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* Co espondencia a / Co espondence o: Ma iann Vaczi. Uni e si y o Ne ada, Reno. 1664 N Vi ginia S . Reno, NV 89557, Es ados Unidos – [email p o ec ed] –
h p://o cid.o g/0000-0001-6007-0981.
Cómo ci a / How o ci e: Vaczi, Ma iann (2020). ¿Somos dis in os o es amos locos? Los dobles ínculos del ú bol y la iden idad en Bilbao. Papeles del CEIC,
ol. 2020/1, papel 221, 1-17. (h p://dx.doi.o g/10.1387/pceic.20758).
Recibido: ab il, 2019; acep ado: oc ub e, 2019.
ISSN 1695-6494 / © 2020 UPV/EHU
Es a ob a es á bajo una licencia
C ea i e Commons A ibución 4.0 In e nacional
Papeles del CEIC, 2020/1
h p://dx.doi.o g/10.1387/pceic.20758
ISSN 1695-6494
¿so m o s d i s i n o s o e s a m o s l o c o s ?
lo s d o b l e s Í n c u l o s d e l ú b o l y l a i d e n i d a d e n bi l b a o
A e we di e en , o jus c azy?
The double binds o oo ball and iden i y in Bilbao
Ma iann Vaczi*
Uni e si y o Ne ada, Reno (EE.UU.)
Palab as cla e
Fú bol
Doble ínculo
País Vasco
Iden idad
RESuMEN: El A hle ic Club de Bilbao iene una iloso ía única: icha solamen e a jugado-
es que son ascos, una polí ica que echaza el in e nacionalismo del ú bol con empo áneo
globalizado. A pesa de es a iloso ía, el club nunca ha bajado a segunda di isión. Sin em-
ba go, en 2007 el A hle ic es u o a solo un pa ido de baja a segunda di isión, lo que obligó
a su comunidad de seguido es a en en a se al impasse de su iden i icación localis a. Su ex-
cepcionalismo al i o, la iloso ía que hizo que el club bilbaíno se conside a a «un caso único
en el mundo», pa ecía aho a es a en con lic o con las exigencias de calidad necesa ias pa a
pe enece a la p ime a di isión, y la iden idad misma de la ciudad pa ecía es a en juego.
Apoyado en una in es igación e nog á ica, es e a ículo indaga en la iden idad colec i a
como una ampa-22, un doble ínculo según la eo ización de Ba eson: una si uación que
p esen a una elección ine i able en e dos esul ados i econciliables y no deseados, un di-
lema i al que des ela no solo los place es sino ambién el su imien o de iden idad p odu-
cido po el ú bol en la sociedad asca.
Keywo ds
Socce
Double bind
Basque Coun y
Iden i y
Abs Ac : A hle ic Bilbao has a unique playe ec ui men policy, allowing only Basque-
bo n playe s o hose de eloped a he you h academies o Basque clubs o play o he
eam, a policy ha ejec s he in e na ionalism o con empo a y globalised spo . Despi e
his, he club has ne e been elega ed om he op di ision o Spanish oo ball. In 2007,
howe e , A hle ic came one game away om descending o second di ision, which sen
he an communi y in o an impasse o iden i ica ion. I s p oud excep ionalism, he philos-
ophy ha made he club a «unique case in he wo ld» now appea ed o be in con lic wi h
i s di ision pe o mance, and he iden i y o he ci y was a s ake. Based on e hnog aphic
ieldwo k, his pape app oaches collec i e iden i y as a Ca ch-22 ype double bind as heo-
ized by Ba eson: an impasse ha e eals no jus he pleasu e, bu also he in ense su e ing
iden i y p oduces in Basque socce and socie y.
Ma iann Vaczi
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«Iñaki Williams hizo his o ia en una noche en la que no espe aba llega al campo». Así empe-
zaba en sep iemb e del 2019 el epo aje especial de ESPN sob e el ichaje del A hle ic Club
pa a los p óximos 9 años de su jugado de la can e a de o igen a icano (K ichko, 2019). En
una noche ía de eb e o de 2015, Williams hizo un gol en el minu o 9 en el Es adio Olímpico
de Tu in. «¡He ma cado! ¡He ma cado!» g i ó eu ó icamen e. Aunque los goles se celeb en
en odas pa es, los debu s y los goles ue a de las inales a a ez hacen his o ia. En Bilbao,
sin emba go, hay o as conside aciones más allá de la compe ición que pueden con e i
una noche de in ie no en un espec áculo his ó ico: Williams e a el p ime jugado neg o que
ma caba un gol en el A hle ic, muy conocido po su iloso ía de «solo ascos» a la ho a de i-
cha únicamen e jugado es locales en un con ex o global (G o es, 2011). El gol ue celeb ado
como un hi o his ó ico po pa e de o os iñakis de Bilbao: los inmig an es a icanos que so-
b e i en en la calle como endedo es ambulan es. Du an e un b e e ins an e deslumb an e,
la dis ancia en e el Iñaki de la pan alla y los iñakis de su p opia comunidad, que le mi aban
desde los ba es donde endían joye ía ba a a, no pa ecía se an abismal.
