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Poesía de Matilde González-Serna Verdeja

González-Serna Verdeja, Matilde; Pérez Avellaneda, Marino; Mira Soto, José Ramón; Bringas de la Peña, Fernando

Abstract

La publicación de la obra poética inédita de Matilde González-Serna Verdeja por la Universidad de Cantabria (en el año 2009 había editado la Obra Completa que resultó ser incompleta) confirma la presencia de una nueva voz lírica hasta ahora prácticamente desconocida en el panorama literario hispánico. Una poeta, cuya creación literaria reúne explícitamente dos cualidades inherentes al género poético: el lirismo y la musicalidad, rasgos que se aprecian en toda su obra. El lirismo cimentado en una subjetividad que le sirve de medio para expresar el afecto que siente por el universo que describe y en el que se encuentra firmemente enraizada; un mundo en el que la naturaleza y las personas, en perfecta simbiosis como fruto de su experiencia vital, conforman la 'materia poética' para ofrecer un retrato completo de la intrahistoria de su entorno que muestra con un realismo envuelto en emociones pocas veces contenidas. Por otro lado, la segunda cualidad, la musicalidad, se convierte en el medio de expresión más definitivo en toda su obra, es una peculiaridad que contribuye a acentuar el lirismo y también a potenciar los otros recursos expresivos que emplea: la variedad de estrofas dotadas de un ritmo adecuado a cada metro; la adjetivación abundante y variada como corresponde al predominio de la descripción; y los diferentes recursos literarios entre los que destaca la personificación de la naturaleza para mostrar el amor que siente por su tierra.Esta publicación, este análisis de su obra inédita hasta ahora más las referencias de los poemas anteriormente editados, deben servir no solo para conocer y reconocer la obra poética de Matilde González-Serna Verdeja sino también para situarla en el lugar que le corresponde en la historia de la literatura hispana.

Full text

Poesía de Matilde González-Serna Verdeja La publicación de la obra poética inédita de Matilde González-Serna Verdeja por la Universidad de Cantabria (en el año 2009 había editado la Obra Completa que resultó ser incompleta) confirma la presencia de una nueva voz lírica hasta ahora prácticamente desconocida en el panorama literario hispánico. Una poeta, cuya creación literaria reúne explícitamente dos cualidades inherentes al género poético: el lirismo y la musicalidad, rasgos que se aprecian en toda su obra. El lirismo cimentado en una subjetividad que le sirve de medio para expresar el afecto que siente por el universo que describe y en el que se encuentra firmemente enraizada; un mundo en el que la naturaleza y las personas, en perfecta simbiosis como fruto de su experiencia vital, conforman la ‘materia poética’ para ofrecer un retrato completo de la intrahistoria de su entorno que muestra con un realismo envuelto en emociones pocas veces contenidas. Por otro lado, la segunda cualidad, la musicalidad, se convierte en el medio de expresión más definitivo en toda su obra, es una peculiaridad que contribuye a acentuar el lirismo y también a potenciar los otros recursos expresivos que emplea: la variedad de estrofas dotadas de un ritmo adecuado a cada metro; la adjetivación abundante y variada como corresponde al predominio de la descripción; y los diferentes recursos literarios entre los que destaca la personificación de la naturaleza para mostrar el amor que siente por su tierra. • Esta publicación, este análisis de su obra inédita hasta ahora más las referencias de los poemas anteriormente editados, deben servir no solo para conocer y reconocer la obra poética de Matilde González-Serna Verdeja sino también para situarla en el lugar que le corresponde en la historia de la literatura hispana. Poesía de Matilde González-Serna Verdeja Colección Florilogio #102 Dña. Silvia Tamayo Haya Presidenta. Secretaria General, Universidad de Cantabria D. Vitor Abrantes Facultad de Ingeniería, Universidad de Oporto D. Ramón Agüero Calvo ETS de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación, Universidad de Cantabria D. Miguel Ángel Bringas Gutiérrez Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Cantabria D. Diego Ferreño Blanco ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Universidad de Cantabria Dña. Aurora Garrido Martín Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cantabria D. José Manuel Goñi Pérez Modern Languages Department, Aberystwyth University D. Carlos Marichal Salinas Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México D. Salvador Moncada Faculty of Biology, Medicine and Health, The University of Manchester D. Agustín Oterino Durán Neurología (HUMV), investigador del IDIVAL D. Luis Quindós Poncela Radiología y Medicina Física, Universidad de Cantabria D. Marcelo Norberto Rougier Historia Económica y Social Argentina, UBA y CONICET (IIEP) Dña. Claudia Sagastizábal IMPA (Instituto Nacional de Matemática Pura e Aplicada) Dña. Belmar Gándara Sancho Directora. Editorial Universidad de Cantabria consejo editorial Editorial Universida d Cantabria Poesía de Matilde González-Serna Verdeja Esta edición es propiedad de EdicionEs dE la UnivErsidad dE cantabria, cualquier forma de reproducción, distribución, traducción, comunicación pública o transformación sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a cEdro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Texto sometido a evaluación externa. © Autores © Editorial de la Universidad de Cantabria Edificio «Tres Torres», Torre C, planta –1 Avda. de los Castros, 52. 39005 Santander Tlfno.: 942 201 087 ISNI 0000 0005 0686 0180 www.editorial.unican.es © SCE: Sociedad Cántabra de Escritores. Apdo. Correos 667, 39080 Santander. www.scescritores.es ISBN: 978-84-19024-98-5 D.L.: SA 14-2025 DOI: https://doi.org/10.22429/Euc2025.002 Impreso en España. Printed in Spain Maquetación, impresión | digitalización: Imprenta Kadmos | Manuel Ángel Ortiz Velasco González-Serna Verdeja, Matilde, 1900-1974, autor Poesía de Matilde González-Serna Verdeja / estudio introductorio por Fernando Bringas de la Peña. – Santander : Editorial de la Universidad de Cantabria : Sociedad Cántabra de Escritores, [D.L. 2025] 99 páginas : ilustraciones ; 21 cm. – (Florilogio ; 102) D.L. SA 14-2025. – ISBN 978-84-19024-98-5 I. Bringas de la Peña, Fernando, escritor de introducción 821.134.2-14”19” This work is licensed under Creative Commons Atttribution NonCommercial-ShareAlike 4.0 International THEMA: DCF, DCC, 1DSE-ES-F 7 M Sumario contExto dE la pUblicación, por Marino Pérez Avellaneda, SCE .................................................. 9 biografía brEvE dE MatildE gonzálEz-sErna vErdEja, por José Ramón Mira Soto, nieto suyo 17 EstUdio introdUctorio a la obra poética dE MatildE gonzálEz-sErna, por Fernando Bringas de la Peña, catedrático de Lengua y Literatura españolas .......................................... 23 poEMas inéditos ........................................................ 53 anExo: Himno a Cantabria Texto: Matilde González-Serna Verdeja Música: José Ramón Rioz Ruiz ............................ 95 www.editorial.unican.es Contexto de la publicación por Marino Pérez Avellaneda, SCE El origen de esta obra hay que enmarcarlo en la perspectiva de la celebración del XIV Día de las Letras de Cantabria, que tendrá lugar en la localidad de Vega de Pas el 19 de febrero de 2025, festividad de San Beato de Liébana, primer escritor cántabro documentado. En dicho acto conmemoraremos diversos aniversarios: 25, 50, 75 y 100 años, o múltiplos, del nacimiento o de la muerte de los escritores y escritoras que se relacionan a continuación: 1. Rosario dE acUña y villanUEva: 1850, Madrid1923, Gijón. 2. Ana María dE cagigal casanUEva: 1909, Santander2001, Sobremazas. 3. Pedro caldErón dE la barca: 1600-1681, Madrid. 