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* Co espondencia a / Co espondence o: Al edo González Ruibal. Incipi -CSIC. A enida de Vigo, s/n (15705 San iago de Compos ela) – al edo.gonzalez-
[email p o ec ed] – h p://o cid.o g/0000-0003-3464-1626.
Cómo ci a / How o ci e: González Ruibal, Al edo (2020). A queología de la desapa ición. Papeles del CEIC, ol. 2020/1, papel 225, 1-20. (h p://dx.doi.
o g/10.1387/pceic.20764).
Recibido: ab il, 2019; acep ado: oc ub e, 2019.
ISSN 1695-6494 / © 2020 UPV/EHU
Es a ob a es á bajo una licencia
C ea i e Commons A ibución 4.0 In e nacional
Papeles del CEIC, 2020/1
h p://dx.doi.o g/10.1387/pceic.20764
ISSN 1695-6494
a q u e o l o g Í a d e l a d e s a P a i c i ó n
The A chaeology o Disappea ance
Al edo González Ruibal*
Incipi -CSIC
Palab as cla e
A queología
del pasado
con empo áneo
Subje i idad
Violencia polí ica
Campos de
concen ación
Basu a
RESuMEN: En es e ex o analizo la economía de la desapa ición de los siglos x x y x x i desde
un pun o de is a a queológico. Abo do, desde pos ulados biopolí icos, la desapa ición ísica
de se es humanos y la aniquilación de subje i idades como pa e de un sis ema de elimina-
ción más amplio, en el cual se incluye la ocul ación del ciclo de consumo capi alis a. A pa i
de ejemplos conc e os, a gumen o que el pode con empo áneo se ocul a o i ualiza pa a
lle a a cabo la desapa ición; que exis e una homología en e la aniquilación de pe sonas y
cosas (con la basu a como concep o uni icado ), que la desapa ición de la desapa ición (el
bo ado de huellas) es imposible y que la a queología pe mi e us a la an asía de los pe -
pe ado es. El a ículo concluye con la desc ipción de dos casos de es udio que ep esen an
la ans o mación de las economías de desapa ición a lo la go de casi un siglo: un campo de
concen ación como pa adigma de la ieja economía y un espacio de ma ginalidad como
ejemplo de la nue a.
Keywo ds
A chaeology
o he
Con empo a y
Pas
Subjec i i y
Poli ical Violence
Concen a ion
Camps
Rubbish
Abs Ac : I explo e he e he economy o disappea ance o he Twen ie h and Twen y- i s
Cen u ies om an a chaeological poin o iew. S a ing om biopoli ical p emises, I exam-
ine he physical disappea ance o human beings and he annihila ion o subjec i i ies as pa
o a la ge sys em o elimina ion, in which he concealmen o he capi alis cycle o con-
sump ion is included. Based on speci ic examples, I a gue ha con empo a y powe hides
o is i ualized in o de o ca y ou he wo k o disappea ance; ha he e is a homology be-
ween he annihila ion o people and hings (wi h he concep o was e unde pinning bo h);
ha he wo k o making disappea ance disappea ( he e asu e o aces) is impossible and
ha a chaeology can hus hwa he an asy o he pe pe a o s. The a icle concludes wi h
wo case s udies which ep esen he ans o ma ion o he economies o disappea ance
h oughou almos one cen u y: a concen a ion camp as pa adigm o he old economy and
a space o ma ginali y as an example o he new one.
Al edo González Ruibal
2 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-20
1. IN RODuCCIóN1
Mi in ención con es e ex o es doble: e lexiona sob e la economía de la desapa ición en el
ma co de la hipe mode nidad y explo a las posibilidades de la a queología a la ho a de e e-
la el uncionamien o de dicha economía. Como a queólogo me in e esan pa icula men e
es cues iones: en p ime luga , la ecnología de la desapa ición, en endida al mismo iempo
desde un pun o de is a oucaul iano y es ic amen e ma e ial; la segunda, e e ida al con-
ex o ma e ial de la desapa ición y la e ce a, cen ada en el aspec o ma e ial que adop a
la desapa ición de la desapa ición. En elación con la p ime a cues ión, me in e esa cómo
se hace desapa ece a la gen e en la p ác ica y cuáles son los pasos que se siguen, los obje-
os y espacios que se emplean en cada uno de los pasos y, quizá lo más ca ac e ís ico desde
un pun o de is a a queológico, cuáles son las azas, los desechos, los es os que dejan cada
una de las e apas del p oceso écnico. Pa a aseando a Foucaul (1997: 26), se pod ía de-
ci que se a a no an o de ap ehende «la ins ancia ma e ial de subyugación en an o que
cons i ución de suje os», sino la «la ins ancia ma e ial de aniquilación en an o que disolu-
ción de suje os». De la misma mane a que apa ecen «nue as écnicas a a és de las cuales
el indi iduo puede in eg a se en la en idad social» (Foucaul , 2000: 410), apa ecen ambién
nue as écnicas pa a desin eg a indi iduos (campos de ex e minio, ciencias an opobioló-
gicas acis as, bombas nuclea es). Po que du an e el siglo x x el pode no se ha dedicado ex-
clusi amen e a cons i ui suje os, sino ambién a decons i ui los, expulsándolos del cue po
social o desin eg ándolos po comple o: las somb as de cue pos humanos dejadas po la ex-
plosión de la bomba a ómica en Hi oshima son la mani es ación más cla a de es a ana opo-
lí ica (Foucaul , 2000: 416; Mbembe, 2003), el nega i o de la biopolí ica. Como és a, ambién
«ha omado cue po en las écnicas y se ha do ado de ins umen os de in e ención ma e ial»
(Foucaul , 1997: 25). Sin emba go, no se a a de una a queología oucaul iana, sino de una
li e al: del es udio de la ma e ialidad de las cadenas écnicas ope a i as de la desapa ición
(González-Ruibal, 2016a; Lemonnie , 1992).
