Otras formas de re(conocer). Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista
Abstract
179 p.
Full text
w OTRAS FORMAS DE (RE)CONOCER Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista Irantzu Mendia Azkue, Marta Luxán, Matxalen Legarreta, Gloria Guzmán, Iker Zirion, Jokin Azpiazu Carballo (eds.) OTRAS FORMAS DE (RE)CONOCER El feminismo con todas sus vertientes es una de las corrientes críticas que más reflexión y debate aporta para pensar y poner en práctica otras formas de (re)conocer, más horizontales, ética y políticamente más responsables y con mayor orientación hacia la transformación social. En efecto, las epistemologías feministas, compuestas por perspectivas plurales e incluso confrontadas en algunos de sus aspectos, han ido conformando un corpus de conocimiento muy fértil, abundante y transdisciplinar. Con todo, la mayor parte de las aportaciones son de corte teórico y disponemos de pocas herramientas prácticas que puedan ofrecer referentes y orientaciones a las personas que quieren aplicar una u otra posición epistemológica en las investigaciones que llevan a cabo. Esta publicación quiere ser una contribución en este sentido. Hemos invitado a diferentes personas a abrir las puertas de la “cocina” de la investigación feminista, a reflexionar y a hacer transparentes las decisiones analíticas y metodológicas que tienen lugar en todo proceso de conocimiento.
OTRAS FORMAS DE (RE)CONOCER Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista Irantzu Mendia Azkue, Marta Luxán, Matxalen Legarreta, Gloria Guzmán, Iker Zirion, Jokin Azpiazu Carballo (eds.)
Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero de la Diputación Foral de Gipuzkoa, en el marco del Convenio de colaboración con Hegoa para el fortalecimiento de la cooperación transformadora mediante la investigación e incidencia política. Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista Edición: Irantzu Mendia Azkue, Marta Luxán, Matxalen Legarreta, Gloria Guzmán, Iker Zirion, Jokin Azpiazu Carballo 2014 www.hegoa.ehu.eus www.simref.net [email protected] UPV/EHU Edificio Zubiria Etxea Avenida Lehendakari Agirre, 81 • 48015 Bilbao Tel.: 94 601 70 91 • Fax: 94 601 70 40 UPV/EHU Biblioteca del Campus Nieves Cano, 33 • 01006 Vitoria-Gasteiz Tel.: 945 01 42 87 • Fax: 945 01 42 87 UPV/EHU Centro Carlos Santamaría Elhuyar Plaza 2 • 20018 Donostia-San Sebastián Tel.: 943 01 74 64 • Fax: 94 601 70 40 Impresión: Lankopi, S.A. Diseño y Maquetación: Marra, S.L. Depósito Legal: BI-374-2015 ISBN: 978-84-16257-02-7 Este documento está bajo una licencia de Creative Commons. Se permite copiar, distribuir y comunicar públicamente esta obra con libertad, siempre y cuando se reconozca la autoría y no se use para fines comerciales. No se puede alterar, transformar o generar una obra derivada a partir de esta obra. Licencia completa: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/
3 Índice Índice Introducción 11 I. Epistemologías y metodologías feministas 19 Capítulo 1. Avances, dilemas y retos de las epistemologías feministas en la investigación social Barbara Biglia 21 Capítulo 2. Construyendo metodologías feministas desde el feminismo decolonial Ochy Curiel Pichardo 45 Capítulo 3. El feminismo vasco y los circuitos del conocimiento: el movimiento, la universidad y la casa de las mujeres Mari Luz Esteban 61 II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista 77 Capítulo 4. ¿Es el análisis interseccional una metodología feminista y queer? Raquel (Lucas) Platero 79 Capítulo 5. Producciones narrativas: una propuesta metodológica para la investigación feminista Itziar Gandarias Goikoetxea y Nagore García Fernández 97 Capítulo 6. Análisis crítico del discurso con perspectiva feminista Jokin Azpiazu Carballo 111 III. Experiencias de investigación feminista aplicada 125 Capítulo 7. Poner en el centro la vida de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual en la guerra: una investigación feminista desde una mirada multidimensional del poder Amandine Fulchiron 127
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 4 Capítulo 8. Saber que alguien lo escucha. El método de la narrativa en la investigación La verdad de las mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia Elena Grau Biosca 147 Capítulo 9. (De)construyendo la categoría “mujeres inmigrantes”: de objetos de discurso a sujetos políticos Carmen Gregorio Gil 161
Autoría 5 Autoría de los capítulos Barbara Biglia. Doctora en psicología y profesora en la Universitat Rovira i Virgili, desde donde coordina el Seminario Interdisciplinar de Metodología de Investigación Feminista (SIMReF). Ha trabajado en el campo de las violencias de género tanto a nivel teórico-académico como en servicios de atención directa. Es especialista en epistemología y metodología feminista y en estudios de género, temas sobre los que cuenta con numerosas publicaciones. Ochy Curiel. Antropóloga social, investigadora y activista feminista dominicana residente en Colombia. Forma parte del Grupo Latinoamericano de Formación y Acción Feminista-GLEFAS. Es responsable de la Maestría de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia y docente en diferentes universidades de América Latina. Coordinó el proyecto Casa por la Identidad de las Mujeres Afro. Ha investigado y publicado sobre identidades, interseccionalidad, teoría postcolonial y feminismo antirracista. En su último libro, La nación heterosexual, realiza un análisis del discurso jurídico y el régimen heterosexual desde la antropología de la dominación. Mari Luz Esteban. Licenciada en medicina por la UPV/EHU y doctora en antropología social por la Universitat de Barcelona. Profesora de antropología social y miembro de la comisión académica del Máster en Estudios Feministas y de Género de la UPV/EHU. Es especialista en antropología feminista y antropología de la medicina. Ha participado en distintas iniciativas y asociaciones feministas. Cuenta con numerosas publicaciones sobre feminismo, identidades, etnografía corporal, amor, salud, etc. Por sus múltiples trabajos y colaboraciones, es una importante referencia teórica y activista en la universidad y entre las organizaciones sociales. Raquel (Lucas) Platero. Doctor en sociología, psicólogo y activista, docente y miembro de la Cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ha trabajado en varios proyectos de investigación europeos, tales como MAGEEQ y QUING, sobre el análisis de los marcos interpretativos y la calidad de las políticas de igualdad de género en Europa. Sus áreas de investigación giran en torno a la sexualidad, el género y la interseccionalidad. Itziar Gandarias Goikoetxea. Integrante del Grupo de Investigación FIC (Fractalidades en Investigación Crítica) del Departamento de Psicología Social de la Universitat Autònoma de Barcelona. Sus ámbitos de trabajo relacionados con el feminismo son diversos, entre ellos destacan: epistemología y metodología crítica feminista, investigación participativa,
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 6 teorías postcoloniales, movimientos sociales, migraciones y corporeidad. Profesora colaboradora de la Facultad de Psicología y Educación (FICE) en la Universidad de Deusto. Nagore García Fernández. Integrante del Grupo de Investigación FIC (Fractalidades en Investigación Crítica) del Departamento de Psicología Social de la Universitat Autònoma de Barcelona. Su trayectoria académica se sitúa entre la psicología social crítica y los estudios feministas y de género. Actualmente está realizando una investigación en torno a las experiencias amorosas de jóvenes activistas feministas. Participa activamente en la asociación cultural Ningún Lugar en Barcelona. Jokin Azpiazu Carballo. Licenciado en sociología y master en Estudios Feministas y de Género por la UPV/EHU, con el trabajo Grupos de hombres y discursos en torno a la masculinidad. Es miembro de SIMReF y en la actualidad realiza su tesis sobre subjetividades LGTB y heteronormatividad en el contexto de los movimientos populares de izquierda. Amandine Fulchiron. Activista feminista, co-fundadora de la colectiva feminista Actoras de Cambio de Guatemala, que desde 2004 impulsa procesos de sanación, autoconciencia y memoria social para romper el silencio en torno a las violaciones sexuales contra las mujeres mayas durante la guerra y crear condiciones de no-repetición. Coordinó el equipo de investigación interdisciplinaria e intercultural que resultó en el libro Tejidos que lleva el alma. Memoria de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual durante el conflicto armado (2009). Elena Grau Biosca. Licenciada en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona. Ha investigado sobre el movimiento feminista catalán y las prácticas de las redes de mujeres por la paz, profundizando en las conexiones entre el feminismo y la no-violencia. Participante en numerosos espacios vinculados con los movimientos sociales, tales como la revista En Pie de Paz o el Anuario de movimientos sociales de la Fundación Betiko. Responsable del área de Formación y Difusión del ICIP-Institut Català Internacional per la Pau. Ha sido parte del equipo coordinado por la Ruta Pacífica de las Mujeres que ha realizado la mayor investigación sobre violaciones de los derechos humanos de las mujeres en Colombia, publicada en el libro La verdad de las mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia (2013). Carmen Gregorio Gil. Doctora en antropología social, directora del Departamento de Antropología social de la Universidad de Granada. Directora
Autoría 7 del Grupo de Investigación Otras. Perspectivas feministas en investigación social y del proyecto Etnografiando prácticas de resistencia. Escenarios, eventos y narrativas en la construcción de la ciudadanía, del Plan Nacional I+D+I (2009-2012). Ha investigado y publicado abundantes trabajos sobre género y migraciones. Entre otras, ha dirigido la investigación-acción y posterior publicación ¿Por qué tienen que decir que somos diferentes? Las mujeres inmigrantes, sujetos de acción política (2010). Coordinación Hegoa. Instituto mixto de la UPV/EHU que lleva más de 25 años dedicado a los estudios sobre desarrollo y cooperación internacional, promoviendo actividades de formación (másteres, programa de doctorado y cursos especializados), de investigación en líneas de trabajo diversas, de educación para el desarrollo y de asesoría a distintas instituciones en materia de políticas públicas de cooperación. SIMReF. Espacio consolidado de debate, formación y promoción de la epistemología y la metodología de investigación feminista a nivel estatal. Se trata de una experiencia con un doble objetivo: el debate y discusión sobre las potencialidades y los límites de las investigaciones feministas para configurarse como un nuevo paradigma de análisis de la realidad en las diferentes disciplinas, y la formalización de un espacio formativo sobre metodologías feministas que recoja los debates internacionales y ayude a la mejora de la investigación.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 14 podemos dejar señalar que se trata de las temáticas trabajadas en los talleres que tuvieron lugar en las II Jornadas de Metodología de Investigación Feminista y que esas experiencias prácticas han sido recogidas en los artículos. Así, en el cuarto capítulo, Raquel (Lucas) Platero parte de que las perspectivas feministas y queer en la producción del conocimiento han contribuido a cuestionar la universalidad de los objetos y sujetos de estudio, produciendo nociones críticas como la interseccionalidad, que se propone como una herramienta metodológica además de una perspectiva crítica multidisciplinar. En este capítulo, se explora una experiencia particular con el análisis interseccional que arroja cuatro posibles articulaciones prácticas, así como se sugieren algunas herramientas transformadoras incipientes en nuestro contexto. Una de las principales conclusiones es que no hay una sola forma de realizar el análisis interseccional, sino que este se puede servir de una diversidad de herramientas queer y feministas emergentes. Platero argumenta que será precisamente la noción queer la que posibilita la tarea de soñar y proyectar otras realidades sociales posibles, y por tanto la que nos moviliza para generar acciones y metodologías para otros futuros posibles. Itziar Gandarias Goikoetxea y Nagore García Fernández presentan en el quinto capítulo una aproximación teórica y práctica de la herramienta metodológica de las Producciones Narrativas. Esta afirma la parcialidad de la mirada y apuesta por el establecimiento de conexiones parciales con múltiples posiciones para complejizar la visión del fenómeno estudiado. La herramienta consiste en la producción conjunta de un texto híbrido entre investigadora(s) y participante(s) en la investigación, que se genera a través de sesiones de conversación sobre el tema de estudio, la textualización de dichas conversaciones por parte de la investigadora(s), y la agencia de la persona participante(s) sobre el texto para modificarlo y hacerlo concordar gradualmente con su punto de vista. En este capítulo, las autoras introducen las bases teóricas y epistemológicas de las Producciones Narrativas, así como el procedimiento para su construcción. Junto a ello, ilustran algunas de las potencialidades, límites y retos –limirretos– que les ha planteado esta herramienta a partir de sus experiencias de investigación. Jokin Azpiazu Carballo, en el sexto capítulo, plantea que investigar de manera feminista requiere herramientas que poner a funcionar cuando nos planteamos la investigación como forma de transformación feminista. Sin embargo, añade que nos hallamos en un momento en el que los marcos de la investigación y la formación reclaman cada vez más herramientas y fórmulas que son con frecuencia aplicadas sin tener en cuenta sus contextos y puntos
Introducción 15 de partida. Por lo tanto, para este autor proponer herramientas metodológicas feministas pasa necesariamente por entenderlas de la manera más amplia posible, incluyendo desde los aspectos epistemológicos hasta los técnicos. Desde ahí, el capítulo aborda cuestiones relativas al análisis crítico del discurso con perspectiva feminista, primero poniéndolo en relación con los debates epistemológicos feministas y los contextos de investigación actuales y, a continuación, presentando algunas pistas sobre el recorrido de esta metodología y sobre las aportaciones que la misma puede ofrecer al desarrollo de la investigación feminista. Finalmente, la tercera parte del libro está dirigida a conocer y desentrañar experiencias de investigación feminista aplicada que han tenido en cuenta los enfoques y herramientas metodológicas descritas en la segunda parte. Se trata de tres investigaciones puestas en marcha en contextos en los que se han producido y persisten violaciones a los derechos humanos de las mujeres (Guatemala, Colombia y Estado español), y que han sido concebidas como procesos de producción de conocimiento en los que investigadoras y participantes confluyen, dialogan y tratan de superar barreras de cara a la transformación social feminista. El séptimo capítulo, elaborado por Amandine Fulchiron, recoge la experiencia de la investigación-acción participativa Tejidos que lleva el alma. Memoria de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual durante el conflicto armado (Guatemala, 2009). La autora desarrolla los principios epistemológicos de partida de esta investigación, así como las incidencias que se presentaron en la creación de metodologías, tanto en la etapa de recogida de información como en el momento del análisis. En concreto, la investigación partió de dos premisas fundamentales: primero, que iba a poner en el centro la vida de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual en la guerra; y segundo, que tenía que servir de herramienta para la memoria y la transformación de la vida de esas mujeres. Como señala la autora, dialogar con mujeres cuyas cosmovisiones son distintas a la visión hegemónica del mundo de la modernidad occidental significa construir un conocimiento intercultural y descolonial con voces, experiencias y formas de ver el mundo consideradas como irrelevantes por la visión androcéntrica, racista y colonial del mundo. En la investigación, esto implicó elegir una mirada multidimensional del poder que es explicada en este capítulo. En el octavo capítulo, Elena Grau Biosca analiza la aplicación del método de la narrativa en la investigación La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia (2013). Su propósito es dar a conocer el
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 16 proyecto de Comisión de Verdad y Memoria de Mujeres Colombianas (CVMMC), propiciado y sostenido por La Ruta Pacífica de las Mujeres entre los años 2010 y 2013, con la finalidad de reunir alrededor de 1000 testimonios de mujeres víctimas de violaciones de derechos humanos en el escenario de la guerra en Colombia. En este capítulo, la autora reflexiona sobre la metodología de trabajo elegida y sobre el conocimiento de la realidad del conflicto armado colombiano que emerge de la experiencia de las mujeres que dieron su testimonio. Como grandes retos de este proyecto señala: la recogida de testimonios en un contexto de guerra y de inseguridad extrema para quienes se involucran en la defensa de los derechos humanos; y la movilización de recursos y los elevados estándares de investigación que la realización de un proyecto de estas características implicaba para un movimiento social de base como es la Ruta Pacífica de las Mujeres. En el noveno y último capítulo Carmen Gregorio Gil presenta el desarrollo de la investigación colectiva Representaciones de las mujeres inmigrantes como sujetos de acción política. En ella se analizaron con las propias “mujeres inmigrantes” las representaciones sociales que produce dicha categoría, al tiempo que se propició el espacio y los recursos necesarios para que las participantes produjesen sus propias representaciones. La experiencia responde a un proceso de investigación-acción-participativa con las personas objeto y sujeto de representación, en el que se compartió un ejercicio analítico, crítico y reflexivo de construcción-deconstrucción-construcción de categorías y en el que las participantes fueron las productoras de representaciones. En el capítulo se muestra así una manera de entender la metodología feminista, en tanto forma de hacer y de relacionarnos con la otredad que traspase las fronteras entre investigadoras e investigadas. Tanto la organización de las Jornadas de Donostia como la coordinación y edición de este libro han sido responsabilidad de un grupo de trabajo conformado por varias personas del Instituto Hegoa y del SIMReF. De Hegoa: Irantzu Mendia Azkue, profesora del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la UPV/EHU e integrante del Grupo de Investigación sobre Desarrollo Humano Local, Seguridad Humana y Cooperación Internacional de Hegoa; Gloria Guzmán, integrante del área de investigación de Hegoa e Iker Zirion, profesor del Departamento de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la UPV/EHU e integrante del Grupo de Investigación sobre Desarrollo Humano Local, Seguridad Humana y Cooperación Internacional de Hegoa. Y del SIMReF: Marta Luxán, profesora del Departamento de Sociología II de la UPV/EHU y miembro de la comisión académica del Máster en Estudios Feministas y de Género;
Introducción 17 Matxalen Legarreta, profesora del Departamento de Sociología II de la UPV/ EHU y Jokin Azpiazu, sociólogo y doctorando de la UPV/EHU. Asimismo, en las Jornadas colaboraron Sergio Campo e Itziar Hernández, de Hegoa, así como Pilar Álvarez, Olatz Dañobeitia, Oier González, Unai Martín, Yolanda González y Zuriñe Rodríguez. Como relatoras de los talleres, agradecemos la participación de Jeanne Rolande Dacougna, Itziar Mujika Chao, Betisa San Millán y Rakel Oion. Por último, agradecemos a la Diputación Foral de Gipuzkoa su apoyo para la organización de las Jornadas y para la publicación de este libro. Las Jornadas fueron también financiadas por la Unidad de Formación e Investigación (UFI) HEGOA-Estudios de Desarrollo (UFI11/40) y por la Dirección de Igualdad de la UPV/EHU.
I. Epistemologías y metodologías feministas
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 1 21 Capítulo 1 Avances, dilemas y retos de las epistemologías feministas en la investigación social Barbara Biglia 1. Introducción En este capitulo tengo la difícil, aunque agradecida tarea de introducir a las lectoras en el campo de la metodología de investigación feminista, entendida esta como una propuesta de intervención y trasformación social. No se trata solo de mirar el panorama como espectadoras pasivas, sino de entretejer debates sobre lo que quisiéramos que fuera, lo que está siendo y lo que podría ser un acercamiento feminista critico a la producción de conocimiento. Se pretende así difractar sobre las posibilidades de asumir nuestra agencia feminista para producir saberes transformadores, interaccionando de una manera constructiva y respetuosa con las realidades sociales con y en las que investigamos. Solo de pensarlo me mareo... Sin embargo, intentaré mantenerme en equilibrio y responder a la petición de las compañeras de Hegoa y del SIMReF Euskal Herria, a las cuales agradezco enormemente la confianza1. Espero que estas reflexiones, aunque limitadas, puedan servir de estímulo para el debate colectivo. El primer apartado está especialmente dedicado a las personas que, viniendo del campo de la intervención y la acción social, desconocen parcialmente los códigos y los palabros de la investigación y la epistemología. La idea es acercarnos a las críticas feministas hacia los procesos de producción de conocimiento, para finalmente posicionarnos en el marco de una propuesta epistemológica –y también política– concreta y apostar así por la necesidad de redefinir las formas de crear saberes. Las investigadoras se reconocerán probablemente en algunos de los retos abiertos en el campo de la investigación feminista actual que serán objeto del segundo apartado. Sin embargo, esa parte 1 Agradezco a Marta Luxán e Irantzu Mendia Azkue por las generosas sugerencias a la primera versión de este texto y por sus cariñosas correcciones. Gracias también a las compañeras del SIMReF por estos años de creación y crecimiento colectivo.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 22 del capítulo no es solo para ellas; los debates que aquí se presentan resonarán con experiencias en el área de la intervención. Introducidos estos elementos, en el tercer apartado abriré la cocina de algunas investigaciones en la que he participado, para dar cuenta de ciertas dificultades, limitaciones y errores que podemos cometer en nuestro trabajo. De esta manera, espero poder corporeizar aspectos de los retos propuestos para que se entiendan en su complejidad. Por otra parte, pretendo animar a las investigadoras a no dejarse paralizar por el miedo a equivocarse o por el peso de la responsabilidad: el aprender a hacer de manera diferente es un proceso colectivo, que necesita de personas valientes que se atrevan a trabajar con un alto sentido de la autocrítica y con generosidad para compartir. Finalmente, para tejer los hilos de esta narrativa, quiero dejar constancia de algunas propuestas e inquietudes para, desde y sobre la investigación feminista (activista). Agradeciendo nuevamente la oportunidad brindada por las compañeras de Euskal Herria, aprovecho la ocasión para dedicar este texto a todas las personas que diariamente luchan, en grandes campañas o en pequeñas cocinas, por los llamados “derechos humanos”. Las micro-insumisiones son tan o más importantes que los grandes gestos, y las luchadoras anónimas son las que crean el caldo de cultivo para que las transformaciones sociales no se queden en la apariencia, sino que calen profundo y, poco a poco, desarticulen los sistemas culturales y sociales discriminatorios. 2. Situándonos para entendernos Mi inquietud en relación con las metodologías de investigación surge por la necesidad de encontrar maneras de acercarme a las realidades sociales a través de procesos respetuosos con las mismas, y acordes con mi visión concreta de las relaciones de género y del feminismo (Biglia 2005). Frecuentemente, en las escuelas y en la universidad, nos enseñan que la ciencia es algo neutro, apolítico y sin interferencias, así que los científicos (con este uso del plural masculino como neutralizante de las otredades) son personas entrenadas a la aplicación diligente de un método (el hipotético deductivo) que les llevará, con el beneplácito de la sociedad que tiene fe en ellos, a conocer, cuando no a controlar, algún aspecto de la realidad. Esta narrativa de la ciencia occidental progresista y evolutiva, tal como ocurre con los cuentos clásicos, no permite réplicas, cuestionamientos o dudas. Tiene que ser repetida como un mantra, para así transformarse en realidad y
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 1 23 ser interiorizada por todos los sujetos que pasan por el adoctrinamiento de nuestras instituciones educativas (Subramaniam 2000). De la misma forma que los cuentos nos transmiten patrones culturales y normas de género, y nos empujan a asumir hábitos sociales de acuerdo a la posición que nos han asignado (Propp 1971), la ciencia occidental y sus disciplinas crean las únicas verdades posibles e imaginables2, performando así una realidad dentro de los estrechos cánones de la fe científica (Harding 1996; Haraway 1995). Los y las filósofas de la ciencia, o sea las epistemólogas, ya a mediados del siglo pasado pusieron en duda las mentiras de la representación de la realidad, y evidenciaron que la visión que se tiene del conocimiento, de las ciencias y de sus métodos, influye profundamente en qué y de qué maneras llegamos a conocer, entender y representar. Así, de acuerdo con Khun (1962), los paradigmas científicos guían cualquier acercamiento al saber y limitan lo conocible; solo un error es capaz de producir una revolución científica a nivel paradigmático, permitiendo llegar a una comprensión hasta el momento inalcanzable por nuestra ceguera parcial. Sin embargo, ¿quiénes pueden ir definiendo los cánones del paradigma de turno?, ¿quiénes, en consecuencia, se otorgan el derecho de definir cómo podemos mirar la realidad y entendernos a nosotras mismas? Las epistemólogas feministas han sido claves en denunciar que dentro de esa élite de privilegiados, la presencia de las mujeres ha sido extremadamente limitada y su eventual incursión en esos espacios ha sido negada o borrada en los procesos de atribución de los descubrimientos (Lee 2013). Por ello, algunas feministas se han dedicado a recuperar la historia de científicas valientes3 en la convicción de que la memoria científica había sufrido del mismo oscurantismo que el resto de la historia (Scott 1986)4. A partir de esta premisa, se han dedicado y aún hoy se dedican muchos esfuerzos a que las mujeres sean reconocidas como sujetos capaces de producir conocimiento (Longino 1993)5. 2 Se aconseja la lectura de la novela Planilandia, escrita en 1884 por el matemático y reverendo Edwin A. Abbott, para entender nuestras dificultades para imaginar la realidad más allá de lo que esperamos de ella (y también para una crítica satírica a la organización generizada de la sociedad de la época). Una edición del texto puede encontrarse en Abbott (1999). 3 Véase por ejemplo, el trabajo pionero de Eveline Fox Keller (1983). 4 Para un breve acercamiento a la historia de mujeres eruditas y científicas, así como para conocer algunas de las que participaron en la Revolución Científica, véase el capítulo VI de la monografía de Anderson y Zinsser (2009). 5 El camino es aún largo, e incluso a nivel de la Unión Europea se reconoce que “los [...] Programas Marco [...] han fallado en el intento de implicar, beneficiar y promover a las mujeres en la misma medida que los hombres” (European Gender Summit 2011).
