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La conformación de un icono genérico y su contexto: Augusto César Sandino y la opinión pública española (1928-1934)

Andrés García, Manuel

Abstract

The objective of this article is the revision of the figure of Augusto César Sandino and its sociopolitical impact on the Spanish public opinion. Starting from an analysis of the events that drove the figure of the guerrilla leader to the international arena, we will examine the impact of his actions within an interventionist moment as posed by the United States in Central America and the Caribbean in the first decades of the Twentieth century, as well as the reaction of the Spanish-speaking countries regarding the interference of Washington. It will be from the above mentioned context that the repercussion of Sandino on the intellectuality and peninsular media will be addressed, taking as reference the newspapers of the entire ideological arch to confirm how, even from different perspectives - and within a timeframe of just seven years – the Nicaraguan would eventually become a shared icon, but of dissimilar significance.; El objetivo de este artículo es la revisión de la figura de Augusto César Sandino y su impacto sociopolítico en la opinión pública española. Partiendo de un análisis de los acontecimientos que impulsaron la figura del líder guerrillero a la escena internacional, examinaremos la repercusión de sus actuaciones dentro de una coyuntura intervencionista como la planteada por los Estados Unidos en Centroamérica y el Caribe en las primeras décadas del XX, al igual que la reacción de los países hispanohablantes respecto a las injerencias de Washington. Será a partir de dicho contexto que abordaremos la repercusión de Sandino en la intelectualidad y medios peninsulares, tomando como referencia diarios de todo el arco ideológico para confirmar cómo, aun desde perspectivas diferenciadas – y en un marco temporal de apenas siete años – el nicaragüense acabaría convertido en un icono compartido, pero de disímil significación.

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919 ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277 HC La CoNformaCióN dE uN iCoNo gENériCo y su CoNtExto: augusto César saNdiNo y La opiNióN púbLiCa EspañoLa (1928-1934) THE CoNFoRMATIoN oF A GENERIC ICoN AND HIS CoNTEXT: AUGUSTo CÉSAR SANDINo AND THE SPANISH PUBLIC oPINIoN (1928-1934) Manuel Andrés garcía* Universidad de Huelva, España. rEsumEN: El objetivo de este artículo es la revisión de la figura de Augusto César Sandino y su impacto sociopolítico en la opinión pública española. Partiendo de un análisis de los acontecimientos que impulsaron la figura del líder guerrillero a la escena internacional, examinaremos la repercusión de sus actuaciones dentro de una coyuntura intervencionista como la planteada por los Estados Unidos en Centroamérica y el Caribe en las primeras décadas del xx, al igual que la reacción de los países hispanohablantes respecto a las injerencias de Washington. Será a partir de dicho contexto que abordaremos la repercusión de Sandino en la intelectualidad y medios peninsulares, tomando como referencia diarios de todo el arco ideológico para confirmar cómo, aun desde perspectivas diferenciadas —y en un marco temporal de apenas siete años— el nicaragüense acabaría convertido en un icono compartido, pero de disímil significación. PALABRAS CLAvE: Hispanoamericanismo; Antiimperialismo; Augusto César Sandino; Iconología política; Relaciones España-EE.UU-Latinoamérica; siglo x x . AbstrAct: The objective of this article is the revision of the figure of Augusto César Sandino and its sociopolitical impact on the Spanish public opinion. Starting from an analysis of the events that drove the figure of the guerrilla leader to the international arena, we will examine the impact of his actions within an interventionist moment as posed by the United States in Central America and the Caribbean in the first decades of the Twentieth century, as well as the reaction of the Spanish-speaking countries regarding the interference of Washington. It will be from the above mentioned context that the repercussion of Sandino on the intellectuality and peninsular media will be addressed, taking as reference the newspapers of the entire ideological arch to confirm how, even from different perspectives —and within a timeframe of just seven years— the Nicaraguan would eventually become a shared icon, but of dissimilar significance. KEyWoRDS: Hispanic-Americanism; Anti-imperialism; Augusto César Sandino; Political iconology; Spain – USA – Latin America relationships; Twentieth century. * Correspondencia a: Manuel Andrés García. Universidad de Huelva. Departamento de Historia, Geografía y Antropología. Facultad de Humanidades. Avda. Tres de Marzo, s/n. 21071 Huelva (Spain) – [email protected] – https:// orcid.org/0000-0001-8771-8653 Cómo citar: Andrés García, Manuel (2020). «La conformación de un icono genérico y su contexto: Augusto César Sandino y la opinión pública española (1928-1934)»; Historia Contemporánea, 64, 919-952. (https://doi.org/10.1387/hc.20510). Recibido: 10 enero, 2019; aceptado: 28 junio, 2019. ISSN 1130-2402 - eISSN 2340-0277 / © 2020 UPV/EHU Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 https://doi.org/10.1387/hc.20510 920 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía El 23 de febrero de 1934 las redacciones de los principales diarios se vieron sorprendidas por una noticia que conmocionó a la opinión pública internacional y, muy en particular, a la hispanoamericana: el asesinato de Augusto César Sandino. Un crimen cuya repercusión trascendería toda ideología para hacerse patente, en términos de reconocimiento o de indignación, en periódicos tan dispares como el conservador ABC, el liberal El Sol o el izquierdista La Libertad. La trascendencia mediática de Sandino hay que insertarla en un contexto global de efervescencia política e ideológica que, en lo que a Latinoamérica se refiere, estaría acentuada por el intervencionismo norteamericano. Sólo así se explica la notoriedad cobrada por quien, apenas seis años antes, era un completo desconocido y, del mismo modo, sólo partiendo de ese punto puede entenderse la lectura apologética que de su trayectoria haría la intelectualidad continental, elevándolo prácticamente a la condición de mito. En España las hazañas del nicaragüense caerían en terreno abonado para su exaltación. Tal actitud se alimentaría, en buena parte, de la extendida animadversión que se respiraba en la Península hacia los Estados Unidos. Una aversión que, si bien se había ido forjando desde la independencia de las Trece Colonias1, encontró su culminación en 1898, con un Tratado de París que despojó a España de sus últimos territorios en Ultramar y la relegó al vagón de cola de las potencias occidentales. Fue así como las posteriores injerencias norteamericanas al sur de sus fronteras encontraron en la opinión pública española un ambiente refractario, impulsado por un hispanoamericanismo siempre dispuesto a acompañar las censuras al