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DE LUIS MARTÍN, Francisco, Historia del deporte obrero en España (De los orígenes a la guerra civil), Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 2019, 371 pp.

Author: Rivera Blanco, Antonio
Publisher: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatearen Argitalpen Zerbitzua
Year: 2020
DOI: 10.1387/hc.21227
Source: https://addi.ehu.eus/bitstream/10810/47127/1/21227-82834-1-PB.pdf
h ps://doi.o g/10.1387/hc.21227 351
HC
ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277
His o ia Con empo ánea, 2020, 62, 351-353
h ps://doi.o g/10.1387/hc.21227
DE LUIS MARTíN, F ancisco, His o ia del depo e ob e o en España
(de los o ígenes a la Gue a Ci il), Ediciones Uni e sidad de Salamanca,
Salamanca, 2019, 371, pp.
«Gassed» es un cuad o o midable del mejo e a is a de la bu guesía deci-
monónica, John Singe Sa gen . Rep esen a una p ocesión de soldados cegados
po el gas mos aza empleado en la P ime a G an Gue a. En e las pie nas de es-
os puede ap ecia se cómo o os soldados juegan un pa ido de ú bol, pe ec a-
men e equipados. El depo e, de ini i amen e as ese momen o his ó ico, ha sido
un escena io en el que se han p oyec ado odos y cada uno de los g andes p oce-
sos del iempo, incluidos los polí icos. Pe o, a la ez, ha sido un ins umen o ca-
paz de in lui de mane a ex ao dina ia en los agen es sociales.
Es o es lo que subyace de la lec u a de es e in e esan e lib o de F ancisco de
Luis, que iene a inco po a se a o os que en di e en es países han analizado el
depo e ob e o (P. A naud, A. Gouno , W. Mu ay, A. K üge , J. Rio dan) y que
ac úa en el nues o como compilado e icaz de abajos de di e sos expe os en
la ma e ia (L. E. O e o, J. A. Simón, A. Bahamonde, X. Pujadas, J. A. Mes e,
J. M. Fe nández So ia, A. Ri e o, T. González Aja). El au o habla aquí solo de
depo e ob e o, ni popula ni bu gués; es o es, el p omo ido con «in enciones so-
cialis as». Qué sea eso en cada momen o es asun o de g an in e és po que, inicial-
men e y a di e encia de o os países eu opeos, las izquie das hispanas a a on con
desdén —«una hu aña aus e idad»— es e asun o del depo e, del «spo ismo». Se
acep aba gené icamen e la bondad de la educación ísica, algo que cul i a on so-
b e odo desde el excu sionismo y desde la a ención a la condición del cue po, en
ese ma idaje an clásico que aquí p oyec ó la adición k ausis a de la Ins i ución
Lib e de Enseñanza. Pe o más allá de ello, las di e sas co ien es del socialismo
español a as a on al menos un pa de décadas de e aso espec o de sus co e-
ligiona ios eu opeos en es o del depo e y solo a pa i de los años ein e del pa-
sado siglo empeza on a p es a le alguna a ención. La explicación end ía que e
con lo ocoso de su posicionamien o ideológico: según su isión, el depo e apa -
aba a la ju en ud socialis a de la p incipal a ea manumiso a, es imulaba con-
on aciones g upales ajenas a la p incipal de clase o se p o esionalizaba cada ez
más ep oduciendo así los esquemas y alo es bu gueses. Pe o la explicación p o-
unda no es sino el e aso de la sociedad española en con e i se como sus eci-
nas en una au én ica sociedad de masas, donde el depo e como p ác ica y como
espec áculo se ía una de sus exp esiones más ca ac e ís icas. Solo coincidiendo
con la dic adu a p imo i e is a el depo e lo in adió odo y las o ganizaciones de
clase no u ie on o a que acep a su es enada hegemonía buscando una al e na-
i a p opia.
El exhaus i o abajo de F ancisco de Luis nos pe mi e descub i ese poco
conocido mundo, empezando po un pe sonaje esencial en su popula ización y
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ei indicación como es Juan Almela Meliá, el pione o, que, además, esul a se
un ahijado del mismísimo Pablo Iglesias. A pa i de él, di e sas inicia i as se
aplica on a inco po a el depo e a la ac i idad mili an e, desde una pe spec i a
cla amen e ins umen al que nunca llegó a alcanza a los líde es de las izquie das
y, como mucho, a sus o ganizaciones ju eniles. Sob e odo pa a es as úl imas, el
depo e podía se o o escena io desde el que p opaga los ideales del socialismo.