La iloso ía del A hle ic Bilbao de «solo ascos» p o oca polémica en ocasiones. Po un lado,
muchos a icionados de los demás clubes ascos de éli e, como la Real Sociedad, Osasuna,
Ala és o Éiba , en con esen imien o la hegemonía del A hle ic y su ap opiación de la iden i-
dad « asca» a pesa de los ma ices u bolís icos del país (O’B ien, 2017). Po o o lado, desde
ue a del País Vasco, ocasionalmen e se p esen an acusaciones de exclusión acis a. Aho a
bien, Williams e a una p ueba de que la alineación del club no e lejaba una ideología acis a,
sino que se adap aba a las ealidades demog á icas cambian es de la p o incia y del país, de
la que los inmig an es son una pa e conside able1.
Es ic amen e hablando, es o no es una no edad his ó ica. Bilbao a ajo a muchos inmig an-
es a lo la go del siglo x x . Ello se cons an a en el ámbi o del A hle ic en los p ime os jugado-
es ingleses y especialmen e en la mayo ía de apellidos españoles en la lis a de jugado es.
Pe o Williams es un homb e neg o y la eno me ascinación p oducida po su caso mues a la
pe du abilidad de las ca ego ías aciales. El celo con el que se de endió en los medios de co-
municación la « asqui ud» de Williams, bien po su nacimien o bien po habe pe enecido a
su can e a, jun o con sus cali icaciones con inuas de «diaman e neg o», «pe la neg a», o «es-
ella neg a» e mina on con i mando en úl ima ins ancia la posición de Williams ue a de
una asqui ud no ma i a. La «ag esi a cegue a al colo » de los medios de comunicación e a
«a in de cuen as o a o ma de o edad» (Aquino, 2017: 130-131), de ex añamien o.
De odos modos, ales deba es sob e e nicidad, aza e iden idad son muy deseables, y la po-
sición del A hle ic Club es un ca alizado único en e los demás uedos cul u ales en el País
Vasco (MacClancy, 1996; Wal on, 2011). Du an e más de un siglo ya, cuando eme gen nue os
jugado es en la ó bi a del equipo, los bilbaínos deba en no sólo las cualidades del jugado ,
sino ambién su á bol genealógico. ¿Es asco? ¿Es su icien emen e asco? ¿Pe o qué es un
asco? Desde Higinio O uza San ama ía y Cándido Ga doy Ma ín en el equipo inmedia a-
men e pos e io a la Gue a Ci il; a Chus Pe eda y Miguel Jones en los 1960; los he manos Ma-
nolo y Láza o Sa abia en los 1970; Bixen e Liza azu en los 1990; Diego Fo lán y Ande He e a
en los 2000; y has a, po supues o, Williams en la década de 2010, el A hle ic ha con ibuido
ampliamen e a de iniciones de qué signi ica se « asco» y «local» y qué no (Vaczi, 2015). En
1 Cas illo (2007) sugie e, de hecho, que una o ma de e i a semejan es c í icas se ía concede le al A hle ic una
denominación de o igen al es ilo de los p oduc os locales, algo así como un Eusko Label.
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Bilbao, un nue o ichaje es siemp e más que un ichaje; puede llega a se un ac o simbólico
de e- e i o ialización nacional.
«Pa a mí el A hle ic signi ica algo que ya casi no se puede encon a en el mundo», me dijo
un a icionado. Y sigue: «Es la Resis encia po excelencia, un símbolo que se alza con a las co-
ien es del mundo. Un club que insis e en una de las he mosas adiciones de la his o ia del
ú bol, si no la más he mosa de odas: en él solo juegan jugado es locales». Es a de inición
esume lo que la mayo ía conside a la esencia de la ma ca del A hle ic: una cul u a u bolís-
ica de inida po la di e encia. Un i ula de la p ime a página del p es igioso dia io depo i o
ancés L’Equipe de los años se en a indicaba: «El A hle ic, un caso único en el mundo del ú -
bol». Ese i ula se con i ió en el c edo del excepcionalismo asco y en una seña de dis in-
ción. «Nues a iloso ía no nos hace mejo es ni peo es», suelen deci en Bilbao; «Somos di e-
en es».