expansionismo de Washington con el aplauso a sus opositores. La intención de este trabajo es, precisamente, analizar el impacto que supuso la figura de Sandino en la prensa española, así como constatar la participación de ésta en el enaltecimiento del nicaragüense con independencia de la línea editorial. Para ello haremos una prospectiva sobre el 1 No pretendemos con ello obviar el apoyo español a la independencia estadounidense, sino recalcar cómo lo que fue una decisión de conveniencia para debilitar a los británicos acabó elevando a la condición de adversario a los beneficiarios de la ayuda, de manera tal que, si a nivel oficial la relación entre Madrid y Washington pareció empezar con buen pie, en el ámbito ideológico y geopolítico no demoraría en mostrar sus primeras grietas. Profético resultaría a este respecto la memoria secreta remitida en 1783 por el Conde de Aranda, embajador español en París, a Carlos III, advirtiendo cómo ese «pigmeo» que habían ayudado a crear terminaría siendo un «gigante» y cómo «dentro de algunos años veremos con verdadero dolor la existencia tiránica de este coloso de que hablo». Fernández, 2012, 15. https://doi.org/10.1387/hc.20510 921 La conformación de un icono genérico y su contexto tratamiento dispensado al guerrillero en los medios peninsulares, tomando como referencia rotativos de tendencias opuestas como los ya citados ABC o La Libertad y en un arco temporal de apenas siete años, justo aquellos en los que se forjó la imagen de Sandino como icono antiimperialista: de 1928 a 1934. Un periplo convulso, internacionalmente hablando, tanto en lo político como en lo económico. Y un septenio de transición y cambio en España que, con la caída del Directorio y el advenimiento de la II República, también tendría sus efectos en el asunto que nos ocupa. panamericanismo e hispanoamericanismo en las relaciones entre España, Estados unidos y la américa hispana Las relaciones hispano-estadounidenses ha sido un tema tradicionalmente soslayado por la historiografía española, no siendo hasta hace apenas unas décadas que comenzaron a proliferar monografías, artículos y trabajos colectivos sobre dicha cuestión. Pablo León Aguinaga señala el 2003 como un año clave a este respecto, tanto por su carácter simbólico2 como por ser en éste que vio la luz un dossier que considera clave en el cambio de rumbo historiográfico: «50 años de relaciones entre España y los Estados Unidos»3, coordinado por Antonio Niño y publicado por Cuadernos de Historia Contemporánea. Cierto es que tal afirmación pudiera parecer desdeñosa respecto a quienes, con anterioridad, ya habían señalado la importancia del asunto —ya fuese de manera puntual o continuada— pese al aparente desinterés general. Nos referimos a gente como Manuel Azcárate, Antonio ñíguez Bernal o aquellos autores que, desde el hispanismo norteamericano, ilustraron distintos aspectos del bilateralismo hispano-estadounidense. Sin embargo, una retrospectiva historiográfica revela la particular incidencia que en los últimos años han tenido, por ejemplo, los estudios sobre el conflicto de 1898 y sus repercusiones; o los dedicados a la participación norteamericana —de manera exenta o inserta en una perspectiva internacional— en la guerra Civil Española;… por no hablar de los trabajos, cada vez más profusos, sobre la presencia e influencia españolas en territorios pertenecientes, en la actualidad, a los Estados Unidos. 2 Ese año se conmemoraba el 50 aniversario del Pacto de Madrid. 3 Niño, 2003. 922 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía No es éste un artículo dirigido a enfocar las relaciones diplomáticas hispano-estadounidenses, bien escrutadas en nuestro país por José Antonio Montero o Sylvia Hilton, entre otros, y que escapan al propósito de este trabajo4. Sin embargo, sí indagaremos en un periodo particularmente interesante en cuanto a connivencias y desencuentros entre Madrid y Washington: el comprendido entre 1898 y 1936. Entre una conflagración que quebró el espejismo imperial español y otra que acabó sumiendo al país en un choque de antagonismos que no tardaría en reeditarse a escala mundial. Fue durante este periplo que las dudas sobre la españolidad y su idiosincrasia vendrían acompañadas, paradójicamente, de un acercamiento entre esa España en crisis y las repúblicas hispanoamericanas. Ya con motivo de las conmemoraciones del Iv Centenario se había producido cierta aproximación entre la antaño metrópoli y sus antiguas colonias, pero fue tras la derrota ante los Estados Unidos que se confirmó un cambio, dentro del imaginario hispanoamericano, en el que la nueva potencia emergente confirmaría su posición hegemónica dentro del continente y, con ella, su naturaleza bifronte: por un lado, como modelo de desarrollo político y económico; por el otro, como amenaza más que previsible para la soberanía de sus vecinos5. 4 Montero dirigió un interesante dossier en 2012 para la revista Circunstancia bajo el título «España y Estados Unidos (1877-1975). El largo camino hacia la normalización de las relaciones bilaterales». Aparte, es muy recomendable su obra El despertar de la gran potencia. Las relaciones entre España y los Estados Unidos (1898-1930). En cuanto a Hilton, una magnífica introducción para conocer el devenir de las relaciones culturales hispano-estadounidenses sería el dossier que coordinó en 2010 para la Revista Complutense de Historia de América bajo el título «Relaciones históricas hispano-estadounidenses: visiones del siglo x x en clave cultural». Para un mayor conocimiento del impacto que tuvo en los medios españoles la retórica monroísta o la interpretación que estos harían de la misma desde 1895, es muy recomendable su artículo «La «nueva» Doctrina Monroe de 1895 y sus implicaciones para el Caribe español: algunas interpretaciones coetáneas españolas». 5 Esta visión disociada también podemos encontrarla, con matices diferenciados, en la propia España, donde el rechazo a los Estados Unidos y su política exterior encontró amplio acomodo en la prensa y la intelectualidad coetáneas pero, a la par, también se asumiría su poderío económico y los beneficios potenciales de su comercio. Esto produciría situaciones ambivalentes en las que los prejuicios mutuos irían de la mano de unas relaciones comerciales no siempre fáciles, por no hablar de las frecuentes discrepancias en cuanto a la América Hispana y su futuro. ver Montero, 2011. Un artículo interesante para observar las suspicacias norteamericanas respecto a España y los españoles durante el Directorio es Montero, 2010. https://doi.org/10.1387/hc.20510 923 La conformación de un icono genérico y su contexto Este cambio de actitud cabe contemplarlo dentro de un marco de confrontación ideológica como el que sostuvieron panamericanismo e hispanoamericanismo. Dos discursos que, con América Latina como trasfondo, encarnarían sendas visiones antagónicas sobre lo que debían ser las relaciones interamericanas, sus objetivos y fundamentos. Con todo, un análisis pormenorizado de ambas doctrinas revela, por una parte, su heterogeneidad y, por