SANTACANA TORRES, Carles (ed.), Europa en España. Redes intelectuales transnacionales (1960-1975), Sílex, Madrid, 2022, 424 p.
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1128 Historia Contemporánea, 2024, 76, 1128-1130 HC ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277 Historia Contemporánea, 2024, 76, 1128-1130 https://doi.org/10.1387/hc.25882 SANTACANA TORRES, Carles (ed.), Europa en España. Redes intelectuales transnacionales (1960-1975), Sílex, Madrid, 2022, 424 p. Uno de los mantras más repetidos en la historiografía que heredamos los primeros investigadores sobre la dictadura franquista en los años ochenta era que la idea del aislamiento del régimen tras la condena por Naciones Unidas de la dictadura franquista por su carácter «fascista», según reza textualmente la declaración aprobada por la Asamblea general en diciembre de 1946, era un punto de partida indiscutible para cualquier análisis del periodo, que además le imprimió carácter a un régimen que a pesar de su posterior aunque parcial integración en Occidente siempre fue «diferente» según rezaba la propaganda turística del propio Ministerio de Información y Turismo. El régimen español era distinto, tenia una historia trágica detrás que nos alejaba de Europa, y la historia del antifranquismo político y sociológico era la lucha por intentar salvar ese gap con el entorno europeo, convertirnos al fin en un país normal, que hubiera superado esa diferencia causada por un aislamiento indeseado que nos había alejado de nuestro ecosistema natural. Franco supo explotar muy bien esa condena internacional, envolviéndose con la bandera española y lanzando un discurso fieramente nacionalista y xenófobo, argumentos siempre bien recibidos en una parte importante de la población que asume la singularidad de España y su historia como parte del ADN propio de lo español frente a sus críticos (la leyenda negra…). Ese aislamiento de España nunca fue completo, pues los países del entorno se cuidaron muy mucho de asegurar a Franco que no se iba a realizar ninguna intervención armada y que la condena tenía mucho de estar forzada por las circunstancias. Sólo Francia, muy marcada por la experiencia propia y las peculiaridades de la vecindad mantuvo un discurso más duro e impuso el cierre de fronteras. Con todo, es innegable que la España de Franco en la posguerra mundial se convierte en un país sometido a fuertes restricciones políticas y hasta cierto punto económicas y que ello se mantiene hasta finales de 1948, momento en que el estallido de la guerra fría —especialmente decisivo es el bloqueo de Berlín— permite que la España de Franco ya no se vea como una amenaza sino como los restos de las cenizas del fascismo de entreguerras mezcladas con los rasgos tan españoles del viejo catolicismo de sacristía y el militarismo de raíz decimonónica impuesto a una sociedad inerte y vacía tras la guerra. Sin embargo, que las restricciones propias de la censura previa y la dificultad de viajar al extranjero fueran un hecho hasta bien avanzada la década de los sesenta, no impide admitir que en los cincuenta, unas minorías cada vez más amplias fueran conscientes de los debates culturales y sociales de la Europa de esos años. Uno de los objetivos que los historiadores debemos plantearnos al analizar la relación entre España y Europa en estos largos y oscuros años de dictadura fran-
Reseñas de libros https://doi.org/10.1387/hc.25882 1129 quista ha de ser mostrar cómo a pesar de la evidente desconexión entre una Europa occidental que, con todas sus limitaciones del marco de la guerra fría, tiene un amplio margen de libertad social y política y una España que carece de ella, se establecen vínculos entre la sociedad española y su entorno europeo, y por lo tanto que debemos contemplar la historia europea de los años de la posguerra mundial contando con España (y Portugal también) incidiendo en los intercambios e influencias mutuas, dejando de ver a los países de la península ibérica como convidados de piedra de procesos externos a sus moradores. Creo que ese esfuerzo se ha hecho y se sigue haciendo y ya no son tantos quienes excluyen a los países ibéricos, aunque siguen siendo los grandes ausentes de las iniciativas académicas europeas. En el caso de este volumen coordinador por el profesor de la Universitat de Barcelona Carles Santacana, esa interacción se establece en