Es e ac o di e encial, sin emba go, iene o a condición que le da sen ido: que el A hle ic
juegue en la p ime a di isión. El club nunca ha bajado a segunda. Exis e un chis e ecu en e
en Bilbao con el que los a icionados del A hle ic se bu lan de sus i ales de la Real Sociedad
du an e los de bis: «¿Cuál es el í ulo que la Real Sociedad iene y que el A hle ic no, y nunca
end á?»; la espues a es: «¡Campeón de la segunda di isión!». Pe o hubo una empo ada en
que ese chis e ue epi iéndose cada ez menos, has a que al inal dejó de oí se. La abomina-
ble pe spec i a de descende a segunda di isión se hizo eal. Los bilbaínos nunca ol ida án
la echa del 17 de junio de 2007, el día del «Pa ido de la Sal ación» con a el Le an e. En ese
úl imo pa ido de la empo ada, el A hle ic se jugaba a odo o nada su es a us de p ime a di-
isión. Su iloso ía de au osu iciencia y su o gulloso excepcionalismo se en en aban al e o
de ini i o, y la iden idad de la ciudad se hallaba en juego.
Es e a ículo abo da los impases y ansiedades de esa si uación en el p oceso de iden i ica-
ción y p esen a a la comunidad del A hle ic Club como si es a se a a a de lo que Tu ne de-
nominó «una comunidad de su imien o» (1969: 14). En el co azón del a icionado eside un
comp omiso: el de apoya a un equipo y nunca abandona lo. En al comp omiso se halla co-
di icada una o ma de iolencia, ya que se a a de una a adu a. Po qué la gen e es seguido a
de un de e minado club depo i o se ha a ibuido a ac o es di e sos, como la au o ealiza-
ción comuni a ia, la adición, la socialización en alo es, la e asión de la ida co idiana o el
dis u e colec i o. En Bilbao exis e o o ac o que liga a los a icionados a su equipo: una do-
ble aba ipo T ampa-22, cuya lógica no eside en lo que a ae a las pe sonas a a iciona se al
depo e, sino más bien en lo que les impide abandona al a ición.
En é minos o males, ¿qué es una si uación ipo T ampa-22? En su clásica no ela sa í ica
sob e la Segunda Gue a Mundial, el esc i o Joseph Helle (1961) la de ine como una lógica
ci cula de la que no exis e salida. La T ampa-22 es una oscu a no ma mili a e e ida a la
p ác ica de los bomba deos aé eos, la cual econocía que la p eocupación po la segu idad
pe sonal a la ho a de en en a se al pelig o es un p oceso na u al de una men e acional, y
es ipula que una pe sona puede se eximida de se i en el ejé ci o a causa de su al a de co -
du a. Un pilo o de bomba de o, esc ibe Helle , podía queda se en ie a si es aba loco. Todo
lo que necesi aba hace e a pedi queda se en ie a. Pe o en cuan o lo hacía, ya no se podía
segui conside ando loco, y debía segui lle ando a cabo misiones. La T ampa-22 del pilo o
es que es a ía loco si siguie a olando en misiones, y cue do si no lo hicie a, pe o si es u ie a
cue do end ía que segui olando (ibídem: 56). La T ampa-22 es, po lo an o, una lógica ci -
cula que impide a cualquie a eludi una misión de comba e; es una si uación en la que la
Ma iann Vaczi
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única solución al p oblema queda negada po una ci cuns ancia inhe en e al p oblema, o po
una egla.
La T ampa-22 de Bilbao concie ne los dos p incipios undamen ales de la iden idad del A hle-
ic: su iloso ía cen ena ia de juga solo con ascos, y su pe manencia inin e umpida en la
p ime a di isión. Cuando en las empo adas 2005/2006 y 2006/2007 ambos p incipios pa e-
cie on se mu uamen e excluyen es, la comunidad del A hle ic se io en un agónico impase
ace ca de su iden idad del que no había una salida cla a. Al cons i ui una ampa o mada
po equisi os con adic o ios, iene ecos de la eo ía de dobles ínculos (double binds) de
G ego y Ba eson (1973), la cual es aplicable a las misiones de comba e me a ó icas que se lle-
an a cabo en el campo de ú bol. Los a icionados, los jugado es y los di ec i os ue on íc i-
mas de la doble aba de la iloso ía de solo ascos.