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 30 3.3. Reto 3. Desechar la antinomia cuanti-cuali A partir de las críticas al positivismo en las ciencias sociales, en el feminismo se ha ido instalando una clara desconfianza hacia la investigación cuantitativa, acompañada por la ilusión de que las metodologías cualitativas son de por sí más críticas y cercanas a la perspectiva feminista. Si bien es verdad que la estadística, como su mismo nombre indica, ha sido inventada como “ciencia del estado”, es decir, para el control de las poblaciones, no es menos cierto que las metodologías cualitativas son también susceptibles de ser utilizadas con fines ajenos a las prácticas feministas. Así, por ejemplo, las mediciones de las víctimas de violencias de género han sido fundamentales para el reconocimiento político de esta lacra social15, mientras que estudios cualitativos claramente no feministas son realizados para el “reconocimiento” del síndrome de alienación parental (Baker 2005). Más aún, circula la creencia de que las investigaciones cualitativas son sencillas de realizar y, por ello, se puede incurrir en un uso muy perjudicial de las mismas (pensemos, por ejemplo, el daño que puede ocasionar el realizar un grupo de discusión heterogéneo y multiétnico sobre el racismo sin ser expertas en gestión de grupos). Por todo ello, romper la dicotomía cuantitativo-cualitativo y saber escoger las técnicas y los enfoques más adecuados para los objetivos de la investigación y el contexto especifico en que esta se produce, es un reto abierto en la investigación feminista. 3.4. Reto 4. Los efectos perversos de la perspectiva de género En la actualidad se da en el Estado español una proliferación de los autodenominados estudios de género, los cuales empezaron sus andares en los años ochenta del siglo XX (Álvaro 2005; Ortiz 2005). Sin embargo, ¿qué es lo que realmente se produce en este ámbito? Para muestra un botón: la mayoría de trabajos en psicología que usan como palabra clave “género” la confunden con sexo y proponen un análisis diferencial entre hombres y mujeres, o se focalizan en las violencias de género (Biglia 2011) reproduciendo estereotipos heteropatriarcales (Ferrer y Bosch 2005). Parece que la mayor disponibilidad de financiación de la investigación y el interés político en el problema de la violencia de género ha contribuido directamente al creciente número de 15 Podemos y debemos seguir afinando los parámetros y las formas en que recolectamos esos datos (Casado et al. 2012; European Union Agency for Fundamental Rights 2014), si bien es innegable que han sido de una utilidad impresionante.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 1 31 investigaciones y artículos sobre esta temática realizados por personas insensibles a ella (Biglia y Jiménez 2012). Por otra parte, los trabajos feministas son mucho menos aceptados que los que se enmarcan dentro de un paradigma de género o se hacen sobre mujeres (Arranz 2004). De hecho, el uso de la palabra género es considerado por muchos y muchas acorde con la actualidad, mientras que feminismo es descalificado como anticuado (McRobbie 2009). Sin embargo, esos discursos sobre la igualdad a la que llevaría el hablar de género obvian reflexionar sobre los valores (androcéntricos, sexistas, heteronormativos y racistas, entre otros) sobre los cuales se ha ido construyendo el modelo al que debemos igualarnos, y por lo tanto reiteran la supuesta neutralidad de las ciencias. Entonces, ¿el término género es útil para las investigaciones feministas o es contraproducente? Si bien no podemos dar una respuesta univoca a esta pregunta, lo que podemos identificar como persistente es la confusión entre utilizar una metodología feminista, asumir una perspectiva de género e investigar sobre mujeres o temas asociados a lo femenino, inclusive en espacios académicos feministas. Conseguir diferenciar estas prácticas y los sentidos que tienen es un gran reto. 3.5. Reto 5. El desafío de las investigaciones situadas Muchas investigaciones –especialmente en el Estado español– que afirman basarse en la epistemología del conocimiento situado se limitan a “nombrar” los propios posicionamientos, en lugar de analizar cómo estos influyen en las producciones de saberes. Básicamente, se trasfigura o se reduce la propuesta de situar las investigaciones a la de “mirarse el ombligo” delante de las lectoras. Es más, el tardío16 interés por las investigaciones auto-centradas tiende a reforzar el individualismo neoliberal, confundiéndolo con la política feminista de partir de sí misma. Si, por una parte, la importancia que se atribuye al lenguaje postmoderno en la academia genera la impresión de ser suficiente con narrarnos a través de terminologías complejas y altisonantes para producir conocimiento situado; por otra, la falta de ejemplos de puesta en práctica de una visión situada 16 Las primeras auto-etnografías fueron extremadamente subversivas respeto a las ciencias tradicionales. Hoy en día es una técnica aceptada en disciplinas como la antropología y, por lo tanto, su carácter transformador tiene que ir mas allá de la elección de la técnica en sí.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 32 dejan sin referentes a quienes quieren aplicar seriamente esta propuesta epistemológica. Por lo tanto, es un reto abierto el ir experimentando con esta práctica y difundir ejemplos tanto exitosos como erróneos para ir aprendiendo de ellos. 3.6. Reto 6. (No) representar en un contexto interseccional Una de las críticas feministas clásicas a la ciencia es que los varones, erigiéndose en modelo, han representado a las mujeres sin ni siquiera pedir su permiso. Además, las feministas “negras” y lesbianas han denunciado que, mientras los académicos blancos tienen derecho a elaborar teorías acerca de todas y todos los demás, los grupos oprimidos tienen que luchar para que sus conocimientos adquieran el reconocimiento de teorías. De hecho, las aportaciones de los grupos minorizados tienden a ser consideradas solo como ejemplos prácticos de abstracciones teóricas acríticamente conectadas con los espacios de enunciación de las y los blancos. En el contexto de las producciones de conocimiento feministas, esto implica también la crítica a la codificación de las investigaciones de las feministas blancas occidentales en términos racializados. Por ello, es fundamental apostar por que las colectividades minorizadas sean protagonistas en los procesos de producción de conocimientos. Para no correr el riesgo de suplantar la voz, la crítica feminista a la representatividad ha sido muy importante. Sin embargo, dos tensiones atraviesan hoy en día esta cuestión. En primer lugar, no podemos obviar el hecho de que el poderse dedicar a la investigación, no solo de manera profesional sino también dentro de espacios activistas, es una realidad que se hace cada vez más elitista. De hecho, son numerosos los casos en los que se ha intentado co-investigar con otras subjetividades y se ha topado con la imposibilidad y, en cierta medida el desinterés, de asumir esa tarea de forma realmente colectiva (Pantera Rosa, 2004). Para evitar la suplantación, ¿hemos de eximirnos de investigar colectividades o realidades a las que no pertenecemos? En segundo lugar, si asumimos una perspectiva interseccional, la forma particular en la que se cruzan en nuestro cuerpo los ejes de discriminación nos hace “únicas”. Es por ello que, aun estudiando colectividades a las que pertenecemos, no podemos eximirnos de estar, de alguna manera, representando a subjetividades y/o colectividades especificas. Quizá por ello deberíamos reconocer que cuando producimos conocimientos, siempre
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 1 33 estamos “representando” realidades y sujetos. Por lo tanto, tenemos que hacernos cargo de lo que implica representar, asumir las responsabilidades que comporta, en lugar de atrincherarnos en la negación de esta práctica. No se trata de volver a hablar en nombre de otras y ningunear así a las subjetividades y colectividades minorizadas, sino de reconocer que cuando asumimos el rol de altavoces de las palabras de los sujetos con los que investigamos, no estamos exentas de modificar su mensaje. 3.7. Reto 7. La interseccionalidad ¿Cómo introducir un análisis interseccional en nuestros trabajos? ¿Cómo comprender realmente la interseccionalidad más allá de experimentar la nuestra y compartir las de nuestras amigas17, con tan pocas posibilidades de mestizarnos con otros sujetos? ¿Cómo hacer que la interseccionalidad no se quede relegada a los espacios teóricos y analíticos sino, al contrario, se corporice en todo el proceso de nuestras investigaciones? Este reto es extremadamente amplio y necesita de un trabajo especifico y colectivo para ser abordado en la práctica. No quiero extenderme en esta reflexión porque, en mi opinión, los debates teóricos corren el riesgo de simplificar la complejidad de este reto, en el que la materialidad de nuestros cuerpos y nuestras vidas ha de jugar un rol fundamental. 4. Entrando en la cocina, ejemplos prácticos Con este apartado quiero presentar, brevemente, algunas reflexiones corporeizadas relacionadas con las dificultades y los retos de poner en práctica una metodología de investigación feminista. 4.1. Caso 1. Necesidades de “empoderamiento” y servicios públicos18 Las reflexiones de este caso nacen de la investigación denominada La intervención socioeducativa grupal en los puntos de información y atención a 17 Si bien vivimos múltiples discriminaciones, seguimos siendo sujetos privilegiados en comparación con amplios sectores de la población mundial. 18 Véase Biglia, Donoso y Sánchez (2010).
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 34 las mujeres (PIAD): análisis de necesidades y propuestas de actuación19. Esta se diseñó conociendo de cerca los Punts d’Informació y Atenció a les Dones (PIAD) gestionados por el Ayuntamiento de Barcelona, y con la voluntad de ofrecer en ellos trabajos grupales de interés para mujeres migrantes y/o jóvenes (de 18 a 35 años), quienes generalmente tienen un bajo acceso al servicio. La primera limitación estructural para su realización fueron los tiempos; en solo doce meses teníamos que hacer la investigación, proponer dinámicas formativas y escribir la memoria. Por otro lado, el peso que las partes implicadas en la investigación atribuíamos a uno u otro elemento del proceso resultó ser heterogéneo; mientras que las investigadoras considerábamos imprescindible una buena detección de necesidades antes que cualquier diseño de recomendaciones, las administraciones implicadas necesitaban con una cierta celeridad resultados prácticos aplicables y transferibles. Dicho esto, se decidió realizar la recolección de información en dos fases. En una primera fase exploratoria se hicieron entrevistas a cargos técnicos y a políticas responsables del PIAD, y grupos de discusión con las técnicas que diariamente atendían a las mujeres en el servicio. En una segunda fase diagnóstica, se hizo una encuesta a usuarias del servicio y de asociaciones para jóvenes y/o migrantes, así como entrevistas a responsables de asociaciones y entidades de mujeres que trabajan directamente con los colectivos mencionados. La idea era recolectar tantos puntos de vista como nos permitiera el reducido tiempo a nuestra disposición, reconociendo la posición situada de los sujetos. En las entrevistas con las expertas quedó muy claro que las mujeres (en concreto las migrantes y/o jóvenes) accedían a los servicios y a las ONG pidiendo frecuentemente la resolución de necesidades básicas (trabajo, casa, servicios, derechos legales, etc.). Sin embargo, esas necesidades no podían abordarse con el trabajo de grupos en los PIAD. Así que, para el diseño de la encuesta, basándonos tanto en la literatura como en las opiniones recolectadas en la fase exploratoria, seleccionamos aquellas necesidades directamente relacionadas con los roles de género y las relaciones de poder, de acuerdo con un análisis feminista. 19 Investigación que he co-coordinado con Trinidad Donoso y en la que han participado Ines Massot, Edurne Jiménez, Angelina Sánchez y Jacqueline Monardes, y que se ha realizado gracias a las “Ajuts a la recerca Francesca Bonnemaison 2008” de la Diputación de Barcelona. La memoria de este proyecto se puede consultar en: <www.diba.cat/documents/233376/233762/dones-descarrega-barcelona-pdf.pdf>.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 1 35 Esto conllevó varias tensiones importantes e interrelacionadas. En primer lugar, focalizar la atención sobre necesidades que operan en el campo de lo simbólico cuando hay necesidades básicas y materiales no resueltas, puede justificar la desresponsabilización de los servicios públicos hacia estas últimas. En este sentido, preocupa la posible utilización de los resultados para “poner parches”, realizando acciones de apoyo a las mujeres sin ahondar en el focus de la estructuralidad de la desigualdades. En segundo lugar, la dificultades de las mujeres para participar en el trabajo de grupos de los PIAD que intentan dar respuesta a esas necesidades detectadas puede ser interpretada, desde una actitud elitista y paternalista, como desinterés, desafección y pocas ganas de participar o de empoderarse. Otras de las tensiones que nos atravesó es que, por cuestiones presupuestarias y de tiempo, solo pudimos realizar entrevistas sobre las necesidades de las mujeres de Barcelona con personal de instituciones y de ONG. Esto restó protagonismo a las directamente interesadas, lo cual se reveló particularmente desacertado ya que, con demasiada frecuencia, nos topamos con prejuicios y estereotipos generizados y racializados por parte de las profesionales. Algunos ejemplos extraídos de las entrevistas pueden dar fe de la estereotipación de culturas no autóctonas, así como de la infantilización y no reconocimiento de la agencia de las mujeres: “Este tipo de mujeres”; “Normalmente ellas tienen demandas relacionadas con la inserción... nosotras somos las que entendemos que antes han de recibir una educación”; “Ninguna viene pidiendo explícitamente que necesita relaciones, no obstante yo creo que es importante, porque algunas mujeres de ciertas culturas se relacionan solo con personas de sus culturas y con su propia familia”. Dicho lo anterior, algunas preguntas críticas que nos quedan de esta experiencias son: ¿qué sentido tiene hacer investigaciones para la mejora de los servicios públicos si no hay una voluntad política de transformar las estructuras discriminantes?; ¿cuándo creamos servicios para la atención de necesidades “complejas” (mal llamadas secundarias), somos conniventes con la discriminación de colectivos minorizados con necesidades básicas materiales?; ¿tendríamos que buscar informantes claves con sensibilidad de género?; ¿hasta qué punto hacer investigaciones con una perspectiva empoderadora no puede transformarse en un nuevo recurso para el control social?; y ¿cómo convivir con todas estas contradicciones sin caer el inmovilismo? 4.2. Caso 2. Investigaciones colaborativas En la investigación-acción europea GAPWork. Mejorando la intervención y derivación en violencias de género a través de la formación de profesionales que
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 36 trabajan con jóvenes20, hemos realizado diseños formativos para la mejora de la identificación y cuestionamiento de lenguajes, actitudes y comportamientos sexistas y lesbo-trans-homófobos. Las principales innovaciones del proyecto han sido: una comprensión amplia de las violencias de género (Biglia 2007); la importancia atribuida a un proceso de evaluación completo y sistemático; la adopción de criterios pedagógicos feministas (Luxán y Biglia 2011), y la asunción de una perspectiva interseccional (Platero 2012). La primera de las tensiones que hemos tenido que afrontar ha surgido en relación a la colaboración entre el equipo de investigación y las asociaciones encargadas de la formación21. En este sentido, hemos pecado de ingenuidad al creer que la militancia feminista compartida implicaría una comprensión conceptual común. Los lenguajes y las necesidades prácticas de quienes trabajamos en la universidad y de quienes se mueven en las organizaciones son desiguales; cuestiones como los tiempos, la relación entre teoría y práctica, las formas de habitar el proyecto y las expectativas respecto del mismo no se vivían de igual manera en los dos espacios. Para complicar las cosas, están las dificultades en la gestión del equilibrio de las relaciones de poder en un proyecto que pretende no ser verticalista y que, sin embargo, por su misma conformación, no puede ser completamente horizontal. Algunos de los elementos que han dificultado el mantenimiento de los equilibrios han sido: los fantasmas que se derivan de la resistencias hacia la universidad como espacio fagocitador de las experiencias sociales, y que llevan a identificar a las investigadoras con la institución; las presiones externas, como por ejemplo las fechas marcadas a nivel internacional, que condicionan a quienes, trabajando a escala local, pueden tener otras urgencias; y la inexperiencia, que nos ha dificultado visualizar desde el principio todas las tareas y responsabilidades a asumir, y que implicó que algunos roles quedaran difuminados. Con esta experiencia hemos vivido en nuestra piel la dificultades de las colaboraciones, y la enorme necesidad de encontrar nuevas formas de gestión de las relaciones de poder en un contexto en el cual la acción (práctica) y la reflexión (teoría) se quieren trabajar en paralelo. 20 Proyecto subvencionado en el marco del programa Daphne de la Unión Europea, liderado por Pam Alldred de la Brunel University y coordinado por mi (URV) en el Estado español. Para más información, véase: <www.gapwrk.cat> y <http://sites.brunel.ac.uk/gap>. Los contenidos de las reflexiones sobre el proyecto que se presentan en este capítulo son responsabilidad exclusiva de la autora y en ningún caso tienen que ser interpretados como la opinión de la Comisión Europea. 21 Estas eran las asociaciones feministas Candela y Tamaia.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 1 37 De manera parecida, aunque con especificidades, han surgido asimismo dificultades por las distintas procedencias de las personas implicadas en la investigación. Aquí el mayor reto no ha estado tanto en el nivel de la comprensión conceptual, sino más bien en aspectos como las particularidades de la práctica formativa y empírica de cada quien, las diferencias culturales y el imperialismo lingüístico del inglés que, con demasiada facilidad, se asume que es comprendido de manera idéntica por personas con diferente patrimonio cultural y dominio de ese idioma. A su vez, nos hemos encontrado con la dificultad de seleccionar los elementos para el análisis comparativo y respetar las especificidades locales. Por ejemplo, en la parte común de los cuestionarios de evaluación de las formaciones, algunos ítems fundamentales en un determinado contexto eran prácticamente intraducibles en otros, en tanto que se trataba de elementos significados de manera muy diferente en cada nación. Además, esta no ha sido la única dificultad a la hora de diseñar el instrumento del cuestionario. En la parte de la investigación circunscrita a Catalunya, queríamos encontrar elementos que sirviesen para la detección (y no solo la percepción) de los aprendizajes con relación a las violencias de género. Para ello, introducimos unos cuantos ítems sobre mitos sobre las violencias de género que queríamos proponer antes y después de la formación. Detectamos, sin embargo, que el discurso políticamente correcto estaba muy arraigado entre las participantes, así que tuvimos que descartar esas preguntas después de haberlas utilizado con las participantes de la primera ronda de formación. Intentamos entonces detectar los aprendizajes a través de unas breves historias para comentar. Esto nos situó en la encrucijada de verificar si el análisis cualitativo de las respuestas nos podía permitir realmente una detección de los aprendizajes realizados. Esta dificultad es semejante a la de delimitar, entre la multitud de información recolectada, qué informaciones hacen parte de nuestro cuerpo de datos y cuáles no; es decir, ¿dónde acaban los datos? ¿cómo triangular estos sin jerarquizarlos, respetándolos todos y a los sujetos que han expresado, a veces, puntos de vista diferentes? Por ejemplo, ¿cómo manejar la diferente percepción de los aprendizajes por parte de las formadoras y de las observadoras, por un lado, y de las participantes por otro? 4.3. Miscelanea desde la experiencias del SIMReF Para ejemplificar las dificultades estructurales a las que nos enfrentamos en el momento de buscar una subvención para la investigación feminista,
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 38 es esclarecedor el comentario que recibimos a nuestra propuesta titulada Epistemologías feministas y procesos de creación de conocimiento en Ciencias Sociales: análisis de metodologías y procesos de investigación en pos de la definición de criterios de validación situados22. Nos denegaron la subvención alegando que: “El equipo solicitante pretende definir una metodología feminista de investigación y generar recomendaciones al respecto. Cabe argumentar que el método científico es el mismo para todas las áreas de conocimiento. De la propuesta se deduce que el equipo no está de acuerdo con esta aseveración; pero tendría que haberla rebatido”. En esta crítica, es clara la confusión del revisor entre epistemología feminista y el área de los estudios de género, probablemente por considerar que no existen paradigmas y epistemologías diferentes. Por lo tanto, el reto que se abre es: ¿cómo investigar sobre epistemología/metodología feminista en un contexto de subvenciones anclado en el positivismo? Otro elemento a destacar lo ha presentado Nuria Vergé en la charla Herramientas on-line para el estudio y la visualización de los feminicidios23, en la que nos habla de la necesidad del autocuidado en la investigación feminista. En su experiencia, de análisis en solitario de noticias de diario sobre violencias de género para realizar una visualización interactiva de los feminicidios a través de la herramienta on-line AREA, ha tenido numerosos momentos dolorosos y de “bajón” que le han hecho reflexionar sobre la importancia de cuidarse en los procesos de investigación. Por su parte, Inés Testoni, en la charla Evaluación del uso de los psicodramas en procesos de empoderamiento de mujeres sobrevivientes de violencias de género24, evidencia la importancia de trabajar desde una perspectiva feminista temas sensibles a ser malinterpretados con una óptica sexista. Específicamente en el caso que nos presenta, habla de la necesidad de que las sobrevivientes de violencias de género puedan problematizar la relación que han tenido con las propias madres durante los años en que sufrieron violencia y elaborar eventuales malestares, sin por esto culpabilizar a nadie. 22 Presentada en 2012 en la convocatoria de Ayudas a Proyectos de Investigación Fundamental no Orientada del Ministerio de Economía y Competitividad. 23 Charla enmarcada, como otras a las que haremos referencia en este apartado, en los foros de debate Violencias de género desde la metodología de investigación feminista organizados por el SIMReF en 2014, con el apoyo económico del Instituto de la Mujer. El vídeo de esta charla se puede consultar en: <http://vimeo.com/94944179>. 24 El vídeo se puede visionar en: <http://vimeo.com/97847178>.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 1 39 Igualmente, Jane Callaghan, en la charla Comprendiendo agencias y resistencias: niñ@s en situaciones de violencias doméstica25, nos explica las dificultades metodológicas que supone escuchar a sujetos normalmente dejados sin voz, ni jurídica ni social. Por ello, elabora sobre las oportunidades y retos del uso de entrevistas individuales a jóvenes, así como de los procesos individuales o de grupo de narración fotográfica oral para explorar el abuso doméstico. Mencionamos asimismo a Elena Casado y Amparo Larsen, quienes en la presentación Conflictos y violencia en pareja: Apuntes metodológicos26, nos enseñan la importancia de dejarnos sorprender por los imprevistos en una investigación. Nos hablan de cómo, a veces, un error en el diseño metodológico, después de ser detectado y analizado, puede ser fuente de una serie de informaciones completamente inesperadas y extremamente estimulantes. Finalmente, Eva Alfama en la charla Medir la violencia de género: definiciones, indicadores y problemas27, nos invita a reflexionar sobre la dificultades asociadas a la construcción de indicadores estadísticos. Subraya específicamente cómo la selección de los elementos que se usan para la construcción de indicadores tiene que ser realizada con extremo cuidado, porque esta tarea nos puede llevar a representaciones completamente diferentes de una misma realidad. 5. Propuestas e inquietudes Para acabar este capítulo, quiero apuntar algunas apuestas de cara al futuro que señalaré de forma muy esquemática. • Construir y fortalecer redes investigadoras (para no estar solas, para producir conocimientos colectivos, etc.). • Sistematizar los conocimientos (también los producidos en la práctica). • Repensar las relaciones entre la academia y los espacios de intervención directa. • Fortalecer las redes de cooperación entre feministas que trabajan en la academia y en la intervención (política o social). 25 El vídeo se puede visionar en: <http://vimeo.com/97650642>. 26 El vídeo se puede visionar en: <http://vimeo.com/110128897>. 27 El vídeo se puede visionar en: <http://vimeo.com/115172678>.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 46 manera. No es lo mismo el tipo de colonización que experimentó Estados Unidos que la que experimentó la India, o la que experimentaron la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños. El postcolonialismo, en su acepción temporal, se inicia en 1947, con la independencia de la India frente al imperio británico una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. También ha tenido que ver con los procesos emancipatorios en Asia y en África, con la aparición de los nacionalismos del Tercer Mundo y su inscripción ambigua en las zonas de influencia definidas por la Guerra Fría, así como con el éxodo masivo de inmigrantes hacia los países industrializados. Lo postcolonial, como categoría, concepto y perspectiva, es decir, en su acepción epistemológica, surge de las “teorías postcoloniales” durante los años ochenta en Inglaterra y Estados Unidos. El palestino Edward Said, que colocó de alguna manera las pautas de estas teorías en su libro Orientalism (1990), vincula las ciencias humanas europeas y el imperialismo a través de la construcción que hace Occidente del “otro” que es Oriente. Posteriormente, destacan otros y otras académicas indias como Gayatri Spivak, Homi K. Bhabha, Ranahid Guha, Chandra Mohanty, etcétera. El concepto de lo postcolonial tiene variados posicionamientos, usos históricos, incluso muchas ambigüedades teóricas y políticas. Ella Shohat (2008), iraquí y judíodescendiente, ha señalado algunas de esas ambigüedades teóricas y políticas, enfatizando cómo muchas de las posiciones sobre lo postcolonial no dejan claro si la periodización es epistemológica o histórica, además de que algunas poseen pretensiones universalizantes y despolitizantes y disuelven la política de resistencia. Debido a sus múltiples interpretaciones, Shohat propone que lo post de lo postcolonial no debe referirse a lo que viene después, o a lo que ha superado el colonialismo, sino que sería más preciso referirse a una teoría relacionada con los post primer mundo/tercer mundo, que va mas allá de las relaciones binarias, fijas y estables de colonizado/ colonizador o centro/periferia. También Anne MacClintok, de Zimbabue (citada por Hall 2010), critica el concepto por su linealidad, como si el colonialismo y sus efectos hubieran terminado. El turco Arlik Dirlik (citado por Mazzadra y Rahola 2008), por otro lado, apunta que lo postcolonial es un discurso postestructuralista y postfundacionista utilizado por intelectuales desplazados del Tercer Mundo que triunfan en prestigiosas universidades de EEUU, y que emplean en el
