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ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277
HC
His o ia Con empo ánea, 2022, 69, 399-434
h ps://doi.o g/10.1387/hc.23078
El ca olicismo polí ico:
una nuE a p EsEncia En la polí ica Española (1922-1936)
Poli ical ca holicism: a New P eseNce iN sPaNish Poli ics
(1922-1936)
Ca los M. Rod íguez López-B ea*
Uni e sidad Ca los III de Mad id
EsumEn: El p esen e abajo indaga en una cul u a polí ica especí ica, que alcanzó ue za y i-
sibilidad en la España de en egue as: el ca olicismo polí ico, concep o p e e ido a los más equí o-
cos de «ca olicismo social» y «democ acia c is iana». Sus máximos ep esen an es ue on segla es
muy inculados a las je a quías ca ólicas, que se decla a on en gue a cul u al con a las polí icas
secula izado as de la mode nidad —muy e iden es du an e la II República—, con la peculia idad
de que sus di igen es asumie on las eglas del juego del sis ema demolibe al que que ían de iba .
Se a a án aspec os como la ideología, las es a egias polí icas, las acciones de mo ilización, la so-
ciabilidad o la o ganización in e na del ca olicismo polí ico —ejempli icado en la CEDA—, y se
p opond á una di isión del mismo en e ecnóc a as y sociales.
PALABRAS CLA E: Ca olicismo polí ico; Pa icipación polí ica; CEDA; Muje es y polí ica; Se-
gunda República.
Abs Ac : he p esen wo k in es iga es a speci ic poli ical cul u e ha achie ed s eng h and
isibili y in in e wa spain: poli ical ca holicism, a be e concep ha he mos equi ocal ones o
«social ca holicism» and «ch is ian democ acy». spanish poli ical ca holicism eme ged as a e-
ac ion o secula people closely linked o ca holic hie a chies, who decla ed a cul u al wa agains
he secula izing policies o mode ni y, wi h he peculia i y ha hei leade s assimila ed he ules
o he demo-libe al sys em ha hey wan ed o ea down. Pa e ns as ideology, poli ical s a egy,
mobiliza ion ac ions, sociabili y, o he in e nal o ganiza ion o poli ical ca holicism —exempli ied
in he ceDa— will be deal , and inally we will p opose a di ision be ween echnoc a s and socials
ca holics.
Keywo Ds: Poli ical ca holicism; Poli ical Pa icipa ion; ceDa; women and poli ics; second
spanish epublic.
* Co espondencia a / Co esponding au ho : Ca los M. Rod íguez López-B ea. Uni e sidad Ca los III de Mad id, Facul-
ad de Humanidades, Comunicación y Documen ación. Depa amen o de Humanidades: His o ia, Geog a ía y A e. Calle
Mad id, 126 (28903 Ge a e-Mad id) – [email p o ec ed] – h ps://o cid.o g/0000-0002-6775-4590
Cómo ci a / How o ci e: Rod íguez López-B ea, Ca los M. (2022). «El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí-
ica española (1922-1936)», His o ia Con empo ánea, 69, 399-434. (h ps://doi.o g/10.1387/hc.23078).
Recibido: 22 sep iemb e, 2021; acep ado: 9 ene o, 2022.
ISSN 1130-2402 - eISSN 2340-0277 / © 2022 His o ia Con empo ánea (UPV/EHU)
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C ea i e Commons A ibución-NoCome cial-SinDe i adas 4.0 In e nacional
400 his o ia con empo ánea, 2022, 69, 399-434
Ca los M. Rod íguez López-B ea
1. El ca olicismo polí ico español an es de 1931
El ca olicismo polí ico ue un mo imien o polí ico de de echas que
eme gió en la Eu opa de en egue as, singula men e en I alia, Bélgica o
Alemania. Su gió como un ins umen o de de ensa de los in e eses ca óli-
cos, amenazados po las polí icas secula izado as del Es ado mode no; en
líneas gene ales, se decla ó enemigo del indi idualismo libe al y del es a-
ismo ascis a, no ue pa lamen a is a y sí co po a i is a, y conside ó ba-
allas p escindibles asun os como la de ensa de la mona quía, los p i ile-
gios de las eli es o los ue os e i o iales. P esen a así unas ca ac e ís icas
especí icas que le di e encian del conse adu ismo libe al, del adiciona-
lismo/in eg ismo y del ascismo, o as co ien es signi ica i as de las de-
echas en aquel iempo1.
Habla de «ca olicismo polí ico» sigue esul ando p oblemá ico en
España, siendo es e é mino sus i uido po o os pa ecidos como «ca oli-
cismo social» o «democ acia c is iana». A nues o juicio es a equi alen-
cia es imp opia. «Ca olicismo social» emi e a una línea del apos olado
ca ólico pa icula men e p eocupada po las injus icias sociales c eadas
po el capi alismo libe al y po los pelig os de la al e na i a socialis a;
el ca olicismo social aspi a a ecupe a la a monía social median e ó -
mulas pac is as y co po a i as, pe o no es un mo imien o polí ico, sino
una mane a de en ende el apos olado ca ólico a la luz del magis e io de
León XIII, que en España se desen ol ió en escena ios apa idis as como
Acción Ca ólica o el sindicalismo ca ólico. «Democ acia c is iana» es un
concep o equí oco, cuyo uso más ex endido, pos e io a 1945, iden i ica
una co ien e polí ica de inspi ación c is iana —aunque acon esional—
1 B ezzi, 1979; Lönne, 1991; Du and, 2002; iaene, 2005. La ca ego ía «ca olicismo
polí ico» se aplica al conjun o del con inen e eu opeo y no iene base exclusi a en el pe-
íodo de en egue as, pudiéndose emon a sus o ígenes al úl imo e cio del siglo x i x . En-
e los pa idos eu opeos iden i icables con lo que llamamos «ca olicismo polí ico» es a ían
el Zen um alemán (1870), la e íme a Unión ca ólica de España (1881), el Pa i ca ho-
lique en Bélgica (1884) o el Ka holisch-Konse a i e Pa ei de Schwi ze land de Suiza
(1912). Con una línea más social es a ía el ch is ene Volkspa ij de Bélgica (1891) o el
ch is lichsoziale Pa ei en Aus ia (1891). En el pe íodo de en egue as hubo un nue o
impulso de pa idos ca ólicos, siguiendo el modelo del Pa i o Popola e i aliano, es el
caso del chadecja polaco, del Pa ido social Popula en España en 1922 o del oomsch-
Ka holieke s aa spa ij holandés en 1926. Un ejemplo a dío se ía acción Popula en Es-
paña (1931-1932), jus i icable po la ex empo ánea p oclamación de la II República espa-
ñola en el con ex o de las democ acias eu opeas.
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
comp ome ida con la de ensa de las libe ades democ á icas y el Es ado
del bienes a 2, siendo p osc i a en países dic a o iales como la España
anquis a3. Ya se hablaba de democ acia c is iana en 1889, año en que
el papa León XIII lanzó un desa ío a los ca ólicos («de oso os depende
que la democ acia sea c is iana; salid de las sac is ías, id al pueblo»), pe o
en aquella época no se p esuponía la acep ación de la democ acia libe al
—un modelo polí ico conside ado an ic is iano—, sino la acción polí ica
de los ca ólicos en de ensa de sus in e eses, asumiendo la necesidad de
ope a en dicha democ acia apelando a la opinión pública. Se e ino Az-
na , undado en 1919 del G upo de Democ acia C is iana, que no ue un
pa ido polí ico, sino un espacio de opinión p omo o del ca olicismo so-
cial, juzgó el pa lamen a ismo democ á ico como «es é il y alsa io», y
p opuso su sus i ución po unas Co es co po a i as4.
