Condon, Bill(2004). Kinsey. Película
Full text
1 ISSN 3045-5650 * Correspondencia a / Correspondence to: Josune Delgado. Investigadora independiente–[email protected]–http://orcid.org/0009-0002-4907-3713. ISSN3045-5650 / © UPV/EHU Press 2025 Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional Papeles de Identidad, 2025/2 http://doi.org/10.1387/pceic.27442 PaPel crítico 105 Josune Delgado* Investigadora independiente Kinsey Género: Drama | Biográfico Dirección: Bill Condon Duración: 118 mins. Nacionalidad: Estados Unidos Año: 2004 Kinsey (2004) es una película biográfica dirigida por Bill Condon que narra la vida y obra del científico del sexo Alfred Kinsey. La película trata sobre el cambio de percepción pública y privada del sexo, la sexualidad y el género, efectuada a mediados del siglo xx en los Estados Unidos gracias al estudio científico del Instituto de Investigación Sexual dirigido por Kinsey. Los trabajos recogidos en el llamado Informe Kinsey fueron publicados en los años 1948 y 1953 respectivamente. Nos situamos en un Estados Unidos puritano y conservador, heredero de una época marcada por la persecución de todo tipo de vicios y desviaciones por parte de movimientos sociales e institucionales muy poderosos. En Inglaterra y en Estados Unidos se impuso la conocida, y aún vigente y disputada, moral victoriana, a través de campañas educativas y políticas que buscaban fomentar la castidad, erradicar la prostitución y desalentar la masturbación, especialmente entre los jóvenes (Mac y Smith, 2020). Estas desviaciones eran asociadas con múltiples amenazas. Por ejemplo, en el ámbito médico se defendía que la masturbación causaba locura, ceguera o epilepsia (Laqueur, 2003), y la prostitución se vinculaba a la transmisión de enfermedades venéreas (González, 2013). La película muestra este contexto de represión sexual en el que creció Kinsey y su crianza en una familia protestante. Kinsey revela con sutileza la persecución a la que fueron sometidas aquellas comunidades eróticas cuyas actividades no encajaban con el sueño americano de la posguerra. En este entonces existía un ánimo de reprimir todo movimiento o práctica de liberación, y se perseguía y demonizaba a todo aquel identificado como enemigo de la moral social de entonces. De esta manera, se caracterizaba a los homosexuales y a los comunis-
Josune Delgado 2 Papeles de Identidad, 2025/2, 1-6 tas como el origen de todo mal, lo que se refleja en escenas como la del minuto 89’32’’ cuando empiezan a sospechar sobre la ideología política del profesor como consecuencia de la publicación de su primer informe y sus propias prácticas sexuales íntimas libertarias y pansexuales. En tensión con el contexto represivo del siglo xix, aparecen las ideas de Sigmund Freud (1856-1939) que ponen en el centro de la conducta humana el deseo y la problemática sexual con trabajos como Tres ensayos sobre teoría sexual (1905). Gracias a ello la ciencia occidental comenzó a abrirse al tema, y a partir de los años 20 empezaron a realizarse estudios sobre el sexo en EE. UU. en el seno del Committee for Research in the Problems of Sex (Bullough, 1998). La película muestra cómo Kinsey se encontraba en el núcleo de esas nuevas líneas de investigación, pues cumplía los requisitos necesarios de legitimación social: era un científico de laboratorio, un biólogo con doctorado de Harvard y un experto internacionalmente reconocido. Además, se ve expuesto por su compromiso personal con emprender un proyecto de trabajo de campo mediante entrevistas personales basadas en el respeto y la empatía, en el que los/as participantes, el sexo y la sexualidad fueran los protagonistas. En ese momento histórico ese tipo de acercamientos desde la tolerancia no eran tan comunes, ya que la sexualidad era un tema tabú que se abordaba desde la educación eclesiástica y la represión moral. La película recoge el carácter casi fortuito y azaroso del comienzo del estudio de la sexualidad por parte del profesor, tras completar su análisis sobre avispas. Profesores y directivos de la Universidad de Indiana donde impartía clases comenzaban a debatir la posibilidad de un curso introductorio sobre matrimonio, que finalmente el propio Kinsey acabó liderando. No obstante, en escenas como la del minuto 32’40’’ se muestra que antes de la aparición de estos cursos, la discusión académica sobre la sexualidad humana estaba confinada a las conferencias en materia de higiene. El enfoque patologizante y reprobatorio de esas conferencias enfatizaba en los peligros de las enfermedades de transmisión sexual y la masturbación. La raíz de estos postulados la encontramos en obras como L’Onanisme de Samuel Auguste Tissot (1760), que