En segundo luga , me p eocupa el con ex o ma e ial más amplio de la desapa ición. Pa o de
la idea de que desapa ece no es algo elacionado exclusi amen e con el ex e minio de opo-
nen es polí icos, aunque es a sea su mani es ación más ex ema. La aniquilación absolu a
(que conlle a la des ucción ísica, el bo ado de las huellas de dicha des ucción y la elimina-
ción de la memo ia de lo aniquilado) es un enómeno ecu en e en una a iedad de egíme-
nes de los úl imos cien años. En iendo que la desapa ición de oponen es polí icos no ep e-
sen a una opción más en e las muchas que se encuen an a disposición de las dic adu as o
una solución a p oblemas coyun u ales o una mani es ación pa icula de sadismo, aunque
sea odo eso ambién. La desapa ición («deja de exis i ») y el aniquilamien o (« educi a la
nada») deben en ende se que cons i uyen, jun os, un pila insus i uible de la me apolí ica hi-
pe mode na.
1 Quie o ag adece a odos los compañe os del semina io sob e desapa iciones que u o luga en Bilbao en
ene o de 2019 po sus comen a ios y c í icas cons uc i as, que han ayudado eno memen e a mejo a es e
ex o. También po los ma a illosos abajos que p esen a on, que me han se ido pa a e lexiona sob e nue-
os concep os y o mas de ace ca se al p oblema de la desapa ición. Ag adezco asimismo a dos e aluado es
anónimos la a en a lec u a de es e ex o y sus suge encias y co ecciones. Los e o es que pudie an pe sis i
son de mi au o ía.
A queología de la desapa ición
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Po me apolí ica me e ie o a una cosmo isión polí ica (una cosmopolí ica) que a más allá
de ideologías conc e as y egímenes de pode : po ejemplo, la polí ica de la na u aleza del
socialismo eal y de las democ acias capi alis as ue on p ác icamen e indis inguibles du-
an e el siglo x x . Aniquilación y desapa ición no son equi alen es. La desapa ición no im-
plica necesa iamen e la aniquilación, y de hecho aquí analiza é con ex os donde p iman
una u o a, según las ci cuns ancias polí icas y las me as que se pe siguen. Es una p emisa
cen al en mi a gumen o que la hipe mode nidad supone un pe íodo excepcional y bien de-
limi ado en la his o ia humana. Pa o del concep o de sob emode nidad (su mode ni é) de
Ma c Augé (1992), que en iende dicho enómeno como una e sión excesi a de la mode ni-
dad que se plasma en la espacialidad, la empo alidad y el yo. Teniendo en cuen a, además
de los enómenos mencionados po Augé, la dimensión ma e ial y la polí ica —en conc e o
la nec opolí ica (Mbembe, 2003)—, c eo que se puede habla de hipe mode nidad desde la
ansición del siglo xix al x x y sin ninguna duda a pa i de la P ime a Gue a Mundial. Po lo
que espec a al enómeno de la desapa ición, es p ecisamen e en esas echas cuando eme -
gen dos enómenos ca ac e ís icos: la gue a o al y el genocidio plani icado. En e ce lu-
ga , me in e esa el aspec o ma e ial que adop a la desapa ición de la desapa ición y pa i-
cula men e la o ma en que la a queología puede in e eni pa a des ela dicho p oceso: el
desman elamien o de campos de ex e minio, la des ucción de osas comunes y el bo ado
de huellas de las ins alaciones des inadas a la ab icación o p ueba de a e ac os nuclea es
(Theune, 2018).
Pa iendo de las p emisas mencionadas, en los siguien es apa ados desc ibi é, en p ime lu-
ga , las o mas en que el pode desapa ece en la hipe mode nidad (ocul ación, dispe sión
y i ualización); a con inuación abo da é las o mas de con inuidad en e la desapa ición
ma e ial y humana y lo que ello e ela de la acionalidad hipe mode na y examina é el e-
nómeno de la desapa ición de la desapa ición, es deci , la eliminación de las azas de ani-
quilamien o. El úl imo apa ado abo da dos casos de es udio en el que se compa an sendas
o mas de desapa ición ( ieja y nue a) a a és de sus huellas a queológicas.