Más que en polí ica p opiamen e dicha, los ca ólicos españoles ac-
ua on den o del ma co asocia i o inculado a la Iglesia, que Feliciano
Mon e o denomina «mo imien o ca ólico», y que si úa en es e ien es:
la apos ólica (Acción Ca ólica, aunque no solo), la social-sindical (con-
g esos, cí culos, sindica os, Buena P ensa) y la p opiamen e polí ica, que
ue la más ágil de odas, y que co esponde ía a lo que hemos llamado
aquí «ca olicismo polí ico»5.
2 El documen ado es udio de Wol am Kaise sob e la democ acia c is iana eu opea
emplea el é mino «pa idos ca ólicos» pa a e e i se a los mo imien os polí icos de es e
signo an e io es a 1939, y de «democ acia c is iana» con pos e io idad a 1945. Aunque el
mencionado sea un es udio « ansnacional» y «eu opeo», el espacio que dedica al caso es-
pañol es muy educido (c . Kaise , 2007, especialmen e pp. 12-71).
3 Pila Salomón, g an especialis a en el ema, dis ingue es polos polí icos den o del
mundo ca ólico español del p ime e cio del siglo x x : adicionalismo/in eg ismo, nacio-
nalca olicismo y ca olicismo social, aunque econoce las pode osas conexiones y complici-
dades que hubo en e es as es «subcul u as». Se en iende que lo que aquí llamamos «ca-
olicismo polí ico» co esponde ía a lo que Salomón denomina como «ca olicismo social»,
aunque el ca olicismo polí ico español, ep esen ado po el PSP en 1922 y po AP-CEDA
desde 1932, buscó abso be elemen os nacionalca ólicos y adicionalis as en un p oyec o
polí ico común a odas las co ien es ca ólicas, log ándolo solo en pa e. éase Salomón,
2015, pp. 315-344 y sob e el nacionalca olicismo especí icamen e, Bo i, 2008, pp. 218-
222.4 Bena ides, 1978, pp. 335-370; Toniolo, 1900, pp. 15-27.
5 Mon e o, 2017, pp. 17-23. Ramón Solans encuad a la acción de los ca ólicos en es
campos: asociaciones de ocionales, asociaciones ca i a i as y asociaciones de apos olado
y de p opaganda, como Acción Ca ólica o la in luyen e Asociación Ca ólica Nacional de
P opagandis as (Ramón Solans, 2015, pp. 427-454).
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Po «ca olicismo polí ico» en endemos así la pa icipación de los ca-
ólicos en la ida polí ica en el seno de o ganizaciones de inidas como
«ca ólicas» y que hacen de la de ensa de los p incipios ca ólicos su ele-
men o p og amá ico undamen al, en sin onía con las di ec ices ma ca-
das po la je a quía de la Iglesia nacional y a icana. No inclui íamos en
él aquellos mo imien os polí icos con obje i os al e na i os a la de ensa
de los in e eses ca ólicos: la es au ación moná quica o la cues ión o-
al en el caso del ca lismo, la p imacía de la nación española en los que
Bo i llama «nacionalca ólicos», o la au ode e minación nacional en el
Pa ido Nacionalis a asco (PN -EAJ) o en la Unió Democ à ica de Ca-
alunya (UDC). Los ca ólicos polí icos, además, p opugna on la acción
polí ica legal ( o o, mi in, p opaganda) y enega on de la ía insu ec-
cional, con los ma ices que más adelan e se señala án. Tales ue on las
p emisas del Pa ido Social Popula (PSP) en 1922 y con mayo éxi o,
desde 1931, la o ganización sucesi amen e denominada Acción Nacional
(AN), Acción Popula (AP) y Con ede ación Española de De echas Au-
ónomas (CEDA).
La debilidad del ca olicismo polí ico an es de 1931 se explica pa-
adójicamen e po la o aleza de la Iglesia ca ólica, a o ecida po una
mul i ud de p i ilegios. Los ca ólicos se con en a on con in lui en los
gobie nos de « u no» a a és de la p esión de sus je a quías; solo en de-
e minados momen os, como el deba e de la Ley del Candado o la ame-
naza de la p o es a an icle ical, el asociacionismo ca ólico es imuló la
o mación de ligas ca ólicas de g an po encial mo ilizado , pe o que ca-
ecie on de con inuidad an e la in e mi encia del pelig o «a eo», que poco
enía que e con la explosión socialis a en F ancia, Bélgica o I alia, o los
a aques del Impe io alemán a los ca ólicos (Kul u kamp ), con es ado con
la o mación del Zen um, posiblemen e el pa ido más ep esen a i o del
ca olicismo polí ico eu opeo.
La o mación en España del PSP en 1922 u o más que e con la c i-
sis del égimen libe al que con la exis encia de g a es pelig os pa a los
ca ólicos españoles; quizá po ello se limi ó a se un pa ido de cuad os,
con escasa cohe encia in e na y con obje i os algo con usos, en el que
con i ie on ca ólicos sociales, nacionalca ólicos y adicionalis as he e o-
doxos. En su co a exis encia, el PSP de endió un egionalismo mode ado,
una e o ma ag a ia de pe iles écnicos, un sindicalismo supe ado de la
lucha de clases, la obliga o iedad de la enseñanza ca ólica o la amilia en
su e sión adicional. Aunque el ya clásico es udio de Ósca Alzaga p e-
sen ó al PSP como un con apun o p og esis a a la u u a CEDA, es di ícil
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
segui sos eniendo dicha in e p e ación. La de ensa de un o den ca ólico
y co po a i o y la disposición a compe i acep ando la democ acia libe-
al ue on elemen os comunes en ambas o ganizaciones, y aunque se ha
con on ado el supues o acon esionalismo del PSP con el mayo «cle i-
calismo» de la CEDA, la posición del PSP no esul ó del odo cla a, y en
pa e ue un sub e ugio pa a disimula el ibio apoyo de la je a quía ca ó-
lica al pa ido6.
2. Desmon ando mi os. ni an pací icos ni an nue os
AN, y con más p opiedad, AP y la CEDA, ue on una apues a de en-
si a y eac i a de los ca ólicos con a la República de 1931, cuya inicia i a
pa ió del a icano —no del cle o local, poco habi uado a la con on ación
polí ica7— y que pusie on en ma cha igu as muy ele an es de la Asocia-
ción Ca ólica Nacional de P opagandis as (en adelan e ACNdP), en espe-
cial Ángel He e a, quien eunió de modo ap esu ado a ca ólicos polí icos,
moná quicos al onsinos, adicionalis as e in eg is as, coaligados an e las
elecciones cons i uyen es de junio de 1931. Los esul ados ue on de icien-
es, de modo que el pueblo ca ólico se io en la inédi a esi u a de cons i-
ui se en pe i e ia del sis ema polí ico, hecho sen ido como una agedia8.
La consolidación de un espacio polí ico ca ólico du an e la República
no ue inmedia a. La p ime a es a egia en o ma de «unión de de echas»
6 Alzaga, 1973, pp. 208-220 y 278-304. Sob e la in luencia del Pa i o Popola e i a-
liano en España, un ecien e es ado de la cues ión en Bo i, 2020, pp. 23-40.
