6,4%), profesionales (+5,2%) y superiores (+4,8%), entre la población de origen nicaragüense es mayor el porcentaje de personas que han completado los estudios secundarios (+16,4%). Gráfico 21. Comparación entre el nivel de instrucción de la población autóctona y de la de origen nicaragüense en la CAE (%), 2016. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Eustat. En cuanto a dónde queda el nivel de instrucción de la población de origen nicaragüense en relación al conjunto de personas de origen latinoamericano, los datos del gráfico 22 muestran que el porcentaje de personas con estudios primarios o sin estudios, así como el de personas con estudios superiores es mayor en el caso de Nicaragua –un 5,9% y un 0,9% respectivamente–. En este sentido, en comparación al conjunto de la población latina Nicaragua destaca en ambos extremos, bien por el volumen de personas con estudios bajos, bien por el porcentaje de personas con estudios superiores. N % vertical N % vertical N % vertical Primarios o menos 2.442 34,9 449 33,8 1.993 35,1 Profesionales 798 11,4 228 17,2 570 10,0 Secundarios 2.447 34,9 476 35,9 1.971 34,7 Superiores 1.316 18,8 174 13,1 1.142 20,1 Total 7.003 100,0 1.327 100,0 5.676 100,0 Total Hombres Mujeres 34,9 11,4 34,9 18,8 O. Nicaragüense Primarios o menos Profesionales Secundarios Superiores 41,3 16,6 18,5 23,6 P. Autóctona Primarios o menos Profesionales Secundarios Superiores 128 Gráfico 27. Ocupaciones más solicitadas por las personas demandantes de empleo paradas de nacionalidad nicaragüense en la CAE (%), mayo de 2021. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del SEPE. Además de los datos sobre personas paradas demandantes de empleo, los datos facilitados por el SEPE también permiten analizar la evolución de los contratos laborales firmados por personas de nacionalidad nicaragüense en la CAE durante los últimos años –gráfico 28–. En 2017, el número de contratos firmados fue de 3.820, cifra que prácticamente se duplicó en un periodo de dos años –durante 2019 se firmaron un total de 6.672 contratos–. Recientemente, los datos de 2020 indican un ligero descenso de los contratos acumulados, pasando de 6.672 contratos en 2019 a 6.619 en 2020. Dado lo sucedido en 2020 con la llegada de la COVID-19, existe la posibilidad de que este retroceso haya sido una más de las consecuencias de la pandemia. Sin embargo, llama poderosamente la atención lo ligero que ha sido este descenso –unos 53 contratos menos– en un año tan duro para tantas personas. Esto se puede deber al número de mujeres nicaragüenses empleadas en el sector de los cuidados y que la pandemia ayudo a visibilizar y a poner en valor 44 . 44 El Real Decreto-ley 11/2020 de 31 de marzo, por el que se adoptan medidas urgentes complementarias en el ámbito social y económico para hacer frente al COVID, marca el cobro de un subsidio extraordinario para aquellas personas que, habiendo estado dadas de alta en el Sistema Especial de Empleados del Hogar del Régimen General de la Seguridad Social antes del estado de alarma, hayan sufrido una extinción de su contrato o hayan dejado de prestar servicios con carácter temporal por causas ajenas a su voluntad como consecuencia de la pandemia. 0,0 0,3 0,8 1,3 2,6 2,7 2,8 4,6 40,1 45,0 0,0 5,0 10,0 15,0 20,0 25,0 30,0 35,0 40,0 45,0 50,0 Ocupaciones militares Directores y gerentes Trabajadores cualificados en el sector agrícola, ganadero, forestal y pesquero Operadores de instalaciones y maquinaria, y montadores Técnicos; profesionales de apoyo Empleados contables, administrativos y otros empleados de oficina Técnicos y profesionales científicos e intelectuales Artesanos y trabajadores cualificados de las industrias manufactureras y la construcción (excepto operadores de instalaciones y maquinaria Trabajadores de los servicios de restauración, personales, protección y vendedores Ocupaciones elementales 129 Gráfico 28. Evolución de los contratos laborales a personas de nacionalidad nicaragüense en la CAE (absolutos), 2017-2020. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del SEPE. Por su parte, la tabla 13 presenta los datos de los contratos firmados por personas de nacionalidad nicaragüense en la CAE durante 2020 por sector económico. Tal y como se puede ver, la inmensa mayoría de los contratos que se firmaron durante ese año fueron en el sector servicios. Concretamente, de 6.619 contratos totales, unos 6.124 fueron en actividades relacionadas con la provisión de servicios, lo que equivale al 92,5% de todos los contratos que firmados en 2020. Tabla 13. Contratos laborales firmados por personas de nacionalidad nicaragüense en la CAE por sector y género (absolutos y %), 2020. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del SEPE. El análisis por género de los contratos muestra que tanto en mujeres (97,9%) como en hombres (70,6%) los servicios fueron el principal sector económico. Más allá del tercer sector, un estudio en mayor profundidad muestras algunas diferencias en función del género. En el caso de los hombres, el sector servicios cobra un importante peso, pero, no es el único. Además de este, un 12,8% de los contratos firmados por hombres fueron en el sector de la construcción, un 8,8% en la industria y otro 7,8% en actividades relacionadas con la agricultura y la pesca. En lo que respecta a las mujeres, la inmensa mayoría de las mismas está empleada en el sector servicios, muestra, una vez más, del peso que el sector del trabajo del hogar y de cuidados tiene para estas. 5.7. Situación económica Tomando como base los datos de la Encuesta de Población Inmigrante Extranjera –o EPIE– de 2018 elaborada por el Órgano Estadístico del Gobierno Vasco, el presente apartado analiza la situación económica de las personas nicaragüenses en la CAE, poniendo especial atención en sus dificultades económicas, el alojamiento o la percepción subjetiva de su situación económica. No obstante, antes de proseguir con el análisis cabe mencionar que, a diferencia de los apartados previos, los resultados que se presentan en las siguientes páginas no hacen referencia al conjunto 3.820 5.094 6.672 6.619 0 1.000 2.000 3.000 4.000 5.000 6.000 7.000 8.000 2017 2018 2019 2020 Total Hombres Mujeres % Total % Hombres % Mujeres Agricultura y pesca 106 102 4 1,6 7,8 0,1 Industria 214 116 98 3,2 8,8 1,8 Construcción 175 168 7 2,6 12,8 0,1 Servicios 6.124 928 5.196 92,5 70,6 97,9 Total 6.619 1.314 5.305 100,0 100,0 100,0 130 de personas de origen nicaragüense en la comunidad, no se trata de una muestra representativa, sino que únicamente nos sirven para conocer cuál era la situación económica de las personas de origen nicaragüense que participaron en dicho sondeo. La EPIE es una encuesta única a nivel estatal debido al número de elementos y cuestiones que analiza. Por ello, se ha decidido incluir los datos que se extraen de esta encuesta debido a la riqueza de la información que aporta, aun cuando no nos permite hablar del colectivo de origen nicaragüense en su conjunto. En consecuencia, y de manera similar a lo que sucediera con los datos obtenidos de la tasa de regularidad, es aconsejable tomar esta información con carácter orientativo. Tal y como observamos en el gráfico 29, de todas las personas de origen nicaragüense encuestadas en la EPIE en 2018, casi siete de cada diez declararon presentar algún tipo de dificultad para hacer frente a sus necesidades económicas. De esta forma, mientras que un 41,1% de las personas encuestadas señalaban tener dificultades para hacer frente a algún gasto imprevisto –como podría ser la reparación de un coche o la sustitución de algún electrodoméstico–, otro 28,0% manifestó tener problemas incluso para suplir sus necesidades básicas de alimentación, vestuario o vivienda. En otras palabras, las personas de origen nicaragüense encuestadas en la EPIE muestran importantes dificultades a nivel