4. Joaquín cUEto otí: 1925, Entrambasaguas-2014, Hoznayo. www.editorial.unican.es 16 M del Padre Alonso del Val y del compañero Víctor Abascal Acebo que elaboraron las letras de las piezas. Como observación complementaria, queremos destacar que para el año 2025 en la Junta Directiva de la SCE fue aprobada por unanimidad la concesión de la Estela de Oro de las Letras de Cantabria a D. Francisco González de Posada, eminente figura científica, ex rector de la Universidad de Cantabria y socio de número y de Honor de la Sociedad Cántabra de Escritores. La ambientación musical del acto del acto tendrá un valor y significado muy especial para la zona pasiega por la intervención del acreditado rabelista Miguel Cadavieco, acompañado a la guitarra flamenca por Carlos Sánchez, con el estreno de una nueva obra elaborada en homenaje a las Amas de cría pasiegas sobre un poema de José María Linares Pérez (SCE). La fecha prevista para su estreno es, pues, el 19 de febrero de 2025, festividad litúrgica de San Beato, durante la celebración del XIV Día de las Letras de Cantabria en la iglesia parroquial de la localidad de Vega de Pas. Muriedas, enero de 2025 Marino pérEz avEllanEda, coordinador del Día de las Letras de Cantabria 17 M Biografía breve de Matilde González-Serna Verdeja por José Ramón Mira Soto, nieto suyo U no de mis primeros recuerdos de la niñez es sentado en las rodillas de mi abuela Matilde en la escuela de niñas de Villapresente (Reocín), jugando con un puñado de gomas elásticas. Era 1963, el aula, muy luminosa, tenía grandes ventanales y dos palmeras jóvenes en el prado. A la entrada, en un armario, se custodiaba un gran saco de leche en polvo, del que estirándome sacaba algún que otro puñado de un polvo blanco y áspero. Al salir de clase yo no quería estar con las niñas, solo me iba con ellas si me bajaban a ver pasar el tren por el puente del río Saja. Matilde nació accidentalmente en Mata, ayuntamiento de San Felices de Buelna el 23 de febrero de 1900. Su familia, muy religiosa, residía en Barreda (Torrelavega), pero un hermano de su padre, que era cura, enfermó de tuberculosis y se instalaron en Mata para cuidarlo. A los 3 años Matilde ingresa en el colegio Divina Pastora de www.editorial.unican.es 18 M monjas franciscanas en Tarriba, también del ayuntamiento de San Felices de Buelna y allí permaneció hasta los 18 años, en los que finalizó los estudios de magisterio por la Escuela Normal de Palencia. Durante su formación desarrolló gran afición por la poesía, el teatro, la música y manualidades diversas. Años después evocaría esa época con gran ternura y afecto. En 1918 regresa a la casa familiar en Barreda, donde prepara las oposiciones y da clases particulares. Por entonces conoce a Andrés Mira Hernando, mecánico ajustador y sindicalista de primera hora en la fábrica «Solvay» de Barreda. Andrés era, en cierto modo, la oveja negra de una familia asentada en Bárcena de Pie de Concha. Su padre era un ferroviario gallego destinado a Reinosa y ella maestra. Se casaron en 1922 y en 1923 nace su primera hija que muere a los 15 meses. Primera escuela en la que trabajó Matilde, en Noriega (c1925) 19 M En 1923 aprueba las oposiciones y es destinada a Noriega (Ribadedeva, Asturias), localidad en la que permaneció dos años y tuvo dos hijos. La situación familiar era incómoda por la distancia y la separación. Por ello solicita el traslado y en 1927 se incorpora a Villapresente en Reocín, donde permaneció 38 años y nacieron tres hijos más. Desarrolló una intensa y variada labor: tras las clases organiza un coro, prepara grupos de teatro y enseña diversas labores. Ya a los 8 años de su llegada, enero de 1936, todo el pueblo le rinde un gran homenaje. La Guerra Civil marcó un antes y un después para Matilde, como para tantos españoles. Su marido, alcalde de Reocín desde 1931, se enfrentó a situaciones muy difíciles. Protegió cuanto pudo a vecinos de derechas y salvó la vida a su hermano sacerdote cuando estaba a punto de ser asesinado. Los extremistas de izquierdas le consideraban demasiado moderado y conspiraron para matarle, sin lograrlo. A la entrada de las tropas franquistas Andrés fue encarcelado y recibió varias condenas a muerte. La intervención de algunos familiares, entre ellos su hermano cura, así como de vecinos adeptos al nuevo régimen le libraron de la pena capital, pero salió de la cárcel con la salud ya muy quebrada. Iniciada la postguerra, Matilde fue depurada también por ser esposa de un alcalde republicano y recibió orden de traslado forzoso a la provincia de Huesca. También inhabilitación perpetua para ejercer cargos directivos y de confianza en Instituciones Culturales y de Enseñanza de los Maestros. La intervención del Ayuntamiento logra la anulación del castigo. Aún recibe otra depuración www.editorial.unican.es 20 M y es destinada a Galicia. Su hija Emilia recordaba cómo un vecino, siempre que la veía, la espetaba: «No se haga la remolona». La sanción finalmente es anulada en 1940 y se mantiene en su querida escuela de Villapresente en la que retoma su labor con intensidad renovada. Andrés, su marido, muere de derrame cerebral en 1956. Fue un periodo muy triste y duro en la vida de Matilde, pero, tras el duelo, reinicia su labor con más fuerza si cabe. Toca el armonio en la ermita de la Guarda y el piano en casa de una vecina, donde también enseña a tocarlo. Con antiguas alumnas organiza un coro al que se fueron incorporando algunos vecinos. En Villapresente veraneaba Juan Antonio de la Iglesia, hermano de Álvaro de la Iglesia, escritor y humorista que fue redactor jefe de la famosa revista La Codorniz y juntos organizan un grupo de teatro itinerante al que llamaron «La Carreta». Grupo de teatro «La Carreta» organizado por Matilde (1952) 21 M A pesar de la edad continúa escribiendo poesía y prosa diversa. Sintiéndose enferma pide el traslado a Santander en 1964 para estar cerca de su hija Emilia. En 1965 Villapresente organiza un emotivo y multitudinario homenaje a su maestra de toda la vida. Tuvo lugar en la misma escuela en la que trabajó, que en la actualidad es la Casa de Cultura de Villapresente. Se jubiló en 1968. Matilde decide que su nieto mayor, el que esto escribe, estudie bachillerato en Santander. Y así me vi a los 10 años viviendo con mi abuela y mi tía Miliuca casi enfrente del colegio La Salle. Al salir de clase por la tarde, después de merendar, allí estaba Matilde para supervisar a su último alumno: un día tocaba memorizar una norma gramatical, hacer caligrafía o cualquier tarea escolar. Realizar a diario los deberes no era negociable. Cuando comenzaba el buen tiempo subía unos meses a Herrera de Pisuerga, Palencia, pues padecía de bronquitis crónica fruto del frío y de la humedad de la vieja escuela donde dio clase tantos años. Los secos veranos de la meseta le sentaban muy bien. Murió en Santander el 4 de octubre de 1974. En los años 90 del pasado siglo se le dedicó un pequeño parque junto al río Saja. El 6 de noviembre de 2009 tuvo un reconocimiento póstumo, ¡cómo no!, en Villapresente... Fue un acto muy emotivo. Para acabar y como nota relevante en estos tiempos de radicalidad e incluso de exacerbados enfrentamientos políticos, creo interesante señalar lo que mi abuela, de cowww.editorial.unican.es 22 M legio de monjas y comunión diaria, le decía a mi abuelo, socialista de izquierdas por convicción: «Oye Andrés, ¡qué bien nos llevamos tú y yo y cuánto nos queremos, a pesar de lo diferentes que somos los dos!». Mi agradecimiento a Francisco González Montes, a Fernando Obregón Goyarrola, a Marino Pérez Avellaneda y a José Ramón Rioz Ruiz. Homenaje de despedida a Matilde en Villapresente (1965) 23 M Introducción a la obra poética de Matilde González-Serna Verdeja por Fernando Bringas de la Peña C antabria ha sido una tierra muy fecunda en escritores de todos los géneros y estilos. Desde Beato de Liébana, «primer escritor cántabro documentado»1 (siglo viii) hasta la actualidad, la nómina de literatos cántabros supera varios centenares, aunque, desgraciadamente, una gran mayoría permanece en el olvido y sus creaciones ignoradas. En esa lista está incluida Matilde GonzálezSerna Verdeja, (San Felices de Buelna 1900-1974 Santander) una escritora con una producción poética poco conocida, a quien con la publicación de su poesía inédita por la Universidad de Cantabria le ha llegado el momento de salir de una injusta marginación para pasar a enriquecer el patrimonio literario de esta tierra. 