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 2 47 lenguaje el giro lingüístico y cultural de moda con pretensiones universales. Para este autor, la noción de identidad que se asume desde esas posturas es discursiva y no estructural. En otras palabras, se trata de un culturalismo que resta importancia a cómo el capitalismo estructura el mundo moderno. Para el puertorriqueño Ramón Grosfoguel (2010), lo que se entiende como estudios postcoloniales tiene un problema teórico y político, que es entender el colonialismo como un evento del siglo XVIII y XIX desde la experiencia británica en la India y la experiencia francesa o británica en Medio Oriente. Para Grosfoguel, como para otros y otras pensadoras latinoamericanas, la experiencia colonial comienza en 1492, es decir, 300 años antes, y es un punto de partida fundamental, pues es desde allí que se concreta la relación modernidad/colonialidad que construye la superioridad epistémica y política de Occidente sobre el resto del mundo. Según este autor, los estudios postcoloniales ocultan estas experiencias, punto sobre el que volveré más adelante. El afrojamaiquino Stuart Hall (2010), a pesar de que asumió algunas de las críticas de Shohat, MacClintok y Dirlik, apuntó a que el concepto postcolonial puede ayudar a describir o caracterizar el desplazamiento en las relaciones globales que marca la transición (necesariamente desigual) de la época de los imperios al momento de postindependencia o postcolonización, así como a identificar cuáles son las nuevas relaciones y ordenamientos de poder que están surgiendo en la nueva coyuntura. Para Hall, lo postcolonial es un proceso de desenganche de todo el síndrome colonial para todos los mundos que estuvieron marcados por el colonialismo. En ese sentido, no se trata solo de describir esta sociedad en vez de aquella, o el entonces y el ahora, sino de reinterpretar la colonización como parte de un proceso global transnacional y transcultural, lo que produce una reescritura descentrada, diaspórica o global de las grandes narraciones imperiales, antes centradas en la nación. En ese sentido, lo postcolonial coloca otras narrativas de la modernidad. Esto es lo que me interesa conectar con el feminismo, ya que sus corrientes hegemónicas han sido producto también de la modernidad occidental. Lo que se entiende como feminismo postcolonial también tiene varias concepciones, entre ellas: la que propone otra narrativa y otras prácticas políticas frente al feminismo hegemónico, dado su sesgo blanco, occidental y burgués; la que lo define como aquel sustentado por mujeres del Tercer Mundo; la que se refiere a la interseccionalidad de opresiones; la que es definida como
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 48 la tercera ola del feminismo desde una visión lineal, única y eurocéntrica de la historia del feminismo; o todas las anteriores a la vez o ninguna de ellas. Yo misma (Curiel 2007) utilicé el concepto feminismo postcolonial como crítica a las posiciones hegemónicas blancas, burguesas y heterosexuales de muchas de las teorías feministas, sin haber caracterizado el concepto. La definición de ciertas posiciones feministas como postcoloniales, si bien ha sido importante como lugar de enunciación crítica al feminismo hegemónico, no ha conllevado una suficiente profundización de sus contextos y, sobre todo, de la episteme de la cual parten. Parecería que es suficiente introducir la perspectiva de la interseccionalidad, citar a algunas feministas indias o algunas negras, chicanas o indígenas para sustentar una posición feminista postcolonial. Para algunas de nosotras, esto no es suficiente. Es necesaria una relectura de “la historia”, de las historias, situarnos en contextos traspasados por el colonialismo, hacer una comprensión más compleja de las opresiones como parte intrínseca de la colonialidad contemporánea y, desde allí, hacer nuestras teorizaciones y direccionar nuestras prácticas políticas. 3. Acerca del feminismo decolonial Asumo, como muchos y muchas otras, que en Abya Yala ha habido procesos de descolonización desde las luchas que libraron pueblos indígenas y negros frente al hecho colonial, y que desde allí incluso han surgido epistemologías importantes que se hace necesario investigar aún más; este es el punto de partida. Lo que se denomina feminismo decolonial, concepto propuesto por la feminista argentina María Lugones (2008), tiene dos fuentes importantes. Por un lado, las críticas feministas hechas por el Black Feminism o las mujeres de color, las chicanas, las mujeres populares, la autonomía feminista latinoamericana, las feministas indígenas y el feminismo materialista francés al feminismo hegemónico, por su universalización del concepto mujer y con ello su sesgo racista, clasista y heterocentrado (Espinosa 2013); por otro lado, las propuestas de lo que se denomina Teoría Decolonial o proyecto decolonial, que ha sido desarrollado por diferentes pensadoras y pensadores latinoamericanos y caribeños. A continuación desarrollaré estos dos puntos y empezando por el último, ya que me ofrece un marco de análisis más general y me da la posibilidad de incluir algunas de las críticas que feministas decoloniales han hecho a varios de los autores anticoloniales latinoamericanos y caribeños.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 2 49 El proyecto decolonial, o como también se denomina “grupo modernidad/ colonialidad”, surge de intelectuales y activistas latinoamericanos y latinoamericanas que trabajan, en su mayoría, en universidades de Estados Unidos1 y en universidades latinoamericanas2. Algunos de sus miembros están vinculados con el movimiento indígena en Bolivia y Ecuador, otros con el movimiento afrodescenciente colombiano, y otros organizan actividades en el marco del Foro Social Mundial. Este grupo es una expresión de la teoría crítica contemporánea, estrechamente relacionada con las tradiciones de las ciencias sociales y las humanidades de América Latina y el Caribe (CastroGómez y Grosfoguel 2007). Hay varias cuestiones importantes que el feminismo decolonial retoma del proyecto decolonial. En primer lugar, el propio concepto de decolonialidad. Este se explica a partir de la comprensión de que con el fin del colonialismo como constitución geo-política y geo-histórica de la modernidad occidental europea, no se ha producido una transformación significativa de la división internacional del trabajo entre centros y periferias, así como de la jerarquización étnico-racial de las poblaciones y la formación de los Estadosnación en la periferia; al contrario, lo que ha ocurrido es una transición del colonialismo moderno a la colonialidad global, la cual ha sido posible gracias a instituciones del capital global como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), así como a organizaciones militares como la OTAN, las agencias de inteligencia y el Pentágono y, agregaría también, a la cooperación internacional del Norte. Es decir, se han transformado las formas de dominación, no así las estructuras de relaciones entre centro y periferia. Desde esta comprensión, Ramón Grosfoguel (2010) propone que estamos frente a un sistema-mundo europeo/euro-norteamericano capitalista/ patriarcal moderno/colonial y, yo agregaría, heterosexual. Lo decolonial implica una nueva comprensión de las relaciones globales y locales, que supone fundamentalmente entender, como lo plantea Enrique Dussel (1999), que la modernidad occidental eurocéntrica, el capitalismo mundial y el colonialismo son una trilogía inseparable. América es un producto de la modernidad en la construcción del sistema-mundo, y Europa, para construirse como centro del mundo, la construyó como su periferia desde 1492, cuando 1 Por ejemplo, la Universidad del Estado de Nueva York (SUNY) o la Universidad de Duke. 2 Entre otros, el Doctorado en Estudios Culturales de la Universidad Andina Simón Bolívar en Quito; la Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Javeriana en Bogotá; la Maestría en Investigación sobre Problemas Sociales Contemporáneos del IESCO, también en Bogotá; el Seminario-Taller “Fábrica de Ideas” en Salvador de Bahía (Brasil); y la Universidad Central de Venezuela.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 50 el capitalismo se hace mundial a través del colonialismo. Desde esa visión eurocéntrica, la modernidad occidental se asume como emancipación, como utopía, como el mito que definió la superioridad de los europeos sobre los otros a quienes consideró bárbaros, inmaduros, a los que hay que desarrollar incluso, de ser necesario, a través de la guerra y la violencia, y a los que se ve como culpables de su propia victimización (Dussel 2003). Es así como de esta relación entre modernidad-colonialismo-capitalismo se crea un patrón mundial de poder que el peruano Aníbal Quijano (2000) definió como colonialidad del poder, otro concepto importante que rescata el feminismo decolonial. La colonialidad del poder ha significado relaciones sociales de explotación/dominación/conflicto en torno a la disputa por el control y el dominio del trabajo y sus productos, la naturaleza y sus recursos de producción, el sexo y sus productos, la reproducción de la especie, y la subjetividad y sus productos materiales e intersubjetivos, incluido el conocimiento y la autoridad junto con sus instrumentos de coerción. Para Quijano (Ibidem), este patrón mundial se sustentó en torno a la idea de raza, que impuso una clasificación racial/étnica: indios, negros, aceitunados, amarillos, blancos, mestizos; y una clasificación geocultural: América, África, Lejano Oriente, Cercano Oriente, Asia, Occidente o Europa. María Lugones (2008), si bien acoge parte de la propuesta de Quijano sobre colonialidad, señala que no solo la raza ha sido el determinante de la configuración de la colonialidad del poder, sino también el género y, con ello, el heterosexualismo. Por otro lado, Lugones (Ibidem) apunta que Quijano asume una noción de sexo hiperbiologizado. Analiza cómo el género que refiere, tiene que ver con un tipo de relación humana reservada al varón blanco europeo poseedor de derechos y su compañera mujer que sirve a los fines de su reproducción como especie. Para esta feminista decolonial, el tipo de diferenciación que se aplica a los pueblos colonizados y esclavizados es el dimorfismo sexual, macho y hembra, que da cuenta de la capacidad reproductiva y la sexualidad animal. Para esta autora, las hembras esclavizadas no eran mujeres. En otras palabras, ella plantea que género es una categoría moderna y colonial. Esto está ligado a la noción de humanidad que impuso la modernidad occidental, que se inicia con el debate sobre si los indios y más tarde los negros eran humanos. Las hembras y machos colonizados no eran mujeres ni hombres, ni eran considerados humanos. Sobre este aspecto, el puertorriqueño Nelson Maldonado Torres (2007) propone el concepto de colonialidad del ser que ha supuesto la negación de humanidad, la inferiorización de poblaciones
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 2 51 (sobre todo indígenas y afrodescendientes) que han sido consideradas como un obstáculo para la cristianización primero y para la modernización después. Esa negación del ser (Dasein) ha sido la justificación para esclavizarlas a esas poblaciones, quitarles sus tierras, hacerles la guerra o simplemente asesinarlas. Son, como diría Frantz Fanon (1963), los condenados de la tierra. La modernidad occidental eurocéntrica también generó una colonialidad del saber (Lander 2000), un tipo de racionalidad técnico-científica, epistemológica, que se asume como el modelo válido de producción de conocimiento. Desde esta visión, el saber debe ser neutro, objetivo, universal y positivo. Como señala el colombiano Santiago Castro-Gómez (2007), pretende estar en un punto cero de observación capaz de traducir y documentar con fidelidad las características de una naturaleza y una cultura exótica. Se trata de un imaginario que se pretende desde una plataforma neutra, un único punto desde donde se observa el mundo social que no puede ser observado desde ningún punto, así como harían los dioses. Desde ahí se genera una gran narrativa universal en la cual Europa y Estados Unidos son, simultáneamente, el centro geográfico y la culminación del movimiento temporal del saber, donde se subvaloran, se ignoran, se excluyen, se silencian, se invisibilizan conocimientos de poblaciones subalternizadas. La subalternidad aquí es “lo otro”, en tanto no es el hombre, heterosexual, padre, católico, letrado, con privilegios de raza y clase y, ahora también, muchas mujeres con estos privilegios. Es esa otredad la que debe ser estudiada, investigada, exotizada, explotada, desarrollada, intervenida, como generalmente hacemos hoy con nuestras investigaciones y nuestras prácticas. La colonialidad del poder, del ser y del saber, por tanto, es el lado oscuro de la modernidad, de esa modernidad occidental desde donde también surge el feminismo como propuesta emancipadora supuestamente para todas las mujeres. Pero no nos hemos dado cuenta de que no ha sido para todas las mujeres. A propósito de esta afirmación, a continuación paso a analizar la otra fuente del feminismo decolonial, que tiene que ver con feminismos críticos y contrahegemónicos. En un trabajo reciente, Yuderkys Espinosa, afrodominicana, lesbiana feminista autónoma y decolonial, ha comenzado a sistematizar lo que en América Latina y el Caribe denominamos feminismo decolonial. Para la autora, “se trata de un movimiento en pleno crecimiento y maduración que se proclama revisionista de la teoría y la propuesta política del feminismo, dado lo que considera su sesgo occidental, blanco y burgués” (Espinosa 2013: 8). Para Espinosa, el feminismo decolonial apunta a revisar y problematizar bases fundamentales del feminismo y también ampliar conceptos y teorías clave
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 52 de lo que se conoce como la teoría decolonial propuesta por muchos de los pensadores latinoamericanos y citados más arriba. En palabras de la autora: “Por un lado se reclama heredero del feminismo negro, de color y tercermundista en los EEUU, con sus aportes a pensar la imbricación de opresiones (de clase, raza, género, sexualidad), al tiempo que se propone recuperar el legado crítico de las mujeres y feministas afrodescendientes e indígenas que desde América Latina y el Caribe han planteado el problema de su invisibilidad dentro de sus movimientos y dentro del feminismo mismo, iniciando un trabajo de revisión del papel y la importancia que han tenido en la realización y resistencia de sus comunidades. En segundo lugar, el grupo retoma algunos aportes de la teoría feminista producida en Europa y EEUU que sirven a sus fines. Así, varias de las que componen el grupo, retoman al feminismo materialista francés con su temprano cuestionamiento a la idea de naturaleza, su comprensión de la categoría mujeres como “clase de sexo” y el análisis de la heterosexualidad como régimen político. También se nutren de la revisión crítica del esencialismo, el sujeto del feminismo y la política de identidad desarrollada por el feminismo posmodernista. En este mismo tenor, recuperan el legado de autoras clave del feminismo poscolonial con su crítica a la violencia epistémica, la posibilidad de un esencialismo estratégico el llamado a una solidaridad feminista norte-sur y la crítica al colonialismo de la producción de conocimientos de la academia feminista asentada en el Norte. Como tercera línea genealógica, este feminismo recoge algunas críticas de la corriente feminista autónoma latinoamericana, a la que algunas de ellas han pertenecido, incorporando una denuncia a la dependencia ideológica y económica que introducen las políticas desarrollistas en los países llamado ‘Tercer mundo’, así como del proceso de institucionalización y tecnocratización de los movimientos sociales que impone una agenda global de derechos útil a los intereses neocoloniales que tiene que ver con las lógicas de la cooperación internacional desde el Norte” (Ibidem). Una postura decolonial significa entender que categorías centrales del feminismo como, entre otras: género, mujeres, intervención social, cooperación internacional al desarrollo, grupos minoritarios, pobres y una serie de conceptos y categorías que reflejan la colonialidad, forman parte de lo que Lugones (2008) denominó el sistema de género/moderno/colonial que ha afectado nuestras in-
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 2 53 terpretaciones, teorizaciones, investigaciones, metodologías, prácticas políticas, reproduciendo en el feminismo lógicas racistas y neocoloniales. A continuación voy a centrarme en algunas propuestas de feministas que nos denominamos decoloniales, que creo importantes porque aportan y problematizan lo que se denomina ¿la? metodología feminista. 3.1. ¿Una metodología feminista? El punto de vista y la interseccionalidad Reconocemos los aportes de Sandra Harding (1992) en torno a pensar una epistemología y una metodología feminista que cuestione la lógica masculina de la ciencia, sus aportes en torno a la reflexividad para evitar la posición objetivista que pretende ocultar las creencias y prácticas culturales de las personas que investigan, y su invitación a explicitar el género, la raza, la clase y los rasgos culturales de la investigador/a como posicionamiento. No obstante, su propuesta reprodujo a fin de cuentas la universalización del género, así como su binarismo. Su propuesta es, por tanto, bastante esencialista, al proponer que la metodología feminista trata de una perspectiva de las experiencias femeninas, de manera unívoca. Además, provoca dualismo al contraponer las experiencias de mujeres a las experiencias de hombres (Haraway 1991), como si estos también fueran todos iguales. Donna Haraway también es reconocida por los aportes en torno a la reflexividad y al punto de vista, que invitan a historizar a quien hace investigaciones, es decir, a evidenciar un lugar de enunciación que definitivamente afecta las interpretaciones sobre las investigaciones que se hacen. Esto es importante, incluso es un punto de partida ético fundamental. Sin embargo, la reflexividad, desde una visión decolonial, no se trata solo de autodefinirnos en la producción del conocimiento. Desde esta postura, el punto de vista y la reflexividad implican una toma de postura en la construcción del conocimiento que debe considerar la geopolítica, la raza, la clase, la sexualidad o el capital social, entre otros posicionamientos. La afroamericana Patricia Hill Collins (1998) es quien, a mi juicio, ha profundizado en la cuestión del punto de vista desde esta perspectiva, a partir de la reconstrucción del pensamiento feminista negro. Para Hill Collins, el punto de vista tiene dos componentes. En primer lugar, las experiencias político-económicas, lo que provee un conjunto de experiencias distintas y una
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 54 perspectiva diferente sobre la realidad material que viven las afroamericanas; en segundo lugar, una conciencia feminista negra sobre la realidad material. Eso significa entender cómo esa conciencia se crea desde la experiencia de una realidad, de forma que son las afroamericanas las que mejor pueden interpretar esa realidad. Tanto la experiencia como la conciencia de esa experiencia, en su caso, está atravesada por la manera en que se experimenta, se problematiza y se actúa en torno a lo que Hill Collins denomina una matriz de dominación. Esta matriz implica comprender cómo interactúan el racismo, la heterosexualidad, el colonialismo y el clasismo, e integra cuatro características: elementos estructurales, como leyes y políticas institucionales; aspectos disciplinarios, como jerarquías burocráticas y técnicas de vigilancia; elementos hegemónicos o ideas e ideologías; y aspectos interpersonales, prácticas discriminatorias usuales en la experiencia cotidiana. Los análisis de Hill Collins nos sugieren dos cosas: a) Si la conciencia feminista negra surge de la experiencia, si ellas son desde su realidad quienes pueden interpretarla mejor, es porque la experiencia vivida es una fuente del conocimiento y deberían ser ellas mismas quienes la investiguen. b) Si la interpretación de esa realidad supone entender cómo actúa la matriz de opresión sobre sus propias vidas, caracterizada por cómo les afectan opresiones como el racismo, la heterosexualidad, el colonialismo y el clasismo, con sus expresiones estructurales, ideologías y aspectos interpersonales, entonces todo eso no trata de categorías analíticas, sino de realidades vividas (Lugones, 2008) que necesitan una comprensión profunda de cómo se produjeron. No se trata de describir que son negras, que son pobres y que son mujeres; se trata de entender por qué son negras, son pobres y son mujeres. Con ello, no estoy planteando que solo las que han sufrido las opresiones tienen capacidad para entenderlas e investigarlas, sino que existe un privilegio epistémico (Hill Collins 1998) importante a considerar en la producción del conocimiento, y eso significa pasar de ser objetos a sujetos. Considerar la matriz de dominación de Hill Collins o, como diría María Lugones, la consustancialidad de las opresiones, es distinto a asumir la interseccionalidad como perspectiva, concepto propuesto por Kimberlé Crenshaw (1993). El concepto de interseccionalidad es el que más éxito ha tenido en las investigaciones y propuestas feministas para entender las
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 2 55 opresiones, y no es casual porque, al final, es una propuesta liberal y moderna, aunque haya sido propuesta por una afroamericana. La interseccionalidad remite a un reconocimiento de la diferencia colonial desde categorías intersectadas, en que la raza y el género, por ejemplo, se presentan como ejes de subordinación que en algún momento han estado separados, con algún nivel de autonomía y que luego son intersectados. La metáfora de las autopistas que se cruzan que usa la autora es un indicador del problema político y teórico que contiene esta propuesta. La interseccionalidad pregunta muy poco por la producción de estas diferencias contenidas en las experiencias de muchas mujeres, fundamentalmente racializadas y pobres. Por tanto, tiende a un multiculturalismo liberal que pretende reconocer las diferencias, incluyéndolas en un modelo diverso, pero que no cuestiona las razones que provocan la necesidad de esa inclusión. En otras palabras, es definida desde el paradigma moderno occidental eurocéntrico. Una posición decolonial feminista implica entender que tanto la raza como el género han sido constitutivas de la episteme moderna colonial; no son simples ejes de diferencias, sino que son diferenciaciones producidas por las opresiones que, a su vez, produjo el colonialismo, y que continúa produciendo en la colonialidad contemporánea. Sobre la base de todo lo anterior, una metodología feminista decolonial debe hacerse varias preguntas: ¿Qué están significando los puntos de vista en las investigaciones feministas? ¿Qué tanto imponemos género en los procesos investigativos y epistemológicos cuando estudiamos a mujeres racializadas, fundamentalmente negras e indígenas? ¿Qué tanto reproducimos la colonialidad del poder, del saber y del ser cuando la raza, la clase, la sexualidad se nos convierten solo en categorías analíticas o descriptivas que no nos permiten establecer una relación entre esas realidades y el orden mundial capitalista moderno-colonial hoy? 3.2. La relación sujeto-objeto En las metodologías feministas, ¿quiénes son los sujetos y quiénes son los objetos de nuestras investigaciones? Una de las características de la colonialidad del saber, como señalábamos, es asumir que la otredad y la diferencia colonial, son generalmente los objetos de las investigaciones: mujeres, negras, pobres, indígenas, migrantes, del Tercer Mundo, como si solo a partir de asumirlas como materia prima se hiciera investigación feminista. El