7 «Ca a ese ada de Pacelli a Segu a», 29 de ab il de 1931; ASRS, AA.EE.SS,
Pio XI, Spagna, 784, asc. 119, . 20-22. Sob e los ínculos en e la Iglesia ca ólica y AP-
CEDA se suele pensa que, más allá del momen o undacional, la di ección del pa ido ac-
uó con g an au onomía espec o de la je a quía eclesiás ica, pe o esa a i mación es álida
pa a «el día a día», po que subes ima que la San a Sede in e ino en algunos momen os
cla e de la ida de la o ganización. A modo de ejemplo, en ene o de 1933 Gil-Robles iajó
a Roma pa a ob ene del ca denal Pizza do un a al a la ác ica legalis a que iba a sancio-
na la CEDA en su inminen e cong eso undacional («No as de José Ma ía Gil Robles al
ca denal Pizza do», 14 y 16 de ene o de 1933; ASRS, AA.EE.SS, Pio XI, Spagna, 804,
asc. 177, . 65-71. «Polí ica adicionalis a y de Acción Popula . en ajas y des en ajas»,
ASRS, AA.EE.SS, Pio XI, Spagna, 804, asc. 177, . 72-75). En ene o de 1936 el ca denal
Gomá comunicó pe sonalmen e al líde cedis a los «deseos» del Papa de que se alen a a la
unión de los ca ólicos an e las elecciones («Ca a del ca denal Gomá al ca denal Pacelli»,
22 de ene o de 1936; ASRS, AA.EE.SS, Pio XI, Spagna, 876, asc. 252, . 7-8).
8 López illa e de, 2019, pp. 60-71.
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se ago ó muy p on o po las insal ables di e encias en e los coaligados,
que se saldó con el abandono de los moná quicos as el acaso de la San-
ju jada. Los ca ólicos polí icos ue on capaces sin emba go de euni po
sí solos 700.000 adhe idos a comienzos de 1933, un enómeno sin apenas
p eceden es cuya eclosión se explica po la ápida poli ización del ejido
asocia i o que la Iglesia a eso aba (apos olado, de oción, ca idad), mo i-
lizado en una gue a cul u al con a el secula ismo epublicano9. En e e-
b e o y ma zo de 1933 u o luga el cong eso undacional de la CEDA,
esul ado de la asociación de AP de Mad id con las e siones p o inciales
de AP —casi odas ellas con e e encias a «lo popula » o a «lo ag a io»—
y la De echa Regional alenciana (DR ), pa ido au ónomo cons i uido
an es de la p oclamación de la República. La e e ida e a una ó mula
poco habi ual en polí ica, pe o que copiaba el modelo de la ACNdP, con
una es uc u a cen al en Mad id y di e sas iliales en p o incias.
La CEDA se decla ó hos il a la polí ica con encional y se p oclamó
«mo imien o» an es que «pa ido», al conside a que los pa idos e an
«una ígida icción» (la icción de la democ acia libe al, se en iende),
aunque en la p ác ica su ida in e na no se dis inguió demasiado de la de
un pa ido al uso. Los dos pun os que ligaban a los asociados a la CEDA
e an el ca olicismo —en su e sión social sob e odo, pe o con inc us a-
ciones in eg is as y adicionalis as—, y el abs encionismo an e las o -
mas de gobie no, una ó mula menos comp ome ida con la República que
el acciden alismo, esis es a úl ima que el líde cedis a, Gil-Robles, solo
ab azó a mediados de 1934, poco an es de que los ca ólicos en a an en el
gobie no10. Se umo eó incluso que la CEDA se e mina ía decla ando e-
publicana, en sin onía con la posición de endida po di igen es como Gi-
ménez Fe nández o Lucia, pe o el espe ado p onunciamien o nunca u o
luga , po que su máximo líde Gil-Robles p e i ió se delibe adamen e
con uso an e el emo de pe de o os moná quicos. La CEDA enunció
incluso a exhibi cualquie bande a de España en sus mí ines, aunque no
pocos de los asis en es pedían a oces «la bicolo »11.
Enemiga de un Es ado «ex enso» que legisla a en ma e ia de mo al,
de amilia o de enseñanza —al menos, sin pac a lo con los ca ólicos—,
9
Monge y Be nal, 1936, pp. 447-452.
10 Sob e la di e encia en e abs encionismo y acciden alismo, éase Comes, 2009,
pp. 204-206.
11 «T ascenden ales decla aciones de Gil Robles a Ga ci ubio», la Gace a de sala-
manca, 20 diciemb e de 1933.
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
la CEDA se decla ó en cambio de enso a de un «sano» egionalismo
doc inalmen e deudo del adicionalismo y del mellismo. En ma e ia
eligiosa Gil-Robles solo admi ió la hipó esis de un Es ado ci cuns an-
cialmen e acon esional —en ningún caso laico— mien as se man u-
ie a in ac a la «libe ad» de la Iglesia, o sea, el de echo de es a a ense-
ña , p edica , posee y asocia se sin co apisas. La CEDA, sin emba go,
nunca escondió que el Es ado au o i a io y co po a i o que p econizaba
debía es a modelado po la doc ina de la Iglesia, apelando a la mayo ía
ca ólica como la ealidad na u al de España12. La CEDA ue ealmen e
un pa ido con esional donde no cabían mili an es agnós icos o desc eí-
dos13.
El obje i o, en p incipio, e a supe a la democ acia libe al pa a sus-
i ui lo po un o den co po a i o, p oceso que debía se pací ico y paula-
ino, culminado con la conquis a del pode median e el o o. «La sal a-
ción es á en el es ue zo de odos, en la ciudadanía», ase e ó Gil-Robles
en un mi in, al iempo que ad e ía de los iesgos de un golpe mili a ,
po que en sus palab as, « enemos que sal a nos a noso os mismos sin
espe a un Mesías que no llega á»14. Los di igen es ca ólicos dis inguie-
on en e lo posible y lo ideal, y su apelación al medio plazo ue incom-
p endida po o os pa idos de de echas, como Reno ación Española o
la Comunión T adicionalis a, que la cali ica on como una endición an e
la República. La alianza de la CEDA con los epublicanos adicales du-
an e el segundo bienio se p esen ó po la di igencia ca ólica como una
12 La CEDA no ue su icien emen e explíci a a la ho a de p ecisa su al e na i a au o-
i a ia a la democ acia epublicana. En algún momen o pa eció ansigi con una ó mula
mix a, a caballo en e el indi idualismo libe al y el co po a i ismo ca ólico, en el ma co de
una República au o i a ia con amplios pode es del je e de Es ado. En los meses pos e io es
a julio de 1936, Gil-Robles ue mucho más ca egó ico al espec o, al de ende un sis ema
co po a i o de « aigamb e adicional y ca ólico», inspi ado en el es ado No o de Salaza
(c . Gil-Robles, 1937, pp. 15-28).
13 El men o de AP-CEDA, Ángel He e a, ue un e ien e de enso del con esiona-
lismo de pa idos y sindica os ca ólicos (« I Cong eso de la Con ede ación Nacional de
Sindica os Ca ólicos de Ob e os», c uzada ca ólica, n.º 25, diciemb e de 1934). En es a
misma línea, Monge y Be nal dejaba bien cla o que «la esencia, la médula y la en aña de
AP, y como es consiguien e, de la CEDA, es su con esionalismo eligioso». Unos pá a os
más adelan e Monge sos enía que «la CEDA p e ende consegui que se i a las doc inas
de la Iglesia Ca ólica, a cuyo man enimien o y e icacia consag a odos sus es ue zos» (c .