1. Pérez Avellaneda, M. (2024), Música para el Año Santo Lebaniego, Sociedad Cántabra de Escritores, Santander, p. 13. www.editorial.unican.es 24 M Su obra poética publicada no es muy extensa, se compone de dos poemarios, el primero Desde mi aldea, dedicado a sus hijos, dividido en dos partes: «Acuarelas montañesas» y «Semblanzas lugareñas» en el que reúne 43 poemas (24 y 19 respectivamente); y el segundo, Mementos, que consta de siete. En 2009, con motivo del homenaje que se le tributó en Villapresente para recordar y reconocer su obra no solo literaria sino también su labor docente y su compromiso con la promoción cultural y social de las gentes de su pueblo, especialmente con las mujeres, la Concejalía del Ayuntamiento de Reocín y Editorial Los Cántabros asumieron la empresa de publicar con el título de Obra completa los poemas de Desde mi aldea que ella había preparado en 1960 para imprimirlos y los poemas de Mementos que su familia encontró en diversos documentos de la poeta. Posteriormente aparecieron otros 39 inéditos que también su familia halló entre sus pertenencias después de que hubiera fallecido; son los que se editan en esta publicación de la Universidad de Cantabria. En conjunto conforman el corpus completo de su obra poética. Además escribió textos en prosa de carácter predominantemente descriptivo aún pendientes de publicar, una tarea que no se debe demorar para poder llegar a conocer su creación literaria entera. Datar las fechas de la composición de los poemas es una cuestión difícil de resolver porque la única referencia concreta de que disponemos es la ya señalada de 1960 para los poemas que integran Desde mi aldea; pero eso no demuestra que los hallados más tarde correspondieran a después de esa fecha. Lo más probable es que hiciera una selección de los que ya había escrito y descartara otros entre los que se podrían encontrar algunos de los localizados 25 M posteriormente. La razón en que me baso reside en que ambos grupos, los publicados y los no publicados, comparten de forma general el mismo estilo y temas, aunque en los últimos 39 inéditos se percibe una mayor presencia y concreción del mundo rural. Aún así, se pueden datar con cierta precisión algunos poemas que revelan hechos de su vida. Por ejemplo, a través de su biografía se advierte la angustia que padeció durante la Guerra Civil, y aunque en el poema «Nocturno» no lo expresa de forma personal, describe la violencia síquica y física, la traición, el miedo y otros infortunios instalados en el escenario de aquellos espantosos años. Muestra con enorme desasosiego la tragedia de la época en un ambiente de terror palpable y evidente revivida en una noche de pánico. Sin duda, corresponde al momento de la Guerra Civil o a un tiempo poco posterior. Pertenece a Semblanzas Lugareñas. NoCturNo Noche silenciosa y triste propicia para el temor, sin un resquicio de albura, sin un susurro de voz. Con un revuelto de sombras, tan negras como el rencor. Que sus traiciones oculta el enlutado crespón. Noche, que al miedo le azuza, a los miembros da temblor, que quita la paz al alma, y ofuscas el corazón. ¿Qué llevas entre tusa garras qué atraes con tanto ardor, al vicio y a la injusticia, a la venganza, el dolor...? Noche, qué acciones siniestras, ocultas del que se ensaña con el inocente o débil, víctimas de tal hazaña. Que eres refugio del crimen, vil guarida de pasión, cobijo de la mentira, albergue de la traición. www.editorial.unican.es 32 M Estos poemas representan el contraste entre un tiempo insigne, magnífico, que relata con nostalgia contenida, y un presente aciago, funesto, que expresa con enorme tristeza. De la oposición de estas dos épocas no detecto censura alguna, se queda en la manifestación de un dramático desencanto. En cuanto al otro tema, la descripción de la naturaleza y sus gentes, extiende la mirada por la vasta geografía de la provincia de Santander, integrada entonces en Castilla la Vieja, desde los Picos de Europa al mar Cantábrico. Una naturaleza compuesta por dos elementos fundamentales: tierra y agua limitados al espacio geográfico señalado. En cuanto a la tierra, generalmente ofrece una visión idílica del paisaje, recrea lugares placenteros que describe con entusiasmo porque la han seducido. Se aprecia en numerosos poemas como en «¿Qué hay en mi tierra?», «Canto a la naturaleza en primavera», «Cantos de la selva?», «Mi pueblo», y en «Primavera» de Acuarelas montañesas, un auténtico locus amoenus, que transcribo. Viste primavera el campo, de muy variados colores. Que, cual doncella, engalana. Con lindas y bellas flores. A la caricia del sol crecen la fuente y el río. Y el torrente se desborda con orgullo y señorío. Muéstrase radiante FEBO, reflejado en los picachos. Cuyas crestas, plateadas, se despojan de sus mantos. Y, descienden cantarinas, las alegres torrenteras invadiendo vegas, llanos, fertilizando praderas. El sol se eleva altanero, candente, la hermosa lumbre, que hiere el pico de plata de las nieves de la cumbre. Las mariposas doradas azules, rojas y verdes, galantean los rosales, azucenas y claveles, 33 M Los árboles corpulentos, y las añosas encinas, y los robles y eucaliptus, se dibujan a porfía. Y sirven de fondo al valle, y de apoyo a la ribera, y de frondas a los bosques, y de adorno a la ladera. Un sin fin de aves canoras, en alegre algarabía, se revuelven jubilosas, en la grata selva umbría. Donde, a la par que el jilguero, y la alegre golondrina, la tórtola y el malvís, hacen salvas a porfía. Emulando al ruiseñor que cual loco, trina y trina, junto al arroyo travieso que a su vera se desliza. Entre aves, plantas y flores, susurran los arroyuelos, en cuyas límpidas aguas el sol muestra sus reflejos. Y los tiernos pajarillos, cuando la sed les abrasa, a sus márgenes se llegan para beber de sus aguas. Pero la naturaleza terrestre no aparece únicamente representada por la flora, la fauna también forma parte de ella la presencia de una especie autóctona de los Picos de Europa: el rebeco. Relata la vida de este animal, un símbolo de libertad, integrado en su hábitat, en la naturaleza agreste de los Picos, hasta que un taimado cazador acaba con su supervivencia. De ese hecho es fácil detectar una denuncia no declarada pero sí evidente contra lo que hoy se puede considerar un atentado contra la naturaleza, aquí un animal en libertad, por la crueldad con que actúan los cazadores «arteros». Es el poema «El rebeco» y pertenece a Acuarelas montañesas. Sobre las excelsas cumbres y entre adustos ventisqueros vive el rebeco o gamuza, que, trisca, brinca y jalea, por salvajes barranqueros. Este corzo de la altura tiene su morada fija. Aquí, en los Picos de Europa, www.editorial.unican.es 34 M donde ufano se pasea de mil metros para arriba. Saltando, de roca en roca, con agilidad que aterra, sube al risco, escala el tajo, galopa por laberintos enmarañadas de niebla. Los finísimos hierbajos, que las cumbres engalanan pasto exquisito le brinda, en la encaramada altura do el corzo y la nieve pactan. En la inaccesible cima, donde el águila hace el nido, tiene su hogar el rebeco, y allí cría sus hijuelos al cobijo de los riscos. Pero el cazador artero, que a espiarle se aventura, domina la agreste loma donde, Natura, festiva, con él rebizca a su hartura. Y remonta la corona, llegando hasta el manantial, en que bebe el agua pura el corzo, que sorprendieran en aquella soledad. También las sierras abruptas, escalan los cazadores, y, baten a los rebecos que divisan, en manadas, sobre las estribaciones. De esa naturaleza también forma parte una extensión mucha más amplia que la aldea, es la provincia de Santander, describe el paisaje de la hoy región de Cantabria y lo representa como si se tratara de un paraíso en el que no falta ninguno de sus componentes esenciales. Lo expresa con tanto lirismo, entusiasmo y pasión que invita a disfrutarlo, además inserta referencias a Castilla y a España con el fin de resaltar la belleza y esplendor de esa tierra. Es «Santander» y pertenece a Acuarelas montañesas. ¡SaNtaNder! ¿Podrá ser que hoy mi rima te dedique una flor del vergel del amor que a perfumes convida? ¡Santander! ¡Santander! ¡Mirador de Castilla, refrigerio del sol, singular floración 35 M y ondulada campiña…! Tú, ¡de España el Edén! ¿No