dejaban como legado para los siglos venideros que el interés «prematuro» por el sexo perjudicaría la salud y la maduración de un niño (Perdiguero Gil; González de Pablo, 1990). En base a ello se legitimaban prácticas abusivas para proteger a los jóvenes de la excitación prematura. En el minuto 73’13’’ el propio padre de Kinsey revela que fue víctima de este tipo de medidas correctivas, lo que nos hace intuir el origen de su sintomático carácter punitivista. En el caso de los niños, los progenitores ataban a sus hijos por la noche para que no se tocaran. Para las niñas onanistas el castigo era irreversible: los médicos extirpaban sus clítoris (citado en Rubin, 1984). La película muestra la tensa relación existente entre el profesor de la asignatura higienicista y el propio Kinsey. Este personaje representaría a Thurman Rice, un profesor de bacteriología que había escrito sobre el sexo desde una perspectiva eugenésica y que durante años había impartido las conferencias sexuales en el curso obligatorio de higiene. En ellas separaba a hombres y mujeres y defendía ideas tales como las de Tissot (Bullough, 1998). Las campañas represivas del siglo xix, anteriores al contexto educativo de la película, llevaron a cabo la medicalización de la sexualidad, y convirtieron el sexo en un problema de salud pública, de degeneración racial y de control social (Foucault, 2003/1976). Por ejemplo, médicos como John Harvey Kellogg (1888) en Estados Unidos promovieron tratamientos drásticos contra la masturbación, como la aplicación de ácido en los genitales o la circuncisión
Papel crítico 105 http://doi.org/10.1387/pceic.27442 3 sin anestesia, argumentando que masturbarse causaba locura, epilepsia y muerte prematura. En paralelo, en Inglaterra, las Leyes de Enfermedades Contagiosas (Contagious Diseases Acts, 1864-1886) permitían detener y examinar forzosamente a mujeres sospechosas de prostitución para «proteger» a los hombres, especialmente soldados, de enfermedades venéreas, tratando la sexualidad femenina como un foco patológico a erradicar (Mac y Smith, 2020). Así, la escuela, la familia y el Estado intervinieron en la vida íntima a través de manuales de higiene, campañas de pureza y educación moral, especialmente dirigidas a mujeres, jóvenes y clases trabajadoras. En cuanto a la cuestión racial, en el minuto 36’05’’, el profesor Rice menciona en una de sus clases que la falta de autocontrol sexual es asunto de animales y «negros». Este tipo de juicios sobre la sexualidad copaban el discurso científico colonial y servían de fundamento a la opresión de las personas afrodescendientes y su consideración de «raza inferior» (Balibar y Wallerstein,1991). Por el contrario, Kinsey defendía que el sexo y la sexualidad humanas debían ser abordadas desde una mirada no moralista, y adoptaba un enfoque holístico y científico para estudiarlos, incluyendo dentro del sexo todas las prácticas sexuales individuales o compartidas, los deseos y las emociones. De hecho, la propuesta de Kinsey se caracteriza por analizar el sexo como un científico taxonomista interesado en clasificar y describir, y no como un reformador o político. Del mismo modo que durante su primera etapa profesional reúne meticulosamente un millar de muestras de avispas para poder desarrollar sus hipótesis, su creencia en la cantidad pura y en la cuantificación sigue presente en esta segunda etapa dedicada al sexo. Las más de siete mil historias sexuales recopiladas a bordo del Instituto dan cuenta de su compromiso científico con la conducta como la base legítima para una ciencia del sexo (Gathorne-Hardy, 2000). No obstante, su enfoque funcionalista consistente en entender el orgasmo como una medida de cuantificación de la experiencia sexual priorizaba una dimensión fisiológica-biológica frente a la dimensión psicológica, cultural o afectiva de la sexualidad. La visión de Kinsey, al centrar el orgasmo como un indicador objetivo y cuantificable, resulta reductiva cuando se contrapone a enfoques más complejos como los planteados por Gayle Rubin. Esta autora, desde una perspectiva feminista y antropológica, nos recuerda que la sexualidad es un campo socialmente construido, atravesado por jerarquías, normas culturales, sistemas de poder y discursos morales. La sexualidad está cargada de significados culturales, normas de género y estructuras de control social que crean categorías de «buen sexo» y «mal sexo», dimensión que Kinsey, en su enfoque cuantitativo, deja de lado (Rubin, 1984). En contraposición a la búsqueda de una biometría sexual como la de Kinsey, Su proyecto biométrico, aunque disruptivo frente a la moral sexual dominante, reproduce ciertas aspiraciones de objetividad propias del