Monge y Be nal, 1936, pp. 470 y 473).
14 «El domingo se celeb ó con g an en usiasmo el p ime ac o de la campaña e isio-
nis a», el Deba e, 20 de oc ub e de 1931.
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solución obligada po las ci cuns ancias, pe o ambién como un paso
más hacia el iun o inal, que se ía i e e sible. El mensaje uncionó
mien as la CEDA c eció en sus expec a i as elec o ales y ue conquis-
ando cuo as de pode , pe o el acaso en las elecciones de 1936 obligó
a cambia lo odo.
Esa de o a a uinó la es a egia legalis a y e idenció que la cúpula ce-
dis a —con excepciones— ambién había explo ado la opción de la ía in-
su eccional pa a de iba la República si es a p esen aba una de i a hacia
la izquie da. Es a al e na i a iolen a, no nue a en la adición ca ólica,
u o su más ce cana jus i icación en un cí culo de es udios de la ACNdP
celeb ado en 1929, en las pos ime ías de la Dic adu a p imo i e is a.
Po aquel en onces, el u u o líde cedis a Gil-Robles, basándose en Bal-
mes y en San o Tomás, sos u o que podía se jus a la insu ección con a
un pode cons i uido si se jun aban es supues os: ce eza de la ilegi imi-
dad del pode igen e, posibilidad de sus i ui lo po o o legí imo y espe-
anza undada en el éxi o de la emp esa, aunque es a ue a iolen a15. T as
un iaje po la Alemania nazi en 1934, Gil-Robles señaló que la iolencia
po sis ema e a ep obable pa a un ca ólico, pe o sí e a admisible la em-
pleada pa a echaza una ag esión16. Tal se ía pa a el g ueso de la CEDA
el caso de la p ima e a de 1936, cuando la supues a ag esión del F en e
Popula con a las de echas ha ía i emediable un le an amien o de en-
si o de es as. Se sabe, sin emba go, que las cosas no ue on exac amen e
así: al menos desde inales de 1935, cuando Gil-Robles ue expulsado del
Gobie no, la di igencia cedis a en e ó el legalismo y se puso al se icio
de un golpe mili a , en la con ianza de que los suble ados e mina ían e-
cu iendo a polí icos a ines pa a ins i ucionaliza el égimen esul an e de
la mili a ada. No ue así y la consecuencia a medio plazo ue la desapa i-
ción de la CEDA, po innecesa ia17. En los meses p e ios al golpe de ju-
lio de 36, di igen es y a iliados ca ólicos o ecie on inanciación y apoyo
logís ico a elemen os sub e si os, incluida la Falange. Conocedo es de
es as acciones, a ios gobe nado es ci iles clausu a on sedes de AP du-
an e la a ídica p ima e a de 1936, e incluso p ac ica on de enciones de
15 «El Cí culo de Es udios de Mad id», acNdP, n.º 80, 20 de no iemb e de 1929.
16 «Sus imp esiones sob e el Cong eso de Nú embe g», c.e.D.a., n.º 10, 30 de sep-
iemb e de 1933.
17 AHN, Fondo Causa Gene al, exp. 40. Gil-Robles econoce en su decla ación en la
Causa Gene al que ecomendó pone se a las ó denes del Ejé ci o a odo aquel que le p e-
gun ó, emon ando sus acciones golpis as a 1935.
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
mili an es ca ólicos po ac i idades clandes inas, a eces cali icadas como
« iolen as»18.
* * *
En sus o ígenes, AP p esumió de se un mo imien o a ípico, cons i-
uido po homb es «nue os» p o enien es de clases neu as p o esiona-
les, no iden i icados con el caciquismo ni con la Dic adu a. E a el caso del
desconocido Ped o Ceballos y Bo ín, «abogado expe o, o ado elocuen e,
homb e cul o, de mesu a, de ponde ación», que me eció un panegí ico de
la e is a c.e.D.a. po se «uno de los más posi i os alo es nue os»19.
Al queda cons i uida la CEDA en ma zo de 1933 se aco dó que hab ía
unidad de pensamien o en lo undamen al, «y libe ad en odo lo demás».
Se p e endía supe a el modelo adicional basado en la é ea disciplina
de una di ección asen ada en Mad id, en la con ianza de que una mayo
descen alización en la oma de decisiones gene a ía «más ue e cohe-
sión, más humana, más co dial, más sanamen e democ á ica»20. Como o -
ganización p e endidamen e dis in a, AP-CEDA ambién se jac ó de pe -
mi i amplia democ acia in e na, con in es asamblea ios, sob e odo en
sus inicios. Así, en la asamblea de Acción Popula Ag a ia A agonesa, ce-
leb ada en Za agoza en ene o de 1933, las bases aco da on nega las e-
elección au omá ica de los ocales de su comi é, alegando que AP « iene
un al o espí i u democ á ico»21. Po su pa e, la De echa Regional alen-
ciana impuso la o ación sec e a en la elección de sus ó ganos locales, así
como la limi ación en el iempo de manda o de sus ca gos22.
El p oceso de ins i ucionalización y bu oc a ización que i ió la
CEDA as su ue e es i ón elec o al en no iemb e de 1933 a uinó es a
18 La documen ación del CDMH pe mi e documen a 44 de enidos en León, 29 en As-
u ias y 27 al menos en San ande , incluidos p esiden es locales de la CEDA. Se asegu aba
ambién que en la sede cedis a de Ca agena se emi ie on «dispa os» con a la mul i ud y
en las de Zue a y Quin o (Za agoza) se p oduje on inciden es sang ien os. «Expedien e e-
la i o a la clausu a de cen os de AP y la de ención de sus a iliados», CDMH, PS-Mad id,
2612, 87; «Relación de de enidos de AP de O iedo y cen os clausu ados de dicho pa -
ido», CDMH, PS-Mad id, 2461, 69.
19 «Ped o Ceballos y Bo ín», c.e.D.a., n.º 4, 30 de junio de 1933.
20 «Es la C.E.D.A., más que un p og ama, una ác ica», c.e.D.a., n.º 12, 31 de oc ub e
de 1933; A anz, 1995, pp. 91-95.
21 «Asamblea de Acción Popula en Za agoza», el Deba e, 15 de ene o de 1933.
22 «Te mina la Asamblea de la De echa Regional alenciana», el Deba e, 17 de no-
iemb e de 1931.
414 his o ia con empo ánea, 2022, 69, 399-434
Ca los M. Rod íguez López-B ea
La asis encia social y la o mación de los ob e os ambién se encua-
d ó en el ámbi o de la c uzada cul u al, pues se a aba de de ae a las
clases des a o ecidas de la in luencia e oluciona ia a o eciendo su
mejo a ma e ial y sob e odo mo al. Con es e obje i o, la CEDA o ga-
nizó ac i idades de p opaganda o al y esc i a, con e encias, cu sillos, co-
medo es sociales, epa o de alimen os y opa, ayudas en el pago de al-
quile , campamen os de e ano pa a niños ob e os, e c. Gil-Robles, g an
impulso de es a línea de asis encia social, quiso que el g ueso de es e
abajo ecaye a en las asociaciones de muje es del pa ido (Asociación
Femenina de AP, JAP Femenina), in e p e ando que es as a eas e an
una ex ensión de las labo es del hoga , y po eso mismo, más p opias
de la muje 49. A los mili an es se les es imulaba a dona alimen os y di-
ne o, ambién se les pedía algún ges o simbólico como «el sac i icio de
un pla o», una p ác ica ya ins au ada en la Alemania nazi que consis ía
en come un único pla o un día po semana, des inando el impo e del se-
gundo a la asis encia social50.