saldrá de mi lira la mejor expresión que captó el corazón con el alma a porfía? ¿Puede ser, Santander, que tus bellas marinas, y el perenne verdor de tus campos en flor con sus lomas altivas y el constante correr, por el valle y la cima, del arroyo cantor, que, bordando primor, va su red cristalina, no me causen placer? Y las frondas tupidas donde el sol se posó por gozar del frescor que le presta la umbría... ¿No he de ver, Santander, que tu cielo añilina con matiz de arrebol, es el trazo mejor que la mano divina le imprimiera al pincel? Y las crestas ariscas el huraño rincón, el recodo, la hoz, las pacificas rías y la bella mujer… Pues con tus maravillas, sobre fondo de amor he de orlar, con primor, el tapiz de Castilla Además, incluye un espacio urbano de la ciudad de Santander que «utiliza» para componer una historia de amor, un cándido idilio, entre «la mar y las flores», en medio de un paisaje campestre, también apacible, escenificado en los Jardines de Piquío, en el poema del mismo nombre de «Acuarelas Montañesas». El segundo elemento integrante de la naturaleza es el agua que menciona en cuatro circunstancias: el río en «El río Saja» (Semblanzas lugareñas); la nieve en «Desnieve», fundida en «La gota de agua», en vapor en «El cielo de la Montaña», «La Niebla» (Semblanzas lugareñas) y «Liébana, mar de altura», y el mar en «Ola y Cantil», «El mar» y en el dedicado «Al mar Cantábrico». La actitud con que www.editorial.unican.es 36 M los describe es similar en todos los poemas, la personificación como rasgo esencial en cada uno de ellos es una constante, se aprecia más en «Al mar Cantábrico». Este es un poema estructurado en dos partes, en la primera lo presenta como un ser rebelde, bravo, inquieto, arrogante, a veces indómito, y en la segunda contemplamos un mar dócil, sensible y hasta ingenuo por el que confiesa un cariño maternal, un amor sin condiciones, razón principal para perdonarle todos los «defectos». Dicen que eres arisco, y alborotado, que te comes los riscos y acantilados. Que tienes mano dura, y, que penetras, taimado, en angosturas y entre las breñas, que tu ritmo es airado, cruel y traidor, y que avanzas soberbio y aterrador. Que recortas tus costas, con dura lima, haciendo de tus bordes, altivas simas. Y que... cuando potente, lanzas tus quejas, atruenas el espacio con tus endechas. Pero, yo que te observo, pasito a paso, digo que no eres loco, ni tan villano. Que tienes, algo sí, de traviesillo, y que, a veces, te sales de tus casquillos, que juegas como un niño, y te alborotas, pizcando con lascivia sobre tus rocas. Que eres risueño, a veces, como una ninfa, y te muestras ufano de tus orillas. Es verdad que eres bravo, y coqueteas con los pobres cantiles, que a ti se entregan… Lo que yo no te oculto, es tu impaciencia, sobre todo, en las dunas de blanda arena. 37 M Pero, también es cierto, que eres sumiso en las hermosas playas de tu recinto. Y apacible en las rías, que mansamente, van cediéndote el paso tranquilamente. No creo que eres malo, sino, muy bueno, y, disculpo tus yerros, porque te quiero. En Acuarelas Montañesas la mirada se extendía por toda la región, sin embargo en Semblanzas lugareñas acorta la visión, la limita al círculo geográfico de su entorno, a los enclaves donde residió, a su amada aldea, de la que describe espacios y momentos como la noche en «Noche brumosa», «Noche de estrellas», «Atardecer en el aldea», «Crepuscular», «Plenilunio»; y lugares rurales, anticipo del mismo tema en los poemas inéditos de esta colección, en «La casuca nueva», «Así es mi aldea», «Canto a la aldea», incluso el cementerio en «Camposanto» y su árbol genuino «El ciprés». En la mayoría de los poemas de esta parte se observa una implicación personal, la expresión de emociones de diferente naturaleza que se perciben por el empleo generalizado de la primera persona, aunque sigue predominando una actitud contenida no exenta de afectividad, como en «Mi pueblo», del que reproduzco un fragmento. Apurando el horizonte que enmarcara mi ventana entre un vaivén de colinas parduzcas, verdes, violadas... veo este pueblo callado, que se me mete en el alma. Sus casitas amarillas, grises, azules y grana, entre claveles y rosas, que trepan por sus ventanas, son el primor más pulido que mi paleta captara. www.editorial.unican.es 38 M Detrás, allá en lontananza, donde la vista se para, donde el ruido se adormece, entre arrullos de alborada, las puntiagudas siluetas de mis altos de Cantabria. ¡Y qué bonito es mi pueblo bajo su alfombra rosada, sembrado de margaritas y florecillas pintadas! con fondo de prado verde rememorando esperanzas. Y termina ¡Dulce silencio de pueblo bajo la lluvia y escarcha que irisa campos y flores con las perlitas del agua. Y restaña las heridas que no rozaron el alma! Por último, en «Aires del atardecer~Ángelus» manifiesta claramente un sentimiento religioso, una fervorosa devoción que con frecuencia aflora también en poemas de Acuarelas Montañesas, pero será en el poemario siguiente donde se mostrará con más intensidad. En Mementos surgen dos características compartidas por los siete poemas: el intimismo, ya que todos aluden a experiencias personales vividas en su entorno; y las referencias religiosas que se apreciaban en Acuarelas montañesas y en Semblanzas lugareñas; un sentimiento religioso expresado desde su fe ilimitada, imbuido de un cierto teocentrismo que se advierte en algunos poemas. La manifestación explícita de su creencia sólida se percibe en el extenso poema «4.ª palabra de Jesús en la cruz», en «Al niño Jesús», y en «A tus plantas», que reproduzco. 39 M Señor que me ves llegar a tus plantas con quebranto, tus bellos ojos de llanto llena el alma de pesar. En el jardín de mi alma, tú pusiste flores bellas. Y se gastaron aquellas. Que más perfume exhalaban. Rosas hallé en el camino y me hirieron sus espinas ¡curad, Señor las heridas con tu bálsamo divino! Y también demostró su firme creencia en el poema ya citado, «Dolora», escrito a la muerte de su hija, en él se queja amargamente de su desamparo ante la triste desgracia pero, como ya señalé, la acepta con entereza por su fe religiosa. La actitud cambia totalmente en los poemas dedicados a su maestra y a su escuela de la etapa escolar, porque la evocación de su niñez le trae recuerdos indelebles que rememora con emoción exultante, con júbilo y sincero y eterno agradecimiento en los poemas «A mi querido colegio San Felices de Buelna» «Dedicado a mi querida maestra Sor Liduvina Baza Morejón», y «Jamás te olvidaré», «Dedicado a mi amadísima maestra Sor Liduvina Baza», que reproduzco. Jamás te olvidaré nido querido y si como hoy el duelo de la vida me tiene el corazón siempre abatido siempre serás la ilusión de mi existencia tú nunca quedarás en el olvido. Jardín ameno de fragantes rosas sólo en tu recuerdo viviré y aunque la vida me llene de congojas jamás te olvidaré. Tuya es mi vida, mi ambición, mi calma… www.editorial.unican.es 40 M cuanto soy, cuanto valgo, cuanto quiero. Tuya la abnegación conque mi alma resiste los pesares más acerbos. Hoy te canto feliz con el recuerdo de la infancia tranquila y placentera era puro y sereno el pensamiento sosegado el sentir, recta conciencia. ¡Cómo recuerdo aquella conseja que me dieran aquellas Hermanas: «todo lo puede la mujer discreta todo lo calma la mujer cristiana»! ¡Oh tú, bendita mansión, jaula querida cuajada de mis sueños sonrosados casi en ella nací, mi Madre fuiste, contigo conviví más de quince años! Termina este poemario con el «El Himno a Cantabria», 128 versos, en él irrumpe con voz enérgica y entusiasta para ensalzar a la región de Cantabria: el paisaje, la historia, la cultura, el arte, las gentes... que declara con orgullo, pasión y deleite. 