ANDREU MIRALLES, Xavier (ed.), Vivir la nación. Nuevos debates sobre el nacionalismo español, Comares, Granada, 2019, 265 pp.
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https://doi.org/10.1387/hc.21675 1059 HC ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277 ANDREU MIRALLES, Xavier (ed.), Vivir la nación. Nuevos debates sobre el nacionalismo español, Comares, granada, 2019, 265 pp. El fructífero cuestionamiento de la tesis de la débil nacionalización española ha dado lugar desde hace más de una década a una verdadera marea de estudios que indagan más allá de la acción nacionalizadora del Estado, identifican nuevos mecanismos de socialización de la identidad nacional y subrayan el papel activo de los sujetos a los que se dirige el mensaje nacionalizador, observando cómo participan «desde abajo» en los procesos de construcción nacional y «experimentan», viven, la nación. Todo ello con el fin de mostrar la normalidad de España en el contexto europeo de Estados-nación. Buena parte de los publicados en los últimos años están fuertemente influidos por la tesis del nacionalismo banal que el británico Michael Billig expuso en 1995 (publicada en español en 2014), y entre ellos se están extendiendo también las tesis de Anne Marie Thiesse o Celia Applegate sobre la complementariedad de las identidades nacionales y regionales, el regionalismo como eficaz mecanismo de nacionalización. En esa estela de estudios se inscribe Vivir la nación, el libro que edita Xavier Andreu Miralles y en el que participan otros nueve solventes autores. La obra se suma a los debates sobre nacionalización española desde una homogénea posición de rechazo a la tesis de su debilidad y tratando de mostrar la fuerza con que la identidad nacional ha logrado arraigar desde el siglo x i x a través de múltiples mecanismos «banales» al margen de la acción estatal, desde la cocina a las colecciones de cromos, pasando por la arquitectura, las devociones marianas, la música popular o las prácticas de ocio colectivo, mostrando su presencia incluso en espacios de difícil penetración, como el mundo campesino o el anarquista. Es decir, observa a la nación «hasta en la sopa» (expresión que Eric Storm utiliza para titular su capítulo). Busca hacerlo mirando a, y alimentándose de, los grandes marcos teóricos y de debate: por eso cada capítulo comienza insertando su estudio en ellos, ofreciendo un rico elenco de referencias internacionales. El libro está ordenado en dos grandes bloques temáticos que abarcan los siglos x i x y x x . El primero, bajo el epígrafe «Espacios de la nación», agrupa cuatro estudios que exploran cómo se desenvuelve la acción nacionalizadora en ámbitos locales, domésticos y culturales —incorporando propuestas de vanguardia como la historia transnacional, para analizar la nación en relación a un marco supraestatal, y revisitando otras no tan nuevas como la historia local, para romper hacia abajo el habitual marco estatal de análisis de esta cuestión, reduciendo la escala—, y se cierra con un quinto estudio, de tipo ensayístico, sobre la actual identidad española. En el segundo bloque, «La nación en el cruce identitario», se explora a través de otros cinco capítulos cómo se relaciona y articula la identidad nacional española con otro tipo de identidades: religiosa, racial, de género, agraria o ideológico-política. Historia Contemporánea, 2020, 64, 1059-1061 https://doi.org/10.1387/hc.21675
Reseñas de libros 1060 Historia Contemporánea, 2020, 64, 1059-1061 Alejandro Quiroga analiza el papel de las instituciones municipales, la Iglesia católica, las asociaciones de recreo y el consumo privado en la difusión de la identidad nacional española en un pequeño municipio aragonés, Alagón, durante la dictadura de Primo de Rivera. Recurriendo incluso a la historia oral, explica, de forma un tanto comprimida, cómo hubo una movilización nacionalista constante en Alagón en esos años que fue «completada» con la promoción de una identidad regional aragonesa. El carácter complementario de las identidades nacionales y regionales también es defendido en su capítulo por Eric Storm, desde la consideración del regionalismo como fenómeno transnacional, que es la tesis que ha propuesto en sus investigaciones. Aquí, llama la atención sobre el potencial nacionalizador de la cocina y la arquitectura regionalistas, que, como en otras partes de Europa, operaron desde fines del siglo x i x en España promoviendo la identificación de la esfera doméstica de clases medias y altas con la región, pero también con la nación. La perspectiva transnacional define igualmente el sugestivo estudio de Xavier Andreu, que se ocupa de la música. Discute en él la tesis de José Álvarez Junco sobre el déficit de nacionalismo musical en la España del siglo x i x , defendiendo la existencia de una música nacional española popular, a pesar de que fallara el intento de crear una ópera nacional a partir de la zarzuela, exotizada desde el exterior por el romanticismo europeo y el peso de los estereotipos. Plantea