otra, un complejo juego de intereses en el que igual cabrían la versión económica, comercial y financiera del expansionismo norteamericano que la consolidación del antiimperialismo como corriente de pensamiento. O, desde otro punto de vista, las variadas propuestas de unidad continental y los esfuerzos de la diplomacia e intelectualidad españolas por arrogar a España el liderazgo, más simbólico que real, de la comunidad hispanohablante. El panamericanismo daría muestras de su naturaleza injerencista prácticamente desde sus comienzos. Baste recordar los recelos de las legaciones latinoamericanas en la primera gran celebración panamericanista6, ante las propuestas del entonces Secretario de Estado norteamericano, James Blaine, respecto a la impulsión de una posible unión aduanera o la creación de un tribunal de arbitraje de carácter continental. La desconfianza latinoamericana estaba bien fundada: en lo concerniente a la unión aduanera, por el perjuicio que una zona comercial exclusivamente americana podía causar a sus relaciones con una Europa cuyas inversiones, en esos momentos, eran determinantes7; en lo tocante a la implementación de un tribunal interamericano, las suspicacias iniciales se acabarían confirmando conforme fue desvelándose la apuesta estadounidense por la fórmula del arbitraje obligatorio y, por añadidura, por su intención de que el tribunal fuese permanente y con sede en Washington. Probablemente las expectativas de Blaine pecaron de exceso respecto a las posibilidades de la Conferencia, pero su frustración no invalidó el potencial del panamericanismo conforme a lo que acabaría siendo: una de las dinamos de la política exterior norteamericana. Hablamos de un instrumento perfectamente articulado con las distintas directrices que guiaron el actuar estadounidense fuera de sus fronteras y, en particular, al sur de las mismas, entrando en consonancia con discursos previos como la Doctrina Monroe o la Doctrina del Destino Manifiesto que —además de evidenciar 6 La I Conferencia Internacional Americana, celebrada en Washington del 2 de octubre de 1889 al 19 de abril de 1890. 7 Andrés garcía, 2017, 287-288. 924 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía la temprana oposición estadounidense a las intervenciones europeas en América8— también revelaría el complejo de superioridad y el providencialismo característicos del expansionismo norteamericano. Fue así como, en una línea de continuidad, la posterior Diplomacia del Big Stick, implementada bajo el mandato de Theodore Roosevelt, o la del Dólar —también apuntada por Roosevelt pero impulsada, sobre todo, durante el gobierno de William Taft— encontraron en el discurso panamericanista un engranaje en el que acoplar —desde una percepción supremacista, como la que albergaba la clase política norteamericana respecto a sus vecinos— la influencia política, el expansionismo económico y la amenaza militar, cuando no la intervención. La respuesta latinoamericana, doctrinalmente hablando, tendría expresiones diversas. En una época ideológicamente ardua, junto al hispanoamericanismo convivirían otros movimientos de singular importancia como el latinoamericanismo9, si bien no centraremos nuestra atención en ellos tanto por motivos de espacio como la limitada importancia que éstos tendrían en España. Lo cierto es que el hispanoamericanismo, en sus distintas versiones, signó la política y la cultura españolas de manera inapelable lo que, unido al aludido cambio de perspectiva que se produciría en la América Hispana tras 1898, produjo la paradoja de una reivindicación del legado español a un lado y otro del Atlántico, aun por motivos bien diferenciados. En el caso español, la reivindicación de una identidad cultural colectiva se impondría por razones varias, no siendo desdeñable su uso para 8 Las potencias europeas —y, en particular, gran Bretaña y Francia— intensificaron su presencia en el continente tras las independencias, justificando sus intervenciones en la supuesta protección de sus súbditos o en la siempre socorrida excusa de garantizar el pago de las deudas contraídas por los gobiernos latinoamericanos con sus bancos e inversores. En el caso británico esto vino a complementarse con el apresurado interés de los nuevos ejecutivos por lograr el reconocimiento de Londres; reconocimiento acompañado, con frecuencia, de tratados comerciales que darían a gran Bretaña una posición privilegiada dentro del nuevo contexto. En todo caso, cuando la diplomacia no dio los frutos esperados, siempre quedaría la intervención militar, siendo que, ya en la primera mitad del x i x , México, Nueva granada y el Río de la Plata sufrirían bloqueos navales por parte de franceses y británicos. 9 La bibliografía sobre el latinoamericanismo, sus antecedentes y representantes han disfrutado de un impulso interesante desde los estudios de Leopoldo zea. Algunas de las aportaciones más sugerentes de los últimos años son, desde perspectivas diferentes, las de Miguel Barrios en relación a Manuel Ugarte (2004) o la de Alexandra Pita y su estudio sobre la Unión Latinoamericana y el boletín Renovación (2009). https://doi.org/10.1387/hc.20510 925 La conformación de un icono genérico y su contexto paliar el descalabro de su ya dañada imagen internacional. Cierto es que, independientemente de las variables existentes dentro del hispanoamericanismo, se produjo una anteposición de los valores culturales hispanos sobre el resto de intereses, lo que podría traducirse como la primacía de una convicción —la existencia de una comunidad de base histórica, lingüística y cultural— por encima de cualquier otro rédito. Sin embargo, la cuestión sería hasta qué punto la España de comienzos del x x estaba preparada para otro tipo de planteamiento. O, dicho de otro modo, hasta dónde llegaba la capacidad de la vieja metrópoli para impulsar y consolidar un proyecto político y/o económico a la altura, en sus beneficios, de la comunidad cuyo liderazgo pretendía arrogarse10. En lo concerniente a las repúblicas hispanoamericanas, la reivindicación de la herencia española se convertiría en una de las principales líneas argumentales a oponer al expansionismo estadounidense. España, expulsada definitivamente del continente, había dejado de ser una amenaza para sus antiguas colonias, lo que facilitaría la asunción de su legado como elemento clave de las identidades propias y fundamento integrador de una posible identidad colectiva o, cuando menos, de su planteamiento11. Tales mimbres alimentarían el alegato de aquellos sectores opuestos a la adopción, sin reservas, del modelo norteamericano como política de Estado. Una medida asumida por no pocos gobiernos latinoamericanos como garantía de progreso, pero cuyas consecuencias apuntaban a ser imprevisibles no sólo en lo político y lo económico, sino también en el ámbito sociocultural12. 10 Sepúlveda, 1994, 18-20; Andrés garcía, 2014, 607. 