Es e a ículo es pa e de un es udio e nog á ico más ex enso que lle é a cabo en Bilbao du-
an e los años 2009-2011 pa a mi esis doc o al (2013), y o ma pa e del lib o que publiqué
a con inuación sob e las dimensiones sociales, polí icas y cul u ales del A hle ic Club (Vaczi,
2015). Se basa en 18 meses de abajo de campo en Bilbao y el País Vasco, así como en más
de cien ho as de en e is as en p o undidad con a icionados, jugado es, en enado es y di-
ec i os del club. En p ime luga , examina e dos me a- ela os que han enido un peso espe-
cial en la cons ucción de la iden idad que denomino el excepcionalismo asco: el discu so
an opológico que c eó una imagen pa icula de los ascos como ca ego ía social, cul u al,
é nica y acial (Zulaika, 1996), y el discu so polí ico que se ha se ido de ela os cien í icos
pa a sus ines ideológicos-polí icos (MacClancy, 1993). La noción de di e encia ocupa un luga
cen al en ambos ela os, c eando un imagina io, mo i o de amplio deba e pe o que, no obs-
an e, ha enido consecuencias en el modo en cómo los ascos se en a sí mismos. Segundo,
examina é cómo es as na a i as de la iden idad se e lejan en la iloso ía especial del A hle-
ic Club, y e mina é po iden i ica los impasses de iden idad de ipo T ampa-22 que pueden
p oduci esos discu sos.
1. NOS HAN DICHO quE éRAMOS DIFEREN ES
«Si, al como p oclaman los ca eles u ís icos, «España es di e en e», esc ibe el an opólogo
Je emy MacClancy, «en onces los ascos son muy di e en es» (1993: 92). Los medios de co-
municación popula es a menudo p esen an a los ascos como un pueblo an iguo, hosco y
mis e ioso que habi a en los Pi ineos. Un episodio de la céleb e se ie de documen ales de ia-
jes O son Welles a ound he wo ld (1955) a anca con una pano ámica de los mon es Pi ineos,
en la on e a anco-española. Welles, uno de los más conocidos cineas as de su época, des-
c ibe el País Vasco como un « incón muy apa ado» y «poco conocido» de Eu opa, y la on-
e a «más como un concep o eó ico» que como un hecho, un concep o eó ico p opues o
po el gobie no ancés y el español. ¿Pe o quiénes son los ascos? «Nadie lo sabe ealmen e
—a i ma Welles—, aunque sí sabemos quiénes no son: los ascos no son anceses ni espa-
ñoles, ni medi e áneos, ni alpinos, ni magia es, ni cel as, ni ge manos, ni semí icos, ni es-
candina os, ni siquie a a ios»2. Welles desc ibe a los ascos como insula es y dis an es, mis-
2 Documen al disponible en: h ps://www.you ube.com/wa ch? =hJlKx3NPu s. Úl ima consul a: 11/01/2020.
¿Somos dis in os o es amos locos? Los dobles ínculos del ú bol y la iden idad en Bilbao
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e iosos e incomp ensibles, desa ian es y sub e si os, «di e en es» y au én icos, habiendo
e olucionado in si u desde el o igen de los iempos al igual que los «Red Indians» de Amé ica.
Tales ep esen aciones mues an a los ascos como un pueblo singula cuyo ca ác e di e-
en e eposa sob e dos pila es: en una de inición en é minos de quiénes no son, y en la ei-
indicación de unos ínculos ances ales con su ie a que pa en de iempos p ehis ó icos.
Los ascos son un pueblo muy in es igado po la an opología (Zulaika, 1996). Al canaliza la
a ención de los cien í icos hacia la e olución y la ca ego ización de las especies, el cambio de
pa adigma que supuso el da winismo u o consecuencias en la consolidación de la c aneolo-
gía y de la an opología ísica. Los ascos se con i ie on ápidamen e en mo i o de cu iosi-
dad en odo el mundo. El p ime cien í ico impo an e que se ocupó de medi los ue el suizo
Ande s Re zius, p o eso de ana omía y miemb o de la Real Academia de las Ciencias Suiza
(Zulaika, 1996: 50). El ancés Paul B oca, an opólogo y undado de la Sociedad de An o-
pología de Pa ís y de la Re ue d’An h opologie, es udió sesen a c áneos de ascos, exhuma-
dos de mane a u i a en Gipuzkoa. El b i ánico A. C. Haddon, del Ins i u o Londinense de An-
opología, es udió la p ehis o ia asca y p opuso que los ascos e an descendien es di ec os
del C o-Magnon. El an opólogo local que encabezó la in es igación sob e los ascos ue Te-
les o o de A anzadi, undado de la Sociedad pa a los Es udios Vascos (Eusko Ikaskun za).
