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A culatazos. Protesta popular y orden público en el Portugal contemporáneo

Author: Palacios Cerezales, Diego
Publisher: Zenodo
DOI: 10.5281/zenodo.14851778
Source: https://zenodo.org/records/14851778/files/csh03_Palacios-Cerezales_A-culatazos.pdf
A cula azos
P o es a popula y o den público
en el Po ugal con empo áneo
Colección
Ciencias Sociales y
Humanidades, 3
A cula azos
P o es a popula y o den público
en el Po ugal con empo áneo
Diego Palacios Ce ezales
2011

Palacios Ce ezales, Diego
A cula azos : P o es a popula y o den público en el Po ugal con empo áneo/ Diego
Palacios Ce ezales. -- [Palma de Mallo ca, e c.] : Genue e Ediciones, 2011
478 p. ; 24 cm. -- (Ciencias sociales y humanidades ; 3)
ISBN 978-84-938557-1-0 ( ús ica)
ISBN 978-84-938557-6-5 (pd )
1. His o ia. 2. Po ugal. 3.1834-2000. I.Tí ulo.
94(469)“1834/2000”
Di ec o de la colección: Ciencias Sociales y Humanidades
Ja ie Mo eno Luzón
Consejo cien í ico
An onio Apa icio Pé ez Isido o Regue a
Mª Begoña A úe Uga e Juan Ignacio Palacio Mo ena
Be na Su eda Ga cía Manuel Suá ez Co ina
Leona do Rome o To a
Diseño de la colección y de la cubie a: Genue e Ediciones po J. A. Pe ona
© Diego Palacios Ce ezales
© de es a edición: Genue e Ediciones
I.S.B.N.: 978-84-938557-1-0 ( ús ica)
I.S.B.N.: 978-84-938557-6-5 (pd )
D.L.: PM-682-2011
h ps://doi.o g/10.5281/zenodo.14851778
Composición e imp esión: Compobell, S.L.
Imp eso en España (U.E.) - P in ed in Spain
Licencia C ea i e Commons A ibución/Reconocimien o-
NoCome cial-SinDe i ados 4.0 In e nacional
A la memo ia de Manuel Ce ezales
9
Índice
Ag adecimien os ................................................................................................. 13
In oducción. Un país manso… o los cos es de la ep esión .............................. 15
I. EL PORTUGAL LIBERAL (1834-1890)
La econs ucción del Es ado ............................................................................ 27
¿Ciudadanos o Policías? ................................................................................ 30
La doc ina Cos a Cab al: el Ejé ci o como Policía ..................................... 47
Un golpe de es ado pa a acaba con los golpes de es ado ............................ 50
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al» ........................................ 55
Los mo ines del pan... y lo di ícil que es calib a el sable ............................ 57
La ue za del núme o y los Tumul os de Na al de 1861 ................................ 65
Logís ica es a al y ebelión en las p o incias ................................................ 76
El es ado y la iolencia .................................................................................. 89
Un Po ugal de imposible adminis ación ......................................................... 93
La policía de la p o incia .............................................................................. 97
G andes ambiciones ...................................................................................... 107
El p ime mo imien o social nacional .......................................................... 114
La Janei inha de 1868 ................................................................................... 122
La Saldanhada. Dic adu a y ampliación de los de echos polí icos .............. 136
16
Diego Palacios Ce ezales
Po ugal de las décadas an e io es. Las co es po uguesas abolie on en
1852 la pena de mue e pa a los deli os polí icos y, en 1867, pa a los pena-
les, en una decisión pione a que eno gullecía a los libe ales lusos. En cam-
bio, en la España de Isabel II los mili a es in e enían ecuen emen e en
polí ica, la amenaza a mada del ca lismo se man enía la en e, los caminos
es aban in es ados de bandole os pese al despliegue de la Gua dia Ci il
y, cuando había p o es as popula es, las capi anías gene ales se hacían
ca go del o den público, suspendían las ga an ías cons i ucionales y ecu-
ían al usilamien o, a menudo a despecho de los de echos y libe ades
ga an izados po las cons i uciones. Nada simila sucedía en Po ugal, lo
que indicaba, pa a muchos comen a is as, la di e en e na u aleza de los
dos pueblos. Como les gus aba deci a los libe ales lusos, Po ugal e a un
«encla e de Eu opa en el Á ica que empieza en los Pi ineos»2.
Esa imagen de un pueblo po ugués pací ico y espe uoso con la ley y
la au o idad no e a compa ida po o os obse ado es de la época. Pa a
Oli ei a Ma ins, uno de los in elec uales más in luyen es de la gene ación
de 1870, los po ugueses e an de empe amen o « iolen o y a dien e»,
como mos aba la ines abilidad polí ica de las décadas de 1830 y 1840;
pa a el his o iado Alexand e He culano, albe gaban la «impaciencia e
impe uosidad p opia de las azas la inas», mien as que pa a el ey Ped o
V «el p ime ins in o» de los po ugueses e a « esis i se a la au o idad»3.
Más allá de los ópicos sob e los ca ac e es nacionales, en e la docilidad
y la e uel a, la segunda mi ad del siglo xix po ugués es á u ada de
episodios de p o es a popula simila es a los de o os países. También
había nume osos casos de iolencia social que causaban escándalo en el
pa lamen o, como el saqueo de los ba cos y náu agos que encallaban en
los a enales de A ei o po pa e de las comunidades de pescado es4. A
is a de pája o puede obse a se que mucha de la con lic i idad social
po uguesa espondía a la ca es ía o la escasez del g ano u o os í e es,
2 O Nacional (Opo o) año xxi, n.º 34, 10-ii-1867, p. 1.
3 He culano (1980: 35); Ma ins (1996b: 33); Mónica (2000: 13 y 140).
4 DCD, 05-04-1878, p. 942.

17
In oducción
pe o que, sob e odo, se p oduje on ensiones, mo ilizaciones y p o es as
de esis encia al Es ado, sus imposiciones no ma i as y sus inno aciones
ecauda o ias. Pa a p o es a , los po ugueses del siglo xix solían ecu i
a o mas de acción locales y comuni a ias p o enien es del An iguo
Régimen: la gen e se eunía al epica de las campanas, in e pelaba a las
éli es del luga pa a mediasen an e las au o idades nacionales, a acaba a
los unciona ios del pode cen al y saqueaba edi icios y egis os públicos.
Jun o a la pe i encia ese epe o io de p o es a adicional, du an e
el siglo xix los po ugueses adop a on nue as o mas de mo ilización
p opias de la polí ica mode na: p esen a on pe iciones, ecogie on i mas,
o ganiza on mí ines, eco ie on las ciudades en co ejos mul i udina ios,
se concen a on en las plazas exigiendo abajo y, sob e odo du an e el
úl imo cua o del siglo, se decla a on en huelga. Es as nue as o mas
de acción se adap aban a los cambios del espacio polí ico y económico
que acompaña on el desa ollo demog á ico y económico a lo la go del
siglo, con la u banización y la p ole a ización, pe o ambién impo aban
expe iencias de los mo imien os sociales de o os países5.
Con independencia de las causas de cada mo ilización, los episodios
de con lic i idad al e aban lo que las au o idades denominaban «o den
público», es deci , esa «si uación y es ado de legalidad no mal en que las
au o idades eje cen sus a ibuciones y los ciudadanos las espe an y obedecen
sin p o es a». Pa a que los po ugueses cumpliesen las obligaciones que les
imponían, los gobe nan es u ilizaban los medios coe ci i os del Es ado y,
como Po ugal e a el único país de la Eu opa con inen al que du an e la
segunda mi ad del siglo xix no con ó con un cue po de genda me ía, eso
signi icaba mo iliza al Ejé ci o. La a i mación de la au o idad es a al solía
p esen a p oblemas logís icos. Cuando las p o es as enían luga lejos de
los cua eles, las opas habi ualmen e llegaban a de a so oca las, ya que
las comunicaciones e an malas y, a pesa de los es ue zos de los gobie nos,
el e oca il y el elég a o se desa olla on len amen e. E a ecuen e
que, como sucedió en muchos luga es en 1862, 1867, o incluso 1908, a
5 Sob e las nociones de epe o io de p o es a «an iguo» y «mode no», c . Tilly (1986);
Ta ow (1997); Tilly (2004). V. ambién Thompson (1971); Rudé (1994).
18
Diego Palacios Ce ezales
la a ibada de los soldados, los egis os de hacienda o del eclu amien o
mili a hubiesen sido ya pas o de las llamas, pa alizando la ida
adminis a i a, mien as que una ley del silencio p o egía pos e io men e
a los esponsables. «Los ayos de la au o idad llegan lojos y descolo idos
a las ex emidades», se quejaba un gobe nado ci il en 18586.
O os p oblemas su gían cuando los des acamen os mili a es en aban
po in en el luga del mo ín. En onces e a co ien e que la mul i ud los
ecibiese con i as al Ejé ci o y g i os de que «los soldados no dispa a án
con a el pueblo». Sin emba go, si la gen e seguía a emolinada en bandos
oci e an es, la ilusión de que «los hijos del pueblo no ha ían daño a sus
mad es y he manos» se des anecía y, obedeciendo ó denes, los eclu as
dispa aban con a la mul i ud, causando he idos y mue os, aunque la
jus i icación a eces solo ue a que «había que man ene el p es igio de la
au o idad».
A lo la go del siglo xix y, despues, en el siglo xx, du an e los 16 años
de República y 48 de Dic adu a, muchas cosas cambia on en Po ugal,
en e o as el pe eccionamien o de la logís ica del Es ado. La mejo a de
las comunicaciones, la c eación de ue zas policiales u banas y, a pa i
de 1911, el despliegue de Gua dia Nacional Republicana (GNR) en
odo el país, pe mi ían que soldados y gua dias u ie an una p esencia
p e en i a, o llega an eloces pa a in e eni en los con lic os colec i-
os. Disminuye on los espacios y iempos de la impunidad de la acción
di ec a, pe o los p oblemas p opios de la in e acción en e ep eso es y
ep imidos podían su gi con nue as o mas. Po una pa e, po que ni
los homb es que componen las ue zas de o den son me os ins umen os
pasi os de la ley o del gobie no —a pesa de los mecanismos ins i ucio-
nales que se diseñan pa a que así sea—, ni ampoco son necesa iamen e
ajenos a las ci cuns ancias polí icas que odean sus in e enciones. Así,
a inales del siglo xx, en muchos episodios de con lic o de los dos años
de g an mo ilización popula que siguie on a la Re olución de los Cla-
eles del 25 de ab il de 1974, los soldados o policías, en ez de «dispa a
6 REAP, 1858, A ei o.
19
In oducción
con a el pueblo», bajaban las a mas, ab ían ilas y dejaban que la gen e
se dedica a a la acción di ec a: a ocupa ie as, áb icas o casas, o a
a aca a sus ad e sa ios polí icos. Du an e la e olución, en ocasiones no
se que ía —y en o as no se podía— ep imi al «pueblo», po lo que el
Es ado po ugués se en en aba abie amen e a un nue o dilema: ¿cómo
usa la ue za pa a man ene la legalidad de un modo aco de con los
alo es de la democ acia?
Es e lib o explo a la his o ia del uso de la ue za po pa e del Es ado
en los con lic os colec i os po ugueses desde la ic o ia libe al de 1834
has a la consolidación de la democ acia a inales del siglo xx7. Y lo hace
a endiendo a las dos dimensiones que se c uzan en los escena ios que
enimos ela ando: p ime o, a la capacidad del Es ado de a i ma se en
el e i o io y cons ui un o den público, una adminis ación espe ada
que conoce a la población y el e i o io, ecauda impues os y asegu a la
igencia de la ley y el espe o a las sen encias judiciales. Y segundo, a
los dilemas polí icos que se esconden en el uso de la ue za po pa e del
Es ado, cuando los gobe nan es deben jus i ica lo, sob e odo cuando la
coe ción cae sob e gen e mo ilizada que dice de ende sus de echos y, en
la opinión pública, se esg ime esa iolencia del gobie no como ma ca de
ilegi imidad8.
* * *
Pa a un gobie no que con ola las ue zas mili a es o policiales y p e-
ende que las leyes, las sen encias judiciales y las decisiones gube na i as
se espe en, la capacidad pa a impone se iolen amen e a una mul i ud
que p o es a no signi ica ca a blanca pa a esol e expedi i amen e cual-
7 El abajo ci cunsc ibe el análisis al Po ugal me opoli ano, dejando ue a una ealidad
colonial, igen e has a 1975, con un iolen o sis ema de o den público que hay que dis-
ingui del e a ado en es as páginas.
8 Aunque se o ecen muchas pis as sob e esos casos, no se analiza el uso de la ue za en p onun-
ciamien os, e oluciones y golpes de es ado, que aunque pueden en ende se como «desó denes
públicos» y p esen an con inuidades con muchos escena ios de p o es a colec i a, p esen an
dinámicas p opias que me ecen un análisis especí ico.
20
Diego Palacios Ce ezales
quie si uación de con lic o y « es ablece el o den». Po que mal a a o
ma a ciudadanos conlle a un cos e polí ico. El con ol del espacio y las
si uaciones es p io i a io pa a los Es ados, pe o la ep esión supone un
cos e pa a los gobe nan es po que daña a un ciudadano, aunque es e sea
es igma izado como ebelde, supone abdica del debe de p o ección que
unda la comunidad polí ica. El es a us de ciudadanía, como ínculo de
de echos y obligaciones, limi a los má genes en los que el Es ado puede
eje ce la coe ción, incluso en si uaciones de delincuencia, asg esión de
la legalidad y desó denes públicos.
Los lími es a la iolencia del Es ado son ágiles, y muchas son las
ó mulas e ó icas y ju ídicas con las que se ha jus i icado desbo da los. No
obs an e, esos lími es pa ecen ene una ele ancia especial en los egíme-
nes en los que los gobe nan es deben explica se an e una opinión pública,
aunque sea es ingida, po lo que iene sen ido usa la his o ia de las
polí icas o den público como un analizado de la his o ia del libe alismo y
de la democ acia. Los gobe nan es, cuando usan la ue za, a gumen a án
que el manda o de la comunidad hace que esa coe ción sea legí ima; pe o
esa legi imidad puede se impugnada po las ue zas de la oposición, que
pueden acusa al gobie no de ep eso , de insensible a la olun ad de los
ciudadanos o de incapaz pa a con ence de la bondad de sus decisiones.
Con el op obio de la opinión pública y la o mación de coaliciones an i-
ep esi as, el uso de la ue za se puede con e i en un cos e polí ico pa a
los gobe nan es.
Esos cos es polí icos escapan a una medición lineal. No hay umb ales
cuan i a i os que de e minen cuán os he idos o mue os an a deslegi ima
al gobie no, deja le sin apoyos sociales o p o oca su caída. En pe spec i a
his ó ica y compa ada, el cos e de la iolencia es a al ha luc uado d amá-
icamen e; ha sido p óximo a ce o en algunas ocasiones y, en o as, ha
p o ocado desgas es gube namen ales, dimisiones, escaladas de mo iliza-
ción de las ue zas de la oposición, isu as en la solida idad en e las éli es,
insubo dinaciones de las p opias ue zas de o den público o insu ecciones9.
9 La no linea idad en Abbo (1988); Dob y (1988); Sewell (2005).
21
In oducción
A la ho a de usa la ue za con a sus ciudadanos, los gobie nos se
en en an a lo que denomina emos el dilema del o den público: po una
pa e, ep imi desó denes supone un cos e, y puede da pie a una nue a
mo ilización en su con a; po o a, no ep imi los ambién, pues signi ica
abdica de su manda o, del comp omiso con la legalidad, de la p o ección
de de echos de e ce os y de la p opia de e minación de gobe na . La so-
lución de ese dilema implica busca la educción simul ánea de ambos cos-
es, sin que la disminución de uno conlle e al aumen o del o o (Figu a 1).
Figu a 1. Dilema del O den Público.
His ó icamen e, la legalización de o mas de p o es a pací ica, como la
huelga, la mani es ación o el mi in, ha pe mi ido asumi como legí imas
ac uaciones colec i as que egímenes más au o i a ios suelen iden i ica
como desó denes, educiendo las ocasiones en las que las poblaciones que-
b an an la ley y el gobie no in e iene coe ci i amen e. El complemen o
a la ins i ucionalización de los con lic os ha es ibado en encon a una
solución écnica pa a el dilema del o den público; es deci , en consegui
una ó mula de in e ención con la que es ablece lo de inido como «o -
den» median e una escalada de medios de disuasión y ag esión que uese
e icaz y p opo cionada, que pe mi ie a al Es ado impone se con pocas
p obabilidades de he i g a emen e o ma a a los con es a a ios. Du an e
el siglo xix, en casi oda Eu opa e an comunes los soldados, las bayone as
y los i os con a la gen e que p o es aba en la calle; a pa i de 1830, en
G an B e aña se empeza on a u iliza o maciones compac as de gua dias
a mados únicamen e con bas ones y, a inales del siglo xx, en casi odo el
mundo ya uncionaban unidades an idis u bios especializadas en u iliza
a mamen o poco le al, como gases lac imógenos y pelo as de goma.

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Diego Palacios Ce ezales
La policía an idis u bios ‘no le al’ puede conside a se una ecnología
de gobie no. En es a his o ia del con lic o social en Po ugal explo o los
ac o es his ó icos que explican su adopción en el caso po ugués. Los
di e en es elemen os que la con o man: p o ocolos de in e ención, a ma-
men o especializado, en enamien o especí ico, como e emos, se ue on
a i mando en dis in os momen os. Los es ánda es ex anje os, algunas
p eocupaciones humani a ias y los deseos de p o esionalización po pa e
de las p opias ue zas de policía ue on ac o es impo an es en la cons-
ucción del sis ema de o den público no le al po ugués, pe o a lo la go
de es a his o ia mues o que la con igu ación de con ex os polí icos en
los que el cos e de la ep esión aumen aba ue el p incipal impulso de la
búsqueda de soluciones pa a el dilema del o den público, p omo iendo la
adopción de écnicas y a mamen os inc uen os. Lo que apa ece en es a
his o ia es que la polí ica explica buena pa e del cambio écnico, haciendo
su gi o a p egun a in igan e: ¿Cómo se cons uye socialmen e el alo
de la in eg idad y la ida del ciudadano?
Si bien la conocida de inición de Max Webe a ibuía a la iolencia
del Es ado la pa icula idad de se legí ima, la sociología his ó ica se
ha p egun ado qué ojos debían e la como legí ima pa a que uncionase
socialmen e como al, mos ando que no es impo an e que la conside e
legí ima aquél sob e quien se eje ce el pode , sino quienes con olan o os
ecu sos de pode y pueden acudi a espalda al que se impone eclaman-
do la legi imidad. En una sociedad compleja, la legi imidad depende de la
solida idad en e una se ie de sec o es es a égicos10. El p oceso his ó ico
de democ a ización, en endido como la inco po ación de nue os g upos a
la condición de ciudadanía, hace más compleja la a ena polí ica y en él han
jugado un papel sus ancial las ins ancias o males e in o males de con ol
de los gobe nan es, que an más allá de la elección que o o ga un manda o
o de los ibunales cons i ucionales que lo con olan. La opinión pública,
las o ganizaciones de de echos humanos, los comi és deon ológicos, la
esis encia abie a de sec o es de la población, o los mo imien os sociales,
10 Tilly (1985); Dob y (1988); Webe (1989); Dob y (2002). La ci a en S inchcombe
(1968: 162).
23
In oducción
in e ienen sob e el p oceso polí ico, componiendo el en amado complejo
de lo que Pie e Rosan allon ha bau izado ecien emen e como la con a-
democ acia:
que no es lo con a io de la democ acia; sino una o ma de democ acia que
con a ía a la o a: la democ acia de los pode es indi ec os diseminados en
el cue po social, la democ acia del desa ío o ganizado an e la democ acia
de la legi imidad elec o al. Es a con a-democ acia hace sis ema con las
ins i uciones democ á icas legales. Busca p olonga y ex ende los e ec-
os; se cons i uye como un con a ue e. Po eso debe se comp endida y
analizada como una e dade a o ma polí ica […]11.
Es en ese espacio de con a-democ acia donde se deba e el signi icado
de la acción ep esi a de gobie nos y cue pos policiales, donde la ep esión
se ans o ma en un cos e polí ico pa a los gobe nan es, ampa ando así
la in eg idad y los de echos de los ciudadanos. La es uc u a in o mal de
la con a-democ acia p oduce asimismo e ec os en egímenes au o i a ios,
que ambién se en en an a lími es a su a bi a iedad. En es e sen ido,
es e abajo con ibuye a la comp ensión de las condiciones y e ec os de
la coe ción es a al en la ida polí ica y en el uncionamien o o dina io de
las sociedades con empo áneas; al iempo, abaja sob e el Po ugal con-
empo áneo y mues a los nue os pe iles de la his o ia que su gen g acias
a la p egun a po la dimensión policial de la polí ica, ab iendo el juego a
eje cicios compa a i os con la o as expe iencias his ó icas.
11 Rosan allon (2006: 16).
I. EL PORTUGAL LIBERAL (1834-1890)
32
Diego Palacios Ce ezales
ez, nomb aban un delegado en cada municipio llamado «adminis ado
del concejo». A di e encia de lo que sucedía en los municipios españoles,
donde solo había una au o idad unipe sonal, el alcalde, en Po ugal coexis-
ían dos: el adminis ado , ep esen an e del gobie no, y el p esiden e de la
cáma a municipal, elec o localmen e. Es a solución ins i ucional hizo que
los con lic os sob e la au onomía municipal u ie an una dinámica di e en e
en España y Po ugal. Mien as que, en España, p og esis as y mode ados
dispu aban en o no a la Ley de Ayun amien os y es aba en juego el ca ác e
nomb ado o elec o de los alcaldes, en Po ugal coexis ían dos igu as que
ep esen aban cada uno de los p incipios y enca naban compe encias di e-
enciadas. Como no podía se de o o modo en un sis ema cen alizado, las
p incipales compe encias de policía y o den público co espondían al admi-
nis ado . En Lisboa y Opo o, la ciudad se di idía en g andes «ba ios»,
cua o en Lisboa y dos en Opo o. Esos ba ios e an la ci cunsc ipción en
la que eje cían los espec i os adminis ado es9.
A su ez, los adminis ado es con aban con igu as auxilia es en el
ámbi o de cada pa oquia, los egido es [ egedo es], que, jun o a sus ayu-
dan es, los cabos de policía, con igu aban la base de la o ganización pi a-
midal del Minis é io do Reino.
Tabla 1.
Delegados de Minis é io do Reino en cada ámbi o adminis a i o e i o ial
Dis i o Go e nado ci il
Municipio Adminis ado do Concelho
Pa oquia Regedo
Cabos de policía (n)
9 Sob e España c . Cas o (1979); Cas o y Mo eno (1994). E íme amen e, y denun-
ciando la inspi ación ancesa, los gobe nado es ci iles ue on denominados «Pe ec os»
[P e ei os] y, du an e la igencia del Código Adminis a i o de Passos Manuel (1836-
1842) «Adminis ado es Gene ales» [Adminis ado es Ge ais]. A pa i de la ap obación
del código Adminis a i o de Cos a Cab al, en 1842, se consolidó la denominación de
Gobe nado es Ci iles, que se man end ía du an e la la ga igencia de es e código, has a
1878, y en los códigos subsiguien es Tenga inha (2002).
{

33
La econs ucción del Es ado
Los adminis ado es es aban pob emen e e ibuidos y no o maban
un cue po de unciona ios con posibilidades de ca e a o p omoción, po
lo que el ca go ecaía en no ables locales, mili a es e i ados, o jó enes
licenciados en de echo en la p ime a ase de su ca e a. Los egido es
y los cabos e an o iundos de la pa oquia en la que se ían y no se les
emune aba, aunque podían cob a la mi ad de las mul as. Como en
iempos del absolu ismo, que ambién había c eado un sis ema de policía
ciudadana en los ba ios de Lisboa, los egido es solían se no ables de
ámbi o pa o quial, los cabos, ciudadanos de o igen humilde —incluso
sin de echos polí icos— que se eían obligados a se i como agen es de
la au o idad. El nomb amien o como cabo e a de acep ación obliga o ia
du an e el p ime año, mien as que la eno ación dependía del acue do
del in e esado10.
La In endencia Ge al de Polícia del absolu ismo había con ado en Lis-
boa y Opo o con la p ime a ue za policial po uguesa, los soldados de
la Gua da Real de Polícia, que además de pa ulla las calles y las ba e as
iscales, pe siguie on a masones y jacobinos y, du an e la gue a ci il,
ac ua on como un cue po mili a de éli e al se icio de don Miguel. Ese
p o agonismo de un «cue po pa a siemp e de es able en odo el eino y
especialmen e en la capi al», le alió la disolución una ez que encie on
los libe ales. Pa a sus i ui la, en 1834 ue c eada la Gua da Municipal.
Inicialmen e los libe ales in en a on que la Gua da Municipal uese o o
ipo de policía, de ca ác e más ci il, y se p e endía que «me eciese las
bendiciones de la Nación y adqui iese an a es ima cuan o ho o había
a aído la Gua da [Real] de Polícia»11.
10 Lousada (1996); Lousada (1998); Ca oga (2006). Una policía ciudadana delegada,
de ámbi o pa oquial, exis ió con ca ac e ís icas simila es en la España cons i ucional,
con comisa ios de dis i o en las ci cunsc ipciones judiciales de p ime a ins ancia, ce-
lado es de ba io y agen es a sus ó denes, conocidos po el mo e de «guindillas». Sin
emba go, en España la Gua dia Ci il ue implan ándose a pa i de 1844 y desca gó
de a eas a las o ganizaciones no p o esionalizadas con las que compa ía compe encias.
RD de 26 de ene o de 1844; . Mo ales Villanue a (1980: 80-81).
11 Las ci as en O dem de Se iço da Gua da Municipal, [s. d.] [1835?], AMR, Mç 2114; .
ambién Rod igues (1949); No onha (1950).
34
Diego Palacios Ce ezales
En e 1828 y 1833, en su exilio londinense, los libe ales po ugueses
habían asis ido a las con o e sias, en la p ensa y el pa lamen o b i ánicos,
en o no a la c eación de la Me opoli an Police. En Ingla e a, el modelo
ancés de genda me ía nacional y policía sec e a se esg imía como em-
blema del despo ismo con inen al. Pa a con a es a es as suspicacias, y
sus ae se de las c í icas al eco e de libe ades que muchos asociaban con
la c eación de un cue po dependien e del gobie no, Si Robe Peel había
do ado a los bobbies de una imagen pública ne amen e di e en e de la de
los mili a es. Pese a su o ganización je á quica y cen alizada, es ían con
somb e o al o y chaque a ci il, mien as que su a mamen o se educía a
un bas ón12.
En Po ugal, el p opósi o con la Gua da Municipal ue inicialmen e el
mismo y Rod igo da Fonseca, enca gado de diseña la, «no in en ó nada»,
sino que copió a la policía de Lond es. Los gua dias a pie es i ían cha-
que a, lle a ían somb e o edondo con alas, un capo e co o en in ie no
di e en e del mili a , una ca aca pa a a isa del pelig o y, en las ondas
diu nas, no lle a ían a mas de uego, solo una espada co a, «pa a así ene
una o ganización pu amen e ci il»13.
La Gua da Municipal de Lisboa se c eó en julio de 1834 y la de
Opo o un año después, en agos o de 1835. Po en onces se a aba de dos
ue zas independien es, aunque con o ganización y unciones análogas, y
du an e los años siguien es pasa on po ans o maciones simila es. A lo
la go del e ano de 1834 los soldados y o iciales de la de Lisboa ue on
ans e idos del Ejé ci o. Con aba o iginalmen e con 558 homb es, de los
cuales 118 e an gua dias de caballe ía.
Las p ime as Ó denes de Se icio limi aban el uso de las a mas de
uego «que es iolen o en su aplicación, p incipalmen e con conciudadanos
y po eso solo se ecu i á a él en caso de ex ema necesidad, as ago a
los medios de p udencia». También exigían a los gua dias «u banidad en
el a o con los habi an es de la capi al, po que la ci ilidad acompañada del
12 Emsley (1991: 25 y ss).
13 Regulamen o da Gua da Municipal de Lisboa, 1834; Dec e os de 3- ii-1834 y de 24- iii-
1835; Rod igo da Fonseca, DCD, 22- -1855, p. 292.
35
La econs ucción del Es ado
ci cunspec o ca ác e de un e dade o soldado y ciudadano, que sus en a el
impe io de la ley po los medios de la sua idad y en e eza, pa a la conse -
ación de la libe ad de la pa ia». El obje i o e a «g anjea a es e cue po
la ama de p o ec o del sosiego público, y aleja á de noso os el adje i o
de la iolencia con que en los iempos del despo ismo se p e endía hace
ejecu a las ó denes po la ue za de las a mas»14.
Las espe anzas ue on anas: «la policía con chaque a, lin e na y
ca aca, en ez de impone espe o, p odujo lo con a io»: los ciudada-
nos no obedecían sus indicaciones y se mo aban de ellos. Además, el
ca ác e ci il no pa ecía con ence a los o iciales, o iundos del Ejé ci o.
Las o denanzas de disciplina pa ecían sua es ya que solo con emplaban
penas de unos días de p isión o la expulsión del cue po, mien as que
en el Ejé ci o se es ilaban los la igazos. Como los gua dias p o enían
del Ejé ci o, « ende ían a elaja se si se encon aban con una disciplina
más blanda». P on o la Gua da Municipal adop ó el código de jus icia
mili a 15.
También el a mamen o le pa eció demasiado lige o al comandan e,
«pues necesi aba más po encia de uego si que ía en en a se a g upos
a mados». Poco después de la Re olución de Sep iemb e de 1836, el
Minis e io a endió sus pe iciones y au o izó mosque ones pa a la Gua da
Municipal idén icos a los de la in an e ía del Ejé ci o. Du an e la llamada
«Re uel a de los Ma iscales», en julio de 1837, la Gua da Municipal de
Lisboa ue mo ilizada como un cue po de línea pa a en en a se a las
opas ebeldes. Los asgos ci ilis as, como el aje de apa iencia ci il, ya
habían desapa ecido: en ez de somb e o usaban ba e ina y en ez de
chaque a, uni o me de co e mili a . De es e modo, se ans o mó en un
al e ego de lo que había sido la Gua da Real de Polícia: un cue po mili a
de éli e, con soldados p o esionalizados, que en iempo de paz se des inaba
a misiones policiales en las ciudades de Lisboa y Opo o. Como dependía
14 O dens de Se iço da GM n.º 1, 5 y 7; CCO do MR com as GM (1834-1837); AMR, Mç
2114.
15 En en ecomillado en B eyne (1862). La p ime a mili a ización en CCO do MR com as
GM, AMR, Mç 2114.
36
Diego Palacios Ce ezales
del gobe nado ci il, se con i ió en una opa cla e pa a la de ensa del
gobie no y del égimen16.
El es ablecimien o de las Gua das Municipales de Lisboa y Opo o
suponía acep a que una pa e de las unciones de man enimien o del
o den público co espondía a o ganizaciones p o esionalizadas que, como
decía el dec e o de su c eación, «debían sus i ui a las ondas ci iles en
que imp opiamen e se emplea a los ciudadanos, pues es os ya pagan un
impues o dedicado a ese menes e »17. Sin emba go, al mismo iempo, la
o ganización libe al del pode p e endía sus en a se sob e la mo ilización
cí ica y alo aba la pa icipación ac i a del ciudadano en los asun os de
la comunidad polí ica. Como en o os países, en Po ugal los apa a os
policiales despe aban ecelos, pues se emía que esas ue zas se o nasen
ins umen os del despo ismo18. El pa io ismo, es deci , la de oción de los
ciudadanos hacia el bien común, se eía como la cla e del man enimien o
de las libe ades, de la cons i ución y del ono. Aho a bien, aunque es e
discu so usase é minos uni e salis as, los ciudadanos — a ones— e an
solo una pa e de los po ugueses, una éli e cul i ada dis in a del conjun o
del pueblo, con una misión pa ió ica y educa i a que gene aba debe es
hacia la comunidad. Según la ca a cons i ucional, los de echos de ciu-
dadanía se de inían po los impues os que se pagaban, de modo que el
ciudadano uese aquél in e esado en el bien público po ene algo p opio
que de ende . Pa a Alexand e He culano, en la clase media esidían la
ilus ación y la iqueza, po ello e a la más ap a pa a esis i se a los exce-
sos de las mul i udes y a los del Es ado y, en consecuencia, le incumbían
«indeclinables debe es cí icos de pa icipación en la ida pública»19.
16 Aze edo (1898). Aún an es, el dec e o de c eación de la Gua da Municipal de Opo o,
un año después de la lisboe a, ya con emplaba una «ba e ina» mili a en ez de «somb e-
o» [chapéu] y uni o me mili a [ a da] en ez de la chaque a ci il [casaca]. C . Dec e o de
24- iii-1835, Diá io do Go e no, 1835, 2 semes e p. 283. Las pe iciones de a mamen o
y el cambio de eglamen o en AMR, Mç 2114.
17 Dec e os de 3- ii-1834 y de 24- iii-1835.
18 Un esumen del deba e en Pin o (2006: 213-216).
19 Ci . en Viei a (2005: 19).
37
La econs ucción del Es ado
Los a ones po ugueses sin su icien es ecu sos pa a la ciudadanía
plena ambién enían obligaciones con el Es ado. Ya imos que podían se
obligados a eje ce como cabos de policía en su pa oquia, pe o ambién
a se i de soldados en la opa egula . La obligación mili a se suponía
uni e sal (po so eo en e odos los a ones de una de e minada quin a),
pe o quien enía buenos con ac os en e las au o idades, o dine o pa a
paga su emisión o un sus i u o, no se ía nunca como soldado, de modo
que el llamado «impues o de sang e» acababa a ec ando solo a los es a os
más desp o egidos de la población. La epugnancia al se icio mili a e a
al, que los mancebos so eados e an enca celados a espe a de des ino.
Tampoco e a a a la au omu ilación pa a lib a se del eclu amien o20.
Po su pa e, los ciudadanos ac i os o de p ime a clase, además de
elegi o se elegidos en los di e en es ac os elec o ales, debían con ibui
al bien común en una se ie de ocupaciones no emune adas: juez de paz,
egido de pa oquia, iel [lou ado] de las comisiones de hacienda o, inclu-
so, du an e un iempo, ca cele o. Finalmen e, odos los ísicamen e ap os
debían se i en la Gua dia Nacional21.
Pa a el libe alismo po ugués, como pa a el de F ancia, España o el de
muchas epúblicas ame icanas, la Gua dia Nacional enca naba la concep-
ción cí ica de la ciudadanía, pues «sin ella no hay gobie no ep esen a i-
o». El dec e o de 1834 la de inía como «la sociedad a mada en su p opio
in e és y pa a su de ensa». Es aba pensada como una milicia ciudadana,
obliga o ia, en la que, sal o impedimen os de edad, salud o se icio públi-
co, debían alis a se odos los po ugueses de dieciocho a sesen a años con
de echo de o o. También debían alis a se los hijos de es os ciudadanos,
si e an mayo es de 18 años22.
La Gua dia Nacional e a un conjun o de ue zas locales, «des inadas
a man ene el o den público y es ablece lo cuando sea pe u bado». Su
20 Noguei a (1851); Vicen e (1996). El enca celamien o en AHM secção 29ª Cx. 12
n.º 4; la au omu ilación en Re is a Mili a , ol. iii, 1856, p. 169.
21 Rela ó io ao dec e o de eo ganização da adminis ação pública, 16-V-1832.
22 Dec e o de 23-iii-1834, Ch onica Cons i ucional de Lisboa n.º 78, de 3-i -1834. Sob e la
gua da nacional po uguesa e Ma ques (1999); Pa a (2004).

38
Diego Palacios Ce ezales
unción e a impo an e, pues en p o incias no había o as o ganizaciones,
a no se el Ejé ci o, que pudiesen mo iliza homb es y a mas con a los
es os de pa idas miguelis as y los bandole os. Ope a i amen e, la Gua -
dia Nacional dependía del adminis ado del concejo, mien as que la ida
in e na de la milicia e a democ á ica: los pues os, desde el de cabo al de
capi án de compañía, los elegían po o ación di ec a los ciudadanos-sol-
dado, mien as que a los o iciales supe io es los escogía el gobie no en e
los es candida os más o ados en cada ba allón. Pa a la ins ucción y los
eje cicios mili a es, los alis ados debían euni se los domingos, a eces con
el auxilio de ins uc o es del Ejé ci o23.
¿Cómo uncionó es a «milicia bu guesa»? La o ganización de la gua dia
ue desigual y dependió de la inicia i a de las au o idades locales, de la
buena olun ad de los ciudadanos de cada luga , de la disposición de las
au o idades mili a es a cede ins uc o es, de la p edisposición de los
ciudadanos a se i en cada localidad y de la exis encia de ondos pa a
dis ibui los uni o mes y el a mamen o.
En Lisboa, que debía con a po en onces con 150 000 habi an es,
en e 1835 y 1838 se o ma on 20 ba allones que llega on a encuad a
en o no a 15 000 ciudadanos: un núme o ap oximado al de los elec o es
censados de la ciudad, y supe io al de o an es e ec i os en las di e en es
elecciones. Pa a algunos, o ma pa e de la Gua dia Nacional podía
se mo i o de o gullo, y los hidalgos que podían su aga se un caballo
o maban una sección de caballe ía que los dis inguía del es o de los
ciudadanos. Así, en las ie as de San a ém, con adición de p ác ica
ecues e, las secciones de caballe ía se eunían pa a conmemo a las
ic o ias libe ales y deco aban is osamen e sus uni o mes y es anda es.
En o os casos, las Gua dias Nacionales supusie on la o malización de
pa idas a madas que, como la de João B andão en la Bei a, o los Ma çal
de Foz Côa, habían p olongado la gue a ci il con a los miguelis as y,
median e sus edes clien ela es, se ían de in e media ios en e el pode
cen al y el local, cub ían el acío adminis a i o de es a p ime a ase
23 Pa a (2004).
39
La econs ucción del Es ado
libe al y e o zaban su pode po medio de la iolencia polí ica. En muchos
luga es ni siquie a había su icien es ciudadanos ac i os pa a o ma una
sección, mien as que, en o as zonas, o ganiza las Gua dias Nacionales
suponía a ma a los miguelis as, enemigos de las ins i uciones, que aún
enían espe anza de e ancha. An e es e emo , muchas secciones de la
Gua dia no se o ganiza on o, cuando lo ue on, se les nega on las a mas
o se p ocedió a disol e las. Según el gobe nado ci il de Beja, de 476
ciudadanos alis ados en la sección de Mé ola, solo unos 150 me ecían
con ianza. El es o es aban «p óximos a la gue illa del Remexido», un
caudillo miguelis a que ope aba en la sie a del Alga be y en el su del
Alen ejo24.
De la ida y la ac i idad de la Gua dia Nacional en el conjun o de
Po ugal en e 1834 y 1838 solo es posible o ece un e a o imp esionis-
a. El adminis ado podía encomenda le se icios de segu idad y o den
público, y los o iciales es ablecían escalas de disponibilidad con las que
epa i la ca ga en e los ciudadanos. Los «ciudadanos-soldado» cus o-
diaban edi icios públicos y, cuando se lo solici aban los adminis ado es,
escol aban p esos, e ec uaban de enciones, ondaban caminos e incluso
o maban pa idas que se lanzaban al mon e pa a ba i a gue illas y
bandole os. También podían acudi a « es ablece la paz an e mo ines o
conmociones». Po ejemplo, en el dis i o de Gua da, los ba allones de
Foz Côa y Senacenlhe espondie on a la llamada del adminis ado del
municipio con iguo de Mêda, pa a dispe sa las concen aciones popu-
la es que amenazaban a las amilias c is ianas-nue as de la localidad,
que al pa ece o maban una ed pode osa que apoyaba a una gue illa
miguelis a. Igualmen e, en el comba e a la pa ida del Remexido, las
Gua dias Nacionales del Alga be apoya on a las opas egula es, aunque
se econocía el ca ác e ci il del se icio y se dispensaba a los ciudadanos
du an e la época de las cosechas. Finalmen e, como los ciudadanos-
soldados enca naban la sobe anía nacional, pa icipaban en los ac os
conmemo a i os del libe alismo y, has a 1838, se les enca ga on a eas
24 AMR, Mçs. 1968, 1970 y 1972; Sob al (1990).
40
Diego Palacios Ce ezales
de al o con enido simbólico, como las gua dias del Palacio Real y la
Asamblea Nacional25.
Pa a algunos dipu ados, la u ilización policial de la milicia e a abu-
si a y señalaban que su unción e a «de ende la Ca a Cons i ucional y
el ono (…) en sus casas, pueblos y ciudades», y no «eje ce de policías
(…) y onda po los caminos». En consecuencia, p oponían c ea una
o ganización policial especí ica. Respondiendo a es as p eocupaciones, el
Minis e io eco daba a los gobe nado es que los se icios de las gua dias
no podían se dia ios y pe manen es, sino ex ao dina ios y en bene icio
de la anquilidad pública26.
A pesa de sus muchos y econocidos se icios, el uncionamien o de
la milicia no cumplió con las expec a i as deposi adas en ella. Esencial-
men e, po que la ciudadanía que imaginaban los legislado es — i uosa
e in eg ada en una comunidad polí ica sin isu as— no se co espondía
con la ciudadanía eal. La imaginación libe al eía inicialmen e el cue -
po polí ico como una comunidad que pa icipa i amen e podía enca na
los pode es del Es ado po medio de la elección, el ju ado popula y la
Gua dia Nacional. Después de la e olución de sep iemb e de 1836, la
izquie da libe al es ableció un código adminis a i o que de e minaba el
ca ác e elec i o de la mayo pa e de las ins i uciones y ca gos públicos:
las Jun as de Pa oquia, las Cáma as Municipales, las Jun as Gene ales
de Dis i o, de los Consejos de Dis i o, los o iciales in e medios de la
Gua dia Nacional, los jueces de paz, los jueces elec os y los o dina ios.
También de e minaba la candida u a popula (es deci , la designación po
pa e del gobie no a pa i de una e na elegida po o ación) de los egi-
do es de pa oquia, los o iciales supe io es de los ba allones de la Gua dia
Nacional y los adminis ado es de concejo. Passos Manuel, inspi ado de
es e código, se eno gullecía de los «p incipios democ á icos» y, usando la
25 Despacho del MR, 13-xi-1837, en DG n.º 269. Pa a (2004); Anica (2005: 153); Sil a
(2007).
26 DCD, 15-i-1836 (pp. 57-59); ídem, 18-i-1836 (p. 107); Po a ia de 23-iii-1835 y Ci cula
de 23-i -1836.
41
La econs ucción del Es ado
ó mula de La aye e de 1830, c eía habe «ce cado el ono de ins i ucio-
nes epublicanas»27.
Sin emba go, el cue po polí ico po ugués no e a una comunidad, sino
una sociedad, es deci , una cons elación compleja de espacios comuni a ios
locales, o ganizaciones en compe ición y edes ans e sales de in e eses,
que di ícilmen e podía subsumi se en una o ágine pa icipa i a que en-
ca na a unánimemen e la olun ad gene al. F en e a es a inci ación a la
pa icipación pe manen e, muchos ciudadanos p e e ían lo que Cons an
había denominado «la libe ad de los mode nos», es deci , delega la ges-
ión de los asun os colec i os a unciona ios p o esionalizados y i i la
libe ad como una es e a p i ada28.
En ez de esponde con en usiasmo pa ió ico, muchos ciudadanos
buscaban es a agemas pa a lib a se de las engo osas ondas noc u nas o
las pesadas gua dias de edi icios públicos. Pa ece que a algunos ampoco
les ag adaba el ambien e plebeyo de los cua eles, ni obedece aho a como
simples soldados, cuando du an e la gue a ci il habían podido desempeña
pues os de mando. Con a iando el supues o o gullo que debe ía henchi a
los con ocados al se icio del bien común, algunos con i ie on en p ác ica
habi ual el con a o de sus i u os o alquilones, conocidos en Po ugal como
«ma cas». Es os gua dias solían se excomba ien es libe ales desmo iliza-». Es os gua dias solían se excomba ien es libe ales desmo iliza-
dos, pe o sin los ecu sos que daban plenos de echos polí icos, que es aban
dispues os a se i de o ma casi p o esional a cambio de do mi en los
cua eles, el ancho, los uni o mes y la compensación que les o ecían los
ciudadanos sus i uidos29.
A pesa de es as si uaciones, el poco comp omiso de muchos ciuda-
danos con la milicia cí ica no ue el p incipal acica e pa a su disolución.
Tampoco lo ue una e aluación nega i a de su e icacia cuando ac uaba
policialmen e auxiliando a la adminis ación ci il. La Gua dia Nacional
27 Passos Manuel, DCD, 18-x-1844, pp. 148-196. Véase la legislación en Vasconcelos
(1930).
28 Cons an (1997).
29 DCD, 05-iii-1839 p. 184. Pa a (2004: 154-156).
48
Diego Palacios Ce ezales
Los adminis ado es y jueces se enca gaban de la in es igación c iminal;
la policía adminis a i a la ealizaban los egido es, y pa a pequeñas a eas
policiales es aban ambién los cabos, que ac uaban gene almen e desa ma-
dos y no es aban encuad ados en ninguna o ganización que los en enase
y disciplinase.
Du an e la e uel a popula u al de la Ma ia da Fon e, de Mayo de
1846, y la gue a ci il Pa uleia que le dio con inuación, se emb is as y
miguelis as lucha on jun os con a Cos a Cab al, el Ejé ci o se di idió y
odos los con endien es a ma on gue illas, milicias y ba allones de olun-
a ios, descoyun ando de nue o el o ganig ama es a al42.
La de 1846-1847 ue la úl ima gue a ci il po uguesa del siglo xix.
El con lic o, al da luga a una doble sobe anía y di idi las leal ades de
los o iciales del Ejé ci o, así como de las au o idades judiciales y adminis-
a i as de cada localidad, p odujo un nue o colapso de la au o idad del
Es ado. La paz de G amido de junio de 1847 —impues a po la in e -
ención ex anje a y sin encedo es ni encidos— solo pa cialmen e pudo
subsana la, y queda on de nue o en los mon es pa idas de gue ille os,
aunque su ca ác e polí ico p on o se diluyó. En esa si uación, las espues-
as au o idades cab alis as se encon a on con una amenaza cons an e de
deso den y desleal ad adminis a i a y se man u o una enaz esis encia a
las p e ensiones iscales del pode cen al y al eclu amien o. Se gene alizó
la obs ucción al cob o de impues os: «los pueblos descub ían o ingían
descub i ‘inno aciones’ que in e p e aban como a dides pa a explo a los
aún más, y e asaban el pago o se negaban a hace lo e ec i o. [...] Las
au o idades mandaban des acamen os mili a es pa a p e eni posibles e-
uel as, [pe o] en el in e io del país, con simple pasi idad o con la ame-
naza de ‘al e cados’ [comoções] el pueblo in imidaba a las au o idades locales
y educía el gobie no a la inope ancia». Du an e 1847 y 1848 casi no se
ecauda on impues os43.
42 Sil a (1996); B issos (1997); Ma ques (1999: 221-230).
43 En en ecomillado en Boni ácio (1999). Los impues os en Sousa (2007).

