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[sp] (orig)

El Imperio de la democracia en América. John L. O'Sullivan y la formación del concepto de Destino Manifiesto

Author: Reguera Mateo, Marcos
Year: 2020
Source: https://addi.ehu.eus/bitstream/10810/48201/1/TESIS_REGUERA_MATEO_MARCOS.pdf
Why , w here other r e asoning w anti ng, i n

favor of n o w elevating this question of

the r e c e pti o n o f T e xas i nto th e U ni o n ,

out o f th e lo we r r e gi o n o f o ur pas t p ar t y
d i ss e ns i o n s , up t o i ts pr o pe r l e v e l of a

high and br o a d n ati o nal i ty , i t s u r e ly is to

be f o un d ,
f o und abun d an tl y , i n the

man n e r i n w h i c h o th e r n ati o n s hav e
und e r ta k e n to i ntr ud e th e m s e l v e s i n to i t ,

betw e e n us a nd th e pr o p e r par ti e s t o the

case , i n a s p i r i t o f h o s ti l e i n te r f e r enc e

agai ns t u s , f o r t h e a v o w e d o bje ct of

thw a r ti ng o ur po l i c y and h a m p e r i ng ou r
power, li m i ti ng our
greatness and

checking the f ulfillment o f our
manifest

destiny
to overspr ead the continent

allotted by P rov i de nce for th e fre e

d e v elopm e nt of ou r yearly m u l tiplying

millions

El imperio de la de m ocra ci a e n
América
John L. O’Sull ivan y l a form ac ión del concepto de
Destino Manifiest o

Auto r

Marcos Regu era Mateo

Supe rvisores

Pablo Sánchez Leó n

Javier Ferná ndez S ebastiá n

2019

(cc)2019 MARCOS REGUERA MATEO (cc by-nc-nd 4.0)

!

Dedic ado a mi s pad res, Jua n Car los y E lena :
Q uienes con todo su amor y esfue rzo han contrib uido a que yo
sea quien soy , y ayud á ndome a alcanzar de esta ma nera m i meta
con tesón, rigor y pasión por el saber. Graci as por t odo lo que
me q ueréi s y po r l o q ue habéi s h echo por mí . Gr aci as p or
inculca rme el a mor po r la lectura y a ser crític o con el m undo.
Os qu iero much o.

AGRADECIMIENTOS:
ODISEA Y PEREGRINAJE DE UNA INVESTIGACIÓN

Reflexión inicial
En una época dominada por el darwinismo académico, en la que todo acto
intelectual se convierte en una acción calculada para el avance curricular, y en donde
por lo tanto rige un maltusianismo bibliográfico al grito de “publica o perece”, en este
contexto decidí retirarme a los bosques, y mi Walden Pond fue escribir esta tesis
doctoral.
Escribí esta tesis porque deseaba pensar deliberadamente; enfrentar solo los
hechos esenciales de mi investigación, y ver si podía aprender aquello que e sta t uviera
que enseñar me . Quería pensar profundamente, y desechar todo aquello que fuera
producto de un superfluo c álculo curricular. Pues no quería darme cuenta, en el
momento de tener que dejar la academia, de que en la búsqueda ciega por mejorar mi
currículum, nada había aprendido. 1

Sobre esta investigación: mis motivos, evolución y las personas que la
hicieron posible

Esta tesis doctoral ha sido posible gracias al apoyo, al afecto y a las enseñanzas
de muchas personas. El día que me presente en el estrado a defender el producto de
muchos años de trabajo estaré solo. Pero conmigo habrá mucha gente. Algunas personas
estarán sentadas entre el público, otras no habrán podido venir. Sin embargo, todas se
encontrarán presentes durante el acto, pues todas me acompañaron durante los ocho
años y nueve meses en los que desarrollé esta investigación. Es importante reconocer la
inmensa suerte que ha supuesto para mí su compañía, pues el trabajo de investigación es
por su naturaleza solitario, pero yo nunca me he sentido aislado o solo.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
1 Este párraf o está tomado y adapt ado del evocador extracto d e l a n o v e l a Wald en : “ I went to the w oods
because I wished to li ve deli berately, to fron t on ly th e es sential facts of life, and see if I could not learn
what it had to teac h, and not, when I came to die, disc over tha t I had not liv ed. ” Henry D. Thor eau ,
Wald en; or Li fe i n the Woods ( B oston : Ticknor and Fields, 1 854 ), p. 3.

Quiero comenzar agradeciendo de todo corazón a mis dos directores todo lo que
han hecho por mí durante el tiempo en que supervisaron mi tesis doctoral. Para mí ha
sido una inmensa suerte y privilegio haber tenido la oportunidad de aprender de ellos,
así como de beneficiarme de todos sus consejos y enseñanzas. Puede parecer un tópico
comenzar los agradecimientos hablando de los directores de l a tesis. Sin embargo, no se
debe subestimar la s uerte de acabar investigando bajo la guía de dos personas generosas
tanto desde un punto de vista intelectual como profesionalmente. Por lo general se suele
presuponer la generosidad en el proceso de dirección de la tesis (como el valor en la
mili), pero por desgracia abundan los casos en los que esta relación se encuentra
marcada por la indiferencia hacia el trabajo del doctorado, y en unos pocos casos
incluso por el abuso como relación de la asimetría de poder entre ambas partes. Por este
motivo creo que es importante reconocer la generosidad intelectual y personal de mis
dos directores. Porque no es algo que pueda darse por hecho y yo he tenido la inmensa
suerte de aprender con ellos sin imposiciones, indiferencia o abusos.
Fue por casualidad que me encontré con Pablo Sánchez León en agosto del 2013
en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de
Madrid. Pablo había sido profesor mío en la carrera de ciencias políticas años atrás, y
fue la primera persona a la que le conté mis planes de hacer una tesis doctoral, no
porque pretendiera en ese momento que fuera mi director, sino por la confianza personal
e intelectual que tengo con él. Cuando nos reencontramos en 2013 me acababan de
denegar una FPU, era la séptima beca que me negaban en año y medio, así como la
última oportunidad que tenía para solicitarla legalmente. En ese momento esta
investigación contaba con tres años y medio de recorrido, y pensaba que había llegado a
su fin. Pero eso cambió cuando Pablo me contó que se encontraba en un proyecto de
investigación radicado en Bilbao y dirigido por Javier Fernández S ebastián. Me animó a
no arrojar la toalla y a pedir un contrato FPI con ellos. Esta tesis podría haber sufrido un
abrupto final en 2013, víctima de la crisis y de los recortes en educación y ciencia. Pero
por fortuna me concedieron el contrato predoctoral FPI BES-2014-067992, y durante
los cuatro años siguientes pude terminar la investigación que había comenzado años
atrás. Es por este motivo que no se puede ignorar la necesidad del compromiso público
con la inversión en educación, investigación y ciencia, pues sin esta inversión
fundamental no solo se trunca el futuro profesional de miles de jóvenes que tienen
mucho que aportar a nuestro sistema de educación y ciencia, sino que además pierde el
conjunto de la sociedad al descapitalizarse en su futuro académico e intelectual.

Durante los cinco años en los que Pablo ha sido mi director de tesis he tenido la
inmensa suerte de aprender de un gran profesional caracterizado por el compromiso en
todos los ámbitos en los que una persona puede comprometerse: compromiso
profesional con una investigación histórica que se caracteriza por el rigor académico y
su carácter crítico con las convenciones historiográficas y sociales, del pasado, del
presente y mirando al futuro. Esto conlleva en P ablo un inmenso compromiso público
porque su trabajo sea de gran utilidad para todas aquellas personas y movimientos que
intentan luchar por una sociedad más justa e igualitaria, y es para mí un honor aprender
de este compromiso que no por ello claudica en su rigor. Muchas gracias Pablo, por
todo lo que me has enseñado, por todo lo que me has exigido, no permitiéndome caer
nunca en la complacencia y obligándome a desafiar con sus preguntas las convenciones
sobre las que se asentaba mi investigación.
Javier Fernández Sebastián ha sido también un director cuya contribución ha
sido fundamental para el buen desarrollo de esta investigación. Él ejerció de director de
manera simultánea a Pablo mucho antes de que por razones burocráticas tuviera que
asumir este papel oficialmente. Esto a mi juicio demuestra con creces su compromiso y
generosidad con este trabajo, pues aunque no tuviera la obligación de ayudarme,
siempre siguió con mucho interés mi progreso ofreciéndome valiosos consejos de
carácter teórico y bibliográfico. Muy pocas personas hubieran podido enseñarme todo lo
que he aprendido sobre historia conceptual, pues Javier siempre tuvo la puerta de su
despacho abierta para escuchar y examinar cualquier elucubración teórica que hubiera
dibujado en mi pizarra o en alguno de mis cuadernos. Con él he aprendido mucho y he
crecido intelectualmente, y siempre le estaré muy agradecido por haberme dado la
oportunidad de trabajar en su proyecto de investigación.
Durante los cinco años en los que he desarrollado mi investigación en Bilbao he
tenido la inmensa suerte de estar acompañado por un equipo de profesores e
investigadores del más alto nivel. Ya fuera en el departamento de Derecho
constitucional e historia del pensam iento político y de los movimientos sociales y
políticos , en el grupo de investigación sobre “Historia intelectual de la política
moderna”, en la red Iberconceptos , o en el proyecto de investigación sobre “Historia
conceptual, constitucionalismo y modernidad en España, en Europa y en el mundo
iberoamericano. Una aproximación pluridisciplinar” en el que se inscribió por primera
vez mi tesis, así como en su proyecto sucesor “Aproximación interdisciplinar a los
lenguajes jurídico-políticos de la modernidad euroamericana. Dimensiones espacio-

temporales.” En todos estos contextos he tenido la oportunidad de conocer gente muy
valiosa y comprometida con su trabajo que han sabido trasmitirme su rigor y pasión por
lo que hacen.
Quiero dedicar unas palabras especiales a las personas que han sido más
cercanas en mí día a día en el campus de Leioa de la UPV. En primer lugar mi más
sincero agradecimiento para Luís Fernández Torres, cuya carrera investigadora estoy
seguro de haber hundido con mis constantes preguntas, comentarios y distracciones en
el despacho. Luís es una persona auténtica y genuina, y de manera informal me ha
ofrecido reflexiones y comentarios muy valiosos durante estos años. También quiero
expresar mi agradecimi ento a Alain Santos Fuentes que ha sido un compañero
infatigable de doctorado cuya compañía y apoyo ha sido de gran ayuda en este errand
into the wilderness que fue por mucho tiempo mi trabajo en Bilbao. Otro compañero al
que le guardo un gran afecto y agradecimiento es Carmelo Moreno del Río, una persona
querida en todas partes por su carácter afable y sus finas disquisiciones en teoría política
y del humor. Carmelo es además una de las pocas personas que conozco capaz de
manejar con maestría una regresión estadística y un texto sobre Hume, lo que tiene su
mérito. Aunque llegó en los últimos años, David Beorlegui ha sido otro infatigable
compañero de batallas académicas, de quien he podido aprender mucho de cuestiones
sobre las que previamente no me preguntaba como la incidencia de los afectos en la
política y en la historia, y he podido compartir reflexiones acerca de cuestiones sobre
las que he reflexionado mucho, como el papel de la memoria en la historia. Su
perseverancia académica a pesar de las dificultades y su compromiso con las causas
sociales son para mí una fuente de inspiración. Finalmente me gustaría reconocer la
contribución y afecto del profesor Javier Tajadura Tejada, que no solo es una persona de
un inmenso valor, sino que además he podido compartir y aprender con é l sobre el
proceloso mundo del derecho constitucional.
Como comenté al inicio de mis agradecimientos, esta investigación no comenzó
cuando inicié oficialmente mi programa de doctorado en la UPV en otoño del 2014. Los
orígenes de mi investigación se remontan a enero del 2011. Me encontraba en cuarto de
ciencias políticas y ya estaba harto de la licenciatura, por lo que decidí comenzar de
manera autónoma mi tesis doctoral antes que esperar los años que aún me quedaban
para el doctorado, decidiendo en ese momento que haría una tesis sobre el Destino
Manifiesto . En verano del 2011 el CSIC me otorgó una beca de introducción de
investigación (JAE Intro) y durante dos meses tuve la oportunidad de trabajar bajo la

supervisión de la historiadora Elena María García Guerra, quién me enseñó a trabajar en
archivo y compartió conmigo muchas de las claves de su oficio que por mi educación en
ciencias sociales no había tenido la oportunidad de integrar. Durante el curso académico
2011-2012 se me otorgó una beca Erasmus que disfruté en la Universidad de Bergen.
Allí tuve la inmensa suerte de conocer al teólogo y teórico de las religiones Håkan
Ryvding, quien dirigió mis primeros estudios sobre la religión civil americana y con
quien pude dialogar de manera profunda sobre cuestiones teológicas que serían
importantes en futuros desarrollos de mi tesis.
De 2012 a 2013 me formé en el magnífico máster en Filosofía de la historia:
democracia y orden mundial en el que tuve la inmensa suerte de conocer a muchos
profesores que me aportaron un backgound en filosofía del que carecía hasta el
momento. Entre todos ellos me gustaría destacar la inmensa contribución de Carmen de
la Guardia Herrero y Félix Duque Pajuelo.
Carmen fue la directora del mi trabajo de fin de máster, que contuvo el germen
de la tesis doctoral tal y como la desarrollé posteriormente. Fue asimismo mi primera
directora de tesis cuando comencé a realizarla en la U niversidad Autónoma de Madrid.
Fue ella quien me animó a continuar indagando en la figura de O’Sullivan, haciéndome
ver que aún quedaba mucho por decir sobre la contribución de este autor a la formación
del Destino Manifiesto . A ella también le debo ser consciente de las especificidades de
la historiografía estadounidense y una buena parte de la inspiración para la tesis la tomé
de su asignatura “La corrupción de la virtud: de las repúblicas a los imperios”.
Félix Duque ha sido otro de los profesores que han influido de manera decisiva
en mi tesis. Como director del tribunal de mi TFM, hizo valiosos comentarios para
mejorar mi trabajo, y sus recomendaciones bibliográficas sobre la teoría política del
romanticismo fueron fundamentales para que descubriera la existencia de la teoría
organicista en el romanticismo, clave que ha sido para mí fundamental a la hora de
descubrir la importancia de la doctrina maltusiana en la conformación del concepto de
Destino Manifiesto . Durante sus clases tuve la oportunidad de aprender muchísimo
sobre Hegel, y a él le debo mi trabajo de comprensión sobre la filosofía de la historia.
Durante el transcurso de mi contrato predoctoral tuve la oportunidad de realizar
dos estancias de investigación cuya realización debo agradecer al Ministerio de Ciencia,
Innovación y Universidades.
La primera transcurrió desde abril a julio del 2016 en la Universidad de
Columbia (Nueva York), bajo la valiosísima dirección del profesor Anders Stephanson,

quien tuvo la generosidad de compartir conmigo todas sus notas de investigación que
fundamentaron su estudio sobre el Destino Manifiesto . Quiero expresar aquí mi más
profundo agradecimiento por este acto altruista que no estaba obligado a hacer, y por la
profesionalidad con la que condujo su dirección de estancia.
Mi segunda estancia aconteció en el otoño del año 2017 (septiembre a
diciembre), y me resulta imposible exagerar la importancia de la misma, pues fue en
este periodo cuando descubrí la clave que explicaría el conjunto de mi tesis doctoral.
Quiero agradecer sinceramente al profesor Martin J. Burke que me acogiera en el
Graduate Center de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. El profesor Burke fue
la primera persona en escuchar mi descubrimiento sobre la centralidad de la doctrina
maltusiana para la conformación del concepto de Destino Manifiesto , y sus grandes
conocimientos en historia conceptual y en la historia de los Estados Unidos fueron de
gran ayuda en este periodo.
La labor del historiador sería imposible al margen de las bibliotecas y archivos.
Quiero expresar mi más profundo agradecimiento por la ayuda que he recibido por parte
de las bibliotecarias y bibliotecarios de la biblioteca de la facultad de Ciencias Políticas
y Sociología (UCM), de la biblioteca Tomas y Navarro (CSIC-CCHS), de las
bibliotecas de Humanidades y Ciencias Socia les ( UiB), de la biblioteca de humanidades
(UAM), de la biblioteca de la Universidad del País Vasco (campus Leioa), de la
biblioteca Butler de Columbia, de la biblioteca del Graduate Center (CUNY), del
archivo histórico de la Biblioteca Pública de la Ciudad de Nueva York, del archivo de la
Sociedad Histórica de la Ciudad de Nueva York, del archivo de la Sociedad Histórica de
Filadelfia, del archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (edificio
Madison), del archivo de los National Archives y finalmente, un agradecimiento
especial a la asistencia que me proveyó el personal de la sala de investigadores de la
Biblioteca de la Diputación Foral de Vizcaya en donde acometí el proceso de redacción
de esta tesis.
Finalmente quiero agradecer a todas las personas que conforman mi tribunal que
hayan hecho el esfuerzo de leer esta tesis, de cuadrar sus agendas para asistir a la
defensa de la misma, y por todas sus valiosísimas contribuciones que, estoy seguro, me
ayudarán a mejorar aún más el contenido de este trabajo.

5

Introduction

The empire of democracy in America and the Tocquevillian premonition .
This thesis begins with a confession. The confession is to a theft. The title of my thesis
is taken from Tocqueville, who in his day considered it for his book Democracy in
America (1835/1840).
It is a relatively unknown fact that the title of the work that made Tocqueville
famous underwent several changes en route to the definitive version. The first title that
he announced for his work was in 1833: “American institutions and customs”. At that
point the book was going to be written along with a travelling companion on a trip to
North America, Gustave de Beaumont, Tocqueville’s task being to write a section on
the institutions of the new democratic republic, while his friend would write about
social customs in the new republic. In the end the project did not come to fruition, and
Tocqueville decided to publish on his own a book about democratic society and its
institutions, while Beaumont eventually published a novel entitled Marie, or slavery in
the United States (1840), which used a literary artifice to condense his impressions of
American society and the problem of slavery. 1
Given that the original book by two authors was no longer going to be written, in
1834 Tocqueville presented to his editor Charles de Gosselin with a new title for his
work. It would now be called The Empire of Democracy in the United States . The title
hinted at the notion of empire of law , Tocqueville’s debt to Montesquieu. The
expression empire of democracy as a replacement for empire of law was a trope with
which Tocqueville sought to address one of his great political-theoretical concerns,
democracy as a threat to the nascent liberal order as the tyranny of the majority, an issue
he did not resolve until his work The Old Regime and the Revolution (1848) . 2
Taking stock of the French Revolution, Tocqueville caught a glimpse of the fact
that in the heat of the revolutionary cycles a historical change was taking place,
simultaneous with the coronation of the liberal order, which threated to overshadow the
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
1 Eduardo Nolla, “Int roducc ión” to Democracy in Amer ica , by Alexis de Tocqueville (Madrid: Editor ial
Trott a, 2010), pp.48 - 49, 58 - 65.
2 Ibid., pp.63 - 64. The origina l tit le in French was : “L’em pire de la dém ocratie au x États - Unis”.
Dali borF riou x, “P rése ntat ion” i n De la démocr ati e en Amér ique , by Ale xis de To cque vil le (Ros ny Ced ex:
Bréal , 2002 ), p. 13. My th ank s to Javier FernándezS ebastián for helping m e to find the referenc e in
French .

6

latter with the advent of the people as political subject and with democracy as the
political model that best represented their aspirations of government. The liberal
philosopher believed that he saw in the North American republic the future of Europe,
both in its form of government and social model. This was a prospect that was a source
of great concern for him, in his words, the trend in Christian nations towards a
generalised degree of greater equality was what was leading them towards democracy,
and this triggered in him “a kind of religious dread produced in the author’s mind by the
contemplation of so irresistible a revolution, which has advanced for centuries in spite
of such amazing obstacles, and which is still proceeding in the midst of the ruins it has
made”. 3
For this reason, in 1831 Tocqueville spent several months travelling around the
United States with his friend Beaumont under the pretext of studying the prison system.
He returned with an ambivalent reflection upon the American experiment , not as
gloomy perhaps as he had imagined in his initial preconceptions, but still highly critical
of wheat he had encountered during his travels. Perhaps these doubts vis -à-vis the
phenomenon of democracy played a part in his hesitation with regard to the final title of
his work. It was not until the moment of the page proofs that G osselin asked him for the
definitive title of the book, which was when Tocqueville opted for a f ar more restrained
and concise alternative than the versions he had previously contemplated. In their place
he chose “ Democracy in America ”, which in spite of its general nature would forever be
associated with the name of Tocqueville. 4
The unused title, however, ref lected in its formulation a thought-provoking
ambiguity vis-à-vis the U.S. democratic process. In Tocqueville this took the form of
misgivings with regard to the potential defects of democratic culture, given the danger
of the possibility of the empire of democracy becoming the tyranny of the majority. But
in the United States of the period immediately after Tocqueville and Beaumont’s trip
democracy was developing within another type of ambivalence linked to the notion of
empire, not as government of a principle, but as one power’s domination of other
peoples and subjects. 5
For this reason I decided to take the original title of Tocqueville’s work to
develop an idea with this author ends the conclusions of the first book of Democracy in
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
3 Alexis de Tocqu eville, Democra cy i n A meric a, (Madrid : Editorial Trotta, 2010), p. 12 4.
4 Noll a, “I ntroducción ” , pp. 48 - 51. “De la démocratie en Amérique” in t he original French vers ion.
5 Noll a, “I ntroducci ón ” , pp. 36 - 38; A lexis de Tocqueville, La democracia en Am éri ca ( M a d r i d : T r o t t a ,
2010), pp. 92 - 94.

7

America . This idea refers to the phenomenon of expansion is unde rstood as a
providential mission, and was formulated by Tocqueville as a prediction that eventually
came true, defining the development and the national identity of the United States in
decisive fashion. This fact I have called, inspired by Pocock, the Tocquevillian
premonition ; s ince if the Machiavelllian moment is the time when the republic should
overcome adversity, resolving the contradiction between civic virtue and reasons of
state (personified in virtù ), the Tocquevillian premonition is oriented towards the
moment when United States democracy had to tackle the totalising elements of its
majoritarian vocation, which on an international level were expressed in an expansionist
drive, and which transformed the United States from a postcolonial republic into a
continental empire, and later a global superpower. 6
An initial outline of this Tocquevillian premonition is to be found in the
introduction to Democracy in America , where we can see the link Tocqueville makes
between democracy and providentialism. The union between these two elements is
going to be fundamental for the shaping of the concept of Manifest Destiny , and
Tocqueville defines it saying that “the gradual development of equality of conditions is
a providential fact” 7
This will lead Tocqueville to pose a question about the expansive and
providential nature of democracy. And this question leads to consideration of the
manifest nature of the providential destiny of America and its democracy when he
explains via the idea of the divine plan : “It is not necessary that God himself should
speak in order to disclose to us the unquestionable signs of His will; we can discern
them in the habitual course of nature, and in the invariable tendency of events: I know,
without a special revelation, that the planets move in the orbits traced by the Creator’s
fin”. 8
In Chapter II on “The point of departure and its importance for the future of the
Anglo-Americans” Tocqueville returns to this link between destiny, natural design and
the knowledge of divine plans for nations when he establishes that:
Something similar happens among nations. Peoples always feel the effects of their origin. The
circumstances that accompanied their bir th and were useful to their development influence all the
rest of their co urse. […]Thu s w ould be exp lained the destiny o f certain peoples who seem to be
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
6 John G. A. Pocock, El momento maquiavél ico: el pensa miento político flor entino y la trad ición
republicana atlántica (M adrid: Tecnos, 2008), pp. 77 - 80, 671 - 672, 682 .
7 Tocq ueville, La democracia en América , p. 121.
8 Ibíd., p. 1 24.

8

dragged by an unknown force toward an end unknown even to themselves. […] Close enough to
the e ra of the fo unding of the Am erican so cieties to know their elemen ts in d etail, far enoug h
from that tim e to be able already to jud ge what these seeds produced, men in our time seem
destined to see further into human events than their predecessors. Providence has put within our
reach a light that our fathers lacked an d has allo wed us to discern the first cau ses of the destiny
of nations that t he obscurity of the pas t hid fr om them. 9
Underlying Tocqueville’s comments there is an organicist epistemology that
conceives the historical development as the growth of a seed, the teleological evolution
of which renders clear and evident divine plans and the existence of a national destiny.
Tocqueville presents in the introduction in terms of a natural theology a correlation
between providential action, the laws of natural movement and trends in social
development. And in the second chapter, in contra intuitive fashion, he considers that
the prime causes that determine national development do not appear as a product of the
past, but as a result of the germination of some pre-existing elements that did not
manifest themselves in the immature forms of societies, but which became evident upon
the attainment of their destiny once they were fully formed. It is with this triple
approach - deist, empiricist and organicist - that Tocqueville considers that the
providential character of democracy is the social destiny of modern political systems:
If long o bservations and sincere meditations led men of tod ay to recogn ize that the gradual and
progressive development of equality is at once the past and the fut ure of their history, this
discovery alone would giv e this development the sacred character o f the will of God. To want to
stop democracy would then seem to be struggling ag ainst God himself, and it would only remain
for nations to accomm odate themselves to the social state that Providence imposes on them. 10
This last paragraph was the result of a request from his friend Louis de
Kergorlay, one of the readers of the draft version of Democracy in America, who
suggested that he develop his idea regarding democratic providentialism, considering it
to be the cornerstone of his introduction. In this way Tocqueville addressed the
expansive nature of the democratic system in generic terms as a movement that is at
once pendular (as past and future of societies) and an irresistible progress that could be
understood in providential terms.
But not until the conclusions of the first book of Democracy in America does
Tocqueville transfer that providentialist and expansive notion of democracy to the
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
9 Ibíd., pp . 154 - 156. Alexis de Tocqueville, De mocra cy i n A meric a, Vol. I (Indianapolis: L iberty Fund,
2012), pp. 46 - 48.
10 Tocquevi lle, Democ racy in America, p. 124; Tocqueville, Dem ocracy in America , p. 14.

9

specific case of U.S. national development. Tocqueville anticipated in a paragraph about
the westward expansion of the USA the future clash with Mexico, the latter the
consequence of a process of demographic substitution resulting from certain exceptional
qualities of the Anglo-Americans and their institutions:
Beyond the frontie rs of the Union, next to Mexico, exten d vas t provin ces that still lack
inhabita nts. The men of the Un ited States will penetra te these uninhab ited areas even befo re
those w ho have the righ t to o ccupy them . They w ill ap propriate the so il, th ey will establis h a
society, and w hen the rightful owner finally a ppears, he will find the wilderness mad e fertile and
foreigners calmly settled on his inheritance. The land of the New W orld belongs to the first
occupant, and em pire is the prize for the race. Countries alr eady populated w ill have d iffi culty
protecti ng themselves from invasion. I have already spoken before about what is happening in
the pro vince of Texas. Ea ch day the inhabitan ts of the United Sta tes enter little by little into
Texas; they acqui re lands ther e, and even while submitting to the laws o f the country, they are
establishing the dom inion of their language and their mores. The province of Texas is still under
the ru le of M exico; b ut soon you w ill no longer find an y Mex icans the re so to speak. Some thi ng
similar is ha ppening everywhere the Anglo - Amer ican s enter into c ontac t with popul atio ns of
another origin. You cannot conceal the fact that the English race has acquired an immense
preponderance over all the other European races of the New World. It is very superior to them in
civilizati on, in industry and in power. As long as it has before it only uninhabited or sparsely
inhabite d cou ntries, a s long as it do es no t find in its pa th agg regated popu lations, through wh ich
it will be imp ossible for it to cle ar a passage, you w ill see it spread without ceasing. It will not
stop at lines drawn in treaties, but will overflow these imaginary dikes from all directions. 11
On the basis of the expansive force of the American people, Tocqueville made
another prediction at an international level in which he considered the two nations that
in his opinion share the same expansionist vitality and that will shape the future of the
other nations:
Today there are two great peoples on earth who, star ting from diff erent points , se em to advance
toward the same goal: these are the Ru ssians and th e A nglo - Ameri can s. […]Th eir po int of
departure is different , their paths are varied; nonetheless, each one of them seems called by a
secret design of Providence to hold in its hands one day the destinie s of half the world. 12
With words that seem to anticipate the Cold War, Tocqueville lays out a decade
in advance many of the fundamental lines that will constitute the doctrine of the concept
of Manifest Destiny : a process of territorial extension considered with a providentialist
nuance, which derives from a logic of demographic expansion based on the supposed
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
11 Tocquevi lle, Democ racy in Ameri ca, p.655; Tocqueville, Democra cy in Ame rica, p. 652.
12 Tocquevi lle, Democ racy in Ameri ca, pp. 658 - 659; Tocqueville, Dem ocracy in America , pp. 656 - 657.

10

racial particularism of the Anglo-American population and the and the exceptional
nature of their political institutions.
The notion of Manifest Destiny got memorable during the war against Mexico in
1846-1849. Its success was due to the fact that the concept gave voice to and was
assumed by a considerable plurality of actors in order to express their utopian
aspirations in relation to American democracy and its great power of evocation, as the
concept transmitted the United States’ belief in its right to territorial expansion. The
author of this concept was the journalist John L. O’Sullivan (1813-1895), who was also
one of the main ideologues of Jacksonianism :a political movement and ideology that
was dominant in the United States in the transitional period between the Revolutionary
Era and the American Civil War. Jacksonianism was also the prevailing ideology in the
United States at the time when Tocqueville undertook his trip, and is one of the keys
that underpin the democratic transformation that the French author immortalised in his
work.
The relevance of Manifest Destiny resides in the fact that this term became a
core element of US national identity during the 19 th century. For this reason, a better
comprehension of the process of the appearance of the concept of Manifest Destiny can
help us to understand how the American democratic system gradually adopted an
imperialist nature that would be central to both its process of national construction and
its own self-perception.
Every destiny is based on a prophecy, and the Manifest Destiny of the United
States found its prophet in Tocqueville; and in O’Sullivan the evangelist who would
give substance to this prophecy, canonising this imaginary in a concept that mobilised
the nationalist aspirations of the young democracy. For this reason, the title of this work
takes up the Tocquevillian gauntlet and proposes: The empire of democracy in America:
John L. O’Sullivan and the shaping of the concept of Manifest Destiny .
The subject matter of the thesis: The O’Sullivan mystery and the process of
conceptualisation of Manifest Destiny.
The objective of this doctoral thesis is to offer a historical explanation of the process of
the coining of the concept of Manifest Destiny . In this sense, my work follows the
opposite route to that taken by most monographic studies on the subject, which in
general have tended to choose the moment of the appearance of the concept (July-
August, 1845) as the starting point for a history of U.S. expansionism. This renders my

11

work doubly anomalous in relation to what would be expected of research into Manifest
Destiny .
On the one hand, the moment of the coining of the concept will not be the point
of departure, but of arrival of this thesis. What I am interested in explaining is the
combination of historical and intellectual factors that gave rise to the appearance of the
concept, and not so much the subsequent implications that it might have had. On the
other hand this thesis will not address 19th-century American expansionism, and this
constitutes the second anomaly of my work, as many historical studies on this theme are
conceived as histories of the expansionist movement. What will prevail in my work is
another perspective that tends to associate Manifest Destiny with providentialism. This
is the predominant approaching the Works by authors like Albert K. Weinberg, Ernest
L. Tuveson or Anders Stephanson (to name only the most relevant), and I shall adopt it
in my own way to attempt to explain the appearance of the concept of Manifest Destiny
as a fundamental moment in the history of American providentialist discourse.
In short, I shall propose the study of Manifest Destiny from the point of view of
its intellectual history, using to this end a theoretical framework that will cross
conceptual history with the contextualist perspective of the Cambridge School. This will
be materialised in a sort of conceptual prehistory of the Manifest Destiny , since the
thesis culminates with the specific process of the appearance of the concept, leaving its
conceptual history per se as a task for future studies.
At the centre of my work will be three fundamental elements, the interaction of
which represents the true subject matter of my doctoral thesis: 1) the American
providentialist discourse and its history, 2) the concept of Manifest Destiny and 3) the
intellectual figure of the Jacksonian thinker John L. O’Sullivan. One of the tenets of my
thesis is that since the origins of European colonisation in North America there has been
a providentialist discursive tradition which has tended to present America’s role in the
world and in history as part of a destiny predefined by providence for its chosen people.
However, and contrary to the majority view among experts in this field, I believe that
these providentialist precedents wouldn’t imply the existence of an idea of Manifest
Destiny prior to the coining of the concept. In my opinion this is an anachronistic vision,
and is one of the most widely held historiographical myths about Manifest Destiny . It is
based on a conception of political thought typical of the history of ideas , which tends to
project notions towards similar discursive forms from the past, ignoring the f act that

12

these have their own historical specificities, since no idea of Manifest Destiny exists in a
transhistorical fashion and before its discursive uses.
Manifest Destiny is a political concept that forms part of the history of the
American providentialist discourse, and not vice versa. It is for this reason that I am
going to present a history of the different paradigms of the providentialist discourse that
prevailed in America prior to the concept. I will explain its particularities, its
appearance, evolution and extinction, as well as its possible influence upon the later
appearance of Manifest Destiny . But the fundamental core of the thesis will focus on the
figure of John L. O’Sullivan: his times, his life and his thinking, in order thus to attempt
to calibrate the factors that played a fundamental part in this author’s creation of the
concept.
John L. O’Sullivan is possibly one of the most anomalous political thinkers that
have appeared in the United States, and at the same time one of those most
representative of its 19thy-century political culture. His anomalous nature lies in the fact
that academia has not regarded him historically as a political thinker, and this has made
him something of a paradox as an author: in the historiography on 19th-century
America, O’Sullivan is an obligatory reference as the author who coined the concept of
Manifest Destiny, but in spite of the ubiquity of his name in text books on the history of
the United States, he is rarely mentioned in more than a mere footnote 13 .
This paradoxical aspect of O’Sullivan’s authorship recalls Roland Barthes’s
thesis on the death of the author, according to which the author (in this case O’Sullivan)
would have dissolved along with his thinking in the reception process and in the
multiple uses of the concept that appeared in the 19 th -century press, to such an extent
that for 81 years Americans would come to forget his role as author o f Manifest
Destiny, despite the frequency of its use. 14
Michel Foucault also reflected upon the disappearance of the authora year after
Barthesin an address that owed much to the intellectual climate of May of‘68. The
French philosopher symbolically situated the process of the death of the author in the
age of Mallarmé, and this helped him to draw a distinction between the author’s given
name and his authorial name, in which the historical figure would give way to a
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
13 Edward L. Wi dm er , Young America: The flowering of democracy in New York City ( Ne w Y o r k: Ox f or d
Unive rsi ty Pres s, 1999) , p p. 3, 20. Hence fort h I sh all ref er to him b y hi s s urna me “O’ Sull iva n”.
14 Rolan d Barth es, “Th e deat h of the autho r” in Susurros del lenguaje: más allá de la palabra y la
escritura ( B a r c e l o n a : P a i d ó s Ibérica, 1987 ), pp.8 0 - 81; Julius W. Pratt, “Origins of ‘Manifest Destiny’”,
The America n Histori cal Rev iew , Vol. 32, N .º 4 (Jul. , 1927), pp. 795 - 798.

