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OPINIÓN La sobrecarga de tareas escolares: ¿realmente ayuda al aprendizaje? AULA ABIERTA DIANA ALEJANDRO Politizando la lluvia RÍO REVUELTO LOS REDACTORES El parámetro de las medusas (playa de Gandía) DESDE LA FRONTERA NORTE JESÚS PÉREZ CABALLERO C aminamos por la orilla de la playa de Gandía (Valencia, España) y, a cada metro y medio, hay una pila de medusas blancas, amarronadas o violetas. Los bañistas las sacan del Mediterráneo, las amontonan, ocho, nueve y, a su alrededor, trazan círculos concéntricos en la arena. Ellos dicen que demarcan el perímetro del peligro. Lo que creo yo es que se dan importancia en una tarea, aun útil y cortés, precaria y burdísima; y que, algunos, hacen como si, con esos montones, tapasen unos tubos de donde, imaginariamente, la felicidad brotase transformada en estos bichejos. En el mar, niños y señores aburridos auscultan que no haya más; éstos solícitos, reconocibles por estar en corros, incitan a que otros las saquen — ellos no; ellos son los coordinadores. Más al sur (en Alicante), leo que flotan repugnantes “dragones azules”, unas babosas como axones neuronales reventados tras engullir un bote de pintura. Estos seres, como asiáticos, son calladitos y se comen las medusas, plenOs del veneno ajeno. La espera a la “marina” (el bus a la ciudad) es de una hora. Ropa mojada, picor pegajoso, de metámeros. Cuando llega la pesera, la conductora aminora la velocidad, suelta el volante, estira los dedos índices de cada mano y opone uno ligeramente por encima del otro. Está imitando el giro de una rueda. Con esto, anuncia que tomemos la que sigue. Si lo indicara con los dedos de los pies, al menos se jugaría la piel. Hartos, Liz y yo tomamos un taxi: — Sois los cuartos mexicanos que suben. Pepe el taxista dice que un compatriota hizo fortuna en esta playa con unas pizzerías; añade que “es el típico mexicano”. Pero eso, ¿qué es? Pues que de lejos, al tal empresario se le nota en la cara la mexicanidad, y que es es bajito y fornido, y que sólo le falta un bigotón, pero posee un sombrero de charro. Suena a un repositorio de garabatos de no gandienses, dibujado por Pepe el garabato. Quiero decir que esas y otras de sus afirmaciones rotundas son directamente proporcionales a su incapacidad de explicarse; sólo son limpios y claros su franqueza inicial y el interior del coche. Por seguir a Caetano Veloso, “de cerca, nadie es normal”. Ahora resulta que el taxista tuvo una pareja mexicana, de Zamora (Michoacán): — Es como si me la hubiera enviado el diablo para tentarme y volverme loco. Ella era una güera de rancho (ojos azules, pelo rubio) que, más que rompérselo, le comió el corazón con ajos y cilantro. La ex había medrado con otro, un viejo que le puso casa en España antes de separarse. Pepe pensaba que, con él, repetiría ese modus operandi, pero de tan enamorado pretendía volar a conocer a su familia. La novia nunca quiso; decía que Zamora estaba peligrosa, y más con una hermana laborando en la fiscalía local. Después, ya se disfrazó de Pepa la diabla. De noche, llegamos a casa de mis padres. Con un jet lag color sepia, sigo aturdido y sopeso profundamente si esto es lo que es un año sabático. Cuando les cuento lo de las medusas apiladas, mamá medusa me subraya: — Què vols, fill meu? (¿Qué quieres, hijo mío?) Es verano, y es normal que haga calor y que haya incendios. Meses después, dirá: — Es invierno, y es normal que haga frío. Estos son los parámetros de siempre, con su ternura ácida. Antes de dormir, mi papá medusa nos recuerda que, hace medio siglo, el barrio, la Plaza Elíptica, eran huertas, y que ninguna casa estaba preparada para estas temperaturas, o si lo estaban, ya no, como ya no existen la huerta, el ultramarinos Udaco, su tienda chiquita del electricista. Ahora, papá ha instalado aires acondicionados portátiles, tipo pingüino, que atraviesan las paredes con sus gruesos tubos. Va en serio, pues en esta ola de calor casi se muere por su corazón: Así que agujerea los recogedores de las persianas, y por allá mete los tubos acordeón de plástico blanco. Al verlos, hasta pienso que los tubos conducen a otra dimensión, la octava, la novena dimensión, o en la que ande la ciencia. E n redes sociales, más que exponer una serie de verdaderas afectaciones por las lluvias, se convirtió en una arena política, en la que un segmento, claro, el que atacaba, parecía ser que pasaba por alto toda objetividad para intentar imponer entre los ciudadanos una opinión que no consideraba suficientes factores. Para entender si un sistema de drenaje funcionó o fue deficiente, hay que tomar en cuenta la cantidad de lluvia en función del tiempo, como el caso de las precipitaciones de la mañana del jueves, en la que mientras los colectores pluviales que están diseñados para soportar dos pulgadas por hora, debieron atender más de 4.8 pulgadas en una hora y media. Nuestro clima extremoso es Hola querida familia, amigos y lectores, les saluda su amiga, la Maestra Diana. I maginen por un momento la frustración de un niño que, después