Y, si no e a así, no cabía da la espalda a algo que ya les supe aba en cuan o a la
a ención que le p es aba la ju en ud del momen o. Simplemen e, e a un p oblema
de adap ación esignada que podía alcanza , si se manejaba bien, los ni eles del
ap o echamien o pa ida io.
El lib o de F ancisco de Luis epa a sob e odo en aquellas amilias del so-
cialismo que más es uc u as o males gene a on y sos u ie on en es e e eno. Es
po eso que el ana quismo no queda bien e lejado, a pesa de se es a una acción
mucho más ac i a en odo lo que enía que e con el con ol del cue po y la com-
binación de la libe ad de pensamien o y odo lo e e ido a la condición ísica. No
ol idemos que son los libe a ios los higienis as y neomal usianos po excelencia,
los p opagado es del nudismo y del excu sionismo, los opues os a la bebida y al
abaco, y los popula izado es de una idea del cue po dominado desde la men e y
de una Na u a en a monía y equilib io p esidiéndolo odo. Pe o esa concepción
les alejó del depo e a las p ime as de cambio, en endido es e sob e odo como
compe ición o espec áculo. Los ana quis as hablaban de o mación in eg al, de
ac i idad ísica más indi idual que g upal y de depo e como posibilidad pa a una
sociabilidad ob e a, pe o no pa a la manipulación de masas. En eso ue on cla a-
men e belige an es de la ac i ud de socialis as y comunis as, enuncia on a ene
una «es a egia depo i a» e incluso se nega on a in o ma de no icias depo i as
en sus in luen es medios de p ensa.
De mane a que los o ganismos depo i os ob e os más ac i os que se c ea on
en la década de los ein e o al llega la República —de la p imigenia Salud y Cul-
u a en la Casa del Pueblo mad ileña a la española Fede ación Cul u al Depo i a
Ob e a— ue on un escena io más de los pulsos y es a egias en en adas de so-
cialis as y comunis as, que no de los libe a ios. A a és suyo se podía hace p o-
paganda y gene a espacios de sociabilidad que les a aje an nue os adep os jó e-
nes. Desde esas o ganizaciones depo i as se podía ex ende la mi ada pa icula
del mundo de cada o ganización. El embeleso po la e icacia del depo e compe-
i i o y del eje cicio de la ac i idad ísica en la URSS e a una de sus exp esiones.
La adsc ipción a las di e en es en idades in e nacionales depo i as, alineadas con
sus espec i as pa ida ias —la Ob e a y Socialis a, y la Te ce a comunis a— e a
o a. La cues ión cob ó al u a du an e la República, e lejándose en es e asun o
del depo e la sucesión de es a egias de descali icación social ascis a, de en e
único o de en e popula . En é minos gene ales, los comunis as se implica on
más que los socialis as y ie on p on o que el depo e e a un ins umen o más del
« abajo de masas». Su escalada a los p ime os pues os de la Fede ación Cul u al
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Depo i a Ob e a así lo dela a. En íspe as de la gue a ci il, la con oca o ia de
unos Juegos Olímpicos en la Be lín nazi animó a odos a con oca o os al e na i-
os en Ba celona que el acasado golpe mili a y la con ienda pos e io impidie-
on celeb a . Con odo, ue la mayo mo ilización del depo e ob e o an es de la
III.ª Olimpiada Ob e a de Ambe es, en el e ano de 1937.
Du an e la gue a ci il, la no edad e oluciona ia alumb ó la opo unidad de
asen a una es uc u a depo i a ob e a y no bu guesa. Los di e sos clubes ue on
incau ados en su con ol e ins alaciones, del Real Mad id (que pe dió su moná -
quica denominación: Mad id F. C.) al Ba celona, el alencia o el Racing de San-
ande (o pe iódicos como El Mundo Depo i o). Sin emba go, la gue a impi-
dió aquella posibilidad de popula iza el depo e p o esional. A cambio, a a on
de no maliza la si uación de gue a o ganizando pa idos de ú bol en las ciuda-
des de e agua dia e incluso en el en e de ba alla. Igual que lo que había pin ado
Sa gen , pe o ein e años después.
An onio Ri e a Blanco