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 62 ¿Las investigaciones feministas se distinguen por las metodologías o las técnicas utilizadas?, se pregunta de Barbieri, a lo que se responde negativamente; y yo estaría también en esa posición, o más en esa posición que en la contraria. Desde el momento en que las feministas producen conocimiento desde muy diversos puntos de partida y marcos teóricos y sociales, y llevan a cabo acciones desde propuestas teóricas muy diferentes, es difícil defender que nuestras metodologías sean homogéneas o específicas. Lo específico del feminismo sería, en mi opinión: (1) la posición social y las opciones individuales y colectivas de las personas implicadas, que tenemos unas exigencias políticas, científicas y éticas concretas, pero que compartimos con otros colectivos; (2) las teorías y conceptos que hemos ido acuñando y aplicando en nuestras reflexiones, que sí son específicas, pero que luego hemos socializado; (3) los problemas a estudiar, también específicos (al menos el punto de vista desde el que los miramos). Por tanto, estaríamos hablando más bien de configuraciones teórico-metodológicas concretas, que es en lo que creo que nos diferenciamos. 2. El feminismo vasco: características y transformaciones Si tuviera que caracterizar el movimiento feminista vasco1 de finales del siglo XX diría que ha sido (y de alguna manera, lo sigue siendo) un movimiento unitario, popular, igualitarista y antisistema. Unitario, en el sentido de que las Asambleas de Mujeres (Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa), que fueron la forma de organización principal durante muchos años, aglutinaron a mujeres con diferentes ideologías y objetivos, que participaban a su vez en colectivos feministas muy distintos: grupos autónomos o de partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinas/os, empresas, etc. Con el tiempo, las Asambleas de Gipuzkoa y Nafarroa han desaparecido y las otras dos se han convertido en un grupo entre otros. Pero, en general, creo que se puede afirmar que hemos seguido demostrando tener bastante capacidad para coordinarnos y actuar juntas de manera más o menos estable, alrededor de campañas –aborto, anticoncepción, sexualidad, trabajo, violencia sexista...–, celebraciones –8 de Marzo, 28 de Junio, 1 de Mayo, 25 de Noviembre…– o iniciativas diversas –Marcha Mundial de las Mujeres, Plataforma por un Sistema Público Vasco de Atención a la Dependencia…–. 1 En este artículo me voy a referir al feminismo del País Vasco Sur (Estado español): Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa, aunque considero que bastantes de los contenidos son aplicables a otras zonas del Estado español.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 3 63 La última experiencia ha sido la Plataforma por el Derecho al Aborto contra el intento de reforma de la actual ley por parte del dimitido ministro Gallardón, plataforma que ha aglutinado y convocado a mujeres de muy distintas condiciones y sensibilidades. Un movimiento feminista, el vasco, que podríamos caracterizar, también en general, como popular, de base, que ha tendido a estar muy descentralizado y enraizado en barrios y pueblos. Joyce Gelb, en un artículo publicado ya hace unos años, “Feminismo y acción colectiva” (1992), analiza de modo contrastado tres contextos geográfico-histórico-políticos en relación con el feminismo: el británico, el norteamericano y el sueco. Se fija para ello en el tipo de acciones llevadas a cabo, los valores en cuanto a la organización y la orientación de los grupos mayoritarios, así como en los recursos, las estrategias y las alianzas. En el feminismo estadounidense son cruciales los llamados grupos de presión, con capacidad para incidir en el gobierno. El feminismo sueco sería, en gran medida, un feminismo que persigue la igualdad a través del Estado. Por último, el feminismo británico pondría mucho énfasis en la ideología y sería un movimiento descentralizado y con menor presencia a nivel del Estado. Pues bien, en conjunto, y refiriéndome sobre todo a los años setenta y ochenta del siglo XX, el feminismo vasco fue un movimiento similar al británico, muy centrado en la auto-organización local y la puesta en marcha de servicios públicos –centros de planificación familiar, de información…– y experiencias gestionadas por las propias mujeres. He comentado también que se trata(ba) de un feminismo bastante igualitarista, un rasgo que comparte con otros feminismos, pero que es acorde asimismo con una característica que considero que es cultural y que se puede hacer extensiva a otros muchos espacios de la sociedad vasca. Así, el igualitarismo es una peculiaridad que ha influido en que se desarrolle un activismo feminista colectivista, en el que se pueden identificar nombres propios pero en el que se da mucho valor a las dinámicas y reconocimientos grupales. Es decir, en nuestro caso, habría un equilibrio bastante estable, aunque no por eso siempre fácil de gestionar, entre individualidades y grupos. El cuarto elemento al que he aludido, el carácter “antisistema”, estaría relacionado con las otras tres características: las acciones se han dirigido a cambios legales (divorcio, aborto, empleo…) e institucionales, pero combinadas siempre con la movilización y organización ciudadana autónoma y alternativa. Esto provocó, por ejemplo, que cuando se creó Emakunde (el Instituto Vasco de la Mujer) en el año 1988, gran parte del movimiento se
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 64 sintiera ajeno y se mostrara muy crítico con esa institución2, algo que se ha ido modificando con el tiempo. A partir de finales de los años ochenta del siglo pasado, las asociaciones se van adelgazando y el feminismo deja de estar tan presente en la calle, aunque las concentraciones en las fechas conmemorativas y las protestas contra la violencia sexista han seguido siendo una constante. En este sentido, las campañas de aborto del último año han hecho reaparecer (y reinventar) formas de acción que parecían olvidadas. Además, el movimiento se ha ido transformando y diversificando hasta diferenciarse claramente cuatro grandes ámbitos: asociativo3, académico4, profesional5 e institucional6. Cuatro ámbitos que mantienen, sobre todo a nivel local, relaciones estrechas, aunque vehiculadas generalmente a través de personas y proyectos concretos. Asimismo, además de los espacios de encuentro clásicos (asociaciones o colectivos de mujeres, acciones, coordinadoras, jornadas y conferencias…), se han ido consolidando “nuevos” espacios a los que me referiré posteriormente, como el aula universitaria, las escuelas de empoderamiento y casas de las 2 Una de las consignas más difundidas entonces fue la de “Emakunde no nos cunde”. 3 Además de las asociaciones feministas autónomas o ligadas a organizaciones políticas y sindicales –algunas de ellas nuevas y con planteamientos organizativos novedosos–, en las últimas décadas han ido surgiendo numerosas asociaciones que podríamos denominar “parafeministas”, llamadas también asociaciones culturales, de muy diferente carácter y que aglutinan por lo general a muchas mujeres. Estas asociaciones suelen estar incluidas en los Consejos Municipales de las Mujeres. 4 En el año 1985 surge en Donostia/San Sebastián el Seminario de Estudios de la Mujer de la UPV/EHU, que estuvo funcionando hasta 1994, y que se constituyó a partir del proyecto de investigación Mujer vasca. Imagen y realidad (1975-1984), realizado por un equipo dirigido por Teresa del Valle (1985). En el año 2001 se puso en marcha, también en la UPV/ EHU, el Master Profesional en Igualdad de Mujeres y Hombres y, en 2006, surgió Ekimen Feminista, una Red de Estudios Feministas y de Género que aglutinó a profesoras e investigadoras de las distintas áreas. Esta red impulsó en 2008 el Master Oficial en Estudios Feministas y de Género y el Doctorado del mismo nombre, que comenzó a funcionar en 2009. En las últimas décadas, la actividad docente (grado y postgrado) e investigadora en este campo en la UPV/EHU ha sido muy rica y diversa. Por otra parte, en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), existe hoy en día un Título Propio de Experto/a en Género, pero esta universidad es también pionera en los estudios de género a partir de la colaboración de muchos años de profesoras del Departamento de Trabajo Social con el Área de Mujeres y Feminismos del Instituto de Promoción de Estudios Sociales-IPES de Navarra. 5 Las llamadas técnicas de igualdad, bastantes de las cuales están vinculadas directamente al movimiento feminista, trabajan sobre todo a nivel municipal, aunque hay también técnicas en las Diputaciones Forales, en el Gobierno Vasco y en el Gobierno de Navarra. 6 Las instituciones más importantes son Emakunde y el Instituto Navarro de la Mujer, aunque hay áreas o departamentos de igualdad en todos los niveles de la administración. La UPV/ EHU cuenta también con una Dirección para la Igualdad.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 3 65 mujeres, o el espacio de las publicaciones digitales, blogs y redes sociales, por citar los que me parecen más significativos. En estos espacios se encuentran feministas que a su vez están en otros ámbitos. No podemos perder de vista que el contexto social y político ha cambiado radicalmente en los últimos treinta años. Se han conseguido logros importantes para las mujeres, sobre todo a nivel legal y en ámbitos concretos, como el de la educación. Pero las desigualdades permanecen, como lo muestran, por ejemplo, las estadísticas relativas al empleo o al cuidado, y los cambios subjetivos y relativos a las mentalidades que son difíciles de afrontar. Además, los distintos estudios llevados a cabo con jóvenes no permiten ser muy optimistas7. Junto a ello, las reacciones y argumentos contra el feminismo se han ido haciendo, por lo general, mucho más sutiles y difíciles de identificar, por lo que la capacidad de respuesta también se ve afectada. Por otra parte, cada vez es más evidente que todas las mujeres no estamos en la misma situación social o económica, a pesar de que seguimos teniendo tendencia a unificar excesivamente los problemas de las mujeres. Por último, diría que el movimiento feminista vasco del siglo XXI no ha abandonado del todo su carácter popular y antisistema, aunque hoy día hay mucha menos gente participando en asociaciones y no se mantiene de la misma forma la relación directa que había en las primeras décadas entre el debate teórico y la acción política. Por otra parte, habría que comprobar cómo influye en el feminismo actual el hecho de que muchas de sus integrantes hayan accedido con los años a una situación laboral y económica buena o, al menos, estable; pero también qué papel está teniendo la precariedad que afecta a otras muchas feministas, por ejemplo a las jóvenes. En todo caso, creo que el rasgo principal del momento presente es que estamos combinando –dependiendo de temáticas y colectivos–, la auto-organización y las reivindicaciones y acciones (que pretenden ser) rupturistas, con una política muy clara de reformas 7 Véase, por ejemplo: Rincón (2001) y Amurrio (2008). Los resultados de una investigación llevada a cabo entre los años 2010 y 2012 por cinco antropólogas de la UPV/EHU (Margaret Bullen, Carmen Díez, Mari Luz Esteban, Jone M. Hernández y Elixabete Imaz) muestran que existen continuidades importantes respecto a las desigualdades, muchos conflictos y algunas rupturas. Las continuidades tienen que ver, sobre todo, con una visión dimórfica y naturalizada de la vida, que permanece casi intacta y que influye en muchos ámbitos (maternidad, sexualidad, empleo…). Las rupturas surgen en general por influencia de personas concretas (familiares, profesoras…) o de contextos feministas, pero también se dan en el marco de actividades no tan marcadas por las diferencias de género.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 66 y colaboración con las instituciones8. Y merecería la pena analizar esto en profundidad. 3. Metodologías de producción y circulación del conocimiento: cambios en las últimas décadas En los años setenta y los primeros años ochenta, en un contexto político de mucha efervescencia después de la muerte de Franco, la situación tan negativa en cuanto a derechos y condiciones sociales y legales y la alta presencia de feministas en la calle y centros de trabajo, favorecieron la toma de conciencia y el acceso de las mujeres al movimiento, de forma que los grupos de mujeres se multiplicaron en muy poco tiempo. ¿Cuál fue la metodología principal para la generación y circulación del conocimiento en esa época? En el País Vasco, como en otros muchos lugares, la formación y la reflexión se daba en grupos de barrios y pueblos, y/o grupos pertenecientes a otras organizaciones y sectores, reunidos todos ellos en las cuatro Asambleas de Mujeres (Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa). Estos grupos funcionaban desde la filosofía de la autoconciencia, es decir, de la relación entre la teoría y la propia experiencia pero, al mismo tiempo, con una visión muy politizada y activista del feminismo. Los grupos de autoconciencia surgen a finales de los años sesenta del siglo pasado en el feminismo radical estadounidense, siendo Kathie Sarachild la que, en 1967, comenzó a utilizar esta terminología, en el marco de las New York Radical Women (Malo 2004: 22). Así, la autoconciencia se convierte en “uno de los motores centrales del feminismo de la década de 1970” (Ibidem: 25). Estas feministas insistieron en el carácter científico de esta práctica, ligada a la filosofía de “lo personal es político”. En palabras de la propia Sarachild (1978): “La autoconciencia se consideraba simultáneamente como un método para llegar a la verdad y un medio para la acción y la organización. Era un mecanismo para que las propias organizadoras hicieran un análisis de la situación y, al mismo 8 Santiago Alba Rico, en su libro ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? (2013), considera que ser de izquierdas hoy supone ser revolucionarios a nivel económico, reformistas a nivel institucional, y conservadores a nivel antropológico (recuperar la fraternidad y el cuidado entre unos y otros).
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 3 67 tiempo, un mecanismo disponible para las mujeres a quienes estas primeras estaban organizando y que, a su vez, organizaban a más gente. Del mismo modo, no se consideraba como una mera fase del desarrollo feminista, que conduciría a continuación a otra acción, a una fase de acción, sino como una parte esencial de la estrategia feminista global” (en Malo 2004: 23). Cuando yo comencé a participar en el Grupo de Mujeres de Basauri, a finales de la década de los setenta, nuestra formación consistía básicamente en la lectura y discusión de textos que circulaban entre nosotras, muchos de los cuales eran debatidos en las reuniones periódicas de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, a la que pertenecíamos. Eran textos, publicados o mecanografiados, que muchas veces tenían que ver con debates o campañas concretas en las que estábamos implicadas (aborto, anticoncepción, divorcio, sexualidad, trabajo…), pero también publicaciones de distinto carácter: ensayos teóricos, obras literarias…9. Y siempre las teorías (de distintas tendencias) eran puestas en relación con nuestra propia experiencia, para reafirmarlas pero también para rebatirlas o, al menos, matizarlas. Pero, además de practicar la autoconciencia, éramos personas muy politizadas, que discutíamos constantemente sobre temas muy diversos, debates que intentábamos traducir en acciones concretas. Y, al mismo tiempo, debatíamos sobre métodos de lucha (por ejemplo: violencia o no-violencia…) y de organización (única o doble militancia…). Es decir, partíamos de una doble idea: de que “lo personal es político” pero también de que “lo político es personal”. A su vez, se producían –fundamentalmente de modo colectivo– síntesis o reelaboraciones de esas teorías y debates, que eran difundidas mediante charlas y panfletos. También se escribían ponencias para presentar en las múltiples jornadas temáticas o generales, entre las que han destacado las distintas Jornadas Feministas de Euskal Herria en las que siempre han estado implicadas las organizaciones feministas vascas. Las primeras, que llevaron el nombre de I Jornadas de la Mujer de Euskadi, se celebraron en 1977 en el campus de Leioa (Bizkaia) de la UPV/EHU. Las II y III Jornadas Feministas de Euskadi se celebraron respectivamente en 1984 y 1994, también en Leioa. Las IV Jornadas Feministas de Euskal Herria (las últimas, por el momento) se celebraron en 2008, esta vez en la Escuela de Náutica en Portugalete (Bizkaia). 9 Recuerdo, por ejemplo, un documento que discutimos apasionadamente, el de “La tiranía de la falta de estructuras”, escrito por Jo Freeman en los años setenta, donde reflexionaba sobre los problemas generados en torno a la organización de los movimientos políticos; un texto que circuló por todo el mundo. También recuerdo que leímos con avidez todas las memorias de Simone de Beauvoir.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 68 Hoy día, y soy consciente de que estoy dando un gran salto en el tiempo, estas dinámicas de formación y debate se han modificado en gran manera. Por una parte, la producción teórica feminista ha crecido de manera exponencial y es muy difícil que una persona pueda estar al día de las diferentes propuestas. Además, se han ido consolidando, como decía, los espacios académicos y de investigación, lo que ha producido una especialización (y jerarquización) del saber que ha reemplazado la estrategia de pensar y producir conocimiento en pequeños grupos de activistas, que sigue existiendo pero mucho más debilitada e invisibilizada. Esto ha conllevado una separación entre, por un lado, el pensar e investigar y, por otro, el hacer, aunque sigue habiendo mujeres que participan y se nutren de todos los ámbitos, y no quedan claras las interacciones entre los distintos espacios donde se produce el conocimiento. Es decir, hemos ganado en nivel teórico, de especialización y profesionalización, pero hemos perdido en horizontalidad y conexión de la investigación (reglada o no) con nuestra propia experiencia, y en visibilización de cómo se producen y articulan las ideas y el saber en su conjunto. Asimismo, hemos perdido en relación directa entre la formación y la acción política, al menos en lo que tiene que ver con la acción colectiva. Aquí tendríamos distintos temas para el debate, por ejemplo, la cuestión de las autorías, o lo que podríamos llamar la concentración y/o apropiación individual del saber colectivo. En mi experiencia simultánea en distintos espacios he comprobado que, por lo general, las elaboraciones generadas dentro de colectivos se difunden con más dificultad y por circuitos subalternos, tienen menos reconocimiento que las producidas por las llamadas expertas y/o incluso son utilizadas sin ser citada la fuente. Por muy igualitaristas que seamos, también las feministas estamos afectadas por la “cultura de expertos” que domina nuestra sociedad, y muchas veces no se aplican los mismos criterios del mundo académico al resto de espacios. Así, puedes encontrar que se le están atribuyendo a una persona ideas o lecturas de la realidad que tienen su origen en un grupo concreto. Esta jerarquización del reconocimiento también se puede dar entre diversos colectivos que tienen mayor o menor prestigio o “glamour” dentro del movimiento. Por otra parte, la cultura académica hegemónica de valoración de la calidad de la investigación, basada en un sistema de citaciones endogámico y restrictivo, así como la idea de que el conocimiento “se transmite” unidireccionalmente de la universidad a la calle, dificultan la posibilidad de tener un mapa completo de cómo se genera y enriquece ese conocimiento y de las interrelaciones complejas entre elaboración teórica y activismo.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 3 69 4. Evolución en la influencia de diferentes propuestas teóricas Antes de analizar lo que llamaré circuitos del conocimiento feminista, me gustaría comentar la importancia que tienen en esos procesos la evolución de las propuestas teóricas y la emergencia y difusión de otras nuevas. En el feminismo vasco de los años setenta y ochenta, y de modo general en el feminismo del Estado español, la disciplina principal a la hora de generar reflexiones y debates o, al menos, una de las principales, fue la filosofía. Las teorías sobre la igualdad o el poder de filósofas como Celia Amorós o Amelia Valcárcel eran leídas o escuchadas en sus conferencias con algo parecido a la devoción. Más aún, se podría decir que el feminismo vasco de aquellos años estuvo más cercano a las propuestas de la igualdad que a las de la diferencia, lo que seguro que ha tenido influencia a niveles que no tenemos identificados. Hoy día, hay dos ámbitos “estrella”: la economía feminista, por un lado, y la teoría queer y todo lo que tiene que ver con el transfeminismo, por otro. Son dos ámbitos perfectamente diferenciados, que no se articulan entre sí, aunque probablemente más en el caso de las feministas jóvenes. Esta “dualidad” teórica es interesante porque se relaciona, a su vez, con una separación que sigue bastante vigente en las preocupaciones feministas, entre desigualdad social y económica, por un lado, e identidad y sexualidad, por otro. Siguiendo la terminología de Nancy Fraser (2000), podríamos decir que el feminismo actual está poniendo mucho énfasis en las políticas de la redistribución, como es lógico en la situación de crisis que vivimos, pero sigue haciendo mucho hincapié también en las del reconocimiento. Como en la época anterior, el éxito de ambos tipos de propuestas tiene que ver con la valía de personas y colectivos concretos, pero también con la necesidad de responder a los cambios políticos y económicos, y de seguir avanzando en el análisis de las supuestas diferencias entre eso que llamamos mujeres y hombres. En el caso de la teoría queer, añadiría que su capacidad de seducción se debe a la talla intelectual de una autora como Judith Butler, que se ha convertido en la Simone de Beauvoir de nuestros días, pero también a la búsqueda por parte de las feministas más jóvenes de miradas y espacios propios. En todo caso, se produce a veces un efecto de destello, de deslumbre, alrededor de estas teorías, de modo que parece que dan solución a todos los problemas o preguntas que tenemos sobre la mesa.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 70 5. Dos espacios de confluencia y generación del conocimiento: aula universitaria y casa de las mujeres (escuela de empoderamiento) Como señalaba anteriormente, además de los espacios clásicos de producción de saber (asociaciones o colectivos feministas que trabajan autónomamente o en organizaciones políticas o sindicales, coordinadoras, plataformas, jornadas, etc.), considero que hoy día hay tres espacios claves y estables en el feminismo en los que, además de las acciones especificas de cada uno de ellos, se encuentran mujeres (y algunos pocos hombres) de muy distinto tipo, y donde conocimiento y activismo se articulan de maneras distintas e interesantes: en primer lugar, estaría el aula o el espacio universitario; en segundo lugar, la casa de las mujeres, donde se aglutinan las asociaciones de mujeres, los servicios de igualdad y las escuelas de empoderamiento10; y, en tercer lugar, el espacio de internet, al que no voy a referirme en este texto porque lo conozco menos. El aula, sobre todo en los estudios de postgrado, es el espacio universitario de encuentro por excelencia, aunque este encuentro también se produce en otros lugares, como en despachos y eventos diversos. Este espacio representa en la actualidad una oportunidad muy positiva de formación y de producción y legitimación del conocimiento feminista. Esto, y la posibilidad de una salida profesional, es lo que está atrayendo a la universidad a muchas feministas, jóvenes y no tan jóvenes, activistas y no activistas. Pero, la condición de partida en este espacio es la separación que se da entre las que “saben”, las profesoras e investigadoras, que son las que enseñan, y las que “no saben”, que son las que aprenden. El sistema universitario está organizado desde la idea de que las personas vienen a la universidad a recibir conocimiento, por lo que no siempre es fácil visibilizar la circulación en sentido contrario y/o aprovechar bien el saber de las alumnas. Esto supone, además, que se quiebra el igualitarismo y la horizontalidad que caracterizaría al movimiento feminista. Esta separación se ve favorecida también por la 10 En el País Vasco, solo en unos pocos municipios hay Casas de las Mujeres en su sentido literal, aunque es posible que en los próximos años surjan algunas más. La primera que se creó fue la de Ermua (Bizkaia), a la que siguieron la de Donostia/San Sebastián (Gipuzkoa), la de Basauri (Bizkaia) y la de Ondarroa (Bizkaia). Sin embargo, en muchísimos más municipios hay áreas y servicios municipales de igualdad que promueven actividades para mujeres, sea bajo la forma de Escuela de Empoderamiento o no. Cuando hablo de Casas de las Mujeres, por tanto, me refiero también a estas combinaciones que, en mi opinión, llegan a un nivel de desarrollo óptimo en las Casas.
I. Epistemologías y metodologías feministas. Capítulo 3 71 diferencia de edad que suele haber entre profesoras y alumnas. Aún así, habría que indagar en cómo se está compensando o matizando todo esto en la práctica. En todo caso, vuelvo a subrayar como aspectos positivos de este ámbito, en primer lugar, la posibilidad que da la universidad de formarse en un momento en el que la participación en asociaciones de mujeres es menor que antes, y en el que la cantidad de información disponible es ingente y es preciso organizarla. Los estudios universitarios permiten, por tanto, formarse en general pero también profundizar y especializarse en temáticas y perspectivas diversas. Y, en segundo lugar, la posibilidad de aprovechar esta formación en el ámbito profesional. Además, como un tercer aspecto positivo, aunque esté por lo general menos reconocido por parte de las profesoras que de las alumnas, hay que decir que tanto unas como otras se benefician mutuamente de la experiencia, del conocimiento y del trabajo de las otras11. Por ello, la universidad es hoy día un eslabón crucial dentro de lo que estoy llamando los circuitos del conocimiento feminista. Un segundo espacio de encuentro es la casa de las mujeres, donde convergen asociaciones muy distintas y por donde transitan mujeres y feministas que reciben información de o colaboran con técnicas de igualdad y otras profesionales (monitoras, abogadas, psicólogas, sociólogas…). Dentro de las actividades que se organizan en estas casas (conferencias, jornadas, exposiciones…) destacan los programas impulsados en torno a las Escuelas de Empoderamiento12. 11 Además de la docencia en sí, la realización de Trabajos Fin de Master y Tesis doctorales suele revertir muy positivamente tanto en las personas que las realizan como en las que los dirigen. 12 El concepto de empoderamiento comenzó a utilizarse por primera vez en la década de los sesenta del siglo pasado en los Estados Unidos de América y Latinoamérica, en las luchas por los derechos de los afroamericanos y los pobres. Pero su difusión y consolidación vino de la mano de los movimientos de mujeres en la década de los setenta. Este concepto quiere enriquecer y superar las definiciones anteriores de concienciación y participación socio-política, ya que, además de referirse a derechos y contextos políticos y culturales, pretende integrar los procesos psicológicos, políticos, cognitivos y económicos que dificultan el cambio (de León 1999: 191). Véase también Denman, Aranda eta Cornejo (1999). Norma Vázquez, profesora y colaboradora habitual de las Escuelas de Empoderamiento del País Vasco, recoge dos definiciones de empoderamiento en un texto titulado “Las escuelas para el empoderamiento” (Vázquez 2009): la de Naila Kabeer, que apunta que el empoderamiento es la “expansión de la habilidad de las personas para hacer elecciones vitales estratégicas, en un contexto donde tales habilidades les habían sido negadas previamente”; y la de Sarah Mosedale, que entiende el empoderamiento como el “proceso por el cual las mujeres redefinen y extienden lo que es posible para ellas (desear, ser y hacer) en una situación donde tenían restricciones en comparación con los hombres por ser y hacer lo que deseaban”.