13

paradigmatic figure that condenses all the attributes of a discourse. This connection
between a discourse and an author-paradigm would generate a specific form of
existence and discursive relationship with in a culture, which Foucault calls author’s
function . The author’s function would be present wherever a text cannot be fully
understood without considering what its author represents for society at any given
moment. 15
But there are some authors whose position in the social imaginary would have a
transdiscursive nature, in other words, their symbolic reference in society would be so
important that they would mobilise intellectual production, generating through imitation
and influence a canon of like-minded thinking on the part of all those thinkers and
publicists who declared themselves to be in debt to and followers of the thinker in
question, whom Foucault termed as foundersof discursivity . 16
This notion of Foucault’s is the basis of both Barthes’s thesis on the death of the
author and the paradoxical nature of O’Sullivan as thinker and author of the concept of
Manifest Destiny : the intellectual contribution made by certain authors transcends their
own selves to generate a canon of thinking and discourse. In this process of
canonization of an author’s thinking, the complexity of their thinking would be
simplified to the point that the author becomes a symbol, and their ideas slogans of
political mobilisation. This leads Foucault to believe that it is possible to forget the
object as original foundation and view it as a variable and complex function of
discourse. 17
But there is a peculiarity to society’s neglect of the figure of O’Sullivan in
comparison with the typical distortions produced in any process of canonization and
reception of political thought, since this neglect was the result of the way in which
O’Sullivan shaped himself as author, and of certain vicissitudes during his life. I have
called this particular situation the O’Sullivan mystery , which is materialised in the
paradox of him being forgotten during the time when Manifest Destiny was alive as
political concept, while when the concept fell into disuse, O’Sullivan historiography
rescued O’Sullivan from oblivion on account of being the author of Manifest Destiny .
Thus, O’Sullivan is an author who, while being a founder of discursivity (of the
paradigmatic form of 19th-century expansionist discourse), this did not occur because
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
15 Mic hel F ouc au lt , “¿Qu é es un a ut or? ” Lit toral, N.º 9 (June, 1983 ), pp. 58 - 61, 66.
16 Foucault , “Qué es un autor”, pp. 66 - 69 and Jan Assmann, Histor ia y mit o en el mundo antig uo: lo s
orígenes de la cultur a en Egipto, Israel y Grecia (Mad rid: Gredos , 2011), p. 2 0.
17 Foucault , “What is an author?” , p. 73.

14

he became a function of the author , since despite the fact that his work is an
indisputable reference point in the shaping of the American expansionist discourse, this
work was not linked to his person and thinking until North American historiography
began to regard Manifest Destiny as an object of historical study. 18
Thanks to historiography on 19th-century expansionism, O’Sullivan returned
from his death as an author to become a generalised reference, but no historian has
succeeded in explaining his specific contribution to the shaping of the concept of
Manifest Destiny , resulting in the fact that all references merely indicate him as the
author of the concept. So it was that historiography resurrected O’S ullivan and
transformed him into a sort of member of the “living dead”, and without really knowing
what to do with him, leaving him to wander from footnote to footnote.
I first became aware of this fact when I began to read the reference bibliography
on Manifest Destiny . As a trainee political scientist with an interest in political theory
and the history of thought, one of the first issues I considered was to ask myself about
the thinking of the author who had coined the notion of Manifest Destiny . To my
surprise, I found that nothing had been written in this regard, but only a generic
biography of O’Sullivan and a handful of studies where the author featured as a
secondary reference. In these studies it was as if Manifest Destiny had appeared in
O’Sullivan’s mind by spontaneous generation, as a natural reaction to the events of his
day or as an occurrence that was somehow successful subsequent political discourse.
However, the reading of the two classical works on Manifest Destiny and of the
editorials attributed to O’Sullivan suggests evidence to the contrary. During my
readings I have found sufficient elements to conclude that Manifest Destiny was the
genuine product of a theorisation in which philosophy of history mixturewith a
geopolitical approach in order to frame American democracy in providential terms. And
in my opinion these elements revealed sufficient intellectual complexity o challenge the
hypothesis that the coining of the concept was the product of chance.
Guided by this assumption, and by the fact that most US historiography referred
to O’Sullivan as the author of the concept of Manifest Destiny , I asked the following
research question of my doctoral thesis: What was O’Sullivan’s specific contribution
to the shaping of the concept of Manifest Destiny ?
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
18 Ibíd., p. 70.

21

conceptual references engendered by this doctrine, the city upon a hill and the errand
into the wilderness . In chapter seven “From theocracy to denominationalism: the
process of religious secularisation in America” I will explain how Puritanism collapsed
and disappeared from America, and with it their vision of predestination. This leads me
to consider what I understand by secularisation and how two new providential
perspectives were f ormed after the disappearance of Puritanism: a rationalist
providentialism stemming from natural theology and its idea of design , along with
another based on an emotional faith created during the First great awakening that would
sow the seed of evangelism in America.
In chapter eight, “The republicanisation of providentialism and its conversion
into a national imaginary” I will address the process of politicisation in republican terms
of the American providentialist tradition, which will evolve into a philosophy of history
during the American Revolution. Here I consider the impact of the American civil
religion as a new framework of theological interpretation, and the changes in the
conception of historical time that took place during that period in a crossroad between
considering America providentially via an imaginary based on the spaces of experience
of the Translatio Imperii , as opposed to another imaginary based on horizons of
expectation that materialised in the concept of American experiment. I also introduce
Jefferson’s providentialist vision of his ideal of Empire of Freedom . With chapter nine,
“The Malthusian Paradigm in America”, I complete this diachronic section where I
outline the characteristics of the Malthusian doctrine, its reception in America and its
importance in both the sectional debates over slavery and in the appearance of Manifest
Destiny .
The section on the formative context of the concept of Manifest Destiny spans
chapters 10 to 13, and adds the synchronic perspective to the thesis. In these chapters I
focus on O’Sullivan and his era from a contextualist perspective based on Skinner’s
ideas and his hypothesis on the importance of discursive contexts as a means of
determining the significance of speech acts: of their nature and the intentionality of
declarations and of the documents where they are recorded.
Chapter ten is entitled “O’Sullivan’s Jacksonian ideology through his political
manifesto: the democratic principle” in this chapter I undertake a s ynthesis of
Jacksonianism as ideology to which this author subscribed, before analysing
O’Sullivan’s thinking and his main ideas. The aim of this chapter is to show that
O’Sullivan manifests an ideological coherence that connects his ideas on democracy

22

and expansionism via an organicist-type providentialist framework, and that this will be
the substratum whence would emerge the discourse that would give birth to the concept
of Manifest Destiny . Chapter eleven is entitled “John Louis O’Sullivan: a biographical
sketch of a personification of political romanticism”, in which I present O’Sullivan’s
historical context by means of a biography of this Jacksonian thinker, in which I explain
the context of the appearance of the concept of Manifest Destiny while I of fer a portrait
of his personality and psychology, two factors that also influenced his formulation of
the concept.
The title of chapter twelve is “The authorship of the concept of Manifest
Destiny ” and in it I dismantle Linda S. Hudson’s hypothesis according to which
O’Sullivan was not the true author of the concept, while I present the hermeneutic
criterion that enabled me to demonstrate through textual evidences O ’Sullivan’s
authorship. In this chapter I also present the Malthusian theory as the key element that
permitted the articulation and emergence of the concept, and I end with a reflection
upon hermeneutics and the analysis of political thinking in the digital era with the rise
of digital humanities. Finally, in chapter thirteen entitled “The process of formation of
the concept of Manifest Destiny ” I present by means of t he analysis of numerous
editorials the evolution of O’Sullivan’s providential thinking, first by the articulation of
a democratic philosophy of history in which were f ormulated all the elements that would
be synthesised in the concept, but without the presence yet of a connecting thread
serving to rationalise these discursively. This would occur with the expansionist debates
of 1840, when O’Sullivan promoted this philosophy of history in his discourse in order
to defend expansionism; producing in this context a geopolitical perspective that would
facilitate the definitive emergence of the concept.

With regard to the formal criteria of the thesis, the bibliography w ill be
referenced according to the Chicago-Deusto method, based on the model proposed in
the Manual de estilo Chicago Deusto: guía breve para citas y referencias
bibliográficas . Bibliographical references will appear in footnotes only, in accordance
with the method detailed in this guide. Works that appear in the main text and in italics
will not be considered bibliographical ref erences (although they may be used as
bibliography in the thesis previously or subsequently), but as informative references.
Fundamental concepts will also appear in italics. Informal expressions will be in

23

inverted commas, as will titles of articles. The concept of Manifest Destiny will appear
in italics (as a concept) and will be capitalised as a historiographical category. 20
On the uses in the thesis of the notions América/Americano,
Norteamerica/Norteamericano, Estados Unidos/estadounidense:
In Spanish we draw a clear distinction between the nouns and adjectives that appear in
the title of the section. “América” (America) is usually employed to refer to the entire
continent, comprising two subcontinents “Norteamérica/Sudamérica” (North
America/South America) along with Centroamérica (Central America), using “Estados
Unidos” (United States) for the country considered in this thesis. In English its real,
daily use has tended to blur these distinctions, with the result that Anglo-American
speakers tend to use the three groups as synonyms. Over time this has consolidated the
use of the adjective “americano” (American) as a synonym of “estadounidense” (US.
Citizen). As has been note don countless occasions, this is a case of linguistic
imperialism, which has invaded other languages owing to the predominance of US
culture.
My criterion in this respect, and bearing in mind all the above, is to adopt a
pragmatic stance, close to the norms of use in the USA. I have taken this decision so
that our own uses do not prevail over theirs, (since they, the Americans, are the object
of study). Meanwhile, the adjective “estadounidense” is a long word, constant repetition
of which renders reading of the texts somewhat laborious, so use of the adjectives
“americano” and “norteamericano” as synonyms tends to lighten the reading. Moreover,
when one spends a long time reading American sources, it becomes difficult not to
adopt their linguistic uses. A militant protest against the linguistic imperialism of the
binomial “América/americano” is a noble cause but not very practical when writing a
thesis on the United States, and a heroic task if one wishes to avoid reiteration.
Something similar happens every time we refer to Great Britain as “England”, another
battle that correct language has lost against linguistic economy, and which does not
usually lead to so many Byzantine debates, since the ancient Gaelic kingdoms of Wales,
Scotland, Northern Ireland and Cornwall (Dumnonia) do not, for the moment, enjoy
sufficient national entity to condemn this example of linguistic-territorial synecdoche.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
20 “Manual de estilo Chicago Deusto: guía breve para citas y referencias bibliográ fi cas” i n Revist a Deusto ,
N.º 126, (Ap ril - June , 2015 ), ( specialsuppl ement ), pp. II - XI.

24

I have opted for a pragmatic use in referring generally to the nation-state as the
“Estados Unidos”, reserving “Norteamérica” for the continent (and on occasions for the
United States as country) and using América to refer to the United States as a
civilisation and culture n a broader sense. I shall employ the adjectives
“americano/norteamericano/estadounidense” as synonyms interchangeably to facilitate
writing and reading.
Strangely enough, O’Sullivan also had to face this problem. In a New York
Morning News editorial of January 6, 1846 entitled “A National Name”, O’Sullivan
echoed an initiative launched by Albert Gallatin as president of the New York Historical
Society , who warned that the name assigned to the country by the Founding Fathers
(United States of America) was falling into disuse, which was why the historical society
opened a debate to find a new name for the country. O’Sullivan proposed the name
“Columbia”. The Jacksonian journalist preferred this name to “America” because it
alluded to the man acknowledged as the “discoverer” of the continent, so he, and not
Américo Vespucio, should be honoured by using his surname for the new name of the
nation. O’Sullivan realised that at the time it was becoming popular to refer to the
United States as “A merica”, and he argued that this was due to the influence of
Canadians and Europeans, who were the ones who made most use of this name. But
O’Sullivan preferred the name Columbia, as it was the equivalent for the United States
of the mythical reference that assigned the historical name to each of the European
nations: like “Albion” for Great Britain, “Erin” for Ireland or “Gaul” for France. In his
opinion “Columbia” would be the equivalent for the United States. The only problem as
that there already existed a South American republic with that name, but that would not
be an insurmountable obstacle, since with the dissolution of Gran Colombia no great
South American power could compete with the United States and take the name. 21
If O’Sullivan was correct, it was during that era, between the publication of
Democracy in America (the book that popularised this name for the United States in
Europe) and the Civil War, when American society adopted in social use the term
“America” to refer to the United States.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
21 John L. O’Sullivan, “A N ational Name”, New York Morni ng News , January 6, 1846. In the Democr ati c
Review use of the te rm “Un ited States” almost triples that of “ A m e r i c a ” . O’Sull iva n however tends to
employ them interchangeably, though he calls the journal The United Stat es M agazin e and Democratic
Review a n d n o t “ American Magazine and Democratic Review ” so both his and he h i m s e l f re present a
period of transition in the proce ss of institutionalisation of the appropriation of the term “Am er ic a” by the
Unit ed S tat es .

25

This is plausible; given the strong nationalist sentiment of the age, but it is also
interesting to consider that initially this conceptual change originated as a result
something in vogue outside the United States. The Americans, meanwhile, would have
no difficulty adopting the name “America”, given their continentalist consciousness and
ambitions. According to this doctrine, in the future the United States would spread
across the entire continent: from the Atlantic Ocean in the east, to the Pacific Ocean in
the west, and from the Bering Strait in the north, to Cape Horn in the south, with the
whole continent offering the United States potential territorial expansion. America,
therefore, was a natural and possible future name for a United States that w ould extend
right across the continent.

26

27

1. La historiografía estadounidense y el estudio del Destino Manifiest o 22
!
La historiografía crea sus propios caminos al delimitar el contorno de su obj eto de
estudio, lo que supone establecer un rango de preguntas de investigación y enfoques de
análisis que son considerados naturales y pertinentes; otros por el contrario son tenidos
por secundarios o incluso irrelevantes. En ocasiones si la historiografía no plantea una
pregunta esta puede resultar invisible para las futuras generaciones. La tradición
historiográfica abre puertas al entendimiento de un fenómeno, pero también cierra otras.
Por otra parte, las preguntas de investigación vienen determinadas por la habilidad del
investigador para alcanzar un distanciamiento de su objeto de estudio.
Estas dos cuestiones conducen a que la labor investigadora de toda nueva
generación académica requiera de una revisión y cuestionamiento de las premisas y
certezas que planean sobre el objeto de estudio, así como la obligación de plantearse
sobre lo que mi maestro Carlos Castillo llamaba los límites epistemofílicos y
epistemofóbicos con los que cuenta un investigador hacia su materia y que condicionan
como sesgo su mirada. Una de las cons ecuencias prácticas de este cuestionamiento se
traduce en la necesidad de conocer y comprender de qué manera el desarrollo de la
tradición académica ha incidido en nuestra forma de comprender el objeto de estudio.
Esto no es solamente una exigencia deontológica de buena praxis, sinoque además
posibilita situar la contribución del investigador en el contexto de producción académica
de su objeto de estudio.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
22 En este capít ulo indicar é e l n ú m e r o d e c i t a s d e l a s o b r a s referidas, s e g ú n l a s c i f r a s q u e a p a r e c e n e n
Googl e Schol ar , as í co mo en algunas ocas iones también s e ñ a l a r é e l n ú m e r o d e r e s e ñ a s almacenadas en
JSTOR co n el fin de ofrecer unos parámetros sobre el i m p a ct o d e l a s mi sm a s . La s c on su l ta s s e r e a l i z a ro n
entre el 01/03/2018 y e l 2 0 / 0 3 / 2 0 1 8 . La indicación se hará en tre corc hetes tra s la s fecha de publicación
original de la obra . En términos cuantita tivos aquí se va a presenta r un a bre ve se lecci ón de textos
destacados. Sin embargo, el número de publicaciones que tratan la temática resulta demasiado extensa
para poder abarcar la en su totali dad. La evidencia de esto puede e n c o n t r a r s e e n e l e l e v a d o n ú m e r o d e
publicaciones en lengua inglesa que pueden encontrarse en los reposi torios digitales: He contabili zado en
Googl e B ooks u n o s 7 0 l i b r o s m o n o g r á f i c o s c u y o t e m a p r i n c i p a l s e r í a e l Destin o Manifi est o y el
expansionismo, junto a 87 1 libros que contendrían dicho término en inglés; JSTO R c o n t a b i l i z a u n t o t a l
360 m onografí as sobre el Desti no Manif iest o en i ng lé s ( 29 2 a rt í cu los y 6 8 l ib r os /c ap ít ul os de li br o) , y u n
total de 16.826 m enciones al conc epto ent re toda s sus obras. Quest ia c o n t a b i l i z a u n t o t a l d e 5 . 1 7 3 l i b r o s ,
352 artícul os académicos, 378 revistas, 421 periódic os y 3 enciclopedias que contienen el concepto; y las
redes sociales ac adémicas de Academia. edu y Researc hgate contabilizan en el caso de Academia. edu , 48
papers m onográfic os cuyo título conti ene el concepto, junt o a 7.950 menciones del término y 3.370
resultados de mencio nes en el caso de Researchgat e . C omo qued a pate nte, re sulta p rácticamen te
impos ible abarca r toda esta bibliograf ía secu ndaria en un traba jo individual , por lo tanto m i exposic ión
del estado de la cuestión se circunscribir á a las monografías de historiografía angloamericana de mayor
impac to y represe ntatividad, d ejando a un lado temáticas p aralelas, secu ndarias, his toriogra fía de otros
países y lenguas (con algunas excepci ones del ámbit o hispanohablant e),

28

Hasta el momento no existido ninguna iniciativa por conocer cómo se conformó
el campo historiográfico del Destino Manifiesto en el ámbito académico
angloamericano. Como consecuencia de esta falta de reflexión de la historiografía
angloamericana sobre su propia labor para el estudio de este concepto, esto ha
conllevado la producción de estudios bastante similares entre sí, con un grado de
innovación promedia bastante reducida, y en donde se tiende a reproducir un relato
canónico sobre la historia del expansionismo como guía narrativa del Destino
Manifiesto . Así mismo, la importancia de este concepto dentro de la conformación de la
identidad nacional americana ha conllevado que en los abunden los juicios de valor,
tanto desde posiciones de una adhesión complaciente hacia la retórico del
excepcionalismo americano que desde un discurso conservador celebran el De stino
Manifiesto de américa, como a través de posiciones radicalmente opuestas que
establecen una crítica al proceso de construcción nacional estadounidense desde
perspectivas postcoloniales, en donde suele imperar una valoración negativa del Destino
Manif iesto .
Por otra parte, al tratarse de una temática específica de la historia nacional
estadounidense esta, ha recibi do una relativa poca atención por parte de corrientes
historiográficas de otros países (con una moderada excepción británica y
latinoamericana), lo que ha supuesto que el estudio de este concepto se encuentre
fuertemente influenciado por las convenciones, la evolución y las de la historiografía
estadounidense, la cual, por otra parte, sufre “el lastre” derivado de su posición central
en las redes académicas globales, por el cual tiende al solipsismo, ignorando los
debates, avances y perspectivas producidos en el extranjero. Esto ha conducido a que el
estudio del Destino Manifiesto haya perdido la complejidad y riqueza que suele darse en
el encuentro entre distintas tradiciones académicas, pues cuando un fenómeno histórico
es examinado por un debate trasnacional suele verse enriquecido con perspectivas que
pueden replantear las convenciones que sobrevuelan la temática.
La historiografía norteamericana se vio muy enriquecida cuando promovió desde
un cierto imperialismo académico la historia atlántica, pero ni siquiera esta perspectiva
ha conseguido hacer demasiada mella en el estudio del concepto . Las únicas
excepciones a esta regla han sido los trabajos de los historiadores Reginald Horsman
(Reino Unido) y Anders Stephanson (Suecia), cuyos estudios se han erigido en las obras
de referencia académica para la materia, tanto en los Estados Unidos como en el resto
de países. La historiografía latinoamericana, por el contrario, al encontrarse en una

29

posición subalterna en las redes académicas globales no ha conseguido por lo general
penetrar en el debate académico estadounidense, a pesar de haber producido también
estudios de bastante calidad sobre la temática. Este aislacionismo historiográfico en el
estudio del Destino Manifiesto es otra de las razones que han conducido a las
investigaciones de la temática a quedar atrapadas dentro de la imagen canónica
establecida por los trabajos fundacionales de los clásicos para la materia. Aún así, esto
no implica que no haya habido una evolución y transformación en el estudio del
concepto. Por este motivo comenzaré con una revisión que explique la evolución de su
historiografía, de cara a poder aportar nuevas preguntas de investigación con las que
reconsiderar el objeto de estudio.
La historiografía del Destino Manifiesto tuvo su origen entre f inales del siglo
XIX y principios del siglo XX de la mano de la historiografía nacionalista que se
encontraba muy influida por el darwinismo social. Estos autores pretendían con su
estudio académico revitalizar el concepto de cara a poder reivindicarlo para su uso
político. Posteriormente su estudio se “profesionalizó” de la mano de s us dos autores
clásicos, Albert K. Weinberg y Frederick Merk, cada uno de ellos discípulo de una gran
figura de la historiografía estadounidense del siglo XX. El hecho de que la labor de
formalización del estudio del Destino Manifiesto recayera en manos de dos epígonos
resulta revelador para comprender las fortalezas y debilidades del marco interpretativo
que ha imperado en la historiografía posterior. Weinberg y Merk fueron historiadores de
una gran profesionalidad, cuyos trabajos se caracterizan por la exhaustividad, lo que les
ha conducido a ser por mucho tiempo puntos de referencia ineludibles para las
generaciones posteriores que han querido aproximarse al concepto. Pero ni Weinberg ni
Merk contaron nunca con la capacidad teórica de sus maestros, y esto se tradujo en la
producción de obras muy eruditas que sin embargo no pudieron ofrecer un marco
interpretativo robusto con el que poder plantear preguntas de investigación de largo
recorrido al concepto y sus problemática.
En último término, esta tarea ha recaído en la historiografía contemporánea, que
ha abordado la problemática desde distintos enfoques herederos del giro cultural. La
perspectiva crítica de esta historiografía ha ayudado a resaltar la distancia existente
entre el idealismo doctrinal del Destino Manifiesto con respecto a sus consecuencias
históricas. Pero como resultado de sus presupuestos teóricos, se ha tendido una
especialización temática que ha tenido consecuencias positivas y negativas para la
mejor comprensión del objeto de estudio. Por una parte la investigación pormenorizada

30

de los distintos elementos históricos derivados del concepto ha posibilitado trascender
las perspectivas generalistas, permitiendo conocer ciertos aspectos del concepto con un
grado de profundidad que no tiene precedentes. Pero el precio a pagar por la
especialización ha sido la pérdida de visión panorámica, que en muchas ocasiones ha
conllevado que las nuevas contribuciones se hayan logrado a constade invisibilizar otros
elementos igual de importantes a la hora de comprender el Destino Manifiesto .
La parte ha tendido a fagocita al todo, sin con ello plantear muchas veces unos
fundamentos o encuadres de la temática radicalmente distintos a los propuestos por los
estudiosos clásicos de la materia. En última instancia, la tradición historiográfica ha
hecho mucho más por replantearse su relación ética con el Destino Manifiesto que su
concepción teórico-paradigmática. Este mismo problema se encontraba también en los
orígenes de la profesionalización del estudio del concepto, y aún no se ha superado del
todo. Así lo dejó patente el profesor en relaciones internacionales Frederick S. Dunn en
el prólogo que escribió para el estudio pionero del autor clásico Albert K. Weinberg:
Hace tie mpo que se ha adv erti do la import anci a del tema, pe ro no contamos co n un des ar rollo
adecuado de eficaces métodos de análisis y de instrumentos de investigación para abordar la
cuestión. C omo resultado de esta sit uación, hemos tendido a restar im portancia al tema o a
tratarlo esencia lmente desde un punto de vista moral, sin q ue [con] e l l o i m p o r t a r a s o m e t e r a
cuidadoso análisis cr ítico la base l ógica de nuestros juici os morales. 23 !
A partir de esta reflexión consideraré cuáles han sido los caminos recorridos por
la historiografía hasta el momento, para más tarde plantear una alternativa propia con la
que desandar caminos ya ollados y volver hacia puertas por abrir.
1.1 El proceso de institucionalización y profesionalización en el estudio académico
del Destino Manifiesto
El concepto de Destino Manifiesto existió desde mediados del siglo XIX como un
concepto de agitación política expansionista en los Estados Unidos. Sin embargo esto
no supuso su inmediata transformación en una herramienta de trabajo historiográfica.
El primer autor que trató el Destino Manifiesto en un trabajo académico fue un
intelectual francés, aunque en esta ocasión no sería Tocqueville, sino el concejal de
París y político legitimista Pierre-Suzanne-Augustin Cochin, quien publicó una obra
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
23 Albe rt K. We inberg, Dest ino Mani fie sto: el ex pansi onis mo n acio nali sta en la hist ori a no rtea meri cana.
(Buenos Aires: Editorial Paidós, 19 68), p. 11

37

2003. Pero a pesar de sus importantes contribuciones, Pratt no realizó ningún avance
que permitiera identificar de manera fehaciente y mediante fuentes documentales a
O’Sullivan como el autor del concepto, ni tampoco añadió nueva información sobre
cómo O’Sullivan pudo pergeñar el concepto. 35
La contribución de Pratt sin embargo fue muy importante, pues había rescatado
del olvido a una figura indispensable para explicar tanto el siglo XIX estadounidense
como el Destino Manifiesto . Pero el problema del artículo de 1933 se encuentra en que
da por evidente lo que en 1927 era una hipótesis, sin ofrecer más pruebas a su favor. La
historiografía posterior ha aceptado mayoritariamente la autoría de O’Sullivan por falta
de alternativos y por suponer la opción más plausible. Y durante setenta años los
historiadores estadounidenses han considerado el problema de la autoría como una
cuestión zanjada. Las publicaciones de Pratt sobre el expansionismo marcarán la entrada
definitiva del Destino Manifiesto en la historiografía profesional, que se consolidó a
tr avés de los estudios realizados por los autores clásicos de la materia.
1.2 Weinberg y Merk: Los historiadores clásicos del Destino Manifiesto
El último gran hito que terminará por asentar el Destino Manifiesto como objeto de
estudio académico será la publicación de las dos primeras monografías sobre la
temática, que con el tiempo se convertirán en las obras clásicas de la materia: Manifest
Destiny: a Study of Nationalist Expansionism in American (1935) [654 citas, 14
reseñas] de Albert K. Weinberg y Manifest Destiny and Mission in American History: a
Reinterpretation (1963) [656 citas, 19 reseñas] de Frederick Merk. 36
Considero a Weinberg y Merk los clásicos de la temática porque cada uno de
ellos ha planteado el estudio del Destino Manifiesto desde una perspectiva distinta que
con posterioridad se han constituido en las dos vías de aproximación fundamentales
adoptadas por la historiografía posterior. Por una parte se encuentra la vía abierta por
Weinberg, quienconsidera e l Destino Manifiesto tanto una idea como una ideología, y
realiza su aproximación desde la historia intelectual. Mientras que Merk equipara el
Destino Manifiesto al expansionismo decimonónico y lo estudia a partir de la historia de
los hitos de la expansión de los Estados Unidos hacia el Oe ste: sus guerras y conflictos,
así como los grupos que apoyaron o se opusieron a la expansión. Todo el fenómeno que
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
35 J u l i u s W . P r a t t , “ J o h n L . O ’ S u l l i v a n a n d M a n i f e s t D e s t i n y ” , Nueva York H i s t o r y , V ol. 1 4, N o. 3 (July,
1933), pp. 224 - 225. [34 citas]
36 Stephans on, Mani fest Dest iny , p.131; Amy S. Greenberg, Mani fes t Desti ny and Americ an Terr ito ri al
Expansi on: a Brief Histor y wit h Document s. (Boston: Bedfo rd/St. Martin, 2017 ), p. 166.

38

originó el expansionismo y su época es aquello a lo que Merk se refiere como Destino
Manifiesto .Por lo tanto Weinberg, Merk, y el conjunto de historiadores posteriores van
estudiar bajo una misma rúbrica cosas muy distintas. Y aunque todos los autores
posteriores se han inspirado en las contribuciones de ambos autores, siempre va a existir
una perspectiva que predomina sobre la otra según qué es lo que se entienda por Destino
Manifiesto , si una idea expansionista, o el expansionismo decimonónico en su conjunto
como fenómeno histórico. En este sentido, he escrito mi tesis desde la línea planteada
por Weinberg, si bien como casi todos los historiadores de la materiatomo muchos
elementos de ambos. 37
Albert K. Weinberg fue el primer autor en plantear una obra monográfica sobre
el Destino Manifiesto (1935)a partir de su tesis doctoral (1931). Weinberg fue
estudiante de doctorado en la Universidad John S. Hopkins, en donde realizó su
investigación influido por las enseñanzas de Arthur O. Lovejoy, quien galvanizaba la
vida intelectual de la universidad a través del History of Ideas Club. Este hecho es
importante porque Lovejoy en esa época desarrolló el enfoque disciplinar de la historia
de las ideas, que basaba su premisa de estudio en la existencia de unit-ideas o ideas
singulares . Lovejoy definió dichas ideas singulares en La gran cadena del ser como
unidades que no pueden descomponerse: “proposiciones únicas y específicas o
‘principios’, tipos expresamente enunciados por los antiguos filósofos europeos más
influyentes, junto con otras nuevas proposiciones que s on, o se ha supuesto que son, sus
corolarios”, a lo que añadirá en un artículo posterior titulado “Historiography of Ideas”
que dichas ideas singulares son categorías y pensamientos que cuentan con una larga
historia de vida propia y que pueden encontrarse en numerosas expresiones
intelectuales, de la ciencia y la cultura. En definitiva, las ideas en la perspectiva de
Lovejoy son entidades suprahistóricas que en cada momento se conceptualizan de
múltiples maneras, y la labor del historiador de las ideas es doble: por una parte dar
cuenta sobre cómo la tradición del pensamiento las va enunciando en su desarrollo, y
por otra considerar la manera específica en que se presentan dichas ideas en cada
momento histórico. 38
Weinberg no sólo reconoció las enseñanzas y la supervisión de su trabajo por
parte de Lovejoy, sino que además definió su obra como una “historia analítica de las
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
37 Weinb erg, Desti no Manif ies to , p. 16 ; Me rk , Fre de ric k. Man if est De sti ny an d Mi ss ion , pp. VI - VI I.
38 Wei nbe rg , Desti no M ani fi esto , p. 9. Arth ur O. Lovejo y, La gran cadena del ser: hist oria de una idea.
(Barcelona : Icaria editorial, 198 3), pp. 12 - 13, 22 - 31. Arthur O. Lovejoy, “ T h e h i s t o r i o g r a p h y o f i d e a s ” ,
Essays in t he Hist ory o f Ide as. (Baltimore: The Joh ns Hopkins Pre ss, 1948) , pp. 8 - 9.

39

ideas” que “aborda por separado las principales doctrinas expansionistas en el orden en
que cada una fue llevada a primer plano por sucesivos movimientos de anexión.”. A
pesar de no desarrollar teóricamente esta concepción, resulta evidente que Weinberg
trató el Destino Manifiesto como una idea singular a través de sus distintas
manifestaciones ideológicas, cuyo conjunto supondría la historia de la idea de Destino
Manifiesto . No en vano, Weinberg publicó su libro en 1935, un año antes de que
Lovejoy hiciera lo propio con La gran cadena del ser, por lo que con mucha
probabilidad esta obra no sea sólo el primer libro monográfico sobre el Destino
Manifiesto, sino que además podría ser el primer libro publicado desde la perspectiva de
la historia de la ideas tal y como fue establecida por Lovejoy. 39
El libro de Weinberg, como la mayoría de estudios sobre el Destino Manifiesto ,
surgirá como reacción a debates contemporáneos sobre el lugar que ocupaban los
Estados Unidos en el mundo. Así como Powers escribió su obra en los debates de la
guerra del 98 y de la primera guerra mundial, en el caso de Weinberg este concibió su
estudio como una genealogía del nacionalismo americano que tendría su origen en el
expansionismo. Por otra parte, a Weinberg le interesará explicar cómo ciertas ideas
expansionistas surgidas en los Estados Unidos migrarán durante su época al
nacionalismo imperialista de otros países. Así lo explicita en su libro junto con la
constatación sobre la paradójica incomprensión que mostraban los estadounidenses de
los años treinta del siglo XX hacia las políticas expansionistas de los fascismos de
entreguerras. Weinberg consideró que esta incomprensión que mostraban los
americanos de su tiempo hacia el expansionismo de los reg ímenes fascistas de
entreguerras, lo que conllevaría a que la idea del Destino Manifiesto no tuviera visos de
supervivencia en unos Estados Unidos dominados por una mentalidad aislacionista.
Según Weinberg este aislacionismo sería hijo no deseado del Desti no Manifiesto , pues
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39 W e i nb e r g, Des tin o Manif ies to , p. 12 . Es necesar io acl arar con respecto a est a hipóte sis que con ello no
reivindico que esta perspect iva s e a d e u d o r a d e W e i n b e r g , s i n o q u e s u o b r a o c u p a d e m a n e r a c a s u a l u n
lugar s imbólico preem inente tanto en los com ienzos d e la historia d e las idea s c o m o e n e l e s t u d i o d e l
Dest ino Manifie sto . Lovejo y trabaj ó en sus hipótesis de La gran cadena del ser desde el año 1919, y los
debates públicos sobre hi storias de las ideas se realizaron b a j o s u i n i c i a t i v a e n e l H i s t o r y o f i d e a s c l u b
desde 1922. Pero Lovejoy no presentó al público su texto hasta las conferencias del curso académico de
1932 - 33 (la tesis de Weinberg es de 1931) y no lo publicó hasta 1936. Por lo tanto , l a l a b o r p i o n e r a d e
presentaci ón de una obra escrita en esta t radición recae en su dis cípulo Weinberg. Por otra parte ya existía
con anterioridad una tradici ón europea en historia de las ideas q ue no debe olvidar se, con la verdadera
obra pionera en este campo His tor ia de l as ideas es tét icas de Es paña ( 1 8 8 3 - 1909) de Marcelino
Mené nde z P el ayo , a sí co mo c on l os tr aba jo s r eal izado s p or la esc ue la de la Ideengesc hichte alre dedo r del
histori ador alem án Friederich M einecke. Sin embargo, será la escuela y perspectiva de Lovejoy la que
acabe por asentar metodológicamente l os presupuestos de la subdis ciplina, y el autor contra el que
debatirá la histor ia conceptual y el contextualis mo. Lovejoy, La gr an ca dena del ser , p. 6.