de seis o siete horas en la escuela, regresa a casa con una montaña de tareas que parecen interminables. “No tengo tiempo para jugar”, “Me siento agotado”, “Nunca termino mi tarea y me regañan”. Pero no son solo los niños quienes se sienten abrumados. También los jóvenes de secundaria y preparatoria expresan su agotamiento: “Paso toda la tarde haciendo tareas y no tengo tiempo para nada”, “Me siento estresado y sin ganas de estudiar”, “A veces siento que nunca es suficiente”. En el caso de preescolar, la situación es aún más peculiar, pues muchas veces son los padres quienes terminan haciendo las tareas de sus hijos, generando estrés familiar y restando valor al aprendizaje real. Estas son frases y situaciones que escuchamos constantemente en las aulas y en los hogares. Pero ¿nos hemos detenido a pensar en el impacto emocional y mental que tiene la sobrecarga de deberes en nuestros niños y jóvenes? La educación debe ser un puente hacia el aprendizaje significativo, no una fuente de ansiedad y estrés. La psicóloga española Eva Millet advierte que “el exceso de tareas puede generar rechazo al estudio y afectar la autoestima de los estudiantes”. A su vez, el psicólogo estadounidense Peter Gray sostiene que “el juego libre es esencial para el desarrollo emocional y social de los niños, y el exceso de tareas lo está destruyendo”. No se trata de eliminar por completo las tareas escolares, pues una tarea bien diseñada puede reforzar el aprendizaje y dar continuidad a lo trabajado en la escuela. Sin embargo, es fundamental que sean de calidad y no de cantidad, evitando que se conviertan en una carga innecesaria. La tarea debe permitir que los alumnos puedan reforzar sus conocimientos sin afectar su bienestar emocional ni restarles tiempo para convivir con sus familiares. El equilibrio es la clave para un aprendizaje efectivo y una infancia saludable. Muchos padres y maestros crecimos bajo la creencia de que “más tarea equivale a mejor aprendizaje”. Sin embargo, estudios recientes han cuestionado esta idea. Alfie Kohn, en su libro “El mito de la tarea”, señala que no hay evidencia contundente de que más horas de deberes en casa se traduzcan en mejores resultados académicos. De hecho, un exceso de tareas puede generar ansiedad, agotamiento y una desconexión con el aprendizaje. Recordemos que la educación no solo se da en los libros. Los niños necesitan tiempo para jugar, socializar, descansar y explorar el mundo de manera creativa. Como bien lo dijo John Dewey: “La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida en sí misma”. Si sobrecargamos a nuestros estudiantes con tareas interminables, les robamos la oportunidad de vivir y aprender de otras maneras. Maestros, reflexionemos sobre la cantidad y calidad de las tareas que asignamos. Padres, apoyemos a nuestros hijos promoviendo un equilibrio entre el estudio y el descanso. La clave está en aprender con pasión, no con presión. La educación debe formar niños felices, no estudiantes agotados. Un niño motivado aprende con entusiasmo, un joven equilibrado desarrolla su potencial, y una sociedad que prioriza la calidad sobre la cantidad construye un mejor futuro. “El aprendizaje no ocurre cuando el estudiante está exhausto, sino cuando está inspirado”. Que la educación sea una aventura y no una carga. Queridos lectores, los invito a reflexionar sobre este tema. ¿Qué opinan? ¡Me encantaría escuchar sus opiniones! Con cariño a mis lectores, La Maestra Diana Alejandro Correo: diana.alejandro[email protected] Facebook: Aula Abierta siempre un reto para la infraestructura, pues mientras otros lugares acostumbrados a la lluvia implementan sistemas con esa capacidad de 2 pulgadas por hora y les funciona, en Nuevo Laredo enfrentamos un cambio muy drástico, que va desde largos periodos de sequía usualmente con temperaturas superiores a los 40 grados centígrados, a una breve, pero muy intensa tormenta, para después regresar al ambiente caluroso. En Laredo, Texas, que de alguna manera por pertenecer a un país de primer mundo tiene otro tipo de infraestructura y planeación, tuvo mayores problemas de inundaciones, vialidades cerradas y otros estragos, incluso durante más tiempo, hablando de la jornada de lluvias de este jueves, pero ahí no hubo un debate intenso de partidos, administraciones y demás, sólo un listado de lugares afectados para utilizar vías alternas, entendiendo que se trató de una gran cantidad de agua que requería tiempo para desfogarse. El predio ubicado en la esquina surponiente del crucero de Juárez y Maclovio Herrera, será adquirido por el Ayuntamiento para que sirva como estacionamiento del Planetario que está en construcción a un costado, y si bien ya funciona mayormente para dejar los vehículos ahí al realizar actividades en las oficinas o comercios del sector, ahora dejaría de tener esos negocios de birria, que deberán de reubicarse, para que los visitantes tengan dónde dejar sus autos o incluso los autobuses escolares, cuando sea una excursión de algún plantel. LOCAL/ COMUNIDAD 4SÁBADO 27 DE SEPTIEMBRE DE 2025 www.elmanana.com.mx