2. DESAPARICIóN y PODER: OCuL ACIóN, DISPERSIóN, VIR uALIzACIóN
La hipe mode nidad ha con e ido en una a ea o dina ia lo que has a en onces había sido
ex ao dina io: la desapa ición absolu a. Puede se el aniquilamien o de g upos humanos
comple os, la de as ación del medio ambien e —la de o es ación del Chaco pa a el mono-
cul i o de la soja (Go dillo, 2014)— o la des ucción exhaus i a de paisajes cons uidos. Es a
úl ima no ocu e necesa iamen e en el ma co de un con lic o a mado: el aniquilamien o de
Shanghai bajo los e ec os del capi alismo a anzado es supe io al que haya p o ocado nin-
guna gue a en una megalópolis (Ren, 2014). La desapa ición, po lo an o, se con ie e en
una más en e las muchas écnicas a disposición de la gube namen alidad a la ho a de es a-
blece «la co ec a disposición de las cosas» (Foucaul , 2000: 208). En algunos casos, se con-
side a que la única o ma de log a dicha disposición es median e su o al aniquilación. La
desapa ición iene una dimensión ansi i a e in ansi i a en elación al pode hipe mode no:
el pode hace desapa ece y el pode mismo desapa ece. Po un lado, elimina odo aquello
que incomoda o no encaja en una de e minada idea de disposición co ec a de las cosas o
que obs aculiza la eliminación. Po o o lado, el pode mismo se uel e menos ísico. «Todo
pode se á eneb oso o no se á, pues oda po encia isible es á amenazada», esc ibe Vi ilio
Al edo González Ruibal
4 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-20
(1988: 24) siguiendo a Balzac2. Podemos incluso conclui que hace desapa ece solo es po-
sible desapa eciendo uno mismo, de la misma mane a que caza solo es posible mime izán-
dose uno en el paisaje, ol iéndose in isible. En el caso de los c ímenes de lesa humanidad el
ecu so a la in isibilidad lo mo i a una cues ión de e icacia an o p ác ica como polí ica.
La desapa ición implica simul áneamen e es enómenos: ocul ación, i ualización y dis-
pe sión. La ocul ación es una de las obsesiones de la hipe mode nidad y unciona a odos
los ni eles. El p oceso de ocul ación se puede aza desde los o ígenes mismos de la mode -
nidad. Du an e el siglo x i la gene alización de la a ille ía lle a a la c eación de o i icacio-
nes más bajas y menos conspicuas en el paisaje. Pa a el siglo x iii la g an mayo ía de los ue -
es no sob esale apenas del en o no. Al llega el x x , la po encia de uego de que disponen los
ejé ci os conduce a la cons ucción de o i icaciones bajo el suelo y po lo an o muy di íci-
les de localiza y des ui . Los es ados mayo es y gobie nos que di igie on la Segunda Gue a
Mundial en Eu opa (y sus ex e minios co espondien es) lo hicie on en buena medida bajo
ie a. Al mismo iempo, a los uni o mes de colo es ípicos de los ejé ci os de los siglos x iii
y xix los sus i uyen o os que pe mi en al soldado mime iza se con el paisaje (Vi ilio, 1988:
104). Las écnicas del ocul amien o no han cesado de c ece y ol e se más complejas: desde
los subma inos a los a iones inde ec ables al ada .
El pode hipe mode no no desapa ece solo en el momen o de ejecu a el golpe. También
a a de no se is o a pos e io i. Una doble ocul ación que esul a ambién única de nues a
e a: los asi ios o los omanos se p eocupaban mucho de que sus masac es y des ucciones
ue an bien isibles. Incluso las inmo alizaban en pied a. Todo lo con a io de lo que sucede
en la ac ualidad. Eyal Weizman (2017: 69-71) habla del «umb al de de ec abilidad», en el cual
las cosas se mue en en e la posibilidad de se y no se iden i icadas. Es el caso de las chime-
neas de los ho nos c ema o ios o las columnas de p esos de Auschwi z, que se encuen an
en el lími e de lo écnicamen e disce nible en las o og a ías aé eas omadas po los Alia-
dos du an e la gue a. Con la ecnología de que disponemos ac ualmen e, el umb al de de-
ec abilidad pod ía se i ele an e, dada la al ísima p ecisión de las imágenes sa eli ales. Sin
emba go, las que se hacen públicas ienen una esolución limi ada a 0,5 me os po pixel po
mo i os polí ico-mili a es, lo cual ocul a de alles cla e en cualquie in es igación o ense
(Weizman, 2017: 74-75), lo que quie e deci que amplios espacios del plane a se con ie en
en zonas desapa ecidas, impene ables al esc u inio público: «el pixel», esc ibe Weizman, «se
ha con e ido en una especie de zona ex- e i o ial» (2017: 79). La manipulación del pixel es el
equi alen e i ual a la des ucción ísica de osas comunes o campos de ex e minio: se a a
de elimina las p uebas inc imina o ias, elimina la eliminación. Es signi ica i o que es a p o-
li e ación de desapa iciones- i ualizaciones desplegadas po el pode comience en el a an-
que de lo que Paul Vi ilio (2005: 13) ha denominado la «E a de la Ilusión», es deci , un pe íodo
—que coincide con la hipe mode nidad como se de ine aquí— en el cual la polí ica es á me-
dia izada po ecnologías de engaño masi o: desde el cine has a los medios de comunicación
y los e ec os especiales.
No obs an e, la ocul ación iene aíces más p o undas. La o ma de pode que eme ge en la
ansición de los siglos x i i y x iii y que sus i uye al pode sobe ano p e io es un égimen dis-
ciplina io en el cual las coacciones se encuen an «ocul as como eje cicio e ec i o de po-
2 El au o de es e a ículo ha sido incapaz de encon a la ci a o iginal de Balzac. Es posible que Vi ilio la haya pa-
a aseado muy lib emen e.