económico. Comparando estos datos con los del conjunto de personas de origen latinoamericano encuestadas queda claro que las personas de origen nicaragüense manifestaron encontrarse en una situación más precaria que el conjunto de las personas latinas. Y es que, mientras que el porcentaje de personas de origen latinoamericano que declararon tener dificultades de carácter económico en 2018 fue del 53,7%, el porcentaje de encuestados y encuestadas nicaragüenses en dicha situación fue del 69,1%, casi veinte puntos porcentuales más. Gráfico 29. Encuestados/as de origen nicaragüense y latinoamericano según presencia de dificultades para hacer frente a necesidades económicas (%), 2018. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la EPIE. Poniendo el foco sobre aquellas personas de origen nicaragüense que manifestaron encontrarse en una situación más crítica –incapaces de cubrir sus necesidades básicas (28,0%)–, el gráfico 30 muestra que en la mayoría de casos esta problemática se alargó durante todo el año (11,2%). Es decir, que no se trataría tanto de una incapacidad para suplir sus necesidades básicas de manera temporal, sino a largo plazo. Más allá de estos casos más cronificados, un porcentaje destacado de los y las encuestadas de origen nicaragüense también afirmaron haber tenido problemas durante el último año para cubrir sus necesidades de alimentación, vestido o vivienda a lo largo de un periodo de cero a tres (5,6%) y de tres a cinco meses (7,5%). 22,2 28,0 31,5 41,1 46,3 30,8 Latinoamérica Nicaragua Para cubrir nec. alimentación,vestido-calzado o vivienda Para hacer frente a gastos imprevistos Sin dificultades 131 Gráfico 30. Encuestados/as de origen nicaragüense y latinoamericano por meses del último año para cubrir las necesidades básicas (%), 2018. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la EPIE. En lo que respecta a la vivienda –gráfico 31–, la forma de tenencia dominante entre las personas de origen nicaragüense encuestadas era el alquiler, con un 46,7% del total. A este, le siguen los casos de las personas que se encontraban viviendo en una vivienda cedida (19,6%), las que compartían vivienda (10,3%) o las que simplemente tenían alquilada una habitación (9,3%). En cuanto al grado de posesión de la vivienda, en 2018 únicamente el 12,1% de las personas encuestadas de origen nicaragüense vivían en una casa de su propiedad. De estas, el 6,5% tenía totalmente pagada la vivienda, mientras que otro 5,6% todavía tenía pendientes una serie de pagos. Los datos sobre la tenencia de la vivienda extraídos de la EPIE muestran que entre las personas encuestadas de origen nicaragüense se dan tres situaciones claramente diferenciadas. Por un lado, estarían las personas que viven en una vivienda cedida de manera gratuita (19,6%). Por otro, las personas que viven de alquiler, bien sea por cuenta propia (46,7%), compartida (10,3%) o en una habitación alquilada (9,3%). Y, por último, las personas que viven en su propia casa (12,1%). Si entendemos que las personas que viven de alquiler en una situación más precaria –vivienda compartida y habitación alquilada– y las que viven en su propia vivienda representan los dos extremos que se pueden dar en la tenencia de un hogar –menor y mayor grado de tenencia respectivamente–, las personas de origen nicaragüense encuestadas reflejan lo que podríamos esperar de un colectivo de reciente inmigración. Es decir, el grado de quienes viven en lo que se podría considerar como una fórmula de alquiler más barato o precario (19,6%) es mayor que quienes tienen una vivienda de su propiedad (12,1%). Esto último queda aún más claro al comparar los datos de las personas encuestadas de origen nicaragüenses con las del conjunto de la población de origen latinoamericano. En tanto que los flujos migratorios desde Nicaragua hacia la CAE son relativamente recientes, el porcentaje de personas encuestadas que recurren a fórmulas más baratas de alquiler es mayor que quienes tienen una vivienda en propiedad. En contraposición, al tomar en cuenta los datos del conjunto de la población de origen latinoamericano, donde entran personas de orígenes de largo recorrido migratorio, el porcentaje de personas encuestadas con una casa en propiedad (25,4%) es significativamente mayor que el de las personas que viven de alquiler compartiendo vivienda (8,5%). 