49
La econs ucción del Es ado
Pa a ecupe a el con ol, una de las p incipales p eocupaciones del
nue o gobie no, sob e el que Cos a Cab al man enía su ascendencia, ue
desa ma a la población ci il, y en iaba pa a ello des acamen os mili a es
que equisaban el a mamen o de los an iguos gue ille os y de los ba allones
de olun a ios44. Poco a poco eg esó una cie a no malidad adminis a i a,
espaldada po la ac i idad policial del Ejé ci o y limi ada po la al a
de con undencia ecauda o ia po el miedo a desencadena esis encias
abie as. En 1849, 60 des acamen os de in an e ía y cazado es, de en e
3 y 295 homb es, pe noc aban ue a de los cua eles de los espec i os
egimien os, en dis in as localidades o c uces de caminos, pa a cumpli
misiones al se icio de las au o idades ci iles: pa a igila p isiones y co es,
escol a p esos, p e eni al e cados en los juicios, p o ege a los empleados
de hacienda, cob a peajes en puen es y ca e e as, a anca los cul i os
ilegales de abaco, ealiza la «policía» de e ias, ome ías y me cados o,
en caso de mo ín, u iliza la ue za pa a con ene a los e ol osos. De los
11 744 soldados ac i os, 3535 es aban despe digados en des acamen os
pe manen es de policía, casi un e cio del o al de e ec i os45.
En la ase inal del cab alismo, e a ya al la dedicación policial del
Ejé ci o, que al p epa a el p esupues o pa a 1850 y p e ende el gobie no
economiza educiendo el amaño de la ue za a mada, los consul ados
ue on los gobe nado es ci iles, que e an quienes podían in o ma si podía
«disminui se el núme o de soldados sin pe juicio del se icio público».
La espues a ue nega i a y, al con a io de lo deseado, los gobe nado es
necesi aban más opas a las que pode ecu i de modo o dina io y, sob e
odo — eco dando la e uel a de la Ma ia da Fon e de mayo de 1846— en
caso de que se pe u base el o den público46.
Los gobe nado es ci iles pe cibían el o den público como un equilib io
p eca io que se man enía en la medida en que las au o idades no in en asen
hace e ec i o su pode , eclamando obediencia. En Gua da, el gobe nado
44 Ca oga (2006: 117); Sil a (2007).
45 Re is a Mili a , Vol. i (1849) pp. 21-22.
46 AHM 3ª Di isão, Secção 50 (Di e sos) Cx. 6 Doc. N.º 3.
50
Diego Palacios Ce ezales
pensaba que solo con el auxilio cons an e del Ejé ci o las au o idades
«empeza ían a se espe adas». En Cas elo B anco, los abajado es de
las lane ías de Co ilhã p eocupaban al gobe nado ci il y le hacía pedi
más opas pa a la gua nición de esa ciudad, mien as que en É o a, las
ondas po los caminos y los con oles a los campamen os de gi anos no
se ealizaban con egula idad, po que no se cumplía con el eclu amien o
y los egimien os de caballe ía es aban casi acíos. Po odas pa es los
esponsables polí icos sen ían que la ue za del Es ado e a muy limi ada
pe o, al menos, una ez desa madas las milicias, el Ejé ci o e a la única
o ganización de peso que enía a mas47.
un golPe de es ado Pa a aCaba Con los golPes de es ado
La eliminación de los compe ido es a mados del Ejé ci o se consumó
con el golpe Regene ado de 1851 p o agonizado po el Ma iscal Saldanha,
que buscó sis emá icamen e culmina el desa me de los ci iles, e o za la
iden idad co po a i a de los mili a es y consolida el monopolio cas ense
de las a mas48.
Desde un comienzo Saldanha se p eocupó po que el golpe u iese un
cuño exclusi amen e mili a . Du an e la ince idumb e de los p ime os días,
no acep ó la colabo ación que le o ecía el ala popula de los se emb is as,
que hubiese supues o el ea me de algunas milicias. Del mismo modo, una
ez asegu ado el iun o de su p onunciamien o, Saldanha no se ap esu ó
pa a hace se ca go del gobie no, como eclamaba la eina, sino que espe ó a
euni opas su icien es pa a en a en Lisboa dominando au ónomamen e
la si uación, lib e de la in luencia de cualquie pa ido, y desa mó a los
ba allones de come cio y de unciona ios, que e an leales a Cos a Cab al.
Den o del plan de educi oda o ganización a mada a la disciplina
del Ejé ci o, Saldanha consumó la mili a ización de las Gua das Muni-
cipales de Lisboa y Opo o, in eg ando a odos sus o iciales en la escala
47 Ídem.
48 Cab al (1975: 163). Una na ación de allada del golpe en, Boni ácio (2002b: 245-282).
51
La econs ucción del Es ado
del Ejé ci o y acabando con la escala p opia de o iciales especializados en
el se icio policial. El es a u o de las Gua das Municipales se consolidó
como el de unidades del Ejé ci o con algunas peculia idades: se escogía
pa a ellas a los mejo es soldados de los o os cue pos, se les emune a-
ba, y se les o ecía la posibilidad de eenganche con la p omesa de una
con inuidad p o esional de in de ca e a como gua dias de aduanas o
ba e as iscales. Seguían ealizando ondas y pa ullas, pe o la iden idad
co po a i a no se basaba en nada elacionado con el se icio policial, sino
en hazañas bélicas, como el comba e del Al o do Viso du an e la gue a
ci il Pa uleia. Pa a muchos c í icos, su o ganización endía a p i ilegia
la de ensa del égimen en e a la segu idad ciudadana; se con i ió en
ópico deci que los gua dias municipales iban an pe echados pa a
la gue a, que debían «sol a el usil y qui a se la capa si que ían co e
de ás de algún lad ón»49.
Finalmen e, como pieza cla e del golpe, el Ma iscal Saldanha buscó
la in eg ación polí ica del p opio Ejé ci o. Pa a que dejase de habe « es
Ejé ci os: el ca is a, el miguelis a y el se emb is a» dec e ó la céleb e
«p omoción mons uo», concediendo ascensos po an igüedad a odos
los o iciales, independien emen e de su iliación polí ica. No impo aba
ampoco que hubiesen pasado buena pa e de su ca e a en la « e ce a
sección», es deci , apa ados de la ac i idad e ec i a po descon ianza
polí ica50.
El golpe « egene ado » puso in a dos décadas de en en amien os
ci iles. Du an e su p epa ación y consumación, Saldanha buscó la conci-
liación cen is a de la « amilia libe al», alejando a los ex emos cab alis a y
se emb is a del pode , al iempo que coop aba a sec o es de ambas amilias
polí icas. No obs an e, aunque esa uese la exp esión polí ica de la nue a
es abilidad, el éxi o du ade o de esa conciliación se aguó en el desman-
elamien o de las o ganizaciones a madas que podían compe i con el
49 DG n.º 141, 17- i-1851. Las discusiones sob e la escala p opia pa a «in e esa más a
los o iciales en el se icio» en AMR, Mç 2114, 23-i-1837. El Al o do Viso en Aze edo
(1898); « i a el usil en» DCD, 22- -1855, p. 293.
50 Valen e (1997).
52
Diego Palacios Ce ezales
Ejé ci o —iniciado po Cos a Cab al, aho a pos e gado de la ida polí i-
ca— y se consolidó con la ein eg ación co po a i a del mismo, haciendo
desapa ece del ho izon e de posibilidades las conspi aciones a madas y
los p onunciamien os.
Ese cie e de la c isis de Es ado signi icó un cambio de escena io que
los con empo áneos no a da on en econoce : es aban i iendo una época
dis in a a la de los p onunciamien os, e uel as y gue as ci iles de los
quince años an e io es51.
Pa a explica la posibilidad ma e ial de esa ans o mación del ho izon-
e de compo amien os polí icos hay que a ende a las peculia idades o -
ganiza i as del Ejé ci o. La Gua dia Nacional y los Co pos de Segu ança
no habían log ado gene a un espí i u de cue po y au onomiza se de las
dispu as polí icas. En cambio, la consis encia co po a i a del Ejé ci o, una
ez euni icado bajo el mando de Saldanha, le con i ió en el eje que hizo
posible la ein eg ación polí ica del Es ado. El espí i u de cue po mili a
enía de lejos. Ya du an e el siglo x iii los mili a es se habían au onomi-
zado como ca ego ía social, a i mándose en el seno del apa a o de Es ado
y di e enciándose de la bu oc acia de ju is as y, ambién, de la p opia
condición a is oc á ica. A medida que daban ida a un mundo o ien ado
po no mas y alo es p opios —con una ju isdicción especializada, una
cul u a, un colegio mili a , sus publicaciones, un mon epío y un hospi al
pa a ancianos e in álidos— gene on y ep oduje on una iden idad co -
po a i a que o ien aba la leal ad de los o iciales en compe ición en ajosa
espec o a o o ipo de a iliaciones, que les pe mi ió ac ua como cue po
del Es ado, ela i amen e aislado de las dispu as polí icas52.
Pa adójicamen e, lo que eme gía de esa consis encia p o esional, una
ez deses imadas las o as o ganizaciones a madas, e a un Ejé ci o dedi-
cado p imo dialmen e a a eas de policía.
A p ime a is a, el uso policial del Ejé ci o no di e encia ía a Po ugal
de los o os países eu opeos, donde ue no mal que las opas eje cie-
51 Las exp esiones de esa pe cepción en Sa dica (2001).
52 Ma ques (1999: 99 y ss.).
53
La econs ucción del Es ado
sen unciones de o den público has a bien en ado el siglo xx53. Aho a
bien, a lo la go del siglo xix los Es ados eu opeos ue on do ándose
de cue pos policiales especializados en ac ua con a la c iminalidad o
los con lic os de media in ensidad. G an B e aña desa olló sus policías
ci iles en los di e en es condados, mien as que en el con inen e, el
modelo gendá mico ancés, es deci , un cue po policial de o ganización
mili a pe o ope a i amen e dependien e de las au o idades ci iles, único
pa a odo el país, dis ibuido capila men e po el e i o io en pequeños
cua eles, especializado en la pa ulla u al p e en i a y con capacidad
pa a eag upa se en misiones de o den público, an o u banas como
u ales, se ue adop ando po odas pa es: España, P usia, Piamon e,
Aus ia-Hug ía, Holanda, Bélgica...54. Al iempo, en las p incipales ciu-
dades iban c eándose policías u banas. Ese despliegue de ue zas es-
pecializadas hacía que en esos países las opas solo in e iniesen an e
amenazas al o den público de cie a dimensión. Nada simila u o i-
gencia en el Po ugal de la segunda mi ad del siglo xix, con un Ejé ci o
pe manen emen e dedicado a la policía de e ias y ome ías, la cap u a
de c iminales y la escol a de dine os públicos. Los Co pos de Segu ança
Pública, uni icados en una sola ins i ución, pod ían habe sido el emb ión
de una genda me ía, o pod ían habe dado luga a un modelo policial
o iginal po ugués. Pe o ya imos los p oblemas que lle a on a su em-
p ana disolución en 1842.
Lo que no puede a gumen a se, pa a es e pe iodo de 1834-1851, es que
la al a de con lic i idad o de c iminalidad explique que no se consolidase
un cue po policial nacional en Po ugal. Tampoco la al a de ecu sos del
Es ado puede conside a se explicación su icien e, aunque di icul ó la ins-
i ucionalización. Sin es a, el a mamen o de ciudadanos, o a olun a ios,
o a p o esionales, acen uaba la c isis del Es ado. Pa a esol e un p oblema
simila , en España se op ó po la ue e mili a ización de la Gua dia Ci il.
En Po ugal, el p opio Ejé ci o enca nó la solución hobbesiana, se con i ió
53 Mann (1992).
54 Emsley (1993); Luc (2002).

54
Diego Palacios Ce ezales
en la espina do sal del Le ia án y, median e el monopolio del a mamen o
y la sa is acción de los o iciales con el s a u quo, ins i ucionalizó un esce-
na io polí ico casi lib e de conspi aciones e insu ecciones, aunque como
e emos, con una adminis ación ci il singula men e débil.
55
P o es a popula y ep esión en
«el país más libe al»
En 1852, una ley de e o ma cons i ucional —la p ime a de las llama-
das «ac as adicionales» a la Ca a de 1826— consag ó el o o di ec o en
las elecciones, con lo que la clase polí ica cumplía el p opósi o de ebaja
el calado de las disensiones cons i ucionales. «Es innecesa io da elie e
al sen ido expansi o y democ á ico del ac a de 1852», esc ibi ía años des-
pués Ra ael Lab a, «que ha hecho de la cons i ución lusi ana uno de los
códigos más libe ales del mundo con empo áneo». A pa i de en onces,
«desapa ecie on los bandos ca is a y se emb is a y los a aques al gobie no
se e ie en solo a la cues ión económica, p escindiendo del o den polí i-
co». El e oca il y las ca e e as, la cons ucción de un me cado in e io
y la mode nización adminis a i a pasa on a se pun os comunes en los
p oyec os de los pa idos dominan es; las icciones se cen aban en qué
p es amos debía negocia el Es ado, qué hace con el endeudamien o o
cómo aumen a los impues os1.
Du an e el e ce cua o del siglo xix, aunque sob e i ie on edes
de mi guelis as, cab alis as y demóc a as que no se suma on al nue o
consenso, el uni e so polí ico pasó a es a dominado po dos g andes
amilias libe ales: los egene ado es y los his ó icos. Los p ime os comen-
za on gobe nando a la somb a del Ma iscal Saldanha, que consolidó su
p eeminencia sob e el Ejé ci o, pe o el lide azgo pa lamen a io y admi-
1 Lab a (1877: 112-113); Cha o Gonzalo (2008).
56
Diego Palacios Ce ezales
nis a i o les cupo a Joaquim An ónio de Aguia , a Rod igo da Fonseca y
a un homb e de la nue a gene ación, Fon es Pe ei a de Melo. A la la ga,
el Pa ido Regene ado se cong egó en o no a es os nomb es, mien as
Saldanha pasó a asumi la posición de un pad e de la pa ia po encima
de los pa idos.
En la oposición, el Pa ido His ó ico se a i mó a pa i de la «disi-
dencia p og esis a», la cual, aunque aplaudía el inal de la ascendencia
del doc ina ismo de Cos a Cab al sob e el sis ema polí ico, adop ó una
posición c í ica en e a los gabine es egene ado es. Es e pa ido man-
enía algunos ínculos con el adicalismo democ á ico, pe o su p incipal
cabeza, el Ma qués de Loulé, pe maneció iel a los p esupues os del
consenso egene ado : desideologización de la polí ica y apues a po la
in e sión es a al en in aes uc u as. Den o del esquema in e p e a i o
que p opuso E ic Hobsbawn pa a la his o ia de Eu opa, puede deci se
que Po ugal había pasado de la «E a de la Re olución» a la «E a del
Capi al»2.
En el Po ugal paci icado se man u o igen e el Código Adminis-
a i o cen alizado de Cos a Cab al, de 1842, que había sus i uido las
magis a u as elec i as po o as nomb adas po el gobie no. La labo
codi icado a con inuó con la ap obación del Código Penal de diciemb e
de 1852, que egulaba los de echos de eunión y asociación y sis ema izaba
el o den ju ídico con el que el Es ado iba a a a las acciones colec i as
popula es ansg eso as, a adas como « euniones no au o izadas», «sedi-
ciones» y «asonadas». Las «sediciones», e an en endidas como «a en ados
colec i os con a la acción de las au o idades», y comp endían:
jun a se en mo ín o umul o, empleando iolencias, amenazas o inju ias,
o in en ando in adi cualquie edi icio público o casa de esidencia de
algún unciona io público: 1º- pa a impedi la ejecución de alguna ley,
dec e o, eglamen o u o den legí ima de la au o idad; 2º- pa a cons eñi ,
impedi o pe u ba en el eje cicio de sus unciones alguna co po ación
2 Hobsbawn (1998). Sob e el consenso polí ico a a o del omen o como al e na i a a las
que ellas ideológicas del pe iodo an e io , . Cab al (1975: 163-165); Mónica (2000:
34-36); Sa dica (2002: 92-94).
57
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
que eje za au o idad pública, magis ado, agen e de la au o idad o uncio-
na io público; 3º- pa a eximi se del cumplimien o de alguna obligación;
4º- pa a eje ce algún ac o de odio, enganza o desp ecio con a cualquie
unciona io, o un miemb o del pode legisla i o (A . 179).
A su ez las «asonadas» [assuadas], e an el mismo ipo de mo ilizacio-
nes colec i as, pe o di igidas con a pe sonas p i adas:
euniones de gen e pa a eje ce cualquie ac o de odio, enganza o des-
p ecio con a cualquie ciudadano, o pa a impedi o pe u ba el lib e
eje cicio de los de echos indi iduales, o pa a come e algún c imen, sin
que haya habido comienzo de su ejecución, sino simplemen e cualquie
ac o p epa a o io, o mo ín o umul o, uido, u o a pe u bación del o den
público (A . 180).
El Código Penal especi icaba ambién que, a pa i del momen o en
que no se a endiese a una o den de dispe sión dada po la au o idad com-
pe en e, el pa icipan e en una eunión no legalizada, aunque uese o -
ui a, pasaba a se ju ídicamen e un desobedien e, suje o a cas igo penal
(A . 177§2).
los mo ines del Pan... y lo di íCil que es Calib a el sable
El 9 de agos o de 1856, un edac o de A Re olução de Se emb o —in-
luyen e dia io egene ado , de o ígenes demóc a as, di igido po Ro-
d igues Sampaio— in o maba de que el día an e io había is o pasa a
a ios «g upos de paisanos» [g upos do po o] po las calles cén icas de
Lisboa, dando i as al ey don Ped o y p o es ando po el al o p ecio de
las subsis encias. «Al pueblo» ad e ía, «le con end ía no escucha a los
albo o ado es y ene en cuen a los ecien es sucesos de Valladolid»3. En la
ciudad española, la subida del pan, combinada con el males a iscal, había
dado luga a un mo ín de g andes p opo ciones, con asal os e incendios a
come cios y áb icas de ha ina. Los ebeldes llega on a oma el ayun a-
3 ARS n.º 4292, 09- iii-1856, p. 1.
64
Diego Palacios Ce ezales
Ese comedimien o po pa e de las au o idades pa ece encon a su
explicación en dos ipos de azones. El p ime o, en la conside ación de
que las p o es as albe gaban un g ado de jus icia y señalaban un allo en
el abas ecimien o, el cual, aunque es u iese con iado al me cado, o maba
pa e de las esponsabilidades adicionales del pode polí ico19. Como
di ía la Asociación Come cial de Lisboa —que p opugnaba una mayo
libe alización del come cio de ce eales pa a mejo a el abas ecimien o y
some e a los p oduc o es po ugueses a la concu encia ex anje a— la
alimen ación no e a solo una cues ión de come cio, «sino una cues ión
de polí ica y de o den» que debía me ece la cuidadosa a ención de los
gobe nan es: «si no se asegu a la alimen ación popula no puede habe
anquilidad pública ni, po lo an o, p og eso»20.
El segundo ipo de azones que explican la mode ación de las au o ida-
des puede encon a se en un equilib io áci o cul u almen e pau ado. En
los mo ines de subsis encias po ugueses a a ez se a acaba a pe sonas y
exis ía un cie o acue do ace ca de la p imacía de la in eg idad ísica de las
pe sonas sob e la in eg idad de las cosas y de los de echos de p opiedad.
Po eso, pese a que en la p ensa y en el pa lamen o algunas oces exigie-
sen ep esiones expedi i as, an o egene ado es como his ó icos p e e í-
an busca emedios p o isionales que si iesen pa a calma los ánimos.
Mien as los «amo inados» no a acasen la « ida y segu idad de las pe so-
nas», las au o idades p e e ían ansigi , «buscando medios pa a ebaja la
ensión sin necesidad de hace uso de las bayone as». E a secunda io que
esos medios no se ajus asen a la o odoxia económica del gobie no21.
19 Tenga inha (1994: 93); Lousada (1996). Sob e la cen alidad del abas ecimien o en
la cons ucción del Es ado, . Tilly (1974).
20 Exposición de la Asociación Come cial al ey don Luis I, 28-x-1865; ep oducida po
Fonseca (1934: 349). La p opia noción de p opiedad como de echo absolu o de «uso y
abuso» es aba en p oceso de inición, . Hespanha (2004).
21 La mano du a de Ca los Ben o en DCD, 15- ii-1854, pp. 293-297 y de Rebelo Cab al
en DCD, 13-ii-1857, p. 291. La «poca o odoxia» en DCD, 15- ii-1854, p. 294. Sob e
los mecanismos de coo dinación espon ánea de expec a i as . Schelling (1980). Sob e
el papel de la eme gencia de no mas cul u ales pa a la educción de los compo amien os
iolen os, . Emsley (2005b).

65
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
La mode ación e a ap obada desde las ins ancias más al as, aunque se
emía que se pudiese con undi con al a de au o idad. En 1855, el p opio
ey Ped o V había comunicado a Rod igo da Fonseca, as la o mación de
co os po causa del p ecio de las subsis encias, que ap obaba las medidas
sua es [b andas] pa a e i a pací icamen e que esos g upos omasen aspec-
o sedicioso. En el e ano de 1856 le pa eció, en cambio, que el gobie no
había sido demasiado blando con los au o es de los dis u bios, una imp u-
dencia que había pe mi ido su inc emen o; no obs an e, econocía que «en
un gobie no cons i ucional [e a] di ícil calcula las consecuencias de usa
mayo o meno se e idad, y que no con enía gana se la animad e sión
gene al po un exceso de iolencia». Po su pa e, el dipu ado José Es e ão
se elici aba de que los mili a es ampoco ab azasen ya la «impaciencia
sanguina ia» del doc ina ismo cab alis a y asumiesen que el uso de la
espada con a gen e desa mada aca eaba cos es polí icos y de epu ación:
la « ep obación popula »22.
la ue za del núme o y los
umul os de na al
de 1861
La capi alidad o o gaba a cualquie p o es a que se desa ollase en
Lisboa un ca ác e polí ico peculia del que ca ecían las que se p oducían
en p o incias. Los mo ilizados se podían di igi al palacio eal, a las co -
es o a los minis e ios; podían in e pela di ec amen e a los gobe nan es,
acudi a sus casas y encon a eco inmedia o en la p ensa lisboe a, que e a
el p incipal p o eedo de e e encias polí icas.
En Po ugal e a común habla de la mac oce alia de la capi al. Lisboa
e a una g an ciudad en el con ex o eu opeo. Según el censo de 1864
con aba unos 190.000 habi an es y es aba en cons an e c ecimien o. En
Opo o había 86.000 y el es o de las localidades quedaban muy lejos
de esas ci as. La e ce a ciudad, B aga, enía 17.000, mien as que solo
Coimb a y Se úbal —en el Po ugal con inen al—, y Funchal, Ang a
22 Don Ped o en Lei ão (1961: 114). Es e ão en DCD, 15- ii-1854. Pp. 294; sob e el
doc ina ismo po ugués, Boni ácio (1993).
66
Diego Palacios Ce ezales
y Pon a Delgada —en las islas— supe aban po poco los 10.000 habi-
an es.
Un abismo dis inguía las o mas de pa icipación polí ica del Po u-
gal u al de las de las dos g andes ciudades. En la mayo pa e del país,
la polí ica se es ingía a la ac i idad de las éli es locales. En las illas
de p o incias había siemp e una éli e le ada que i ía en comunicación
con la capi al, leía sob e lo que sucedía en Eu opa y en iaba a sus hijos a
es udia a Coimb a. Esa éli e, en la que pa icipaban la hidalguía p o in-
ciana, p opie a ios ag a ios bene iciados po la desamo ización, en is as,
come cian es, cle o y unciona ios públicos, solía ocupa las magis a u as
locales y p o inciales23. Además, podía con i i pací ica y luidamen e, o
es a di idida po desa enencias de di e so ipo, como di e enciaciones de
es a us en e las amilias dominan es adicionales y las que ganaban nue-
o pode po el dine o o la polí ica, o enemis ades ancladas en los pasados
con lic os ci iles. En odo caso, se a aba de uni e sos polí icos eli is as
locales, di e enciados de la población u al mayo i a iamen e anal abe a,
una población a la que a eces pa onizaban y lide aban y con la que, en
o as ocasiones, en aban en abie o con lic o.
La di isión en e éli e p o incial o local y población u al, además,
se e o zaba con la oposición en e las capi ales de coma ca —sede del
unciona iado municipal, iscal y de los ibunales— y las pa oquias
u ales que de ellas dependían, dando luga en los pe iodos de amo i-
namien o a las llamadas «in asiones» de los pequeños cen os u banos
po pa e de «los pueblos» [po os] de las aldeas ci cun ecinas. En 1846,
una coalición en e se emb is as y miguelis as con a el gobie no de
Cos a Cab al había con e ido una oleada de mo ines (la Ma ia da Fon-
e) en una si uación e oluciona ia. En onces, cuando las poblaciones
u ales ma chaban sob e las illas p o es ando con a los impues os, los
de echos seño iales y las leyes de salub idad, los p og esis as u banos
espondían o mando jun as y p onunciándose con a el gobie no. Ese
ipo de espues a u bana no ol ió a epe i se du an e las oleadas de
23 Viei a (2005: 44).
67
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
mo ines an i iscales de la segunda mi ad del siglo xix, de modo que la
poli ización de la p o es a u al se edujo a la a iculación de los mo ines
con las maniob as de los g andes p opie a ios ag a ios, in e esados en
impedi un aumen o de la ca ga iscal24.
En Lisboa y, en meno medida, en Opo o, se dio una poli ización más
amplia de los es a os medios y bajos de la sociedad, como la que ya imos
despun a en las gua dias nacionales en e 1834 y 1838. Es a poli ización
es aba asociada a las o mas de sociabilidad u bana, las discusiones de
ca é, los deba es de la p ensa y el clubismo polí ico, o mando la base que
pe mi ió el su gimien o de las p ime as p ác icas polí icas mode nas «de
masas» en Po ugal, es deci , que usaban la esceni icación de la mul i ud
como e e en e de legi imidad: median e euniones públicas, mí ines o
ecogidas de i mas, es deci , disposi i os con los que se eje cía colec i a-
men e el cons i ucionalmen e econocido de echo de pe ición y se in en-
aba da cue po a una supues a olun ad de la nación25.
Las mino ías poli izadas u banas habían es ado p esen es en las p o-
es as del pan del e ano de 1856. Sus clubes e an más conocidos po el
luga donde se eunían que po un nomb e o icial o p og ama; en ellos
e an bien enidos los o ado es de o igen plebeyo y, jun o a la p ensa, p o-
agonizaban la comunicación polí ica popula . Aunque e an au ónomos,
o maban pa e de la cons elación polí ica p og esis a o his ó ica. La p o-
pia éli e pa lamen a ia del Pa ido His ó ico se di idía en e la acción
a is oc á ica de Loulé o «uña blanca», siemp e dispues a a colabo a con
los egene ado es, y la menos con empo izado a de Lobo de Á ila, am-
bién conocida como «uña neg a». El «pa ido» no lo e a en el sen ido con-
empo áneo, pues no es aba es uc u ado de modo o mal o pe manen e,
pe o esa cons elación de caudillos pa lamen a ios, pe sonajes in luyen es
de p o incias, ó ganos de p ensa, clubes y solida idades cimen adas po
la masone ía, no dejaba de con a con una ela i a consis encia. Po ello,
la llegada al pode de los his ó icos signi icaba una ela i a inco po ación
24 Sob e mo ines y jun as en 1846-47, . Roby (1983); Feijó (1992); Sil a (2005: 219).
25 Desa ollo la his o ia de la polí ica de masas, las ecogidas de i mas y el o igen del mo imien-
o social de ipo mode no en Po ugal en Palacios Ce ezales (2010).
68
Diego Palacios Ce ezales
polí ica de sec o es popula es y la ape u a de ías e icales de comuni-
cación con el pode que a o ecían la impo ación de nue as o mas de
pa icipación polí ica colec i a.
En 1857 llegó a Po ugal un g upo de He manas de la Ca idad an-
cesas pa a a ende una epidemia de cóle a. El es ablecimien o de una
o den eligiosa de obediencia ex anje a suponía una a en a a la legisla-
ción libe al de 1834 y, peo : no solo se es aban dedicando a la a ención
sani a ia, es aban ambién impa iendo educación in an il e in oduciendo
con ello la «semilla de la eacción en la cabeza de c ia u as inocen es». La
educación eligiosa enca naba lo con a io del modelo de o mación a-
cionalis a y pa ió ica de la ciudadanía po el que apos aba el adicalismo
libe al. Además, la llegada de las monjas coincidía con el ea me neoca-
ólico y an ilibe al encabezado po Pio IX, que p e endía es ablece las
cong egaciones eligiosas y seducía a cie os ambien es a is oc á icos. Los
sec o es demóc a as del p og esismo po ugués cap a on las posibilidades
que una «amenaza cle ical» les o ecía y abaja on pa a con e i la en una
palanca con a la polí ica de consenso. Si la amenaza cle ical con a enía
la legislación undado a del égimen cons i ucional, el es o de ac o es
ele an es del campo polí ico debían oma posición. La cues ión eligiosa
podía se i pa a acele a la epublicanización de la mona quía; es deci ,
el p og ama de secula iza el Es ado, acaba con el p incipio he edi a io
en la cáma a de los pa es y, po medio de ese p oceso, de nue o, «ce ca
al ey de ins i uciones epublicanas»26.
Las monjas ancesas habían llegado a Po ugal cuando expi aba el p i-
me gobie no his ó ico y, du an e los dos años siguien es, con un gobie no
egene ado , la cues ión ue muy deba ida: se celeb a on algunas euniones
públicas y hubo polémicas en la p ensa e in e enciones pa lamen a ias.
Pa a el ey, después de un en en amien o diplomá ico con F ancia, lo más
con enien e pa a Po ugal hubiese sido expulsa a las he manas sin hace
de ello un p oblema mayo . Sin emba go, esa solución e a impedida po
la esis encia, con « u ia y obs inación», de la nobleza y los miguelis as,
26 Boni ácio (1999: 348-359).
69
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
según lo eía Ped o V, y ambién según lo demos a on con su mo iliza-
ción27. En 1858 la p ensa adical y la legi imis a compi ie on ecogiendo
i mas pa a sendas pe iciones en con a y a a o de la p esencia de es a
o den eligiosa, que gana on los segundos con 30226 úb icas en e a
7403. En un da o que mues a el ca ác e polí ico singula de la capi al
del eino, en Lisboa se concen aban las i mas con a las he manas (el
79%), la mayo pa e de a esanos, mien as que las úb icas a a o , el
cuád uple, es aban dis ibuidas po odo el país; solo en la capi al había
habido más i man es en con a (5869) que a a o (3557) ¿Qué pe ición
ep esen a ía al pueblo? 28.
En 1860, as dos años de polémica, la cues ión de las he manas de la
ca idad pa ecía empan anada; sin emba go, cuando en julio Loulé omó
de nue o las iendas del gobie no y los his ó icos conquis a on nue os
espacios de pode , se con igu ó una nue a es uc u a de opo unidad
polí ica a o able a la ei indicación an icle ical y ilo epublicana. El sec-
o au odenominado «popula » del p og esismo exigía ac i udes osadas
a Loulé. Además, ac ua con a las he manas ancesas e a cumpli con
la legalidad po uguesa, aunque eso epugnase a algunos sec o es a is-
oc á icos. Como el p opio Ma qués de Loulé pe enecía a los cí culos
a is oc á icos, p esiona en ese sen ido se ía pa a denos a su ibieza en
cuan o p og esis a y cues iona su lide azgo. En esa mo ilización, el clu-
bismo impo ó de la admi ada Ingla e a una nue a y espec acula o ma
de pa icipación polí ica: el mee ing29.
Aunque el mee ing albe gase esonancias de p ác icas an e io es, e a
nue o po su esceni icación del espaldo popula a una p opues a median e
la eunión de una mul i ud. Se celeb aba en un espacio amplio, gene al-
men e abie o (una plaza, un descampado), pues an impo an e e a que
27 Ca a de Ped o V al P íncipe Albe o, en Mónica (2000: 278).
28 C is o ão (1972: 166).
29 Boni ácio (1999: 239-361); Boni ácio (2002a: 78). La impo ancia, pa a los a is óc a-
as de la izquie da libe al, de ‘man ene la ca a’ en los espacios de sociabilidad a is o-
c á icos se cap a bien a lo la go de las memo ias del Ma qués de F on ei a e Alo na
(1986).