A queología de la desapa ición
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de » (Foucaul , 1997: 33). Al espec áculo ba oco de la sobe anía sus i uye un eje cicio del
pode mucho menos isible, que se ma e ializa en espacios, ins umen os y sabe es. F en e
a la ley que sus en a el pode sobe ano, nos encon amos aho a con la egla na u al, es deci
la no ma, que se basa no en la ju isp udencia sino en las ciencias (Foucaul , 1997: 34). Los pe-
lig os de es e nue o égimen de pode son e iden es: po un lado, c ea una «sociedad de la
no malización» (Foucaul , 2000: 328), en la que esul a mucho más complejo decons ui el
discu so del pode ; po o o, la acionalización del pode polí ico lle a ácilmen e a los exce-
sos mien as la a mazón del pode pe manece en la oscu idad. Es indudable que las aniquila-
ciones in isibles del siglo x x esul a on posibles y exi osas po que se undamen aban en es a
o ma de pode . El pode sobe ano del An iguo Régimen hab ía sido incapaz de lle a a cabo
con éxi o el ex e minio de g upos en e os, an o po cues iones p ác icas (el o den en las eje-
cuciones en masa de judíos se man enía g acias al engaño espec o al des ino inal que es-
pe aba a las íc imas) como é icas: al desplaza , ocul a e higieniza la masac e se e i an los
p oblemas que causa el echazo ins in i o de la iolencia espon ánea y ísica de los pog o-
mos (Bauman, 2000: 99-100).
Po lo que espec a a la dispe sión, es e es uno de los emas oucaul ianos po an onoma-
sia, la mic o ísica del pode . Cuando hablamos de ecnologías de la desapa ición, los concep-
os oucal ianos (mic omecánica, capila idad del pode , ope ado es ma e iales, u ilización de
sis emas locales) oman un aspec o mucho más conc e o y ísico. La desapa ición a g an es-
cala equie e de una ma e ialización ins i ucional amplia y compleja, una in aes uc u a al
mismo iempo ísica y adminis a i a. En la imaginación colec i a, el genocidio pe pe ado
po los nazis se e ec uó en media docena de cen os de ex e minio. Sin emba go, el uncio-
namien o de es os campos se ía imposible sin una upida ed de campos y subcampos dis-
pe sos a lo la go de Eu opa, de in aes uc u as elacionadas (gue os, ías de en, ca e e as,
osas comunes, cua eles, edi icios adminis a i os) (S u dy Colls, 2015: 199-233) y de mul i-
ud de indi iduos (desde los Gaulei e al gua da aíles, el campesino uc aniano y el kapo). El
caso del Holocaus o es ex emo po su alcance espacial, su e ec i idad y el núme o de íc-
imas. Pe o en ealidad odos los sis emas de desapa ición con empo áneos se basan en un
sis ema de capila idad semejan e. Así, en el caso de la Gue a ci il española, la eu ilización
de edi icios como checas, cá celes imp o isadas o campos de concen ación hizo desapa e-
ce la di e encia en e espacio co idiano y espacio de ep esión, la dis inción en e el den o
y el a ue a (Colombo, 2011), una inde e minación que, como en el caso de la Unión So ié ica,
acili ó la imposición de una a mós e a de e o pa alizan e y al mismo iempo el p opio p o-
ceso de desapa ición de las íc imas (González-Ruibal, 2016a). Lo mismo sucedió en el caso
de las dic adu as la inoame icanas (Sale no e al., 2012; San os He ceg, 2016).
Finalmen e, la i ualización se encuen a es echamen e ligada a los dos enómenos ya
desc i os. El é mino lo u iliza Oli ie Razac (2015) pa a e e i se al hecho de que el pode
hipe mode no necesi a ealiza una meno in e sión ma e ial pa a log a sus obje i os. Si-
guiendo su a gumen ación, las mu allas de pied a son sus i uidas po el alamb e de espino,
que es sus i uido po la supe isión elec ónica. Cada paso implica un alige amien o ma e-
ial sin que se pie da e icacia écnica, más bien al con a io: la i ualización implica una ma-
yo e ec i idad en el con ol. El mayo con ol imaginable (chips implan ados bajo la piel que
pe mi en geolocaliza a una pe sona allá donde aya) es el más e ec i o y al mismo iempo
el más in isible. El pode log a aquí plenamen e la an asía de la desapa ición. La i ualiza-
ción, en cuan o desma e ialización, posee además o o signi icado y o a uncionalidad. Los
espacios concen aciona ios se dis inguen de espacios de ep esión adicionales (como la
Al edo González Ruibal
6 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-20
cá cel o el pa íbulo) en su aniquilación del espacio- iempo, la cual se alcanza, en e o as co-
sas, median e la desin e sión ma e ial en los luga es de ep esión. Es e es un elemen o co-
mún a los campos nazis (So sky, 2013), los campos de concen ación anquis as en España
(González-Ruibal, 2016a) y los cen os de de ención de la úl ima dic adu a a gen ina (Co-
lombo, 2011). Una p isión es, en muchos sen idos, el polo opues o a un campo de concen-
ación, en la medida en que se a a de un espacio hipe egulado e hipe cons uido: exis-
en celdas, co edo es, comedo es, alle es y pa ios y la ocupación de cada espacio iene
un iempo pe ec amen e pau ado en la ida del ecluso. Los campos de concen ación, en
cambio, se ca ac e izan po un núme o mínimo de ma cado es ma e iales: puede se un
simple espacio delimi ado po alamb e de espino sin más (caso de muchos campos an-
quis as), puede se un cubículo mínimo (como en los cen os de de ención a gen inos). Se-
gún Colombo, la o ma en que se secues a, ecluye, asesina y desapa ece el cadá e ien-
den a p oduci una expe iencia que se desa olla en «ningún luga » (Colombo, 2011: 642)
¿Qué o ma más adical de i ualización/ desma e ialización que la aniquilación misma del
luga ?