A anzadi de endió la p ime a esis doc o al en an opología en España en 1889, con el í ulo
El pueblo euskalduna, en la que esumió la e olución y la eo ía acial de los ascos, inculán-
dolas a in es igaciones eu opeas (MacClancy, 1993: 99-103). Sin omá icas del en usiasmo
que odeaba la in es igación sob e los ascos ue on las palab as de R. Collignon, quien, as
abaja en 1893 con c áneos p o enien es de la p o incia de Gipuzkoa, dijo: «An e mis ojos
se e elaba un ipo de homb e nue o, p o undamen e dis in o, no solamen e de odos los
que, en las mismas condiciones, había obse ado en F ancia, sino ambién de odos aquellos
que yo había es udiado en el No e de Á ica» (apud Zulaika, 1996: 53).
Con inuando es a in es igación undacional, en las décadas que siguie on, una dis inguida
se ie de a queólogos, lingüis as, olclo is as y an opólogos cul u ales mos ó a los as-
cos acompañados de p e ijos como no-, p e- y p o o-. Los ascos se p esen a on así an e el
mundo como un pueblo que p ecedía a odos los demás de su á ea geog á ica, que hablaba
una lengua no indoeu opea (Humbold , 1821), cuyas cos umb es, adiciones (Gallop, 1970)
y elaciones de géne o (O iz-Osés y May , 1980) e an di e en es a las de sus ecinos, y cuya
an iguas es uc u a polí ica y sis ema de oma de decisiones cons i uían la p ime a p o o-
democ acia (Ba oja, 2009). Es as de iniciones «impues as» (MacClancy, 1993: 117) po la co-
munidad cien í ica cons uye on la aza y la cul u a ascas como dis in as y p o is as de un
o igen local. Muchas de es as eo ías han sido pues as en duda o eba idas po la ciencia mo-
de na, incluyendo la dis inción é nica y acial y la e olución au óc ona. Lo ele an e pa a
nues os p opósi os, sin emba go, no es an o el alo eal de ales discu sos como sus con-
secuencias en las iden idades social, cul u al y polí ica. Cie o o no, un discu so gene a una
cie a ealidad.
«¿Cómo sabe us ed que es india?», se le p egun ó a una jo en Mashpee en 1976, en un juicio
en Massachuse s, en el cual los Mashpee debían demos a que e an una ibu an es de po-
de eclama la posesión de sus ie as, y donde pa icipa on an opólogos como expe os.
«Mi mad e me lo dijo» (Cli o d, 1988: 301). O o miemb o de la ibu decla ó: «Somos di e en-
es. Sabíamos que é amos di e en es. Nos han dicho que é amos di e en es [los an epasados
y los an opólogos]» (ibídem: 281. El pode legi imado del discu so cien í ico es al que puede
cons ui iden idades colec i as. Se espe a de los cien í icos que den un es imonio expe o,
Ma iann Vaczi
6 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-17
que digan a la gen e quién es, que legi imen su « ibu». Pa a la p egun a de cómo los ascos sa-
ben que lo son, la espues a puede se la misma: «Me lo dijo mi an opólogo». El me o in e és
cien í ico en un pueblo bas a pa a comunica a es e una imp esión de singula idad. Du an e
mi abajo de campo, me pidie on epe idamen e que explica a po qué había enido a Bilbao
cuando pod ía habe me cen ado en los g andes: el FC Ba celona o el Real Mad id, más popu-
la es y pode osos. «¿Po qué nos ha elegido a noso os?», p egun aban. La única espues a po-
sible que podía da me a mí misma (y a la agencia que me p o eía de ondos) pa a legi ima mi
in es igación e a: «Po que el A hle ic es di e en e». His ó icamen e, esc ibe M acClancy, que los
an opólogos se moles en en «in e i su iempo en in es iga la p ehis o ia asca (en luga de,
po ejemplo, la española), ayudó, y ayuda, a los nacionalis as comp ome idos a jus i ica la ele-
ada conside ación que ienen de su p opio pueblo» (1993: 114). Las di e encias é nicas, bioló-
gicas, cul u ales y lingüís icas (U la, 1993, 1995) es ablecidas po la ciencia se con i ie on en
elemen os básicos en el discu so polí ico asco del excepcionalismo.
2. NI ESPAñA, NI FRANCIA
Mucho an es de que el mo imien o nacionalis a asco c is aliza a a inales del siglo dieci-
nue e en su o ma mode na, un sen imien o de di e encia ca ac e izaba ya a los pueblos del
no e de España. Es e sen imien o de di e encia su gía de dos uen es p incipales: la noción
de hidalguía colec i a y los ue os.