70
Diego Palacios Ce ezales
se acumulase mucha gen e como que la eunión uese isible al público.
Había o ado es, como en las euniones de comunicación polí ica, y se po-
dían plebisci a las p opues as, pe o no se a aba de discu i o de oma
decisiones. Los pa icipan es debían da cue po a una supues a opinión
pública di usa y exp esa el olumen del espaldo popula a las p opues as.
El núme o y el alo social de los asis en es —gen e espe able, ob e os,
u ianes, cu iosos, muje es— pos e io men e se ía obje o de dispu a en e
quienes, en la p ensa o el pa lamen o, p e endiesen a ibui un signi icado
u o o al mee ing e in lui en su impac o en el cu so de los asun os polí i-
cos. Después del mee ing la mul i ud podía eco e las calles en co ejo,
acompañando a la comisión o ganizado a allí adonde uese a en ega se
la pe ición30.
El mee ing y los co ejos que acompañaban la en ega de una pe ición
a las co es o al ey, al exp esa la de e minación colec i a de los pa ici-
pan es, esceni icaban un desa ío a las au o idades. ¿E a un mi in dis in o
de una asonada o una sedición? ¿La eunión de una mul i ud signi icaba
coacción sob e las au o idades? Se a aba de una in e ención en el p o-
ceso polí ico que escapaba a los co sés del libe alismo clásico, omando
o mas, como decía Fon es Pe ei a de Melo, «ex añas los cue pos polí-
icos que la Ca a Cons i ucional econocía». La ins i ucionalización del
mi in y, pos e io men e, de la mani es ación calleje a, como o mas de
acción pací icas di e en es a las igu as cubie as po el Código Penal, iba
a ma ca el econocimien o de nue os de echos de in e ención polí ica
pa a la ciudadanía31.
Uno de los clubes adicales lisboe as —que in en aba legaliza se bajo el
nomb e de «Asociación Pa ió ica»—, o ganizó el p ime mi in po ugués
en la mañana del 2 de sep iemb e de 1860, en el Paseo Público de Lisboa.
Acudie on unas quinien as pe sonas, hubo discu sos sob e el pelig o pa a
la libe ad ep esen ado po las monjas ancesas y, pese a los emo es de
30 Las cua o dimensiones ci adas: núme o, alo social, unidad y comp omiso, las des aca
Cha les Tilly como ca ac e ís icas gene ales de la exp esi idad de las o mas de mo ili-
zación del mundo con empo áneo, . Tilly (2004).
31 La ci a de Fon es Pe ei a de Melo in DCD, sesión de 11-iii-1861.
71
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
las au o idades, odo sucedió o denadamen e y los o ganizado es se u a-
na on del ci ismo demos ado.
T as el p ime mee ing el gobie no exigió al obispado de Lisboa que
colocase a las he manas de la ca idad bajo su obediencia y las dispensase
de la u ela ex anje a. Pe o se esis ían y el gobie no no ejecu aba sus
p opias decisiones. La Asociación Pa ió ica con ocó en onces un nue o
mee ing. Loulé, ce cado en e la mo ilización p og esis a y la obs inación
de las he manas, dec e ó la disolución de la o den —en an o que asocia-
ción ilegal— y el emba go de sus bienes. Pa ecía una ic o ia en oda egla
del an icle icalismo, mas muy p on o se hizo pa en e que el gobie no no
p e endía hace se obedece po las he manas y no omaba medidas ejecu-
i as pa a hace e ec i a la disolución. La Asociación Pa ió ica man u o
la con oca o ia del mee ing y, sub ayando el desa ío, anunció que ha ía
pa en e «po el inequí oco a gumen o del núme o, cuál e a el o o del
pueblo»32.
El nue o mee ing se ealizó en el Rossio el 10 de ma zo de 1861 y, as
los discu sos, se e endó una pe ición que se lle ó en p ocesión mul i-
udina ia po la ciudad has a la esidencia de Saldanha, pa a que es e la
p esen ase en palacio. El Ma iscal, el pad e de la Regene ación, en aba de
nue o en la escena polí ica, con i iéndose aho a, y du an e los diez años
siguien es, en la espe anza pa a los adicales de que una espada co ase las
componendas sob e las que se sus en aba la polí ica pa lamen a ia: sin la
acción obs aculizado a de los pa idos, pod ían desmon a se las edes de
co upción de la ida pública y pe mi i el su gimien o de lo que, en é -
minos mo ales, se conside aba «una polí ica e dade amen e nacional»33.
En oc ub e de ese año en e ma on el ey y a ios in an es; o icialmen e,
po una ieb e i oidea. P ime o mu ió el in an e Fe nando y, a 11 de no-
iemb e, el p opio ey Ped o V. Sin emba go, en los concu idos co ejos
de duelo y los men ide os popula es se comenzó a habla de en enena-
32 ARS, 7-iii-1861, ci . po Sa dica (2001: 286).
33 Las en aciones au o i a ias de Saldanha quedan bien e a adas en la conocida ase con
la que sugi ió a Ped o V que, «lib ándose de las co es», el ey y él «pod ían hace elices
a los po ugueses». Lei ão (1945: 313); Boni ácio (2002a: 79).
72
Diego Palacios Ce ezales
mien o. Es e ipo de umo no e a nue o, o maba pa e de un epe o io
adicional de in e p e aciones popula es de las desg acias de la amilia
eal y e e decía un di uso enco popula con a la co e y los polí icos, a
quienes e a común acusa de secues a la olun ad eal, que si uese lib e,
a o ece ía al pueblo. Así, a la mue e de João VI, en 1826, ambién se
había especulado sob e su supues o en enenamien o, mien as que, como
ya imos, la del p ime ma ido de Ma ía II, Augus o de Leuch enbe g,
en ma zo de 1835, p opició dis u bios en Lisboa en los que se acusaba al
Duque de Palmela de habe la p o ocado pa a casa a la jo en eina con
un hijo suyo. Aho a, en 1861, se hablaba de que los polí icos y la co e se
habían deshecho de un ey bondadoso y popula 34.
El 22 de diciemb e de 1861, día del ju amen o y la «aclamación» de
Luis I en las cáma as legisla i as, se supo que ambién el in an e Juan
es aba g a emen e en e mo. La Asociación Pa ió ica edac ó una pe ición
pa a que el nue o mona ca p eca iese su salud y se mudase ue a de Lisboa
y, pa a e enda la, con ocó un nue o mee ing. El gobie no lo p ohibió,
pe o no supo a aja el encadenamien o de acon ecimien os que pasa on a
la his o ia como los « umul os do Na al» [de Na idad].
Pese a la p ohibición, el día 25 po la mañana se o ma on g upos po
el cen o de Lisboa, en Belém en e a palacio y jun o a los minis e ios
—en el Te ei o do Paço— que daban i as al nue o ey y g i aban con a
los en enenado es. La Asociación Pa ió ica lle ó su pe ición al ayun a-
mien o, donde ocupó las salas y o ganizó una umul uosa eunión. De ella
salió una comisión que, acompañada de una mul i ud, es aba de e minada
a p esen a se en palacio. Los mani es an es aba o a on las calles du an e
odo el día g i ando con a los en enenado es. O os g upos apa ecie on
a la pue a de los cua eles, i o eando a las opas y pidiendo que se su-
masen a las mani es aciones35.
34 Pa a Oli ei a Ma ins, «in e ogando al pueblo podía ob ene se su genuina opinión (…):
que « odos los es adis as e an unos es a ado es y que a odos los eyes se los en enena»
Ma ins (1996b: 299-300). Palacios Ce ezales (2009).
35 Rela ó io anexo al DCD, 11-i-1862; pp. 125-126. Chagas y Colen (1907: 188).
73
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
Al igual que en los mo ines de subsis encias de 1856, la oposición ege-
ne ado a y la mino ía cab alis a acusa on al gobie no de Loulé, a pos e io i,
de al a de ene gía a la ho a de dispe sa a los g upos que ocupaban las
calles36.
Pa a en ende la u ilización mode ada de los medios ep esi os, es
necesa io a ende al empo co o en el se omaban las decisiones y a la
complejidad de una si uación con usa, inde inida y luida. Las decisiones
e an a iesgadas, ya que la in o mación e a incomple a sob e lo que es-
aban dispues os a hace el ey, Saldanha, las opas, los minis os… en
suma, los ac o es ele an es en la c isis polí ica. Los adminis ado es de
ba io, los o iciales de la Gua da Municipal y el p opio gobe nado ci il
no enían comunicación con sus supe io es y, si ac uaban po su cuen a
con a las mul i udes, no con aban de an emano con la ce idumb e de su
espaldo en caso de que una acción ep esi a aca ease esul ados ágicos.
No sabían cuál iba a se su posición en el juego de amigos y enemigos
den o de la complicada cons elación polí ica his ó ica, que englobaba
an o al gobie no de «en enenado es» como a los ebeldes de la Pa ió ica
que aho a co ejaban a Saldanha; ni siquie a podían con a con que al i-
nal del día no hubiese cambiado el gobie no y los amo inados se hubiesen
con e ido en los pa e os de un nue o gobie no. El p opio Luis I acababa
de sen a se en el ono, po lo que e a di ícil sabe cual se ía su posición
an e los acon ecimien os.
El juego polí ico del día 25 es aba abie o a a ias posibilidades. Los
g upos pe iciona ios habían solici ado la dimisión del gobie no y i o ea-
do a Saldanha, en cuyo nomb e se habían dis ibuido pasquines en e los
soldados, mien as que los mili a es a da on en asegu a al gobie no que
ac ua ían pa a es ablece el o den. No sabemos qué sucedió en e bas i-
do es, pe o pa ece que el Ejé ci o espe aba a sabe qué hacía el Ma iscal
y, si es e hubie a a anzado, le hubiese ayudado a impone se al ey como
necesa io ecambio del gobie no37.
36 DCD, 21-i-1862.
37 Lenoi (1863: 15); Boni ácio (1999: 325).
80
Diego Palacios Ce ezales
Po o a pa e, las iñas al su del Due o es aban en e mando y, an e
la pe spec i a de pe de las cosechas, los i icul o es buscaban causas. En
B açal, una concesión alemana explo aba unas minas de plomo [chumbo]
y, como los humos que desp endía e an econociblemen e óxicos, la mina
se con i ió en el oco de las i as. En sep iemb e de 1861 hubo a ios
al e cados, con in en os de des ui los ho nos y los alle es de undición.
Las opas p o egían la mina y se ecu ió a gen e «in luyen e y p oba» de
cada municipio, pa a que con enciese a los i icul o es, si éxi o, de que
los humos no causaban la en e medad de las ides. En eb e o de 1862 se
p epa ó una expedición de cas igo con a la mina con ag icul o es de ocho
municipios, algunos a mados. El gobie no pidió más e ue zos a las au o-
idades mili a es, que ocupa on con ue es e enes los pun os es a égicos,
pa a e i a que los con es a a ios pudiesen jun a se52.
La magni ud del desa ío a la polí ica iscal y a la au o idad del Es ado
se ag a ó en la p ima e a de 1862, con un nue o y amplio mo imien o
de p o es a con a las con ibuciones iscales que puso a p ueba el sis ema
de o den público en las p o incias y se saldó con usile ía y la mue e de
a ios ci iles. La p o es a comenzó en la egión del Miño y, po u iliza
una exp esión común en la época, se «con agió» a buena pa e de las e-
giones de T ás-os-Mon es, Coimb a, Cas elo B anco, la sie a del Alga be
y las islas Azo es. En algunos si ios se p o es aba con a la con ibución
e i o ial y los aldeanos in adían las cabezas de coma ca pa a des ui los
a chi os; en o os, como Co ilhã, con a la con ibución indus ial que
se imponía a los abajado es asala iados y en o os, inalmen e, con a
los impues os municipales. Alguien bau izó la p o es a como la Ma ia
Be na da.
52 AMR L13 n.º 196. En España la cues ión ambien al ambién u o su impo ancia en los
conocidos con lic os de Rio Tin o y la masac e de 1888, Fe e o Blanco (1998). Pa a
o os con lic os ambien ales causados po la mine ía en Po ugal, . Guima ães (2001).
Po o a pa e, es as mo ilizaciones no e an las p ime as de ca ác e ambien al que se
p oducían en Po ugal. El cul i o de a oz, con el encha camien o de los campos que
podía a o ece el paludismo, ya había sido uen e de epe idos umul os popula es y de
des ucciones de plan aciones en A ei o y Coimb a du an e la década an e io , REAP,
1858, A ei o; Roque (1985: 253).

81
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
La limi ada p esencia del Es ado du an e los mo ines pe mi ió que
a die an los a chi os públicos en nume osas localidades y nadie pa ecía
se capaz de opone una ue za pública supe io a la de los aldeanos. Po
o a pa e, la colabo ación local con las au o idades del Es ado e a muy
de icien e: «los cabecillas no pueden se cap u ados, ni se puede ob ene
cosa alguna en los au os de in es igación, po que nadie quie e es i ica .
Las au o idades no ienen ue za, ni siquie a apoyo en e el pueblo, pues
eina el mayo descon en o po causa de los excesos de algunos empleados
de hacienda y, en gene al, po el odio al nue o sis ema ibu a io»53.
El gobe nado ci il de B aga buscó «el plan de un mo imien o gene al,
di igido po pe sonas que pe enezcan a un pa ido», pe o no consiguió
descub i lo. Exis ía un males a de ondo con a los impues os que enía
de lejos, y que se combinaba con el abajo de desp es igio de la au o idad,
acusada de i eligiosa po algunos cu as a los que se ca ac e izaba como
miguelis as. Es os no e an muy abundan es, pe o enían cie a ascenden-
cia pun ual en municipios de A ei o, la egión del Miño y la Sie a de la
Es ella. En A ei o, po ejemplo, un pá oco negaba la con esión a quienes
comp asen bienes desamo izados de las co adías. En una pa oquia de
Vila Ve de (B aga), el abad, como du an e los años del llamado cisma,
explicaba al pueblo que «no debía obediencia al gobie no», pues «el e an-
gelio solo ecomienda obediencia cuando el gobie no abaja po el bien
del país» y no cuando, como en onces, «es aba compues o po p o es an es
y enemigos de la eligión». Además, una ez iniciada la mo ilización en el
Miño, descon en os polí icos de dis in o signo abaja on po mo iliza a
la gen e con a los impues os en o as localidades, y apa ecie on pasquines
con a el gobie no. Sin emba go, pese a es a agi ación de ondo, y a que
algunos p óce es miguelis as mo ilizasen a sus homb es de con ianza, pa-
ece que los umul os espondían a un descon en o local con los impues os
y a lide azgos ambién locales54.
53 AMR, Mç 3004, L13 n.º 1092, 12- -1862.
54 Rela ó io do gene al Cm e. da 6ª Di isão Mili a , 20-VI-1862, en AMR, Mç 3004 L13 n.º 1092.
82
Diego Palacios Ce ezales
Po su pa e, los « ímidos habi an es» de las sedes u banas de los
municipios, desp o is os de ue za a mada que los p o egiese, se esig-
naban a asis i a la in asión y a con empla el deso den y los «desaca-
os». Las cosas cambiaban cuando llegaban las columnas mili a es pa a
p o ege a las au o idades. «Po expe iencia sé bien cómo se compo an
las e oluciones popula es», decía el gene al al mando de la di isión de
Opo o al gobe nado de B aga, «que e i an mani es a se allí donde hay
opas». Es aba dispues o a en ia des acamen os allí donde los solici-
ase el gobe nado ci il, y es aba segu o de su capacidad disuasi a y de
la supe io idad de la ue za mili a sob e los «amo inados», que enían
poca capacidad bélica55.
La e icacia disuasi a de las opas e a eal y su exhibición solía bas a
pa a calma la si uación, pues «el pueblo se desbanda al e el aspec o
imponen e de la ue za a mada». Sin emba go, cuando el des acamen o
se opaba con los ebeldes en plena aena, o cuando es os se enca aban
con las opas, la imposición de su au o idad implicaba dispa a sus a mas
de uego y, en consecuencia, algunos mue os y un egue o de he idos.
En Ama es (B aga), la in an e ía dispa ó con a los «amo inados que la
habían ag edido», ma ando a algunos y causando muchos he idos. En
Belmon e (Cas elo B anco), «habiendo sido ag edida la opa (…) esul ó
la mue e de dos muje es y nume osos he idos»56.
Du an e la ep esión de es as e uel as popula es, y siguiendo los p in-
cipios es ablecidos po Cos a Cab al en 1842, las opas del Ejé ci o e an
el ecu so coe ci i o p incipal. Sin emba go, la p eeminencia del pode
ci il e a no able. A di e encia de lo que sucedía en España, con la e-
cuen e decla ación del es ado de si io y el juicio mili a a los de enidos,
en Po ugal se espe aba un p o ocolo ci ilis a. Muchos e an los ca gos
públicos que in e enían y la maquina ia chi iaba a menudo, po lo que
unos y o os se quejaban de la al a de ino, olun ad o celo del es o de las
adminis aciones, pe o eso no solía signi ica que los mili a es, pese a se
55 AMR, Mç 3004, L13 O icio 1092, mayo de 1862.
56 AMR, Mç 3004 L13 OFICIO 1092, 22- -1862, Ídem,
83
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
los indispensables en úl imo é mino, asumiesen po su cuen a el mando
de la si uación. Los ci iles es ablecían el alcance de las ac i idades ep e-
si as de los mili a es y no se suspendían las ga an ías cons i ucionales,
de modo que los de enidos e an juzgados po «sedición» o «asonada» en
los ibunales o dina ios. Aunque como en España la ju isdicción mili a
con a las p o es as popula es había sido común en el An iguo Régimen,
desde la e o ma del eglamen o del Ejé ci o po ugués de 1816, espon-
sabilidad del ma iscal b i ánico William Be es o d, se había impues o una
p imacía de la ju isdicción ci il en es os casos57.
A la ho a de coo dina el disposi i o de o den público, la in o mación
sob e las amenazas a es e la e aluaba sob e el e eno el adminis ado do
concelho. En algunas ocasiones, el mo ín podía pilla le de imp o iso, con la
llegada de los aldeanos a la cabeza del municipio. O as eces podía ecibi
con an elación la p e isión de desó denes si, po ejemplo, un ecino o un
egido de pa oquia, a pie o a caballo, acudía a él pa a in o ma le de las
amenazas que se aguaban o del signi icado de un lejano epica de cam-
panas58. Cuando en o os municipios el descon en o ya se había as o ma-
do en acción y se emía un «con agio», e a no mal que desde el gobie no
ci il se pidiese a los adminis ado es que u giesen la labo in o ma i a
de los egido es, pa a e i a la so p esa. Una ez consignado el pelig o,
el adminis ado , po elég a o o, si la línea es aba aún po cons ui , po
co eo a caballo, pedía al gobe nado ci il las ue zas necesa ias. A su ez,
el gobe nado di igía el pedido al gene al al mando de la di isión mili a
en la que se encon ase el municipio amenazado. Es e elegía una unidad
y ponde aba cuán as «bayone as» (soldados) o «caballos» e an necesa ios
pa a cumpli la misión. No malmen e edondeaba a la baja el pedido de
las au o idades ci iles, con iando en la supe io idad de las opas bien a -
madas y encuad adas en e a g upos de paisanos mucho más nume osos.
57 Po ugal (1816). Especialmen e a . xxx n.º 2 y a . xxxii n.º 7. Has a en onces a los
ci iles po ugueses se les podía aplica el o o mili a po los dic ámenes [al a ás] de
20-xii-1784 y 10- iii-1790, que con el eglamen o de 1816 queda on sin e ec o. Pa a
con as a con lo que sucedía en España, . Ballbé (1984).
58 Un caso apa ece bien ilus ado en B andão (1990).
84
Diego Palacios Ce ezales
En el espec i o cua el se o ganizaba la ma cha, se designaba un coman-
dan e pa a la columna y es a pa ía hacia el luga con enido. T as uno o
dos días de ma cha (el eglamen o indicaba 30 km po día), el comandan e
del des acamen o se ponía a disposición del adminis ado . Es e buscaba
alojamien o pa a odos y les asmi ía la in o mación necesa ia pa a su
ac uación.
Los iempos de espues a, en e la amenaza y la llegada de la ue za
mili a , e an a iados, y dependían de las comunicaciones y la disponi-
bilidad de opas lis as pa a el se icio. En p ime luga , odo a iaba en
unción de la exis encia, o no, de líneas eleg á icas pa a asmi i las in-
o maciones en e odos los pa icipan es en la ope ación. A eces, en ia
un des acamen o esul aba imposible po que los cua eles se encon aban
casi acíos, al habe sido la adminis ación incapaz de hace cumpli las
cuo as de eclu amien o a los municipios o, en o as ocasiones, po que los
soldados en ac i o se encon aban despe digados en pequeñas ue zas ea-
lizando unciones de policía59. La dimensión que omó la e uel a de 1862
en la Di isión Mili a de Opo o (que se supe ponía impe ec amen e a
los dis i os de Opo o, B aga y A ei o) o zó que se pidiesen opas de
o as di isiones mili a es, pues su comandan e no podía desgua ece la
ciudad de Opo o pa a ocupa mili a men e odo el dis i o de B aga60.
Muchas eces, al e se sin espaldo mili a , las au o idades locales y
los unciona ios de hacienda huían an e la in asión de los «po os» de las
pa oquias u ales, lle ándose con ellos la documen ación que pudie an
sal a . Pe o no siemp e los adminis ado es se esignaban a esa sue e. En
algunas ocasiones se buscaban sus p opios medios pa a esis i y pedían
colabo ación a sus conciudadanos. Po ejemplo, en Oli ei a do Hospi al
(dis i o de Coimb a), el adminis ado encabezó una ue za de egido es
de pa oquia y cabos de policía, pa a los que consiguió a mas. A su ez,
en Co ilhã, donde las au o idades se en en aban, po una pa e, con un
en o no se ano con ue e implan ación de un cle icalismo polí ico de aíz
59 REAP, 1858 y 1860, Fa o; ídem, 1858, San a ém; Ídem, Coimb a, 1860.
60 MR, Mç 3004 L 13 n.º 1092.
85
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
miguelis a y, po o a, con una de las pocas poblaciones ob e as del in e io
del país (se conocía a es a illa lane a como «el Manches e po ugués»),
du an e las p o es as popula es al adminis ado lo lanqueaban odos los
magis ados locales, un des acamen o mili a y, ambién, «los p incipales
ab ican es», que eje cie on de in e locu o es con la gen e mo ilizada61.
En el dis i o de Vila Real de T as os Mon es, cuando llega on las
no icias de los mo ines del Miño, apa ecie on pasquines decla ando la
«gue a al nue o sis ema ibu a io y a los in e en o es de hacienda». El
14 de mayo, «algunos homb es eco ie on las calles de Cha es a mados
de palos y hoces, daban g i os de ‘mue a el esc ibano de hacienda’ y ‘abajo
los nue os ibu os’»; e a día de me cado y la aglome ación de gen e ba-
jada de las aldeas ecinas se ans o maba ácilmen e en umul o. Pa ece
que, como en o as ocasiones, había co ido el umo de que las opas
iban a suma se al mo imien o popula , pe o «la in an e ía y la caballe ía
ca ga on con a el pueblo, poniéndolo en desbandada sin he idas g a es».
Además, se de u o a algunas pe sonas y se es aban ealizando los espec-
i os au os de in es igación62.
Con es e p eceden e inmedia o y «a en o a la p edisposición de los
espí i us», el gobie no ci il se hizo ca go de la amenaza y «pa a a aja
los deseos de quienes a izan el uego de la disco dia» omó medidas. Lo
que había sucedido du an e la Ma ia da Fon e «demos aba» que «siendo
siemp e con enien e e i a odos los acon ecimien os que puedan in lui
desag adablemen e en el o den público, (…) con enía p e eni la meno
al e ación, que pod ía o na se de incalculables consecuencias». El go-
bie no ci il de Vila Real enseguida es ableció «co espondencia dia ia
con los adminis ado es de concejo y con el cua el gene al de la di isión
mili a » y pidió opas pa a gua nece las illas de Cha es y Vila Real «y
61 Telg . del adminis ado de Co ilhã al GC de Cas elo B anco, 8- -1862, AMR, Mç 3004 L13
n.º 1092.
62 Rela ó io dos acon ecimen os e oco ências que i e am luga no Dis i o de Vila Real du an e
a épocha deco ida de 29 de ab il a 2 de Julho do co en e ano de 1862. Manusc i o, AMR,
Mç 3004 L13 n.º 1092.

86
Diego Palacios Ce ezales
pa a acudi a cualquie e en ualidad que se pudiese da en cualquie a de
los espec i os municipios o limí o es»63.
El gobe nado ambién omó medidas p e en i as o iginales. Pa a con-
a es a la «sacudida [abalo] en los ánimos de los habi an es causada po
las no icias del Miño apa ecidas en la p ensa de Opo o», decidió mos a
el comp omiso de la au o idad con el o den público y deja cla o que no
se anda ía con mi amien os. Recopiló los eleg amas que ela aban los
episodios más sang ien os de la ep esión de los umul os en el dis i o
de B aga y los di undió en hojas imp esas que hizo dis ibui y anuncia
públicamen e po odo el e i o io a su ca go. Según cuen a, su inicia i a
«p odujo un e ec o disciplinado ».
Po si ue a poco, ins ó a que en cada municipio se euniesen comisio-
nes compues as po el adminis ado , p esiden e da câma a, pá ocos y
«demás pe sonas in luyen es», pa a que «se moneasen a los pueblos mode-
ación y o den». Según ela ó después al Minis é io do Reino, es as au o-
idades colabo a on pa a hace pública la ci cula en odos los municipios,
le pidie on más ejempla es pa a ija en luga es isibles y los pá ocos se
habían «p es ado a lee y aconseja a los elig eses la doc ina de la e e ida
ci cula en las p opias misas»64.
El gobe nado se man u o a en o a lo que sucedía en los di e en es
municipios y los días de me cado e o zaba los pique es mili a es, pa a
«en ia los ánimos» y e i a que los «los p ime os sín omas umul ua ios
se ans o men en desaca os». La gen e se eunía, daba i as al ey y al
Ejé ci o, pedía la mue e del esc i ão y g i aba con a los ibu os y los
nue os pesos y medidas pe o, cuando las opas o maban, «el ca ác e
imponen e de la ue za a mada esol ía la cues ión sin de amamien o de
sang e, log ando dispe sa al pueblo».
Pese al éxi o de la ocupación mili a , la ope ación e a insos enible po
la apa ición de mo ines en los dis i os ecinos, que eque ían las opas.
Finalmen e se escol a on los papeles públicos de las dis in as coma cas del
63 Rela ó io... ibid.
64 Ídem, 24- -1862.
87
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
dis i o has a la ciudad de Vila Real, donde se cus odia on con un e ue zo
mili a du an e ece días, «impidiendo la in asión popula »65.
Las medidas ep esi as consiguie on que el e ano pasa a con más
calma, aunque la des ucción de la documen ación iscal y la amenaza
de nue as mo ilizaciones habían sub ayado los lími es a la capacidad del
gobie no. Como colo ón a dío, es a mo ilización popula se encadenó
con un p onunciamien o mili a de poco éxi o, la e uel a de B aga de
sep iemb e de 1862, con la consecuen e suspensión de ga an ías cons i u-
cionales en ese dis i o du an e 18 días. Esa écnica ju ídica, el es ado de
excepción, no se usaba desde 1847 y no ol e ía a emplea se has a 189166.
La capacidad del Es ado po ugués pa a impone se e a eal, pe o limi-
ada. Como hacía años que había desa mado a las gue illas y milicias, el
Ejé ci o podía acudi a cualquie pun o del e i o io sabiéndose supe io a
los ebeldes. Además, los nue os usiles En ield del Ejé ci o, de mayo ca-
dencia y p ecisión, le o o gaban una en aja c ecien e en e al a mamen o
de caza y los mosque es con que podían con a las poblaciones. Un peque-
ño inc emen o en la cadencia, p ecisión o dis ancia del i o de las opas,
aumen aba exponencialmen e su en aja en cualquie en en amien o con
g upos a mados con ecnologías an e io es. Como a i maba el comandan-
e de la di isión mili a de Opo o, «cua en a homb es a mados con los
nue os usiles, bas an pa a cua o o cinco mil paisanos». El di e encial de
capacidad bélica hacía más eal la olun ad de monopolio de los medios
coe ci i os po pa e del Es ado67.
Las di icul ades logís icas y de comunicaciones e an el alón de Aquiles
del man enimien o del o den público en p o incias. Lo segui ían siendo
65 AMR, Mç 3004 L13 n.º 1092. Un análisis de más casos en Palacios Ce ezales
(2007b).
66 Diá io de Lisboa n.º 209 de 16-ix-1862; e ídem, n.º 255 de 3-x-1862. AHM, secç. 29, cx 1
n.º 49.
67 Telg . del Cm e. de la Di isión de Opo o AMR, Mç 3004, L 13 O icio 1092, 5- -1862;
Coelho (1877: 322); Sob e los di e enciales de capacidad bélica, aunque en con ex o
colonial, Telo (1994b). En especial, el capí ulo i , «Tecnología e Te cei o Impé io» pp.
133-197.
88
Diego Palacios Ce ezales
mien as no mejo asen las comunicaciones, lo que po o a pa e e a una
de las p io idades del «consenso egene ado » a a o del omen o ma e ial.
La eleg a ía óp ica, as algunas expe iencias du an e las in asiones
ancesas, se había implan ado en Po ugal en la década de 1820. En 1828
había 340 km de línea, con 27 pues os que cub ían el apecio o mado
po Lisboa, Opo o, Coimb a y El as. Du an e las dos décadas siguien es,
el con ol o icial de las comunicaciones eleg á icas había dado en aja al
gobie no en e a la oposición, pues ecibía an es la no icia de esul ados
elec o ales, mo ines, e uel as o insu ecciones en las o as ciudades, no-
icias que a la oposición llegaban, po ía ma í ima o e es e, con dos o
es días de e aso68.
La eleg a ía eléc ica comenzó a cons ui se a pa i de 1855. P i-
me o unió Lisboa con Opo o, Sin a, Ma a y El as, en la on e a con
Badajoz, lo que conec aba la línea po uguesa con la in e nacional. Había
amales locales de elég a o eléc ico en Fa o y B aganza an es de 1860, en
los ex emos su y no e del país, y p on o se uni ían odas las capi ales de
dis i o. En 1859 había 43 es aciones de eleg a ía eléc ica; en 1862, 67;
en 1867, 115. Los adminis ado es podían aho a comunica mucho más
ápido con los gobe nado es ci iles, y es os con los comandan es mili a es
y con el Minis e io. Podían da ins ucciones y solici a acla aciones casi
en iempo eal, pa a coo dina ágil y lexiblemen e la mo ilización de
ue zas. Consecuen emen e, des ui los pos es del elég a o se con i ió
en un obje i o habi ual de los mo ilizados du an e los umul os de las
décadas siguien es69.
La cons ucción de ca e e as y, sob e odo, el desa ollo del e oca il,
al pe mi i el anspo e de opas, ambién a o ece ían con el iempo esa
educción de los iempos de espues a, aunque du an e odo el siglo xix se
siguió usando el anspo e ma í imo cos e o.
68 F on ei a e Alo na (1986).
69 Al es y Vilela (1995: 15-17); Lopes da Sil a (2003).
89
P o es a popula y ep esión en «el país más libe al»
el es ado y la iolenCia
Con an a agi ación y an a iada como hemos ido desg anando, puede
esul a di ícil man ene las a i maciones sob e la mansedumb e de los
po ugueses de la época. No obs an e, hay que des aca que, pese a la
ensión, la iolencia sob e las cosas y los g i os de mue a al o mue a cual,
du an e la década que hemos analizado ue a o que los pa icipan es en
los dis u bios ag ediesen a pe sonas de o ma g a e.
Po o a pa e, pocas eces hemos is o a las opas dispa a con a la
población ci il pa a man ene el o den. En Lisboa, du an e las p incipa-
les ope aciones de dispe sión de los g upos umul uosos, se u ilizaba a la
caballe ía, la cual, al ca ga golpeando con la pa e plana del sable, di í-
cilmen e p o ocaba he idas g a es. En p o incias, en cambio, las opas
mo ilizadas solían se de in an e ía o de cazado es (in an e ía lige a), que
a madas con usiles y bayone as, podían más ácilmen e causa he idas
g a es y mue es. Los gobe nado es ci iles p e e ían la caballe ía, pe o
es a e a escasa y ca a. Po eso, si en muchos de los mo ines de p o incias
analizados no hubo escenas de usile ía, eso se debió a los p oblemas de
logís ica: a que las opas llegaban a de a los mo ines. Po o a pa e,
cuando había p esencia p e en i a de opas, solían se su icien emen e
disuasi as y no necesi aban usa la ue za pa a con ola las «asonadas».
A endiendo a es as obse aciones, y a despecho de muchos es udios,
la iolencia y los mue os no pueden se un buen indicado de la con lic-
i idad. Pa a explica que en un episodio de con lic i idad haya iolencia
popula o ep esión sang ien a, pa ece necesa io a ende a la in e acción
en e quienes p o es an, quienes en sus de echos a acados po los amo-
inados y las au o idades. Du an e esa in e acción es impo an e ene
en cuen a, po una pa e, lo que es á en juego —lo eclamado po los
amo inados— y, po o a, la esis encia que se eje ce con a la consuma-
ción de sus obje i os. Si no había ue za pública, no había ep esión; si la
había y esul aba disuasi a, ampoco; solo cuando los mo ilizados c eían
que los soldados no dispa a ían con a ellos y se esis ían a las ó denes de
dispe sión, acababa habiendo dispa os y mue os. Finalmen e, hay que
96
Diego Palacios Ce ezales
zación de la población en una cul u a cí ica pa icipa i a; una población
que siguió siendo mayo i a iamen e anal abe a, incapaz de a a p o e-
chosamen e con un Es ado a inche ado en p ocedimien os bu oc á icos
—eso é icos pa a el no al abe izado— y, consecuen emen e, polí icamen e
inac i a o dependien e de las éli es que mediaban en e las comunidades
locales y el Es ado7.
No hay que imagina la ocupación del e i o io po pa e de las
genda me ías decimonónicas como análoga a la de las densas mallas
policiales de la ac ualidad; pe o en España, po ejemplo, en las íspe as
de la e olución de 1868 la Gua dia Ci il ya aba caba el conjun o del
e i o io, y los 13 780 e ec i os se dis ibuían en una ed de e cios y
cua eles que seguía las p incipales ías de comunicación8.
Sin genda me ía, en Po ugal el Es ado no es aba p esen e de la mis-
ma mane a que en o os países. «La ac ual policía de nues as p o incias,
hecha po cabos y egido es obligados a un se icio g a ui o y pesado»
esc ibía un gobe nado «equi ale casi a la al a absolu a de o ganización
policial; al a la ue za a mada necesa ia pa a asegu a la acción de la
au o idad»9. La ley nacional y las decisiones judiciales dependían, en un
g ado supe io , de la colabo ación de las éli es pe i é icas: ellas monopo-
lizaban la in o mación local y la capacidad de llega has a los ciudadanos.
En o os países, la genda me ía pe mi ía a los gobe nan es obse a el
e i o io y espalda la ejecución de las polí icas públicas; e a un ins u-
men o independien e de las elaciones de pode locales y, po lo an o,
suscep ible de amino a las ilegalidades y las injus icias p oducidas po la
pa imonialización del pode .
Es di ícil medi los e ec os del despliegue de una genda me ía sob e la
c eación de un espacio polí ico nacional. ¿Cómo hubiesen sido las cosas
7 Sil ei a (1998); Cab al (2006). La ausencia de pode es in e medios en el An iguo Ré-
gimen en Mon ei o (2003). La homogeneidad cul u al como debili ado a del po encial
de poli ización de los con lic os en Po ugal, en Valen e (1981b: 354).
8 Los mapas de su despliegue en 1868, elabo ados po En ique Ma ínez Ruiz, en López
Co al (1995: 168-169).
9 REAP, 1858, Beja.

97
Un Po ugal de imposible adminis ación
en F ancia, o en España, sin su p esencia? No lo sabemos, pe o no es
di ícil a en u a que la sociedad y la ida polí ica hubiesen sido di e en-
es. Si a endemos al modelo clásico de la c eación de espacios polí icos
nacionales, es os cue pos eje cen, en p ime luga , un se icio público
in eg ado : p e ención o esolución de c ímenes, p o ección de las ías
de comunicación y auxilio a la población en caso de incendios u o as
calamidades. En muchos países ue on el p ime se icio público que las
poblaciones ecibie on a cambio de sus impues os. Además, la exis encia
de un cue po policial nacional pudo a o ece la des inculación de la
in e p e ación de la ley de los in e eses de los no ables locales, pe mi-
iendo a las poblaciones emancipa se de su u ela y hace uso di ec o de
los ins umen os legales del sis ema ju ídico. También pudo e o za la
independencia y la e icacia del sis ema judicial. La iscalización ex e io
sob e las éli es locales, e o zada po una genda me ía, a su ez, pe mi e
con ola el incumplimien o de la ley po pa e de quienes ienen algo que
ocul a , disminuyendo el aude y pudiendo gene a cí culos i uosos de
comp omiso con el bien público10.
la PoliCía de la P o inCia
Como ya esbozamos en el p ime capí ulo, la es uc u a adminis a i a
po uguesa que se comenzó a edi ica con los dec e os de 1834 cons i uía
un sis ema pi amidal de a ios escalones, edi icado de la cima hacia la
base, en el que la base es aba compues a po ciudadanos sin encuad a
o ganiza i amen e, los cabos de policía, que se ían po obligación. Pa a
el gobe nado de Beja, la acción de la au o idad solo llegaba, y con di i-
cul ad, a las cabezas de municipio, sin se capaz de alcanza al es o de
pa oquias11.
Los gobe nado es de p o incias en idiaban el sis ema policial de Lis-
boa y Opo o, donde sus colegas con aban con las Gua das Municipales.
10 Emsley (1999: 145-146). Sob e la gene ación de legi imidad, . Le i (1997);
B ai hwai e y Le i (1998); Cab al (2006).
11 REAP, 1858, Beja.
98
Diego Palacios Ce ezales
No obs an e, e a la insu iciencia de la policía en esas dos ciudades lo que
p eocupaba más al gobie no cen al: la Gua da Municipal, con su mili-
a ización, no p es aba un se icio policial mode no y, en el imagina io
compa ido de las éli es po uguesas, jun o a la iluminación pública, la
salub idad de los p oduc os en en a, la o denación de la es uc u a u bana
o la canalización de los despe dicios, la policía e a una in e sión mode -
nizado a necesa ia, siemp e con la is a pues a en el camino ma cado po
los países de e e encia: Ingla e a, F ancia y, en meno medida, Es ados
Unidos, Alemania o España12.
Eça de Quei ós, en uno de sus p ime os abajos pe iodís icos, no hacía
más que epe i un discu so manido cuando desc ibía en onos g ises la
si uación po uguesa. Según ep ochaba al gobie no:
La policía es á pe ec amen e abandonada, la iluminación impe cep-
ible, la cons ucción de la ciudad es ap a pa a las emboscadas (…) No
hay pa ullas, ni igilancia, ni ondas, ni p o ección; po la noche se
abandonan las calles a los malos ins in os, a los agabundos, a quienes
quie en hace el mal; (…) Todo lo que cons i uye una buena policía
de la ciudad, que es la glo ia de Pa ís, Be lín o Lond es, se ol ida
aquí comple amen e. No que emos deci que hayan de apa ece ya los
g andes medios de segu idad y igilancia que ienen esas ciudades. (…)
An es de que haya mejo as adminis a i as, ob as de embellecimien o,
edi icaciones, es a es la p ime a condición de la ida social: la policía.
Sin ella, la ida es un sob esal o cons an e. (…) La poca policía que hay
es a bi a ia, desidiosa, inconsecuen e. Dependien e de pa onos, amis-
ades e in luencias. (…)13.
Los egido es de pa oquia y los cabos de policía e an, pa a algunos
obse ado es, una «in ención po uguesa, sin pa ecido en o os países»14.
Si bien igu as policiales no p o esionales sí exis ie on en o os países,
12 Lenoi (1863). REAP 1858, A ei o. Sob e la policía como se icio público mode no,
Monkkonen (1981).
13 Dis i o de É o a, n.º 12, 17-ii-1867. Aho a en Quei ós (1985: 54-55).
14 Bulhões (1867: 124).
99
Un Po ugal de imposible adminis ación
pe cepción de esa singula idad sí mues a el p o agonismo pa icula de
la policía no p o esionalizada en el Po ugal de la segunda mi ad del siglo
xix, o zado po la ausencia de una genda me ía.
El adminis ado de cada concejo es aba subo dinado al gobe nado
ci il. En su municipio, en e o as a ibuciones, le compe ía la supe in-
endencia de los asun os de policía, auxilia a los empleados de hacienda,
iscaliza p isiones, escuelas y co adías, cuida de la salub idad de los
es ablecimien os públicos, ealiza au os de in es igación de los c ímenes
que se come iesen, p e eni y ep imi ac os con a el o den público,
cap u a y manda cap u a a los c iminales, ealiza egis os o concede
licencias de a ios ipos. Como la emune ación e a escasa y no suponía
adqui i el ango de unciona io, pues se a aba de un ca go de con ianza
polí ica, solían eclu a se en e los no ables locales de cada municipio o
los mili a es e i ados allí esiden es. En algunos luga es e a di ícil en-
con a gen e dispues a y con o mación académica supe io , como exigía
el Código Adminis a i o. La al e na i a e an los jó enes licenciados en
de echo, que podían inicia así una ca e a polí ica o bu oc á ica. Pa a un
jo en con ambiciones, se nomb ado adminis ado de un municipio de
e ce a, y eco e el país ascendiendo a uno de segunda o p ime a ca e-
go ía, suponía —al igual que se delegado de p ocu ado egio ( iscal) u
o os ca gos a los que habili aban los í ulos uni e si a ios— una o ma de
hace se conocido en e los no ables de p o incias, adqui i la con ianza de
un gobe nado ci il, es ablece amis ades y complicidades polí icamen e
en ables y, en el u u o, pode habla con la au o idad de alguien que co-
nocía el país más allá de su localidad de o igen, la Coimb a uni e si a ia
y el mundo polí ico de Lisboa15.
El mismo pa ón de di icul ades de eclu amien o se epe ía, aumen a-
do po la escala, con sus subo dinados, los egido es y los cabos, ecinos de
cada pa oquia a los que se les obligaba a se i al pode cen al. Además
15 Código Adminis a i o de 1842, Ed. Ano ada de 1865 pp. p. 533; Código Adminis a i o
de 1878, a s. n.º 202, 203 y 204. REAP, 1858, Cas elo B anco. Sob e la ca e a polí ica
de los adminis ado es, Cab al (1929); Ramos (2001: 77).
100
Diego Palacios Ce ezales
de obedece las ó denes di ec as de su supe io y colabo a en la ealiza-
ción de los censos iscales y pa a el eclu amien o mili a , el egido debía:
igila la policía de las euniones en las iglesias, haciendo que en esas
ocu encias se man enga el o den, deco o y espe o debido a los ac os
públicos eligiosos, y bien así en las euniones po ies as públicas,
e ias y me cados. ( ) También las casas de huéspedes, las abe nas,
las casas de juego y las de p os i ución, eje ce la policía sob e los
iandan es, in ima en nomb e de la ley la dispe sión de mul i udes
que amenacen iña o deso den, ( ) p ende , o hace p ende , cualquie
indi iduo en lag an e deli o, dando pa e de allado de los hechos que
mo i en la p isión, que se á emi ida al p ocu ado egio [ iscal] o al
juez espec i o; igila a los agabundos y u bulen os, p ende o hace
p ende dese o es ( ) [o] a a de los expósi os16.
Pa a ecibi auxilio en sus unciones, el egido con aba con los amosos
cabos de policía. En 1848 se legisló que se eclu ase un cabo po cada ocho
hoga es en las pa oquias u ales, y uno po cada doce, en las u banas.
Aunque hay es imonios que hablan de los as os ejé ci os de cabos del
gobie no de Cos a Cab al en 1848, pa ece que esa an al a p opo ción no
signi icó nunca mucho en é minos de e icacia policial17. Su nomb amien-
o e a de obligado cumplimien o, aunque anual y solo eno able si el ciu-
dadano designado acep aba la eno ación. Además, los cabos no pe cibían
más emune aciones que algunas g a i icaciones po se icios y po cen ajes
de algunas mul as. Los p i ilegios que adqui ían: no aloja a las opas de
paso po el municipio ni paga aquellas con ibuciones municipales que
se p es asen en o ma de abajo, pa ece que no compensaban un se icio
«algunas eces a iesgado y casi siemp e odioso»18.
16 Pa a una lis a ex endida de unciones: Cama a (1855); Cama a (1856).
17 La p opo ción en las ins ucciones de 19-i-1848, en Diá io do Go e no, 20-i-1848; Cos a
(1935: 137), San os (2001); Ca oga (2006); Sousa (2007).
18 REAP, 1858, Lisboa.
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Un Po ugal de imposible adminis ación
«Debiendo es os luga es se eje cidos po ciudadanos en e los más
au o izados de cada pa oquia, a in de que po su in luencia y supe io i-
dad sob e los ecinos puedan se espe ados y obedecidos en sus ó denes
y consejos cuando se a a de man ene el sosiego y la segu idad pública»,
esc ibía el gobe nado ci il de Cas elo B anco, «sucede lo con a io».
Nomb a los y da les ó denes, como consignaba el Código, e a «gana se
un enemigo polí ico» y acababan eje ciendo el ca go ciudadanos «sin es-
pe abilidad ni es ímulo»19.
Los in o mes de los gobe nado es sob e los cabos epi en los mismos
emas: al a de candida os pa a eje ce olun a iamen e el pues o, ecu so
a gen es de baja condición, ine icacia de i ada a la al a de p o esionalidad,
de in e és o de espe abilidad y, po o a pa e, exceso de complicidad
en e los enca gados de la policía y las poblaciones en las que desa olla-
ban su misión, de las que es aban más p óximos que de las au o idades.
Además, los cabos de o igen humilde necesi aban su iempo pa a abaja :
«cada ho a de se icio signi ica una p i ación más pa a la amilia y un bo-
cado menos de pan pa a sus hijos, po lo que no son ni pueden se nunca
los agen es a quien la ley con p o echo emplee pa a la igilancia ac i a,
pe manen e y e icaz, que eclaman los a iados e impo an es in e eses
que la policía iene que p o ege »20.
El gobie no cen al, a su ez, se desen endía de los cabos. Les des inó
algunas pa idas de e ól e es, pe o en gene al se abs u o de concede -
les a mas, uni o mes y co eajes que pod ían habe ans o mado a los
ciudadanos-policía en agen es del o den más espe ados. A al a de pode
disciplina los, ambién emía que se con i iesen en malhecho es a mados
a cos a del e a io público. «Es i iso io en a en una población y e a
esos indi iduos a mados con una escope a, lle ando sin ga bo co eas y
o namen os mili a es», esc ibía un o icial, «go osos (…), idículos, dispe -
19 REAP, 1858, Cas elo B anco. F ases simila es en REAP, 1865, Po aleg e. Ídem, 1860,
Ho a.
20 REAP, 1864, Funchal; a gumen os equi alen es en REAP, 1864, B aga. REAP, 1862,
Coimb a.