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 4 79 Capítulo 4 ¿Es el análisis interseccional una metodología feminista y queer? Raquel (Lucas) Platero Introducción Una de las contribuciones de la investigación feminista sobre la producción del conocimiento es el cuestionamiento de la neutralidad y la objetividad de la ciencia. Esta crítica alude a qué temas de investigación obtienen más o menos atención, a qué problemas sociales se analizan y cómo se enmarcan, y también, a que los propios sujetos y objetos de la investigación no son neutrales, naturales ni tampoco únicos, homogéneos y universales. Estas aportaciones feministas son fundamentales para poder entender críticamente la producción del conocimiento hoy en día, si bien estas apuestas críticas conviven con quienes afirman que hacen ciencia objetiva, desde una perspectiva racional y positivista, presentada como la única perspectiva aceptable en la producción del conocimiento. Los debates que se producen desde los años sesenta y setenta en el contexto de los feminismos anglosajones, y que posteriormente se conforman como los “feminismos de la tercera ola”, ahondan en las diferencias existentes entre las mujeres, rompiendo con la posible visión de un sujeto universal y homogéneo llamado “mujer”. Estas diferencias entre las mujeres no siempre han sido tenidas en cuenta por los feminismos, que han recibido fuertes críticas por ser liderados por mujeres que encarnaban privilegios de clase social, raza, sexualidad, acceso a la academia, etc. Son toda una serie de voces críticas, que señalaban ya desde los años sesenta y setenta las situaciones concretas de las mujeres. Ya las feministas marxistas prestaban una atención específica a los “sistemas duales”, de clase social y género (Cooper 2004); también el feminismo negro señalaba en los setenta la simultaneidad de las diferencias de raza, clase social y género (Combahee River Collective 1977), para fijarse más tarde no solo en esas desigualdades, sino en muchas otras, además de en cómo estaban interrelacionadas y en que eran incluso interseccionales (Crenshaw 1989, 1991a y 1991b). Fruto de esta atención privilegiada sobre las diferencias
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 80 de las mujeres, la investigación sobre la producción del conocimiento se ha estado interrogando sobre cómo hacer posible un cuestionamiento del sujeto plural mujeres, así como de forma aún más interesante, también se ha planteado cómo el género es una categoría dinámica que está interrelacionada con las demás desigualdades. Estos debates coinciden con la irrupción de una propuesta feminista, como es la teoría queer –acuñada así por Teresa de Lauretis en 1990– que, si bien se suele asociar con el estudio del género y la sexualidad, tiene un ámbito de influencia que solo no se reduce a estas cuestiones. Esta expresión del pensamiento crítico, como es la teoría queer, está fuertemente emparentada con el anti-racismo, la post-colonialidad, los estudios críticos con la diversidad funcional o el propio feminismo de la tercera ola, que en su conjunto presentan batalla frente a la idea de la normalidad. Las aportaciones más relevantes de la teoría queer que se han señalado tienen que ver con un cuestionamiento de las normas establecidas, aquellas que se señalan como buenas, naturales o tradicionales; este cuestionamiento alude a que estas normas son binarias y forman parte inherente del pensamiento occidental1. Una segunda cuestión posible que introduce la teoría queer es la crítica que plantea a la función normalizadora que tiene la identidad, donde se cuestiona la posibilidad de cierta “esencia” propia que generase las identidades (ser mujer u homosexual, por ejemplo), señalando que las posiciones de los sujetos (que podemos entender como identidades) forman parte de cierta normatividad. De esto se extrae que lo queer no sería tanto una conformación de una nueva identidad distinta de otras, como la homosexualidad o la heterosexualidad, sino el señalamiento de ciertas prácticas de la vida cotidiana, el activismo o la investigación que contribuyen a ese cuestionamiento de la normalidad y de la reificación de las identidades. Es relevante para este texto que el término queer se puede usar como verbo (queering), enfatizando que se trata de acciones, movimientos y pensamientos dinámicos que imprimen cierto cambio de perspectiva, señalando que la teoría queer es potencialmente un método o una metodología que, por otra parte, no se ha explorado lo suficiente (Gunn y McAllister 2013). Desde la óptica de Steven Seidman (1996), la teoría queer además aporta una mirada multidisciplinar sobre las identidades que es múltiple, cuestión que 1 Esta idea es clave y aparece en una serie de autoras y autores, de los cuales solo algunos ya han sido traducidos al castellano. Podríamos señalar al menos a: Jagose 1996; Sedwick 1998; Turner 2000; Butler 2002 y Halperin 2007, entre otros.
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 4 81 podríamos nombrar actualmente como interseccional, subrayando también que son identidades construidas, parciales, arbitrarias y que obedecen a una lógica de control de la normalidad señalando lo que es diferente. Afirma que estas identidades se construyen sobre categorías dinámicas que se refieren a marcos dicotómicos, como es “monosexualidad”. Fruto del cuestionamiento tanto de la producción del conocimiento objetivo como de quiénes son los sujetos políticos de los diferentes movimientos sociales, surge el concepto de la interseccionalidad, que se propone como herramienta feminista y queer, y que fue discutido durante el taller realizado en las II Jornadas de Metodología de Investigación Feminista de Donostia en junio de 2014. En este capítulo se explora una propuesta de análisis interseccional con cuatro posibles articulaciones: examinar las categorías; explicitar las relaciones mutuas entre categorías; mostrar la invisibilidad y la “imposibilidad” de ciertos problemas, e incluir la posición situada de quien investiga, articulaciones que se explican en sucesivos apartados. Asimismo, se sugieren algunas herramientas transformadoras incipientes en nuestro contexto, cerrando con algunas conclusiones en las que aparece la necesidad de considerar la interseccionalidad como un ámbito metodológico que no se circunscribe a una sola forma de ser realizado, sino que se puede servir de herramientas emergentes (como son la homonormatividad, el homonacionalismo, las diásporas queer, el pink-washing y el crip-washing) que han de posibilitar la tarea de soñar y visionar otras formas de análisis y otras realidades posibles. 1. ¿Qué es la interseccionalidad? Se podría definir la interseccionalidad como un proceso que contribuye a generar conciencia sobre cómo diferentes fuentes estructurales de desigualdad (u “organizadores sociales”) mantienen relaciones recíprocas. Es un enfoque que subraya que el género, la etnia, la clase o la orientación sexual, como otras categorías sociales, lejos de ser “naturales” o “biológicas”, son construidas y están interrelacionadas. No se trataría tanto de enumerar y hacer una lista inacabable de todas las desigualdades posibles, en una especie de “Juegos Olímpicos de la Desigualdad” (Opression Olympics, Hancock 2011), superponiendo una tras otra, sino de fijarse en aquellas manifestaciones e identidades que son determinantes en cada contexto y en cómo son encarnadas por los sujetos para darles un significado que es temporal (Platero 2012). La interseccionalidad hace alusión a unas desigualdades u organizadores sociales
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 82 que estructuran las vidas de las personas y que, muy a menudo, se pierden junto a un lánguido etcétera al final de una lista. Este mismo etcétera representa la imagen borrosa de un sujeto político que no es evidente ni pre-existente y que se construye en la acción (Butler 2007: 278-279). La interseccionalidad se puede entender como un estudio sobre las relaciones de poder, que incluyen también vivencias que pueden ser señaladas como “abyectas”, “pertenecientes a los márgenes” o “disidentes”. Sin embargo, también sirve para teorizar el privilegio y cómo los grupos dominantes organizan estrategias de poder (conscientemente o no) para preservar su posición de supremacía. Esta definición, sin embargo, no muestra los orígenes de la interseccionalidad ni su evolución a lo largo del tiempo, si bien nos ayudará a dar un punto de partida a la discusión. Como introducía antes, para discutir cómo se producen y encarnan las diferencias en las mujeres se han teorizado diferentes aproximaciones conceptuales desde los años sesenta hasta la actualidad, siendo los más conocidos: los sistemas duales (de clase social); la simultaneidad (de clase social, género y raza); la interseccionalidad y la discriminación múltiple, la “matriz de dominación y los sistemas entrelazados de opresión” (interlocking systems of oppression) (Collins 1990); los “ejes de desigualdad” (Feree 2009; Klinger y Knapp 2007; Knapp 2005; Winker y Degele 2009; Yuval-Davis 2006); la “interdependencia de ejes de opresión” (Walgenbach, Dietze, Hornscheidt y Palm 2007), así como los “agenciamientos” o “ensamblajes” (Puar 2007). Esta proliferación de apuestas críticas pone de manifiesto que a lo largo de estos años hemos pasado de describir y concienciar de la coexistencia de discriminaciones simultaneas, a fijarnos en lo que María Lugones llama la inseparabilidad, fusión y coalescencia (2014). Incluso propone términos como “urdimbre” y “entretrama”, que expresan la noción de inseparabilidad; en esta nueva metáfora, que ya no es el cruce de caminos de Kimberlé Crenshaw, sino un tejido, la individualidad de las tramas se vuelve difusa en la tela (Lugones, 2014: 60). En este sentido, tal y como vimos en el taller, en lugar de solo explorar el ámbito histórico2 de la producción teórica, en el siguiente apartado desarrollaré cómo un análisis interseccional puede ser una propuesta transformadora. 2 Sobre la historia del concepto de interseccionalidad y su utilidad pedagógica, así como sobre su uso en el contexto del Estado español, véase Platero 2012 y 2014.
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 4 83 2. ¿De qué manera un análisis interseccional es una forma de metodología queer? Una experiencia en primera persona En el transcurso de las Jornadas de Donostia, surgió la pregunta reiterada de si la interseccionalidad es una forma de análisis o una metodología feminista, cuestión que se utilizó como motor para el debate y que también encontró eco en las ponentes allí invitadas, como Ochy Curiel y Barbara Biglia. Mi respuesta fue que no hay una única metodología interseccional, como tampoco hay una sola metodología queer, feminista, postcolonial o antirracista; si bien, sí hay un conjunto de acciones o formas de realizar investigación que contribuyen a explicar cómo las diferentes formas de desigualdad se articulan, en un contexto dado y en un problema social concreto. Estas acciones investigadoras contribuyen a evidenciar cómo se generan las relaciones de poder y cuestionan que las categorías que utilizamos sean naturales o universales, poniendo en evidencia que a menudo están naturalizadas o son entendidas como naturales. Una contestación que surge a menudo es que la interseccionalidad es un campo de innovación, que no hay muchos estudios o trabajos realizados. Sin embargo, existen experiencias prácticas del análisis interseccional en el Estado español3 que se pueden consultar. Son trabajos multidisciplinares, que aluden tanto a análisis de problemas sociales y políticas concretas desde las ciencias sociales y las humanidades, como a situaciones de personas concretas, situaciones cuya complejidad el Estado se niega a reconocer. De esto último hay dos ejemplos que han recibido mayor visibilidad que los demás y en los cuales, ante el desamparo en el Estado español, las personas afectadas han tenido que acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos: uno es el de la Nena, una mujer casada por el rito gitano que se quedó viuda y que, al no ser reconocido su matrimonio, le fue negado su derecho a una pensión (Rey Martínez 2009); y el otro es el de Beauty Solomon, una mujer de origen nigeriano y residente legal en el Estado español que fue agredida en repetidas ocasiones, física y verbalmente, por agentes de la Policía Nacional en Palma de Mallorca (Hernández 2014)4. 3 Sobre el contexto del Estado español, véase Bustelo 2009a; 2009b; de la Concha y Osborne 2004; Forest y Platero 2008; Juliano 1992; 1998a;1998b; 2001; 2002; 2004 y 2012; Lombardo y Verloo 2010; López Rodríguez 2011; López y Peterson 2011; López, Peterson, Platero y Forest 2008; Osborne 1991; 1996; 2004; 2009; 2011 y 2012; Osborne y Guasch 2003; Platero 2007; 2008; 2011 y 2012; Rey Martínez 2008; Romero Bachiller 2010; Stolcke 1988; 1992; 1993; 1995; 1997; 2003 y 2004, entre otros. 4 La ONG Women’s Link Worldwide tuvo un papel clave para apoyar y visibilizar la demanda de Beauty Solomon, que ha vivido una discriminación por raza, género y estatus social. Véase <http://www.womenslinkworldwide.org/wlw/new.php?modo=detalle_proyectos&dc=26>.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 84 Las experiencias de análisis interseccional que se conocen contienen una fuerte influencia de las teorías críticas feministas, antirracistas, sobre la diversidad funcional, sobre la sexualidad, o las apuestas decoloniales. Estos son ámbitos donde ya se ha superado la pregunta de si existe “una investigación feminista” o si hay un conjunto plural de aproximaciones a este efecto, optándose por esta última perspectiva (Harding 1987). Son trabajos que a menudo se dirigen a estudiar cómo se produce la discriminación y la exclusión social, tratando de probarla en un entorno hostil y que normaliza la desigualdad, haciendo más difícil que el análisis pueda también dirigirse a cómo se conforman los privilegios. Es decir, realizando también tareas que contribuyan a evidenciar las ausencias y los problemas sociales que habitualmente no se estudian, siendo incluso inconcebibles. Fijándome en una experiencia subjetiva y experimental, puedo señalar mi propio trabajo, donde la interseccionalidad se convierte en metodología no solo por la tarea del análisis del discurso donde aparezcan ciertos conceptos relacionados con esta noción de interseccionalidad (así como que se mencionen varias desigualdades recíprocas), sino también por el hecho de desarrollar al menos estos cuatro pasos, que se convierten en un proceso metodológico: (1) examinar críticamente las categorías analíticas con las que interrogamos los problemas sociales; (2) explicitar las relaciones mutuas que se producen entre las categorías sociales; (3) mostrar la invisibilidad de algunas realidades o problemas sociales, que eran “inconcebibles”, e (4) incluir una posición situada de quien interroga y construye la realidad que analiza, del investigador o investigadora. En general, se podría decir que una investigación queer englobaría cualquier aportación que señale la inestabilidad de aquellos significados que damos por hechos y que, a su vez, generan relaciones de poder (Brown y Nash 2010: 4). Así, explorar las categorías analíticas con las que construimos la realidad evidenciando que existen falsos consensos sobre qué quieren decir, es una aplicación concreta de las prácticas queer. Tomando la investigación en el ámbito de la sexualidad y las relaciones de género como ejemplo, esta perspectiva implicaría al menos ciertos interrogantes como: ¿qué implica la categoría mujer?; ¿incluye a las mujeres transexuales o a las lesbianas?; ¿alude a quienes son aún niñas o son mayores de 65 años?; ¿la diversidad funcional desdibuja de alguna manera qué significa ser mujer?; ¿la clase social modifica
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 4 85 las expectativas sociales sobre el hecho de ser mujer?; ¿de qué manera se construyen unos parámetros rígidos de feminidad que determinan el hecho de ser mujer?; ¿cómo se articulan los movimientos sociales que se basan en concepciones identitarias, si cada vez es más difícil delimitar esas mismas categorías?; ¿quién es el sujeto político del feminismo? Por otra parte, preguntarse por las categorías analíticas implica cuestionar la naturalización de un sujeto o unas prácticas hegemónicas de las que, a menudo, no nos ocupamos en estudiar. Implica argumentar que no se trata de procesos “naturales” sino de procesos sociales y culturales, lo cual nos lleva a cuestionar las categorías que usamos cotidianamente y a analizar qué significan. Al tomar categorías concretas, la tarea consistiría en entender qué significados implícitos encierran esos sustantivos, los cuales pueden estar privilegiando a un grupo dentro de la misma categoría. No podemos seguir utilizando categorías pensando que existe un consenso sobre su significado, sino que hemos de concretar lo que significan y esto, a menudo, nos llevará a desmontar “falsos consensos”, fijándonos en las cuestiones que se naturalizan y se dan por hechas. Así, se hace evidente que estas categorías no son ni tan monolíticas ni tan universales como se pretende. En este proceso, se evidencia que las identidades no son tan estables y fijas como pensamos y que han de entenderse en relación a otras formas estructurales de desigualdad. Por ejemplo, ya no nos fijaremos solo en el hecho de que una persona sea transexual, sino en cómo ser transexual se relaciona con la clase social, la edad o el deseo, generando ciertas oportunidades encarnadas en una persona concreta. Si pasamos a la segunda cuestión clave sobre la interseccionalidad, surge la necesidad de preguntarnos por las relaciones mutuas que se producen entre las categorías sociales, o los “organizadores sociales”, que no solo se pueden entender en términos de exclusión social, sino también de privilegio, agencia y empoderamiento. Esta mirada dinámica y relacional es compleja, en la medida en que nos confronta con nociones menos elaboradas de la identidad y de los procesos sociales. Por otra parte, contrasta con la acción de los movimientos sociales y de las políticas públicas que tienen una historia concreta en el Estado español, construyendo las desigualdades por separado, facilitando cierta ficción de autenticidad, homogeneidad y ahistoricismo de las identidades. Además, incluso cuando aparecen dos situaciones identificables, por ejemplo, mujeres gitanas o mujeres con diversidad funcional, esta mirada atenta sobre las desigualdades no siempre conlleva un análisis de qué otras formas de desigualdad u organización social están aludidas por las anteriores y cómo se articulan mutuamente. Este sería el caso de la clase social, la sexualidad y el acceso a la cultura, entre otras, que para las mujeres con diversidad funcional
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 86 están directamente aludidas e imbricadas en sus posibilidades vitales, por seguir con el ejemplo anterior. La tercera cuestión importante que me gustaría introducir es la invisibilidad que contiene la formulación misma de algunas realidades, que son inconcebibles precisamente por la rigidez de las categorías sociales y los “atajos conceptuales” que implican. También alude a la ausencia de algunos sujetos, que nunca están presentes en la discusión porque no tienen el reconocimiento necesario como para ser considerados “sujetos” políticos o ser parte del debate social. Para ilustrar esta idea utilizaré un ejemplo: la violencia en parejas del mismo sexo, en concreto, la violencia en parejas de lesbianas. Bajo esta violencia aún no suficientemente reconocida, operan varios regímenes de poder que podemos señalar como inmediatos: uno consistiría en señalar la sexualidad de las mujeres como “supeditada al ímpetu de los varones”; otro, en pensar que las mujeres son potencialmente víctimas de violencia y no así quienes la ejercen; y otro tiene que ver con la clase social, ya que la información accesible se refiere a aquella violencia que sucede en clases sociales sobre las cuales se puede ejercer un mayor control social, hacer noticias y que lleguen a ser del dominio público. Esta articulación múltiple, que debe ser analizada en su interacción (¿qué le “hace” el género a la sexualidad y a la clase social, y viceversa? ¿amplifica, modula, impide la inteligibilidad de este problema?), dificulta que se piense en la violencia que una mujer ejerce sobre otra como algo similar a la violencia de un hombre sobre una mujer, ya que obviamente surge en un entorno que legitima la violencia machista pero que relega la “violencia intragénero” a un lugar donde no es inteligible. Por tanto, el sujeto no existe (ni la lesbiana que ejerce la violencia ni quien la recibe) ni genera movilización específica o acciones públicas suficientemente visibles, o se convierte en algo anecdótico. De hecho, se ha llegado a decir que discutir estas realidades violentas generaría una sobre-generalización de efectos lesbófobos sobre el conjunto de las lesbianas, lo cual claramente deja desamparadas a quienes sí viven esta violencia, impide tomar conciencia de la magnitud y severidad del problema, así como no produce soluciones inmediatas. También, se podría abordar que los problemas sociales pueden volverse inteligibles y abordables en un momento dado, cuando se construyen como tales por algún actor social que consigue introducirlo en la agenda, bajo un lenguaje y una mirada que transforma su propio ser, consiguiendo cierto consenso y movilización. La cuarta y última clave relevante para un análisis interseccional proviene de las metodologías feministas, como las que propone Donna Haraway (1995:
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 4 87 251-311) al señalar la importancia de situar a quien mira los problemas sociales. Es decir, entender la posición situada de quienes interrogamos la realidad desde diferentes frentes, ya seamos activistas, académicos, protagonistas, etc., supone poner sobre la mesa nuestros propios sesgos e intereses, que contribuirán a hacer una aproximación más honesta y donde ya no se pretende generar una “única” interpretación. Esta cuestión del sujeto situado está ya suficientemente explorada en la literatura académica y activista, por lo que no entraré más en profundidad en su explicación. 3. Herramientas transformadoras Otras herramientas concretas importantes vinculadas a esta mirada crítica feminista y queer que se pueden considerar como un trabajo incipiente, en proceso, en el Estado español, son las nociones de “homonormatividad”, “homonacionalismo”, “diáspora queer” y “pink-washing”, así como el similar “crip-washing”. Para explicar estos conceptos, me gustaría volver al trabajo de Jasbir Puar, que analiza los vínculos entre las nociones de interseccionalidad y su propuesta de las articulaciones o agenciamientos (Puar 2011, párrafo 25). Puar nos llama a reintroducir lo político en la política, ya que el análisis interseccional ha descuidado cuestiones clave, como por ejemplo los efectos de la división entre problemas públicos o privados; o como también afirma Dean Spade (2010), el impacto de las políticas de representación al privilegiar los problemas de las élites en lugar de los de aquellas personas a quienes dicen representar, algo que, por otra parte, ya afirmaba Erving Goffman en su texto fundamental Estigma (1963). Estas miradas críticas se sirven de la noción de “pink-washing” (pintar de color rosa), que vendría a señalar cómo una empresa, institución o Estado usa la igualdad para “suavizar” otros aspectos que reproducen precisamente la desigualdad (Spade 2010). Esta cuestión es especialmente visible, por ejemplo, en la propaganda de Israel de promoción de derechos para las mujeres o personas LGTB, mientras mantiene una guerra con Palestina. O también en cómo las empresas globales de “productos femeninos” usan su apoyo económico a la investigación sobre el cáncer de mama, simbolizado por el uso de un lazo rosa en sus productos, por los que, por otra parte, se embolsan importantes beneficios. Al mismo tiempo, muchos de esos productos femeninos están relacionados con la aparición de los propios problemas de salud que motivan las campañas del lazo rosa.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 94 – (2008): “La diversidad de las mujeres: la opción sexual”, en BODELÓN, Encarna y María DE LA FUENTE (coords.): Diccionari – Mapa de Recursos Dona i Àmbit Local (Publicación electrónica), project CIP, ICPS, Barcelona, disponible en: <http://www.icps.cat/publicacions/materialscip/diccionari-dones-i-mon-local-mapa-de-recursos-on-line>. – (2011): “Entre vulnerables, ausentes e interseccionales. Un análisis de las políticas de igualdad centrales y de Andalucía, Cataluña, Madrid y País Vasco”, en TORRAS, Meri (ed.): Accions i reinvencions. Cultures lèsbiques a la Catalunya del tombant del segle XX-XXI, Editorial UOC, Barcelona, 75-92. – (2014): “Metáforas y articulaciones para una pedagogía crítica sobre la interseccionalidad”, Quaderns de Psicologia, 16(1), 55-72. – (ed.). (2012): Intersecciones. Cuerpos y sexualidades en la encrucijada, Bellaterra, Barcelona. REY MARTÍNEZ, Fernando (2008): “La discriminación múltiple, una realidad antigua, un concepto nuevo”, Revista Española de Derecho Constitucional, 84, 251-283. – (2009): Sentencia Muñoz Díaz vs. España, de 8 de diciembre de 2009, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, disponible en: <http://www. gitanos.org/upload/37/90/Sentencia_Munoz_Diaz_v._Espana__de_8_de_ diciembre_de_2009__del_TEDH.pdf>. ROMERO BACHILLER, Carmen (coord.) (2010): “Discriminaciones diversas en las personas jóvenes” (Monográfico), Revista de Estudios de Juventud, 89. – y Raquel (Lucas) PLATERO MÉNDEZ (2012): “Diálogos interseccionales sobre lo butch/femme, las diásporas queer y lo trans”, en PLATERO, Raquel (Lucas) (ed.): Intersecciones. Cuerpos y sexualidades en la encrucijada, Bellaterra, Barcelona, 159-198. SEDGWICK, Eve Kosofsky (1998): Epistemología del armario, Ediciones de la Tempestad, Barcelona. SEIDMAN, Steven (1996): Queer Theory/Sociology, Blackwell Publishers, Massachusetts y Oxford. SPADE, Dean (2010): Normal Life: Administrative Violence, Critical Trans Politics, and the Limits of Law, South End Press, Brooklyn.
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 4 95 STOLCKE, Verena (1988): Coffee Planters, Workers, and Wives: Class Conflict and Gender Relations on Sao Paulo Plantations, 1850-1980, St. Antony’s/ Macmillan, Oxford. – (1992): Sexualidad y Racismo en la Cuba Colonial, Alianza, Madrid. – (1993): “Is sex to gender as race is to ethnicity?” en DEL VALLE, Teresa (ed.). Gendered Anthropology, Routledge, Londres y Nueva York, 17-37. – (1995): “Talking Culture. New boundaries, new rhetorics of exclusion in Europe”, Current Anthropology, 36(1), 1-24. – (1997): “The ‘Nature’ of Nationality”, en BADER, Veit (ed.): Citizenship and Exclusion, Macmillan Press, Londres, 61-80. – (2003): “La influencia de la esclavitud en la estructura doméstica y la familia en Jamaica, Cuba y Brasil”, Desacatos. Revista de Antropología Social, 13, 134-151. – (2004): “A New World Engendered. The Making of the Iberian Transatlantic Empire”, en MEADE, Teresa A. y Merry E. WIESNER-HANKS (eds.): A Companion to Gender History, Serie: Blackwell Companions to History, Blackwell Publishing, Oxford, 371-389. TURNER, William (2000): A Genealogy of Queer Theory, Temple University Press, Philadelphia. WALGENBACH, Katharina, Gabriele DIETZE, Antje HORNSCHEIDT y Palm KERSTIN (eds.) (2007): Gender als interdependente Kategorie: neue Perspektiven auf Intersektionalität, Diversität und Heterogenität, Barbara Budrich, Opladen, Alemania. WINKER, Gabriel y Nina DEGELE (2009): Intersektionalität: Zur Analyse sozialer, Bielefeld, Ungleichheiten. YUVAL-DAVIS, Nira (2006): “Intersectionality and Feminist Politics”, European Journal of Women’s Studies, 13(3), 193-209.