41 M HimNo a CaNtabria2 Hablar de Cantabria, hablar de mi tierra, de este paraíso, jardín de la Patria, es hablar de flores, de luz, poesía, de timbres y glorias orgullo de España. Cantabria es un cielo de nubes preciosas, que juegan y danzan sin ritmo y compás, y a veces parece que tocan las cumbres, como si sus crestas quisieran besar. Cielo que es un bello jardín de esas nubes, con tintes de plata, iris y arrebol; de ocasos sublimes de melancolía, y suaves matices del pincel de Dios. Cantabria, es la roca, la cima, el picacho, la cumbre nevada, la verde colina, el bosque sombrío, la muelle pradera, el risco atrevido que al cielo se empina, es cuesta y collado, recodo y llanura, es hoz y cañada, calleja y atajo. Es braña, campiza, ladera frondosa, ribera lozana, abismo y barranco. Es tajo prendido del tul de los cielos, cumbre que reparte sus aguas galante, 2. Este texto del Himno se publicó por primera vez en su Obra poética de 2009 (pp. 151-155), año en que también le puso música el profesor y director musical José Ramón Rioz Ruiz, cuya partitura completa presentamos por primera vez en la página 95 y siguientes. www.editorial.unican.es 48 M Si eres pobre, confórmate y sé bueno, si eres rico, protege al desgraciado, y lo mismo en tu hogar que en el ajeno, guarda tu honor para vivir honrado. Ama la libertad; libre es el hombre, y su juez más severo es la conciencia; tanto como tu honor, guarda tu nombre, pues mi nombre y mi honor forman tu herencia». Este código augusto en mi alma pudo desde que lo escuche, quedar grabado; en todas las tormentas fue mi escudo, de todas las borrascas me ha salvado. El rasgo más característico de los tres poemarios es la musicalidad (la poesía se creó para ser cantada) y en la poesía de Matilde González-Serna es una peculiaridad natural que con el recitado alcanza la máxima expresividad, una característica que no debe extrañar porque creó y dirigió un coro de mujeres durante la labor social y cultural que realizó en Villapresente, y, además, compuso canciones e incluso alguna zarzuela. Lo consigue mediante el empleo de una notable variedad métrica, desde el verso pentasílabo a los compuestos con predominio del octosílabo, abundantes romances, algún soneto y, sobre todo, tiradas de versos arromanzados de diferente extensión que dotan a los poemas de un ritmo solemne y reflexivo en unas ocasiones y ágil y vivaz en otras, siempre adecuado al tema de cada composición. En cuanto a la actitud, en la mayoría de los poemas se muestra discreta, comedida, aunque no exenta de una emoción no contenida cuando 49 M escribe sobre su ámbito más inmediato. La descripción es la modalidad textual utilizada casi exclusivamente por eso se observa un uso significativo de adjetivos que ofrecen una naturaleza heterogénea, como hemos visto en varios poemas transcritos, con el común denominador de representar un campo multicolor de una enorme riqueza y variedad cromática (la denominación Acuarelas montañesas supone un indicio claro de esta característica) y un abundante y diverso vocabulario referente a la flora y a los demás elementos del entorno que describe. Sin embargo me ha llamado la atención que, salvo alguna excepción puntual, no he constatado «montañesismos», el vocabulario pertenece al registro común de la lengua española. Por otro lado, presenta una naturaleza animada, dinámica, (el ejemplo más claro, el poema «Huracán» en Semblanzas Lugareñas) que muestra con inmenso lirismo mediante abundantes personificaciones y exclamaciones, recursos estilísticos que revelan y derrochan emociones diversas pocas veces reprimidas. Los tres poemarios constituyen un himno, un canto a la tierra en que vivió y se sintió enraizada, a sus gentes y al reconocimiento de sus valores, muchos emanados de un pasado glorioso, y lo expresa con espontaneidad, fidelidad, emotividad y admiración. En fin, una excelente creación poética que se puede definir con las palabras de Mario Benedetti: «La literatura es el género de la sinceridad última e irreversible». www.editorial.unican.es 50 M bibliografía González Serna, Matilde, Obra poética completa, Edición de Santiago Alútiz Rubio, publicada por el Ayuntamiento de Reocín, 2009. Matilde G. Serna: vida y obra UPV/EHU, https://ojs.ehu.eus/ index.php/cabas/article/view/25644/23305 La maestra y el alcalde, https://villapresente.online Homenaje en Villapresente a doña Matilde González-Serna, http://crieme.blogspot.com 51 M Matilde, alumna del colegio Divina Pastora (c. 1917) www.editorial.unican.es 53 M Poemas inéditos SEMBLANZAS LUGAREÑAS La eSPoSa Es la mujer del labrador tan hacendosa que es un primor. Cuando la aurora, por la mañana, tiñe el oriente ya sale el ama. Pule su cuerpo, limpia su casa, peina sus rizos y se acicala. Y preparada ya, de esta traza, en sus tareas pronto se afana. A sus hijitos mima y arregla y, muy limpitos, manda a la escuela. Y en este tiempo, ella, entre tanto, guisa, repasa y atiende el campo. www.editorial.unican.es 54 M A mediodía, sirve el yantar, y, presto, vuelve a trabajar. Bien en el campo, o ya en la casa, todo lo atiende esta aldeana. Rompe la tierra, con el arado; cava los surcos y hace el resallo. A que apaciente lleva el ganado, por las veredas y los collados. Habrá maizales, y verdes prados, y buenas huertas, y buen sembrado. Porque afanosa, con buena mano, nuestra aldeana de ello ha cuidado. A su trabajo, marcha el marido, y en sus faenas, está tranquilo. Porque no duda, que la aldeana, es fiel esposa, buena y honrada. Junto a la cama de sus pequeños, vela la madre, mirando en ellos. Hila la lana, teje el estambre, hace calceta con mucho arte. Cose las ropas de su marido y de recortes, viste a los hijos. Aprovechando bien los sobrantes, hace de un trozo sus delantales. Y cuando el sueño cierra sus ojos, la pobre esposa lo deja todo. 55 M La moza moNtañeSa Es la aldeana sencilla, fuerte, garrida, lozana, bravía y trabajadora, que en sus labores se afana, sin dar descanso a su cuerpo desde que levanta el alba. Canta alegre en el molino al compás de la gran rueda, que triza el dorado grano vertido en la tolvanera; y, mientras ella trabaja, se va haciendo la molienda. Gira la rueda, impaciente, que trémula, mueve el agua, y alegres los cangilones la voltean cual campana; en tanto la molinera está canta que te canta. Vedla, allá, en el caserío en sus penosas faenas; tras de la yunta pintada, abriendo surco en la tierra, resallando, con la azada, o atropando, en la pradera. Es pareja de la hormiga que trabaja en el buen tiempo, con sudores y fatigas, para llenar su granero, y, luego, en el caserío, se pase bien el invierno. También trabaja en la casa, donde, a veces, se desdobla; guisa bien, lava y ordeña, y prepara la borona; y, si no hay labor de campo, limpia y atiende la ropa. Y, la que no es labradora, ni sencilla molinera, es obrera laboriosa y buena mujer casera. Mas, tanto unas como otras, son orgullo de la aldea. Espejo de la Montaña, reflejo del bello lago, serenidad en los cielos, firme risco, no horadado, y, noble, cual es la tierra que meció su pecho bravo. ¡Bendita moza aldeana, que cantas al son del río, y, se recrean tus ojos al lado del caserío, donde esperas al galán con el que formes tu nido! www.editorial.unican.es 56 M La Señora de aLdea Digna, hacendosa y honrada, buena esposa y dulce madre, sencilla, con el humilde, sin petulantes empaques. Desde su hermosa casona, su instinto, vivaz, otea; penetra do está la angustia, indaga donde halla penas; Se la ve, junto al herido, se la presiente en la escuela, y junto a un lecho mortuorio, reza, gime y se desvela. Es, quien protege a un vecino, es quien asiste a una enferma, es, quien facilita un pago, y quien perdona una deuda. Es la caricia del niño, es la limosna del pobre, es el consuelo, del triste, ¡todos bendicen su nombre! Así es la mujer que mora en la casa solariega, es la noble señorona, honra y orgullo de aldea. La CoSeCHa deL trabajo Al aldeano Anciano de rostro enjuto, que, bajo esa socarrena, sentado ante abierto surco, sereno, el solar contemplas. ¿Tu mirada en él se queda, o se pierde hacia la altura? en la vida, con tu brega, ¿No has pensado con premura? Anciano, que vas contando lentamente, paso a paso, y entre dientes desgranando los dieces de tu rosario. De tu vivir ¿qué te queda? Para el cielo ¿qué has ganado? En dos pasos solos, llegas a la cima ¿lo has pensado? Los minutos, que tu cuerpo consagrara a su trabajo, son perlas, que tu ángel bueno, recogió para su anciano. 