5,6 7,5 2,8 0,9 11,2 72,0 4,8 6,9 2,8 0,7 7,0 77,8 0,0 10,0 20,0 30,0 40,0 50,0 60,0 70,0 80,0 90,0 < 3 meses De 3 a 5 meses De 6 a 8 meses De 9 a 11 meses Todo el año Sin carencias Nicaragua Latinoamérica 132 Gráfico 31. Encuestados/as de origen nicaragüense y latinoamericano por régimen de tenencia de la vivienda (%), 2018. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la EPIE. Preguntadas sobre las carencias existentes en sus casas –gráfico 32–, la principal queja o crítica que manifestaron las personas de origen nicaragüense encuestadas fue el de la falta de superficie. En concreto, una de cada cuatro personas encuestadas era de la opinión de que la vivienda en la que residía carecía de superficie suficiente para vivir confortablemente. Después de la falta de superficie, otras carencias o problemáticas manifestadas fueron aquellas relacionadas con los problemas de aislamiento, grietas, filtraciones de aire, goteras y humedad (16,8%), los problemas de exposición a ruidos o contaminación (12,1%), la existencia de problemáticas sociales serias en el entorno de la vivienda (5,6%) o la ausencia de electrodomésticos o elementos tales como frigoríficos, cocina, lavadora u horno-microondas (1,9%). 0,2 0,4 18,1 7,3 2,7 5,8 6,2 59,3 0,0 1,9 5,6 6,5 9,3 10,3 19,6 46,7 Okupa Realquilada Propiedad parcialmente pagada Propiedad totalmente pagada Habitación alquilada Compartida Gratuita, cedida en uso Alquiler Nicaragua Latinoamérica 133 Gráfico 32. Carencias declaradas en el hogar por los y las encuestadas de origen nicaragüense y latinoamericano (%), 2018. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la EPIE. Respecto a la percepción que estas personas tenían de sí mismas y de su situación económica – gráfico 33–, algo más de la mitad de las personas de origen nicaragüense que fueron encuestadas para la EPIE en 2018 manifestaron estar “apañándose” (54,2%), un 23,4% afirmó encontrarse en una situación económica confortable o próspera y otro 22,4% declaró considerarse pobre (19,6%) o más bien pobre (2,8%). Gráfico 33. Encuestados/as de origen nicaragüense y latinoamericano por autopercepción en la escala pobrezabienestar (%), 2018. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la EPIE. En comparación al resto de personas encuestadas de origen latinoamericano, el porcentaje de personas que se auto percibían como pobres es significativamente mayor en el caso de las personas de origen nicaragüense –un 14,1% más–. Por el contrario, el volumen de personas que creían estar en una situación económica confortable o próspera era notablemente mayor (36,3%) al atender al colectivo en su conjunto. Nuevamente, podemos pensar que esto puede estar relacionado con el tiempo de residencia –mayor vulnerabilidad administrativa–, así como con la concentración de la población nicaragüense en ocupaciones elementales que no requieren de 0,1 1,1 5,6 7,7 17,9 23,4 0,0 1,9 5,6 12,1 16,8 25,2 Dispone de instalación de agua caliente, instalación eléctrica, retrete y bañera-ducha Dispone de frigorífico, cocina, lavadora y hornomicroondas Problemáticas sociales serias en el entorno de la vivienda Problemas de exposición a ruidos o contaminación Problemas de aislamiento, grietas, filtraciones de aire, goteras, humedad Superficie insuficiente Nicaragua Latinoamérica 19,6 2,8 54,2 23,4 Nicaragua Pobre Más bien pobre Apañándose Confortable o próspera 5,5 7,0 51,2 36,3 Latinoamérica Pobre Más bien pobre Apañándose Confortable o próspera [Document text truncated for crawler view.]