11 Esto no quita para que los debates en torno al hispanoamericanismo —o, más bien, en torno al legado hispano— no estuviesen presentes en la vida intelectual de los distintos países. México, por ejemplo, oscilaría entre una cierta aceptación presente durante el porfiriato y el posterior rechazo vigente con la consolidación estatal del México post-revolucionario, en el que encontrarían mejor acomodo otros movimientos como el latinoamericanismo, el indigenismo o el indoamericanismo. Colombia, al cambio, vivió una clara compenetración de las ideas hispanistas con la cultura y la política patrias, encontrando en el legado español fundamentos de cohesión social y cultural —como la religión y el idioma— que consolidarían el discurso político de los sectores conservadores hasta bien entrado el siglo x x . Para una mayor información sobre los debates y evolución del hispanismo/hispanoamericanismo en ambos países merece la pena la lectura de granados, 2010 y gracia, 2011. 12 No parece exagerado si observamos lo acontecido en Filipinas, donde la administración norteamericana —una vez reprimida la resistencia local— logró, en apenas unas décadas, reducir a la mínima expresión el uso del español e impulsar su sustitución por el in- 926 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía Con tales elementos no resulta extraño que, en tierras americanas, el ensalzamiento de la tradición hispánica cobrase, con frecuencia, un marcado acento antiimperialista. Un acento que bien podría vincularse a la ya asentada tendencia del hispanoamericanismo por hacer bandera del antiyan quis mo y que, a su vez, explicaría el seguimiento que la prensa española haría de aquellos acontecimientos y personajes que, como Sandino, pusieron en evidencia el intervencionismo estadounidense y sus abusos. La cuestión de Nicaragua No puede decirse que el interés de Washington por Nicaragua fuese repentino. Ya la aparición del oro californiano en 1848 hizo que la importancia geopolítica de la región creciese exponencialmente. Firmado ese mismo año el Tratado de guadalupe-Hidalgo —y ampliadas las fronteras hasta el Pacífico a costa de México— el control del istmo se convertiría en un objetivo fundamental para los norteamericanos, entrando en competencia con una gran Bretaña cómodamente posicionada en el continente tras el triunfo independentista. Fue en el marco de esta disputa que, apenas un año después, el ejecutivo estadounidense inició negociaciones con las autoridades nicas con la mira puesta en la construcción de un canal interoceánico. La maniobra no pasó desapercibida al gobierno de Londres, sumamente interesado en el proyecto pero no en que quedase en manos rivales, de ahí que, tras diversas tensiones, se lograse cierta conciliación con la firma, el 19 de abril de 1850, del Tratado Clayton-Bulwer, que restringiría las ambiciones territoriales de ambas potencias y conformaría a sus respectivas clases políticas, al menos temporalmente, respecto a cuál de las dos iba a ejercer el control exclusivo sobre el futuro canal13. glés. Así se entiende el esfuerzo de intelectuales como el dominicano Eugenio Deschamps o el puertorriqueño José de Diego por crear un importante número de centros educativos con un doble objetivo: educar y concienciar de la propia identidad. Lo mismo en cuanto al mexicano Julián Carrillo quien, siendo director de la Escuela Nacional de Música y Arte Teatral de México —y asustado de que los estudiantes de su país se ufanasen de estudiar en francés e inglés— llegaría a proponer la creación de una Confederación proidiomática que promoviese el uso de de libros en castellano y la unificación de las normas de traducción, a fin de que en las escuelas primarias superiores de los países hispanohablantes no se utilizaran obras en lenguas extranjeras. Sepúlveda, 2005, 215. 13 Selser, 2010b, 12. https://doi.org/10.1387/hc.20510 927 La conformación de un icono genérico y su contexto La provisionalidad del tratado quedaría patente cuatro años después con el bombardeo y destrucción del puerto de greytown14 por el buque de guerra norteamericano Cyane. greytown controlaba la desembocadura del río San Juan, punto clave para todo aquel que quisiera emprender la proyección de un canal por Nicaragua. Ocupado por los británicos el 1 de enero de 1848 con las bendiciones del rey misquito, george Augustus Frederic II, el puerto nunca dejó de ser un punto de fricción entre ambas potencias, convirtiéndose en la causa de su primer enfrentamiento armado. Lo cierto es que, pese a lo firmado, las escaramuzas entre ingleses y estadounidenses nunca dejaron de producirse, al punto que —tras el incidente del Cyane— hubo que consensuar nuevamente las posiciones en pos de evitar un choque a gran escala. Los rifirrafes entre Londres y Washington ilustrarían la importancia geoestratégica centroamericana para el comercio internacional, al igual que el papel secundario otorgado por ambas potencias a las soberanías de la zona. Tal desdén podría ejemplificarse en la pertinente utilización del providencial reino de Mosquitia por parte de los británicos15; o en las muy oportunas incursiones de William Walker en la región, que pondrían sobre el tapete los muchos intereses particulares yanquis implicados en el asunto. Lo que resulta indudable es que las injerencias de unos y otros alimentaron la inestabilidad de la zona, supeditando a los ejecutivos regionales a un grado tal que, con frecuencia, hubieron de relegar las conveniencias nacionales en virtud de las presiones externas. A comienzos del x x la disputa por la supremacía parecía abocada en favor de los norteamericanos. Una supremacía agudizada, además, por la paulatina implantación de empresas estadounidenses y la captación e integración, dentro de sus cuadros, de miembros de las elites políticas centroamericanas. Así se entiende el incordio que supondría para los planes de Washington un presidente como el nicaragüense José Santos zelaya, impulsor de proyectos de carácter interregional opuestos al intervencionismo 14 El antiguo San Juan de la costa caribeña nicaragüense. El cambio de nombre se hizo por iniciativa del rey misquito, george Augustus Frederic II, en honor del gobernador de Jamaica, sir Charles grey. 15 Por ejemplo, cuando el rey misquito Robert Charles Frederick, en 1839, cedió a súbditos ingleses residentes en Jamaica una extensión de terreno «libre y exento de contribuciones, impuestos y gravámenes de toda clase» que cubría buena parte de las actuales Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Con ello, los británicos se otorgarían una legitimidad para intervenir en el área totalmente ajena a la voluntad de los gobiernos centroamericanos. Selser, 2010a, 279. 