57 M eL aNCiaNo ¡Ancianidad! ¡Triste suerte! ¡Todos te miran con pena, como si ya presintieran, que está muy cerca la muerte! Al caminar el anciano por senda tan pequeñita, los minutos va contando de su brevísima vida, mientras comenta angustiado: Esta vida, no es la Vida. Mirando a mi alrededor veo el árbol que he plantado, varias veces lo he podado para que brote mejor. Sus frutos no son tan buenos como yo hubiera querido, pero, no culpo al destino, la culpa está solo en ellos. Al terminar la jornada, que hay quien dice que fue larga, siento que bríos me faltan para poder acabarla. Y en el último peldaño de la escala de mi vida, veo una senda escondida que me conduce a lo alto. Y al divisarla, me vuelvo con la mente a lo pasado, y veo…que yo he soñado lo vivido, en un momento. ¡Tal impresión me causara verme al umbral de lo eterno! Se va del mundo el abuelo, se va, para no volver. Cumplió en la vida el deber, y va camino del cielo. En la nave del amor, con las velas desplegadas, bogando rumbo a las playas do se halla el puerto, QUE ES DIOS . www.editorial.unican.es 64 M LaS eStaCioNeS deL Labrador PRIMAVERA Son tus campos verdes plenos de esperanza; de roca tus crestas vestidas de plata. ¡Oración de piedra que a los cielos clama! Finos terciopelos semejan tus prados bordados de flores, de frutos sembrados, húmedos y frescos, mullidos y blandos. Sonríe la aldea con plácido encanto; las nubes imploran desechas en llanto, y el rústico espera su afán ver colmado. VERANO Sol fuerte y radiante, ¡radiante verano! Los frutos sazonas prendidos en ramos, y la mies conviertes en pan rojiblanco. Tus días ofrecen promesas de dicha; tus frutos se endulzan, reina la armonía. Y tras los sudores, viene la alegría. Hay fuego en el cielo, hay luz en tus valles, hay brisa en tus ríos, es cielo el paisaje, la mies es promesa, de frutos y afanes. OTOÑO El cielo nos muestra sus tonos de cobre; las ramas, desnudan los cuerpos enormes de añosas encinas, hayales y robles. La tarde es calima, perfuman las flores; las crujientes hojas de matices ocres, en miles vaivenes del viento, se esconden. Las frutas maduras, de huerta y besana, pródigas se ofrecen, con sus tonos granas y dulzor de mieles, y jugosas aguas. 65 M INVIERNO Ya asoma el invierno; el aire, que hiela; el agua y la nieve, la escarcha, la niebla, los troncos desnudos, la paz en la aldea. El bello paisaje, parece que tiembla; las cuevas sin fondo retumban y suenan; los leños, crepitan en grandes hogueras. El blanco molino repica la rueda, y triza los granos al son de sus vueltas, pues el campesino, ansiando ya espera, llevar a su hogar, la blanca molienda. La NoCHebueNa de mi Lugar La aldea celebra, con gran regocijo, la dulce venida de Jesús Dios Niño. Al son de panderos y de castañuelas, cantan al infante los niños y viejas. Por las callejuelas no transita un alma; las buenas familias se agrupan en casa. La cena es alegre, opípara y buena, pues es día grande el de Nochebuena. Los copos de nieve la calle han tapado; los lobos del monte, al llano han bajado. Pero, en los hogares no se teme al frío, ni al viento y la nieve, ni al lobo asesino. Se baila, se canta, se ríe y se reza, y a las doce en punto se van a la iglesia. Allí en un establo, entre nieve y frío, se encuentran: el Padre, la Madre y el Niño. El Santo Ministro celebra la Misa; los coros entonan dulces melodías. Al son de panderos, hierros y rabeles, www.editorial.unican.es 66 M castañuelas, flautas, y mil cascabeles. Suenan villancicos en misa del Gallo, y las almas buenas van ante el establo. A adorar al niño, a ofrecerle dones, a implorar humildes ante Dios hecho hombre. Las gentes parece que no sienten frío, la noche ha templado, el sol ha salido. Allá en los espacios brillan los luceros, de tonos distintos, tachonando el cielo. Y en tanto en la tierra, bajo el tul de estrellas, los hombres se ensueñan en la Nochebuena. LoS reyeS magoS En sus gigantes camellos, caminan los Reyes Magos, traspasando cordilleras para bajar a los llanos. Ya su llegada avizoran en las airosas solanas, en los balcones volados, y en las pequeñas ventanas. Los diminutos zapatos de los pequeños, que esperan con ansia loca, un regalo. ¡Qué generosos llegaron, sin duda, los Reyes Magos, en sus flamantes camellos tan ricamente adornados. Hay caballos de cartón veloces como los rayos, que marchan en cuatro ruedas o que transportan un carro. También llevan muñequitas, rubias, morenas; ¡de encanto! de porcelana, muy fina y de cartón o de trapo. Otras que dicen mamá y las que andan muy despacio, y muñecos chiquititos con biberón en los labios, que al apretar un botón se desesperan llorando. Y brillantes bicicletas con adornos niquelados. Pelotas, aros, cornetas, balones reglamentarios, cuentos, cochecitos, trenes, casitas y otros regalos… Tantos como la inventiva de los hombres, ha ideado para hacer gozar al niño 67 M y en esta noche alegrarlo. Hay algunos que no duermen o si lo hacen, a intervalos, pensando en el bello instante de verlos, ya, entre las manos. Mas, hay otros ¡pobrecitos! que jamás acariciaron un juguete, un regalito, ni tampoco, un aguinaldo. ¡Niños, que tenéis la suerte de vivir siempre jugando! ¡No olvidéis que hay pequeñines que nacieron desgraciados! ¡Una frase de cariño! ¡Un sentimiento espontáneo de bondad, al desvalido! ¡Os lo agradece Dios tanto! CueNtoS de iNvierNo A José María Mira3 Al amparo del hogar y bajo de la campana, resguardándose del frío los pequeñuelos se hallan. Retuércense los maderos, crujen los leños brillantes, silba el viento en los caminos, suena el agua en los cristales, y ante la anciana abuelita, tan cariñosa y amable, un plantel de chiquitines, se rebullen anhelantes. Sus semblantes se iluminan, ¡Ponen tal cara de gozo! riela la risa en sus labios y brillan tanto sus ojos! que la simpática abuela se rinde y accede a todo, cuanto le piden los nietos, entre risas y alborotos. Y narra hazañas de hadas, y cuenta cuentos de lobos, 3. José María Mira Hernando era hermano de Andrés, el marido de Matilde. Fue sacerdote diocesano toda su vida y hacia 1925 ejercía en la parroquia de Aguilar de Campoo (Palencia), según consta en el Boletín extraordinario de la Jefatura Superior de Estadística del día 9 de noviembre de 1925 por el que se publica el «Censo electoral del Término municipal de Aguilar de Campoó» (sic), en el que José María aparece con 39 años de edad, junto a su hermano Gonzalo de 38. Debía ser de alta estatura, pues era conocido con el sobrenombre de «el cura largo». www.editorial.unican.es 68 M y de preciosas princesas, y de enanitos graciosos, y de cristianas cautivas y relatos amorosos… Hasta que los pequeñines, de dulces y bellos rostros, rendidos y aletargados, ya se les cierran los ojos. Y entonces, abuela y nietos, ambos niños muy mimosos, entre caricias y besos se retiran al reposo. faeNaS de La famiLia Pacen en el prado a la sombra fresca, la Tosca, la Estrella, la Perla y Marquesa. Con ellas Collote, la Pinta y la Negra, y la Capitana y las tres becerras. Cuidando de todos, una moza queda, cosiendo y leyendo sentada en la hierba, o tejiendo amores… en la su cabeza. Hasta que un mozuco la suple y se aleja, para dir a casa junto a la puchera. Ramón, con el carro, sube por la cuesta la yunta arreando: ¡Tosca! ¡Tira, Perla…! y silba que silba, llega a la parcela, portando el abono pa la sementera. Pilar y Rosuca cantando le esperan, y al compás, su azada, dibuja en la tierra los chorcos profundos y finas hileras. Nanducu, el chaval, lleva la merienda y pa dir delante en el campo queda. Cansados, arrastran los viejos, las piernas detrás del arado que hiende la tierra. Mientras un mozuco, con la aijada alerta, delante les sirve de guía a las bestias. Y hasta allá el ocaso, duran las faenas que el campo reclama por la sementera. Y vuelven a casa sin bríos, sin fuerzas, 69 M donde les espera segunda tarea: la cena, el ordeño, la cuadra, la ceba, picar el escajo para las becerras. Y llega la noche al pie del hogar, la buena familia se sienta a cenar: el plato de alubias, el huevo, el torrezno, la torta, la leche, y…están tan contentos. SemeNtera En cuanto amanece el día, al llegar la sementera, el labriego y su familia prestos van a la faena. Desde la hermosa casona, el Señor, mira las tierras, donde jóvenes y viejos, laboran de mil maneras. Unos aran, cavan otros, estos sallan, esos siegan, y aquellos mozos conducen a las chillonas