3. DESAPARICIóN MA ERIAL, DESAPARICIóN HuMANA
«La e olución de la cul u a semeja la ma cha de un ejé ci o cons i uido en su mayo ía po e-
zagados. Quizá yo i a en 1913, pe o un ecino mío i e en 1900, y o o, en 1880... Los paisa-
nos de los al os alles del Ti ol i en en el siglo x i i ... Feliz el país lib e de ezagados y me odea-
do es», esc ibe Adol Loos (apud Vi ilio 1988: 105), pad e del acionalismo a qui ec ónico. Su
deseo de una a qui ec u a pu a sin ado no alguno, es ic amen e uncional y homogénea no
es más que la aspi ación mode na a un espacio social asimismo homogéneo y limpio. En un
égimen libe al, la desapa ición se ealiza median e una mezcla de con ol, ep esión y edu-
cación —de «policía» (Foucaul , 2000: 318-319)—, es deci , median e la biopolí ica. En un égi-
men o ali a io la limpieza oma la o ma de la aniquilación, es deci , de ana opolí ica. Pe o
pe manece el elemen o higiénico: de ahí que hablemos de «limpieza é nica», pa a e e i nos
al genocidio, o de «ope aciones de limpieza en la e agua dia», pa a el ex e minio de pa isa-
nos o disiden es polí icos.
Que la desapa ición es algo que a más allá de la desposesión y eliminación de los enemigos
polí icos y sus cue pos se demues a de o ma pa icula men e cla a en aquellos casos en los
cuales el asesina o en masa del con a io ha ido de la mano de p ocesos de des ucción sis-
emá ica del paisaje. En la Unión So ié ica, du an e los años de las pu gas es alinis as (1936-
1938) se hizo desapa ece a cien os de miles de pe sonas al iempo que se aniquilaba ísica y
simbólicamen e la capi al de la Unión So ié ica y el paisaje p e- e oluciona io en gene al: «la
an igua aldea con su iglesia en la plaza más isible, con sus mejo es casas en un p ime plano,
las del gua dia, el pope, el kulak, con sus cabañas de campesinos semide uidas en el ondo:
odo eso empieza a desapa ece », esc ibe S alin (apud Schlögel, 2014: 353). Fo ma pa e odo
de la misma ecnología de desubje i ación: no bas a con ex e mina a las pe sonas, es nece-
sa io ambién aniquila la p esencia ma e ial del an iguo o den. El mismo doble ex e minio,
humano y ma e ial, u o luga en los e i o ios de as ados po el genocidio nazi: mien as se
asesinaba a los judíos, se incendiaban sinagogas y las lápidas de los cemen e ios se con e -
ían en ma e ial cons uc i o (Ba o , 2007).
A queología de la desapa ición
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Lo que debe desapa ece se suele asocia con el desecho. Gab iel Ga i (2008) habla de la
ma e ialidad de las iden idades p opias e imp opias en la mode nidad. Las iden idades p o-
pias son sólidas, homogéneas y limpias —como a las que aspi a el es alinismo, el nazismo
o el undamen alismo—. Según Ga i, su modelo de ma e ialización es el pa imonio, pe o
pod íamos habla ambién de los monumen os y la a qui ec u a. En cambio, las iden ida-
des imp opias, sucias, agmen a ias —la de los ma ginados y expulsados del sis ema domi-
nan e— ienen como co ela o ma e ial la basu a, con la cual, además, se iden i ican en el e-
la o hegemónico. La basu a es esencial pa a en ende las polí icas de la desapa ición. Se ha
señalado muchas eces que el eliminacionismo se undamen a en una deshumanización del
O o (Bauman, 2000; Haslam, 2006; Kelman, 1973). Dicha deshumanización se suele en en-
de como animalización (y con ecuencia se encuen an compa aciones con ganado, alima-
ñas, pe os, a as, gusanos, e c.), pe o quizá se ía más ap opiado habla de una cosi icación.
H aslam (2006), de hecho, dis ingue o mas de deshumanización animalis as y mecanicis as.