40

su hipótesis era que el expansionismo se generó con el objetivo de lograr la
autosuficiencia de los Estados Unidos con respecto a una Europa percibida como
antidemocrática durante el siglo XIX, y donde la adquisición de territorios estaría en la
base de la autosuficiencia nacional. Con la autosuficiencia alcanzada se haría
innecesario seguir expandiéndose, por lo que el propio expansionismo, producto del
Destino Manifiesto, habría acabado con dicha idea, y el peligro quedaría conjurado. 40
Frederick Merk será el segundo autor clásico en el estudio del Destino
Manifiesto ytampoco fue ajeno a los conflictos de su tiempo. Su obra Manifest Destiny
and Mission in American History: a Reinterpretation apareció en 1963, en el momento
en que el presidente Lyndon B. Johnson intensificó la escalada militar en la Guerra de
Vietnam y se generalizaron las protestas pacifistas en los campus universitarios. Es en
este contexto que Merk, un viejo profesor retirado de Harvard, comenzará a escribir sus
textos sobre el expansionismo decimonónico.
Esta era una temática sobre la que tenía mucho que contar, pues fue doctorando
y discípulo del legendario historiador sobre el Oeste Frederick Jackson Turner, así como
su sucesor en la cátedra de historia del Oeste en Harvard, asumiendo su asignatura de
historia del Oeste y desarrollando su contenido desde los presupuestos establecidos por
su maestro. Al igual que Turner, Merk nació en la Frontera en los días en que esta se
cerraba y desaparecía, y para él el Oeste no era una categoría abstracta de la
historiografía, sino un elemento de sus orígenes vitales. Siguiendo los pasos de su
maestro acabó como docente en Harvard donde fue un profesor muy popular y querido,
aunque no produjo apenas obra escrita hasta el momento de su retiro. 41
Merk escribió su obra sobre el Destino Manifiesto asistido por su mujer, la
también historiadora Lois Bannister, quien se encargó del trabajo de edición. El objetivo
de Merk con su obra era realizar un estudio sobre la opinión pública de la década de los
años 40 del siglo XIX en relación al fenómeno del expansionismo decimonónico. Con
ellos pretendía demostrar que en los Estados Unidos existía una noble idea de misión
providencial que los proponentes del Destino Manifiesto intentaron aprovechar para
justificar el expansionismo. Pero en opinión de Merk los expansionistas fracasaron en
su intento, pues mientras la idea de misión continuaba viva en la conciencia
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
40 Weinb erg, Desti no manif ies to , pp. 16, 418 - 423, 447 - 448.
41 J o h n M . B l u m , “ A C e l e b r a t i o n o f F r e d e r i c k M e r k ( 1 8 8 7 - 1977) ”, Virginia Quarterly Reiew, I s s u e :
Summer 1978, http:// www.vqronline.org/es say/celebrat ion - frederick - merk - 1887 - 1977

41

norteamericana de su momento histórico, la noción de Dest ino Manifiesto por el
contrario había desaparecido. 42
En su prefacio Merk consideró que el Destino Manifiesto era una ideología (y en
esto coincide con Weinberg), a la que describe de la siguiente manera:
E l expa nsionismo s e a socia hab itualme nte con ideolog ías de cr uzada: e n el caso del
expansionismo árabe fue el Islam; en el expansionismo españo l, el catolicismo; en la expansión
napoleónica , el liberalismo revolu cionario; en el expa nsionism o rus o y chino, el comunism o
marxi st a. El equiv alen te de esta s ideol ogías en el caso de los E stados Unidos es el ‘Desti no
Mani fi es to’ . Est e fue una mezcl a de rep ubl icani smo, demo cr aci a, libe rt ad re li gio sa ,
anglosajonismo, y varios otr os ingredientes. 43
Pero a pesar de dar esta definición Merk no se centró en las teorías o ideas que
componían el Destino Manifiesto en tanto que ideología hipotética(como había hecho
Weinberg), sino que como anunció en el título de su obra realizó una reintepretación de
lo que a su juicio era el Destino Manifiesto , que en términos metodológicos se traduce
en una equiparación entre Destino Manifiesto y expansionismo territorial, una fusión
que será muy influyente para la historiografía posterior; tanto para las publicaciones
específicas de esta temática, como para la historiografía sobre los Estados Unidos en
general. Prueba de ello es la convención historiográfica comprobable en los manuales y
libros sobre historia de los Estados Unidos donde el apartado que trata sobre el
expansionismo aparece referido fórmulas como: “El destino manifiesto” o
“e xpansionismo y destino manifiesto” y otras similares. Esto ha conllevado a que uno
de los usos actuales del concepto historiográfico del Destino Manifiesto sea denominar
el periodo que abarca desde la invasión americana de México (1846) a los inicios de la
Guerra Civil Americana (1861).
Tanto en Merk como en Weinberg, sus labores como pioneros en el estudio del
Destino Manifiesto se ha visto fuertemente influida por el hecho de haber sido los dos
discípulos de grandes historiadores americanos. De hecho, si en el trabajo de Weinberg
puede verse una primera manifestación de las tesis de Lovejoy, en el trabajo de Merk
puede encontrarse una aplicación un tanto superf icial del legado de las tesis planteadas
por Turner. Merk ayudó a su maestro a asentar la historiografía del Oeste desde la
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
42 R o b e r t M c G . T h o m a s J r . “ F r e d e r i c k M e r k , 9 0 ; A H a r v a r d H i s t o r i a n ” , Nueva York Ti mes, 2 7 d e
septiembre de 1977, acceso el 7 de marzo del 2018,
https:// www.nytimes.com/1977/09/27/ archives/ frederic k < mer k < 90 <a< harvard < his torian < taught < wagon <
wheel s < course < on.html . Mer k, F re deri ck. Man if est De sti ny an d Mi ssi on… , pp . VIII, 3 - 4, 261 - 266. !
43 Merk, Manife st Desti ny and Mi ssi on , pp. VI - VII .

42

cátedra que ambos ocuparon en Harvard, y desde ella desarrolló los postulados
implícitos en el proyecto de investigación de Turner, por lo que no resulta del todo
extraño constatar que la reinterpretación del Destino Manifiesto a la que alude Merk en
el título de su libro se fundamentó en reformular el Destino Manifiesto como un
episodio fundamental de la historia del O este. Esto se materializó fusionando la noción
de Destino Manifiesto con la de expansionismo, lo que en último término supone
privilegiar la historia diplomática sobre la historia intelectual. Las obras de Pratt y
Weinberg llevaron a Merk a que en sus últimos años de vida realizase una enorme
producción de obras en las que terminó por fusionar las tesis sobre el Oeste y la f rontera
de Turner con el estudio del expansionismo que él mismo había ideado como temario de
la asignatura que impartió en Harvard, y de esta manera el legado de la obra de Turner
acabó convirtiéndose en un pilar fundamental para el estudio del Destino Manifiesto . 44
Considerado en retrospectiva, Merk realizó uno de los trabajos más
sobresalientes, y posiblemente el más exhaustivo sobre el expansionismo decimonónico
estadounidense. Su visión sobre el Destino Manifiesto quedóestablecida en su primer
libro sobre el tema (cuya popularidad no pudo igualar ninguna de sus obras posteriores),
pero es necesario tener en cuenta toda su línea de producción bibliográfica desde 1962 a
1978 para comprender el proyecto de investigación que tenía en mente en donde el
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
44 C o m o s e e x p l i c ó a n t e r i o r m e n t e , l a o b r a d e M e r k e s muy ta rdía y se inten sifica cuando este se retira
como profesor emérito en el departamento d e hi s t or i a de Ha r v ar d , y c on t in ú a despué s con s u j u b i la c i ón y
hasta su muerte. Aunque M erk ya había escrito algunos libros sobre el Oeste en su periodo como profesor
en Harvard, es su obra de retir o la que acabó t e n i d o u n m a y o r i m p a c t o e n l a h i s t o r i o g r a f ía po sterior. Su
libro so bre el Destin o Mani fie sto fue en este sentido la primera de una serie de obras que tuvieron p or
objetivo plasmar una historia del Oeste americano a travé s del expansioni smo. Tres años después de
publicar Mani fe st Desti ny and Miss ion in Amer ic an histo ry: a Rei nte rpr eta ti on (1963) [656 citas], M erk
publicó un libro tit ulado The Monroe Doctrine and Americ an Expansionis m, 1843 - 1849 (1966) [60 citas],
que de alguna m anera recupera el espír itu de Weinberg al con tar el fenóm eno del expans ionismo desd e el
punto de vista de sus ideas, sólo que en esta ocasión lo hace desde la Doctri na Monro e , y no m ediante el
Dest ino Manifi est o . Al año sigu iente M erk pub licará el libro The Oregon Q uestion: E s s a y s i n A n g l o -
American D iplom acy and P olitics (1967) [80 citas] que to ma el título de un panfleto d e Albert Galatin
publicado en 1846 (y que M erk había analizado previamente en una obra de 1950) para estudi ar el
conflicto por el territor io de O regón que dará lugar a la Doctri na M onroe desde una perspectiva de la
histori a diplomática, sirviendo de modelo para múltiples libros que se escribirán con posterioridad desde
la mism a perspectiv a. A principio s de los años 70 Merk deja rá de lado sus e studios sobre la Doctrin a
Monr oe para volver al estudio del Desti no Manifi est o a t ra vé s d e d os o b r a s . L a p ri me r a s e t it ul ó Fruit s of
Propagand a in the Tyler Admini strat ion (1971) [39 c itas] en donde se narra las estra tegias políticas de la
administración del presidente John Tyler para convencer a l a o p i n i ó n p ú b l i c a n o r t e a m e r i c a n a d e l a
necesidad de responder la petición de anexión de Téxas para subsumirla en la Unión. El trabajo tendría
repercusion es po steriores por plantear el Destino Manifi esto com o una estrategia de comunicación
polític a con fines de influi r en la opinión pública (hay que señalar que este traba jo se escribe en plena era
Nixon ). El segund o tra bajo que escribe Merk ll eva por tí tul o Slavery and the Annexation of Texas (1972)
[75 citas] donde M erk trata los in tereses del Su r de los Estados U nid os en anex ionar Texas para ganar
poder político en la carrera seccionalista y obtener m ás tierras para extender la esclavit ud. Finalmente en
1978 se publicó una obra póstuma Histor iy of the West ward Move ment [155 citas] qu e se p odría
considerar el testame nto académ ico de M erk, y la “suma teol ógica” sobre la hist oria del Oes te american o.

43

Destino Manifiesto juega un papel fundamental a la hora de formular una historia sobre
el expansionismo y el Oeste decimonónico americano .
Un episodio interesante sobre la recepción de las obras de Weinberg y de Merk
se encuentra en los trabajos del historiador mexicano Juan Antonio Ortega y Medina.
Este exiliado republicano de origen español es uno de los académicos más reputados de
la historiografía mexicana del siglo XX, laureado con el Premio Nacional de Ciencias y
Artes en el área de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía por el Gobierno Federal de
México en 1991. Se especializó en el estudio del conflicto entre católicos y protestantes
en la época de la contrarreforma y en el mundo colonial, y aplicó esta perspectiva a las
relaciones hispano-estadounidenses, en especial a lo concerniente al caso mexicano. As í
mismo, llevó a cabo estudios sobre el puritanismo americano y su papel en la
aniquilación de las poblaciones indígenas de Norteamérica. En 1972 escribió la primera
monografía en castellano sobre el Destino Manifiesto en su obra titulada Destino
manifiesto: sus razones históricas y su raíz teológica [37 citas], en donde explica la
historia de “un resentimiento” del mundo anglosajón hacia el mundo hispánico, un
episodio más en el enfrentamiento entre católicos y protestantes desde la reforma y la
contrarreforma. La obra de Ortega y Median se reclama como una crítica a Merk (y en
menor medida a Weinberg) por su intento de salvar la idea de la misión providencial de
los Estados Unidos presentándola como algo distinto y mejor que el Destino
Manifiesto . 45
Si bien el libro de Ortega y Medina es la primera monografía en castellano, no se
trata del primer estudio que analice el Destino Manifiesto escrito en español. Ese mérito
corresponde al historiador renovador cubano Ramiro Guerra por su obra La expansión
territorial de los Estados Unidos a expensas de España y de los países
hispanoamericanos (1935) [139 citas]. Resulta llamativo que el primer estudio en
castellano sobre la historia del expansionismo norteamericano y en donde se trató el
Destino Manifiesto fuera contemporáneo a la primera monografía sobre el Destino
Manifiesto escrita por la historiografía estadounidense (Weinberg). Si a través de
Weinberg sabemos que la preocupación por el expansionismo de los fascismos europeos
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
45 Mar ía Cri stin a Gonz ál ez Ort iz , “Ju an Ant oni o Ort ega y Medina ”, UNAM, nuest ros maest ros. Tomo II.
(México DF : Editorial del a Unive rsidad A utónoma de México, 1 992) , pp. 23 - 28; Juan A. Ortega y
Medi na . Desti no manif ies to: sus razo nes hist óri cas y su raíz teoló gica . ( Mé xi co DF : S ep / Se te nt as , 1 97 2) ,
pp. 7 - 13, 117 - 120. La obra de Ortega y Medina ha generado una cierta tradición de estudios que puede
observarse en la o b r a c o l e c t i v a e d i t a d a p o r M e r c e d e s C e r t u c h a El Destino manifie sto en la histor ia de la
nación norteamericana: 6 ensayos (1977) [0 citas], que co ntiene traba jos de algunos de los más
distingui dos especial istas l atinoamericanos en la mater ia.

44

llevó a un renovado interés por la materia en los Estados Unidos, en Cuba la continua
injerencia de los norteamericanos en los asuntos internos de las repúblicas
latinoamericanas propiciaron un estudio simultáneo sobre el imperialismo
estadounidense, que a partir de la revolución de 1959 va a convertirse en una temática
central para el discurso del socialismo cubano conocido como “el dividendo nacional”,
en lo referido a los problemas de constituir un Estado-nación en Cuba por las
injerencias estadounidenses. 46
1.3 Estudios generalistas y de temática especializada: perspectivas contemporáneas
en el estudio del Destino Manifiesto
Una vez asentados los fundamentos sobre el estudio del Destino Manifiesto , y
con las dos vías de investigación definidas, la historiografía posterior puede ser dividida
entre estudios introductorios generales y estudios de temática especializada.
Los estudios introductorios generales componen un corpus literario
relativamente homogéneo: se tratan de libros cortos, de poco más de un centenar de
páginas, que por lo general toman el libro de M erk como modelo y lo sintetizan. La
práctica totalidad de ellos son breves historias sobre el expansionismo decimonónico en
donde también aparecen resumidas las líneas argumentales básicas del Destino
Manifiesto como ideología. En ocasiones son volúmenes que forman parte de una
colección más amplia de introducciones a problemáticas de la historia americana, o bien
aparecen como monografías breves concebidas como potenciales libros de texto con
fines educativos. Estos libros comenzaron a aparecer en los años 90 del siglo XX con el
asentamiento del De stino Manifiesto en la totalidad de los currículos de historia, e
intentan cumplir una función a medio camino entre material didáctico para las
asignaturas de historia de los últimos cursos de instituto y universidades, así como
material divulgativo para el público general. 47
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
46 Osca r Zan et i, Isla en la historia: La hi storiog rafía de Cuba en el siglo XX. ( Caraca s, Fu ndaci ón
editorial el perro y la rana, 2007), pp. 32 - 34. Agradez co a Alain J. Santos Fu entes esta in formació n.
47 La conversión del Dest ino Manif ies to en una u nidad didáctica ha llevado a la necesidad de establecer
una sínt esis entre la concepción del Desti no Manifi est o com o ideología o como sinónimo d el movimiento
expansionista. Para un ejemplo sobre la conversión del Dest ino Manif ies to e n u n a u n i d a d d idá ctica ver
John J. Chiodo , “Teaching abou t Man ifest Destiny: Clarifying the Conc ept”, Social Studies, No. 91,
(2000) [4 citas]. S i n p r e t e n d e r o f r e c e r a q u í u n a p a n o r á m i c a e x h a u s t i v a , e s t o s s o n a l g u n o s d e l o s t í t u l o s
representativo s d el gé nero de estudio s intro ductorios: Building the Continental Em pir e: American
Expansi on from the Revol ution t o the Civil War (19 96) [64 citas] de William E. Weeks; Westwa rd
Expansi on and Manifest D est iny in Ameri can History (200 1) [1 c ita] de R ichard Worth; Mani fe st Dest in y
( 2003) [34 citas] de David S. Heidler y Jeanne T. Hei dler; American Exp ansioni sm, 1783 - 1860: a
Mani fes t Detin y? (20 03) [20 citas] de Mark S. Joy; Manif est De sti ny: a Pri mar y S our ce Histo ry of

45

De todos ellos merece una mención especial la primera de estas obras: Manifest
Destiny: American Expansionism and the Empire of Right (1995) [771 citas y 3 reseñas]
escrito por el profesor de la Universidad de Columbia Anders Stephanson. El profesor
Stephanson es uno de los editores de la New Left Review, y de los últimos exponentes de
la escuela de la New Left History surgida en los años 60 como crítica a la Escuela del
Consenso . Su libro no es solamente el más sobresaliente de entre las introducciones sino
que, posiblemente, sea el mejor punto de partida para comenzar a estudiar el Destino
Manifiesto , pues es un libro excelente tanto para una lectura exploratoria de la temática,
o para servir de punto de partida para un proyecto de investigación riguroso sobre la
temática. El libro de Stephanson es de todos los escritos sobre la materia el que muestra
un mayor equilibrio entre la perspectiva de Weinberg y la de Merk, lo que se traduce en
una visión ponderada en la presentación de los presupuestos ideológicos del Destino
Manifiesto junto a una buena exposición sobre el proceso expansionista decimonónico y
su tránsito al imperialismo de finales del siglo XIX. El libro de Stephanson además es el
tercero más citado de todos los publicados sobre la materia, pues a diferencia de la
mayoría de los estudios introductorios que presentan el estado de la cuestión, el libro de
Stephanson mantiene una fuerte apuesta teórica sobre los orígenes ideológicos del
Destino Manifiesto : según Stephanson este tendría lugar en una fusión entreel
providencialismo puritano y el republicanismo revolucionario, y a partir de esta
hipótesis es el primer autor en plantear la diferencia estratégica entre discurso
providencialista y Destino Manifiesto . 48
En esta categoría de estudios introductorios existen dos publicaciones de
planteamiento heterodoxo. Por una parte el libro Manifest Destiny and the Expansion of
America (2007) [8 citas] cuyos editories Rodney P. Carlisle y J. Geoffrey
Golsonpresentan con fines educativos un planteamiento curioso al presentar la historia
del expansionismo a partir de “puntos de no retorno” (turning points), momentos
fundamentales para el expansionismo que de no haberse producido habrían conducido a
la historia de los Estados Unidos por derroteros distintos. A partir de esta premisa
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
America’ s Territ orial Expansion in the 19 th C e n t u r y (2005) [3 cit as] de Jesse Jarnow y J. T. Moriarty; A
Hist ori cal Atlas of Mani fest Des tin y (2 005) [0 citas] de Lesli J. Favo r; Manife st Dest iny : Westwa rd
Expansi on (2009) [19 citas] de Shane Mou ntjoy.
48 Stephan son, Manif es t Dest iny , pp. XIII - XVI , 3 - 27

46

Carlisle narrar posibles ucronías de futuros alternativos que podrían haber resultado de
no haberse dado los eventos descritos en los “puntos de no retorno”. 49
Por otra parte el libro Sex and Manifest Destiny: the Urge that Drove Americans
Westward (2012) [3 citas] propone el siguiente enfoque de análisis:
Este libr o busca demostrar que el impulso sexual natural en el hombre contribuyó al
impuls o de expan sión d e los Estad os U nidos h acia e l Oeste a través de to do el
co ntinente, en un proceso que es generalmente conocido como el cumplimiento del
Dest ino Manif ies to . […] Se h an escrito, cie ntos, incluso miles de libr os y artículos sobre
mucha s de las motiva cio nes que han lle vado a lo s americ anos a ex pandi rse hacia el
Oest e. Ent re est as se i nclu yen ra zones económi cas , mili tar es, polít ica s, soc iol ógic as,
incluso razone s filosófic as y r eligiosas […] El argume nto cen tral de este libro no es
defender que el impulso sexual fuera el princi pal fact or para hacer de los Estados
Unido s un paí s de alc ance cont ine ntal . No hay nin gún i nte nto e n es ta obra de j era rqui zar
y encumbrar la importancia del sexo en las motivaciones de los americanos para ir al
Oest e. Sino que mi espera nza (y cree nci a) es que he pres enta do sufi cie ntes eviden c ias
para convencer, inclus o a los escépticos, de que el sexo fue un factor signifi cativo en
este movimiento. 50
En cuanto a los estudios que he denominado como de “temática especializada”,
estos se caracterizan por centrarse en alguno de los aspectos que Weinberg o Merk
presentaron como componentes del Destino Manifiesto . Se tratan por lo general de
obras monográficas que al acotar su objeto de estudio consiguen profundizar en
temáticas concretas más profundamente de lo que lo hicieron los clásicos o los estudios
generalistas, pero al precio de perder en ocasiones de vista que el Destino Manifiesto no
se reduce a una sola de sus partes, sino que es producto de la suma de todas ellas.
Las obras de este grupo son las que tienen un mayor eco en la historiografía
actual, pues tienden a enlazar con problemáticas y preocupaciones que trascienden el
expansionismo decimonónico. Dentro de este grupo podríamos encontrar a grandes
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
49 Rodney P. Carlis le & J. Geoffre y G olson ( e d . ) , Mani fes t Des ti ny an d the Expa nsi on of Amer ica . ( Santa
Barbar a : ABC Clio , 20 07 ), p . XIII - XVII. La inte nci ón de que el tex to si rva co mo mater ial didác tic o para
la secu ndaria res ulta evide nte tanto e n el form ato, en cómo s e prese nta la informaci ón, como en la sección
de preguntas ucrónicas que se incluye al fina l de cada uno de los ca pítulos.
50 Mar ti n Napar st eck , Sex and M anifest Destiny: the U rge that Drove A mericans . (Jefferson NC:
McFa rl and & Compa ny, 20 12) , p. 1 . Pa radójic amente este estudio no se fundamen ta en el psicoanálisi s y
las tesis d e Sigmu nd Freud y s us obras se e ncuentran to talmente a usentes. E l lib ro presenta re latos sobre
la expa nsión en do nde se atien de a los disc ursos y las d eclaracione s e n la s q ue el erotism o o el sexo
juegan algún pape l fundam ental. Aunq ue coincidirá tanto en el uso d e las fuen tes citadas, como en parte
del objet o de estudi o de la literatura escrita desde el enfoque de género, su perspecti va carece del
contenido crítico y teórico de este tip o de estudi os. Se trata , por el contrario, de un trabajo híbrido entre
los estudios genera les d e c arácter introducto rio y los estu dios de te mática especializ ada, centrado en
explicar de manera un tanto burda la contribución del impulso sexual al expansioni smo.

53

de l Destino Manifiesto desde esta perspectiva. Sin embargo durante mis estancias de
investigación en las universidades de Columbia (2016) y CUNY (2017) encontré que el
enfoque del settler colonialism se encontraba en el foco de discusión tanto en la
academia como entre una parte de la opinión pública concienciada con los problemas
raciales, por lo que no es descabellado pensar que en un futuro aparezcan trabajos del
Destino Manifiesto escritos desde este enfoque.
La perspectiva del settler colonialism fue inaugurada por el antropólogo Donal
Deenon en un artículo titulado “Understanding Settler Societies” (1979) [52 citas], y ha
recibió su impulso teorizador desde los trabajos de Patrick Wolf Settler colonialism and
the transformation of anthropology: The politics and poetics of an ethnographic event
(1999) [4 citas] y de Loreno Verazini Settler colonialism: A theoretical overview (2010)
[122 citas]. Esta propuesta teórica surgió como una crítica a la teoría postcolonial,
argumentando que las lógicas coloniales no eran solo un hecho del pasado, sino que
siguen reproduciéndose en aquellas sociedades fundadas en un pasado colonizador. Este
enfoque propone una perspectiva trasnacional para estudiar aquellos casos de
imperialismo en donde el proceso colonial haya tenido como principal factor la
aniquilación de poblaciones indígenas para tomar sus tierras y de esta manera posibilitar
la expansión territorial de colonos, en muchos casos los principales agentes de este
genocidio. 59
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59 Tate A. LeFevre: “Settl er Coloniali sm”, Oxford Bib liog raphi es
http:// www.oxfordbibliographie s.com/view/document/obo - 9780199766567/obo - 9780199766567 -
0125.xml . consultad o el 18/03 /2018. Si bien parte de la propuest a sobre la permanencia de las lógicas
coloniales en las sociedades co ntemporáneas es interesante y pertinente para p ensar como se reproduce la
opresión y las desigualdades raciales, la persp ectiva n o se encue ntra c arente de pro blemática s. Imp utar
una voluntad genocida premeditada al conjunto de los colonos resulta una simplificaci ón de la pluralidad
de conciencias y posicionamientos existentes en las sociedades coloniales, y la estrat egia de imputar esta
lógica genoc ida a la “es tructura colonial” genera un automa tismo te leológico en donde los ag entes acaban
siendo meras marionetas de un m arco social reificado. A eso hay qu e a ñadir e l prob lema de establecer un
model o que bas cula con stan te mente e ntre conc ebir al suj eto colon izador co mo una agencia omnipo tente,
que es simultánea y constantemente reducida a una mera personificaci ón de un sistema social en donde
las agen cias individ uales pierd en toda rele vancia. Po r otra parte, e sta teoría tiende a borrar las diferencia s
específicas entre las formas de opresión de distintas épocas, equiparando casos que bien pued en
calificarse de genocidio, con otras prácticas históricas cuya violencia explícita es de m enor intensidad,
como la explotación eco nómica coloni al, las formas actual es de segr egación y e x c l u s i ó n d e m i n o r í a s
raciales por parte mayorías sociales q u e c o n t r o l a n l o s m e c a n i s m o s y e s t r u c t u r a s e s t a t a l e s . S i b i e n t o d o s
estos ejemplos representen formas de opresión y violencia raci sta que const itu yen un a estructu ra de
dominación racial presente en el pasado y prevalentes en la actualidad, su naturaleza y consecuencias son
muy di st int as y res ult a in adec uado engl obar las tod as ba jo u n té rmin o ta n fu ert ement e mar cado como el de
genocidio .

54

1.4 John L. O’Sullivan como objeto de estudio en la historiografía norteamericana .
Finalmente en lo que se refiere al tratamiento de O’Sullivan por parte de la
historiografía, ya adelanté que en 70 años, desde 1933 a 2003, no se ha publicado
ningún estudio monográfico sobre la vida del periodista jacksoniano . Sin embargo sí
que ha habido en ese lapso de tiempo algunos estudios sobre su persona.
Contemporáneos e inmediatamente posteriores a los trabajos de Pratt se
sucedieron las investigaciones sobre la The United States Magazine and Democratic
Review. En 1930 Frank Luther Mott publicó su tesis doctoral con la que ganó el premio
Pulitzer de historia en el año 1939 y que se convirtió en el texto base de historia del
periodismo: A history of American Magazines, 1741-1850 [1415 citas], en donde
apareció una entrada en la que se trató por primera vez desde una perspectiva académica
la labor de O’Sullivan como editor de la Democrtic Review . Pero la primera monografía
sobre la Democratic Review fue la tesis deLandon E. Fuller, de 1948 The United States
Magazine and Democratic Review, 1937-1859: a Study of its History, Contents and
Significance [5 citas]. Sin embargo esta tesis está escrita en el campo de los estudios de
literatura americana, por lo que otorga a O’Sullivan un lugar secundario en su análisis. 60
Será en la Universidad de Columbia durante los años 50 del siglo XX donde se
produzca el mayor avance en la investigación sobre O’Sulivan, pero con la paradoja de
que estos trabajos, (los que más han profundizado en la temática), no llegaron nunca a
publicarse, por lo que su impacto en la historiografía norteamericana ha sido reducido.
La primera de estas investigaciones fue el trabajo de fin de máster en ciencias políticas
de Robert Gumerove defendido en 1953 con el título The New York Morning News:
Organ of the Radical "Barnburning" Democracy. 1844-1846 [0 citas], en el que se
expone la historia editorial del periódico neoyorkino The New York Morning
News (fundado por O’Sullivan y su amigo Samuel J. Tilden) y en donde abunda sobre la
contribución periodística e intelectual de O’Sullivan a través de este medio.
Unos años después Sheldon H. Harris defendió su tesis doctoral The Public
Career of John L. O’Sullivan (1958) [7 citas], que a mi juicio se trata del trabajo
monográfico más completo escrito hasta la fecha sobre este periodista y pensador
político. Una parte del trabajo de Harris vio la luz a t ravés de dos artículos: “John Louis
O’Sullivan and the Election of 1844 in New York” (1960) [8 citas] y “John L.
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60 Fr an k L . M ot t , A hist ory of American Magazines, 1741 - 1850 (Nueva York: D. A ppleton and C ompany,
1930) , pp.677 - 684

55

O’Sullivan Serves the Confederacy” (1964) [3 citas], pero a pesar de estas dos
publicaciones, el grueso de la información contenida en la tesis no ha trascendido a la
historiografía norteamericana, quitando unos poquísimos trabajos que sí se han hecho
eco de ciertas partes de la misma.
Con anterioridad a que Harris y Gumerove escribieran sus tesis en Columbia,
Frank Parella presentó en la Universidad de Georgetown una interesantísima tesina de
fin de máster en donde se abordó por primera vez en profundidad una temática que
había quedado sugerida en la obra de Weinberg, pero que este autor nunca llegó a
desarrollar. Parella presentó un trabajo en el que analizaba los orígenes, similitudes y
diferencias entre el concepto expansionista de lebensraum ,utilizado durante la segunda
guerra mundial por la Alemania nazi, comparándolo con el concepto de Destino
Manifiesto . En el capítulo II se plantearán los orígenes de ambos conceptos, y en el
capítulo IV se planteará una historia del Destino Manifiesto . Parella no aportará con este
trabajo ninguna novedad con respecto a los estudios de Pratt en relación a O’Sullivan o
al Destino . El carácter novedoso de su trabajo se caracterizará por proponer por primera
vez un estudio desde una perspectiva comparada entre la noción de Destino Manifiesto
con otras ideas expansionistas. Su trabajo sin embargo no llegará a publicarse y pasará
mayoritariamente desapercibido [5 citas]. 61
La historiografía posterior ha realizado numerosas menciones puntuales hacia
O’Sullivan como autor del concepto de Destino Manifiesto , pero muy pocos trabajos
han profundizado realmente en su persona o pensamiento. Una excepción a esta
situación vendrá de la mano de los estudios dedicados al Young America , tanto a su
vertiente literaria como a la política. S in llegar a ser el tema central de su obra, John
Stafford en su libro The Literary Criticism of “Young America”: a Study in the relation
of politics and literature 1837-1850 (1952) [38 citas] detalló el desenvolvimiento de
O’Sullivan en la generación de escritores del Young America mostrando su influencia
entre los mismos.
Pocos años después el famoso historiador intelectual Perry Miller volvió a tratar
la vinculación entre O’Sullivan y el Young America en su obra The Raven and the
Whale: Poe, Melville and the New York Literary Scene (1956) [30 citas], en el que se
narra la historia de la formación de Nueva York como capital cultural de los Estados
Unidos a través de la contraposición entre el grupo literario de los Knickerbocker y el
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61 Frank Parella, “Lebensraum and Manifest Destiny : a Comparati ve Study in the Justif icati on of
Expansi onism” ( tesi s de máster, Univer sidad de Geor get own, 1950) , pp. 18 - 36, 62 - 87.

56

Young America literary group , las dos facciones de escritores más importantes de
mediados del siglo XIX en la ciudad. Pero Miller no situó el foco en O’Sullivan, sino en
los editores Lewis G. Clarck y Evert Duyckinck. 62
Inspirado en este último trabajo, el historiador Edward L. Widmer escribió un
magnífico libro titulado Young America: the Flowering of Democracy in New York City
(1999) [165 citas], en el que movió el cent ro interpretativo del Young America al
binomio O’Sullivan-Duyckinck, para postular que fue en la alianza de estos dos autores
alrededor de la Democratic Review en donde se fraguó el verdadero renacimiento
literario de Nueva York. La obra de Widmer va a ser importante porque aunque no se
trate abiertamente de una monografía sobre O’Sullivan, la presencia del periodista es
constante durante todo el libro, profundizando de esta manera en una faceta del teórico
jacksoniano que estaba ausente en las tesis doctorales. 63
Pocos años después Robert D. Sampson se convirtió en el primer autor en
publicar una monografía sobre O’Sullivan (2003), mediante una biografía titulada John
L. O’Sullivan and his Times [39 citas], que está basada en su tesis doctoral escrita siete
años antes: ‘ Under the Banner of the Democratic Principle’: John Louis O’Sullivan, the
Democracy and the Democratic Review . El libro de Sampson es la fuente de
información más completa sobre O’Sullivan publicada hasta el momento, y en el
cómputo total de la literatura posiblemente sólo sea superada por la tesis de Harris
(1958). Además de su biografía sobre O’Sullivan, Sampson escribió un capítulo de libro
titulado “John L. O’Sullvian and the Tragedy of Radical Jacksonian Thought” (2006) en
una obra colectiva dedicada a la memoria de su director de tesis, el profesor Robert W.
Johannsen [5 citas a la obra colectiva]. 64
En la actualidad Widmer y Sampson, son los mayores especialistas vivos sobre
O’Sullivan, pero curiosamente ambos realizaron sus investigaciones de manera
simultánea sin saber que el otro estaba trabajando en lo mismo. Sampson realizó su tesis
doctoral en la universidad de Illinois at Urbana-Champaign desde 1985 a 1995,
publicando en el año 2003 una versión reducida de su tesis. Widmer por su parte realizó
su investigación del año 1987 a 1997, considerando publicarla como libro en 1989
inspirado por la caída del Muro de Berlín y los sucesos de la plaza de Tiananmén. El
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62 Perry Miller, The Raven an d the Whal e: Poe, Melvil le and t he Nue va Yo rk Literary S cene . (Ba ltimore:
John Hopkins U niversity Press, 1997), pp.3 - 7, 109 - 110.
63 Wid mer , Young Ameri ca , pp. I, 3, 10 - 13.
64 Rober t D. Sampson, “ J o h n L . O ’ S u l l v i a n a n d t h e Tr a g e d y o f R a d i c a l J a c k s o n i a n T h o u g h t ”, en Polit ics
and Culture of the Civil War Era: Essays in Honor of Robert W. Johannsen (Selinsgrove: Susquehan a
Unive ris ty Pres s, 2006) , p p. 53 - 72.

57

libro quedó terminado en 1997, antes de incorporarse a la Casa Blanca como asesor de
Bill Clinton, ocupando el puesto de redactor de discursos de política exterior, motivo
que retrasó la publicación del libro al años 1999. Por lo tanto, los dos mayores
especialistas que hay en la actualidad en O’Sullivan no pudieron leerse y aportarse en el
proceso de investigación, y sólo Sampson pudo realizar un reconocimiento de esta
paradoja gracias a los siete años de demora desde el final de su investigación hasta la
fecha de publicación del libro. 65
Lejos de ser anecdótico, este caso es representativo de la situación en la que se
encuentra el estudio de O’Sullivan, en donde las mayores aportaciones o bien son
inéditas (el caso de Harris y de Gumerove), bien han sido publicadas de manera
demasiado dilatada en el tiempo pa ra incidir e n los debates historiográficos (como
ocurre con los estudios del Young America ), o como ha ocurrido con las investigaciones
de mayor peso, se han llevado a cabo de manera simultánea sin que los investigadores
pudieran beneficiarse de los aportaciones de sus compañeros (Widmer y Samposon).
Tras los trabajos de Widmer y Sampson se ha dado una nueva oleada de estudios
en donde la figura de O’Sullivan ha ido cobrando más protagonismo. Yonatan Eyal
publicó un nuevo estudio sobre la temática del Young America Movement titulado: The
Young America Movement and the Transformatio of the Democratic Party (2007) [96
citas] en el que desplaza el foco desde el grupo literario anteriormente mencionado a la
generación de políticos nacionalistas que surgieron con posterioridad a la intervención
estadounidense en México, lo que supone un trabajo similar al de los estudios sobre la
agencia del Destino Manifiesto realizados sobre el filibusterismo, pero en este caso con
O’Sullivan en el centro del análisis.
Por su parte Robert J. Scholnick realizó dos contribuciones al estudio de
O’Sullivan en forma de dos artículos sobre la conformación de una ideología
imperialista a través de la literatura y los editoriales de la Democratic Review . Lo
interesante de estas publicaciones es que se producen antes y después de la aparición de
las obras de Widmer y Sampson, por lo que sirven para ponderar su impacto:
“Democrats Abroad: continental literatura and the American Bard in the United States
Magazine and Democratic Review ”(1993) [4 citas] y “Extermination and Democracy:
O’Sullivan, the Democratic Review, and Empire, 1837-1840” (2005) [16 citas].
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65 Wid mer , Young America…. , pp. I - II; Robert D . Sampson, John L. O’Sullivan and his Ti mes (Ken t: The
Kent Sta te Univ ersi ty Pres s, 2003) , p p. IX - XII , XV, 2 44.