así su análisis en el contexto de la difusión por Europa de un romanticismo musical de origen alemán que reconocía en la música popular la expresión del carácter nacional y que llenó de significados los intentos de crear una música seria española. Marta garcía Carrión analiza otro vehículo cultural, el cine español del primer tercio del siglo x x , prácticamente inexplorado, para explicar cómo a través de los temas elegidos, de la representación en esos films del pueblo español, del retrato de paisajes, de monumentos y edificios emblemáticos, el cine «se incorporó» al proceso de construcción de imaginarios y estereotipos sobre la nación, y no fue tampoco ajeno al diálogo entre regionalismo y nacionalismo, pues los imaginarios regionalizados constituyeron —afirma— la más exitosa representación visual de la nación. La primera parte del libro se cierra con un sugerente estudio de Ferran Archilés sobre el proceso de construcción de la nación española desde la Transición hasta la actualidad. Defiende, haciendo una rápida salvedad con los casos catalán y vasco y en menor medida gallego, la «invención de un sentimiento de identidad autonómico exitoso» a partir de 1978, resultado de la reconversión y actualización de las identidades regionales, que habría reforzado la identidad nacional española. Un nacionalismo más que banal «invisible», logró consolidar una idea de nación posfranquista democrática e intensamente unitaria, afirma Archilés, hasta que la irrupción del «Procés» catalán ha transformado el escenario marcando un punto de inflexión. Nada que se salga sin embargo de la «crisis de identidad» que atraviesan muchos Estados-nación europeos y que hay que evitar leer, advierte, de forma anacrónica. La segunda parte del libro lleva por título «La nación en el cruce identitario», epígrafe que en realidad definiría todo el conjunto, pues también el primer
Reseñas de libros https://doi.org/10.1387/hc.21675 1061 bloque trata sobre cruce e interacción de identidades (nacional y regional/local/ autonómica). Francisco Javier Ramón Solans estudia la relación entre identidad católica e identidad nacional explicando cómo las devociones marianas, singularmente la del Pilar y la de la virgen de Covadonga, fueron intensamente nacionalizadas en la segunda mitad del siglo x i x , expresando a la vez el patriotismo regional. La relación entre las ideas de raza y nación es abordada por Albert garcía Balañá en un capítulo dedicado a la guerra de Cuba, en el que propone matizar la tesis de la indiferencia popular previa al choque con Estados Unidos y la de que fuera expresión de una deficiente nacionalización de masas. Apoyándose en los estudios de graig Wilcox sobre la camaradería nacional y masculina de las guerras anglo-bóer y los de David Hill sobre la presencia de la nación en los diarios y correspondencia de los soldados que lucharon en ellas, analiza cómo el uso de un lenguaje racial sirvió para identificar a las comunidades en lucha y situar a España en la cúspide de una jerarquía político-nacional, civilizatoria y moral, racializando y sexualizando ampliamente al enemigo mambí. Nerea Aresti explora por su parte la relación entre nación y género a través de los debates intelectuales que tuvieron lugar en España en torno al mito de Don Juan en las primeras décadas del siglo x x , observando no solo la presencia en ellos de la idea de nación española, sino —muy acertadamente— sus diversas modulaciones. Así, explica cómo Don Juan representó la viril hidalguía española, pero también la expresión feminizada y orientalizada de la nación, mostrando que fue un mito nacional tan «inestable» como la propia categoría de nación (y de género). La relación entre identidad nacional e identidad agraria es abordada por Lourenzo Fernández Prieto y Miguel Cabo en un estudio sobre el movimiento agrarista en galicia y sus relaciones con el nacionalismo gallego hasta 1936. Por último, M.ª Pilar Salomón se adentra en un terreno teóricamente hostil para la idea de nación, el del anarquismo, para mostrar cómo también fue permeable a ella, a pesar de la heterogeneidad que caracterizó a la cultura política libertaria. Vivir la nación es una coherente defensa orquestal de la eficacia del nacionalismo español, que lejos de ser débil habría logrado socializar entre las masas, ya desde mediados del siglo x i x , la identificación con España a través de múltiples mecanismos «banales» y culturales. Contiene diversos elementos para el debate, y alguno para la controversia —como una excesiva ecuación automática en ciertos puntos entre nacionalismo español y la constatación de referencias a España/ lo español; o la imagen quizás demasiado plana y coherente que acaba resultando por momentos del complejo panorama identitario español, sin presencia de los antagonismos que definen toda sociedad, aunque no fuera este el objetivo de la obra—. Se trata, en suma, de una muy interesante aportación al conocimiento del nacionalismo español, en una obra de ágil y estimulante lectura. Coro Rubio Pobes