La cosi icación, sin emba go, consis e en algo más que en la ans o mación del O o en
cosa inanimada, po que a las cosas no se las a a como a las íc imas de la iolencia ge-
nocida. El eliminacionismo ans o ma al O o en desecho, que es el g ado más bajo de
exis encia: es equi alen e a ma e ia inanimada (po lo an o in e io a cualquie se i o
po simple que sea biológicamen e); pe o además, ma e ia amo a —no obje o, sino cosa
pu a, inú il— y además noci a, deg adación de la cosa. La basu a es «el con a io necesa-
io de la iden idad», el luga de «mons uos a ios» (Ga i, 2008: 5). Es ambién una ma e ia
abyec a, que a en a con a nues os sen idos. T a amos de lib a nos de ella cuan o an es,
la desplazamos ue a de nues a is a, la incine amos o la en e amos pa a que no quede
as o. La basu a nos p oduce disgus o po que es una a en a senso ial, pe o ambién po -
que en úl ima ins ancia nos econocemos en ella, sabemos que es pa e de noso os, de la
misma mane a que los nazis se econocían en sus p isione os y ese econocimien o inc e-
men aba su odio y su iolencia. Nos encon amos en nues os de i os y nos a e gonzamos
de ellos po que la basu a, como indicó Elías Cane i (2010: 325), es ambién la p ueba de o-
dos nues os c ímenes. En el caso de los desechos domés icos puede a a se de una die a
insana, de un consumismo i esponsable y excesi o (Ra hje y Mu phy, 1992). En el caso de
los desechos humanos p oducidos po el eliminacionismo, es la mácula de una acción ne-
cesa ia pe o excesi a, que ha asg edido odos los lími es mo ales —de ahí que el a epen-
imien o y la e güenza sean an comunes en e los pe pe ado es as el inal de un ciclo
eliminacionis a (Goldhagen, 2010)—. En ambos casos, desea íamos que desapa ecie an sin
deja as o alguno, pa a sen i nos lib es de culpa, como si nunca hubie an exis ido. Es o,
sin emba go, no es un hecho gene alizado: en el caso del Cono Su , los es imonios de a e-
pen imien o son más escasos que en o os con ex os y la desapa ición obedece en exclu-
si a a azones uncionales.
«La suciedad es ma e ia ue a de luga ... Donde hay suciedad, hay un sis ema» —esc ibió
Ma y Douglas (2004: 44)—. Da lo mismo que la suciedad sea ma e ial o humana. Lo que es á
ue a de luga pueden se desechos o gánicos, obje os o os e inse ibles, pe sonas, socie-
dades, ecosis emas; es signi ica i o que en la men alidad mode na la sel a se haya asociado
habi ualmen e al deso den (la «jungla»). En cualquie a de es os casos, la hipe mode nidad
au o i a ia ha ecu ido a la desapa ición, que no es incompa ible con el eciclaje: la «in e na-
lización de la basu a» (Ga i, 2008: 10). El cabello, la g asa y las cenizas de los ex e minados en
las cáma as de gas se eu iliza on de múl iples mane as. Las cenizas, po ejemplo, como e -
ilizan e o pa a as al a ca e e as (Dziuban, 2017: 266). Los bosques opicales se con ie en
Al edo González Ruibal
8 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-20
en made a o se ín. La suciedad es una o ensa con a el o den: «elimina la no es un ac o ne-
ga i o, sino un es ue zo posi i o pa a o ganiza el medio» (Douglas, 2004: 2). Lo cual nos de-
uel e nue amen e a Foucaul y su concep o de gube namen alidad como la o ma de dis-
pone co ec amen e las cosas. La desapa ición, po lo an o, esponde en úl ima ins ancia al
cumplimien o de una an asía de o den, el p ecio que hay que paga pa a log a una iden i-
dad homogénea y limpia. No solo se a a de pe segui ines simbólicos, sino económicos: la
desapa ición de judíos y esla os en el o ien e de Eu opa e a el paso p e io a la colonización
del e i o io po pa e de p oduc i os alemanes, mien as que la aniquilación de la sel a es
menos un obje i o en sí mismo que el deseo de ans o ma un espacio pe cibido como im-
p oduc i o en p oduc i o.
4. DESAPARICIóN DE LA DESAPARICIóN
Si el aniquilamien o absolu o es uno de los signos de la hipe mode nidad, o o lo es, como he
señalado, el empeño en hace desapa ece sus azas. Nunca en la his o ia pusie on los go-
be nan es an o es ue zo en limpia las huellas de sus c ímenes. Pe o lo cie o es que nunca
en la his o ia hubo una di e gencia an g ande en e é ica, ecnología y polí ica. La e a del ge-
nocidio y la desapa ición es ambién el pe íodo en el que nos pa ece mo almen e más ep o-
bable el asesina o de pe sonas inde ensas, cuando se gene aliza el Habeas Co pus, cuando
su ge el de echo in e nacional humani a io, la jus icia uni e sal y los de echos humanos. La
economía de la desapa ición solo puede exis i en la somb a.
Los nazis ola on los cua o campos polacos c eados con el in exclusi o del ex e minio du-
an e la segunda mi ad de 1943, se a ó la ie a, se plan a on pinos y se cons uye on g an-
jas pa a elimina cualquie as o de su exis encia (Gilead e al., 2010). En Chile, se quema on
y demolie on los cen os de de ención as su uso, en plena dic adu a (San os He ceg, 2016).