934 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía A pesar de las aparentes dificultades pasadas por la delegación norteamericana —las discusiones respecto al «derecho de intervención» fueron particularmente espinosas— la desunión de los representantes latinoamericanos hizo que, al menos desde una perspectiva institucional, Washington superase la reunión sin grandes apuros y, sobre todo, sin compromisos inmediatos34. No obstante, a lo largo de la conferencia la figura de Sandino iría creciendo de cara al gran público, sobre todo por la cada vez más patente incapacidad de las fuerzas norteamericanas para derrotarlo. El envío de refuerzos desde los Estados Unidos, las incipientes críticas internas a la administración Coolidge y los sucesivos fracasos sobre el terreno vinieron a enaltecer, aún más, los mensajes de Sandino a sus partidarios y simpatizantes. Mensajes que, por otra parte, transmitirían una imagen épica del guerrillero, exaltando su figura con un aura de patriotismo y sacrificio que acabaría calando con fuerza en el imaginario hispanohablante. La lectura de un reporte publicado por La Época en las previas de la Conferencia de La Habana revela adecuadamente lo dicho. Haciendo referencia a una carta enviada por Sandino a un amigo —y filtrada por Pedro Cepeda, su representante en México según la prensa— las palabras atribuidas al guerrillero no podían, por menos, que investirlo con los ropajes de héroe: «Lucharé mientras el corazón no deje de palpitar […] Nicaragua no será de los imperialistas. Tengo cinco toneladas de dinamita en mi arsenal, que haré estallar con mis propias manos. Los que oigan el estruendo sabrán que Sandino ha muerto; pero las manos de traidores e invasores no profanarán sus restos. Tan solo Dios Todopoderoso y los verdaderos patriotas juzgarán.»35 Los intentos norteamericanos por aislar a Sandino tendrían un éxito muy relativo. Su área de actuación era limítrofe con la frontera hondureña, lo que le garantizaba una salida de emergencia en caso de peligro. A ello habría que sumarle la ofuscación de sus enemigos a la hora de contrarrestar su creciente popularidad. Cada carta de Sandino dejaría en evidencia el fracaso de tales propósitos, incrementando todavía más su fama 34 Andrés garcía, 2017, 295-304. 35 «Los Estados Unidos y Nicaragua – Una carta de Sandino»; en La Época, 9 de enero de 1928, p. 1. Hay que señalar que otros periódicos, como El Sol, ya habían informado sobre la misiva el día anterior. https://doi.org/10.1387/hc.20510 935 La conformación de un icono genérico y su contexto el bloqueo al que se le pretendía someter. Un editorial de El Sol del 20 de enero ilustra lo dicho de manera fehaciente, resaltando las dificultades interpuestas al rebelde para evitar que sus palabras llegasen al gran público36, antes de dar paso a una nueva carta en la que, de nuevo, su figura se investiría con la vitola de patriota irreductible frente a la intromisión extranjera y el consentimiento de sus gregarios: «Desconocemos todo acto que emana del traidor Adolfo Díaz. Es nuestro propósito arrojar del país, en la forma que hubiere lugar sin lesionar los intereses de la nación, a los piratas que invaden nuestra patria […] Permanecer en armas, jurando ante la patria y la historia no vendernos ni rendirnos hasta no arrojar de nuestro suelo a los invasores. No permitir que poderes extraños sean los guardianes de las armas que sirven para defender el decoro de la patria, y, en esa virtud, no permitir tan humillante propuesta, pues no necesitamos que los invasores vengan a darnos garantías a los hijos legítimos del país; estas garantías sólo pueden ser efectivas desocupando los piratas de nuestro territorio.»37 La carta de Sandino vino a publicarse pocos días después de la inauguración de la cita habanera y de un discurso, el del presidente Coolidge, muy criticado desde las tribunas internacionales por pasar de puntillas sobre los asuntos que, verdaderamente, enturbiaban las relaciones interamericanas como, por ejemplo, el derecho de intervención que el monroísmo otorgaba a los Estados Unidos o, de resultas de éste, la cuestión de Nicaragua38. De ahí se deducen las bajas expectativas periodísticas a una posi36 «La Prensa imperialista de los Estados Unidos ha tratado de presentar a las fuerzas del general Sandino como una partida de bandoleros, y el enérgico bloqueo ejercido por las autoridades norteamericanas de Nicaragua impide a Sandino comunicarse libremente con el resto del mundo y hacer constar sus propósitos y organización». «La defensa de Nicaragua»; en El Sol, 20 de enero de 1928, p. 1. 37 La carta vino de la mano de Fabyan Turcios, director de la revista guatemalteca Ariel y colaborador de Sandino hasta su ruptura de relaciones en enero de 1929. Funes, 2010. 38 Un titular de El Sol revelaría tal desconfianza ya en los comentarios al discurso de Coolidge, subtitulándolo «La delegación norteamericana quiere establecer el derecho de protectorado de los Estados Unidos “en dirección al sur hasta el Cabo de Hornos”». En «La Conferencia Panamericana – Se comenta desfavorablemente el discurso de Coolidge»; en El Sol, 21 de enero de 1928, p. 7. 936 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía ble rectificación por parte de Washington; o las duras críticas vertidas por reputados cronistas, como Eduardo gómez de Baquero «Andrenio», quien desmontaría con sorprendente aspereza las buenas intenciones que pudieran desprenderse de la alocución de Coolidge: «Los dos grandes principios son, según Mr. Coolidge, la democracia y la paz […] hay que reconocer que, en teoría, las declaraciones de Mr. Coolidge son excelentes. Lo malo es la práctica. El mismo día que se inauguró la Conferencia de La Habana desembarcaba en Corinto (Nicaragua) otro destacamento de Infantería de Marina norteamericana con abundante tren de municiones y aviones de bombardeo [,,,] Algo tiene que haber en la psicología de la gran República yanqui, medio puritana medio fenicia […] que explique la contradicción entre la doctrina y la conducta. La clave está probablemente en la creencia de la inferioridad de los pueblos hispanoamericanos en relación a su robusto vecino del Norte. La repugnancia y el desprecio hacia las razas de color que hace perseguir las huellas del antepasado negro, en personas de sangre mezclada, que ya no son de color y ofrecen el tipo caucásico, es un antecedente del desdén del yanqui hacia el criollo español de las Repúblicas del Centro y del Sur, sentimiento oculto e inconfesable […] que ya no se apoya sólo en la prevención contra el mestizaje más o menos extendido en aquellos pueblos, sino en su relativa —a veces grande, a veces muy pequeña— inferioridad política e industrial. El yanqui mira a los pueblos hispanoamericanos que tiene más cerca como menores necesitados de tutela o como sociedades donde coloca sus capitales y desea tener, en consecuencia, cierta facultad de vigilancia e intervención.»39 Fue en este contexto que se iría fraguando una imagen distintiva de Sandino en los medios españoles. Una imagen que partiría de su condición rebelde, de su resistencia frente a la presencia estadounidense en su país, pero que, con el tiempo, iría cobrando matices específicos según el signo político de la publicación que la abordase. Una revisión de los artículos editados en la península durante esos meses confirma el primer extremo, con diarios de ideología dispar que, sin embargo, coincidirían en recalcar la índole partisana del nicaragüense y en su equiparación con fi39 Eduardo gómez de Baquero, «Del panorama mundial – El discurso de Mr. Coolidge ante la Conferencia Panamericana»; en El Sol, 21 de enero de 1928, p. 