102
Diego Palacios Ce ezales
sos y sin se una e dade a ue za [su a mamen o solo si e] pa a eja los
in e eses de los ciudadanos»21.
Finalmen e, los municipios podían ene sus p opios «o iciales de di-
ligencias», «celado es» y «gua das u ales», dedicados a se i de men-
saje os pa a las au o idades locales y a mul a las con a enciones de las
o denanzas municipales [pos u as]. Sabemos que en el dis i o de Cas elo
B anco, en 1867, solo en 9 de los 14 municipios había un celado . Como
sucedía con los cabos, su capacidad pa a eacciona an e casos de deso -
den público e a mínima y «si e an u ilizados pa a se icios de segu idad
se exponían a la desobediencia y la asonada [assuada] pública». Si acaso,
apa ecen desencadenando con lic os cuando gene aban esis encias en su
ac i idad ecauda o ia pa a los ayun amien os o ep imían el uso comunal
de ie as desamo izadas22.
Pa a la policía u al, en las épocas en que e a más necesa io igila los
campos con a los obos, los gobe nado es solici aban el auxilio especial
de los mili a es, que ecibían una g a i icación pa icula po pa e de
los p opie a ios ag ícolas. Así, po ejemplo, en Cas elo B anco, du an e
sep iemb e y oc ub e, cuando las dehesas [mon ados] es aban llenas de
bello as y «los pueblos ecinos acudían a hu a las has a el pun o de hace
des allece al ganado suíno po al a de sus en o», la p ác ica e a, «desde
hace muchos años», concede un des acamen o mili a a las ó denes del
gobe nado ci il que eco iese los mon ados disuadiendo a «los pueblos»
y p o egiendo los bienes de los p opie a ios23. Pese a que es os se icios
solían p es a se con egula idad, los p opie a ios los conside aban insu i-
cien es, ambién po que los de enidos a a ez ecibían condena judicial24.
21 Mendonça (1866: 25).
22 No as de la edición o icial de 1865 al Código Adminis a i o de 1842; REAP, 1866,
Cas elo B anco; In o me del GC de Madei a a la Jun a Gene al del Dis i o, 1876, p. 5.
Ne o (1982); Vaquinhas (1995: 116-118).
23 Los en ecomillados, CCO del MR con el MG, 30-ix-1869 en Regis o de Co espondência
expedida ela i a à segu ança pública das p o incias do no e. MR L19 n.º 1211, Li o 1702.
24 J. J. Vaz P e o Gi aldes «Os pas os comuns» en A chi o Ru al, ol. , 1862, ci . en Ca-
b al (1974: 239-240).
103
Un Po ugal de imposible adminis ación
El se icio policial del ejé ci o no se pa ecía al de una genda me ía, ya
que ni los soldados ni los o iciales es aban in es idos de au o idad ci il,
po lo que no podían ac ua po inicia i a p opia. Su acción en la es e a
ci il es aba subo dinada a las indicaciones de los gobe nado es, adminis-
ado es, egido es, iscales o jueces a quienes pun ualmen e se hubiese
concedido el auxilio a mado. Sin emba go, la ca ga de abajo policial e a
no able. «El pesado se icio de policía», esc ibía Luis Augus o Pimen el,
«sob eca ga al Ejé ci o e imposibili a que adquie a ins ucción ác ica,
espí i u de clase y odos los o os p edicados p opios de las buenas opas;
y además ca ga a los indi iduos con pe sis en es e incesan es a igas, que
no es án en a monía con la escasez de la e ibución ni el es opicio p e-
ma u o de los uni o mes»25.
En 1860, es e o icial e o mis a se ía en el Regimien o de In an e ía
n.º 17, acua elado en Beja. Según decía, e a el más ca gado de se icios:
como e a la única in an e ía en odo el Alen ejo, enía el cua el casi acío
pa a pode a ende a la gua nición de É o a y Po aleg e. Además, la in-
an e ía de Beja se despe digaba en des acamen os pe manen es en Mon-
emo , C a o, Pon e de So , F on ei a, Campo Maio y Fo e da G aça.
Po si uese poco, enía que cede nume osos pelo ones pa a escol as, que
« eco ían la p o incia» ealizando la policía de e ias, ome ías y audien-
cias judiciales, así como conduciendo p esos, eclu as y dine os públicos;
«cuando los soldados e an endidos de un se icio de des acamen o, inme-
dia amen e e an en iados a o o»26. Pa a el gobe nado ci il del dis i o,
pese a ese es ue zo que dejaba exhaus o al egimien o, e an p ecisas más
medidas que pudiesen ga an iza el man enimien o del o den público.
Fal aban ue zas en la p opia Beja, des acamen os en más municipios y,
sob e odo, caballe ía pa a pa ulla los caminos27.
En 1868, el mismo Luis Augus o Pimen el, des inado aho a como
mayo en el Regimien o de In an e ía n.º 12 con sede en la ciudad de
25 Pimen el, Luis Augus o en Re is a Mili a . Tomo xii, p. 739, (1860).
26 Pimen el (1860: 739).
27 REAP, 1860, Beja.
104
Diego Palacios Ce ezales
Gua da, se encon aba con que, en ealidad, e a es e el cue po que p es-
aba se icios más « iolen os». Tenía que ac ua en una zona mon añosa,
que incluía la indus iosa Co ilhã y algunas de las ie as de epu ación
más ebelde, como Cêa, Foz Côa o Sabugal. Po lo acciden ado del elie e,
esas localidades se encon aban a es y cua o días de ma cha, camino que
cada quince días los soldados y o iciales eco ían pa a endi los des aca-
men os y pa a lle a las pagas [p e ] y el ancho desde el cue po p incipal.
En o al, In an e ía 12 se ía seis des acamen os pe manen es, es de
ellos mandados po capi anes, y uno especialmen e e o zado. Además,
no había semana en la que las au o idades adminis a i as y judiciales no
pidiesen «g andes escol as» pa a anspo a dine o a Viseu o Vila Real
de T ás-os-Mon es, pa a lle a p esos de di e en es coma cas a Lamego,
pa a la policía de e ias de oda la p o incia de la Bei a —en e el Due o
y el Tajo— e incluso «pa a gua da las dehesas (mon ados) y los ce dos del
dis i o de Cas elo B anco o a anca la hie ba del abaco en los acan ila-
dos y luga es ecóndi os de la sie a de la Es ella»28.
Po una pa e, a los mili a es les p eocupaba que ese accionamien o
de las opas no les pe mi iese el desa ollo de su compe encia especí ica,
el en enamien o pa a la gue a. Con ese aje eo, los soldados casi no
pe manecían en el cua el, y «mal llegaba ese iempo pa a epa a les el
calzado». Podían asis i a un eje cicio de ins ucción en la sede del egi-
mien o, pe o luego pasaban cua o o cinco meses des acados sin ol e a
eje ci a se en el manejo de las a mas. Po que, aunque el o icial al man-
do del des acamen o p e endiese cumpli con sus debe es de ins uc o ,
di ícil lo enía. Si con aba con ein e homb es, podía espe a que, cada
día, ocho hubiesen de es a de gua dia, en un ibunal o jun o a la casa
del dine o [co e], o os an os ealizando se icios pa a el p opio o icial
(impedidos), o enca gándose del ancho, o os en e mos y, po supues o,
o os en diligencias pa a el pode ci il expedidas desde el p opio des a-
camen o29.
28 Pimen el (1868: 6).
29 Pimen el (1868: 6).
105
Un Po ugal de imposible adminis ación
Po o a pa e, a los mili a es, igual que a las au o idades ci iles, les
p eocupaba que los soldados, dispe sos en los des acamen os más peque-
ños, se «apaisanasen», en ando en cama ade ía con la población ci il.
Pe o e a di ícil e i a lo: como pe noc aban en domicilios pa icula es o
ondas, y sin encuad a po o iciales, pe dían los hábi os mili a es y ela-
jaban su espe o po la disciplina. An e es e pano ama, pa a los o iciales
e a un «sueño i ealizable» pensa en «campos de maniob a, des eza y
ga bo mili a , disciplina aus e a y sen imien os belicosos». La opa acaba-
ba « educida a la condición de una il gua dia de policía» y pa a algunos
mili a es esul aba humillan e que el gobie no con iase más en la u ela
b i ánica pa a p o ege la independencia nacional y las colonias, que no en
la au osu iciencia de las a mas po uguesas30.
Además, aunque las au o idades epu asen imp escindible su auxilio,
nadie conside aba que el Ejé ci o uese una buena policía. El diagnós ico
sob e su debilidad e a compa ido de mane a gene al: los 17000 soldados,
despe digados en se icios de gua nición, des acamen os, diligencias y
gua dia, signi icaban que no se enía «ni Ejé ci o ni policía» 31.
La imagen que se puede compone con las palab as de los e o mis as
mili a es y, a anzado el siglo xix, con las memo ias de nume osos o i-
ciales, el Ejé ci o po ugués pa ece una o ganización ine icaz, con pocos
medios, ac uando mal como policía y educida, como en su día dijo Fon es
Pe ei a de Melo, al «monó ono y mezquino se icio de gua nición y cua -
el». Según la pluma ácida de Eça de Quei ós, los soldados « i ían en la
indolencia del paisano, umando, co ejando y can ando ado; e an campe-
sinos in en ando su i lo más aleg emen e los cinco años de uni o me»32.
Sin emba go, el Ejé ci o po ugués uncionaba: ans o maba a los
eclu as que llegaban enuen es cada año, escol ados po soldados, en los
soldados que a su ez, en la siguien e quin a [ ec u a], iban a conduci en
30 Pimen el (1868: 6).
31 Salgado (1862). REAP, 1858, Beja; la misma exp esión «ni Ejé ci o ni policía» la u ilizó
Ma ens Fe ão en DCD, 14- i-1862, y ambién Casal Ribei o, DCD, 4-ii-1867.
32 Coelho (1877: 236). Eça de Quei ós, As Fa pas, x ii, julio de 1871; aho a en Quei ós
(2001: 96).
112
Diego Palacios Ce ezales
de seis compañías y es egimien os de in an e ía, cada uno con dos
ba allones de cua o compañías. Es a Gua da Ci il inco po aba a las
Gua das Municipales de Lisboa y Opo o pa a el se icio de segu idad
de esas ciudades y se compond ía de 24 compañías de 102 soldados de
in an e ía y 12 compañías de caballe ía, con 52 soldados cada una. En
o al, 3089 homb es46.
En cuan o a la dis ibución e i o ial, su se icio se ci cunsc ibía al
Po ugal peninsula , no con emplando el p oyec o su despliegue ni en las
islas ni en las colonias. Si a endemos a la densidad de p esencia p e is a,
el a io e a de 0’037 homb es/km2, supe io al de la Gua dia Ci il espa-
ñola de la década de 1860 (0’027 h/km2) e incluso al de la Genda me ía
ancesa (0’035 h/km2)47.
Puede imagina se que la implan ación de la Gua da Ci il hab ía
modi icado el paisaje u al po ugués de un modo semejan e a como lo
modi ica on las genda me ías en o os países. El Es ado hab ía pasado
a con a con agen es a mados a iempo comple o y el legislado los
imaginaba pa ullando ca e e as, caminos y es aciones de e oca il,
conduciendo a los p esos, p eca iendo la ocu encia de al e cados en
e ias y me cados, gua dando las p opiedades y los bosques p óximos a
los caminos, igilando el buen uso de los íos, in es igando c ímenes y
deli os pa a da pa e a las au o idades judiciales, de eniendo a c imi-
nales y dese o es, p es ando auxilio a quien se lo pidiese, ep imiendo
el con abando y la mendicidad y elando po el cumplimien o de las
disposiciones adminis a i as48.
De modo simila a lo que sucedía en F ancia o España, la Gua da
Ci il o ma ía pa e del Ejé ci o, de donde p o end ían sus o iciales.
46 «P opos a de Lei sob e a o ganisação da Gua da Ci il em odo o eino». Diá io de Lisboa,
n.º 31, 8-ii-1867.
47 No as: en España la plan illa de 15000 gua dias no se cumplía. En el caso ancés
hemos omado los núme os de la década de 1860, sin inclui a la Genda me ía Impe-
ial. En Po ugal la supe icie es la con inen al y los núme os los o iciales. C . López
Co al (1995); Emsley (1999).
48 «P opos a de Lei sob e a o ganisação da Gua da Ci il em odo o eino», a . 16, Diá io
de Lisboa, n.º 31, 8-ii-1867.

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Un Po ugal de imposible adminis ación
Depende ía del Minis é io da Gue a pa a su o ganización, disciplina,
inspección, ascensos y ecompensas mili a es. A mismo iempo, depende-
ía del Minis é io do Reino y de los gobe nado es ci iles en lo espec i o
al acua elamien o, el mo imien o de las ue zas, el se icio de policía y
la emune ación. Si el gobe nado así lo decidía, la Gua da Ci il podía
se pues a al se icio de las au o idades de hacienda o judiciales, sin ene
que solici a esa colabo ación al gene al al mando de la di isión mili a .
Finalmen e, en un asgo de ci ilismo que con as aba con el mili a ismo
de la Gua dia Ci il española, los paisanos que ag ediesen a los miemb os
del cue po se ían siemp e cas igados po la ía ju isdiccional ci il, y no
po la mili a como en España.
A di e encia de lo que sucedía con los soldados egula es del Ejé ci o,
que en de e minadas ci cuns ancias podían o ma pa e de un des aca-
men o que ealizase alguna de las unciones policiales que hemos enu-
me ado, los gua das debían ealiza las de o icio en su pa ulla o dina ia,
cumpliendo un plan de se icio. Además los gua das end ían un es a u o
de au o idad adminis a i a, po lo que podían in e pela a los paisanos.
A la Gua da Ci il le incumbía ambién el « es ablecimien o del o den
público». Como el uso de la ue za e a un ema delicado, e a una de las
pocas e ien es del se icio en las que el p oyec o de allaba los p ocedi-
mien os y codi icaba po p ime a ez algunos de los p incipios que debían
guia el uso de la ue za con a un g upo amo inado, pe o desa mado.
Aunque la Gua da Ci il no llegó a p es a se icio, los p incipios consig-
nados en el A . 30 se con i ie on en la guía de se icio de los des aca-
men os mili a es:
En los casos de mo ín o sedición, en los que la esis encia no pueda
se encida sino po la ue za de las a mas, la Gua da Ci il no ha á uso
de la ue za has a después de que la au o idad adminis a i a in ime, en
nomb e de la ley, a los indi iduos amo inados, pa a que se e i en pací-
icamen e. Si al a esa au o idad adminis a i a, la p opia gua dia ha á
el a iso. Después de epe i es eces el a iso, si con inúa la esis encia,
se á empleada la ue za con a los amo inados, con o me lo exijan las
ci cuns ancias, sin ninguna esponsabilidad po el esul ado pa a que así
114
Diego Palacios Ce ezales
sea es ablecida la anquilidad y el impe io de la ley. Si los amo ina-
dos o los pe u bado es hacen uso de cualquie medio iolen o du an e
las p ime as in imaciones, la Gua da Ci il pod á emplea ambién la
ue za desde ese momen o, sin que se le p ecedan o as in imaciones o
ad e encias49.
Los nue os cue pos policiales es aban pensados como pa e in eg an e
de la es uc u a del Es ado diseñada en el código adminis a i o de Ma -
ens Fe ão. Sin emba go, el despliegue de la genda me ía ue aplazado
po el gobie no, que a gumen ó p oblemas p esupues a ios. Su c eación
iba a se una de las p ime as medidas de la sesión legisla i a de 1868, mas
la janei inha bloqueó esa posibilidad50.
el P ime mo imien o soCial naCional
La ingen e e o ma imposi i a, adminis a i a y policial iniciada po el
gobie no usionis a no podía deja de le an a esis encias. Unos emían
paga más impues os; o os eían dilui se su co o polí ico local en un
municipio mayo ; y quizá odos se conside aban de ici a iamen e ep e-
sen ados en el sis ema polí ico. Y odo ello en una coyun u a económica
de ecesión y ca es ía.
Con la usión de egene ado es e his ó icos, la inmensa mayo ía del
pe sonal polí ico econocido como espe able y, po lo an o, con posi-
bilidades de se llamado a gobe na po la co ona, es aba comp ome ido
con el gobie no. La uni icación de la clase polí ica, si bien pe mi ía una
mayo ía pa lamen a ia capaz de ap oba e o mas de g an calado, dejaba el
sis ema polí ico sin un gobie no de ecambio, po lo que los descon en os
solo podían canaliza sus p o es as po ías ex e io es al sis ema. En ese
juego polí ico, se agi a on la p ensa y los clubes polí icos adicales; pe o
ambién, las asociaciones de come cian es, de indus iales y muchas cáma-
49 «P opos a... », a . 30, ibid.
50 Ca a de lei de 26 de junho de 1867 sob e a Adminis ação Ci il, a . 267 n.º 5. Bulhões
(1867: 8).
115
Un Po ugal de imposible adminis ación
as municipales. Se o mó una coalición a iopin a, con agendas polí icas
p opias que con luían en la oposición al gobie no.
En la campaña con a las e o mas de la usión se ecu ió a acciones
popula es de aigamb e an igua, como la ca na alesca quema de peleles
que ep esen aban a polí icos impopula es. Sin emba go, los p incipales
medios de acción ue on los p opios de un mo imien o polí ico mode no:
pe iciones, publicación de olle os y pasquines, a ículos en la p ensa,
ecogidas de i mas, ma chas calleje as, mee ings mul i udina ios que po
ez p ime a se celeb aban en ciudades de p o incia y, inalmen e, el cie e
conce ado de los come cios de Opo o y o as illas del no e con a el
impues o de consumo. La mo ilización omó la o ma de una campaña
sos enida en el iempo, se ami icó po odo el país y u ilizó los ecu sos de
los mo imien os sociales mode nos: la exp esi idad asociada al núme o,
el alo social, la unidad y la de e minación de los mo ilizados. Aunque
hubo pequeños g upos de conspi ado es que comp a on a mas y con ac-
a on con gua niciones mili a es, en su conjun o la mo ilización de 1867
ue pací ica y no in en ó conquis a el pode , sino exp esa las p e e encias
de una supues a opinión pública nacional e impone las al gobie no «po el
peso de su ue za mo al»51.
En e eb e o y inales de mayo de 1867, las cáma as legisla i as se
ie on inundadas de pe iciones de los municipios a ec ados po la e o ma
adminis a i a, p o es ando con a su disolución. En a ios luga es se
o ma on comi és que, en co espondencia con ac i is as de Lisboa,
ins aban a los municipios a eje ce el de echo de pe ición an e el gobie no
o el p opio ey. Dis in as pe iciones llega on a manos de los dipu ados
acompañadas de cen ena es, cuando no milla es de i mas. Hubo euniones
polí icas po odo el país y, además de en Lisboa y Opo o, hubo mee ings
en B aga, Co ilhã, San a ém, Po aleg e, Campo Maio , A onches, Al-
e do Chão y Golegã. Los o ganizado es de las mo ilizaciones en Lisboa
ecibían mul i udina ia y es i amen e a las comisiones pe iciona ias que
llegaban de o as pa es del país, y mul iplicaban sus con ac os po medio
51 Lobo (1868).
116
Diego Palacios Ce ezales
de co espondencia y iajes pa a hace se una idea de p ime a mano del
es ado de la mo ilización y de la posibilidad de segui p esionando al
gobie no52.
«El mee ing ue el g an a ma popula que dio el iun o a la opo-
sición», decía el ac i is a Sil a Lobo. Reco daba que en 1861 los dos
mee ings de la Asociación Pa ió ica con a las he manas de la ca idad
«habían p opo cionado un p ime conocimien o emo o» de es a o -
ma acción polí ica. Según decía, «el mi in se ía pa a ga an iza la
cons i ución, e a un elemen o indispensable de la libe ad, un de echo
sag ado de los ciudadanos y la exp esión más since a y más e dade a
de la opinión pública». No se con undía cuando augu aba que a pa i
de en onces «el mee ing no se [pod ía] ya desp ende de las cos umb es
polí icas de Po ugal»53.
La coalición an i usionis a, pa a hace ale sus exigencias, p e endía
que la mo ilización enca naba la sobe anía popula : mos aba que e an
muchos, que e an ciudadanos espe ables, que es aban unidos en la causa
y de e minados a lucha po ella. Cuando a comienzos de ma zo de 1867
Ma ens Fe ão puso en duda el espaldo popula de una pe ición de la
Câma a Municipal de Opo o, es a espondió colocando mesas de ecogi-
da de i mas en las p incipales plazas de la ciudad y eunió más de ca o ce
mil en dos días. El núme o e a una baza impo an e y en Opo o se decía
que cie os indus iales pagaban a sus abajado es pa a que asis iesen a
los mí ines e inc emen asen su apa iencia masi a54.
El alo social de los mo ilizados ambién es u o en dispu a en e
el gobie no y la oposición. El p ime o in en ó minimiza ese alo y
denig ó a los mo ilizados como insensa os, desin o mados o egoís as.
Cuando la gen e se eunía en la calle, oci e aba y se compo aba ag e-
si amen e, in e enían las ue zas de o den público pa a dispe sa los y
en onces algunos g upos se en en aban a ped adas con la Gua da Mu-
52 Ma ens Fe ão, DCP, 1- -1867.
53 Lobo (1868: 43).
54 Lobo (1868: 60).
117
Un Po ugal de imposible adminis ación
nicipal, as lo cual el gobie no señalaba esos compo amien os iolen os
pa a deslegi ima a oda la oposición. Es a, en cambio, se p esen aba
como la ciudadanía comp ome ida con el bien público y el Po ugal
que p oducía, el de los indus iales y come cian es, señalando el p o a-
gonismo de g andes capi alis as, ju isconsul os y médicos que hablaban
en los mí ines y encabezaban las pe iciones55. Los publicis as p eocu-
pados po la espe abilidad del mo imien o se es o zaban di e encia
en e las p o es as «sin ala ido» que ca ac e izaban la mayo pa e de
las pe iciones y mí ines, de los «mo ines de agabundos», «alimen ados
po la u ia g o esca del populacho», que en ocasiones se en en aba a
las au o idades policiales. Pa a ellos, el mo imien o ganaba ue za con
el compo amien o cí ico de las mul i udes que se eunían en las pla-
zas públicas y «a la mane a de las ciudades an iguas […] exp esaban la
sobe anía popula ». Los en en amien os iolen os, poco homologables
con la acción de una ciudadanía i uosa, los achacaban a la p o ocación
de la policía. El comp omiso de los ciudadanos con la causa, es deci , su
de e minación a con inua mo ilizados si no se a endían sus exigencias,
se mani es aba en la p ensa señalando la en e eza de ánimo de los ciu-
dadanos que, como sucedió en B aga, se man enían i mes en un mi in
aunque los encha case la llu ia56.
Si bien c eación de una genda me ía había sido eclamada po muchos
du an e las décadas an e io es, la p oyec ada Gua da Ci il escandalizaba
aho a a los oposi o es de la usión. Pa a el edac o de O Nacional, la c ea-
ción de es a genda me ía e a un con asen ido en un país pací ico, «donde
la p ensa e a an lib e como la ibuna pa lamen a ia». Supond ía además
que Po ugal enunciaba a sus i udes cí icas:
¿Pa a qué, si los ex anje os, cuando eían g andes mul i udes po-
pula es se admi aban de que no edundase en desó denes? (…) ¿Se ía
pa a p eca e se an e el cob o de los nue os impues os?» (…) «¿O pa a
55 Vd. Cunha (2003: 73). Pa a un deba e, en e muchos, en los que se discu e la iden idad
de quienes se mo ilizan, DCP, n.º 49, sesión de 3- -1867, p. 1383.
56 O Dis i o de É o a, n.º 18, 10-iii-1867; O Nacional año xxi, n.º 90, 21-i -1867.

118
Diego Palacios Ce ezales
se i se de ella con a las libe ades públicas y los de echos del ciuda-
dano, (…) en un país que, a di e encia de España, iene a aigadas las
ideas libe ales?57.
Incluso quienes poco an es habían eclamado la c eación de una policía
que pa ullase los despoblados y habían conside ado que su c eación e a un
pila básico de la ci ilización, como Eça de Quei ós, al mo iliza su pluma
pa a comba i la Fusão se desdecían. Aho a la eían como un despe dicio
de los dine os públicos y un cue po de gua dias p e o ianos «p ódigos de
sang e he mana»58.
Con más o menos iolencia e bal, en las pe iciones de 1867 el «pue-
blo» de cada ciudad p o es aba con a el nue o impues o de consumo,
la e o ma de la adminis ación y la c eación de la Gua da Ci il. Según
el mani ies o ap obado en É o a, la genda me ía p opues a no e a «la
ealización sensa a de una necesidad sen ida», sino el «complemen o de
un sis ema de p esión, de a en a y de so oco de la libe ad». Según la
pe ición de cinco concejales [ e eado es] de la cáma a municipal de Vi-
seu, «siendo el pueblo po ugués, po su índole, pací ico, no es necesa ia
la c eación de la Gua da Ci il, que a a ae una abul ada pa ida de
gas os»59.
El gobie no lidió con las mo ilizaciones de 1867 siguiendo el guión
que ya hemos obse ado en las p o es as u banas de 1861 y 1862: decía
espe a el de echo de eunión y de pe ición, pe o no econocía la legalidad
de los clubes y asociaciones polí icas que con ocaban los mí ines60.
57 O Nacional (Opo o); 10-ii-1867, Ídem, 17-ii-1867, p. 1; la e e encia a la senda mili a is a
«a la española» que emp endía el gobie no ue cons an e du an e el uso de la ue za con a
los dis u bios de aquellos años, de modo que no e a a o que la p ensa de la oposición
ildase a los gobe nan es de «imi ado es de Na áez».
58 Eça de Quei ós, O Dis i o de É o a n.º 19, 14-iii-1867; el cali ica i o de «gua dia p e-
o iana» se di undió ápidamen e en las publicaciones que a acaban la c eación de una
genda me ía.
59 «Rep esen ação da câma a municipal de Viseu» en DCP, n.º 35, 29-iii-1867, p. 965.
60 Cunha (2003).
119
Un Po ugal de imposible adminis ación
El g upo pa ocinado en Lisboa po el Conde de Peniche, que a la
pos e se ía uno de los pe sonajes cla e de la mo ilización de aquellos
años, con ocó el p ime mee ing de la campaña pa a el 23 de ma zo de
1867 en el Tea o Nacional Dª. Ma ía II. El gobie no denegó el pe miso
pa a u iliza el Tea o, eme oso de que la mul i ud ocupase la plaza e-
cina, en pleno cen o de la ciudad, y ad e ía en un bando «Que nadie se
di ija al ea o, pa a no ene que é selas con la policía». Sin emba go,
pe mi ía que el mí in se ealizase en el local p i ado que los o ganizado es
escogiesen61.
Los con ocan es se decidie on po la plaza de o os del Campo de
San a Ana. Pa a comunica el cambio de escena io hicie on ci cula po
la ciudad ca os con ca elones de made a, un medio ambién inno ado
de comunicación polí ica. Va ios miles de pe sonas se cong ega on en la
plaza y se leye on las pe iciones al gobie no en un ambien e de eu o ia,
pe o sin inciden es62.
Pese a que la mayo pa e de las euniones polí icas ue on pací icas,
después de algunos de los mee ings hubo en en amien os con las au o ida-
des, que in e enían si la gen e en ez de i se a casa ocupaba la calle, «se
p e endía di igi en co po ación a o o luga » y daba oces ei indica i as.
Toda eunión habi ual: ea os, me cados, ca na al, p ocesión de pascua,
podía con e i se en un oco de deso den y pasó a es a se e amen e igi-
lada. Según quién in e p e ase los hechos, el con lic o p o enía bien de la
p o ocación de la ue za pública, bien de la de los mo ilizados. Du an e
los días más agi ados, la Gua da Municipal pa ullaba os en osamen e a
caballo las calles de Lisboa y Opo o, mien as los adminis ado es de
los ba ios y los egido es in en aban calma a la gen e e iden i ica a los
«agi ado es». En los cua eles del Ejé ci o se daba la o den de p e ención,
pa a acudi con las opas en e ue zo de la Gua da si uese necesa io. En
p o incias, la in e ención co espondía en casi exclusi a al Ejé ci o. A
eces in e ino la caballe ía con el sable desen ainado, como en B aga, en
61 Lobo (1868: 81).
62 Lobo (1868: 81).
120
Diego Palacios Ce ezales
o as, como en la Pó oa de Lanhoso en ab il de 1867, la in an e ía u ilizó
desca gas de usile ía63.
La con es ación gene al a las medidas del gobie no se con e ía, a
eces, en una que ella local con su lógica p opia; ípicamen e, en un de-
sa ío inmedia o a las au o idades po el de echo a g i a unas consignas u
ocupa el espacio público. En Opo o, as la masi a ecogida de i mas
de ma zo, hubo a ios mí ines y la Gua da Municipal había ca gado
a ias eces con a los g upos que ocupaban la calle a la salida. Hay que
ene en men e esos an eceden es pa a en ende lo que sucedió el sábado
san o, 20 de ab il de 1867. En la adicional quema de Judas del des ile
de Pascua, el pelele al que se some ía a un juicio popula ep esen aba al
dipu ado de la ciudad João C isós omo, que había apoyado las e o mas
del gobie no. Po indicación del gobe nado ci il, Ba ón de S. Januá io,
la caballe ía municipal ca gó con a el co ejo pa a e i a esa «alego ía
polí ica». La p ocesión se desbandó an e el o e de los caballos, pe o
algunos g upos ol ie on a euni se y du an e a ias ho as juga on al
ga o y al a ón con la Gua da, esis iendo a ped adas las in imaciones
de dispe sión64.
Du an e los dos días siguien es hubo ca e as po las calles de Opo o
y en en amien os en e la Gua da Municipal y «el pueblo», en e el cual
ambién apa ecie on soldados de pe miso. Cada pequeño episodio ep e-
si o pa ecía exal a aún más los ánimos. Las campanas oca on a eba o
en dis in os ba ios y un poco po odas pa es se o ma on g upos que
comba ían a ped adas con la Gua da, en en amien os que se salda on
con al menos 14 ci iles hospi alizados —he idos po a ma blanca—, y 9
soldados de la municipal lesionados po las ped adas65.
«La ciudad es aba sob esal ada» y los ánimos «agi adísimos», decía la
p ensa. El lunes, un nume oso g upo se eunió a las pue as del cua el de
63 O Nacional año xxi, n.º 90, 21-i -1867, p. 1. O Dis i o de É o a n.º 28, 14-i -1867; O
Nacional, año xxi, n.º 33, 30-i -1867; Cunha (2003: 39).
64 O Nacional, año xxi, n.º 90, 21-i -1867.
65 O Nacional, año xxi, n.º 91, 23-i -1867, ídem, n.º 92, 24-i -1867.
121
Un Po ugal de imposible adminis ación
la Gua da Municipal, aped eó a sus cen inelas y se epi ie on po oda la
ciudad escenas como las del domingo. Mien as an o, en Lisboa, Fon es
Pe ei a de Melo eco daba a los dipu ados que, du an e los umul os de
Na al de 1861, él había o ecido su apoyo al gobie no, po lo que espe aba
aho a el mismo compo amien o de la oposición, es deci , que le o eciese
su apoyo mo al pa a ep imi los desó denes66.
En Opo o, ambién el gobe nado ci il «ayudan e del González B a-
o de Po ugal» —como lo llamaba O Nacional— y el comandan e de la
di isión mili a , el Vizconde de Lei ia, publica on una p oclamación en
la que se ecomendaba a los po uenses que no o masen g upos, pues
«la ue za pública no podía, pa a cumpli sus debe es, deja de emplea
odos sus ecu sos pa a pone pun o inal a los umul os». Aunque la
p ensa de la oposición acusase de « iolencias y a ocidades» a la Gua da
Municipal y conside ase que es a p oclamación e a «una p o ocación»
que «suspendía las ga an ías», hay que des aca que en Opo o la ue za
pública nunca ab ió uego y que an o la in an e ía como la caballe ía solo
u iliza on a mas blancas67.
Du an e la siguien e semana siguió habiendo pequeños desaca os, pe o
las au o idades encon a on un medio pa a ebaja la ensión. Recono-
cie on que las elaciones en e la Gua da Municipal y pa e de la ciudad
es aban en enenadas y decidie on man ene la empo almen e acua elada.
Su se icio ue ansi o iamen e ealizado po el Ejé ci o, is o que sus
soldados no gene aban los insul os y la llu ia de ped adas con los que
se ecibía a «la municipal». La ein ena de policías de la Agencia Poli-
cial Po uense ambién pe die on el espe o de la población conquis ado
du an e la exposición indus ial. Según O Nacional, du an e los umul-
os «huye on como gamos», se a ma on con abucos «cual Jeníza os» y
se a inche a on en sus dependencias, agua dando igilan es un emido
asal o popula . Finalmen e, pa a con ola mejo la si uación, las au o i-
dades eo ganiza on la gua nición de la ciudad: hicie on sali de Opo o
66 DCD, 24-i -1867.
67 O Nacional, año xxi, n.º 91, 23-i -1867 p. 1.
128
Diego Palacios Ce ezales
Las oces de los amo inados acusaban a los come cian es de p e ende
ab ica agua dien e con el g ano, cuando se necesi aba pa a alimen a
al pueblo.
En Vila Flo , el 15 de ene o, había acudido mucho «po o» a la e ia.
Se sabía que en Macedo de Ca alei os se habían quemado los papeles
de hacienda sin que in e iniese la opa y, animada po el ejemplo,
se o mó una mul i ud ag esi a que oci e aba con a los impues os y
blandía u ensilios ag ícolas. Un des acamen o de In an e ía que p o egía
los edi icios públicos se dispuso a ab i uego. Sin emba go, el Admi-
nis ado ins ó al capi án a que no dispa ase; con iaba en apacigua a
los amo inados median e la pe suasión y emía que los i os alcanza an
a gen e inocen e. Cuando el capi án io que «el pueblo» a anzaba y
odeaba a la opa, solici ó de nue o au o ización pa a dispa a , pe o el
adminis ado no quiso asumi la esponsabilidad. Poco después, una
ped ada de ibó al capi án y la gen e se abalanzó sob e los soldados. Sin
mando y aped eada, la o mación se deshizo y los soldados se desbanda-
on, dejando ía lib e a la des ucción de los papeles y el mobilia io de
los edi icios públicos. Es e ipo de episodios esul aban aleccionado es
pa a el sabe de o icio mili a y, como e emos, ese ap endizaje se in-
co po ó a las ins ucciones pa a la acción de los mili a es en si uaciones
de deso den público80.
En el ámbi o u bano, los homb es que habían o ganizado las campañas
an i usionis as no ceja on. Pe o en su en e común se ue on dibujando
g upos polí icos que, en 1870, desagua on en es pa idos: el Cons i u-
yen e de Dias Fe ei a, el Re o mis a del Obispo de Viseu y el llamado
«pa ido del mo imien o» del Conde de Peniche, ambién conocido como
«penichei o». Dias Fe ei a y el Obispo de Viseu ag upaban a los sec o es
más « espe ables» de la Janei inha, en especial a los come cian es que se
habían mani es ado con a el impues o de consumo y a muchos g andes
p opie a ios u ales que emían cualquie inc emen o en la iscalización
imposi i a. En cambio, la base social de los penichei os la o maban el clu-
80 AMR, L18 n.º 54. Pa a o os casos de acaso, . Palacios Ce ezales (2007b).