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 5 97 Capítulo 5 Producciones narrativas: una propuesta metodológica para la investigación feminista Itziar Gandarias Goikoetxea y Nagore García Fernández 1. Introducción En este capítulo presentamos la propuesta metodológica de las Producciones Narrativas de Balasch y Montenegro (2003). Esta herramienta metodológica basada en los conocimientos situados de Donna Haraway (1991), viene desarrollándose desde finales de la década de los noventa en el Grupo de Investigación FIC-Fractalidades en Investigación Crítica del Departamento de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). En aquellos años, dentro del grupo de investigación surgieron amplios debates en torno a los usos y efectos de las metodologías tradicionales cualitativas, como la entrevista o los grupos de discusión, los cuales versaban sobre cómo impulsar metodologías más amables que consiguieran romper la dicotomía investigadora versus objeto de investigación, y dotar de una mayor agencia a los sujetos de investigación. En base a esas reflexiones e inspirándose en la obra de Kathryn Watterson Women in Prison: Inside the Concrete Womb (1996), donde se pretende dar a las mujeres la oportunidad de hablar por sí mismas sobre sus experiencias y sentimientos, y mostrar así los efectos del encarcelamiento, Marcel Balasch y Marisela Montenegro desarrollaron la propuesta de las Producciones Narrativas en el año 2003. Han pasado más de 10 años y numeroso estudiantado de grado, doctorado, así como otras investigadoras, hemos ido poniendo en práctica esta propuesta metodológica y profundizado en las reflexiones sobre el alcance de la misma, sus límites y las cuestiones ético-políticas que trae a debate. Precisamente, para el desarrollo de este capítulo nos hemos basado en el taller práctico desarrollado durante las II Jornadas de Metodología de Investigación feminista celebradas en Donostia en junio de 2014, y en dos de nuestras investigaciones. La primera de ellas, Des/armando la escena: narrativas de género y punk, tuvo como objetivo analizar las relaciones de
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 98 género dentro de la escena del punk en Barcelona, para lo cual se llevaron a cabo narrativas individuales. En la segunda, De las otras al no(s)otras: encuentros, tensiones y retos en el tejido de articulaciones entre organizaciones de mujeres migradas y feministas locales en el País Vasco, el objetivo fue estudiar las posibilidades y límites para la generación de alianzas a través de la construcción de narrativas colectivas. En un primer momento, el presente capítulo comienza con los fundamentos teóricos y epistemológicos que sustentan las Producciones Narrativas, desarrollando los principales aportes teóricos de la investigación narrativa y la propuesta epistemológica de los conocimientos situados. A continuación describimos la herramienta metodológica, dando cuenta del procedimiento y de los pasos a seguir para la construcción de narrativas, así como el taller práctico realizado en las mencionadas Jornadas. Por último, y en base a nuestras experiencias de investigación y las reflexiones planteadas por las participantes durante ese taller, desarrollamos las potencialidades, límites y desafíos que esta propuesta metodológica nos plantea. 2. Fundamentos teóricos y epistemológicos 2.1. Perspectiva e investigación narrativa La perspectiva narrativa apunta que el mundo está atravesado por narrativas y narraciones (Cabruja et al. 2000) y a que no solo nos hacemos comprender a través de historias, sino que nuestras relaciones con las demás personas y con nosotras mismas también las vivimos de forma narrativa (Gergen y Gergen 1983). Podemos pensar en cómo elaboramos narrativas en nuestra vida cotidiana, por ejemplo, cuando recordamos nuestras historias amorosas, reconstruimos nuestros recuerdos de infancia o pensamos en nuestras propias trayectorias vitales. En este sentido, las narrativas no son solo historias que relatan lo que nos ha pasado, sino que adquieren un papel fundamental como constructoras de significado (Gergen y Gergen 1983; Cabruja et al. 2000). Podemos concluir que, en vez de reflejar la realidad a través de las prácticas narrativas, estas median y articulan nuestra realidad social. En palabras de Joan Pujol y Marisela Montenegro (2013: 16): “Las narrativas [...] no son una producción individual aislada del contexto cultural en que nos encontramos: son producciones que reproducen, cuestionan, alimentan, transforman, ironizan... el contexto sociocultural en que se producen. Las narrativas que
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 5 99 construimos y que nos constituyen tienen efectos de realidad a la vez que pueden ser interpretadas y leídas de distintas maneras”. El estudio de las narrativas se inicia fuera del ámbito de las ciencias sociales con el estudio hermenéutico de libros sagrados como la Biblia, el Talmud y el Corán. Posteriormente la academia se apropia del análisis narrativo, en especial dentro de las humanidades y los estudios literarios, donde cuenta con una larga trayectoria. Irrumpe en las ciencias sociales como respuesta al realismo y al positivismo a partir de la segunda mitad de la década de los ochenta, momento en el que toma lugar lo que se ha denominado como el “giro narrativo” (Denzin y Lincoln 2000). Desde entonces, se va desarrollando en diferentes disciplinas como la psicología, la ciencia política o la economía, incluyendo distintas miradas teóricas y políticas, y dando lugar a un amplio campo de hibridación transdisciplinar. Atendiendo a esta variedad, podemos entender que el mismo concepto de “narrativa” se preste a una multiplicidad de comprensiones, dificultando así una definición clara. La narrativa ha sido concebida como una forma de comunicación significativa (Fisher 1989), como un esquema psíquico/cognitivo (Polkinghorne 1988) o incluso como una forma de pensamiento divergente del lógico-científico (Bruner 1991), por nombrar algunas. Sin embargo, sí que hay cierto consenso entre las distintas perspectivas: todas están más o menos de acuerdo en que una característica propia de las narrativas es la conexión secuencial de eventos significativos (Kohler 2008). Independientemente del contenido, las historias requieren de una relación secuencial de ideas o eventos. Catherine Kohler (2008) subraya, además, la contingencia como un criterio fundamental en las narrativas. Por su parte, Jerome Bruner (2002) considera que la narrativa implica tanto contar una historia como un tipo de conocimiento particular. Muchos de los estudios y de las prácticas narrativas en ciencias sociales se han focalizado en la narrativa como producto o efecto de la organización de la experiencia y la producción de significado, privilegiando una sola posición epistémica: la de quien narra (Striano 2012). La narrativa ya no es solo un dispositivo individual para la construcción de significado, si bien históricamente nos hemos centrado en la narrativa como producto individual, sino que es necesario también enfocarse en sus procesos, observando los artefactos culturales utilizados para producir narrativas, los actores y las actrices sociales involucradas, los cambios en las formas de interacción, en los procesos de negociación, etc. (Ibidem).
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 100 Cuando narrativizamos, estamos incorporando un patrón de significado a lo que de otra manera serían ideas arbitrarias e inconexas. Se trata de una mirada de la narrativa que va más allá de la visión de secuenciación de eventos y que se dirige hacia la creación de significados. A través del conocimiento narrativo (Bruner 2002) construido a partir de las historias de experiencias vividas y de los significados creados, es posible comprender la ambigüedad y complejidad de las vidas humanas, así como retar las visiones tradicionales de verdad, realidad y conocimiento. El conocimiento entendido así apunta a la parcialidad, la localización, la precariedad y la multiplicidad de voces, perspectivas, realidades y significados (Haraway 1991). Desde esta perspectiva, una de las potencialidades del estudio de la narrativización de ciertos fenómenos sociales radica en la posibilidad de observar la tensión entre narrativas dominantes –que pueden servir para silenciar o invisibilizar historias que no encajan o salen de la norma– y narrativas contra-hegemónicas en las que se ponga en juego la visibilización y la creación de imaginarios y prácticas liberadoras. De esta forma, la idea de los marcos narrativos permitiría reconocer la agencia de grupos minoritarios, al servir como mecanismo de creación de narrativas alternativas. Este potencial de subversión y transformación de las narrativas hace de esta perspectiva de investigación un lugar significativo para ser pensado desde el feminismo (Elliott 2005). 2.2. Conocimientos situados La inspiración feminista –y otras aportaciones como el socioconstruccionismo o la sociología del conocimiento científico (Gergen 1985; Cabruja et al. 2000)–, reivindican el conocimiento científico como una práctica social atravesada por relaciones de poder y dominación propias de los contextos sociales e históricos en los que se inserta. Frente a la noción de un conocimiento objetivo, universal y exento de juicio de valor, van a emerger marcos epistemológicos alternativos que apuestan por un conocimiento localizado influenciado por el contexto político y cultural. Dentro de estos parámetros se enmarca la propuesta epistemológica de los conocimientos situados de Donna Haraway (1991). Esta propuesta, que apuesta por una mirada parcial y situada, se va a distanciar tanto de la objetividad y neutralidad del positivismo –mirada desde ningún lugar– como de la imposibilidad de acción del relativismo –mirada desde cualquier lugar–. Los conocimientos situados son lugares semióticos y materiales desde los cuales nos relacionamos con aquello que experimentamos, “produciendo conocimientos que, lejos de representar una realidad fuera de nosotras mismas,
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 5 101 son producto de la relación entre quien investiga y aquello investigado” (Pujol et al. 2003: 64). El conocimiento es producto de conexiones parciales. Por tanto, la parcialidad y no la universalidad es condición de enunciación, donde las afirmaciones se realizan desde la vida de las personas en lugar de afirmaciones “desde arriba, desde ningún lugar, desde la simplicidad” (Liao 2006: 104). Haraway reivindica la parcialidad y la responsabilidad como bases para la objetividad feminista. La verdadera noción de ser objetivo es ser parcial, específico y particular. Las miradas objetivas solo pueden venir desde una posición parcial encarnada y situada, lo cual no nos exime de la responsabilidad y los efectos que el conocimiento parcial produce. Tal como Haraway argumenta: “No buscamos la parcialidad porque sí, sino por las conexiones y aperturas inesperadas que los conocimientos situados hacen posibles. La única manera de encontrar una visión más amplia es estar en un sitio en particular” (1991: 339). Por tanto, la objetividad no se alcanza quitándose una del mundo. sino más bien reconociendo nuestro lugar situado y siendo reflexivas desde la posición que ocupamos. Desde esta perspectiva, el lugar desde donde se enuncia se torna central y, por lo tanto, la objetividad entendida así va a estar formada por una multiplicidad de conocimientos derivados de múltiples posiciones localizadas (Martínez-Guzmán y Montenegro 2010). Teniendo en cuenta lo anterior, podemos afirmar que la finalidad de la investigación desde esta propuesta epistemológica no es ni la representación ni la generalización. No pretendemos llegar a una respuesta o teorización homogénea, sino más bien recoger distintas posiciones sobre el fenómeno de estudio que permitan difractar y ampliar el conocimiento del mismo. En este sentido, difractar hace referencia a una “apertura de los espacios de comprensión y producción de significados donde el énfasis recae en los efectos que se desprenden, en términos políticos, del conocimiento producido” (Balasch y Montenegro 2003: 45). Difractar el conocimiento implica una forma de mirar diferente y una responsabilidad política por el conocimiento producido, reconociendo los límites y las contradicciones de esas múltiples miradas. Por ello, los conocimientos situados van a apelar a la generación de un conocimiento crítico que, a partir de conexiones parciales, tenga efectos en la construcción de mundos menos organizados en torno a ejes de dominación. 3. Propuesta metodológica de Producciones Narrativas Partiendo de las bases epistemológicas anteriores, Balasch y Montenegro (2003) desarrollan la propuesta de las Producciones Narrativas. Esta técnica
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 102 metodológica consiste en la producción conjunta de un texto híbrido construido a partir de: a) las sesiones donde la investigadora y las participantes hablan y discuten distintos aspectos del fenómeno que se quiere estudiar; b) la textualización, que funcionaría como una revisión y reflexión sobre la sesión o sesiones en la que la conversación se traduce a un texto organizado y comunicable que refleja las posiciones y los argumentos desarrollados a lo largo de la (s) misma(s), y c) el reconocimiento de la agencia de las participantes para modificar, corregir y expandir la textualización hasta validar la narrativa creada. Las Producciones Narrativas, “en lugar de representar cómo las participantes comprenden el fenómeno, buscan expresar cómo quieren que un particular tema sea visto” (Pujol et al. 2003: 67). Esta herramienta interpela a las participantes con el objetivo de producir un texto del que serán explícitamente autoras, en tanto que deciden qué debe contener y cómo debe ser dicho (Balasch y Montenegro 2003). Emergen de este modo en la relación entre participante e investigadora sujetos múltiples constituidos por relaciones de poder que imbrican la clase, la sexualidad, la edad y la etnicidad. Tal como explican Pujol y Montenegro (2013: 38): “No se trata de que las narrativas sean una representación de un rasgo esencial del sujeto que narra y tampoco un informe definitivo y exhaustivo en que se puede englobar su posición o su experiencia. Es más bien, una participación, un dispositivo que se echa a andar en un contexto localizado y con unos objetivos concretos”. En síntesis, las producciones narrativas se presentan como un dispositivo de construcción de relato iniciado por el interés de la investigadora respecto a un fenómeno determinado. Esta no pretende ser una representante de la voz de las participantes, sino que se trata de un trabajo conjunto donde participante e investigadora son “co-autoras en una práctica articulada con otras compañeras sociales diferentes, pero vinculadas” (Haraway 1992: 138). Por tanto, las Producciones Narrativas tienen un objetivo metodológico, ya que pretenden fisurar la clásica dicotomía entre objeto y sujeto de estudio y un objetivo también ético, ya que la autoría final del texto producido recae sobre la participante. A continuación desgranamos los pasos que se sugieren para su procedimiento. 3.1. Sesiones y textualización En primer lugar, contactamos con una serie de participantes que escogemos en base a una serie de criterios pertinentes, en función de nuestros objetivos de investigación. Tras contactar con las participantes, acordamos una sesión
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 5 103 para abordar el tema de estudio, habiendo elaborado previamente un guión orientativo1 que englobe diversos aspectos del fenómeno que se pretende estudiar. Tras consultar con las participantes, grabamos las sesiones para facilitar el proceso de textualización posterior. Los encuentros con las participantes adoptan una forma similar a la de un diálogo o conversación, ya que como investigadoras podemos posicionarnos explícitamente y poner de nuestra parte en la construcción de la narrativa (siempre teniendo en cuenta que esta recoge la visión de las participantes y no la nuestra). A diferencia de las entrevistas, no hacemos transcripción literal del material de audio recogido, sino que este sirve como base para elaborar un relato con sentido narrativo. Una manera de empezar puede ser escribiendo con nuestras propias palabras las ideas que nos resultan más significativas. Después, vamos dotando al texto de una estructura coherente y un estilo ágil y claro que facilite la lectura. Cuando por fin tenemos una primera versión del texto, podemos compartirlo con el equipo de investigación si lo hubiera, o con otras investigadoras que nos den su opinión respecto al relato. Este borrador también se lo enviamos a cada participante para que lo amplíe, cambie, modifique, en caso de que así lo requiera. A menudo este proceso implica una ida y venida del texto, en la que se van alternando sesiones para profundizar en aspectos concretos y cambios sobre el mismo. Este proceso se va repitiendo hasta que “después de diversos añadidos, correcciones y aclaraciones se alcanza la finalización del bucle con la aceptación expresa de la participante de que la narración muestra su visión sobre el fenómeno” (Balasch y Montenegro 2003: 44). 3.2. Tratamiento de las Producciones Narrativas Una vez hemos realizado este proceso con cada participante o colectivo, obtenemos como resultado “un conjunto de narrativas que ofrecen distintas perspectivas argumentadas y reflexionadas sobre el fenómeno estudiado: un conjunto de conocimientos situados y parciales de la temática que se está abordando” (Pujol y Montenegro 2013: 35). El reto consiste en reflexionar a partir de ese conjunto de narrativas, considerándolas puntos teóricos de partida. Tal como nos alertan Pujol y Montenegro (2013), las narrativas no se tratan como material puramente empírico. Es decir, no se prestan a ser 1 Se trata de un guión totalmente abierto que nos sirve como guía orientativa de la sesión. En distintas investigaciones con Producciones Narrativas se han elaborado guiones por ejes temáticos y/o con preguntas concretas.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 110 y Sociedad, 40(1), 57-70 (consultado el 15 de septiembre de 2014), disponible en: <https://www.academia.edu/762648/Los_limites_de_la_ metafora_linguistica_implicaciones_de_una_perspectiva_corporeizada_ para_la_practica_investigadora_e_interventora>. STRIANO, Maura (2012): “Reconstructing narrative: A new paradigm for narrative research and practice”, Narrative Inquiry, 22(1), 147-154. WATTERSON, Katherine (1996): Women in Prison: Inside the Concrete Womb, Northeastern University Press, Boston.
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 6 111 Capítulo 6 Análisis crítico del discurso con perspectiva feminista Jokin Azpiazu Carballo 1. Introducción Las metodologías feministas llevan años avanzando por caminos difíciles de transitar. En las últimas décadas, las aportaciones de las epistemologías feministas han resultado imprescindibles y definitivas a la hora de pensar la ciencia y sus diferentes disciplinas, así como las relaciones entre las mismas. Las reflexiones de autoras como Fox Keller (1991), Harding (1996, 2008) o Haraway (1995, 2011) se pueden y deben considerar como fundamentales, a pesar de que en muchos –de hecho en la mayoría– de los entornos académicos resulte aún muy difícil argumentar opciones y posturas metodológicas derivadas de las ideas y planteamientos de estas y otras autoras. Nos encontramos, sin embargo, ante un punto en el camino en el que nos está tocando elegir y construir día a día las opciones metodológicas que derivan de las epistemologías en las que vamos profundizando. Realmente, nos encontramos ante una disyuntiva en la que probablemente tengamos dos opciones, y la que elijamos determinará en gran manera no solo el futuro de las metodologías feministas y su impacto en la investigación y en la acción, sino también la dirección que nuestros esfuerzos como investigadoras e investigadores habrán de tomar. Esta disyuntiva no es otra que la que nos hará elegir entre profundizar en las epistemologías y metodologías feministas o tomar algunos principios (conocimiento situado, reflexividad, no-objetividad) como axiomas que den apoyo teórico a nuestras opciones metodológicas. La primera nos exige prestar atención a los debates actuales y aportar conocimientos que puedan abrir nuevas vías de desarrollo desde las preguntas y las dudas; desarrollar puntos de partida y directrices metodológicas que, sin ser guías a seguir de forma rígida, supongan maneras factibles de aplicar principios epistemológicos y políticos en las investigaciones sin enfrentarnos al vacío metodológico cada vez que nos ponemos ante una nueva investigación;
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 112 dedicar algo de nuestro tiempo no sólo a la investigación aplicada sino a pensar en cómo la estamos llevando a cabo. Se trata de abrir la puerta -y no cerrarlaa preguntas que pueden resultar paradójicas. La segunda opción no nos exige tanto y nos permite avanzar más rápido (probablemente) en la investigación aplicada, cosa a tener en cuenta en un contexto social en el que las investigaciones sobre temas tan importantes como la salud sexual y reproductiva, las violencias de género o el reparto del trabajo nos urgen tanto. No estoy, por tanto, planteando ambas opciones como incompatibles u opuestas. Me gustaría más bien plantear la pregunta de cómo combinar estas dos necesidades y, más allá aún, hasta qué punto podríamos sostener la segunda sin la primera. 2. Algunas ideas sobre investigación y el momento actual Me gustaría plantear la necesidad de repensar las metodologías de investigación en el marco de las actuales condiciones, tanto dentro como fuera de los espacios de investigación (ya sean universitarios o militantes) y, asimismo, en relación con las condiciones socio-políticas y económicas generales en las que nos encontramos ahora mismo. Estas influyen de manera determinante en algunos aspectos que señalaré brevemente antes de entrar de lleno en el núcleo del capítulo. La situación actual de crisis financiera asumida por las instituciones públicas, cargando sobre las personas la responsabilidad de pagar la deuda generada por las entidades financieras, ha llevado a una situación difícil a nivel institucional y universitario. Conseguir financiación para investigaciones o posiciones dentro de la academia que hagan posible investigar sin morir en el intento (o ahogadas en el mar de la precariedad) se ha convertido en algo más difícil cada día. Obviamente, las investigaciones con temática feminista son “las primeras en caer” al considerarse a menudo prescindibles. Pero más allá de esto se puede estar dando un “cierre de filas” a nivel metodológico, en el cual se ponga en cuestión la efectividad de algunos enfoques. Podemos aprovechar esto para: a) afinar mejor nuestras investigaciones a nivel metodológico, y b) aguantar el timón y no ceder al mandato de la efectividad a toda costa que, como ya sabemos, no es neutral. Parece estarse dando en las sociedades actuales y específicamente en el Estado español un giro hacia una cultura favorable al cambio social y político, cristalizado en varios movimientos sociales y políticos aparecidos
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 6 113 en los últimos años y en la re-articulación de algunos de los movimientos ya existentes. La cuestión de la investigación feminista pasa en este sentido por aprovechar este clima y hacer investigación políticamente efectiva a través de la participación directa de las personas. Esto implica revisar y afinar las estrategias de investigación y las metodologías y entronca, de hecho, con las nuevas formas de hacer política, las cuales se están preocupando en estos momentos por el cómo hacerlo más que por el qué hacer. El momento actual podría concretarse, por lo tanto, en una tensión necesaria por sostener, por un lado, la vela de la investigación feminista –lo cual nos requiere una posición firme y determinada– y, por otro, la revisión continua de los planteamientos metodológicos de esa investigación desde un punto de vista de apertura continua que no invalide la solidez de la posición mencionada. Desde mi punto de vista, esto nos exige al menos: • Mantener la atención respecto a los debates epistemológicos que se están desarrollando y no afirmar y re-afirmar las mismas teorías sin revisión crítica. • Ampliar los puntos de vista, de manera que podamos abrir preguntas y mantenerlas abiertas y pensar en formas de validación del conocimiento que no impliquen cerrar las cuestiones de método totalmente. • Recoger, archivar y documentar nuestras experiencias a nivel metodológico, de manera que no partamos de cero cada vez que nos pongamos a investigar y dispongamos de manuales, artículos y referencias rigurosas que sirvan de punto de partida. Una vez mencionados estos principios y reflexiones, que espero sirvan para situar mis posiciones respecto a algunas cuestiones de fondo que rodean ahora mismo a las metodologías de investigación en general y a las feministas en particular, intentaré adentrarme en el terreno del análisis del discurso tal como fue tratado en las II Jornadas de Metodología de Investigación Feminista (Donostia, 2014) que dan sentido a este volumen. 3. ¿El análisis del discurso, una metodología feminista? En el transcurso de las jornadas, una cuestión que surgió de forma repetida fue el carácter de las metodologías propuestas por el grupo organizador. Contábamos con tres propuestas metodológicas: Análisis Crítico del Discurso con perspectiva Feminista (en adelante ACDF), Construcción de Narrativas
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 114 (en adelante CN) y Metodología Interseccional (en adelante MI). Una de las grandes dificultades a la hora de poner estas tres propuestas en común radica precisamente en su diferencia de origen: la CN y la MI están basadas en gran medida en puntos de partida teóricos feministas, mientras que el ACDF trata más bien de un giro o re-apropiación feminista de algo que no partió necesariamente de un análisis feminista, aunque sí de un análisis del poder y sus formas a partir del que algunos feminismos han desarrollado sus propios puntos de vista teóricos. El otro debate se centró en gran medida en la idiosincrasia misma de las propuestas: mientras que la CN y el ACDF proponen metodologías de análisis que contemplan aspectos técnicos, la MI supone más bien una mirada que puede ser aplicada en diferentes contextos metodológicos y técnicos. Si atendemos al primero de los debates, es imprescindible subrayar el carácter no-feminista del análisis del discurso. De hecho, si hablamos de ACDF es por la misma razón que en su día se hizo necesario hablar de análisis crítico del discurso, es decir, porque el análisis del discurso de por sí no garantizaba una mirada crítica sobre las relaciones de poder. Así, si hablamos de ACDF es porque una mirada crítica sobre las relaciones de poder no necesariamente implica una mirada crítica respecto a las relaciones desiguales de poder basadas en cuestiones de género, ni una mirada feminista respecto a las mismas. Es por ello que la historia del ACDF es, sobre todo, una historia de re-apropiación y re-construcción de un punto de vista metodológico y de algunas herramientas técnicas asociadas al mismo. Esto implica una serie de ventajas e inconvenientes. Por un lado, la historia de la re-apropiación feminista es larga y prolífica, desde las ciencias “puras” hasta la política, pasando por el arte y la sexualidad. La historia del feminismo contempla un gran número de tácticas de re-apropiación creativa, puesto que muchos de estos espacios, por no decir todos, han tenido en común la exclusión física y simbólica de las mujeres y han requerido, en algunos momentos, de su re-apropiación. Sin embargo, Audre Lorde (2007) nos recuerda el precio a pagar por reapropiar (algunas de) las herramientas del amo, afirmando que las dinámicas propias del patriarcado son tremendamente poderosas. Para no caer en sus trampas, propone el uso de las diferencias como fuerza creativa. Se establece, de esta manera, una tensión constante y continuada entre la re-apropiación y la potencia creativa. Admitir la existencia de este proceso nos lleva a afirmar que no todo es re-apropiación, puesto que estaríamos afirmando todo lo existente como masculino o re-apropiación de lo masculino, cerrando la posibilidad de