58

Siguiendo una vía similar a Scholnick quien vinculó el Destino Manifiesto con el
continentalismo , los autores franco-canadienses Louis-Georges Harvey y Yvan
Lamonde escribieron en el año 2013 el que probablemente sea el estudio más completo
sobre el Destino Manifiesto en lengua francesa: “Origines et formes diverses du ‘destin
manifeste’ dans les Amériques: les Papineau et la United State Magazine and
Democratic Review de Washington et New York” [2 citas]. En este texto los autores
quebequinos analizaron los orígenes del concepto, haciendo hincapié en la perspectiva
de O’Sullivan sobre la rebelión del Bajo Canadá de 1837 y las referencias expansionista
de este autor con respecto a su país. Por otra parte trataron la recepción del concepto y
su doctrina continentalista en el pensamiento y los discursos del político canadiense
Louis-Joseph Papineau, planteando que la región de Quebec habría generado su propia
versión católica del Destino Manifiesto. 66
O tr o ejemplo de este renovado interés en O’Sullivan lo constituye el librode
Stephen J. Hartnett Executing Democracy: Capital Punushment and the Making of
America , Vol. II, 1835-1843 (2012) [13 citas], que incluye un capítulo titulado
“O’Sullivan and Cheever’s Death Penalty Debate of 1843 and ‘The Great Merciless
Machine of Modernity” en donde se trata el esfuerzo de O’Sullivan por lograr la
abolición de la pena de muerte en el estado de Nueva York, y de su debate con el
reverendo presbiteriano Geroge B. Cheever.
Así mismo, el historiador Thomas M. Allen ha realizado el que a mi juicio ha
sido una de las contribuciones más sugerentes tanto para la comprensión de la cultura
decimonónica estadounidense como para el estudio del propio O’Sullivan. Con su libro
A Republic in Time: Temporality & Social Imagination in Nineteenth Century America
(2008) [126 citas] Allen ha intentado paliar uno de los problemas que ten ía la
historiografía norteamericana que por el influjo de Frederick J. Turner y de Henry N.
Smith se había centrado en estudiar los aspectos geográficos y espaciales en la
mentalidad americana del siglo XIX, olvidando la importancia de la temporalidad. Sin
embargo Allen defenderá que los americanos del siglo XIX no sólo imaginaron su país
extendiéndose por el espacio, sino que también forjaron su identidad nacional a través
de la idea de América expandiéndose por el tiempo como la nación del progreso. En lo
que se refiere al estudio de O’Sullivan (punto de partida del trabajo de Allen) la
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66 Louis - Ge orge s Harvey y Yvan Lamonde, “Origi nes et formes di vers es du ‘des tin manife ste’ dans les
Améri ques: les Papi neau e t la Unite d Stat e Magazin e and Democra tic Review de Washington et New
York” , Les Cahier s des dix , N. 67, ( 2013 ) , p p . 25 - 27, 33 - 57, 61.

59

contribución de este libro es muy valiosa pues en él se expone y analiza en profundidad
por primara vez el papel que jugó la teoría de Thomas Malthus en el pensamiento del
autor jacksoniano , siendo esta misma temática el punto clave de mi tesis doctoral. 67
En los últimos años han aparecido dos trabajos planteados desde una óptica muy
similar entre sí, y que apuntan hacia una de las hipótesis de esta tesis al considerar a
O’Sullivan como un pensador político. Ambos trabajos utilizan la temática de la
teología política para aproximarse al pensamiento teológico-político de O’Sullivan. El
politólogo Adam J. Gómez fue el primero que planteó la necesidad de analizar a
O’Sullivan desde la perspectiva de la religión civil americana en su tesis doctoral The
Nation Invisible: American Civil Religion and the American Political Tradition, 1838-
1925 (2010), cuyo primer capítulo trata sobre O’Sullivan y fue publicado como artículo
independiente: “Deus Vult!: John L. O’Sullivan, Manifest Destiny & American
Democratic Messianism” (2012) [10 citas]. En su tesis doctoral Gómez defendió que la
tradición de la Religión Civil Americana se ha fundamentado en un marco teológico-
político generado discursivamente por O’Sullivan y Lincoln, quienes fundarían una
tradición de pensamiento que puede rastrearse en políticos posteriores como Woodrow
Wilson o William J. Bryant. Lo novedoso de esta tesis es que muestra por primera vez a
O’Sullivan como un pensador político cuyas ideas tienen un impacto concreto a la hora
de constituir una tradición política. 68
El segundo trabajo es del profesor John D. Wilsey y lleva por título “Our
Country is Destined to be the Great Nation of Futurity: John L. O’Sullivan’s Manifest
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67 Thomas M. Alle n, A Republ ic in Ti me: Temporali ty & Socia l Imagina tion in Ninetee nth Centu ry
America ( C h a p e l H i l l : T h e U niversity of N orth Carolina Press, 2008), pp. 4 - 41, 217 - 224 ; C omo
desarroll aré más adelante, m i descubrimient o sobre la i mport anci a del pensamie nto malt usiano en
O’Sul liv an no guarda relaci ón con las tesi s de este text o. Mi tra baj o fue el res ul ta do der iv ad o de un
análisis hermenéutico de los textos de O’Sullivan, así como de un tr abajo de archivo que me llevó a
recomp oner su pensam iento y los distintos estadio s de co nformación d el co ncepto de Destin o Manifi esto
(en diciemb re de l 201 7). Jav ier F . Seb astián m e dio a conocer este texto de m anera casual cuando ya me
encontraba en el proceso de redacción de la tesis (Enero del 2019), y con posterioridad a mi
descubrimiento sobre la importancia de las tesis maltusianas en O ’Sulli van. El trabaj o de Allen ha sido
si n embargo muy vali osos para mi tesis doctoral pues me ha ayudado a confirmar algunas de m is
hipótesis y a afinar la relación entre el pensamiento de O’Sullivan con las ideas de Malthus. Tanto mi
trabajo como el d e Allen se fundam entan sob re el impa cto de l os imaginari os espacio - temporales en la
formulación de las ideas n acionales, si bien el traba jo de Allen, por su forma de insertarse en su contexto
histori ográfico tiende a minusvalorar el papel de los imaginarios espaciales , en vez de buscar las lógicas
d e inserción entre lo espacial y lo temporal, tal y como pretendo h acer yo. Por otra parte su trabajo se
fundamen ta en las tesis d e Joh n G . A . Po cock y de Bened ict And erson, ign orando la contribución de
Reinh art Kos elle ck, la histor ia de los co ncept os y su perspec tiva sobre la semánti ca de los tiempos
históri cos, que result a fundamental para mi trabajo. A pesar de estas omisiones considero que su libro ha
sido una excelente contribución para la historia cultural de su país, pues ha abordado una temática
larg amente ignorada y de importancia capital en la constitución naci onal de los Estados Unidos.
68 Adam J. Gómez, “The Nati on Invisi ble : America n Civil Rel igi on and the America n Polit ica l Tradit ion ”
(tesis doctoral, Un iversity of California S an Diego, 2010 ), pp. 14 - 15.

60

Destiny and Christian Nationalism, 1837-1846” (2017) [0 citas]. En este estudio Wilsey
analiza el impacto del clima religioso protestante de su época, así como la influencia del
idealismo alemán en la conformación de la ideología expansionista de O’Sullivan. Al
igual que hará Gómez, Wilsey señala a O’Sullivan como el fundador de una forma de
religión política, sólo que Wilsey no considera que sea la Religión civil americana , sino
una forma de cristinaismo nacionalista que O’Sullivan habría denominado “Destino
Manifiesto”. 69
No querría cerrar esta revisión bibliográfica sin mencionar que recientemente el
filósofo italiano Domenico Losurdo incluyó a O’Sullivan en el canon de la tradición
liberal en su Contrahistoria del Liberalismo (2005) [549 citas], lo que supone un primer
paso para la consideración y normalización de este autor como un pensador político. 70

La historiografía, por tanto, ha ido abriendo distintas puertas de cara a poder
establecer una posición crítica con el Destino Manifiesto, pero desde el principio cerró
la puerta a intentar explicar el papel que había jugado O’Sullivan en el proceso de
conformación del Destino Manifiesto . Y esto ocurrió a pesar de que fue con la hipótesis
de Pratt en 1927 sobre la autoría de O’Sullivan cuando comenzó a estudiarse
profesionalmente el término. Y una vez cerrada esta puerta, ningún otro historiador ha
creído relevante volver a abrirla.
Pero aún con todo el Destino Manifiesto ha experimentado una gran
transformación, tanto en los enfoques desde los que se estudia como en la relación que
mantiene la comunidad académica con la materia. En sus inicios historiográficos los
historiadores nacionalistas creían en el Destino Manifiesto, y esa fue la razón por la que
comenzaron a estudiarlo. Pero según fue avanzando el siglo XX el aislacionismo de la
Era Roosevelt y el ascenso de los fascismos empañaron los discursos nacionalistas de
corte expansionista y colonial, con lo que la legitimidad política del concepto comenzó
a resquebrajarse y con cada oleada de estudios la relación de los historiadores con la
temática fue tornándose cada vez más crítica.
En la actualidad el Destino Manifiesto se ha convertido en una temática
privilegiada dentro de la historiografía estadounidense como medio para explicar
muchos de los problemas del país. El Destino Manifiesto ha sufrido una inversión en los
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
69 J o h n D . W i l s e y , “ O u r C o u n t r y i s D e s t i n e d t o b e t h e G r e a t N a t i o n o f F u t u r i t y ” , Religi ons, 2 0 0 7 , 8 ( 4 ) ,
68, p . 1
70 Domeni co Losur do, Contr ahist oria del Libe rali smo (Madrid: El viejo to po, 2007), pp. 62 - 64, 221.

61

términos de su comprensión, y no sólo desde un punto de vista político, sino también
epistemológico, pues ha pasado de ser comprendido como un conjunto de problemáticas
articuladas alrededor del fenómeno expansionista y su ideología (Ej. El racismo
expansionista, el discurso político expansionista, los sentimientos religiosos del
expansionismo, etc.), para concebirse como una serie de problemas concretos que son
causantes últimos del expansionismo e imperialismo decimonónico. Por lo tanto, uno de
los retos que se abre para toda nueva investigación es la de reflexionar sobre la
articulación de las partes con el todo.
En lo que se refiere a mi trabajo considero que mi aportación se suma a aquellas
que viene realizándose desde hace algunos años intentando recuperar la figura de
O’Sullivan como elemento determinante para explicar el Destino Manifiesto . En este
sentido, incorporo parte de la perspectiva de la “agencia” que constituye el marco
interpretativo predominante en la actualidad. Pero a diferencia de los estudios
especializados mi tesis no se centra en un sólo aspecto del Destino Manifiesto , sino que
a través de la figura de O’Sullivan intento estudiar todos los elementos que a mi juicio
han contribuido en el proceso de formulación del Destino Manif iesto en tanto que
concepto político y social. De esta manera mi tesis pretende contribuir a la historiografía
del Destino Manifiesto desde un modelo que integre tanto la pretensión omniabarcante
de los trabajos clásicos, como el estudio en detalle y con la profundad que han logrado
los estudios especializados.
Como indiqué con anterioridad, de entre las perspectivas clásicas mi trabajo se
circunscribe dentro de la línea iniciada por Weinberg, por lo que en mi aproximación al
Destino Manifiesto privilegiaré su comprensión como producto intelectual antes que
entenderlo como una época, o como sinónimo del expansionismo. Sin embargo, a
diferencia de Weinberg y de los autores posteriores deudores de su enfoque, no voy a
considerar el Destino Manifiesto como una idea, sino como un concepto. Para
comprender el alcance de este giro interpretativo y de cara a presentar mis herramientas
analíticas explicaré en el siguiente capítulo el cambio paradigmático que introduce la
historia conceptual con respecto a la historia de las ideas, así como mi propia vía de
aproximación a las corrientes historiográficas que fundamentan mi tesis doctoral en
tanto que estudio en historia del pensamiento político.

62

69

academia de postguerra, así como un intento de crítica de los fundamentos
epistemológicos de la ciencia y el saber en la modernidad. Pero cada una bajo distinta s
hipótesis epistemológicas y lingüísticas. 75
El giro lingüístico nace en la tradición filosófica analítica del mundo anglófono
como un intento de explicar la centralidad del lenguaje en los procesos intelectivos y la
imposibilidad de disociar la realidad del mismo. Encuentra su primera formulación en
Gustav Bergmann, quien a principios del siglo XX inventó esta categoría para criticar la
metafísica del positivismo lógico. Pero el giro lingüístico no estará completo sin las
tesis de Ludwig Wittgenstein y de Ferdinand Saussure. Wittgestein ofreció una nueva
base para comprender el lenguaje como j uegos del habla en donde este podía ejercer
funciones muy distintas al formular una declaración, lo que suponía ofrecer
simultáneamente tanto una epistemología lingüística como una teoría sobre la acción
discursiva. A los juegos del lenguaje del Tractatus Logico-Philosophicus (1921) se
añadían ciertas alteraciones de la filosofía del lenguaje expuestas en el Philosophical
Investigation (1953), en donde Wittgenstein problematizará la relación entre hablante,
acto de habla y sentido lingüístico. Saussure por su parte puso las bases de la teoría
estructuralista del lenguaje al distinguir entre lenguaje y discurso, o en otras palabras,
entre el sistema comunicativo social y compartido con respecto al acto individual y
concreto de comunicación. El giro lingüístico va a suponer la vía en que la filosofía
analítica anglófona reconsidere la centralidad del lenguaje y su relación con el mundo al
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
75 Mar ti n Rich te r, “Reco nst ruct ing the His to ry of Poli ti cal Lang uag es: Poco ck, Skin ner , an d the
Gesch icht li che Grundbeg rif fe”, Hist ory and Theor y , Vol. 29, N o. 1 (Feb., 1990), pp. 38 , 41 - 42, 50. En el
caso de la historia conceptual, su ruptura epistemológica no iba solamente dirigi da contra Lovejoy y sus
seguidores, también contra las tradiciones a lemanas do minantes en la historia del pensamiento durante la
primera mitad del siglo X X: los seguidor es de la Gei ste sgesc hic hte d i l t h e a n a , así contra Me inecke y la
Ideengesc hichte ( e s t a ú l t i m a m u y p a r e c i d a a l a h i s t o r i a d e l a s i d e a s a n g l ó f o n a ) . J o s é L u í s V i l l a c a ñ a s y
Faustin o On c ina , “Intro ducción” en Reinha rt Ko selleck y H ans - Geor ge Gadame r, His tor ia y
h ermenéutica (B arcelona: P aidós IC E/UAB, 1997), p . 24. En oca siones se tiende a considera r el g iro
hermenéutico como una forma alemana del giro lingüísti co. Sin lugar a dudas ambos enfoques pertenecen
al fenómeno de los giros ( tur ns ), los cam bios de perspe c tiva oc urridos en distinta s olea das y
experimentados en la acad emia a partir de los años 60 del siglo XX hasta nuestros días. Sin e m b a r g o
prefiero conservar la distinción e n t r e a m b o s por el hecho de que ambos cuentan con distintas teorías del
lengua je y de l a t e m p o r a l i d a d . E n l o r e f e r i d o a l a i m p o r t a n c i a d e l c a r á c t e r c u l t u r a l e n e l d e s a r r o l l o y l a
implem entación de la historia concep tual y el con textualism o, Poco ck ha sugerid o que las d iferencias de
las cultura s académic as del mund o anglófon o y germa noparl ante resultan tan acusadas que sólo con
mucha dif icu lta d po drá ll evar se a ca bo u n di álo go e ntre es tas dos cor rie ntes . John G. A. Pocok, “Concepts
and Discourses: A Difference in Culture? Comment on a Paper by Melvin Richt er” e n H a rt m ut L e hm a n n
y M elvin Richter, The Meaning of Historical Terms and Concepts: New Studie s on Begri ffgeschi chte
(Washin gton DC: Germ an Historical Institute, 19 96), pp. 48 - 49, 56 - 58 .

70

que se refiere, siendo una pieza clave para tradiciones posteriores como el análisis del
discurso o la filosofía postestructuralista. 76
El giro hermenéutico por su parte constituirá una transformación de la principal
herramienta de interpretación textual de la academia alemana, tanto con respecto a la
tradición hermenéutica romántica de Schleiermacher, como con respecto a la
hermenéutica diltheana popular en la Alemania de la primera mitad del siglo XX. Esta
transformación tuvo lugar gracias a la transición operada por una parte de la academia
germana desde el neokantismo a la fenomenología (en particular mediante
la saportaciones de Edmund Husserl a este campo) y que tiene como momento
fundamental las aportaciones de Martin Heidegger a la ontología con su crítica al
discurso metafísico. Pero el gran hito fundamental para lo que ha sido definido como
nueva hermenéutica llegará con l a obra de Hans-Georg Gada mer , que retomó l a
preocupación por la comprensión y la hermenéutica influido por Heidegger y s u crítica
a la metafísica que ocupó buena parte de su reflexiones durante la Kehre . 77
Con ello se pretende trascender tanto el subjetivismo del neokantismo y del
nihilismo, como el objetivismo del enfoque historicista que pretendía aferrarse a la
noción de método propio de las ciencias naturales. Gadamer recurre a una reflexión
sobre la naturaleza de los prejuicios para distinguir entre prejuicios particulares con
respecto a los prejuicios resultantes del encuentro con la tradición. Los primeros
impiden el diálogo entre autor y receptor, los segundos lo posibilitan al poner en tela de
juicio nuestra conciencia del saber, ya que nos llevarían a sentirnos interpelados al
ayudarnos a cuestionar los fundamentos de nuestro conocimiento. Este acto de crítica
introspectiva de nuestros asunciones nos conducirían junto a la crítica textual a un
nuevo nivel de a comprensión. Este doble cuestionamiento nos conduciría a querer
co mprender, y en esta búsqueda el lector se preguntaría por su relación con la tradición,
encontrando que este nexo está recorrido por una tensión que es la posición entre
extrañeza y familiaridad, que resulta el verdadero punto medio sobre el que se cierra el
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
76 Richa rd Rorty, “Wittgens tein and the Linguist ic Turn” en Philosophy as Cultural Politics:
Philos ophi cal Papers, Vol.4 ( C a mb ri dg e: Ca mb r i d g e U ni ve rs i t y Pr es s, 20 07 ), pp . 1 61 - 163, 175. Quentin
Skinner, Visions of Poli tics: Regardin g Method. Volume I (Cam bridge: C ambridge U niversity Pres s,
2016), p.2. Quentin Skinner, “Hermeneutics and the Role of Histoy” New Liter ary Histor y , Vol. 7, No. 1,
Crit ical Challenge s: The Bellagi o Symposium (Autumn, 1975), p . 209 . Ma rt in Ri cht er , “Con ce ptu al
Hist ory (B egri ffge schi cht e) and Poli tica l Theo ry”, Politi cal Theory , Vol. 14, N o. 4 (No v., 198 6), pp . 621 -
622.
77 Reinh art Ko selleck y Hans - George Gadamer, Hist oria y hermené uti ca (Barcelon a: Paidós ICE/U AB,
1997 ) , p. 115. Hans - Georg e Gadame r, El giro hermenéuti co ( M a d r i d : C a t e d r a , 1 9 9 8 ) , p . 2 5 ; R i c h a r d E .
Palmer, Hermeneu tic s: Inter pret ati on Theory in Schlei ermac her, Dil they , Heidegg er and Gadame r
(Evanston : Northwestern U niversity Press, 1969 ) , pp. 40 - 65.

71

círculo hermenéutico. De esta posición intermedia que debe ocupar el hermeneuta
procede su tarea, que no debería materializarse en el desarrollo de un procedimiento
para la comprensión, sino en el iluminar las condiciones desde las que se comprende. 78
Este criterio pone las bases de lo que Gadamer denomina historia efectual, cuyo
objetivo no reside en estudiar los fenómenos históricos particulares, sino que es una
reflexión sobre el proceso de investigación particular con el objetivo de establecer las
preguntas correctas a los textos que se estudian. En este proceso se alcanza la
conciencia de la finitud, y de que la finitud está sujeta a límites, que desde la perspectiva
de la situación que ocupa todo lector supone hacerse consciente de que los límites son
horizontes, el ámbito de visión que se alcanza desde un punto. Aquel que tiene
horizontes puede hacerse cargo de esta autoconciencia, y podrá también valorar el
significado de lo que se encuentra dentro de sus horizontes, lo que en clave
hermenéutica se traduce en la posibilidad de dotarse de una sensibilidad con la que
poder conectar con una tradición y sus problemáticas. Esta es la precondición para que
se dé la fusión de horizontes , que es el momento hermenéutico en el que el sujeto que
busca comprender consigue situarse fuera de los consensos preestablecidos. El texto a
examen resultará privado de su anticipación de perfección y de su pretensión de verdad.
De esta manera, el sujeto lector estará en disposición de comprenderlo históricamente
reconstruyendo su horizonte. En este momento el hermeneuta está en condiciones de
dialogar con el autor. 79
Sin embargo, a diferencia de Wittgenstein, para Gadamer el acto lingüístico no
puede entenderse como un procedimiento metódico al que uno recurre contra el
interlocutor, sino que es una dialéctica de pregunta y respuesta de ambos lados. Lo que
trasladado a los textos se traduce en una dialéctica entre creación literaria (autor) e
interpretación del texto (lector). El giro hermenéutico no pretende aclarar un sentido
verdadero mediante un método, sino conseguir conectar con una experiencia a través de
una fusión de horizontes , una suerte de diálogo que requiere hacerse cargo del
interlocutor (el texto en su contexto). El giro hermenéutico por tanto subraya la
importancia de lo lingüístico conectándolo con el problema de la temporalidad. 80
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
78 Gadame r, Verdad y méto do , pp. 31, 132, 365 - 369, 370, 453.

79 Ibíd. pp. 3 70 - 374, 457.
80 Gadam er, El gi ro her me néut ico , pp. 35 - 36, 70 - 71.

72

Ambos giros desarrollará n una teoría del lenguaje con el fin de superar las
limitaciones de un enfoque positivista y atemporal que subyace a la historia de las ideas.
La principal diferencia entre ellos consiste en que mientras que el giro hermenéutico se
preocupa por la interrelación entre lenguaje y temporalidad, el giro lingüístico de la
tradición analítica se ha centrado más en las relaciones formales del lenguaje (lógicas y
estructurales) que permiten la comunicación y la acción social, y no tanto por los
procesos de significación de su contenido. A un nivel formal-instrumental es posible
combinar los enfoques surgidos de ambos giros, pues ambos comparten el objeto de su
crítica y la apuesta por la centralidad del lenguaje. Pero al fundamentar de manera
distinta sus teorías del lenguaje y la manera de concebir lo que es posible lograr a través
de s u uso, esto hace que sea complicado f usionar ambas perspectivas s i n que surjan
problemas. A mi juiciosi se pretende integrar ambos enfoques en el marco teórico de
una investigación, y al mismo tiempo se desea respetar sus principios epistemológicos,
es necesario de cara a que ambas sean operativas queuno de estos enfoques sea
subsumido formalmente en el marco interpretativo de la otra persectiva. Para que esta
operación sea epistemológicamente honesta es necesario que prevale zca el marco
heurístico y la teoría del lenguaje de la principal, mientras que es posible conservar
algunos de los principios metodológicos de la propuesta que ha quedado subordinada,
ya que el uso sin mediaciones de ambas perspectivas simultáneamente conlleva
violentar los presupuestos epistemológicos de las dos.
El hecho de haberse constituido en dos propuestas diferenciadas del giro
lingüístico explica porqué los padres de la historia conceptual y de la Escuela de
Cambridge siempre han tenido una relación estrecha pero crítica, guardando en último
término las distancias entre ellos. 81
Pero la historia conceptual y la Escuela de Cambridge no se diferencian sólo en
tener presupuestos epistemológicos distintos. Su principal diferenciaresultante de
provenir de dos giros filosóficos distintos se materializa en el objeto privilegiado de
estudio de cada una de ellas: los conceptos para la historia conceptual y los discursos
para la Escuela de Cambridge . Ambos objetos de estudio, por otra parte, se contraponen
contra la unidad básica de la historia de las ideas : la idea singular.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
81 Skinner, Visio ns of Politics , p p . 86, 17 7 - 180 . Que ntin Skin ner, “ A Reply to my cri tics ” en James Tull y
(ed.), Meanin g and Cont ex t (Cambrid ge: Cam bridge U niversity P ress, 1988 ), p.283 . Reinhart Kosell eck,
Javier Fernánd ez Se bastián y Juan Francisco Fuentes, “ Hist ori a conc eptu al, memori a e ide nti dad:
Entrev ista a Reinhart Kosell eck I ” e n Revista de libros de la Fundación Caja Madrid No. 111 (Mar. ,
2006), pp. 21 - 22 .

73

En el capítulo anterior expuse que Lovejoy definía las ideas singulares como
unidades indivisibles: proposiciones únicas y específicas o ‘principios’. Formulaciones
expresamente enunciadas por los antiguos filósofos más influyentes, junto con otras
nuevas proposiciones que son, o se ha supuesto que son sus corolarios, a lo que añadirá
que dichas ideas singulares son categorías y pensamientos que cuentan con una larga
historia de vida propia y que pueden encontrarse en numerosas expresi ones
intelectuales, de la ciencia y la cultura. Todo esto llevó a Lovejoy a considerar las ideas
como entidades suprahistóricas que en cada momento se conceptualizan de múltiples
maneras, lo que llevaría al historiador a recomponer la “cadena” de signif icados en que
una idea singular se expresa en cada momento histórico.Desde un punto de vista de la
obra y la autoría, la historia de las ideas se fundamenta en un enfoque que ha tendido a
denominarse como realista , que considera a las obras como formas acabadas que han
cobrado una autonomía con respecto a su autor y a sus lectores y a las que se podría
acudir de manera directa accediendo al contenido de sus mundos de sentido sin más
esfuerzo que la inversión necesaria de tiempo para leer la obra en donde las ideas
habrían quedado fijadas de una vez y para siempre. 82
La categoría de idea por consiguiente ha sido criticada tanto por la historia
conceptual como por los autores de la Escuela de Cambridge . En Futuro Pasado (1979)
Koselleck explicó que la interrelación que pretend ía crear entre historia social e historia
conceptual tenía por objetivo : “ la crítica a la transferencia desapercibida al pasado de
expresiones de la vida social del presente” (transferencia que supone imponer a los
agentes históricos categorías y formulaciones anacrónicas que por su contexto de época
les era imposible pensar), y por otra parte realizar “una crítica a la historia de las ideas,
en tanto que éstas se mostraban como baremos constantes que sólo se articulaban en
diferentes configuraciones históricas sin modificarse esencialmente”. 83
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
82 Lovejoy , La gran cadena del ser , pp. 12 - 13, 22 - 31. Lovejoy, “The histori ography of ideas ”, pp. 8 - 9.
Palmer, Hermen euti cs , p. 5.
83 Reinh art Kosellec k, Futuro pasado: para una semánt ica de los tiempos hist órico s ( B a r c e l o n a : P a i d o s ,
1993), pp. 112 - 113. E n l a i n t r o d u c c i ó n a l d i c c i o n a r i o K o s e l l e c k t a m b i é n a p u n t ó q u e e l m é t o d o q u e s e
implem entaría “Ev ita la historia del espíritu [ Geistesges chichte] com o una historia d e la s ideas”, por lo
que el rechazo a la perspectiva desarrol lada tanto por Meineke como por Lovejoy se encuentra integra da
en las p rincipal es obras fundacionales de la historia conceptual. Reinhar dt Kosel leck, “Intro ducci ón al
Dicc iona rio h i s t ó r i c o d e c o n c e p t o s p o l í t i c o - sociales básicos en lengua aleman a”, Revi sta Anthropo s:
huellas del conocimiento , Nº 2 23, (200 9), p. 10 3 ; Reinh art Kosell eck, “A Resp onse to Com m ents on the
Gesch icht li che Grunbeg rif fe ” en H artmut L ehmann y Melvin Richter, The Meaning of H ist orical Terms
and Concepts: New Studies on Begriffgeschi chte (Wash ington DC : German Historical Ins titute, 1996),
pp . 6 2- 63 .

74

Quentin Skinner por su parte recriminó a Lovejoy ser uno de los máximos
exponentes de la mitología de las doctrinas , el peligro de que el investigador construya
el tipo ideal de una idea y a modo de doctrina la proyecte hacia el pasado hipostasiando
una noción normativa sobre una pluralidad de actos de habla. Para Skinner no existen
ideas a las que distintos autores hayan contribuido a través de los tiempos, sino
múltiples declaraciones cuyos significados e intenciones dependen de sus contextos
históricos. 84
Las ideas como formas ideales universales de inspiración platónica son por tanto
el gran mito a abatir por los máximos exponentes de los giros en la historia intelectual.
Por lo tanto, no existiría una historia de la idea de Destino Manifiesto que contar. En
este sentido, el proyecto de Weinberg como discípulo de Lovejoy, por muy
impresionante que sea por el alcance de su muestra de estudio, se habría construido
sobre unos presupuestos teóricos espurios al subsumir bajo la etiqueta de “Destino
Manifiesto” conceptos y discursos que corresponderían a contextos históricos y
motivaciones políticas muy distintas.
La alternativa que nos ofrecen las escuelas historiográficas surgidas de estos dos
giros suponen considerar el Destino Manifiesto como un concepto y un discurso. En
comparación con la visión tradicional, que tiende a definir al Destino Manifiesto como
una id ea o doctrina, supone un gran avance, pues introduce una sensibilidad sobre la s
posibilidades temporales del pensar en una manera concreta, así como la importancia de
considerar la influencia del contexto histórico en la formulación y las divergencias de
las formas de pensar en cada momento del pasado. Pero para poder evaluar la
pertinencia de considerar al Destino Manifiesto como un concepto y/ocomo un discurso,
primero es necesario considerar el núcleo fundamental del proyecto de investigación de
estas escuelas.
2.3 El proyecto de investigación de la historia de los conceptos.
La historia de los conceptos tiene su origen en el diccionario ( Geschichtlichte
Grundbegriffe Lexikon ), que a su vez tiene su antecedente directo en el Archivo para una
historia conceptual (Archiv für Begriffsgeschichte) . El Arch ivo es una revista creada en
la Alemania Occidental de los años 50 del siglo XX por Erich Rothacker con el fin de
impulsar la historia de la filosofía y de la ciencia, y que pronto tendrá la colaboración de
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
84 Skinner, Visi ons of Pol itics, pp. 62 - 63, 83 - 84, 176.

75

Karlfried Gründer, Joachim Ritter y Hans-Georg Gadamer. Este último dirigía un
seminario de lectura filosófica y hermenéutica en Heidelberg al que Koselleck asistió en
su última etapa de formación y en donde tuvo contacto con la sensibilidad lingüística de
la hermenéutica. Además, allí pudo conocer y escuchar a Heidegger, quien también
acudía ocasionalmente al seminario. Koselleck mantendrá relación por esos años con
una de las grandes figuras declinantes de la academia alemana, un hombre marcado por
su aquiescencia anterior con el nazismo,el jurista alemán Carl Schmitt.Schmitt había
desarrollado en su obra temprana una sensibilidad especial por los conceptos como
medio de explicación de lo político, y esta sensibilidad por lo conceptual fue heredada
Koselleck como d octorando suyo. En H eidelbeg también recaló a mediados de 1950 el
discípulo de Otto Brunner, Werner Conze, quien desde la historia social llevó a dicha
universidad la sensibilidad por los cambios de larga duración, populares también en el
enfoque de los historiadores franceses contemporáneos encuadrados en la Escuela de
Annales. 85
En 1967, y como resultado de este contexto intelectual, Koselleck anunció e l
programa para un diccionario de historia de los conceptos que editará junto a Brunner y
Conze, y que será titulado: Conceptos históricos fundamentes: Diccionario histórico de
los conceptos político-sociales básicos en lengua alemana (abreviado como GG
Lexikon ) (1972-1997). Esta monumental obra en ocho volúmenes recoge la definición y
explicación de 122 conceptos fundamentales, así como una introducción escrita por
Koselleck donde se explica el proyecto de la historia conceptual. Dicha introducción,
junto al libro Futuro Pasado: para una semántica de los tiempos históricos (1979)
suponen los dos pilares fundamentales desde donde Koselleck fundamentará la historia
de los conceptos. 86
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85 Vil laca ñas y Onc ina , “Introdu cción”, pp. 11, 20 . Ri chte r, “Reco nstr uctin g the Hist ory of Pol iti cal
Language s”, pp . 43 - 45.
86 Además del GG L exik on se han desarrollado iniciativas análog as resultado del desarrollo y asentam iento
de la historia conceptual como enfoque disciplinar. En Alemania Ritter y Gründer publicaron su
diccionari o en seis volúmenes Dicc iona rio histó rico de la filo sofí a (1971); Ro lf Reicha rdt y Eberhar d
Schmidt publicaron por otra parte un dicci onario en s iete volúmenes titul ado Man ual de co nce pto s
polític os y sociales en Francia, 1680 - 1820 (1985); en el ám bito iberoam ericano Javier Ferná ndez
Sebasti án ha encabezado dos experienci as que han intentado trasladar el esfuerzo realizado en la
academia alemana a las lenguas española y lusa. Por una parte editó junto a Juan Francisco Fuentes el
Dicc iona rio pol íti co y soci al del siglo X I X español (2002) y el Diccion ario polít ico y social d el siglo XX
español (2008). Por o tra parte, con la conform ación de Iberconcep tos: proyecto y red d e investigación en
historia conceptual comparada del m undo iberoamericano s e l l e v ó a c a b o l a r e d a c c i ó n d e l Diccio nari o
polític o y social del mundo iberoamericano (2009 y 2 014), tamb ién dirigido por Jav ier Fernánde z
Sebasti án y publi cado en d o s t o m o s y o n c e v o l ú m e n e s . E s t e t r a b a j o s e h a i n s p i r a d o e n e l GG Lexik on ,
incorpo rando tamb ién cuestiones m etodológic as y te óricas de la Escuela de Ca mbridge, y presenta r po r
primera vez un diccionario de historia conceptual que, en sintonía con la historia atlántica, plantea el

76

La historia conceptual trata sobre los conceptos históricos fundamentales. Estos
son conceptos guía del movimiento histórico cuya importancia y uso permiten
comprender estructuras y contextos de los acontecimientos de la historia. Los conceptos
políticos pueden ser considerados fundamentales cuando se vuelven insustituibles, pues
sin ellos no es posible la comunicación política en una época dada. Esto les vuelve
polémicos, porque distintos hablantes quieren imponer un monopolio sobre su
significado. 87
Los conceptos, por otra parte, no son entidades aisladas que existan por sí
mismas. Estos forman parte de redes conceptuales en donde unos conceptos influyen
sobre otros, marcando la manera en que estos se significan y generando afinidades
político-lingüísticas y divergencias conceptuales por oposición. Entre estas relaciones
semánticas por oposición destacan los contraconceptos asimétricos : “conceptos
superiores e inferiores, conceptos anexos y conceptos adyacentes, [sin los que] no es
posible analizar ningún concepto. Cada uno remite obligatoriamente a unidades
textuales mayores sin por eso perder su estatus de premisa necesaria para el
pensamiento de procesos s emióticos sobre los que ha de discutirse”. Los
contraconceptos asimétricos son, en suma, conceptos que sólo se comprenden en
oposición con otros cuyo estatus lingüístico y político es distinto y desigual; dichos
conceptos son quizás el ejemplo más claro del carácter interconectado que conforman
las redes conceptuales. 88
Pero los conceptos no son meras palabras aunque ambos (palabra y concepto)
remitan a múltiples sentidos por su carácter polisémico. Sin embargo la naturaleza en la
polisemia de los conceptos y en las palabras no es exa ctamente la misma. Los conceptos
son polisémicos en el sentidomás estricto del término, pues el conjunto de significados
contenidos y articuladospor el concepto tienen un carácter interdependiente. Para que un
concepto adquiera su significado pleno requiere que los distintos sentidos de su
pluralidad semántica se complementen y articulen entre sí para dotar al concepto de su
significado completo. Esto no sucede en la unidad lingüística que
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estudio de la semántica social desde una perspectiva transnacional y m ultil ingüe. Richter,
“Reconstructing the History of Political Languages…”, pp. 38 - 40. Javier Fernández Sebastián,
“ Iberconce ptos : hacia una histo ria trasnaciona l d e los concep tos políticos en el m undo iberoa mericano ”,
Isegoría: revista de filosofía mo ral y política , Nº 37, (julio - diciembre, 2007), pp. 165 - 168, 174 - 175.
Kosel lec k, Fe r nández Sebastián y Fuentes, “ Hist oria conc eptu al, memori a e id enti dad: Ent revi sta a
Reinh art Kosell eck I”, p. 21.
87 Kosel lec k, “Int rodu cció n al d icc ionario”, pp . 9 3 - 94. Reinhar t Kose lleck, Hist oria s de concept os:
estudios sobre semántica y pragmática del lenguaje político y s ocial (Madrid: Tro tta, 2012), pp. 45 - 46.
88 Ibíd. , p. 47. Koselleck, Fu turo Pa sado…, pp. 207 - 209

77

denominamos palabra , pues su polisemiase caracteriza por la polivocidad, esto es, sus
múltiples significados pueden expresarse como voces independientes entre sí cuyos
significados son autónomos unos de otros y no requieren de su conocimiento e
interconexión para comprender cada voz específica. 89
En la introducción al diccionario Koselleck ejemplifica esto con el concepto de
Estado, que como concepto histórico moderno articula una pluralidad de atributos que
son los que lo dotan de sentido (“poder, territorio, población, ciudadanía, legislación,
jurisprudencia, administración, impuestos, ejército”…, por citar sólo algunos). En
castellano, por otra parte, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española
recoge en su 23º edición 17 significados posibles para la palabra “estado” en el año
2018: 1. “situación en que se encuentra alguien o algo, y en especial cada uno de sus
sucesivos modos de ser o estar” 2. “Cada uno de los estamentos en que se consideraba
dividido el cuerpo social” 3. “Clase o condición a la cual está sujeta la vida de cada
uno” 4. “estado civil”; 5. “País soberano, reconocido como tal en el orden internacional,
asentado en un territorio determinado y dotado de órganos de gobierno propios”; 6.
“Forma de organización política, dotada de poder soberano e independiente, que integra
a la población de un territorio”. La lista sigue con otras 11 acepciones, pero queda claro
que cualquiera de las aquí ofrecidas se comprende por sí misma sin necesidad de
referirse al resto, mientras que la 5 y la 6 se corresponden con el concepto político de
Estado como ente y forma política, que es a lo que Koselleck se refería en su ejemplo
conceptual, y esta noción de Estadoperdería su inteligibilidad si se le privara de un
número significativo de los elementos que lo caracterizan para nosotros. 90
Por eso Koselleck acierta al señalar que si bien “estado” como palabra es
“univoca” a pesar de su polivocidad, el concepto de Estado como ente y forma política
requiere de una pluralidad irreductible de elementos que lo definan para no resultar
extraño. El estudio de esta pluralidad de atributos internos y constitutivos a un concepto,
y la manera en cómo se combinan para producir una definición es lo que interesa a la
historia de los conceptos; así como sus divergencias en una misma época (sincronía) y a
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
89 Profundi zando en esta idea d e l a d i s t i n c i ó n e n t r e p o l i s e m i a y p o l i v o c i d a d , una palabra pued e po seer
distint as acepciones, y cada una de e llas pud e usa rse ob viando las demás sin oscurece r e l s e n t i d o q u e s e
intenta exp resar. S in e mbargo los con ceptos necesita n co nservar su equivo cidad y no pueden ser
simplificados al nivel de las palabras, pues “los conceptos son concentrados de m uchos conten idos
significativos ”. Sin embargo, si bien esta distinción está contenida en Koselleck, en ocasiones este utiliza
los término s in distintame nte, al m enos en sus traducc iones al castellano. Kosel lec k, “Int rodu cció n al
diccionari o…”, p.101. Kosell eck, Futur o Pasado…, pp. 116 - 117.
90 Ibíd. pp. 101 - 102. Koselleck, His tor ias de c once ptos , p. 45. “es tado”, Dicciona rio de la lengua española
RAE, a cceso el 22/06 /2018 , http ://d le.r ae.e s/sr v/fet ch?i d=Gjqha jH

78

lo largo del tiempo (diacronía). Sin embargo, esta pluralidad de atributos no se debe a
una cualidad ontológica del concepto que necesariamente le aboque a contenerlos, sino
que es históricamente producida por los actores sociales en sus contextos históricos, que
contraponen distintos significados conceptuales en los discursos políticos y sociales
alterando con el tiempo su significado, usos y pragmática.
Por este motivo los conceptos no son inmutables. De hecho es la transformación
en los significados de los conceptos lo que interesa a la historia conceptual, pues los
conceptos son indicadores y factores de su tiempo, y como tal es suponen una vía
privilegiada para estudiar una época a partir de la manera en que los actores de un
contexto dado definen su realidad. El concepto como indicador nos ofrece un reflejo
sobre como los sujetos conciben un ente, fenómeno o problemática a partir de cómo
estospiensan y perciben su momento histórico. El concepto como factor suponeuna
cualidad interactiva de los conceptos, ya que con su uso transforman c ómo se percibe e l
fenómeno mentado y todos aquellos elementos con los que está relacionado. Es en
virtud a esta cualidad dialéctica e interactiva del lenguaje con su momento histórico por
lo que no pueden existir ideas inmutables en el tiempo, porque pensamos a través de
lenguaje y este se encuentra en constante transformación interactuando con su tiempo
histórico. 91
Aún con esto la casuística de fenómenos y experiencias que una vida humana
tiene que encarar y a la que debemos hacer frente con el lenguaje, emociones e intelecto
resulta relativamente limitada, y este ámbito de experiencias limitadas que toda
generación tiene que afrontar pueden ser compartidas a t r avés del tiempo. Pero una
vivencia análoga no tiene porqué ser experimentada, concebida y reflexionada de la
misma manera en épocas distintas, y ni siquiera en la misma época. Con esto no
pretendo hac er una defensa del relativismo o del subjetivismo. Los fenómenos del
acontecer histórico son producto de la emergencia ,necesitan del concurso de agentes
concretos y de sus subjetividades, pero en tanto que producto de la acción colectiva, su
constitución final trasciende las determinaciones de los actores individuales. Por lo
tanto, sobre un número de problemáticas/fenómenos limitados, compartidos y análogos
van a formularse un gran número de conceptos que, aunque potencialmente puedan
referir a lo mismo, son concebidos de manera muy diversa. Por otra parte, aunque sean
necesarios los actores individuales para llevar a cabo los procesos de conceptualización,
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
91 Koselle ck, Futuro Pasado , p. 118.

