scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La escuela de la Gurueba y el inicio de la Educación Compensatoria

Gutiérrez Fernández, José Nicasio

Full text

http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº29 junio 2023, págs.237-238 DOI: https://doi.org/10.35072/CABAS.2023.31.41.012 -237La escuela de la Gurueba y el inicio de la Educación Compensatoria The Gurueba school and the beginning of Compensatory Education José Nicasio Gutiérrez Fernández (IES Marqués de Santillana de Torrelavega, España) La fotografía está tomada entre 1984 y 1985 en el único puente que permitía acceder, desde la carretera que iba a Vega de Pas, a La Gurueba (en Cantabria, España), en concreto a la ermita del Carmen, a unas pocas cabañas pasiegas y a la escuela. Después de cruzar el puente había que andar unos cientos de metros por un sendero entre árboles y prados. Cuando el río no se lo llevaba, había un puente de madera que lo cruzaba a la altura del barrio, evitando así el desplazamiento. En ese lugar ahora hay un puente permanente. Yo por ahí cruzaba el río los días que no había mucho caudal. En ocasiones, cuando me olvidaba las botas, me prestaba unas katiuskas el vecino de una casa cercana. Me acompaña en la foto un pasiego de la zona con el que, seguro, que estoy intercambiando la típica conversación sobre el tiempo, el río… La fotografía la hizo o mi compañera Paquita Peña o quizás otro compañero o compañera de Educación Compensatoria. http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº29 junio 2023, págs.237-238 DOI: https://doi.org/10.35072/CABAS.2023.31.41.012 -238Los Programas de Educación Compensatoria se organizaron por las Direcciones Provinciales de Educación a partir de la victoria socialista en las elecciones de 1982. Marcos Caloca, director provincial de Cantabria en esos años, los centró principalmente en la atención a la escuela rural y menos al ámbito urbano deprimido. La escuela del mundo rural presentaba en Cantabria un panorama desolador. Baste decir que una de las actuaciones fue la de dotar a la mayoría de las escuelas de estufas de leña para minimizar los fríos invernales. Pero el desarrollo psicopedagógico fue espectacular. Se aportaron medios tecnológicos en cantidad y calidad. Recuerdo que, en la escuela de Pandillo, cuando pusieron la luz en el pueblo se pasó de la noche a la mañana (nunca mejor dicho), del pizarrín al video y la televisión. Centros de Recursos por todas las zonas. Diferentes actuaciones de apoyo a los docentes. Estancias del alumnado en zonas costeras. Y actuaciones señeras como la Escuela de Verano y la revista Quima. Los equipos docentes destacaron por su entusiasmo pedagógico, por creer en el poder transformador de la educación y en la necesidad de la renovación docente. De todos ellos guardo grandes recuerdos. Destacó sobre todo Miguel Martín, que comenzó y coordinó el programa y que falleció trágicamente en un accidente de tráfico al poco de inaugurarse la autovía Torrelavega-Santander. En octubre de 1984 entré a formar parte del Equipo de Atención Psicopedagógica, encargándome de las escuelas unitarias de Vega de Pas y de la zona del pantano del Ebro, junto con Paquita Peña. De otras zonas se encargaban Javier Flor, Enrique Torre y María Ángeles Fernández. Formábamos un equipo impresionante: intercambiando medios y recursos, sin escatimar esfuerzos, buscando lo innovador… La escuela de la Gurueba, como la mayor parte de las escuelas de la zona, era unitaria de las de verdad: de 1º a 8º de EGB todos con la maestra Pilar. El alumnado bajaba de las cabañas de alrededor. Algunos aprovechaban para acercar la leche al camión de recogida. Yo me encargaba de apoyar a los que presentaban dificultades de aprendizaje, generalmente retrasos en la lectoescritura. Siguiendo lo establecido en la época, trabajaba especialmente con fichas, que, además de tratar las grafías de manera pausada, tocaban los aspectos que en esa época se consideraban necesarios para alcanzar la madurez lectora: esquema corporal, motricidad fina y gruesa, coordinación visomotora, etc. En la foto, en la mano derecha llevo la documentación con el seguimiento del alumnado y las fichas que habían realizado; en la mano izquierda, juegos con los que completaba las actividades con las fichas. Al comienzo de la siguiente década, en un curso para Equipos Psicopedagógicos en Madrid nos hablaron de la competencia lectora y de la importancia de la conciencia fonológica, incluyendo dentro de él la madurez lectora. Ya en otros destinos empecé a ampliar las actuaciones con las nuevas teorías. Después de cuarenta años, mantengo recuerdos muy gratos de mi estancia en Educación Compensatoria, de los desplazamientos a La Gurueba y al resto de escuelas y sobre todo del trabajo con el alumnado y los docentes, el esfuerzo de los equipos por la innovación educativa y la apuesta decidida en la educación como motor del progreso social.