Las aíces de la hidalguía colec i a se emon an al año 1053, cuando a los habi an es de un
alle se les concedió pe miso pa a o ma su p opia milicia (Con e si, 1997: 178). Pos e io es
eyes ca ólicos o o ga on el í ulo de hidalguía colec i a a las p o incias ascas de Bizkaia y
Gipuzkoa a cambio de ocupa se de la de ensa de su on e a: « odo homb e capaz de demos-
a que sus pad es e an ascos (…) e a econocido au omá icamen e como hidalgo en i ud
de su pu eza de sang e» (G eenwood, 1977: 86). La hidalguía colec i a se con i ió en el «nú-
cleo mo al del sen imien o de singula idad asco» (ibídem: 86). Los ue os se codi ica on en
los siglos diecisie e y dieciocho en e la Co ona española y los pode es egionales ascos, exi-
mían a los locales del se icio mili a así como del pago de impues os, y pe mi ían a las asam-
bleas p o inciales el e o de edic os eales. E a es e un p i ilegio conside able, que los ascos
log a on conse a has a 1876, du an e más iempo que o as egiones como, po ejemplo,
Ca aluña. La pé dida de los ue os, símbolo e ins umen o de la independencia económica
y egional, ue un ac o decisi o en el su gimien o del nacionalismo a inales del siglo dieci-
nue e (Payne, 1975). Tan o la hidalguía colec i a como los ue os gene a on en los ascos la
imp esión de se agen es polí icos di e enciados den o del Es ado español.
El discu so nacionalis a asco nació de Sabino A ana Goi i a inales del siglo diecinue e, y
en a izaba las dis inciones é nicas y de aza como alo es undamen ales. En el discu so de
A ana esuena el discu so de di e encia cien í ico y popula . A ana c eó la ideología y el sim-
bolismo nacionalis as, así como el Pa ido Nacionalis a Vasco. Su concep ualización de la
iden idad e a p imo dial, esencialis a y basada en el nacimien o: pa a A ana, la mejo p ueba
de la pu eza de sang e asca e a ene ocho apellidos ascos3.
3 A ana di undió su idea io en su e is a Bizkai a a en e 1893-1895.
¿Somos dis in os o es amos locos? Los dobles ínculos del ú bol y la iden idad en Bilbao
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Con el su gimien o de ETA en 1959, emos una ede inición de las bases de iden idad del na-
cionalismo asco: un gi o de concep ualizaciones p imo diales, basadas en la sang e, hacia
o as pe o ma i as, basadas en la acción y en la clase social. T a ándose de una o ganiza-
ción ma xis a que simpa izaba con la clase abajado a, ETA se p opagó en e los emig an-
es de clase abajado a p o enien es del es o de España. «Conside amos a los emig an es y
a sus hijos más ascos que esos capi alis as con la gos apellidos ascos que se a e en a lla-
ma se pa io as mien as no cesan de en iquece se a cos a de su p opio pueblo» (apud Mac-
Clancy, 1993: 105). El nacionalismo abe zale ab azó a las clases abajado as y no e a é nica-
men e exclusi o (Kasmi , 2002). En luga de la aza asca, el nacionalismo asco de izquie da
en a izaba el pueblo abajado asco (MacClancy, 1993: 107), que ETA conside aba explo-
ado. ETA eía la acción como el sello dis in i o de la iden idad asca, la cual e a po na u a-
leza una iden idad polí ica: se asco e a se abe zale, un ac i is a nacionalis a p o-indepen-
dencia asca, un simpa izan e y un mili an e de la causa asca. «No naces abe zale», esc ibe
M acClancy (ibídem). «Te haces abe zale» (ibídem). Heilbe g a i ma que ETA ede inió la co-
munidad mo al. «Cualquie a que apoya a la causa asca o maba pa e del “noso os” y, al
ma gen de la genealogía, los que no la apoya an e an los “o os”» (1980: 50).
Los discu sos an opológico y polí ico han sido cons uc o es muy in luyen es de la iden idad
asca, y su sine qua non ue el én asis en la di e encia é nica, lingüís ica y cul u al, así como
en la pe enencia indígena a la ie a. La iloso ía de ichajes localis a del A hle ic albe ga un-
ciones discu si as y pe o ma i as de simila impo ancia.
3. DE SAN IMAMIñE A SAN MAMéS: Fú BOL y LA FAN ASíA DE LOS
ORíGENES
En 1916, un g upo de escola es descub ió en las ce canías de Basondo, en la p o incia de Biz-
kaia, una cue a que albe gaba cu iosas pin u as upes es. La ca e na del Paleolí ico Supe-
io se con i ió en un icono cul u al y en eje cen al de iden i icación pa a el imagina io cul-
u al asco: e oca ascendencia local, e olución inin e umpida, indigenismo e insula idad
pa a la cul u a adicional asca. Pa a los ascos, ue una p ueba de lo que los an opólogos
les habían con ado sob e su p ehis o ia e iden idad: la cue a e a el con ex o angible en el
que su pasado imaginado se hacía ealidad (Zulaika, 1988: 7).