Las a iliadas enca gadas de ami a las ayudas enían ama de es ic-
as. isi aban los hoga es de los pe iciona ios, ecopilaban da os de oda
índole, incluida la ecuencia de las p ác icas eligiosas de los candida-
os51, y es ablecían unos c i e ios de epa o que p imaban al pueblo ca ó-
lico. La mili ancia en la CEDA o en el sindicalismo con esional, lle a los
hijos a una escuela ca ólica o la ecuencia en los sac amen os e an ac o-
es que se enían en cuen a pa a ecibi las ayudas52. Pa a consegui una
bolsa de comida había que egis a se p e iamen e y es a en posesión de
un bono que en egaba la p opia asis encia social; había epa os semana-
49 Mo eno Seco, 2012, pp. 200-201; Pie ce, 2007, pp. 206-228.
50 «Acción Popula emp ende á un plan de ob as de asis encia social. Comedo es y e-
ugios pa a ob e os», c.e.D.a., n.º 16, 31 de diciemb e de 1933.
51 Las au o idades epublicanas con isca on uno de los iche os de la Asociación Fe-
menina de Mad id con da os de asis encia social en casa de una a iliada a la misma, hecho
explicable po que AF acos umb aba a elabo a iche os duplicados, uno pa a su a chi o en
la sede del pa ido y o o en alguna casa pa icula . En las ichas había ano aciones de es e
eno : «es pe sona ca ólica y de nues as ideas», « odos son de muy buenas ideas y cumpli-
do es de sus debe es eligiosos», « ae ca a de ecomendación de Doña Isabel de Bo bón»,
« iene ideas eligiosas y ella y dos he manas o a on po AP», e c. («Fiche o encon ado
en casa de Ma ilde Esc ibano, sec e a ia de Acción Popula . Dis i o de Buena is a, Asis-
encia Social de Acción Popula », CDMH, PS-Mad id, 619, 2, 3 y 4).
52 «Campaña de asis encia social», c.e.D.a., n.º 17, 15 de ene o de 1934; «Asis encia
Social de AP, de Mad id», c.e.D.a., n.º 33, oc ub e de 1934.
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
les y o os ex ao dina ios en días señalados, como Na idad o Reyes53.
Los campamen os de e ano pa a niños y niñas de condición humilde
—una de las ac i idades de ayuda social más popula es—, se inanciaban
con susc ipciones de los a iliados pudien es, en línea con la ca idad ca ó-
lica. Es as colonias es aban a ca go de las Hijas de la Ca idad, lo que en
p incipio ga an izaba la asis encia a los o icios eligiosos de los in an es,
así como la hones idad de sus di e siones.
Fuen e: c.e.D.a., n.os 36-37, diciemb e de 1934, p. 32
La educación del pueblo ca ólico e a compe encia de la Iglesia, pe o
AP se o ecía a comple a la con cu sos de adul os y de ob e os pa a aci-
li a su inse ción labo al. A las muje es ca ólicas, especí icamen e, se les
53 Según la e is a c.e.D.a., única uen e disponible, en e ene o de 1934 y ene o de
1935 se hab ían en egado 95.511 bolsas solo en Mad id, con un cos e de 235.101 pese as
que se cub ió g acias a donaciones (c . «La ac uación de AP en 1934», c.e.D.a., n.º 40,
15 de eb e o de 1935).
416 his o ia con empo ánea, 2022, 69, 399-434
Ca los M. Rod íguez López-B ea
enseñaban labo es de hoga , co e y con ección, cos u a, peluque ía, ma-
nicu a, aquig a ía, e c. La Liga de Muje es Campesinas, una ag upación
sec o ial que con aba con el a al de la CEDA, p omo ía en e las muje es
del campo la o mación de coope a i as y de pequeñas indus ias u ales,
aunque ambién se a endía a su salud eligiosa median e eje cicios espi i-
uales, la enseñanza de can os de ocionales o las pe eg inaciones a san-
ua ios signi icados54.
En Mad id, donde la ed bu oc á ica de la CEDA e a más upida, las
ac i idades o ma i as se de i a on a los cen os de ba iada, ins alados
en zonas populosas y ob e as (Inclusa-La La ina, Guindale a-P ospe i-
dad, Buena is a, Chambe í), con el in de ace ca el mensaje ca ólico de
conciliación de clases a los sec o es más humildes. En ausencia de ob e-
os bien p epa ados, los con e encian es y los p o eso es solían se p o e-
sionales de clase media-al a que no siemp e enían la obligada conciencia
social; los ob e os, cuando les co espondía habla , e an casi siemp e los
mismos, y p ocedían de la bu oc acia sindical ca ólica. Se daba ambién el
caso de que los je es de los locales de ba iada e an a is óc a as y po en-
ados, de modo que el conde de Gue a a p esidía el cen o de Guindale-
a-P ospe idad y el ma qués de Go guea e a sec e a io del de Buena is a,
ambién en el ex a adio pob e de la capi al de España55. Pese a las bue-
nas in enciones, no se ue más allá del clasismo y del pa e nalismo de la
ca idad c is iana adicional. O a ca ac e ís ica de la acción social de AP,
jun o al pa e nalismo, ue su ue e poli ización, lo que no ca ece de ló-
gica, ya que las ac i idades desa olladas espondían al plan de ac uación
de una o ganización polí ica que buscaba mejo a sus expec a i as elec o-
ales en ba ios ob e os. Las con e encias y las cha las, e incluso las p o-
yecciones de cine, de i aban casi siemp e en un mi in ep obado del so-
cialismo y de sus di igen es.
is a la mane a de ac ua del pueblo ca ólico, se ía el momen o de
analiza quiénes lo con o maban. Aunque un pe iodis a adic o esc ibió
que la CEDA eunía « icos y pob es, p óce es y ob e os, damas de al a al-
cu nia y abajado es humildes (…) como la eligión c is iana desea»56,
hab ía que ma iza que « euni » no signi icaba «mezcla ». La CEDA se
con igu ó como una legión unida, aunque in e namen e di idida po cla-
54 «La Liga de Muje es Campesinas de Cas illa La Nue a», c.e.D.a., n.º 40, 15 de e-
b e o de 1935; «Nues os cen os de ba iada», c.e.D.a., n.º 41, 1 de ma zo de 1935.
55 «Ac i idades de la CEDA», c.e.D.a., n.os 36-37, diciemb e de 1934.
56 Fe nández A ias, 1936, p. 15.
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
ses, unciones y sexos. Si el pa ido cons i uía la angua dia de un u u o
o den co po a i o, lo na u al e a que el mando ecayese en las eli es eco-
nómicas y cul u ales, esas «mino ías selec as» eo izadas po el unda-
do de la ACNdP, el pad e Ángel Ayala. De hecho, las ejecu i as cedis-
as ue on capi alizadas po p o esionales libe ales, p opie a ios ag a ios,
empleados públicos y di igen es del sindicalismo ca ólico, ue an o no
ob e os. En el g upo pa lamen a io p edomina on abogados, ingenie os
y p opie a ios a ines al ag a ismo ca ólico, y a mucha dis ancia, médicos,
no a ios e in elec uales. Lo que enían en común e a su condición de p o-
pagandis as o di ec i os de asociaciones ca ólicas de apos olado o de ac-
ción social (es udian es, sindica os y cí culos, muje es, p ensa, e c.), cuya
expe iencia polí ica, de habe la, se inculaba al PSP o a la Unión Pa ió-
ica de P imo de Ri e a. No e a ex año, además, que es os di igen es si-
mul anea an la polí ica y la Acción Ca ólica, y cuando es o no e a posible,
se p oducían as ases en una y o a di ección57.