cientificismo de su época. En este sentido, Rubin (ibid.) no niega la importancia de los datos empíricos, pero advierte que la sexualidad no puede entenderse exclusivamente desde lo biológico o lo fisiológico, pues se trata de un campo profundamente atravesado por el poder y la cultura. Esta crítica puede ponerse en diálogo con debates más amplios surgidos a finales del siglo xx, como los que rodean a la sociobiología, una corriente que buscó reintroducir explicaciones biologicistas en las ciencias sociales. Aun así, la película también recoge que el interés de Kinsey va más allá de un mero enfoque científico. Su vida personal y la de sus colegas universitarios entran en juego en el ámbito de la investigación: él mismo se autodenominaba bisexual y propugnaba que la experimentación fuese desarrollada en el seno del grupo de trabajo, ya que se esperaba y promovía que
Josune Delgado 4 Papeles de Identidad, 2025/2, 1-6 los miembros masculinos, aun casados, participaran en actividades sexuales entre ellos y con las esposas de los demás, incluyéndose obviamente a Clara, la esposa del propio Kinsey. El resultado del trabajo llevado a cabo por su equipo se materializó en los dos conflictivos y estimulantes volúmenes de los que hemos hablado y que componen el conocido como Informe Kinsey. El primero, El comportamiento sexual en el hombre (1948), fue recibido con asombro y fascinación por la sociedad estadounidense, ya que rompía con los mitos predominantes sobre la sexualidad humana. Por primera vez, un científico de prestigio documentaba la diversidad del comportamiento sexual, revelando prácticas sexuales de los hombres que se alejaban de las normas y expectativas hegemónicas. Kinsey documentó la prevalencia de la masturbación, las experiencias homosexuales, el sexo prematrimonial y extramatrimonial, así como una amplia variedad de prácticas más que eran reprobadas públicamente por la sociedad, pero llevadas a cabo en la intimidad sexo afectiva. El segundo volumen, El comportamiento sexual en la mujer (1953), no fue tan bien recibido, pues ponía en jaque los ideales tradicionales de la feminidad. Como la propia película señala en voz de Clara, la esposa de Kinsey, en el minuto 91’46’’, este segundo volumen fue más incendiario y controvertido porque mostraba que las mujeres, sujetos de la pureza y castidad, también eran adulteras, onanistas y lesbianas. Demostraba que las suposiciones sobre la «naturaleza femenina» eran un entramado de mitos culturales sin base empírica, pues ellas, al igual que ellos y en contradicción con lo que la cultura hegemónica patriarcal propugnaba, tenían deseo y ejercían su sexualidad. Algunas autoras, como Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1999/1949), Judith Butler en El género en disputa (2007/1990) o Paul B. Preciado en Manifiesto contrasexual (2002), han reflexionado, desde enfoques diversos, sobre la construcción histórica y cultural de la feminidad, contribuyendo a desmontar estas ideas esencialistas. Fue tal el revuelo que causó que tras su publicación la Fundación Rockefeller decidió retirar definitivamente su financiación al proyecto de Kinsey y su equipo. En el minuto 29’38’’ aparece una alumna que alega tener la culpa de la imposibilidad de mantener relaciones sexuales con su marido por ser diagnosticada «frígida». El Manual MSD denomina «disfunción sexual femenina» y «trastorno de excitación o interés sexual» a la frigidez, y según el mismo, lo «sufren» aquellas mujeres que «tienen poco o ningún interés en el sexo y no responden de manera subjetiva o física a la estimulación sexual» siempre que dicha «carencia» les genere agobio o angustia (Conn y Hodges, 2023). Merecería ahora que nos preguntáramos, ¿qué es lo contrario a ser frígida? Es decir, ¿cómo se le llama a aquella mujer que muestra un alto interés sexual? Hoy en día esta «inclinación sexual femenina» sigue vinculándose a la idea de ser «promiscua» o dicho en los términos vulgares comunes «una guarra» o «una puta». A lo largo de toda la película aparece la palabra frígida en escenas como aquella en la que se encuentran dos alumnos casados frente a Kinsey pidiéndole consejos sobre coito matrimonial. En este «soy frígida», que la esposa y alumna revela, se refleja la operatividad del «estigma puta». El «estigma puta» actúa como un mecanismo de control que tiene por objetivo dividir a las mujeres entre malas y buenas según su reputación sexual (Sánchez Perera, 2023). Por un lado, se encuentran las «santas» o mujeres buenas, que serían las madres, esposas y vírgenes; por otro, están las «putas», que incluyen a cualquier mujer que haya cruzado las normas sociales de conducta sexual femenina. El estigma, según Erving Goffman (2006/1963), es un fenómeno social de desacreditación que se produce cuando una persona