129
Un Po ugal de imposible adminis ación
bismo más in ansigen e, una pa e del asociacionismo ob e o y la masa
de desempleados que se acumulaba en Lisboa y Opo o, agua dando que
se ab iesen abajos en las ob as públicas. Pa a los penichei os, la mo ili-
zación en la calle había mos ado su e icacia polí ica y a ella ecu i ían
epe idamen e du an e los años siguien es.
En Po ugal, las asociaciones ob e as «es aban a aigadas po una ole-
ancia p ác ica ya an igua». La ex inción de las co po aciones y g emios en
1834 había p ohibido las asociaciones con ines ei indica i os, mien as
que el Código Penal de 1853 había p ohibido las huelgas. No obs an e,
el igen e de echo de asociación ampa aba a los ob e os si decidían p es-
a se «apoyo mu uo». En 1848 se había comenzado a publica un «Eco dos
Ope á ios» y du an e las décadas de 1850 y 1860 se habían mul iplicado
las Asociaciones de Soco os Mu uos pa a di e sas p o esiones. Además,
ya imos al habla de los mo ines de 1856 que desde 1852 uncionaba
en Lisboa el Cen o P omo o dos Melho amen os das Classes Labo iosas, un
o o de discusión polí ica que p omo ía el asocia i ismo. Tan o las aso-
ciaciones mu ualis as como el Cen o P omo o buscaban el pa ocinio de
p ohomb es locales: in luyen es polí icos, adminis ado es o gobe nado es
ci iles, a quienes hacían miemb os hono í icos a cambio de apoyo ju ídico
y p o ección81.
Las asociaciones solían engloba a los abajado es p o esionales, en
un uni e so donde no es aba cla a la on e a en e el a esano indepen-
dien e y el asala iado cuali icado con posibilidades de emancipa se. Fue a
de ese mundo p o esional había o a igu a ob e a, el p ole a io, el me o
endedo de su ue za de abajo, que a emo izaba a las clases di igen es
po uguesas. E a una igu a desa aigada que an o podía emplea se en el
campo como en las ob as públicas. Había habido ecelo an e su capacidad
de o ganiza huelgas pa a mejo a sus sala ios pe o, sob e odo, se emía
su compo amien o deso denado, su endencia a las iñas, el c imen y la
iolencia. En 1860, los campamen os de abajado es de la cons ucción
81 Fe nández de los Ríos (1871: 512); Pe ei a (1993). Código Penal de 10-xii-1853,
a . 277; epe ido en el Código Penal de 1888. Pe ei a (1981); Sa dica (2004: 438 y
438n).
130
Diego Palacios Ce ezales
de e oca iles e an el núcleo de población más pelig oso pa a el go-
be nado ci il de Po aleg e: «homb es sin domicilio cie o y mala con-
duc a». También el ob e o ab il despe aba ecelos, y el gobe nado de
Cas elo B anco, po las mismas echas, señalaba ya que la población de
la indus ia lane a de Co ilhã — illa con 28 000 habi an es— e a espe-
cialmen e inquie a y que se ía necesa io coloca un cua el de in an e ía
en la ciudad82.
«Pa a e i a umul os, hay que ab i ob as públicas», decía el gobe na-
do de B aga. La p o es a de los jo nale os ag ícolas en épocas de poco
abajo, que igual podían emplea se en las ob as públicas, ecu ía a un
epe o io de acciones que incluía el obo y la exigencia de abajo o
ca idad median e amenazas. A eces los abajado es sin empleo se di i-
gían di ec amen e a los empleado es, en o as, a las au o idades locales:
municipios y adminis ado es. El ecu so a amenazas, obos e incendios
p eocupaba a los p opie a ios ag ícolas, que se sen ían ex o sionados pa a
p es a auxilios ca i a i os o emplea más homb es de los que necesi aban.
F en e a esa si uación, e an ellos quienes más eclamaban la c eación de
un cue po de policía u al83.
Po o a pa e, las g andes ob as públicas, el eclu amien o mili a y
la emig ación ampoco gus aban a los p opie a ios, pues o que educían
los b azos disponibles en el campo. Si bien disminuían la masa de pobla-
ción lo an e y «pelig osa» en empo ada baja, cuando llegaba la cosecha
dejaban pocos b azos disponibles que, po imp escindibles, enían un
al o pode de negociación y exigían mejo ías en el sala io. En el mismo
sen ido, la in oducción de cosechado as mecánicas en la década de 1850
se de endía a menudo como una o ma de lib a se del llamado «despo is-
mo de los jo nale os». Desde la década de 1850, al menos, la ealización
de ob as municipales se concebía como un mecanismo mix o de ca idad,
ges ión polí ica de la mano de ob a y man enimien o del o den público,
82 Sob e el miedo al p ole a io, . la in oducción de Cab al (1974). REAP Gua da, 1862,
REAP, Po aleg e, 1860, REAP, San a ém, 1862, REAP Cas elo B anco, 1861.
83 Ca a del GC de B aga al MR, 11-ii-1868 AMR, Mç 3056, L18 n.º 54, Pe ei a
(1983).
131
Un Po ugal de imposible adminis ación
de modo que las ca e e as municipales se cons uían du an e los meses
en los que el abajo ag ícola escaseaba; al llega la época de cosecha, se
libe aban esos b azos pa a que pudiesen con a con ellos los p opie a ios
ag ícolas84.
Con el desa ollo de las g andes ob as, pue os, ca e e as y e oca i-
les, los abajado es poco cuali icados, en ez de ag upa se en asociaciones
de ca ác e mu ualis a o sindical, es ablecie on ínculos con in e media-
ios, que sabían con quién habla pa a emplea a los homb es, negociaban
los sala ios colec i amen e y uncionaban como capa aces. En Lisboa,
es os in e media ios podían ene con ac os polí icos o masónicos y pa-
ece que ue on impo an es a la ho a de o ganiza las ma chas u banas
pidiendo «pan o abajo» del ciclo de p o es as de 1867-1870, ma cado po
la c isis económica.
Es as p o es as e an simila es en su o ma a las de los jo nale os u-
ales. Cuando el abajo escaseaba, los abajado es o maban «bandos
p eca o ios» que eco ían la ciudad, llamaban a las casas icas y exigían
abajo o ca idad, adap ando así a la ciudad las o mas de ei indicación
p opias del campo la i undis a. El gobie no espondía median e ca gas
de la caballe ía de la Municipal y la ape u a de ob as públicas. Sin
emba go, a di e encia de lo que sucedía en el campo la i undis a, los
g i os de los mo ilizados combinaban ei indicaciones económicas con
c í icas al sis ema polí ico. Los « i as» y «mue as» que p onunciaban,
según la p ensa, indicaban la mano ocul a de los agi ado es penichei os.
Mos ando los ínculos en e es a mo ilización y las al as es e as de la
polí ica, el Conde de Peniche isi aba a los de enidos en los calabozos
e in e pelaba a los minis os en la Cáma a de los Pa es, clamando con-
a los excesos ep esi os de la policía y la al a de espe o al «sag ado
de echo de pe ición»85.
Las cosas se calma on a pa i de junio de 1868, cuando Á ila dimi ió
y el Rey nomb ó un gabine e p esidido po Sá da Bandei a que con aba
84 Pe ei a (1983: 151); Cu ilei o (2004).
85 Chagas y Colen (1907: 311-312); Cunha (2003: 90). DCP, 18, 25 y 27-i -1868, en
Dia io de Lisboa 23 de ab il, 2 y 4- -1868, pp. 775, 847-848, 865-867.
132
Diego Palacios Ce ezales
con el Obispo de Viseu como Minis o del Reino. El Obispo e a uno de
los hé oes de la Janei inha y hubo una cla a ebaja de la agi ación calle-
je a du an e el la go año de igencia de su gobie no. En ene o de 1869,
cuando en las cáma as se o ó con a el gobie no Sá-Viseu y se emía que
u iese que dimi i , el come cio de Lisboa ce ó a medias las pue as en
señal de p o es a y una mul i ud di igió al ey una pe ición con a los
impues os y a a o del gobie no, ci culando po Lisboa dando i as y
mue as. Unos días después, las gale ías de la Asamblea Nacional ue on
in adidas po gen e que g i aba con a los icos. En ambos casos se o a-
cionó al Conde de Peniche, al iempo que se p esen aban pe iciones pa a
la pe manencia del gobie no86.
Pese a es as mo ilizaciones popula es pa a apoya lo, el gabine e e o -
mis a de Sá da Bandei a y el Obispo de Viseu cayó inalmen e en agos o
de 1869. En España se buscaba candida o al ono y en Po ugal la p ensa
agi ó las simpa ías ibe is as del minis o La ino Coelho, lo que p opició
una moción de censu a en la cáma a de los pa es. Además, los e o mis as
habían descubie o que su p og ama, basado en no aumen a los impues os
sino en economiza gas os, no conseguía equilib a los p esupues os y su
ó mula pa a sali de la c isis pa ecía ago ada87.
Así, en el e ano de 1869 la ieja clase polí ica ol ió al pode ep e-
sen ada po Loulé. Aunque solo llamó a su lado a igu as p o enien es del
Pa ido His ó ico, encon aba apoyo decidido en las cáma as po pa e de
los egene ado es de Fon es Pe ei a de Melo. Se a aba de una eedición
de la Fusión, aunque aho a e an los his ó icos quienes asumían el p ime
plano.
La e o ma iscal seguía pa eciendo u gen e y los his ó icos e oma on
su p oyec o de e isa las ma ices de la con ibución e i o ial, buscando
que es as e lejasen de modo más idedigno el epa o de la iqueza ag í-
86 Sa dica (2004: 453n). Una ecapi ulación de esos acon ecimien os po Dias Fe ei a
DCD, 20-xii-1870, p. 633.
87 Cunha (2003: 144 y ss.).
133
Un Po ugal de imposible adminis ación
cola y pe mi iesen un aumen o de la ecaudación que no pe judicase a los
pequeños p opie a ios88.
El inicio de los abajos, con comisiones de ag imensu a in en a ian-
do e enos y ganados po los campos, lle ó de nue o a la mo ilización
de los «pueblos» con a los chupa in as de hacienda. En los dis i os de
Viana do Cas elo y B aga, los in e en o es ni siquie a log a on euni las
comisiones municipales, ni eclu a a los locales que debían acompaña a
los unciona ios pa a guia les sob e el e eno. En B aganza, los abajos
habían comenzado en las pa oquias más p óximas a las cabezas de los
municipios «donde los pueblos es án do ados de mayo ilus ación y la p e-
sencia de las au o idades mejo los con iene en el espe o debido a la ley»;
sin emba go, las cosas podían pone se complicadas cuando ocase acudi
a pa oquias más emo as, donde casi no llegaba la ue za de la au o idad.
Los «enemigos de la si uación» p opalaban que en las Bei as los mo ines
habían pa alizado el in en a io iscal, animando a la gen e a segui el
ejemplo. A su ez, muchos adminis ado es y egido es, eclu ados en e
los p opie a ios locales, colabo aban de icien emen e con la adminis a-
ción de hacienda. Pa a e i a el es allido de mo ines, el gobe nado de
B aganza p e endía, po una pa e, la sus i ución de algunos in e en o es
que es u iesen enemis ados con los «pueblos» y, po o a, un e ue zo de
la p esencia disuaso ia de los mili a es en las e ias y ome ías89.
En la a ena polí ica, la agi ación con a los impues os la lide aban
de nue o los homb es de la Janei inha, que o ganiza on la esis encia
pa lamen a ia y popula . El dipu ado Melo e Fa o, que pos e io men e
se in eg a ía en el Pa ido Re o mis a, isi ó en eb e o a o iciales de
a ios egimien os de la gua nición de Opo o. Les in o mó que es aban
o ganizando mani es aciones popula es con a el gobie no y les solici ó
que, aunque ecibiesen ó denes supe io es, no ag ediesen al «pueblo».
Pa a anima les a la desobediencia, esg imía una ca a con idencial del
Ma iscal Saldanha. En el dis i o de Viseu, donde hubo a ios mo ines,
88 Dec e o de 30-xii-1869.
89 AMR, L20 n.º 347; AMR, L20 n.º 449; AMR, L20 n.º 486.

134
Diego Palacios Ce ezales
se acusó a los homb es del Obispo e o mis a de es a de ás de la agi a-
ción. Según el juez de Cas o Dai e, p e endían «p omo e agi aciones
que puedan imp esiona el espí i u del Rey con el in único de aupa se al
pode ». La sospecha se basaba an o en la «doc ina» del Jo nal de Viseu,
p óximo al Obispo, como en «los g i os del populacho, los i as p onun-
ciados, y la ci cuns ancia de que la mayo pa e de los amo inados uesen
mise ables y de las pa oquias de Cas o Dai e que pe enecen al obis-
pado de Viseu, y ninguno de las que pe enecen al de Lamego». Como
los «pa io as», según denominaba el gobe nado ci il a los homb es del
Obispo, hablaban aho a de ealiza un mee ing en Viseu, el magis ado
in o maba al Minis e io que pe mi i ía su ealización siemp e y cuando
el comandan e mili a le asegu ase su icien e opa como pa a p eca e
cualquie al e cado90.
En o as localidades, como Ama an e (Opo o), la agi ación se canali-
zó po la ía de la ep esen ación polí ica, y allí se ealizó un mee ing con
más de 5000 asis en es que en ió una pe ición a la Asamblea Nacional
pa a que se pa alizasen los abajos de ag imensu a91; del mismo modo,
los 50 he e os de Es a eja (A ei o), acep a on la mediación del Admi-
nis ado y en ez de di igi se a los edi icios públicos locales, como ame-
nazaban hace pa a log a una educción de su con ibución indus ial,
acep a on edac a una pe ición y p esen a la al gobie no po medio de
un dipu ado92.
Sin emba go, es di ícil desen aña en qué medida e a necesa io un
abajo de agi ación inculado a la a ena polí ica nacional pa a que se
p odujesen esis encias popula es a los censos de p opie a ios, la ag i-
mensu a, los in en a ios de ganado u o as medidas iscales. En o os
luga es simplemen e se acusaba a los g andes p opie a ios de de ende sus
in e eses semb ando con usión en e quienes, a di e encia de ellos, enían
poco que pe de si las ma ices e lejaban más idedignamen e la iqueza
90 ADP-FGC, Li o 803, 28-ii-1870; AMR L20 n.º 449, 20, 21, 23 y 26-i -1870.
91 AMR, L20 n.º 457, 22 ab il 1870.
92 AMR, L20 n.º 580, 4 de mayo 1870.
135
Un Po ugal de imposible adminis ación
de cada cual. En Azo es, la idea de que el «a olamen o» iba a edunda
en una mayo jus icia del epa o de la con ibución ue bien ecibida, y
de allí llega on a ias pe iciones pa a que no se pa alizasen los abajos
ca as ales93.
En las pa oquias u ales del municipio de O a , la mo ilización po-
pula obligó a la e i ada de los pe i os, a inales de ma zo. Sin emba go,
el Duque de Loulé —que ya se había en en ado a los mo ines de 1861
y 1862— o denó que una ue za de in an e ía p o egie a la ejecución
del in en a io iscal, a gumen ando que «la pa alización de los abajos
po esas ci cuns ancias es ablece ía un pe nicioso p eceden e de unes as
consecuencias». La esis encia se p ologó du an e cinco días, con los
abajos di icul ados po el acoso popula y la al a de compa ecencia de
los in o mado es locales. Finalmen e, el 4 de ab il, en la pa oquia de
A ada, dos soldados —que habían acudido a la e mi a pa a de ene el
epica de las campanas en señal de ala ma— se ie on odeados po una
muchedumb e y dispa a on a quema opa pa a za a se de la emboscada,
ma ando a dos homb es. El episodio ena deció a la población y el con-
jun o del des acamen o se e i ó hacia la illa de O a , escol ando a los
unciona ios de hacienda, pe o ue seguido po una eno me mul i ud, al
pa ece azuzada po los amilia es de las íc imas. A la en ada de O a
el capi án dio la o den de al o y de cala las bayone as, pe o los soldados
de la e agua dia, acosados po la gen e, in e p e a on que la o den e a
de dispa a y i a on sob e los aldeanos. Hubo cinco allecidos y cinco
he idos muy g a es94.
Los ánimos es aban muy agi ados, pe o la au o idad no es aba dispues-
a a cede y e o zó la p esencia mili a con 150 soldados de cazado es y
30 de caballe ía. An e es a apa a osa exhibición de ue za, una comisión
popula de las pa oquias que más se habían esis ido ogaba que no se
en iase opa, que a pa i de en onces se consen i ían los abajos ca as-
ales. Diez días después, «la paz es a[ba] asegu ada», decía el gobe nado ,
93 GC de Viseu, Ci cula a los adminis ado es de 6-V-1870; DCD, 09-xii-1870, p. 370.
94 AMR, L20 n.º 358.
136
Diego Palacios Ce ezales
«y el in en a io de p opiedades a anza sin desag ado de la población». Las
opas podían eg esa a sus cua eles95.
La animad e sión a los impues os ambién subyacía a la agi ación en
Madei a, donde, al igual que dos años an es, la ep esión de dis u bios
elec o ales ma ó a dos paisanos. Al mismo iempo, el encadenamien o de
mo ilizaciones popula es an i iscales señalaba la opo unidad pa a p o es-
a po o as azones, de modo que en ab il de 1870 hubo nue o a aque
de los ag icul o es a las minas de plomo de B açal96.
la saldanhada. diC adu a y amPliaCión de los de eChos Polí iCos
La iolencia ep esi a se con i ió en un ema de p ime a impo an-
cia. La p ensa y la oposición pa lamen a ia, especialmen e la e o mis a,
a aca on du amen e al gobie no po los mue os de O a y Madei a. Sin
emba go, Loulé es aba decidido a man ene la e o ma de las ma ices con
el espaldo de la ue za a mada necesa ia. El pa lamen o o ó en con a de
discu i las esponsabilidades po el uso de la ue za, an e lo cual la mino-
ía e o mis a p o es ó po el «despo ismo de la mayo ía», abandonando el
hemiciclo. Se negaba a pa icipa en unas cáma as que no le econocían
el de echo básico de in e pela al gobie no. El pa lamen o es aba en c isis
y el país muy agi ado.
Se había hablado de una in e ención «sal ado a» del iejo Ma iscal
Saldanha desde que eg esa a de su Embajada en Pa ís, en el o oño de
1869. Además, se sospechaba de sus simpa ías ibe is as: se decía que ha-
bía llegado a un acue do con P im y que maniob aba pa a que el ono
español, acan e desde la e olución de sep iemb e de 1868, uese pa a
don Fe nando, el pad e del ey po ugués. ¿Es aba p epa ando una u-
u a unión ibé ica? A su llegada a Lisboa, una ecepción es i a le había
aclamado como un hé oe y, du an e los meses siguien es, su asis encia a
los ea os de la capi al e a muy comen ada, pues a su en ada el público
95 Un ela o de los acon ecimien os basado en el es imonio de los acusados en Lamy
(1977). (Vol. i, pp. 434-435).
96 AMR, L20 n.º 582 en Mç 2737. GC Viseu a MR, 12- -1870, AMR, L20 358.
137
Un Po ugal de imposible adminis ación
se di idía en e i as y p o es as. En diciemb e, as una sono a pa eada
en un ea o, un g upo de o iciales se había mo ilizado pa a desag a ia -
lo, mos ando que el Ma iscal man enía su ascendencia sob e pa e del
Ejé ci o. Finalmen e, el 19 de mayo de 1870 encabezó algunas opas y se
p onunció, imponiéndose al ey don Luis como je e de gobie no.
En la conspi ación del 19 de mayo, que in e enía sob e una si uación
de especial desgobie no y con la oposición negándose a pa icipa en las
cáma as, con luían las in igas del adicalismo penichei o —que du an e
la e uel a mo ilizó a unos 200 homb es a mados—, los ecos de la
mo ilización con a los impues os y los p oyec os ibe is as del Ma iscal.
El gobie no de Saldanha es aba o mado po caudillos de la Janei inha.
El conde de Peniche se hacía con la ca e a de Ob as Públicas y José Dias
Fe ei a, con las de Jus icia y Hacienda, a las que poco después sumó la de
Reino. Solo la e ce a cabeza de la Janei inha, el Obispo de Viseu, se man-
u o al ma gen del gobie no, aunque la p ensa p óxima al obispo acogió
con ag ado el p og ama de Dias Fe ei a, que se es enó suspendiendo las
ope aciones de in en a iado iscal y amnis iando a los acusados de habe
pa icipado en los mo ines de ese año. El gobie no ambién p oyec aba la
c eación de un Minis e io de Ins ucción Pública y anunciaba la e o ma
de la Cáma a de los Pa es. Pa a con ola las calles de Lisboa, Saldanha
nomb ó pa a manda la Gua da Municipal a un mili a de su con ianza,
el Gene al Ba ón de Rio Zêze e97.
La dic adu a signi icaba legisla sin el pa lamen o, no una suspensión
de ga an ías cons i ucionales. Al con a io, el gobie no de la saldanhada
amplió los de echos de pa icipación polí ica. El 15 de junio, Dias Fe ei a
publicó una se ie de dec e os que ga an izaban las condiciones de eje cicio
de los de echos de pe ición, eunión y asociación. Como imos, la pe ición
ya es aba ga an izada cons i ucionalmen e; mas la asociación, aunque de
97 Ci cula de 6- i-1870. Du an e los años siguien es, el «abismo del ca as o [a olamen o]»
se ía uno de los pun os más di íciles de sol en a en la ap oximación en e el Pa ido
Re o mis a y el His ó ico pa a la c eación del Pa ido P og esis a c . DCD, 9-xii-1870,
p. 369. Una e sión e ospec i a en Luís de Campos, DCD, 9 diciemb e de 1870, p. 373
y ss.
144
Diego Palacios Ce ezales
aba el asocia i ismo en el país, concluyó que la sección po uguesa no
cons i uía una amenaza se ia: la clase ob e a e a diminu a, mien as que
po en onces la mayo pa e de los g upos ob e os se habían decan ado
po un socialismo mu ualis a y apolí ico. En el e ano de 1873 hubo en
las zonas ab iles de Lisboa una oleada de huelgas de ipo mode no, en
la que los abajado es ei indicaban mejo es sala ios y condiciones de
abajo, pe o el ecu so a la huelga no u o una con inuidad impo an e
du an e la década siguien e2.
En e 1871 y 1872 ambién hubo una oleada de mo ines del me cado
con a el cob o del nue o «Real d’Água», y de nue o con a el uso del
kilog amo, que en Ta i a lle ó a una ba alla campal en e el pueblo y
las opas que causó cua o mue os. Pe o no había a iculación polí ica
de las p o es as y no hacían pelig a al gobie no. También hubo un
cona o de insu ección miguelis a en Sabugal y Penamaco , acompa-
ñando la nue a gue a ca lis a en España, pe o ue ácilmen e abo ado.
Supe ados es os desa íos a su gobie no y con una si uación económica
a o able que hacía menos sang an es los aumen os imposi i os, Fon es
gobe nó inin e umpidamen e du an e 2001 días, has a 1877, dando
luego luga a una nue a e apa de al e nancias en el pode (p ime o con
Á ila y luego con el Pa ido P og esis a) que, a g andes asgos, du a ía
has a 18903.
La enuncia a c ea la Gua da Ci il en 1867 había signi icado que el
Ejé ci o segui ía siendo empleado como policía suple o ia du an e las dé-
cadas siguien es. Los mismos a gumen os que habían se ido de base al
malog ado plan se epi ie on du an e o os cua en a años en las discusio-
nes pa lamen a ias y las publicaciones mili a es; nue os p oyec os ol ían
a ci a los p incipios del de Ma ens Fe ão y, pese a que an o gobie no
como oposición solían coincidi en la bondad de c ea una genda me ía,
2 Lo enzo (1974); Tenga inha (1983); Mónica (1985: 36-37); Silbe (1998).
3 Ta i a en AMR, L22 n.º 544. Los miguelis as en AHM, Iª Di isão, secção 30ª Cx. 1,
docs 25 y 34.

145
«…si su seño ía in en a o o medio pa a dispe sa mul i udes»
ambién conco daban en la necesidad de aplaza la decisión pa a cuando
el p esupues o es u iese más desahogado4.
En cambio, las policías ci iles comenza on a unciona en Lisboa y
Opo o ya en 1867, y du an e la década de 1870 se ue on implan ando
pequeñas ue zas de una media de 45 gua dias en las capi ales de los o os
dis i os, aunque con e asos po las esis encias locales a p esupues a
sus gas os. En 1882 y 1883, el Minis e io oda ía enía que eco da a
Gua da, Beja y B aganza que debían c ea la Policía Ci il y log a que
la jun a del dis i o la su agase. Del dis i o de Gua da sabemos que su
cue po se c eó en 1884, que la p ime a ac uación de los gua dias consis ió
en de ene a quienes se pi o eaban de ellos y que no ecibie on algunas
a mas de uego has a 18895.
Inicialmen e, el eglamen o obligaba a que los policías ci iles se e-
clu asen en e soldados licenciados con la hoja de se icios impecable y
que supiesen lee y esc ibi . Sin emba go, p on o el o icio de policía se
con i ió en un empleo más con el que los gobe nado es ci iles podían
hace a o es y a ende a comp omisos. «He ían los empeños po log a
admisiones en el cue po», eco daba un gobe nado de B aga, que se io
« o zado a acep a bulas alsi icadas» pa a admi i «a indi iduos del pueblo
sin ins ucción alguna»6.
Los adminis ado es de municipios que no e an capi al de dis i o,
pe o que enían una población nume osa y ob e a, como Se úbal o Co-
ilhã, ambién p e endie on con a con policías ci iles. «El pue o es
muy ecuen ado y en él ondean nume osas emba caciones ex anje as»,
esc ibía el adminis ado de Se úbal en 1870, «gene ando un se icio
policial que no puede se bien desempeñado po los egido es y cabos».
Los cabos de la illa p o es aban po las ondas noc u nas, de modo que
4 DCD, 28-i -1883, p. 1298; Machado (1888). DCD, 19- i-1893, pp. 28-29; Ídem, 11-
i -1898, p. 791; Ídem, 12-i -1899, pp. 9-10.
5 Ca a del MR al GC de B aganza, 11-ix-1882 L32 n.º 421; Ídem, a GC Beja L32 n.º
743, 9-x-1882, Ibídem, a GC de Gua da, L33 85, 7-i -1883; Polícia de Segu ança
Pública (1940: 23-25).
6 DCP, 2- i-1878, p. 33 y ss.
146
Diego Palacios Ce ezales
el se icio policial apenas se ealizaba, las o denanzas municipales no se
cumplían y los ma ine os de paso no encon aban eno a sus «o ensas
a la mo al pública». El adminis ado ampoco enía medios pa a e i a
que los cha ales eco iesen la ciudad en g andes g upos, asus ando a
la gen e con sus ba allas a ped adas. El minis e io, en ez de au o iza
un cue po policial pa a Se úbal, en ió un pequeño des acamen o de
los agen es de Lisboa pa a que auxiliasen al adminis ado . Lo mismo
sucedió en Lamego, donde es acionaban 10 plazas de la Policía Ci il de
Viseu7.
Como ya hemos comen ado an e io men e, la c eación de las policías
ci iles no puede se in e p e ada como un p oceso de sus i ución del Ejé -
ci o en labo es policiales, sino como una sus i ución de las a eas policiales
que an es ealizaban los adminis ado es, los egido es y los cabos en los
p incipales núcleos u banos. Y ambién de algunas labo es de in es iga-
ción c iminal, en las que se hicie on popula es agen es como el céleb e
An unes de la Policía Ci il de Lisboa8.
Pa a Modes o Fe nández González, en su iaje a Po ugal de 1874,
esul aba llama i o el con as e en la on e a en e el Cue po de Ca-
abine os español y «algunos aduane os sin ca ác e mili a » en el lado
po ugués. Cuando había que pe segui a una pa ida de con abandis as,
las au o idades po uguesas ecu ían al Ejé ci o. Los se icios aduane os
po ugueses ue on eo ganizados en 1886 pa a da ida a una Gua da
Fiscal mili a izada, de o ganización y unciones semejan es a las del Cue -
po de Ca abine os español. A pa i de en onces es a ue za se desplegaba
po las localidades cos e as y en la on e a con España, igilando el á-
ico de me cancías e in en ando impedi el con abando. Además, se c eó
7 L20 n.º 579 AC Se úbal pa a GC LISBOA, 12- -1870, emi ida pa a el MR. DCD,
24-i-1880, pp. 219-224; DCD, 4-ii-1881, pp. 371-377; el código de 1896, a . 130,
pe mi ió que, con ap obación del gobie no, los municipios de 1ª clase que no uesen
capi al de dis i o c easen cue pos de Policía Ci il, lo que sucedió en Co ilhã y Se úbal.
Se úbal pe enecía al dis i o de Lisboa, pasó a se capi al de un dis i o p opio en 1924;
El cue po de Policía Ci il de Se úbal ue au o izado ein a años después po la po a ia
de 5-i-1899.
8 C . DCP, 18-i-1876.
147
«…si su seño ía in en a o o medio pa a dispe sa mul i udes»
una policía iscal ese ada, de ca ác e ci il, dedicada a a eas de in es iga-
ción del aude aduane o y iscal. La ac i a p eocupación po el e ue zo de
la igilancia y la coe ción en ma e ia aduane a puede mos a la p imacía
de la polí ica ecauda o ia sob e la de segu idad pública en la agenda del
gobie no, pe o una p imacía que se cen aba en los impues os indi ec os9.
* * *
Pese a algunos elogios pun uales, los cue pos policiales po ugueses se
gana on ama de b uscos e inco ec os en el a o. La Policía Ci il, po
poco ins uida, «igno an e y mal pagada [...] no conoce las más ulga es
nociones de de echo indi idual (…) es g ose a po que no sabe ap ecia lo
que ale su au o idad»; la Gua da Municipal, po excesi amen e mili a
y p epo en e con los ciudadanos. Esa ama no enía g an impo ancia
cuando quienes su ían la acción de los agen es e an las clases popula es,
pe o sí cuando incomodaba a caballe os espe ables. La di e encia en el
a o de la policía según las clases la señalaba el dipu ado A obas, que
«desea ía que cuando un ciudadano cualquie a, po el hecho de es a mal
es ido, o po no se de una clase muy ele ada de la sociedad, no po ello
es é suje o que la Gua da Municipal le acuchille»10.
Es udian es y mili a es e an dos ca ego ías pa a las que las au o idades
pedían ac o a la policía. Así, con los es udian es de Coimb a, el gobe na-
do ci il ecomendaba «especial p udencia y ci cunspección a los agen es,
pa a e i a con lic os». Se acep aba que, po ogosidad ju enil y o gullo
co po a i o, los es udian es e an eacios a aca a las ó denes de la policía.
Los con lic os con los mili a es e an especialmen e delicados. Los policías
enían que in e pela a los o iciales con co ección y ene en cuen a su
ue o especial. Además había cie a animad e sión en e policías y solda-
9 Fe nández y González (1874: 110). La O den del Ejé ci o n.º 49-ix-1848; Ci cula do
minis é io da gue a de 5 de se emb o de 1874. Ci . en Sil a (1876: 20); San os (1985);
Cos a (s. d.: 17).
10 Esos adje i os y diagnós icos son ecu en es en e 1870 y 1890; pa a un análisis comple-
o, . Jo nal do Paiz, 3º ano n.º 24, 8- iii-1888; la clase en DCD, 16-iii-1881, p. 1030.
148
Diego Palacios Ce ezales
dos, de modo que no e a in ecuen e la pa icipación de soldados ociosos
en las iñas u banas en e el pueblo y la policía11.
Hay nume osas no icias de encon onazos b uscos en e las ue zas
policiales y el público. Pe o solo se exigían esponsabilidades cuando el
mal a o lo su ía gen e de cie a posición, como en los dis u bios de ju-
nio de 1877 en Lisboa conocidos como los «acuchillamen os del paseo».
Todo comenzó con el inicio de la empo ada e aniega en el paseo público
(ac ual A enida da Libe dade). Pagando 50 eales —casi medio jo nal de
un abajado cuali icado— los lisboe as acomodados dis u a ían de un
paseo noc u no iluminado con a olas de gas y amenizado po una banda
mili a . Sin emba go, había habido desa enencias el con a is a del paseo
y la Câma a Municipal, que denunciaba el con a o. El con a is a no
hizo caso y ab ió el paseo; encendió la iluminación, acudió el público y la
banda comenzó a oca . La elada ue in e umpida po un delegado del
municipio, acompañado po el comisa io de policía y algunos agen es, que
blandía una o den judicial con a el con a is a. El comisa io o denó al
público que saliese, pe o los pasean es no le espe a on y se enca a on con
él dando silbidos «en asonada». El comisa io solici ó en onces e ue zos de
la Gua da Municipal, que acudió con 40 homb es de in an e ía y 15 de ca-
balle ía. Pa e de la ue za de in an e ía en ó en el paseo po un ex emo
y a anzó en ila compac a, obligando a la gen e a sali po el o o. Algunas
pe sonas se enca a on con los municipales, a anca on bancos del paseo,
pa ie on lámpa as de gas, p o oca on un pequeño incendio y mon a on
ba icadas. En el o o ex emo del paseo, el e én de caballe ía dis ibuía
planchazos de sable, pe seguía a los que silbaban «y hubo seño as que
u ie on desmayos y deli ios», en ho a y media de «cha i a i noc u no»12.
Al día siguien e a ios ciudadanos p omo ie on una mo ilización cí-
ica en con a de la ep esión. La gen e aba o ó un ea o, con ocada
po el p o eso epublicano Teó ilo B aga pa a exigi un desag a io al
pueblo de Lisboa. Después, una comisión del mee ing se di igió a casa del
11 Ca a del MR al GC de Coimb a, 23-i-1882, L32 n.º 137. AMR li o 1708.
12 ARS, n.º 10477, 19- i-1877.
149
«…si su seño ía in en a o o medio pa a dispe sa mul i udes»
Minis o del eino, Á ila, que la ecibió a ablemen e y le comunicó que
cesaba al gobe nado ci il, suspendía p o isionalmen e al comisa io de
policía e iniciaba una in es igación sob e posibles excesos indi iduales de
algunos gua das municipales. Semejan es exigencias de esponsabilidades
e an poco ecuen es en las si uaciones simila es en me cados o ome ías,
en las que los pa icipan es no e an las clases medias-al as u banas bien
conec adas polí icamen e, lo que mues a que el o igen social de las íc-
imas ma caba los cos es polí icos de la ep esión. Pa a las clases medias
lisboe as, las he idas de aquella noche de ague ido en en amien o con
la Gua da Municipal se con i ie on en una sue e de medalla que los
caballe os mos aban o gullosamen e en público13.
el abajo PoliCial del ejé Ci o
En p o incias, a pesa del despliegue de la Gua da Fiscal y de las pe-
queñas Policías Ci iles en las capi ales de dis i o, la al a de genda me ía
hacía que el Ejé ci o con inua a acudiendo a odo ipo de acon ecimien os
colec i os, como e ias, audiencias judiciales, ome ías, espec áculos públi-
cos y con lic os labo ales o polí icos.
A pa i de 1870 se p odujo una no malización de los se icios de o den
público del Ejé ci o y p oli e a on p on ua ios de policía pa a el uso de los
o iciales. Los p on ua ios ecogían las ó denes de se icio dispe sas, que
no e an enseñadas en la academia mili a , pa a que los o iciales pudiesen
ene las en cuen a a la ho a de emp ende las misiones policiales. Además
los p on ua ios ecogían consejos ope a i os basados en la p ác ica y el
sen ido común, pues algunos de los se icios «no es án de e minados en
la ley y solo la expe iencia y la p ác ica pueden enseña cuál es el mejo
mé odo a segui »14.
13 ARS, n.º 10480, 22- i-1877; Po a ia del Minis é io do Reino de 18- i-1877; . ambién
DCD, 14-iii-1881, p. 916. Conde de Ca alhei os, DCP, 2- i-1878, p. 35.
14 Sil a (1876); s. a. (1883); s. a. (1886); Cos a (1889); Vidigal (1905). Los consejos
basados en la expe iencia en Sil a (1876: 66).

150
Diego Palacios Ce ezales
La policía de una e ia o ome ía podía du a has a una semana, más
los días de ma cha y eg eso; los se icios de man enimien o del o den en
unas elecciones e a a o que du asen más de dos días (día de la o ación
y cus odia noc u na de la u na pa a el ecuen o al día siguien e); los de
o den en los ibunales, lo que du ase la empo ada judicial; los de los
co dones sani a ios con a el cóle a podían p olonga se du an e meses,
al igual que los que p eca ían umul os en épocas de ca es ía o p o es a
an i iscal, según lo que du ase la amenaza de desó denes. En es os casos
se p ocu aba endi los des acamen os con cie a ecuencia, pues se emía
la con a e nización en e soldados y paisanos.
Las «diligencias» e an de a iados amaños. Un pa de soldados podían
se enca gados de una gua dia sin p esencia de mando, o se mandados
po un cabo pa a auxilia a un egido de pa oquia en la escol a de p e-
sos. A pa i de 9 soldados de in an e ía el mando ya le co espondía a un
sa gen o, a pa i de 17, a un enien e o un al é ez y, cuando la ue za e a
de más de 30 homb es, a un capi án. En la co espondencia en e au o i-
dades, en muchas ocasiones no se de alla el núme o de soldados pa ici-
pan es, sino que se indica que la ue za e a «de sa gen o», «de subal e no»
o «de capi án», indicando con ello an o el g ado del mando supe io como
el núme o ap oximado de soldados15.
El se icio de policía signi icaba desplaza se y o ganiza la pe noc a
de las opas. En in ie no, las ma chas solían hace se desde el amanece
a la pues a de sol, mien as que en e ano se caminaba de noche. Cuando
la columna a a esaba una población, los o iciales p ocu aban que los sol-
dados apa en asen ma cialidad, ma cando el paso y lle ando los usiles al
homb o. En cambio, po despoblado se pe mi ía una ma cha más elajada,
que los soldados con e sasen, umasen y no man u iesen la ila, e incluso
que ali iasen las ampollas de los pies calzando alpa ga as en ez de las
bo as eglamen a ias. El ayec o y los luga es de descanso se de e mina-
15 La denominación del o icial o subo icial al mando, en po ugués, es «comandan e de la
ue za». En la je a quía cas ense española, Comandan e es un g ado —equi alen e al
po ugués Majo —, po lo que hay que p es a a ención pa a no cae en con usiones en e
mando y g ado.
151
«…si su seño ía in en a o o medio pa a dispe sa mul i udes»
ban en unción de la misión a desempeña , y los p on ua ios ecomen-
daban que las opas es u iesen escas a la ho a de comenza el se icio
policial. Si e a posible, se ap o echaba el e oca il pa a el ayec o, o la
na egación de cabo aje; o as eces, los o iciales de in an e ía alquilaban
mulas pa a no compa i la a iga con los soldados. Cuando se a aba de
es ablece un des acamen o du an e un pe iodo la go, la amilia podía
acompaña a los o iciales, y seguía a la columna mili a en un ca oma o
ca gado de baúles y male as. En cambio, cada soldado es aba obligado a
ca ga con odas sus pe enencias en la mochila16.
Pa a pe noc a , de paso o en des ino, el adminis ado del concejo al
que llega an las opas debía enca ga se del alojamien o. Si no había una
casa pa a se i de cua el, el adminis ado dis ibuía «bole os» en e los
soldados, una papele a que les indicaba en casa de qué ciudadanos pasa-
ían la noche. Los que ecibían a los abole ados es aban obligados a da
g a ui amen e du an e es días casa, cama, luz, agua, sal y leña; pasado
ese plazo end ían de echo al eembolso de los gas os. El abole amen o
e a desaconsejado en casos de males a popula , pues la gen e se esis ía
a ene gas os con los soldados y es os podían e se con agiados po el
ambien e de e uel a, po lo que se buscaban case ones que si ie an de
cua el17.
Las ins ucciones con las que ma chaba el des acamen o solían es in-
gi la misión que se le encomendaba. Po ejemplo, podían indica que un
sa gen o es u iese a una de e minada ho a, con un pique e de soldados,
a la pue a de un ibunal de p o incias, y que se en endiese con el juez y
el adminis ado pa a man ene el o den du an e la época judicial. En ese
caso, el o icial al mando no es aba obligado a p es a o os se icios que
necesi ase el adminis ado , dis in os a los consignados en sus ins uccio-
nes, ni a segui sus indicaciones sob e el modo como cumpli su misión.
El des acamen o no e a el equi alen e a un cue po de policía. Si su -
gían imp e is os de o den público o segu idad en su adio de acción, el
16 Sil a (1876: 62); Cas o (1947: ol. i p. 9); Cos a (1889: 7). Las alpa ga as en s. a.
(1883: 3).
17 Cos a (1889: 9). AMR, L20 n.º 358.
152
Diego Palacios Ce ezales
adminis ado debía pedi au o ización a la di isión mili a pa a emplea
al des acamen o en esos nue os menes e es. Si el caso e a u gen e, podía
ob ia se ese equisi o, pe o la au o idad ci il debía pedi el auxilio po
esc i o o an e es igos. E a impo an e man ene la di e enciación uncio-
nal en e las au o idades ci iles y las mili a es, aquéllas no debían dimi i
de su esponsabilidad, ni es as in adi compe encias ci iles. El mili a al
mando del des acamen o se man enía siemp e como esponsable de las
ó denes, la disciplina y la segu idad de la ue za, y no podía deja homb es
a las ó denes del adminis ado o los egido es.
En su guía de 1875, Soa es e Sil a ecomendaba que pa a la policía de
una e ia, ome ía u o o acon ecimien o que diese luga a aglome aciones
popula es, la ue za mili a se si uase a 200 o 300 me os del luga , en
una posición desde la que se dominase el e en o y desde la que ue a ácil
accede al mismo. La posición, además, debía pe mi i que los lancos y
la e agua dia es u iesen igilados. Po mucho que el adminis ado del
concejo lo exigiese, el comandan e del des acamen o debía ea i ma su
au onomía ope a i a y nega se a di idi la ue za en pa ullas, man enién-
dola eunida y p epa ada18.
Los paisanos debían man ene se alejados del des acamen o y debía im-
pedi se que o eciesen bebidas espi i uosas a los soldados. Las in e encio-
nes a madas debían hace se con el g ueso de la ue za, pues una pequeña
pa ulla pod ía ácilmen e se obje o de « al as de espe o» [desconside ada].
En caso de ene que maniob a en el in e io de la mul i ud, pa a acudi
a algún pun o, el des acamen o debe ía i siemp e en o mación y, en cada
al o, la ila de e agua dia gi a se con las a mas empuñadas, pa a econo-
ce el e eno y e i a so p esas19.
Un caso delicado e a el de las elecciones. Du an e el úl imo e cio del
siglo en la mayo pa e de las ci cunsc ipciones el esul ado solía es a
pac ado y no había compe ición elec o al. En cambio, había zonas en las
que los pa idos, a eces enca nados en amilias in luyen es en en adas
18 Sil a (1876).
19 Vidigal (1905).
153
«…si su seño ía in en a o o medio pa a dispe sa mul i udes»
desde gene aciones a ás, se comba ían denodadamen e, ya ue a po el
pode municipal o po la elección de un dipu ado. En esas campañas los
candida os o ganizaban mí ines, se insul aban, egalaban dulces o dine o,
amenazaban a los elec o es del pa ido con a io y con a aban bandas de
música pa a lle a en p ocesión es i a a los o an es. También e a común
que las candida u as mo ilizasen a muje es, jo enzuelos y a ones sin la
condición de elec o , que po su me a p esencia en una cence ada elec o-
al in imidaban a los o an es del ad e sa io20.
Cuando se ap oximaban las o aciones, los gobe nado es se coo dina-
ban con las au o idades mili a es pa a p e eni los umul os. En uno de
los pocos casos en los que enemos un cómpu o global, las elecciones de
oc ub e de 1878, hubo 4258 soldados en se icio de des acamen o especial
po mo i o elec o al. Los núme os no incluyen los dis i os de Lisboa y
Opo o, po lo que en p o incias se mo ilizó el 80% del con ingen e mi-
li a allí es acionado. En las elecciones de ma zo de 1887, el gobe nado
ci il de Opo o pidió 100 soldados pa a Ma co de Cana eses, o os 30
pa a Felguei as y, apu ando las opas que en ese momen o es aban dis-
ponibles en el dis i o, o os 30 pa a Lousada. En es e úl imo municipio
los emo es de desó denes se hicie on ealidad y la ue za ca gó con a
un g upo hos il que denunciaba la alsi icación de las ac as elec o ales,
hi iendo a un homb e y una muje , ninguno de ellos elec o es21.
La p esencia de opas el día de las elecciones e a is a po la oposi-
ción como una o ma de coa a la libe ad de o o. Pa a e i a ese uso
sin enuncia a que el Ejé ci o pudiese sol en a umul os p óximos a la
u na, en 1834 se de e minó que, du an e las o aciones, las opas debían
man ene se alejadas de las mesas de o o. En caso de con lic o jun o a
la u na, las opas solo pod ían ace ca se si se lo eclamaba la au o idad
adminis a i a o el p esiden e de la mesa de o o, que siemp e debían pe-
di lo po esc i o o an e es igos. En el momen o en que la ue za a mada
se ap oximase a las mesas de o o «pa a disipa umul os u obs a ag e-
20 Lamy (1977).
21 DCD, 16-ii-1880, pp. 478-479; ADP-FGC, Regis o Telg . s en iados (1867-1890); L1075,
ma zo de 1887.
256
Diego Palacios Ce ezales
men de libe ad como e a la República», eco daba el p ime comandan e,
«y los gua dias lanzados al se icio calleje o ecibie on e dade os desaca-
os e inju ias». Poco a poco, ea mada e in en ando ac ua «con ene gía y
ponde ación», la Policía Cí ica ol ió a pa ulla con ela i a no malidad
po las calles de Lisboa. No log ó, sin emba go, se plenamen e acep ada
po el mo imien o epublicano11.
Los nue os apela i os de «cí ica» de la policía, o de «nacional epubli-
cana» de la genda me ía, no se co espondie on con un cambio en su o -
ma de ac ua en e a las mul i udes. Aunque inicialmen e An ónio José
de Almeida o denó desa ma a la policía, en cuan o se decidió a usa la
como ins umen o de con ol de la calle, ol ió a do a la de sable y pis ola.
Un p oyec o de e o ma policial de mayo de 1914 hablaba de que la policía
debía «impedi las al e aciones del o den público po p ocedimien os no
mili a es, que pe enecen a o as ins i uciones», pe o ni el p oyec o ue
ap obado ni ampoco de allaba cuáles pod ían se esos p ocedimien os12.
La in an e ía de la Gua da Nacional Republicana, po su pa e, pa u-
llaba a mada con usil y bayone a, mien as que la caballe ía usaba el mis-
mo sable y ca abina que u ilizaban la ieja Gua da Municipal moná quica
o la caballe ía del Ejé ci o. Pese a las c í icas que los epublicanos habían
e ido sob e el uso de a mas de uego po las ue zas de o den público de
la mona quía, el desa ollo de una ue za especializada en in e enciones
inc uen as no o mó pa e de las p io idades una ez que es os llega on
al gobie no.
Eso con as a con lo que había sucedido en la III República ancesa y
luego sucede ía en la II República española, en las que sí hubo una p e-
ocupación po de ini algo que pudiese llama se una o ma «p opiamen e
epublicana» de es ablece el o den público. En F ancia, sob e odo a pa -
i de la década de 1890, las e o mas del p e ec o Lépine en la policía de
Pa ís in oca on siemp e la necesidad de c ea un modelo « epublicano» de
11 Bando [edi al] del GC de Lisboa del 7-x-1910. Nunes (1945: 18). Albe o da Sil ei a, DS,
1- -1914. Pa a la insa is acción de los adicales, AMI, Mç 36, L62 n.º 12[1]; . ambién,
Valen e (2004: 206).
12 P ojec o de e o ma dos se iços policiais ep oducido en DCD, 7- -1914, pp. 5-28.