El mismo p oceso de bo ado de huellas sucede en el caso de con lic os incómodos. El es-
c i o Jona han Li ell isi ó Chechenia como miemb o de una ONG du an e las dos gue as
que a asa on la egión en e 1999 y 2005. T es años después del inal del con lic o eg esó a
G ozni, la capi al, que había sido econs uida po las au o idades usas. Apenas pudo eco-
noce la ciudad: «Se pod ía deci sin exage a que Pa ís pa ece conse a más azas de la Se-
gunda Gue a Mundial en las pa edes de caliza de sus minis e ios y museos, que G ozni de sus
dos gue as» (Li ell, 2014: 258). El obje i o de la econs ucción ápida y sis emá ica es p inci-
palmen e pe mi i que la gen e pueda habi a la ciudad y con en a una egión cas igada po
la iolencia eje cida po el mismo país que aho a econs uye. Pe o ambién es indudable que
pe mi e bo a el pasado, hace lo desapa ece como si nunca hubie a exis ido. Lo dice un SS3
en la p ime a página de Los hundidos y los sal ados de P imo Le i:
«De cualquie mane a que e mine es a gue a, la gue a con a oso os la hemos
ganado noso os; ninguno de oso os queda á pa a da es imonio de ella, pe o
incluso si alguno log a a escapa el mundo no lo c ee ía. Quizá haya sospechas, dis-
cusiones, in es igaciones de los his o iado es, pe o no pod á habe ninguna ce -
eza, po que con oso os se án des uidas las p uebas.» (Le i, 1986: 3).
3 Miemb o del Schu zs a el (SS), o ganización enca gada del con ol de los campos nazis.
A queología de la desapa ición
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Re i iéndose al desman elamien o de los cen os chilenos, San os He ceg (2016: 260) esc ibe:
«El ipo de des ucción al que se ecu e es gene almen e, o al y de ini i a». De o ma simi-
la se exp esa Oli ie Razac (2015: 72): «Un mu o deja as o, una ce ca de alamb e de espino,
no». Sin duda es e pensamien o explica en pa e el uso sis emá ico de es uc u as e íme as
ab icadas con alamb e, chapa y made a en los campos de concen ación y ex e minio desde
el égimen nazi a las dic adu as ac uales. No se a a solo de aho a cos es y agiliza la cons-
ucción y desmon aje, sino ambién de acili a la eliminación de las huellas de los c ímenes.
La an asía de la desapa ición absolu a iene e en los ma e iales que la posibili an. Pe o es
una e in undada.
Si en algo puede con ibui la a queología es a pone en e idencia las es a egias de desa-
pa ición de la desapa ición que desa ollan los egímenes polí icos dic a o iales. La me a
des ucción de las p uebas es un elemen o inc iminado . Las in es igaciones a queológicas
en campos de ex e minio nazi lle an años documen ando an o las azas de lo que suce-
dió en ellos como los in en os de ocul a lo. El uso de écnicas de exca ación con enciona-
les y nue os mé odos de p ospección geo ísica es án pe mi iendo iden i ica huellas has a
aho a in isibles (Gilead e al., 2010; Kola, 2000; Pawlicka-Nowak, 2004; S u dy Colls, 2015;
T heune, 2010).
Na u almen e, las es uc u as que los nazis pusie on más empeño en elimina e an p ecisa-
men e aquellas que se ían pa a hace desapa ece a la gen e: las cáma as de gas y los c e-
ma o ios. En el caso de Mau hausen, los nazis sella on el o i icio de la pa ed de la habi ación
donde se si uaba el apa a o que dispensaba el gas. Sin emba go, el examen geo ísico de la
pa ed y el análisis ipológico de allado de las baldosas pe mi ió iden i ica lo y econs ui
la secuencia de cons ucción, uso y sellado. La p ospección geo ísica, a su ez, o eció una
imagen p ecisa del o i icio po donde se dispensaba la sus ancia óxica (Theune, 2018). En
S achsenhausen, al exca a el camino emped ado que lle aba a la cáma a de gas, apa ecie-
on p ó esis den ales y o os obje os pequeños inc us ados en e las pied as (Theune, 2018).
También se descub ie on elemen os elacionados con las íc imas judías en Chelmno, en los
só anos y el pasillo po el cual debían ma cha los p isione os desnudos camino del camión
de gas (Pawlicka-Nowak, 2004).
Poseemos ejemplos a queológicos de cen os de in e namien o desman elados exhaus i a-
men e en o os con ex os. En A gen ina, a la demolición del Club A lé ico siguió la cons uc-
ción de una ca e e a sob e los es os, lo cual no pudo impedi que las exca aciones a queo-
lógicas descub ie an los só anos del edi icio. Allí apa ecie on un mon aca gas, es celdas
de aislamien o, la en e me ía y los baños y qui ó anos (Sale no e al., 2012). En o o cen o,
la Mansión Se é, los mili a es p o oca on una explosión e incendia on el edi icio pa a bo a
p uebas de su uso, pe o nue amen e la a queología puso al descubie o la es uc u a del edi-
icio, que mues a su dis ibución in e na, y nume osos obje os elacionados con el pe íodo
de uso ep esi o (Sale no e al., 2012). En España, el campo de concen ación de Cas ue a
(Badajoz) es u o en uncionamien o en e ab il de 1939 y ab il de 1940, inmedia amen e des-
pués de la gue a ci il española (González-Ruibal, 2016b). Los abajos a queológicos saca on
a la luz nume osas p uebas del desman elamien o del ecin o (chapas, cla os, ib ocemen o,
a andelas de zinc) y de la alamb ada de espino (el alamb e mismo y pique as pa a suje a lo).