Papel crítico 105 http://doi.org/10.1387/pceic.27442 5 posee una característica que es leída en sociedad de forma negativa o desprestigiadora. En el caso del «estigma puta» tiene en su base la idea de que el valor de las mujeres se encuentra en su sexo, concretamente en su vagina, pues es esencialmente transexcluyente, aunque de facto afecte a todas las personas leídas como mujeres. Se asocia a «la mala mujer», aquella que ejerce su sexualidad libremente más allá de las normas, y contribuye a mantener la definición patriarcal de los roles masculinos y femeninos. Esta mala mujer, cuya vida traspasa la frontera de la normatividad sexual femenina, es identificada socialmente como «contaminada». Por lo tanto, las consecuencias de ser llamada «puta» eran y son fatales. Teniendo en cuenta la represión del deseo sexual que se imponía a las niñas y mujeres en los años 50, y el hecho de que su respeto social era dado en función de los valores de castidad y pureza, resulta muy difícil imaginar que pudieran tener una relación positiva con su sexualidad. De hecho, el «estigma puta» sigue teniendo un fuerte eco hoy en día, ya que las mujeres que no se ajustan a las normas heteronormativas o patriarcales continúan siendo estigmatizadas y castigadas socialmente. Las más castigadas son las trabajadoras sexuales, representadas como las grandes aliadas del patriarcado desde sectores abolicionistas herederos de la moral victoriana. Así, las posturas abolicionistas, iniciadas en las cruzadas morales del siglo xix, ejecutan el estigma puta y despojan a la trabajadora sexual de sus derechos laborales, económicos y sociales en base a una consideración moral castigadora del ejercicio de la libertad sexual femenina. Finalmente, la película muestra cómo el profesor Kinsey se enfrentó a la rigidez de los códigos sexuales de la época, y desafió las expectativas tradicionales sobre el comportamiento sexual. Según Gathorne-Hardy (2000) resulta difícil exagerar lo impactante que fue el retrato de la sexualidad polimorfa que Kinsey ofreció en una cultura estadounidense dedicada a los binarios y propensa a juicios severos sobre las transgresiones normativas. Sin duda una de sus grandes contribuciones fue señalar la brecha existente entre la ideología hegemónica y el comportamiento de las personas. Asimismo, desvelar que la mayoría de las personas practicaban actividades sexuales contrarias a la moral proclamada fue para alguna gente, como en el caso del personaje de la mujer lesbiana del minuto 146:40, una suerte de alivio y llamado a vivir bajo decisiones libres. En conclusión, Kinsey revive la historia de un pionero en la investigación sexual y nos invita reflexionar sobre los prejuicios y estigmas en torno al sexo, la sexualidad, la orientación sexual y el género con los que actualmente continuamos lidiando. REFERENCIAS Balibar, É., y Wallerstein, I. (1991). Raza, nación y clase: las identidades ambiguas. IEPALA. Bullough, V. L. (1998). Alfred Kinsey and the Kinsey report: Historical overview and lasting contributions. The Journal of Sex Research, 35(2), 127-131. Beauvoir, S. de. (1999/1949). El segundo sexo. Cátedra. Butler, J. (2007/1990). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Ediciones Paidós. Conn, A., y Hodges, K. R. (2023). Trastorno del interés sexual/excitación. Manual MSD.
Josune Delgado 6 Papeles de Identidad, 2025/2, 1-6 Foucault, M. (2003/1976). Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber. Siglo XXI Editores. Freud, S. (1905). Tres ensayos sobre teoría sexual. En Obras Completas (pp. 109-224). Editorial Amorrortu. Gathorne-Hardy, J. (2000). Sex: The Measure of All Things: A Life of Alfred C. Kinsey. W.W. Norton & Company. Goffman, E. (2006/1963). Estigma: La identidad deteriorada. Amorrortu. Kellogg, J. H. (1888). Plain facts for old and young: Embracing the natural history and hygiene of organic life. F. Segner & Co. Mac, J., y Smith, M. (2020). Putas insolentes: La lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales. Traficantes de Sueños. Perdiguero Gil, E., y González de Pablo, Á. (1990). Los valores morales de la higiene. El concepto de onanismo como enfermedad según Tissot y su tardía penetración en España. Revista de Historia de la Psicología, 11(3), 217-230. Preciado, P. B. (2002). Manifiesto contrasexual. Ópera Prima. Rubin, G. (1984). Thinking sex: Notes for a radical theory of the politics of sexuality. En C. Vance (Ed.), Pleasure and danger (pp. 267-319). Routledge y Kegan Paul. Sánchez Perera, P. (2022). Crítica de la razón puta: cartografías del estigma de la prostitución. La Oveja Roja.