257
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
in e ención an e huelgas, mani es aciones y mo ines. En consonancia con
el dilema del o den público, se a aba de consegui siemp e asegu a la
au o idad del Es ado, no pe mi i los compo amien os colec i os ilegales,
pe o hace lo de un modo especial, median e in e enciones po la ue za
en las que hubiese un bajo iesgo de que la acción coe ci i a pudiese causa
mue es o he idas g a es. Se inspi ó en lo que ya hacía la policía b i ánica
y es ableció una se ie de p incipios. En p ime luga , se a aba de elimina
el uso de a mas de uego y de ilo, que se sus i uye on po bas ones. En
segundo luga , las in e enciones se planeaban de al modo que odo el
mundo supiese que la in e ención iba a p oduci se y cual e a la ía lib e
de dispe sión. En e ce luga , se a aba de in e eni siemp e con pelo o-
nes compac os y nume osos, que man u iesen un en e de ca ga y que no
dejasen nunca a un agen e solo, odeado po la mul i ud y con necesidad
de usa un exceso de ue za pa a lib a se del pelig o. A pa i de 1900,
ambién en las p o incias y las cuencas mine as, donde e an ecuen es las
huelgas, se de inie on nue os p o ocolos de ac uación de la genda me ía
y el Ejé ci o ancés basados en la p eocupación po limi a la posibilidad
de que se p odujesen en en amien os iolen os13.
En España, a su ez, la p oclamación de la II República en 1931 am-
bién se io acompañada de un p oyec o ambicioso de hace desapa ece el
uso de las a mas de uego y los sables en la dispe sión de umul os. Ese
e a el núcleo de las p eocupaciones de Miguel Mau a cuando, desde el
gobie no p o isional de la República, es ableció las bases pa a la c eación
de la Gua dia de Asal o, una policía especializada en el con ol de mul i-
udes sin hace uso de las a mas de uego. En ez del usil Máuse de la
Gua dia Ci il, u ilizaba bas ones o ados de cue o, aunque los con lic os
de la República española acaba ían alejando a la Gua dia de Asal o del
modelo policial que p esidió su c eación14.
En cambio, en Po ugal, la implan ación de la República no se io
acompañada po la de inición de una doc ina de man enimien o del
13 Be liè e (1993); Johansen (2001); Be liè e (2007).
14 Mau a (1962: 265-276). Ve ambién Ballbé (1984); Blaney (2007); Palacios Ce e-
zales (2011).
258
Diego Palacios Ce ezales
o den que se di e enciase de la Mona quía. Incluso hubo un paso a ás
espec o a las inicia i as del úl imo gabine e moná quico.
Las ins ucciones pa a la acción de la nue a GNR e an muy simila es
a las de la Gua da Municipal de la mona quía y es aban inspi adas en las
o denanzas mili a es. El eglamen o de la GNR de junio de 1911 espe-
ci icaba que si la pe suasión no bas aba pa a dispe sa a los amo inados
«el comandan e de la ue za debía p e eni los de que si no se dispe saban
se e ía obligado a hace uso de las a mas, y epe i es e a iso es eces
acompañándolo, caso de que lo hubiese disponible, de oques de cla ín o
co ne a». Si después de las in imaciones los amo inados oda ía pe sis ie-
sen en la desobediencia, «se debe á es ablece po la ue za la anqui-
lidad, dando p e e encia al a ma blanca, solo haciendo uso del uego en
caso ex emo». Aunque hiciese e e encias a la p udencia, y hubiese una
g adación en el uso de las a mas —p ime o las blancas, y luego las de
uego— el eglamen o de la GNR no ep oducía las p eocupaciones de las
ins ucciones de Teixei a de Sousa de 1910, que ci aban «e i a la e usiçon
de sang e» y ecomendaban los planchazos de sable y los i os al ai e15.
En el pa lamen o, algún dipu ado se aco daba de ecomenda al go-
bie no que ins uyese a la policía pa a «usa la plancha del sable en ez del
ilo» cuando se en en ase a una desobediencia desa mada, o p e i iese a la
caballe ía de la GNR a los policías a pie «que así se e i an in e enciones
b u ales»; pe o las e e encias al cula azo, el sablazo plano y las pun e-
ías al as es aban ausen es de las di ec ices eglamen a ias. No obs an e,
como an e io men e, los usos no le ales de las a mas siguie on siendo los
habi uales cuando los o iciales al mando conside aban que bas aban pa a
con ola una si uación de deso den público16.
Po o a pa e, la ic o ia de los e oluciona ios en 1910 había en alen-
onado a la población en su elación con las ue zas de o den público. «[Si]
15 Regulamen o p o isó io pa a o Se iço da Gua da Nacional Republicana, Dec e o de 3- i-
1911. La disposición se epi e en Sec . da Gue a (1914: 3ª pa e, Cap. i, a . 12),
aunque en es e úl imo caso no se explici a una g adación en e la a ma blanca y las a mas
de uego. V. ambién AHM, Iº Di ., Secç 34.
16 DCD, 14- -1914, pp. 14 y 19.
259
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
an es una pa ulla de la Gua da Municipal ba ía en dos segundos una
plaza», se lamen aba Al edo Pimen a, «aho a los umul uosos aga an
las b idas de los caballos y se deshacen de las pa ullas en ese mismo pa
de segundos». Además, desde la e olución había miles de a mas dis i-
buidas en e ci iles, y más desde oc ub e de 1911, cuando se o ma on
ba allones de olun a ios con a las incu siones moná quicas. Po si ue a
poco, la ab icación de bombas de mano se había o nado popula en e
los Ca bona ios (la llamada «a ille ía ci il»), y ambién en los sec o es
«in e encionis as» del mo imien o ana quis a17.
En esas ci cuns ancias, en la zonas u banas e a ácil que alguien,
escondido en e una mul i ud que p o es aba po es o o po aquello, dis-
pa ase con a la ue za pública o lanzase una bomba, lo que con e ía la
acción de dispe sión en una pequeña si uación de comba e, con ba icadas
y i o eos. E a di ícil que la ue za pública, sin ene el monopolio de las
a mas de uego, desa ollase au ónomamen e écnicas y p ocedimien os de
ac uación inc uen a pa a dispe sa mul i udes. Tampoco las au o idades
polí icas les die on ni las ins ucciones ni los medios pa a que esa ans-
o mación uese posible.
A pesa de la ines abilidad y la imagen de deso den de la República, la
acción de los gobie nos p o isionales con ibuyó a edi ica algunas es uc-
u as du ade as del Es ado po ugués. La con e sión de la Gua da Mu-
nicipal en la Gua da Nacional Republicana (GNR) ue mucho más allá
de un me o cambio de nomb e, y ealizó el añejo p oyec o de c ea una
genda me ía po uguesa. Con a ía con 5000 homb es pa a odo el país
y su despliegue do aba al Es ado, po ez p ime a, de un cue po policial
nacional. Con la GNR el Es ado pod ía ab aza odo el e i o io y lle a
la República has a cada aldea.
Pa a el se icio de la GNR, el país se di idió en sie e ci cunsc ipcio-
nes e i o iales, dejando ue a las islas (Tabla 3). El despliegue de las
compañías u ales ue p og esi o. Aunque se pensó comple a lo en cua o
años, hubo que espe a has a la eo ganización de 1919 pa a que llegase
17 Al edo Pimen a ci . en Valen e (2004: 248).
260
Diego Palacios Ce ezales
a odo el país. En Lisboa y Opo o el ba allón co espondien e con aba
con compañías dedicadas a la policía u al, compañías de ese a u bana
y escuad ones de caballe ía. Los o os cua o ba allones aba caban cua o
dis i os cada uno, y a cada dis i o se le asignaba una compañía mix a
de in an e ía y caballe ía que se desplegaba po los di e en es municipios
del dis i o, dis ibuida en pequeños pues os do ados de 2, 4 o 6 soldados.
La ac i idad p incipal de los gua das de es os pues os e a la policía
u al, pa ulla en pa ejas po los caminos y despoblados, «de endiendo
los de echos de la población u al, ga an izando su anquilidad y segu-
idad». Debían ela po que se espe ase oda la legislación sob e mon es,
bosques, ganade ía, pesca y íos, así como igila a los gi anos, a los
agabundos y ac ua como policía c iminal. Además, debían conoce las
o denanzas municipales de las localidades donde les ocase pa ulla y e-
la po que uesen cumplidas. A cambio de esos se icios, cada municipio
debía su aga una casa en la que ins ala el pues o de la GNR18.
Du an e 1911, las p ime as compañías u ales de la GNR se c ea on
en Po aleg e, É o a y Beja, en el Alen ejo la i undis a, y en sep iemb e
de ese año ya había pues os de la genda me ía en odos los municipios
de esa zona. Pasados solo unos meses, «los se icios que esa gua da ha
p es ado en aquellos dis i os son conocidos po odos los indi iduos que
habi an aquellas localidades, que aho a ienen sus p opiedades ga an i-
zadas y de endidas, lo que no acon ecía an e io men e». «Es e año en mi
municipio no se ha obado bello a», decía un dipu ado. Según la comisión
de hacienda, «la policía u al de la GNR e a disciplinada y cuidadosa y
es aba asegu ando el lib e ánsi o y p o egiendo las p opiedades con a
los ecuen es asal os de agabundos y malhecho es». B i o Camacho,
des acado po a oz de los e a enien es del su , ambién había podido
comp oba los bene icios de la GNR, que libe aba a los p opie a ios de
las ca gas de la economia mo al. Has a en onces su casa, como la de o os
hacendados, se había is o obligada a da comida y cobijo en in ie no
a una media de 40 o 50 homb es sin abajo. Desde que llegó la nue a
18 Regulamen o p o isó io pa a o Se iço da Gua da Nacional Republicana. Dec e o de 3- i-
1911, a ículos del 13 al 17 y del 105 al 172.
261
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
Tabla 3. Plan inicial y despliegue de la
Gua da Nacional Republicana (1911-1919)
Ba allón Sede Compañías Dis i o Despliegue
Iº Lisboa 7 c. y 1 esc.* Lisboa 1911**
1ª Po aleg e 1911
IIº San a ém 2ª Lei ia 1917Ω
3ª Cas elo
B anco 1912
4ª San a ém 1912
1ª Fa o 1913
IIIº É o a 2ª Beja 1911
3ª É o a 1911
4ª Se úbal 1912
1ª Viseu 1919
IVº Coimb a 2ª A ei o 1919
3ª Coimb a 1914
4ª Gua da 1914
Vº Opo o 5 c. y 1 esc. Opo o 1911Ψ
1ª B aga 1914
VIº B aga 2ª Viana do
Cas elo 1919
3ª Vila Real 1917 Ω
4ª B aganza 1914
* Aumen ado cua o escuad ones en 1913, aunque en 1917 solo se habían c eado es.
** Has a 1918 no se c eó la sép ima compañía.
Ω Dec e o nº 2584 de 24 de agos o de 1916.
Ψ La sección de Pena iel no se c eó has a 1918.

262
Diego Palacios Ce ezales
genda me ía, no alojaba a más de 12. Aho a había que ex ende la GNR
al es o del Alen ejo, pues o que «los malhecho es ahuyen ados se habían
concen ado en los municipios ecinos»19.
La implan ación de la GNR acili ó ambién la e o ma iscal del 4 de
mayo de 1911, que sus i uía el sis ema de ma ices po o o de decla ación
del endimien o po pa e de cada p opie a io u al. Se inc emen ó no a-
blemen e la ecaudación po con ibución e i o ial, que en 1913 llegó a
ep esen a la mi ad de los impues os di ec os. Según Ga cía da Cos a, la
disminución de las ca gas de ca idad o zosa pe mi ida po el despliegue
de la GNR había hecho ole able, a ojos de los p opie a ios u ales, el
aumen o de la con ibución e i o ial, y ampoco les impo aba paga el
cos e de las casas de la GNR20.
Pe o la delincuencia de los jo nale os y la ex o sión de ca idad no e an
las únicas amenazas que debía comba i la GNR. El mo imien o ob e o,
an o u bano como u al, inquie aba a la clase polí ica y el pa lamen o
modi icó los p esupues os pa a adelan a el despliegue de la GNR en la
indus iosa península de Se úbal21.
Más allá de las ac i idades ep esi as, el despliegue de la GNR cam-
biaba la o ma en que el Es ado cen al se hacía p esen e en el e i o io.
Aunque debía colabo a con las au o idades locales, los o iciales y gua das
de la GNR no ac uaban subo dinados a aquéllas, sino que pe enecían a
una o ganización de ámbi o nacional, ue emen e je a quizada desde el
cen o, con sus p opias di ec ices y que ap eciaba su au onomía. Viejas
cos umb es que los celado es y los gua das u ales habían ole ado, desde
ene pe os suel os a deja apa cado un ca o en caminos poco ansi-
ados, pasa on a se obje o de mul as, susci ando la p o es a de las po-
blaciones y sus ep esen an es locales, que pedía al Minis e io una GNR
más con empo izado a. La GNR e o zaba al Es ado cen al en e a las
19 Ca a do CG da GNR ao MI, 3-ix-1911, AMI Mç 34, L61 n.º 631; DCD, 5-i-1912, p. 4;
DCD, 26-ii-1912, pp. 17-21.
20 DCD, 5-i-1912. El signi icado polí ico de es e cambio de sis ema iscal apa ece ealzado
en las discusiones del DCD del 7-ix-1911. Los núme os en Ma a (1993: 131).
21 DCD, 26-ii-1912, pp. 17-21.
263
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
solida idades comuni a ias y las elaciones de dependencia caciquiles.
Aunque esidiesen en la localidad, los gua dias enían que se o áneos y
limi a sus elaciones con la población al ámbi o o icial. En la co espon-
dencia de los Gobie nos Ci iles se encuen an abundan es mues as de
cómo las au o idades locales, en especial los Adminis ado es, en aban
en con lic o con una ue za que, expo ando el celo jacobino de Lisboa,
p e e ía ac ua pa a cumpli la ley, an es que acomoda se a los comp o-
misos y a los juegos de equilib ios locales. Su au onomía desau o izaba
al adminis ado y educía su cen alidad como mediado en e el ámbi o
local y el nacional22.
G acias a la GNR, los apa a os adminis a i o, iscal y judicial pasa on
a con a con el espaldo de un cue po policial nacional que e o zaba la
au o idad de sus agen es en el e eno, que además conocía a los ecinos
y los luga es y di icul aba an o la ocul ación de iqueza al isco como de
mozos al eclu amien o. Finalmen e, en muchos luga es del país, la pa-
ulla p e en i a de la GNR y sus labo es de auxilio an e ca ás o es e an
el p ime se icio público que la población ecibía del Es ado. La idea de
up u a con el pasado que ep esen aba la GNR es aba an cla a, que en
julio de 1913, cuando el pa lamen o empezó a con alida los dec e os de
los gobie nos p o isionales, con i ió la o ganización de la GNR en la Ley
n.º 1 de la República.
Inicialmen e la GNR iba a se el p incipal cue po policial en odo el
país, abso biendo a las policías ci iles de p o incias. Solo subsis i ían las
policías de Lisboa, Opo o y Coimb a, donde la ida u bana jus i icaba
una o ganización especial. Sin emba go, los adminis ado es de las capi-
ales de dis i o no eían bien queda se sin un cue po a su disposición y
ue on poniendo abas a ese plan y ampoco el comandan e de la GNR
que ía abso be a ue zas de ca ác e ci il en su seno. Finalmen e, en 1913
se enunció a esa uni icación y se acep ó un modelo dualis a de policía, con
22 En e o os, Telg . del GC del Alga be al comandan es del ba allón 3 de la GNR, 26-
ii-1915 ADF FGC; In o me del adminis ado del concejo de Seixal al GC de Lisboa,
17-ii-1921 y muy especialmen e el sindica o ag ícola (pa onal) de ese mismo municipio,
19- -1921, ambos en ADL-FGC, Cx. 143. V. ambién, Cu ilei o (2004: 159-162).
264
Diego Palacios Ce ezales
la GNR como genda me ía u al y ese a de o den público, y los cue pos
de Policía Cí ica como policía u bana23.
En 1914 se discu ió un as o p oyec o de eo ganización de la Policía
Cí ica, aunque al inal solo se ap obó una e o ma de los « udimen a ios y
casi inú iles» policías de las capi ales de los dis i os, que siguie on siendo
cue pos independien es. No se aumen a on sensiblemen e sus e ec i os,
pues podían con a con la GNR como complemen o, pe o se buscó su p o-
esionalización. Se ol ió a es ablece la ca ego ía de comisa io de policía,
como igu a dis in a al adminis ado , y en muchos cue pos se c ea on
pequeñas secciones de policía judicial. Además, el gobie no eglamen ó
sis emas de pensiones en cada cue po, pa a pe mi i que se sus i uyese a
los agen es incapaci ados o de a anzada edad24.
el mo imien o ob e o y las ga an ías Cons i uCionales
La oleada de huelgas, que enía de 1909 y se co espondía con una
ase de mo ilización gene al de los abajado es en oda Eu opa, no se io
in e umpida po la p oclamación de la República. Al con a io, el nue o
égimen ees uc u ó las opo unidades polí icas de modo a o able pa a
su desa ollo, pues el mo imien o ob e o podía aho a exigi a los epubli-
canos lo que habían p ome ido es ando en la oposición. Las au o idades
epublicanas pensaban que pod ían ene al mo imien o ob e o de su lado
y, pa a cong acia se con es e, el gobie no p o isional comenzó eliminan-
do del Código Penal el a ículo que ilegalizaba la huelga (que había sido
a amen e aplicado). Poco después, en diciemb e de 1910, dec e ó las con-
diciones del eje cicio de la huelga, que se con e ía en un de echo, pe o
con unas obligaciones de a iso p e io y p ohibición de los pique es que,
conside ado po los sindicalis as como una bu la, ue poco espe ado25.
23 Ca a del CG de la GNR al MI, AMI, Mç 33, L 61 n.º 36, 4- -1911.
24 V. O çamen o pa a a ecei a e despesa pa a 1916-1917, Imp ensa Nacional, 1915, pp. 221-
236. Polícia de Segu ança Pública (1940: 38-39).
25 Viei a (1974: 51); Tenga inha (1983: 35-83).
265
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
En e no iemb e de 1910 y ene o de 1911 hubo huelgas de e oca iles,
de an ías y de dis ibución de gas y elec icidad. Es as huelgas al e aban
el uncionamien o o dina io de la ida u bana y pe mi ían a la p ensa
moná quica p esen a a la República como un égimen débil que sumía a
las ciudades en el caos. Po su pa e, el gobie no p o isional ambién eía
las huelgas como amenazas a la es abilización del égimen y, «en de ensa
de la República», mo ilizó a las bases epublicanas con a los sindicalis as.
En no iemb e y diciemb e de 1910 hubo en en amien os ísicos en e
olun a ios epublicanos y huelguis as; en ene o de 1911 esos olun a ios
se mani es a on en Lisboa en con a de las huelgas. Dos meses después,
en ma zo, la Gua da Republicana de Lisboa, des acada pa a man ene el
o den en Se úbal, dispa ó con a un pique e de huelguis as y ma ó a dos
abajado es. El mo imien o ob e o en aba en up u a con la República26.
La p oclamación República suponía una opo unidad pa a la amplia-
ción de los espacios de pa icipación polí ica y mo ilización social, y am-
bién en el la i undio alen ejano se desa olló el sindicalismo. A di e encia
de lo que había sucedido en el la i undio andaluz, ni el ana quismo ni el
sindicalismo enían adición en e los asala iados u ales. Has a en onces
la ei indicación se había limi ado a las o mas de exigencia colec i a de
ca idad o de ob as públicas que imos en los capí ulos an e io es, pe o
desde la e olución epublicana se p oduje on cona os de huelga, pequeños
mo ines y agi ación27.
La ac i ud del gobe nado epublicano de É o a an e las p ime as ei-
indicaciones de los jo nale os puede se i como indicado de las nue as
opo unidades polí icas: «ag émiense, como las o as clases ob e as de la
ciudad», les dijo en ene o de 1911, «o ganícense pa a el auxilio mu uo y la
conquis a de sus in e eses y de echos». Los jo nale os con ac a on con los
sindica os de É o a, c ea on su p opia asociación, y en ab il y mayo mon-
a on sus p ime as huelgas o ganizadas. Los pique es sindicales eco ían
26 Viei a (1974: 49); Rel as (1978a: 37); Pe ei a (1982: 64-65); Cab al (1989: 263). Se-
gún G. Pimen a de Cas o, el sa gen o esponsable de los dispa os había sido p omo ido
ese pues o po se e oluciona io del cinco de oc ub e; Cas o (1947). Vol. iii, p. 329.
27 Pe ei a (1982: 21).
272
Diego Palacios Ce ezales
con el apoyo áci o o explíci o de homb es del gobie no; sin emba go,
al e aba el o den público e incu ía en asonada, o en o os de los deli os
con emplados po el Código Penal, po lo que la ley obligaba a la policía
a ac ua con a ellos y a p o ege a los desa ec os al égimen. Cuando
la ue za pública in e enía, las comisiones epublicanas de ba io y la
p ensa jacobina la acusaban de complicidad con los moná quicos o con la
eacción cle ical y exigían nue as depu aciones en la policía. Toda ía en
1914 el gobe nado ci il de Lisboa, Daniel Rod igues, podía deci que
«no había con ianza en la policía o ganizada» y que debía se nue amen e
depu ada. Esa amenaza pa alizaba a las ue zas policiales y los acosados,
como las asociaciones ca ólicas, p o es aban po la al a de p o ección.
E a ecuen e que los agen es p e i ie an no acudi a las si uaciones com-
plicadas, o que no in e inie an «con decisión», dejando desampa ados a
los a acados40.
En ene o de 1913, A onso Cos a o ganizó el p ime gobie no mono-
colo del Pa ido Democ á ico. En un amoso discu so en San a ém, se
ea i mó en los ópicos adicales: dejó cla o que su pa ido enca naba a
la República y que en el égimen no había espacio pa a o os p oyec os,
ni pa a conciliaciones con la Iglesia. Puso a Daniel Rod igues en el Go-
bie no Ci il de Lisboa, y con él los ma ones de algunos clubes epublica-
nos pasa on a unciona como una policía sec e a —que alguien bau izó
como «ho miga blanca» ( e mi a)— que espiaba, de enía y mal a aba
a simpa izan es de los o os pa idos epublicanos, a moná quicos, a
ca ólicos, o a sindicalis as. Pa a o icializa pa cialmen e la acción de
es os olun a ios, el gobie no ci il les en egaba sal oconduc os como
agen es especiales de la ep esión del juego, y daba ins ucciones a la
Policía Cí ica pa a que no se en ome iese en sus ac i idades de igi-
lancia polí ica41.
40 «Pe iodo e oluciona io» en, DCD, 7- -1914, pp. 41-44; Daniel Rod igues en DS, 23-iii-
1914, pp. 6-7. Telo (1980: 82). El desampa o de Mesqui a Ca alho, DCD, 7- -1914.
41 Pabón (1941). Daniel Rod igues, DS, 23-iii-1914, p. 6. «Rela ó io da comissão pa la-
men a de inqué i o aos ac os da polícia» c . DS, 01- -1914.

273
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
Daniel Rod igues jus i icaba el uso de olun a ios epublicanos «el
mejo auxilia pa a el man enimien o del o den y del p es igio de las ins-
i uciones», y mani es ó en a ias en e is as que la Policía Cí ica bajo su
u ela no es aba su icien emen e epublicanizada. A su ez, la «ho miga
blanca» ponía en ap ie os a la policía y causó en en amien os en e el go-
be nado ci il y el comandan e de aquélla, el co onel Albe o da Sil ei a,
que eía cómo los ma ones del gobe nado solici aban el acompañamien o
de agen es de la policía pa a da cobe u a a sus acciones, y siemp e sin
in e ención judicial. En a ias ocasiones la policía de u o a homb es
a mados que ondaban las calles, pa a luego ene que sol a los po que
un je e de la «ho miga blanca» se p esen aba p egun ando po su gen e.
Además, la policía enía muy di ícil la in e ención pa a con ene a las
mul i udes como las que asal a on los pe iódicos moná quicos A Nação
e O Dia, en oc ub e de 1913, pues la di igían los «Jeníza os de Daniel
Rod íguez» ena bolando el documen o iden i ica i o del gobie no ci il.
El comandan e de la policía de Lisboa, después de su lucha con a la
«ho miga blanca» y la campaña de p ensa democ á ica con a él, cons a ó
que no enía el apoyo del Minis e io del In e io y dimi ió42.
El enco hacia los democ á icos y su o ma de gobe na p o ocó alian-
zas ác icas en e odos los excluidos del pode , desde g upos de acción
epublicana inculados al mo imien o ob e o, como la «ho miga neg a» de
Machado San os, a unionis as, e olucionis as o moná quicos, que pasa on
a encon a se en di e en es conspi aciones golpis as. La pe secución p e-
en i a y ep esi a del mo imien o ob e o se hizo cons an e, y más du a
e indisc iminada as la bomba ana quis a con a un co ejo cí ico que
conmemo aba a Camões, hé oe nacional epublicanizado. A onso Cos a
se ganó el mo e de « aja-sindicalis as» y a mediados de 1913 cien o diez
pe sonas es aban en las cá celes de la República po cues iones sociales.
En ene o de 1914, du an e la du a huelga de los e o ia ios, la «ho -
miga blanca» ac uó codo con codo con la GNR con a los sindicalis as.
Mien as an o, los homb es de Machado San os —la llamada «ho miga
42 Daniel Rod igues, DS, 8- -1914, p. 20; Albe o da Sil ei a, DS, 1- -1914; Los «jeníza-
os» en Jacin o Nunes DCD 15-4-1914, p. 19.
274
Diego Palacios Ce ezales
neg a», inculada a medios ob e os y ana quis as— in en a on a eba a
la calle a los democ á icos y en 1913 y 1914 p o agoniza on con ellos du os
en en amien os calleje os43.
En medio de esas si uaciones, el es a u o de « epublicana» de la policía
es aba siemp e en en edicho. Pese a las depu aciones de 1910, y pese al
cuidado con el que se ealiza on las nue as inco po aciones —que exigían
a es ados de las comisiones epublicanas de la pa oquia de o igen de cada
candida o— la animad e sión en e la calle epublicana y la policía se
man u o. En oc ub e de 1913 algunos agen es pa icipa on en una conju a
moná quica «y a aigó aún más la sospecha sob e su leal ad y disciplina
en el ánimo popula y o icial». A las au o idades epublicanas les cos aba
econoce como suya a esa policía, lo que la desau o izaba y disminuía
su e icacia. La al a de espaldo del gobie no a las acciones de la policía
debili aba cons an emen e su posición, y años después algunos agen es se
queja ían de habe es ado «en manos de cualquie demagogo que alzase
la oz en una u ba»44.
la g an gue a y el naCionalismo au o i a io
A pa i del e ano de 1914, con la gue a eu opea, muchas cosas cam-
bia on en Po ugal y en oda Eu opa. Además de la p opia mo ilización
mili a , la gue a as ocaba los lujos come ciales, cambiaba la es uc u a
de la demanda, p o ocaba desabas ecimien os y «p o egía» los me cados
in e nos a o eciendo el desa ollo indus ial po sus i ución de impo a-
ciones. Pe o además, la gue a jus i icaba acciones osadas po pa e de los
gobe nan es en la di ección de la economía y la es icción de las libe ades
públicas45.
43 Cab al (1989: 268); B andão (1991); F ei e (1992: 233n); Valen e (1992: 24). Abílio
Ba e o, DS, 19-i-1914. (B andão, 1991) ol. iii, p. 48.
44 Albe o da Sil ei a, DS, 1- -1914. Daniel Rod igues, DS, 8- -1914, p. 17; O Amigo da
o dem, n.º 2, 10-xii-1918, p. 2.
45 Meneses (2003).
275
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
En no iemb e de 1914, João Chagas —que había sido p ime minis o
en 1911— esc ibía desde Pa ís a A onso Cos a pa a suge i le un gobie no
de o den y disciplina, con censu a a la p ensa y enca celamien o de los
agi ado es. Las ci cuns ancias bélicas habían pe mi ido a F ancia e Ingla-
e a suspende las ga an ías cons i ucionales y a a sin con emplaciones
la disidencia in e na; sus gobie nos encon a on menos esis encias de las
p e is as y la mo ilización pa a la gue a gene ó un espí i u de unidad
nacional. Según Chagas, se a aba de un buen ejemplo de lo que había
que hace en Po ugal pa a pone pun o inal a la «agi ación en la calle» y
la «ana quía» en la que i ía el país desde la p oclamación de la Repúbli-
ca; la gue a eu opea e a una g an ocasión pa a impone la au o idad y la
disciplina epublicanas a la sociedad po uguesa46.
João Chagas e a un epublicano con encido, pe o no un libe al. En la
es ela de Basilio Teles, e a uno de los p ecu so es del nacionalismo au o-
i a io en Po ugal. No que ía gobie nos de conciliación, ni ansigi con
los moná quicos o los ca ólicos, pe o sí disciplina a sus co eligiona ios
epublicanos. Se a aba de o ganiza un «o den an ue e e i esis ible
como pa a que no uesen necesa ias las iolencias ni los en en amien os».
También un o den es a al ue e pe mi i ía enuncia a los se icios de los
olun a ios y las «ho migas» que, si bien habían se ido a la República,
con su descon ol la habían desp es igiado. Solo con «o den» y desde
el Es ado pod ían cumpli la p omesa de epublicaniza Po ugal. La
búsqueda de un o den ue e de ese ipo, escogiendo a quiénes inclui y
exclui del mismo, ma ca ía las apues as polí icas de los años siguien es y
sedujo a casi odo el espec o polí ico. Los ensayos de gobie nos ue es
no ue on du ade os du an e la República, pe o la búsqueda de ese o den
se p olongó en di e sas ó mulas, según los cambios de gobie no, égi-
men y coyun u a de la gue a y la posgue a. Después, los p og amas de
la dic adu a mili a de 1926-1933 bebie on con gus o del legado de ese
nacionalismo au o i a io47.
46 João Chagas, Co espondencia, ii, pp. 215-216.
47 Sob e el nacionalismo au o i a io: Cab al (1989); Cab al (1993). Sob e los p oyec os
de Chagas, . Ramos (1998: 445-446).
276
Diego Palacios Ce ezales
Desde el e ano de 1914, al comenza la gue a en Eu opa, los democ á-
icos de A onso Cos a p e endie on que Po ugal pa icipase en el con lic o
del lado de los aliados. Lo enca aban como una opo unidad pa a mo ili-
za a la población en o no al gobie no, pa a «nacionaliza la República».
En cambio, la mayo pa e del Ejé ci o p e e ía man ene la neu alidad y
que Po ugal concen ase sus es ue zos en con ola las colonias en e a
las incu siones alemanas48.
La opción belicis a de los democ á icos no ue bien ecibida po el cue po
de o iciales, y su descon en o no se es ingía a los obje i os es a égicos de
la polí ica de A onso Cos a, ambién p o enía de la indisciplina cua ele a
en la que se i ía desde la e olución de 1910. Además, a los mili a es
les esul aba humillan e que un comi é de igilancia epublicana pudiese
ene más apoyos en el Minis e io que la o icialidad de un egimien o a
la ho a de de e mina ascensos y des inos. Fue on nume osos los ag a ios
has a que, en ene o de 1915, buena pa e del cue po de o iciales p o es ó
po la ans e encia de un o icial as la denuncia de un comi é demo-
c á ico. Los o iciales de Lisboa en ega on sus espadas al P esiden e de
la República y, an e esa p o es a, es e cesó al gobie no y se lo enca gó al
gene al Pimen a de Cas o, el exminis o de la Gue a que en 1911 había
sido cesado po opone se a la mo ilización de olun a ios ci iles con a
las incu siones moná quicas49.
Pimen a de Cas o se odeó en el gobie no de epublicanos unionis as,
aunque le ue on ieles poco iempo, y gobe nó con el Cong eso ce ado,
«en dic adu a», a la espe a de pode o ganiza unas elecciones que no
gana an los democ á icos; ambién concedió una amnis ía a los exiliados
moná quicos y sa is izo al cue po de o iciales pa alizando los p epa a i os
pa a en a en la G an Gue a.
En mayo, los democ á icos ecupe a on el pode median e una mo ili-
zación insu eccional en la que eclama on la legi imidad del Cong eso,
disuel o, en e a la del P esiden e de la República. Los comba es del 14
48 To e Gómez (1983); Teixei a (1998: 358-372); Meneses (2000).
49 Ilha co (1926).
277
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
de mayo de 1915 en en a on a las opas que de endían al gobie no a una
ue za de ma ine os y olun a ios a ines a los democ á icos, que se mos-
a on más decididos a man ene la lucha y acaba on enciendo. Hubo al
menos 102 mue os y 200 he idos g a es; más íc imas que en la p opia
e olución de 1910. Una pa e de la GNR y de la Policía Cí ica se man-
u ie on leales al gobie no de Pimen a de Cas o y se ba ie on con a los
e oluciona ios democ á icos, mien as que o as unidades de la GNR y la
Gua da Fiscal se suma on a los insu ec os. Las ue zas de la policía de
Lisboa, que los días p e ios a la insu ección habían de enido a nume osos
conspi ado es democ á icos, ue on a acadas y de o adas en las comisa ías.
Una mul i ud saqueó el gobie no ci il —donde es acionaba la p incipal
ue za policial de Lisboa— y 10 policías mu ie on y el es o ue obligado
a esconde se50.
Pa a o ganiza la insu ección ue undamen al el concu so de los «jó-
enes u cos» —los o iciales democ á icos del Ejé ci o y la Ma ina— que,
as el 14 de mayo, pa ecían habe se hecho con el con ol de la si uación.
João Chagas e a su candida o a p ime minis o, con su p oyec o de un
gobie no ue e, in ansigen e, un apa a o de Es ado comple amen e de-
pu ado de unciona ios de o igen moná quico y una policía eno ada en
la que los epublicanos pudiesen con ia e hiciese innecesa ia la igilancia
ci il. Sin emba go, Chagas su ió un a en ado que le inu ilizó du an e
a ios meses y no pudo oma posesión. En la búsqueda de una «Unión
Sag ada» que uniese a la clase polí ica epublicana an e la G an Gue a,
el gobie no o mado as la insu ección ue más con empo izado de lo
que exigían los adicales.
La insu ección del 14 de mayo de 1915 se con i ió en o o hi o e-
oluciona io y sus comba ien es ue on equipa ados ju ídicamen e con los
de la p oclamación de la epública. Nume osos colabo ado es del gobie no
de Pimen a de Cas o ue on cesados de la unción pública y una ley del
2 de oc ub e limi aba la en ada en la misma a indi iduos que hubiesen
«p es ado a la República se icios comp obados». El gobie no des i uyó
50 Sil a (1915: 19-26); Wheele (1985). Sob e la policía: AMI, DGACP, Mç 60. O Amigo
da O dem n.º 2, 10-xii-1918, p. 2.

278
Diego Palacios Ce ezales
al gene al Enca nação Ribei o como comandan e gene al de la GNR y
comenzó a asigna comisiones de se icio en es a ue za a o iciales de-
moc á icos. No obs an e, en o os ámbi os el alcance de las depu aciones
se io limi ado po la búsqueda de ó mulas po pa e del gobie no pa a
in eg a la oposición epublicana en gobie nos de «Unión Sag ada». La
depu ación de la Policía Ci il ue supe icial y el nue o gobe nado ci il de
Lisboa decla ó que no pe mi i ía ninguna «ho miga», «ni blanca ni o as».
P e endía p escindi de los se icios de los e oluciona ios lisboe as en el
man enimien o del o den y e i a que en su celo igilan e conculcase los
de echos de e ce os. Se epi ie on inciden es en e las bases epublicanas
y la policía, como los que imos en el capí ulo an e io , que lle a on a
campañas con a la policía de la p ensa «democ á ica». Exigían nue as
depu aciones de unciona ios y una policía epublicanizada, pe o el go-
bie no se esis ía. En 1916, su comandan e oda ía hablaba de la «na u al
má on ade» de la « amilia epublicana» hacia la policía51.
La búsqueda de gobie nos uni a ios y los allos en la in ansigencia
ue on delineando la u u a up u a in e na del Pa ido Democ á ico y
la apa ición de g upos de acción au ónomos en en ados a la bu oc acia
del pa ido. A p incipios de 1916, João Chagas se quejaba de que A onso
Cos a no depu aba la unción pública, ni e o maba la policía, ni en aba
en la gue a. Muchos «jó enes u cos» del 14 de mayo es aban descon-
en os con el gobie no de Cos a, pe o el 9 de ma zo de 1916 Alemania
espondía a las p o ocaciones po uguesas decla ando la gue a, y el día
15 An ónio José de Almeida — epublicano his ó ico y líde del Pa ido
E olucionis a— acep aba en a en un gobie no de Unión Sag ada con
los democ á icos. Se o ganizó un Cue po Expediciona io Po ugués y el
emba que de opas a F ancia comenzó en ene o de 1917. Más de 55000
po ugueses comba ie on en Flandes has a el a mis icio de no iemb e de
1918, su iendo nume osas bajas52.
51 Ramos (1998); Meneses (2000: 53); Mal ez (2004: 222). La «má on ade» en Rela ó io
do Comandan e da Policía de Lisboa ao MI, 12/08/1916, AMI, Mç 71, s. n.
52 Fe ei a (1992a: 92).
279
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
La gue a a ec aba ambién a las condiciones de ida, an o u banas
como u ales. Con el come cio co ado no llegaban ce eales de impo a-
ción y se hicie on no ables la ca es ía y el desabas ecimien o. El gobie no
in e ino obligando a las zonas p oduc o as a ende el g ano a un p ecio
asado y a asegu a el abas ecimien o de las ciudades. Sin emba go, la mís-
ica de la «Unión Sag ada» y del sac i icio olun a io po la causa pa ecía
no unciona , y la coe ción se o naba necesa ia pa a que odos coope asen
an e la penu ia. «La pa oquia es el único ag egado social en e cuyos
miemb os se dis ingue un cie o ínculo de cohesión», esc ibía An ónio
Oli ei a Salaza , po en onces un jo en p o eso , al analiza la c isis de
subsis encias de 1915-1918. En San a Comba de Dão, su pueblo na al, en
oc ub e de 1916 «más de 500 pe sonas, en e homb es y muje es, la mayo
pa e a mados de palos, azadas y guadañas», se jun a on al epica de las
campanas de la iglesia y oma on la es ación de e oca il pa a e i a que
pa iese un agón ca gado de maíz. El adminis ado y el egido se ie on
desbo dados, y el ce eal ue endido a los habi an es de la localidad, con-
a la olun ad de su p opie a io, a p ecio asado. «Es un acon ecimien o
no mal en es os iempos, sucede en una pa oquia u o a odos los días»,
decía el adminis ado de Ca aceda de Anciães as un episodio simila
con un ca gamen o de pa a as y cas añas53.
A su ez, en las ciudades y las zonas indus iales, las clases popula es
p o es aban po el desabas ecimien o y la ca es ía asal ando almacenes y
panade ías; a eces dis ibuían los í e es a p ecio asado, pe o cada ez
ue más ecuen e un compo amien o nue o: el saqueo. Al igual que el
despliegue de la GNR había pe mi ido eco a los de echos a la ca idad
de las poblaciones sin ecu sos en la zona de la i undio, el compo amien-
o popula en los saqueos mos aba la quieb a de la economía mo al que
has a en onces había guiado las p o es as en las c isis de subsis encias.
Pa a Salaza , esa si uación se ía de lupa sociológica y « e elaba la al a
de lazos de solida idad y espí i u nacional» en Po ugal. Todo in en o de
supe a la exigía ene en cuen a el «localismo» y los «bajos egoísmos pe -
53 AMI, DGAPC 1ª/1ª L66 [1916] n.º 751; Salaza (1997: 224-273).
280
Diego Palacios Ce ezales
sonales»; según el u u o dic ado , «la sis emá ica descon ianza» hacia lo
público de los po ugueses hacía imposible una acción cen alizado a con
una au o idad única y ue e. Sin emba go, el gobie no lo in en aba y la
GNR se con i ió en la columna e eb al de esa polí ica54.
Fue du an e es os años, con el país en gue a en Á ica y Eu opa, el
Ejé ci o mo ilizado y una esis encia gene alizada, cuando se consumó la
e i ada del Ejé ci o como ue za policial o dina ia y su sus i ución po la
Gua da Nacional Republicana. En los dis i os donde en 1916 oda ía no
había GNR la policía de o den público y de ome ías los ealizaban las
ue zas de ese a de la GNR desplazadas de los ba allones u banos de
Lisboa y Opo o. Donde la genda me ía ya es aba desplegada, los gobe -
nado es ci iles ap endie on a ap o echa se de su p esencia capila sob e el
e i o io pa a, an e las amenazas al o den, solici a al ba allón e i o ial
el eag upamien o de los gua dias de los municipios ecinos a la localidad
amenazada, «aunque eso pe judicase el se icio u al»55.
Los modos de aplica la coe ción seguían dependiendo del c i e io
de los o iciales al mando. En Viana do Cas elo, po ejemplo, «el pueblo
aglome ado en g an can idad» que ía e i a el emba que de g ano pa a
Opo o. Pa a dispe sa los, acudió una ue za combinada de la GNR y la
Policía Cí ica que ue ecibida a ped adas. En ez de usa las bayone as
o las a mas de uego, como el eglamen o de e minaba, «los gua dias y
policías a anza on sob e los aped eado es a cula azos, esul ando ca e-
as y a ias con usiones». En cambio, en las zonas donde la mili ancia
epublicana y ana cosindicalis a habían hecho común el uso de bombas y
pis olas, la ue za pública ambién usaba las a mas de uego. En Almada,
el 21 de oc ub e de 1915, el saqueo de un almacén de acei e se con i ió
en un in e cambio de i os en e «el pueblo» y la GNR, y mu ió un ci il56.
54 Salaza (1997: 224-273). Sob e la «economía mo al» de la mul i ud Thompson (1971).
El saqueo como no edad en los compo amien os du an e los mo ines de 1917 se dio
ambién en España, Sánchez Pé ez (1994: 47-60).
55 AMI, L66 n.º 448, julio de 1916; AMI L66 n.º 451 y L55 n.º 375, a ias echas, 1916.
56 AMI, L66 n.º 485; A Au o a (Opo o) 31 de oc ub e y 7-xi-1915, Ci . en Meneses
(2000: 274).
281
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
Los g andes episodios de p o es a seguían exigiendo la mo ilización
del Ejé ci o. Además, como imos, se hizo habi ual la suspensión de
ga an ías y la en ega del mando de las ope aciones a la au o idad mili-
a . Una de las p o es as de mayo dimensión se p odujo en la egión de
Lamego, en julio de 1915, donde los i icul o es se o ganiza on con a
un a ado de come cio que diluía la dema cación de los inos de Opo -
o. Los mo ilizados saquea on los a chi os públicos de San a Ma a de
Penaguião, Peso da Régua e A mama . Pa a algunos obse ado es, los
cu as moná quicos es aban dando un ca ác e insu eccional a la p o es a
y el gobie no mo ilizó opas de in an e ía pa a con ola la. Cuando un
gen ío ma chó sob e Lamego ue epelido po dispa os de la opa y de
olun a ios ci iles, p o ocando en e 9 y 14 mue os57.
Los e ue zos mili a es ambién ue on necesa ios en las illas indus-
iales en o no a Lisboa du an e oda la oleada de mo ilizaciones po la
c isis de subsis encias. El mayo despliegue u o luga en mayo de 1917
du an e los doce días de desó denes po la al a de pan y pa a as en Lis-
boa, que además es aban animados po las campañas de los sindicalis as
con a la ca es ía. La policía y la GNR es aban desbo dadas, y en e los
lisboe as ambién había quien empuñaba a mas y lanzaba bombas. El go-
bie no decla ó la suspensión de ga an ías y con ió la ciudad a la au o idad
mili a . Las in e enciones de la ue za debían comenza «po el empleo
de medios de pe suasión», pe o si no e an obedecidos, los o iciales debían
usa «la máxima ene gía, e incluso las ó mulas más iolen as pa a que se
cumplan en e a y comple amen e las ó denes». El Ejé ci o hizo demos a-
ciones de ue za con a ille ía lige a y ajo in an e ía de p o incias pa a
e o za la gua nición de la capi al. La ep esión se saldó con 38 mue os
y un cen ena de he idos58.
57 s. a. A Ques ão Du iense h p://www. cm-lamego. p /no icias_a q2003/9. h m0; Meneses
(2000: 46-47).
58 Valen e (1977). O den de 20-V-1917 del comando de la p ime a di isión mili a , AHM, 1ª
di , 36ª secc. A onso Cos a, discu so, DCD, sesión n.º 71, 22- -1917. O icialmen e hubo
22 mue os, pe o el es udio de Pulido Valen e con abiliza los 38 que damos po buenos.
Un in o me del embajado ancés ele a a 100 las íc imas, Meneses (2000).
288
Diego Palacios Ce ezales
conse ado a que le apoyaba, eab iendo la ac u a en e moná quicos
y epublicanos. Se o ma on jun as de o iciales pa a oma posición an e
el nue o escena io polí ico, pe o la jun a del no e dio el golpe de g acia
a una posible con inuidad de la República Nue a al p oclama la es au-
ación de la Mona quía, no econoce al gobie no de Lisboa —sidonis a
epublicano— y comenza así una co a gue a ci il. Los o iciales de la
jun a de Lisboa, a su ez, se di idie on en e moná quicos y epublicanos.
Los mili a es epublicanos conse ado es, algunos con esponsabilidades
ope a i as en la gua nición de Lisboa, pe die on su o ien ación. Su inca-
pacidad se exp esó en el ex año acue do de man ene se neu ales du an e
los con lic os de ene o, eb e o y ma zo de 1919, dejando oda la inicia i a
con a los moná quicos al epublicanismo adical mili a y ci il, que aca-
ba ía ganando la pa ida73.
T as la es au ación moná quica po las jun as mili a es del no e, el
gobie no op ó po busca apoyos en la g an amilia epublicana y el mo i-
mien o ob e o, pa a lo que sacó de las cá celes a los p esos sociales y po-
lí icos. Al iempo, los o iciales milicianos que eg esaban de Flandes as
el a mis icio se ponían al se icio de la de ensa de la República. En una
Lisboa en e e escencia, la nue a unidad de acción en e el mo imien o
ob e o y el epublicanismo democ á ico, a o ecida po la ep esión sido-
nis a del año an e io , acili ó la o mación de unidades ci iles i egula es
encuad adas po sa gen os y o iciales in e medios. Cuando los moná qui-
cos de Lisboa concen a on sus opas en el al o de Monsan o, esos g upos
mix os de mili a es y ci iles las acome ie on du an e el 23 y 24 de ene o,
has a de o a los. La «escalada de Monsan o», como las e oluciones del
5 de oc ub e de 1910 o el 14 de mayo de 1915, pasa ía a los anales del
he oísmo epublicano.
José Rel as, his ó ico epublicano independien e, o mó un gobie no
de unidad. Los i econciliables pa idos epublicanos es aban «en luna
73 El ela o de uno de los p o agonis as, el sidonis a epublicano Teó ilo Dua e, en Dua e
(1941: 238). Ve ambién Pabón (1945: 33-35); San os (2003). Pa a una econs ucción
minuciosa de las mo ilizaciones mili a es, en la que se insis e en la desag egación ins i-
ucional de las Fue zas A madas, . Fe ei a (1992a: 73-81).