Llama on a la cue a San imamiñe, el nomb e asco de una e mi a ecina, conocida en cas-
ellano como San Mamés. El luga se con i ió en ocayo del es adio del A hle ic Club, cons-
uido es años an es al lado de o a e mi a dedicada al mismo san o. San Mamés es donde
los ecos de San imamiñe y las pasiones más i mes y du ade as de la ciudad se con ie en en
e en o. En cie o sen ido, el es adio de San Mamés es el equi alen e alegó ico de la cue a de
San imamiñe: ambos son un espacio pa a el deseo, la iden i icación y las aíces. Son la a i -
mación asca de pe enencia indígena al e i o io, a una ed amilia , a una ní ida conciencia
de di e enciación. En la adición u bolís ica de San Mamés esuenan el San imamiñe p e-
his ó ico y el discu so an opológico: desa ollo local, indígena, y un es ablecimien o é nico
de lími es basado en el én asis en la di e encia.
Los a icionados de Bilbao c een que los jugado es son más e icien es si de e as aman su
club, y el mejo modo de asegu a al amo es median e una o mación local y a la go plazo
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del jugado como pe sona y depo is a. También c een que esa dedicación esul a en un en-
dimien o supe io , po lo cual la can e a local es, de hecho, uen e de o aleza y no debili-
dad. La con ianza en los ecu sos locales, su explo ación al máximo median e el abajo du o
y la au osu iciencia esul an e son alo es cons i uyen es del con ecuencia ci ado «o gullo
asco». Es habi ual que un jugado inicie su ca e a en el A hle ic y la concluya allí, as ha-
be jugado cien os de pa idos con el único club de su ida. En un sen ido p imo dial, el juga-
do del A hle ic enca na el indigenismo asco: el cons i uye un ínculo inin e umpido con
los o ígenes. «Nace» en la comunidad li e al y igu adamen e, y se desa olla en la misma. Es
p oduc o de la ie a, de las ca e nas, de la can e a.
Po lo an o, la iloso ía del A hle ic de solo ascos es lo que Laplanche y Pon alis (1986) lla-
ma ían una an asía undamen al que a a de esponde el «enigma de los o ígenes». La cul-
u a u bolís ica cons i uye una na a i a de an asía que «median e las icciones de mi os
pe sonales se in e oga sob e los o ígenes: ¿De dónde p ocedo? ¿Po qué y espondiendo a
qué in ención es oy aquí?» (ibídem: 34). El A hle ic esponde a un enigma que ha sido una
p eocupación pa icula de la an opología asca y eu opea, así como de e minan e pa a la
iden idad y la polí ica ascas. A a és del A hle ic, es aún posible se es igo di ec o de los
o ígenes p opios en San imamiñe-San Mamés y en la can e a. El bucle empo al de an asía,
la c eencia en que el A hle ic ep esen a un ínculo inin e umpido con sus o ígenes pe mi e
a los a icionados p esencia , con cada nue o jugado salido de la can e a, el comienzo imagi-
na io de su comunidad.
«¿Qué se ía nues o A hle ic sin su pasado?» se p egun aba Alejand o de la So a ya en 1932
(ibídem: 257). Solo cua en a y cua o años as su undación, el club ya se de inía po su pa-
sado. Y ealmen e, ¿qué se ía el A hle ic sin él? En cie o sen ido, la « adición cen ena ia»
del club se «in en a» de mane a e ospec i a, po emplea el concep o de Hobsbawm y
Range (1992), como un modelo cuyas unciones simbólicas son la in a iabilidad y el es a-
blecimien o de una con inuidad con el pasado que esul e ap a pa a el p esen e. No es la
adición pe se lo que se in en a; más bien, lo que se p oyec a de mane a e ospec i a es
una sensación de con inuidad e in a iabilidad. Tales p oyecciones, a i man Hobsbawm y
Range , son « espues as a si uaciones inédi as que adop an la o ma de e e encias pa a si-
uaciones an iguas» (ibídem: 1). Su necesidad eside en el «con as e en e el cambio cons-
an e y las inno aciones del mundo mode no y el in en o de es uc u a como con inuas
e in a iables al menos cie as pa es de la ida social que o ma pa e de ese mundo mo-
de no» (ibídem: 2). El A hle ic y su polí ica de ichajes son p ecisamen e al in en o: an e los
cambios sociales, cul u ales y polí icos de Bilbao, es celeb ada como el único enómeno que
se esis e a ellos.