85

La Sattelzeit por tanto se yergue como la hipótesis de partida a la hora de
estudiar un concepto, e introduce la pregunta sobre los cambios semánticos que
experimenta un concepto desde sus acepciones previas a la modernidad, con respecto a
los nuevos horizontes de sentido que la modernidad les imprime. Esto a su vez nos
permite comprender cómo se percibieron los cambios en la transición hacia el mundo
moderno, pues el concepto en cuanto índice de los fenómenos referidos recoge la visión
que los actores tenían de su tiempo y cómo el proceso de modernización afecta a los
elementos referidos por los conceptos. De esta manera la historia conceptual es también
una vía para estudiar y reflexionar las transformaciones en y de la modernidad.
A pesar de la centralidad de la Sattlezeit durante el proyecto del GG
Lexikon, Koselleck se distanció del concepto en su etapa final. S i bien existe debate
sobre si esto significó o no un rechazo de la hipótesis, lo cierto es que en una entrevista
ofrecida a los prof esores Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes,
Koselleck comentó su insatisfacción con el concepto y su hipótesis de investigación, ya
que como comentará en dicha entrevista habría ideado la noción como parte de una
estrategia para dar mayor publicidad al proyecto del diccionario. Su incomodidad se
centra en especial con el lexema “ Sattel ”, pues este no haría referencia directa al
proceso de la aceleración, lo que conllevaría a que la etiqueta historiográfica devenga en
una herramienta de investigación deficiente a la hora de definir su objeto de estudio.Una
crítica similar al concepto la presentó en su discurso ante el Instituto histórico alemán de
Washington DC ante Melvin Richter y John G. A. Pocock. En esa ocasión abundó sobre
la idea de que la Sattelzeit había sido un eslogan con el que vender el proyecto, y que en
retrospectiva habría oscurecido más que aclarado las intenciones del mismo, llegando a
proponer que quizás habría sido mejor optar por el término Schwellenzeit (periodo
humbral). Sin embargo, en la entrevista of recida a Fernández Sebastián y a Fuentes,
Koselleck apuntó tras una pregunta de sus entrevistadores que la Sattelzeit no tenía que
comenzar siempre en el mismo momento histórico, y que para los italianos podría haber
comenzado con anterioridad en la época de Maquiavelo. Esto lleva al profesor
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
transfor mación del mu ndo jalonad a p or distintos even tos históricos que ha n dado lugar a socied ades en
donde el cambio de las costumbres y las formas de vida; de los adelantos técnicos y cu ltura les, hacen que
las experien cias vitales de una generac ión queden desa ctualizadas para la siguiente, por lo que los
espacios de ex periencia no son comparativamente t a n i m p o r t a n t e s e n l a c o n s t i t u c i ó n d e l a s i d e n t i d a d e s
colectivas , ya que l a e x p e r i e n c i a acumulada puede no servir para a f r o n t a r l o s reto s que se plantean a las
nuevas generaciones. P or el contrar io, esta aceleraci ón vuelve mucho más importante el fenómeno de la
prognosis, pues l a capacidad de r e a l i z a r e x p e c t a t i v a s a d e c u a d a s sobre l o s cambios por venir p u e d e s e r v i r
para anti ciparse a los desafíos de una época. Y cuanto más se acelera el tiempo m ás se in tensifica e s t a
sinergia . Ibíd. p. 95 . Kose lle ck, Futuro Pasado…, pp. 36 - 37, 354

86

Fernández Sebastián a comentar la hipótesis de una renovación del lenguaje políticoen
el ámbito hispánico de los siglos XVI y XVII sobre una base escolástica, a lo que
Koselleck responde negativamente, alegando que dicha transformación no tenía las
mismas implicaciones que la Sattel zeit , a partir de este intercambio creo que es
razonable pensar que la idea nunca fue del todo abandonada. 108
Con el debilitamiento de la hipótesis de la Sattel zeit como perspectiva
fundamentadora de la historia conceptual Koselleck desarrolló la Histórica , que en su
homenaje a Gadamer de 1985 concibió como la tematización de las condiciones de
posibilidad histórica, es decir, considerar las aporías de la finitud del hombre en su
temporalidad. Para poder vivir, el ser humano orientado hacia la comprensión deb e
transformar la experiencia histórica en algo ligado a un sentido y asimilado
hermenéuticamente. La Histórica , por tanto, es entendida como una teoría de la historia
que no se centra en los hallazgos determinables empíricamente en las historias pasadas,
sino que se pregunta por las condiciones de posibilidad de la historia. Es la versión
koselleckiana de la historia efectual de Gadamer. 109
Pero de cara a esta investigación no voy a incorporar la histórica , pues una teoría
de la historia que considere las condiciones de posibilidad de la historia misma, de la
conciencia histórica, de la vivencia histórica del hombre, o cualquier otra reflexión que
apunte hacia una antropología de la condición del hombre como ser histórico resulta un
objetivo demasiado ambicioso para este trabajo.
Asi mismo tampoco daré desarrollo a algunos de los proyectos de la historia
conceptual en los que Koselleck trabajó en su etapa final inspirándose en la
metaforología , de Hans Bloomenberg, o la memoria histórica ligada a los monumentos
y las imágenes. Todo esto pertenece a un desarrollo de la historia conceptual basado en
los límites de lo conceptual que Bloomenberg definió como la “inconceptualidad”. Mi
utilización de la historia conceptual se basa en aquellos elementos descritos hasta el
momento, que son los que fundamentaron el arranque de la historia de los conceptos
alrededor de la hipótesis de la Sattelzeit .
Dado que esta es una tesis en historia conceptual de un concepto político
americano merece la pena detenerse por un momento en la situación de este paradigma
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
108 Reinhar t Kosellec k, Javier Fern ández Sebas tián y Juan Francisc o F u e n t e s , “ Histor ia conce ptua l,
memori a e id enti dad : Ent revi sta a Rein hart Kosel lec k II ” ; Revista de libro s de la Fund ación C aja Ma drid
No. 112 (Apr. , 2006 ), p . 8; Koselle ck, “A Respons e to Comments on the Geschic htl iche Grunbe grif fe ”,
p. 69 .
109 Kosell eck y Ga damer , Hi sto ria y h ermen éuti ca , pp. 68 - 69.

87

historiográfico en los Estados Unidos. Martin J. Burke se ha referido al estado de la
historia conceptual en la academia estadounidense como un “proyecto nacional
olvidado”. A este respecto, Burke señala que ha habido iniciativas como la suya, o la del
profesor Melvin Richter por iniciar una línea de investigación en historia conceptual
estadounidense de manera similar a las adaptaciones llevadas a cabo en países como
Holanda, Finlandia o España, pero concerniente a la historia estadounidense. Sin
embargo, no ha sido posible que este proyecto germinase debido a varios factores
relacionados con la cultura académica norteamericana y por la falta de apoyo
institucional a este proyecto. Según Burke, uno de los mayores desafíos ha consistido en
encontrar académicos del campo de las humanidades y de las ciencias sociales que
quisieran trabajar en un proyecto común. A pesar de que en la actualidad la academia se
encuentra imbuida de un discurso ritual que alaba la multidisciplinariedad, no se puede
obviar que en los Estados Unidos las humanidades y las ciencias sociales obtienen sus
fondos para la investigación de distintos organismos. 110
En el caso de las ciencias sociales, el organismo federal de referencia es el
National Science Foundation (NSF) , que prioriza proyectos que se encuentren
“rigurosamente” fundamentados desde un punto de vista metodológico, lo que en la
práctica significa que favorecen proyectos planteados desde una óptica de estudio
cuantitativo y con un claro sesgo hacia el institucionalismo. Las humanidades por el
contrario tienen por institución federal de referencia la National Endowment for the
Humanities (NEH), que no solo cuenta con muchos menos fondos que la NSF, sino que
además desde los años ochenta y noventa del siglo XX (con el surgimiento y
predominio de los Cultural Studies y de los postulados de la nueva izquierda en los
departamentos de humanidades) el NEH ha priorizado proyectos centrados en el estudio
de grupos histórica y socialmente marginados, privilegiando investigaciones centradas
en explicar los mecanismos de opresión grupal y las políticas de identidad colectiva. Por
este motivo ha sido difícil proponer el desarrollo de un paradigma historiográfico cuyo
estudio se centra en muchos casos en la producción intelectual de las élites culturales (a
pesar de que desde el componente de historia social de la historia conceptual se intenta
superar esta deficiencia). Históricamente la “filantropía” norteamericana ha supuesto
una alternativa a los fondos públicos a través de grandes fundaciones privadas como la
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
110 Mart in J. B urk e, “ Conc ep tua l His to ry in t he Un it ed St at es: a Mi ss ing ‘ Nat io nal P roj ect’ ”,
Contr ibuti ons t o the Hist ory o f Con cepts , No. 2, Vol . 1 , ( Oct. 200 5), p. 128 .

88

Rockefeller o la Ford Foundation , pero desde hace años estas instituciones
“filantrópicas” no ofrecen fondos para líneas de investigación centradas en la historia. 111
Los pocos historiadores conceptuales estadounidenses han llevado a cabo su
labor contra viento y marea, dependido en parte del apoyo de instituciones y redes de
investigadores europeos y latinoamericanos. Esta falta de fondos y de apoyo de su s
instituciones locales ha impedido que se haya podido llevar a cabo un proyecto tan
básico para la historia conceptual como la elaboración de un diccionario de los
conceptos políticos y sociales estadounidenses. Esto ha llevado a que los historiadores
conceptuales estadounidenses hayan centrado su trabajo en la ref lexión de índole
metodológica y en elaborar la historia de su propio paradigma, lo que les ha posibilitado
en el largo plazo servir de enlace entre los historiadores conceptuales predominantes en
la Europa continental y Latinoamérica con el contextualismo imperante en el ámbito
angloparlante. 112
Esta especialización en el ámbito metodológico y de la historia del paradigma
les ha reportado un lugar dentro de las redes de historiadores intelectuales extranjeros
como una suerte de interlocutores entre el contextualismo y la historia conceptual. Sin
embargo este rol académico ha situado a los historiadores conceptuales estadounidenses
en una difícil posición dentro de su propio ámbito historiográfico nacional, que tiende a
minusvalorar las aportaciones teórico-metodológicas si estas no entran en contacto
directo con algún problema fundamental de sus debates sobre la identidad nacional. En
esto radica la diferencia entre el relativo éxito del contextualismo con respecto al
fracaso de implantación de la historia conceptual en los Estados Unidos. La Escuela de
Cambridge ha conseguido penetrar en los debates historiográficos norteamericanos a
través de los autores de la síntesis republicana atacando el consenso historiográfico
largamente imperante sobre el legado de Locke en la revolución americana, y obligando
con ello al resto de historiadores del periodo a posicionarse sobre sus propuestas
teóricas. Los historiadores conceptuales sin embargo no han co nseguido encontrar
ningún evento histórico polémico desde el que vehiculizar el debate y con el que
presentar sus propuestas teóricas, por lo que el resto de la historiografía norteamericana
ha podido ignorarles sin esfuerzo al no ver sus preconcepciones interpeladas. 113
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
111 Ibid., pp. 1 27 - 128; Kraus & Joyce, The Writi ng of Amer ican Hist ory , pp. 336 - 337.
112 Sk inne r, Visions of Politics , pp. 177 - 179, 186; R i c h t e r , “ R e c o n s t r u c t i n g t h e H i s t o r y o f P o l i t i c a l
Language s”, p. 63.
113 El contextualismo h a t e n i d o u n a g r a n v e n t a j a a s u f a v o r c o n r e s p e c t o a l a h i s t o r i a c o n c e p t u a l a l s e r u n
paradigma historiogr áfico surgido en la cultura académica angloparlante. Sus presupuestos teóricos están

89

Aunque habría mucho más que decir sobre el proyecto de la historia conceptual,
considero que sus hipótesis fundamentales para esta tesis han quedado suficientemente
explicadas, por lo que pasaré a continuación a sintetizar el proyecto de investigación de
la otra tradición fruto del giro que operó en la filosofía y se trasladó a la historia: la
Escuela de Cambridge . Y para hacerla abordable me centraré en sus dos principales
figuras: John G. A. Pocock y Quentin Skinner.

2.4 El proyecto de investigación de la Escuela de Cambridge y del contextualismo:
Escuela de Cambridge es el apelativo que se popularizo durante los años 70 del
siglo XX para referirse a un conjunto de autores que protagonizaron la versión
historiográfica del giro lingüístico en el mundo anglófono. Como bien ha señalado
Pocock (uno de los autores en cuestión), el apelativo de Escuela de Cambridge es una
etiqueta “impuesta” sobre un conjunto de historiadores que coincidieron
formativamente en unos debates sobre la transformación del enfoque de la historia del
pensamiento político, aunque ellos niegan que formen parte de una escuela formal. 114
Los autores englobados en este enfoque prefieren hablar del método de
Cambridge antes que de Escuela de Cambridge , y esto es debido a que entienden su
labor como una sensibilidad histórica guiada por un método. El origen de esta
perspectiva se encontraría en el estudio preliminar al Segundo Tratado del Gobierno
Civil de Locke, que fue el resultado de una investigación desarrollada por Peter Laslett
entre 1949 y 1950, trabajo que sería publicado una década más tarde como estudio
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
en consonancia con la tradición académ ica estadounidense y el ni vel de tra nsferencia académica de esta
es mayor con las universidades británicas al compartir una misma lengua. La historia conceptual por otro
lado es un producto genu ino de la cu ltura alem ana y del ámbito académico europ eo co ntinental. Con
anterioridad a l a G u e r r a F r í a e s t o h a b r í a j u g a d o a f a v o r d e l a h i s t o r i a c o n c e p t u a l , p u e s d u r a n t e e l s i g l o
XIX y princi pio s del sig lo XX las élit es cul tura les nortea meri canas tenía n a la academi a alema na por su
espacio formativo de referencia. Pero esto cam bió durante la s e g u n d a m i t a d d e l s i g l o X X c o n e l t r á n s i t o
de las universidades nacionales formadoras de élites culturales al mundo universitario de la
globalizaci ón, enfocado hacia el m ercado de trabajo y en donde el espacio de educación superior
angloparlante se ha co hesionado como el centro de referencia universit ario a nivel internacional. Este
cambio de tendencia ha jugado en contra de los sucesores de Gadamer, quienes ni siquiera han encontrado
interlocu tores en tre los s ucesores del exilio judío alemán, pues e l criterio h ermenéu tico de la histor ia de la
filosofía de Leo Strauss y sus discípulos se b asa en una concepción diltheana de la he rmenéutica y
cercana a la historia del pensamiento de Meinecke, por lo que difícil mente p uede entrar en sintonía con la
propuesta teórica de Ko selleck.
114 John G. A. Poco ck, Polit ical Though t and History: Essays on Theory and Method (Cam bridge:
Cambri dge Universi ty Press, 2009), p. 129. Richte r, “Reconst ruct ing the History of Pol iti cal Language s”,
p. 49.

90

preliminar de una nueva edición del Segundo Tratado en la colección Cambridge Texts
in the History of Political Thought . 115
La contribución de Laslett ejemplifica los objetivos y métodos de la corriente
posterior, al desmontar el consenso filosófico e historiográfico precedente sobre las
intenciones de Locke al escribir el Segundo Tratado . En contra del consenso de su
tiempo, Laslett demostró que la teoría contractualista en el segundo tratado de Locke
apareció como resultado del desarrollo de su crítica a Richard Filmer en el Primer
Tratado , en donde criticó su concepción de la autoridad patriarcal. A partir de esta
crítica Locke pretendería fundamentar una noción sobre la comunidad política distinta a
la predominante en la corte de Carlos II, donde las tesis de Filmer eran predominantes.
De esta manera, la contextualización de la teoría contractualista de Locke debía
buscarse en los debates autorales que estableció el propio Locke en la unidad del primer
y el segundo tratado, y no en base a la contraposición entre las teorías contractualistas
de Locke y de Hobbes como había sostenido la tradición de la historia del pensamiento
posterior, que a través de la contraposición de estos dos titanes del pensamiento barroco
había intentado explicar el surgimiento del Segundo Tratado como el resultado de un
plan para apoyar la Revolución Gloriosa en 1688-89, tal y como defendía la
historiografía whig. 116
La confusión imperante en los estudiosos de Locke se debía al desfase
anteriormente desconocido por la academia entre el momento de redacción de la obra
(1681) con respecto a su fecha de publicación (1688), pues el contexto político cambió
sustancialmente de una fecha a la otra influyendo dentro del campo de posibilidades
para el grupo político whig en Inglaterra, lo que cambió sustancialmente las intenciones
de Locke al concebir el Segundo Tratado como un manifiesto político whig. De hecho,
lo que probó Laslett con este estudio es que la cuestión del contexto se vuelve
estratégica a la hora de interpretar el sentido de una obra. A priori este descubrimiento
no resultaría demasiado sorprendente, pues precisamente la figura académica del
estudio preliminar a una obra filosófica (muy anterior como género literario al escrito de
Laslett) se basa precisamente en esta premisa. Por este motivo es necesario puntualizar
lo que se entiende aquí por contexto no es otra cosa que una serie de momentos de
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
115 John G. A. Pocock, Virt ue, Com merce and Histo ry: Essay s on Politi cal Thought and Histo ry, Chiefl y
in the Eig hteenth Century . Cam bridge: C ambridge U niversit y Press, 1985), pp. 2 - 3; Pocock, Politi cal
Thought and History , pp. V II - VIII ; Quentin Skinne r, Liberty befor e Liberal ism (Cambridg e : Camb ridge
Unive rsi ty Pres s, 2001) , p p. 102 - 103.
116 Peter Laslett, “Introducti on” en John Locke, Two Treati ses of Government (Cambrid ge: Cam bridge
Unive rsi ty Pres s, 2003) , p p. 3 - 16.

91

composición, publicación y recepción que constituyen en su conjunto una pluralidad de
actos lingüísticos en los cuales el pensamiento político circula y se constituye. 117
De esta manera se presenta la tesis fundamental que une a todos los miembros
que han quedado agrupados en la Escuela de Cambridge , y es la premisa de que la clave
para estudiar el pensamiento político debe centrarse en el discurso como vehículo de un
contexto lingüístico.
Peter Laslett, Quentin Skinner, John G. A. Pocock y John Dunn van a ser los
principales representantes de esta perspectiva dentro de Gran Bretaña. Pero estos
autores no van a ser los únicos protagonistas del giro lingüístico historiográfico. De
manera simultánea en los Estados Unidos Bernard Baylin y su discípulo Gordon S.
Wood llevaron a cabo un trabajo similar en la universidad de Harvard radicada en
Cambridge (Massachusetts), al rebatir junto a Pocock las tesis de Louis Hartz en su obra
The Liberal Tradition in America (1955), cuya propuesta (imperante en la historiografía
estadounidense del momento) defendía la existencia de un monopolio interpretativo de
la tradición lockeana como llave heurística del pensamiento político estadounidense, y
que se habría convertido en una visión hegemónica de la cultura americana. Contra esta
presunción Baylin en Los orígenes ideológicos de la Revolución Americana (1962) y
Wood en The Creation of the American Republic 1776-1787 (1969) constituyeron una
nueva corriente denominada la síntesis republicana cuyos autoresarguyeron que durante
la Revolución Americana el pensamiento de los Padres fundadores se conformó como
una síntesis de distintas tradiciones que generaría un paradigma republicano fruto de la
fusión de la filosofía lockeana con el pensamiento whig radical (devenida del debate
faccional whig dieciochesco del court and country ) y por una tradición netamente
republicana de autores británicos neo-harringtonianos con referencias neo-romanas. 118
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
117 Ibíd. , pp. 3 - 16. P o c o c k , Politi cal Thought and History , pp. 126 - 127. Richte r, “Recon struc ting the
Hist ory of Poli ti cal Lang uages ”, p. 53.
118 Robert E. Shalhope, “Toward a Republi can Synthes is: The Emergence of an Unders tandi ng of
Republ ican ism in Ameri can Hist orio graphy ” The Will iam and Mary Quar terl y, Vol . 29, No. 1 (Jan.,
1 972), pp. 65 - 73; El caso de Pocock resulta int eresante, pues si bien es neo - zelandés de origen y ha
desarroll ado la mayor part e de su carr era académica en la Universidad John S. Hopkins S u labor de
estudio del pensamiento político británico en la temprana era m oderna y la Antigua Constitución Inglesa,
junto a su identidad de “britán ico de lo s mares del sur” le ha l l e v a d o a u n a c u r i o s a p o s i c i ó n p o r l a c u a l
aunque es percibido y encuadrado con el r e s t o d e b r i t á n i c o s i n s u l a r e s , s u á m b i t o d e d e b a t e e s i g u a l d e
fluido con los autores británicos como con los americanos, lo que le convierte en el autor má s
genuinamente transatlánt ico de todos, pues ha construido una identidad de pura Commonwealth británica
que le ha servido para pensar lo el pensamiento del mundo an glófono desde una perspectiva
genuinamente paraestatal. Tanto su interpretación de la h istoria Atlántica, su a t a q u e a l a s t e s i s d e H a r t z ,
como su visión de las similitudes y diferencias del trabajo de los dos Cambridge s p u e d e e n c o n t r a r s e e n ;
Pocock, El m omento maquiavélico , p p. 6 83 - 692; para una panorámica más amplia de cómo se insert a este
debate en su proyect o intelectual general ver John G. A. Pocock , “ From The Ancient Cons titution to

92

La coincidencia temporal del Cambridge británico de l contextualismo con el
Cambridge estadounidense de la síntesis republicana muestra sin embargo una notable
diferencia entre ambos por el grado de interés que mostró cada grupo por las cuestiones
metodológicas y la teoría de la historia: mientras que para el Cambridge británico la
redefinición de la historia intelectual fue un punto clave de su proyecto, para el
Cambridge estadounidense sería un objetivo secundario y subordinado al
esclarecimiento de la cultura política americana en la era revolucionaria. S in embargo
ambos surgieron de manera simultánea e independiente través de un mismo propósito:
alcanzar una transformación de la historia intelectual por medio de una redefinición
sobre la interpretación de la filosofía lockeana y sobre el carácter de su legado posterior.
Este origen común permitió a los autores de ambos Cambridges enfrentarse al consenso
liberal de su época a la par que les permitía plantear una historia intelectual distinta, en
donde se reivindicará una mayor atención a la historia del discurso político en su
contexto lingüístico, pues esta sería la forma de evitar las proyecciones anacrónicas de
los actores del presente sobre los sujetos del pasado. De esta manera aconteció un
cambio de paradigma en el mundo anglófono en el tránsito de los años 60 a los 70 del
siglo XX.
Este cambio paradigmático va a venir acompañado por el surgimiento de la
Historia Atlántica, que se va a proponer estudiar la cultura anglófona inspirándose en
Fernand Braudel y en su obra El Mediterráneoy el mundo mediterráneo en la época de
Felipe II (1949). Esta perspectiva atlantista centrada en el estudio de una cultura política
compartida a los dos lados del atlántico norte (anglófono) va a establecer el paradigma
discursivo republicano como su eje conductor común. De esta manera en un contexto de
Guerra Fría y de fortalecimiento cultural del eje trasatlántico se va a favorecer el relato
de una genealogía común amparada por una perspectiva trasnacional, que vinculará
entre sí los trabajos del contextualismo inglés y la síntesis republicana de los Estados
Unidos. Esto va a permitir coordinar una crítica a las tesis de la filosofía liberal de John
Rawls y al paradigma consensualista de Louis Hartz. Este doble vector atlantista y
neorepublicano va a poner en relación a Pocock con Baylin y Wood; a Skinner con
James Tully (Canadá); a filósofos políticos de Princeton como Philip Petit o Maurizio
Viroli con el Cambridge Británico; en Europa continental Martin Van Gelderen y los
historiadores del Instituto Europeo de Florencia v an a intentar triangular el eje atlántico
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
Barbar ism and Religio n; The M ach iavel lia n M oment , the histor y of pol itical thought and th e history of
histori ography”, His tor y of Eur opea n Id eas, Vol . 4 3, No. 2, (2017 ), pp. 141 - 144.

93

de Estados Unidos y Gran Bretaña con el pensamiento político de la Europa continental
ahondando en la formación del discurso político republicano clásico, en donde la
contribución de Pocock con El momento maquiavélico va a servir de fundamento
historiográfico para este propósito. A todo esto hay que añadir los esfuerzos de
historiadores conceptuales americanos como Melvin Richter y posteriormente Martin J.
Burke desde CUNY, junto al historiador finés Kari Palonen por poner en contacto a este
amplio grupo de contextualistas con la perspectiva de la historia conceptual que se
desarrollaba de manera paralela en Alemania. 119
Lo que en su momento surgió como un cambio metodológico y paradigmático
en el estudio de Locke, sus influencias y sus paradigmas alternativos por parte del
Cambridge británico y del estadounidense, ha acabado por conformar una red
internacional muy amplia y heterogénea que ha sustituido (al menos formalmente) la
antigua historia de las ideas de Lovejoy por un nuevo paradigma redefinido como el
contextualismo . Este nombre se debe a la coincidencia metodológica compartida por
todos los autores de este nuevo paradigma que les lleva a estudiar la historia del
pensamiento político entendida como el análisis del discurso y del texto político en su
contexto histórico. De la misma manera que el concepto se había convertido en la
unidad básica de investigación para la historia conceptual, para el contextualismo l a
unidad básica de investigación será el discurso contextualizado como acto lingüístico. 120
Por este motivo, y de cara a hacer manejable el estudio de este enfoque
disciplinar, voy a considerar solamente las contribuciones de Skinner y Pocock a una
teoría del discurso como actos de habla históricamente fundados. Ambos son
historiadores prolijos que han desarrollado un extenso trabajo sobre la historia del
pensamiento político, así como varios ensayos sobre teoría de la historia y del lenguaje.
Resulta imposible desarrollar aquí una muestra representativa de su trabajo, es por esto
que me limitaré a comentar los puntos de ruptura con la historiografía precedente a
través de sus dos ensayos más reconocidos en materia de metodología y teoría de la
historia, aunque añadiré ciertas matizaciones propias de su evolución posterior.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
119 David Armitage , “Tr es con cept os de histor ia atlánt ica ”, Revi sta de Occide nte, Nº 281, (Oct . 200 4), pp.
10 - 13, 15 - 16; Carmen de la Guardia, “ Histo ria atlá nti ca. Un debat e hist ori ográ fico en Esta dos Uni dos”,
Revist a Complutense de Histori a de Am éri ca , Vol. 36, (201 0), p p. 1 51 - 157; Richter, “Reconst ruct ing the
Hist ory of Poli tic al Language s”, p. 6 3; Martin J. Burke, “An Intelect ual Redescription: R e v i s i t i n g K a r i
Palonen’s Q uenti n Skinner” en Claudia W iesner , Evgeny Roshchi n y Marie - Chri sti ne Boilar d (eds.), In
Debat e with Kari Palo nen: Concept s, Pol iti cs, His tor ies (Baden - Baden: Nomos, 2015 ), pp. 25 - 28; Sobre
cómo el Momento maqui avéli co devino en o b r a c a n ónica para el resto del contextualismo ver Pocock, El
moment o maq uiav éli co , pp. 663 - 664.
120 Po cock, Virtue, Commerce and His tory, p. 13.

94

John G. A. Pocock sistematizó por primera vez su propuesta te órica en un
artículo clásico de 1968 que publicó en 1971 titulado “Languages and Their
Implications: The Transformation of the Study of Political Thought”. En este artículo
Pocock expuso el desafío que constituía el giro lingüístico para la historia de la filosofía
política convencional. Desde la filosofía académica por lo general se pretendería
explicar a los autores en relación a un sistema de ideas. Pero esto no tendría por qué
explicar aquello que un autor quiere expresar en un momento dado. La búsqueda e
imputación de coherencia en el pensamiento de un autor que es propia de la filosofía y
del enfoque de muchos historiadores puede ser una tarea insatisfactoria, bien porque el
autor falle a la hora de generar esa coherencia intelectual, bien porque ni siquiera la
busque. 121
En lugar de estudiar un pensamiento sistemático Pocock propuso centrarse en el
pensamiento como discurso, entendido como un acto de comunicación de sistemas
lingüísticos. Su idea del discurso fue completado en un segundo artículo de 1981
titulado “The Reconstruction of D iscourse: Towards the Historiography of Political
Thought”, y se basa en considerar el pensamiento político como una secuencia de actos
discursivos realizados por agentes en un contexto. Este contexto se compone de
prácticas sociales, situaciones históricas y de un lenguaje que guía los actos del
discurso. El discurso articularía mundos conceptuales desde donde transmitir el
significado y estructuras de autoridad que dotarían de importancia al sentido mentado.
Pero los discursos no son formulaciones que el autor utilice arbitrariamente, sino que
son controlados y estructurados por los paradigmas. 122
La noción de paradigma es central en la teoría de Pocock, quien la toma prestada
del teórico de la ciencia Thomas Kuhn, para quien los paradigmas son el modelo
explicativo de las permanencias y los cambios en los consensos del saber científico.
Según Kuhn, en la ciencia moderna el saber se organiza en consensos mayoritarios
sobre la forma de entender y estudiar una cuestión, y esto son los paradigmas
científicos. Los paradigmas se configuran como espacios de convención y actúan como
marcos de certidumbre, y son simultáneamente coherentes pero imperfectos, pues por
medio de la unificación posibilitan un cierto orden necesario para el estudio y la
comunicación sobre un fenómeno en la investigación. La ciencia que se desarrolla
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
121 John G . A. Pocock, Politcs Language & Time: Essays on Political Thought and History ( C h i c a g o a n d
London: The Uni versit y of Chicago Press, 1989) , pp. 6, 9, 11 - 12.
122 Ibíd. , p. 15. Poco ck, Poli tica l Thought and Hist ory… , p. 67; Pocock, Virtue, Commerce and History ,
pp. 7 - 11, 21 - 26.