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Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
de miel» con a los moná quicos, y en el mismo gabine e se sen aban
sidonis as y democ á icos. Sin emba go, ue es ensiones amenazaban la
unidad: los democ á icos, con nue os líde es ocupando la p ime a ila
«pa ecían c ee que la ic o ia de Monsan o les pe enecía»; a su ez,
los sidonis as pidie on ga an ías con a el eg eso de la «demagogia» de
los clubes adicales y exigían man ene en sus pues os a los esponsables
del sis ema de o den público en Lisboa: el gobe nado ci il An ónio de
Miguel y el gene al Albe o da Sil ei a al mando de la di isión mili a .
También exigían que en Opo o no se nomb ase a un gobe nado demo-
c á ico. La policía sidonis a ecelaba de la ac i ud de los epublicanos y en
Lisboa sus o iciales exp esa on su descon ianza al Minis o del In e io ,
p esionando pa a asegu a se la con inuidad del gobe nado ci il y no
pe de la cobe u a polí ica sob e las acciones policiales. Pe o los agen es
ya no se sen ían espaldados como an es po las au o idades en el uso
de la ue za, y enuncia on a dispa a con a la gen e que ap o echaba
la si uación de deso den pa a asal a es ablecimien os y ap o isiona se
de í e es74.
Se sucedían los acon ecimien os en odo el país; las opas moná quicas
del no e quedaban aisladas y salían de o adas en una esca amuza as
o a. Mien as an o, en Lisboa se i ía en una e e escencia de unidad e-
publicana. «Us ed, an lejos de odo y de odos», esc ibía José Rel as a un
amigo —quizá imagina io—, «no puede econs i ui en su imaginación lo
que han sido las ho as de Lisboa desde que un adiog ama nos comunicase
la caída de la mona quía del No e: ies as, aclamaciones, g andes co ejos
cí icos, la in asión del Minis e io del In e io po miles de pe sonas, locas
de en usiasmo… ¡la apo eosis de la República!»75.
Los equilib ios polí icos cambia on. Más de 500 o iciales moná quicos
es aban de enidos y los epublicanos «sidonis as» pe die on el con apeso
a su de echa que les pe mi ía a bi a la si uación, cediendo oda la ini-
cia i a polí ica al adicalismo lisboe a. El pode se desins i ucionalizaba y
74 Ca alho (1977: 87); Rel as (1978a: 85).
75 Rel as (1978a: 98).
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Diego Palacios Ce ezales
las mo ilizaciones calleje as, ecuen emen e a madas, se o na on un e-
cu so pode oso. Las bases democ á icas in adían las gale ías del pa lamen-
o, exigiendo su disolución po sidonis a; o ganizaban g andes mí ines y
mani es aciones clamando po el desa me de la Policía Cí ica, acusada
de moná quica. Los cua o pa idos epublicanos que pa icipaban en
el gobie no habían aco dado un epa o equi a i o de los ca gos admi-
nis a i os y municipales, pe o llegaban cons an es quejas de omas de
posesión i egula es po pa e de comisiones del Pa ido Democ á ico. El
gobie no se plegó a los hechos consumados, acep ando incluso que José
Domingues dos San os —líde democ á ico— se apode ase del gobie no
ci il de Opo o76.
La econquis a del pode po los democ á icos a anzaba día a día. Fo -
za on a José Rel as a disol e el pa lamen o, en un ac o pa a el que no
enía pode es. Y el 21 de eb e o se lanza on a despoja a los sidonis as de
sus úl imos ecu sos coe ci i os: la policía y el Regimien o de In an e ía
n.º 33. Cunha Leal e a uno de los p incipales agi ado es en los mí ines,
y condujo el asal o y desa me de la policía y la in imidación del gobie no,
que se e ugió de nue o en el Cua el do Ca mo. T as una ba alla en la
que esul a on es policías mue os y 40 he idos, el gobie no cedió an e
los mo ilizados y en ió a la GNR a desa ma a la Policía Cí ica, que ue
disuel a, al igual que la Policía P e en i a. Al día siguien e, los ci iles
a mados asediaban el Regimien o de In an e ía n.º 33 y el gobie no le
o denó abandona Lisboa y di igi se al Alga be. Así, as desa ma a los
epublicanos conse ado es, se es au aban el p edominio democ á ico y la
cons i ución de 1911.
A inales de ma zo Rel as dimi ió; su gobie no poco mandaba y los
democ á icos le seguían p esionando, pues le conside aban ibio en ma e-
ia de depu aciones. El nue o gabine e de Domingos Pe ei a, en cambio,
sa is izo a las clien elas del pa ido: el dia io o icial del 10 de mayo de
1919, en íspe as de las elecciones, enía 30 suplemen os y en ellos se
nomb aban a ios miles de empleados públicos; algunos sus i uían a los
76 Rel as (1978a: 101-104).
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Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
unciona ios cómplices del sidonismo, o os ocupaban ca gos nue os. A
cambio, los epublicanos conse ado es ob u ie on una modi icación de
la cons i ución que o o gaba al P esiden e de la República la capacidad
de disol e el pa lamen o y, ya en oc ub e, log aban que el pa lamen o
escogiese a An ónio José de Almeida pa a ocupa esa magis a u a77.
El pode pa a disol e el pa lamen o pa ecía pe mi i al P esiden e
limi a la endencia de es e a obs aculiza la acción del gobie no, una de
las cla es de la ines abilidad polí ica de los p ime os años de la Repúbli-
ca. Sin emba go, la p esidencia de la República y el pa lamen o iban a
encon a se con un nue o desa ío du an e los dos años siguien es que no
es aba p e is o en la a qui ec u a ins i ucional: la con e sión de la GNR
en un pode del Es ado. Al con a io que la Policía Cí ica, la GNR había
salido ai osa del colapso del sidonismo y es u o jun o a los encedo es en
la pequeña gue a ci il de ene o- eb e o de 191978.
Además, el gobie no democ á ico de Domingos Pe ei a se decidió a
ealiza el p oyec o de João Chagas y los «jó enes u cos», que se había
quedado en el in e o después del 14 de mayo de 1915: una ue e eo -
ganización de la GNR que la con i iese en bas ión del adicalismo y
uese de la o al con ianza epublicana. De con ianza an o con a nue os
in en os moná quicos como con a el deso den en las calles. Los dec e os
5568 y 5787, ambos publicados en el amoso Dia io O icial del 10 de mayo
de 1919, con e ían a la GNR en mucho más que una genda me ía, que
aho a debía «es a en condiciones de ac ua simul áneamen e en cualquie
pun o del Po ugal con inen al e islas adyacen es» y «dispone de odos
los elemen os pa a ope a con absolu a segu idad y apidez en casos g a-
es de al e ación del o den público, como las e oluciones». Se e o zaba
su plana mayo y se cambiaba su o ganización, añadiendo una compañía
de eleg a ía de campaña, un g upo de cua o ba e ías de a ille ía y un
ba allón de ame allado as pesadas, cada uno con es compañías de seis
ame allado as. La caballe ía se ampliaba a 15 escuad ones y la in an e ía
77 Cab al (1932).
78 C . Pabón (1945).
292
Diego Palacios Ce ezales
a 12 ba allones, a los que había que suma cua o compañías mix as. La
plan illa de la GNR se mul iplicaba po es, es ando p e is o que en 1921
alcanzase los 18000 homb es.
La capacidad y la ue za e an pa e de los equisi os del nacionalismo
au o i a io. El o o equisi o, el epublicanismo, in en ó ga an iza se me-
dian e la cuidadosa selección de los o iciales: ninguno pod ía ing esa en
la GNR sin que an es se inqui iese sob e su « e epublicana» y su «com-
po amien o polí ico du an e los es años an e io es». El co onel Libe a o
Pin o, je e de la plana mayo , lide ó la eo ganización, ga an izando la
en ada de los o iciales epublicanos y de los milicianos que habían se -
ido olun a iamen e en la G an Gue a o pa icipado en la escalada de
Monsan o. Las g a i icaciones po se i como o icial en la GNR e an
gene osas, y a lo la go de 1919 se aumen a on epe idas eces sin con ol
pa lamen a io79.
En e la eo ganización de 1919 y inales de 1921, la plana mayo de
la GNR se omó en se io su papel de de enso a de la República, en su
sen ido adical. Aunque el gobie no nomb aba un comandan e gene al
de la GNR, Libe a o Pin o y su plana mayo se con i ie on en el cen o
de la au onomía polí ica de es a ue za y en su e dade o mando ope a-
i o, a ogándose los pode es de una especie de ibunal cons i ucional
que igilaba los des íos de la senda e oluciona ia. No solo en e a
conspi aciones o golpes de Es ado, sino con a la p opia au onomía del
Cong eso y del P esiden e Almeida. Mien as an o, A onso Cos a pa-
saba a esidi en F ancia y el p opio Pa ido Democ á ico se di idía en
a ias acciones, que acaba ían dando ida, en e o os, al Pa ido Re-
publicano Radical — adicalismo au o i a io an icle ical y mili a — y a
la Izquie da Democ á ica —con p eocupaciones sociales—. Finalmen e,
la maquina ia clien ela del pa ido quedó en manos de An ónio Ma ia
da Sil a.
La capacidad de gobe na dependía de la ac i ud de la ue za más
pode osa. Como decía un pe iodis a español: «la GNR es la que debe da
79 DS, 18 de no iemb e de 1919, p. 5; Machado (1923); Cas o (1947: 190 ( . iii)).
293
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
aho a a odo minis e io es able en Po ugal su epublicanum exequa u , su
place i ánico, y a eces, cap ichoso». Desde el p ime gobie no que siguió
a las elecciones del 11 de mayo de 1919, has a el gobie no de An ónio
Ma ia da Sil a, de ma zo de 1922, la ines abilidad gube namen al ue la
no ma, con 17 p ime os minis os. Sin emba go, había una nue a cohe-
encia de ás de la sucesión de gabine es, un juego polí ico en e el co onel
Libe a o Pin o como campeón del adicalismo epublicano y el P esiden e
Almeida. En ene o de 1920, cuando Almeida enca gó a Fe nandes Cos a,
del Pa ido Libe al, la o ganización de un gabine e, se p esen a on dos
cen ena es de mani es an es clamando con a la oma de posesión. La
policía decla ó que su ue za no e a su icien e pa a dispe sa los sin usa
las a mas de uego y que había que llama a la GNR; es a hizo sabe que
no p o ege ía al gobie no y es e u o que dimi i a las cinco ho as del
nomb amien o. An ónio G anjo, que como Minis o del In e io de ese
gobie no debe ía manda sob e la GNR, ampoco encon ó asis encia de
es a cuando un g upo u ioso in en ó asal a su pe iódico. De ese modo, la
GNR, eje ciendo la po es ad de sali a la calle con las ame allado as, o de
man ene se en los cua eles pe mi iendo la lib e acción de ci iles exal a-
dos, dejó empo almen e de se una bu oc acia del Es ado y se con i ió en
uno de sus pode es, en una especie de consejo de la e olución como el del
ejé ci o u co, igilan e cons i ucional de la pu eza epublicana. También
mos ó en qué medida cualquie gobie no dependía de la obediencia de la
ue za a mada pa a se e ec i amen e gobie no80.
Po ugal es aba agi ado, y en la p ensa se anunciaban segu os indi i-
duales «con a pe juicios causados po e oluciones, huelgas y umul os».
Pe o además de en la a ena polí ica, había ue es con lic os en el e eno
económico, o «social», como en onces se le denominaba. La in lación, el
desabas ecimien o y el desempleo en algunos sec o es que acompañó al
in de la gue a, ue on con es ados po el mo imien o ob e o. Nume-
osos abajado es habían pa icipado en las mo ilizaciones epublicanas
uni a ias de 1919, con a los moná quicos, pe o al iempo los sindica os se
80 González Blanco (1920). Ba os Quei oz, Episodios da ida de polí ico Thomé Ba os
Quei oz, ci . en San os (1999: 215-217).

294
Diego Palacios Ce ezales
eo ganiza on y celeb a on un apo eósico 1º de Mayo en Lisboa. Du an e
1919 nació una nue a y pode osa cen al ana cosindicalis a —la CGT— y
su dia io, A Ba alha, llegó a se el e ce o más leído en odo el país. La
CGT o ganizó huelgas en los sec o es público y p i ado, así como cam-
pañas con a la ca es ía de ida, en una ac i idad eb il que man end ía
el pulso has a 192181.
Du an e los días de huelga en los sec o es impo an es, las p ecauciones
mili a es de la GNR «llenaban de pa o a los lisboe as, con las ame a-
llado as, los usiles, la a ille ía, oda una lo es a de a mas homicidas
que a isaban al pasean e de que las ue zas es aban dispues as a ep imi
cualquie ges o belicoso». E a al la mo ilización social, que pese al e-
ue zo de la gua dia, el Ejé ci o siguió pa icipando en la ep esión de
las oleadas de asal os a es ablecimien os, al igual que du an e las huelgas
con a la ca es ía de agos o de 1921 o agos o de 1922, en las que am-
poco e a a o que la gen e mon ase ba icadas y se en en ase a i os con
la ue za pública. Al igual que se había hecho en F ancia o en España,
las huelgas de e o ia ios ue on comba idas median e la mili a ización
de los e oca iles y el uso de ingenie os mili a es pa a conduci los. Pe o
además, como los huelguis as ecu ían al sabo aje de las líneas y a acaban
con bombas las locomo o as en ma cha, los mili a es usaban a huelguis as
p esos como escudos humanos del ma e ial e o ia io82.
Los gobie nos in en a on coop a al mo imien o ob e o median e la
c eación de un Minis e io de T abajo —que o ecie on a un mili an e
del minúsculo Pa ido Socialis a— y legisla on mejo as en las condi-
ciones de empleo, así como una ley de segu os sociales obliga o ios. No
obs an e, la CGT ue e o zándose en su línea más comba i a. En julio
de 1919, y de nue o en sep iemb e, el gobie no de Sá Ca doso eco daba
a los gobe nado es ci iles que había que «a ende en lo posible las jus as
ei indicaciones de la clase ob e a», pe o «man ene se in ansigen e con
las endencias sub e si as que pa ecen domina en e sus di igen es». Po
81 Sousa (1972); Viei a (1974); Medei os (1978).
82 C . In o me del adminis ado de Se úbal al gobie no ci il de Lisboa, 7- i-1920, ADL-FGC.
B i o (1976: 23); González Calleja (1999).
295
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
su pa e, la policía acababa en edándose en una que ella casi pa icula
con el mo imien o ob e o y ac uaba con una iolencia desmedida que no
se co espondía con la olun ad polí ica de los gobe nan es. El Di ec o
Gene al de Segu idad Pública es aba ala mado po las no icias de iolen-
cia policial con a los sindicalis as y o denaba «que los agen es de policía
nunca se ol iden del espe o debido a los p esos», pues el en enenamien o
de las elaciones hacía más di ícil la coop ación del mo imien o ob e o83.
An e la o ensi a sindical, el p oyec o del nacionalismo au o i a io, es
deci , la idea de un gobie no adical, pe o de o den en e al mo imien-
o ob e o y capaz de hace ejecu a las de e minaciones de la au o idad
g acias a la ue za de un ba allón de ame allado as pesadas, sedujo a la
pa onal. Su p ime a enca nación omó o ma con el gobie no del Co o-
nel An ónio Ma ia Bap is a. Se a aba de un hé oe democ á ico, p óximo
a Libe a o Pin o, que había es ado enca celado du an e el sidonismo y
que había encuad ado ci iles pa a el asal o de Monsan o. La p omesa
de «o den público, o den público y o den público» con la que el Bap is a
p esen ó su gobie no ue saludada po mani es aciones de apoyo de la
Con ede ación Pa onal en las calles de Lisboa y Opo o. Esa acumula-
ción de ue zas asus aba a los sindicalis as, alguien a acó a pe a dazos la
mani es ación pa onal de Lisboa y la CGT conmemo ó el 1º de Mayo
de 1920 denunciado la amenaza de una «dic adu a de las ue zas i as»84.
El ac i ismo epublicano de base ambién ecibió con bene olencia el
gobie no de An ónio Ma ia Bap is a. Lo lide aban aho a en Lisboa pe -
sonajes de los bajos ondos como «El pin o » y el «Ó linda», que habían
lide ado el boico de la oma de posesión de Fe nandes Cos a, e in adido
el pa lamen o en eb e o de 1920. Pese a su bene olencia con el gobie no,
no deja on de acosa a los moná quicos y sidonis as en sus apa iciones
públicas, causando dis u bios iolen os. Se au o-p oclamaban de enso es
de la República y conside aban que los o iciales sidonis as e an los mayo es
aido es, aunque ambién ac uaban como ma ones de la pa onal pa a
83 ADL-FGC, cx127 y 137, 1919-1920.
84 Medei os (1978: 222). Sob e la ap oximación del indus ial Al edo da Sil a a Libe a o
Pin o, . Pabón (1945: 144-147).
296
Diego Palacios Ce ezales
el en en amien o ísico con a los sindicalis as. Basándose en su p opia
expe iencia de igilancia mili an e, p oponían una descen alización de la
Policía Ci il, que la hiciese dependien e de las comisiones de pa oquia
epublicanas. Pe o el mili a ismo epublicano adical no podía ansigi
con la «canalla», a la que el Co onel Bap is a p e e ía domeña 85.
Es e p ime in en o de gobie no ue e y adical acabó epen inamen e
cuando An ónio Ma ia Bap is a mu ió de un colapso en un consejo de
minis os. Du an e los meses siguien es se eab ió la búsqueda de una
igu a que con en a a al p esiden e, al Cong eso y a la GNR. La GNR se
había o nado necesa ia e imposible. Sin ella no se podía gobe na , pe o
ampoco pe mi ía que se o masen gobie nos. T as es gabine es e íme-
os, en sep iemb e de 1920 el P esiden e Almeida en egó las iendas del
gobie no al p opio co onel Libe a o Pin o, pa a que demos ase que el
adicalismo epublicano, apoyado en las a mas de la GNR, e a capaz de
saca al país de la c isis.
Libe a o Pin o no buscó una acción mili a iolen a con a el mo i-
mien o ob e o, como exigían algunos po a oces de la pa onal, sino que
p e endía u iliza el espaldo de la ue za pa a do a de c edibilidad a
las medidas del gobie no. Su p og ama se concen aba en los p oblemas
económicos del país, sob e odo en esol e el abas ecimien o de las ciu-
dades median e la ijación de p ecios y asas. Ahí, la misión de la GNR
pasó a se la de ence la esis encia de los p oduc o es y lucha con a los
especulado es y acapa ado es. Pe o la mo ilización de las di e en es p o e-
siones con inuaba, y se en en aba a la gas huelgas, como la de ipóg a os
(que di icul a esc ibi la his o ia de su gobie no) y la de la adminis ación
pública, al iempo que c ecían las esis encias de los g upos económicos
a acados en sus in e eses po la polí ica del gobie no86.
85 Imp ensa da Manhã, 5- -1920. Cas o (1947: 257); Sousa (1972: 121); Viei a (1974:
142 y 211).
86 El co onel Libe a o Pin o se había con e ido ya en una p esencia casi pe manen e en los
con lic os sociales. Desde la je a u a de la plana mayo de la GNR, había acudido a dia-
loga con las asociaciones de clase los días de huelga; ambién compa ecía pe sonalmen e
pa a p o ege a moná quicos conocidos —como el o e o José Casimi o— de g upos
de ma ones epublicanos, c . Imp ensa da Manhã, 4- -1920; Ca a del adminis ado de
297
Las Repúblicas: igilancia popula y nacionalismo au o i a io
A inales de eb e o de 1921, los bloqueos del gobie no pe mi ie on a
An ónio José de Almeida cesa a Libe a o Pin o y apa a lo del se icio
ac i o en la GNR, acusándolo de co upción. El nue o gobie no in en ó
hace se con el con ol de la genda me ía median e la sus i ución de al-
gunos o iciales, pe o la GNR se esis ió dando un golpe de Es ado el 21
de mayo, pe o sin mayo es consecuencias, pues la mo ilización, aunque
omó Lisboa, se quedó en un a iso que no o zó el nomb amien o de un
gabine e al e na i o. La inconsecuencia del golpe del 21 de mayo pe mi ió
al p esiden e Almeida la o mación de un p ime gabine e del Pa ido
Libe al, que o ganizó las siguien es elecciones, en agos o, pa a gana las.
Pe o po poco iempo: el 19 de oc ub e de 1921 la GNR se le an ó de
nue o, omó odos los pun os es a égicos de la ciudad y nomb ó un go-
bie no adical de su con ianza. Sin emba go, la coalición adical con aba
con muchas ami icaciones incon oladas y un enga i o g upo de ma i-
ne os buscó y asesinó, en e o os, a Machado San os — undado de la
República—, a Maia Pin o —Minis o de Ma ina de Sidónio Pais que
había depo ado a los ma ine os democ á icos— y al p opio p ime minis-
o libe al, An ónio G anjo. El golpe exi oso se con i ió en la «noche
sang ien a», en un episodio de c ueldad polí ica que hizo pe de c édi o y
espe abilidad a los adicales, a quienes a pa i de en onces se les cono-
ce ía como «oc ub is as»87.
El gobie no «oc ub is a», mo alis a y populis a, ep esen aba a las bases
epublicanas adicales descon en as con la au oc acia del Pa ido Democ á-
ico. Pe o el op obio ganado con la noche sang ien a no le pe mi ió man-
ene se. Sí posibili ó, en cambio, la disolución del Cong eso dominado po
el Pa ido Libe al y, a la pos e, la ecupe ación de la hegemonía po pa e
de la maquina ia del Pa ido Democ á ico de An ónio Ma ia da Sil a, que
pasa ía a con ola el sis ema polí ico y no ol e ía a pe de unas eleccio-
nes. El «oc ub ismo» ue a pa i de en onces ea i mando su au onomía
Se úbal al GC de Lisboa, 10-ix-1920, ADL-FGC, Iª Secção N.º 198. Pa a la polí ica de
los in e eses éase Medei os (1978); Telo (1980); Schwa zman (1989); Madu ei a
(2002).
87 Machado (1923); Pe ei a (1924); Cos a (1938); B andão (1990); Sama a (2004).

III. DICTADURA Y DEMOCRACIA
(1926-2000)
307
«Se ue e pa a no se b u al»
Una imagen pu amen e nega i a de la ida polí ica y social de la Re-
pública, en endida como «deso den», si ió pa a jus i ica el golpe mili a
del 28 de mayo de 1926: «La indisciplina, la debilidad de los gobie nos,
los compad eos y las complicidades equí ocas —esc ibió más a de Sala-
za — engend a on la ana quía en las áb icas, en los se icios, en la calle
[...] Un égimen de insegu idad, de e uel a, de huelgas, de a en ados, se
es ableció en el país». El deso den había sido un ema ecu en e, en boca
de oda la clase polí ica, y la consiguien e necesidad de es au a el o den
ue uno de los p incipales lei mo i s de la dic adu a mili a iniciada en
1926: esa e a «la g an ba alla», y pa a ence la e a necesa io «pa io ismo
y espaldo de la ue za ísica»1.
La «Re olución Nacional», que e a como a la de echa adical le gus aba
llama al golpe del 28 de mayo, e omaba el hilo de las nume osas cons-
pi aciones de los años an e io es. Sin emba go, a di e encia de los golpes
p e ios, el de 1926 se p esen ó como un mo imien o pu amen e mili a ,
desligado de las que ellas en e los pa idos. Después de 1919, el cue po de
o iciales había ganado una nue a cohesión y había de inido una ideología
de misión nacional eden o a. En la conju a había mili a es inculados a la
de echa adical, los había moná quicos y epublicanos conse ado es, y el
golpe con ó incluso con el benepláci o de los oc ub is as, que con luían en el
deseo de desaloja del gobie no al co eoso Pa ido Democ á ico de An ó-
nio Ma ia da Sil a. Pe o iun ó ese componen e mili a is a, con un discu -
1 Wheele (1985: 249-255); Salaza (1991: 24).
308
Diego Palacios Ce ezales
so sup apa idis a de « egene ación nacional» en el que podían econoce se
an o los gene ales epublicanos —que con olaban aho a la je a quía del
Ejé ci o— como los jó enes enien es de la de echa adical al mando de
los egimien os con más capacidad de comba e. Esos enien es adicales
man u ie on un p o agonismo peculia du an e la dic adu a mili a y, pos-
e io men e, muchos de ellos si ie on de apoyo mili a a Salaza en sus
pulsos con los gene ales de alan e algo más libe al, en e los que se puede
inclui a Ca mona, que ue P esiden e de la República en e 1926 y 19512.
La dic adu a mili a po uguesa se sumaba a la al e na i a au o i a ia
que es aba expe imen ando Eu opa, con los ejemplos de la I alia de Mus-
solini y la España de P imo de Ri e a en boca de odos. La dic adu a
gobe nó con las ga an ías suspendidas, p ohibiendo las huelgas, censu-
ando a la p ensa y enca celando y depo ando a los oposi o es. Hubo
algunos in en os de coop a al mo imien o ob e o, a imi ación de lo que
es aba haciendo P imo de Ri e a en España, pe o los con ac os iniciales
ya mos a on la in iabilidad del p oyec o. La ep esión sob e las o gani-
zaciones sindicales desba a ó un mo imien o que ya es aba muy debili ado
y la CGT, aunque hizo a ios llamamien os a la huelga gene al después
de 1926, no log ó nunca mo ilizaciones simila es a las de su esplendo
de 1919-1922. Pos e io men e, el p es igio in e nacional de la URSS y la
adecuación de la cul u a o ganiza i a comunis a a la clandes inidad hicie-
on que du an e la década de 1930 el Pa ido Comunis a Po ugués (PCP)
sus i uyese al ana cosindicalismo como p incipal e e en e de la mili ancia
p ole a ia. En 1934, cuando el gobie no impuso el dec e o de co po a i-
ización de los sindica os, la CGT y el PCP desencadena on una huelga
gene al e oluciona ia, pe o la insu ección u o poca ampli ud e i o ial
y sus ocos ue on ácilmen e aislados y de o ados po la GNR y el Ejé -
ci o. Po su pa e, las o ganizaciones pa onales ecibie on con ag ado la
solución au o i a ia, pues lle aban años eclamando una polí ica ené gica
con a el sindicalismo. La dic adu a posibili ó impone el eco e de los
2 Fe ei a (1992a).
309
«Se ue e pa a no se b u al»
sala ios eales, con a el que la CGT había enido éxi o an e io men e, y
un empeo amien o de las condiciones de abajo3.
Más allá de la « es au ación del o den», en e 1926 y 1930 la dic adu-
a ca eció de un umbo ins i ucional cla o. Buena pa e de los mili a es
p e endían es ablece las libe ades una ez cons uido un apa a o de
Es ado ue e y eliminado el dominio de los democ á icos sob e la ma-
quina ia adminis a i a. Las de echas adicales y ascis as, en cambio,
que ían cons ui un o den polí ico nue o, no libe al, y apos aban po el
co po a i ismo. En e medias, los polí icos ci iles de las dis in as amilias
conse ado as —de echa epublicana, ca ólica y moná quica— ambién
maniob aban pa a encon a un hueco en el nue o égimen4.
Pa a explica el esul ado de la lucha en e los dis in os p oyec os hay que
ene en cuen a las cua o g andes insu ecciones del « e i alho» que, como
di ía el Gene al Ca mona, «si ie on pa a e dónde es aban los enemigos».
Las e uel as de eb e o de 1927, julio de 1928 y ab il y agos o de 1931, solo
ue on domeñadas después de comba es con cen ena es de mue os a los
que siguie on una ein ena de ejecuciones suma ias y más de un milla de
depo aciones a las colonias. El núcleo p incipal del e i alho lo cons i uía
el adicalismo epublicano «oc ub is a», que inicialmen e man enía o iciales
y sa gen os en las ue zas a madas y la GNR, y p e endía una e undación
adical de la República, no una es au ación del égimen de ocado en 1926.
Eso no impidió que, con a la dic adu a, las insu ecciones ambién mo i-
lizasen a sec o es democ á icos y, a pa i de 1930, a oposi o es al égimen
de di e en es iliaciones. Al igual que había sucedido en 1911-1912, cuando
las incu siones moná quicas a o ecie on al epublicanismo in ansigen e,
en e 1927 y 1928 el comba e al e i alho decan ó la si uación a a o de los
sec o es in ansigen es de la dic adu a mili a 5.
3 Pa ia ca (1995); Rosas (1998: 86-87); Pa ia ca (2000); Guima ães (2007).
4 Baiôa (2000); Rosas (2006: 153); Baiôa (2007).
5 Fa inha (1998); Ramos (2000); To e Gómez y Sánchez Ce elló (2000: 237);
Fa inha (2007a).

310
Diego Palacios Ce ezales
una diC adu a en busCa de Cimien os
La dic adu a no enía un plan cla o pa a la eo ganización de las ue -
zas de segu idad. An es de la p imacía de Salaza , las e o mas de la ad-
minis ación «es aban ca ac e izadas po una g an ca encia de p incipios
doc ina ios». En algunos casos hubo plena con inuidad con los úl imos
años de la República y, po ejemplo, el co onel Fe ei a do Ama al —al
mando de la policía de Lisboa desde 1923 y esponsable de desa icula
la Legião Ve melha— man u o el pues o has a jubila se en 1930. En 1927,
la inicia i a de las e o mas policiales ni siquie a pe enecía al Minis e io
del In e io , y mili a es de la de echa adical sin esponsabilidades polí-
icas, como el o icial de ma ina Mendes No on, pa ecían manda sob e
las ue zas policiales más que Cos a Macedo, el «soldado desconocido»
i ula del Minis e io6.
La ó mula de la dic adu a pa a la es au ación del o den, la o aleza
incon es able del Es ado, e a la misma que en su día había delineado el
nacionalismo au o i a io epublicano. El gene al Vicen e de F ei as que ía
un o den «cuya ue za y es abilidad hagan imposible el deso den»; y el
p opio Salaza «un Es ado an ue e que no necesi e se iolen o». Salaza
en ó en el gobie no como minis o de inanzas en 1928 y «sabiendo bien
lo que que ía y adónde iba», ue ganando peso en el juego de equilib ios
del égimen. A pa i de 1930 lide ó la ins i ucionalización ci il de la
dic adu a, que pasó a denomina se Es ado No o y en 1933 p esen ó una
cons i ución que con emplaba algunas o malidades libe ales, como una
decla ación de de echos y una Asamblea Nacional elec i a. Sin emba go,
el ex o concedía el pode legisla i o al gobie no, no econocía e dade os
mecanismos de elección ni con ol de los gobe nan es y, a la pos e, los
de echos consignados quedaban cons eñidos po una se e a legislación
ep esi a. Du an e la la ga ida de la cons i ución de 1933 (has a 1974), la
je a u a del Es ado la eje ció siemp e un mili a , pe o Salaza , p esiden e
del consejo de minis os, e a econocido como el e dade o dic ado (el
6 Guyoma d (1927); Cae ano (1994: 440); San os (1999); Baiôa (2000: 133-138).
311
«Se ue e pa a no se b u al»
«je e», en los ex os de e ó ica más ascis a). La misma cen alidad polí ica
le co espondió a Ma celo Cae ano cuando sus i uyó a Salaza en 19687.
Las p ime as e o mas y depu aciones en el apa a o policial ue on la
espues a a su pa icipación en las insu ecciones del e i alho. T as la in-
en ona de eb e o de 1927 el gobie no disol ió las unidades ebeldes de la
GNR, depu ó la unción pública, expulsó a a ios cen ena es de o iciales
del Ejé ci o y, inalmen e, ap o echó pa a disol e y eo ganiza odos los
cue pos de la Policía Ci il. La eo ganización de la GNR de 1927 edujo
d ás icamen e sus e ec i os a 5.700 homb es. Se disol ie on compañías
en e as, se ce a on muchos pues os de policía u al y la eo ganización
a ec ó a la densidad de la malla de policía sob e el e i o io; en más de 50
municipios (el 16%) del Po ugal con inen al dejó de habe pues os de la
GNR, incluyendo odo el dis i o de Opo o sal o la capi al. Y además, la
p esencia de la GNR en el e i o io omó más la o ma de una ue za de
gua nición que de genda me ía, con el se icio de pa ulla u al educido
al mínimo, a menudo limi ado al apoyo a mado pun ual de la labo poli-
cial de los egido es de pa oquia. En muchas localidades las au o idades
solici a on año as año el eg eso de la do ación local de la GNR, o la
c eación de una ue za nue a de policía pa a gua da los caminos y las
p opiedades ag ícolas, pe o solo se ían a endidas a pa i de 1944. Allí
donde no había GNR el Ejé ci o ol ió a se mo ilizado pa a comba i
pequeños mo ines, mien as mucha de la iscalización de la policía u al
ol ía a ecae en egido es y cabos8.
La GNR, una ez depu ada, se acomodó a la dic adu a y se ans o -
mó en unos de los bas iones pa a su de ensa. ¿Cómo o ganiza el es o
de ue zas policiales de un Es ado ue e? En ausencia de un plan cla o,
en e 1927 y 1934 se sucedie on p oyec os: unos p e endían una policía
legalis a, mien as que o os apos aban po una acción p e en i a y sin
7 Comissão do li o neg o sob e o egime ascis a (1985); Rosas (1998: 153).
8 Dec e o 13436 de 8-i -1927; AMI/GM, Mç 450, Cx. 02 (1930); AMI/GM Mç 548
(1947); O Soldado, n.º 2, 1940; ADP-FGC L804. Polícia de Segu ança Pública
(1940: 56); «P esença da Gua da nas Ilhas Adjacen es», Pela Lei e Pela G ei (Julho-Se .);
Fa inha (2007b).
312
Diego Palacios Ce ezales
con emplaciones con a la oposición sub e si a; odos coincidían en pedi
cen alización. Has a 1936 no se encaja on odas las piezas de lo que a la
pos e se ía el sis ema de o den público del Es ado No o.
En 1927, as la e uel a de eb e o, desapa eció la denominación «Po-
licía Cí ica», que ue sus i uida po la de Policía de Segu idad Pública
(PSP), un nomb e que an es solo designaba una sección de aquélla. La
mayo pa e de los agen es ue on eadmi idos en la nue a policía, pe o
los comisa ios ci iles ue on sus i uidos po o iciales del Ejé ci o. Además
la policía dejó de depende de los gobie nos ci iles y pasaba se u elada
po la comandancia de la PSP de Lisboa. Los cue pos de la PSP de o-
dos los dis i os ue on a mados con usiles de gue a y, según los ela os
a o ables a la dic adu a, «al sen i se jus amen e apoyados po las au o i-
dades», comenza on a ac ua «sin complejos», log ando que cada ez se
espe ase más a los agen es9. La Policía de In es igación C iminal ambién
se cen alizó, pasando a depende de Minis e io de Jus icia, mien as la
ue za que se con i ió en el e e en e de la c ueldad de la dic adu a ue la
nue a Policía de In o maciones, que ac uaba sin con ol judicial y buscaba
desman ela las edes de conspi ación polí ica y las o ganizaciones e olu-
ciona ias del mo imien o ob e o. En 1931, el Soco o Rojo In e nacional
le a ibuía palizas, o u as so is icadas con apa a os eléc icos y lis aba 16
«ob e os e oluciona ios» asesinados en «la casa de las a as», como e an
conocidos sus calabozos de Lisboa. O os cua o mili an es habían sido
aba idos en las calles y había más de 500 ob e os depo ados en los cinco
años de dic adu a. La iolencia de es a policía polí ica, en especial su e-
cu so a la o u a pa a ob ene delaciones, p eocupó a la opinión pública, o
al menos a los sec o es más libe ales del égimen, que p esionaban po una
no malización ins i ucional. Finalmen e la Policía de In o maciones ue
disuel a en junio de 1931, median e un dec e o que mencionaba explíci a-
men e «las p o es as po algunos sucesos en el eje cicio de sus unciones».
9 Dec e o n.º 13 242, de 8-iii-1927; Polícia de Segu ança Pública (1940: 53-55);
Clemen e (1998: 88).
313
«Se ue e pa a no se b u al»
No obs an e, sus homb es y mé odos ansi a on a las sucesi as policías
polí icas de la dic adu a10.
Ya imos que an e io men e había habido se icios policiales de in o -
mación polí ica, an o du an e la Mona quía Cons i ucional, como du-
an e la República y la Dic adu a Mili a . Du an e la República, además,
g upos de olun a ios y policías pa alelas habían igilado y cas igado
impunemen e a sus oponen es polí icos. Sin emba go, como ha sub ayado
Ma ía da Conceição Ribei o, la Policía de In o maciones c eada en ma zo
de 1928 ue la p ime a que ecibió compe encias legales de ins ucción de
suma ios pa a los «c ímenes polí icos y sociales»; la PVDE he edó en 1933
esas compe encias y ambién amplios pode es pa a p ac ica de enciones
sin con ol judicial, con i iéndose en el cen o de un sis ema de jus icia
polí ica independien e de las ins ancias judiciales no males. La policía
polí ica pasaba a cons i ui , en palab as de Fe nando Rosas, «la espina
do sal del Es ado No o»11.
La b u alidad, la al a de esc úpulos, la impunidad y el inicial ama-
eu ismo de la PVDE se e ela on cla amen e en 1937, du an e la in es-
igación de un us ado a en ado con a Salaza . La PVDE consiguió
alsas inculpaciones median e o u as, p esen ó iun almen e a la p ensa
a los p e endidos culpables y, cuando una in es igación independien e de
la PSP desen añó quiénes e an los e dade os esponsables de la bomba,
la PVDE luchó du an e semanas en los labe in os in e nos del sis ema
policial pa a enmasca a la impos u a. Pese al comple o descalab o de lo
que inicialmen e se había p esen ado como un éxi o policial, la censu a
gua dó silencio sob e la men i a cons uida y la je a quía de la PVDE no
ue esponsabilizada, ni siquie a de pue as aden o12.
Después del a en ado, el gobie no de Salaza solici ó al de Mussolini el
apoyo de la policía i aliana pa a in oduci mejo as écnicas en la policía
polí ica. Du an e casi es años (1938-1940), una Misión I aliana de Po-
10 Mo aes (1931); C uz (1988: 86-87). DL 20033, 3- i-1931; Ribei o (1995: 58).
11 C uz (1988); Ribei o (1995); Rosas (1998: 247).
12 C uz (1999).
320
Diego Palacios Ce ezales
No había p ensa lib e ni pa lamen o desde la que iscaliza los excesos
ep esi os, pe o la p eocupación po los excesos se e en las in es iga-
ciones in e nas en los que los cue pos de policía, cuando p o ocaban
mue os, enían que jus i ica el uso de la ue za a endiendo a las ci -
cuns ancias y e alua si había sido p opo cionado. El Tenien e Sil ei a,
de la PVDE, hizo un in o me sob e los acon ecimien os de Valegã que
habían cos ado la ida a dos p opie a ios u ales en 1939; inqui ió a
a ios es igos y concluyó que un g upo de gua dias se había is o aco-
alado a ped adas y u o que ecu i a los dispa os pa a za a se de la
si uación:
la ac i ud del pueblo e a ag esi a, hubo ped adas y se oye on i os. Y,
además, algunas ped adas hi ie on a dos soldados. Calib a la ep esión
en es as ci cuns ancias no siemp e es posible, po la con usión que se
es ablece y po que el p es igio de la ue za pública no puede p escindi
del espe o que debe me ece : cuando no se la obedece y has a se la
ag ede, la demos ación de su p opio pode o igina pé didas de idas,
y a eces de gen e que no pa icipaba en los hechos que p o oca on la
in e ención.
Rela ando oda la se ie de episodios que habían lle ado a la usile ía
inal, con las campanas epicando, la gen e concen ada en di e sos pun os
exhibiendo u ensilios ag ícolas y lanzando ped adas, concluía que no se
podía acusa de b u alidad a la GNR:
[…] In e inie on con se enidad y sang e ía, cumpliendo disciplina-
damen e las ó denes de sus supe io es, usando la máxima ene gía en odas
las eme gencias. Hubo ambién la necesa ia p udencia siemp e que es a
ue aconsejable, y si así no hubie a sido, las íc imas, dado el empeño y el
a e imien o de los amo inados, que e an más de 2000, se con a ían po
cen ena es. Todos cumplie on con su debe . El p es igio de la au o idad y
de la GNR se man u ie on in ac os22.
22 AMI, Mç 517; Sil a (1939); Sil ei a (1939).