Más di ícil es conoce la composición social de los a iliados de base
de la CEDA po la ausencia de uen es. En el CDMH se conse an algu-
nas elaciones de As u ias, en un caso e e idas a AP de Gijón y en los
o os a las secciones emeninas y a la JAP. Es os da os pa ciales e iden-
cian que la mili ancia e a socialmen e más plu al que sus di ec i as, aun-
que con p edominio de las clases medias-al as sob e las medias-bajas y
ob e as. De los 109 a iliados con abilizados en Gijón, an solo 20 e an de
condición ob e a, muy po debajo que los 78 que pod íamos adsc ibi a
clases medias y p o esionales: 14 empleados, 9 es udian es, 7 come cian-
es, 5 indus iales, 5 p o eso es, 5 a macéu icos, 5 sace do es, e c. Los
ob e os e an ambién mino ía en e los 276 miemb os de la JAP censados
en As u ias, 56 en el mejo de los casos (11 chó e es, 8 ob e os, 8 peones,
7 jo nale os, 6 pa ados, 5 mecánicos...), po debajo de los 93 es udian es
y de los 56 que pod íamos encuad a en las clases medias (32 empleados,
8 dependien es, 8 del come cio, 7 o icinis as, 3 cu as...)58. Muy o o e a
57 Mon e o, 1977, . I, pp. 454 y ss.
58 Da os de elabo ación p opia a pa i de: «Fichas de a iliados de AP de Gijón an e io-
es al inicio de la suble ación mili a », CDMH, PS-Gijón-JC19, exp. 11; Lis a de a iliados
a la Ju en ud de Acción Popula », CDMH, PS-Gijón, KC290, exp. 12. Es os da os coin-
ciden en pa e con los que o ece Sid Lowe, aunque el po cen aje de es udian es que señala
es e au o es so p enden emen e bajo, a sabe : abajado es de cuello blanco (19,9%), abo-
gados (15,4), es udian es (12,2), y muy po debajo, indus iales (9%), ob e os (7,2%) y a -
esanos (7,2%,) (c . Lowe, 2010, pp. 104-105).
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Ca los M. Rod íguez López-B ea
el pe il de las muje es de la Asociación Femenina, al menos en Ribade-
sella y pa oquias ecinas; en e sus 764 a iliadas, el 73,4% eje cían «sus
labo es» (561 en o al), el 12,3% e an lab ado as (94) y el 3,7% abaja-
ban como modis as (28), es as úl imas concen adas en el concejo de Ri-
badesella59. Todo ello con i ma ía el p edominio de la clase media sob e
la ob e a en la mili ancia del ca olicismo polí ico, un ac o impo an e a
la ho a de alo a la polí ica de la CEDA.
Los luga es de encuen o de la mili ancia ue on la p ensa a ín y las
euniones masi as de p opaganda. Aunque la p ensa ca ólica («la Buena
P ensa») ya gozaba de g an epu ación, la CEDA ue capaz de edi ica en
pocos meses un empo io de medios ca ólicos, que Checa Godoy conside a
como el más pode oso del que dispuso pa ido polí ico alguno an es de la
Gue a Ci il60. Sin desme ece la ce canía a la CEDA de un impo an e
dia io de ca ác e nacional —el Deba e—, el e dade o pode ca ólico a-
dicaba en una upida ed de pe iódicos locales y p o inciales, incluso ho-
jas pa oquiales. Es os medios al e naban en sus páginas jacula o ias e in-
o maciones polí icas, y o ecían una isión del mundo p o idencialis a e
in eg is a, mucho más p óxima al adicionalismo o a Reno ación Espa-
ñola que al epublicanismo mode ado. E an además publicaciones ba a as
y de edacción sencilla, muy del gus o de las clases medias ca ólicas61.
Sin emba go, lo que más imp esionó a los coe áneos ue la audacia
que exhibie on los ca ólicos polí icos en sus p opagandas y en sus ac-
os de masas. El p ime hi o ue la campaña e isionis a, desa ollada en
o oño de 1931 con a el p oyec o de cons i ución epublicana, y que co-
noció mí ines gigan escos a pesa de las abas gube namen ales62. O ga-
nizada con asomb osa apidez, dicha campaña se mon ó sob e la ed aso-
cia i a ca ólica de pa oquias y diócesis, que o ecie on sus locales en cí -
culos ob e os, sedes es udian iles o salones de damas ca ólicas.
Consolidada la CEDA como ma ca p opia en 1933, sus mí ines se
ie on en iquecidos con misas de campaña, ezos colec i os an e la i gen
59 «Fichas numé icas, al abé icas, de la Jun a di ec i a y elaciones de a iliados a la
Ag upación Femenina del Comi é Pa oquial de As u ias», CDMH, PS-San ande -DC24,
exps. 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25. Algunas a iliadas no igu an con adsc ipción p o esio-
nal, de ahí el desajus e en los da os.
60 Checa Godoy, 2011 pp. 365-402; Mon e o, 1977, . II, pp. 357-437.
61 A modo de ejemplo: «La mano de Dios», la hoja Pa oquial. san a ma ía la eal
de la co e (o iedo), 31 de diciemb e de 1933.
62 Mon e o, 1977, . I, pp. 188-215.
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
o el pa ón local o ac os de con ición mul i udina ios, indis inguibles de
las celeb aciones de Acción Ca ólica. Pa a es imula el e o eligioso,
los ac os de masa solían ene como escena io algún luga emblemá ico
del ca olicismo hispano, como El Esco ial, Uclés, Co adonga, San iago
de Compos ela o el Ce o de los Ángeles (Ge a e), donde los cong egados
co eaban a la España ca ólica, a la Mad e de Dios o al Papa. La CEDA
ue po lo gene al eacia a o ganiza me iendas campes es as sus mí i-
nes —a di e encia de lo que p ac icaban adicionalis as y nacionalis as
ascos y ca alanes—, p e i iendo los más eli is as banque es de pago en
hono del o ado . Las misas y los ezos enían su con apun o en p opa-
gandas mode nas y e icaces, e eno en el que la CEDA hizo un ala de sin
p eceden es de ca eles, oc a illas e insignias. Solo en la campaña elec-
o al de 1933 se imp imie on 50.000 ca eles y se inse a on cien os de
anuncios publici a ios en cine y adio, mien as a ione as alquiladas a o-
jaban oc a illas sob e pueblos y ba ios, y camiones pe echados con
pan allas p oyec aban spo s de p opaganda audio isual en Mad id, en lo
que se ha de inido como la p ime a campaña «a la ame icana» conocida
en España63. Las ci as aún ue on mayo es en 1936, pe o lo so p enden e
es que la CEDA man u iese esa capacidad de mo ilización al ma gen de
los pe íodos elec o ales. Du an e la p ima e a y el e ano de 1935 los de
Gil-Robles ue on capaces de o ganiza has a doscien os ac os públicos en
un solo día, jun ando en ellos 200.000 asis en es g acias a una en idiable
logís ica de enes, au obuses y coches pa icula es64.