101

Skinner coincide con Gadamer en que no es posible acercarse a un autor sin
arrastrar en su lectura nuestros prejuicios o las preguntas que se proyectaron sobre ellos
en el pasado, cuestiones que llevan a distorsionar nuestro acercamiento a sus
producciones. Pero para Skinner, al contrario que para Gadamer, la solución a este
problema se halla en el método. Según Skinner, la distorsión que se suele producir en la
comprensión de un autor es producto de tres mitologías o falacias, cuya superación se
realizaría por medio de un método especial de análisis.
La primera mitología es la mitología de las doctrinas que se deriva del intento
de convertir alguna declaración aislada de un autor en su doctrina sobre ese tema,
independientemente del peso e impacto que pudiera tener en el resto de su pensamiento.
Esta es para Skinner el tipo de falacia en la que suele incurrir la historia de las ideas de
Lovejoy con su noción de idea singular . Se trata de una hipóstasis por la cual un acto de
habla específico adquiere una entidad que va más allá de lo que una lectura evidente del
autor puede sugerir, y en último término puede derivar en la vinculación espuria entre
ideas hipostasiadas de distintos autores como si estuvieran debatiendo o recepcionando
doctrinas perdurables en el tiempo y en las obras. 137
La segunda falacia que intenta desmontar Skinner es la mitología de la
coherencia, que deviene del intento de imputar a un autor una unidad y coherencia
interna a su pensamiento que puede no estar presente. Esta falacia se basa en concebir el
pensamiento de los autores como un sistema de ideas monolítico e interconectado, y
lleva a considerar que el autor tiene un pensamiento, y no un conjunto de ideas
cambiantes en el tiempo. Uno de los mayores peligros de esta falacia reside en que el
investigador puede verse tentado a f orzar interpretaciones que refuercen una perspectiva
coherente de la obra del autor, descartando con ello aquellas declaraciones que no
concuerden con una visión de conjunto, e intentando resolver antinomias que no lo
fueran para el autor estudiado, lo que implica una potencial simplificación de la
complejidad teórica y vital del pensador en cuestión. 138
Derivada de este último aspecto se encuentra la mitología de la prolepsis, que
consiste en imponer a un autor la preeminencia de una de sus ideas por la importancia
que ha tenido en los debates posteriores de la historia de la filosofía, más que por la
importancia que pudiera tener para el autor en su tiempo. El historiador puede hacer un
mal uso hermenéutico de su posición ventajosa de lector de un corpus, ya sea al generar
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
137 Sk inner, Visions of Polit ics , pp. 59 - 64.
138 Ibíd. , pp .67 - 72.

102

una lecturas ex post de las ideas de una autor, o mediante la imputación de relaciones
entre conceptos e ideas aparentemente análogas y producto de distintas fases del autor,
que sin embargo no tienen por qué estar conectadas entre sí. Así mismo, el investigador
puede proyectar anacrónicamente nociones y problemáticas de su época a las
declaraciones del autor, ya sea porque en retrospectiva las ideas del pensador han
servido para debates posteriores, o porque se identifique un aire de familia en forma de
falsas filiaciones entre las reflexiones de un autor con problemáticas posteriores. 139
Estas tres falacias (doctrina, coherencia y prolepsis) pueden presentarse
individualmente o combinadas en las lecturas e interpretaciones que hacemos de los
pensadores del pasado, y todas ellas tienen en común que suponen una lectura
anacrónica de sus postulados e intenciones, pues proyectan nuestras preocupaciones,
interpretaciones y debates sobre sus planteamientos. La gran aportación de Skinner a
este respecto supone el haber elaborado una s uerte de código deontológico del
historiador intelectual a la hora de detectar y evitar las formas en que una mirada
anacrónica puede desvirtuar nuestra comprensión de los agentes del pasado.
Ahora bien, esto plantea una cuestión interesante en relación con Gadamer de si
es posible y deseable evitar realmente este problema. ¿Puede un método salvar los
problemas interpretativos derivados de los prejuicios y la distancia histórica, o por el
contrario somos producto de nuestra tradición y circunstancias epocales?, en este último
caso el método no podría plantearse como una solución real. Skinner y Gadamer
comparten el mismo objetivo, pero su teoría del conocimiento y del lenguaje les lleva a
desarrollar propuestas teóricas opuestas sobre la capacidad y posibilidad del método
para solucionar nuestras aporías.
Dejo esta cuestión planteada, volveré sobre ella en diversas ocasiones e intentaré
dar una tentativa de respuesta en las conclusiones. Solo adelantaré que esta t esis
pretende, entre otras cosas, mostrar que tanto Skinner como Gadamer aportan criterios
que son útiles y valiosos para un investigador del pensamiento político, pero a un cierto
nivel considero que ambos están equivocados.
En lo que se refiere al método Skinner deriva su proyecto a partir de una
problemática y del intento de abordarla a partir de su teoría del lenguaje. El problema
que intenta enfrentar Skinner es el de la interpretación de las intenciones. Dado que los
actores no se ven en la necesidad de explicar lo que están haciendo cuando llevan a cabo
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
139 Ibíd. , pp .73 - 79.

103

un acto lingüístico, los investigadores y lectores de otras épocas no podemos entender
completamente las regiones de sentido que no resultan evidentes en la literalidad de un
texto. 140
Este enfoque instrumentalista del lenguaje deriva de una teoría lingüística
subyacente que es deudora de la triple aportación de Ludwig Wittgestein, Robin G.
Collingwood y John L. Austin, que Skinner desarrolló en un artículo posterior titulado
“Interpretation and the understanding of speech acts”. De Wittgenstein toma la idea del
habla como juegos del lenguaje , formas no aisladas de sentido que están conexas a
necesidades comunicativas y vitales. El discurso en tanto que actos de habla (categoría
que toma de Austin) implica que el lenguaje hay que estudiarlo en s us formas de uso, y
lo que importa es comprender su carácter ilocutivo por medio de la unidad contextual
que se entiende como el sentido lingüístico puesto en acción. En este punto
Collingwood entra en escena desde su idea de la lógica de la pregunta y la respuesta ,
según la cual la comprensión de cualquier proposición requiere identificar la pregunta
para la que la proposición sirve de respuesta. Esto enlaza con la tesis de Austin de que
el receptor de un mensaje debe ser capaz de entender lo que un emisor está haciendo
cuando expresa lo que dice (intentar por tanto descifrar la correlación existente entre
acción, comunicación y sentido). Esto nos lleva a que lo relevante sea comprender el
sentido de los términos en su uso, y no buscar sentidos en términos abstractos o como
índices de uso. 141
Skinner por su parte no considera que Wittgestein, Collingwood y Austin estén
proponiendo una teoría del lenguaje, sino una dimensión y recurso lingüístico para
comprender la unidad de acción y sentido movilizados mediante el discurso. Esto lleva
a que el pensamiento cobre su importancia en cuanto acto de habla, y el carácter
ilocutivo del acto de habla es el elemento que el método debe desentrañar. 142
En cuanto al método, Skinner considera que el investigador debe delinear el
rango completo de actos comunicativos realizados en un momento dado para un
discurso concreto. Esto se consigue mediante el establecimiento de las relaciones
existentes entre un discurso dado y su contexto lingüístico. Y el adjetivo lingüístico que
acompaña a contexto en este punto es importante, pues el contextualismo en Skinner, al
igual que en Pocock, se refiere a un plano primordialmente discursivo. Lo que interesa a
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
140 Ibíd. , p 1 07.
141 Ibíd ., pp.103 - 106, 115 - 116; Skinner , Liber ty bef ore Libe ralism, p. 102.
142 Skinner, Vi sions of Polit ics , p.106.

104

estos autores, y en especial a Skinner, es la decodificación de las intenciones del autor
por medio de su discurso, y para esta meta las consideraciones de otra índole pueden
tanto ayudar como despistar a la hora de intentar desentrañar las intenciones del autor.
Por este motivo para Skinner solo una vez se ha identificado el contexto lingüístico
cuando se puede tomar en consideración el contexto social para terminar de determinar
el sentido de los actos comunicativos, pero no al revés. 143
Por lo tanto su método es el del análisis del discurso atendiendo a los elementos
que aparecen en un texto, e intentando descifrar cuál es su sentido dentro del escrito. A
este respecto no sólo se debe tener en cuenta el papel que juega cada parte a la hora de
construir un mensaje, sino que además hay que intentar delimitar qué tipo de mensaje
transmite el texto y cuál era el propósito del autor al comunicarlo.
Este método puesto en acción debería servir para responder estas tres
preguntas: 144
1. Una primera relacionada con el sentido lingüístico: ¿Qué significan las
palabras estudiadas en un texto/contexto dado?
2. La segunda relacionada con la recepción textual: ¿Qué significa este texto
para mí?
3. Y una tercera relacionada con el sentido autoral: ¿Qué ha querido el autor
expresar con lo que ha dicho en un texto dado?
Una vez el investigador es capaz de plantear e identificar estas preguntas como
tres dimensiones distintas, (interrelacionadas pero independientes),en el análisis de un
texto, el método ha cumplido su propósito y las tres mitologías expuestas con
anterioridad pueden evitarse.
La obra teórica de Skinner es amplia y aquí no he hecho más que presentar el
corazón de la formulación más temprana de su proyecto. Un proyecto que ha ido
matizándose sin abandonar los presupuestos aquí expuestos. Tal vez si Skinner leyera
esta síntesis pudiera acusarme de incurrir en las tres mitologías que él denunciaba. Sin
embargo, si aplicase su método para dilucidar mis intenciones y la naturaleza de este
acto discursivo, me concedería que por la naturaleza de este texto tampoco tengo mucha
más alternativa. 145
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
143 Ibíd ., pp.87 - 93; Pocock, Vir tue, Commerce a nd Hist ory, pp. 5 - 7, 21 - 25.
144 Ibíd ., pp.91 - 93.
145 Debido a s u s posiciones teóricas excesivamente normativas y a su situación actual de referente
indiscu tible d e la historia intele ctual a n ivel in ternaciona l, Skin ner es o bjeto de numero sas c ríticas q ue
tienden a c osificar su pen samiento como un bloque monolítico, co mo si no hubi era mediad o ning una

105

Contextualismo e historia conceptual son a día de hoy dos perspectivas
fuertemente asentadas entre los historiadores intelectuales, al menos en el continente
europeo. Curiosamente la relación entre ambas ha estado marcada por un cierto
distanciamiento entre Koselleck y el equipo del GG Lexikon con respecto a las distintas
ramas del Contextualismo. Algunos autores como Palonen, Richter o Burke (por citar a
algunos) han intentado tender puentes entre estas dos perspectivas. El propio Skinner
reconoce que cuando escribió su artículo de 1969 no conocía el proyecto de Koselleck.
Fue de hecho Richter quien se lo dio a conocer en profundidad tanto a él como a Pocock
en la década de 1980, y desde entonces ambos autores han mantenido una relación
ambivalente con la historia conceptual. 146
En su artículo anteriormente citado de 1969 Skinner critica estudiar el
pensamiento de un autor mediante ideas y conceptos, pues supondría abstraer e l
pensamiento de sus usos específicos. Skinner repitió en el capítulo de libro titulado “A
reply to my critics” de 1988 aparecido en la monografía colectiva de James Tully
Meaning and Context (1988), en el cual volvía a reincidir en su argumento de que no
puede haber historia de los conceptos, sino únicamente historias de sus usos concretos
en argumentos específicos. 147
A pesar de estas declaraciones Skinner no afrontó directamente sus
desavenencias con Koselleck hasta 1999 con un artículo titulado “Rhetoric and
Conceptual Change” reaparecido en 2002 como “Retrospect: Studying Rhetoric and
Conceptual Change” en donde Skinner reafirma su crítica hacia Lovejoy y la historia de
las ideas por el potencial anacrónico de su enfoque. Sin embargo reconoce los logros de
Koselleck y la historia conceptual a la que va elogiando y criticando en un puro
movimiento pendular. Comienza celebrando el proyecto de Koselleck para luego
preguntarse hasta qué punto es posible captar la historicidad de un concepto. Acto
seguido descarta esas dudas por su parte, y lo ejemplifica con el hecho de que él mismo
se ha sumado a la tarea de estudiar los conceptos mediante la historia del concepto de
Estado aparecida en The Foundations of Modern Political Thought (1978). Sin embargo
las dudas vuelven a emerger cuando Skinner apunta hacia su punto de divergencia con
Koselleck: mientras que los historiadores conceptuales se han preocupado por los
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
evolución en sus postulados. Esta problemática será discutida en el ca pítulo 4 en donde retomaré los
puntos de evolución de la teoría de Skinner desde su artícul o del año 1969 hasta la res puesta a sus críticos
de 1988. Sk in ner, Visio ns of Poli tics , p.116.
146 Ibíd., pp. 1 77 - 179, 186. Richter, “Reconstructi ng the Histor y of Polit ical Languages” , p. 63.
147 Skinner, Visions of Politics , p . 8 6 . S k i n n e r , “ A r eply to my crit ics”, p.283 ; Poco c k, “Concepts and
Disc ourse s ”, p. 47.

106

cambios en el largo plazo, él prefiere concentrarse en los vuelcos de significado
conceptual en el corto plazo; “Koselleck está interesado en nada menos que el proceso
completo de cambio conceptual; yo me intereso principalmente en una de los estadios
por los que este cambio tiene lugar. Pero ambos programas no me resultan
incompatibles, y espero que ambos puedan seguir floreciendo como se merecen.”. 148
Skinner entierra con sus declaraciones el hacha de guerra, pero la disputa sigue
latente por el mismo motivo que él resalta: mientras que la historia conceptual privilegia
el enfoque diacrónico para estudiar cómo un significado se ha transformado y ha
llegado hasta nosotros, el contextualismo de la Escuela de Cambridge pretende dar
cuenta del pensamiento especifico en un momento histórico preciso, abjurando del
potencial anacronizante subyacente (en su perspectiva) en toda perspectiva diacrónica y
privilegiando con ello la perspectiva sincrónica de estudio histórico. 149
Pocock por su parte comparte la suspicacia de Skinner ante la posibilidad del
estudio del lenguaje político en clave diacrónica, argumentando que esta perspectiva
conduce inevitablemente al peligro anacronizante de la historia de las ideas, pues desde
su experiencia investigadora el lenguaje es siempre situado en un contexto lingüístico
específico, y cuando la historia de los conceptos pretende estudiar usos conceptuales a
través de distintas épocas no estaría haciendo otra cosa que proyectar normativamente
sus propias preconcepciones lingüísticas sobre las palabras que intenta estudiar (cuando
por ejemplo pretende equiparar el concepto de polis como equivalente al Estado de la
cultura griega antigua). Pocock defiende que frente a la historia lineal de la diacronía se
debe buscar desentrañar el sentido del entramado lingüístico de un discurso en un
momento específico, pues solamente desde la sincronía del lenguaje se podría llegar a
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
148 Skinne r, Visi ons of Poli tics , pp. 177 - 180.
149 Si bien las dos c o r r i e n t e s t r a b a j a n c o n a m b a s p e r s p e c t i v a s ( d i a c r o n í a y s i n c r o n í a ) , e l h e c h o d e
privilegi ar teóric amente una de ellas su po ne pr iv i le gi ar una p ers pe ct iv a d e est udi o c uy as pr em is as pued en
dificult ar la comunicación entre las disti ntas t radiciones. Si bien a m b a s comparten una sensibilidad
común por lo histórico en su críti ca al anacronismo d e la historia de las ideas, la Escuela de Cam bridge no
termina de co nfiar en que la h istoria conce ptual pueda res olv er este riesgo mediante su enfoque. S i n
embargo esta d iscusión se basa primordialmente en una confrontación de principios epistemológicos más
que en un problema de prácticas de investi gación. El enfoque de la historia conceptual que privil egia la
diacroní a se basa en la hipótesis sobre la existencia del periodo bisagra de la Sattleze it (1750 - 1850), lo
que supone que sus estudios se centren en los últimos estadios de la Edad Moderna, con especial atención
a la historia contemporánea. Esto conlleva que la h orquilla temporal que manejan las hist orias
conceptuales sea de unos 268 años (1750 - 2018). Skinner y Pocock, por otra parte, no manejan periodos
menos la rgos en sus inve sti gaci ones . El momento maquiav élico de Pocock comienza en el siglo XV y
llega h asta el s i g l o X I X ( l o q u e s u p o n e n u n o s 4 0 0 a ñ o s ) , y S k i n n e r e n d o s d e s u s o b r a s m á s i m p o r t a n t e s
manej a tambi én perio dos temp oral es bast ant e genero sos: Tanto en el caso de The Foundations of M odern
Polit ical Thought como en el caso de Visi ons of Poli tics (2002) la i n v e s t i ga c i ón a b a r c a d e s d e e l s i gl o X V
al siglo XVII (200 años). Esto plantea un interrogante sobre cóm o se pueden co nstruir co ntextos
lingüístic o bien defin idos sincró nicamente cuando e l arco temp oral resulta se r tan amplio .

107

percibir el sentido histórico específico para la comunidad de hablantes que movilizan
los significados en un momento concreto. 150
A esto hay que añadir que otro de los elementos centrales para la historia
conceptual, que es la semántica de los tiempos históricos y el estudio de la temporalidad
de los conceptos, es un hecho completamente ajeno para Skinner, quien si bien ha
considerado esta cuestión cuando Kari Palonen se la ha planteado, él niega que haya
sido negligente al no estudiarla por el simple hecho de que no tiene ningún sentido
desde su punto de vista. El caso de Pocock en esta cuestión es aún más extraño, pues en
su comentario al proyecto de Koselleck llevado a cabo en el Instituto histórico alemán
de Washington DC desarrolló toda una serie de críticas al paradigma de la historia
conceptual, pero en ningún momento llegó ni siquiera a nombrar la semántica de los
tiempos históricos como parte del proyecto de Kos elleck. Esto provocó la extraña
situación de que Pocock aceptase la hipótesis sobre la Sattlezeit, siendo prácticamente el
único elemento del proyecto de investigación de la historia conceptual que valoró
positivamente. Sin embargo como no llegó a entender que la Sattlezeit se encuentra
irremediablemente ligada a una hipótesis sobre la transformación de los imaginarios
temporales, Pocock consideró que esta era una hipótesis sobre la percepción del
abandono del antiguo régimen, por lo que incluso sus reservas sobre la Sattlezeit tratan
sobre un aspecto que resulta irrelevante para Koselleck. Resulta paradójico que Pocock
no haya comprendido la centralidad de la semántica de la temporalidad histórica cuando
este es también un elemento central en su proyecto de investigación, no tanto en sus
escritos teóricos, pero sí que se encuentra muy presente en el marco teórico de El
momento maquiavélico , donde una parte fundamental de su marco teórico consiste en
explicar la transformación de la concepción del tiempo histórico en el tardomedievo y
su transición a una mentalidad moderna del tiempo con el renacimiento (curiosamente,
su perspectiva es la de una proto- Sattlezeit aplicada a los paradigmas y a los discursos
en vez de a los conceptos). 151
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
150 Pocock, “Concept s and Disco urses”, pp. 50 - 55.
151 En la entrevist a real izada por Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes en el año 2005 a
Kosel lec k, est e señala la proble máti ca sobre la tempora lida d como uno de los princ ipal es fact ore s de
desacuerdo con Skinner y Pocock, especi almente en el caso de Skinner, a quien valora mucho como
intelectu al pero al que caracteriza como “un historiador muy e stricto en el terre no de la herm enéutica” y
al que le critica un uso muy no rmativo de los conceptos en sus investigaciones. Kosel lec k , Fern ández
Sebasti án y Fuentes, “ Histor ia conce ptua l, memori a e ide nti dad: Ent revi sta a Reinh art Kosel lec k I ” , p .
21; Skinner , Vi sions of Pol itic s, pp. 181 - 182. Pocock, El momento maquiavéli co , p p . 8 0 , 8 9 , 9 2 - 94;
Poco c k, “Concepts and Discourses ” , pp. 56 - 58 .

108

Tal y como apunté al inicio, el hecho de que cada una de estas corrientes se haya
concebido desde tradiciones del giro distintas supone que ambas comparten un sustrato
de preocupación común sobre la sensibilidad histórica, que sin embargo no va a poder
armonizarse del todo por sus distintas teorías del lenguaje y los presupuestos que e stas
conllevan sobre los medios que el lenguaje nos habilita para conocer históricamente sin
deformar la perspectiva de los actores del pasado.
Sin embargo los historiadores intelectuales nos hemos interesado por las teorías
que ambas postulan. Nos interesan los procesos de formulación y cambio conceptual,
así como la semántica de los tiempos históricos que nos ofrece la historia conceptual.
Pero también estamos interesados en estudiar el pensamiento en su contexto, articulado
a partir de los discursos políticos que los actores explicitan en el acto (retórica y acto
lingüístico de Skinner) o en largos periodos de debates discursivos (paradigmas de
Pocock). Trabajos como los de Palonen, Richter o Burke son representativos de una
academia que se niega a tener que elegir entre un enfoque u otro y que tiende al
eclecticismo, ya sea absoluto o desde una afinidad electiva.
2.5 Ideas, conceptos, discursos y el Destino Manifiesto
Ideas, conceptos y discursos son las alternativas desde las que explicar el Destino
Manifiesto en clave de una historia intelectual. Una vez considerados los distintos
proyectos de investigación queda por responder a la pregunta sobre la estrategia
interpretativa de esta tesis doctoral.
Mediante la crítica a la historia de las ideas, la historia conceptual y el
contextualismo han evidenciado la tendencia al anacronismo en la que esta incurre,
quedando patente los inconvenientes de concebir el Destino Manifiesto como una idea
singular. Queda entonces por considerar cuál de los dos enfoques es el más adecuado, o
en qué medida es posible combinarlos para aprovechar las potencialidades de cada uno.
Por una parte está la alternativa de la historia conceptual, lo que conllevaría
estudiar el surgimiento del concepto del Destino Manifiesto c omo producto de la
Sattelzeit (realizando un estudio sincrónico de sus significaciones en el momento de su
surgimiento), así como sus transformaciones en el devenir de los siglos XIX y XX. Esto
conllevaría asumir un enfoque diacrónico para explicar sus transformaciones hasta
nuestros días. Esta perspectiva conceptualista también se debería hacer cargo de la
semántica de los tiempos históricos que están contenidos y articulados en el concepto, y

109

sería necesario considerar también la filosofía de la historia subyacente al concepto y la
multiplicidad de significados que lo componen.
Por otra parte podría adoptar la perspectiva del contextualismo , lo que
conllevaría el estudio del discurso del Destino Manifiesto atendiendo tanto a su carácter
de paradigma del expansionismo decimonónico estadounidense, como de los actos de
habla específicos en que el Destino Manifiesto se inserta como parte de una retórica del
expansionismo. Esta sería una estrategia de estudio más centrada en la perspectiva
sincrónica de los usos del Destino Manifiesto durante los debates del expansionismo
continentalista e insular.
Ambos enfoques resultan pertinentes e interesantes, y el privilegiar uno u otro
daría lugar a investigaciones muy distintas. Por esta razón me parece conveniente
recordar la pregunta de investigación que anima mi tesis: ¿Cuál fue la contribución
específica de O’Sullivan a la formulación del concepto de Destino Manifiesto?
La propia pregunta ya se decanta por uno de los dos enfoques. Sin embargo, el
hecho de centrarme en la figura de O’Sullivan introduce algunas problemáticas para la
adopción sin mediaciones de la historia conceptual o del contextualismo . Ambas
perspectivas f ueron concebidas para estudiar el lenguaje político en una muestra más
amplia que un solo autor. Koselleck concibió la historia conceptual en sintonía y como
apoyo a la historia social, lo que fuerza al enfoque a considerar un espectro más amplio
que los usos individuales de un concepto. Pocock por su parte advirtió también sobre los
problemas de estudiar un paradigma o acto discursivo en un actor individual por su
posible falta de representatividad. Skinner es el único que, a priori, no descarta la
posibilidad de estudiar actores concretos. De hecho su enfoque en la retórica entendida
como actos de habla privilegia el estudio de teorizaciones individuales y específicas.
Sin embargo, el objeto de estudio privilegiado en esta investigación es el
concepto, y no el discurso comprendido como paradigma, retórica o acto de habla. Esto
no se debe a que no haya habido un discurso del Destino Manifiesto , pues durante la
segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX este discurso fue uno de
los principales paradigmas del expansionismo estadounidense. Sin embargo lo que
intento explicar con esta tesis no es la historia de este discurso, sino su génesis. Y para
estudiar su proceso de formación es importante comprender qué elementos articulan la
noción específica para haberla convertido en un lema discursivo privilegiado para la
movilización política durante todo un siglo (1845-1945). Esto me conduce a la

110

necesidad de estudiar las particularidades del concepto, y dado que este es un
neologismo, por extensión estudiar también al teórico que lo concibió.
Por lo tanto el desarrollo del marco teórico que voy a adoptar durante los
siguientes capítulos es una implementación “bastarda” del proyecto de investigación de
la historia conceptual. En tanto que historia conceptual, voy a centrarme en estudiar los
procesos de transformación semántica de toda una serie de elementos discursivos que en
un momento dado se articularán para alumbrar un concepto en forma de neologismo.
Esto incluye considerar una semántica de los tiempos históricos que ayudó a expresar
una filosofía de la historia producto de las lógicas de la Sattelzeit y vinculada al
surgimiento de la noción de progreso.
Por otra parte tomaré ciertos elementos del contextualismo para subsumirlos en
el marco teórico de la historia conceptual, con el objetivo de desarrollar un tipo de
estudio para el que ninguno de los dos enfoques fue a priori diseñado y que puede
contravenir algunos de sus postulados. En las conclusiones haré balance de las
imp licaciones de esta decisión. Pero en lo que se refiere a la materialización de los
presupuestos de esta adaptación teórica, mi tesis se basa en las siguientes proposiciones:
El Destino Manifiesto surgió como un concepto político de la pluma de
O’Sullivan. Pero no se trata de un concepto político fundamental, ya que ni es
insustituible, ni sufrió un grado de contestabilidad que le llevase a convertirse en un
significante vacío, tal y como les suele ocurrir a los conceptos políticos fundamentales.
Ahora bien, el Destino Manifiesto en tanto que concepto articula una pluralidad
de elementos, teorías y fundamentos cuya síntesis sólo es posible como resultado de su
uso y aplicación dentro de un discurso más amplio que lo pone en interconexión con los
elementos que lo van a conformar. Esto supone que el concepto habita en una red
conceptual más amplia que lo significa por afinidad y por oposición. En este sentido,
dicha red será entendida como una constelación conceptual que produce consensos y
certezas en el discurso político, que es lo que Pocock ha definido como un paradigma, y
que en mi estudio se sustanciará como el paradigma jeffersoniano-agrarista movilizado
por la ideolología del jacksonianismo, fruto de la cultura romántica decimonónica
estadounidense.
Per o esta red de sentido no permanece estática, sino que se moviliza y adapta a
las circunstancias del debate político. De esta manera el paradigma transita al discurso y
en el discurso los conceptos aterrizan, interactúan y se definen. Esta unidad de

117

estos conceptos-doctrina, conceptos políticos fundamentales, contraconceptos
asimétricos, o cualquier otro tipo de concepto. 160
Lo definitorio de los conceptos-doctrina es su función paradigmática. Esta
cualidad de los conceptos-doctrina es el resultado de dos atributos suyos que son la
enmarcación doctrinal y la canonización doctrinaria. Y el resultado de esta
particularidad es que dichos conceptos sirven para aglutinar y organizar toda una serie
de elementos discursivos y referenciales desde los que generar una cosmovisión.
Como expuse en el capítulo anterior, todos los conceptos están compuestos por
una pluralidad de elementos sin los cuales el concepto perdería su inteligibilidad. A
través de un ejemplo tomado de Koselleck consideré el concepto de Estado que estaría
compuesto por muchos atributos, entre ellos: “poder, territorio, ciudadanía, legislación,
jurisprudencia, administración, impuestos, ejército”…, etc. Este tipo de pluralidad es
común a todos los conceptos, y se encuentra también en los conceptos-doctrina. Pero
este conjunto de características no constituye una cosmovisión, pues no funda un
imaginario social al modo de los paradigmas descritos por Pocock, sino que establecen
un sentido concreto a través de la combinación de distintos elementos.
Esta es una distinción sutil pero estratégica, pues hay conceptos que en la
sobriedad de su unidad léxica, en la brevedad morfológica de la palabra o del sintagma
en que el significante se personifica, existe encapsulado mucho más que un significado.
Estos conceptos articulan todo un conjunto de axiomas, creencias, postulados, reglas,
formas de entender la vida, historia, mitos…, etc. Los conceptos-doctrina no s ólo
transmiten un significado, sino que también trasmiten una cosmovisión conceptual, que
es un vago conj unto de imágenes y de principios heredados de la tradición (canon) y
racionalizados por los marcos discursivos (morfología conceptual + paradigmas) en los
que todo sujeto está inserto.
La razón por la que estos conceptos son diferentes se relaciona con los cuatro
atributos de la modernización del lenguaje descritos anteriormente, especialmente el de
la ideologización.
Cuando expliqué la característica de la ideologización expuse que el lenguaje
sufrió con la modernidad un proceso de abstracción que dio como resultado los
singulares colectivos. Esto es lo que explica Koselleck. Sin embargo no es la única
consecuencia producto del fenómeno de la ideologización. Un resultado bastante
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
160 Esta s categorías no son ex cluyentes e ntre sí y un m ismo con cepto pue de participa r de varias.

118

evidente de este proceso que Koselleck no contempló fue la tendencia a la
doctrinalización lingüística. Todos los conceptos politizados a partir de la Sattelzeit se
comenzaron a comprender englobados y codificados a través de marcos de referencia
más amplios que bien pueden ser ideologías, religiones, movimientos culturales, teorías
sociales, o cualquier otro marco de comprensión y organización discursiva. En esencia,
el vocabulario politizado no permanece en un vacío desarticulado, sino que tiende a
subsumirse y organizarse en conjuntos de ideas mayores para ser interpretado
Y estos conjuntos ideacionales más amplios necesitaron a su vez expresarse a
través de conceptos que debían dar cuenta ya no sólo de su significado, sino también
del horizonte de sentido que permitiría incorporar al resto de conceptos en una
cosmovisión específica y relativamente coherente.
3.1 Las cosmovisiones conceptuales y la gestión narrativa de los prejuicios
Los conceptos-doctrina son puntos de referencia conceptual reconocidos por una
comunidad de hablantes que ayudan expresar un conjunto complejo y en ocasiones
contradictorios de ideas. Estos conceptos sintetizan y transmiten una pluralidad
semántica e ideacional gracias a las cualidades de la enmarcación y de la canonizacón.
Entender en qué consisten estas dos cualidades supone un paso importante para
comprender cómo se conforman su unidad semántica básica, las cosmovisiones
conceptuales.
Las cosmovisiones conceptuales son alegorías imprecisas que nuestra mente
genera para traducir una fracción representativa del vasto conjunto de sentido contenido
potencialmente en un concepto-doctrina y que a efectos de la representación de su
contenido actúa como un tipo ideal . Jan Assmann propuso que las personas no vivían
sólo en países distintos, sino también en mundos conceptuales distintos, universos
simbólicos que cobran contornos claros, estables y vinculantes alrededor de las
instituciones y comunidades políticas en las que las personas habitan. Las
cosmovisiones conceptuales en tanto que tipos ideales permitirían articular los distintos
conceptos en el discurso social ofreciendo una matriz de sentido convencional desde la
que discriminar entre los distintos sentidos potenciales de un concepto al establecer
afinidades electivas entre las palabra y el imaginario social específico. A este respecto

119

hay que diferenciar entre el tipo ideal como herramienta cognoscitiva con respecto al
tipo ideal alegórico no racionalizado de las cosmovisiones conceptuales. 161
Max Weber en su artículo “La ‘objetividad’ cognoscitiva de la ciencia social y
de la política social” en 1904 definió el tipo ideal como una estrategia y herramienta
espistemológica. Este actuaría como un concepto límite con el que esclarecer
determinados elementos significativos del contenido empírico del que se intenta dar
cuenta. El tipo ideal por tanto no debe confundirse con la compleja realidad histórica
que se intenta explicar, sino que resulta en una representación estilizada que actúa como
una herramienta con la que identificar y resaltar ciertos elementos fundamentales que el
investigador considera relevantes. Esto hace del tipo ideal un constructo conceptual
fabricado de manera deliberada con el objetivo de aislar ciertos elementos de un
fenómeno complejo para poder reflexionar sobre ellos, compararlos, encontrar
conexiones y llegar así a conclusiones fundadas. 162
A partir de esta estilización es posible identi ficar desviac iones en los casos
concretos con respecto a la he rramienta de investigación. No porque se deba falsear el
tipo ideal para comprobar su pertinencia, sino porque nos permite postular una teoría a
modo de imputación causal para explicar porqué los fenómenos en su realidad plural
concreta no son ni se comportan como a priori podría considerarse. Se podría criticar y
rechazar el uso del tipo ideal por el hecho de tratarse de un constructo teórico del
investigador. Sin embargo todo hablante utiliza tipos ideales, el problema no estriba en
su existencia, sino en si estos están racionalizados o no. 163
Esta otra modalidad de tipo ideal de la que habla Weber son abstracciones a
modo de prejuicios con los que operamos para simplificar la realidad y poder actuar y
pensar sobre ella. En este sentido, operan igual que los tipos ideales fabricados por el
investigador, pero con la diferencia de que al no estar reflexionados y problematizados
nos impiden hacernos conscientes de las implicaciones de su carga de sentido. Lejos de
ayudarnos a comprender los fenómenos de la realidad, estos tipos ideales no
racionalizado nos guían involuntariamente a modo de prejuicios por regiones de sentido
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
161 E l c o n c e p t o - doctrina es por tanto una forma concept ual concr eta de lo que N iklas Luhmann ha
teorizad o como u n medi o de comu nic ació n , cuya f unción co nsiste en tr ansm itir una complejidad reducida.
Nikl as Luhmann, Poder ( B a r c e l o n a : E d i t o r i a l A n t h r o p o s , 1 9 9 5 ) , p p . 1 0 - 11, 16. Jan A ssmann,
“Redefinición del concepto de ‘teología política’”, Poder y salvaci ón: teol ogía y polí tica en el antig uo
Egipto , Isr ael y Europa (M adrid: Abada editores, 2015), p. 11.
162 Weber , Ensayos sobre metodo logía sociol ógica , pp. 89 - 97.
163 Ibíd , pp. 89 - 97.

120

sobre las que no podemos pensar críticamente, volviéndonos rehenes de nuestras
palabras y preconcepciones.
Esto enlaza con las reflexiones de Gadamer en Verdad y Método sobre la teoría
de los prejuicios desarrollada por la ilustración. Problemática la de los prejuicios que el
proyecto de la razón pretendía erradicar. Para Gadamer los prejuicios no podrían
superarse (en contraste con la perspectiva ilustrada) sólo suspenderse temporalmente
bajo ciertas circunstancias. En algunos casos los prejuicios pueden estimularse en el
encuentro con la tradición para ayudarnos a sentirnos interpelados por las preguntas que
esta nos plantea, y de esta manera lanzarnos a intentar comprender elementos que se
encuentran mediados por la distancia del tiempo. En este momento los prejuicios que
nos conducen a este estado de cuestionamiento se convierten en prejuicios positivos (o
legítimos), pues posibilitan el conocimiento y pueden dar lugar a la suspensión temporal
de los prejuicios en general (que no a su superación). 164
Pero junto a estos prejuicios legítimos que estimulan la comprensión existen
prejuicios que la dificultan por medio de dos sinergias: los prejuicios por precipitación ,
que se producen por un error en el uso de la propia razón al derivarnos a una conclusión
falaz por medio de una cadena errónea de silogismos. Y por otra parte se encontrarían
los prejuicios por autoridad , resultado de no llegar a utilizar la razón propia por la
confianza en un planteamiento externo que consideramos legítimo en sí mismo. 165
Los tipos ideales no racionalizados que se conforman desde las cosmovisiones
conceptuales resultan operativos porque actúan mediante prejuicios de autoridad, y por
lo tanto generan certidumbres. Estas certidumbres son producto de una simplificación
de la complejidad y las contradicciones que habitan en todo concepto-doctrina y en el
fenómeno al que hacen referencia. Pero esta complejidad resulta anulada mediante su
gestión ideal y discursiva a través de las cosmovisiones, que al condensar
alegóricamente un conjunto de elementos los vuelve narrativamente comprensibles y
movilizables sin necesidad de invertir un gran esfuerzo en su reflexión y comprensión,
haciéndolos parecer una unidad natural y aproblemática.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
164 Gadamer, Verd ad y mét od o , p. 369. A e ste respe cto Toc queville en La dem ocracia e n América
considera que los p rejuici os son una pauta de la psicología h umana que se refuerza con el p apel q ue
conforma la prensa en la formación de la opinión pública, y com o asidero principal de las convicciones:
“El hom bre cree firmemente porque acepta sin profund izar. Duda cuan do se le pres entan objecion es. A
menud o consi gue re solv er tod as sus dudas, y enton ces empi eza de nuevo a cre er. Esta ve z no capt a la
verdad por azar y en las tinie blas, sino que la ve cara a cara y marcha directamente hacia su luz”.
Tocquevi lle, La democracia en América , p. 364.
165 Ibíd . pp., 344 - 346. En realidad t odas las falacias lógicas conducen a algún ti po de prejui cio.