1. https://doi.org/10.1387/hc.20510 937 La conformación de un icono genérico y su contexto guras históricas españolas que la tradición había encumbrado como grandes guerrilleros. Es así como podemos encontrar a un Augusto Barcia que, desde las páginas de La Libertad, calificaría a Sandino como «el viriato nicaragüense»40; o la silueta editada por El Imparcial en la que compararía a éste con los héroes de la guerra de la Independencia Española41; o el panegírico que le dedicaría el socialista Benito Artigas Arpón en La Voz y que, en línea con los anteriores, asimilaría al centroamericano con El Empecinado hasta vincularlo, en retrospectiva, con los cántabros y su lucha contra los romanos: «No le ha faltado a Sandino, el «Empecinado» de Nicaragua, el apóstrofe que esgrimen los pueblos invasores contra los núcleos reasumi do res de la defensa de la independencia y contra sus capitanes. Al general Sandino se le ha llamado bandolero y jefe de bandoleros por figuras representativas del pueblo contra cuya invasión se alzó el general de Nicaragua. Bandoleros fueron viriato y sus huestes, así como los cántabros indómitos, para los romanos. Bandoleros, nuestros guerrilleros, para los ejércitos napoleónicos. Y bandolero tenía que ser ese ejemplo vivo de abnegación, de amor a la independencia, que se llama César Augusto Sandino [sic]. El dicterio, de procedencia norteamericana, es el basamento sobre el cual se alza en Nicaragua la única columna de la libertad que queda enhiesta.»42 El hispanoamericanismo no dejaría pasar la ocasión para vindicar a Sandino como representante de la Raza, distintivo clásico del movimiento que —encarnado en su figura— haría transcender la lucha por la independencia de su país a la categoría de causa continental. Con ello, la resistencia sandinista pasaría también a convertirse en santo y seña del antiimperialismo latinoamericano, lo que se traduciría en multitud de alegatos en los que el nicaragüense aparecería reflejado —frente al entreguismo de las 40 Hablando de un manifiesto de la juventud universitaria bonaerense en apoyo «… a Sandino, al viriato nicaragüense, carne y sangre de aquel admirable caballero, valiente, señor e indómito, que pintara el inmortal Rubén». Augusto Barcia, «La Conferencia de La Habana – Los primeros frutos»; en La Libertad, 25 de enero de 1928, p. 1. 41 «Al igual que nuestros héroes de la Independencia, Sandino ha recorrido el territorio de su país, realizando actos de tal audacia y de tan increíble valor personal, que puede decirse que es hoy la figura más entusiásticamente admirada de América». En «La Revolución en Nicaragua – Silueta del general Sandino»; en El Imparcial, 27 de enero de 1928, p. 8. 42 Benito Artigas Arpón, «En Centroamérica – Cesar Augusto Sandino o la libertad»; en La Voz, 1 de febrero de 1928, p. 4. 938 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía clases dirigentes— como símbolo de la disconformidad de sus pueblos y defensor de la dignidad colectiva43. La revista La Rábida, órgano de la Real Sociedad Colombina Onubense, sería, sorprendentemente, un buen escaparate a este respecto. Y hablamos en término de sorpresa porque, siendo ésta una publicación más bien representativa del hispanoamericanismo conservador, en sus páginas tuvieron cabida artículos, opiniones y homenajes a Sandino de personalidades bien significadas por su izquierdismo, como Manuel Ugarte o César Falcón. En el caso de Ugarte, refrendando el orgullo colectivo por su lucha contra, en sus palabras, los grandes enemigos de los pueblos del Sur, es decir, «la plutocracia norteamericana y […] las oligarquías y los tiranos que son servidores más o menos visibles del imperialismo»44: «No admitamos, pues, diferencias entre liberales y conservadores y hagamos bloque contra los derrotistas, contra los Presidentes ungidos por la Casa Blanca, contra todas las encarnaciones que toma en nuestras repúblicas el mísero egoísmo de los caudillos subalternos. El único que merece nuestra entusiasta adhesión es el general Sandino, porque el general Sandino representa, con sus heroicos guerrilleros, la reacción popular de nuestra América contra las oligarquías infidentes y la resistencia de nuestro conjunto contra el imperialismo anglosajón.»45 En lo que refiere a Falcón, su homenaje vino en forma de carta pública en la que otorgaría al nicaragüense un carácter mítico, categorizándolo como «el primer héroe de nuestra epopeya». Es de reseñar que, tras este adjetivo, el peruano plasmaría un concepto de raza emparentado con el del hispanoamericanismo pero con algunos visos que, en detalle, parecieran apuntar a un enfoque más acorde con su doctrinario: «… le ruego iluminar constantemente su espíritu con la idea de la integridad de nuestra raza. Usted no está luchando por la libertad de Nica43 Hablamos de alegatos de sus adeptos, de ahí la generalización frente a los diversas coyunturas y sentimientos que pudiera inspirar el nicaragüense en los diferentes países o a sus elites políticas. 44 Manuel Ugarte, «El Congreso panamericano de La Habana»; en La Rábida: Revista Colombina Iberoamericana, Junio 1928, p. 11. 45 Manuel Ugarte, «Nicaragua – Manuel Ugarte y los estudiantes americanos en Europa»; en La Rábida: Revista Colombina Iberoamericana, Julio 1928, p. 11. https://doi.org/10.1387/hc.20510 939 La conformación de un icono genérico y su contexto ragua, sino por la libertad de todos los pueblos hispánicos, de todos los pueblos de nuestra sangre, nuestro espíritu y nuestra lengua, porque todos ellos, de un modo o de otro son pueblos irredentos […] Ustde [sic] es el primer héroe de nuestra epopeya, de nuestra mitología. No importa si no vence ahora mismo a los monstruos del Norte. Usted los vencerá al fin. La historia de nuestra redención comenzará a contarse, años adelantes [sic], con estas palabras: «A los treinta y tres años, el capitán Sandino, guiado por la mano invisible de Cristo, porque venía a defender nuestra fé [sic] en la igualdad de los hombres, a satisfacer nuestra justicia y a redimirnos de todas las opresiones, salió con sus hombres de las selvas musicales de Nicaragua». Y la historia de nuestra redención será la historia de la gran comunidad hispánica libre.»46 La carta venía acompañada de una imagen de Sandino en cuyo epígrafe rezaba «Los rasgos del héroe revelan que Augusto Sandino lleva la vida en la libertad de su Patria y su Raza», aunando en el conjunto elementos propios del discurso hispanoamericanista —como «Patria», «Raza» o esa mención providencialista a «la mano invisible de Cristo»— con otros perfectamente integrables en la dialéctica de izquierdas, léase la fe en la igualdad de los hombres o la redención de todas las opresiones. El interés por Sandino fue creciendo con el paso de los meses. La rumorología, las noticias y contrainformaciones sobre sus avances y retrocesos, hicieron de su nombre un habitual en los medios. Periódicos hubo, como el Heraldo de Madrid, que designarían un enviado especial al efecto: Miguel v. Capuz47. Otros diarios aprovecharían el testimonio de corresponsales extranjeros para conocer más de cerca la figura del guerrillero, como el Heraldo de Madrid, con un especial firmado por el norteamericano Harry Stevenson; o El Sol, que publicaría los artículos de Carleton Beals sobre Sandino y su vida en las montañas. Beals fue el único periodista que llegaría a contactar directamente con él durante el conflicto48, siendo publicado el resultado de sus encuentros en la neoyorquina The Nation. El impacto de sus reportajes sería tal que, poco tiempo des46 César Falcón, «Mi Capitán…»; en La Rábida: Revista Colombina Iberoamericana, Mayo 1928, p. 12. 