El mensaje exp esado en ca eles y ansmi ido po o ado es e a más
ic imis a que amenazan e, sin al a elemen os ca as o is as y simpli ica-
do es de ca iz populis a. La e olución, iden i icada con las izquie das en
su conjun o, signi icaba hamb e, sang e, uina económica, odio, cuando
no «saqueos», «a mamen o de la canalla», incendios en bancos y hoga es
e incluso el « epa o de ues as muje es» as ins au a se el amo lib e.
Pa a las muje es, la e olución supond ía el abandono del hoga de sus
ma idos, a aídos po damas más jó enes65. España apa ecía así di idida
en e una «comunidad emocional» de c eyen es-ag edidos y un amplio a-
mille e de impíos-ag eso es, que supues amen e ac uaban con o al impu-
nidad.
63 Gu ié ez-Ra é, 1967, pp. 81 y 153.
64 «Un espec áculo indesc ip ible en alencia», «Media España an e el cas illo de Isa-
bel la Ca ólica», el Deba e, 2 de julio de 1935.
65 CDMH, Acción Popula , Pan le os, 4195 y 4196.
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Ca los M. Rod íguez López-B ea
4. El pueblo ca ólico (ii). los peones de la «gue a cul u al»
Como e a común en la época, la CEDA c eó di e sos g upos sec o iales
con el p opósi o de pene a capila men e en la sociedad. En el caso de los
ca ólicos polí icos esa di isión sec o ial e a un an icipo del Es ado co po a-
i o que ep esen a ía una sociedad je a quizada y o ganizada po in e eses.
Se es udia án aquí dos de esas o ganizaciones, la Acción Femenina (AF) y
la Ju en ud de Acción Popula (JAP), es a úl ima mejo conocida. Po úl-
imo se cues iona á la adicional pa ición de la CEDA en es g upos ideo-
lógicos, que en su momen o es ableció Tusell («conse adu os», posibilis-
as y demóc a a-c is ianos66), p oponiendo como al e na i a una di isión
en e ecnóc a as y sociales: si los p ime os en endían la polí ica como una
ac i idad di igida po écnicos y expe os, los segundos la concebían como
un ac o olun a is a que p ecisaba una ue e mo ilización de masas.
La p esencia de la muje en el ca olicismo polí ico ue con inua y p o-
lí ica, como an es lo había sido en el asociacionismo de ocional y ca i-
a i o de la Iglesia; además, algunas ca ólicas comp ome idas ya habían
dado sus p ime os pasos en polí ica du an e la Dic adu a de P imo de Ri-
e a67. T as la p oclamación de la República, el dipu ado Gil-Robles ue
uno de los g andes de enso es del o o emenino, mien as su o ganiza-
ción (AN-AP) es imulaba la c eación de ag upaciones especí icamen e de
muje es, como la Asociación Femenina de Educación Ciudadana de Sala-
manca, una de las pione as en la II República, que a ancó con 600 a ilia-
das, en e las que había, según el c onis a Fe nández A ias, «dis inguidas
damas, seño i as de las p incipales amilias, dependien as de come cio,
ob e as y empleadas»68. Tan o ue el in e és en ex ende el asociacionismo
emenino, que en algunos luga es la o ganización de muje es se c eó an es
que la de homb es. Samuel Pie ce ha calculado que la mili ancia emenina
de la CEDA pod ía onda el 50%, algo cie amen e insóli o en e los pa -
idos de la República69. No hay que desca a , sin emba go, que las ci as
es u ie an in ladas o que el g ado de implicación de las a iliadas eme-
ninas en las ac i idades del pa ido —sal o una mino ía concienciada—
ue a débil, al como pa ece deduci se del análisis de las 764 mili an es de
la AF en la coma ca de Ribadesella (As u ias), en e las que solo co iza-
66 Tusell y Cal o, pp. 110-111; Comes, 2009, pp. 197-222.
67 Blasco, 2003, pp. 286-289; A ce, 2008, pp. 177-178 y 209-212.
68 Fe nández A ias, 1936, p. 216.
69 Pie ce, 2007, p. 310.
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
ban 155, apenas el 20,2% del o al, y de es as, 128 lo hacían en la ag upa-
ción del concejo70.
La DR ue más a anzada a la ho a de da isibilidad a la muje mi-
li an e, al p oclama que ambos sexos se ían «iguales en de echos y ep e-
sen aciones». E an pa i a ios an o el Consejo sup emo como la Asamblea
delegada —los dos ó ganos de di ección del pa ido—, así como las sec e-
a ías de á ea, ocho ocupadas po homb es y sie e po muje es71. Sin em-
ba go, la es uc u a o gánica de la DR no es ex apolable al es o de la
CEDA, siendo lo común que las muje es o masen una sección sepa ada
con su di ec i a p opia, con amplia au onomía en ma e ias de asis encia
social y de bu oc acia elec o al, pe o some idas a la ag upación mascu-
lina en las p incipales decisiones polí icas. No nos cons a la exis encia de
comi és de enlace en e las secciones masculinas y emeninas, aunque los
es a u os de la CEDA con emplaban su c eación72. La pa icipación con-
jun a de o ado es y o ado as en los mí ines de la CEDA ue ela i amen e
ecuen e, aunque en p opo ción 2:1 o 3:1 en a o de los homb es. Se
celeb a on mí ines especí icos pa a audi o ios emeninos, con una o a-
ias o ado as, aunque podía da se el caso de que los con e encian es ue-
an solo homb es. La combinación que jamás se dio ue la de muje es ha-
blando an e audiencias exclusi amen e masculinas, y si una muje e a
o ado a única ampoco se di igía a audi o ios mix os.
La di igencia de la CEDA, incluso la de AF, jamás ocul ó que el p o-
agonismo polí ico asumido po la muje du an e la II República no end ía
con inuidad en un u u o égimen ca ólico. La mo ilización de las muje es
ca ólicas u o mucho que e con la c eencia de que el o o emenino se in-
clina ía po las de echas, pe o el luga na u al de la muje seguía siendo el
hoga . Así lo pensaba desde luego el ma qués de Lozoya, eminen e dipu ado
de la CEDA, pa a quien la muje no enía cualidades pa a el mando, po que
e a es echa de mi as y se pe día en «cues iones nimias y i iales»; en una
gue a, sen enciaba el ma qués, la muje ac uaba como en e me a y sanado a,
pe o no como soldado73. No muy di e en e e a la opinión de Gil-Robles, que
70 CDMH, PS-San ande -DC24, exps. 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25.
71 «Te mina la Asamblea de la De echa Regional alenciana», el Deba e, 17 de no-
iemb e de 1931.
72 «P og ama o ado po el p ime cong eso de la CEDA», c.e.D.a., n.º 7, 15 de
agos o de 1933.
73 Ma qués de Lozoya, «La muje y la polí ica», ellas. semana io de las muje es es-
pañolas, n.º 11, 7 de agos o de 1932; n.º 12, 14 de agos o de 1932.
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Ca los M. Rod íguez López-B ea
no conside aba p opios del géne o emenino los ca gos públicos con «eje ci-
cio de au o idad», po que es e eque ía dones de «jus icia y o aleza» de las
que una muje ca ecía74. Cosa dis in a e an las a eas de p opaganda y p ose-
li ismo en e las muje es, que mejo que nadie podía desa olla o a muje .