Además descub imos que el ba acón de los gua dias había sido eu ilizado po pa e de los
úl imos p esos enca gados de desmon a el campo: sob e el suelo encon amos elemen os
cons uc i os, así como la as y hogue as que señalan los si ios donde los p esos descansaban
Al edo González Ruibal
16 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-20
Exis e, no obs an e, una di e encia impo an e en e campo y campus. El campo de con-
cen ación se desa olló como una ecnología e icien e pa a hace desapa ece suje os p e-
iamen e cons i uidos como ales. Las egiones in e s iciales, en cambio, engullen a quie-
nes, en su g an mayo ía, nunca han sido conside ados suje os legí imos. Desde un pun o de
is a ju ídico, es e es el caso p ecisamen e de los inmig an es sin papeles (Schindel, 2019). El
campus ecoge a un alu ión de gen e expulsada de la sociedad po los mecanismos de ma -
ginación es uc u ales del capi alismo global. No los hace desapa ece , po que nunca han
apa ecido en la his o ia, pe o es un luga de desapa ición igualmen e, po que impide que
los eamos. Según Isin y Rygiel, los espacios abyec os («aquellos en los que y a a és de los
cuales gen es desplazadas, desposeídas, quedan condenadas al es a us de ex anje os, o-
as e os y ex años» (2007: 181) hacen desapa ece a quienes los habi an, po que los cons-
i uyen no como «suje os ni obje os, sino algo inexis en e, en an o en que esul an inau-
dibles e in isibles» (Isin y Rygiel, 2007: 182-183). Po ello no son a ados como suje os (de
disciplina) ni obje os (de eliminación), sino como aquellos «sin p esencia, sin exis encia»
(ibídem: 184).
Los p esos asesinados y desapa ecidos del campo de Cas ue a son inaudibles e in isibles,
pe o ambién lo son, a odos los e ec os, los habi an es de las egiones ma ginales de la Ciu-
dad Uni e si a ia de Mad id, o los emig an es allecidos en el ma , que desapa ecen sin su i
una ope ación de ex e minio (Schindel, 2019). Quizá ese sea el mayo éxi o del o den neo-
libe al: la capacidad de hace desapa ece sin el p oblema mo al y p ác ico que implica el
asesina o plani icado. En los úl imos años se ha dedicado mucha a ención a los espacios de
desapa ición que se encuen an en los lími es de los es ados-nación ( on e as, espacios ex-
a e i o iales). Sin emba go, la desapa ición se p oduce cada ez más en el in e io de los
es ados-nación —lo que Isin y Rygiel (2007: 192) denominan «zonas»— y no solo en espacios
geog á ica y ju ídicamen e disc e os (Ga i, I azuz a y Ma ínez, 2019).
6. CONCLuSIóN
La economía de la desapa ición es uno de los asgos de la hipe mode nidad. Se puede deci
que el aniquilamien o de se es humanos de o a e nia, la disposición de la basu a en g andes
e ede os o la desapa ición de la sel a pa a el monocul i o no ienen nada que e en e sí.
Sin emba go, en odos los casos esponden, en úl ima ins ancia, a una misma acionalidad.
Se a a de un deseo de o den, de consegui una iden idad limpia y homogénea en un espacio
igualmen e limpio y homogéneo. Pe o no llega con limpia , ambién es necesa io ol ida que
hemos limpiado pa a que no solo el espacio y el iempo queden inmaculados, sino ambién
nues a conciencia. De ahí que incluso algo an ino ensi o como la eliminación de desechos
no es é exen a de conno aciones polí icas. La desapa ición dia ia de la basu a de nues as ca-
sas pe mi e que sigamos consumiendo de o ma insos enible. Que los e ede os más con a-
minan es es én si uados cada ez más lejos, que desapa ezcan de nues a is a y se despla-
cen a Á ica o el sudes e asiá ico es ambién pa e de una economía de la desapa ición.
En es e a ículo me he ace cado al enómeno de las desapa iciones con empo áneas desde
una pe spec i a a queológica. La a queología iene impo an es limi aciones a la ho a de ge-
ne a conocimien o, pe o ambién o ece alguna en aja, pa icula men e cuando se a a de
in es iga aquello que es á ocul o, conscien emen e o inconscien emen e: si los egímenes
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hipe mode nos uncionan den o de una economía de la desapa ición, la a queología lo hace
den o de una epis emología de la apa ición, pues su obje i o, en úl ima ins ancia, es descu-
b i cosas: saca las a la luz, desen e a las li e almen e: los cue pos de los asesinados en un
campo de concen ación, los desechos de la gen e sin hoga . Es e p oceso, además, se ealiza
en público (Moshenska, 2009), lo que nue amen e comba e la endencia al ocul amien o que
es ca ac e ís ica de las polí icas de la desapa ición. Po o o lado, esul a posible a queológi-
camen e documen a no solo las es a egias de desapa ición, sino ambién la o ma en que
se hace desapa ece la desapa ición, es deci , cómo se bo an las huellas de las ecnologías
de ex e minio. Finalmen e, lo abyec o es pa e de la ma e ia con la que abaja la disciplina
(Shanks e al., 2004), se a e de basu a o es os humanos. En es e a ículo he en a izado la
impo ancia de la abyección (la basu a, las heces) pa a comp ende los p ocesos de desapa i-
ción en la hipe mode nidad, en los cuales se equipa an ideológicamen e de i os y pe sonas
y se les o o ga un a amien o semejan e.
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