carretas. Acá un peque va delante guiando a dócil pareja, y detrás, un labrador hunde en la tierra la reja. Más allá, el rastro deshace los lombios de las cosechas, y el aire y el sol, comparten con ellos la sementera. Pasan días; viento y sol en unión, el campo orean, como obreros afanosos, que sin sueldo laborean. Para ayudar a las mozas en la penosa faena, de tazar o machacar los terrones de la era. Y cuando bien preparadas han dejado las parcelas, echan el grano en los surcos con máquinas o sin ellas. Figuritas muy graciosas todas las mieses presentan, unas van del monte al llano, otras bordan la ribera. Y entre monte, río y llano, ora sinuosos, o rectas, caminitos blancos, blancos… o estrechitas callejuelas. Por donde a sus casas vuelven rendidos de la faena, el viejo, el mozo, la niña, la moza, el niño y la vieja. www.editorial.unican.es 70 M La magoSta El otoño, suave y dulce, llega con sus melodías, y sus frutos son regalo, con que Natura convida. Las añosas castañeras y los castaños chiquitos nos regalan con los dones, que hay dentro de los erizos. Ya está en sazón la castaña y, entreabiertos los erizos, dejan percibir sus frutos, relucientes y chiquitos. El labrador, con su vara, recio, sacude el castaño y, los frutos de sus ramas, por el suelo, se han regado. Y en afanosa tarea los mozos y los chiquillos descachizan, con los pies los entreabiertos erizos. Y recogen las castañas las mozas en sus cestitos, que las llevan a una pila, con algazara y bullicio. Una vez, que, suficientes castañas han conseguido, se sientan alrededor de la hoguera que han prendido. Esta hoguera se prepara con escajal de las brañas, y entre camadas de rozo, se sazonan las castañas. Y cuando están ya tostadas crujen, saltan con estruendo, y entonces, ya se retiran las castañucas del fuego. Ahora, los allí presentes forman corros en redor; comen, beben, se divierten todos juntos en unión. Y, cuando ya se han cansado de comer y beber vino, suena el pito y el tambor y bailan hasta los niños. Mas para esto primero entre risas inocentes, se han tiznado, unos a otros las mejillas y la frente. Y el que quiera ir a su casa con la cara limpia y tersa, ha de lavarse en el río, o en la fuente de la «Teja». Y una vez que ha terminado la simpática magosta, siempre riendo y cantando se aleja la gente moza. Y a los viejucos, que están alegres, por el buen vino, vanse contentos a casa, con sus nietos y sus hijos. 71 M CaNCióN de Siega Marchad ya, segadores, picad vuestras guadañas, con premura, que el alba, por oriente, ya levanta. Y empiezan los calores, cuando, allá, en la espesura, el sol penetra, con su faz de plata, y en brillantes fulgores, el sudor, las camisas os empapa. Corred, marchad ligeros, con la fresca, el rocío da a las matas flexible laxitud para cortarlas. Seguid, que apremia el tiempo, ¡A la siega! ¡Trabaja! Que el campo es grande y la cosecha tanta, que espera en tu granero, el pico, el dalle y a ti para segarla. Ya brilla en alto el sol ante los tallos de la fresca hierba, el fino dalle, el labrador empuña, y canta con ardor, siega, que siega, el tomillo, la alfalfa y la verdura, mientras la aurora, en tanto, sonríe al segador, desde la altura. www.editorial.unican.es 72 M La eSPera Debajo de la solana tiene su alcoba, la moza, donde ella zurce, trabaja, remienda, recose, borda, y en ella espera, impaciente, al galán que la enamora. Junto a su balcón volado, vigila la calle angosta, mientras sus hábiles dedos repasan las albas ropas y escucha el canto del río que murmura, entre las rocas. Ya el sol camina a poniente, del río, asciende la brisa, y los riscos y montañas se ciñen, con la neblina, y en los ojos de la moza brilla el sol de la alegría. ¿Por qué está alegre la niña y se muestra tan dichosa? ¿Por qué vigila la calle con tanto afán a estas horas? Es que ya los labradores vienen entonando coplas y cerca de su ventana ya su mozuco la ronda. idiLio eterNo Diviso enfrente una hermosa colina que es, a trozos, rocosa, con espinos, jarales, y zarzamoras. Cuando el sol muere, junto a rústica fuente una joven pareja, de sencillos labriegos, allí corteja. Sobre la roca al pie de unos jarales crece un arbusto espino donde unos pajarucos tienen su nido. Y en la pradera, rosales y claveles silvestres, han brotado, y sus puros amores también se han dado. 73 M Amor es vida; pero en la primavera de los castos amores, entre nidos y rosas surgen pasiones. Y allí, al abrigo, entre fuegos de luces que llevan al abismo, engaños e ilusiones, hay escondidos. Eterno idilio, no hay nada más sublime, que el amor venturoso que bendicen los cielos, puro y dichoso. La mataNza En toda casa de buen labriego ha de criarse siempre algún cerdo. Se le mantiene con los desperdicios, berzas, patatas, maíz molido. Y allá, en noviembre, por San Martín, al buen cerduco, le llega el fin. En la casuca todo es jaleo, preparativos, en torno al cerdo; el matachín, pule y afila, con la pizarra, una cuchilla; mientras el cerdo, muy estirado, gruñe y rebulle encima el tajo. Ya el matador hiende el acero; el cerdo agita su testa fiero. Mas, la cuchilla, dio al corazón, y el animal muerto quedó. Prenden el rozo como una hoguera, donde el cerduco se dora y tuesta. Para quitarle el vello sucio, www.editorial.unican.es 80 M OTROS POEMAS 9ª eStaCióN jeSúS Cae terCera vez CoN La Cruz Rendido y con el paso casi incierto, entre espinas y azotes engarzado camina hacia el calvario con el peso del árbol que su sangre va regando. Los pies ya nada ingrávidos sangrando avanzan ateridos de dolor y al cielo la clemencia suplicando consumido en el fuego del amor. La sangre de la espina va nublando los ojos donde ha muerto la alegría y lágrimas ardientes han quebrado la luz que abrillantaba sus pupilas. Gimiendo bajo el peso del pecado doblando sobre el pecho la cabeza, convulso, enfebrecido, acongojado paciente sube por la adusta cuesta. El eco va llevando los suspiros arpegios del dolor y las tristezas pesares del pecado fementido de un mundo por el cual el Justo pena. 81 M Más ya va sin alientos y sin bríos, la sed que le atormenta no se aplaca helósele el clamor en un quejido ahogándose en su voz una plegaria. Al fin de Dios la humanidad se agota y en tierra esta tercera vez caído la chusma blasfemando se alborota y ultrajan aquel cuerpo dolorido. Impélenle las turbas sanguinarias con látigos que agitan con furor quedando entre las ropas desgarradas pedazos de la carne del Señor. El mártir con amor se debatía entre fuerzas que ya le abandonaban y con grandes esfuerzos conseguía levantar la cabeza ensangrentada. Y Cristo sudoroso y empolvado embargada en suspiros la garganta volvió a caer sin fuerzas agotado perdón el pecador a Dios clamaba. Cayó Jesús, la vida quebrantada, los ojos entre perlas de cristal y al caer de rodillas balbuceaba y por mí pecador le oí rezar. www.editorial.unican.es 82 M Aquí sobre la tierra en que tú lloras, cubierto de ignominias y ludibrio, regada con tu sangre generosa ¡Dejadme a mí llorar arrepentido! Caíste por mi culpa Nazareno abrazado a la cruz que tanto amaste y en la tierra tu vida se deshoja como flor del rosal que tú regaste. aNte eL Sagrario Junto al Ara, Señor, de tu calvario, con la vista nublada por el llanto he llegado abrumada de quebranto a pedirte piedad, ante el Sagrario. No te traigo manojos de azucenas ni capullos de rosas encendidas ni claveles y humildes siemprevivas, ni fragancias salvajes de verbena. Solo puedo entregarte con las penas que espinaron la senda de mi vida el dolor de mi alma arrepentida y el amor que nos diste con largueza. 