121

Podemos generar estas cosmovisiones conceptuales en nuestra mente porque
pertenecemos a una comunidad de hablantes que participa de múltiples paradigmas
lingüísticos y tradiciones discursivas que se movilizan, interactúan y transforman en el
debate público.
Pe ro el pensamiento para s er operativo y servir como herramienta de
comunicación necesita ser movilizado por medio de un discurso (oral o escrito), que no
existe como locución de un agente puro o flotante en un vacío abstracto,sino que se
presenta enmarcado en un complejo narrativo que permite interconectar distintos
conceptos para estimular su bagaje semántico, ayudando así a conformar nuevas ideas y
asentar viejas suposiciones. Los contextos lingüísticos y sociales son dos dimensiones
del marco, pero el proceso de enmarcación tiene una lógica propia que en la modernidad
requiere de la interacción entre ideologías y paradigmas lingüísticos a la hora de
establecer el contenido de los conceptos en general, y que traen consigo la necesidad de
formular los conceptos-doctrina.
3.2 La cualidad enmarcadora de los conceptos-doctrina:
La enmarcación se produce debido a que en la modernidad las luchas políticas se
vehiculizan a través de la competición entre diversas ideologías que pugnan por lograr
la hegemonía de su cosmovisión sobre el resto.
En este sentido y siguiendo a Lakoff, las cosmovisiones pueden entenderse
como marcos de pensamiento vehiculizadas por el discurso. Estos marcos mentales
actúan como estructuras con los que organizar nuestro modo de ver el mundo, una
suerte de inconsciente cognitivo que pone en relación todas las palabras en base a un
sentido, sirviendo así como límites referenciales que interconectan los conceptos entre sí
y condicionan su lógica semántica. El lenguaje activa los marcos, por lo que es en su
movilización en la confrontación discursiva como se hacen patentes, se validan o
cambian, y por ende el discurso se relaciona con los marcos de las cosmovisiones
dinamizándolas y sirviendo de vía para su alteración o preservación. 166
El proceso de enmarcación para Lakoff supone elegir el lenguaje y los conceptos
del marco propio para imponérselos a tu adversario, y de esta manera forzarle a debatir
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
166 Ge o r ge La k o f f, No pi enses en un elefa nte : len guaje y deba te político (Madrid: E ditorial Complute nse,
2007), p. 4.

122

con los presupuestos de tu visión del mundo como medio para lograr la hegemonía en el
debate. 167
Pero esta visión del proceso de enmarcación es demasiado instrumental y supone
que el agente de un acto de habla tiene un conocimiento y control sobre los
presupuestos de su paradigma discursivo que muy raramente se presenta en la contienda
política concreta. Por otra parte ignora que el proceso de enmarcación no sólo se da en
el debate contra un contendiente como resultado de la producción de discurso, sino que
además es un proceso básico en la conformación de la coherencia del marco propio.
Esto se debe a una distinción entre marco y sentido común que Lakoff plantea para
separar la formación de pensamiento propio con respecto a su movilización en el
discurso mediante la enmarcación. P ero a mi juicio este es un proceso que
analíticamente se puede diferenciar como momentos separados, pero que opera bajo las
mismas premisas, pues pensar es dialogar y debatir con uno mismo, y por lo tanto es
también un acto discursivo y de enmarcación.
Es necesario aclarar que aunque juzgue inadecuada la perspectiva instrumental
del discurso en Lakoff, no rechazo que en la contienda política se pueda hacer un uso
instrumental del lenguaje para imponer los marcos propios. El lenguaje puede
instrumentalizarse pero sólo hasta cierto punto, pues existe un límite al grado de
consciencia que el hablante puede adquirir en los actos de habla concretos, así como del
grado de conocimiento que puede tener sobre los elementos que constituyen los marcos
discursivos que organizan su pensamiento. En ocasiones concretas, sobre todo en el
medio escrito, el hablante puede racionalizar su discurso mediante recursos de
sistematicidad y narratividad para ejercer un control sobre el lenguaje. Ahora bien, el
hecho de que el hablante intente controlar el marco de sentido de su acto comunicativo
queda lejos de posibilitar definir el acto de habla en base a una racionalidad
instrumental, pues existen muchos más elementos en juego, y el carácter simbólico del
lenguaje supone una mediación necesaria para lidiar con la complejidad del mundo que
añade un grado de indefinición a las representaciones discursivas que resulta difícil de
salvar. Esto hace que los actos de comunicación y el lenguaje no puedan ser concebidos
como “herramientas” que blandir a plena voluntad contra otros.
Esta misma cuestión Lakoff intenta resolverla a través del sentido común , para
exponer lo que en el apartado anterior expliqué a través de las cosmovisiones
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
167 Ib íd ., p. 7.

123

conceptuales y el problema de los prejuicios: la mayoría de los actos de habla y
pensamiento suceden demasiado deprisa y a la ligera como para reflexionar sobre la
mayor parte del contenido del lenguaje, por lo que predominan significados
convencionales sobre los planteamientos originales, críticos o propios. Y es
precisamente por este motivo por lo que es necesaria la enmarcación, para poder
gestionar y articular el lenguaje mediante matrices generales de sentido que permitan un
uso fluido y natural de significados no racionalizados pero operativos. 168
Lakoff considera a su vez que pensamos a través de conceptos, pero sin ser
conscientes de todo el contenido semántico contenido en ellos, o de cómo se
interrelacionan entre sí. En este proceso no solamente dejamos de movilizar una gran
parte de su potencial semántico, sino que además nos lleva a pensar a través de
metáforas conceptuales que producen un proceso metonímico por el cual concebimos un
dominio de la experiencia en términos de otro, generando así vinculaciones que no son
necesariamente lógicas pero sí muy efectivas en su capacidad comunicativa. Este
razonar en términos de metáfora no es solamente una fuente de novedad semántica sino
que además conlleva al peligro expuesto por Gadamer de la formación de prejuicios por
precipitación , que se suman a los prejuicios de autoridad contenidos en los marcos y
que pasan a través de estos a las cosmovisiones. 169
Lakoff resulta un autor interesante por plantearse seriamente el problema de los
marcos discursivos y los procesos de enmarcación, pero sus presupuestos
epistemológicos me resultan problemáticos pues intenta explicar un problema de
representación discursiva en términos neurológicos. Los conceptos se encontrarían
“incrustados” en la sinapsis cerebral, por lo que si el significado percibido no se
corresponde con el albergado en la sinapsis, el cerebro lo desdeñaría. 170 .
No hay duda de que todo proceso intelectivo viene procesado por una actividad
neurológica que lo sustenta, y que todo pensamiento o acto de habla puede medirse y
traducirse por medio de técnicas neurocientíficas. Pero intentar explicar la producción
intelectual y de discurso de esta manera es ignorar el plano simbólico en el que
operamos como vía de doble sentido para traducir las interacciones electroquímicas de
nuestro cerebro en semántica e imaginarios sociales. Por lo tanto su teoría de los marcos
requiere de una mediación que incorpore el plano simbólico. El enfoque conceptual de
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
168 George Lakoff, Moral Poli ti cs: How Lib era ls and Con ser vat ive Thin k ( C h i c a g o : T h e U n i v e r s i t y o f
Chica go Pr ess, 2002) , p p. 4 -5.
169 Ibíd, pp. 6 - 7. Gadamer , Ver dad y métod o , p. 344.
170 Lakoff, No pie nses en u n el efant e , p. 16.

124

las ideologías de Michael Freeden supone una propuesta perfecta para comprender el
fenómeno de la enmarcación desde una perspectiva simbólica del lenguaje.
El proceso de enmarcación presupone que elementos externos a un paradigma
son incorporados dentro de un nuevo marco de sentido desde el que operarán
subsumidos bajo unos ciertos axiomas fundamentales. En todo este proceso las
ideologías proveen el marco general desde el que se articula toda la red de sentido.
Denomino a la ideología como marco porque en la política moderna todo
pensamiento se vehiculiza a través de estas redes de sentido. Las ideologías son el
medio más efectivo en la modernidad para establecer postulados políticos y
despolemizar el lenguaje. Esto es así porque todo acuerdo y polémica, toda acción y
declaración necesitan imbricarse en un contexto de sentido que no es unívoco, evidente
y dado. Los marcos de interpretación de lo político y la política en las sociedades
modernas son las ideologías, que como ha explicado Michael Freeden se trata de un
conjunto de creencias conscientes e inconscientes, conformadas a través de
combinaciones de conceptos que se organizan de una manera específica mediante una
morfología conceptual. 171
La ideología como morfología articularía:
Un con junt o de idea s, creenc ias opini ones y val ores que 1. Mues tra un pat rón recurr ent e; 2. Es
seguida por grupo s relevantes; 3. Compite por la form ulación y el control de planes e n materia
de políticas públicas; y 4. Lo hace con el fin de justificar, oponer o cambiar las bases y los
acuerdos sociales y polí ticos de una comunidad política. 172
El enfoque de Freeden resulta pertinente para la problemática propuesta porque
su aproximación conceptual por medio del enfoque morfológico posibilita entender los
procesos de formación del pensamiento centrándose en sus elementos básicos, los
conceptos. Esto ayuda a estudiar las declaraciones y teorizaciones sin necesidad de
recurrir a la disyuntiva sobre la veracidad o falsedad de la consciencia de los sujetos,
pues de hecho este es un dato irrelevante, ya que su aproximación puede aplicarse a
todo tipo de consciencias. Por lo tanto permite comprobar cómo se genera y circula el
pensamiento político entre actores e instituciones heterogéneos, pues todos acuden y
polemizan a través de los conceptos mediante la confrontación ideológica en el
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
171 M i c h a e l F r e e d e n , Ideologies and P olitical Theory : a Co nceptual Ap proach ( O x f o r d : O x f o r d
Unive rsi ty Pres s, 1996) , p p. 3, 48, 75 - 77.
172 M i c h a e l F r e e d e n , Ideolo gía: una breve intro ducción ( S a n t a n d e r : E d i c i o n e s U n i v e r s i d a d C a n t a b r i a ,
2013), p. 54.

125

discurso. Por otra parte, permite pensar el fenómeno de la enmarcación considerando la
manera en que una ideología gestiona su morfología conceptual. 173
Según Freeden los conceptos políticos no adquieren su significado únicamente a
través de la acumulación discursiva en la tradición, o mediante el contexto cultural.
También resultan fundamentales los procesos de significación de un sentido concreto
para el vocabulario por la posición que ocupan los conceptos dentro de un cluster de
nociones políticas. Este cluster conceptual es la ideología como morfología, que conecta
como si fuera una red distintos conceptos, generando así una interacción ideacional que
acota el significado potencialmente ilimitado y contestable de las nociones políticas,
produciendo de esta manera un doble proceso de enmarcación y resignificación
conceptual. 174
Esto es posible gracias a que los conceptos cuentan con una estructura
morfológica que es potencialmente modificable. Pero esta potencial alteración del
significado de los conceptos no resulta arbitraria gracias a la existencia de unos
componentes no eliminables presentes en todo concepto que conforman su núcleo de
significación, que si bien pueden variar, no puede transformarse completamente en el
corto plazo sin que colapse la cualidad explicativa del concepto. Junto a estos
componentes no eliminables se encuentran toda una serie de significados circustanciales
que varían más rápidamente debido a que el cluster conceptual es un ecosistema ideal.
En él los conceptos interactúan entre sí añadiendo capas de significación, o incluso
transformando su significado y el de los conceptos con los que se emparentan y ligan. 175
Existen dos tipos de interacción potencial dentro del cluster . La interacción por
adyacencia lógica y por adyacencia cultural. La primera es el resultado de la afinidad y
cercanía que se da en el campo de significación de los elementos básicos no eliminabl es
de dos conceptos. El hecho de que dos conceptos hagan referencia a cuestiones que en
un ámbito lingüístico dado sean cercanas o equivalentes potencia la posibilidad de que
un hablante los relacione. La segunda modalidad de interacción se refiere a un tipo de
vinculaciones denominada por Freeden como “cultural” y que resulta arbitraria desde un
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
173 Freeden, Ideologies and Poli tical Th eory , p p. 15 - 16, 21 - 23, 48, 123 - 124. Desde mi per spec tiva las
ideolog ía n o g e n e r a n u n p r o b l e m a d e f a l s a c o n c i e n c i a , y a q u e l a c o n s c i e n c i a n o e s n i v e r d a d e r a n i f a l s a ,
sino que puede ser crítica o acrítica, en base a cómo esta se relacione con los p rejuicios. A sí como por la
capacidad q ue tenga un sujeto o colecti vo de establecer un distanciamiento con las preconcepciones que
articulan sus co smovisiones, y de esta manera establecer un diagnóstico sobre los fundam entos materiales
que condi cionan su vida , su capacidad pa ra cuestiona rse en qué med ida ejercen do minación o son
explotados, o la nat uraleza y el grado de aut onomía y heteronomía en que se desarrolla su existencia .
174 Ibíd . 4, 48, 54 - 55, 61 - 62.
175 Ibíd. pp 62 - 67.

126

punto de vista lógico o de la cercanía en el campo lingüístico, pero que sin embargo se
produce bien porque en una cultura en cuestión se considera que los ámbitos de
experiencia de los dos conceptos se encuentran relacionados, bien por una decisión
arbitraria del hablante que responda a una necesidad circunstancial de construir ideas
para fundamentar los presupuestos de su ideología sin atender a una afinidad lógic a. 176
Estas interacciones conceptuales posibilitan que las ideologías operen como un
patrón de ideas que intenta maximizar la determinación de los conceptos, para así poder
decontestarlos y controlar su significado. Inspirándonos en Weber podemos decir que
las distintas ideologías compiten entre sí por el monopolio del sentido legítimo de los
conceptos. 177
Para poder llevar a cabo esta operación de determinación del sentido no basta
con que los conceptos interactúen entre sí aleatoriamente. Las propias ideolog ías se
organizan a través de una morfología conceptual donde los conceptos ocupan distintos
lugares desde donde se relacionan.
Existen por una parte conceptos nucleares que dotan a las ideologías de una
matriz de significados fundamentales que las hacen distinguibles. Por otra parte existen
conceptos adyacentes, que son aquellos que se vinculan (bien por adyacencia lógica,
bien por adyacencia cultural) al núcleo ideológico para dotar de contenido programático
y teórico a la ideología. Y en último lugar existe una periferia conceptual compuesta por
un margen y un perímetro. El margen son aquellos conceptos secundarios para el
núcleo, y el perímetro está compuesto por aquellos conceptos que sin f ormar parte
enteramente de la morfología, entran en la misma por las necesidades polémicas que la
ideología pueda tener con otra ideología rival que utilice dichos conceptos en un
momento histórico dado. 178
Aquellas ideologías que permiten una interacción fluida entre su núcleo y la
periferia se denominan ideologías abiertas, pues priman su adaptabilidad histórica con
respecto a la pureza doctrinal. Mientras que las ideologías dogmáticas tienden a aislar su
núcleo con respecto a los conceptos extraños a su tradición, permitiendo una menor
interacción con la periferia conceptual, lo que se traduce en doctrinarismo y en muchos
casos en obsolescencia ideológica. 179
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
176 Ibíd . pp. 68 - 71.
177 Ibíd . pp. 75 - 77. Freeden, Ideología: un a breve introducc ión , p. 80.
178 Freeden, Ideologies and Political T heory , pp. 77 - 80.
179 Ibíd . 81.

133

manera bidireccional, reorganizando la información que tenemos sobre ambos con el fin
de dotar de un sentido al presente. 183
El canon se convierte así en una forma de relato que permite la gestión
consciente del recuerdo y el olvido social, lo que le convierte en una herramienta de
poder. A través del canon se puede ejercer un control sobre las esclusas de la memoria
colectiva, imponiendo un criterio para discernir qué elementos son relevantes recordad y
cuáles es mejor olvidad. De esta manera el canon sirve para legitimar el status quo y las
relaciones de poder existentes, pues mediante un control de la memoria colectiva el
poder no sólo usurpa el pasado, sino también el futuro. Controlando el relato sobre el
pasado el poder presente se legitima retrospectivamente y se perpetúa
prospectivamente. 184
Por otra parte el canon surge como un intento de gestionar el problema de la
discontinuidad producto del paso del tiempo, que resulta en uno de los mayores desafíos
a la hora de dotar de sentido a los proyectos sociales. Expuse a través de la teoría de
Freeden que la morfología conceptual de las ideologías es uno de los mecanismos
fundamentales a la hora de producir y preservar formaciones de sentido a través de la
interacción conceptual. Pero esta interacción conceptual no se da en un vacío temporal,
sino que se produce dentro de procesos históricos concretos, lo que supone la existencia
de un legado que condiciona el punto de partida de la interacción de todos los
conceptos, y apunta a su vez a una posteridad a la que toda formación conceptual se
encamina.
El problema de la posteridad Assmann lo plantea ligado a la figura de los
horizontes de sentido , cosmovisiones que posibilitan un consenso básico sobre el
significado de la acción social en clave temporal. El hecho de que sea un horizonte
supone un límite habilitante, en donde sentido significa tanto contexto como dirección,
que son las coordenadas de espacio y tempo de la acción social. Pero estas categorías
tan abstractas de contexto y dirección necesitan concretarse narrativamente para ser
operativas. Esto se consigue a través de ficciones de coherencia , relatos que ligan lo
espacial a lo temporal, y con ello ayudan a dotar de sustancia el sentido que marca el
horizonte de la acción social. 185
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
183 Ibíd., p p . 42 - 43 .
184 Ibíd., p. 20 , 68 - 70.
185 Assmann, Egipt o: hi stori a de u n sent ido , pp. 12 - 13.

134

El canon es una manera de desarrollar estas ficciones de coherencia , pues
plantean el legado como una línea sin fisuras que borra las discontinuidades,
enfatizando la idea de que la tradición de la que alguien se reclama parte ha conseguido
vencer la acción entrópica del tiempo, permitiendo así ligar el hoy con el ayer, y
ofreciendo con ello un relato de legitimidad vinculado al éxito de la permanencia. Las
ficciones de coherencia son por tanto los elementos narrativos que dotan de contenido
retórico al canon, que a su vez los articula como una estructura de permanencia
temporal.
Si para las ideologías la unidad básica son los conceptos, para el canon el
elemento referencial básico es la memoria, que se compone a partes iguales de recuerdo
y olvido. La memoria para Assmann opera a distintos niveles que se entrecruzan
inextricablemente. A nivel individual como recuerdo y olvido de las experiencias
individuales, que al acontecer en sociedad se vinculan a procesos que trascienden al
individuo, pues el individuo se recuerda como parte de un grupo. Este es el carácter
colectivo de la memoria que teorizó Maurice Halbwachs. A ssmann plantea a este
respecto que los colectivos no tienen memoria, pero condicionan la memoria de sus
miembros, que sólo pueden rememorar en colectividad y en referencia a la misma. La
memoria tanto para Assmann como para Halbwachs es un marco del recuerdo, que filtra
lo que merece ser recordado y lo que merece ser olvidado en base al sentido dominante
de la cultura, lo que a su vez condiciona qué tipo de cánones se formulan en cada
momento histórico. 186
A este respecto David Lowenthal intenta sortear el problema entre carácter
personal y colectivo de la memoria proponiendo que el recuerdo e s una forma de
conciencia enteramente personal, pues hace referencia a experiencias particulares que
suceden a personas concretas. Desde una perspectiva cuantitativa, la mayor parte de los
actos de recuerdo son intro sp ecciones personales, pero estos se vuelven colectivos al
compartirse. 187
Compartir recuerdos es una parte fundamental de la constitución de la identidad
personal y colectiva. Al compartir recuerdos nos hacemos consciente de la parcialidad
de nuestra memoria, y existen aspectos de nuestra experiencia vital de las que no somos
conscientes, bien porque no contábamos con las capacidades cognitivas para poder
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
186 Assmann, Histori a y mito…, p p . 3 7 - 38; M aurice Halbwachs, La memoria col ectiva ( B u e nos Aires:
Miñ o y Dá vi la ed it or es, 2011), p. 94.
187 David Low e nthal, The Past is a Foreign Country ( C a mb r i d g e : C a m b r i d g e Un i v e r s i t y P r e s s , 1 9 8 5 ) , p p .
194 - 195.

135

transmutar nuestra experiencia en recuerdo (caso de los bebés, niños pequeños o
pacientes comatosos), bien porque no estábamos presentes en algún evento relevante
para nuestra vida y necesitamos que otros compartan su memoria para rellenar los
vacíos de la nuestra. El ser humano en tanto que ser social desarrolla una existencia en
colectividad que supone espacios de memoria que quedan vacíos porque nuestra
experiencia vital excede los límites de nuestra presencia corpórea inmediata, por lo que
es necesario en última instancia comunicar los recuerdos y que otros hagan lo propio
para completar los vacíos que constantemente se forman en la memoria individual por la
toma de consciencia de una realidad siempre mayor a nuestra experiencia inmediata. De
esta forma la memoria que en primera instancia se nos presenta como una experiencia
individual, tiene la necesidad de compartirse y deviene en colectiva. 188
Pero la memoria individual y colectiva no son cánones, aunque generen
unidades de sentido mediante un relato que conecta distintos momentos temporales. Sin
embargo la memoria es la materia prima con la que se construyen los cánones. Si las
ideologías son morfologías que gestionan sus unidades básicas (los conceptos), el canon
es a su vez un relato que permite gestionar la memoria dotándola de un sentido social
que posibilite discernir entre lo que merece la pena recordar y aquello que debe ser
olvidado. Este proceso se lleva a cabo a través de los “mnemotopos”, que Assmann
define como textos topográficos de la memoria cultural. Se trata de figuras
mnemotécnicas mediante la especialización de la memoria en “lugares del recuerdo”.
Estos pueden ser f ísicos (monumentos, obras pictóricas el paisaje simbolizado), o
narrativos, a través de la rememoración ritual de los eventos históricos, los recuerdos
míticos o la doctrina. Este conjunto de elementos componen un sentido social que
ofrece un criterio colectivo para discernir entre lo que es valioso recordar y lo que no. 189
La clave estructural del canon no reside en una morfología, como en el caso de
las ideologías, sino en la genealogía. La morfología tiene por objetivo gestionar la
sincronización de elementos distintos para posibilitar su interacción y enmarcación. La
genealogía, por el contrario, genera una enmarcación de lo temporal mediante la gestión
de la diacronía, dotando de sentido a una sucesión de elementos que se intenta conectar
más allá de la distancia temporal y sus filiaciones objetivas.
Pero tal y como teorizó Lowenthal, la identidad no se elabora mediante una
secuencia memorística, sino que requiere constituir una red unificadora de
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
188 Low e nthal, The Pas t is a Forei gn Country , pp. 196 - 197.
189 Assmann, Hi stor ia y mi to…, pp. 58 - 59.

136

retrospección, por lo que el canon en tanto que genealogía no se limita a vincular
mecánicamente una sucesión diacrónica de elementos, sino que debe inventar un sentido
unificador que ejerza de función explicativa y naturalice la genealogía, invisibilizando
así su carácter artificial y retrospectivo. 190
En esto consiste el proceso de enmarcación canónica que denomino como
canonzación . Assmann considera que la canonización “no es un destino casual de la
recepción, sino la culminación o el rescate de una potencia aplicada en la obra por el
rigor formal y la vinculación a la regla”. La noción de canonización retrotrae a su
significado tradicional, en donde canon hacía referencia a los textos consagrados y
aceptados por la tradición religiosa y la canonzación a la incorporación de figuras santa s
o mártires que constituían una comunidad de referencia y emulación para la comunidad
cristiana. La s ecularización de esta visión del canon y de la canonización no pierde del
todo su fundamento teológico que hace del canon un referente que impone un relato de
sentido y del proceso de canonización una selección de figuras ejemplares que marcan
una regla de seguimiento y emulación. 191
Los conceptos-doctrina canonizan por medio de su semántica temporal. Como el
resto de conceptos, estos articulan dentro de sí estratos temporales múltiples de espacios
de experiencia y horizontes de expectativa. Puesto que el concepto-doctrina es la
expresión conceptual de un conjunto de ideas, creencias o principios que están
considerados como una unidad programática, la pregunta sobre qué elementos del
pasado forman parte de dicha unidad se encuentra siempre presente, lo que implica la
necesidad de marcar los límites de la tradición, y constituir una lógica de sentido en
clave temporal que ayude a articular una semántica política.
La cualidad de canonizadora de los conceptos-doctrina se produce a través de la
constitución de una comunidad de referentes históricos que son subsumidos por el
concepto y depositados en los paradigmas ideológicos que están contenidos en la
ideología del concepto-doctrina en cuestión. De esta manera, desde un punto de vista
sincrónico el canon queda contenido en los paradigmas que despliegan narrativamente
los referentes históricos que vistos diacrónicamente constituyen un canon. La
movilización de referentes por medio de la narratividad es lo que les conecta y pone en
común a estos constructos ideales.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
190 Lo w e nthal, Th e Past is a For eign Count ry , pp.
191 Assmann, Hi stor ia y mi to , pp. 101, 106, 109 - 110.

137

De esta manera los conceptos-doctrina configuran y expresan unidades de
sentido enmarcando sincrónicamente el discurso en un momento dado en competición
co n discursos alternativos, e intentando hacer prevalecer su cosmovisión mediante la
despolemización y significación de los conceptos claves del vocabulario político. Esto
se produce gracias a las interacciones semánticas que se producen entre la morfología
conceptual de su ideología, y los paradigmas ideológicos que los dotan de narratividad.
Estos paradigmas ideológicos, a su vez, al desplegar una narrativa introducen en los
conceptos-doctrina la cuestión del legado y los antecedentes, lo que lleva a la necesidad
de enmarcar los referentes del pasado a través de la canonización de distintos autores,
ideas y elementos, que constituirían la tradición política subyacente a la ideología o al
conjunto de ideas que el concepto-doctrina pretende articular.
El tipo de síntesis que logra el concepto-doctrina es el de conseguir condensar un
enorme conjunto de referentes programáticos y de legado histórico en una cosmovisión
coherente que permite simplificar la compleja pluralidad de elementos que le
constituyen mediante un significado alegórico. La virtualidad de esto conceptos es que
el hablante no tiene porqué ser del todo consciente sobre el conjunto de elementos que
constituye a los conceptos-doctrina y su semántica. Pero gracias a que la cosmovisión
doctrinal trasmite al hablante significados convencionales, este puede defender
posiciones políticas y de valor sobre las que s ha constituido identidad sin necesidad de
haber llevado a cabo un proceso de racionalización crítica de los elementos
programáticos condensados en este tipo de conceptos.
El Destino Manifiesto es un concepto-doctrina cuya importancia ha residido en
su capacidad de erigirse en el concepto central a la hora de enmarcar los límites y el
sentido del discurso expansionista decimonónico americano. Y con el tiempo se ha
convertido en el canon discursivo del expansionismo ligado a una concepción
providencialista de los Estados Unidos como nación elegida. Cuando el marco
discursivo expansionista se agotó a mediados del siglo XX, el concepto de Destino
Manifiesto quedó como el máximo referente cultural del canon providencialista, lo que
le ha otorgado una supervivencia en la cultura política norteamericana que de otra
manera no habría tenido lugar una vez el concepto-doctrina pierde su capacidad de
enmarcación y canonización.

138

3.3 Características del concepto-doctrina de Destino Manifiesto
En los autores clásicos, así como en muchos de los historiadores actuales del
Destino Manifiesto se ha tendido a considerar este concepto como una ideología, como
un conjunto de ideologías, o como una doctrina.
Weinberg fue el primero en hablar del Destino Manifiesto como un conjunto de
ideas que constituirían el contenido de la ideología expansionista. Merk por su parte le
dio la vuelta a la perspectiva de Weinberg, considerando el Destino Manifiesto como la
ideología del expansionismo, aunque con la novedad de ser el primero en considerarlo
como un concepto. Sin embargo, su libro es anterior al proyecto de Koselleck y a la
historia conceptual y para Merk el concepto es un sinónimo de idea-singular haciéndose
eco de las tesis de Lovejoy: 192
Un concep to e s u n c o n j u n t o d e i d e as expresadas en sus más altos principios. Para ser aplicados
estos deben ser ater rizados [en l a r e a l i d a d ] . E s t o c o n l l e v a e l p r a g m a t i s m o b u r o c r á t i c o d e u n
despacho de Buchanan o una instruc ción de Bancroft. Finalmente se rebaja a l n i v e l d e
practici dad de un subordi nado que lo rehace completament e, indivi duos del est ilo de Fr émont. 193
Aunque anclada en una visión de lo conceptual anticuada, la reflexión de Merk
resulta interesante para señalar que un concepto y el conjunto de ideas condensado en él
tienen distintas formas de uso y aplicación por parte de diferentes tipos de actores
políticos. Esta es una característica también presente en los conceptos-doctrina,
categoría que he acuñado para intentar resolver la confusión común en los estudiosos
del Destino Manifiesto que vacilan a la hora de distinguir entre la forma conceptual
específica y el conjunto de ideas que el concepto sintetiza. Esta confusión se extiende
cuando se considera el Destino Manifiesto como una ideología, pues aunque puede
parecer que el concepto remite a un conjunto sistemático de ideas vinculadas
lógicamente entre sí, sin embargo este carece de una suficiente complejidad interna
como constructo de pensamiento para ser equiparado con lo que comúnmente
entendemos por ideología.
Los conceptos-doctrina no son ideologías, sino que se tratan de términos que
sintetizan una cosmovisión que puede ser movilizada por distintas ideologías a la hora
de posicionarse con respecto a cuestiones tan diversas como el carácter nacional de los
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
192 W einberg, Destino mani fi est o, p. 1 6 . Merk , M anifest Destiny and Miss ion , pp. VI - VII.
193 Ibíd . p. 81.

139

Estados Unidos, su política expansionista, o en lo referido al carácter excepcional de los
Estados Unidos como país ( excepcionalismo americano ).
Los usos del concepto de Destino Manifiesto en el debate político fueron
estableciendo un rango de temas y problemáticas que quedaron vinculados a este, y
aunque la realidad histórica de la experiencia nacional estadounidense fue cambiando, el
núcleo de temas y problemáticas se transmitió como un canon a través del concepto,
generando un marco discursivo diacrónico que fue recepcionado y estuvo operativo
durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. Esta canonización
discursiva no fue óbice para que el uso y significado del concepto variase en cada
hablante y época, pero tal y como propuso Freeden, los conceptos conservan un núcleo
cuya variación es muy baja en el corto y medio plazo. Esto les otorga una estabilidad en
su significado que les vuelve reconocibles por los hablantes de épocas coetáneas cuyas
claves históricas han cambiado, pero en donde se conservan aún suficientes elementos
de continuidad en el núcleo del concepto como para que este no resulte del todo extraño.
El proceso de encuadramiento sincrónico y la canonización (encuadramiento
diacrónico) es lo que permite que permanezca un núcleo coherente que muestra una baja
variación en su significado mayoritario convencional durante el corto y medio plazo.
En tanto que concepto-doctrina el Destino Manifiesto cuenta con una morfología
conceptual articulada por cuatro paradigmas discursivos que son los que estructuran su
contenido semántico, y de cuya interrelación surge la coherencia discursiva del
concepto. En este apartado no voy a desarrollar el contenido de estos cuatro paradigmas,
pues ese será el punto de llegada de la tesis, el último capítulo con el que pretendo
hacerme cargo de la unidad con la que en retrospectiva se nos presenta el concepto de
Destino Manifiesto . Los cuatro paradigmas que lo fundamentan son los siguientes:
1. El progreso como destino de una nación excepcional: el canon providencial
de los peregrinos y los fundadores.
2. La tierra de la libertad: fundamentos de geopolítica imperial e imperativo
malthusiano para la expansión.
3. Raza y ciudadanía en la nación universal.
4. La razón de Estado democrática como teología política.
Estos cuatro paradigmas pueden resultar ahora oscuros, pero la razón de esta
investigación descansa en producir un marco hermenéutico con el que acercarnos al
concepto y poder comprender, a modo de fusión de horizontes, la racionalidad narrativa
que existe en la interacción de estos cuatro paradigmas. Aunque en nuestro horizonte ya

140

se hayan perdido, todas estas cuestiones acudían a la mente de un estadounidense
cuando transmitía o recibía el concepto durante la segunda mitad del siglo XIX, y en
menor grado en la primera mitad del siglo XX .
El Destino Manifiesto en tanto que producto de la Sattelzeit es un concepto
moderno que tiene resonancias arcaicas, un concepto teológico secularizado, como
consideró Carl Schmitt en su estudio sobre el concepto moderno de soberanía . Sin
embargo el componente teológico políticodel concepto de Destino Manifiesto no es de
la misma naturaleza que los conceptos de la moderna teoría del Estado de los que habla
Schmitt. El constitucionalista alemán intentó dar cuenta de un sutil deslizamiento de
sentido que había ocurrido tras la ilustración que llevaría a concebir análogamente
elementos surgidos de la teología (como la idea del Dios omnipotente) proyectados
hacia otros conceptos seculares fundamentales para la comprensión de la teoría política
moderna (el legislador todopoderoso). A partir de este principio analógico “el estado de
excepción para la jurisprudencia sería lo mismo que el milagro para la teología”. 194
Sin negar que se hayan dado este tipo de transferencias analógicas, ese no es el
carácter que O’Sullivan como autor, o la Sattelzeit como marco de época imprimieron al
Destino Man ifiesto . En el caso de este concepto - doctrina no hay una analogía sino una
trasposición, pues se trata de un concepto de transición entre el viejo imaginario
teológico y la nueva teoría política secular. En el Destino Manifiesto y en el discurso
providencialista en el que este se encuadra los elementos retóricos religiosos se
encuentran traspuestos en una matriz de discurso político moderno. El vocabul ario
teológico es un injerto sacado de otra época, resignificado en su contenido pero
conservado en su formulación, que queda resituado en un discurso de carácter
eminentemente político e indudablemente decimonónico.
Este tipo de trasposición fue posible gracias a la transformación dela concepción
del tiempo histórico ocurrida en el periodo de 1750 a 1850. Como resultado de los
avances producidos por las revoluciones científicas del renacimiento y el barroco,
durante la ilustración se va a conforma un nuevo enf oque histórico conocido como la
filosofía de la historia. Esta alumbró la idea de progreso a través de una fusión de dos
elementos: el pronóstico y el porvenir. La noción de pronóstico sustituirá a la profecía
como forma de entender el vislumbramiento del futuro. Este ya no será el producto de
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
194 En palabras de Schmitt : “Todos los concept os centra les de la moderna teorí a del Estado son conce ptos
teológic os se cularizados . Lo cual es cierto no só lo po r razó n de su evoluc ión h istórica, en cu anto fueron
transferid os d e la teología a la moder na teo rí a del Estado, [… ] sino t a m b i é n p o r s u p r o p i a e s t r u c t u r a
semántica ” Carl Schmitt, Teolog ía Polí tica (Madrid: Editorial Trotta, 200 9), p. 37.