«Cla idad en las ideas, sencillez en la exposición, acilidad pa a usa los e-
so es sen imen ales y, sob e odo, mucho co azón» e an, a juicio del pope
ca ólico, las i udes que debía a eso a una o ado a emenina, en an o que
«e a más p opia de los homb es la elocuencia más igo osa y ené gica»75.
el Deba e se since ó al econoce que «si uésemos noso os quienes edac-
á amos una Cons i ución, sin más inspi ación que el p opio pensamien o,
acaso no concedié amos de echo a o o sino a las cabezas de amilia»76. Se
en iende así que solo una muje ob u ie a ac a de dipu ada po la CEDA du-
an e la República, la maes a F ancisca Bohigas en 1933.
Lo expues o no con adice que las polí icas ca ólicas ue an p esen-
adas an e los elec o es como he oínas —aunque «anónimas», no p o-
agonis as—, o como muje es «que se p i an muchas eces del é o la
eunión elegan e, del cine o del ea o o oban iempo a los quehace es
domés icos»77. Nomb es como Pila Ca eaga, Pila elasco, Elisa Ca-
longe, Juana Salas, Abilia A oyo, Ma ilde Rubio, Ca men Pi a o la men-
cionada F ancisca Bohigas adqui ie on cie a popula idad en e el pueblo
ca ólico; en su mayo ía p ocedían del asociacionismo ca ólico, en pa i-
cula la Acción Ca ólica de la Muje y la Ju en ud Ca ólica Femenina.
E an además excelen es o ado as, y alguna enía í ulo uni e si a io (in-
genie as, abogadas, maes as, ilóso as). No obs an e, la p opaganda ce-
dis a ponía mayo én asis en las i udes p i adas y amilia es que en las
capacidades in elec uales de es as di igen es; así, F ancisca Bohigas e a
«e icien e sac i icada»78 o la salman ina Abilia A oyo «aman e de su ho-
ga », quien no en ó en polí ica has a su madu ez po «los des elos y cui-
dados» que exigie on la educación de sus nue e hijos79.
A p opósi o de las muje es ca ólicas, la his o iado a Rebeca A ce ha ha-
blado de una ope ación de ingenie ía cul u al pa a consolida la cul u a «he-
74 «Con e encia del seño Gil-Robles en alladolid», el Deba e, 12 de ene o de 1932.
75 «¿C ee us ed necesa io pa a la p opaganda polí ica la o a o ia emenina?», ellas.
semana io de las muje es españolas, n.º 1, 25 de mayo de 1932.
76 «T iun o de la lógica», el Deba e, 2 de oc ub e de 1931.
77 «Sección Femenina», c.e.D.a., n.º 35, 1 de diciemb e de 1934.
78 «Seño i a F ancisca Bohigas», c.e.D.a., n.º 5, 15 de julio de 1933.
79 «Abilia A oyo de Román Re ue o», c.e.D.a., n.º 21, 15 de ma zo de 1934.
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El ca olicismo polí ico: una nue a p esencia en la polí ica española (1922-1936)
gemónica» masculina po «la acep ación de la dominación». De es e modo,
la mo ilización emenina debe ía in e p e a se como una si uación ansi-
o ia en el ma co de una amenaza a los alo es eligiosos que los ca ólicos
conside a on excepcional y que obligó a euni odas las ue zas posibles
en un momen o dado80. Hab ía que añadi que la mayo ía de las mili an-
es ca ólicas asumie on su ol subo dinado con apa en e na u alidad, dando
po bueno lo excepcional de su acción pública. Ma isabel de la To e, de la
JAP emenina, a i maba que lo p opio de la muje e a «educa al niño, mo-
dela al adolescen e y guia al homb e», mien as su co eligiona ia Me ce-
des Puen e u gía a « ol e a la adicional ida amilia española»81. Se ía
con enien e eco da que un ac o p incipal de la CEDA, Giménez Fe -
nández, si uó a las a iliadas de AF en el ala de echis a del pa ido, con ue -
es conexiones con el espacio in eg is a82. Más ecien emen e, la p o eso a
Ma ía Te esa O ega ha inculado la pa icipación polí ica de las muje es
de echis as en la II República con un in en o de consolida «una sociedad
je a quizada, desiguali a ia, ul aca ólica y ul anacionalis a»83.
Es cuan o menos suge en e que es a pa icipación emenina en la c u-
zada con a la mode nidad gene ase códigos emancipa o ios en e un sec-
o de la sociedad poco p ocli e a es os discu sos. Pila elasco, sec e-
a ia de la AF de Mad id, yendo más allá de la na a i a o icial, eclamó
mayo p esencia de las seño as en el espacio público, pues como a i mó
en Za agoza, «si la muje es á capaci ada pa a egi la amilia, que es un
pequeño es ado, sin duda alguna lo es a á ambién pa a ac ua b illan e-
men e en la polí ica nacional»84. En o o mi in in i ó a eñi la polí ica de
alo es emeninos, en e los que mencionó la espi i ualidad, la abnegación
y el sac i icio85. Sus compañe os de pa ido no lo en endie on así, y en las
elecciones de 1936 ninguna muje ue elegida dipu ada po la CEDA.
* * *
80 A ce, 2008, pp. 17-22; Blasco, 2017, pp. 273-274.
81 «Con e encias o ganizadas po la JAP Femenina», c.e.D.a., n.º 39, 31 de ene o de
1935.
82 Manuel Giménez Fe nández a Fede ico Salmón, 15 de agos o de 1934, AGF,
Co es pon den cia polí ica, B-XIII/196. Sob e las conexiones en e las o ganizaciones eme-
ninas de de echas, éase la ecien e apo ación de Gu ié ez Llo e , 2018, pp. 251-285.
83 O ega, 2010, pp. 215-219.
84 «Labo de la Ag upación Femenina A agonesa», el Deba e, 22 de eb e o de 1933.
85 «La Liga de Muje es Campesinas de Cas illa La Nue a», c.e.D.a., n.º 40, 15 de e-
b e o de 1935.
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Ca los M. Rod íguez López-B ea
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la Agencia Es a al de In es igación.
Da os del au o
Ca los M. Rod íguez López-B ea. P o eso Ti ula (in e ino) de His o ia Con-
empo ánea de la U. Ca los III de Mad id. Doc o en Filoso ía y Le as (1999) po
la Uni e sidad Au ónoma de Mad id, ob u o el P emio Ex ao dina io con su esis
doc o al «Iglesia y polí ica en los o ígenes de la España libe al (1777-1823)». Ha
ealizado es ancias docen es y de in es igación en la Pon i icia Uni e si à G ego-
iana (Roma), en las uni e sidades de Udine y de U bino, y en la Escuela Española
de His o ia y A queología de Roma. Sus in es igaciones se han cen ado en la his-
o ia polí ica, cul u al y eligiosa de la España de los siglos x i x y x x , los o ígenes in-
elec uales y polí icos del libe alismo en España y en I alia (1800-1830) o el ac o
eligioso du an e la II República y el anquismo. Algunas de sus úl imas publica-
ciones son: «El cen o y las de echas en la II República española: un balance his-
o iog á ico» (Luces y somb as del 14 de ab il, Mad id, Biblio eca Nue a, 2017),
«José Ma ía Gil-Robles, el caudillo de enido en illano», en colabo ación con el
p o eso González Calleja (Hé oes y illanos de la pa ia, coo d. po Ludge Mees,
Tau us, 2020, pp. 291-324), «Cuando aún no e a El Je e. Un ensayo biog á ico del
p ime José Ma ía Gil-Robles» (S udia His o ica. His o ia Con empo ánea, n.º 38,
2020, pp. 267-295) o «El homb e al que odos odia on. José Ma ía Gil-Robles y la
Gue a Ci il española» (Hispania No a, n.º 20, 2022, pp. 169-206).