321
«Se ue e pa a no se b u al»
Es e ipo de in o mes sob e las acciones ep esi as de la PSP y la
GNR que causaban mue es, icalizaban su ac uación. No deben o-
ma se como uen es impa ciales, pues o que los ela os de los gua dias
es aban in e esados en eludi su posible esponsabilidad penal y es po-
sible que unciona a una dinámica de solida idad y encub imien o en e
colegas policías y mandos con esponsabilidad. Sin emba go, los in o -
mes mues an que, pa a las ue zas de o den público, las mue es que
p o ocaban en los con lic os colec i os e an un desenlace no deseado,
un p oduc o de las de iciencias del sis ema de o den público: de la al a
de p esencia p e en i a, de la demo a en la concen ación de ue zas o
de la escasez de homb es, que pe mi ían el «en alen onamien o» de los
«amo inados».
«sin Pe juiCio de idas»: balbuCeos de P o esionalizaCión PoliCial
La cons ucción del sis ema de o den público salaza is a, con el es-
ablecimien o de las nue as o ganizaciones policiales nacionales, se io
acompañada po la p o esionalización, que pasaba po de ini una se ie
de écnicas especí icas, dis in as de las mili a es y adecuadas a los ines
p opios de la policía. Y no solo se a aba de écnicas ju ídicas pa a media
en los con lic os o le an a a es ados judiciales, sino ambién écnicas de
aplicación de la coe ción di e en es de las u ilizadas pa a gana una ba a-
lla. No se c eó una ca e a de o icial de policía, y los mandos p o enían
del Ejé ci o, pe o se mejo ó la o mación de los agen es. En 1937 se undó
Polícia Po uguesa, una e is a desde la que se p e endía e o za el espí i u
de cue po y aumen a la ins ucción policial.
La p o esionalización pe mi ió que la e lexión sob e el man enimien-
o del o den se cen ase en la especi icidad del uso de la ue za con a
ciudadanos desa mados. Al igual que en los in o mes que ci ábamos en
el an e io apa ado, causa íc imas en e mani es an es desa mados se
conside aba un allo del sis ema de o den público y se p ocu aba que los
obje i os policiales —la dispe sión de mani es an es y la cap u a de los
mili an es polí icos o sindicales— se ealizasen sin de amamien o de
sang e. Esa e lexión puede pa ece pa adójica en una dic adu a que se
322
Diego Palacios Ce ezales
ca ac e izaba po la igilancia policial y la al a de espe o po los de e-
chos de los ciudadanos, pe o nos in i a a e alua el g ado de au onomía
que puede gene a la p o esionalización policial en un con ex o au o i-
a io, así como la exis encia, ambién en es e, de cos es polí icos de la
ep esión.
Los medios ma e iales p opios ambién de inían la mode nidad poli-
cial. En 1936, la comandancia de la PSP o denó adqui i ma acas a odas
las ue zas bajo su mando, que sus i ui ían a la espada co a que habían
u ilizado las policías ci iles desde su c eación. La ma aca e a la p ime-
a a ma no le al que se inco po aba al a senal de la policía po uguesa,
aunque lo hacía muy a de pa a los es ánda es in e nacionales y, además,
siguió usándose el usil con bayone a. In e nacionalmen e, el a ilugio que
en la época ep esen aba el máximo e inamien o de la écnica policial
e an las g anadas lac imógenas, que sob e odo en Es ados Unidos se
habían con e ido en p o agonis as del a senal policial con a las p o es as
sociales de la G an Dep esión23.
En Po ugal, en 1931, la GNR adqui ió pis olas lanzado as y ca uchos
de gas pa a expe imen a con es as a mas, y en 1932 hizo lo mismo la
policía de Coimb a. Ya en 1935, la nue a comandancia gene al de la PSP
adqui ió equipos lac imógenos y comenzó a expe imen a su u ilización.
C eó incluso un pelo ón de gases y humos, aunque pa ece que su p incipal
unción ue el en enamien o p e en i o en el uso de másca as po la po-
blación ci il en caso de a aque aé eo con gases de gue a. En 1936, como
imos, esos medios no le ales ue on solici ados po el inspec o de la
PVDE des acado en Madei a pa a ep imi los mo ines con a la polí ica
leche a, pe o no se los suminis a on24.
23 El nue o plan de uni o mes y a mamen o en Diá io do Go e no, n.º 190, 14- iii-1936, pp.
955-963. Una epe ición de la o den de pa ulla con bas ón policial en O den de se iço
da PSP, n.º 37 diciemb e 1937; c . AMI, Mç 488. CG da PSP, Ins uções pa a o se iço de
p e enção da PSP, 6-xi-1941, AMI, Mç 519. El uso e ec i o de la bayone a calada apa ece
poco las uen es, aunque uese eglamen a io, a di e encia del cula azo. Un caso aislado
de bayone azo, po la policía de A ei o, en un Telg . sin echa, o denado jun o a o os
papeles de 1941 en AMI, Mç 519, PSP/A s/n. Sob e los gases Jones (1978).
24 AMI/GM, Mç 455 p 31/4 (1931); Pais (1938: 18n).
323
«Se ue e pa a no se b u al»
En 1937 el enien e de ingenie ía Sil a Pais omó posesión como co-
mandan e de sección de la PSP de Lisboa, iniciando una la ga ca e a en
las o ganizaciones policiales del salaza ismo. Bajo su ac i a implicación,
se o ganizó una «policía de choque» que englobaba las secciones de gases
y humos, de ame allado as, camiones blindados y ansmisiones, una
« ue za cons an emen e p epa ada pa a el comba e, que puede denomina -
se la opa de cobe u a de la PSP». Pa a Sil a Pais, en e a la c udeza de
los dispa os, los gases hacían posible un uso p opo cionado de la ue za.
Como epe ía en sus a ículos en Polícia Po uguesa du an e 1937 y en su
lib o de 1938, la u ilización de gases pe mi ía e i a el uso de a mas de
uego, «g adua la ep esión en consonancia con la ac i ud omada po los
elemen os sub e si os», y «hace lo sin pe juicio de idas». Como sub aya-
ba, «eso ambién e a impo an e»25.
Sin emba go, los gases lac imógenos se u iliza on muy poco en Po u-
gal pa a dispe sa mul i udes en campo abie o; sí se usa on, en cambio,
en algunos desalojos de espacios ce ados. Su uso eque i ía un en ena-
mien o écnico y ác ico, así como un es udio plani icado de las si uaciones
de empleo y de su in eg ación en los disposi i os de o den público, que no
se lle a on a cabo26.
Como a o os ámbi os de la polí ica y la adminis ación po uguesas,
la Gue a Ci il Española a ec ó a los cue pos de policía. Con adiciendo
la ocación policial de la PSP, la si uación allende la on e a p odujo una
u gencia po e o za su capacidad de comba e, pues iendo lo que sucedía
en España se conside ó que debía p epa a se pa a acciones de lucha calle-
je a y ope aciones con a gue illas. También había o iciales del Ejé ci o
25 Pais (1938: 18, 121 y 154). Ídem en Polícia Po uguesa, n.º 1, 1937, pp. 16-20. Fe nando
Edua do da Sil a Pais (1905-1981) si ió en la PSP en e 1937 y 1944; du an e los p i-
me os años se enca gó de la sección écnica y ue edi o y je e de edacción de la e is a
Polícia Po uguesa; además ue uno de los in e locu o es más en usias as de la PSP con la
misión de la I alia ascis a que colabo ó con la eo ganización de las policías po uguesas.
En 1962 ue nomb ado di ec o de la PIDE, ep esen ando la con inuidad de la policía
polí ica sob e la eo ganización que la ebau izó como Di ección Gene al de Segu idad
(DGS) en 1969.
26 Pais (1938: 122). «En e is a com o Comandan e-Ge al da PSP», Policía Po uguesa, n.º
16, 1939, p. 7; AMI, Mç 536, L8 PSP/P.
324
Diego Palacios Ce ezales
que en endían la policía como una p ime a línea con a los enemigos del
égimen, y p es aban poca a ención a la especi icidad de lo policial. El
mayo Miguel Bacela , segundo comandan e de la PSP de Lisboa y ac i o
« enien e» del 28 de mayo, de endía que la PSP debía e o za se y con a
con los más mode nos ins umen os de de ensa y comba e, pues «el pode
de uego y la mo ilidad blindada» e an «el mejo ins umen o disuasi o
con a quien in en ase al e a el o den público». Esos p opósi os despe -
a on ecelos en la GNR, que luchaba po a i ma su p opia especi icidad
como ue za de choque de de ensa del égimen y eía ese e ue zo de la
PSP como una in asión de compe encias27.
Además del mili a ismo, el milicianismo ambién di icul aba la p o-
esionalización policial, al pone en cues ión la exclusi idad de algunas
de las compe encias de los cue pos de policía. El po encial de acción
incon olada de las milicias, como el de o o ipo de o ganizaciones o-
lun a ias que imos en capí ulos an e io es, ambién a acaba el p incipio
de un Es ado ga an izado del o den. Desde 1926 la de echa adical
había p e endido o ma milicias, pe o las au o idades mili a es se ha-
bían esis ido, a gumen ando que «la ue za pública bas a pa a ep imi
cualquie in en o de deso den, enga de donde enga». En e 1932 y
1933, el Mo imien o Nacional-Sindicalis a de Rolão P e o aglu inó a
muchos sec o es de esa de echa adical miliciana y p e endió, con sus
ma chas, sus des iles y su en usiasmo ascis a, desbo da al pa ido único
salaza is a —la Unión Nacional. Sin emba go, los homb es de Salaza
maniob a on y consiguie on coop a a pa e del mo imien o y subo -
dina lo al gobie no, ilegalizando y ep imiendo al sec o que p e endía
unciona au ónomamen e.
T es años después, en el e ano de 1936, la adicalización polí ica y
la amenaza de con agio de la gue a de España pe mi ió que saliese ade-
lan e la c eación de la Legión Po uguesa, p omo ida po esos sec o es
27 Rela ó io con idencial do CG da PSP, 1-x-1937, AMI, Mç 488. AMI Mç 518. Polícia de
Segu ança Pública (1940: 95-99); Oli ei a (1988); Ma ins (2007). Miguel Bacela
«Polícia de Hoje» en Policía Po uguesa, n.º 2, 1937, pp. 6-7; Col. Camei a «O ganização
das Polícias. Algumas di ec izes p incipais», Policía Po uguesa, n.º 4, 1937, pp. 4-5.
325
«Se ue e pa a no se b u al»
ascis izan es del égimen. Además, la o ganización de una milicia del
égimen o o gaba bazas a Salaza pa a enegocia el epa o de pode con
la ins i ución mili a 28.
Po o a pa e, la gue a española hizo que la GNR uese desplazada a
la on e a, y la Legión Po uguesa podía supli los huecos que dejaba en
el sis ema de o den público. En muchas de las zonas de las que se e i aba
la GNR, la Legión ocupaba pa cialmen e su espacio, y la ieja igu a del
cabo de policía no emune ado del código adminis a i o pasó a usa se
pa a do a de au o idad policial a los olun a ios de la Legión. En e 1936
y 1945 la Legión es u o bas an e ac i a como auxilia de las ue zas de
policía. Du an e 1937, po ejemplo, el adminis ado de Se úbal ealizaba
ondas po la ciudad acompañado po un g upo de legiona ios uni o ma-
dos. En el dis i o de Viana do Cas elo, en ma zo de 1938, una unidad
de la Legión [lança] ue mo ilizada pa a dispe sa a a ios cen ena es de
abajado es u ales en pa o que amenazaban a los con a is as de ob as
públicas pa a o za los a da les empleo29.
La Legión debía ac ua «subo dinada en lo posible a las au o idades
mili a es o ci iles a ca go de quien es u ie a el man enimien o del o den
público». Su acción independien e debía limi a se a ci cuns ancias ex-
ao dina ias; no an e una huelga, po ejemplo, sino an e si uaciones de
c isis g a es «como la de España du an e el e ano de 1936». En ocasio-
nes, sob e odo du an e el en usiasmo del p ime año de su c eación, los
legiona ios ealizaban ondas po inicia i a p opia y de enían a sospecho-
sos de comunismo, gene ando males a en la PSP, que lo eía como una
in asión de compe encias. Cuando se ex alimi aban en su en usiasmo,
los legiona ios podían se ep endidos, o incluso expulsados de la milicia.
De hecho, al mando de la Legión Po uguesa y de o as o ganizaciones
28 El comunicado en Mo ais y Violan e (1986: 42); Fe ei a (1992a: 185); Pin o
(1994); Rod igues (1996: 57-62). Las ensiones en e la p opaganda ascizan e y el eli-
ismo que p e endía educi la mo ilización polí ica las ha es udiado Adinol i (2007).
29 Los abajado es huye on al e llega los camiones de la Legión; cap u a on a 45 y
comp oba on que no albe gaban ideas sub e si as, sino que enían hamb e, c . AMI, Mç
502, 29-iii-1938.

326
Diego Palacios Ce ezales
ascis izan es como la Liga 28 de Maio y la C uzada Nun’Ál a es Pe ei a,
Salaza había pues o a mili a es ue emen e implicados en o ganizaciones
policiales, que se ca ac e izaban po su poco en usiasmo po el milicia-
nismo y su p e e encia po el uncionamien o bu oc á ico y con olado
de las ue zas de segu idad del Es ado. Aunque la Legión u o un papel
ele an e en el disposi i o de o den público con a las huelgas has a 1947,
su papel ue disminuyendo30.
es abilizaCión del sis ema PoliCial as la gue a esPañola
A pa i de 1939, acabada la gue a de España, se eo denó la di isión
de a eas en e PSP y GNR en lo e e en e al o den público, Las a eas
«p e en i as y de p ime a ep esión» e an compe encia de la PSP, mien as
que el «choque» le co espondía a la GNR, que ambién ol ió a ocupa se
de la policía u al. Los eje cicios de la PSP pe die on su ca ác e mili a
y su comandancia enunció a e o za su capacidad de in e ención. Los
agen es de la llamada «policía de choque» de Sil a Pais ol ie on a in e-
g a se en sus comisa ías de o igen, mien as que en las nue as ins uccio-
nes pa a el se icio de la PSP, la ese a se edujo a un e én de en e 6 y
10 homb es en las comisa ías [esquad as] g andes, y de dos a cinco en las
pequeñas. A di e encia de los policías en pa ulla o dina ia, a mados con
bas ón y pis ola, es os pique es de p e ención debían es a a mados con
usiles y bayone a, y el o icial al mando complemen aba su capacidad de
acción con una ame allado a de mano [pis ola-me alhado a]. Cuando la
amenaza desbo dase la ue za de la policía, la PSP debía ecu i al auxilio
de la GNR31.
30 Ins uções ge ais pa a a manu enção da o den pública, CC 12/1937 del CG de la Legión
Po uguesa, 22-xii-1937. AMI, Mç 502. Inqué i o aos acon ecimen os do Ba ei o de 31 de
Julho de 1937, AMI, Mç 502; Fa ela (1989: 244); Rod igues (1996: 50-56 y 201-202);
Fa ia (2000: 188-189).
31 Camei a, co onel «O ganização das Polícias. Algumas das suas bases», Policía Po uguesa,
n.º 13, 1939, p. 4; CG da PSP, Ins uções pa a o se iço de p e enção da PSP, 6-xi-1941,
AMI, Mç 519.
327
«Se ue e pa a no se b u al»
A pa i de la década de 1940 enació la con es ación ob e a, que p o-
es aba po la ca es ía y la al a de í e es; hubo impo an es oleadas de
huelgas en 1942, 1944 y, inalmen e, en 1947. La penu ia de esos años
ambién se hizo sen i en el Po ugal u al, donde las poblaciones p o a-
goniza on nume osas ma chas del hamb e exhibiendo bande as neg as y
exigiendo í e es a las au o idades. Muchas de las p o es as e an simila es
a las de un siglo an es, con la mul i ud impidiendo la expo ación de g ano,
pe o además, el Pa ido Comunis a (PCP) ue ganando p o agonismo en la
coo dinación huelgas con a la ca es ía en las zonas u banas y e a capaz de
o o ga les signi icado polí ico y esponsabiliza de la penu ia al égimen32.
Hubo algunos casos ágicos en la ep esión de mo ilizaciones popula-
es, mas el e ue zo de los medios bélicos de las policías no supuso su uso
indisc iminado. La ep esión ca ac e ís ica del égimen no se eje cía an o
en el espacio público como en la pe secución polí ica. El gobie no espon-
dió a las huelgas median e la mo ilización mili a de las áb icas —su-
plan ando la au o idad de los pa onos—, la depo ación de los cabecillas
y la imposición de un is o bueno sob e la eadmisión de los abajado es
que habían pa ado, que podían queda sin sus en o du an e meses. Tan
e icaz e a esa ep esión económica y polí ica, que los abajado es de las
ins alaciones indus iales que p o agonizaban una oleada de huelgas no
ol ían a pa icipa en las p o es as ob e as de los años siguien es; con la
ep esión, esas emp esas se con e ían en ie a quemada pa a la mili ancia
sindical y sus abajado es no omaban ya pa e en las siguien es oleadas
ei indica i as, independien emen e de la penu ia po la que es u iesen
pasando. Pe o en la calle, an e los g upos que g i aban ei indicaciones,
los esponsables del disposi i o de o den público solían p eocupa se po -
que la aplicación de la ue za uese p opo cionada, solo la necesa ia pa a
ence las esis encias a la au o idad33.
32 Rosas (2000).
33 Sob e los ciclos huelguis as, c . Raby (1988); Rosas (1990: 373-376); Pa ia ca (1995);
Pe ei a (2001: 249). Las ins ucciones a los enca gados de la mo ilización mili a sob e
cómo a a ep esi amen e a cada ipo de huelguis a («di igen e comunis a», «g e is a
olun á io» y, «g e is a ob igado») en AMI, Mç 546.
328
Diego Palacios Ce ezales
Pa a el comandan e gene al de la GNR, el gene al Mon ei o de Ba os,
las huelgas «de b azos caídos» del 5 al 9 de no iemb e de 1942 en Lisboa,
en las que se p o es aba po la al a de í e es en las iendas y po los bajos
sala ios, enían ca ac e ís icas inédi as en Po ugal. Aunque sus obje i os
habían sido modes os, y pequeña la esis encia, «mos aban la capacidad
sub e si a del Pa ido Comunis a pa a el u u o». También habían se ido
como eje cicio pa a que «la ue za pública adqui iese p ác ica, pues hacía
mucho que había paz» y habían pe mi ido comp oba lo impo an es que
e an las nue as camione as «pa a una acción ápida y opo una» en el
despliegue de las ue zas po la ciudad34.
La GNR había ealizado di e en es ipos de se icios du an e la huel-
ga. Gua dias en mo o escol a on los an ías, e i ando los a aques de los
pique es de abajado es que inicialmen e habían impedido su ci culación.
Los pelo ones de caballe ía ca ga on al o e con a un g upo que se había
o mado en la a enida 24 de julio, y algunos espadazos, « ue on su icien es
pa a liquida los inciden es y e i a el con agio de la e e escencia que ei-
naba». A las muje es que habían ocupado una áb ica de co cho, la GNR
las desalojó a empujones, « oda la ue za necesa ia pa a impone se a las
más esis en es»35.
Pe o la c isis de subsis encia y la ca es ía ambién a ec aban a los sol-
dados y policías, cuya his o ia social es á po esc ibi , y algunos gua dias
comple aban su mag o sala io abajando como desca gado es del muelle.
«¿Con qué olun ad conscien e iban es os homb es a pone en o den a sus
colegas?», se p eocupaba la comandancia de la GNR. Temía los in en os
de con a e nización de los huelguis as con la ue za pública, que en sus
pan le os llamaban a los soldados a «no dispa a con a el pueblo, un
pueblo que iene an o hamb e como oso os». «Vamos a busca a casa a
las muje es de los gua dias de la GNR», había oído deci un in o mado
«que ambién es án mal pagados». Pa a que los gua dias «no en a an en
p omiscuidad con el ambien e de e uel a», la comandancia los concen ó
34 Mon ei o de Ba os, Rela ó io do CG da GNR sob e o mo imen o g e is a oco ido em Lisboa
de 5 a 9 de no emb o úl imo, AMI, Mç 530, 1942.
35 Íbid.
329
«Se ue e pa a no se b u al»
en los cua eles. En las agi aciones de esos años, algunos casos en los que
las ue zas de policía se habían negado a «dispa a con a el pueblo que
ei indicaba pan», habían indicado al PCP la posibilidad de sub e i a las
ue zas de o den público. Pe o ue on casos anecdó icos y no pusie on en
en edicho la leal ad gene al de las policías a los gobe nan es36.
T as las huelgas de no iemb e de 1942 Jo ge Bo elho Moniz —que e a
el delegado del Minis e io de la Gue a pa a la mo ilización indus ial y,
po an o, el enca gado de la mili a ización de las áb icas en huelga y de
con ola la eadmisión de abajado es—, ambién elabo ó un in o me.
La expe iencia le había se ido pa a eplan ea el disposi i o de o den
público. Había que de ini dos obje i os pa a las ue zas policiales: e i a
que se o masen g upos de ci iles en las calles e impedi que los pique es
de huelga en a an en áb icas y alle es.
Las ins ucciones de la PSP disponían que, una ez se diese la o den
de p e ención igu osa, odo el pe sonal se concen a a en las espec i as
comisa ías [esquad as], como si se a ase de euni a las ue zas pa a el
comba e. Sin emba go, la expe iencia mos aba que esa concen ación e a
con ap oducen e, pues dejaba el e eno lib e a la acción de los pique es
de huelga, que ácilmen e en aban en los o os alle es y o ganizaban el
abandono del abajo. Bo elho Moniz p oponía que a pa i de aho a, en
cuan o se supiese de la huelga, la policía ocupase las calles, especial las
zonas indus iales, e i a a la ci culación de pique es y se emplea a en la
dispe sión inmedia a de los g upos. Esas pa ullas debían es a en comu-
nicación pe manen e con «g upos de asal o» ambién pe enecien es a la
PSP, «des inados al p ime choque». La GNR y el Ejé ci o, en cambio,
debían man ene se concen ados en sus cua eles, con los medios mo o i-
zados lis os, agua dando la llamada pa a su empleo37.
Pa a Bo elho Moniz e a p e e ible la acción p e en i a sob e la ep e-
si a, «abo a sec e a y ápidamen e los in en os, sin que si an pa a la
p opaganda de la ac i idad polí ico-social de los ad e sa ios del égimen
36 Mon ei o de Ba os, Rela ó io... AMI, Mç 537. Raby (1988: 76, 85 y 89).
37 CG da PSP, Ins uçõe... , 6-xi-1941, AMI, Mç 519; Jo ge Bo elho Moniz, Rela ó io... ,
AMI, Mç 530.
336
Diego Palacios Ce ezales
y ajo a Po ugal a la mayo pa e de los p esos del campo de p isione os
de Ta a al (Cabo Ve de), que inalmen e ue ce ado en 19545.
Las p ác icas de la PIDE siguie on ca ac e izándose po la iolación
de los de echos ci iles. El gobie no, en ez de limi a la disc ecionalidad
de la policía polí ica, codi icó su pode y cub ió con una pá ina legalis a
la inde ensión ju ídica de los ciudadanos, ampliando el sis ema de jus icia
polí ica au ónomo e i esponsable cons uido en o no a la policía: en
1945 se egulaba un habeas co pus es ic i o que si uaba la «sal agua dia
del o den ju ídico» po encima de los de echos indi iduales. La e o ma
del Código Penal de 1947 inco po aba nue os deli os con a la segu idad
del Es ado y pe mi ía la de ención p e en i a «de segu idad» po sospe-
chas de u u as acciones pelig osas. En 1954, la PIDE podía enca cela a
un sospechoso pa a ealiza a e iguaciones du an e 360 días, sin con ol
judicial. Finalmen e, en 1956 un dec e o equipa aba ju ídicamen e al opo-
nen e polí ico con el agabundo asocial «injus i icado peso mue o pa a
la sociedad». Ambos quedaban bajo la u ela del Es ado, p i ados de sus
ga an ías y libe ades, pues o que «no se deben concede se ga an ías indi-
iduales a los elemen os socialmen e pelig osos». Las llamadas «medidas
de segu idad» pe mi ían a la PIDE p o oga inde inidamen e el enca -
celamien o de los ad e sa ios del égimen, aún después de cumplida una
pena de cá cel impues a po los ibunales, y esa p ác ica se o nó habi ual
con los mili an es del PCP6.
El Es ado No o con emplaba la elección popula di ec a pa a la Asam-
blea Nacional y pa a la p esidencia de la República, en el ámbi o nacional
y, en el local, pa a el consejo municipal y las jun as de pa oquia. Sin
emba go, no habiendo libe ad de asociación ni de eunión ni de p ensa,
y con olando el gobie no el censo de elec o es, así como el ecuen o de
los o os, las elecciones ue on siemp e una a sa. Además, la condición de
5 Ribei o (1995: 164); Fa inha (2007a: 248); Madei a (2007b).
6 DL 35.043, 20-x-1945; DL 36.387 de 1- ii-1947; DL 37.447 de 13- i-1949; DL 39.739
de 9- iii-1954; DL 40.550 de 12-iii-1956. DL 40.550 de 12-iii-1956; Comissão do
li o neg o sob e o egime ascis a (1985); Pimen el (2007a). Sob e la inde ensión
ju ídica de los agabundos, . Bas os (1997).

337
¿Reliquia de en egue as?: la in e nacionalización de los cos es ep esi os
elec o podía se negada adminis a i amen e po mo i os ideológicos. En
odas las elecciones del Es ado No o la oposición no log ó nunca elegi
ni un único dipu ado.
Las p ime as o aciones de la dic adu a, en e 1933 y 1944, habían
sido me os ámi es adminis a i os, sin lis as en compe ición, en los que
se a i icaba a los candida os o iciales. Den o del la ado de ca a del é-
gimen an e los aliados después de la II Gue a Mundial, Salaza anunció
alazmen e unas «elecciones an lib es como en la lib e Ingla e a». En
es e con ex o, con Po ugal expues o al mundo, las elecciones a dipu ados
y las p esidenciales se con i ie on en opo unidades pa a la mo ilización
de la oposición. Du an e el mes que p ecedía a las o aciones, el gobie no
pe mi ía un cie o simulac o de campaña elec o al, que la oposición ap o-
echaba pa a hace p opaganda. En la campaña de 1945, el Mo imien o
de Unidad Democ á ica (MUD) aglu inó a la mayo pa e de la oposición
y desplegó una amplia ac i idad, con euniones en odos los dis i os y
ecogidas de i mas exigiendo ga an ías de la limpieza de las elecciones,
libe ad de exp esión y eunión, legalización de los pa idos polí icos y
abolición de la censu a. Pe o el égimen no concedió ninguna de esas ga-
an ías, la policía e i aba la p opaganda del MUD y, a la pos e, la PIDE
se hizo con las lis as de i mas de adhesión al mo imien o como medio
de icha a los oposi o es y amed en a los. Del mismo modo, en las elec-
ciones p esidenciales de 1949 el gobie no limi ó se e amen e el ma gen
de maniob a del gene al No on de Ma os, el candida o de la oposición,
y algunos de sus mí ines ue on e en ados po la policía, en ocasiones
causando decenas de he idos7.
Las maniob as diplomá icas del Es ado No o y la limpieza de imagen
ue on su icien es y, una ez acabada la gue a, Po ugal se in eg ó en
el bloque occiden al de los «países lib es». A di e encia de la España de
F anco, inicialmen e aislada po su complicidad con las po encias del Eje,
el Po ugal de Salaza pa icipó en la c eación de la OTAN y, después,
ambién en la de la EFTA. Sin emba go, la opinión pública socialde-
7 Raby (1988: 35 y 50).
338
Diego Palacios Ce ezales
móc a a eu opea y la libe al de Es ados Unidos, en la medida en que se
p eocupaban po lo que sucedía en Po ugal, eían al égimen de Salaza
como una eliquia de las dic adu as ascis as de la década de 1930. No
en endían su condición de aliado de los países lib es y exigían a los espec-
i os gobie nos una acción pau ada po p incipios mo ales, es deci , que
hiciese depende la coope ación en las o ganizaciones in e nacionales del
espe o po los de echos humanos y la olun ad popula 8.
Aunque in uc uosamen e, ya en 1946 la oposición democ á ica po -
uguesa había esg imido la al a de libe ades y las p ác icas ep esi as
pa a in en a aisla al égimen y e i a que uese acep ado en Naciones
Unidas. Sin emba go, la imagen ex e io iba con i iéndose en un ac o
impo an e pa a el égimen y explica algunos de sus compo amien os:
el eg eso de g an pa e de los con inados en Cabo Ve de, que ue on a
pa a a cá celes me opoli anas, espondió a la p esión in e nacional; la
cobe u a de la BBC de la ep esión de las huelgas de 1947 complicó las
negociaciones in e nacionales de Po ugal9.
A la pos e, la imagen del égimen po ugués an e e ce os países,
en especial an e los aliados occiden ales del llamado «mundo lib e», iba
a con e i se en uno de los elemen os de e minan es en las o mas de
man enimien o del o den in e no. La necesidad de man ene una imagen
ex e io espe able aumen aba los cos es polí icos de la ep esión, en espe-
cial en sus o mas más espec acula es.
El comienzo de la Gue a F ía dio inicio a una década de ela i a
es abilidad social y polí ica. El Pa ido Comunis a Po ugués (PCP),
que se había eo ganizado con ue za du an e la década de 1940 y había
conseguido lide a huelgas ob e as y con e i se en la p incipal ue za
de la oposición, ue diezmado po la acción de la policía polí ica en e
1948 y 1951. Aunque el comunismo man u o una ue e hegemonía en
los medios in elec uales, los nue os ien os de la Gue a F ía p opicia on
la di isión de las ue zas de la oposición, con los g upos epublicanos y
8 And essen-Lei ão (2004); Oli ei a (2004: 313).
9 Raby (1988: 103); Fa inha (2007a: 248-250).
339
¿Reliquia de en egue as?: la in e nacionalización de los cos es ep esi os
socialis as dis anciándose del PCP y alineándose con las democ acias oc-
ciden ales, que omaban como modelo pa a Po ugal.
Además, la si uación económica había mejo ado y disminuye on las
penu ias y el desabas ecimien o. Después del eco e de los sala ios eales
con el que el gobie no había eaccionado a la coyun u a económica de la
gue a, ac uó de o ma pa e nalis a pa a emedia algunas de las si uacio-
nes más sang an es y hace p opaganda de las p eocupaciones sociales del
égimen. Congeló los p ecios del pan, c eó una policía de abas ecimien os
y publici ó los cas igos ejempla es a acapa ado es y especulado es. Ade-
más, el Minis e io del In e io , apoyándose en los se icios sociales de
la Iglesia, coo dinaba un «soco o de in ie no», pa a palia los casos de
pob eza más agudos. La p opia PSP ges ionaba albe gues pa a indigen-
es. El Minis e io del In e io ecibía ambién in o mes egula es sob e el
desempleo y mo ilizaba ecu sos pa a ocupa a los abajado es en ob as
municipales. Finalmen e, la polí ica del égimen hacia la población humil-
de y el mo imien o ob e o no e a únicamen e una combinación de ep e-
sión y ca idad, sino que buscaba ó mulas pa a seduci a los abajado es
y con ence los de que con ia an en las ins i uciones o iciales pa a log a
sus ei indicaciones. Como en o as dic adu as de inspi ación co po a i a
y en los p opios ascismos, las ins i uciones o iciales encuad aban la eali-
zación de con enios colec i os, la ijación de sala ios mínimos sec o iales,
el con ol de los ho a ios y el es ablecimien o de un sis ema básico de
segu idad social10.
Du an e 1946 y 1947 oda ía hubo mo ines po desabas ecimien o, y
una impo an e huelga de la cons ucción na al con a los sueldos de ham-
b e; pe o, a pa i de en onces, el abas ecimien o pasó a es a asegu ado y
se p odujo una len a pe o cons an e ecupe ación del pode de comp a de
los asala iados. Un des acado mili an e clandes ino del PCP omaba no a
del cambio de si uación en diciemb e de 1947:
Aquel ambien e de descon en o y desespe ación po la al a de géne-
os alimen icios y los p ecios exage ados, oda ía exis en e hace algunos
10 Pa ia ca (1995: 644-645); Bas os (1997).
340
Diego Palacios Ce ezales
meses, disminuyó bas an e en e las masas abajado as y el pueblo en
gene al; y aquella p edisposición y condiciones pa a la mo ilización de
las masas pa a lanza las en amplios mo imien os [...] son hoy mucho
meno es11.
Po su pa e, los pa onos p e endían que la polí ica social del co po-
a i ismo no aumen ase los cos es de la mano de ob a: «una ez que la
huelga es aba p ohibida, y el o den público asegu ado, no encon aban
azones pa a hace concesiones a los abajado es». Los p oyec os sociales
del Es ado no encon aban la colabo ación del pa ona o y su ealización
quedaba lejos de los obje i os de los en usias as del co po a i ismo. El
«egoísmo» de los pode osos ambién lo ano aba la GNR, que in o maba
de alladamen e al gobie no sob e la e olución de los p ecios y el desem-
pleo. La GNR, desplegada en odo el e i o io, pe mi ía al Minis e io
del In e io ecibi una in o mación independien e de la que le o ecían
las éli es locales que ocupaban los gobie nos municipales, más in e esadas
en de ende su p opia posición económica. El seguimien o del desempleo
es aba des inado a adecua los disposi i os de o den público pe o, al iem-
po, señalaba la necesidad de que las au o idades in e inie an pa a palia
las si uaciones de mayo penu ia ab iendo ob as públicas. En ocasiones,
incluso la GNR denunciaba las ilegalidades de los p opie a ios ag ícolas
en la negociación colec i a, el uso del pode municipal pa a a o ece el
me cado neg o, o la en a de p oduc os de p ime a necesidad po encima
de los p ecios o iciales. Pa ecía a eces que la GNR c eía en la p opaganda
social del égimen y p e endía que es a se co espondie a con la ealidad,
pa a que su acción coe ci i a pudiese con a con algún ipo de legi imidad.
No obs an e, cuando se daban con lic os abie os y la gen e salía a p o es-
a , la genda me ía sis emá icamen e se ponía del lado de las au o idades
locales y e a is a como un aliado de los g andes p opie a ios12.
11 Ca a de Mili ão Ribei o a Joaquim Pi es Jo ge, 27-xii-1947, ANTT/PIDE, ci . en
Madei a (1997: 83).
12 AMI, Mç 531, sep iemb e de 1944; AMAI, Cx. 178 GNR_81, 2- ii-1958. Riegel-
haup (1979); Pa ia ca (1995: 649); Cu ilei o (2004).
341
¿Reliquia de en egue as?: la in e nacionalización de los cos es ep esi os
El peso de la imagen in e nacional y la ealineación del égimen a ec-
a on ambién al mundo de las policías de segu idad. La e is a Polícia
Po uguesa, de la PSP, que du an e la década de 1930 había p esen ado
como modelo a la policía ascis a i aliana, in en ó bo a las huellas de ese
pasado y comenzó a publica a ículos elogiando la e icacia y supues a de-
licadeza de la policía b i ánica. La p eocupación po los medios inc uen os
de man enimien o del o den, que imos oma o ma en la década de
1930, se o nó pe manen e en los planes de e o ma policial pos e io es a
la II Gue a Mundial, mien as que las policías de los países democ á i-
cos solían u iliza se como e e en e de mode nidad. Sin emba go, aunque
desde 1947 ue on ci iles quienes es u ie on al en e del Minis e io del
In e io , du an e la década de 1950 al ó olun ad polí ica pa a in oduci
las e o mas policiales necesa ias pa a que la p eocupación po las écnicas
inc uen as es uc u a a el sis ema de o den público13.
El ecu so a la caballe ía, iejo conocido, seguía siendo lo más ácil, y
la GNR man u o sus escuad ones de ese a. En 1945, la agi ación en las
zonas ab iles lle ó a la cons i ución de un mando mili a especial en Ba-
ei o, « egión indus ialmen e an impo an e y socialmen e an di ícil».
Sus p incipales ue zas de choque e an los escuad ones de caballe ía que
subsis ían en el Ejé ci o, con un o al de 76 caballos. Cuando en ene o
de 1947 acabó esa si uación ano mal y se c eó una sección especial de la
GNR pa a Ba ei o, se man u o la ue e p esencia de jine es, con un
nue o escuad ón de 65 caballe os14.
En 1946, en una exposición al Minis e io del In e io del nue o co-
mandan e de la GNR, el gene al A onso Bo elho exp esaba su p eocu-
pación po las «consecuencias unes as» del uso de a mas de uego con a
mul i udes desa madas, sob e odo an e el « iesgo de ma a a muje es y
niños». Po ello, echaba un is azo a lo que sucedía en las «policías de
13 Policía Po uguesa n.º 16, 1939, p. 5; Ídem, n.º 19, 1940 pp. 15-18; Ídem, n.º 47, 1945; Ídem,
n.º 66, 1948. San o o (1986: 258-310); Palacios Ce ezales (2008).
14 DL n.º 36335, de 9- i-1947. El in o me p e io a la c eación del des acamen o de Ba-
ei o, en AMI; sob e la ac i idad y cul u a ob e a de oposición en Ba ei o Oli ei a
(1999); Teixei a (1999); Pe ei a (2001: 249-252).

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