4. ¿qué ES uN be solA i PARA zIDANE? LOS AS ERIx y OBELIx
DEL Fú BOL GLOBAL
La be sola ia o poesía imp o isada es la más amosa mani es ación cul u al de la lengua
asca. Se lle a a cabo en un en o no compe i i o: cinco o seis be sola is se disponen o -
mando una línea, el público les da una palab a o un ema y ellos, ciñéndose a una ima, un
me o y una melodía ijos, deben imp o isa y can a sob e aquella palab a o ema. La be so-
la ia se conside a una p ác ica genuinamen e asca, y a sus p ac ican es los mayo es maes-
¿Somos dis in os o es amos locos? Los dobles ínculos del ú bol y la iden idad en Bilbao
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os de una lengua en pelig o. Simboliza una cul u a u al adicional que sob e i ió en los
pueblos y en las casas de campo du an e la p ohibición del euske a en el con ex o del égi-
men de F anco.
Como inalis as del Campeona o Nacional de Be sola i de 2005, el poe a Jon Maia y sus i-
ales ue on in i ados a San Mamés a asis i un pa ido con a el Real Mad id. Como ep e-
sen an es de la más ín ima cul u a popula , la p esencia de aquellos poe as plasmaba la di-
sonancia e incong uencia del A hle ic en una cul u a depo i a globalizada. «En los minu os
que an eceden al pa ido», ecue da Maia,
«es ábamos en los úneles de acceso a los es ua ios. A un lado, Gue e o, Gu -
pegi, Lac uz, U zaiz y compañía. Al o o, Casillas, Robe o Ca los, Zidane… ecue do
que aquel día no es u o Beckham. Y en e aquellas dos ilas de es ellas, noso os,
los ocho be sola is. Andoni hizo el saque de hono y, si no ecue do mal, can o un
be so desde la mi ad del campo. ¿Que pensa ían aquellos jugado es de noso os?
A sabe , segu amen e nada. ¿Qué es un be s ola i pa a Zidane? Solo plan ea se
la p egun a… [Más a de en el palco VIP] en o no de un canapé, el odopode oso
homb e de negocios es a al, con oz y o o en los cen os de pode de la polí ica
de Es ado, y el be sola i de Hendaia, p oceden e de la ealidad asca mas c uda.»
(2013: 178-179)
El A hle ic ocupa una posición única como espacio de encuen o en e mundos muy di e en-
es y en e ela os poli ónicos: al posibili a la in e sección de lo local, lo nacional y lo global,
acen úa cada uno de ales ámbi os. Compi iendo en p ime a di isión, el A hle ic p opo ciona
un luga que pe mi e que la «di e encia» del indigenismo, la cul u a y la iden idad local so-
b esalga del con ex o global.
Si los an opólogos cons uye on a los ascos como los «na i os de Eu opa», no esul a
so p enden e que el A hle ic se concep ualice como los «As e ix y Obelix» del ú bol espa-
ñol y del in e nacional: los locales indomables, los galos que se esis en a la ocupación o-
mana. En su lib o sob e la ges ión del ú bol de éli e, el an iguo di ec i o del FC Ba celona
Fe án So iano dis ingue en e a ias es a egias de ges ión. Es á el modelo galác ico se-
guido po gigan es como el Real Mad id y el FC Ba celona, que lucha po adqui i a los me-
jo es jugado es del mundo y po gana í ulos in e nacionales. Los hay que aspi an azona-
blemen e a gana í ulos nacionales y que juegan un papel modes o en los campeona os
in e nacionales. Y luego es á el A hle ic Club de Bilbao. El an iguo jugado Andoni Zu-
biza e a lo exp esa del siguien e modo: «Somos an iglobalización. Hay mucha gen e a la
que no le gus a la g an escala ni la ca e a de locos pa a hace dine o. La imagen del pue-
blo lleno de galos que luchan con a un enemigo pode osos nos esul a a ac i a» (apud
So iano, 2012: 37).
5. LA RAMPA-22 DE BILBAO: EL PAR IDO DE LA SALVACIóN
Al cabo de dos agónicas empo adas en la zona de descenso, en 2007, el A hle ic se io a un
pa ido de abandona la ca ego ía de p ime a di isión. Su gió en onces la p egun a: ¿Debe-
ía el club man ene su p incipio de ichajes localis a, cuando es e es á acasando de ma-
ne a an es epi osa? Algunos seguían de endiendo al iloso ía, pe o pa a muchos o os,
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