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 6 115 la existencia femenina, tal y como Irigaray (2009) o Braidotti (2000, 2004), entre otras feministas, han planteado. Es por lo tanto el componente (no el carácter) de re-apropiación feminista el que produce un desplazamiento doble: lo re-apropiado es transformado, al tiempo que quien lo re-apropia y quien históricamente lo apropiaba son transformados. De esta manera, la re-apropiación es siempre conflictiva y móvil. Este aspecto nos debería llevar a estar atentas a los efectos positivos y no tan positivos del uso y re-apropiación del análisis del discurso; y probablemente, saber que no es una propuesta que tenga un punto de partida feminista nos haga mantener esa atención más fácilmente. Moverse en el terreno del análisis del discurso con perspectiva feminista es, desde luego, siempre un ejercicio realizado sobre arenas movedizas. 4. Breve historia y orígenes del análisis del discurso De manera general, podemos situar la propia idea del análisis del discurso en el contexto occidental, relacionado con una serie de ideas que se disponen a plantear a finales de los años sesenta y que tienen como objetivo responder al creciente interés por analizar las realidades sociales desde lo que se ha venido llamando “el giro lingüístico”: la convicción de que el lenguaje no es solamente una capacidad innata de la persona, sino, sobre todo, una instancia en la que se desarrolla la acción social. El habla, la palabra, es una acción en sí misma y por tanto pertenece, en términos de Hannah Arendt (2005), al terreno de la acción, de lo político, de lo mundano. Partiendo de esta consideración y de las múltiples ideas que de ella han ido desarrollando filósofas o lingüistas, entre otras, varias escuelas y disciplinas empiezan a desarrollar lo que ahora conocemos como análisis del discurso. Estas tradiciones recorren caminos diversos en el terreno de las ciencias sociales y reúnen, en mi opinión, diferentes grados de interés desde un punto de vista analítico feminista. La “escuela francesa” parece haber atribuido al lenguaje las propiedades más profundas al discurso en el análisis sociológico. La invitación de Michel Foucault a pensar el discurso no como “conjuntos de signos (...) sino como prácticas que forman sistemáticamente los objetos de que hablan” (Foucault 2009: 68), nos lleva a distinguir lo discursivo de lo puramente lingüístico, separando (a nivel analítico) el enunciado como unidad del lenguaje –emitido de forma verbal, escrita, visual, etc.– del discurso, considerando este como
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 116 aquello que se enuncia en el contexto del mecanismo discursivo que lo condiciona (Iñiguez Rueda 2006). El discurso es un conjunto de acciones del habla que se producen dentro de unas condiciones y posibilidades dadas y que, por tanto, escapa al carácter puramente voluntarista del uso del lenguaje. No “decimos” lo que queremos decir puramente, sino que producimos lo que “decimos” en un contexto específico de condiciones que nos permiten (o no) que digamos, y que lo que digamos se entienda (o no), se interprete, se reciba o se deje de recibir. En este sentido, no hay enunciado que no contenga en sí mismo la marca de las condiciones discursivas en la que es producido o re-producido. Arendt nos diría que el ser humano “tanto como miembro de la especie como individuo, no debe su existencia a sí mismo” (Arendt 2005: 22), y la noción de discurso nos sitúa ante esta realidad en el terreno específico del lenguaje. De esta manera, algunas autoras han profundizado en la idea del lenguaje como productor de significados y realidades que está inscrito en significados y realidades que suponen su capacidad misma de producción. La noción de performatividad lingüística nos puede ayudar a pensar esta idea. La performatividad lingüística es planteada por el filósofo del lenguaje John Langshaw Austin en su obra Cómo hacer cosas con palabras (1998), en la cual pone de manifiesto que algunas construcciones lingüísticas no tienen una mera capacidad descriptiva. De hecho, algunas de ellas no tienen ningún tipo de capacidad descriptiva. Acuña el término “falacia descriptiva” y divide los enunciados en “constatativos” y “performativos”. Los segundos no constatan una realidad, sino que son enfocados a la acción, a la creación de la propia realidad. No pueden, por ejemplo, ser calificados como verdaderos o falsos. Su función, o más bien diríamos su efecto, es otro. Sin embargo, Austin pone de manifiesto la necesidad de cierto nivel de autoridad en la formulación de ciertos enunciados performativos para que estos sean efectivos (Austin 1998). Nos habla, por ejemplo, del acto de bautizar barcos mediante el acto de romper una botella contra el cuerpo de los mismos, poniendo de manifiesto que la efectividad del bautizo no depende únicamente del propio hecho de romper la botella y nombrar al navío. En esta misma línea, Butler (2002) recupera la noción de performatividad de Austin, problematizándola junto a otras aportaciones teóricas, para pensarla en relación al sexo/género. Afirma que “en contra de la idea de
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 6 117 que la performatividad es la expresión eficaz de una voluntad humana en el lenguaje, este texto apunta a redefinir la performatividad como una modalidad específica del poder, entendido como discurso” (Butler 2002: 267). A través de la lectura de Derrida (1977), Butler dispone que la performatividad no es un juego de repetición neutral. La función performativa es siempre derivativa. Es decir, somos capaces de “citar” a través del lenguaje aquello que previamente existe y es reificado a través de nuestra cita. Sin embargo, y ahí es donde reside la capacidad de cambio, la cita nunca es exacta. De esta manera, nos propone la siguiente pregunta: “¿En qué medida obtiene el discurso la autoridad necesaria para hacer realidad lo que nombra mediante una cita de las convenciones de autoridad?” (Butler 2002: 35). Sin embargo, la asunción de que no hay realidad más allá del lenguaje produce a menudo estudios e investigaciones alejadas de los aspectos materiales y políticos que estudian. Es así difícil identificar el interés feminista de las mismas ya que, al dejar de lado los aspectos materiales de la realidad, pierden en gran medida su potencial político y se convierten en meros análisis más o menos “interesantes” sobre diversas cuestiones. Lazar nos anima a evitar “localizarlo todo en el discurso y pasar por alto aspectos materiales y experienciales de las relaciones de poder e identidad. Esto es, en lugar de ver el discurso como un elemento de las prácticas sociales, la tendencia ha sido ver el discurso como absolutamente constitutivo de lo social” (Lazar 2007: 150). En este sentido, cabe revisar si el principio de la investigación feminista como investigación comprometida que busca y pretende generar cambios a nivel político es compatible con la tendencia académica de la investigación desapegada y no comprometida que se limita a menudo a proponer investigaciones “interesantes”. 5. El análisis crítico del discurso La intención de situarse en medio de las relaciones de poder presentes en los discursos es una de las premisas principales del Análisis Crítico del Discurso (ACD). Según Van Dijk (1999: 23): “el ACD, con tal peculiar investigación, toma explícitamente partido, y espera contribuir de manera efectiva a la resistencia contra la desigualdad social”. La referencia al posicionamiento explicito en torno a las desigualdades sociales y de poder articuladas y expresadas en el lenguaje es una constante a la hora de definir el ACD. En palabras de Ruth Wodak, el ACD “podría ser definido como fundamentalmente
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 118 comprometido con analizar las relaciones de dominación, discriminación, poder y control estructurales, tanto opacas como transparentes, que se manifiestan en el lenguaje” (Wodak y Meyer 2001: 2). La cuestión del compromiso es, por tanto, una cualidad importante del ACD. Sin embargo, cabe preguntarse si se trata de la cualidad que lo define. De la misma manera que la propuesta del conocimientos situados de Haraway (1995), reducida a menudo a una serie de atributos descriptivos (que se explicitan por lo general al principio de las investigaciones), nos hace preguntarnos si es suficiente situarse para que una investigación sea feminista, la cuestión del compromiso en el ACD nos podría llevar a formular las siguiente pregunta: ¿es suficiente posicionarse para analizar los discursos de manera crítica? Paralelamente, nos debemos preguntar si favorecemos teorías y análisis que mantengan vivo el debate sobre el poder y sus formas o si, como en muchas ocasiones sucede, nos situamos en posiciones sobre el poder que pretenden dibujar cartografías simples y fácilmente asumibles. Esta cuestión resulta importante, porque es precisamente la insistencia de los movimientos y líneas de pensamiento feministas la que permite que algunos análisis relativos al poder se vean obligados a mutar y re-pensarse para incluir cuestiones relacionadas con el desequilibrio de poder producido por los sistemas de sexo-género. La pregunta del poder ha guiado varios de los cambios en las metodologías de investigación, y el caso del ACD no es diferente. Entre los retos del ACD se encuentra “poder evidenciar por un lado las diferentes relaciones en la elaboración abierta del discurso dependiendo de la posición social, y al mismo tiempo contribuir a la investigación crítica a través del diálogo con las identidades de la modernidad tardía” (Chouliaraki y Fairclough, 2002: 75). Podemos observar que el debate sobre el poder en el discurso se da en términos similares a muchos debates sobre subjetividad e identidad en los movimientos y teorías feministas. 6. El análisis crítico del discurso con perspectiva feminista En medio de todos esos debates, comienza a emerger la perspectiva feminista en el ACD y, como no podía ser de otra manera, no aparece como consenso previo ni como bloque monolítico, sino como una perspectiva
II. Enfoques y herramientas para la investigación feminista. Capítulo 6 119 múltiple. Muchas investigadoras e investigadores que trabajan desde la perspectiva feminista habían encontrando acomodo en el ACD. Sin embargo, decir que la agenda del ACD es siempre feminista resulta excesivo. Como en tantas otras disciplinas, la investigación feminista ha acabado planteando la necesidad de un espacio propio desde el cual poder poner de manifiesto algunas contradicciones, puntos de vista propios e intereses y, a la vez, contribuir a los debates y corpus de las disciplinas. En palabras de Michelle Lazar (2007: 144), podríamos afirmar que “las académicas del discurso feministas pueden aprender mucho de las inter-conexiones entre las particularidades de las estrategias discursivas empleadas en varias formas de desigualdad social y opresión que pueden reflejarse en el análisis crítico feminista y en las estrategias para el cambio social”. Hablar de ACDF como si se tratara de una metodología terminada con un corpus elaborado de referencia sería excesivo. Sin embargo, encontramos trabajos más o menos recientes que aportan contribuciones importantes a un cuerpo de conocimiento en expansión y, lo que resulta más importante, en debate. En el terreno del análisis del discurso, la historia del feminismo nos habla de desplazar las miradas, o más bien de ampliarlas. Desde un inicial interés por “las mujeres y el habla” –más centrado en el análisis del uso diferencial del lenguaje que en las causas detrás de ello–, hacia enfoques más funcionales –centrados en pensar los roles diferenciales de hombres y mujeres en el habla, dando lugar a menudo a interpretaciones muy esencialistas y poco centradas en el poder–, hasta llegar a enfoques que ponen el acento en las circunstancias y entornos en los que el lenguaje se produce y que el mismo lenguaje produce: “el énfasis se desplaza desde las cuestiones internas del individuo hasta el campo de la interacción, y en última instancia, el institucional. Más que una propiedad de los individuos, estas analistas consideran el género como una característica emergente de las situaciones sociales” (West, Lazar y Kramarae, 2000: 203). 7. Más allá de los debates sobre el poder Si hemos señalado que la pregunta en torno al poder ha resultado ser una fuente importante de cambio en varias metodologías y también en el ACDF, no es el punto de partida teórico respecto al poder lo que delimita la creación de nuevas perspectivas feministas en el marco del análisis discursivo. Las propias
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 7 127 Capítulo 7 Poner en el centro la vida de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual en la guerra: una investigación feminista desde una mirada multidimensional del poder Amandine Fulchiron 1. Introducción En este texto recogemos la experiencia de una investigación-acción participativa que resultó en el libro Tejidos que lleva el alma (Fulchiron et al. 2009), y que se realizó en el marco de un proceso social y político impulsado por la colectiva feminista Actoras de cambio desde el 2004. El objetivo de este proceso ha sido romper el silencio en torno a los crímenes sexuales cometidos sistemáticamente contra las mujeres mayas durante la guerra en Guatemala, recuperar la memoria histórica y sanar la historia impresa en la piel, e involucrarse juntas en procesos colectivos para crear condiciones sociales de no-repetición. Esta investigación-acción participativa se desarrolló a lo largo de cuatro años, del 2005 al 2009, con 54 sobrevivientes mayas de violación sexual en guerra de cuatro grupos étnicos distintos (mam, chuj, kaqchikel y q’eqchi). Se realizó en cinco idiomas distintos con un equipo multidisciplinario y multicultural de diez mujeres: tres investigadoras (una antropóloga maya quiché, una psicóloga social mestiza, y una politóloga blanca), tres traductoras mayas, tres trascriptoras mayas y una trascriptora mestiza. Cuando iniciamos la investigación, desconocíamos el concepto de interseccionalidad, por ser un concepto más vinculado a la academia y a la institucionalidad que al actuar político feminista. Sin embargo, todas las mujeres del equipo de investigación teníamos claras dos cosas fundamentales: primero, que esta investigación iba a poner en el centro la vida de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual en guerra; y segundo, que la investigación tenía que servir de herramienta para la memoria y la
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 128 transformación de la vida de las mujeres. Por lo tanto, se trataba de construir un conocimiento situado y comprometido con la vida de las mujeres mayas (Harding 1986). Para ello, elegimos partir de una epistemología feminista articulada con la epistemología de la cosmovisión maya, lo cual significó construir un conocimiento intercultural y descolonial1, con voces, experiencias y formas de ver el mundo consideradas como irrelevantes por la visión hegemónica androcéntrica, racista y colonial. Más allá del debate teórico en torno a la categoría de interseccionalidad, que conlleva el riesgo de perder su fuerza explicativa del poder, poner en el centro a las mujeres mayas sobrevivientes implicó elegir una mirada multidimensional del poder. Elegimos esta mirada para desvelar cómo se imbricaban, sintetizaban y potenciaban los diferentes sistemas de opresión en el cuerpo y vida de las sujetas de investigación y de las investigadoras, para determinar una cierta posición y condición en su comunidad en la sociedad guatemalteca y en el mismo proceso de investigación, y para juntas encontrar estrategias de transformación de estas historias de opresión y colonización. En este sentido, se puede considerar que esta investigación forma parte del conjunto de praxis que el feminismo descolonial se propone: una apuesta por descolonizar nuestro pensamiento, prácticas y formas de ver el mundo. Dialogar con mujeres cuyas cosmovisiones son distintas a la visión hegemónica del mundo de la modernidad occidental significa tener el corazón y los oídos abiertos para ir al encuentro de sus propias palabras, símbolos, códigos e interpretaciones de lo vivido. Significa construir puentes entre marcos de referencia distintos para crear condiciones de diálogo lo más recíprocas y éticas posibles y, en palabras de Audre Lorde (2003: 115-120), desde “las diferencias no-dominantes”. La aventura humana y el diálogo que supuso esta investigación implicó lo que María Lugones llama “el apasionado deseo de comunicarse a través 1 Opto por la palabra “descolonial”, ante lo “decolonial”, para inscribirme en una propuesta política de descolonización del pensamiento, del conocimiento y de las prácticas sociales que surge desde América Latina. Esta propuesta constituye un proceso vivo y permanente de reflexión y transformación, más que una escuela de pensamiento cerrada y acabada. Está orientada a “arrancar de raíz los modelos de opresión que hemos interiorizado”, como dice Audre Lorde, y construir nuevas epistemologías emancipadoras y abiertas a partir del reconocimiento y diálogo entre saberes y experiencias de mujeres que vienen de diferentes lugares y tienen múltiples sonidos, voces y colores.
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 7 129 de las diferencias no-dominantes que establece una relación transcultural, de forma igualitaria entre historias que conocemos como interrelacionadas” (2005: 74). Además, añadiría algo fundamental para que este “apasionado deseo de comunicarse” funcionara: estuvo sobre todo vinculado a un anhelo común de romper el silencio sobre la violación sexual en guerra, y crear juntas condiciones para que no vuelva a suceder ni a nuestras hijas ni a nuestras nietas. Así, no podemos pensar en realizar una investigación feminista que pone en el centro la vida de las mujeres y la creación de afiliaciones y profundas coaliciones (Lugones 2005: 73), para desvelar juntas cómo se entretejen las diferentes opresiones en nuestros cuerpos, sin salir trastocadas, sin poner en juego todas nuestras verdades y formas de ver, entender y actuar en el mundo. Esta investigación ha sido un camino colectivo maravilloso, muy sanador y emancipador para todas. Me propongo abordar, en una primera parte, los principios epistemológicos de los que partimos para realizar esta investigación, y algunos ejemplos de cómo se derivaron metodológicamente. En una segunda parte, profundizaré alrededor de lo que ha implicado la mirada multidimensional del poder para situar a las sujetas que hemos acompañado, y para hacer emerger los significados que dieron a lo vivido. De la misma forma, ejemplificaré cómo analizamos, desde esta misma mirada, los procesos de re-significación de las sobrevivientes, el tejido de factores personales y colectivos que las llevaron a abrir brechas en las opresiones, romper el silencio, decidir involucrarse en procesos colectivos de sanación, recuperación de la memoria histórica, y creación de condiciones de no-repetición. 2. Principios epistemológicos feministas de los que partimos Poner en el centro la vida de las mujeres mayas significó partir de los principios epistemológicos que desarrollamos a continuación, con las implicaciones metodológicas que se derivan de ellos. 2.1. Considerar a las mujeres mayas como sujetas históricas Considerar a las mujeres mayas como protagonistas de la historia y los acontecimientos que vivieron implica un cambio de mirada fundamental. Las
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 130 mujeres no son vistas como meras víctimas o apéndices de la historia de la guerra, como ha reflejado la visión androcéntrica y racista del mundo. Esta investigación ubica las experiencias de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual en el centro de la historia de Guatemala, y visibiliza su involucramiento y participación como sujetas históricas en la construcción de los procesos de cambios profundos del país. Como parte de la corriente crítica al positivismo, que presupone la existencia de la neutralidad y la separación entre sujeta-objeto, no tomamos a las mujeres como datos ni como objetos de investigación. No les fuimos a sacar información. Las consideramos interlocutoras con las que íbamos a re-significar la historia de la violación sexual y de la guerra, para juntas reconstruir la vida. Nos sentíamos comprometidas en un proyecto común de sanación y de memoria colectiva. Fue un proceso de construcción de conocimiento dialógico en el que las sobrevivientes tenían voz para significar su propia experiencia. Ver a las mujeres como sujetas implicó poner en el centro sus subjetividades, deseos, creatividades, y valorar las decisiones que las sobrevivientes han ido tomando a lo largo de su vida, en particular después de la violación sexual; independientemente de que estas decisiones reforzaran la subordinación en la que se encontraban o que abrieran brechas para la emancipación. La participación de Angélica López, investigadora maya quiché, fue fundamental al respecto, para que el equipo estuviera en alerta permanente sobre posibles lecturas racistas y paternalistas de la realidad de las sobrevivientes, colocando en la discusión de forma reiterada su capacidad de decisión, sobrevivencia, enfrentamiento y transformación ante lo vivido. A pesar de que las adscripciones de género, raza y clase complejizadas por la historia de la guerra y de la violación, la religión, el origen urbano o rural, y el nivel de educación, son condiciones que estructuran el lugar de las mujeres, su vida y subjetividades, partimos de la convicción de que las estructuras de opresión no lo determinan todo. No somos solamente producto de la opresión. Consideramos a las sujetas de investigación con la capacidad de interactuar con las estructuras e historias de opresión que las atraviesan, no como meras víctimas de las mismas2. Tomamos en cuenta la experiencia corporal, lo vivido, a través de lo cual las mujeres re-interpretamos lo social, construimos una imagen de nosotras mismas y de la relación con el mundo, y actuamos sobre las estructuras e 2 De ahí nuestro nombre como colectiva: Actoras de cambio.
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 7 131 ideologías patriarcales, racistas y colonialistas, transformándolas. Rescatamos así todas las historias de fuerzas, de transformación, todos los poderes y recursos que desarrollaron para primero sobrevivir, y luego empezar a romper el silencio e involucrarse en procesos de sanación, memoria y no-repetición. En este sentido, la apuesta metodológica por las historias de vida fue muy atinada para hacer emerger la capacidad de actuación de las sujetas. El querer comunicarse desde las diferencias no-dominantes no implica obviar las relaciones de poder que nos atraviesan entre investigadoras y sujetas de la investigación por las desigualdades estructurales que han marcado nuestra historia. Más bien, implica tener una profunda consciencia de ello, y la voluntad de construir las prácticas más recíprocas y éticas posibles para revertir esas desigualdades. Esta consciencia y voluntad política nos permitió crear metodologías de recogida de información y de análisis que garantizaran la creación de condiciones de diálogo. Primero, definimos conjuntamente con las sujetas las condiciones en las que querían participar en el proceso de investigación: los objetivos, los tiempos, los lugares. Estas condiciones estuvieron permanentemente abiertas a la discusión y al cambio. Se tomó en cuenta el tiempo del que disponían para realizar las sesiones. Se respetaron sus silencios. Por el riesgo existente de represalias, tanto por la comunidad, por los hombres de la familia, como por parte de los perpetradores, fue fundamental crear acuerdos colectivos sobre la confidencialidad y la seguridad. Construimos un discurso común del porqué nos reuníamos dirigido a las autoridades comunitarias y los hombres de la familia. Elegimos los sitios de reunión en función de la privacidad que permitían, para que pudieran relatar su historia sin miedo a ser escuchadas. Durante los tres primeros años, eso implicó reunirse fuera de la comunidad. Y se estableció un pacto de confidencialidad en los grupos, para que las reflexiones que se daban no se sacaran fuera del mismo, como base para construir la confianza entre todas. Segundo, las investigadoras nos involucramos en todas las reflexiones que hacíamos con las sobrevivientes desde nuestras propias experiencias. Las investigadoras no sólo fuimos a conocer la realidad de la violación sexual de las “otras”, sino que nos reconocimos como parte de esta realidad. Todas, aunque desde diferentes lugares, teníamos algo que decir sobre la violación sexual, los incestos, el aprendizaje de la sexualidad y del racismo, la guerra y la colonización. Todas estamos marcadas por estas historias, aunque sea desde lugares de poder distintos. Además, nos reconocíamos como parte de este proceso de denuncia colectiva, de memoria histórica y de exigencia
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 132 de condiciones de justicia y libertad para las mujeres. Como señalamos en el informe de investigación de Tejidos que lleva el alma (Fulchiron et al. 2009: 16), la investigación se convirtió en un proceso de diálogo en el que nosotras mismas como investigadoras fuimos cambiando nuestras visiones del mundo, interpretamos nuestras vidas desde otras miradas y las hemos ido transformando. “Se trataría de un conocimiento mutuamente compartido, basado en la inter subjetividad de la interacción, un conocimiento más profundo y objetivo, cuanto más íntegra e íntimamente subjetivo” (Franco Ferrarotti, citado en Pujadas Muñoz 2002: 10). Tercero, conscientes del poder que conlleva escribir el texto final desde nuestras preconcepciones del mundo, fuimos muy cuidadosas en recoger y plasmar en el texto tanto sus interpretaciones como las nuestras, así como registrar los cambios de interpretación que en este diálogo y proceso de resignificar la vida iban teniendo. Procedimos a re-leer las historias de vida con ellas, en sus idiomas, para que pudieran añadir, borrar, hacer comentarios o volver sobre su interpretación a partir del proceso de re-significación que estábamos haciendo juntas en Actoras. Este proceso significó mucho para ellas, porque lo vivieron como una muestra de respeto hacia su vida y sus historias: “Nunca pensé que me iban a leer mi historia”, comentaron. En este sentido, creemos que la devolución de todas las historias de vida a sus autoras y en sus idiomas fue fundamental para que la investigación no se convierta en un proceso unilateral, donde ellas “nunca reciben nada a cambio”. La reciprocidad es un principio fundamental en la cosmovisión maya, así como la base de la ética feminista. 2.2. Diálogo intercultural y descolonial Poner la vida de las mujeres mayas sobrevivientes en el centro significó también establecer un diálogo intercultural y descolonial, tanto dentro del equipo de investigación como entre las investigadoras y las sujetas de investigación. La construcción dialógica y descolonial del conocimiento conllevó el apasionado deseo de escuchar y comprender los procesos de vida de mujeres cuyas cosmovisiones y códigos culturales son distintos a nuestros marcos interpretativos. Más aún, significó dar legitimidad y validez a formas de ver el mundo consideradas como secundarias o sin importancia por la visión hegemónica androcéntrica y racista de la modernidad occidental, y ponerlas a dialogar con las del equipo de investigación.