el marco del segundo franquismo, periodo sinuoso y complejo donde los haya, en donde los contornos de la represión, si bien ésta es omnipresente, se suavizan y un presunto discurso integrador (que no de reconciliación) se enseñorea del régimen, pretendiendo identificar la España en proceso de desarrollo de los años sesenta, como el fruto maduro del 18 de julio. Es la España que se intenta cantar a lo largo de los interminables actos de los XXV años de paz. En ese sentido, que la obra se centre en la segunda mitad del régimen es uno de los aspectos más relevantes del volumen por lo que tiene de aporte a la conformación de un discurso historiográfico que suma conocimiento y nuevas perspectivas al panorama existente. Ese es el propósito del proyecto de investigación encabezado por el profesor Santacana, que junto con los previos disfrutados con el grupo supone una trayectoria sólida y amplia en el tiempo haciendo aportes en torno a la cultura bajo el franquismo y que ha dado lugar, entre otro frutos, a este volumen en donde convergen los trabajos de los miembros del equipo y otros colaboradores en sus iniciativas académicas. El libro está estructurado en torno a dos partes bien diferenciadas: la primera dedicada al papel de los sectores de las «fuerzas de la cultura», es decir, intelectuales, escritores, universitarios, etc presentándolos como el necesario puente con el resto de la cultura y producción intelectual europea. La segunda, por la mirada desde el exterior hacia la España de Franco desde partidos y movimientos de solidaridad con el antifranquismo, lo que crea dos polos claros de aproximación a esta interacción. Por la primera parte desfilan los proyectos editoriales, y el mundo de la traducción de la mano del propio Santacana, o de Elizabeth Ripoll (que se centra en la formidable aventura de Alanza Editorial), y en el plano más político la evolución del comunismo español y su relación con los cambios del concilio Vaticano II, las redes trasnacionales del catolicismo a través de teólogos como Metz o la influencia de la DC italiana en el catolicismo crítico; también el impacto del 68 en el movimiento libertario español. Estos estudios vienen de nombres tan só-
Reseñas de libros 1130 Historia Contemporánea, 2024, 76, 1128-1130 lidos como los de Julio de la Cueva, Joseba Louzao, Giovanni Cattini o Teresa Abelló, respectivamente. Más micro es el estudio que Sebastià Serra dedica a la peculiar y con sede en Mallorca Fundación Europea Dragan, que se combina con la atención a figuras literarias y culturales de la talla de Josep M. Castellet (Teresa Muñoz Llobet), Joan Fuster (Ferrán Archilés), a los que se une el estudio de Antoni Marimón sobre la influencia europea en los tebeos del tardofranquismo, analizados de forma detallada. En todos los casos se busca incidir en la visión trasnacional de los procesos de cambio político y social en España, superando una visión aislada y autónoma de dichos procesos. La segunda parte del libro se articula como decía en torno a la iniciativa exterior ante el antifranquismo interior, y en ella no sólo encontramos aproximaciones a temas estrictamente políticos, como el capítulo de Andreu Mayayo y Paola Lo Cascio sobre el papel de los comunistas en las redes europeístas que apoyaban a España, el estudio de las acciones internacionales del PCE y de Dolores Ibárruri en los primeros setenta que realiza David Ginard sino también estudios culturales muy significativos como el de Francesc Foguet sobre el escritor y director de escena Ricard Salvat o el de Javier Muñoz Soro sobre la acción contraizquierdista de la diplomacia franquista en Italia y su interacción con el entorno. De nuevo en esta parte hay otra reflexión sobre el comic español elaborado en Francia que nos proporciona Francisca Lledó. Son aportes relevantes por sí mismos —unos más amplios y significativos, otros más micro— pero que, vistos en su conjunto, constituyen una visión compleja y sugerente que resulta imprescindible junto a otros volúmenes recientes, para comprender esa interacción que ayuda a explicar cómo esa España aislada salió de la dictadura con unos irreprimibles afanes de integración en Europa y una vocación intelectual y cultural en absoluto ajena a las grandes corrientes culturales, políticas y sociales que habían atravesado las tres décadas anteriores de historia europea. Miguel Ángel Ruiz Carnicer