141

una teofanía sino que será el resultado de un cálculo racional sobre el futuro a partir de
elementos indiciales del presente. El porvenir por su parte ejerció de f orma secularizada
del referente milenarista, una visión salvífica de la historia que ha sido mundanizada por
la idea de progreso. La filosofía de la historia ayudó a alumbrar la concepción temporal
del futuro mediante la superación del referente escatológico, fundamental para la
concepción temporal cristiana. A partir de su matriz escatológica la mentalidad cristiana
antigua y medieval había concebido el tiempo de manera dicotómica, como historia
sacra (historia de salvación) y como historia profana ( saeculum ). Este último será
entendidocomo un eterno presente que se reproduciría hasta que se diera la experiencia
disruptiva del apocalipsis. El presente del saeculum se vería afectado por la acción
corruptora del pecado sobre el mundo por el cual el paso del tiempo será concebido
simultáneamente como un lento declinar y un tiempo de espera hasta la llegada del
apocalipsis y el juicio final. Desde este punto de vista la temporalidad apocalíptica será
un futuro de cierre histórico que llevará a una eternidad con Dios. 195
Pero mientras que la escatología va a suponer una irrupción del fin del tiempo en
la historia, la idea de progreso introducida con la Sattlezeit permitirá concebir el futuro
como un espacio temporal expansivo, vacío e infinito, en donde la concatenación de
adelantos científico-técnicos va a ser comprendida como un avance en las condiciones
materiales de la vida humana hacia el porvenir como un estado de perfeccionamiento
infinito en el tiempo. De esta manera la historia entendida en clave de progreso
conducirá a una idea del tiempo entendida como una superación de estadios
civilizatorios en una escala siempre ascendente. A partir de esta nueva clave temporal el
progreso ocupará parte del espacio simbólico que con anterioridad se asignaba a la
providencia, lo que no quitará para que durante un tiempo ambas ideas puedan convivir
transformándose mutuamente. 196
En este contexto va a operar un proceso de secularización, pero este no debe
entenderse como una sustitución del antiguo imaginario teológico por un nuevo
imaginario moderno. Esta podrá s er una consecuencia en el largo plazo, y con el tiempo
constituirá un elemento narrativo fundamental en el discurso sobre el proceso de
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
195 Lucian Hol scher, El desc ubrimie nto de l futuro (M adrid: Siglo XX I España, 20 14), pp. 15 - 25, 47;
Robert Nibse t, Histo ria de la idea de progreso (Ba rcelona: Gedisa , 1981), pp. 98 - 106, 114 - 117;
Kosel lec k, Futuro Pasado , pp. 31 - 32, 36 - 40, 56 - 66, 337; Koselleck, Histori a de conc epto s, p p . 9 7 , 1 0 1 -
112; Pocock, El momento maqu iavél ico , pp. 119 - 120.
196 Holsch er, El descubri miento del futuro, pp. 35 - 39, 47 - 63; N ibset , Hist oria de la idea de progreso , pp.
173 - 200, 228 - 253; Hans Blumenberg, La legitimación de la eda d moderna (Valencia: Editorial Pre -
textos, 2008), pp. 22, 38 - 39, 61, 86 - 89; Kose lle ck, Los estratos del ti empo , pp. 3 5- 37; Koselleck, Hist oria
de conceptos, pp. 10 4 - 107, 171 - 183.

142

modernización articulado a través de la filosofía de la historia decimonónica. Pero en el
momento en el que comenzó a operar el proceso de secularización se dio una
cohabitación entre distintos paradigmas que se retroalimentaron, combatieron y
transformaron recíprocamente. La emergencia de una nueva realidad histórica no podía
ser explicada ni ignorada por los viejos esquemas de pensamiento teológico, pero en la
modernidad temprana las nuevas teorías políticas sociales que surgieron alrededor de la
revolución científica y con la constitución del Estado moderno se encontraban en un
estadio incipiente, por lo que no pudieron establecer un paradigma enteramente distinto
al imaginario religioso que había dominado con anterioridad. De esta maner a el viejo
imaginario teológico va a ofrecer un repertorio simbólico y discursivo desde el que
expresar las nuevas realidades político sociales, y en este proceso la teología irá
mundanizándose para poder establecer un dialogo, o incluso combatir las nueva s
doctrinas producidas en la Edad Moderna. Esto llevará a Blumenberg a hablar de que lo
importante es comprender la “estructura de un cambio en el reparto de papeles” entre la
vieja teología y el pensamiento de la modernidad. Pero en esta dialéctica entre
mundanización de la teología y sacralización del nuevo imaginario político-social
moderno, la parte que va a ir debilitándose va a ser la vieja teología, pues esta no va
estar preparada para integrar satisfactoriamente todos los nuevos fenómenos históricos
de la modernidad en sus relatos clásicos, ni va a ser capaz de conservar el monopolio
sobre el sentido de la trascendencia social frente a los nuevos imaginarios modernos
sacralizados. 197
Conceptos como el de Destino Manifiesto van a erigirse como formas híbridas
de transición en el proceso de secularización producido durante la Sattelzeit . Se va a
tratar de una noción que servirá de bisagra entre una mentalidad tradicional muy
influida por un imaginario religioso, donde Dios seguirá siendo un elemento de
referencia ineludible, haciendo necesario mentar a la providencia para encuadrar los
acontecimientos intramundanos. Pero en donde a su vez ya está operando una
mentalidad moderna cuya filosofía de la historia no se basa en la fe sobre la acción de
una deidad providencial guiada por la gracia, sino que es una fe proyectada hacia las
capacidades del ser humano de progresar por medio de sus logros, así como por la
confianza en la capacidad redentora de la técnica, cuyo desarrollo se interpreta desde
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
197 Blumenber g, La legi timación de la edad moderna , pp. 22 - 33, 81 - 83 ; José V. Casanov a, Gen eal ogía s de
la sec ularización (Barcelon a: Anthropo s, 2012), p p. 19 - 55; Steven Shapin, “Of gods and kings: Natural
philosophy and politics in the Leibniz - Clar ke di sput es”, Isis, Vol 72 , N o. 2, ( Jun. 1981), pp. 202, 215 .

245

de motivaciones políticas y personales que se explicarán en el capítulo 12. Aún con todo
O’Sullivan no perderá nunca el interés por la Democratic Review y seguirá asistiendo a
Langtree escribiendo editoriales políticos de vez en cuando. P or lo tanto, los editoriales
escritos entre junio de 1839 y diciembre de 1840 pueden ser en igual medida de
O’Sullivan como de Langtree. El historiador John Stafford ha propuesto además que
durante la ausencia de O’Sullivan en el otoño de 1845, Evert A. Duyckinck y William
A. Jones pudieron haberse hecho cargo de la labor editorial. Pero el juez Nelson J.
Watebury (que compaginaba su carrera judicial con un empleo a tiempo parcial en el
New York Morning News de O’Sullivan) aseguró en una carta al por entonces
gobernador del Estado de Nueva York (Silas Wright Jr.) que O’Sullivan había dejado al
escritor John Bigelow al frente de la Democratic Review , si bien Bigelow negaría haber
prometido a O’Sullivan tal cosa. La Democratic Review efectivamente se publicó de
septiembre a diciembre de 1845 en ausencia de O’Sullivan, por lo que bien Duyckinck,
Jones o Bigelow debieron ser los autores de los editoriales durante dicho periodo. 357
En el artículo anteriormente citado “Criticism in America” Jones dedicó unos
párrafos a hablar de la Democratic Review , y en él ofrece una interesante información
sobre las contribuciones a dicha revista. En su artículo Jones señala que además de una
amplia gama de literatos americanos e internacionales de primera fila, en la revista
colaboran escribiendo críticas literarias Godwin, Bigelow y Duyckinck. Los editoriales
políticos corrían a cuenta de “Mr. Editor” (O’Sullivan), de quien también dice lo
siguiente: “A los cuales [a los editoriales políticos], aún así, no se restringe de ningún
modo, pues hemos podido seguirle a través de la tumultuosa narrativa de ficción, la
distinción de la crítica [literaria], cálculos estadísticos, argumentos políticos y
legislación ilustrada.” 358
Por lo tanto puede suponerse que en ocasiones O’Sullivan podría ser el autor de
algunas piezas que trasciendan la temática política, si bien su principal tarea reconocida
en la Democratic Review será escribir los editoriales políticos. Jones también hace
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
357 Fuller, The Unite d Stat es Magazine and Democratic Review , pp. 24 - 25, 40, 55 - 56. Harris, The Publi c
Carrer of John L. O’ Sullivan, pp. 86 - 90. Stafford, The Lite rary Criticism of Young Am erica, p. 6 . N elson
J. Waterbury a Silas Wright Jr. , 30 de agosto de 1846, Samuel J . Tild en Papers, New York Pub lic Li brary.
358 Jones, “Criticism in A merica”, p. 246. De acue rdo co n Full er y con las cartas de O’S ul li van a G ri swold
y Thorau, O’Sullivan también se encargaría de hacer algunas de las reseña s literari as, que entre el periodo
de 1837 a 1840 pueden ser así mismo obra de Langtree. Fuller ha identificado entre los colaboradores
habitua les para las r eseñas literarias a los siguiente s escrito res (siend o la mayor ía de las m ismas
anónimas: A lexa nder . H. Evere tt, Park e Godwin, George Bancroft , Ralp h W. Emerson, Henry D.
Thoreau, John Bigelow, Evert A . D uy c kinck, Cornelius Mathews, William A. Jones, y A u gu st e Da v e z a c .
Fuller , The Uni ted Sta tes Magazi ne and Democr atic Rev iew , pp. 16, 72

246

referencia a las contribuciones políticas de “Mr. Everett”, al que describe como el “visir
literario” de O’Sullivan. El Everett al que menciona es Alexander H. Everett (1792-
1847), embajador en Holanda, España y finalmente China, quien en efecto colaboró
activamente en la Democratic Review , y como explicaré más adelante, jugó un papel
fundamental en la aparición del concepto de Destino Manifiesto . Por otra parte, Caleb
Cushing (1800-1879), congresista, diplomático e hispanista que también ocupó el cargo
de embajador estadounidense en España, escribió una carta al editor de la Democratic
Review en la que se declaraba lector habitual de la revista, en especial por sus artículos
financieros y comerciales, que atribuye a la pluma del editor. Pero Cushing apunta a un
error de comprensión en estos escritos sobre la naturaleza de los depósitos bancarios
que el gobierno estaba gestionando tras desmantelar el Segundo Banco de los Estados
Unidos . En su respuesta a Cushing el editor (O’Sullivan) no niega ser el autor de dichos
artículos, por lo que también debemos suponer que él escribía los artículos económicos
de la revista. 359
Por otra parte, en lo que se refiere a la labor editorial en el New York Morning
News (1844-1846), sabemos gracias a Waterbury que O’Sullivan era el responsable de
escribir los editoriales periódicos en esta publicación. En la carta a Silas Wright del 30
de agosto de 1846 Waterbury narra los avatares que llevaron al colapso del diario en la
primavera de 1846, enumerando toda una serie de insensateces cometidas por el resto
del equipo. De entre las quejas que tenía para O ’Sullivan (que unos meses antes había
sido cesado como editor por los propietarios del periódico), destacó lo siguiente: 360
El hecho más importante para un diar io barato en Nueva York es est ar en la calle durante las
primeras horas de la m añana. En u n periódico diseñado para circula r entre las ‘masas
trabajad orasdem ocráticas’ esto es una nece sidad sin la cua l el éxito es impo si ble. Para asegurar
est o , los edito riales d ebe n e n t r e g a rs e e l d í a a n t e r i o r a u n a h o r a t e m p r a n a para ser incluidos e n l a
impren ta antes de que las noticias lleguen a las multitudes . El señor O’Su llivan ge neralmen te
bajaba a la oficina a medi a n o c h e a e s c r i b i r sus artículos p ara el periódico del día siguiente, lo
que provocaba que no pudieran entrega rse a los impresores hasta después de que e l p e r i ó d i c o
estuviera terminado. Esta fue una dinámica fatal; pero O’Sullivan no escuchab a la voz de la
razón salvo para prometer que camb iará de actitu d. 361
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
359 Ibíd., p. 246. [John L. O’Su llivan], “T he Exchequer Pro ject” The United State s M agazi ne and
Democr ati c Re view , Vol. 10, Nº. 6 7, (May 1 842), pp. 5 01 - 510.
360 Gumer ove, The New York Morn ing News, pp. 27, 108.
361 Nelson J. W at erbu ry a Silas Wright Jr., 30 de agosto de 1846, Samuel J. Tilden Papers, New York
Public Library.

247

Este testimonio deja entrever que O’Sullivan no era el editor más diligente y
responsable en la ciudad de Nueva York, y que por su culpa el Morning News
irónicamente no conseguía salir por las mañanas. Sin embargo la carta no da lugar a
dudas sobre su labor como autor de los editoriales políticos, aunque esta supusiera una
disfuncionalidad profesional en la conducción de sus publicaciones.
Pero a mi juicio la fuente autorizada que confirma su labor como escritor
editorialista es Samuel Tilden, quien como coeditor temporal del Morning News y
colaborador de la Democratic Review estaba familiarizado con el trabajo de O’Sullivan.
El 26 de febrero de 1846 apareció publicado en la columna editorial del Morning News
un reportaje sobre el debate que había acontecido en la Asamblea del Estado de Nueva
York a raíz del enfrentamiento entre Tilden y el representante por Albany, Robert D.
Watson. Watson era al igual que Tilden miembro del Partido Demócrata, pero era uno
de los líderes de la facción anti rentista, enfrentada a la facción Barnburner a la que
pertenecían Tilden y O’Sullivan. En su intervención Watson atacó al Morning News y a
su editor acusándole de actuar en contra de la administración demócrata del presidente
Polk por defender posiciones abolicionistas. Tilden encontró sumamente ofensivo que
su amigo fuera tildado de abolicionista y amigo de los negros, e interrumpió a Watson
para tildar sus palabras de acusaciones sin fundamento. Así recogía el Morning News su
declaración: 362
Sobre la cuestión de la Abolición, conside ro que es de j u s t i c i a h a c i a e l c a b a l l e r o q u e e d i t a e l
Morn ing News decla rar (y al tener relación con él po r más de diez años he conocido s us opi nio ne s
privadas y trayectori a pública) que no puede atribuírsele una sola sílaba, ni en el Mor nin g News
ni en otras publicaci ones que él edita, una sola palabra de amistad o favorable a la Abolici ón.
Muy al con tr ar io, sus opinion estal y como h an si do expresadas una y otra vez en la Democr ati c
Review, por él en cal idad de edito r , h an s ido e xtremada mente favorable s a la doct rina del
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
362 En los años 40 del sig lo XIX s u c e d i ó e n e l E s t a d o d e N u e v a Y o r k u n e v e n t o c o n o c i d o c o m o “ N e w
York Anti - Ren t W ars ”. Est e e r a u n m o v i m i e n t o s o c i a l e insurreccional protagonizado por jornaleros q u e
vivían en una situación de cuasi servidumb re explotados por las grandes familias que desde la
colonización holandesa controlaban el Valle del H udson. La insurrección tuvo un impacto inesperado e n
la facción demó crata r adical del E stado, l o s Locofocos , que s e d e s g a j ó por la m itad dando lugar por una
parte a los demócratas anti rentistas que apoyaron al m ovimient o, y los Barnburne rs demócratas r ad ic al es
seguidores del ex preside nte Martin Van Buren ( 1 7 8 2 - 1862). Si bien por tónica general los Barnburners
defendían una pol ítica muy progr esista, en el Estado de Nueva York contaban con el apoyo de los grandes
terratenie ntes del H udson, lo que les lle vó a co ndenar el alzamiento anti rentista. Por oposició n, lo s
líderes an ti rentistas dem ócratas se alia ron con los d emócrata s Hunkers , de tendencia m ás conservadora y
socios de los dem ócratas esclavistas del Sur, lo que llevó a los anti rentis tas a oponerse al abolicionismo,
muy ligado a las po lít ic as Barnburner en ese Estado. D ado que el Mor ni ng News era el órgano de
referencia de la facción Barnbur ner r e s u l t a l ó g i c o q u e W a t s o n , a u n s i e n d o d e m ó c r a t a , i n t e ntase
despresti giar a este medio y a sus editores. Reev e Huts on, “The P arties and ‘The People’: The New Y ork
Anti - Rent Wars and the Contour s of Jacksoni an Politi cs”, Journal of the Early Republic , Vol. 20, No. 2
(Summ er, 2000), pp. 241 - 246, 253 - 259. Gumerove, The New York Morning News, pp. 1, 10.

248

derecho de los Estados [State righ ts doctrine], y a la aplicación de dicha d octrina a fa vor de los
derechos y e n interés de las gent es del Sur. 363
Tras estas declaraciones Tilden nombra específicamente a “Mr. O’Sullivan”
como el autor de dichos editoriales. La importancia de este discurso de Tilden radica en
que, por una parte, ofrece un testimonio de peso sobre la autoría de O’Sullivan sobre los
editoriales políticos de ambas publicaciones. Pero además relaciona la labor de
O’Sullivan como editorialista en la Democratic Review con su trabajo en el Morning
News anteriormente descrito por Waterbury. Y es que O’Sullivan en tanto que editor
simultaneo durante 1844-1845 de las dos publicaciones va a generar una sinergia entre
ambas, aprovechando que la Democratic Review era de carácter mensual y de alcance
nacional, con respecto a la tirada diaria y local del Morning News .
Esta diferencia de formato, alcance y ritmo de publicación va a posibilitar que
O’Sullivan establezca debates de actualidad mediante el Morning News enfrentándose
con el resto de periódicos neoyorkinos y nacionales. Mie ntras que la Democractic
Review serásu publicación estrella, aquella con la que establecía reflexiones de mayor
calado sobre los problemas nacionales y de época. Sin embargo el Morning News y la
Democratic Review no serán compartimentos estancos. Muchas de las ideas que
aparecieron en el Morning News habían sido previamente desarrolladas durante largo
tiempo en la Democratic Review . La revista servía incluso de fuente de material para el
periódico, en donde se publicaban por entregas lo mejor del material literario y de los
editoriales que previamente habían aparecido en la Democratic Review ; por lo que esta
última ejercía de alguna manera de think-tank del periódico en sus polémicas. Y a su
vez el Morning News establecía debates de varias semanas que luego inspiraban a
O’Sullivan a la hora de escribir artículos más largos y reposados en la Democratic
Review .
Ambas publicaciones van a compenetrarse durante la última etapa editorial de
O’Sullivan, y es en el contexto de esta interacción entre las dos que O’Sullivan entrará
en el debate sobre el expansionismo americano, que en último término será el contexto
discursivo que alumbrará el concepto de Destino Manifiesto. La interacción era además
necesaria por la distinta naturaleza de los editoriales de cada una de las publicaciones.
La distinta longitud de estos será clave a la hora de marcar su carácter. Los del Morning
News solían ocupar de media columna a dos columnas, lo que equivaldría de tres a ocho
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
363 “The Meeting Last Evening”, New York Morning News , 26 de febrero de 1846 . Subrayado mí o.

249

párrafos de extensión. Mientras que los editoriales de la Democratic Review serán de
cinco a diez páginas los más cortos, y de veinte a treinta páginas los más largos. Esto
conllevará que los editoriales de la Morning News sean piezas retóricas pensados para el
combate de las ideas, mientras que la extensión de la Democratic Review permitirá un
mejor desarrollo de los argumentos, con lo que habrá un mayor posibilidad para la
innovación discursiva en la revista que en el periódico.
Pero en último término ambas publicaciones responderán a un deseo de
intervención política inmediata, lo que se reflejará en la formulación de la teoría política
de sus editoriales, muy apegada a las especificidades de la política estadounidense de
mitades del siglo XIX. En último término esto hará que las teorizaciones del periódico y
la revista sean muy representativas del tono general de la época, (y en esto radicaría su
éxito literario y político inmediato), pero por esta misma razón su relevancia en el largo
plazo decaerá por ser tan dependiente de los debates establecidos durante su contexto
político de aparición. En último término el cambio en los debates nacionales durante la
segunda mitad del siglo XIX supuso que la Democratic Review fuera perdiendo
notoriedad y empuje, y que sus editoriales políticos quedarán completamente
olvidados, perviviendo únicamente un cierto recuerdo sobre su contribución literaria. 364
5.3El misterio O’Sullivan reconsiderado
Con el recorrido de los dos últimos capítulos me encuentro en condiciones de
ofrecer una hipótesis para el misterio O’Sullivan , que deviene de la extraña situación
por la cual un pensador tan omnipresente en la historiografía estadounidense y tan
influyente en su periodo histórico, sin embargo tenga que enfrentarse a la paradoja de
que no existan apenas estudios centrados en su persona, sobre su producción intelectual,
y que en último término fuera olvidado durante algo más de medio siglo, coincidiendo
con la época de mayor popularidad del concepto que él acuñó.
A través del capítulo anterior consideré los procesos que llevan a convertirse a
un pensador en lo que Foucault denominó como función de autor , es decir, una
referencia personal-simbólica que es subsumida dentro de un canon y a la que los
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
364 M o t t , A histor y of American Magazines , pp. 681 - 684. A fina les del sigl o XIX a ún se recordaba la
calidad literaria de la Democra tic Revi ew , haciénd ose exp lícita cuand o moría a lgunos d e sus an tiguos
colaboradores, como en el caso del patriota irlandés Thomas Davis. Sin em bargo los editoriales se
encontraban ya olvidados. Prueba de ello es que en la esquela necrológica de O ’Su llivan no ap arece
menci ón alg una a su labo r en la Democrat ic Review o en el Morni ng New s . Charles G. Duffy, “Thomas
Davi s, th e Memo ir s of an Irish Patriot . 1840 - 1846. Chapter IV”, The Nation , (A pril 11, 1891 ), p. 3 . “Th e
Obit uary Rec ord: Joh n L. O’S ull ivan ”, New Yor k Ti mes , 27 de m arzo de 18 95, p. 5.

250

autores de la posteridad del pensamiento acuden para fundamentar y legitimar su
discurso. Como expuse, las posibilidades de un pensador en devenir en función de autor
están relacionadas con su capacidad de inserción en las redes de producción intelectual
de cara a obtener capital cultural (en la perspectiva de Randall Colins), y convertirse así
en centro y referencia para su contexto intelectual. Esto ofrecería al intelectual la
posibilidad de ingresar en los procesos de recepción de la posteridad generando una
fusión paradigmática entre la imagen que dicha posteridad construya del autor con la
conversión de su pensamiento en una unidad homogénea y referenciable. 365
En los primeros años de su vida adulta O’Sullivan se insertó exitosamente en las
redes intelectuales progresistas del jacksonianismo demócrata gracias a la centralidad y
popularidad que adquirieron sus periódicos y revistas en el contexto del periodismo de
escritores jacksoniano. Sin embargo el carácter central de su posicionamiento dentro de
su red de producción intelectual estaba mal cimentada. Era una pos ición que se debía
más a su labor como editor que al reconocimiento de su pensamiento. Por otra parte el
carácter instrumental de sus ideas, en tanto que herramientas para la contienda política,
le ofrecieron réditos de reconocimiento en el corto plazo, pero se encontraban
demasiado ancladas al contexto político de su tiempo, y la transformación de las claves
discursivas de su época jugó en su contra. Si a esto le unimos su negativa consciente de
asociar su nombre a sus editoriales, todo ello acabó abortando la posibilidad de que
hubiera alguna posibilidad de que la posteridad pudiera reclamarle.
A esto hay que añadir que el propio O’Sullivan terminó de sabotear la
posibilidad de reconstruir esa centralidad en su red intelectual debido al conjunto de
decisiones políticas y vitales que adoptó tras abandonar su labor editorial. La más
catastrófica de todas para su reputación fue la de posicionarse a favor Confederación
durante la Guerra Civil Americana , a pesar de serun estadounidense del Norte de la
Unión, lo que supuso su caída en desgracia después de la contienda y a su marginación
social. 366
Por otra parte, cuando Julius W. Pratt rescató a O’Sullivan del olvido en 1927, el
concepto de Destino Manifiesto se encontraba en una tendencia declinante y de
abandono como concepto político, por lo que su redescubrimiento no se tradujo en su
rehabilitación como pensador, ya que no había incentivos políticos o académicos para
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
365 Fo ucault, “Q ué es un au tor”, pp. 58 - 61, 66. New Y ork Tim es , 27 de m arzo de 18 95
366 Sheldon H. H arr is, “John L. O’Sull ivan Serves the Confederacy”, Civil War History , V ol. 10, N . 3,
(Septem ber 1964).

251

legitimar un discurso reclamando su figura o sus ideas en ese contexto. Y puesto que el
estudio del pensamiento político en la academia se ha ejercido tradicionalmente
vinculando ideas con autores, el hecho de que O’Sullivan hubiera fallado en convertir su
imagen en función de autor provocó que el desconocimiento sobre aspectos relevantes
de su condición de pensador generasen una suerte de bucle que se autoalimentaba: Al no
haber un corpus de escritos inequívocamente atribuibles a su persona era complicado
realizar estudios sobre su pensamiento, lo que a su vez desincentivó intentar estudiarle
al no existir apenas un asidero documental de fuentes primarias o secundarias sobre el
que apoyarse. Y de esta manera el fracaso de O’Sullivan en convertirse en función de
autor provocó que a lo largo del siglo XX se estableciera un divorcio entre la
importancia del personaje en tanto que autor del concepto de Destino Manifiesto , con
respecto a su relativo abandono académico en condición de autor de un pensamiento
político relevante a la hora de entender la formación y el éxito del concepto.
En último término, el misterio O’Sullivan señala hacia el problema sobre cómo
nos enfrentamos con aquellos pensadores en los que la función de autor no se ha
establecido según los patrones convencionales. Y esto es especialmente relevante si lo
trasladamos a cómo estudiamos el pensamiento de los ideólogos, aquellos autores cuyos
planteamientos no son tan singulares como el de los grandes pensadores de la Historia
de la Filosofía, y que precisamente por esta escasa excepcionalidad son capaces de
convertirse en portavoces de su época e influir en ella en una manera distinta a los
grandes intelectuales. No se trata a mi juicio de reclamar a unos sobre otros, sino de
plantear que todavía existe un gran trabajo por hacer a la hora de es tudiar el
pensamiento político entendido como la articulación entre ambos grupos junto a las
bases sociales que adoptan y mantienen vivo su pensamiento.
La singularidad del misterio O’Sullivan radica en que se trata del caso de un
pensador menor que de manera no del todo consciente fue capaz de articular un
paradigma cuyo alcance y envergadura histórica hubiera requerido de la acción, del
pensamiento y del reconocimiento normalmente asociados a un gran intelectual. Sin
embargo sería un error querer reclamar a O’Sullivan “ ex post” como una gran figura del
pensamiento político. Porque la complejidad y sistematicidad de sus ideas no alcanzan
para considerar que nos encontrásemos ante un gran genio olvidado, como ocurrió con
Baruch Spinoza o Frederick Nietzsche durante el periodo posterior a su muerte.
O’Sullivan fue un ideólogo que dio con una clave de época sin pretender establecer una
gran teoría a partir de ella. Esto plantea consideraciones interesantes sobre cómo

252

calibramos en términos históricos la relevancia de un pensador con respecto a la
importancia de su pensamiento, tanto en términos de la originalidad de sus ideas como
por el carácter de su impacto en pensadores posteriores. Y lo que a mi juicio revela el
misterio O’Sullivan es que, en algunos casos, pensadores poco profundos y sistemáticas
pueden tener una relevancia en términos históricos equiparable a los grandes pensadores
que conforman el canon de la historia de la filosofía. Sin embargo los historiadores del
pensamiento político y del canon filosófico nos encontramos mal preparados
teóricamente para afrontar estos casos, porque tendemos a privilegiar tanto la
complejidad y la sistematicidad del pensamiento como el éxito de los pensadores en su
inserción en el canon establecido, cuando estos criterios no siempre tienen porque ser
relevantes para que las ideas de un pensador tengan un gran impacto social.

Hasta este momento he establecido toda una serie de criterios
predominantemente teóricos con los que dar cuerpo a la perspectiva hermenéutica que
ha fundamentado mi investigación. Con los tres primeros capítulos he considerado
cuáles han sido las vías habituales desde las que se ha estudiado el fenómeno histórico
del Destino Manifiesto , y he optado por la línea de Weinberg, la cual me ha llevado a
considerar el Destino Manifiesto como un fenómeno intelectual del expansionismo
norteamericano decimonónico. Así mismo, he decidido estudiarlo considerándolo un
concepto político, y para ello he delimitado los contornos del paradigma historiográfico
del giro lingüístico, tanto desde la perspectiva de la historia conceptual como del
contextualismo , y he optado por adoptar la primera adaptando ciertos elementos del
contextualismo para establecer el nexo de unión entre el Destino Manifiesto como
concepto con respecto al providencialismo, que sería el marco discursivo que
posibilitaría su aparición y del que este se erigió como una de sus formas de expresión
paradigmática. Esto me ha conducido a considerar el concepto de Destino Manifiesto
como un neologismo, y para ello he desarrollado una teoría sobre la enmarcación y la
recepción discursiva del canon con la que he intentado explicar cómo el concepto de
Destino Manifiesto contiene una complejidad intelectual mucho mayor de lo que a
priori se le podría suponer a un lexema conceptual , por este motivo lo he denominado
concepto-doctrina .
A raíz de este carácter doctrinal del concepto y por el hecho de tener un autor
identificable he reflexionado sobre el problema de la autoría desde el punto de vista de
de la función de autor, con el objetivo de establecer criterios con los que posteriormente

253

determinar el impacto concreto de O ’Sullivan en la formación del concepto de Destino
Manifiesto (tema de la tesis doctoral). Para ello he presentado el caso específico de
O’Sullivan desde la hipótesis del misterio O’Sullivan, lo que me ha permitido
reflexionar sobre la autoría, tanto desde el punto de vista de la formación del
pensamiento como desde la problemática de su trasmisión. Y para poder reflexionar
sobre este problema teórico he intentado delimitar las claves históricas del problema de
la autoría en el tiempo de O’Sullivan, la opinión pública romántica en el tiempo del
periodismo de escritores .
Con estos capítulos quedan establecidos el conjunto de elementos que
conforman las reflexiones teóricas y el marco metodológico desde el que voy a abordar
mi problemática de investigación. Esta no es la única forma posible de estudiarlo, ni tan
siquiera la óptima si lo que se pretende es considerar el fenómeno del Destino
Manifiesto en toda su amplitud. Pero si que supone a mi juicio la perspectiva adecuada
para reflexionar sobre el problema de la conformación del Destino Manifiesto en tanto
que concepto político.
A continuación voy a presentar dos grupos más de capítulos que conforman el
nivel histórico-contextual de mi estudio. Estos capítulos responden a una hipótesis de
investigación sobre la relación entre los niveles sincrónicos y diacrónicos del contexto
histórico en los procesos de formación discursiva y conceptual. Tal y como presenté en
el capítulo 2 la historia conceptual ha privilegiado el nivel diacrónico para dar cuenta de
los procesos de evolución de los términos en el largo plazo, mientras que la Escuela de
Cambridge ha priorizado teóricamente el nivel sincrónico desde la hipótesis de que un
discurso debe ser estudiado de manera situada en los distintos actos de habla que se dan
en un contexto histórico determinado.
Sin embargo lo que voy a realizar en mi investigación es una inversión de estos
términos. Esta tesis no pretende ser una historia conceptual al uso, sino util izar el
aparato teórico de la historia conceptual para resolver otro problema de la historia
intelectual en general relacionada con los conceptos: me interesa reflexionar sobre los
distintos elementos que influyen en el proceso de formación conceptual. Por este motivo
no todos los criterios establecidos por Koselleck son útiles para mi investigación, pues
tenemos preocupaciones intelectuales distintas derivadas de las necesidades
metodológicas de nuestro objeto de estudio. Dado que el momento de acuñación del
concepto es el punto de llegada y no el punto de partida, la cuestión que aborda mi tesis
se relaciona con intentar determinar el conjunto de elementos que han sido relevantes en

254

la f ormación del concepto de Destino Manifiesto. En este sentido, manejo la hipótesis
de que el concepto de Destino Manifiesto fue una formulación fundamental de la
concepción nacionalista de los Estados Unidos en términos providencialistas.
Esto introduce la pregunta sobre la importancia y vigencia del discurso
providencialista en la cultura estadounidense, lo que implica considerarla tanto desde un
punto de vista diacrónico, en su proceso de implantación como tradición discursiva y
filosofía de la historia, así como reflexionar sobre el conjunto de elementos que
influyeron en su recepción y adaptación al contexto intelectual del nacionalismo
romántico decimonónico, lo que introduce la perspectiva sincrónica a mi contexto.
En este sentido voy a presentar el nivel contextual de mi estudio de una forma
distinta a como lo ha trabajado la Escuela de Cambridge . El nivel contextual de mi
estudio no va a ser exclusivamente discursivo, porque lo que me interesa es comprender
cómo interaccionan los paradigmas discursivos con las problemáticas políticas de los
distintos periodos que estos atraviesan, y eso requiere trascender en muchos momentos
el ámbito lingüístico. Por este motivo los tres capítulos siguientes van a versar sobre la
conformación de una tradición discursiva de corte providencialista en la América
colonial. Esto es importante para comprender la viabilidad intelectiva del concepto de
Destino Manifiesto en el momento de su aparición, porque uno de los problemas más
habituales de la historiografía del Destino Manifiesto es que tiende al anacronismo al
etiquetar toda forma de discurso providencialista en la tradición discursiva
norteamericana bajo la etiqueta del Destino Manifiesto . Esto a mi juicio es un error que
conduce a considerar el Destino Manifiesto en términos de una continuidad que no se
dio en términos intelectuales y que supone una ficción historiográfica.
Esto sin embargo no implica que los discursos providencialistas previos no
hayan tenido ninguna importancia en la aparición del concepto. Lo que voy a intentar
mostrar a continuación es que durante el periodo colonial fueron estableciéndose
distintos discursos providencialistas que respondían a la necesidad de interpret ar la
experiencia de la colonización de América en base a una f ilosofía de la historia finalista.
Estos distintos paradigmas discursivos fueron sucediéndose de manera problemática, sin
que mediase una relación genética entre ellos pero estando interrelacionados entre sí.
Por este motivo es necesario recalcar que lo importante para entender esta sucesión
paradigmática no es el hecho de que exista una continuidad discursiva como tal, sino
que la sucesión paradigmática va formando discontinuidades que a posteriori son
suturadas reinterpretándolas como una tradición. El hecho de que los actores tengan a su

261

tampoco se plantearon si estos nacionalistas se imbricaron en una tradición electiva
religiosa con precedentes teológico políticos que pudieran haber influido en sus ideas.
Habrá que esperar al tránsito de los años 60 a los 70 del siglo XX para que surja
una corriente de estudios especializados que pongan el foco en los fundamentos
teológicos del Destino Manifiesto . El trabajo pionero en este ámbito será resultado de
las investigaciones de Ernest L. Tuveson, profesor de la Universidad de California
Berkeley en donde entró en contacto con el americanista Henry N. Smith, especialista
en la visión romántica sobre el Oeste americano y que le asesoró en su estudio. Su
trabajo también estuvo influido por los consejos del teólogo luterano Martin E. Marty,
uno de los mayores especialistas sobre la religiosidad en los Estados Unidos. Tuveson
realizó a principios de los años 60 su tesis doctoral en donde trató la influencia del
pensamiento utópico y milenarista en la idea moderna de progreso. Es a partir de este
trabajo y en el contexto de la Guerra de Vietnam que aplicó su hipótesis doctoral al caso
estadounidense en su libro Redemeer Nation: The Idea of America’s Millenial Role
(1968). Tuveson sostuvo que la cultura política norteamericana desarrolló a partir de su
herencia puritana una visión milenarista de América como nación providencial, donde
detrás de la idea de providen cia habría una concepción milenarista del progreso. El
Destino Manifiesto sería la formulación más avanzada de esta doctrina, pero a
diferencia de Weinberg (y aunque no le nombre también de Merk) Tuveson fue muy
crítico con la perspectiva de los clásicos que consideraron que la fundamentación
religiosa del Destino Manifiesto fue un elemento conscientemente facturado por el
nacionalismo decimonónico. 372
En contra de esta presunción Tuveson defendió que el nacionalismo
decimonónico americano heredó todo un repertorio teológico del puritanismo y de la
reforma inglesa al que este acudió no por motivos estrictamente instrumentales, sino
porque este repertorio religioso constituía su herencia cultural y cosmovisión
fundamental. Este hecho no anularía del todo la posibilidad de instrumentalizar de
manera más o menos consciente dicho repertorio para fines políticos concretos, pero
para Tuveson los fundamentos de la teología política milenarista del Destino Manifiesto
no podrían ser objeto de una libre manipulación por parte de los sujetos que vivían
imbuidos por sus postulados, pues estos suponían una premisa intelectiva sobre la que
sólo se puede operar de manera parcial. Tuveson por lo tanto desplazó el foco de
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
372 Tuveson, Redem eer Nation, pp. VIII - XI, 23 - 27, 33 - 34, 50 - 51, 62 - 65, 73 - 136. La tes is doctoral de
Tuveson fue Mi ll eni um a nd Utopia: A Study in t he Background of the idea of Progress (1964).

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