47 Tal y como anunciaría en su contraportada del 8 de febrero. 48 Los otros dos periodistas que llegarían a tener un contacto directo con Sandino serían el vasco Ramón Belausteguigoitía y el nicaragüense José Román, pero no sería hasta 1933, es decir, una vez firmada la paz y con los marines fuera del país. 940 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía pués de haber visto la luz en los Estados Unidos, fue que El Sol decidió editar una traducción de los mismos bajo el título «Con Sandino en Nicaragua49. Merece la pena recalcar un extracto de la última conversación que mantuvieron y que el periodista utilizó para introducir su reportaje: «Su última pregunta al separarnos fue: —¿Cree todavía que somos unos bandidos? —Tiene usted tanto de bandido como Mr. Coolidge de bolchevique —contesté.»50 La respuesta de Beals rebatiría las recurrentes acusaciones de bandolerismo con las que los medios afines a Washington justificaban su presencia en Nicaragua. En cierto modo, el propio Beals representaría a esos sectores intelectuales —como la Liga Antiimperialista norteamericana— que, pese a su origen, censurarían el expansionismo de su gobierno y sus excesos, organizando campañas de desigual impacto en busca de una mayor repercusión51. Lo que resulta innegable es que el trabajo de Beals descubrió al público estadounidense una imagen de Sandino desconocida para la inmensa mayoría y, de manera indirecta, reforzó la perspectiva heroica que sobre éste se había forjado en el imaginario hispanoamericano. Las variantes que se desarrollarían de tal imagen se fueron perfilando progresivamente dependiendo del contexto y del medio que la abordase. En realidad, casi podría hacerse una retrospectiva —si no diaria, sí semanal— en la que se apreciaría la evolución de Sandino como icono, sobre todo durante su periplo guerrillero y tras su asesinato. Conforme a ello, un punto concurrente, y de partida, sería la representación de Sandino como patriota, proyectando su lucha como la reacción de un hombre leal a su país sin más ambición que garantizar su independencia y soberanía. Dicho retrato sería perceptible tanto en periódicos conservadores, como el 49 The Nation publicó los reportajes de Beals entre el 22 de febrero y el 12 de abril de 1928, saliendo el primero de ellos en El Sol el 22 de abril de ese mismo año. 50 Carleton Beals, «Con Sandino en Nicaragua – Hacia la frontera nicaragüense»; en El Sol, 22 de abril de 1928, p. 3. 51 Una de ellas consistiría en la venta de sellos reprobatorios con la inscripción «Protesta contra la actuación de la Marina en Nicaragua» para ser pegados en el reverso de las cartas. La medida fue impedida por el servicio postal norteamericano, que amenazó con medidas judiciales en caso de que el sello fuese puesto en circulación. De dicha polémica harían mención, entre otros, El Sol y La Libertad en sus ediciones del 15 de febrero de 1928. https://doi.org/10.1387/hc.20510 941 La conformación de un icono genérico y su contexto ABC52; como en los liberales53 o en aquellos que —pese a la censura primorriverista— deslizaban un posicionamiento más izquierdista, como La Libertad: «Reflexionad sobre el caso de Sandino. Un muchacho sin fortuna ni cultura, sólo impulsado por una emoción patriótica, de alta dignidad, se enfrenta con el mayor poder del mundo moderno, con Washington. Desafía al coloso y a todos los serviles que le rinden, como esclavos, la más abyecta sumisión.»54 Tal coincidencia no difuminaría las peculiaridades interpretativas que las distintas cabeceras harían del rebelde según su tendencia. En las de signo más tradicional, por ejemplo, serían usuales las menciones raciales ya apuntadas en el hispanoamericanismo conservador, mientras que en las de sello más progresista la lectura iría más dirigida a la glosa antiimperialista de liberación, vinculándola a los grandes principios democráticos e, incluso, revolucionarios. La diferencia es visible si careamos nue52 Dos ejemplos: «… el general Sandino no solo defiende una causa sagrada, cual es la de la independencia de su país, sino que se muestra desprendido y desprovisto de toda ambición personal». «La figura de Sandino»; en ABC, 30 de marzo de 1928, p. 12. «El general Sandino, único que mantiene en alto la dignidad del país, quizá no mirando, no ya sus conveniencias prácticas propias, sino ni siquiera las de su Patria, pero velando por el honor nacional, que debe estar siempre por encima de las propiedades materiales». «Las próximas elecciones presidenciales en Nicaragua – Candidatos que irán a la lucha»; en ABC, 29 de junio de 1928, p. 12. 53 Ya fuese en editoriales o en artículos firmados por sus colaboradores. Max grillo, por ejemplo, atribuiría a Sandino, por fuente indirecta, el siguiente testimonio: «… vaya a Europa y diga en París que el bandido Sandino no deshonra sus pequeñas victorias. Tengo prisioneros, entre ellos un oficial de alta graduación, por cuyo rescate me han ofrecido cinco mil dólares. Hambién [sic] me han ofrecido cincuenta mil porque haga la paz, como si el que severamente acepta la muerte pudiera pensar en el oro de los enemigos de su patria. Me cotizan como a cualquier Díaz». Max grillo, «Figuras de epopeya – Augusto Sandino»; en El Sol, 19 de abril de 1928, p. 1. «No hay que decir que, al defender esa posición [favorable a la presencia norteamericana], se califica a Sandino de aventurero vulgar y ambicioso, movido por estímulos subalter nos. No resulta, sin embargo, que la ambición sea el flaco de Sandino […] César Augusto Sandino ese «aventurero vulgar y ambicioso», cada día encarna más a la Nicaragua que quiere ser libre». Benito Artigas Arpón, «En Nicaragua – Sandino, el Congreso y la intervención yanqui»; en La Voz, 21 de marzo de 1928, p. 3. 54 «Los hombres-símbolos – El general Sandino»; en La Libertad, 26 de abril de 1928, p. 3. 942 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía vamente ABC55, La Voz56, El Sol57 y La Libertad58, pudiendo añadir al cuarteto —a fin de patentizar la visión libertaria— las referencias que de Sandino harían publicaciones como La Revista Blanca de la mano de Federica Montseny: «… Sandino, emblema de independencia, de dignidad humana enfrentada contra el dominio y la anulación del ente hombre que representa Norteamérica […] Si Sandino muere y la pequeña Nicaragua es devorada por el monstruo yanqui, el hombre habrá sufrido la más espantosa de las derrotas: habrá muerto como sensibilidad, pensamiento, 55 «… Augusto César Sandino, en quien están puestas las miradas de todos los defensores de los ideales raciales por personificarlos él en estos momentos, y que hasta el instante los ha defendido con toda dignidad y abnegación, conquistándose numerosas simpatías, incluso entre el propio pueblo norteamericano». «Lo que piensa del gesto de Sandino una gran poetisa»; en ABC, 27 de abril de 1928, pp. 11-13. 