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 7 133 El haber hecho central el concepto de susto en nuestra investigación es ilustrativo de lo anterior. Después de 25 años, las mujeres seguían padeciendo de susto: “Desde ese momento cuando me violaron, me quedé asustada”, decían. El entender el susto para marcos de referencia occidentales no ha sido sencillo, porque ha implicado comprender la ruptura que significó la violación sexual en la vida de las mujeres, desde los significados que para ellas tiene, desde sus propios códigos, desde la espiritualidad maya y su conexión energética con el todo. Las mujeres contaban que el susto es “una profunda pena, las pone amarillas, les quita las ganas de trabajar, hay desgana, falta de fuerzas, dolor de cabeza, no tienen hambre, no quieren trabajar y se sobresaltan con cualquier ruido”. También hablaban de que representa una gran tristeza, de sensación de suciedad y fracaso. Es el alma o el espíritu de la persona que se va del cuerpo: “ahora soy la sombra de mi yo”. Es entrar en un mundo de desolación y soledad. Muchas mujeres que fueron violadas murieron de susto. Así, para entender el susto había que acercarse a la integralidad de las dimensiones del ser que habían sido rotas por la violación sexual: la imagen de sí misma, la relación con su cuerpo y su propia alma, la relación con la familia y comunidad, y la relación con el cosmos. Para sanar, teníamos que abordar la integralidad de estas dimensiones. Ninguno de los conceptos de la psicología occidental como estrés o depresión postraumática puede llegar a abarcar la dimensión del susto. El susto no es la mera transcripción literal de síntomas psicosomáticos. Es la manifestación corporal del malestar, de todo el equilibrio que ha sido roto por la violación sexual. Ha sido la forma corporal que las mujeres han tenido para hablar del sufrimiento de la violación sexual cuando no existen palabras para nombrar lo sucedido, cuando no existen espacios en la cultura para ser escuchadas y reparadas. Otro concepto de las sujetas que fue central a nuestro análisis de las consecuencias sociales de la violación sexual fue el de quita-maridos. Uno de los dolores más grandes expresados por las mujeres era que sus propias vecinas las estigmatizaban, criticaban y violentaban. El estigma de mujer que le gusta hacer cosas con los hombres que conlleva haber sido violada convertía a las sobrevivientes en amenazas para las otras mujeres de la comunidad. Este concepto permitió desvelar que uno de los efectos principales de la violación sexual es que aumenta la rivalidad y enemistad ya existente entre mujeres. Lejos de generar un movimiento de solidaridad y apoyo entre pares por ser expuestas a las mismas condiciones de violencia patriarcal, la violación sexual viene a profundizar la desidentificación entre mujeres y la destrucción del tejido social. Este concepto pone de manifiesto uno de los
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 134 efectos más perversos del patriarcado; y a la vez, nos enseñó el camino para diseñar estrategias que rompieran esta lógica y permitan crear condiciones de solidaridad, reparación y transformación entre mujeres. La interpretación de lo vivido es distinto cuando nos sentimos parte del universo, en vez de verse separado, superior y dueño del mismo. Los procesos psico-emocionales también se explican desde otro lugar cuando los sueños tienen un sentido para interpretar la realidad, cuando el fuego tiene el poder de sanarnos, y la comunicación con las y los ancestros nos permiten adquirir la fuerza ancestral suficiente para encontrar el camino y seguir caminando. Se integran otras memorias culturales, corporales, energéticas y trangeneracionales a la interpretación de lo vivido. Es también profundamente distinto usar un marco interpretativo integrado, a uno binario, herencia del pensamiento androcéntrico de la modernidad occidental. En la convivencia cotidiana con esta sabiduría ancestral maya, he aprendido que los opuestos son sólo dos facetas de la misma moneda, y que podemos leerlos y vivirlos como integración y unicidad. Aprendí que el mundo no es blanco o negro, que es a la vez las dos cosas, que los eventos tienen una multiplicidad de factores, y que la realidad es la integración de todas las miradas. El aprendizaje fue mutuo: mientras la visión feminista permitía aportar nuevos caminos y opciones liberadores a partir de sus experiencias concretas como mujeres, la visión ancestral maya aportaba la posibilidad de integrar la historia desde una multiplicidad de miradas y sanarla profundamente: desde arriba y abajo, desde la izquierda y la derecha, desde la periferia y desde el centro. Esta construcción dialógica y colectiva del conocimiento supuso sin duda un reto inmenso en un equipo de investigación multidisciplinario y multicultural compuesto por una mujer maya quiché, una mujer mestiza, y una mujer blanca feminista de origen francés. Para establecer este diálogo y lograr un análisis común, fue fundamental haber pactado que lo importante en todo este proceso era la palabra y la vida de las mujeres que acompañábamos. Poner a las mujeres en el centro nos permitió trascender los conflictos ideológicos a los que muchas veces los debates teóricos nos condenan. También fue fundamental que cada una de nosotras decidiéramos reconocernos como interlocutoras, más allá de las imágenes opresivas construidas
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 7 135 e interiorizadas alrededor de la blanca colonizadora, la víctima indígena y la mestiza mediadora. Escucharnos, escuchar el dolor de la otra, y la voluntad de transformar esta historia de dolor juntas ha sido fundamental para realizar esta investigación. Nadie salió indemne de este proceso. Todas trabajamos nuestras historias de violación, abusos sexuales y relación con nuestra sexualidad. Todas trabajamos nuestras historias de guerra y colonización. Todas, sin excepción tuvimos que hacer un gran trabajo personal para desmontar el racismo interiorizado y cuestionar nuestras verdades: • El sentimiento de verdad absoluta que conllevan el eurocentrismo y el pensamiento moderno cartesiano. • El sentimiento de inferioridad y los mecanismos de victimización que conlleva la internalización de la opresión (Grupo de Mujeres Mayas Kaqla 2004)3. • El resentimiento, el odio y el silencio. • La culpa y el enojo. • La idealización de la familia y la comunidad como espacios de apoyo y reparación para las mujeres. • La idealización de lo masculino como autoridad. • La visión hetero-real del mundo. Al respecto quiero mencionar un debate que tuvimos en el equipo que refleja esta visión: ¿es un problema que las mujeres sobrevivientes decidan no volver a unirse con hombres después de la violación y rodearse de mujeres? ¿O se trata de una estrategia de resiliencia, de reparación, de creación de vínculos afectivos para poder reconstruir la vida, a partir de la consciencia del dominio existente? Es sin duda un criterio básico y a la vez un indicador de la construcción dialógica del conocimiento: que todas las partes estén dispuestas a cuestionar sus puntos de partida y estén abiertas a verse influenciadas por este diálogo para transformar las condiciones de opresión y colonización juntas. 3 Las primeras mujeres mayas organizadas para hablar del concepto de la internalización de la opresión y trabajárselo en grupos de sanación en Guatemala son el Grupo de Mujeres Mayas Kaqla. Ver la publicación que recoge sus experiencias al respecto.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 142 En la historia de Doña Beatriz emerge la culpa. La culpa que ocupa toda la conciencia, y la ubica en un lugar donde se refuerza la sumisión y la obediencia, aguantando todo tipo de violencias. Hablando de la violencia brutal que vive por parte de su marido, afirma: gracias a Dios, lo he aguantado. Aguantar la violencia se convierte en una virtud para ella, reafirmándose en los contenidos femeninos del ser mujer. Aguantando se convierte en una buena mujer, y limpia de esta manera los pecados que cree haber cometido. En su historia, pesa profundamente la mirada de su madre y de la iglesia. A pesar de que sueña con estar viuda, se siente en la imposibilidad de dejar a su marido porque ¡qué vergüenza!, si se ha comprometido a estar con él hasta que la muerte los separe, ante su madre y ante dios. La relación con la madre juega un rol fundamental en el aprendizaje de la sumisión en la historia de Doña Beatriz. Mientras, en la historia de Doña María, la relación de complicidad y solidaridad con su madre frente a la violencia del papá y los intentos de abusos sexuales por hombres en la niñez ha abierto brechas en sus concepciones del mundo patriarcal. El apoyo de su madre frente a situaciones injustas y crueles ha creado las condiciones subjetivas en Doña María para no aguantar situaciones de desprecio y violencia por parte de su marido, y tener la fuerza de separarse de él. Ha servido de ejemplo además para evidenciar la necesidad y la validez de establecer alianzas con otras mujeres para poner fin a situaciones de violencia, y así romper con la lógica de la enemistad patriarcal entre mujeres. Doña Carolina, viuda de guerra, ha encontrado su fuerza para situarse sola ante el mundo gracias a la relación de afecto que tejió con su padre. El hecho de tener valor ante los ojos de su padre, no haber vivido discriminación ni desprecio por su parte, sino apoyo para aprender a trabajar y adquirir habilidades, ha permitido a las mujeres desarrollar confianza en sí mismas, y seguridad en sus capacidades. Su subjetividad no fue tan marcada por lo tanto por la sumisión y subordinación. El afecto y protección que recibió de su padre le han permitido desarrollar una conciencia de dignidad muy arraigada, que ha desembocado en la capacidad de defenderse frente a cualquier tipo de abusos de autoridad. Muy consciente de sus capacidades de trabajar y resolver los problemas que la vida le presenta, afirma que no le costó sin esposo. Desde niña había aprendido a trabajar en el campo con su padre, y a acarrear piedras. Por eso ahora, cuando quedé en la violencia, no lo sentí mucho, porque sabía trabajar y sembrar, rajar leña. No tanto me costó sin el esposo, así es como yo he pasado. El reconocer sus fuerzas y capacidades de salir adelante sin un esposo,
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 7 143 le permitió romper los hilos de la dependencia vital con los hombres que tanto dolor sigue provocando en las viudas q’eqchi’es. Se ha sentido capaz de enfrentar la vida sola, con todas sus dificultades, lo cual le permitió reafirmarse como protagonista. Es mi suerte. Aunque hayan problemas, hay que saberlos solucionar. Nunca menciona que podría contar con mejores condiciones si tuviera esposo. La fuente de su valoración no se ubica únicamente en la existencia de los otros, ni en los mandatos sociales de virginidad y fidelidad, ni en el ideal de la complementariedad. Eso representa una diferencia notable en cuanto a cómo afronta en su vida el sufrimiento dejado por la guerra, la violación y la pérdida de ocho seres queridos. 4. Para concluir: ¡invitadas todas a asumir el reto! En esta investigación-acción participativa, pudimos experimentar cómo el recuperar y sanar la memoria colectiva de la violación sexual, la guerra, la colonización entre mujeres de diferentes adscripciones de raza, sexualidad, clase, religión, origen urbano o campesino se ha convertido en una historia de rebeldía, alianzas, complicidades y reconciliación entre mujeres mayas, mestizas y blancas. Recuperar y sanar la memoria colectiva entre mujeres es la herramienta más poderosa que hasta hoy he podido vivir. Este encuentro vital profundo con otras desde la desnudez, la honestidad, y la voluntad profunda de cambiar ha creado una fuerza colectiva de mujeres increíblemente transformadora, cómplice, y rebelde, que contiene el poder suficiente para dejar la culpa y el terror, para defendernos, recuperar la capacidad de sentir y disfrutar de la vida, construir la libertad y el bienestar para todas nosotras. Acompañar a otras mujeres que decidieron hablar para salir del dolor nos reta a nosotras, feministas, a desvelarnos, hablar y reflexionar a la par y juntas sobre nuestros propios silencios, tabúes, culpas y experiencias vinculadas a la sexualidad, al racismo y a la colonización. Romper el círculo de impunidad, y crear condiciones sociales de no-repetición para que las violaciones sexuales y las prácticas racistas y coloniales no sigan siendo la norma de las relaciones sociales entre hombres y mujeres, entre mujeres, y del sometimiento de una cultura por otra, pasa por que hablemos entre nosotras de los acosos y violaciones sexuales que muchas de nosotras vivimos por parte de hombres cercanos, que nuestras hijas siguen enfrentando, y que las mujeres mayas han ido enfrentando históricamente en las fincas y casas domésticas. Pasa por que nos miremos a los ojos y nos desnudemos para compartir y sanar juntas el daño que el racismo y clasismo, y la historia de colonización ha dejado en nuestra piel, en nuestra memoria colectiva, y entre nosotras.
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 144 Con esta investigación y la construcción de Actoras de cambio, que fue y sigue siendo un proceso maravilloso, pude comprobar lo que Audre Lorde dijo ya hace muchos años: atrevernos a mirarnos a los ojos desde nuestras diferencias, confrontarlas y atravesarlas a través del diálogo no-dominante entre mujeres nos procura la energía vital y la fuerza colectiva para transformar lo que sea, hasta lo que creíamos imposible cambiar. ¡Así que están todas invitadas a asumir el reto! Bibliografía CASTAÑEDA SALGADO, Martha Patricia (2008): La metodología de la investigación feminista, CEIICH-UNAM y Fundación Guatemala, Guatemala. CRENSHAW, Kimberlé (2002): “Documento para o encontro de especialistas da disriminacao racial relativos ao gênero”, Revista Estudos Feministas, Centro de Filosofia e Ciências Humanas y Centro de Comunicação e Expressão, Universidade Federal de Santa Catarina, 171-188. FULCHIRON, Amandine, Angélica LÓPEZ y Olga Alicia PAZ (2009): Tejidos que lleva el alma. Memoria de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual en el conflicto armado, F&G Editores, Guatemala. GARGALLO, Francesca (2012): Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América, Ediciones desde Abajo, Colombia. GRUPO DE MUJERES MAYAS KAQLA (2004): La palabra y el sentir de las Mujeres Mayas Kaqla, Guatemala. HARDING, Sandra (1986): The Question of Science in Feminism, Open University Press, Milton Keynes, Buckinghamshire (Reino Unido). LORDE, Audre (2003): “Las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo”, en La hermana, la extranjera, Horas y horas, Madrid. LUGONES, María (2005): “Multiculturalismo radical y feminismos de mujeres de color”, Revista internacional de filosofía política, 25, 61-75. PAREDES, Julieta (2010): Hilando fino desde el feminismo comunitario, Comunidad Mujeres Creando/Deutscher Entwicklungdienst, La Paz (Bolivia).
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 7 145 POP, Amanda (2000): “Racismo y machismo: deshilando la opresión”, en Morna MACLEOD y Luisa CABRERA (comp.): Identidad: rostros sin máscara, Editorial Maya Nojib’sa, Ciudad de Guatemala (Guatemala). PUJADAS MUÑOZ, Joan Josep (2002): El método biográfico, el uso de las historias de vida en ciencias sociales, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid. VIVEROS VIGOYA, Mara (2008): “La sexualización de la raza, y la racialización de la sexualidad en el contexto latinoamericano actual”, en WADE, Peter, Fernando URREA GIRALDO y Mara VIVEROS VIGOYA (eds.): Raza, etnicidad y sexualidades. Ciudadanía y multiculturalismo en América Latina, Escuela de Estudios de Género, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá (Colombia).
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 8 147 Capítulo 8 Saber que alguien lo escucha. El método de la narrativa en la investigación La verdad de las mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia Elena Grau Biosca 1. La Ruta Pacífica de las Mujeres El informe La verdad de las mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia es uno de los resultados del proyecto de Comisión de Verdad y Memoria de Mujeres Colombianas (CVMMC). Se trata de un proyecto de investigación colectivo para recoger la memoria y la verdad de mujeres víctimas y sobrevivientes del conflicto armado que ha sido realizado por La Ruta Pacífica de las Mujeres, un movimiento social constituido por una amplia red de grupos de mujeres (en adelante, La Ruta). La Ruta se fundó en 1996 a partir de la movilización de 2.000 mujeres hacia la región de Urabá (Antioquia), una zona especialmente castigada por la violencia contra las mujeres. Su objetivo fue mandar al país un mensaje de alerta sobre la realidad de la guerra para las mujeres, pero sobre todo estar con las mujeres de la zona, expresando así que no eran ajenas a su sufrimiento y que juntas podían crear espacios y tiempos no sometidos a la lógica de las armas. A partir de ese momento, uno de los ejes de actividad política de La Ruta ha sido el de las violencias contra las mujeres a través de la denuncia, la práctica de la solidaridad, el acompañamiento, el asesoramiento, etc. Es una actividad política que en todas sus manifestaciones públicas toma como forma de expresión rituales y símbolos de afirmación de la vida y la esperanza (Ruta Pacífica de las Mujeres 2003). De esta trayectoria de movilización que abarca casi veinte años, y de las posiciones políticas de La Ruta con respecto a la paz para Colombia, surge el
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 148 proyecto de CVMMC en un contexto de conflicto armado todavía vigente. El antecedente directo de la CVMMC fue el Foro Verdad, Justicia y Reparación Integral: una deuda pendiente con las mujeres víctimas, celebrado en 2009 en Bogotá, donde surgió la idea y la demanda de una Comisión de la Verdad de las Mujeres. El contexto de guerra ha llevado en Colombia a la militarización del territorio y de la vida de la gente, involucrándola en una dinámica de polarización marcada por las figuras de amigo/enemigo que paraliza a la población civil y que le deja sin espacios de acción y sin voz. Frente a esta situación, las mujeres de La Ruta, tomando la idea de las poblaciones indígenas, se declararon en “neutralidad activa” frente a los actores armados, y luego contra la guerra y en resistencia noviolenta por una solución negociada al conflicto armado. En la actualidad, La Ruta se define como un movimiento feminista, pacifista, antimilitarista y noviolento. Desde el análisis feminista de la experiencia de las mujeres en la guerra, La Ruta iguala a todos los actores armados con respecto a las violencias contra las mujeres, puesto que todos ellos la ejercen y participan del militarismo patriarcal. Así, su posición política, que se expresa como “el derecho a no ser parte de ninguno de los bandos enfrentados” (Ruta Pacífica de las Mujeres 2003), rompe la dinámica amigo/enemigo generada por la militarización, y en esa medida se sitúa en otro lugar ajeno a las prácticas y a los argumentos de los grupos armados. De este modo, La Ruta ha creado un espacio de voz propia, de independencia simbólica con respecto a los actores armados que propicia el emerger de la experiencia de mujeres en la guerra. Dicha independencia quiere decir que las mujeres de La Ruta no permiten que sean los actores armados los únicos que nombren la realidad de la guerra, y mucho menos que sean ellos quienes se apoderen de las voces de las mujeres y hablen por ellas. 2. Dimensiones del proyecto El proyecto de CVMMC busca la intervención política con el fin de avanzar hacia un proceso de paz. Una forma de hacerlo es recoger una memoria y una verdad de mujeres víctimas del conflicto armado, poniendo en el espacio común su aportación de conocimiento, su experiencia del conflicto armado y también sus expectativas y demandas. La Ruta apuesta por encontrar salidas al
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 8 149 conflicto armado que supongan transformaciones en las vidas de las mujeres en un sentido de mayor libertad. La CVMMC es asimismo una investigación centrada en la experiencia de mujeres, recogida en más de 1.000 testimonios (932 entrevistas individuales y 9 casos colectivos) que recogen una gran diversidad. Se trata de mujeres de casi todas las regiones del país, con ocupaciones distintas y edades entre los 17 y los 83 años, que se identificaron como afroamericanas (26%), indígenas (6%), mestizas (47%) o de otras identidades (21%). En esta investigación se ha trabajado con herramientas procedentes del feminismo y del campo de los derechos humanos. Se han tomado asimismo como referentes las Comisiones de la Verdad realizadas hasta el momento pero, a diferencia de estas, se trata de una investigación no institucional, hecha desde abajo y llevada a cabo por mujeres vinculadas a un movimiento social; una investigación que no se mueve en el terreno académico ni jurídico, sino en el de la investigación-acción-participación (Afonso et al. 2013). El proyecto ha sido también un proceso colectivo llevado a cabo por un movimiento de base con recursos limitados y en un contexto de guerra. Estas condiciones han marcado las tareas que se ha realizado, apoyándose en la confianza, con acompañamiento psicosocial, ejerciendo el cuidado colectivo y sobre todo la capacidad de protección de las mujeres participantes. En este proceso se han implicado las más de mil mujeres entrevistadas y cerca de un centenar de personas vinculadas a La Ruta. En conjunto, se ha tratado de un proceso de aprendizaje, transformación personal y fortalecimiento colectivo (Ibidem). 3. Cómo se llevó a cabo Las secuencias de trabajo que culminaron en la presentación del informe La verdad de las mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia comenzaron en agosto de 2010 y se desarrollaron hasta noviembre de 2013. En ese momento, se dio a conocer el informe en todas las delegaciones regionales de La Ruta, y en la actualidad se realizan talleres de devolución de los resultados para las mujeres que dieron su testimonio y lo hicieron posible. Antes de iniciar la recogida de testimonios tuvo lugar una fase preparatoria de formación y planificación del trabajo. La preparación de la tarea de
Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones... 150 documentación supuso la selección y la formación de las documentadoras que, junto con las digitadoras, constituyeron los equipos que recogieron y trascribieron testimonios en las nueve regionales donde La Ruta tiene presencia (Antioquia, Bogotá, Bolívar, Cauca, Chocó, Putumayo, Risaralda, Santander y Valle del Cauca). El trabajo de los equipos fue coordinado por las responsables regionales de La Ruta. Después de la fase de documentación se inició la tarea de codificación, en la que se utilizó el programa ATLAS.ti para agrupar los testimonios por códigos. Asimismo, se llevó a cabo el vaciado de fichas –una por entrevista–, la creación de una base de datos y el tratamiento estadístico de los mismos. Este trabajo lo realizó un pequeño equipo y se centralizó en la oficina de Bogotá. Finalmente, la redacción del informe la llevó a cabo una comisión de investigación que trabajó con los testimonios agrupados por códigos. La articulación final de los testimonios redactados dio lugar a un informe publicado en dos volúmenes. Todo el proceso contó con supervisión y asesoramiento internacional. El informe se presentó en Bogotá el 14 de noviembre de 2013 y en todas las regionales a lo largo del mes de diciembre. De este proceso colectivo cabe destacar algunos aspectos que singularizan el proyecto de CVMMC. Uno de ellos es el esfuerzo de formación en derechos humanos y de capacitación en métodos de recogida de testimonios llevado a cabo por La Ruta como organización y por las mujeres que se comprometieron en la realización del mismo. Hay que señalar asimismo las múltiples confianzas establecidas a través de mediaciones femeninas en todos los estadios y niveles del proyecto: la confianza de La Ruta en la capacidad de las propias mujeres de la red para acoger y recoger los testimonios; la confianza en La Ruta que mostraron las mujeres al dar su testimonio; y muy en particular, la confianza generada entre las mujeres en el momento de realizar las entrevistas. Otro elemento distintivo del proyecto han sido las actitudes de cuidado y el acompañamiento de las mujeres que dieron su testimonio y de todas las mujeres implicadas en el proyecto, porque en cada fase del mismo se produjeron impactos que no se podían ignorar: en el momento de la escucha, en la trascripción, en la codificación y sistematización de testimonios, y durante la redacción del informe. Este especial cuidado de las mujeres
III. Experiencias de investigación feminista aplicada. Capítulo 8 151 participantes favoreció el crecimiento individual y colectivo en un proyecto en el que se trabajó con los significados de una experiencia traumática que se comparte y que se pone en juego en un país que sigue en guerra (Afonso et al. 2013). Para acabar, la experiencia política y de movilización acumulada por La Ruta proporcionó una capacidad de protección del proyecto que fue clave para que este se pudiera completar sin hacer correr a las mujeres implicadas riesgos innecesarios. 3. Propiciar la narración de las mujeres En el centro del proyecto de CVMMC está la experiencia de las mujeres, el hecho de hacerla aflorar por medio de la palabra como una apuesta política y, a la vez, como objeto de la investigación. Esta experiencia se conoce por medio de las narraciones que las mujeres hicieron en las entrevistas. ¿Cómo se propició la narración de unos hechos violatorios que quebraron la vida de las mujeres entrevistadas? La narrativa es un hecho relacional (Lieblich et al. 1998), que emerge en un escenario en el que se ponen en juego dos subjetividades en las acciones de habla y de escucha. De las condiciones de ese escenario depende la narrativa resultante: los silencios y las palabras. Se ha hablado mucho de los silencios de las mujeres sobre sus experiencias como víctimas de violencia, y en particular de violencia sexual. Este silencio se ha explicado como resultado de la estigmatización, del miedo a los victimarios o de valorar más la experiencia de otros que la propia. Algunas autoras como Fiona Ross (2003 y 2006) y Kimberly Theidon (2009) han indagado los silencios de mujeres y han observado que estos pueden ser una opción activa cuando el marco de acogida de sus narraciones no hace justicia a su experiencia porque la reduce a la vulnerabilidad y la insignificancia. En palabras de Fiona Ross, el escenario en el que se da el testimonio obliga a “hablar en términos que no le hacen justicia a una misma” (Ross 2006). Y como observa Kimberly Theidon (2009), “las mujeres rutinariamente están obligadas a narrar sus experiencias en un idioma de vulnerabilidad sexual y degradación. Parece que hay poco espacio discursivo para hablar del heroísmo femenino. ¿Qué significa sentirse obligada a narrar su vida en un idioma que jamás le podría hacer justicia?”.