83 M CaNto a La NaturaLeza eN Primavera Cuando sonríe la aurora, los pintados pajarillos alegres y bulliciosos salúdanla, con sus trinos, y, mientras por el oriente, descubre su faz brillante el astro, rey de la vida que se nos muestra radiante. Naturaleza, dormida, se despierta presurosa ante la tierna caricia del sol, que fulge en la loma. Sacude sus blondos rizos, que, las perlas del rocío cual bellísima diadema, sobre ella lo ha extendido, y, bañada en los licores que perfumaron las flores, se presenta rutilante con todos sus esplendores. Las hierbas frescas del prado matizado de colores le brindan el mejor ramo que ha salido de sus brotes y las humildes violetas que bordan el tapiz verde y perfuman el ambiente, llenas de amor, se estremecen, y, las blancas margaritas, pregoneras de la suerte, a porfía se dispersan entre praderas rientes. Y los chopos, y los sauces con sus pompas y sus galas, se revisten de verdor y la rivera engalanan, y las bellas mariposas, de mil matices pintadas con las flores coquetean al embrujo de sus alas, y la primorosa abeja, de acá para allá zumbando que galantea la flor, el dulce néctar libando. Y la alegre golondrina, obrerita consumada, que, con amor hace el nido, bajo el alero de casa. Y la zancuda cigüeña que en sus giros vuela rauda y enseña a volar al hijo al nido de la campana. Y la nube precursora de la lluvia generosa, que riega a fértiles valles, cual un hada bienhechora, lucen galas la pradera acarícianla los cielos el nubarrón le regala y el río le da el espejo. Cantan la fuente y el ave canta el viento, canta el agua, cantan el trueno y la nube y también el hombre canta. www.editorial.unican.es 84 M CLaveLeS En el pequeño jardín de un amante enamorado bellos claveles se yerguen de alto rojo matizados. Un joven adolescente con primor los ha cuidado para ofrecer a su amada un delicado regalo. Con el ramo de claveles rojos como su pasión con júbilos de esperanza le entregó su corazón. No se si verían sus ojos reflejada su alegría pues al darle los claveles el alma tras ellos iba. Y sin juego de palabras y rebuscadas lisonjas con una dulce mirada se unió el clavel a la rosa. doS roSaS A una Rosa primorosa otra rosa quiero dar, y en mi jardín no hallo rosa que a ella se pueda igualar. Porque esta Rosa garbosa y de tal gentil andar, merece más bella rosa que la que yo pueda dar. Pero, aunque no tenga cosa que te pueda superar, acepta mi humilde rosa para tu felicidad. 85 M margaritaS Primorosa Margarita de deslumbrante blancura cuyos pétalos chiquitos al enamorado augura. Que con el ansia en las manos te consulta, pitonisa, y tu cáliz va dejando sin huellas de Margarita. No sé qué habrás contestado florecilla primorosa que la joven te ha besado con su boca deliciosa. Y ensimismada ha quedado tus tallos haciendo trizas sin pensar que tú, amorosa, CON TU MAL LE DISTE DICHA. mi guirNaLda Madrecita de mi vida mira qué bonitas flores te corté esta mañanita, las más frescas y mejores del jardín de mi casita. Te hice ramilletes bellos de mil corolas preciosas dejándote el alma en ellos enlazada entre las rosas del más fino terciopelo. Que uní con lazos de amores a la guirnalda tejida con las pobres oraciones que te recé cada día y las flores más hermosas del rosal del alma mía. www.editorial.unican.es 86 M La Niña Ciega Margaritas encendidas cogía la niña ciega; como estaban apagados sus ojos, andaba a tientas. ¿Para quién son esas flores? le preguntó su maestra. Las he cogido en el valle por llevarlas a la iglesia. Ayer le dije a la Virgen al terminar la novena, que esta tarde las tendría y cumpliré mi promesa. — ¡Estás manchada de sangre! — Como no podía verlas, los abrojos escondidos me iban hiriendo al cogerlas. Pero eso a mí no me importa ni se merece una queja, si hubieras podido ver hubieran sido más bellas. Pero a oscuras, con los ojos tapados con esta venda más de una vez me caí al tropezar una piedra. ¿Pero hay algo en este mundo que la Virgen no merezca? Voy a la iglesia a llevarlas ¡quiero ser hoy la primera! ii La niña cruza la plaza, ligera sube la cuesta, el halda llena de flores cogidas en la pradera. Se ha puesto vestido blanco; con su cabello hizo trenzas, y una mantilla de blonda lleva puesta en la cabeza. Se arrodilla ante la Virgen y le dice: «Si pudiera, Señora, te ofrecería otras flores más apuestas. Las fui cogiendo al azar, sin distinguir su belleza; si mis manos no eligieron las más hermosas y frescas, es por culpa de mis ojos, que no me dejaron verlas. Ya ves, Señora, que soy, una pobre niña ciega…» Y dicen por el contorno, lo aseguran y lo cuentan, 87 M que cuando la niña va por atajos y veredas a buscar rosas silvestres o para la lumbre leña, ni tropieza, ni se cae, aun cuando marche ligera; que una Señora la guía y de la mano la lleva… iii Ayer se murió la niña, esta mañana la entierran; el pueblo entero la llora y el pueblo entero la reza. Una corona le hicieron sus amiguitas de escuela; desde el alto campanario la ven pasar las cigüeñas. Y la Virgen, en su altar, ya no ve a la niña ciega. Los ángeles la llevaron a gozar de su presencia. (Luis María Burillo5) 5. lUis María bUrillo solé nació el día 24 de julio de 1915 en el pueblo aragonés de Quinto de Ebro (Zaragoza). Ligado siempre a la educación, fue profesor en varios colegios de Madrid siendo nombrado director del colegio de Aranjuez en 1950. En 1966 figura como Inspector de Enseñanza Primaria en Tarragona y en 1972 como Inspector Jefe en Guadalajara. Excelente poeta y escritor, Burillo escribe y publica en 1944 su primera obra poética titulada Pulsando mi Lira, que prologó nada menos que el Premio Nobel Jacinto Benavente, quien también lo elaboró en 1949 para la segunda: Aromas de un Vergel. En 1954 da a la luz su tercera obra poética, más espiritual, titulada Romancero de Cristo. En 1958 aparece Aranjuez, ruta artística. En 1964, el libro Escritores españoles (Lecturas para un curso escolar), junto con Manuel Navarro, que sospechamos es al que podría hacer referencia Matilde. En 1985, prologado por el Cardenal Tarancón, crea un libro de tipo romancero infantil titulado El libro blanco del Niño. Destacamos también Romancero. Amor, sangre, luna y viento, aparecida en 1952. Como poeta y hombre ligado a la cultura, tuvo estrecha relación con personajes de la literatura y de la música, tales como Pío Baroja, Jacinto Benavente, Gerardo Diego, José María Pemán, Dámaso Alonso y el famoso compositor Pablo Sorozábal, entre otros. www.editorial.unican.es 88 M mi Padre Yo tengo en el hogar un soberano único a quien venera el alma mía. Es su corona de cabello cano la honra, su ley y la virtud, su guía. En lentas horas de miseria y duelo, lleno de firme y varonil constancia, guarda la fe con que me habló del cielo en las horas primeras de mi infancia. La amarga proscripción y la tristeza en su alma abrieron incurable herida, es un anciano y lleva en la cabeza el polvo del camino de la vida. Ve del mundo las fieras tempestades, de la suerte, las horas desgraciadas, y pasa, como Cristo, el Tiberíades, de pie sobre las olas encrespadas. Seca su llanto, calla sus dolores, y solo en el deber, sus ojos fijos, recoge espumas y derrama flores sobre la senda que trazó a sus hijos. Me ha dicho: «A quien es bueno, la amargura jamás en llanto sus mejillas moja; en el mundo, la flor de la ventura al más pequeño soplo se deshoja. Haz el bien sin temer el sacrificio; el hombre ha de luchar sereno y fuerte 89 M y halla quien odia la maldad y el vicio, un tálamo de rosas en la muerte. Si eres pobre, confórmate y sé bueno, si eres rico, protege al desgraciado, y lo mismo en tu hogar que en el ajeno, guarda tu honor para vivir honrado. Ama la libertad; libre es el hombre, y su juez más severo es la conciencia; tanto como tu honor, guarda tu nombre, pues mi nombre y mi honor forman tu herencia». Este código augusto en mi alma pudo desde que lo escuché, quedar grabado; en todas las tormentas fue mi escudo, de todas las borrascas me ha salvado. Mi padre tiene un mirar sereno, reflejo fiel de su conciencia honrada, ¡cuánto consejo cariñoso y bueno sorprendo en el fulgor de su mirada! La nobleza del alma es su nobleza; la gloria del deber forma su gloria; es pobre, pero encierra en su pobreza la página más grande de su historia. Siendo el culto de mi alma su cariño, la suerte quiso que al honrar su nombre fuera el amor que me inspiró de niño la más sagrada inspiración del hombre. Quiera el cielo que el canto que me inspiran siempre sus ojos, con amor, lo vea y de todos los versos de mi lira estos los dignos de su nombre sean. 3 4 5 www.editorial.unican.es 97 M www.editorial.unican.es 98 M 99 M www.editorial.unican.es Este libro se acabó de imprimir el día 24 de enero de 2025, Día Internacional de la Educación (ONU) lavs dEo ISBN 978-84-19024-98-5 THEMA: DCF, DCC, 1DSE-ES-F www.editorial.unican.es