56 «A primera vista un paralelo entre Hatuey y Sandino ha de parecer arbitrario. Sobre todo si se piensa que Sandino procede de la raza de los conquistadores de América […] La conquista de América, científicamente observada, se presenta como uno de esos grandes hechos biológicos en que una especie superior sustituye a otra, inferior o depauperada […] Hoy toda América está civilizada, es consciente. Existirán matices de cultura y de educación política que coloquen a algunas naciones americanas en un estado de inferioridad respecto a la «nación mayor». Pero esas naciones menores poseen cualidades suficientes para regirse por si mismas, y, al luchar pos su existencia autónoma, lo hacen —como Sandino— con las armas y las ideas del siglo x x , no con las flechas y las supersticiones de Hatuey». Alberto Insúa, «El blanco Sandino y el indio Hatuey»; en La Voz, 28 de abril de 1928, p. 1. 57 «Los Estados Unidos permitirán que se escoja entre dos candidatos intervencionistas. Mientras no se salgan de esa pauta se les garantizará la libertad de elección. Para evitar los sufragios adversos es para lo que se envían tropas constantemente. Sandino y los suyos no representan un sector de la voluntad del país, aunque todo el país les ayude a combatir contra las tropas de ocupación […] Como se ve, los Estados Unidos imponen por las armas la libertad de pronunciarse en favor de la política de Washington». «Las elecciones en Nicaragua»; en El Sol, 21 de agosto de 1928, p. 1. 58 Tomando como fuente una carta enviada a Froylán Turcios «¿Por qué este hombre broncíneo —de cuerpo y alma— se lanzó a una lucha increíblemente desigual. Lo dice en su recio estilo: «Soy nicaragüense, y me enorgullezco que en mis venas circule, más que todo, la sangre india, que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincera […] Soy artesano: mi ideal campa en un amplio horizonte de internacionalismo, lo cual representa el derecho de ser libre y de justicia, aunque para alcanzarlo sea necesario constituirlo a base de sangre» […] Así habla el símbolo de la América que quiere ser soberana». Camilo Barcia Trelles, «Medallón nicaragüense – El general Augusto Sandino»; en La Libertad, 21 de abril de 1928, p. 1. https://doi.org/10.1387/hc.20510 943 La conformación de un icono genérico y su contexto conciencia, ideal, aspiraciones, impulso evolutivo, poesía, individualidad libre […] El fin del mundo, en una palabra.»59 Merece la pena subrayar las diferencias subyacentes en artículos como los de Insúa y Camilo Barcia en cuanto a la cuestión étnica, vindicando en el origen —bien español, bien indígena— dos opiniones divergentes sobre el pasado, su interpretación y los efectos desprendidos del mismo en alguien como Sandino. No obstante, desde otro enfoque, el texto de Barcia ya mostraría una intencionalidad ideológica más acusada en lo tocante a resaltar la condición artesana del guerrillero y una visión internacionalista que —en sus afanes de libertad, justicia y esa América soberana evocada— bien podría glosar el espíritu antiimperialista y obrero de la izquierda española. Este último aspecto se haría más perceptible tras el asesinato de Sandino en 1934. Para entonces el contexto político español había cambiado sustancialmente, con una II República que mermaría de un modo notable el ascendiente del hispanoamericanismo tradicional e intentó rebajar el influjo de la prensa controlada por sus opositores60. Esta tensión se trasladaría al entorno mediático, con diarios anteriormente críticos con la monarquía como El Sol que, tras sufrir cambios en su accionariado, verían alteradas sus líneas editoriales, lo que afectaría seriamente a su reputación61. Aun así, para el tema que nos concierne, las noticias publicadas sobre la muerte de Sandino por las redacciones de sesgo conservador —y aun por algunas de rebajado signo progresista— irían en consonancia a lo publicado en vida del guerrillero, insistiendo en silogismos similares a los del hispanoamericanismo tradicional: «Algún día se conocerá con la minuciosidad requerida todo el desarrollo de la guerra desigual mantenida por el héroe de Las Segovias, y 59 Federica Montseny, «visión retrospectiva – Un mundo en crisis»; en La Revista Blanca, 15 de julio de 1928, p. 74. 60 Sobre todo a través de la Ley de Defensa de la República, aprobada el 20 de octubre de 1931, y la posterior Ley de Orden Público, promulgada el 28 de octubre de 1933. Seoane; Saiz, 2008: 403-407. 61 Un proceso parecido sufriría también el diario La Voz. En el caso de El Sol tendríamos que hablar de un vaivén de antimonárquico a monárquico y, tras la proclamación de la República, a republicano «de orden», que dejaría seriamente dañada su credibilidad ante determinados sectores. De tales vaivenes devendría la salida de El Sol incluso de su fundador, Nicolás María de Urgoiti, quien se embarcaría en otras aventuras editoriales de éxito incierto pero más afines con su republicanismo crítico, como Crisol o Luz. Más información en Seoane; Saiz, 2008, 411-423. 950 Historia Contemporánea, 2020, 64, 919-952 Manuel Andrés garcía pero no de un modo tan determinante como haría la intelectualidad conservadora ni, evidentemente, con los mismos propósitos. En resumen, el cotejo de lo publicado por los distintos medios evidencia las coincidencias —y, aun de manera tenue, las divergencias— existentes en la prensa española en torno a la figura de Augusto César Sandino. Lo mismo en cuanto a los periodos en que se hicieron más ostensibles los argumentos de unos y otros: más patentes en los diarios conservadores bajo Primo de Rivera; más notorios en los de tendencia progresista con la II República. Con todo, sí parece probada la adecuación de un personaje como Sandino a los requerimientos de las diversas facciones; al igual que la paradoja de que, partiendo de lugares comunes, ideologías contrapuestas convirtieran a un mismo hombre en emblema de sus distintos postulados. fuentes ABC (Madrid: 1928-1934). El Imparcial (Madrid: 1927-1933). El Sol (Madrid: 1927-1934). Heraldo de Madrid (Madrid: 1928-1934). La Época (Madrid: 1927-1934). La Libertad (Madrid: 1927-1934). La Nación (Madrid: 1934). La Rábida: Revista Colombina Iberoamericana (Huelva: 1928). La Revista Blanca (Barcelona: 1928-1934). La Tierra (Madrid: 1934). La Voz (Madrid: 1927-1934). Luz (Madrid: 1934). 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La figura del indígena en la intelectualidad y política criollas (siglos xviii-xix) (Sevilla: UNIA, 2007); Indigenismo, Izquierda, Indio. Perú, 1900-1930 (Sevilla: UNIA, 2009). Mantiene como líneas de investigación fundamentales: Hispanoamericanismo; Antiimperialismo; Indigenismo; Izquierda Latinoamericana; Relaciones Culturales España-Latinoamérica; Estado-Nación y políticas de exclusión.